Japón y las ballenas

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Los japoneses han decidido aparejar todos sus Pequods  y hacerse a la mar en busca de Moby Dicks a las que destripar para hacer filetes y sashimi. Japón, una especie de Nantucket poblada de señores de ojos rasgados, ha anunciado su retirada de la Comisión Ballenera Internacional para reanudar la caza comercial de cetáceos en sus aguas territoriales a partir de mediados de 2019. Dicen que es por tradición, por cultura y, sobre todo, porque les da la gana.

No hay nada que explique racionalmente este empeño de los del sol naciente por acabar con unos animales cuya población apenas se ha recuperado pese a la moratoria de 1986, y que tiene a ocho de sus especies en grave peligro de extinción. Las ballenas han seguido muriendo arponeadas, intoxicadas, en colisiones con grandes embarcaciones o, simplemente, atrapadas en redes de arrastre o de cerco. Por si esto fuera poco, el cambio climático ha interrumpido sus rutas migratorias y está acabando con el krill del que se alimentan. Tras décadas de supuesta protección, su situación es, en algunos casos, dramática, con apenas unos cientos de ejemplares vivos.

De entrada, los japoneses no comen ballena como nosotros le damos a las sardinas, es decir que su consumo no justifica la reanudación de las capturas. Es verdad que fueron habituales en su dieta a mediados del siglo pasado, cuando el país se moría de hambre tras la II Guerra Mundial y las miles de ballenas que su flota capturaba al año en aguas de la Antártida se convirtieron en su única fuente de carne. Hoy en día se estima que el consumo anual es de apenas unos gramos por persona.

Pese a ello, jamás dejaron esta odiosa costumbre de dar matarile a los cetáceos gracias a una disposición del Convenio Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas por la que se permitía su sacrificio por motivos científicos. Por ese pretendido amor de los nipones a la ciencia, cientos de ballenas han sido cazadas anualmente en el Atlántico sur para llevar rorcual a algunas mesas, una exquisitez que ni siquiera puede competir en sabor con un buen filete de ternera.

Un reportaje de la BBC de hace un par de años atribuía la obsesión japonesa con las ballenas a la burocracia de funcionarios que vive de los presupuestos destinados a estas pretendidas investigaciones científicas. Es una razón increíble que merece, sin embargo, cierto crédito porque es la única que explicaría el empecinamiento en una actividad que no tiene demanda y que causa un daño reputacional terrible a la imagen de los civilizados japoneses.

Y no es sólo Japón. Noruega e Islandia siguen matando ballenas a su libre albedrío, como lo hacen los habitantes de las islas Feroe que cada mes de agosto acercan a la costa a cientos de delfines y otros cetáceos a los que apalean y apuñalan hasta la muerte en un sangriento ritual en el que participan los niños. Aquí, que hasta hace unos años comprobábamos la ley de la gravedad lanzando cabras desde los campanarios y que seguimos estoqueando culturalmente a los toros, no estamos para dar lecciones. Somos también muy salvajes, aunque en nuestro descargo hay que decir que ni las cabras ni los toros están en peligro de extinción.

Juan Carlos Escudier

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Siria, 2019 y porqué la guerra liderada por EEUU y Rusia continuará

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A pesar de que algunos jugadores de la guerra internacional que tiene lugar en Siria han conseguido sus objetivos, otros en busca de maximizar sus beneficios impiden el final del dolor y sufrimiento de los supervivientes. Al contrario de la guerra contra Irak, donde salvo su ejército, nadie se enfrentó a la coalición de diez país agresores unidos por diez objetivos comunes, en Siria todos luchan contra todos, persiguen distintas metas y discrepan sobre cómo terminar el conflicto y qué tipo de orden establecer en la región (y en el mundo). Hoy, EEUU controla un tercio del suelo sirio, Rusia casi la mitad y los grupos terroristas proturcos y prosaudíes el resto del país.

¿Quién ganó y quién perdió?

EEUU ha logrado:

  1. Continuar con el proyecto del “Nuevo Oriente Próximo”(NOP), cuyos pilares son: a) eliminar a los rivales de Israel, b) debilitar los poderosos estados y convertirlos en minicolonias, y c) desmantelar los sistemas seculares e implantar teocracias, puesto que el capitalismo religioso tiene más capacidad de impedir el progreso de los pueblos: Siria es el último estado semilaico de la región.
  2. Convertir Siria en una trampa, ideada por Obama que se negó a derrocar a Asad, para así desgastar a Turquía, Rusia, Irán y Hizbolá. Por ello, nunca entregó a la oposición la ayuda necesaria para ganar ya que su función ha sido simplemente demoler el estado y el país. Y han cumplido con esta misión.
  3. “Otanizar” todo el Mediterráneo.
  4. Cortar la ruta siria de la Seda de China.
  5. Implantar por primera vez unas 20 instalaciones y bases militares en este corazón de Eurasia, creando por fin una zona de amortiguación en Siria, y no para proteger a los refugiados sino para sus efectivos.

Sin embargo, la discrepancia entre el Pentágono (que apuesta por centrarse en el NOP y Rusia) y los dos últimos presidentes, Obama y Trump que dan prioridad a la contención de China, le impide a EEUU terminar el conflicto. Ahora se dedica a separar a Ankara de Rusia y a Siria de Irán.

Rusia, el único país interesado en terminar la guerra, ha conseguido:

  1. Evitar que Bashar al Asad corriera (de momento) la suerte de Sadam y Gadafi.
  2. Convertirse de una potencia regional a una global.
  3. Fortalecer su influencia en la región.
  4. Detener el avance de los yihadistas, en parte gracias a sus acuerdos con Arabia Saudí.
  5. Salvar su base naval en Tartus e inaugurar otra aérea en Hmeymim
  6. Ganar una de las guerras de gas, evitando la construcción del “Gaseoducto Árabe” y el de Irán-Mediterráneo
  7. Crear una brecha en la OTAN, al permitir que Turquía atacase a los kurdos protegidos por EEUU, mientras entretiene al imprevisible Tayyeb Erdogan en una interminable batalla segundaria.

Pero, los logros de Rusia dependen de la voluntad de Israel y EEUU. Además, su “aliado” iraní se niega a salir de Siria, dando pretexto a Netanyahu para seguir atacando a este país, destrozando las tropas de Asad. Por otro lado, el derribo del avión ruso por Israel el 18 de septiembre ha dañado gravemente las magníficas relaciones ruso-israelíes, dificultando consolidar los acuerdos.

Israel, ha podido:

  1. Desintegrar el Eje de Resistencia formado por Teherán, Damasco, Hizbolá y Hamas, y privar a Irán de su “profundidad estratégica”,en parte gracias a una insólita alianza con Arabia Saudí, Qatar y Turquía, con los que ha compartido el patrocinio del “yihadismo sunnita”.
  2. Acabar con la idea del estado palestino. Ahora, para mayor preocupación de Irán, Netanyahu amenaza con atacar al Líbano.

Pero, Israel menosprecia a un Teherán que no tiene ninguna intención de salir de Siria. Por lo que ambos continuarán su guerra en el suelo sirio. El temor de Israel, de que las milicias chiítas reclutadas por Irán (en gran parte afganos y pakistaníes), se conviertan en otro Hizbolá, es absurdo, ya que éstas no son nativas, y no están allí para morir por un país que no es suyo.

Turquía ha sido el gran perdedor, no consiguió:

  1. Recuperar la hegemonía “otomana” y sunnita (versión Hermandad Musulmana) sobre Siria, ni su mercado, ni sus reservas de gas y petróleo, y pasó de tener un crecimiento del 8.8% en 2011 al 2,3% en 2018. Además, tuvo que gastar al menos 4.5 millones de dólares (hasta el 2014) en ayuda directa a los 3 millones de refugiados sirios.
  2. Aplastar a los kurdos de Turquía, y para más inri se encontró con una entidad kurda en Siria, dirigida por las Unidades de Defensa del Pueblo (YPG), alineado con el PKK. Ankara, ha dado un ultimátum a EEUU para que expulse a esta fuerza de la ciudad árabe de Manbich, sino lanzaría una ofensiva a la urbe. Pero, El Mando Central de EEUU para Oriente Próximo (CENTCOM) se niega a perder el control sobre la parte oriental de Éufrates, una línea natural que le servirá para separar las regiones árabes de las kurdas, como rebeló el “sirialeaks”.El pueblo kurdo, al igual que el resto de sirios, son las principales víctimas de los pactos infames de las potencias.

Más leña para el infierno

. Los ganadores no han logrado eliminar la resistencia de los “perdedores”.

. Las fuerzas de la oposición no han sido capaces de formar un gobierno alternativo a Damasco. EEUU es consciente de que parte de los “rebeldes” es tan antiestadounidense como anti Asad. La filial de la Hermandad Musulmana, organización de derecha sunnita respaldada por el Partido Demócrata de EEUU, que es el sector más fuerte de la oposición, en Siria es más reaccionaria que sus ramas en Egipto o Túnez: de perfil talibán, en caso de ganar pueden, en colaboración de los caníbales “yihadistas”, afganizar el país, donde cada señor de guerra controle una zona, empujando a los alauies armados a las montañas. Al no haber una alternativa viable a Asad, la guerra continuará, a pesar de que el único actor que necesita realmente al presidente es Irán.

. La inexistencia de un proyecto aglutinador para levantar un nuevo sistema político: El propio Asad, que se presenta como  ”Yo o el caos” (señalando a Libia), se opone al borrador de la Constitución elaborada por Rusia, que prevé un sistema parlamentario que pondría fin a la dinastía Asad.

. El desacuerdo sobre quiénes deben formar parte de las negociaciones de paz: EEUU e Israel se oponen a la participación de Asad e Irán; Rusia a los grupos “yihadistas”, y Turquía a los kurdos de YPG. Llama la atención que el equipo del presidente Asad este ausente en las negociaciones de de paz de Astaná y de Ginebra.

Nueva tragedia kurda

Entre los motivos del fracaso del independentismo kurdo está su geografía, no tener  acceso al mar, y estar rodeado por estados hostiles. El destino de Rojava es una carta en manos de EEUU y Rusia para regular sus relaciones con Ankara: el 90% de las reservas de petróleo y gas de Siria, sus recursos hídricos, y la producción de cereales están en la región kurda. Para Washington los kurdos tenían una fecha de caducidad, al igual que los kurdos de Irak. En Siria, los utilizó como su “fuerza terrestre”. Según Aldar Khalil, un dirigente de YPG, cuando rechazaron el ultimátum ruso de devolver a Afrin a Asad, o serían atacados por Turquía, EEUU ignoró su petición de ayuda mientras Erdogan arrasaba Afrin dejando miles de víctimas civiles a su paso.  Pero, Damasco dejo a la guerrilla pasar por su territorio para ayudar a los compañeros en Afrin, pensando que ganaba de todas formas: los kurdos y los turcos se mataban en aquella ciudad azotada.

La jugada del CENTOCOM con los kurdos sirios para engañar a Turquía no ha funcionado: para que nadie le acusase de cooperar los “terroristas pro PKK”, les bautizó como Unidades de Protección del Pueblo, y después de las protestas turcas, contrató a miles de mercenarios árabes y los introdujo en el grupo llamándole “Fuerzas Democráticas Sirias (SDF)”. Turquía ahora también exige la disolución de esta fuerza paramilitar. EEUU les ha ofrecido a los turcos dejar en paz a SDF a cambio el entregará la cabeza de tres líderes de PKK, a los que ya ha puesto en busca y captura con una recompensa de 12 millones de dólares.

Asad, en caso de permanecer el poder, no tiene otro remedio que alcanzar un acuerdo con EEUU para reconocer una autonomía kurda, siempre y cuando no sea dirigida por YPG, aunque seguramente con menor autonomía que los kurdos de Irak, quienes curiosamente han establecido una buena relación con Ankara. Pero, Erdogan no permitirá una segunda “autonomía kurda” en Siria, a la que podrá seguir una tercera en Turquía y una cuarta en Irán.

Mientras, el número de víctimas de este devastador guerra sigue aumentando: por no tener acceso a la atención sanitaria, al agua potable, a alimentos; por morir bajo los bombardeos (la ultima 33 personas en Deir al Zur, el 18 de noviembre por EEUU); en el camino de la huida del infierno, y por quedarse atrapados en las zonas controladas por los terroristas, a pesar de que las televisiones ya silencian sus barbaridades.

Nazanín Armanian

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Ingratitud

Los estadounidenses son más peligrosos para ellos mismos que los yihadistas, norcoreanos, rusos, hutíes, y todos aquellos que se apiñan en el ‘eje del mal’

Reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle.
Reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle. JOHN SOMMERS ARCHIVO REUTERS

 

El mundo debiera agradecer a Estados Unidos sus desvelos por la seguridad planetaria, pero no lo hace. No importa que su presupuesto militar ronde los 700.000 millones de dólares, ni que venda más armas que nadie para que vivamos en democracia y libertad, la humanidad debiera agradecerlo pero no lo hace. Pese a la incomprensión, el Pentágono seguirá aumentando su presupuesto para defender las causas justas en cumplimiento del mandato asignado por la providencia al pueblo estadounidense para que expanda sus valores del uno al otro confín.

Buy American porque el peligro siempre está en los otros, en gente que en muchos casos tendría dificultad para señalar en el mapa dónde está EE UU. A los demás les toca pasar por el aro, y si no caben, que no molesten. Los gestores del poder han logrado convencer a un sector mayoritario de la sociedad americana de que sus más de 700 bases militares en el globo terráqueo no tienen otra finalidad que garantizar la seguridad de cada uno de ellos, su vida, sus propiedades, su derecho a la recreación, su sistema.

Cuando a un estadounidense medio le hablan de sus tropas en el extranjero piensa en él mismo, no en los intereses de las poderosísimas compañías multinacionales que son, en realidad, las principales beneficiarias de semejante tinglado. Y lo más portentoso es que cree que está siendo defendido con tanques y aviones con la misma inquebrantable fe con la que otros creen que Dios hizo el mundo en siete días o que beber Coca-Cola conduce a la felicidad.

Pero resulta que esa seguridad oculta una paradoja que la mayoría de esos ciudadanos ignora: los terroristas y enemigos matan muchos menos estadounidenses que los propios estadounidenses. Es decir, son más peligrosos para ellos mismos que los yihadistas, norcoreanos, rusos, hutíes, y todos aquellos que se apiñan en el eje del mal. El 47% de los hogares de EE UU cuenta al menos con un arma, y cada año mueren 33.880 personas por disparos de armas de fuego de compatriotas, un promedio de 93 muertos al día.

Los peligrosos son Vladímir Putin y los chinos, a quienes tampoco importaría prosperar en el negocio de la cohetería. Poco importa que en cuestión de armas, fabricadas para matar gente y guerrear, EE UU ocupe un destacadísimo primer lugar desde hace muchos años. No importa, porque la mayoría traga sin masticar que esos arsenales y esas guerras lo son para defender nuestra libertad y nuestra democracia. Olvidan que matar para defender la libertad y la democracia no es defender la libertad y la democracia, es matar.

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La Guerra Fría es un proceso

La hegemonía cultural divide al mundo un cuarto de siglo después de la caída de la URSS

La Guerra Fría es un proceso

 

A finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado las tensiones geopolíticas mundiales estaban a flor de piel. Las dos superpotencias, EE UU y URSS, tenían la capacidad atómica de destruir el mundo. En los colegios estadounidenses se explicaba a los niños la forma de actuar ante la posible aniquilación del mundo, y las familias construían refugios contra la bomba nuclear en el jardín trasero de sus casas. En esas circunstancias, el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y sucesor de Stalin, Nikita Jruschov, se empeñó en conocer EE UU, el país que amenazaba con destruir, y fue invitado a visitarlo por el presidente Eisenhower. Se vivían los efectos más duros de la Guerra Fría, aquellos que se ven en las pelícu­las de la época. Un hilarante libro de Peter Carlson (Kruschev se cabrea; Antonio Machado Libros) describe aquel viaje en el que el soviético estuvo a punto de llegar a las manos con el vicepresidente de EE UU, un tal Richard Nixon, y sus encuentros con Marilyn Monroe (que declaró: “Me miró como un hombre mira a una mujer”), Frank Sinatra o Shirley MacLaine. Jruskov entró en cólera porque no le dejaron visitar Disneylandia.

La Guerra Fría murió cuando Gorbachov dictó el final de la URSS en 1991. Murió en su fórmula geopolítica por dilución de uno de los contendientes, pero no en las demás formas. Veinticinco años después fue elegido presidente de EE UU Donald Trump. La victoria de su eslogan electoral “América primero” significaba de hecho que una buena parte de los ciudadanos de ese país seguían creyendo que solo pueden estar a salvo si el mundo se parece mucho a EE UU, y si los diferentes Gobiernos del mundo se atienen a la voluntad de la Casa Blanca. Ello significa que la Guerra Fría ideológica solo había desaparecido en parte o continuaba latente. Desarrolla esta idea el historiador americano Odd Arne Westad en su monumental La Guerra Fría. Una historia mundial (Galaxia Gutenberg). ¿Significa esto que continuamos en un mundo bipolar con dos bloques, ideologías y sistemas frontalmente contrapuestos? No parece así, aunque la idea de que la Guerra Fría es un proceso que tiene continuidad por otros medios está muy bien desarrollada por el profesor italiano residente en México Vanni Pettinà en su libro La Guerra Fría en América Latina (El Colegio de México). Más exactamente, lo que estamos contemplando es una rivalidad creciente, aunque asimétrica, entre EE UU y Rusia (ya no existe la Unión Soviética) que posiblemente continuará intensificándose.

No es casualidad que aparezcan tantos libros sobre el tema. A los ya citados se podría añadir el de Rafael Rojas (La polis literaria; Taurus), que analiza el papel de la literatura como “arma revolucionaria” en el contexto de las tres décadas largas de Guerra Fría, y cómo las dos grandes instituciones rivales en la pugna por la hegemonía cultural, el Congreso por la Libertad de la Cultura y el Congreso Mundial por la Paz, tuvieron gran presencia en América Latina, así como la centralidad en aquella de escritores como García Márquez, Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes. La Guerra Fría, que arrancó en el año 1947, terminó con las grandes esperanzas de que la rendición de Alemania pudiera crear un mundo nuevo y mucho mejor a partir de las ruinas morales y físicas de la Segunda Guerra Mundial. La combinación del enorme poder de EE UU y la ­URSS, y el hundimiento prácticamente total de la mayor parte de sus rivales crearon un nuevo y sombrío entorno: el de la Guerra Fría. Europa se dividió en dos por muchas décadas.

La extensión de las democracias iliberales, el crecimiento de fuerzas de extrema derecha, la hegemonía de la revolución conservadora en sus diferentes oleadas, el proteccionismo económico, las políticas de perjuicio al vecino, el baile de fronteras, los movimientos migratorios, la imponente desigualdad, etcétera, son distintas respuestas a los dilemas que marca la continuación de una Guerra Fría que hasta el momento puede considerarse aún de baja intensidad.

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La bestia que dormía

La bestia que dormía

El líder de Vox, Santiago Abascal (al centro), el 14 de noviembre de 2018 durante un evento en MurciaCreditEmilio Morenatti/Associated Press

BARCELONA – La historia se acelera; pocos recuerdan ahora aquella frase que se hizo famosa en los sesenta: “Spain is different”, decía ese eslogan que vendía turismo pero sirvió para todos los chistes, con el acento de aquellos españoles que chapurreaban poco inglés. “Espein is diferen”, te soltaban, entre orgullosos y mordaces. Pero fue cierto: hasta hace cuatro días, Espein era diferen del resto de Europa porque no tenía un partido de extrema derecha realmente existente. La bestia, que se había despertado en muchos sitios, aquí seguía durmiendo.

Parecía que no podía pastar en estos campos: aquí el nacionalismo belicoso había tenido cuarenta años para desprestigiarse hasta el fondo del fondo y, cuarenta años después, nadie quería resucitarlo. La derecha española era españolista sin beligerancia: con mesura, con miedo, con la conciencia de que debía mantener cierta compostura porque gobernaba un país hecho de tantas culturas y banderas que no tenía lugar para imponer la suya a gritos.

Hasta que, este domingo, en las elecciones autonómicas andaluzas, un partido pequeño, nuevo, extremo consiguió el 11 por ciento de los votos—395.000 sobre 3.691.000, doce diputados sobre 109—. Se llama Vox; lo inventó hace cinco años Santiago Abascal, sociólogo vasco formado por jesuitas, exmilitante del Partido Popular, deportista de riesgo, hombre de a caballo y Smith & Wesson en el cinto. La bestia ya no duerme.

Ahora se empezará a discutir quién la despertó, cómo, por qué. Se puede pensar en esa paradoja: esta nueva internacional nacionalista. Se puede pensar, también, en otro nacionalismo: el catalán. Queda dicho: hace cuatro o cinco años, un partido de centroderecha, representante de la gran burguesía barcelonesa, que había gobernado décadas sin mentar ninguna independencia, pasaba por un mal momento: recortaba salud, educación y otros derechos, y sus ciudadanos se lo reprochaban en la calle; por otro lado, muchos de sus mandos enfrentaban juicios por corrupción. Así que recurrieron al Viejo Truco de la Patria: salieron a revolear banderas. Con su primer eslogan, “Espanya ens roba” —España nos roba—, constituyeron el Sujeto España como el enemigo a derrotar y se lanzaron.

Ahora, cuando la independencia catalana parece más lejana, ciudadanos que habían protestado los recortes vuelven a protestarlos en la calle, y el gobierno de aquel partido de centroderecha les dice que no se fijen en minucias tales como no conseguir turnos en los hospitales. Pero el Sujeto España ya quedó cristalizado, legitimado por el peligro catalán: como se vio a lo largo de este último año, cierto patrioterismo español empezó a revolear su propia bandera so pretexto de “defender la unidad amenazada”. La bestia nacionalista se desperezaba y gritaba “A por ellos”.

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El nacionalismo, cuando es coherente, es de derecha: la noción de nación implica el privilegio de los que pertenecen a ella y la exclusión de los que no. Y esa es la base de cualquier idea posible de derecha: que hay unos que sí y otros que no.

Aunque están, por supuesto, esos nacionalismos que se pretenden “de izquierda” porque pelean contra supuestos poderes “foráneos”. En la práctica, más allá de discursos, terminan acordando en que lo malo no es que te exploten sino que te exploten extranjeros, y aceptan con cierta amabilidad patriótica a los explotadores y patrones locales: prefieren a la clase la bandera.

Porque hay pocas cosas más fáciles de vender que una bandera y todo el sentimentalismo que con ella se despliega; lo difícil es encontrar relatos parejamente directos, eficaces, que puedan desarmarla.

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Así que la bestia está despierta: la extrema derecha ha irrumpido en España. La votaron muchos que no dijeron que lo harían —y por eso las encuestas, una vez más, no supieron preverlo—. Un voto vergonzante es, de algún modo, un voto más auténtico: votar eso que no te atreves a decir supone una decisión más íntima, más intensa. Y lo votaron, aunque parezca de perogrullo, los que votaron: solo un poco más de la mitad de los andaluces consideraron que valía la pena ir a las urnas. En un país que está, como todos ahora, molesto con sus políticos, el discurso de la antipolítica es un imán potente —y Vox es el último en llegar, el candidato al famoso voto “antisistema”—.

Su programa, además, incluye ciertas medidas que pueden ser justas y populares, de esas que ahora se llaman populistas: que se pueda estudiar en español en toda España, por ejemplo, o que la sanidad pública no varíe en cada autonomía así todos los españoles tienen derecho a la misma atención. Que los grandes partidos no las hayan propuesto solo prueba su inepcia.

Pero su gran valor, su diferencia —y seguramente su sex appealprincipal— está en su reivindicación nacionalista: la palabra España les chorrea de los labios, su defensa ante la amenaza separatista es su bandera, la extirpación del chancro inmigrante su misión más proclamada. Proponen construir un muro à la Trump en Ceuta y Melilla y sacaron más votos en las zonas donde viven más inmigrantes: aprovechan este miedo actual de los más pobres locales ante los más pobres visitantes.

Y no dejan de lado sus tradiciones bélicas: gritan contra las leyes que pretenden revisar los crímenes de la dictadura franquista y defienden al ejército y otras fuerzas armadas. Son machos que patrocinan la caza y las corridas; se lanzan en cruzada —cruzada es la palabra— contra las leyes que intentan contener la violencia de género. Y están, faltaba más, contra el aborto y el matrimonio igualitario; creen, con Bergoglio, que la homosexualidad es una moda y que hay que defender “la familia natural”.

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Detrás, Andalucía. En las próximas semanas los medios se divertirán y los ciudadanos se aburrirán con las discusiones entre cinco fuerzas muy repartidas que deberían formarle algún gobierno: que si los dos partidos de la derecha más contenida —Ciudadanos y Populares— aceptarán unirse con la derecha descarada para hacer mayoría, que si se armará una unión sagrada a la francesa —entre Ciudadanos, Populares y Socialistas— contra ese grupo extremo, que si alguna solución inesperada volteará el tablero. La respuesta no estará antes de enero, y no será importante.

Lo que importa es que también aquí se despertó la bestia. Espein ya no es diferen del resto de Europa, pero a partir de este domingo es diferente de sí misma. Vivíamos con ese alivio y ese orgullo de no tener lo que ahora sí tenemos: nos toca aceptar que no somos los que creíamos —y es duro—. Nunca es fácil ser otro.

El miedo avanza. No hay, en este momento, buenas razones para pensar que ese 11 por ciento andaluz no podría replicarse en las elecciones generales cada vez más cercanas.

Es el momento de inventar respuestas. En los últimos meses, cuando el fantasma de Vox empezó a amenazar, se discutían dos posiciones: si hablar mucho de él para frenarlo o poco para no agrandarlo. Fue un debate inútil: el fantasma se ha hecho carne y hueso y casi 400.000 votos. Ahora se trata, como siempre, de encontrar una propuesta que atraiga a millones, que consiga que del agotamiento de la política tradicional no crezcan monstruos sino opciones para inventar vidas mejores.

No parece, por ahora, que lo estemos logrando.

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El porvenir del populismo neofascista

La onda de la ultraderecha que se está propagando por la casi totalidad de los países europeos no es casual ni provisional

El ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, en Roma, el pasado 26 de noviembre.
El ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, en Roma, el pasado 26 de noviembre. FILIPPO MONTEFORTEAFP

La onda populista de la ultraderecha que se está propagando por la casi totalidad de los países europeos no es casual ni provisional. Es un ciclo histórico que se arraiga en los efectos no saldados de la crisis de 2008 y en la política de estabilidadde la Comisión Europea. El discurso populista es siempre despreciable porque busca y encuentra chivos expiatorios a los que instrumentaliza para justificar su principal objetivo: la conquista del poder sin una verdadera concepción del bien común, pues este poder se basa en el odio.

Sin embargo, sería un error creer que no existe una base real que germina este modelo de discurso: cuando el vicepresidente italiano Di Maio afirma que la política de austeridad de las instituciones europeas ha generado una “carnicería social” con millones de parados, una generación entera de jóvenes condenados al desempleo y a la extensión ilimitada de la precariedad salarial pone de relieve algo desgraciadamente innegable hoy. Es lo que denunciamos nosotros, los proeuropeos, que soñamos desde hace décadas con una política social europea, con una moneda común al servicio del empleo, con proyectos intereuropeos de desarrollo, de financiación de la innovación y de la investigación para evitar también la huida de científicos y técnicos a EE UU o China, y con muchas otras medidas que, sin duda, nos embarcarían a todos en la senda de una Europa más civilizada. Pero la amarga realidad es la siguiente: ¿el Gobierno español, por ejemplo, aumenta el sueldo mínimo?, ¡la Comisión lo acusa de poner en riesgo la estabilidad fiscal!

Cuando hacemos balance de la política europea a partir de la puesta en marcha del euro, solo aparece una constante: la defensa de la política monetaria, de la rigidez de los déficits presupuestarios, del temor patológico a los mercados financieros (potencia abstracta que recuerda a los dioses griegos de la guerra), como si el propio mercado único europeo no constituyera una fuerza y el euro no tuviera medios para oponerse a los especuladores mundiales. ¡Qué limitación mental de los dirigentes europeos! ¿Cómo explicar ahora que la creación del euro se justificó entonces para competir y vencer al dólar, y, dos décadas después, el dólar siga estableciendo su dominio con enormes deudas privadas y públicas en EE UU, y, en cambio, el euro permanezca como moneda sin verdadero papel internacional?

En realidad, el populismo reaccionario tiene, frente a la actual política asocial europea, un largo porvenir. Los ciudadanos que lo apoyan no son, en general, racistas ni xenófobos, experimentan, sobre todo, una situación de impotencia y de abandono social, resultantes del paro y de la indiferencia de la UE. Los partidos populistas les hablan de otros “culpables”, y nos atenazan a todos porque hacen derivar las frustraciones hacia el odio, el racismo y la xenofobia. No hay nada nuevo en esta estrategia: Europa la ha sufrido, y sobremanera, en los años treinta del siglo pasado. Y la sufriremos aún más mientras no haya una verdadera política social europea.

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El fascismo que viene

Miles de académicos se ganarán la vida durante siglos estudiando por qué ocurrió lo que empieza a ocurrir ahora

Manifestación del grupo ultra Casapound en Roma el 1 de marzo de 2018.
Manifestación del grupo ultra Casapound en Roma el 1 de marzo de 2018. ANDREAS SOLARO GETTY

 

El fascismo puede definirse de muchas maneras, todas ellas parciales. Según la época y el lugar, ha consistido en el secuestro del Estado por parte de intereses privados, o en el encuadramiento de la sociedad dentro de un esquema cuartelario, o en la creación de mecanismos más o menos brutales para eliminar el disenso frente al poder. A veces estas características se combinan. En general, el fascismo requiere de un líder carismático. Pero no siempre. Un régimen puede parecer fascista sin serlo: la Argentina de Perón. Y puede ser fascista sin parecerlo: el Portugal de Oliveira Salazar. El fascismo da para muchas elucubraciones.

Las causas de que el fascismo esté en auge dan para una enciclopedia. Desde los disparates fiscales del neoliberalismo hasta la angustia ante la revolución tecnológica y la destrucción del trabajo como valor, desde el envilecimiento de ciertas élites hasta la glorificación del egoísmo, desde los cambios provocados por la mundialización y los movimientos migratorios hasta el debilitamiento de las instituciones nacionales frente a nuevas instituciones internacionales que no han logrado ser lo bastante eficaces y lo bastante representativas. Miles de académicos se ganarán la vida durante siglos estudiando por qué ocurrió lo que empieza a ocurrir ahora.

Volvamos a lo más simple: mayoría contra minorías. El fascismo de hoy no se proclama fascista sino democrático, en parte porque la palabra “fascismo” sigue provocando un amplio rechazo y en parte porque apela a una de las definiciones de la democracia, la más parcial, tan parcial que roza la falsedad: el gobierno de la mayoría. El abuso del término “democracia” (que, como suele recordarse, jamás aparece en una Constitución tan eficiente como la que elaboraron los Padres Fundadores de Estados Unidos) ha difuminado el concepto liberal acuñado durante los dos últimos siglos: un sistema que permite el gobierno de la mayoría y a la vez garantiza los derechos de las minorías.

La izquierda, sea lo que sea eso, debería preguntarse por qué lleva décadas articulando su proyecto en torno a las minorías. Precisemos: en torno a un proceso de creación, exaltación y radicalización de minorías que, llevado al absurdo (y en el absurdo estamos), genera un mosaico de piezas imposibles de ensamblar. ¿Cómo va a ser posible componer ese rompecabezas, si cada pieza compite con la otra por un mismo espacio y tiene objetivos incompatibles con los de la pieza de al lado?

El fascismo que viene cuenta con la capacidad de destruir la democracia en nombre de la democracia. Como en otras ocasiones, solo puede ser derrotado por una mayoría que defienda los delicados y esquivos principios de la convivencia. En otras ocasiones fue imposible componer esa mayoría. Parece que hoy tampoco.

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Así empieza el gobierno de AMLO

Así empieza el gobierno de AMLO

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, durante una conferencia de prensa en Ciudad de México, el 24 de agosto de 2018 CreditJosé Méndez/Epa-Efe, vía Rex, vía Shutterstock

CIUDAD DE MÉXICO — El político mexicano Andrés Manuel López Obrador cumple hoy la máxima de que la tercera es la vencida: después de tres intentos como candidato presidencial, toma posesión oficialmente como mandatario del país.

Fue elegido en julio con una amplia mayoría, el 53 por ciento de los votos, impulsado en buena parte por jóvenes mexicanos desilusionadoscon el estado actual de su país, pero también gracias al apoyo de distintos sectores ansiosos por un cambio debido a los múltiples problemas que caracterizaron la gestión del saliente Enrique Peña Nieto.

Ahora que asume el poder ejecutivo, el tabasqueño de 65 años enfrenta enormes retos heredados de los gobiernos pasados, principalmente la corrupción y la violencia, además de otros que se han convertido en parte ineludible de la coyuntura, como el medioambiente y la situación migratoria que involucra las políticas del presidente Donald Trump y las caravanas.

López Obrador también deberá cumplir con las expectativas que él mismo generó respecto de temas como el combate a la pobreza durante su campaña, tras la cual se convirtió en el primer presidente de izquierda en México desde los años treinta (cuando gobernó Lázaro Cárdenas, a quien el nuevo mandatario ha calificado como “el mejor presidente del siglo XX que ha habido en el país”).

Violencia y corrupción

Entre las mayores preocupaciones de los mexicanos se destaca que en 2017 el país rompió un récord histórico de asesinatos; además, las más de 33.000 personas desaparecidas en todo el país y el hallazgo de alrededor de dos mil fosas clandestinas en la última década. En cuanto a corrupción, México tiene la peor calificación de toda América Latina en índices de sobornos y más del 60 por ciento de los ciudadanos considera que los policías y representantes electos son corruptos, según Transparencia Internacional.

No obstante, el nuevo presidente ya ha generado polémica por las medidas que ha anunciado para atender ambos problemas.

En materia de corrupción, hace unos días fue criticado por sugerir en una entrevista de radio: “Juzgar a grandes corruptos es conspirar contra la estabilidad del país”. Hasta el momento, las altísimas tasas de impunidad en México —organismos especializados calculan que la probabilidad de que se resuelva o castigue un delito es de 0,9 por ciento— han significado que tampoco suelen ser condenadas las figuras de alto rango por actos de corrupción, si acaso llegan a ser procesadas. No queda claro aún qué planes tiene el nuevo presidente para mejorar el sistema de justicia en un país donde muchísimas personas llevan años en prisión preventiva sin que se hayan iniciado juicios en su contra.

Así empieza el gobierno de AMLO

Andrés Manuel López Obrador, con micrófono, se reunió con los familiares de los 43 desaparecidos durante la campaña y ha prometido trabajar con ellos. CreditFrancisco Robles/Agence France-Presse — Getty Images

En cuanto a la seguridad, López Obrador parece haber dado un giro. Durante la campaña indicó que no se combate “fuego con fuego” y mencionó que quería retirar a las fuerzas armadas de las calles, donde han estado desplegadas de manera generalizada desde 2006, a partir del inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico. Ahora que asume el mando ha dicho que su plan para la seguridad y la pacificaciónrequiere la creación de una Guardia Nacional formada por militares y policías con entrenamiento castrense, y que incluso cambiará la Constitución para legalizar la movilización de esos efectivos.

En un artículo de opinión, el académico Alejandro Madrazo Lajous dice que esta decisión es un “desvarío histórico”. Un tema pendiente vinculado tanto a la violencia como a la corrupción es el asesinato de periodistas que ha convertido a México en uno de los países más mortíferos del mundo para ejercer; además, el Times ha reportado que herramientas de espionaje adquiridas por el gobierno de Peña Nieto supuestamente para combatir el crimen han sido utilizadas indebidamente contra reporteros y defensores de derechos humanos.

Respecto a las desapariciones, en particular el caso emblemático de los 43 estudiantes de Ayotzinapa cuyo paradero se desconoce desde septiembre de 2014, López Obrador ha dicho que formará una comisión especial para indagar lo sucedido (un fallo judicial que exigía rehacer la investiación no fue acatado por el gobierno de Peña Nieto).

Los migrantes y la política exterior

Así empieza el gobierno de AMLO

Migrantes descansan cerca del cruce fronterizo oficial a Estados Unidos, en Tijuana, México, el 22 de noviembre de 2018. CreditMauricio Lima para The New York Times

Antes de tomar posesión, López Obrador dijo que establecerá un programa de visas de trabajo para los migrantes centroamericanos que usualmente intentan cruzar hacia Estados Unidos. Sería un programa inédito en el país, posiblemente complementado por un acuerdo en ciernes para que México albergue a quienes soliciten asilo ante el gobierno estadounidense mientras dura el proceso.

El nuevo canciller mexicano, Marcelo Ebrard, también anunció que ya tienen pensado un plan conjunto con Estados Unidos y Canadá para impulsar a la par el desarrollo económico de Centroamérica, con la pretensión de atender así las causas de la emigración. El plan sería anunciado el 10 de diciembre durante una conferencia mundial migratoria organizada por la Organización de las Naciones Unidas.

En otros temas de la relación con Estados Unidos, López Obrador impulsó la firma del nuevo tratado comercial T-MEC (su nombre en español de hecho fue decidido a través de una encuesta en Twitter hecha por AMLO) y uno de los negociadores del acuerdo, Jesús Seade, será el subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte. Los integrantes del nuevo gobierno mexicano han dicho que buscan otras “áreas de entendimiento” con el gobierno de Trump, quien ha sido sumamente crítico de los mexicanos y del país.

Así empieza el gobierno de AMLO

Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores entrante CreditChris Wattie/Reuters

En la relación con América Latina, en particular frente a las crisis de Venezuela y Nicaragua, el académico Rafael Rojas opina que AMLOdebería mantener “las gestiones diplomáticas que México ha seguido en los últimos años desde el Grupo de Lima, la OEA y la ONU”. El excanciller mexicano Jorge Castañeda opina que es poco probable que esto suceda, porque el nuevo gobierno ha dado a entender que asumirá una postura “de no involucrarse en la política de otras naciones ni expresar opiniones sobre la situación de los derechos humanos en otros países”.

El desarrollo y sus beneficiarios

En una encuesta reciente, un 46 por ciento de los mexicanos dijo que espera que uno de los primeros temas del mandato sea mejorar la economía de México. La escritora Elena Poniatowska sostiene que una de las mayores razones para estar esperanzados con López Obrador es que ha prometido apuntalar el combate a la arraigada pobreza en el país.

Para ello, el nuevo presidente ha anunciado planes de desarrollo que van desde trasladar las oficinas de varios ministerios a diversos estados —actualmente están concentrados en Ciudad de México— hasta una nueva refinería petrolera y la construcción del llamado Tren Maya, que recorrería la ruta turística del Golfo de México.

Estos proyectos, sin embargo, han despertado preocupaciones sobre todo por su impacto medioambiental y el efecto que tendrían en las comunidades indígenas y rurales que habitan en esas zonas, las cuales no han sido consultadas sobre la construcción. En México existen más de 200 conflictos territoriales ambientales vigentes, como muestra un reportaje de The New York Times en Español, y el rechazo a ese tipo de megaproyectos ha ocasionado que el país sea uno de los más peligrosos del mundo para los activistas medioambientales.

“El apoyo y la protección para los ambientalistas y activistas tiene que ser una prioridad para Andrés Manuel López Obrador”, escribe en nuestras páginas de opinión Rubén Albarrán, vocalista del grupo Café Tacvba y activista.

Así empieza el gobierno de AMLO

Una refinería de Petróleos Mexicanos en Tula, en el estado mexicano de Hidalgo CreditAlejandro Cegarra/Bloomberg

Para fortalecer la economía, el nuevo gobierno tendrá que enfrentar una depreciación reciente del peso frente al dólar, en parte por la aparente aprehensión de inversores internacionales tras algunas decisiones de AMLO, como la cancelación de un proyecto aeroportuarioque ya estaba en construcción y la incertidumbre sobre su política energética. Lisa Viscidi y Nate Graham, expertos en energía e industrias extractivas, urgen al nuevo presidente a que se enfoque en desarrollar las energías limpias.

Escenario político y estilo de gestión

López Obrador inicia su mandato con un Congreso en el que tiene mayoría, además de que su coalición electoral triunfó en casi todas las elecciones a gobernador de este año. Eso facilitaría los avances de ciertos proyectos anunciados, los cuales ha buscado promover por medio de consultas populares de organización irregular, pero también será de suma importancia su relación con la oposición política. “Gobernará sin mucha fiscalización ni grandes contrapesos, por lo que toda la responsabilidad y todos los costos recaerán sobre López Obrador y Morena”, advierte el analista Carlos Bravo Regidor.

Antes de ser candidato presidencial, López Obrador desempeñó el cargo más alto de la Ciudad de México, Jefe de Gobierno. El periodista Guillermo Osorno hizo un recuento sobre las decisiones que tomó durante su gestión en el gobierno capitalino y señala que como líder político sí ha mostrado un “esfuerzo de moderación” con la formación de “alianzas pragmáticas”.

Muestra de ese pragmatismo fue su disposición a incorporar a personas de otras fuerzas políticas a su coalición de campaña, Juntos Haremos Historia; sumó a pequeños partidos de izquierda como el Partido del Trabajo, pero también al Partido Encuentro Social —con posturas sociales de derecha—y a figuras que desertaron de los partidos a los que AMLO había criticado históricamente: Acción Nacional (o PAN, contra cuyo candidato López Obrador perdió de manera polémica en 2006) y del Partido Revolucionario Institucional. Por ejemplo, la coordinadora de campaña de López Obrador, la ahora diputada Tatiana Clouthier, perteneció durante casi dos décadas al PAN; AMLO también nombró como próximo director de la Comisión Federal de Electricidad al priista Manuel Bartlett.

En ese sentido, el columnista del Times e historiador Enrique Krauze postula lo siguiente para el gobierno entrante: “López Obrador debe convertir su triunfo en un triunfo de México. La clave estará en abrir una etapa histórica en la que el espíritu de conciliación, la tolerancia, el respeto pleno a la libertad de expresión priven sobre la polarización, el encono y la censura”.

Así empieza el gobierno de AMLO

López Obrador con simpatizantes en el Zócalo de Ciudad de México el 1 de julio, cuando ganó la elecciónCreditPedro Pardo/Agence France-Presse — Getty Imageshttps://www.nytimes.com/es/

El México de AMLO es el asombro de América Latina

El México de AMLO es el asombro de América Latina

Andrés Manuel López Obrador en Ciudad de México, en mayo de 2018 CreditCarlos Jasso/Reuters

CIUDAD DE MÉXICO — Por primera vez en la historia de México, el gobierno transita de la derecha a la izquierda. Esto asusta a muchos. Pero no debería hacerlo.

Llamado “populista” por sus opositores, Andrés Manuel López Obrador es más bien la sorpresa más grata en un continente que se ha inclinado hacia el neofascismo y la extrema derecha. A través de él, México vuelve a ser el asombro de muchos pueblos. En un país con casi el 44 por ciento de su población en condiciones de pobreza y una de las brechas de desigualdad más grandes de América Latina, un presidente con vocación social era urgente y necesario.

Después del intento frustrado de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, Andrés Manuel materializa el deseo de los mexicanos por un cambio estructural profundo y un viraje a un gobierno más sensible a las causas sociales. Su triunfo arrollador —con el 53 por ciento de los votos— en las elecciones presidenciales sentará las bases de una forma inédita de conducir al país, una que tomará en cuenta a la mayoría de sus habitantes y no a unos cuantos privilegiados.

La historia de la izquierda mexicana, frustrada durante décadas, ahora llegó al poder. Y será López Obrador el encargado de consolidarla y hacerla una alternativa viable en nuestro país.

La trayectoria política de Andrés Manuel es un buen reflejo de sus principales inquietudes. En 1991, encabezó una marcha campesina desde Villahermosa, en su estado natal de Tabasco, al zócalo de Ciudad de México. Se conoció como el “éxodo por la democracia” y denunciaba un fraude en las elecciones en seis municipios, entre ellos Nacajuca, Cárdenas y su lugar de nacimiento, Macuspana.

Vehemente, apasionado, se indignó contra la privatización de PEMEX, la empresa petrolera estatal, y libró una lucha contra los excesos del priismo que lo catapultó como líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Desde entonces, Andrés Manuel tenía una bandera, el combate a la corrupción, y calificaba a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de “minoría rapaz”. Citaba a Tolstói al alegar que un Estado que no procura la justicia no es sino una banda de malhechores.

A lo largo de doce años de ataques constantes que lo descalifican, Andrés Manuel contendió tres veces a la presidencia. No cejó en ese esfuerzo brutal: enfrentarse a la clase política mexicana y a la indiferencia de muchos ciudadanos. En un país donde campea el hambre, la desnutrición, la desigualdad, la injusticia, López Obrador enfrentó uno de los mayores azotes de nuestro continente, la corrupción.

Como jefe de gobierno de Ciudad de México —de 2000 a 2005—, López Obrador fundó un programa de pensiones para adultos mayores de setenta años. Gracias a él, la tercera edad, a la que pertenezco, recibimos una tarjeta de adulto mayor, pero, sobre todo, somos muchos los que hemos recuperado la confianza en que un país más incluyente es posible.

AMLO se ocupó no solo de dar útiles escolares a niños y adolescentes, proteger a madres solteras, implementar medidas para discapacitados, desempleados y dar atención médica y medicamentos gratuitos a familias sin seguro social, sino que construyó nuevas preparatorias en las zonas más pobres de nuestra ciudad y fundó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. En la capital construyó distribuidores viales, puentes, avenidas, un hospital público, regeneró parques y sitios de recreo. Redujo su sueldo y el de sus funcionarios; demostró que la austeridad no era una limitante.

El caricaturista Rafael “el Fisgón” Barajas, el escritor Carlos Monsiváis, la contadora Bertha Luján Uranga, el pintor Carlos Pellicer López, el politólogo Luis Javier Garrido, el caricaturista Eduardo del Río “Rius”, el escritor José María Pérez Gay, la ingeniera Claudia Sheinbaum, la actriz Jesusa Rodríguez y otros ciudadanos nos sentimos atraídos por el discurso del político tabasqueño.

Y en grupo, en 2005, lo acompañamos cuando salió de su oficina del Palacio del Ayuntamiento en el centro de Ciudad de México con una maletita. El entonces presidente Vicente Fox pretendía desaforarlo y Andrés Manuel estaba listo para que lo encarcelaran si lo declaraban culpable de haber tomado una calle. Era un absurdo ardid de Fox para detener el enorme respaldo social que tenía. Descendimos con él a la calle y ahí, en pleno zócalo, una multitud lo ovacionó.

El nombre de Andrés Manuel López Obrador empezó a resonar como un estandarte frente a la corrupción y la impunidad, y detrás de ese escudo nos parapetamos. Mientras otros se sientan frente a su escritorio y dan órdenes desde lo alto, López Obrador recorrió el país.

Después del triunfo electoral del 1 de julio, su casa de gobierno en la calle de Chihuahua en Ciudad de México se convirtió en un lugar de peregrinaje de todas las urgencias de los mexicanos más abandonados. Y es que el México que le tocará dirigir es complejo: un país desbordado de violencia —en solo una década se han registrado 170.000 muertos y alrededor de 40.000 desaparecidos—, corrupción extendida de funcionarios y profundamente desigual.

Para que la historia de la izquierda en nuestra nación sea exitosa, Andrés Manuel, como presidente, no debe traicionar sus promesas, que se resumen en hacer de México un país más justo y mejor.

La vieja obsesión del Partido Comunista por tener el control absoluto

La vieja obsesión del Partido Comunista por tener el control absoluto

CreditMatt Chase

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MELBOURNE, Australia — China ha creado una amplia red de centros extrajudiciales de confinamiento en la región occidental de Xinjiang, donde se obliga a los uigures y otras minorías musulmanas a renunciar a su cultura y religión, y se les somete a la fuerza a un régimen de reeducación política. Después de mucho tiempo de negar la existencia de este tipo de campos, el gobierno ahora ha decidido referirse a ellos como centros inofensivos de capacitación donde se imparten clases de Derecho, mandarín y destrezas vocacionales, una designación que bien se sabe es un eufemismo falso que emplean con la intención de evitar críticas por los tremendos abusos cometidos en contra de los derechos humanos.

No obstante, estos campos, en especial su ambición de cambiar la mentalidad de las personas, revelan una lógica familiar que ha definido desde hace mucho tiempo la relación del Estado chino con sus ciudadanos: un enfoque paternalista que considera patológicos los pensamientos y las conductas divergentes, por lo que intenta transformarlos por la fuerza. La escala y ritmo de la campaña del gobierno en Xinjiang quizá resulten extraordinarios en la actualidad, pero esta práctica, así como sus métodos, no lo son.

Ya desde el siglo III antes de nuestra era, el filósofo Xunzi argumentó que la humanidad era como “madera torcida” y que las fallas de carácter del individuo debían eliminarse o corregirse para lograr la armonía social. Por su parte Mencio, un pensador rival, creía en la bondad innata de los seres humanos, aunque también resaltaba la importancia de la superación personal.

En un marcado contraste con el liberalismo occidental, el confucianismo (y la cultura política china en general) no se basa en los derechos individuales, sino en la aceptación de la jerarquía social y la creencia de que los humanos son perfectibles. Conforme al pensamiento chino, los seres humanos no son creados iguales, sino que varían en suzhi (素质), o calidad. Por ejemplo, un agricultor uigur pobre del sur de Xinjiang se ubica en la parte baja de la escala evolutiva, mientras que un funcionario de la mayoría étnica han se encuentra hacia la parte alta.

A pesar de lo anterior, los individuos son maleables y, si bien la calidad suzhi es en cierta medida innata, también es producto del ambiente físico y la crianza de cada persona. Al igual que el ambiente equivocado puede corromper, el ambiente correcto puede resultar transformador. De ahí la importancia de aplicar las enseñanzas de personas que se cree tienen un suzhi más elevado, aquellas a las que Confucio llamaba “personas superiores” (君子) y los comunistas llaman ahora “delegados líderes” (领导干部).

Así que, incluso un agricultor uigur que se encuentra al fondo de la clasificación puede mejorar su suzhi con educación, capacitación, entrenamiento físico o, quizá, migración. Además, un gobierno benevolente y culto tiene la responsabilidad moral de ayudar activamente a sus súbditos a mejorar o, en palabras de la académica de China Delia Lin, moldear a las “personas originalmente con defectos para que se transformen en ciudadanos bien desarrollados, competentes y responsables”. Durante sus siete décadas en el poder, el Partido Comunista Chino (PCC) ha intentado en repetidas ocasiones reformar a los estudiantes revoltosos, los opositores políticos, las prostitutas y los campesinos.

Durante los siglos de la China imperial, el orden social se incubaba en la familia: a los padres les correspondía guiar a los hijos, y a los esposos, a sus esposas, según un conjunto rígido de rituales. Si la familia estaba en armonía, toda la comunidad también podría estarlo. Por otro lado, las malas acciones ameritaban castigos como palizas, esclavitud, exilio, o incluso la muerte por estrangulamiento, decapitación o mil cortes.

Actualmente, el sistema educativo de China, al igual que la teoría del encarcelamiento e incluso el trabajo del Frente Unido (la maquinaria de influencia del PCC, cuyos agentes intentan ganarse o integrar a personas que no son miembros del partido y a ciudadanos que viven en el extranjero), se basan en la lógica transformadora de ganhua (感化), que consiste en reformar aspectos repugnantes del carácter a través de ejemplos de superioridad moral.

Por ejemplo, a los presos por lo regular se les mantiene aislados cuando ingresan al sistema penitenciario y se les reintegra gradualmente al grupo. Poco a poco se les obliga a obedecer al personal de la prisión, a encargados de celdas estilo matones y a otros presos reformados. Para lograrlo, se aplican tácticas muy variadas, desde alicientes (como más comida, horas de sueño o contacto humano) hasta castigos (hacerles pasar privaciones, someterlos a tortura, relegarlos o aislarlos). En teoría, experimentar vergüenza, culpabilidad y remordimiento, además de la confesión, producen en la persona en cautiverio una conversión y renovación. Este proceso es intencionalmente destructivo: según explica el filósofo contemporáneo Tu Weiming, se trata de un camino necesario de “dolor y sufrimiento” en busca de una mejoría en el ser humano.

La idea era moderar la severidad del proceso mediante el deseo voluntario de mejorar y la expresión de empatía hacia quienes no lo lograban. Pero los miembros del PCC, con tal de mantener el autoritarismo, han hecho a un lado esos factores mitigantes. Han basado su labor en gran medida en la coerción en vez de la persuasión moral, y sus métodos despiadados han ocasionado la muerte de decenas de millones de ciudadanos chinos desde hace años.

Muchas de las personas que el PCC ha intentado reformar estuvieron sujetas a “sanciones administrativas” (行政处罚) en vez de procesos penales, y las enviaron a centros donde los “reeducan mediante el trabajo” (laojiao, 劳教). El sistema laojiao quedó abolido formalmente en 2013, después de ser blanco de críticas por violaciones a los derechos individuales. Sin embargo, el régimen de reeducación continúa en la actualidad, y no solo en Xinjiang, disfrazado como una especie de capacitación legal y moral obligatoria, o tutelaje. Personas comunes y corrientes o famosas, por igual, pueden quedar sujetas a este proceso, en general en contra de su voluntad y sin ningún tipo de recurso legal.

En 2014, el actor Huang Haibo pasó seis meses en “custodia y educación” por haber solicitado los servicios de una prostituta. La destacada actriz Fan Bingbing desapareció varios meses este año; más tarde, confesó públicamente que había cometido fraude fiscal y elogió al PCC.

También es un esfuerzo popular. En nombre de la “revitalización rural”, los funcionarios del PCC en la provincia Heilongjiang del área noreste han convocado a la “estandarización del pensamiento y el comportamiento campesinos”. El programa es tan solo una parte de un plan de acción nacional a tres años diseñado por el Comité Central del partido con el objetivo de “elevar la suzhi ideológica y moral de los campesinos chinos para refrescar y corregir su carácter sencillo y honesto”.

Cuando se aplica en Xinjiang, el Tíbet u otras zonas fronterizas, ganhuaparece equipararse a un “proyecto civilizador”, como lo ha descrito el antropólogo Stevan Harrell, cuyo propósito es crear una población uniforme con la consigna de una sola “nación china” (中华民族). Pero va más allá. En la década de los sesenta, el psiquiatra Robert Jay Lifton designó como “totalismo ideológico” al control del pensamiento al estilo chino, caracterizado por su fe dogmática en la verdad absoluta y su obsesión por reparar lo incorregible.

Lifton subrayó que el totalismo ideológico en China no es un proceso continuo, sino un fenómeno cíclico. Provoca toda una mezcla de emociones. Algunos se someten, otros lo esquivan; unos cuantos quizá hasta se sientan entusiasmados en un principio. No obstante, con el paso del tiempo, la sofocante naturaleza de la represión también tiende a generar resentimiento y resistencia, que a su vez incitan métodos de control todavía más represivos.

Durante la era maoísta, distintas campañas de reformación se fueron consumiendo porque tanto los detenidos como sus vigilantes padecían hambre y agotamiento. En cuanto una ola de represión se abatía, surgía otra, con un objetivo distinto: a los llamados derechistas, liberados en 1959 por órdenes de Mao, se les etiquetó de contrarrevolucionarios y sufrieron persecuciones unos cuantos años después, durante la Revolución cultural.

Desde la década de los ochenta, los objetivos de reforma económica de Deng Xiaoping ayudaron a que la sociedad china regresara a una situación más equilibrada y pragmática, al menos hasta la matanza de Tiananmén. Pero ahora, el presidente Xi Jinping parece estar intensificando de nuevo la represión en contra de grupos como minorías étnicas, intelectuales, abogados, cristianos, activistas laborales e incluso estudiantes maoístas.

Con todo, el totalismo ideológico parece contener las semillas de su propia destrucción. Es muy costoso. Alienta abusos de poder entre los funcionarios locales del partido, que reciben recompensas por mantener la estabilidad. Tales abusos socavan tanto el Estado de derecho como la confianza social.

Con el tiempo, el totalismo ideológico corre el riesgo de corroer la legitimidad del Estado y “en cuanto el público comienza a perder la confianza en el gobierno y deja de identificarse con él, aumenta el pánico y se desata el caos social total”, escribió el académico chino Yu Jianrong.

La inseguridad fundamental del régimen, su temor a la rebelión y la desintegración de China, lo impulsa a invadir cada vez más la vida privada de sus ciudadanos, con lo que solo logra aislarlos. La represión de los uigures en Xinjiang es tan solo la manifestación extrema de esa obsesión virulenta e insostenible que sufre el PCC de tener el control absoluto.