Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar

que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto

con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones.

—Alan Watts

En su deslumbrante humildad, el acto de meditar es la herramienta más poderosa de la que un hombre dispone para existir en paz. Dotado de un deliciosos sentido del humor, Alan Watts —que durante algún tiempo fue sacerdote episcopal en Inglaterra para luego convertirse en uno de los más importantes practicantes y promotores del zen en Occidente— ofreció conferencias y escribió libros sobre ello: tradujo, por decirlo así, un enorme cuerpo de sabiduría oriental a la realidad occidental. Y este breve ejercicio meditativo es una hermosa prueba de ello.

Para Watts, todo se resumía en ser espontáneos y mantener una mente sana —observar es mejor que pensar, aseguraba—, cosa nada sencilla cuando habitamos sociedades que parecieran orientadas a la ansiedad: ansiedad por ser lo que somos, por no ser lo que deberíamos ser, por autodefinirnos, por escuchar las definiciones de otros, por hacer dinero para sobrevivir, y un enorme etcétera que tomaría años enteros desentrañar.

Tan simple como es complejo, el acto de meditar puede hacerse a través de distintas técnicas, pero la finalidad siempre es la misma: acallar los pensamientos y juicios (“charlas dentro de nuestro cráneo”, diría Watts) que nos atormentan. Otra manera de definirlo es, simplemente, la capacidad de usar la mente como la poderosa herramienta que es, para luego dejarla a un lado, una vez que hemos terminado de usarla. Meditar es, finalmente, estar en contacto con la realidad.

En los siguientes videos la entrañable voz de Watts guía una meditación (con o sin música de fondo), que utiliza tres recursos para acallar los pensamientos. Primero, con los ojos cerrados y en una posición cómoda, Watts pide escuchar: atender a los sonidos que nos rodean sin nombrarlos, sin reconocerlos, sin juzgarlos, solamente escucharlos, ser un espectador de ellos. La segunda parte de la meditación invita a prestar atención a nuestros pensamientos, esos que surgen en nuestra cabeza inevitablemente, y verlos sin nombrarlos o juzgarlos, como hicimos anteriormente con los sonidos —algo que nos coloca en el lugar de espectadores tanto del mundo, como de nuestro interior (que para Watts son lo mismo). Finalmente, el filósofo habla sobre la respiración, un acto tan voluntario como involuntario, y el único que nos acompaña desde el día que llegamos a este mundo hasta el día que lo dejamos. Juntas, estas tres herramientas (y la gentil guía de Watts) podrían llevarte a lugares insospechados…

Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar

que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto

con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones.

—Alan Watts

En su deslumbrante humildad, el acto de meditar es la herramienta más poderosa de la que un hombre dispone para existir en paz. Dotado de un deliciosos sentido del humor, Alan Watts —que durante algún tiempo fue sacerdote episcopal en Inglaterra para luego convertirse en uno de los más importantes practicantes y promotores del zen en Occidente— ofreció conferencias y escribió libros sobre ello: tradujo, por decirlo así, un enorme cuerpo de sabiduría oriental a la realidad occidental. Y este breve ejercicio meditativo es una hermosa prueba de ello.

Para Watts, todo se resumía en ser espontáneos y mantener una mente sana —observar es mejor que pensar, aseguraba—, cosa nada sencilla cuando habitamos sociedades que parecieran orientadas a la ansiedad: ansiedad por ser lo que somos, por no ser lo que deberíamos ser, por autodefinirnos, por escuchar las definiciones de otros, por hacer dinero para sobrevivir, y un enorme etcétera que tomaría años enteros desentrañar.

Tan simple como es complejo, el acto de meditar puede hacerse a través de distintas técnicas, pero la finalidad siempre es la misma: acallar los pensamientos y juicios (“charlas dentro de nuestro cráneo”, diría Watts) que nos atormentan. Otra manera de definirlo es, simplemente, la capacidad de usar la mente como la poderosa herramienta que es, para luego dejarla a un lado, una vez que hemos terminado de usarla. Meditar es, finalmente, estar en contacto con la realidad.

En los siguientes videos la entrañable voz de Watts guía una meditación (con o sin música de fondo), que utiliza tres recursos para acallar los pensamientos. Primero, con los ojos cerrados y en una posición cómoda, Watts pide escuchar: atender a los sonidos que nos rodean sin nombrarlos, sin reconocerlos, sin juzgarlos, solamente escucharlos, ser un espectador de ellos. La segunda parte de la meditación invita a prestar atención a nuestros pensamientos, esos que surgen en nuestra cabeza inevitablemente, y verlos sin nombrarlos o juzgarlos, como hicimos anteriormente con los sonidos —algo que nos coloca en el lugar de espectadores tanto del mundo, como de nuestro interior (que para Watts son lo mismo). Finalmente, el filósofo habla sobre la respiración, un acto tan voluntario como involuntario, y el único que nos acompaña desde el día que llegamos a este mundo hasta el día que lo dejamos. Juntas, estas tres herramientas (y la gentil guía de Watts) podrían llevarte a lugares insospechados…

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