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Influenciado por su madre, coleccionista y vendedora de cuentas en Londres, Thomas Heatherwick es hoy uno de los arquitectos y diseñadores más extraños y brillantes del mundo. También es considerado uno de los más influyentes y sus proyectos —que van desde sillas giratorias para espacios públicos, autobuses, puentes replegables, templos budistas y hasta plantas de energía— se distinguen por abrazar el mundo actual y proponer soluciones prácticas que, además, incorporen a la naturaleza, sus formas y texturas.

Uno de sus proyectos más radiantes es sin duda la Seed Cathedral (Catedral de semillas), que fungió como el pabellón del Reino Unido en la Expo 2010, en Shanghái. En ese año, la enorme exhibición giraba en torno al futuro de las ciudades. Heatherwick y su equipo debían idear algo que representara al Reino Unido y, al mismo tiempo, hiciera referencia a un urbanismo consciente de los retos que hoy se enfrentan en toda gran urbe.

El arquitecto británico optó, como lo hace frecuentemente en sus proyectos, por incorporar al mundo natural en su pabellón y, para enfocarlo en su país, llegó a una decisión brillante: hablar sobre el amor que existe en el imaginario británico por las plantas y los jardines. Desde hace mucho tiempo, y especialmente durante la era victoriana, los ingleses han intentado incorporar a la naturaleza en sus ciudades; no es una casualidad, por ejemplo, que el primer parque público de la modernidad se encuentra en Londres y que, ahí mismo, haya nacido el primer instituto botánico del mundo. Paradójicamente, la punta de lanza de la cultura occidental, ha sostenido un delirante amorío con la botánica –y este oxímoron es el que Heatherwick retrató en su obra.

Así, el arquitecto y su equipo construyeron una estructura de acero y madera del que, como un alfiletero, sobresalían miles de cables de fibra óptica que en sus extremos guardan un total de 66,000 semillas para que quien se acercara a ellas pudiera verlas, como si fuesen joyas de vida atrapadas en un extraño ámbar. Durante el día, estos cables transparentes (que eran lo suficientemente flexibles para moverse con el viento) captaban la luz para iluminar el interior de la estructura, y en la noche, conducían la luz de la fuentes colocadas en el interior hacia el exterior, haciendo brillar este extraño templo botánico. Dentro de él no había nada, sólo silencio y frescura.

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El proyecto de Heatherwick, en su excéntrica belleza, parecía un objeto venido de otro planeta o una semilla enorme en sí mismo. Sus procesos de concepción nos dejan ver un genio que celebró tanto la noción de tamaño, como la calidad sagrada de la vida encarnada en un pequeñísimo objeto. En este video de Ted Talks, el arquitecto narra cómo creó uno de los edificios más extraños y fascinantes de la historia:

  

Imágenes: Heatherwick Studio – (stills capturados de Thomas Heatherwick: Building the Seed Cathedral de Ted Talks)

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