Los romanos no eran blancos

Los romanos no eran blancos
Estatua de Augusto de Prima Porta, mármol con restos de policromía, datada en el 20 d. C. Fotografía: Till Niermann

El imperio romano duró varios siglos y es uno de los grandes hitos de la historia de nuestra humanidad. La impronta del imperio está presente en todos los países mediterráneos. Los vestigios arquitectónicos todavía se conservan en condiciones excepcionales en algunos casos, como es el acueducto de Segovia y los museos de arte clásico europeos están llenos de legados culturales de aquella época. Es sin duda por todas estas razones que la presencia del imperio romano en novelas y películas ha sido frecuente. De hecho las películas de romanos fueron incluso un genero popular en su día, y ahora hay varios videojuegos ambientados en esa época. 

Y en todas las representaciones audiovisuales que consumimos, los romanos son blancos. Sin embargo, los romanos tenían una gran variedad de colores en sus pieles, desde la oscura piel etíope hasta las pieles más claras de origen asiático o nórdico, que configuraban el carácter mediterráneo y cosmopolita que tenía el Imperio. Siendo esto así ¿porqué entonces los romanos aparecen tan blancos en nuestro imaginario?

Según la doctora Sarah Bond, profesora de la universidad de Iowa, la forma en la que se presenta y se representa el arte romano desde el neoclásico hasta la actualidad es marcadamente eurocentrista y racista. Concretamente, uno de los mayores errores de la exhibición y análisis del arte clásico consiste en pensar que las esculturas romanas de mármol eran blancas, y que el mármol blanco se usaba como un símbolo de limpieza y pureza. En realidad, los romanos usaban el mármol blanco para luego decorarlo con intensas policromías. Las estatuas eran una explosión de color y las pieles de las mismas tenían enormes matices. Con el tiempo las pinturas de las estatuas más expuestas se borraron y solo se conservan unas pocas policromías todavía. Cuando, en siglos posteriores, se recuperaron los conocimientos y estilos del arte romano, se aplicaron los prismas racistas de esas épocas. Para los romanos, que clasificaban a las personas según su origen cultural, el “prejuicio del color” no existía, como explica Bond citando a W.E.B Du Bois. 

En el año 2017 la doctora Bond publicó un detallado artículo sobre este tema en Forbes bajo el título “Blanqueo de las estatuas antiguas”. Inmediatamente fue objeto de un ataque visceral a través de las redes sociales. Han pasado 2 años y ella sigue abordando el tema de forma regular y lidiando con trolls y detractores, ninguno de ello doctores o expertos de su nivel. Después de tantos siglos dominados por una narrativa racista resulta difícil aceptar que muchos de los romanos eran afrodescendientes, de pieles muy oscuras. La realidad es que el Imperio romano fue tan grandioso porque era el resultado de una enorme mezcla de etnias y pueblos. Fue ese movimiento incesante de personas que iban y venían, que traían y se llevaban conocimiento y riqueza de un sitio a otro lo que estuvo a la base de la grandeza y durabilidad del imperio. 

Nos queda preguntarnos porque hemos cambiado tanto la historia y porque esa versión tan errónea subsiste. El esfuerzo histórico que se ha hecho por homogeneizar a las sociedades ha surtido efecto y el miedo que existe a lo “diferente” en gran parte de nuestro mundo es un reflejo de ello. Los soportes de gran consumo como televisión y videojuegos tiene un gran rol que jugar en desmontar este entramado complejo y promocionar una visión de la historia y de las sociedades más abierta, más  diversa y más inclusiva. Tenemos que recuperar la Historia en toda su amplitud para poder construir de un modo inteligente y certero un futuro mejor. Esto es una tarea que se puede hacer desde casa, empezando por explicar a todo el mundo que los romanos no eran blancos. 

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