PAMELA CUENCA: EL CORAZÓN NO ES DE PALMITO

PAMELA CUENCA: EL CORAZÓN NO ES DE PALMITO
Debería llamar a papá. Decirle que la luz no es mejor que la oscuridad, que ahí también hay instantes blancos que ciegan. Debería dejar de lado la tortura de saber que soy otra sombra. Mirar con profundidad, yo, aún que puedo. Tomar la mano del equilibrio mental y deshojarme al fin. 
Debería, también, dejar de coquetear con la muerte, pensar en otra cosa, pensar en la mirada de todos los que hemos sido condenados. Encontrarme contigo en el espejo, besar mi reflejo para besarte a ti. Asomar mi rostro al filo del precipicio y sentir miedo de caer. 
En esta cajita de cerillas vas a encontrarme, durmiendo junto a los conejitos blancos de los que te hablé. Debería decirte todas las cosas, duele guardarse las palabras y perforarse la garganta. Duele escuchar todas las voces del mundo en mi cabeza y no poder diferenciar la tuya.  Tenerte cerquita del pecho sin posibilidad de permanencia. La importancia de todas las cosas puede reducirse a tomar tu mano.
Si estiramos más la cuerda no se romperá, la nuestra siempre ha sido elástica, siempre volveremos al comienzo para chocar nuestros cuerpos. 
Que sí, que me niego mil veces frente al río. Que recuerdo todos nuestros instantes. Que pienso en papá, que no puedo evitar llorar en tu hombro, que no puedo evitar quererte querer. Que todas las no cosas son la no existencia de sabernos no cerca. Somos el charquito formado por la huella de un animal salvaje: hemos bebido de él y ahora los salvajes somos nosotros. 
El no abrazo eterno será el sentimiento que se le niega al mañana todos los días al salir el sol. 

1

La niña de los pernos es una oblata con brazos de tul. Aquí en medio de los gusanos carcome luces se duerme la última codorniz con huevos de plata. Un perno mal colocado hizo de la niña un agujero en torno de su capa y las golondrinas volaron a lugares lejanos con casitas de chocolate para los malos hombres. 

2

Contaba una leyenda que en los siglos pasados hubo una niña de ojos grises, manos robóticas y luces led en la boca, poseedora de pernos arcoíris buscaba entre las sombras a su pequeño hermano licuadora y soñaba con construir un mundo de cicatrices verdes y foquitos azules. Su vestido de lana era un acordeón que sonaba solo. Cajitas de caramelos para los hombres tristes. 

3

Mi casa es una jaula gigante, aquí los ratones astillan los pies de los infelices, mi casa es un agujero hondo, sin salida, con barrotes gruesos y nos ahogamos. Los pernos se oxidan de a poco y el olor a aceite quemado lo llena todo. Mi casa es un saco de hierbas para cobayos de luz. El hombre y el acordeón dejan caer la última canción y yo, niña, canto.

2

Yo encontré en la caja de pinturas el color más hermoso y me lo comí, tenía dentro de mis entrañas la hermosura brillante del color, la belleza de la tarde y de los arcoíris. Encontré en una caja de diamantes un lucero, lo miré y busqué en el espejo algo como el cielo, pero las nubes no vinieron a mí. Encontré en las casitas de muñecas las tenebrosas golondrinas con picos sangrantes y cuerpos de pulpo, encontré sangrando a la amapola y lloré porque siempre le tuve miedo a los silencios, a la ausencia, a las ventanas. Me encerré en esta caja de pinturas me devoré a mí misma. Me lastimé los dedos, me corté la piel tantas veces. Fui un ratoncito mirando a los conejos matarse entre sí. Fui el gato ciego que se acicalaba lentamente. Yo encontré una caja y la caja me envolvió. Me sobrepuse al temor de la oscuridad, de las mujeres de mantos negros, sin manos, con sus bocas entreabiertas que cazaban mariposas invisibles, me sobrepuse y corrí de nuevo al armario. Soy un cardo que espera, ya sin miedo, la llegada de las voces. 

 

Me he permitido soltar acuarelas en el mar, me he permitido pintar las olas con azules más intensos. Permití la existencia de un cuadro ligeramente balanceado en el piso. Este presagio irreparable es la ceguera de mis ojos. Conservo la oscuridad en los bolsillos: la ruptura del océano.  Me arrastraré persiguiendo la sombra evitando la tormenta que suplique un nombre. Disipar el terrible contexto de mi mano sobre tu pierna. Aquí, donde debería nacer la vida todo es desierto. No existe el camino a ninguna casa, mi vientre no albergará a ningún hijo. Aquí todo es muerte, la ausencia total de las decisiones. 

¿Recuerdas la noche siguiente del día que nació mi hermano, papá? Fuiste a verme en casa de mi abuela, me dijiste: ‘vamos a dar una vuelta, hija’ Yo te seguí, como he venido siguiendo tu sombra todos estos años.
Te estacionaste cerca a la Puerta de la Ciudad, y lloraste. Fue la primera vez que te vi llorar de verdad, que entendí tu tristeza, desde ese día guardo tus lágrimas en mi memoria: para recordar que el llanto existe cuando el amor no llega a ser suficiente. 
¿Recuerdas lo que me dijiste esa noche, papá? Tomaste mi mano y murmuraste que ningún momento se compara al día en que me compraste mi primer par de zapatos. Lloré, aún recuerdo tus ojos, mirándome. 
Ya no sé cuándo me miras, papá. Tus ojos se hicieron grises, se fueron perdiendo en una neblina demasiado espesa. Así que ahora cuando tu mirada perdida intenta buscarme yo recuerdo aquel día. Recuerdo tus ojos cafés y tu voz diciéndome: ‘hija, perdón’
Debo confesarte papá, nunca he podido perdonar a nadie, por eso mi corazón es una caja carcomida habitada por los monstruos que creíste matar bajo mi cama. Pero papá, antes de que la arena de los años y las pesadillas forme en mí un desierto, yo te perdoné. 
Siempre regreso a ese lugar, aunque no pueda regresar a ti, quisiera yo también ahora poder tomarte de la mano y… 
Papá, aunque la luz se rompa yo seré tus ojos.
BIOGRAFÍA
Pamela Cuenca, Loja, Ecuador, 1996. Ganadora del Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade con su obra inédita Los cubos que me habitan (Cuenca, 2017). 
Ha publicado avances de su futuro libro en las plaquetas: Ensayo de realidad virtual para un gato que despierta (Loja, 2017), Despersonalización de una máquina: futuro no inmediato (Ambato, 2017- Loja, 2017), El descanso de la nube roja (Loja, 2018). 
Algunos de sus poemas aparecen en: Antología Alma Adentro Mujeres Ecuatorianas Premiadas (Editorial El Conejo, Quito, 2018), Alas Púrpuras: Antología de resistencia y libertad (El Ángel Editor, Quito 2018) y en espacios como Revista Suridea de la CCE (Loja, 2013-2014), Revista El Faro (Loja, 2016-2018), Gaceta cultural República Sur (Cuenca, 2017), Anábasis (Perú, 2017), Cráneo de Pangea (Quito, 2017-2018), Habemus Poesía Loja (2017), Cromosoma Lunático (Loja, 2017), Digo.Palabra.Txt. (Venezuela, 2017), Le Miau Noir (España, 2017), Bartleby (Perú, 2017), Casapalabras (Quito, 2018). 
Entrevistada para la revista Rocinante Nro. 111 (Quito, 2018). Entrevista en El Telégrafo (Guayaquil, 2017). Entrevista en Diario El Tiempo (Cuenca, 2017). Entrevista en Diario El Mercurio (Cuenca, 2017). Entrevista para Ecotelpress (Loja, 2018).  
Ha sido invitada a encuentros nacionales como La Palabra Crece, Manta 2017, Bibliofrenia, Ambato 2017, IV Festival de Literatura y Artes Plásticas Riobamba 2017, Feria del Libro PUCE Quito 2017, Festival Lectura de un Kanibal Urbano, Quito 2018, Festival Otra Orilla Guayaquil- Durán 2018, Feria del Libro Ibarra 2018. Invitada nacional para la Feria Internacional del Libro y la Lectura, Quito 2018.
Directora y fundadora del I Festival de Poesía De Lirios Ambato 2017. Aparte de su actividad literaria ha trabajado como reportera en canales de televisión. Es coautora de un artículo de investigación publicado en Revista ComHumanitas de la Universidad de los Hemisferios (Quito, 2014). Fue miembro del Ballet Folclórico Internacional “AYMARA” durante tres años. 
Colaboración: Sara Montaño Escobar
Imagen: Constelada (Shirley Andrade)
http://www.revistaelhumo.com

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