Primero Escocia, luego Cataluña… ¿y ahora? Milán y Venecia

En Milán, un cartel sobre el próximo referendo en el que Lombardía y Veneto decidirán el 22 de octubre si quieren que sus gobernantes busquen aumentar su autonomía. CreditLuca Bruno/Associated Press

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MILÁN – Cataluña se ha visto azorada por debates y roces sobre el impulso independentista de España, pero una mañana reciente en Lombardía, que votará el domingo sobre si exigir o no mayor autonomía a Italia, el ánimo era pronunciadamente más relajado.

Hombres y mujeres que lucían como si acabaran de salir del aparador de una tienda de moda examinaban artículos elegantes. Los turistas se tomaban selfis frente a la fachada ricamente esculpida del Duomo, la catedral de Milán, ciudad capital de Lombardía. Los miembros de la muy bien vestida clase empresarial engullían paninis en los incontables locales gastronómicos que han surgido en el centro de la ciudad.

Si no fuera por la ocasional puerta de taxi que muestra el recordatorio para que los ciudadanos voten, o por los escasos anuncios espectaculares esparcidos por aquí y por allá, un visitante casual podría no enterarse de que está a punto de celebrarse un referendo.

La consulta de una sola pregunta que se postulará a los votantes de esta próspera región del norte de Italia es si quieren que sus representantes negocien con el gobierno central de Roma “condiciones particulares de autonomía” y medidas para obtener una mayor reinversión a partir de sus impuestos. Véneto, la región al noreste que incluye a Venecia, celebrará una votación similar el mismo domingo.

En contraste con Cataluña —donde decenas de miles de personas salieron a las calles a favor y en contra del referéndum del 1 de octubre y en algunos casos hubo roces violentos con la policía—, en Italia el estado de ánimo es mucho más calmado.

Hay menos en juego: los resultados del referéndum no serán vinculantes. Sin embargo, los gobiernos regionales están contando con que haya una participación sólida para fortalecerlos en sus intercambios con Roma.

“Cuanta más gente vote, mayor poder de negociación tendré”, dijo Roberto Maroni, el presidente de la región, cuyo partido, la Liga del Norte, alguna vez adoptó un lema separatista. Ahora se refiere a eso como una “fase revolucionaria” que no funcionó.

A solo unos días de la votación catalana, el referéndum de Lombardía y el de Véneto son una señal más de los conflictos locales que persistenen muchos de los Estados miembro de la Unión Europea. También hay movimientos separatistas fraguándose en el Reino Unido —donde los votantes de Escocia rechazaron la independencia en un referéndum celebrado en 2014, pero siguen discutiendo el asunto—, así como en Francia, Alemania, Bélgica y Rumania.

 
The Lombardy regional government, led by Roberto Maroni, is counting on a robust showing at the polls to strengthen its hand in bartering with Rome. CreditLuca Bruno/Associated Press

Aunque la votación no ha provocado muchas reacciones aquí en Milán, los partidos políticos ven una oportunidad de cara a las elecciones nacionales, que se espera sean a principios del próximo año.

El Partido Democrático que actualmente gobierna en Italia, el cual constituye la oposición en Lombardía, no respalda de manera abierta a ninguno de los dos bandos del referéndum. Sin embargo, muchos de los alcaldes regionales del partido han formado un comité a favor de la iniciativa, en una jugada que muchos consideran políticamente calculada puesto que se espera que el “sí” gane por un amplio margen.

El gobierno de Maroni ha identificado veintitrés sectores que quiere controlar, incluyendo los relacionados con la seguridad y la inmigración, la educación, la investigación científica y la protección ambiental. El gobierno regional calcula que envía 54.000 millones de euros más en impuestos a Roma de lo que obtiene de regreso, una ecuación que espera modificar.

“En una era de globalización, en la que las industrias de Lombardía compiten contra China e India, tenemos que reinvertir nuestros recursos en nuestro territorio”, dijo el secretario regional de la Liga del Norte, Paolo Grimoldi. “Es sentido común económico”.

“Al igual que los catalanes, hemos decidido darle voz al pueblo. La diferencia es que lo que nosotros preguntamos está permitido por la Constitución de Italia”.

ROBERTO MARONI, LÍDER REGIONAL DE LOMBARDÍA

Aunque el control de esos sectores le daría a Lombardía recursos y autonomía sustanciales, Maroni ha tenido el cuidado de aclarar que el voto no minaría la unidad italiana.

“Al igual que los catalanes, hemos decidido darle voz al pueblo”, dijo. “La diferencia es que lo que nosotros preguntamos está permitido por la Constitución de Italia”.

El movimiento catalán ha tenido eco en varios lugares de Italia. Un grupo de Véneto, Plebiscito.eu, emitió una declaración en la que comparó su efecto con “la caída del muro de Berlín para Europa Oriental”. El Movimiento por la Liberación de Tirol del Sur dio detalles momento a momento de las votaciones del 1 de octubre. Además, las páginas en redes sociales de algunos grupos de Sicilia y Véneto respaldaron el voto catalán.

“En Italia ha habido un resurgimiento de las energías separatistas”, dijo Antonio Rapisarda, quien ha dado seguimiento a los movimientos secesionistas para el periódico Il Tempo. “Desde Bolzano hasta Sicilia, pasando por Roma, hay ideas separatistas por toda Italia arraigadas en algunas de las personas que viven ahí”.

Italia apenas fue formalmente unificada hace 156 años y “continúa siendo una nación compleja”, añadió Rapisarda.

Algunos observadores ven posible que el efecto del referéndum en Lombardía y Véneto sea inesperado. Roberto D’Alimonte, profesor de ciencias políticas en la Universidad Luiss Guido Carli en Roma, dijo que la votación podría limitar las ambiciones que tiene la Liga del Norte de dejar de ser una fuerza motriz regional y transformarse en un partido nacional, en sintonía con la agenda de su atrevido y joven líder, Matteo Salvini.

“‘Queremos quedarnos con más dinero en el norte’ no es un mensaje nacional para el resto de Italia. Los sureños no van a responder bien a esto”, concluyó.

También hay dudas sobre el costo de la votación del domingo, que ronda los 40 millones de euros.

La región de Emilia-Romaña, gobernada por el Partido Democrático, ya entabló hace poco conversaciones autonómicas con el gobierno en Roma, sin que hubiera una consulta o referendo de por medio.

En una entrevista telefónica, el presidente regional Stefano Bonaccini dijo que respalda que haya votaciones como la del domingo.

“Un referendo realizado a pocos meses de elecciones nacionales que les pregunta a los votantes si quieren más autonomía es como preguntarles si quieren a sus madres: es un pedido legítimo y justo”, dijo. Pero también recalcó que, en el caso de Lombardía y Véneto, parecen ser intentos de apuntalar a la Liga del Norte.

“Después de la votación”, dijo, “todavía deberán ir a Roma a pedirle al gobierno que apruebe medidas autonómicas. El proceso no deja de ser complicado”.

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A la sangre

Por fortuna el himno español no tiene letra. Nada hay más elegante que permanecer con la boca cerrada ante versos que llaman a degollar al enemigo

Vecinos de Castellón despiden con gritos de ánimo a guardia civiles destinados a Cataluña para reforzar el dispositivo policial ante el referéndum del 1 de octubre.
Vecinos de Castellón despiden con gritos de ánimo a guardia civiles destinados a Cataluña para reforzar el dispositivo policial ante el referéndum del 1 de octubre. DOMENECH CASTELLÓ EFE

 

Todos los himnos nacionales están cargados con la pólvora de unas letras fatuas, violentas e incluso sanguinarias. Cuando suenan en los estadios al iniciarse un encuentro deportivo internacional los jugadores de cada equipo abrazados por los hombros en la cancha las entonan, unos con ardor, otros con desgana, y entre ellos siempre hay uno que oficia de gran patriota, al que solo le falta aporrearse el pecho como un gorila en celo mirando hacia lo alto. En LaMarsellesa se pide que la sangre impura inunde nuestros surcos; los germanos gritan: “Alemania sobre todo el mundo”; los británicos exclaman: “Oh, señor, nuestro Dios, levántate y dispersa a los enemigos”; “Listos para morir, Italia llama a sus hijos”, cantan los italianos; los norteamericanos con la mano en el corazón invocan la tenebrosa lucha, el rojo fulgor de los cohetes, las bombas estallando en el aire; y en Els segadors, para no ser menos, se anima a defender a la patria catalana con golpes de hoz. Por fortuna el himno español no tiene letra. Nada hay más elegante que permanecer con la boca cerrada ante esta clase de versos crueles elaborados por poetas mediocres, que llaman a degollar al enemigo. Mas cuando ya parecía que ese himno, hasta ahora en poder de la derecha, empezaba a ser emocionalmente aceptado por la izquierda a través de los éxitos deportivos, la reacción contra el independentismo catalán lo ha puesto de nuevo al servicio de un españolismo en algunos casos rancio y muy burdo, servido por una testosterona de muy baja calidad. Ahora la letra del himno español la constituyen, por un lado los infames abucheos de los independentistas en los estadios y por otro los mazazos de Manolo el del bomboy los gritos de ¡a por ellos!, bajo el amparo del toro de Osborne, una marca de coñac, estampado en la bandera nacional. Los dioses ciegan a los que quieren destruir.

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Menos lobos

Resultado de imagen para junqueras y puigdemont

No arderá Troya, aunque esta tarde miles y miles de separatistas sulfurados desfilen por el centro de Barcelona en una llamativa riada humana. El 155 es lógico, necesario y democrático –no existe democracia sin ley- y la inmensa mayoría de los españoles llevaban mes y medio clamando por él, se sentían indefensos y humillados. También Cataluña lo necesitaba con urgencia, porque su economía se estaba yendo al garete ante la incertidumbre provocada por el golpe.

Vamos con una batallita de abuelo Cebolleta, que sevillanos y vigueses recordarán perfectamente. En el verano de 1995, la Liga de fútbol obligó a los clubes a aportar unos avales, so pena de descender de categoría a los que no consignasen el dinero. Sevilla y Celta, ambos en Primera, se lo tomaron con displicencia y no cumplieron en plazo. El 1 de agosto, en plena modorra estival, la Liga actuó drásticamente y decretó el “descenso administrativo” a Segunda B de las dos escuadras. ¡Ay la que se armó! En Vigo, esa misma noche unos 40.000 manifestantes salieron a la Plaza de América para expresar su indignación. En Sevilla se repitió el fenómeno el 2 de agosto, con una riada de aficionados marchando en señal de protesta desde el Pizjuán a la Plaza Nueva. “Queremos pintar algo”, rezaba alguna pancarta, con el gracejo propio de la tierra. “¡Esto no es democracia ni na!”, clamaban algunos manifestantes. El quejío sevillano se repitió el 7 de agosto, con 35.000 hinchas de nuevo en las calles. La Liga acabó cediendo ante la indignación popular y organizó un campeonato de 22 equipos para salir del brete.

Pues bien, ninguna de las acciones de la justicia y el Gobierno español contra el golpe separatista han levantado en Barcelona una reacción de carácter espontáneo tan automática y concurrida como la que se produjo en Sevilla y Vigo por sus cuitas futboleras. El pasado jueves, una manifestación contra la detención de los Jordis no llegó a doscientas personas. Es cierto que los separatistas están bien organizados y cuando se lo proponen logran movilizar a multitudes, como sucederá esta tarde, con una marcha que sin duda será espectacular. Pero es siempre tras un enorme esfuerzo logístico, con TV3 convocando con toda su trompetería, con el aparato de la Generalitat agitando la calle, con las asociaciones separatistas movilizando hasta al último militante del último pueblo. La pulsión espontánea dista de ser multitudinaria. Esto no es la plaza Maidán de Kiev. Si en Cataluña existiese el clamor separatista que nos venden los sediciosos, la tarde en que se esperaba que Puigdemont proclamase su República una inmensa multitud se habría agrupado expectante frente al Parlament. Pues bien, había unas 15.000 personas, sobre una población de 1,6 millones de barceloneses. En España no nos gustan las matemáticas, somos más de cañas y tapas. La mítica CUP obtuvo en las últimas autonómicas 337.000 votos. ¿Muchos? Residuales sobre una población de 7,5 millones de catalanes.

Se aplicará el 155 y no será el fin del mundo. Al final, pasados los aspavientos de hoy, no pasará nada, del mismo modo que nada ocurrió cuando Aznar y Garzón liquidaron todo el brazo civil de ETA, insólitamente tolerado hasta entonces. En la jornada de hoy, poniendo toda la carne en el asador, el separatismo sacará a otra marea humana a la calle, con Puigdemont en cabeza para, protestar por el 155 Las fotos darán la vuelta al mundo, como la dieron las de las multitudes en Bilbao y San Sebastián tras la liquidación de Batasua, pero vendrán más días. El lunes toca volver al trabajo. La vida sigue y este lobo ladra mucho y muerde menos. Van a perder. Los ha liquidado ya Adam Smith, el libre mercado: cada hora se están fugando de Cataluña nueve empresas. Un exitazo la ensoñación de Junqueras, el mayor enemigo público de Cataluña, pues nadie le hace más daño.

Luis Ventoso
http://www.abc.es/opinion

CONDUCIR NO SIGNIFICA CONDUCIRSE

A PARTIR DE junio del año que viene, las mujeres, en Arabia Saudí, podrán conducir. ¿Por qué a partir de junio de 2018 y no del miércoles próximo?, se preguntarán ustedes con razón. Para hacerse esperar. De este modo, se alimenta la idea de que la decisión resulta complicada. Una cosa es el decreto del bondadoso rey y otra su desarrollo. Podrán conducir, vale, ¿pero les será permitido ver por dónde van? La de la foto actúa un poco a ciegas, con la visión periférica más bien limitada. ¿Se habilitará, en fin, un vestuario especial para facilitar la visibilidad de las conductoras o seguirán expuestas a que el velo, en un movimiento involuntario, acabe por cegarlas del todo? ¿Podrán poner el aire acondicionado si hace calor y la calefacción si frío? Todas estas preguntas, desatinadas a primera vista, resultan pertinentes colocadas en el contexto saudí.

FILE PHOTO
 AMENA BAKR (REUTERS)
 
Otro asunto: ¿a nombre de quién estará el coche, quién figurará en el contrato del seguro? Ellas no, desde luego, puesto que no disponen de cuentas corrientes. Lo más probable, además, y dadas las limitaciones que se les imponen para viajar, es que no puedan ir solas dentro del coche. Deberá sin duda vigilarlas un hombre desde el asiento del copiloto. Muchas dificultades, como vamos viendo, para interpretar el decreto, de ahí que su puesta en marcha no sea una cosa de hoy para mañana. Y es que no es lo mismo permitir que conduzcan que permitir que se conduzcan. Para lo segundo, tendrían que dar un salto de dimensiones épicas desde la Edad Media, donde viven, a la Contemporánea, desde donde acabamos de leer la noticia. 
Juan José Millás
http://elpaissemanal.elpais.com/columna

El ‘renacer’ del Estado Islámico mientras su califato se desmorona

Por 

 
Combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias en Al Raqa, en octubre CreditIvor Prickett para The New York Times

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Están perdiendo el control de su capital de facto. Su territorio se ha reducido, al pasar de ser del tamaño de Portugal a consistir en un puñado de enclaves militares. Los líderes que aún viven están prófugos.

Sin embargo, en lugar de declarar que el Estado Islámico y su virulenta ideología han sido conquistados, muchos funcionarios de antiterrorismo se preparan para una nueva y mortal encarnación del grupo yihadista.

La organización tiene una trayectoria probada como un grupo insurgente capaz de soportar fuertes arremetidas militares y seguir reclutando adeptos por todo el mundo, listos para matar en su nombre.

Los líderes del Estado Islámico dieron señales hace más de un año de que habían delineado planes de contingencia para regresar a sus raíces como una fuerza guerrillera después de la pérdida de su territorio en Irak y Siria. El grupo no necesita gobernar ciudades para inspirar los ataques terroristas de llamados lobos solitarios en el extranjero, una estrategia que ya ha adoptado con efectos devastadores en lugares como Mánchester o en Orlando.

 
El Estado Islámico ha perdido la mayor parte del territorio que controlaba en Irak y Siria. En julio perdió el control de la ciudad iraquí de Mosul. CreditIvor Prickett para The New York Times

“El Estado Islámico no está acabado”, dijo Aaron Y. Zelin, quien estudia los movimientos yihadistas como parte del Washington Institute for Near East Policy. “El EI tiene un plan: aguantar a que se desgasten sus enemigos en lo local y así ganar tiempo para reconstruir sus redes, al tiempo que proporciona inspiración a sus seguidores externos con el fin de seguir combatiendo a los enemigos suyos que se encuentran lejos”.

A pesar de las noticias del 17 de octubre sobre que las fuerzas respaldadas por Estados Unidos dijeron haber capturado Al Raqa, la capital del autoproclamado califato del grupo, a los funcionarios europeos de antiterrorismo les preocupa que este haya podido desplegar células durmientes afuera mucho antes de que se acumularan las pérdidas en el campo de batalla.

En Irak, donde tuvo sus inicios el grupo que se convirtió en el Estado Islámico, los funcionarios de seguridad están preparándose para futuras olas de ataques suicidas en contra de civiles. Incluso si los gobiernos son capaces de desarticular planes organizados como los ataques a París de 2015, los funcionarios de todo el mundo reconocen que prácticamente no tienen manera de detener los ataques solitarios inspirados en o habilitados por la propaganda del Estado Islámico, siempre presente en internet.

“Está claro que nos enfrentamos a una intensa amenaza terrorista en el Reino Unido por parte de extremistas islámicos”, dijo Andrew Parker, director del servicio de inteligencia MI5, en un discurso el 17 de octubre. “Esa amenaza es multidimensional, evoluciona rápidamente y opera a una escala y velocidad nunca antes vistas”.

 
Los atentados en los que murieron 130 personas en París en noviembre de 2015 fueron perpetrados en su mayoría por ciudadanos franceses o belgas vinculados al Estado Islámico. CreditTomas Munita para The New York Times

Los funcionarios de antiterrorismo estadounidenses y europeos admiten que no conocen las capacidades reales que todavía tiene el Estado Islámico ni cuánto ha disminuido el atractivo de la ideología del grupo debido a la sarta de importantes derrotas militares.

El general Joseph F. Dunford Jr., presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, predijo en septiembre que la pérdida de territorio precipitaría la pérdida de credibilidad. “Seguiremos viendo una reducción del territorio, una reducción en la libertad de movimiento, una reducción de recursos y menor credibilidad de su discurso”, dijo en una audiencia ante el senado.

Otros analistas y funcionarios son menos optimistas. Señalan un discurso del año pasado de Abu Muhammed al-Adnani, entonces vocero del Estado Islámico y previo a su muerte en un ataque estadounidense con drones, en el que incitaba a los seguidores del grupo a pelear como una insurgencia ágil y austera en lugar del gigante burocrático en el que se había convertido.

“La verdadera derrota es la pérdida de la fuerza de voluntad y del deseo de pelear”, dijo. “Quedaríamos derrotados y ustedes serían victoriosos solo si fueran capaces de eliminar el Corán de los corazones musulmanes”.

 
Combatientes del Estado Islámico tomaron el control de Al Raqa, Siria, en julio de 2014; la hicieron la capital de su autoproclamado califato y dirigían las operaciones desde ahí.CreditRaqqa Media Center of the Islamic State Group, vía Associated Press

Ya salvó una vez al grupo su capacidad para unir el fervor religioso al resentimiento político de los musulmanes sunitas, que se sienten alienados por un gobierno iraquí dominado por chiitas.

En 2007 y 2008, durante la escalada militar estadounidense, parecía estar vencido. Para cuando las fuerzas estadounidenses se retiraron de Irak en 2011, los funcionarios de inteligencia calculan que el predecesor del Estado Islámico, entonces llamado el Estado Islámico de Irak, había quedado reducido a 700 combatientes. Fue considerada una amenaza tan pequeña que la recompensa ofrecida por Estados Unidos por la captura de su líder se desplomó, de 5 millones de dólares a solo 100.000.

Les tomó menos de tres años a los insurgentes, golpeados y menguados, reagruparse y hacer ruido al autoproclamar un califato islámico desde la costa mediterránea de Siria hasta cerca de la capital iraquí, Bagdad. Se convirtió en el grupo terrorista más rico del mundo, y también el más temido.

Aun con la pérdida de la mayor parte de ese territorio, la organización está lejos de haber sido derrotada, y permanece más fuerte hoy en día que cuando las tropas estadounidenses la sacaron de Irak.

 
Se cree que este hombre es Abu Bakr al-Baghdadi, el líder del Estado Islámico. No se sabe dónde se encuentra y ha habido informes no confirmados de su muerte. CreditReuters

Actualmente, el grupo tiene entre 6000 y 10.000 combatientes en Irak y Siria, según la coalición antiyihadista liderada por Estados Unidos. Eso representa entre ocho y catorce veces la cantidad que tenía en 2011.

“Esa es la comparación pertinente”, dijo Daniel L. Byman, un asociado sénior del Centro para las Políticas del Medio Oriente de la Institución Brooking y quien monitorea a los grupos yihadistas. “Este es un grupo muy fuerte que cuenta con muchos simpatizantes, que tiene ideas bien arraigadas y varias redes. Tiene mucho a qué recurrir aunque pierda su territorio físico”.

El grupo también ha desarrollado una poderosa red en los medios sociales que le permite, sin presencia física, lanzar propaganda, reivindicar ataques terroristas y no solo motivar ataques, sino ayudar en su planeación y ejecución de manera remota.

Gran parte de sus ataques en Occidente en los últimos años han sido realizados por hombres que se comunicaban en línea con el EI, que recibían instrucciones detalladas mediante mensajes encriptados sin conocer jamás a sus mentores terroristas.

 
El Estado Islámico ha perdido terreno en Irak y Siria, pero aún realiza operativos en África del Norte y Asia. Un grupo afiliado local tomó el control de la ciudad filipina de Marawi durante meses. CreditJes Aznar para The New York Times

Así fue dirigido el primer ataque importante en Estados Unidos cuya responsabilidad se atribuyó el EI –un tiroteo frustrado en un centro comunitario en Texas en 2015–, de acuerdo con una evaluaciónreciente de la oficina de inteligencia y análisis del Departamento de Seguridad Nacional.

El Estado Islámico también puede tener agentes encubiertos o células durmientes fuera del Medio Oriente. Funcionarios estadounidenses de alto nivel dijeron el año pasado que el grupo había enviado a cientos de agentes a Europa y otros cientos más a Turquía.

Además, el grupo ha seguido sembrando el caos aunque haya perdido territorio. Tan solo en 2017 ha reivindicado tres ataques terroristas que mataron a 37 personas en el Reino Unido; un bombardeo en un club nocturno en Estambul en la víspera del Año Nuevo, donde murieron 39 personas, y ataques en más de otros siete países.

En agosto, cuando el grupo estaba cerca de perder el control de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, personas vinculadas al grupo atropellaron a una multitud con una camioneta en el corazón de Barcelona; trece personas fueron asesinadas y el grupo dejó claro que todavía tiene relevancia.

 
Un grupo de hombres que se cree eran combatientes del Estado Islámico sentados tras rendirse ante oficiales kurdos cerca de Kirkuk, en Irak, en octubre. CreditIvor Prickett para The New York Times

También es prematuro asegurar que el Estado Islámico se está quedando sin territorio. Aunque su presencia en Irak y Siria se ha encogido, aún controla cerca de 10.000 kilómetros cuadrados a lo largo del valle del río Éufrates, en ambos lados de la frontera siria-iraquí. Comandantes de los ejércitos estadounidense e iraquí creen que los líderes principales del grupo están escondidos en zonas desérticas a lo largo de la frontera.

Al mismo tiempo, hay ramas del EI en África del Norte y Asia que todavía coordinan operativos, y los campos del grupo en el este de Afganistán siguen básicamente intactos, a pesar de ataques aéreos por parte de Estados Unidos.

Algunas zonas que previamente se habían declarado liberadas han visto un retorno de combatientes del EI. Los militantes publicaron hace poco un video que los muestra a cargo de un puesto de control en una zona de Libia de la que el grupo había sido expulsado a finales de 2016; se trataba de un territorio con una extensión de 160 kilómetros de costa. Asimismo, el grupo sigue creciendo en otros rincones del mundo lejos de sus raíces en el Medio Oriente, incluyendo Filipinas, donde un grupo afiliado local tomó el control de la ciudad de Marawi durante meses, así como en África Occidental, donde los militantes siguen aumentando sus filas e invadiendo zonas antes en manos de Al Qaeda.

Y en caso de que el Estado Islámico sí tenga un declive, otras organizaciones yihadistas están listas para ocupar el vacío que eso dejaría.

Al Qaeda, cuyo atractivo ante los combatientes jóvenes fue en gran parte eclipsado por el nuevo y tecnológico califato del Estado Islámico, compite por regresar.

“La razón por la que el EI ganó muchos seguidores rápidamente fue que atrajo a los impulsivos, los que buscan gratificación inmediata”, dijo Bill Roggio, miembro destacado de la Fundación para la Defensa de las Democracias, que monitorea a grupos terroristas. “Ese modelo de califato ha desaparecido, pero queda Al Qaeda”.

Ese viejo grupo ha estado invitando a sus seguidores a dejar el enfoque del Estado Islámico de proteger campos de batalla en el Medio Oriente y a concentrarse en su lugar en ataques a Estados Unidos y otras tierras fuera de la región.

También ha estado promoviendo a un nuevo líder más joven y carismático: Hamza bin Laden, de 27 años, el hijo de Osama.

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¿Español o catalán?

Separados nos sentiríamos más solos en un planeta que había empezado a romper sus fronteras para sentirse una única aldea enriquecida por la fuerza de la unión de sus lenguas y sus culturas

Algunos lectores brasileños me han pedido que, como español, “me defina sobre Cataluña”. Empiezo por decir que no me gustan ni las banderas ni los himnos. No me emocionan. Quizás por ello me siento, sobre todo, ciudadano del mundo.

Himnos y banderas me traen ecos de batallas de unos pueblos contra otros. Los himnos nacieron como gritos de guerra. Prefiero los minutos de silencio para recordar alguna tragedia, como los celebrados en Barcelona para homenajear a las víctimas del terrorismo.

No me gustan las banderas que me evocan igualmente los tiempos, desde la antigüedad, cuando los pueblos luchaban entre sí para ensanchar sus territorios. Los papas bendecían las banderas de los cruzados. La cruz cristiana sigue presente en muchas banderas. Yo prefiero las cantadas por el grupo de rock español, Extremoduro:

Las banderas de mi casa son la ropa tendida,

en mi casa las banderas son los pájaros sin amo….

En mi casa las banderas son de todos los colores…

En mi casa las banderas están hechas de agua pura

son los duendes del parque que registran las basuras.

 

Me gustaría tejer una bandera con los colores de todas las culturas del planeta. Una bandera que recoja las aspiraciones de justicia y libertad de todos los oprimidos y olvidados, los sueños de todos los poetas, los latidos de todos los enamorados.

Soy hijo del planeta. Por ello, me siento catalán porque soy español. Y porque soy español me siento también gallego y asturiano y vasco y andaluz y castellano. Me siento español de todas sus comunidades, cada una con su historia, su literatura y sus riquezas naturales. Si acaso me sentí, de joven, atraído especialmente por Cataluña, por haberse opuesto al franquismo y porque fue la que mas se contagió de los valores democráticos del exterior, cuando el resto de España dormía en su ostracismo, ausente del mundo. La democracia le debe mucho a Cataluña.

Soy español de toda España y soy europeo porque tengo conciencia que la Unión Europea no solo trajo prosperidad al viejo continente, sino sobre todo paz, ya que el único medio siglo de Europa sin guerras fue el que estamos viviendo desde que nació la Europa Unida.

Hoy, cuando me invade la tristeza de ver aletear de nuevo sobre España a los demonios de una posible guerra entre hermanos, tengo la certeza que, acabe como acabe, el drama catalán, separados nos sentiríamos más solos en un planeta que había empezado a romper sus fronteras para sentirse una única aldea enriquecida por la fuerza de la unión de sus lenguas y sus culturas.

Que la Cataluña del diseño y de la economía, la de sus arquitecturas que emocionan al mundo, la Cataluña laboriosa y seria, la democrática, la envidiada por empresarios e intelectuales, la abierta al mundo, no renuncie a ser esa parte que España necesita para serlo del todo. Y que la España democrática y europeísta, que creció y prosperó de la mano de Cataluña que la ayudó a luchar contra la barbarie de la guerra y de la dictadura, no permita, aunque sea a costa de inventar lo imposible, que los catalanes acaben fuera de ella.

Perderíamos todos los españoles, perdería Europa y perdería el mundo, ya que hoy no se mueve una ficha en su tablero sin que las demás entren en alarma. “Divide y vencerás” fue un antiguo grito de guerra. La paz, la de España y la de Cataluña, la de Europa y la del mundo, solo será posible juntos, no partidos.

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Los peligros de los gigantes tecnológicos

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SAN FRANCISCO — Al inicio de esta década, la Primavera Árabe prosperó con la ayuda de las redes sociales. Ese es el tipo de historia que le encanta a la industria de la tecnología: les gusta demostrar que contribuyen a que exista más libertad, progreso y un mejor futuro para toda la humanidad.

Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, proclamó que esa era precisamente la razón por la que existía su red social. En un manifiesto para inversionistas de 2012, dijo que Facebook era una herramienta para crear “un diálogo más honesto y transparente en torno al gobierno”. El resultado, dijo, serían “mejores soluciones para algunos de los problemas más grandes de nuestra época”.

Ahora, las empresas de la tecnología son criticadas por crear problemas en vez de solucionarlos. El problema número uno en la lista es la interferencia rusa en la elección presidencial de Estados Unidos el año pasado. Las redes sociales quizá prometieron libertad al principio, pero resultaron ser unas herramientas muy útiles para avivar el enojo. La manipulación fue tan eficiente y tan carente de transparencia que las empresas apenas se dieron cuenta de que eso estaba ocurriendo.

La elección no es la única preocupación. Las empresas de tecnología han acumulado una cantidad tremenda de poder e influencia. Amazon determina cómo la gente compra; Google, cómo adquiere conocimiento; Facebook, cómo se comunica. Todos están tomando decisiones acerca de quién tiene acceso al megáfono digital y quién debe desconectarse de la red.

Su gran concentración de autoridad se parece al derecho divino de los reyes, y despierta un rechazo que está en pleno desarrollo.

“Durante diez años, los argumentos en la tecnología tenían que ver con cuál director ejecutivo se parecía más a Jesucristo. Cuál se postularía a la presidencia. Quién convencía mejor a los trabajadores para que lo apoyen”, dijo Scott Galloway, un profesor de la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York. “Ahora los sentimientos están cambiando. La víctima se rebela”.

En Facebook, Twitter y ahora Google, se está divulgando la noticia de cómo los rusos se aprovecharon de sus sistemas de publicidad y publicaciones. El 1 de noviembre, el Comité de Inteligencia del Senado realizará una audiencia al respecto. No es probable que eso mejore la reputación de las empresas.

Con el aumento de la presión, las empresas están lidiando con un ataque de relaciones públicas. Sheryl Sandberg, la directora de operaciones de Facebook, estuvo en Washington esta semana reuniéndose con legisladores y reconociendo públicamente los errores sobre lo que pasó durante la elección y dijo que “no debieron suceder”. Sundar Pichai, el director ejecutivo de Google, estuvo en Pittsburgh el jueves hablando acerca de “las grandes brechas de oportunidades en todo Estados Unidos” y anunciando un programa de subsidios de 1000 millones de dólares para promover empleos.

En el trasfondo de estas reuniones se encuentra la realidad de que internet se convirtió desde hace mucho tiempo en un negocio, lo cual implica que la prioridad de las empresas es complacer a sus accionistas.

Ross Baird, presidente de la firma de capital de riesgo Village Capital, señaló que cuando ProPublica intentó comprar anuncios publicitarios dirigidos a antisemitas el mes pasado en Facebook, la plataforma no cuestionó si esa era una mala idea: les preguntó a los compradores cómo les gustaría pagar.

“A pesar de toda la habladuría de Silicon Valley en torno a cambiar el mundo, su principal enfoque ha estado en lo que puede monetizar”, dijo Baird.

Desde luego, las críticas a la tecnología no son nada nuevo. En una exagerada lamentación publicada en Newsweek en 1995, “Why the Web Won’t Be Nirvana” (¿Por qué la web no será el Nirvana?), el astrónomo Clifford Stoll señaló que “cada voz puede escucharse sin costo e instantáneamente” en los tableros de boletines de Usenet, el Twitter y Facebook de esa época.

“¿El resultado?”, escribió. “Cada voz es escuchada. La cacofonía se parece más a la onda de radio civil, con todo y nombres clave, acoso y amenazas anónimas. Cuando casi todos gritan, pocos escuchan”.

 
Justin Rosenstein, un exingeniero de Facebook, dijo recientemente que él había programado su teléfono para evitar usar la red social en el dispositivo. CreditStephen McCarthy/Sportsfile para Web Summit

Si las redes sociales están a la defensiva, Zuckerberg es quien está en el centro de todo: un suceso extraño en una carrera impecable que lo ha convertido, a los 33 años, en una de las personas más ricas e influyentes del mundo.

“Tenemos un dicho: ‘Muévete rápidamente y rompe cosas’”, escribió en su manifiesto de 2012. “La idea es que, si nunca rompes nada, quizá no te estás moviendo con la velocidad necesaria”.

Facebook abandonó ese lema dos años después, pero los críticos dicen que ha conservado mucho de esa arrogancia. Galloway, cuyo nuevo libro, The Four, analiza el poder de Facebook, Amazon, Google y Apple, dijo que la red social aún estaba preparando su respuesta.

“Zuckerberg y Facebook están violando la regla número uno de la gestión de crisis: la hipercorrección del problema”, dijo. “Su actitud es que les resulta imposible hacer cualquier cosa que afecte sus ganancias”.

Joel Kaplan, el vicepresidente de políticas públicas globales de Facebook, dijo que la red estaba haciendo su mejor esfuerzo.

“Facebook es una parte importante de la vida de muchas personas”, dijo. “Esa es una responsabilidad enorme, una que nos tomamos muy en serio”.

Algunos emprendedores de las redes sociales reconocen que están enfrentando problemas que jamás imaginaron como empleados de empresas emergentes que luchaban por sobrevivir.

“No había tiempo para pensar en la repercusiones de todo lo que hacíamos”, dijo en una entrevista Biz Stone, un cofundador de Twitter, poco antes de volver a la empresa la primavera pasada.

Sostuvo que Twitter estaba adquiriendo una reputación injusta: “Por cada cosa mala, hay miles buenas”. Sin embargo, reconoció que a veces “las cosas se complican”.

A pesar de las crecientes críticas, la gran mayoría de los inversionistas, consumidores y reguladores parecen no haber cambiado su comportamiento. La gente aún espera con ansias el nuevo iPhone. Facebook tiene más de 2000 millones de usuarios. Al presidente Donald Trump le gusta criticar a Amazon en Twitter, pero su administración ignoró las peticiones de una revisión rigurosa de la compra de Whole Foods por parte de Amazon.

Sin embargo, en Europa, el terreno está cambiando. La participación de Google en el mercado de los motores de búsqueda del continente es del 92 por ciento, de acuerdo con StatCounter. Pero eso no evitó que la Unión Europea lo multara con 2700 millones de dólares en junio por darles prioridad a sus propios productos por encima de los de sus rivales.

Una nueva ley alemana que multa con grandes sumas a las redes sociales por no eliminar el discurso de odio entró en vigor este mes. El martes, un portavoz de Theresa May, la primera ministra de Reino Unido, dijo que el gobierno estaba revisando “con cuidado los papeles, la responsabilidad y el estatus legal”, de Google y Facebook, con miras a regularlos como editores de noticias en vez de plataformas.

“Esta guerra, como muchas otras, comenzará en Europa”, dijo Galloway, el profesor de la Universidad de Nueva York.

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Un relato de España

El sí a la independencia supone rechazar el vínculo entre los pueblos de España, que tienen mucho que ofrecer en el concierto mundial desde una articulación de unidad y pluralidad que tan pocos países han sabido engarzar

Un relato de España
NICOLÁS AZNÁREZ

 

En 1937 se publicó Viento del pueblo,el poemario del alicantino Miguel Hernández, que cuenta entre sus poesías con la que da título al libro. “Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta” es el célebre comienzo de un texto empeñado en mostrar que no es ése un pueblo de bueyes, dispuestos a doblar la cerviz, sino ansioso de libertad y señorío. ¿Quiénes componen el pueblo? Miguel Hernández va desgranando los nombres de todos los pueblos de España y caracteriza a cada uno de ellos con un rasgo alentador. “Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada…” y así hasta haber nombrado a todos los que componen el conjunto de esa España, en que, según él, nunca medraron los bueyes.

Hace algunos días, en las páginas de este diario, José Juan Toharia lamentaba que en el conflicto territorial que estamos viviendo en nuestro país sólo los independentistas hayan contado un relato, que se ha ido imponiendo por sintonizar con los sentimientos de una parte de la población, y sobre todo por falta de alternativa. No parecen existir otras narraciones, capaces de ilusionar a las gentes en otro sentido, y eso favorece la causa independentista.

Y es verdad que las personas interpretamos los hechos desde los relatos que se han ido inscribiendo en nuestro cerebro desde la infancia y que se encuentran muy próximos a las emociones. Es verdad que las narraciones son indispensables para llegar al sentimiento, por eso todas las culturas educan a sus miembros contando cuentos y parábolas, que hunden sus raíces en el pasado y proyectan el futuro. Pero también es cierto que, como decía Lakoff, las historias para ser fecundas, no sólo tienen que ser atractivas, sino sobre todo tienen que ser verdaderas. Tienen que unir —añadiría yo— sentimientos y razón, convencer con argumentos, y no sólo persuadir con recursos emotivos, porque deben llegar a la razón de las personas concretas, que es una razón cordial. Y no es de recibo distorsionar los hechos para acoplarlos a una historia que puede ser eficaz en movilizar sentimientos, pero falsa. La posverdad es sencillamente mentira, y rompe el vínculo humano de la comunicación en provecho de quien la cuenta, se mida ese provecho en votos o en dinero.

El relato de España en que creímos muchos de nosotros es el de Miguel Hernández, el de un conjunto de pueblos a los que la historia, con sus avances y retrocesos, ha ido uniendo, y que pueden aportar cada uno mucho de positivo al acervo común; una aportación que, afortunadamente, no siempre se mide en dinero, como querría una sociedad mercantilizada.

Creímos en un conjunto de pueblos, con sus peculiares historias y tradiciones, pero con una historia y una lengua compartidas, que nos ligaba a nuestra América, situada al otro lado del Océano Atlántico, y entre los que podía existir el proyecto compartido de organizar una sociedad más justa, tanto en la propia casa, como en el concierto de los países. Podíamos hacerlo precisamente porque había un vínculo cultural y a la vez peculiaridades diversas, pero además porque existían diferencias económicas entre las regiones, y la solidaridad entre ellas podía propiciar esa reducción de las desigualdades entre los ciudadanos que es la marca de cualquier proyecto progresista. Tal vez los términos “izquierda” y “derecha” oscurecen la realidad más que iluminarla, y habría que sustituirlos por “progreso” y “regreso”, denunciando por regresivo cualquier intento de quebrar una unidad en lo diverso que ya existe.

Sin embargo, en el actual debate sobre la organización territorial de España se ha producido un inmisericorde empobrecimiento de aquella perspectiva amplia. El número de protagonistas del relato parece haberse reducido a dos: el Gobierno de Mariano Rajoy en el marco del Estado y la Generalitat de Cataluña y quienes salen a las calles pidiendo la independencia. Han desaparecido del horizonte los “extremeños de centeno, aragoneses de casta” y cuantos intervenían en nuestra historia común, junto a los “catalanes de firmeza”, y ha quedado en la desoladora escena un enfrentamiento entre una entelequia llamada “Madrid” y otra, igual de difusa, llamada “Cataluña”. Ninguna de ellas corresponde a una realidad social de carne y hueso, ninguna de ellas tiene verdadera encarnadura social.

Y no sólo porque la mayoría de los catalanes no son independentistas, y habría que decir en el mejor de los casos “una parte de los catalanes”, sino porque apostar por la independencia de Cataluña no es decir no a Rajoy y a un “Madrid” inventado. Tampoco es decir no al Partido Popular. El  a la independencia supone rechazar el vínculo con las gentes de esos pueblos de España, que tal vez no sean tan bravíos como los soñaba Miguel Hernández, pero tienen mucho que ofrecer en el concierto mundial desde esa articulación de unidad y pluralidad que tan pocos países han sabido engarzar con tanto respeto, si es que hablamos de cultura, tradiciones o lengua. Baste comprobar la diferencia con otros países, por otra parte espléndidos como Alemania o Francia, bastante menos sensibles al cuidado de lo diverso. Si en nuestro caso hablamos de desigualdad económica, no de diversidad cultural, entonces entramos en la discusión sobre la justicia distributiva y la solidaridad, no sobre cuestiones de identidad.

Sin embargo, como los relatos arrancan del pasado y sobre todo han de proyectarse al futuro, a las altura del siglo XXI, en el horizonte de un mundo global, no creo que haya proyecto más ilusionante y atractivo que el que esbozaron los ilustrados en el siglo XVIII, haciendo pie en el estoicismo y el cristianismo: el de construir una sociedad cosmopolita, en que sea posible erradicar la pobreza y el hambre, reducir las desigualdades, conseguir que ningún ser humano se vea obligado a emigrar, porque todos son ciudadanos de ese mundo. La globalización ha traído recursos que nunca pudimos soñar para ir adensando el grado de democratización de los distintos países, reforzando los vínculos legales y éticos con otras comunidades, que hoy en día ya comparten soberanía gracias a las uniones supranacionales, como la Unión Europea, y a la multiplicación de entidades internacionales, que podrían ser el germen de una gobernanza mundial. Es sin duda un proyecto y un relato que une los sentimientos a la razón.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y Directora de la Fundación ÉTNOR.

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La guerra de las banderas

Vivimos una vuelta atrás, el fracaso de la integración y el triunfo del imperio del miedo

Banderas espanola, catalana y la estelada, en Gran Via de les Corts, en Barcelona.
Banderas espanola, catalana y la estelada, en Gran Via de les Corts, en Barcelona. © SAMUEL SANCHEZ

 

Los años siguientes a la II Guerra Mundial sirvieron no solo para reconstruir los antídotos democráticos contra la tentación totalitaria, sino para ampliar las fronteras con nuevos organismos internacionales. Fue un largo camino el que se tuvo que recorrer desde 1951, con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), hasta la triunfal, democrática y hoy tan cuestionada Unión Europea. Fueron muchos años de tratados comerciales y de sacar ventaja del poderío estadounidense para que se fuese creando un planeta cada vez más intercomunicado en el que la desaparición de los aranceles y la caída de las banderas proteccionistas permitieran soñar con el éxito del comercio internacional.

Pero ha pasado ya mucho tiempo de todo aquello y ahora vemos cómo hay policías que recorren las calles de España vigilando el uso que se le da a la bandera o a quienes muestran con exagerado orgullo la enseña del lugar donde nacieron. Parecen ejemplos banales, pero llevan implícito no solo el germen de la destrucción, sino que son también la prueba del paso atrás que estamos viviendo. Me explico.

Paradoja y humanidad son dos conceptos que están ligados. Pero ahora también están unidos al escalofriante desarrollo de las comunicaciones, a la uniformidad de la información, a la transmisión inmediata de los valores de aceptación o de rechazo, lo que ha desencadenado una particular guerra de banderas en la que conviene no perder la perspectiva.

 

Ahora el Brexit, la falta de seriedad en el proceso de independencia de Cataluña, el posible fin del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el levantamiento del muro de Donald Trump en la frontera de EE UU con México son otras señales de que —así como sucedió en el pasado— estamos otra vez en una guerra de banderas. Pero esos estandartes que representan el sentimiento de los pueblos, sean racionales o irracionales, también pueden y deben representar elementos que, por intereses comunes y por la madurez de la conquista de las libertades, sirvan para consolidar la paz y la colaboración entre las naciones.

Paradójicamente, esta peligrosa guerra de las banderas nos va colocando, sin darnos cuenta, en un mundo cada vez más pequeño, en dirección contraria a la lógica del mundo sin fronteras del siglo XXI. El Brexit, que se muestra casi imposible para los británicos y su compleja negociación para que entre en vigor, está destruyendo un Partido Conservador casi sin programa y a una primera ministra, Theresa May, incapaz de enfrentarse al auge de un Partido Laborista que hace tan sólo dos años tenía un papel testimonial.

En el caso del proceso independentista de Cataluña y la quiebra de España, siempre me ha molestado que el uso de la bandera española se identificase con una tendencia conservadora y, en algunos casos, hasta con la ultraderecha. Ante la irrupción de la estelada catalana en la conformación del nuevo mundo, muchas banderas españolas se han sacado del baúl de los recuerdos para quitarles la nostalgia y usarse como acto de afirmación nacional contra un movimiento separatista.

Y por último, como si no fuera suficiente, el presidente de Estados Unidos da un salto hacia el pasado, nada menos que hasta el final de la Primera Guerra Mundial, con la intención de cerrar fronteras, reiterar que América es lo primero y prometer que los estadounidenses pueden defender su sentimiento de identidad, ignorando el melting pot, fundamento de su sociedad, utilizando también las banderas como un elemento de separación y no de unificación.

La guerra de las banderas solo muestra una vuelta atrás, el fracaso de la integración y el triunfo del imperio del miedo por el que los pueblos se defienden, pero no se unen.

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¿Por qué se ha disparado el bitcoin?

La criptomoneda ha alcanzado este viernes su máximo histórico, al superar los 5.000 dólares

El bitcoin ya multiplica por cuatro el valor del oro
El bitcoin ya multiplica por cuatro el valor del oro – REUTERS
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La criptomoneda digital bitcóin está fuera de control. Tras superar ayer los 5.000 dólares, el ansia entre los traders por meter en su cartera el activo de moda ha llevado a Bitcoin a marcar un récord intradía hoy de 5.866 dólares, desde donde ha corregido hasta los 5.658 dólares en que se mueve poco después de las once de la mañana.

La escalada de bitcoin es estratosférica. En diciembre, valía poco más de 1.000 dólares y ahora corre dispara hacia los 6.000 dólares, o seis veces más. Tanto es así que su valor multiplica por cuatro el de la onza de oro al contado, que cerró hoy en el mercado de Londres en 1.290,25 dólares.

En este rally, bitcoin ha tenido que esquivar toda suerte de obstáculos, desde acusaciones de poca transparencia, hasta regulaciones más estrictas, pasando por un importante cisma entre los ‘mineros’ de la moneda o las advertencias de posible colapso por parte de primeros espadas de Wall Street, como el presiente de JP Morgan, Jamie Dimon. Algunos expertos, como el prestigioso economista Ken Rogoff, han advertido de que la moneda digital está inmersa en una burbuja que podría explotar pronto, mientras que otros consideran que todavía tiene recorrido para aumentar su valor.

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