Complot y sobornos a presidentes mexicanos: así empezó el juicio del Chapo Guzmán

Complot y sobornos a presidentes mexicanos: así empezó el juicio del Chapo Guzmán

Jeffrey Lichtman, abogado defensor de Joaquín Guzmán Loera, a su llegada al juzgado federal de BrooklynCreditStephanie Keith para The New York Times

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Los abogados de Joaquín Guzmán Loera, el capo de la droga conocido como el Chapo, afirmaron el martes que durante décadas su cliente fue víctima de una gran conspiración por parte de diversos confabuladores, entre ellos su principal colaborador en el Cártel de Sinaloa, los agentes estadounidenses antinarcotráfico y los últimos dos presidentes de México.

El alegato de la defensa resultó ser un inicio inesperado en el juicio de Guzmán por cargos de conspiración de narcotráfico, un proceso que comenzó con un gran operativo de seguridad y después de varios retrasos en la Corte Federal de Distrito en Brooklyn.

Con una apasionada exposición del caso, uno de los abogados de Guzmán, Jeffrey Lichtman, dijo que la verdadera mente maestra del Cártel de Sinaloa —que Guzmán ha sido acusado de dirigir durante décadas—, de hecho era su antiguo colaborador y socio: Ismael “el Mayo” Zambada García.

Lichtman describió a Guzmán como un “chivo expiatorio” y argumentó que no fue él, sino Zambada, quien durante veinte años estuvo encargado de los cargamentos de droga que ingresaron a Estados Unidos y que, en repetidas ocasiones, sobornó con millones de dólares al gobierno mexicano “completamente corrupto”, incluyendo a altos funcionarios como el presidente Enrique Peña Nieto y su predecesor, Felipe Calderón.

“El mundo se está enfocando en el personaje mítico del Chapo”, comentó Lichtman. “Pero nadie está poniéndole atención al Mayo Zambada”.

Zambada, de 70 años, ha sido durante mucho tiempo uno de los subordinados más cercanos de Guzmán y se dice que aún está libre en México. Aunque nunca lo han arrestado, fue nombrado como acusado en la misma imputación que los fiscales usaron para inculpar a Guzmán en 2009. Tanto el hijo de Zambada, Vicente Zambada Niebla, como su hermano, Jesús Reynaldo Zambada García, están bajo custodia en Estados Unidos y quizá sean testigos en el juicio.

Tanto Calderón como el vocero del gobierno de Peña Nieto emitieron declaraciones en Twitter en las que señalan que las afirmaciones de Lichtman son “absolutamente falsas”.

Después de que la defensa propusiera su teoría conspirativa, el juez Brian M. Cogan excusó al jurado por el resto del día. Cuando ya no estaban en el juzgado, Cogan le advirtió a Lichtman que no hiciera declaraciones que no estuvieran respaldadas por evidencia o que el fallo en el caso pudiera descartar por ser inadmisibles. Cogan les ordenó a la defensa y a la fiscalía que enviaran informes escritos sobre esas afirmaciones, con lo que indicó que el principal eje de la defensa de Guzmán ahora se enfrentará al escrutinio judicial aunque el juicio ya se esté llevando a cabo.

Durante los casi dos años que Guzmán, de 59 años, ha estado en custodia en Nueva York mientras se prepara para su juicio, su equipo legal solo ha proporcionado algunas pistas sobre su estrategia de defensa y, a veces, ha insinuado en las audiencias y en los documentos judiciales que jamás desempeñó un papel tan importante en el Cártel de Sinaloa como el gobierno lo afirma.

No obstante, el discurso que Lichtman pronunció el martes ante el jurado describió un plan complejo y transfronterizo para acorralar a Guzmán, un complot que realizaron no solo los funcionarios mexicanos corruptos, sino también agentes “deshonestos” de la Administración para el Control de Drogas, según afirmó el abogado. Los testigos del gobierno declararían en los próximos días que algunos de esos agentes permitieron que Zambada traficara drogas libremente, agregó Lichtman.

La defensa expuso sus argumentos después de que Adam Fels, un fiscal federal, le dijera al jurado que la evidencia demostraría que Guzmán no solo era el líder del cártel, sino también el narcotraficante más importante del mundo. Fels comentó que, a lo largo de los años, las autoridades estadounidenses habían confiscado más de 40 toneladas de la cocaína de Guzmán. Según él, eso equivale a 328 millones de dosis individuales de la droga.

Como ya lo ha hecho el gobierno, Fels también dijo que, durante su larga carrera, Guzmán se valió de una plantilla de funcionarios corruptos y un ejército violento de sicarios para proteger su imperio multimillonario.

“Dinero, drogas, asesinatos, una vasta organización global de narcotráfico”, le dijo Fels al jurado. “De eso se trata este caso”.

El gobierno ha acusado a Guzmán no solo de haber participado en decenas de asesinatos en México, sino también de encabezar una extensa organización que traficó por lo menos 200 toneladas de cocaína en Estados Unidos con una variada flotilla de yates, aviones, botes de pesca y submarinos. Aunque lo condenaron por cargos de narcotráfico y asesinato en México en 1993, logró escapar dos veces de prisión: una vez, según algunas versiones, en un carrito de lavandería de la cárcel, y después en una motocicleta que sus colaboradores le dejaron en un túnel de un kilómetro de largo, cavado hasta la regadera de su celda.

Los fiscales federales planean exponer sus argumentos mediante un desfile de testigos dispuestos a cooperar y una montaña de evidencias, entre ellas libros contables del narcotráfico, fotos satelitales y cintas grabadas en secreto. Han prometido que la evidencia demostrará que, durante más de veinte años en el negocio, Guzmán obtuvo 14.000 millones de dólares en ganancias ilícitas.

El juicio ha acaparado la atención de los medios. Fueron tantos los periodistas —tanto de Estados Unidos como de México— que el martes asistieron para darle cobertura al proceso que el juzgado principal y una sala auxiliar se llenaron en cuestión de una hora. Decenas de reporteros tuvieron que quedarse en el pasillo sin poder presenciar el procedimiento.

Sin embargo, y a pesar de los preparativos, el juicio se postergó unas horas porque el juez Cogan anunció con un ápice de consternación que dos de los dieciocho miembros anónimos del jurado debían salir de la sala.

Uno de ellos, dijo el juez Cogan, estaba “ansioso e incómodo” sabiendo que formaría parte del jurado en el proceso contra Guzmán, quien es conocido por ser el criminal más célebre y temido del siglo XXI. Otro se había quejado de que sufriría complicaciones financieras por no poder ejercer su trabajo durante el juicio de cuatro meses. Las partes suspendieron el proceso para organizar una sesión de emergencia con el fin de seleccionar al jurado, y eligieron a dos nuevos panelistas a media tarde.

Fels dijo que el acusado era un traficante experimentado que había ascendido en la jerarquía de su cártel después de empezar cultivando amapola y marihuana en Sinaloa. Más tarde se hizo de un nombre como un eficiente traficante que trabajó con los cárteles colombianos.

No obstante, Lichtman mencionó que Guzmán era un “don nadie” que “solo estudió hasta el segundo grado” y que durante años fue culpado por los crímenes de Zambada. “Hay otra versión de esta historia”, le dijo al jurado.

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Trump fabrica otra ‘crisis’ migratoria y amenaza al sistema de asilo

Trump fabrica otra ‘crisis’ migratoria y amenaza al sistema de asilo

CreditTodd Heisler/The New York Times

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La seguridad pública, la seguridad nacional y el Estado de derecho son algunas de las frases que le encanta repetir al gobierno de Donald Trump cuando está por revelar alguna de sus políticas migratorias deliberada y vanamente crueles. Los funcionarios parecen esperar que con eso sus acciones sean protegidas de cualquier escrutinio público o jurídico.

El anuncio más reciente en ese sentido del presidente Trump, hecho el 9 de noviembre, es un nuevo ejemplo de esta táctica. Esta vez el reclamo de Trump es que lo que sucede a miles de kilómetros al sur de la frontera de México y Estados Unidos ha “precipitado una crisis” que requiere de medidas extremas.

Su política más reciente es una prohibición de noventa días a cualquier persona que intente solicitar asilo en cualquier lugar que no sea un punto oficial de cruce. Que sea posible hacerlo en otro sitio, como cerca del río Bravo después de cruzarlo y de ser detenido, “sería perjudicial para los intereses de Estados Unidos”.

Quizá te preguntes qué intereses son esos y cuál es la crisis que se ha precipitado. La frontera estadounidense no está sobrepasada por solicitantes de asilo. Sí, la cantidad de personas que piden refugio se ha duplicado en los últimos dos años, pero las detenciones por cruces fronterizos ilegales se mantienen muy por debajo de los récords históricos. Estados Unidos tiene leyes que rigen el proceso de asilo de manera clara, así como agencias bien financiadas para aplicar esas leyes. Puede que haya un problema de recursos para procesar y adjudicar todas las solicitudes, pero eso no significa que haya una crisis.

Desde el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se ha enorgullecido de ser un refugio para quienes huyen de la guerra o de la persecución. Las protecciones del asilo surgieron de ese compromiso y de ahí se establecieron varios estatutos sobre el proceso que ahora deben cumplir quienes solicitan refugio.

De acuerdo con lo dicho por Trump, la “suspensión limitada” de los procesos es necesaria por la caravana migrante que atraviesa México de camino a la frontera sur estadounidense. “Por ello debo tomar acciones inmediatas para proteger el interés nacional”, dijo Trump, “y para asegurar la efectividad del sistema de asilo para solicitantes legítimos que demuestren que han huido de la persecución y que merecen los beneficios especiales del asilo”.

El presidente no puede, con tan solo mover su pluma, ignorar a personas con reclamos creíbles para solicitar asilo si es que estos no se presentan en un punto de ingreso designado.

El recién nombrado fiscal general Matthew Whitaker también sugirió que el sistema para refugiados tiene problemas acumulados y que la pretensión del presidente sencillamente es arreglarlos: “La mayoría de las solicitudes de asilo que surgieron de este sistema no eran merecedoras de este”, aseguró. Después de los noventa días de suspensión, los secretarios de Estado y de Seguridad Nacional, así como el fiscal general, tienen que informar al presidente si creen que la prohibición debe eliminarse o mantenerse.

Si es que esta prohibición suena conocida es porque se refiere a la misma sección del código migratorio a la que recurrió Trump cuando, a principios de su gobierno, instauró un veto contra ciudadanos de países de mayoría musulmana para que no pudieran viajar a Estados Unidos. Después de una batalla legal, la Corte Suprema estableció que el presidente sí tiene autoridad según ese estatuto para emitir un veto, pero antes de eso la Casa Blanca había sufrido revés tras revés en cortes de apelaciones que la forzaron a redactar de nueva cuenta las restricciones, una y otra vez, hasta que fueran más limitadas.

Esta vez el gobierno parece decidido a limitar su vulnerabilidad jurídica: emitió una regla interina en la que argumenta por qué es necesaria la prohibición de asilados con la posibilidad de que el público pueda hacer comentarios al respecto. De acuerdo con la Ley de Inmigración y Naturalización, el gobierno sí puede establecer regulaciones que establezcan “otras limitaciones o condiciones” al asilo con tal de que estas “no sean inconsistentes con esta ley”.

Eso no quiere decir que la prohibición anunciada tenga solidez legal. Como existe en la actualidad, la ley federal para el refugio es algo ambigua: cualquier persona que esté “físicamente presente en” o que “llegue a” Estados Unidos, sin importar si lo hizo “por medio de un punto de ingreso designado” o no, tiene derecho a solicitar refugio. No es de esperar que los migrantes desesperados, muchos de los cuales quieren escapar de la violencia o de la persecución junto con sus familias, conozcan el nuevo lineamiento que estableció Trump, solamente saben que el derecho internacional está a su alcance ya que estén físicamente presentes en territorio estadounidense. El presidente no puede, con tan solo mover su pluma, ignorar a personas con reclamos creíbles para solicitar asilo si es que estos no se presentan en un punto de ingreso designado.

Trump se la pasa generando amenazas no existentes y temores fabricados para responder de manera exagerada; así socava el Estado de derecho.

Al emitir el veto y con ello entrampar a quienes no cumplen con la nueva regla, el gobierno claramente quiere negarles a las personas del llamado Triángulo Norte —Guatemala, El Salvador y Honduras— la oportunidad de que puedan argumentar su caso para intentar recibir refugio; en cambio, las coloca en una posición en la que acelera su deportación si es que lo intentan. Muchas de estas personas sí tienen razones humanitarias para huir de sus países y buscar asilo en Estados Unidos. Cerrarles una de las vías para hacerlo y redirigirlos a puntos oficiales de cruce solo resultará en más trabajo atrasado en esos cruces y desincentivará que la gente en situaciones meritorias hagan el proceso.

El Departamento de Seguridad Nacional, anticipando que habrá acciones legales en contra de la medida —la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) ya anunció que prepara una demanda—, publicó un listado de recomendaciones para blindarse. Ahí establece que lo dicho por Trump no solamente es legal sino constitucional, con base en el mismo caso ante la Corte Suprema que después dio visto bueno al veto migratorio para personas de países musulmanes.

Tal como el despliegue innecesario y excesivo de miles de tropas a la frontera, la prohibición al asilo funciona como un muro imaginario: sustituye el muro fronterizo físico que Trump no pudo conseguir ni siquiera cuando su partido controlaba el Congreso. Menos lo va a conseguir ahora que la Cámara de Representantes es controlada por los demócratas.

Quizá Trump dejó a algunos con la impresión de que una vez que pasaron las elecciones intermedias ya no puede aprovechar la caravana migrante que usó fantasiosamente para asustar a sus simpatizantes para que acudieran a las urnas. Sin embargo, tal como el veto migratorio surgió en una contienda política —en ese caso, con la que fue votado a la presidencia—, la prohibición de asilo demuestra que los impulsos nativistas de Trump guían su campaña, pero también a su gobierno en general.

Trump se la pasa generando amenazas no existentes y temores fabricados para responder de manera exagerada; así socava el Estado de derecho, con el fin de alimentar más los miedos.

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Una caravana con temporizador

No son once millones de sirios, kurdos y yazidíes huyendo de la barbarie, sino una muestra de los millones de braceros latinoamericanos atentos al desarrollo de la caravana con la mochila lista

Soldados desplegados por Trump en Hidalgo (Texas), fronteriza con México.
Soldados desplegados por Trump en Hidalgo (Texas), fronteriza con México. JOHN MOORE AFP

 

Más allá de las improbables sanciones a Guatemala, Honduras y El Salvador, declarados culpables por Donald Trump de no haber impedido la caravana migratoria, la marcha acentúa la inestabilidad en Centroamérica y puede ser la espoleta de un rifirrafe entre México y Estados Unidos si cobra fuerza con inercias descontroladas.

El presidente saliente, Peña Nieto, difícilmente puede reprimir a los emigrantes, no sólo porque muchos se acompañan de bebés y menores, sino porque la emigración es un fenómeno nacional antiguo, y será imparable mientras las economías regionales no creen empleo. El uso de la violencia para disolver la marcha castigaría a su partido, el PRI, especialmente en Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Estado de México y Puebla. Por parecidas razones, ninguno de los países de tránsito quiso frenarla a palos. Mucho menos querrá hacerlo López Obrador. Las iglesias y grupos de derechos humanos que la asisten por compromiso humanitario o para complicar la vida a Trump fueron electores de AMLO. No entenderían que un gobernante que consideran de los suyos les traicionara.

Pero México podría obtener beneficios si la caravana muta en avalancha. No faltarán quienes aconsejen entonces exigir contrapartidas económicas y migratorias a Washington a cambio de contener los desbordes. Con las salvedades propias de cada caso, el origen de los acuerdos de 1984 entre Cuba y EE UU fue el estallido del Mariel y las entradas ilegales en suelo norteamericano. El acuerdo aprobó un mínimo de 20.000 visados anuales.

No todos los integrantes de la marcha centroamericana son primerizos; muchos fueron deportados previamente y lo reintentan con familiares. Avanzan todos en la confianza de que la unión haga la fuerza y arranque concesiones oficiales y la intervención de la comunidad internacional.
Las masivas peticiones de asilo y el hipotético establecimiento de campamentos para alojar a los fugitivos del hambre probablemente obligarían a la participación de la ONU. No son 11 millones de sirios, kurdos y yazidíes huyendo de la barbarie, sino una muestra de braceros latinoamericanos presos de la desesperanza y atentos a la caravana con la mochila lista.

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El respeto a otras

El discurso neoabolicionista sobre la prostitución pretende “abolir” el comercio sexual sin escuchar la voz de las trabajadoras

Una trabajadora sexual en una calle de Sevilla.
Una trabajadora sexual en una calle de Sevilla. PACO PUENTES

El debate en torno al registro de la organización de trabajadoras sexuales Otrasvuelve a poner en el centro de la discusión política un tema que tiene dividido al movimiento feminista. Resulta complicado hablar en abstracto del comercio sexual, sin ubicarlo en el contexto concreto en que ocurren los intercambios sexomercantiles. Los argumentos de las feministas en contra de la prostitución califican todos los intercambios sexuales pagados como denigrantes para las mujeres, y sostienen que implican tanto una dañina mercantilización como una enajenación de su sexualidad. Son de la opinión de que la transacción mercantil convierte a las mujeres en objetos que los hombres controlan y usan a su antojo y que son despojadas de su dignidad.

La filósofa Martha Nussbaum cuestiona estas ideas, y plantea que hay que hacer una revisión de nuestras creencias y prácticas en relación a tomar dinero por el uso del cuerpo. Ella señala que: “Todas las personas, excepto las que son ricas de manera independiente y las desempleadas, recibimos dinero por el uso de nuestro cuerpo. Profesores, obreros, abogados, cantantes de ópera, prostitutas, médicos, legisladores, todos hacemos cosas con partes de nuestro cuerpo y recibimos a cambio un salario. Algunas personas reciben un buen salario, y otras no: algunas tienen cierto grado de control sobre sus condiciones laborales, otras muy poco control; algunas tienen muchas opciones de empleo, y otras tienen muy pocas. Y unas son socialmente estigmatizadas y otras no lo son”. Según ella, no debería preocuparnos el que una mujer con opciones laborales elija la prostitución; lo verdaderamente preocupante es que las mujeres pobres (o las sin papeles, diría yo) no tengan más opción que esa para conseguir un ingreso suficiente.

Por eso para Nussbaum el punto candente es el de las oportunidades laborales de las mujeres de escasos recursos y el control que pueden tener sobre sus condiciones de empleo. Comparto con ella su convicción de que la lucha de las feministas debería promover la expansión de las opciones laborales, a través de la educación, la capacitación en habilidades y la creación de empleos, en lugar de intentar prohibir su práctica. Es central el cómo expandir las opciones y oportunidades que tienen las trabajadoras sexuales y cómo garantizar que todas tengan derechos laborales y sean tratadas con respeto. Ese es un objetivo del sindicato Otras.

Vale la pena explorar hasta qué punto la concepción puritana sobre los servicios sexuales deriva de 
la hegemonía judeocristiana sobre la sexualidad

Gran parte del rechazo surgido en torno al comercio sexual se debe a que confunde la situación de las mujeres obligadas a tener sexo a través de engaños, amenazas y violencia, con la de mujeres que realizan trabajo sexual por la misma razón por la que todas las personas trabajamos: por razones económicas. El discurso neoabolicionista imperante, que pretende “abolir” el comercio sexual por medio de medidas punitivas sin escuchar la voz de las propias trabajadoras, mezcla discursivamente comercio sexual y trata. Indudablemente que existe una urgencia ético-política para erradicar la trata de personas, pero junto a ella también existe la imperiosa necesidad de respetar a las prostitutas que se asumen como trabajadoras.

Me sorprende la forma en que las feministas neoabolicionistas caen en una postura como la que Richard Hare, un filósofo inglés que trabajó sobre las valoraciones morales desde la racionalidad, identificó como fanática. Hare describe al fanatismo como la actitud de quienes persiguen la afirmación de los propios principios morales dejando que éstos prevalezcan sobre los intereses reales de las personas de carne y hueso, indiferentes al daño que sus creencias moralistas ocasionan. Valdría la pena que las neoabolicionistas exploraran hasta dónde esa concepción puritana sobre la venta de servicios sexuales se deriva de la creencia hegemónica judeocristiana sobre la sexualidad.

Reflexionar sobre el efecto que tendría “abolir” el comercio sexual trae a cuento la distinción que Weber estableció entre la persona que actúa en política solo desde sus convicciones o la que lo hace con la responsabilidad de analizar las consecuencias. El neoabolicionismo tiene un impacto negativo en la justicia social, en especial, en cómo estructura las opciones vitales de las personas que se dedican al trabajo sexual.

Sin duda hay muchos tipos de trabajadoras sexuales, y también hay distintas personas y organizaciones que están implicadas en el negocio del comercio sexual. Pero precisamente lo que una organización sindical pretende es fortalecer a las mujeres para que no caigan en manos de las mafias. El trabajo sexual es la ocupación mejor remunerada que consiguen muchísimas personas frente a los brutales cambios económicos que provoca la reestructuración globalizada del capitalismo, que genera precarización laboral, desempleo prolongado y salarios míseros. Más que abolir el comercio sexual, hay que cambiar el sistema socioeconómico.

Marta Lamas es feminista socialista y doctora en Antropología.

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Hasta luego y gracias por las sardinas

El aumento de temperatura está cambiando la distribución de las especies en el océano. Peces que vivían en aguas tropicales son ahora habituales en el Mediterráneo y la cornisa atlántica, mientras que especies como la sardina se desplazan hacia el norte y están al borde del colapso.

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Por Antonio Martínez Ron

Cuando los científicos que elaboran el informe anual para el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) salieron al mar el pasado mes de julio tenían la esperanza de que las sardinas se hubieran recuperado un poco. El año anterior ya habían recomendado el cese total de las capturas y el Gobierno había limitado la cuota a muchas menos toneladas. «La idea era esperar a esta segunda parte del año para ver cómo había ido la campaña y ver si seguía igual», explica Isabel Riveiro, investigadora del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo. «Pero lo que hemos visto es que la biomasa sigue igual y hemos vuelto a recomendar que se cierre».

Según los científicos, a pesar de que se han limitado las capturas, estamos en los niveles más bajos de biomasa de la serie histórica debido básicamente a que el reclutamiento, el número de individuos jóvenes que se incorporan en la pesquería, es más bajo que nunca. La gráfica de su evolución produce escalofríos; la cantidad de sardinas pega un bajón de tal calibre que ha llevado a algunos científicos a advertir de que la especie está al borde del colapso.

«Estamos en los niveles más bajos de biomasa de sardinas de la serie histórica»

 Isabel Riveiro

Investigadora del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo

«Estimamos que ahora la biomasa está por debajo de 200.000 toneladas y en el pasado estuvo alrededor de un millón», asegura Riveiro. «Y esto para todo el stock que va desde el golfo de Cádiz hasta la frontera con Francia en el golfo de Vizcaya». A pesar de las advertencias de los biólogos, los pescadores creen que la sardina no está tan mal como dicen y que está recuperando. «Sabemos que la sardina llevaba unos años en descenso preocupante, pero ahora estamos en un momento en que ya rebotó y va incrementando día a día», asegura Andrés García, representante de la Asociación de Armadores de Cerco de Galicia. «No podemos decir que esté mal, hay especie, abunda, aunque no es la de hace 20 años». Los biólogos, en cambio, advierten de quela visión de los pescadores está sesgada por el propio comportamiento de la sardina cuando su número desciende. «El problema es que cuando hay poco se quedan en la zona central, si pescas en la zona núcleo de la distribución de la especie tu sensación puede ser incluso de que hay más», explica Riveiro. «Lo que sucede es que forman bancos más densos, pero el número de bancos es mucho menor».

El cambio climatico en el oceano afecta a especies como las sardinas

Sardinas recogidas durante los trabajos de muestreo. Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo.

Una huida hacia el norte

Las advertencias del ICES se suman a las observaciones de otros científicos sobre la evolución de las pesquerías. En el año 2015, el equipo del investigador de la Universidad de Barcelona Ignasi Montero-Serra analizó 57.000 censos de peces de la pesca comercial realizados de forma independiente a lo largo de la plataforma continental europea entre los años 1965 y 2012 y descubrió que especies como las sardinas y las anchoas están huyendo hacia el mar del Norte y el Báltico, probablemente debido al calentamiento de las aguas. «Lo que vimos es que estas poblaciones de sardina y anchoa están muy condicionadas por cambios ambientales y responden muy rápido al cambio de temperatura», explica. De hecho, sus estudios indican que el reclutamiento —la supervivencia de las larvas de estas especies— se puede ver alterada por estos pequeños cambios. «Si subes o bajas del rango óptimo de supervivencia aumenta la mortalidad, lo que podría explicar en parte este avance hacia el mar del Norte».

«El cambio climático no solo aumenta la temperatura, también hace que las estaciones sean diferentes»

 Ignasi Montero-Serra

Investigador de la Universidad de Barcelona

Según Riveiro, otros factores como los cambios en las corrientes, que se llevan las larvas a zonas más interiores del mar, podrían estar detrás de esta falta de recuperación de la población de sardinas. «El cambio climático no solo aumenta la temperatura, también hace que las estaciones sean diferentes, y las especies no tienen margen para reaccionar», explica. «Ellas se adaptan a la duración del día; si pone sus huevos de enero a junio los va a poner igual, tienen fijada genéticamente su estrategia y modificarla lleva muchísimo tiempo. Pero si de pronto las estaciones no son iguales y los huevos no se retienen en la costa cuando están poniendo, puede ser la causa de que no reclute».

Trabajos de recogida y análisis de las capturas afectadas por el cambio climatico en el oceano

Trabajos de recogida y análisis de las capturas. Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo.

Iago Tomé, patrón Mayor de la Cofradía de Raxó, lleva toda la vida saliendo al mar y cree que estos cambios son evidentes. «Yo cuando empecé al mar tenía 14 años, ahora voy hacer 40 y se nota muchísimo», asegura. «Cuando yo empecé, ibas con menos redes y pescabas mucho más, gracias a los temporales de noviembre y diciembre, que ahora no entran o entran a destiempo. Y no solo afecta a la sardina, sino a todas las especies. El choco no entraba en las rías hasta febrero o marzo, ahora ya lo coges antes; la solla, un pez parecido al lenguado, antes se cogía en enero o febrero y ahora mismo ya no lo tenemos», insiste. «El agua está calentísima, el otro día teníamos el agua a 23 grados, eso es malísimo. Hay gente que no le está dando importancia y en la pesca influye muchísimo».

«Cuando yo empecé, ibas con menos redes y pescabas mucho más, gracias a los temporales, que ahora no entran»

 Iago Tomé

Patrón Mayor de la Cofradía de Raxó

Estos cambios de temperatura se registran en todos los océanos. En el Atlántico norte la temperatura media de los últimos 30 años ha subido hasta 1,3°C. En las aguas del golfo de Vizcaya la temperatura media en la columna del litoral vasco ha subido casi medio grado en los últimos 30 años entre los 0 y los 110 metros lo que, lo que según Andrés Uriarte, investigador de Azti-Tecnalia, «parece poco, pero es muy notorio». Pero la situación es aún más dramática en el Mediterráneo, donde incremento de temperatura es de en torno a 1,1°C en las aguas superficiales (0-50 m) y de 0,7°C a partir de los 80 metros en los últimos 35 años. «Aquí el declive de las sardinas es espectacular», asegura Ana Sabatés, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC). «En valores anuales hemos pasado de 15.000 toneladas en el año 2000 y a unas 7.500 en 2016 para toda Cataluña». Y su vulnerabilidad, como en el Atlántico, tiene que ver con la supervivencia de las larvas. «Es una especie que se reproduce en invierno y es verdad que estos años los inviernos son menos fríos y más cortos, lo que de alguna manera hace que la reproducción se vea afectada. Pero no es un factor único, también parece que el plancton también está cambiando».

Los visitantes del sur

Este aumento continuado de la temperatura del agua ha reconfigurado los ecosistemas marinos y ha redistribuido las poblaciones, con la entrada de especies que habitaban en aguas tropicales y ahora tienen oportunidades en zonas que antes eran más frías. En Portugal y Galicia, por ejemplo, en los últimos años entran grandes bancos de caballón o estornino (Scomber colias). «Nosotros lo que notamos es que tenemos esta especie que antes no llegaba, la caballa del sur, el caballón; llevamos 2016 y 2017 viéndola por todas partes», asegura Andrés García. «Es una especie de aguas más cálidas, que viene del sur y ahora está en la fachada atlántica», explica Riveiro. «Es posible que le haga competencia a las sardinas porque ambas comen plancton y compiten por el mismo espacio. En Portugal, por ejemplo, ya he visto en los supermercados mucha conserva de caballón, así que quizá nos tendremos que adaptar a comer de otra manera». En el Mediterráneo, mientras tanto, es la sardinela la que está cubriendo los espacios que ocupaba tradicionalmente la sardina. «Hemos visto que esta especie de aguas cálidas y que vivía en el norte de África se ha extendido más al norte de la costa catalana», apunta Sabatés. «Antes no se pescaba y ahora se está pescando. Es muy similar a la sardina, hasta el punto de que a veces la venden en los mercados como tal».

«En los supermercados hay mucha conserva de caballón, así que quizá nos tendremos que adaptar a comer de otra manera»

 Ana Sabatés

Investigadora del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC)

Los cambios en los ecosistemas son tan grandes que incluso se están introduciendo especies de otros océanos. «Estamos viendo cambios importantes, y a lo mejor unas especies van a sustituir a otras», asegura Sabatés. Las especies de peces tropicales provenientes del Mar Rojo que entran por el Canal de Suez al Mediterráneo, son ya numerosas. Unas de las invasiones mas rápidas del Mediterráneo es la del pez corneta(Fistularia commersoni) que ya ha llegado a las costas ibéricas y también hay mucho pez globo (Lagocephalus sceleratus), que puede representar un riesgo para la salud por su toxicidad. Y un estudio reciente de Fiona Tomas, investigadora de IMEDEA (CSIC-UIB), certificó que otra especie invasora procedente del Mar Rojo, los peces conejo, han devastado los bosques de algas en el Mar Mediterráneo oriental y representan una gran amenaza para toda la cuenca mediterránea.

Un producto de lujo

Los restaurantes con tradición de servir sardinas en verano también están notando las consecuencias de su escasez. «En los últimos años cada vez está habiendo menos sardina, pero este año ha sido algo peculiar, está habiendo muy poquita», asegura Carlos Albariñas desde el restaurante O Peirao, en la localidad costera de Poio, donde llevan dos generaciones sirviendo este pescado a sus clientes. «La escasez es total, no hay lo que había antes», explica. «Antes se le daba de comer a las gaviotas porque sobraba, y hoy en día es artículo de lujo». La familia de Imanol, gerente del Hogar del pescador, en Santurtzi, lleva más de 50 años y tres generaciones sirviendo sardina. «No se encuentra una sardina de tamaño grande y el precio está por las nubes», reconoce. «Hace cinco años la encontrabas a 3 euros el kilo, y ahora a 7 u 8, depende del día».

«Hoy estuve llamando al mercado, en San Agustín, y casi me costó encontrarlas», asegura Teresa, cocinera de la pequeña cafetería Élite, en A Coruña, mítica por sus sardinas en San Juan. Ese día pueden vender hasta 400 sardinas y hasta ahora las han conseguido sin problemas, aunque reconoce que cada vez son más caras. Eduardo, de «Parrilas del mar», en Getxo, asegura que sardinas hay siempre y que lo difícil de conseguir es la garrocha del Cantábrico, de un tamaño medio tirando a pequeña y que es la que le demandan sus clientes. En su opinión, los precios de todos los pescados que eran populares, como la anchoa y el chicharro, han subido de forma exponencial, mientras que otros que ya eran caros, como el besugo, no han subido tanto.

Además de haber poca sardina, a los pequeños establecimientos les toca competir con los grandes supermercados, que se quedan con todo el producto. «En el mercado vas y no hay lo que tú quieres. Y antes había para escoger, del Cantábrico o del Mediterráneo, pero las hemos esquilmado», comenta Imanol. «Los últimos tres veranos han sido muy malos, cada vez está peor», se queja. Sin embargo, a pesar de las dificultades, ni restauradores ni clientes están dispuestos a renunciar a un manjar como la sardina. «Sea como sea, a nosotros la sardina no nos va a faltar nunca», concluye Albariñas. «Somos un referente y pelearemos por tenerla siempre en la mesa».

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Ellos deben migrar en avalancha

Ellos deben migrar en avalancha

La caravana migrante, que se dirige a Estados Unidos, salió del estado de Chiapas rumbo a Oaxaca el 27 de octubre de 2018. CreditGuillermo Arias/AFP Agence France-Presse

CIUDAD DE MÉXICO — La multitudinaria caravana de migrantes centroamericanos que empezó en Honduras ya atravesó tres fronteras. Solo le queda la estadounidense. Desde que un grupo de cientos de personas salió de la ciudad hondureña de San Pedro Sula el 12 de octubre, la masa humana no ha parado de engordar a medida que avanza. Ahora son miles —4000, dicen los más conservadores; 7000, dicen los menos—, y a plena luz del día atravesaron el estado de Chiapas, uno de los tramos de México más peligrosos para los indocumentados de Centroamérica en la última década. Ahora caminan por Oaxaca.

Entre analistas, académicos, periodistas y debates públicos han circulado ideas acerca de que este impulso de salir en avalancha no es espontáneo, de que se trata de centroamericanos pobres manipulados por intereses políticos ocultos. Algunos sostienen que el origen de la caravana es Donald Trump, para demostrar a México que tiene que aceptar el acuerdo de tercer país seguro, que consiste en que si un centroamericano cruza México sin pedir asilo ya no puede hacerlo en Estados Unidos. Otros dicen que esto salió del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y su necesidad de desviar la atención de la brutal represión en su país. Otros dicen que la oposición política del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quiere desprestigiarlo. Son teorías sin pruebas.

Los que ven esta romería como una oportunidad más para explicar juegos políticos sucios pierden de vista lo que realmente simboliza el éxodo. Los nadies de Centroamérica dejan al desnudo a sus países. Sin la ayuda de sus gobiernos, miles de centroamericanos decidieron buscar una mejor vida para ellos y los suyos o, en muchos de los casos, simplemente buscar vida.

La marcha inició en San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas del mundo. Pese a haber reducido los homicidios en 2017, San Pedro todavía tiene una tasa de 51,18 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Según las Naciones Unidas, si la tasa supera los diez, hablamos de una “epidemia de homicidios”. Los hondureños no solo huyen de la violencia, sino también de la desigualdad extrema: 60 por ciento de sus habitantes viven en pobreza. Jénnifer Paola López, una hondureña de 16 años, se unió a la caravana que atraviesa México porque no tenía dinero para pagar coyotes ni la travesía. “No hay cómo vivir en Honduras. No hay dinero”, dijo. En Honduras, “no hay nada”.

Ellos deben migrar en avalancha

La hondureña Glenda Escobar, de 33 años, junto a su hijo Adonai, es una de las integrantes de la multitudinaria caravana migrante que recorre México. CreditUeslei Marcelino/Reuters

Antes que preguntarnos por posibles planes urdidos en despachos aireacondicionados, es necesario volver a hablar sobre la miseria, la violencia y la desesperación en la que está sumida la población centroamericana. El norte de Centroamérica sigue siendo uno de los pedazos más mortales del planeta. Si la tasa mundial ronda los cinco homicidios por 100.000 habitantes, la menor tasa del Triángulo Norte centroamericano es la de Guatemala: 26,1. Honduras y El Salvador siguen arriba de 40.

Quien crea que esta gente marcha porque los engañaron unos políticos maliciosos subestima su inteligencia y los años de horrores de la historia de las migraciones en nuestro siglo. Miles de los que decidieron salir lo hicieron porque entendieron que salir en avalancha es mejor.

Entre 2007 y 2010 recorrí la ruta de los migrantes en México. Decenas de veces hice base en el albergue de Arriaga, poco después de La Arrocera —llamada así por unos silos de arroz abandonados—, quizás el tramo más temido para los migrantes. Ahí entrevisté a decenas de indocumentados que presenciaron o sufrieron violaciones sexuales. Entrevisté a cientos que sufrieron robos y vejaciones: asaltantes de poca monta los desnudaban en los montes, a punta de machetes y revólveres, para revisar los pliegues de su ropa en busca de billetes y evitar que por pudor huyeran.

Las autoridades mexicanas toleraron lo que ocurría en La Arrocera por años. Parecía como si utilizaran aquellos montes como un castigo para los que pretendían burlar las casetas migratorias de las carreteras. Un coyote del occidente salvadoreño que lleva gente desde 2007 me confesó en 2016 que por el trecho que hace unos días cruzaba la caravana, muchos de su gremio —coyotes como él— entregaban condones a las mujeres antes de emprender el viaje y les recomendaban dejar que las violaran, porque si no las asesinarían. En estos días, la caravana ha cruzado a plena luz del día por Huixtla, Mapastepec, Pijijiapan, llegó a Arriaga y ahora cruzan Oaxaca.

Ellos deben migrar en avalancha

Un grupo de migrantes que conforman la caravana, ve un mapa de México después de entrar a Santiago Niltepec, en Oaxaca, el 29 de octubre de 2018. CreditSpencer Platt/Getty Images

No ha habido redadas ni asaltos ni violaciones ni lapidaciones ni machetazos ni balazos ni secuestros ni extorsiones policiales. Los que decidieron sumarse a esta caravana, al menos hasta hoy, hicieron un buen cálculo. Ahora que migran en avalancha, el México doloroso de los migrantes se aparta del camino.

La caravana no solo rompe el México de las violaciones, también el México de los cordones de seguridad. Tradicionalmente, ha sido en Chiapas y Oaxaca donde el gobierno mexicano, muchas veces con dinero estadounidense, ha establecido sus cinturones de seguridad contra los indocumentados. Desde 2014, aquí se desarrolla la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto contra los migrantes. Se llama Plan Frontera Sur, y consiste en dificultar el paso de los migrantes en ese territorio, la cintura de México. Hoy, la multitud pasa oronda por el embudo mexicano.

Sin embargo, no creo que la historia termine aquí. Ante la inminente llegada del nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador—a quien no le conviene parecer complaciente con Estados Unidos—, el gobierno de Trump tiene apenas un mes para conseguir que su aliado Peña Nieto desbarate la caravana. Especialmente porque esta marcha de los expulsados por Centroamérica, si logra su objetivo de llegar hasta la frontera con Estados Unidos, sentará un precedente muy claro: huir en masa, por los caminos que antes eran prohibidos para ellos, es la forma más segura de atravesar uno de los países más peligrosos de América Latina.

Y empezaremos a ver a más personas que decidan migrar así. Ya hay caravanas incipientes en El Salvador, Guatemala y Honduras, de donde nunca dejaron de salir migrantes, aunque en grupos más pequeños.

No es momento de que la prensa, la academia y los defensores de derechos humanos se concentren en descubrir quién movió hilos para desatar esta travesía masiva. Enfocarse ahora mismo en el supuesto complot, y no en la valiente gesta de los que quieren una vida menos miserable es un despropósito.

Esta multitud ya hizo marca en la historia de la migración centroamericana. Falta ver qué papel quiere tener México en esa historia, y las opciones no son muchas: detenerlos y deportarlos, como ha hecho por años, acogerlos o dejarlos seguir caminando, alejándose del violento lugar donde vivían.

Caso Khashoggi (II): Erdogan pone precio a la cabeza del príncipe

En 1818, el Sultán otomano Mahmud II colgó la cabeza del rey del primer estado saudí Abdullah bin Saud en la puerta de Constantinopla. Hoy, 200 años después, el aspirante a Sultán otomano, Tayyeb Erdogan está sujetando en una mano la cabeza del príncipe heredero de Arabia Saudí Mohammed Bin Salman (MBS), y con la otra mantiene una daga debajo de su cuello. Pero, ¡Tranquilos! No le matará: hoy, el autor intelectual del magnicidio de Estambul vale más vivo que muerto.

El presidente turco, ha adoptado la estrategia de Sherezade, la cuentacuentos persa de Mil y Una noche: narra, noche tras noches, sus relatos previamente recortados, para sacar ventajas a un asesino, mientras guarda algún (o varios) as debajo de la manga.

Pegatinas con la efigie de Recep Tayyip Erdogan, en una protesta contra el presidente de Turquía en la ciudad alemana de Colonia. REUTERS/Ralph Orlowski
Pegatinas con la efigie de Recep Tayyip Erdogan, en una protesta contra el presidente de Turquía en la ciudad alemana de Colonia. REUTERS/Ralph Orlowski

Erdogan y Milli İstihbarat Teşkilatı (MIT), la Organización Nacional de Inteligencia turca empezaron a filtrar los macabros detalles del asesinato del periodista islamista Jamal Khashoggi, a partir del día 4 de octubre, ignorando el dolor de la familia, con el único objetivo de sacar el máximo provecho de la situación, mientras negociaba en secreto con EEUU y Arabia saudí. Por lo que, en la noche número 999, y a pesar de haber prometido al mundo contar la verdad “en toda su desnudez” sobre el asesinato, suspendió la siguiente entrega que iba a ser la publicación de una cinta de audio de 11 minutos sobre el crimen.

Es más que probable que Ankara tuviera conocimiento sobre el trágico fin de Khashoggi desde el minuto uno, y decidiera dosificar la información, y pasar a la siguiente entrega dependiendo de la reacción oficial de Riad y de los resultados de negociaciones que están llevando a cabo con Khalid Al Faisal, el emir de la Meca designado por el Rey Salman como representante de los saudíes.

Se desconoce si dicha información procedía de algún espía turco en el consulado, de la captación de las conversaciones de uno de los asesinos por su móvil pinchado, o los micrófonos instalados dentro y fuera del consulado. A partir de allí, empieza una ingeniería informativa que otorga al Sultán Erdogan imponerse al Alteza Bin Salman: justo cuando éste se desmarcaba del crimen, publicó el video de los sicarios, entre los que se encontraba el asesor personal de MBS.

La estrategia turca de “presión y paciencia” funcionó: Los saudíes, después de dos semanas de negar cualquier conexión con la desaparición de Khashoggi e incluso culpar a la propia Turquía por su desaparición, admitieron el crimen por sus agentes, mientras ambos lados omitían la implicación de MBS, a pesar de las innegables evidencias, como la conversación interceptada de Mohammed con la inteligencia saudí en EEUU por la CIA.

Esta “coincidencia” huele a un pacto entre EEUU, Turquía y Arabia Saudí, que dejaría escaparse a Mohammed por la ventana ahora que Ankara, hábilmente, le había cerrado todas las puertas. También llaman la atención que hasta hoy Ankara no haya expulsado a los diplomáticos saudíes, ni siquiera les haya levantado la inmunidad, o que la policía turca no entrase en el consulado los primeros días, a pesar de tener plena jurisdicción sobre la sede, regalándoles a los saudíes 15 valiosos días, para elaborar coartadas. Inspeccionaron la sede diplomática después de que Erdogan llamase al rey Salman y le pidiera cortésmente la autorización.

Pues, el malabarista turco, que con este asunto está viviendo los mejores días de su mandato, 1) No quiera deteriorar sus relaciones con Arabia y los aliados de éste, por sus grandes inversiones en Turquíes (sobre todo en el sector del “ladrillo”), y 2) necesita de Riad para alcanzar un acuerdo sobre Siria y el reparto de las zonas de influencia en este país, al que agredieron juntos en 2015 utilizando a los yihadistas: Hay que negociar el reparto del  botín sobre las cenizas de aquella nación. Además, con la lira por el suelo, la economía turca necesita atraer inversiones de los países árabes de la región. De allí Erdogan alabe la “sinceridad” del rey Salman en “llegar al fondo de la muerte de Khashoggi”.

El presidente de Turquía tenía cierta amistad con Jamal Khashoggi (sobrino del traficante de armas Adnan Al Khashoggi, implicado en el escándalo Irán-Contra”, y primo de Dodi al Fayet), que era de origen turco, y con el que compartía la ideología de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita que ya gobierna en Turquía y Qatar, y cuenta con decenas de millones de simpatizantes en Egipto, Túnez, Líbano, y otros estados “sunnitas”.

Razones de una profunda brecha

Desde la toma del poder por el partido derechista-islamista de Justicia y Desarrollo, y sobre todo a partir del portazo recibido por la Unión Europa, la Turquía imperialista intenta aumentar su influencia en los territorios “musulmanes” del imperio otomano, desafiando a Arabia Saudí. De modo que las relaciones entre ambos estados han pasado por las siguientes fases:

  1. En 2003, y tras la invasión liderada por EEUU a Irak en 2003 Bush desmantela el gobierno árabe- sunnita de Irak y lo reemplaza por otro árabe- chiita e incluye una autonomía kurda en el nuevo estado, cambiando el equilibrio de la región en favor de Irán. Riad y Ankara (¡y Tel Aviv!) deciden unir sus fuerzas para contener a los iraníes.
  2. El 2011 es el año del fin de la luna de miel entre la pareja, por las “Primaveras” de Egipto y Túnez. Riad no escatima dinero para derrotar a las fuerzas de la HM (respaldadas por Barak Obama), e incluso patrocina, junto con Emiratos Árabes Unidos (EAU), un golpe un estado militar en Egipto contra el presidente Mohammed Mursi perteneciente a HM. De hecho, Erdogan ha autorizado las actividades de los disidentes “hermano-musulmanes” egipcios en el suelo de Turquía donde disponen hasta de estaciones de televisión.
  3. En 2017, las amenazas de un ataque militar de Arabia Saudí y EUA a Qatar y el embargo del pequeño país aliado de Ankara por mar, tierra y aire por dichos países, enfurece tanto a Erdogan que decide instalar una base militar en Doha, desafiado la hegemonía saudí incluso en las aguas del Golfo Pérsico.
  4. El distanciamiento entre Turquía y el gobierno de Trump es aprovechado por Riad, quien “compra” al presidente de EEUU por miles de millones de dólares.
  5. Además, Turquía se opone a las políticas saudíes en aislar a Irán y también a su renuncia a Jerusalén Oriental como la capital de Palestina.

“ No es posible que guardemos silencio sobre lo ocurrido” advirtió Erdogan a los Saud, insinuándoles que no buscasen a un “Salvador” en la Casa Blanca de Washington: él estará en la Casa Blanca (Ak Sarayı) de Ankara.

Las demandas de Erdogan a EEUU y Arabia

Lo que Turquía puede obtener de este drama es de tal magnitud que no se debe descartar que la propia MIT, a pesar de tener conocimiento previo sobre los planes de MBS, dejara que sucediera.  La decadencia de Egipto, el peso pesado del mundo árabe-musulmán, y la caída de Arabia Saudí al fondo de los infiernos, es una gran oportunidad para que Turquía se presentarse como líder mesurado y moderado del mundo islámico-sunnita. Además, con una “cinta” en su caja fuerte, puede presentar las siguientes condiciones a Washington y Riad para rescatar a la Casa Saud (que no al heredero):

  • Dejar de apoyar y armar a los kurdos de Siria. Es posible que Erdogan haya conseguido algún compromiso al respecto: díasdespues del asesinato de Khashoggi, Turquía liberó al pastor estadounidense Brunson, encarcelado en 2016, y anunció una mayor coordinacion con las fuerzas de EEUU en Siria.
  • Levantar las sanciones impuestas por EEUU a Turquía.
  • Levantar las sanciones económicas a Qatar por Arabia y EAU.
  • Celebrar el juicio de los criminales en Turquía, el lugar del crimen, para así seguir sacando provecho del cadáver del desgraciado Khashoggi. ¡Tendrá que darse prisa, antes de que todos los implicados perdieran la vida, como el teniente Meshal Saad al-Bostani, que murió en un “accidente” de tráfico dos días después de regresar a su país (¡a ver, no iba a tener este “accidente” en el consulado en Berlín!)

Entre estas demandas está ausente poner fin a la guerra que ha desgarrado a Yemen.

El viaje de la directora de la CIA, Gina Haspel a Ankara para verse con el jefe de la inteligencia turca Hakan Fidan tiene como objetivos examinar las pruebas de Turquía y también fabricar una coartada común para impedir la desestabilización de Arabia.

El culebrón turco sobre los gánsteres saudíes seguirá emitiéndose, haciendo temblar los cimientos del tambaleante Oriente Próximo.

Nazanín Armanian

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¿Venderán Felipe VI, Juan Carlos I y Pedro Sánchez sierras eléctricas a Arabia Saudí?

¿Venderán Felipe VI, Juan Carlos I y Pedro Sánchez sierras eléctricas a Arabia Saudí?

 

 

 

El grotesco, cruel y sangriento asesinato del periodista crítico saudí Yamal Khashoggi, con una sierra eléctrica de por medio despedazando y decapitando como si de una película ‘gore’ se tratase, ha tenido y está teniendo consecuencias no menos terroríficas para España y Occidente en general.

Golpe irreversible al ‘blanqueamiento’ de imagen occidental de Arabia Saudí

Para empezar, este asesinato supone un golpe severo y, seguramente, irreversible a la campaña de ‘blanqueamiento’ de imagen del terrorífico reino saudí. Un país en el que se ejecutan al año a cientos de personas por ‘delitos’ como homosexualidad, adulterio, ateísmo o disidencia (un total de 146 ejecutados en 2017 y un incontable número de detenidos y encarcelados).

A pesar de las execrables ejecuciones, Occidente se ha empeñado más que nunca en ‘blanquear’ la imagen de la familia real saudí, hasta el punto de pasearse esta por Europa o Estados Unidos como si de una respetable y democrática familia se tratara (Mohamed Bin Salman, heredero al trono saudí, visitó Estados Unidos, Reino Unido, Francia o España en el primer semestre de 2018). Pero es que, incluso, se ha llegado a integrar a Arabia Saudí en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, puesto que, si siempre generó descrédito para la ONU, en estas fechas alcanza un umbral de desazón casi insoportable tanto para la organización como para sus componentes.

El gobierno socialista queda descuartizado ante el asesinato

A nivel local, si el asesinato del colaborador del Washington Post ha supuesto un duro golpe a la campaña de blanqueamiento de imagen internacional del pavoroso estado saudí, para todos aquellos que, por propia voluntad o impuesta, han participado de la misma supone un descrédito incalculable. Pensemos en España, por ejemplo.

En nuestro país, las delirantes expresiones exculpatorias vertidas por Pedro Sánchez, Margarita Robles, Isabel Celaá o Josep Borrell con motivo de la ‘Crisis de las bombas de precisión’ (la venta de 400 bombas de precisión a Arabia Saudí en agosto de 2018) pasan de esperpénticas a absolutamente abominables.

Por ejemplo, Pedro Sánchez afirmó en relación con la referida venta: “La política es materializar unos ideales, claro que sí, pero la política también es anteponer o priorizar. Y yo prioricé mantener las relaciones económicas y comerciales con Arabia Saudí y garantizar los puestos de trabajo a la Bahía de Cádiz y a la empresa Navantia”.

Margarita Robles llegó mucho más lejos que el presidente del Gobierno, pues aseveró que “Arabia Saudí es un país serio” y que las relaciones con los saudíes “han sido siempre fuertes y sólidas”.

Más extravagantes fueron las argumentaciones de Isabel Celaá o Josep Borrell, que optaron por afirmar que al ser las 400 bombas vendidas a los saudíes de precisión ello terminaría con las muertes de civiles en Yemen, país bombardeado desde 2015 por los saudíes (más de 6.000 muertos y más de 10.000 heridos; de todos ellos, más de 5.000 niños).  Isabel Celaá afirmó que las bombas vendidas eran “de alta precisión y no se van a equivocar matando a yemeníes” y Josep Borrell aseveró que las bombas eran “de precisión, sin efectos colaterales”.

Y Felipe VI o Juan Carlos I, decapitados por el escándalo

Si los líderes socialistas, que tanto se esforzaron por justificar la venta de armas a Arabia Saudí, quedan despedazados ante tan cruel matanza, los reyes de España, Felipe VI y Juan Carlos I, quedan políticamente decapitados. En un momento en el que la aversión hacia la monarquía parece extenderse sin posibilidad de ser retenida o reconducida (recordemos los episodios vividos por la Felipe VI en Mallorca, cuando se negó a ayudar con una escoba a un joven tras las inundaciones, o en los Premios Princesa de Asturias, celebrados en Oviedo, donde fueron abucheados), la escabechina deja a ambos reyes en una pésima posición.

Porque si conocidas resultan las múltiples denuncias de comisiones en venta de armasobras o petróleo, las cuales no fueron investigadas jamás por dos motivos —1) Por la más que injustificable inviolabilidadjurídica de los reyes en España; y 2) La incomprensible oposición de los partidos monárquicos PP-PSOE-Cs—, pocos desconocen a estas alturas que nuestra familia real guarda una relación especial con la saudí. De hecho, Felipe VI ha visitado Arabia Saudí en al menos dos ocasiones y ha recibido la visita del heredero saudí en otra ocasión. Demasiadas para un país denunciado por crímenes de guerra y genocidio en Yemen.

El eje monárquico PP-PSOE-Cs salpicado por la sangre de Yamal Khosshagi

Efectivamente, si el gobierno socialista y la monarquía quedan seriamente amputados ante la decapitación del periodista crítico saudí, los tres partidos monárquicos (PP-PSOE-Cs) quedan, al menos, salpicados por tan horrible homicidio. Entre otras cuestiones, porque estos tres partidos, especialmente el bipartidismo (PP-PSOE), han sido reiteradamente los protectores de la monarquía y los obstáculos que han impedido que la misma sea fiscalizada e investigada. Recordemos las recientes revelaciones de una conversación en la que Corinna, amiga íntima del rey Juan Carlos para unos —y amante/comisionista para otros— afirmaba que el monarca cobraba comisiones y cometía malas prácticas cuando no actividades delictivas.

La doble moral de Occidente en entredicho

Si la campaña de ‘blanqueamiento’ y los ‘blanqueadores’ de imagen salen especialmente mal parados del atroz y salvaje crimen perpetrado en la embajada saudí en Turquía el pasado 2 de octubre, la doble moral de Occidente no queda indemne de lo acontecido. Escuchar ahora voces de Alemania, Francia o Reino Unido criticando a Arabia Saudí, incluso la primera de ellas suspendiendo la venta de armas y solicitando a los demás países que sigan su camino, deja un sabor enormemente amargo a los devotos de los derechos humanos, al menos si recordamos las continuas violaciones en esta materia o los vínculos saudíes con el terrorismo y el Estado Islámico.

¿Vale acaso más la vida de un periodista del Washington Post, uno de los nuestros al fin y al cabo, que más de 17.000 yemeníes?  ¿Vale acaso más la vida de un periodista del Washington Post, uno de los nuestros al fin y al cabo, que la creación y el sostenimiento del Estado Islámico y el fomento de las ideas más radicales en el mundo musulmán que terminan en atentados tanto en Occidente como fuera de él?

Porque, llegados a este punto, cabe preguntarse ¿por qué no se censuró al país saudita y se suspendió la venta de armas mucho antes? ¿por qué Occidente estuvo lucrándose con el genocidio y los crímenes de guerra en Yemen aumentando la venta de armas a los sauditas? (los países que más armas vendieron a Arabia Saudí mientras acontecía el mencionado conflicto armado fueron, por este orden, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España y Alemania).

España, ni siquiera hipócrita

Pero si la doble e hipócrita moral occidental queda seriamente cuestionada tras la sierra eléctrica que descuartizó a Yamal Khasshogi, el silencio español y la negativa de PP-PSOE-Cs a suspender la venta de armas a los saudíes, resulta tan hiriente y espeluznante como el estruendo de la sierra eléctrica decapitando al periodista crítico saudí.

España ya priorizó la venta de armas a los derechos humanos y los genocidios comportándose exactamente igual que las empresas alemanas ante el Holocausto nazi, pero ahora va más allá al mantener, contra la opinión pública mundial, una venta de armas ya del todo punto insostenible, injustificable e inmoral.

¿Acaso pretenden Felipe VI, Juan Carlos I y Pedro Sánchez vender también las sierras eléctricas a los sauditas?

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.

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Caetano Veloso: se avecinan tiempos oscuros para mi país

Caetano Veloso: se avecinan tiempos oscuros para mi país

Jair Bolsonaro, candidato a la presidencia de Brasil, durante un evento militar en São Paulo en mayo de 2018CreditNelson Almeida/Agence France-Presse — Getty Images

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RÍO DE JANEIRO — “Brasil no es para principiantes”, decía Tom Jobim, compositor de “La garota de Ipanema” y uno de los músicos más importantes de Brasil, a quien podemos agradecerle el hecho de que los amantes de la música en todas partes deban pensarlo dos veces antes de clasificar el pop brasileño como “música del mundo”.

Cuando le dije la frase del maestro a un amigo estadounidense, él replicó: “Ningún país lo es”. Mi amigo tenía algo de razón. En cierta forma, Brasil quizá no sea tan especial.

Ahora mismo, mi país está demostrando ser una nación como muchas. Al igual que otros Estados del mundo, Brasil se está enfrentando a una amenaza de la extrema derecha: una tormenta de conservadurismo populista. Nuestro nuevo fenómeno político, Jair Bolsonaro, el candidato favorito para ganar la elección presidencial del domingo, es un capitán retirado del Ejército brasileño que admira a Donald Trump, pero que en realidad se parece más a Rodrigo Duterte, el líder autócrata de Filipinas. Bolsonaro apoya la venta irrestricta de armas de fuego, propone que haya una presunción de defensa propia si un policía mata a un “sospechoso” y declara que un hijo muerto es preferible a uno homosexual.

Si Bolsonaro gana la elección, los brasileños pueden esperar una oleada de terror y odio. De hecho, ya se ha derramado sangre. El 7 de octubre, uno de los simpatizantes de Bolsonaro apuñaló a mi amigo Moa do Katendê, músico y maestro de capoeira, en el estado de Bahía por un desacuerdo político. Su muerte dejó a los habitantes de la ciudad de Salvador con dolor e indignación.

Recientemente, he estado pensando en la década de los ochenta. Grababa discos y daba conciertos con entradas agotadas, pero sabía lo que tenía que cambiar en mi país. En esos años, los brasileños luchábamos por tener elecciones libres después de más de veinte años de dictadura militar. Si entonces me hubieran dicho que algún día elegiríamos como presidentes a personas como Fernando Henrique Cardoso y después a Luiz Inácio Lula da Silva, me habría parecido un sueño inalcanzable. Pero luego sucedió: las elecciones de Cardoso en 1994 y de Lula da Silva en 2002 tuvieron una enorme carga simbólica. Demostraron que éramos una democracia y contribuyeron a cambiar nuestra sociedad al ayudar a millones de personas a salir de la pobreza. La ciudadanía brasileña adquirió un mayor respeto por sí misma.

Caetano Veloso: se avecinan tiempos oscuros para mi país

Un cartel con el rostro de Jair Bolsonaro, candidato puntero a la presidencia en Brasil, en São Paulo, en octubre de 2018 CreditFernando Bizerra/EPA, vía Shutterstock

Sin embargo, a pesar del progreso y la aparente madurez del país, Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo, está lejos de tener una democracia sólida. Hay fuerzas oscuras, tanto en el interior como en el exterior, que nos están haciendo retroceder y hundirnos.

La vida política del país ha estado en decadencia desde hace tiempo: primero, una recesión económica; después, una serie de manifestaciones en 2013; más tarde, la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff en 2016 y, finalmente, un escándalo de corrupción enorme que llevó a muchos políticos, incluyendo a Lula da Silva, a prisión. Los partidos de Cardoso y Lula quedaron gravemente afectados y la extrema derecha vio una oportunidad.

Muchos artistas, músicos, cineastas y pensadores se encontraron en un ambiente de ideólogos reaccionarios que —a través de libros, sitios web y artículos periodísticos— han desacreditado los esfuerzos para superar la desigualdad al equiparar las políticas socialmente progresistas con una pesadilla parecida a Venezuela. También han propagado el miedo de que los derechos de las minorías van a socavar los principios religiosos y morales, o simplemente han adoctrinado a las personas a la brutalidad a través del uso sistemático del lenguaje despectivo. El ascenso de Bolsonaro como una figura mítica cumple con las expectativas que ese tipo de ataque intelectual creó. No es un intercambio de argumentos: aquellos que no creen en la democracia actúan de manera insidiosa.

Los principales medios noticiosos han optado por mitigar estos peligros, lo que ha resultado favorable para Bolsonaro, porque las elecciones se han descrito como un enfrentamiento entre dos extremos: por un lado, el Partido de los Trabajadores que podría guiarnos a un régimen comunista autoritario y, por el otro, Bolsonaro, quien combatirá la corrupción y hará que la economía sea amigable con los mercados. Muchos miembros de los medios más establecidos ignoran de manera deliberada que Lula respetó las normas democráticas mientras que Bolsonaro ha defendido en repetidas ocasiones la dictadura militar de las décadas de los sesenta y setenta. De hecho, en agosto de 2016, durante el juicio político a Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto para destituirla a Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien dirigió un centro de tortura en los setenta.

Caetano Veloso: se avecinan tiempos oscuros para mi país

Caetano Veloso en 1993 CreditLaif/Redux
Como figura pública en Brasil, es mi deber tratar de esclarecer los hechos. Ahora ya soy viejo, pero en los años sesenta y setenta era joven, y recuerdo todo. Así que debo hablar.

A finales de la década de 1960, la junta militar arrestó y encarceló a muchos artistas e intelectuales por sus ideas políticas. Yo fui uno de ellos, igual que mi amigo y colega Gilberto Gil.

Gilberto y yo pasamos una semana cada uno en una celda sucia. Después, sin explicación alguna, nos trasladaron a otra prisión militar, donde pasamos dos meses. Luego estuvimos en arresto domiciliario durante cuatro meses hasta que, finalmente, nos exiliamos, y así permanecimos dos años y medio. Había otros estudiantes, escritores y periodistas encarcelados en las mismas celdas que nosotros, pero ninguno fue torturado. Sin embargo, por las noches escuchábamos gritos. Tal vez eran presos políticos sospechosos de tener vínculos con grupos de la resistencia armada, según el Ejército, o quizá eran simples jóvenes pobres a quienes habían atrapado robando o vendiendo droga. No he podido olvidar esos sonidos.

Algunos dicen que las declaraciones más despiadadas de Bolsonaro son solo una pose. Es cierto que suena muy parecido a muchos brasileños comunes y corrientes, y está manifestando abiertamente la brutalidad superficial que muchos hombres piensan que deben ocultar. Pero el número de mujeres que votan por él, en todas las encuestas, es mucho menor al de los hombres. Para gobernar a Brasil, Bolsonaro tendrá que enfrentarse al Congreso y a la Corte Suprema, así como al hecho de que las encuestas muestran que una mayoría más amplia que nunca de brasileños opina que la democracia es el mejor sistema político.

Usé la frase de Jobim —“Brasil no es para principiantes”— para darle un toque de humor a mi perspectiva de nuestros tiempos difíciles. El gran compositor lo decía con ironía, pero expresó una verdad y destacó las peculiaridades de nuestro país: una nación gigantesca en el hemisferio sur, con una mezcla racial intensa y la única del continente americano donde se habla portugués como idioma oficial. Amo Brasil y creo que puede aportarle nuevos colores a la civilización; creo que la mayoría de los brasileños lo aman también.

Muchas personas han dicho que planean irse a vivir al extranjero si gana el militar retirado. Yo nunca he querido vivir en otro país que no sea Brasil, y ahora tampoco quiero hacerlo. Ya me obligaron a vivir en el exilio una vez. No volverá a pasar. Quiero que mi música, mi presencia, sean una resistencia permanente ante cualquier rasgo antidemocrático que pueda surgir del probable gobierno de Bolsonaro.

¿Qué puede pasar si EE. UU. abandona el tratado nuclear con Rusia?

¿Qué puede pasar si EE. UU. abandona el tratado nuclear con Rusia?

Vladimir Putin, segundo de derecha a izquierda, en una reunión con John Bolton (de bigote y lentes, a la izquierda), asesor de seguridad nacional estadounidense, en el Kremlin CreditMaxim Shipenkov/Agence France-Presse — Getty Images

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MOSCÚ — El asesor de seguridad nacional estadounidense John Bolton viajó esta semana a Rusia para explicar la reciente decisión del gobierno de Donald Trump de salirse de un acuerdo sobre armas nucleares de 1987.

Trump y sus asesores de línea dura, particularmente Bolton, han criticado desde hace tiempo el Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF), porque dicen que Rusia lo ha violado y que China no es signatario.

Trump dijo hace poco que Estados Unidos se saldrá “a menos de que Rusia se acerque y China se acerque y nos digan: ‘Pongámonos listos y que nadie desarrolle estas armas’”.

En respuesta, desde el Kremlin se ha sugerido que podría empezar de nuevo una carrera armamentista porque Rusia se vería forzada a desarrollar nuevos armamentos “para restaurar el balance”.

¿Es realmente tan importante este tratado como para que ponerle fin desate un nuevo auge de proliferación de armas a nivel mundial?

¿Qué es el tratado INF?

El tratado resolvió una crisis en los años ochenta cuando la Unión Soviética desplegó un misil SS-20 en Europa, capaz de almacenar tres ojivas nucleares. Estados Unidos respondió con el movimiento de misiles de crucero y Pershing II.

Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov, los líderes estadounidense y soviético en ese momento, pactaron prohibir armas de alcance intermedio como esas porque se temía que pudieran desatar una guerra nuclear con mucha facilidad debido al rango de tiempo de vuelo, en algunos casos de tan solo diez minutos.

¿Qué puede pasar si EE. UU. abandona el tratado nuclear con Rusia?

Los presidentes Mikhail Gorbachev y Ronald Reagan durante la firma del tratado INF en 1987CreditSovfoto/UIG, vía Getty Images

Es decir, el comando soviético podría ser eliminado del mapa antes de siquiera ordenar un ataque en represalia. Eso llevó a Moscú a desarrollar un disparador automático basado en niveles de radiación y sísmicos, sin que hubiera una orden explícita. (En 2014, como parte del papel ruso en el conflicto de separatismo ucraniano, un periódico sugirió que ese sistema de temprana inteligencia artificial para ordenar una guerra nuclear seguía en operación).

El tratado entonces prohibió el uso de misiles balísticos —de trayectoria de ascenso y descenso determinada solamente por inercia— o de crucero —con propulsión para un vuelo sostenido—, nucleares o no, con alcances de entre 500 y 5.500 kilómetros. Sin embargo, no incluye misiles de crucero lanzados desde el aire o el mar como el tomahawk estadounidense o el kalibr ruso, que usualmente alcanzan distancias similares.

¿Rusia ha violado el acuerdo?

Parece que sí. El gobierno de Barack Obama acusó a Moscú de haber violado el tratado en 2014 cuando aumentaron las tensiones por la situación en Ucrania. Los funcionarios estadounidenses denuncian que Rusia ha desplegado misiles de tierra prohibidos llamados SSC-8, que podrían alcanzar otras naciones europeas.

Eso, a decir de los funcionarios, viola el tratado INF porque implica el movimiento de armas nucleares tácticas diseñadas para intimidar a Europa y los anteriormente Estados soviéticos alineados con Occidente.

Pero el gobierno de Trump parece estar más preocupado por Asia, pues el pacto de los años ochenta previene que Estados Unidos ponga misiles de alcance corto y mediano en tierra en un rango que les permite intimidar a China en momentos en que esta ha aumentado su esfera de influencia.

Pekín, aunque no es parte del tratado, criticó la decisión de retirarse después del anuncio hecho el 19 de octubre.

“Si yo fuera chino”, respondió Bolton sobre la exhortación para mantener vigente el acuerdo, “diría lo mismo”.

¿Cuál fue la reacción en Moscú?

¿Qué puede pasar si EE. UU. abandona el tratado nuclear con Rusia?

Putin, acompañado del canciller ruso Serguéi Lavrov CreditSergei Karpukhin/Reuters

En pocas palabras, con advertencias de una guerra armamentista y un posible apocalipsis.

Cuando le preguntaron al presidente Vladimir Putin sobre la posibilidad de que Estados Unidos se retirara a principios de octubre, dijo que los rusos están preparados para lanzar ataques en represalia.

“Los agresores deben saber: la venganza es inevitable y serán destruidos”, dijo el presidente ruso Vladimir Putin hace poco sobre el peligro de que haya una guerra nuclear. “De ser víctimas de alguna agresión, iremos directo al cielo como mártires mientras ellos aún se ahogan”.

Otros funcionarios han sido más mesurados.

“Cualquier acción en este campo desatará una reacción”, dijo el canciller ruso Serguéi Lavrov antes de la reunión con Bolton de este martes 23 de octubre.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, también negó que Rusia hubiera violado el tratado, sino que los estadounidenses son quienes socavaron el acuerdo porque, a decir de Moscú, los sistemas estadounidenses para derribar misiles en Europa tienen capacidad para disparar armas ofensivas.

¿Qué opina el resto de Europa?

¿Qué puede pasar si EE. UU. abandona el tratado nuclear con Rusia?

Heiko Maas, el canciller alemán, ha destacado la importancia del tratado INF.CreditGent Shkullaku/Agence France-Presse — Getty Images

Aunque los nuevos misiles de alcance medio de Rusia amenazarían a Europa, los líderes europeos son los que más han protestado contra la salida estadounidense del tratado.

El canciller alemán, Heiko Maas, dijo en un comunicado que el acuerdo “es un pilar importante de la arquitectura de seguridad europea” y la portavoz para política exterior y de seguridad de la Unión Europea, Maja Kocijancic, indicó que “Estados Unidos y la Federación de Rusia necesitan mantener un diálogo constructivo para que siga el tratado INF” porque “el mundo no necesita una nueva carrera armamentista”.

Sin embargo, Rusia ya se alista para probar un misil hipersónico que no forma parte de ningún tratado de no proliferación actual; China prevé tener listos para despliegues misiles de alcance intermedio, y Estados Unidos ha respondido a ello con modificaciones a sus cruceros de misil para que puedan alcanzar territorio asiático. Para varios expertos, el mundo ya está de nuevo en carreras armamentistas como las que marcaron la Guerra Fría.

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