La cruel y gratuita carta de Dalí y Buñuel a Juan Ramón Jiménez: «Su obra nos repugna»

Un tuit literario se ha vuelto viral, inaudito. Pero es que cuenta una vieja polémica, claro, la que tuvo como protagonistas a algunos de los mayores genios artísticos españoles del s.XX hace, ahora, 90 años

La cruel y gratuita carta de Dalí y Buñuel a Juan Ramón Jiménez: «Su obra nos repugna»

Un tuit literario se ha vuelto viral, inaudito. Sin embargo, en realidad, se trata de la vieja polémica, más bien de la vieja enzarzada (ahora se llaman «beefs»), iniciada por la cruel e insultante carta que Buñuel y Dalí escribieron conjuntamente a Juan Ramón Jiménez hasta el punto de ser contestada a su vez por el futuro Premio Nobel de Literatura.

Esta historia ocurrió hace un poquito más de 90 años, cuando el pintor y el cineasta escribieron la misiva en enero de 1929:

«Nuestro distinguido amigo:

Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente, por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria. Especialmente: ¡¡Merde!! para su “Platero y yo”, para su fácil y malintencionado “Platero y yo”, el burro menos burro, el burro más odioso con que hemos tropezado.

Y para Vd., para su funesta actuación también:

¡¡¡¡Mierda!!!!

Sinceramente:

Luis Buñuel – Salvador Dalí»

A su vez, el poeta de la hondura respondió con otra carta cargada de dureza, aunque más elegante:

«Mis muy “surrealistas” y muy conocidos:

Estoy completamente de acuerdo con ustedes y con el tercero que se oculta con ustedes: cuanto yo he publicado hasta el día no tiene valor alguno, y me avergüenzo, lo he dicho muchas veces, de la mayor pare de mi obra escrita; y cuanto puedan ustedes decirme de ella me lo he dicho yo con mi propio léxico, aun cuando, por desdicha mía, y según dicen constantemente los críticos de ambos sexos y del otro sexo de ustedes, haya salido de ella la mejor parte de la escritura actual española e hispanoamericana en verso y prosa, lírica y crítica. Pero ustedes son, además de unos surrealistas, unos majaderos y unos cobardes. Porque al escribir en esa jerga francocatalana, ni siquiera saben ustedes ponerse a hacer en español sus más imperiosas necesidades; porque para mí “merde” no es nada; y, además, porque ustedes saben de antemano que yo no puedo contestarles en esa lengua trasera que es la palabra propia de ustedes. No iba yo a cometer la ridiculez tampoco de enviarles mis padrinos masculinos, femeninos ni “manfloritas” como les dicen a ustedes en mi Moguer. También sabrán ustedes que mis amigos se alegran mucho de su carta y juzgan que ustedes han hecho bien en espeler en ella el vivo retrato de los dos.

Gracias de este admirador de sus Técnicas.

J. R. J.».

La intrahistoria de este rifirrafe merece también ser contada para entender el por qué de este cruce de cartas tan violento. En aquel 1929, Luis Buñuel tenía casi 30 años y Salvador Dalí unos pocos menos. Y tal como explicaba el pintor de Figueras en un libro publicado por Agustín Sánchez Vidal llamado «Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin», en el año 1989, la cosa fue un poco por «matar al padre» y por provocar porque sí. La «maldad» se acrecienta si es cierto que la carta la mandaron después de haber visitado al Jiménez el día anterior. Esto dijo Dalí sobre aquel hecho:

«En aquel momento queríamos mandar, para crear una especie de subversión moral, una carta a la persona más prestigiosa de España, únicamente para provocar una reacción y que la gente dijera: “¿Por qué lo han hecho?”, y tal y cual. Entonces habíamos escogido dos o tres, y habíamos pensado en Falla, que tenía un gran prestigio, para decirle que era un hijo de puta, etc.: lo más que se puede decir; los pusimos en un sombrero (los nombres), y salió Juan Ramón Jiménez. Justamente acabábamos de visitar a Juan Ramón el día anterior, que nos había recibido sentimentalmente: “A ver, esa juventud maravillosa…”, y dijo haber encontrado unos chicos magníficos en nuestro grupo. Entonces, sale en el sombrero y escribimos la carta, que era una carta terrible contra Platero, que el asno de Platero era un asno podrido, aquello de las estrellas era un sentimentalismo…; además, es verdad, a mí nunca me ha gustado Juan Ramón Jiménez, encuentro que es un poeta pésimo. En el momento de echar la carta, Buñuel tuvo una duda, pero la echó, la echamos, y al día siguiente Juan Ramón estuvo enfermo, diciendo: “No comprendo, un día antes recibo a estos chicos; me parecen… Y al día siguiente me insultan de la manera más grosera…” Y no lo comprendió nunca. Fue una cosa incomprensible».

Conviene recordar también que el cineasta calandino y el pintor de «El gran masturbador», que concidieron en la madrileña Residencia de Estudiantes, coescribieron y coodirigieron «Un perro andaluz», mítico corto surrealista, además de coescribir «La edad de oro». Sin embargo, su colaboración y amistad se vio truncada por un distanciamiento derivado de su relación respecto al franquismo y la aparición de Gala (la mujer de Dalí).

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