Extracciones: Ramitas. Poesía reunida (1992-2018) [Carlos Battilana]

Extracciones: Ramitas. Poesía reunida (1992-2018) [Carlos Battilana]

Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas.
Italo Calvino, El barón rampante

Ramitas es la poesía reunida de Carlos Battilana editada en 2018 por el sello argentino Caleta Olivia. Esta recopilación reúne los poemas de los libros Unos días (1992), El fin del verano (1999), La demora (2003), El lado ciego (2005), Materia (2010), Narración (2013), Velocidad crucero (2014), Un western del frío (2015) y Una mañana boreal (2018).

«Seco pero tierno Carlos Battilana va como un monje cuya diosa es la melancolía. Desde su primer libro, veinticinco años atrás, hasta los más recientes, estas ramitas se secan y hacen una hoguera de luz y de vacío donde algo tiembla, algo señorea el sentido tímido y altanero a la vez.
Altanero no de un yo que se exalta y ufana, sino que desaparece detrás de “ese mínimo indicio / de los objetos, de las formas, / de esa materia / que se resiste”. No me gusta interpretar el sentido de un poema, porque es una llama que se apaga ante el exceso de racionalización. Pero con Battilana se me hace difícil interpretar algo, entonces la magia vive porque su poema rechaza toda interpretación, y así se vuelve inquietante y atractivo, aun cuando no esté en sus planes. “Dios procede del verbo”, dice en “Letras”, “también lo más real de mí”. “Por mí”, agrega, y así termina el poema», dice Diana Bellessi en las últimas páginas del libro.

Leer una obra reunida, transitarla —incluso cronológicamente— siempre es una experiencia muy singular, un viaje al interior de la escritura del autor; desde el principio de su voz pública/publicada/palpable hasta la actualidad. Generalmente, se suelen notar mutaciones entre los primeros y los últimos libros, pero en el caso de Battilana es admirable ver que la calidad, la esencia y el tono de los textos se sostiene en el transcurso del tiempo. Si hiciéramos el ejercicio de mezclar sus libros (quitando las fechas), sería muy difícil que pudiéramos acertar cuál ha sido el primero y cuál el último. Hay un don en la cadencia de su escritura: construye un propio recurso dentro de la lengua, un espacio que de tan íntimo se nos vuelve cercano, una poética que logra mantenerse alta como las ramas de un árbol, pero también fuerte y sólida como su raíz.

El autor se mece, se balancea entre la prosa y el verso, entre su imaginario medular y las narraciones tan sensibles como profundas. Se detiene en los gestos ínfimos, en lo que parece casi imperceptible. Es una escritura de la contemplación y del reposo: la espera y el reposo necesarios para contemplar y escribir las palabras precisas. «Como un río que se llena de hojas, sabe que todo movimiento lo conduce a la perdición. Espera con tinta en las manos; escribe. Cubre de lisa perfección todo aquello que lo intimida». El mar: casi un lugar de pertenencia, el paisaje. Sus poemas nos abren a un cotidiano lleno de certezas y de posibilidades.

«Como es arriba, es abajo», así se van espejeando los movimientos entre los textos. En ambas direcciones las palabras se expanden, se desprenden, armando nuevas constelaciones; otras lecturas, otros caminos por donde circular y franquear la poesía.

Entonces, me gusta pensar en Ramitas como un gran árbol que se bifurca y va poblando el tiempo con sus ramas/poemas, desfragmentándolo armoniosamente, construyendo una arboleda que va transformando al lector en ese barón rampante que elige ya no pisar el suelo e ir viviendo en las copas de los árboles, de rama en rama, de libro en libro, siguiendo aquella hilera de sentidos que nos devela la poesía y arma base en ella.

Ana Claudia Díaz

El mar

La calma del mar
posee la fijeza de alguna certidumbre.

Mis dedos deshacen el calor
la línea del horizonte es tan solo una seña.

Me parece que ayer
recién llegué
y sin embargo
hace mucho contemplo la distancia.

Los instantes de mi mano
dificultan
un equilibrio cierto.

Calma es esta hora en que el reposo llega.

*

No tengo manos para hablar…

No tengo manos para hablar:
los dedos de la garganta
sólo nombran
-como potros domados-
palabras
que he aprendido
en la gran ciudad:
yo sé
que no me pertenecen
que se vuelven
hoja o plástico
o
tal vez
un brebaje
que se derrama
o que se comercia
apenas
con los labios.

DE UNOS DÍAS

Objetos

En esta playa mis pies reposan. El agua recubre con espuma el hueco de los dedos. Como una caligrafía sin voz, recojo este poco de arena, y razono, con cierta calma, sobre los objetos. Entre este punto y el otro, entre esta cosa y el polvo que la recubre, ¿qué transparencia resiste?

DE LA DEMORA

Búfalos

Pesados como las piedras de este lugar en Invierno. El mar del Sur parece el último puerto del Atlántico. Un Domingo a la mañana, por junio, alguien oficia misa, y mecemos las olas, juntos, en derredor, como un conjunto de búfalos atribulados por el viento y los cazadores de hace 1000 años. La línea de la playa fagocita todos nuestros días, los pasados y los que están por venir, y en ese presente pleno comulgan los oriundos del lugar, como lo hacen los árboles, o las plantas, o nuestra pequeña voluntad.

DE NARRACIÓN

*
El orden
nos ha herido
hasta
petrificarnos

pregunto
entonces
por la fuerza
que el cuerpo
puede
dar; si tomo un manojo
de pasto
¿las cosas
cambiarán?

Aislado
del cielo
espero de él
muchas más cosas
que las que di. ¿Será
eso posible
entre
tanta petrificación?

Reduzco
el movimiento
del cuerpo
a velocidad
crucero
encierro
mis deseos
en una habitación
y descubro
al cabo de los años
que no pude
comunicar
una especie de daño
biológico
que el tiempo
alojó
en la memoria

el daño
acaso

lo que no pude
de ningún modo
fue escribir
con distinción
el efecto espeso
de los otros

el movimiento de amor.

DE VELOCIDAD CRUCERO

La luz mala

Paz del campo
que esconde
la paz de los cementerios

el polvo
cubre de tierra
todos
los sobreentendidos.

Adentro,
en las casas
agrietadas
por el paisaje,
el silencio
de las mujeres
es real
guarda
antiguas violencias
estancadas
en las habitaciones
del enemigo.

Se ahonda
una sombra

un inmenso pozo
vertical
que casi nadie conoce
ni conocerá
nunca.

¿Qué hay en los yuyos de ese campo,
en sus lagunas secretas,
en el agua serena
reflejada por el sol?

la luz mala

La luz mala
de las noches y los días
es esa quietud
que allí ves.

*

Hojas marrones

Confiado en el rumor del verano,
los días postergados
las ilusiones que tenían la forma de un árbol
y de un lago y de una casa
llegaron. Ya están entre nosotros. Sólo
que el bosque
alrededor
no está, ni tampoco
la serenidad de la casa del lago azul
.

A la deriva
en nuestro amanecer
prosiguen las voces de la radio
como oraciones liberales
que depositan su mala sustancia
en los oyentes
…y la esperanza
entonces
es la quimera de llegar al domingo
en paz:

sé que no es bueno vivir en la desdicha
y que la ilusión
-aunque sea un mínimo cospel-
es el combustible
de cualquier impulso. La respiración, entoonces,
puede ser esta
plenitud:
el árbol raquítico
las hojas que caen del sauce
en este otoño
y que recogemos con las manos

la caricia
inesperada
que por algún motivo
aguarda
amor… Llueve hoy en la ciudad,
recojo las hojas marrones
de la estación,
las que se ocultan en la alcantarilla
y miro alrededor, como aquel poeta caminante
de hace un siglo,
un poco perplejo

y sin tirar por la borda
todo aquello que viví
como aconsejan los Libros de autoayuda,
sin transitar todas las fases del dolor
que impregnaron
la sangre
como una droga
dura,
respiro el aire transparente
escucho el zumbar de las moscas
sostengo la estructura de este minuto, pronuncio
como una fiesta breve
esta plegaria
que la vorágine
disolverá,
felizmente,
en alguna noche

en algún sitio
que no deja lugar a la memoria.

DE UNA MAÑANA BOREAL
Portada Ramitas
Carlos Battilana, Ramitas. Poesía reunida (1992-2018). Caleta Olivia, 2018.


Foto Carlos Battilana

CARLOS BATTILANA (Paso de los Libres, 1964). Es autor de los siguientes libros de poesía Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora(Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005), Materia (Vox, 2010), Presente continuo(Viajera, 2010), Narración (Vox, 2013), Velocidad crucero y otros libros (Conejos, 2014), Un western del frío (Viajero Insomne, 2015) y Una mañana boreal (Club Hem, 2018). Publicó las plaquettes Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Publicó el libro de ensayos El empleo del tiempo. Poesía y contingencia (El Ojo del Mármol, 2017). Realizó la compilación y el prólogo de las crónicas de César Vallejo reunidas en Una experiencia del mundo (Excursiones, 2016). Se desempeña como docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires.

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