Toros en cultura

Algunos lectores se preguntan si no ha llegado la hora de que EL PAÍS deje de publicar crónicas taurinas. La respuesta es no

CARLOS YÁRNOZ

El diestro Ginés Marín, en la plaza de toros de Las Ventas.
El diestro Ginés Marín, en la plaza de toros de Las Ventas. JUAN CARLOS HIDALGO EFE

Las grandes ferias taurinas de primavera disparan los debates entre los defensores de las corridas y quienes solo ven en las plazas torturas a unos hermosos animales. Algunos lectores se preguntan si no ha llegado la hora de que el diario se plantee si debe seguir publicando crónicas taurinas. Les avanzo: la respuesta es no.

“Queridas mujeres y hombres de EL PAÍS”, encabeza su mensaje el lector Alejandro Pintamalli: “Los tiempos cambian. Les pido, les ruego, que consideren dejar de alentar esa práctica tan dolorosa, que dejen de darle espacio. Está todo dicho y no admite un pero; sencillamente, merece un punto final”.

El lector Santiago Benito hila fino. Las crónicas taurinas van en una página con epígrafe propio: “La Lidia”. Excepcionalmente, sin embargo, se mezclan en la misma página con temas de teatro o cine bajo el único epígrafe de “Cultura”. “Quiero saber por qué debo animar a mi hija a emocionarse de igual modo con una obra teatral, con un concierto o una matanza de animales”, dice Benito, quien espera “un cambio moral” del diario porque hoy, añade, “favorece el maltrato animal por su promoción de las corridas de toros”.

Dos hechos alimentan hoy el debate: la aparición de nuevas figuras del toreo y la defensa de las corridas por Vox, que reclama “una ley de protección de la tauromaquia como parte del patrimonio cultural español”. Asiduos del periódico entran en la pelea cuando leen artículos de relevantes firmas del diario. Lo hacen con comentarios en la web o acudiendo al Defensor.

El escritor Manuel Vicent y el dibujante Andrés Rábago, El Roto, publican en el diario cada año sus mensajes contra las corridas. Vicent publicó el suyo el 12 de mayo bajo el título Estocadas. Tres días después, fiesta de San Isidro, la viñeta de El Roto mostraba un toro en el ruedo junto a esta frase: “¡La plaza llena y no se ve ni un alma!”. Lectores como Dionisio Rodríguez se sienten insultados y consideran que el periódico no debe consentirlo. “No tenemos alma; somos por ello irracionales, bestias; desalmados”, se queja.

Vicent y El Roto explican los motivos de sus publicaciones anuales. “Lo he escrito muchas veces”, explica el columnista. “Si el toreo es arte, el canibalismo es gastronomía. Ahora resulta que también es ideología. Lo que faltaba”. El dibujante argumenta: “La dificultad para percibir y empatizar con el dolor y el sufrimiento causado a un animal diseñado y criado para su trágico destino no dice mucho de nuestro nivel de conciencia. Alertar sobre esta lamentable situación no es solo por la propia e inocente víctima, sino por nosotros mismos”.

Rosa Montero, otra prestigiosa firma del periódico, se expresa a menudo contra las corridas. Su padre era torero profesional, banderillero, y le enseñó, recuerda, el amor por los animales. Montero, distinguida con el Premio Bienestar Animal del Colegio de Veterinarios de Madrid, considera que “la llamada fiesta taurina supone un nivel de admisión de la violencia que está totalmente en contra de una sociedad avanzada y civilizada”. “Estoy convencida de que en 30 años se habrá acabado”.

Otros columnistas mantienen posiciones muy distintas en sus textos. Entre ellos, Rubén Amón, que ya publicó una columna titulada Je suis taurino, en la que criticaba “tanta corrección, tanto prohibicionismo, tanta mojigatería”. “Los toros”, explica, “son víctima de un malentendido mediático, político y medioambiental”. Aunque no es partidario de “las defensas finalistas”, debiera destacarse más, opina, el “beneficio ecológico y medioambiental”. “Los toros son un escándalo de creatividad y estética en contraste con la muerte. Es eucaristía pagana”.

La firma taurina de referencia es la del crítico Antonio Lorca. Sostiene que “la fiesta de los toros vive una nueva juventud” por “la renacida” Feria de Abril de Sevilla y “la muy exitosa” de San Isidro, en la plaza de Las Ventas, a la que acuden a diario “una media de 20.000 espectadores”. “Los medios de comunicación no pueden ser ajenos a esa realidad”, afirma.

Entre tan obvias discrepancias, el periódico deja clara su posición con estos argumentos de Iker Seisdedos, redactor jefe de Cultura: “El diario ha apostado desde su fundación por considerar los toros como un espectáculo cultural”. Cuenta que solo se publican críticas de las grandes ferias “en razón de su repercusión social” y que esa “dimensión cultural” se plasma en crónicas con “tintes literarios” que en su día cultivó el histórico crítico de EL PAÍS Joaquín Vidal y ahora, Lorca.

Al admirado Vidal recuerda el lector Miguel Bayón para decir que, desde su muerte en 2002, el periódico “parece sentir vergüencita” de publicar información taurina, “pese a que la lidia, como arte, no es ni de derechas ni de izquierdas, igual que no lo son la música o la danza”.

El debate empezó hace décadas, pero aún tiene un largo recorrido por delante. Participen.

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