‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca


Iñaki Berazaluce

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

Ramón, en el Centro Takiwasi, en el Amazonas peruano, en 2004.

Los libros sobre la ayahuasca, y las subsiguientes transformaciones que ha ejercido el brebaje en sus descubridores se han convertido en un género en sí mismo. El relato suele seguir un esquema bastante predecible: una persona normal, o muchas veces atormentada, confusa o deprimida se cruza con la plantay tiene una revelación. A partir de ahí, su vida pega un giro de 180º y cambia radicalmente su vida para (a), convertirse en neochamán (b), ver la luz y renegar de su pasado (véase el “yonqui del dinero”) o (c) venirse arriba y fundar una religión.

‘El miligramo de consciencia’ se sale de este cliché, no completamente, porque es verdad que su autor/protagonista vive uno (o unos cuantos) procesos de muerte-renacimento-redención, pero no cae en casi ninguna convención del subgénero. Ramón Puig Domènech, que así se llama el autor, hace un recorrido vertiginoso por su vida, una vida de ambición, peligros y ostias, sobre todo, ostias a mansalva.

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

‘El miligramo de consciencia, una historia de drogas, viajes y medicinas’ es un libro de una honestidad brutal, escrito sin frenos y sin un miligramo de autocomplaciencia: Ramón hace un strip-tease emocional desde la primera página y lleva en volandas al lector por una montaña rusa de personajes, situaciones límites y droga en cantidades ingentes. Ayahuasca, sí, pero también marihuana y mucha, muchísima, cocaína.

Ramón me contó que escribió el libro en un mes, durante jornadas maratonianas, en las que palabras parecían salir de sus dedos hacia el teclado y de ahí al papel. Eso -y su talento natural- puede explicar la espontaneidad y honestidad de su historia.

Lo que más me enganchó de este libro, que llegó a mis manos casi por casualidad y en el momento preciso, fue su falta de pretensiones literarias. Ramón asume desde la primera página que no es un escritor, de modo que aparca cualquier artificio literario o truco para engatusar al lector, como haríamos los que nos dedicamos a esto profesionalmente. No, ‘El miligramo de consciencia’ es un relato lineal y cronológico, contado a calzón quitado con un lenguaje coloquial sin llegar a ser suburbial, sobre todo porque Ramón no es un espécimen del suburbio, sino un tío normal, más bien de buena familia, un currante del sector textil al que, como nos ha pasado a tantos, el consumo de drogas se le fue de las manos. Se pasó de la raya, vamos.

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

Ramón, escalando en Cataluña, circa 1991.

El verdadero Ramón

Aún no había leído 50 páginas del libro -que, por cierto, hizo que aparcara y después abandonara el último de Don Winslow, ‘La Frontera’, otro libro sobre drogaína y mafias, este sí, mucho más efectista-, cuando decidí contactar con Ramón Puig vía Facebook. Repentinamente, tenía una necesidad de conocer a aquel tipo al que ya sentía que conocía íntimamente a través del relato de sus andanzas. Había muchas cosas en la vida de Ramón que me recordaban antiguos episodios de mi propia vida. La ayahuasca, por supuesto, pero también la falsa.

La “falsa” es como llaman en Perú y Colombia a la cocaína, el polvo blanco que aliña los días y las noches de las ciudades de Europa, América y medio mundo y que hace girar la economía mundial, según explica Roberto Saviano en ‘Cero cero cero’, otro libro imprescindible.

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

“La falsa”. Dibujo de Ramón Puig.

Escribe Puig sobre “la falsa” en el capítulo titulado ‘La justicia de la hojita de coca’:

“Todo lo que he podido ver y vivir en relación con la cocaína me hizo comprender que está impregnada de químicos, tóxicos, basura, violencia, muerte, delincuencia, crimen, locura y destrucción. Y jugar con ella, aunque sea consumiendo a pequeña escala, es abrir las puertas a todo eso, es meterse todo eso y ser consciente de ello. La cocaína potencia el ego hasta el precipicio dando sensación de aparente seguridad, por eso gusta y se consume tanto en nuestra individualista y competitiva cultura occidental. Es una droga poderosamente egoica, tremendamente invasiva y terriblemente golosa (…) Hay ocasiones en las que ayuda más naufragar y sucumbir totalmente a las tentaciones hasta tocar fondo, que huir, negar o enmascarar el problema, pues solo desde el fondo del infierno podemos conocer y elegir con libertad”.

El capítulo entero es uno de los escritos más sensatos y reveladores que he leído sobre la coca (la hoja, la planta sagrada de Los Andes) y su hija problemática, la cocaína. La cocaína se ha convertido desde hace décadas en un aliño de fiestas y cenas de media Europa y tres cuartas de España. Pocos de sus consumidores saben, y la mayoría prefiere no saber, los efectos que la “inocente rayita” que se meten aquí tiene sobre la sociedad y la selva de allá. Aquí lo conté muy resumidamente hace un año, así que no les volveré a dar la tabarra con esto. El que tenga ojos que mire.

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

El autor, en Varanasi, en 1990.

Conocí a Ramón hace un par de semanas en la Conferencia de Ayahuasca que organizó ICEERS en Girona, con gran éxito de crítica y público. Ramón es tan llano, campechano (con perdón) e inquieto como trasluce en el libro, quizás algo más bajito de lo que imaginaba. Pero mucho ojo, puede hacerte pedazos con sus artes de ninja.

En el memorable encuentro de #Aya2019 estaban las mentes más preclaras de la revolución psiquedélica y, por supuesto, de la ayahuasca, la planta que sacó a Ramón y otros muchos miles de más de drogas realmente perniciosas: cocaína, crack, alcohol, codicia… Por allí desfilaron, entre otros muchos, Claudio Naranjo, Wade Davis, Dennis McKenna, Vera Fróes, Alex Polari, Jeremy Narby, Josep María Fericla… sabios, chamanes, terapeutas, investigadores y algún santo. Pero si algo me llamó la atención es que todo el mundo que crucé me hacía la misma pregunta: ¿te has leído ya ‘El miligramo de consciencia’?

‘El miligramo de consciencia’: cocaína, kung-fu y ayahuasca

Ya estás tardando en comprar ‘El miligramo de consciencia’.

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