Algo fue mal

La caída de Lehman Brothers debilitó a las clases medias y la democracia liberal

La Bolsa de Valores de Nueva York, en la semana del décimo aniversario de la crisis financiera.
La Bolsa de Valores de Nueva York, en la semana del décimo aniversario de la crisis financiera. SPENCER PLATT AFP

 

Decía Orwell que ver lo que tenemos delante exige una lucha continua. Quizás por eso la crisis económica no mostró su verdadera cara de huracán enfurecido hasta la caída de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. La política salvó entonces a un sistema económico depredador que había agudizado hasta el límite sus contradicciones. Es una de las conclusiones que conviene recordar ahora que se cumplen 10 años de aquel terremoto que sacudió al mundo: si hay voluntad, poder y política pueden ir de la mano. Pues fueron decisiones políticas las que insuflaron confianza, ese intangible tan preciado, a mercados y agentes financieros, aunque nada volviese a ser lo mismo para nuestras democracias. Después de la crisis volvió esa íntima conexión entre desigualdad y conflicto social.

to que habíamos olvidado con la premisa del fin de la historia, la virtuosa alianza entre mercado y democracia, estalló por los aires cuando reconocimos que el capital campaba a sus anchas dentro de un sistema financiero descontrolado. La lógica del bienestar para todos, impuesta tras la caída del muro de Berlín, escondía un locuaz espejismo: el conflicto social había desaparecido de la agenda política. La crisis financiera iluminó una desigualdad creciente respecto a los más necesitados y a las pauperizadas clases medias. La polarización de rentas no tardó mucho en trasladarse a los fenómenos de polarización política que estamos padeciendo en la actualidad.

Hoy sabemos que debilitar a las clases medias implica debilitar la democracia liberal; que deshacer el contrato social, cuyo máximo exponente fue la Europa de posguerra y su reconciliación del capitalismo con la paz social y la democracia, tiene un impacto directo sobre la estabilidad de la democracia y sus instituciones, y que es un grave problema democrático que una generación entera se vea sin futuro. Pero también explica fenómenos políticos que han cambiado el rumbo de Europa, como el Brexit y el incremento del apoyo a partidos populistas de tendencia autoritaria. Hemos tomado conciencia de la distorsión de los conceptos y valores con los que estábamos observando el mundo: igualdad y libertad, la versión idealizada del intercambio mercantil entre iguales, dio paso a la convicción de que una de las partes del pacto socialdemocrático, las élites económicas, se había desentendido ya del destino de sus sociedades de procedencia.

Fueron los movimientos sociales, guiados por la indignación y la esperanza, quienes repolitizaron la desigualdad, conectando la dignidad política con la radicalidad democrática y la paridad participativa. Fue el momento de Occupy Wall Street, el 15-M y las primaveras árabes, movimientos anticipadores de las formas de transformación social del siglo XXI, apoyadas en las nuevas redes de Internet. Y quizás porque no hay tesis sin antítesis, la efervescencia revolucionaria convivió con una lectura ultra de la crisis: el Tea Party, nacido al calor del fervor más reaccionario, ganó terreno frente a los abanderados del 99%. Su versión más siniestra cristalizaría en los memes de la Alt-right y su trol favorito, Donald Trump.

El triste balance de estos 10 años puede convertirlos en una década perdida, pues resulta evidente que el conflicto social que estalló con Lehman Brothers no ha hecho que revisemos las condiciones económicas que lo hicieron posible. Antes bien, se ha sublimado en una guerra identitaria que evidencia el débil papel de Occidente y, como predijo Tony Judt, nuestra profunda incapacidad para imaginar alternativas políticas.

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El negocio de jugar con fuego

Diecisiete años después del 11-S ha crecido la distancia entre un Occidente que se cierra y un mundo musulmán que nos ve como parte del problema

El negocio de jugar con fuego
Imagen del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. REUTERS / VÍDEO: ATLAS

 

El vídeo del camarógrafo Mark La Ganga, grabado en los minutos posteriores al doble atentado contra las Torres Gemelas, dado a conocer hace unos días, es estremecedor. Recuerda la dimensión humana de la tragedia. Estamos tan zarandeados por cifras y declaraciones que a menudo se nos olvidan las personas.

Son imágenes emocionantes. Recogen la lucha desesperada de bomberos y policías por salvar vidas, la conmoción de los protagonistas y el respeto a un periodista que filma y pregunta. Fueron 2.977 muertos directos y más de mil posteriores en enfermedades causadas por los atentados. No hablamos solo de cáncer; el dolor, también mata.

Han pasado 17 años y muchas cosas en un mundo que vive su momento más peligroso desde 1945, con focos regionales que podrían desencadenar un conflicto mayor, o un nuevo colapso bursátil. No hemos entendido el 11-S ni lo ocurrido en Lehman Brothers. O quizá sí, pero el negocio sigue siendo jugar con fuego.

La invasión de Irak en 2003 fue un efecto colateral del 11-S basado en mentiras: Sadam Husein no tenía nada que ver con Al Qaeda. Hablamos mucho de las fake news de Donald Trump, pero olvidamos que el embuste y la inmoralidad son parte esencial de la propaganda, y del poder. El problema es que hoy son de transmisión masiva.

Han sido 15 años de guerra: cerca de 200.000 civiles muertos, según Iraq Body Count, cifra que la revista médica británica The Lancet, elevó a más 600.000. Irak se hundió en una guerra civil sectaria entre suníes (Arabia Saudí) y chiíes (Irán). Del caos nació el ISIS, un grupo más violento y peligroso que Al Qaeda, que desestabilizó Irak y Siria.

En este país, los muertos superan los 450.000 tras siete años y medio de guerra civil. Y faltan los de la ofensiva de Idlib. Entre desplazados y refugiados, más del 50% de la población siria ha tenido que dejar su casa. Son víctimas que deberíamos sumar a las del 11-S. Lo son del fanatismo y la incompetencia. Como los de Afganistán.

Diecisiete años después ha crecido la distancia entre un Occidente que se cierra, carcomido por un discurso xenófobo, incluso en la idealizada Suecia, y un mundo musulmán que nos ve como parte del problema, no como la solución. Somos sinónimo de vallas, muros y armas.

Yemen es un ejemplo de esta doble moral: la UE devuelve migrantes, huyan del hambre o de la guerra, pero es el segundo exportador de armas a Arabia Saudí, el gran desestabilizador. De las 400 bombas y de las fragatas ya hablaremos otro día. A las noticias falsas hay que sumar los principios falsos, de quita y pon, según soplen la realidad y las encuestas.

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El pulmón del planeta se está quemando

El pulmón del planeta se está quemando

En agosto de 2015, un hombre intenta apagar un fuego cerca del río Pardo, en la Amazonía. CreditNacho Doce/Reuters

CONCORD, California — En el transcurso de catorce años, el bosque tropical de la Amazonía sufrió las tres peores sequías en cien años. En 2005 y 2010, la superficie del océano alcanzó temperaturas inusualmente elevadas, por lo que se debilitaron los vientos alisios, que ayudan a llevar humedad a la región. Entre 2015 y 2016, a consecuencia de la combinación de factores oceánicos con los efectos de la deforestación y el calentamiento inducido por carbono, se produjo una sequía todavía más intensa.

Los datos recopilados en toda la cuenca del Amazonas —de satélites, estudios aéreos y torres de flujo atmosférico— presagian sequías más prolongadas y frecuentes para las décadas siguientes. El bosque tropical, que por lo regular es muy resistente, tendrá menos tiempo para recuperarse entre las épocas de sequía. Para el final de este siglo, las temperaturas cada vez más altas de la región podrían alcanzar niveles inéditos desde hace diez millones de años y, por ello, desestabilizar un ecosistema que desempeña un papel central en la regulación del clima global.

Como los científicos han observado en otras áreas de nuestro cada día más caliente planeta, paisajes extensos pueden cambiar a tasas alarmantes y eso ha generado consecuencias globales. Las capas de hielo pueden fundirse con el océano. El permafrost puede dejar de ser permanente. Los bosques tropicales se pueden quemar hasta quedar reducidos a pastizales.

Hasta hace poco, los científicos creían que los bosques tropicales eran prácticamente inmunes al fuego. Es raro que caigan rayos si no hay lluvia. Con el propósito de transformar bosques maduros en tierra fértil de cultivo, los agricultores que usan el sistema de roza, tumba y quema provocan la mayoría de los incendios de la Amazonía. Otros incendios son accidentales y se originan por la presencia de escombros inflamables en los sitios de tala o, incluso, por cigarrillos. En años normales, esos incendios se extinguen de manera natural cuando comienza a llover.

Pero cuando no llueve, esos incendios quedan fuera de control.

Los incendios del Amazonas no son los infiernos descomunales que hemos visto en el oeste de Estados Unidos, pero a largo plazo pueden resultar aún más destructivos. Un incendio típico en un bosque tropical se extiende por el sotobosque —la zona boscosa que crece más cerca del suelo— y puede durar meses, muchas veces sin siquiera ser detectado. Cuando las llamas afectan árboles más altos, se abren huecos en el dosel arbóreo —la región superior de los bosques, conformada por las copas de los árboles— y algunos tramos del suelo quedan expuestos a la luz solar. Esto ocasiona que la vegetación y las hojas se sequen y se conviertan en nuevo combustible para alimentar el fuego. A diferencia de los incendios forestales en el oeste estadounidense, en los que una vez  termina el fuego se reduce el riesgo de incendio en los años siguientes, los que ocurren en el bosque tropical crean condiciones favorables para incendios todavía más extensos.

Un aspecto aún más preocupante es que, a medida que se prolongan e intensifican las sequías en la Amazonía, también se extiende la temporada de incendios. La NASA calcula que entre 1999 y 2010 se quemó casi el tres por ciento de la Amazonía. Durante los años en los que se registraron más incendios de sotobosque, el área de bosque quemado superó la extensión de terrenos afectados por la deforestación y la agricultura.

En años de sequía, la catástrofe que representa el cambio climático se agrava debido a las consecuencias de la deforestación. Si los incendios se generaran en el centro del bosque tropical, los claros quemados podrían recuperarse naturalmente en el lapso de una generación; pero, por desgracia, la práctica agrícola de roza, tumba y quema por lo regular se emplea en las orillas del Amazonas. Esa superficie quemada después se utiliza para el pastoreo, por lo que es muy poco probable que se recupere como territorio de bosque tropical.

Conforme se reduce la extensión del bosque, también disminuye la precipitación. Una menor precipitación, a su vez, provoca que se produzcan sequías más graves. Si las sequías son más prolongadas y severas, los bosques se fragmentan y se vuelven más vulnerables a los incendios, y más carbono es liberado a través de las llamas.

Se trata de un terrible círculo vicioso, tanto para las millones de personas que viven en el mayor bosque tropical del mundo como para los miles de millones de habitantes del planeta que dependen de su biodiversidad, producción de agua dulce y absorción de carbono. En años normales, los siete millones de kilómetros cuadrados de bosque tropical de la Amazonía actúan como una aspiradora natural de carbono, pues absorben más del que producen. Pero en años de sequía, al reducirse el ritmo de crecimiento de la vegetación y morir los árboles, baja esta tasa de absorción. Por lo tanto, la Amazonía no solo no puede cumplir sus funciones como pulmón del planeta, sino que se transforma en una fuente de emisiones de carbono. Y, además, los efectos de las sequías graves pueden persistir durante varios años.

Quizá sea muy tarde para detener el calentamiento global, pero no para controlar la diseminación de los incendios. Existen tres medidas importantes que podrían aplicar los líderes de la región.

En primer lugar, los gobiernos necesitan información completa sobre la compleja dinámica que se establece entre la sequía, los incendios y la deforestación. Algunos dirigentes en Brasil han dicho que se cumplieron las metas de carbono establecidas en el Acuerdo de París tres años antes de lo esperado. Sin embargo, se basan en datos sobre las emisiones de carbono que no consideran el debilitamiento del bosque por la explotación forestal ni las emisiones de carbono derivadas del fuego. Un estudio reciente demuestra que las emisiones de carbono producidas por los incendios forestales equivalen a la mitad de las que genera la deforestación.

El pulmón del planeta se está quemando

Zonas del territorio de la comunidad indígena Munduruku en la Amazonía han sido destruidas por tala y minería ilegal. Miembros de la comunidad decidieron recorrer un largo trayecto para confrontar y expulsar a mineros ilegales. CreditMeridith Kohut para The New York Times

Con datos más completos, los gobiernos que tienen en sus territorios una parte de la Amazonía podrían monitorear mejor el espectro completo de riesgos que amenazan al bosque tropical. Las políticas actuales se concentran casi por completo en reducir la deforestación. Los mandatarios de la región necesitan pronósticos, planes y recursos similares para responder a la sequía y los incendios.

Esos planes pueden incluir mejores normas y una mejor aplicación de ellas para determinar dónde, cuándo y cómo se pueden utilizar el fuego, de tal forma que se respeten las economías de las comunidades locales que dependen de la agricultura de subsistencia. En áreas de alto riesgo a las orillas del bosque, los estados y municipios podrían capacitar a más grupos de control de incendios para que sean capaces de contener los incendios antes de que se salgan de control. En cuanto a las reservas del bosque, más al interior, los grupos indígenas han demostrado ser los custodios más eficaces de la Amazonía, pero necesitan equipamiento adecuado y financiamiento para proteger sus territorios de incendios masivos provocados por los agricultores en las fronteras.

Desde 1970, más de una quinta parte del bosque tropical ha sido destruida por la explotación forestal y las actividades agrícolas. Ahora, el cambio climático amplifica las consecuencias de la actividad humana y amenaza a una fuente crucial de biodiversidad, agua dulce y oxígeno del mundo.

En el siglo XXI, proteger lo que queda del bosque tropical de la Amazonía no se limita a expulsar a las excavadoras, sino que exige combatir los incendios.

¿Dios? El de me cagüen…

¿Dios? El de me cagüen…
Willy Toledo durante una rueda de prensa. EFE/Archivo

Recuerdo cuando era niño cómo se podía contar aquel chiste en el que uno le pregunta a otro “Oye, ¿quién es Dios?”, a lo que responden, “¿el de me cagüen?”. Hoy habría que tener mucho cuidadito, no fuera que ofendiera los sentimientos religiosos y terminaras en el calabozo una noche antes de una vista judicial. Esa es la España que tenemos, en la que cagarse en Dios para criticar la sinrazón de una organización como los Abogados Cristianos, que busca amedrentar y cercenar la libertad de expresión, importa más a la Justicia que investigar a un adúltero empedernido cuya catadura moral se viene calando desde que se codeaba con el dictador y sobre el que una de sus amantes ha puesto en la picota más alta de la corrupción.

La Democracia en España es como “el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”, ese que mis queridas del Coño Insumiso ofendieron según los picapleitos cristianos: es un mero acto de fe. Cuando alguien nos dice que España es un país democrático no se puede demostrar, sencillamente, nos lo tenemos que creer. La libertad de expresión es uno de los pilares más esenciales en cualquier democracia y el caso de Willy Toledo vuelve a demostrar que en nuestro país no existe. No, desde luego, sin hacer pasar antes por un calvario judicial que para lo único que sirve es para consumir recursos de una Justicia esclerótica.

Willy no ha sido detenido por cagarse en Dios, sino por no personarse ante un juez por considerar que la denuncia es una patraña. A pesar de que la orden de detención se emitió el pasado 4 de septiembre para que de ese modo se personara en los juzgados hoy, día 13, que ayer Willy durmiera en un calabozo solo tiene un propósito: amedrentar, mandar un recado de escarmiento.

La Justicia ha vuelto a hacer el ridículo. Incluso siendo necesaria la detención de Willy para que hoy acudiera al juzgado -de otro modo, como es lógico, él no habría ido-, ésta se podría haber producido esta mañana, evitando así que pasara una noche en el calabozo. La Justicia ha querido dar un golpe en la mesa y lucir un acto de fuerza; lo único que ha logrado es darnos más fortaleza a quienes apoyamos a Willy.

Su detención no hace más que darnos la razón cuando alertamos de la amenaza que se cierne sobre la libertad de expresión.  Especialmente cuando se utiliza, como lo ha hecho Willy, para denunciar las atrocidades de quienes dicen defender una religión que, históricamente, tanto daño ha hecho -y hace- a la Humanidad. Pero así son las religiones, con su doble rasero, poniendo encima de la mesa sus ‘bondades’ y obviando sus miserias, su mezquindad, su complicidad activa con actos violentos. Ante todo eso, nuestro rechazo, nuestra denuncia, nuestro humor, un humor, por otro lado, que en estos casos es una cosa muy seria:

– Padre, me confieso.

– Dime, hijo mío.

– El otro día, le hice una felación al cura del pueblo de al lado.

– Pues muy mal, hijo, sabes que ésta es tu parroquia.

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Morir de hambre, morir por capitalismo

David Bollero

Morir de hambre, morir por capitalismo
La ONU advierte del aumento de hambre (FAO)

El mundo se muere de hambre. Hoy 821 millones de personas, según el último informe de la ONU. ¿Y mañana? La Tierra entró en números rojos el pasado 1 de agosto, es decir, a esas alturas del año, la Humanidad ya había consumido lo que produce en un año. ¿De veras creen que con este sistema se rebajará esa cifra de hambruna mundial?

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se han dado de bruces con la realidad, se han estrellado contra el capitalismo y, con todo, la ONU sigue distinguiendo entre un capitalismo bueno y malo. Este sistema depredador en el que, inevitablemente, para que unas pocas personas amasen fortunas han de hacerlo a costa de otras y del mismo planeta, es incompatible con eses Objetivos del Milenio.

En 2017 aumentó en 7 millones el número de personas afectadas por la subalimentación, es decir, por la carencia crónica de alimentos. Nos estamos moviendo ya en los niveles de hace 8 años; vamos de mal en peor. Mientras el 20% de la población de todo África (256 millones) se muere de hambre, en Europa, Norteamérica… continuamos con un consumismo desmedido. Según WWF, con el ritmo que mantenemos en los países depredadores nos harían falta 1,6 planetas para satisfacer nuestras demandas. Inviable.

En lugar de tomar medidas radicales, esto es, que acudan a la raíz del problema, la ONU parchea y se limita a ir desplazando el límite para cumplir con los Objetivos del Milenio: ya vamos por el 2030. En este punto, no debemos olvidar que la ONU no es un ente etéreo, sino que somos tod@s, que 191 jefes de Estado suscribieron en el año 2000 los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que se encuentra ‘hambre cero’.

El cambio climático, que hemos provocado los ‘países desarrollados’, tiene mucho que ver en esta situación, pero también la sobreexplotación de recursos naturales en las regiones afectadas, olas guerras, esas que desde países como España alimentamos vendiendo armas a uno de los bandos, como sucede con el conflicto en Yemen y nuestros negocios con Arabia Saudí. Y es que la guerra en Yemen, junto con otras como las de Sudán del Sur, Somalia y el norte de Nigeria son algunas de las causantes de la hambruna.

Como consecuencia de todo ello se producen movimientos migratorios ante los cuales, España y Europa dan la espalda, estableciendo un cordón sanitario y abandonando a nuestras propias víctimas. Quienes llegan a nuestras fronteras son eso, el resultado directo o indirecto de nuestro consumismo: ‘primero España y l@s español@s’, claman ciertas personas. De nuevo, parches con tintes xenófobos y fascistoides.

A niveles domésticos sucede lo mismo que a escala global. Una parte del España consume de manera desmedida mientras la pobreza avanza a pasos agigantados. La miseria se ceba con buena parte de la población mientras en plena crisis afloran 10.000 nuevas personas millonarias.

Nada cambiará si no acabamos con el capitalismo. No basta con reformularlo, es preciso desterrarlo. De no hacerlo, nada importará la Diada, el tráfico de masters o la goleada de la Selección. Más pronto que tarde, nos habremos ido al carajo.

¿Cuánt@s de ustedes saben que la ONU tiene una campaña en marcha desde hace años llamada ‘Acabemos con la defecación al aire libre’? En lo que usted ha tardado en leer este artículo, ha muerto un niño o una niña a consecuencia de enfermedades ligadas con esta práctica. Un tercio de la población mundial (2.500 millones de personas) continúa sin acceso a un saneamiento adecuado, como retretes o letrinas. Más de mil millones de personas en todo el mundo han de literalmente cagar al aire libre mientras el resto del mundo les cagamos encima a ellos. Sigan defendiendo el capitalismo y, quizás, sean ustedes quienes se vayan por el retrete mañana.

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El curioso caso de Benjamin Franco

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Esta semana, mi amigo Javier Gella (que es un genio totalmente desaprovechado por periódicos, semanarios y revistas humorísticas) escribía en las redes sociales que cualquier día iban a abrir la tumba de Franco y se iban a encontrar dentro los límites del humor. El chiste ha resultado asombrosamente profético gracias a que la Fundación Francisco Franco ha amenazado con querellarse contra el Gran Wyoming por montar una parodia con un muñeco sobre la posible exhumación del cadáver del Generalísimo. Teniendo en cuenta que a Javier Krahe, que en paz descanse, lo llevaron a juicio por cocinar un Cristo al horno que no habría pasado un simple control de calidad de Chicote, y que Willy Toledo anda en busca y captura por no presentarse en los juzgados después de cagarse en Dios, la querella, francamente hablando, tiene muchas posibilidades de salir adelante.

Cristo, Dios y Franco ocupan la primera plana del calendario judicial hispánico mientras el caso contra el doctor Eduardo Vela, que ejemplifica la desidia administrativa contra uno de los mayores crímenes pendientes de este país -el de los niños robados- ha pasado por la actualidad de puntillas, en cuentagotas informativas después de tantos años de dilaciones, y está a la espera de una sentencia que difícilmente va a arreglar nada. Spain is different, el célebre eslogan turístico ideado por Manuel Fraga, va mucho más allá de los toros, la paella y Alfredo Landa en cuanto uno cae en la cuenta de que aquí la blasfemia, la falta de respeto y el humor negro son motivos legítimos de demanda mientras que siguen pendientes la localización exacta de miles de españoles asesinados y el secuestro de millares de bebés por parte de una infame mafia eclesiástica. No es de extrañar que los extranjeros vengan por docenas a practicar balconing en la creencia de que en España la ley de la gravedad no rige igual que no rige la lógica.

El último cadáver célebre desenterrado por orden de un juez fue el de Salvador Dalí para extraer muestras de ADN y verificar una demanda de paternidad. Se rumoreó entonces, y quizá no en vano, que al ultrajar los restos del pintor los catalanes podían haber desatado una maldición similar a la de la tumba de Tutankamón, una espiral de sucesos surrealistas que habría desembocado en el esperpento del procés y sus aledaños. Sin embargo, la maldición daliniana bien podía haberse extendido al Valle de los Caídos, un lugar tan inverosímil que parece brotado de un lienzo del genio de Figueras. Tenía mucha razón Franco cuando decía que los pintores abstractos no le importaban un bledo y por eso autorizó exposiciones, muestras y museos: al que verdaderamente temía era a Dalí, que podía liarla parda a poco que se lo propusiera, incluso después de muerto.

En su comunicado contra Wyoming, la Fundación Francisco Franco no deja de hacer uso de un involuntario humor negro, especialmente cuando citan a Aristóteles y hablan de esa “peligrosa casta que desprecia y ejecuta moralmente a los muertos que ya no pueden responder”. “Ejecutar” es un verbo que da mucho repelús en manos de una gente que se declara heredera espiritual de otra gente que dedicó sus mejores esfuerzos a apiolar españoles como conejos. ¿Qué chiste negro habrá más negro y más desgraciado que una fundación cultural consagrada a la memoria de un genocida? Franco, el Benjamin Button del fascismo europeo, es la única momia que sigue rejuveneciendo cuanto más tiempo pasa. Mientras tanto, permanecemos a la espera de sendas querellas contra el cadáver de Vizcaíno Casas, por resucitar al general en una novela, y contra el anónimo poeta que alteró para siempre la letra del himno nacional.

David Torres

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Algunos de los tesoros históricos que contenía el Museo Nacional de Brasil

Algunos de los tesoros históricos que contenía el Museo Nacional de Brasil

Un bombero retira objetos durante el incendio del 2 de septiembre en el Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro.CreditRicardo Moraes/Reuters

 

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Más de veinte millones de objetos podrían haberse perdido en el incendio del Museo Nacional de Brasil, una pérdida cultural terrible que incluye fósiles prehistóricos y piezas poco comunes que datan de hace varios milenios.

Todavía no se conoce con precisión cuántos objetos —si es que hay algunos— se salvaron del fuego que envolvió al museo la noche del domingo, ante la desesperación de los brasileños y los amantes de la historia en todo el mundo. El museo, inaugurado en 1818, contenía una extensa colección de piezas brasileñas, pero también resguardaba artículos provenientes de todo el planeta.

Esta es una pequeña enumeración de algunos de los más destacados:

• Uno de los meteoritos más grandes del mundo, fue hallado en 1784, que había estado en exhibición desde 1888. Según fotos y videos en las redes sociales, el meteorito resistió las llamas.

• Los restos humanos más antiguos encontrados en la región —conocidos como Luzia— y fósiles de dinosaurios y otras criaturas.

• Una colección del antiguo Egipto que incluía un sarcófago del siglo XI a. C., un gato momificado y una colección de máscaras, jarrones, amuletos y estatuas, como la de una joven egipcia que databa de alrededor del 1500 a. C.

• Artículos de un amplio espectro de culturas brasileñas, entre ellos urnas funerarias de alrededor del año 1000 en la región del río Maracá, estatuas y jarrones de la cultura Santarém en la región del río Tapajós, un mortero del área del río Trombetas y una momia poco común encontrada en Brasil.

• Una colección grecorromana con más de setecientas piezas que llegaron a Brasil alrededor de 1850.

• Artefactos de los indígenas brasileños, incluidas muñecas, cestas, máscaras, vasijas, pendientes y otros tipos de joyería.

• Artículos de civilizaciones antiguas de toda Sudamérica, incluidos accesorios nupciales de los incas y una momia del norte de Chile.

• Una vasta colección ornitológica de casi doscientos años de antigüedad, la cual representaba los ejemplares que se pueden observar en Brasil.

• Una colección de gemas y otras muestras geológicas.

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Cuba gana un camarada

López Obrador recuerda a Fidel Castro como un luchador social y político que condujo a su pueblo hasta la verdadera independencia

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante una conferencia de prensa en Ciudad de México.
El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante una conferencia de prensa en Ciudad de México. EDGARD GARRIDO REUTERS

 

Cuba recibió el triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México con satisfacción, segura de que gana un camarada. La admiración del presidente electo por la revolución cubana es antigua, sin apenas reparos, y permite anticipar un estrechamiento de las relaciones bilaterales, y el rechazo azteca de cualquier incitativa encaminada a forzar un cambio democrático en la mayor de la Antillas. Donald Trump se topará con el muro mexicano.

La proverbial ambigüedad de López Obrador desaparece cuando cita a Fidel Castro. Lejos de recordarlo como dictador, le define como un luchador social y político que condujo a su pueblo hasta la verdadera independencia: un gigante a la altura de Nelson Mandela. Cuba suma un socio que modificará la correlación de fuerzas en el asociacionismo latinoamericano, deteniendo el giro a la derecha con Mauricio Macri, en Argentina; Michel Temer, en Brasil; Sebastián Piñera, en Chile, e Iván Duque, en Colombia. La presencia de AMLO liquida la posibilidad de que EE UU obtenga el voto de México en la Organización de Estados Americanos (OEA) cuando se trate de reclamar libertades políticas en Cuba.

Entre otras razones, porque el presidente electo cree en las políticas sociales del Partido Comunista contra la pobreza. Sus dos únicas salidas al extranjero hasta cumplir cincuenta y pico años fueron dos peregrinajes a Cuba. Probablemente, no le importaría aplicar el igualitarismo cubano en México, donde cuatro de cada diez compatriotas son pobres, según datos oficiales.

Aunque el monopolio de partido único es difícilmente exportable, el marxismo-leninismo isleño, como filosofía política y aspiración, cuenta con numerosos adeptos en la izquierda que le ha llevado a Los Pinos. López Obrador no tomará decisiones a contracorriente de ese electorado, muy activo y doctrinal. AMLO hereda, además, el credo de México contra la intromisión, reforzado en el caso de Cuba por la simpatía ideológica. Las relaciones del PRI y el PAN con el castrismo siempre fueron pragmáticas, excepto durante la presidencia del panista Vicente Fox (2000-2006) que secundó el belicismo de George W. Bush.

La no intervención en asuntos de otras naciones son principios fundacionales del PRI, en buena medida para evitar la injerencia de terceros en las trapacerías del partido que fue régimen. El objetivo de las argucias fue cerrar el paso a la oposición y retener el poder hasta el final de los tiempos. México no se metió con la revolución cubana para evitar que Castro se metiera con México, apadrinando sus guerrillas.

Para López Obrador, el mayor acierto de la diplomacia mexicana fue obra del priísta Adolfo López Mateos cuando en 1962 votó contra la expulsión de Cuba de la OEA, reclamada por EE UU. Continuador de esa línea, promoverá la reactivación de una relación político-comercial parecida a la del expresidente brasileño Lula da Silva.

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Washington en Damasco

La primera revelación se produjo un día de esta semana. El diario Al Akhbar de Beirut informó de que en junio último tuvo lugar una reunión secreta en Damasco entre una delegación estadounidense y una contrapartida siria.

Esa misma noche, la agencia Reuters confirmó, citando a dos fuentes estadounidenses, que los datos revelados por Al Akhbar eran ciertos.

Y dos días después el departamento de Estado negó la existencia de la reunión.

Todo indica que la detallada relación dada por el periódico de Beirut es correcta. Al Akhbar es el diario que utiliza habitualmente el gobierno de Damasco para hacer sus filtraciones a la prensa, y nada señala que la información de esta semana no haya seguido el mismo procedimiento.

A continuación damos la versión de Al Akhbar:

La delegación estadounidense llegó al aeropuerto internacional de Damasco abordo de un avión de los Emiratos Árabes Unidos. Unos minutos después la delegación montó en una caravana en dirección al Mezze, un céntrico barrio de la capital siria que se encuentra a los pies del palacio presidencial.

Los americanos se reunieron con una delegación presidida por el general sirio Ali Mamluk, que dirige la oficina nacional de seguridad. Frente a él se sentaron un alto responsable de la administración estadounidense y representantes de distintas agencias de la inteligencia de Estados Unidos.

Los americanos fueron directamente al grano y dijeron a sus interlocutores que están dispuestos a retirar sus tropas del norte de Siria a cambio de tres condiciones: 1) garantías de que Irán se retirará del sur de Siria; 2) de que las compañías petroleras americanas participarán en la explotación del petróleo y el gas sirio; y 3) de que Siria compartirá con EEUU información sobre los terroristas que operan en su territorio.

De acuerdo con las fuentes sirias de Al Akhbar, los sirios rechazaron las tres condiciones. Respondieron recordando que EEUU es una fuerza de ocupación en Siria que debe marcharse porque entró sin el permiso del gobierno. Dijeron que Irán y Hizbolá fueron invitados por el gobierno legítimo de Damasco. Y añadieron que las compañías americanas podrán participar en las extracciones de Siria a través de terceras compañías, pero no directamente debido a la actitud de Estados Unidos en la guerra siria.

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Carlos Di Palma

Observando la foto de decenas de náufragos libios flotando en el mar a punto de morir ahogados que ha publicado el diario El País de España, yo, Carlos Di Palma, asumo mi condición de profesor de Historia, para decir avergonzado que nuestra “civilización”, “cultura” o como quiera definirse, Occidental y Cristiana, pasará a la historia como la más cruel, sanguinaria y terrorista que jamás haya conocido la Humanidad. Eso será lo que enseñen mis colegas en sus clases dentro de unos cien, o a lo sumo 200 años en sus clases (si antes no nos cargamos el Mundo entero) No conozco culturas ,o imperios que hayan sobrevivido más de 2.000 años. Nosotros estamos en ese límite. Empezamos a molestar y matar a esta pobre gente ya en tiempos de las Cruzadas. No queríamos solo matar a los infieles, sino lo que buscábamos era robarles sus riquezas. Hubo pueblos como los chinos que hicieron murallas para no ser invadidos, pero nosotros teníamos el espíritu de invadir y saltar esas murallas .Los pueblos que construyen muros o murallas para separarse de otros pueblos son siempre necios, o simplemente no han aprendido nada de la Historia. Mandamos a gente como Marco Polo que era nada más que un espía para informar que había de robable en tan lejanas tierras. Lo mismo hicieron los exploradores ingleses en la India y en el África. Luego de sus informes, venían los ejércitos.
A principios del siglo XX se despertó la necesidad del petróleo, y ahí fuimos a robar el oro negro. Casta que se doblegaba, le perdonamos la vida y la llenamos de lujo como Arabia Saudí, y los que se rebelaron fueron exterminados. Últimamente hemos visto como hemos destruido sociedades como la afgana, la iraquí, la libia etc, etc, etc. Nos mostraban los noticieros a la hora de la cena como nuestra maravillosa tecnología bélica podía hacer volar una aldea, un barrio entero colocando una cámara de TV en la punta del misil, destruyendo familias enteras, rebaños, cultivos considerándolos simplemente “daños colaterales” Ahora tenemos los Drones, que matan por control remoto… ¿es esto terrorismo? No sé ustedes, pero a mí me produce mucho terror. No recordemos las bombas atómicas sobre Japón , ni las de napalm sobre Viet-Nam. Ellos no tienen “drones”, pero la desesperación los lleva a un arma aún más terrible y precisa: los “drones humanos”. Hemos destruido Libia que era un país estable y próspero. Era necesario eliminar al dictador Kadafi para “regalarles “ la democracia. Francia formó parte de la coalición y luego firmó contratos petroleros con las nuevas “autoridades” quedándose con el 40% de la producción. Pues que ahora el país de la “libertad, igualdad y fraternidad” se haga cargo del 40% de los refugiados. Una importante funcionaria de la ONU ha propuesto bombardear los puertos de salida de estas embarcaciones precarias, y da igual si los barcos están vacíos o llenos de gente. Los refugiados, los desplazados, los desesperados se están agolpando en nuestras fronteras. Será imposible frenarlos porque le hemos destruido todo y solo les queda lanzarse al mar. Estamos pagando las consecuencias de los estragos que hemos cometido para lograr “espacio vital”. Nuestra civilización es un barco que se hunde… pronto estaremos como estos desgraciados de la fotografía de la vergüenza.

Carlos Di Palma