Arte y cultura: El rito de la sangre y el dolor prevalece sobre el raciocinio

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Jose Pellón

Ni el más cobarde de los corredores siente ni por asomo algo parecido al pánico y el desconcierto de estos hermosos animales que hacía unas horas pastaban tranquilos en una dehesa a cientos de kilometros de la turba y la barbarie ignorando lo que les aguardaba. Sus pezuñas nacidas para pisar tierra resbalan sobre una superficie pétrea húmeda de escupitajos, vino y vomitadas, caen una y otra vez siempre juntos, pues ellos sí que son una manada, pero se levantan al instante porque el terror y el instinto de supervivencia les impulsan a seguir corriendo hacia delante tal vez creyendo que, al final de la calle atestada de humanos ebrios que tienen por delante, les espera el sosiego del campo en el que nacieron, y esos minutos horribles sólo fueron una pesadilla. Pero lo que ignoran es que su pesadilla no ha hecho sino comenzar, no saben que la calle termina en una encerrona denominada “encierro” donde serán silbados por borrachos, acosados, vejados, pateados y finalmente apaleados por “pastores” que los empujarán a varazo limpio hasta unos cuartos oscuros que huelen a miedo donde esperarán su martirio, que será a las cinco de la tarde, cuando suene el clarín. Luego, tras mucho sufrimiento, con sus tersas pieles desgarradas a lanzazos y casi sin sangre en las venas, perderán lo único que les queda a esas horas, que es la vida, a manos de otros animales ataviados con ricos bordados y lentejuelas, en desigual lid. Algunos, los que aún conserven algo de fuerza pese a estar moribundos, retarán a sus verdugos puestos valerosamente en pie sobre sus patas temblorosas y acalambradas, pero será su última expresión de raza, nobleza y bravura, porque entonces aparecerá un matarife brillante que les infligirá el descabello de gracia para ir aligerando ya que el espectáculo debe continuar. Si tienen suerte y es certero, sólo necesitarán uno. En caso contrario seguirá y seguirá destrozándoles la médula y parte del tronco encefálico mientras mugen despavoridos y ya sin poder defenderse, si es que alguna vez pudieron.

Estamos en el siglo XXI, las naves van a Marte, pero la mitad de la población aún no se ha enterado. El rito de la sangre y el dolor prevalece sobre el raciocinio. Arte y cultura.

Marca España.

Jose Pellón

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