Todo es posible en la América de Trump

El magnate tiene mucho dinero para la campaña y tiempo suficiente para consolidar su sólida base electoral, mientras los demócratas se despedazan en unas largas y duras primarias

FRANCISCO G. BASTERRA

Donald Trump durante la celebración del Día de la Independencia de EE UU, en Washington, el pasado 4 de julio.
Donald Trump durante la celebración del Día de la Independencia de EE UU, en Washington, el pasado 4 de julio. BRENDAN SMIALOWSKI AFP

Cada 4 de julio Estados Unidos, un país muy joven, celebra en la calle su cumpleaños como nación, en un acto ciudadano masivo con un sano patriotismo cívico que en España sería impensable. No es una jornada política, sino una gran verbena colectiva, con conciertos, bailes, fuegos artificiales (el 90% importados de China), barbacoas, para recordar cómo se gestó su nacimiento y cómo ha llegado hasta hoy. La celebración se aprovecha para reflexionar sobre el estado de America the beautiful, o no tan preciosa.

Trump se apropió el viernes 4 de julio de la fiesta nacional,cuya celebración central tiene lugar en el Mall de Washington, la imperial avenida que conecta el Monumento a Lincoln con el Capitolio. El presidente tuvo la ocurrencia de sembrar de tanques el Mall, pronunciar un discurso indebido, presidir un desfile aéreo, y homenajear sin motivo alguno a sus invencibles ejércitos.

Trump aseguró que pronto volveremos a la luna y luego plantaremos la bandera en Marte. Y tuvo el cuajo de elogiar la unidad nacional, que ha reventado en sus dos primeros años como presidente. Y el colmo, los republicanos acotaron zonas de la fiesta como de pago, para ricos empresarios amigos donantes a la causa, que pagaron entrada. Nunca en la historia se había cobrado el 4 de julio en Washington. Pero Trump confunde el negocio con la institución que representa.

El presidente creía celebrar su cumpleaños confundiéndolo con la fiesta nacional, produciendo un show televisivo para su mayor gloria y alimentar la campaña de su reelección. El país está ya en modo electoral. Qué gran manera de utilizar, prostituyéndola, la imagen de Lincoln, bajo cuya severa efigie en mármol habló Trump. Porque todo es posible en América, como afirmaba la famosa canción de West Side Story. Sobre todo bajo la presidencia de Trump. Incluso que logre un segundo mandato de 4 años en 2020. La bolsa estadounidense ha cerrado su mejor junio desde 1938; la economía ha sumado 224.000 nuevos empleos el mismo mes, lo que podría aliviar la presión de la Reserva Federal para subir los tipos de interés. El ciclo virtuoso ya supera una década.

Trump tiene mucho dinero para la campaña y tiempo suficiente para consolidar su sólida base electoral, mientras los demócratas se despedazan en unas largas y duras primarias que el presidente no tendrá que penar. Pero sobre todo posee el gran altavoz de la Casa Blanca. Con su política agresiva ha hecho tablas, de momento, con China. Ya sabe que las guerras comerciales no son buenas ni fáciles de ganar, como fanfarroneaba.

¿Quo vadis demócratas? Por lo visto en sus primeros debates televisados, se inclinan hacia una izquierda que produce alergia en la mayoría electoral. Seguro sanitario con un solo pagador, el Estado, acabando con los seguros privados; el mismo tratamiento penal a los inmigrantes irregulares que a los con papeles. Sea lo que sea lo que esto signifique, se inclinan, afirma el presidente, hacia el socialismo democrático. Si el candidato demócrata a la presidencia se consolida en esta línea asegurará la reelección de Trump.

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