Los gringos vienen a México

Los cárteles mexicanos están ayudando al grupo terrorista Hezbolá a llegar a EU.

México

Totalmente desapercibido en México pasó el anuncio del procurador general de Estados Unidos, Jeff Sessions, el jueves pasado, sobre la creación de un grupo antiterrorista para combatir mundialmente a Hezbolá, una organización calificada por el Departamento de Estado como “terrorista”, que fue formada por la Guardia Revolucionaria Iraní en 1982 para enfrentar la invasión de Israel a Líbano. El grupo, integrado por expertos en narcotráfico, crimen organizado y lavado de dinero, se coordinará con la División de Operaciones Especiales de la DEA, y el área de investigaciones del Departamento de Seguridad Interior. Si en el gobierno mexicano no han procesado lo que esto significa, deben hacerlo rápidamente. La ruta de Hezbolá a Estados Unidos pasa por territorio mexicano de la mano de los cárteles de la droga.

Sessions fue muy contundente. “El Departamento de Justicia no dejará piedra sin remover a fin de eliminar las amenazas a nuestros ciudadanos de organizaciones terroristas y para eliminar la marea de la devastadora crisis de drogas”, dijo. “El equipo iniciará procesos que restrinjan el flujo de dinero de las organizaciones terroristas extranjeras así como romperá las violentas operaciones de tráfico de drogas”. No se requiere ciencia para conectar los puntos. Si toda la retórica del presidente Donald Trump para la construcción del muro fronterizo con México es para frenar a los criminales que están intoxicando a los estadounidenses con sus drogas y el Ejército mexicano es incapaz de confrontarlos, uno de los principales campos de batalla contra Hezbolá va a estar en México.

El tema de organizaciones terroristas en México siempre ha sido negado por las autoridades mexicanas, pero sobre todo, han minimizado el fenómeno. En agosto de 2002 se publicó en este espacio que el entonces jefe de la DEA, Asa Hutchinson, estaba reforzando la vigilancia en la frontera con México ante su temor de que los cárteles de las drogas financiaran el terrorismo político a través de Al Qaeda y Hezbolá. Los servicios de inteligencia estadounidenses, se escribió, tenían ubicadas células de esas organizaciones en la Triple Frontera, donde convergen Argentina, Brasil y Paraguay, convertida en ese entonces en un centro de operaciones terroristas, guerrilleros y espías.

En la edición de otoño de 2012 de Global Security Studies, una publicación académica especializada en temas estratégicos e internacionales, Dawn Bartell y David Gray escribieron un ensayo donde señalaron que tanto Hezbolá como Al Shabaab, que está vinculada con Al Qaeda, se habían infiltrado en México, donde estaban recibiendo entrenamiento de asimilación cultural y lenguaje, y habían establecido una “relación de conveniencia” con los cárteles de la droga mexicanos, que estaban ayudándolos a introducir ilegalmente a sus miembros a Estados Unidos para recolectar fondos y reclutar terroristas. “Hezbolá ha operado en América del Sur y América Central por décadas, junto con su algunas veces rival Hamas”, apuntaron. “Ahora, el grupo está metiéndose a comunidades shiitas musulmanes en México, incluido Tijuana”.

La preocupación estadounidense sobre la vulnerabilidad que representa México en el tema del terrorismo lleva largo tiempo. Robert Mueller, quien es el responsable actual de investigar la presunta intervención rusa en las elecciones de Estados Unidos, advirtió, en un testimonio en el Congreso en 2006, cuando era director del FBI, que “hay personas de países con conexiones a Al Qaeda que están cambiando sus apellidos islámicos a hispanos, con falsas identidades, aprendiendo a hablar español y pretendiendo ser inmigrantes hispanos”. En 2012, el exjefe de operaciones de la DEA, Michael Braun, confirmó la vinculación de Hezbolá con los cárteles de la droga mexicanos y dijo que habían logrado tener rutas de transporte criminal y contrabando bien establecidas entre México y Estados Unidos. Y el año pasado, Michael Flynn, exjefe de la Agencia de Inteligencia del Pentágono y el primer consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, confirmó en una entrevista con el portal Brietbart News la relación de grupos terroristas con los cárteles, y que la Patrulla Fronteriza tenía fotografías que aportaban evidencia de las rutas por las que estaban entrando en Texas.

La preocupación estadounidense sobre este tema no había pasado de mantener bajo estrecha vigilancia lo que sucedía en México. La dinámica cambió en el último mes en Washington luego de aparecer un reporte en la prensa de que el gobierno del presidente Barack Obama había detenido todas las investigaciones contra Hezbolá, que formaban parte del llamado Proyecto Casandra, a fin de allanar el camino para un acuerdo nuclear con Irán. El nuevo equipo formado en el Departamento de Justicia retomará las investigaciones suspendidas para profundizar las acciones de Hezbolá con el narcotráfico y lavado de dinero.

Los dos temas son vistos por el gobierno de Trump como un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos. La prensa ha mostrado sistemáticamente las fallas en la estrategia del combate a las drogas en México, a lo que se le han sumado críticas sobre la deficiencia para frenar el lavado de dinero. Un informe de la Fuerza de Tareas de Acción Financiera, una organización que establece estándares internacionales, dado a conocer a principio de este año, señala que aunque ha habido mejoría desde 2008, cuando lo evaluaron por última vez, no ha sido suficiente para enfrentar actividades del crimen organizado, extorsión o corrupción. De hecho, hasta muy recientemente la PGR asumió el lavado de dinero como una prioridad, por lo que no se le investigaba de manera sistemática.

Las fallas institucionales mexicanas tienen también dosis de negligencia, que ahondan la debilidad de México ante situaciones extraordinarias, como las anunciadas por Sessions.

RAYMUNDO RIVA PALACIO

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La revolución de las criptomonedas

Esta semana que cerramos conocíamos que en España se producía la primera compra de una casa pagada íntegramente con Bitcoins, concretamente, por 40 Bitcoins, es decir, unos 550.000 euros al cambio. Bitcoin, lanzada hace ya nueve años, es la que se ha llevado la mayor popularidad fundamentalmente, por ser la que abrió camino. Sin embargo, existen cientos de criptomonedas que están siendo utilizadas en la actualidad y que la mayor parte de las personas desconocen.

A diferencia de cualquier otra divisa tradicional, Bitcoin no depende ni de gobiernos ni de entidades bancarias, sino de una red denminada blockchainen la que todas las transacciones de l@s miembros de esa red quedan en un registro. ¿Entonces, no es anónimo? Sí, porque estas transacciones, aunque se almacenan públicamente, lo hacen bajo una suerte de pseudónimo numérico.

La base del éxito son los mineros de Bitcoins, esto es, quienes ponen a disposición de la red su potencia informática para resolver las ecuaciones matemáticas complejas que ayudan a verificar todas las transacciones que se realizan. El tope de creación de Bitcoins se fijó en 21 millones.

El éxito de Bitcoin ha generado problemas con la velocidad a la que la red puede confirmar las transacciones, el costo de las transacciones y la cantidad de energía consumida a través de la potencia de cómputo por transacción.

¿Qué otras criptomonendas existen?

  • Ethereum: Esta red, cuya moneda se llama Ether, permite que las aplicaciones informática se ejecuten en la misma red. Esto permite, por ejemplo, que en lugar de recurri a Dropbox para almacenar los archivos, se pueda configurar una aplicación de almacenamiento, guardando esos datos en una red descentralizada.

Otra diferencia que presenta respecto a Bitcoin es que tiene variantes como los “contratos inteligentes”, que sirven para ejecutar comandos bajo ciertas condiciones. Esto es especialmente útil cuando un número muy concreto de personas acuerda un pago específico.

Otro ventaja frente a a Bitcoin es que las ecuaciones matemáticas se resuelve de un modo más rápido y más eficiente. Hoy por hoy, no puede considerarse divisa como al Bitcoin, aunque se están pagando determinados servicios. Además, su valor está en manos de los especuladores convencidos de que esta red dará el campanazo. En 2017 su precio aumentó de 10 dólares a casi 1.000.

  • Ripple: Probablemente es la que presenta mayores diferencias. Utiliza una red de blockchain para validar transacciones, pero quienes componen esa red son instituciones financieras participantes. No pretende sustituir al sistema financiero actual, como bitcoin, sino actualizarlo. Dicho de otro modo, Ripple es la incursión del sector privado en el mundo de las criptomonedas, con inversores que han aportado financiación. Las transacciones, realizadas en XRP, son instantáneas, y en lugar de una tarifa de transacción lo que se hace es que se destruye una pequeña cantidad de XRP cada vez que se realiza una de ellas. De este modo, se evita que se pueda sobrecargar la red realizando muchas operaciones

A diferencia de Bitcoin, Ripple no pretende reemplazar el sistema financiero existente en el mundo, solo para actualizarlo. Tras múltiples fluctuaciones, Ripple se ha convertido, probablemente, en la segunda criptomoneda más grande después de Bitcoin.

  • Bitcoin Cash: Podría decirse que es una rama de Bitcoin que surgió a partir de una división llamada “hard fork”. Simplificando lo que sucedió es que se creó una moneda digital más competitiva en el sentido de procesar las transacciones más rápidamente con un coste menor. Entre las desventajas, que no es aceptado en todos los sitios en los que Bitcoin sí y que, al ser más centralizado, también aseguran que es menos seguroque su matriz.
  • Litecoin: Nació en 2011 con el objetivo de mejorar Bitcoin. Presenta optimizaciones en la minería, con diferentes algoritmos y una mayor rapidez. Actualmente ronda los 300 dólares. Habrá que estar atentos a su evolución.

DAVID BOLLERO

http://blogs.publico.es/kaostica/

Irredentos

Ahora ya no cabe duda de que en Cataluña es donde mejor ha cuajado el fanatismo

Manifestación a favor de la unidad de España en  Barcelona.
Manifestación a favor de la unidad de España en Barcelona. ALBERT GARCÍA

 

Hemos de curtirnos en el fanatismo catalán. Días atrás, un tipo que ha hecho millones con el nacionalismo, Toni Soler, y que continúa cobrando en TV3 por la cobardía socialista, habló sobre el deseo de que un camión aplastara a los jurados del Tribunal Supremo y se preguntaba si eso era un delito de odio. Quizás se lo conteste algún juez, pero para la mayor parte del planeta es sólo una prueba más de la similitud entre los fanáticos catalanes y los islamistas.

El maestro de la irredención fue Hitler, el cual continuó la guerra contra la opinión de todo su Estado Mayor y cuando le dijeron que millones de alemanes iban a morir en vano gritó que los alemanes no tenían derecho a vivir porque estaban perdiendo la guerra. A los fanáticos catalanes les sucede lo mismo, saben que han destruido el país, que han puesto en ridículo una cultura de la que se creen herederos, que han provocado el éxodo y la lucha fratricida, pero les da igual. Ellos son jefes religiosos, creyentes, y su tribu debe arruinarse y resistir para sostener la soberbia de sus jefes.

A Pujol le obsesionaba no formar parte de la herencia árabe española, él quería ser carolingio, aunque hay más restos islámicos en Cataluña que en todo el norte español. Ahora ya no cabe duda de que en Cataluña es donde mejor ha cuajado el fanatismo islamista.

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El consumo consciente y la dictadura de los supermercados

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La periodista Nazaret Castro llama a una profunda reflexión en La dictadura de los supermercados. Cómo los grandes distribuidores deciden lo que consumimos (Akal). A una reflexión y a una toma de conciencia sobre nuestros hábitos de consumo y sobre sus consecuencias en el medio ambiente, en el mundo del trabajo, en la economía en su conjunto y en nuestra propia salud. En una sociedad cada vez más preocupada por las consecuencias de sus actos, crecientemente sensible y más propensa a castigar y a premiar malas y buenas prácticas tanto en la política como en otros ámbitos de la vida, Nazaret Castro da herramientas para realizar un diagnóstico mucho más profundo del que hacemos habitualmente sobre nuestro día a día. Como dice Pascual Serrano en el prólogo, una vez leído el libro, nuestro paseo por el supermercado nunca será igual. Puede, incluso, que le busquemos alternativas (la autora da al final del libro algunas ideas).

Nazaret Castro pone el foco en la distribución: “El acento debe colocarse no sólo en qué consumimos, sino en dónde lo compramos (…) Pasa a menudo desapercibida la importancia creciente de la fase de distribución, y el poder, creciente también, de las empresas que, cada vez más concentradas, controlan esa fase”. Según explica la autora de un modo muy gráfico, la gran distribución moderna funciona como una especie de embudo: “Una multitud de consumidores y una multitud de productores se encuentran en el mercado a partir de un puñado cada vez más reducido de distribuidores y comercializadores, que son los que terminan poniendo las reglas en cuanto a los precios y al tipo de productos que llegan a los estantes del supermercado”.

Castro analiza las consecuencias que este dominio tiene en los productores (cada vez más concentrados porque los pequeños muchas veces no tienen margen para cumplir las condiciones de quienes distribuyen sus productos) y en los consumidores (en términos de mentalidad y hábitos). También desmenuza los efectos de la obsesión por “lo barato”, los precios bajos y cuestiona las decisiones supuestamente racionales del “naturalizado” ‘homo economicus’.

Pero volvamos a los efectos de la distribución contemporánea como un “embudo” y que actúa como una centrifugadora de los principios clásicos del intercambio. Porque borra el trabajo del productor, del que en la mayor parte de las ocasiones el comprador no sabe nada (recupera el concepto del “fetichismo de la mercancía”, que invisibiliza todo lo que pasa hasta que el producto llega a las manos de quien lo compra). Porque también elimina la figura del tendero, que se hacía responsable de los productos que tenía en la tienda, que recomendaba y que vendía, y la sustituye por el cajero con el que apenas interactúa el comprador. A veces, incluso desaparecen tanto el dependiente como el cajero y sus trabajos son sustituidos por el del propio consumidor, que se informa solo, carga, paga interactuando con una máquina y monta él mismo su producto en casa. Así, la decisión del comprador es aparentemente más libre y menos condicionada por el dependiente que no le persigue por la tienda ni le convence de lo bien que le queda un traje y cómo mejoraría de incluir unos buenos complementos. Pero la autora cuestiona continuamente la hipótesis de la libertad de elección y de consumo. Como también que comprar en grandes superficies sea más barato.

Un inciso: cuando hablemos de las grandes cadenas distribuidoras, no nos limitemos a pensar en los supermercados e hipermercados. También hay que tener en cuenta a las multinacionales que están poco a poco abandonando la producción, cuyo valor está mermando, para concentrarse en la distribución y en la creación de imagen de marca. En estas dos últimas actividades es donde ahora está el valor y el beneficio y, por tanto, la atención de las grandes compañías. ¿Por ejemplo Apple?

Nazaret Castro dedica varias páginas a la historia de la gran distribución en España, a sus cifras y a sus tendencias actuales, incluidas la desmaterialización y la digitalización, así como a las consecuencias tanto en la producción como en el comercio tradicional, respecto a los cuales no presenta una visión mítica y acrítica, sino todo lo contrario.

Además, relata cómo desde la distribución de los productos básicos, sobre todo alimentarios, pero también de higiene y limpieza, va extendiéndose el modelo a todos los campos del consumo, como al textil (donde analiza en profundidad el modelo de Inditex, para introducir el concepto de “obsolescencia percibida”, que completa al de “obsolescencia programada”), al del mobiliario (con la explicación del modelo de Ikea) y el editorial (con la emergencia de Amazon). Más adelante analizará también Wal-Mart, el mayor gigante de la distribución mundial, y Mercadona, el nuevo rey del sector en España.

Mencionábamos un poco más arriba que la obsesión por los precios bajos tiene consecuencias. Nazaret Castro reflexiona sobre el valor y sobre el precio, cada vez más distantes, por la devaluación del segundo o porque éste no recoge todos los costes que implican ni la fabricación ni la distribución de las mercancías: “Nuestra noción de precio justo incluiría una reflexión no sólo en torno al trabajo que hay detrás de los productos, sino también en torno a los costes ambientales”. Y lo escribe justo al explicar las consecuencias en la naturaleza del modelo de distribución contemporáneo dominante, que recorre demasiados kilómetros, atraviesa los mares en enormes contenedores, genera muchos residuos y, en definitiva, contamina demasiado, porque no se limita a intermediar entre lo que está más cerca, sino que se alimenta de la deslocalización. También lo menciona justo cuando relata los efectos en un empleo menguante y cada vez más precario. En definitiva: el modelo de distribución actual, a su modo de ver, reproduce el esquema de privatización del beneficio y socialización de los costes medioambientales y sociales.

Hacia el final del libro, antes de hablar de alternativas de consumo, Nazaret Castro explica las consecuencias que el modelo de distribución y los hábitos de consumo a los que nos empuja están teniendo en nuestra salud. Nazaret Castro afirma: “Para que las multinacionales engorden, tienen que abaratar costes y promover alimentos ultraprocesados que nos enferman”. Por eso reivindica el cocinar como un acto político “porque nos acerca a la alimentación, nos recuerda de dónde viene lo que comemos y nos ayuda a escapar de la mala alimentación que se nos ofrece en las góndolas del supermercado”.

La salud no está únicamente en lo que se ingiere o en lo que uno se echa en la cara o en el cuerpo para ser más bello o conservarse joven más tiempo -Castro también se detiene en el análisis de los efectos de la cosmética-, además tiene que ver con los estilos de vida, que cambian, según la autora, con la gran distribución moderna, para llevar a una insatisfacción permanente, a la pérdida de espacios públicos y a la sensación crónica de escasez de tiempo.

http://fronterad.com

México, año cero

El país votará en julio con el sentimiento de que ya no aguanta más la corrupción, la inseguridad y la violencia. La postura de los jóvenes será clave para dirimir la victoria entre tres candidatos muy diferentes

México, año ceroEDUARDO ESTRADA

 

Manuel Gómez Morín —fundador del Partido Acción Nacional (PAN)— escribió en su libro 1915que, gracias a la I Guerra Mundial, México se encontró a sí mismo. Sostenía que el bloqueo producido por los efectos del conflicto hizo que México dejara de mirarse en el espejo del mundo y comenzara a mirar su propio reflejo. Como consecuencia y tras la Revolución, este país se convirtió en una nación que realmente representaba la diversidad étnica y la división política de los mexicanos, incluida la sangrante brecha social que entonces, como ahora, era lo que caracterizaba al México de la época.

México celebrará el próximo julio elecciones presidenciales y también se elegirá a 128 senadores, 500 diputados y 2.818 autoridades locales, entre ellas ocho gobernadores y el jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Es la gran elección de un país que lleva sobre sus espaldas, como pocos, la profunda crisis de Estados Unidos y el hecho de que Donald Trump ocupe la Casa Blanca. Debería ser la gran fiesta de la democracia. Sin embargo, el Estado mexicano está desbordado por la violencia, rebasado por la pérdida de autoridad moral que representa la incapacidad para domar el caballo de la corrupción y la impunidad y ahogado por aquellos políticos que viven en un micromundo en el que solo importan ellos mismos y el botín del presupuesto nacional.

Desde 2000 —cuando parecía que se iniciaba una transición política con la llegada de un presidente no priista después de 70 años ininterrumpidos de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional— hasta ahora, los Gobiernos del PAN y del PRI solo han servido para que la pobreza subiera del 24,1% en 2000 al 43,6% en 2017, un fenómeno tan grave como el que existía en 1915 y que en aquel tiempo desencadenó una revolución.

Han pasado 102 años desde entonces, pero la tragedia se repite a diario. Siempre he considerado que, desafortunadamente, la guerra contra el narcotráfico o guerra civil que se inició con el mandato de Felipe Calderón era, a final de cuentas, un gran antídoto contra la violencia, contra el despertar del México bronco. Sin embargo, ahora compruebo que, después de Calderón y de cinco años de presidencia de Enrique Peña Nieto, el México bronco dejó de existir simplemente porque la explosión de violencia es tan brutal que ya se ha vuelto viral. Mientras, la economía mexicana se precipita en una espiral de inflación que asciende al 6,69% anual, la más elevada en 16 años, y además, tarde o temprano, tendrá que hacer frente a la desconexión unilateral que Trump hará del Tratado de Libre Comercio (TLC).

Por todas estas razones, la elección presidencial del 1 de julio está preñada de incertidumbres, pero sobre todo de escenarios nunca vistos. Y por eso también la fecha del 23 de marzo de 1994 se pasea estos días peligrosamente por las mentes de quienes conocen la historia del país. La muerte en atentado del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio marcó un antes y un después para la pérdida del control del Estado. Como el hecho de que si cerca de 14 millones de millennials, específicamente los que tienen entre 18 y 23 años, deciden salir a votar por primera vez en los próximos comicios, sus votos podrían cambiar completamente el equilibrio que definirá al nuevo presidente de México.

Vista en perspectiva, da la impresión de que la contienda electoral se librará entre un candidato pre-Internet que se caracteriza por ganar siempre a la hora de empezar las carreras y perder siempre a la hora de llegar: Andrés Manuel López Obrador (AMLO); un aspirante de la era Instagram, Facebook y Twitter que, además, es políglota y no tiene ningún vínculo con el pasado: Ricardo Anaya, y, en medio, un administrador que, si bien está presente en Internet, es ajeno a lo que significa el uso político de la Red, José Antonio Meade.

Quieran o no, el candidato Anaya ha nacido en la época de las fake news y de las verdades alternativas. Es, en definitiva, hijo de la era Trump y el aspirante más fresco y joven que se presenta a estos comicios para sentarse en la silla del águila. Sin embargo, Anaya ha destruido casi todo: entregó la herencia del PAN, descalificó a los dos presidentes de su partido que ha tenido la democracia mexicana y entregó a los demás partidos puestos clave a cambio de ser el elegido y el hombre que puede conectar con los millennials. Además, para buena parte de la opinión pública, él y la coalición que lidera, Por México al Frente, representan una especie de plan B que tendría escondido alguna parte del régimen priista, especialmente el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, para garantizar que, pase lo que pase, no pase nada.

Mientras tanto, la sempiterna figura de López Obrador busca por tercera ocasión la presidencia, y aunque ahora lidera las encuestas, eso no es ninguna garantía: dos veces logró lo mismo y dos veces perdió. Sin embargo, si Andrés Manuel consigue retener los 15 millones de votos fieles que le otorgan los sondeos y además los millennials deciden votarlo y tragarse el sapo de un señor que es el que menos se identifica con ellos generacionalmente, pero que es el limpio de la película, entonces, AMLO será presidente de México. Esta vez parece que está siendo mucho más prudente y, en cualquier caso, hasta cuando comete un error aparente como ofrecer amnistía a los capos del narco, uno descubre que un leitmotiv de López Obrador es llegar a ser el comandante en jefe que acabe con la guerra civil encubierta.

Por su parte, el experimento del PRI de elegir a un candidato, José Antonio Meade, que no es miembro del partido, ha producido una situación paradójica. Meade, un hombre que durante 11 años ha ocupado cargos como el de secretario de Energía y de Hacienda con Felipe Calderón, y secretario de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y otra vez Hacienda con Enrique Peña Nieto, representa el conocimiento del Estado. El problema es que eso resulta difícil que sume cuando lo que está en juego no es elegir a un hombre dentro de las reglas de un Estado, sino la supervivencia del mismo, y cuando todo apunta a que la clave de las elecciones estará en manos de los que deben elegir entre una revolución en el vacío o un cambio pactado.

Meade dejó de ser secretario de Hacienda para convertirse en candidato, pero no hay que ignorar que comenzará una campaña en la que la inflación, el incremento del precio de los combustibles con el que empezó 2018 y las consecuencias políticas ante lo que vaya a pasar con el TLC le darán desafíos de sobra.

Habrá que votar sabiendo que el país ya no aguanta más. Y que, además de la corrupción, la violencia, la inseguridad, antes el mundo tenía referentes y límites. Ahora ya no los tiene y hay que vivir sabiendo que vivimos un tiempo en el que los países estamos solos. En el caso de México, pase lo que pase en esta elección, sabe que de su vecino del norte solo puede esperar posiblemente un tuit de su presidente sentenciando: “¿Ven cómo tenemos que hacer más alto el muro?”.

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América Latina necesita su #MeToo

AMHERST, Massachusetts — ¿Por qué en América Latina no ha habido una cascada de denuncias de acoso sexual como las de #MeToo en Estados Unidos y otros países como Francia, Suecia e Israel?

No faltan antecedentes. En 2015, la campaña #NiUnaMenos en contra de la violencia de género en Argentina estuvo al centro de la discusión en redes sociales. Las condena social a la violencia contra las mujeres recorrió el continente, tuvo eco en Perú y otros países de la región y derivó en #NiUnaMás en México, donde cada día son asesinadas siete mujeres.

En cambio, aunque ha habido algunas marchas, el impacto de #YoTambién en nuestros países ha sido menor. Ningún político, empresario, cineasta o funcionario cultural latinoamericano ha perdido su cargo por acusaciones de acoso.

En una región oprimida por el yugo del machismo que heredamos, en buena medida, de España, las cifras son abrumadoras y no engañan. En América Latina, 60.000 mujeres mueren al año a manos de un hombre, según ONU Mujeres. Tres de cada diez latinoamericanas sufren de violencia, ya sea física o psicológica. De los veinticinco países con más feminicidios en el mundo, catorce son de América Latina. Combatir esta violencia es una tarea inaplazable. Y cambiar esta realidad debe empezar en nosotros, los hombres.

La nuestra es una sociedad machista en la que para el hombre hacer el amor es parte del vasallaje. Implica obediencia, acatamiento y subordinación. La mujer es vista como objeto de conquista (la Conquista de España en América Latina fue, después de todo, militar, pero también sexual). Su docilidad forzada es vista como respeto.

La mera idea de abusar o golpear a una mujer me revuelve el estómago. Hacerlo no es una muestra de control sino de bestialidad. Pero seré honesto: mi propia hermana fue golpeada por su exmarido, un hombre pudiente y educado. Y entre mis padres y mi hermano ha habido violencia doméstica. Mi caso no es singular.

En diciembre, Selma Hayek denunció el acoso del que fue víctima por parte de Harvey Weinstein mientras filmaba Frida. Hayek escribió un testimonio en el que revelaba el abuso sistemático de Weinstein. Para no cancelar la película, el productor la forzó a incorporar una escena de sexo lésbico.

Según su testimonio, Hayek no quería formar parte del movimiento #MeToo. Otras mujeres ya se habían sumado. ¿Para qué añadir su voz?, se preguntó. Al final, se unió a un número asombroso de mujeres dispuestas a romper el silencio. A ellas y a otras igualmente valientes la revista Time las nombró “persona del año” de 2017. De esa manera, el movimiento #MeToo se confirmó como una de las grandes revoluciones sociales de la década: está transformando políticas, ideas y concepciones anacrónicas.

Por un lado, el movimiento se basa en la denuncia pública contra los hombres poderosos (Louis C. K., Dustin Hoffman, Mario Batali, entre otros) que han empleado su autoridad para abusar de las mujeres en el trabajo. Por el otro, ha dado una plataforma a las víctimas. “Las mujeres estamos hablando porque, en esta nueva era, por fin podemos hacerlo”, dijo Hayek.

La exposición pública de los poderosos, sin embargo, no ha sucedido aún en América Latina.

Por supuesto, tenemos figuras emblemáticas como Manuela Sáenz, una de las primeras promotoras de la emancipación de las mujeres; a Josefa Ortiz de Domínguez, que ayudó en la guerra de independencia mexicana, y la escritora argentina Juana Manuela Gorriti, quien abrió nuevos espacios narrativos. Las siguen la poeta chilena Gabriela Mistral; Alaíde Foppa, escritora nacida en Barcelona, exiliada en Guatemala y México, que ayudó a fundar la revista Fem; la misma Kahlo; las hermanas Mirabal, que lucharon contra el dictador Trujillo en la República Dominicana; la escritora Elena Poniatowska; Dolores Huerta, la sindicalista chicana, y Gloria Anzaldúa, autora de collagesteóricos.

Ninguna revolución cumple su cometido si no desviste a los poderosos. Esa ha sido una de las muchas victorias del movimiento #MeToo.

Y tenemos a la protofeminista por excelencia (el prefijo proto significa “antes” en latín): sor Juana Inés de la Cruz. De haber vivido entre nosotros, la Décima Musa habría estado a la batuta de #NiUnaMas y de #YoTambién. ¿Qué otra cosa es su “Hombres necios” sino una denuncia del patriarcado? Asombrosos tanto por su brevedad como por su contundencia, sus versos son comparables con tuits letales: “Si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?” (101 caracteres). “¿Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis” (105 caracteres).

Sí, el mensaje es para los hombres.

Los novohispanos no supieron escuchar el mensaje de sor Juana después de su muerte, en 1695, como tampoco lo hacemos los latinoamericanos de hoy. Aunque en países como Nicaragua, Costa Rica, Brasil, Chile y Argentina hemos tenido presidentas, la desigualdad de género es inapelable.

Ninguna revolución cumple su cometido si no desviste a los poderosos. Esa ha sido una de las muchas victorias del movimiento #MeToo. Es hora de que esa ola de denuncias llegue a América Latina.

Hay que enseñar a los niños y las niñas que el sexo ni es afronta ni tampoco subyugación. Debe ser una relación de amor y de placer, pero no de poder. Hay que poner al machismo en el banquillo de los acusados. Y confrontar a la élite combatiendo la impunidad que protege a los poderosos. No será fácil porque los crímenes de las clases altas suelen quedar impunes; no intentarlo sería una forma de complicidad.

El letargo en el que nos ha sumido la historia debe cambiar. Merecemos en América Latina un #YoTambién que expanda la labor de #NiUnaMenos y #NiUnaMás. Necesitamos ser parte de la revolución.

 

El fracaso de la guerra contra las drogas

Una mujer en Nueva Jersey es interrogada por policías por una presunta posesión de heroína.CreditJessica Kourkounis para The New York Times

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La guerra contra las drogas en Estados Unidos ha sido un fracaso que ha arruinado vidas, ha abarrotado las cárceles y ha costado una fortuna. Comenzó durante el gobierno de Nixon con la idea de que, dado que las drogas son malas para las personas, tiene que ser difícil conseguirlas. En consecuencia, se planteó una guerra contra el suministro.

Durante la epidemia del crack en la década de los ochenta, Nancy Reagan, la primera dama, trató de cambiar este enfoque. Sin embargo, su campaña para reducir la demanda, “Di no a las drogas”, tuvo un respaldo limitado.

El 25 de octubre de 1988, después de enfrentarse a las objeciones de una burocracia enfocada en el suministro de drogas, le dijo a una audiencia de las Naciones Unidas: “Si no podemos detener la demanda de drogas en Estados Unidos, habrá pocas esperanzas de evitar que los productores extranjeros satisfagan esa demanda. No lograremos nada si demandamos una carga de responsabilidad mayor en los gobiernos extranjeros que en los alguaciles, jueces y legisladores estadounidenses. El cartel de la cocaína no comienza en Medellín, Colombia. Comienza en las calles de Nueva York, Miami, Los Ángeles y en cada una de las ciudades estadounidenses donde se vende y compra crack”.

Su advertencia, aunque profética, no fue tomada en cuenta. Los estudios muestran que Estados Unidos tiene una de las tasas más altas de abuso de drogas del mundo. Aunque restringir el suministro no ha logrado frenar su consumo, las políticas draconianas han llevado a miles de jóvenes adictos a llenar las cárceles estadounidenses, donde aprenden a convertirse en verdaderos criminales.

La prohibición de las drogas también han creado incentivos económicos perversos que hacen muy difícil combatir a los productores y distribuidores de drogas. El alto precio de las drogas en el mercado negro les ha generado a los grupos que las producen y las venden ganancias enormes, que invierten en comprar armas sofisticadas, contratar pandillas que defiendan su negocio, sobornar a funcionarios públicos y, con la idea de convertirlos en adictos, hacer que las drogas sean de fácil acceso a los niños.

Las pandillas de los carteles, armadas con dinero y armas provenientes de Estados Unidos, están causando un caos sangriento en México, El Salvador y otros países de América Latina. Solo en México, la violencia relacionada con las drogas ha tenido un saldo de 100.000 muertes desde 2006. Esta violencia es una de las razones por las que la gente deja sus países y huye a Estados Unidos.

Si se considera todo lo anterior, es fácil ver que la estrategia que se enfoca en el suministro ha sido muy poco eficiente en disminuir las adicciones y, en cambio, ha provocado una serie de efectos colaterales terribles. Entonces, ¿qué podemos hacer?

En primer lugar, los gobiernos de Estados Unidos y México deben reconocer el fracaso de esta táctica. Solo en ese momento podremos abocarnos a diseñar a nivel nacional campañas educativas rigurosas para convencer a las personas de no consumir drogas.

La crisis actual de opioides profundiza la importancia de frenar la demanda. Este enfoque, con suficientes recursos y el mensaje correcto, podría tener un impacto similar al de la campaña para reducir el consumo de tabaco.

También debemos despenalizar la posesión a pequeña escala de drogas para uso personal, de manera que se detenga el flujo de consumidores no violentos al sistema penal. En Estados Unidos, algunos estados han dado un paso en esta dirección al despenalizar la posesión de cierta cantidad de marihuana. La Suprema Corte de Justicia de la Nación en México también declaró que las personas deberían tener derecho a cultivar y distribuir marihuana para uso personal. Al mismo tiempo, debemos seguir considerando ilegal la posesión de grandes cantidades de droga, de manera que los traficantes puedan ser procesados judicialmente y se mantenga cierto control sobre el suministro.

Por último, debemos crear centros de tratamiento de primer nivel con personal capacitado, donde la gente esté dispuesta a ir sin temor de ser condenada y con la confianza de que recibirá una atención eficaz. La experiencia de Portugal sugiere que los jóvenes que consumen drogas pero aún no son adictos a menudo pueden dejarlas. Aunque es difícil lograr que los adictos de más edad dejen las drogas, los programas de tratamiento pueden ofrecerles servicios útiles.

Ante un problema tan complejo, debemos estar dispuestos a experimentar con distintas soluciones. ¿Qué mensajes son más eficaces? ¿Cómo pueden lograrse tratamientos efectivos para distintos tipos de drogas y diferentes grados de adicción? Debemos tener la paciencia para evaluar qué funciona y qué no. Pero debemos comenzar ya.

A medida que estos esfuerzos progresen, las ganancias del narcotráfico se reducirán en gran medida, aun cuando los riesgos de involucrarse en él sigan siendo altos. El resultado será una disminución gradual de la violencia en México y los países centroamericanos.

Tenemos una crisis en nuestras manos, y durante los últimos cincuenta años hemos sido incapaces de resolverla. Sin embargo, hay opciones. Tanto Estados Unidos como México necesitan ver más allá de la idea de que la adicción a las drogas es un problema judicial que puede solucionarse con arrestos, juicios penales y restricciones al suministro. Debemos atacarlo juntos con políticas de salud pública y educación.

Aún estamos a tiempo de persuadir a nuestros jóvenes de no arruinar sus vidas.

 

Ahí vienen los robots y los suecos no tienen problemas con eso

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GARPENBERG, Suecia — Desde el interior de la sala de control incrustada en las rocas a casi un kilómetro de profundidad, Mika Persson puede ver los robots en marcha que supuestamente vienen a quitarle su trabajo en la mina de New Boliden.

No tiene ningún problema con eso.

El sistema de asistencia social de Suecia, famoso por su generosidad, hace que en este lugar no se preocupen por la automatización —o, es más, casi por ninguna cosa—.

Persson, de 35 años, se sienta frente a cuatro pantallas de computadora; una de ellas muestra el cargador que él maneja mientras levanta roca dinamitada que contiene plata, zinc y plomo. Si descendiera al pozo de la mina a operar el cargador de forma manual, inhalaría polvo y el humo de los escapes. En cambio, se reclina en una silla de oficina y controla la máquina con una palanca de mando.

 
Un operador remoto en la mina New Boliden en Garpenberg, Suecia CreditLinus Sundahl-Djerf para The New York Times

Está consciente de que los robots evolucionan día con día. Boliden está probando vehículos autónomos para remplazar a los choferes de camiones. Sin embargo, Persson supone que siempre se necesitarán personas que mantengan las máquinas funcionando. Tiene fe en el modelo económico de Suecia y sus protecciones en contra del tormento del desempleo.

“En realidad, no estoy preocupado”, confesó. “Hay tantos trabajos en esta mina que, incluso si desapareciera este trabajo, nos darán otro. La empresa nos protegerá”.

En la mayor parte del mundo, la ansiedad entre la gente cuyo sustento depende de su sueldo está aumentando debido a una ola potencial de desempleo que la automatización amenaza con provocar. Según el cuento de terror, la globalización obligó a las personas de las tierras más ricas como América del Norte y Europa a competir de forma directa con trabajadores más baratos de Asia y Latinoamérica, lo cual propagó el desempleo. En la actualidad, los robots se acercan para rematar a los humanos.

 
En negocios como la mina Boliden, los sindicatos son poderosos, el apoyo gubernamental es abundante y la confianza entre empleados y empleadores es profunda. CreditLinus Sundahl-Djerf para The New York Times

Sin embargo, ese discurso no es muy popular en Suecia ni en sus vecinos escandinavos, donde los sindicatos son poderosos; el apoyo gubernamental es abundante y la confianza entre empleadores y empleados, profunda. En este lugar, los robots tan solo son otro medio para hacer a las empresas más eficientes. Mientras los empleadores prosperan, los trabajadores han obtenido de manera constante una rebanada proporcional de los ingresos: un contraste drástico con Estados Unidos y el Reino Unido, donde los salarios se han estancado a pesar de que las ganancias corporativas se han disparado.

“En Suecia, si le preguntas a un líder sindical si le tiene miedo a la nueva tecnología, la respuesta será: ‘No, me da miedo la tecnología vieja’”, comentó la ministra sueca para el Empleo y la Integración, Ylva Johansson. “Los trabajos desaparecen, así que capacitamos a la gente para los trabajos nuevos. No protegemos los trabajos, pero sí protegemos a los trabajadores”.

Un colchón para la innovación

Los estadounidenses suelen desestimar a los países nórdicos pues los consideran un reino de socialistas que aman ser protegidos por el Estado, en contraste con los capitalistas temerarios que gobiernan en lugares como Silicon Valley. Sin embargo, Suecia presenta la posibilidad de que, en una era de automatización, la innovación podría avanzar de mejor manera manteniendo suficiente colchón ante el fracaso.

“Una buena red de seguridad es positiva para las iniciativas empresariales”, señaló Carl Melin, el director de políticas de Futurion, un instituto de investigación en Estocolmo. “Si un proyecto no tuvo éxito, no se debe ir a la bancarrota”.

 
Estocolmo, la capital de Suecia. Ochenta por ciento de lo suecos expresan puntos de vista positivos sobre los robots y la inteligencia artificial en una encuesta de la Comisión Europea del año pasado.CreditLinus Sundahl-Djerf para The New York Times

En Suecia, ochenta por ciento de los habitantes expresan opiniones positivas respecto de los robots y la inteligencia artificial, de acuerdo con una encuesta que la Comisión Europea realizó este año. En contraste, una encuesta que efectuó el Pew Research Center encontró que el 72 por ciento de los estadounidenses estaban “preocupados” sobre un futuro en el cual los robots y las computadoras sustituyeran a los humanos.

En Estados Unidos, donde la mayoría de las personas depende de empleadores para sus seguros de salud, perder un trabajo puede desencadenar una caída catastrófica. Provoca que los trabajadores se muestren reacios a dejar sus trabajos para forjar carreras que podrían ser más lucrativas. Provoca que los sindicatos tiendan a proteger los trabajos sobre todo lo demás.

Sin embargo, en Suecia y el resto de Escandinavia, los gobiernos proveen atención médica además de educación gratuita. Pagan generosos beneficios a los desempleados, mientras los empleadores financian vastos programas de capacitación laboral. Por lo general, los sindicatos aceptan la automatización como una ventaja competitiva que vuelve más seguros los trabajos.

Hacer que Estados Unidos se parezca más a Escandinavia implicaría costos que chocarían con el fervor de los recortes fiscales dominante en la política estadounidense en décadas recientes.

Suecia, Dinamarca y Finlandia gastan más del 27 por ciento de su derrama económica anual en servicios de gobierno para ayudar a los desempleados y otros grupos vulnerables, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. Estados Unidos dedica menos del 20 por ciento de su economía a este tipo de programas.

Para los negocios suecos, estos gastos producen un dividendo clave: los empleados han demostrado ser receptivos a asimilar la nueva tecnología.

 
La mina Garpenberg en 1966. Ha estado en operación más o menos desde 1257. CreditBoliden

“Si no aceptamos la tecnología y ganar dinero, bueno, entonces cerraríamos nuestros negocios”, afirmó Magnus Westerlund, de 35 años, vicepresidente de una organización sindical a nivel local que representa a los trabajadores de dos minas de Boliden. “No se requiere un título de matemático para hacer los cálculos”.

En la mina que se encuentra debajo de un helado bosque de pinos en Garpenberg, a 177 kilómetros al noroeste de Estocolmo, Persson y sus colegas ganan cerca de 500.000 coronas al año (casi 60.000 dólares). Tienen cinco semanas de vacaciones. Conforme a la ley sueca, cuando nace un bebé, los padres tienen 480 días de licencia médica y de familia para repartirse entre ellos. Ningún robot va a cambiar nada de eso, aseguró Persson.

“Es una forma de pensar de los suecos”, explicó Erik Lundstrom, de 41 años y padre de dos hijos, quien trabaja junto a Persson. “Si haces algo por la empresa, la empresa te da algo a cambio”.

Proyecciones laborales desalentadoras

Esta premisa se está enfrentando a una prueba formidable. Nadie sabe cuántos trabajos están bajo la amenaza de los robots y otras formas de automatización, pero las proyecciones sugieren una sacudida potencial.

En un estudio de 2016 realizado por el Foro Económico Mundial, se hicieron encuestas en quince economías importantes que en conjunto representan dos terceras partes de la fuerza laboral del mundo —cerca de 1860 millones de trabajadores— y se concluyó que el ascenso de los robots y la inteligencia artificial destruirá una red de 5,1 millones de empleos para 2020.

Un par de investigadores de la Universidad de Oxford concluyeron que casi la mitad de los trabajos en Estados Unidos podrían ser remplazados con robots y otras formas de automatización en las próximas dos décadas.

Cuando los cajeros automáticos llegaron por primera vez a las sucursales de los bancos a finales de la década de los sesenta, algunas personas predijeron la extinción de los humanos que trabajaban en los bancos. Sin embargo, el empleo incrementó a medida que los bancos invirtieron los ahorros en nuevas áreas como los préstamos hipotecarios y los seguros. Podrían desarrollarse tendencias similares de nueva cuenta.

 
En Estocolmo, uno de los consejos para la seguridad de los empleos fundados por empleadores, que ayuda a los trabajadores que pierden su trabajo a encontrar otro, asegura tener una tasa de éxito del 83 por ciento.CreditLinus Sundahl-Djerf para The New York Times

No obstante, aun si los robots crean más trabajos de los que eliminan, muchas personas necesitarán buscar nuevas carreras.

Los suecos y sus camaradas nórdicos han demostrado tener éxito en el manejo de ese tipo de transiciones. Los consejos de seguridad laboral recibieron financiamiento de los empleadores para que las personas que perdieron sus trabajos encontraran otros nuevos.

 
Internet inalámbrico y tabletas están entre los avances tecnológicos que los trabajadores de la mina Boliden han recibido con gusto. “Para nosotros, la automatización es algo bueno”, dijo un líder del sindicato local.CreditLinus Sundahl-Djerf para The New York Times

Mantener la red de seguridad social de Suecia también requiere que la gente siga pagando impuestos cercanos al 60 por ciento. Sin embargo, debido a que Suecia acepta grandes cantidades de inmigrantes provenientes de naciones afectadas por los conflictos, ese apoyo podría menguar. Muchos no tienen la educación suficiente y podría ser difícil que encuentren trabajo. Si un gran número termina dependiendo de las dádivas del gobierno, podría provocar una respuesta negativa.

“Hay riesgo de que el contrato social pueda romperse”, afirmó Marten Blix, un economista del Instituto de Investigación de Economía Industrial con sede en Estocolmo.

Por ahora, el contrato social perdura y, en la mina de Boliden, prevalece una sensación de calma.

Irán en crisis

Continúan las protestas ciudadanas iniciadas el 29 de diciembre, y se extienden por el vasto territorio iraní, dejando hasta hoy al menos 12 muertos y cientos de detenidos. Dichos acontecimientos están teniendo lugar en el marco de:

  1. Una profunda y creciente crisis económica, política y social en Irán.
  2. Una nueva fase de la lucha entre dos facciones de la República islámica (RI) en la que el sector de la extremaderecha dirigido por una alianza formada por el todopoderoso caudillo Ali Jameneí y los jefes del cuerpo militar de los Guardianes Islámicos (GI), intentan desbancar y disolver a los “moderados” del presidente Hasan Rohaní, cuyas facultades como el jefe del ejecutivo están subordinadas a su sumisión al líder supremo. Aún así, se trata de uno de los hombres más poderosos de la RI. En el borrador de los presupuestos del próximo año (que en Irán empieza en primavera) se atrevió a reducir el presupuesto destinado a los militares, provocando sus duras críticas.
  3. Un Oriente Próximo sumido en varias guerras impulsadas por EEUU y sus aliados, cuya situación condiciona el desarrollo y el resultado de las actuales protestas.

Durante las últimas semanas, el choque entre ambas facciones se intensificó: el eje Jameneí-GI culpaba a Rohaní del incumplimiento del acuerdo nuclear por EEUU, país que lejos de levantar las sanciones contra Irán las va aumentando, agravando la crisis económica del país. Mientras, el presidente le recordaba que las negociaciones entre ambos países empezaron en 2009, durante el gobierno de Ahmadineyad bajo la supervisión del propio Jameneí.

El jueves, “de repente” un grupo de personas se manifestaron en Mashad, ciudad feudo del Líder, contra la ineficacia del gobierno de Rohaní en detener la subida galopante de los precios de los productos básicos. Lo curioso es que la protesta no fue reprimida, cunado la RI prohíbe y castiga cualquier acto que cuestione a las autoridades. Sin embargo, la noticia corrió como pólvora por las redes sociales y miles de personas ocuparon las calles de una veintena de las ciudades, lanzando consignas, y no sólo contra Jameneí y Rohaní, sino contra la totalidad de la teocracia islámica, la casta clerical, su abuso del poder y la monumental corrupción de los sacerdotes que viven en una obscena opulencia, aislados de la dura realidad social. La principal consigna ha sido: “Pan, vivienda, libertad”. Sí señores: Si queréis un país laico, ponedle una teocracia.

Se trata de un movimiento espontáneo, desorganizado, sin dirección, ni ideología o tendencia política concreta, cuya principal demanda ha sido mostrar la indignación de los ciudadanos. Si la RI hubiera cumplido con la Constitución que considera un derecho las protestas no armadas de los ciudadanos, hoy no estaría ante una explosión social, difícil de controlar.

¿Quién está detrás de las protestas?

Esta pregunta, con un tono de sospecha, recibe cuatro respuestas:

  1. La Casa del Líder las considera una “nueva sedición” organizada por EEUU, Israel y Arabia Saudí. Echar la culpa a un país extranjero por los fracasos propios está de modo, como el Partido Demócrata de EEUU que culpa a Rusia del triunfo de Trump.
  2. El gobierno de Rohaní mira a los Guardianes Islámicos, y a los presidentes del parlamento y del poder judicial, los hermanos Ali y Sadeq Lariyani que cometiendo corrupción han deslegitimado a la RI. De hecho, Ahmadineyad les acusa a los Lariyani de recibir sobornos, apropiación indebida de terrenos públicos, hacerse con el monopolio de la importación de medicamentos, etc. Aun así, Rohaní reconoce la autenticidad de las protestas generadas por la frustración de los trabajadores.
  3. Grupos de izquierda europea y latina, que atrapados en un dualismo simplista maniqueo tachan cualquier reivindicación de los obreros, campesinos, mujeres y estudiantes iraníes de ser “un complot del imperialismo”. ¡De verdad se creen que una teocracia “islámica” (pero no una cristiana o judía) es un gobierno celestial libre de la lucha de clase! Piden paciencia infinita a los estamos vacíos -que no entienden de geopolítica- para así neutralizar los planes de los yanquis en destruir Irán, pero no exigen a los dirigentes del país atender las reivindicaciones más que justas de los trabajadores, con el mismo objetivo. Durante las semanas pasadas, decenas de miles de israelíes se manifestaron contra la falta de viviendas accesibles y la corrupción del régimen de Netanyahu, al igual que miles de kurdos en el norte de Irak: la lucha por la justicia social atraviesa los regímenes religiosos y nacionalistas, cruzando incluso las guerras más devastadoras.
  4. Los comunistas iraníes que ven las protestas como el grito desesperado de un pueblo explotado y oprimido por la RI y a la vez amenazado por EEUU y sus aliados regionales, que intentarán sacar provecho de la ineptitud de los dirigentes del país, incapaces de solucionar los graves problemas sociales.

Sin duda, uno de los errores de la RI ha sido la eliminación de los sindicatos y partidos, cuya función es intermediar y por lo tanto rebajar la tensión en los conflictos entre el poder y las masas. Pues, ahora la RI se enfrenta directamente con el pueblo sin tener la oportunidad de medir sus acciones y negociar sus alternativas.

Situación económica: talón de Aquiles de la RI

En los últimos meses, miles de asalariados desesperados se atrevieron a manifestarse sobre los salarios bajos o retrasados hasta seis meses, o por la estafa de varios bancos que se llevaron los depósitos de miles de pequeños inversos.

El “Thacherismo” que aplican los economistas de la RI, admiradores de Milton Friedman, ha aumentado profundamente la brecha entre las clases: los ricos no pagan impuestos, las empresas se privatizan, los precios suben sin control y los alquileres absorben la mitad del sueldo de las familias. El programa electoral de Rohaní preveía crear millones de puestos de trabajo, y los pocos que creó, se perdieron por el cierre de las fábricas y talleres. Alrededor de 12 millones de los 80 millones de iraníes están desempleados, y la mitad son titulados universitarios, afirma el diputado del parlamento Ghoalmreza Taygardan.

La sanidad y la educación no son gratuitas ni universales. Millones de niños y niñas en vez de estudiar son explotados en los mercados negros de trabajo, mientras, la Seguridad Social, para los que la tienen, no cubre las enfermedades como artrosis.

Decenas de miles de sin techo (“Carton-khab”), entre ellos familias enteras con niños pequeños duermen en intemperie en cajas de cartón, exhibiendo el fracaso total del capitalismo con camuflado bajo las sotanas y los velos.

Según las estadísticas del Banco Central Iraní, en 2015, cerca del 48% de familias vivían bajo la línea de la pobreza, siendo dueños de uno de los países más ricos del planeta

Los ciudadanos ven que el acuerdo nuclear sólo ha beneficiado a los hombres de negocio vinculados con el sistema, que en vez de invertir en la creación de fábricas y puestos de trabajo, gastan el dinero público en sus empresas de importación. La llamada “economía islámica” no es otra que la primitiva “compra-venta” de mercancías, dirigida por una burguesía compradora parasitaria, enemiga de la producción industrial.

Irán en la agenda del 2018 de Trump

El supuesto apoyo público de Trump a las protestas sólo servirá a los sectores más reaccionarios de la RI para aumentar la represión sobre los trabajadores iraníes: a eso le llaman “ganar sin disparar una sola bala”. ¡Dice respaldar la indignación de los iraníes pero les tacha de terrorista impidiendo su entrada a EEUU, aunque hubiesen huido de la RI, buscando asilo!

Los iraníes, al igual que la mayoría de la humanidad, sienten rechazo hacia Trump, y se oponen a su intromisión en los asuntos internos de su país.  El futuro de Irán sólo incumbe a sus ciudadanos.

Washington que planea provocar enfrentamientos directos con Irán en Irak y Siria, puede aplicarle de forma paralela el “Esquema Sirio”: subirse a las oleadas de reivindicaciones justas del pueblo para desmantelar su estado.

Mirar para otro lado y acusar a los activistas de “enemigo de Dios” y “Agente d la CIA” por parte de las autoridades es entregar el país a una guerra civil y propiciar su desintegración, en lugar de atender sus exigencias.

Durante las anteriores crisis de legitimidad de la RI, las facciones se unían contra el enemigo común (partidos progresistas, sectores de la población); ahora se vislumbran dos posibilidades:

. Que Jameneí-Rohaní se unan para reprimir las protestas, salvándose mutuamente, o

. Que el eje Jameneí-GI sacrifique a Rohaní, pasando el poder político a los militares (al estilo de Egipto)

Hoy no hay alternativa progresista a la RI, ya que en su totalidad han sido eliminadas tras una durísima represión de casi cuatro décadas. De las pocas salidas (demasiado optimista) que le quedan a la RI está abstenerse a aplastar las manifestaciones,  formar una plataforma que intermedie entre los “indignados” y el poder para empezar unas reformas honestas en favor de los trabajadores, impidiendo la caída en el fondo del infierno del país

NAZANÍN ARMANIAN

http://blogs.publico.es/puntoyseguido

La ficción del combate a la corrupción

En México, la corrupción no es una fantasía. Tampoco es resultado de una percepción social distorsionada, como el gobierno y la elite política lo afirman. La lista de casos documentados en el sexenio de Enrique Peña Nieto es abrumadora: la Casa Blanca, la casa de Malinalco, los arreglos con la constructora OHLOdebrecht y el nuevo aeropuerto de la capital del país.

A ese listado se añadió recientemente el entramado de corrupción en Chihuahua, en el que en un esquema propio de la delincuencia organizada se utilizaron empresas fantasma y facturas falsas como mecanismo para financiar la campaña electoral de 2016 del candidato a gobernador postulado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El caso derivó en la aprehensión de Alejandro Gutiérrez, exsecretario general de ese partido, y en señalamientos que involucran al exgobernador de Chihuahua, así como a personajes de primer nivel del PRI y del gobierno federal.

Los reclamos de la sociedad civil han sido insuficientes para contener los abusos de poder y frenar los desvíos de dinero público. Ante la inminencia de las elecciones del 1 de julio de 2018, surge una pregunta: ¿los aspirantes a la presidencia de México atenderán esas exigencias como verdaderos compromisos de campaña?

A cada investigación periodística sobre casos de corrupción, la respuesta del gobierno ha sido el mutismo. Esta estrategia, paradójicamente, ha fortalecido la convicción ciudadana de que en “México no pasa nada”, que la impunidad es la república de los privilegiados. A diferencia de otros países de América Latina, como Brasil y Perú, en México ningún presidente ha sido investigado o acusado por corrupción ni se ha destituido mediante juicio político. El blindaje de la impunidad resguarda al gabinete presidencial y a los altos funcionarios. La percepción ciudadana no está deformada.

El gobierno aduce a su favor que 11 exgobernadores han sido encarcelados. Sin embargo, dada la dimensión del problema, los resultados son insuficientes. Además, sus cómplices —autores intelectuales, abogados, asesores contables y financieros, prestanombres, etcétera— permanecen intocados. Un riesgo adicional es que las respectivas acusaciones penales no estén debidamente soportadas, por lo que a menudo se exonera a los responsables por deficiencias en las investigaciones.

La cantidad abrumadora de casos de corrupción y el desencanto social derivó en la creación, en julio de 2016, del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Se propuso una fórmula inédita: que la coordinación del Sistema quedara a cargo de seis autoridades y de un representante del Comité de Participación Ciudadana (CPC), integrado por cinco ciudadanos, entre los que yo me encuentro. La expectativa era grande: al fin la clase política asumía el compromiso de luchar contra la corrupción. Pero la realidad ha demostrado lo contrario.

El SNA tenía que haber iniciado funciones en julio de 2017. No ha sido así, pues tres piezas clave no han sido nombradas: el fiscal anticorrupción, el auditor superior de la federación y 18 magistrados anticorrupción. Asimismo, los sistemas locales de anticorrupción, que forman parte del SNA, tienen un rezago en su integración, con la agravante de que en su mayoría carecen de presupuesto público.

En el discurso político, el CPC debe trabajar junto con las autoridades del SNA en el combate contra la corrupción, pero en la práctica somos sus adversarios. La colocación de temas en la agenda anticorrupción ha sido tortuosa. De antemano sabemos que nuestras propuestas serán descartadas. La primera experiencia la tuvimos con Pegasus, el programa utilizado por el gobierno para espiar a la población y cuya compra implicó el desvío de dinero público. Nuestro planteamiento fue que se iniciaran investigaciones por corrupción. Perdimos por cinco votos contra uno. Esa fue la razón por la que Jacqueline Peschard, la presidenta del CPC, afirmó: “Me dieron toda la responsabilidad y nada del poder”.

Algo semejante ha sucedido con el caso Odebrecht. A la petición del CPC de que se proporcione información, la respuesta es que es confidencial y que las indagatorias continúan. El problema es que los tiempos electorales de 2018 presagian el retraso indefinido de las investigaciones. A pesar de que el caso ha tenido repercusiones internacionales, en México “no ha pasado nada”.

Los tropiezos no nos han hecho renunciar a nuestros objetivos. Aprovechando la legitimación social y política del CPC, decidimos explorar vías alternas a las previstas en las leyes anticorrupción. Fue así como promovimos dos juicios ante jueces federales con la intención de obligar a los estados a poner en práctica sus sistemas locales y homologarlos al SNA. También solicitamos al Congreso mexicano que en los nombramientos de los 18 magistrados anticorrupción y del auditor superior de la Federación, se garantice la participación ciudadana y se respeten los principios de transparencia y máxima publicidad.

Nuestro mayor logro, de la mano del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Procuraduría de la Defensa del Contribuyente, ha sido la publicación de una disposición legal que prohíbe el uso de dinero público a través de empresas fantasma. También presentamos 99 solicitudes de información al gobierno federal y a los estados de Chiapas y Sinaloa sobre operaciones con ese tipo de empresas para detectar actos de corrupción y financiamiento ilegal de campañas políticas, como sucedió en Chihuahua.

La falta de resultados, la ficción surrealista del discurso oficial, la demora en la implementación del SNA y la indolencia con las propuestas del CPC evidencian que el combate a la corrupción no es un compromiso genuino de Estado. La inercia del gobierno y de los partidos políticos lo corrobora. De continuar así, los pequeños avances en esta materia terminarán siendo una mala broma. Para luchar eficazmente contra la corrupción, las autoridades deben cumplir con las responsabilidades que contrajeron en julio de 2016, cuando se formalizó el SNA. El silencio y la desidia son inadmisibles.