Traducciones: Poemas de Sandra Alcosser [versiones de Fe Orellana]

Traducciones: Poemas de Sandra Alcosser [versiones de Fe Orellana]

Dentro de la generosa tradición estadounidense, una de las vertientes fundamentales es la poesía de la naturaleza: una línea extensa y sinuosa que tiene en Emily Dickinson su primer hito y llega hasta nuestros días con poetas como la recientemente fallecida Mary Oliver. A dicha genealogía pertenece Sandra Alcosser, de quien presentamos a continuación estas versiones de Fe Orellana donde el poema se abre a la observación minuciosa de lo salvaje y lo natural, haciéndole espacio al asombro.

 

Cada hueso una oración

Tus cartas llegaron frágiles de Nepal.
Estampillas de antílopes y monos bailarines riéndose
a pesar de no haber visto una fruta en días.

Afuera de Manang, una mujer te mira.
Una nómada con un colgante de jade
te lleva hacia su carpa. De sus manos
tomas un cuenco con leche de yak. Delicioso.
Te quedarías, pero el cielo
ya se echó perder con el agua.

Cruzando el paso de Thronog La, tu cerebro
empieza a hincharse. Duermes en los brazos
de un sherpa que te da de comer opio, extrae
las sanguijuelas del cuerpo. Morirías,
pero la lluvia es demasiado desoladora.

En el valle su familia toca tu pecho,
el pelo crespo y negro, y dices: “Bien. Está bien.”
Nadas con un búfalo en el río. Una niña
lava ahí a su madre. Alcanza una parte
del hombro de la mujer ya muerta y la comparte
con su padre.

Llevas una toga blanca al verte.
Apunto un regalo de los fósiles del Himalaya
y no puedo nombrar ningún hueso. Esta también fue mi casa,
ahora cada pieza huele a humo de leña. Unas pilchas
bendecidas por el Dalai Lama cuelgan en la ventana,
amarillo muselina, la tinta se desvanece como si levantaran
oraciones en la noche húmeda de East River.

El amor es fácil en Nepal, me dijiste,
todas las ruedas giran en el sentido del reloj y los muertos
son enterrados cómodamente en los muros
de sus propias casas.

Insecto baboso

Vi un insecto zambullirse
de cabeza en un jarro de cristal.
Aumentado se parecía
a la crisis de identidad de un amigo –
ojos rojos, cuerpo amorfo
arqueado como un escorpión.
Tanteando el agua con un tallo de lirio,
rescaté al nadador,
lo ayudé a arrastrarse al labio del florero,
entonces me felicité, como si
el insecto fuera invención mía.
Lo dejé en la piel de la flor
secándose, mientras me iba
a un día de trabajo. Cuando volví
había escalado más alto, untando
la carne púrpura con espuma. Estático
en su sitio como una atenta cabeza
perdida entre champú, se había llevado
los dulces pétalos consigo
removiéndolos con su babeo
hasta dejarlos atrofiados y encostrados.
Parecía tan inofensivo al principio
cubierto por su propia saliva,
creo que lo llamaré
insecto farsante.

 

Lo que hace bailar a los osos grizzli

Junio y al fin las arvejas
adornan Mission Valley.
Arriba, detrás de campos numinosos,
enjambres de chinitas como enormes
y lustrosos abanicos de Hong Kong,
como faldas cubiertas de amapolas,
vuelven rojas las montañas.
Y entre penstemones azules
giran los osos grizzli
como si tiraran puñetazos de color
contra sus bocas rasgadas.
¿Acaso nunca quisiste
dar vueltas así
sobre unas patas peludas y endurecidas
al medio de bayas hinchadas,
como si saborearas el lenguaje
de principios del verano -formar
operáticas y lánguidas vocales,
romper consonantes
de cascarón duro como insectos
moteados entre tus dientes.
¿Nunca has querido
bailar un vals entre los cerros
como una bestia?

 

Versiones originales

Each Bone a Prayer

Your letters arrive frail from Nepal.
Stamps of antelope and monkey-dancers, laughing
though they have not seen fruit in days.

Outside Manang women watch you-.
A nomad wearing dangling jade
waves you into her tent. From her hands
you take a bowl of yak milk. Delicious.
You would remain, but the sky
already rots with water.

Crossing the pass at Thorong La, your brain
begins to swell. You sleep in the arms
of a sherpa who feeds you opium, picks
leeches from your body. You would die,
but the rain is too lonely.

In the valley his family touches your chest,
the curly black hair, and says, Fine. Very fine.
You swim with buffalo in the river. A child
washes her mother there. She pulls off a piece
of the dead woman’s shoulder and shares it
with her father.

You are wearing white robes when I see you.
I finger a gift of Himalayan fossils
and cannot name one bone. This was my home too,
now every room smells of woodsmoke. Rags blessed
by the Dalai Lama hang at the windows, yellow muslin
and ink fading as they fly prayers
onto a humid East River night.

In Nepal, you tell me, love is easy,
all wheels are spun clockwise, and the dead
are buried comfortably in the walls
of their own homes.

 

Spittle Bug

I watched an insect dive
upside down in a crystal bowl.
Magnified, it resembled
a friend’s identity crisis —
red eyes, amorphous body
arched like a scorpion.
Probing the water with an iris stem,
I rescued the swimmer,
helped it crawl to the vase lip,
then complimented myself, as if
the bug were my own invention.
It rested on the flower’s parchment,
hyperventilating, while I went off
to a day’s work. When I returned
it had climbed higher, slathering
purple flesh with froth. Stalled
in one spot like an indulgent head
lost in shampoo, it had taken
the sweet petals with it,
rolling them in babble,
till they were stunted and scabbed.
It looked so harmless at first
roiling in its own spit,
I think I shall call it
gossip bug.

 

What Makes the Grizzlies Dance

June and finally snow peas
sweeten the Mission Valley.
High behind numinous meadows
ladybugs swarm, like huge
lacquered fans from Hong Kong,
like serrated skirts
of blown poppies,
whole mountains turn red.
And in the blue penstemon
grizzly bears swirl
as they bat snags of color
against their ragged mouths.
Have you never wanted
to spin like that
on hairy, leathered feet,
amid the swelling berries
as you tasted a language
of early summer — shaping
lazy operatic vowels,
cracking hard-shelled
consonants like speckled
insects between your teeth,
have you never wanted
to waltz the hills
like a beast?

 


Foto Sandra AlcosserSANDRA ALCOSSER (Washington, 1944). Poeta estadounidense. Entre sus colecciones de poemas destacan A Fish to Feed All Hunger (1986), Except by Nature (1998) y A Woman Hit by a Meteor (2001). Sandra Alcosser es poeta laureada de Montana y entre las distinciones a su obra se cuentan PEN Syndicated Fiction Award, Larry Levis Award y Puschart Prize, además de ser directora del Central Park Poets–in–the–park y fundadora del MFA de escritura creativa de San Diego State University, donde es profesora de poesía, ficción y poéticas feministas.

Imagen destacada Fe OrellanaFE ORELLANA (Santiago, 1991). Narrador y traductor. Ha publicado la novela Mujer colgando de una cuerda (PorNos, 2017) y aparece en la antología de narradores chilenos Santiago (Dostoievsky Wannabe, 2019). Desde el 2012 es coordinador del LEA (Laboratorio de Escritura de las Américas). Actualmente reside en San Diego, California.

 

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