Kind of Blue: 60 años de misterio

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Este mes de marzo se cumplen 60 años de la primera sesión de grabación de Kind of Blue, de Miles Davis, probablemente el disco más celebrado de toda la historia del jazz, también el más vendido y uno de los más influyentes, aunque su música sigue sonando igual de elegante, misteriosa y enigmática que el primer día. Es difícil desentrañar sus misterios, más aun teniendo en cuenta que el propio Miles, perfeccionista hasta la exasperación, declaró que nunca estuvo realmente satisfecho de cómo quedó, y que uno de sus artífices esenciales, el pianista Bill Evans, se seguía preguntando años después qué es lo que hacía tan especial a Kind of Blue.

Sin duda, una de las razones son los músicos que había detrás de ese milagro. Miles siempre tuvo un olfato de sabueso para descubrir a los mejores instrumentistas en cada momento y rodearse de los más adecuados, pero en aquel invierno de 1959 consiguió una formación alquímica: John Coltrane al saxo tenor, Julian Cannonbal Adderley al saxo alto, Paul Chambers al contrabajo, Jimmy Cobb a la batería y el citado Bill Evans al piano, salvo en un tema, Freddie Freeolader, donde fue reemplazado por Wynton Kelly.

Hay diversas teorías de por qué Evans volvió por unos días junto a Miles, incluso se rumoreó que el hecho de ser blanco en un grupo formado exclusivamente por negros podía tener algo que ver, pero lo cierto es que durante los meses en que tocaron juntos la delicadeza y el lirismo de Evans significaron el descubrimiento de un nuevo continente musical. “Solía llamar por teléfono a Bill y pedirle que dejara el auricular descolgado y que tocara para mí”dijo una vez Miles. “Me entusiasmaba cómo tocaba”.

Si la influencia de Bill Evans fue determinante no lo fue menos la absoluta libertad con que Miles Davis dejó trabajar a sus instrumentistas, quienes llegaron el 2 de marzo a la primera sesión de grabación sin apenas ensayos previos, con unos bocetos de las melodías y las escalas modales previstas por Miles. Por ejemplo, el grupo había improvisado meses antes sobre una versión de All Blues, pero el mismo día de la grabación, el trompetista decidió cambiar el compás de 4/4 a 3/4. El batería Jimmy Cobb, que llegó a escribir el prólogo del magno libro de Ashley Kahn, Kind of Blue, la grabación de una obra maestra, afirmó tiempo después que buena parte del material lo compusieron juntos Davis y Evans, y que “las ideas y la música estaban básicamente inspiradas en el bagaje musical de Bill”.

Como en otros momentos estelares del jazz, de la música o del arte en general, es prácticamente imposible distinguir las atribuciones de cada uno de los músicos en el resultado final. Ante tanta belleza, sin embargo, sobran las disquisiciones bizantinas y más vale recordar aquella salomónica respuesta que dio Cesare Zavattini cuándo le preguntaron cuánto le debían las películas de Vittorio De Sica a sus guiones: “Ante un café con leche, ¿usted sabría decirme dónde termina el café y dónde empieza la leche?” Miles se agarró a Bill Evans porque era el único pianista que podía llevarle en la dirección donde le llevaba su oído (menos es más), justo la contraria del bebop, esa apabullante profusión de notas, acordes, ritmos y escalas donde Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Budd Powell y otros monstruos habían metido al jazz. Muchos años después, Herbie Hancock contaba cómo Miles solía acercarse a él durante sus solos y le susurraba con su voz de gángster: “Te voy a amputar los dedos”.

Miles Davis, un trompetista no tan virtuoso como Gillespie o Clark Terry, hizo de la simplicidad virtud y buscó ante todo un sonido, un timbre melancólico y solitario, único, una especie de tristeza, que es al fin y al cabo lo que quiere decir Kind of Blue. Fue la última vez que Miles y Evans grabaron juntos, Cannonbal Adderley tampoco iba a durar mucho más tiempo en el sexteto y Coltrane quizá ya estaba pensando en las terribles montañas que iba a escalar.

 

David Torres

https://blogs.publico.es/davidtorres

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