Pedagogía del terror: Nasrin Sotudé ante la ‘inquisición’

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Cuenta la mitología mazdeísta, una antigua religión persa, que en el Juicio Final, un tribunal formado por tres Espíritus Santos, Mitra, Sorush y Rashn, desde su sede celestial de la “Casa de los Cantos” juzgarán a las almas humanas, colocando sus pecados en uno de los platos de la balanza de justicia y sus buenas obras en el otro, para así decidir a quién enviar al Paraíso (término persa que significa “jardín”), y a quién al infierno, un espacio frío y tenebroso. En caso de empate, terminarían en el Hameste-gan, «istmo». Se trata, posiblemente, del primer tribunal de inquisición en el “más allá” inventado por el poder para conseguir la obediencia de la población aterrorizada, y también del indicio de su existencia en la vida real.

Miles de años después, Nasrín Sotudé comparece, en el mismo territorio, ante un tribunal de hombres zombis de la Edad Media, autoproclamado “Guardianes de los edictos de Dios”, con la autoridad de condenar a los ciudadanos convertidos en súbditos y rebaño a sentencias como lapidación, ojo por ojo en su sentido literal, latigazos y ahorcamientos en las plazas públicas por “delitos” como pensar, cuestionar, razonar, amar, bailar, cantar, viajar, ser comunista, sindicalista, feminista, monárquico, liberal (pero se abre la Oficina de Talibán), ateo, bahaí, budista, sufí, hereje, apóstata, oponerse a la tortura y la pena de muerte, ….. e incluso atreverse a elegir el color de los atuendos impuestos por un Santo Oficio, que por resucitarse en la era moderna, hasta transmite por la televisión los actos del Auto de Fe de los acusados drogados, atormentados.

“¡Recibirá 148 latigazos y no verá la luz del sol durante 34 años!”, es la  sentencia del tribunal comunicada a la abogada y activista Nasrín Sotudé, en la que la flagelación (en la que el tercer azote arranca la piel) es el castigo de aparecer sin el velo en un videoconferencia en el extranjero y “propagar la prostitución” por defender a una de las jóvenes detenidas por participar en la campaña contra el velo obligatorio del 2018. En cuanto a las décadas de estar entre rejas, se debe a pecados como ofender al caudillo Jameneí, espionaje, conspirar contra la seguridad de nacional de la República islámica (RI), propaganda contra el sistema, y también la muerte de Manolete. Si esta es la magnitud del castigo a una activista que no es ninguna “antisistema” (pues, pertenece a la corriente permitida Mel.li-Mazhabi «Patriota-religiosa»), se puede imaginar la suerte que corren los opositores.

¡Ojo! La contradicción entre esta notificación a la acusada y la afirmación del juez Mohamad Moghiseh, de que la condena de Sotudé es de siete años, puede deberse a: 1) una estrategia de la RI para desacreditar a la abogada, y 2) bajarle la pena por la presión nacional e internacional, y así desactivar las movilizaciones por su liberación, como si siete años perdiendo la vida entre muros y los barrotes, estando sometida a las torturas físicas y psicológicas fuesen poca cosa.

¿Su pecado? Hacer temblar los pilares de la RI

En una RI basada en la discriminación de los ciudadanos por razón de sexo, creencia, religión, pertenencia étnica, etc., Nasrín ha llevado las causas de los ciudadanos de la fe bahaí (que fue una reforma al islam chiita), de las mujeres maltratadas, entre ellas las víctimas de los ataques con ácido o los menores condenados a muerte, siendo la RI el primer país del mundo en número de ejecuciones en proporción a sus habitantes. Ella no consiguió salvar de la horca a los presos políticos Ahmad Nejati de 22 años, y Arash Rahmanipur de 18, quien fue detenido cuando tenía 16 años. Suerte que puede correr en cualquier momento, Mohammad Reza Haddadi, que lleva 14 años sobreviviendo en el corredor de la muerte por un delito que cometió cuando tenía 15 años.

Sotudeh ya estuvo encarcelada entre 2010 y 2013 bajo los cargos de “propaganda contra el Estado” y “reunión y confabulación con fin de atentar contra la seguridad nacional”, como si fuera Bin Laden. ​Aunque debía cumplir una pena de seis años, fue liberada junto a otros presos políticos el 18 de septiembre de 2013, en la víspera del viaje del presidente Rohani a la Asamblea General de la ONU, lo cual muestra que las presiones internacionales funcionan.

Pero, la volvieron a arrestar en 2016 por “formar grupos con la intención de interrumpir la seguridad del país”, en referencia a participar en una asociación que, apuesta por la supresión gradual de la pena de muerte, ilegalizando la ejecución de los menores por el Estado.

La tuvieron que poner en libertad en 2017 para volver a la prisión en junio del 2018. Desde entonces permanece en Evín, la cárcel más temible de Irán, para cumplir cinco años por delitos parecidos.

Hoy, la incansable abanderada de los derechos más básicos humanos en Irán, desde su celda se niega a poner recurso a la nueva sentencia: ha dejado de creer en la justicia del sistema judicial de la RI, afirma, y tampoco quiere poner en peligro a ningún abogado por llevar su causa. El 2018, siete letrados fueron detenidos por defender a los presos políticos. Una nueva ley impide que los acusados por razones políticos elijan a su abogado: deberán escoger a uno de los 20 determinados por el Poder Judicial, que no es más que una oficina del Ministerio de Inteligencia.

En una situación parecida de Sotudé han estado otras activistas como la bloguera Maryam Bahreman que el año 2011 pasó 55 días en régimen de aislamiento en la cárcel acusada de “actuar contra la seguridad nacional”, por formar parte del Comité por Un Millón de Firmas que pretendía cambiar el estatus de subgénero de la mujer en las leyes islámicas de la RI. Ella que es ingeniera de electricidad, había sido detenida en el aeropuerto junto con otras tres activistas que iban a viajar a la India para participar en un encuentro internacional sobre el impacto de la tecnología en la vida cotidiana de la mujer. Fue liberada tras depositar una fianza equivalente a 250.000 dólares.

Una saga de mujeres juristas

La comunista Jadiché Keshavarz fue la primera mujer abogada iraní: obtuvo su licencia en 1934. Le siguió Mehranguiz Manuchehrián (1906-2000), doctora en derecho en 1962, fundadora de la Liga de las Mujeres Juristas de Irán. Mehranguiz fue galardonada con el premio del Centro de la Paz Mundial mediante el derecho en 1968 y un año después fue elegida presidenta de la Federación Internacional de Abogadas; su licencia le fue retirada por la teocracia islámica en 1981.

Hoy, el 41% de los abogados de Irán son mujeres.

Nasrin Sotudé sólo es una de tantas juristas progresistas que han contribuido decisivamente en sensibilizar la opinión pública de la necesidad de respetar el estado de derecho (aun en el marco estrecho de la actual teocracia), como por ejemplo la necesidad de la inmunidad de los abogados en el ejercicio de su trabajo, o comprometer a las autoridades del país en hacerse responsable de las acciones de los grupos fanáticos de extrema derecha supuestamente “descontrolados“ vinculados al “estado profundo”, quienes irrumpen en los domicilios y secuestran a los ciudadanos con total impunidad.

El totalitarismo religioso que en 1979 sustituyó a la dictadura semilaica del Sha arrebató los logros del movimiento feminista conseguidos durante un siglo de una durísima lucha. Por lo que, a las antiguas reivindicaciones de “libertad, justicia social e igualdad” se añadieron “la separación entre la religión y el poder”,  “no al estatus subgénero de la mujer mediante leyes medievales”, “no a bajar la edad nupcial de 16 a 8 años”, “no a la poliginia”, “no a la indumentaria obligatoria”,  “no al apartheid de sexo”-que prohíbe por ley a las mujeres ocupar determinados puestos o entrar la en los estadios, etc.

La maniobra de justificar el teocracia con la artimaña del “feminismo islámico” no funcionó, y activistas como Shirin Ebadí o la propia Sotudé ya se han desmarcado de este fundamentalismo femenino, y piden la abolición de alguna de las leyes islámicas, coma la que impide a la madre tener la custodia o la tutoría de sus propios hijos, o aquella que autoriza que las niñas, incluso las menores de 13 años, sean desgarradas hasta morir en el lecho matrimonial por las continuas violaciones de los hombres llamados “marido”. De hecho, Sotudé defendió en 2006 a varias miembros del Comité de la “Campaña del Millón de Firmas por la derogación de las leyes discriminatorias”, detenidas por “oponerse a las leyes del islam”.

La hija de 12 años de la señora Sotudé, Mehravé es la ciudadana más joven de Irán a la que la RI ha prohibido salir del país, y le ha llamado a comparecer ante los tribunales. Su objetivo es romper la resistencia de la prisionera mediante un hecho absolutamente ilegal, ya que Irán es firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño.

El Colegio de Abogados de Irán en una carta abierta ha mostrado su apoyo a Nasrin Sotudé y exige al nacional-islamismo de la RI el “imperio de la ley” y el respeto a los derechos de los ciudadanos.

Nazanín Armanian

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