Los Neofascistas ya están aquí (cuatro ideas para luchar contra la bestia)

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La extrema derecha vive su nueva primavera mundial. Florece sobre la devastación de un mundo que antes desreguló y precarizó el capitalismo global con sus recetas neoliberales.

Sus mensajes son los mismos que en su momento asolaron Europa, aunque adaptados a la nueva realidad: pureza nacional, odio al inmigrante, persecución del “enemigo interno”: mujeres, rojos, homosexuales, podemitas, antitaurinos…

El combustible humano de esta nueva ignición neofascista es sumamente jerárquico: miembros de clases adineradas pertenecientes a élites conservadoras que captan a masas populares golpeadas por una crisis sistémica que no amaina.

En relación a lo anterior hay que alertar sobre la nueva estrategia ultracon, que en el caso de España guarda una relación directa con lo que están haciendo en otros países como Francia. Ante la posibilidad real de que se recrudezca la crisis económica en los próximos meses, se está preparando una alternativa neofascista que canalice el descontento de las clases populares.

Existe un contexto internacional favorable a la ultraderecha, insuflado, entre otros, por Trump. La Traducción española de la figura de Trump es Aznar que hace de muñidor en la triple alianza que amenaza a España: Ciudadanos, Vox y PP.

El miedo y la tristeza generados por la emersión del neofascismo son sumamente improductivos. Hay que encontrar de manera colectiva e individual el tiempo de la valentía para expulsar de las instituciones y de la vida pública a estos indeseables. Para ello se propone una serie de ideas.

  1. Actitud (Menos lágrimas y más acción)

La realidad política nos ha caído encima. Lo ha hecho sin aristas ni piedades. Había advertido y, finalmente, ha irrumpido sin pedir permiso. La rentabilidad política extraída del conflicto catalán por las derechas, ha generado una desazón identitaria que meses más tarde ha tenido su correspondencia en el (re)surgimiento de Vox. Ante esta realidad podemos no hacer nada, engañarnos y pensar que esto pasará. Podemos, también, deprimirnos e interiorizar el miedo y la impotencia. Finalmente, podemos asumir que vivimos la segunda puesta en escena a nivel nacional, la primera fue protagonizada por Ciudadanos, de una operación política de gran envergadura que tiene por objeto restaurar el orden cuestionado a través del ciclo de protestas y propuestas nacidas del 15M, que a su vez tuvieron su origen en la crisis económica provocada por la revolución conservadora. Se trata de crear un contexto de “dictablanda” en el que la población asuma la ruptura del escuálido pacto social y el comienzo de un “nuevo orden” de evidente inclinación ultracon. Es imperativo asumir esta realidad con el fin de subvertirla. Para varias generaciones es la oportunidad histórica de encontrar el espacio de su propia valentía, a fin de defender los valores democráticos frente a quienes los amenazan. Cuando hablo de democracia, me refiero a la democracia considerada como realidad cifrable en la que los derechos deben ser garantizados, y no sólo aquellos que pudieran considerarse de primera necesidad. Este debe ser el territorio, el enmarcado básico a través del cual edificar nuestros argumentos. La lucha contra los intolerantes debe producirse en todos los ámbitos y su expresión ha de ser inteligente, creativa e integradora. Hay que generar mensajes de gran aceptación social para lograr hegemonías culturales que nos hagan pasar a la ofensiva. Hace poco, Javier Gallego “Crudo”, definió a la perfección la actitud que, a mi juicio, hay que tener con los intolerantes: “A la extrema derecha no hay que tenerle miedo, hay que tenerle ganas”. 

  1. Ponles nombre (Son neofascistas)

Aquello que se nombra se entiende mejor. Lo que se entiende mejor se resuelve mejor. Ellos intentan confundir, jugar al despiste, sincretizarseen envoltorios de calculadísima ambigüedad. Por ello, hay que esforzarse en dejar claro lo que son. Si reivindican la figura de Franco, están en contra de la memoria histórica, se pavonean de ir armados, mantienen un discurso xenófobo, antifeminista, contrario al progreso, de rancias tradiciones, creen en la estratificación social a través de clases dominantes sobre las clases oprimidas, etc., no hay duda: son neofascistas. Y quienes colaboran con los neofascistas, como es el caso de Ciudadanos y PP se convierten en cómplices. ¿En cómplices de qué? De lo que Bobbio reconoció de esta manera tan rotunda: “El fascista es solo un criminal, un sociópata que persigue una carrera política. En el poder no vacila en torturar, violar, robar sus pertenencias, su libertad y sus derechos. Más que corrupción, el fascista practica la maldad”. Una de las grandes labores producidas por la Escuela de Frankfurt fue que la valoración del nazismo tras la guerra no fue en términos políticos, sino en términos de enfermedad pandémica a la que aislar y combatir hasta su total desaparición.

  1. Ve a la raíz (El neofascismo es un síntoma de mutación sistémica)

El economista Tim Jackson demuestra en su ensayo “Prosperidad sin crecimiento” que el capitalismo es un sistema que pervive a través de constantes procesos de colapso. Cada uno de esos colapsos se amortigua a través del sufrimiento de las capas sociales más vulnerables, así como de la explotación de recursos naturales preciosos y escasos. Siempre que el capitalismo ha necesitado reinventarse, lo ha hecho de manera decidida y sin apegos a su anterior imaginería, utilizando una amplia panoplia de  modelos políticos y sociales, desde los más autoritarios y brutales, hasta aquellos otros más sutiles y “liberales”. La mejor forma de luchar contra los fascismos es combatir su esencia, que no es otra que la lógica capitalista. Las democracias formales se han basado en una falsa compatibilidad entre valores de justicia social, libertad e igualdad y modelo capitalista, soslayando lo obvio: el capitalismo pervive porque es capaz de crear sistemas formales a los que parasita. Y este ha sido uno de los errores más trascendentales de la socialdemocracia, considerar que el capitalismo podía domesticarse y servir a los intereses del conjunto de la sociedad. Es imprescindible ensayar modelos diferentes. Las transformaciones no pueden ser anhelos cautivados por una idea de futuro que jamás termina de llegar. Hay que combatir desde la esencia los valores que el capitalismo ha hecho que vivamos como normales: competitividad, precarización, flexibilidad, deslocalización…

  1. Recuperar la indignación

Estamos en una situación de auténtica emergencia democrática, en la que se corre el riesgo de que el neofascismo termine posicionándose como referencia fundamental de la indignación. Para ello están bombardeando con mensajes tremendamente simples, a fin de poder manipular de manera más efectiva la visceralidad de las capas sociales más vulnerables. Resulta urgente retomar el espacio de la solidaridad y la denuncia. La democracia se mejora con más democracia no con “cirujanos de hierro” que recolectan frustraciones para aquilatar proyectos autoritarios y excluyentes. Las miradas sectoriales resultan incompletas si no concluyen en lo local y concreto: el barrio, el núcleo humano más cercano, con aquellos que peor lo están pasando.

José Vicente Barcia Magaz

https://blogs.publico.es/el-imaginario-salvaje

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