Los pingüinos gays de Australia

SÍDNEY, Australia — Era una colonia de pingüinos jóvenes, y todas las parejas —excepto una— estaban formadas por padres bastante malos.

Dejaban de atender sus nidos, iban a nadar o jugar y, por eso, los huevos abandonados se enfriaban y cabía la posibilidad de que nunca eclosionaran. Esto era normal para los pingüinos inexpertos y a los encargados del acuario no les preocupaba. La siguiente temporada de apareamiento sería mejor.

Sin embargo, una pareja era extraordinaria. No porque fuera la única pareja gay de la colonia, sino porque parecía que Sphen y Magic serían padres grandiosos, diligentes y cuidadosos que incubarían sus huevos. Hicieron el nido más grande y se sentaron sobre él de manera constante.

Con curiosidad, los encargados del acuario les dieron un huevo falso a los dos machos. Lo adoptaron. Entonces, cuando parecía que una pareja particularmente negligente de pingüinos heterosexuales iba a dejar un huevo expuesto (las hembras ponen dos, pero generalmente solo sobrevive uno), los empleados del acuario decidieron que se lo darían a Sphen y Magic.

En octubre, el huevo eclosionó. La cría de la pareja de pingüinos gays ahora está paseando por una formación de hielo cerca de los diques para turistas en Sídney.

Cuando Sphen y Magic se hicieron pareja, Australia había pasado por una amarga batalla en torno a si el matrimonio igualitario debe ser legal. El debate sobre el matrimonio igualitario había sacado a flote tensiones personales y religiosas. Estos dos pingüinos gentú (también conocidos como juanito o papúa), que ignoraban el caos político que rodeaba su cortejo, se convirtieron en un símbolo más grande para el país. Si una colonia de pingüinos pudo resolver esto, una nación de seres humanos también podría hacerlo.

Australia es famosa por tener muchas criaturas peligrosas en la tierra y en el agua: algunas de las serpientes y arañas más venenosas del mundo, canguros que parecen fisicoculturistas, tiburones blancos que vigilan a los surfistas. Sin embargo, de pronto, las mayores celebridades animales eran dos pingüinos gays, que sus cuidadores reconocieron con gusto.

“A todos les gustan los pingüinos”, dijo Tish Hannan, directora del Departamento de Supervisión de Pingüinos en el acuario. “Son muy pícaros”.

“No son como los tiburones”, dijo Amy Lawrie, cuidadora principal de los pingüinos. “Nadie ha tenido una experiencia negativa con un pingüino”.

Los cuidadores de los pingüinos no pueden decir con exactitud por qué uno elige a otro, sobre todo dos tan distintos como Magic y Sphen.

 Magic, un pingüino gentú de 3 años nacido en el Acuario Sea Life de Melbourne, es agitado y juguetón. Va tras los juguetes y cualquier cosa que brille. Saluda a los visitantes.

Sphen, que tiene 6 años y nació en SeaWorld, es más alto y tiene un pico más grande. Es más tranquilo, más serio y le interesan menos los juguetes y los humanos.

Sin embargo, desde el principio quedó claro qué estaban haciendo Sphen y Magic cuando se conocieron un día de verano en el Acuario Sea Life de Sídney.

Primero, como acostumbran los gentú, comenzaron a hacerse reverencias.

Se trajeron guijarros elegidos con cuidado para el nido que esperaban construir juntos. Si alguno de los dos no hubiera estado interesado habría rechazado el guijarro: lo habría aventado con el pico. Sin embargo, cada uno admiró los guijarros que el otro traía.

Lawrie lo describió como “consentimiento”.

Después comenzaron a cantar. Uno cerca del otro, se cantaron hasta que aprendieron a reconocer sus voces.

“Veíamos que Magic iba a su lugar y buscaba a Sphen. Lo llamaba y Sphen corría hacia él y le hacía una pequeña reverencia para después cantar también”, dijo Hannan. “Se eligieron. Así de simple. Ahora tienen un vínculo”.

Otros miembros de la colonia de 33 pingüinos aún estaban coqueteando. Las aves más jóvenes tienden a tomarse su tiempo para elegir a su pareja.

“Estaban reconociendo varios llamados y hacían reverencia a varios pingüinos”, comentó Hannan. “Era algo que no hacían ni Sphen ni Magic. No estaban interesados en otras aves de la colonia”.

Por eso no fue sorprendente que los dos se prepararan para incubar un huevo.

“Sabíamos que comenzarían a recoger piedras”, dijo Hannan. “Y también que construirían el mejor nido”.

Cuando llegó el huevo, Sphen y Magic tomaron turnos para sentarse sobre él durante veintiocho días.

Los cuidadores de los pingüinos tuvieron un debate.

“El equipo de cuidadores de pingüinos tomó la decisión y nadie se opuso”, dijo Lawrie. “Es genial que dos pingüinos quieran formar una pareja, sin importar de cuáles se trate”.

Alertaron a los directores del acuario que habría dos pingüinos machos con crías. Los ejecutivos del acuario los aceptaron.

El acuario publicó un video de los pingüinos, en el que se les ve cantarse. También hay un video en el que están haciendo su nido de guijarros.

Los visitantes ahora solo vienen a ver a la nueva pareja de padres gays y les preguntan a los guías cuáles son los pingüinos homosexuales.

Hubo quienes se rehusaron a usar la palabra “gay”.

“Las palabras ‘poco natural’ se usaron mucho”, dijo Samantha Antoun, encargada de relaciones públicas del acuario. “La gente dijo que no deberíamos decir que son gays porque quizá solo son amigos”.

Los cuidadores de los pingüinos dijeron que no adoptarían una actitud política respecto a los pingüinos.

“No vamos a desalentar la compañía de nuestros pingüinos”, comentó Lawrie. “El amor es el amor”.

La primera señal de un buen padre gentú es que son capaces de reconocer que un huevo eclosionó y que la cría poco a poco está saliendo del cascarón. Esto puede tomar días. Sphen y Magic se dieron cuenta de inmediato.

“Cuando saca la cabeza puede comenzar a hablarles a sus padres, y Magic y Sphen lo reconocieron y comenzaron a cantarle al huevo incluso antes de que eclosionara”, dijo Hannan.

Su cría —que por ahora se llama Sphengic— nació un viernes y pesó 91 gramos. Fue la única cría que salió de todos los huevos de la colonia.

Los pingüinos gays de Australia

Sphengic CreditAcuario Sea Life de Sídney

Durante los primeros meses de vida, una cría se queda cerca de sus padres. Sphen y Magic la alimentaron y le cantaron. La metían a la cama de noche. La cría necesita tener la cabeza en dirección a los padres cuando duerme debajo de ellos, para que los padres puedan usar sus picos para mantenerla en la posición adecuada.

Como cualquier pareja, Sphen y Magic enfrentaron desafíos, la mayoría relacionados con su diferencia de edad.

“Magic es el más joven, e intentó deshacerse de sus deberes como padre durante los primeros días de la pareja”, dijo Hannan. “A veces parecía decir: ‘Tú alimenta a la cría hoy’ y se iba a nadar”.

No obstante, poco a poco aprendió a compartir los deberes. Cuando Magic alimentaba a la cría, Sphen venía a cantarles.

“Cantaba para animarlo”, comentó Hannan. “Para que Magic supiera que estaba haciendo lo correcto”.

Ahora la cría de tres meses ha crecido casi por completo. Él o ella todavía no tiene un género ni un nombre permanente. Los órganos reproductivos de los pingüinos son internos, así que el sexo solo puede determinarse mediante una prueba de sangre cuando alcanzan la madurez. La orientación y la identidad no son los desafíos más apremiantes de Sphengic.

Una mañana reciente, Magic estaba jugando con otros miembros de la colonia, y Sphen estaba cuidando a Sphengic, que está apartado de la colonia en un pesebre. Rita, otro pingüino, se acercó demasiado. Sphen aleteó y la golpeó un poco con su pico. Sphengic, que aún está desarrollando su personalidad, estaba ocupado comiendo hielo.

Ese día almorzaron sardinas y calamares.

Los cuidadores de los pingüinos dijeron que no piensan mucho en la política que rodea a Sphengic. No obstante, ven que está inspirando a los visitantes.

“Los pingüinos nacen con la capacidad de criar polluelos desde el inicio hasta el final, sean machos o hembras, y esa es una idea muy interesante que tener en mente”, dijo Hannan. “Somos iguales”.

Muchos de los otros pingüinos están buscando nuevas parejas para la siguiente temporada de apareamiento. No obstante, Sphen y Magic siguen juntos. Hace poco, Sphengic comenzó a aprender a nadar. Sphen y Magic aleteaban cerca de ahí, listos para zambullirse.

https://www.nytimes.com/es/

Encuentran formas de vida desconocidas bajo un kilómetro de hielo en la Antártida

Investigadores han hallado altas concentraciones de bacterias en un lago subglacial, a pesar de la oscuridad, las bajas temperaturas y las altas presiones

Los investigadores taladraron un orificio de 1.060 metros de profundidad para acceder al agua del lago Whillans, en la Antártida
Los investigadores taladraron un orificio de 1.060 metros de profundidad para acceder al agua del lago Whillans, en la Antártida – Kathy Kasic/salsa-antarctica.org

Resulta sorprendente lo poco que sabemos sobre los seres vivos. No solo porque solo conozcamos menos de la milésima parte del uno por ciento de todas las especies, ni tan siquiera porque recientemente se constatara que existe uninmenso mundo perdido de microbios en las profundidades de la corteza del planeta. Además de eso, apenas hemos comenzado a explorar los lagos subglaciales de la Antártida, que acumulan el 7 por ciento del agua de todos los lagos, y que hemos visto que están habitados por microbios poco conocidos. Pero eso no es todo. El futuro podría ser todavía más sorprendente. Hemos descubierto que la inmensa mayoría del agua del Sistema Solar está bajo el hielo de las lunas heladas, como Encélado o Europa, en enormes océanos fríos y salados. O, incluso, en lagos subglaciales marcianos. ¿Estarán estos lugares habitados por alienígenas?

Una forma de comenzar a averiguarlo es explorar los lagos que existen bajo el hielo, aquí en la Tierra. En 1999, el investigador John Priscu, de la Universidad Estatal de Montana, en Bozeman (EE.UU.), dirigió una investigación que sorprendió al mundo al hallar vida en el hielo de la Antártida, a 3.600 metros de profundidad, apenas cientos de metros por encima del lago Vostok, el sexto lago con más volumen del planeta. En 2013, una expedición dirigida por este investigador logró perforar el hielo y alcanzar el agua del lago Whillans, a 800 metros de profundidad, y encontrar la presencia de multitud de microbios. Ya este miércoles, Priscu volvió a Estados Unidos después de perforar el hielo sobre el lago Mercer, a 600 kilómetros del polo sur, y de encontrar una gran abundancia de microorganismos en su agua. Los trabajos de esta última expedición serán fundamentales para entender cómo es la vida bajo la Antártida, y cómo podría ser en mundos como Encélado o Europa.

«Todavía tenemos muchos datos que procesar, pero puedo decir que estamos encantados de comprobar que el lago alberga alrededor de 10.000 bacterias por mililitro de agua», ha explicado Priscu a ABC. Además de investigador en la Universidad Estatal de Montana, dirige el equipo « Subglacial Antarctic Lakes Scientific Access» (SALSA), para estudiar los lagos subglaciales.

Ubicación del lago Mercer
Ubicación del lago Mercer– Wikipedia

Aunque en el agua de los océanos puede haber 100 veces más microorganismos, es sorprendente que la vida sea tan abundante en este mundo perdidosituado bajo una corteza de hielo de kilómetros de espesor, sumido en la oscuridad, el frío y las altas presiones. ¿Por qué debería importarnos? Porque esto indica que hay muchos seres vivos viviendo bajo el hielo de la Antártida, un continente una vez y media más extenso que Estados Unidos y que alberga más de 400 lagos subglaciales. También nos dice que la vida podría ser capaz de existir en Marte o en las lunas heladas del Sistema Solar, y que quizás deberíamos mandar naves para buscarla.

¿Qué vive bajo el hielo de la Antártida?

En el lago Mercer las bacterias son tan abundantes que, según Priscu,es incluso posible que haya animales, como tardígrados (también conocidos como osos de agua): «Vamos a echar un buen vistazo en busca de organismos superiores, como animales… Pero no lo averiguaremos hasta dentro de un par de meses», ha dicho en una entrevista para Livescience.

Muestras de agua extraídas del lago Whillan, en la Antártida
Muestras de agua extraídas del lago Whillan, en la Antártida– Salsa-antarctica.org

Además de eso, los investigadores están haciendo estudios para comparar las características de los dos únicos lagos subglaciales explorados en la Antártida, el Whillans y el Mercer. En concreto, en esta última ocasión extrajeron testigos de sedimentos, analizaron la naturaleza de la materia orgánica y estudiaron la presencia de metano, entre otras cosas.

Un pozo de un kilómetro de profundidad

Hacer esta investigación ha sido muy difícil: «No nos metimos en este negocio porque fuera fácil», ha reconocido John Priscu. Un equipo de 25 científicos se desplazó a la Antártida para hacer un pozo de 30 centímetros de diámetro y 1.068 metros de profundidad en el hielo. «Hicieron falta casi cuatro días para poner el taladro a funcionar y realmente pensamos que no íbamos a lograrlo», ha recordado el investigador. Finalmente, lograron recoger 60 litros de agua del lago, que se encontraron a una temperatura de -0,6 ºC, y perforar los sedimentos de la corteza continental situada debajo, en la parte inferior de una capa de agua de 15 metros. Por último, introdujeron un rover de exploración y tomaron imágenes en la oscuridad.

Aunque la investigación aún está en sus fases iniciales, los científicos ya han descubierto varios hechos sorprendentes. Por ejemplo, que el agua tiene altas concentraciones de gas y de burbujas, y que en los sedimentos hay micro-fósiles que indican que el océano invadió el área hace más de un millón de años.

Un mundo de ríos y lagos bajo el hielo

En general, Priscu considera que el complejo de 400 lagos que existe en la Antártida forman un ecosistema único, situado entre el hielo y la corteza continental. «Siempre he propuesto que toda la placa de hielo es como un gran humedal, con ríos y lagos», dijo Priscu en Livescience. Algunos ríos tienen un área mayor que el Amazonas, aunque con menos agua», añadió.

Bajo la Antártida existe un mundo de lagos y ríos
Bajo la Antártida existe un mundo de lagos y ríos – Sebastian Göller

Paradójicamente, si la superficie de la Antártida es el lugar más frío y seco del planeta, su interior es también la mayor reserva de agua dulce de la Tierra, con el 70 por ciento de toda ella. «Sencillamente, no tiene sentido que no haya vida ahí abajo. Y ahora lo hemos demostrado», según Priscu. Y no solo eso: este lugar es también, en opinión de este investigador, «el mejor análogo para nuestros trabajos en el Sistema Solar». Esto será crucial para entender, por ejemplo, qué tipo de vida existe o existió en Marte.

Con todo, las profundidades de la Antártida se conocen menos que el propio planeta Marte. Quizás por eso una de las cosas más esperadas es explorar el lago Vostok. Esta inmensa masa de agua, de 5.400 kilómetros cúbicos y 1.000 metros de profundidad, está situada bajo una capa de hielo de cuatro kilómetros. Se trata, además, de una zona muy elevada cuyas temperaturas medias son de -55 ºC. Por ello, perforarla no será fácil ni barato. «Harán falta importantes preguntas científicas para conseguir financiación. Ahora mismo necesitamos ir poco a poco. Una vez que procesemos los datos de los lagos Mercer y Whilland, daremos el próximo paso», ha dicho John Priscu.

https://www.abc.es/ciencia/

Desasosiegos

Las prisas marcan el ritmo de un siglo XXI cada vez más volátil

Atentado contra las Torres Gemelas, en Nueva ork el 21 de septiembre de 2001.
Atentado contra las Torres Gemelas, en Nueva ork el 21 de septiembre de 2001.

 

Hay una de esas sentencias de Bernardo Soares, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa, que deja las cosas bastante claras. Dice: “Considero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo”. Ahí estamos todos, llueva o haga calor, intentando entretenernos con nuestros asuntos mientras vemos pasar el tiempo a la espera de que un día aciago llegue ese cochero. El libro del desasosiego se ajusta como un guante a todos estos desperfectos del alma que está ocasionando nuestra época. Soares lo escribió en el siglo pasado, pero la condición quebradiza de su ánimo logra expresar exactamente esas desgarraduras que padecemos hoy.

Dice el diccionario de la Real Academia que desasosiego es la falta de sosiego, y eso es justo lo que les ocurre a las personas que habitan el siglo XXI, que van careciendo cada vez más de quietud, tranquilidad, serenidad, y andan todo el tiempo apuradas, corriendo hacia la siguiente estación, acelerando y acelerando, al hilo de una actualidad que les exige que se cuadren y le rindan tributo. Ya no hay margen para esperar hasta el día siguiente y leer lo que pasa en la prensa, se llega tarde incluso a esos boletines de la radio o la televisión que procuran servir lo que ocurre a tiempo real. El mal que nos aqueja, por lo menos a quienes habitamos en estas sociedades privilegiadas de Occidente, es la prisa, la velocidad. Álvaro de Campos, otro de los heterónimos de Pessoa, celebraba el vértigo que produce estar al mando del volante de una máquina, y decía: “Automóvil conducido por toda la locura del universo, / precipítate / por todos los precipicios abajo / y ¡choca!, ¡tras!, ¡despedázate en el fondo de mi corazón!”. Celebraba la eficacia de los engranajes de los artefactos que inventan los ingenieros, pero luego miraba y se sabía abandonado en la cuneta.

¿Cómo se pueden agarrar todos esos episodios que caen como una tormenta a cada vuelta del camino? Esta centuria empezó con unos aviones que volaban impasibles hasta que se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, y desde entonces da la impresión de que seguimos desconcertados. A partir de ahí todo fueron empujones, y ya no fue un desasosiego abstracto y remoto el que nos agarró por el cuello sino una sucesión de desasosiegos cercanos: la crisis económica, el procés, la irrupción de Vox, la falta de horizontes de la juventud, la falta de expectativas, algunas esperanzas que se rompieron demasiado pronto.

“El día es de una leve niebla húmeda y caliente, triste sin amenazas, monótono sin razón”, escribe Bernardo Soares en otra de sus notas de El libro deldesasosiego. “Me duele un sentimiento que desconozco; me falta un argumento no sé sobre qué; no tengo deseo en los nervios. Estoy triste por debajo de la conciencia. Y escribo estas líneas, realmente mal anotadas, no para decir esto, ni para decir nada, sino para dar un trabajo a mi distracción”. ¿Así de polvoriento se está quedando nuestro ánimo? ¿Sin ningún argumento, sin deseo en los nervios, ya solo postrados, adivinando que ahí abajo parece que hay una tristeza de la que no llegamos a ser conscientes? Frente a esa querencia, tan romántica, por las sombras y el desaliento solo queda la imaginación. Hacer como si. Como si hubiera alguna salida, como si triunfaran los argumentos contra la demagogia, como si aún hubiera sitio para la razón. Pero para ejercitar la imaginación hace falta tiempo, margen para rendirse a la distracción. Y para eso hace falta dejar de correr tras esa actualidad que se escapa de nuestras manos.

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Orgullo cultural

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, durante un acto de homenaje. Foto: Marvin Lynchard / Gobierno de Canadá.
Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, durante un acto de homenaje. Foto: Marvin Lynchard / Gobierno de Canadá.

 

Últimamente está muy presente en ciertos discursos la defensa de los valores culturales. La argumentación en estos casos se estructura sobre el miedo atávico del ser humano a perder sus bases identitarias. El concepto de identidad cultural se asocia al término nacional e individual, a los que se contraponen el multiculturalismo, la globalización y lo colectivo. 

Ante estos argumentos siempre surgen dudas, incluso en las personas más convencidas de que los derechos son de todos. El miedo a que una nueva cultura que viene de fuera se imponga a la ‘nuestra’ está presente en muchos marcos, desde el religioso al culinario. Aquí cabría preguntarse por qué existe tanto miedo de perder algo que se supone que es bueno. Si entendemos que las personas tenemos una capacidad de elección inteligente y que de forma natural siempre intentaremos encontrar lo mejor para nosotras, ¿por qué tenemos miedo de que algo que consideramos ‘peor’ se imponga de forma natural?

En cualquier caso resulta impensable que la identidad cultural sea algo inerte, invariable e inamovible. La identidad cultural es, como todas las cosas humanas, algo que evoluciona, y menos mal que es así. Construimos sobre bases que se van enriqueciendo. Si esa construcción es pacífica, cabe esperar que ese enriquecimiento se haga a costa de ir descartando lo menos conveniente e integrando novedades que se mantendrán si se perciben como mejoras. 

Y en este marco, siempre desde la confianza en su identidad cultural de origen, están surgiendo modelos de construcción de identidades nacionales basadas en la diversidad. El ejemplo más claro es el de Canadá. En un discurso reciente, el primer ministro Justin Trudeau afirmaba que Canadá es un país que se construyó gracias a la inmigración. “Oleadas de personas fueron bienvenidas por las que llevaban aquí miles de años y construyeron esta sociedad. Estas personas llegaron a Canadá queriendo construir una vida mejor de la que tenían en sus países de origen. Y vengan de donde vengan y sean cuales sean sus condiciones, estas personas quieren todas lo mismo: vivir en paz y crear un futuro mejor para ellas y sus comunidades. Y eso es lo que generación tras generación han hecho estas personas en Canadá, y esto es lo que ha creado esta sociedad diversa y extraordinaria que tenemos”. El orgullo de ser una sociedad diversa en Canadá no priva a este país de tener una potentísima identidad cultural nacional. 

Video insertado

Pero hay fantásticos casos también en espacios regionales o locales. Por ejemplo, Los Angeles es una ciudad santuario orgullosa de sus diversidades, donde sus habitante se consideran angelenos pero pueden no ser, ni considerarse, estadounidenses. Y en esta línea están también las ciudades refugio como Madrid. con su enorme cartel de ‘Refugees Welcome’, o su concepto de Ciudad del abrazo. Y por poner un ejemplo más reciente, la Junta de Extremadura acaba de sacar una maravillosa campaña en este sentido, enorgulleciéndose de ser una región de frontera donde todas las diversidades tienen cabida y están seguras.

Lucila Rodríguez-Alarcón

https://blogs.publico.es/conmde

Juan Cueto, el intérprete del progresismo

El fallecido periodista descifraba el significado de los mitos sociales del momento y los mensajes subliminales del consumo

El periodista y escritor Juan Cueto, en 2011.
El periodista y escritor Juan Cueto, en 2011. SAMUEL SÁNCHEZ

 

Allá por los años ochenta del siglo pasado, cuando la historia de España trepidaba junto a las barras de los bares de Malasaña, escribí de Juan Cueto como puedo hacerlo ahora que ha muerto. Fue el intérprete más verídico de la neurosis de una generación que dijo llamarse progresista, la que en este país estrenó la modernidad. He aquí la clave: lo mejor era estar loco, pero sobre todo ser íntimo del farmacéutico. Cueto descifraba el significado de los mitos sociales del momento, los mensajes subliminales del consumo, el susurro de los dioses detergentes con el bisturí frío, con el mismo que machacaba los hielos del gin tonic. Se abría paso entre el calmante y el estimulante hacia los últimos hilos del cerebro, que ya lindaban con su cogote cubierto con una melena que se peinaba con los dedos, y de allí sacaba una respuesta rápida, imaginativa, sorprendente para todo. Lo que escribí de Juan Cueto entonces, podría rubricarlo ahora que se ha ido a ocupar un sillón preferente en la historia del periodismo. Entre toda aquella camada era el que tenía el revólver más presto para disparar siempre que la bala fuera de plata y valiera la pena usarla, pero nunca para herir de forma ingenua, frívola y gratuita. Pasaba una cosa rara: decías una frase ocurrente y a partir de ella Cueto comenzaba a navegar, la sobrepasaba por la izquierda, la recreaba, la reordenaba, la rompía, le sacaba el excipiente y finalmente la despeñaba en el absurdo. Como vaquero de la modernidad era, sin duda, el más rápido en desenfundar, con un pie en el estribo en la barra de Boccaccio, el caballo atado en la puerta relinchando por las ganas de compartir el gin tonic de la hora séptima. Ese caballo era una moto de gran cilindrada, en cuyos plateados tubos de escape se pintaban los labios negros las punkis de rodillas en el asfalto.

Fue un intelectual fino sin ahorrarse cierto salvajismo del norte, entre la seducción y el sarcasmo, de vuelta de todos los universos. He aquí la cuestión, dijo Hamlet: no sé si suicidarme o tomarme una coca-cola. Este es para mí Juan Cueto, con su bigote a lo Nietzsche, el de las antiguas carcajadas ante el esperpento español, el que todo lo vio venir el primero, el que enseñó a una generación a chascar los dedos para burlarse de Kant o llamar al camarero.

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Entre ‘Narcos’ y el Chapo: la saga del México moderno

Entre ‘Narcos’ y el Chapo: la saga del México moderno

A la izquierda, una escena de la serie de Netflix “Narcos: México”, en donde el actor Diego Luna interpreta al narcotraficante Miguel Ángel Félix Gallardo. A la derecha, una ilustración de Joaquín Guzmán Loera durante su juicio en Estados Unidos. CreditCarlos Somonte/Netflix; Jane Rosenberg/Reuters

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CIUDAD DE MÉXICO — En noviembre, unos días después de que comenzara en Nueva York el juicio al narcotraficante más famoso de la actualidad, Joaquín “el Chapo” Guzmán, Netflix estrenaba la cuarta temporada de Narcos, que llegaba a México después de pasar por la Colombia de los carteles de Medellín y Cali. Por su poder mediático, es inevitable que estos dos eventos, aunque de naturaleza y objetivos tan diferentes, marquen en gran medida el imaginario del mundo sobre el poder del narcotráfico mexicano en nuestra época.

La narrativa dominante dice que el narco es la causa de todos los males del México moderno: su destino a través de una guerra particular, marcada por la sangre y el dinero. En ese discurso, las drogas y el cuerno de chivo (AK-47) son el equivalente mexicano al vino y el bistecsobre los que ensayaba Roland Barthes en Mitologías al hablar de la identidad de los franceses. Pero el narco no es el principio y fin de México, sino el catalizador que acelera el funcionamiento del sistema corrupto e impune de un país profundamente desigual. Y una ventana para asomarse a él.

Entre ‘Narcos’ y el Chapo: la saga del México moderno

Cadenas de Jesús Malverde a la venta en su capilla, en Culiacán, en el estado de SinaloaCreditRashide Frías/Agence France-Presse — Getty Images

Narcos: México se sitúa entre las décadas de los setenta y ochenta para contar la historia de Miguel Ángel Félix Gallardo, un expolicía que acaba fundando el Cártel de Guadalajara, la primera gran organización de tráfico de drogas en México. Por el camino, además, hay una célebre reunión en la que un grupo de amigos y familiares, la mayoría sinaloenses, crean una corporación para repartirse el país en plazas para la distribución de droga hacia Estados Unidos.

En esta ficción sobre los orígenes de los cárteles, Guzmán Loera todavía es el Chapito, un campesino que con los años pasará de subalterno a ser la cara más visible del negocio. Unos años después, en la vida real, el Chapo será acusado de traficar drogas en cuatro continentes, protagonizará dos fugas espectaculares de cárceles de máxima seguridad en México —una en un carrito de lavandería; otra por un túnel—, aparecerá en la lista de Forbes de las personas más ricas del mundo y tendrá su propia serie en Netflix. Capturado por tercera vez en 2016 y extraditado a Estados Unidos, Guzmán Loera se encuentra ahora sentado en el banquillo en un juicio capaz de paralizar de vez en cuando las calles de la capital neurálgica del mundo.

Es entendible que la biografía de estos hombres de origen humilde se haya convertido en un gran producto de exportación. El crimen se las lleva bien con la ficción porque las vidas de los fuera-de-la-ley son fascinantes y porque la ficción nos muestra algo que la realidad solo nos ofrece a cuentagotas: ver los oscuros engranajes del poder.

En este segundo aspecto, tanto en Narcos como en el juicio a “El Gran Narco” hay un silencio que incomoda.

En los primeros capítulos de la serie de Netflix su habitual ritmo trepidante decae porque, en contraste con Colombia —donde los gobiernos se devanaban los sesos para entender las estrategias del narcotráfico—, en México el poder estatal (representado por el Partido Revolucionario Institucional,PRI) absorbe la corrupción generada por el narco con una naturalidad pasmosa. En Narcos: México, ese poder estatal permanece casi completamente escondido tras la sombra, el anonimato y hasta unos bips que ocultan el nombre de un alto funcionario del gobierno en la escena en la que torturan a Enrique “Kiki” Camarena, el agente de la DEA —la agencia antinarcóticos de Estados Unidos— que se convertirá en el primer mártir del narco mexicano.

Entre ‘Narcos’ y el Chapo: la saga del México moderno

El actor Michael Peña interpreta a Kiki Camarena, agente de la DEA, en una escena de “Narcos: México”.CreditCarlos Somonte/Netflix

Los espectadores percibimos una simbiosis entre lo ilegal y lo legal, pero no alcanzamos a entender el cómo ni el por qué. Ni se sabe si es que nadie escapa al poder de compra de Félix Gallardo o si este narco es solo una pieza de un sistema mucho más grande que su audacia, carisma y ambición.

Lo que se sabe del narcotráfico en México tampoco permite explicar esta simbiosis por completo. El relato periodístico que conocemos es que los narcotraficantes han creado una industria, al margen de las circunstancias sociales y económicas de los lugares donde opera; como si la conquista del territorio y sus riquezas, el control social sobre las personas que habitan en él y los intereses políticos y económicos —que constituyen el modus operandi del narco— no hubiesen sido siempre el motivo principal de las guerras a lo largo de la historia.

Con el juicio del Chapo, los mexicanos tienen la esperanza de entender por qué muchas partes de su país están desgarradas. Hasta el martes lo que se habían encontrado es la misma historia de unos criminales extremadamente violentos que se amigan, se enemistan y trafican droga por tierra, mar y aire del punto A al B, esta vez con detalles asombrosos contados por algunos de sus protagonistas: las latas de jalapeños usadas por el Chapo para esconder cocaína, sus vínculos con las Farc, las desorbitantes ganancias de un kilo de cocaína que viaja de Sudamérica a Nueva York, los asesinatos, los equilibrios de poder en el Cártel de Sinaloa. Un nombre surgió por encima de todos: Ismael “el Mayo” Zambada, alguien poco conocido fuera de México, pero que desde la sombra ha extendido el legado de Félix Gallardo.

El juez del caso, Brian M. Cogan, con el argumento de que el objetivo es solo procesar al Chapo, había frenado la exposición pública de otras líneas argumentales que podrían arrojar luz a la parte más oculta del narcotráfico: las acusaciones sobre sobornos a altos funcionarios mexicanos y hasta a los dos últimos presidentes o el papel de la DEA, del tráfico de armas y de Estados Unidos en operaciones como Rápido y Furioso. El 15 de enero, sin embargo, un testigo, Álex Cifuentes Villa, afirmó que Enrique Peña Nieto había recibido un soborno de 100 millones de dólares del Chapo.

Si es cierta, la acusación de Cifuentes Villa, traficante colombiano que trabajó con Guzmán Loera, significaría que la corrupción ha llegado hasta el máximo escalafón. Podría convertirse en la primera línea de un nuevo relato para el país. La corrupción no solo sería una compra de voluntades de un poder legal rendido por la plata y el plomo de los delincuentes que han puesto en jaque al segundo país más poblado de América Latina; si se investigara y se probara el soborno al expresidente sería más bien una cuota que unos aspirantes pagan en un exclusivo club para ser admitidos.

El personaje que ni el periodismo ni la ficción ni la justicia acaban de perfilar y que solo aparece como un actor pasivo que se corrompe es el Estado —representado por políticos y funcionarios de todos los niveles, corrompidos hasta el tuétano—. Ese mismo Estado que inició una guerra que solo ha traído más violencia y sobre el que pesan denuncias de violaciones de derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales. Y, también, al que se le escapó dos veces el único preso que nunca se le debería haber escapado.

Entre ‘Narcos’ y el Chapo: la saga del México moderno

Un grupo de forenses trabaja una escena del crimen en donde tres hombres fueron asesinados en septiembre de 2018 en Ciudad de México. CreditHenry Romero/Reuters

El problema con la saga del narcotráfico en México es que, a pesar de los más de 200.000 muertos en poco más de una década, aún no sabemos cuál es su extensión real ni tampoco qué lección nos enseña. Siempre que he entrevistado a víctimas y victimarios (muchas veces a personas que son las dos cosas) su última preocupación es si manda el grupo X o el Y. O si Joaquín Guzmán está preso o libre. Es una existencia carente de épica.

La libertad de la ficción en una serie como Narcos: México ayuda a poner el foco sobre la íntima relación entre el poder legal y el ilegal, aunque ese aporte suela quedar reducido a un lugar común fácil de digerir para sus audiencias masivas. En esta bruma, a medio camino entre la realidad y la ficción, lo único concreto es la violencia: amenazas, extorsiones, secuestros, desplazamientos forzados, asesinatos, desapariciones.

Hay una corriente en el periodismo que piensa que abordar el tema alimenta el mito y ensalza a los criminales y que es mejor dejar de hacerlo. Y es que el reto de investigar y contar el narcotráfico y la corrupción a su alrededor es muy complicado. Si esta historia solo se tratara de traficantes de droga audaces, carismáticos y temerarios, ese riesgo de idealizar al criminal quizás no valdría la pena. Pero en un país donde se mata con tanta impunidad, incluyendo a los periodistas, la violencia obliga.

Lo que deberíamos hacer desde el periodismo, la academia y la sociedad civil es investigar para desentrañar esta saga mexicana, como hacen los arqueólogos con los mitos de la antigüedad. Solo así sabremos qué hay de verdad y qué de leyenda moralizante que el poder nos cuenta para defender sus intereses. Esa es la diferencia entre dejarnos asombrar por el mito o cumplir con nuestra función: contarle a la gente la compleja y sangrienta historia del presente.

Apellidos gallegos del mundo: ¡extinguíos! Dejad que continúe la evolución

Apellidos gallegos en peligro de extinción. / ADUANEIROS SEM FRONTEIRAS

Láncara, Sanfíns, Miñor, Santradán o Manselle son algunos apellidos gallegos en peligro de extinción, pero no los únicos. Hasta 21.000 personas gallegas, valga la redundancia, cuentan con un apellido singular, o sea, que sólo ellas se apellidan así. ¡Salvad las ballenas, pero también a los Becerreá, Noalla o Lidor!

El llamamiento ha partido de Ana Isabel Boullón, coordinadora del libro Antroponimia e lexicografía (Consello da Cultura Galega), quien ha explicado que el 97% de la población se reparte 5.800 apellidos. El más común [cof, cof] es Rodríguez, con 237.000 premiados.

El estudio, realizado a partir de unas conferencias organizadas por el Instituto da Lingua Galega, también dará lugar a un diccionario que recogerá los apellidos de la región, donde, como en botica, hay de todo: asturianos, catalanes, vascos, portugueses, españoles y, claro, gallegos.

Apellidos gallegos

 

Advertencia: el titular es un humilde homenaje a Siniestro Total y su fraseología popular. No somos gallegófobos y le deseamos una larga vida a los inventores del pulpo á feira y del licor café; a una tierra que ha alumbrado a gente como Pablo Iglesias (el genuino), Francisco Franco, Manuel Fraga, Mariano Rajoy, Juan Pardo, Cañita Brava o, ejem, mejor vamos parando…

En fin, los frikis de la onomástica y la antroponimia pueden consultar todos los apellidos 100% Galicia Calidade aquí (ojo, es un archivo pdf: ¡el perro muerde!). ¿Estará tu apellido, el de tu madre o abuelo en peligro de extinción? Los Pérez o González pueden respirar tranquilos.

Tremending – Recopilando la tremenda actualidad

Origen de la palabra ´huachicolero´

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No somos dos, ni tres los que estamos al pendiente de lo que escribe Juan Villoro. Su magnética pluma atrae a miles. Por eso se levantaron olas de curiosidad en las redes sociales cuando, en su reciente artículo “Prohibido pastar”, contó que viajando con un amigo rumbo a Xalapa, se le atravesó en la carretera la palabra “huachicolero”. Así lo escribió:

“En el trayecto nos topamos con una novedad de la vida mexicana. Cerca de Puebla nos desviaron porque la carretera había sido tomada para protestar contra los huachicoleros. Al Doc no le sorprendió que hubiera ladrones de combustible; lo que le llamó la atención fue la palabra “huachicolero” y quiso conocer su etimología. No supe qué decirle. Su respuesta me redujo al silencio durante los siguientes cincuenta kilómetros: ´Tú te dedicas al lenguaje, ¿no?´”.

Ni hablar, ese silencio “villoriano” de cincuenta kilómetros, se convirtió en tarea para mí cuando algunos tuiteros me endosaron el enigma… bien que conocen mi debilidad.

La historia me llevó muy lejos, hasta la época en que en Europa reinaba el latín y, en esa lengua, “aquati” significaba “aguado”.

En italiano, la palabra se fue descomponiendo (aquatio>quatio>guatio>guazzo) hasta dar la voz “guazzo” que significa lo mismo: “aguado”.

Ya en la primera mitad del siglo XVI, hay registros de la expresión “a guazzo” para referirse a cierta técnica en la pintura. A Francia llegaría a mediados del siglo XVIII y ahí la fonética gala la convertiría en “gouache”, sin dejar de guardar el concepto de “aguado” y es que esta técnica de pintura se caracteriza por eso, por manejar colores diluidos en agua, pero de apariencia sólida y no transparente como en la acuarela.

En el siglo XIX, muchos galicismos (palabras del francés) se colaron al español y entre estos, llegó “gouache”. En México ya lo encontramos en un texto de El Universal del 6 de diciembre de 1896: “Hay semanas tan pobladas de asuntos, tan llenas de variedad y de color, que se representan en la mente como el vasto salón de un museo de pinturas, de cuyos muros penden desde el cuadro mural de la pintura histórica hasta el frágil país de abanico pintado a la ´gouache´ por un frívolo decorador”.

Y para demostrar que la palabra se conocía y se usaba en el occidente de México, sirve un párrafo de la edición del 21 de junio de 1926 de El Informador, periódico tapatío: “…se han sujetado los alumnos al siguiente programa: dibujo a mano libre, preparación de colores, decoración con ´gouache´”.

Del concepto de preparar pinturas “a la gouache” (pronúnciese “a la guach”), es decir, diluidas en agua, el “populus” hizo metáfora y se inventó una jocosa palabra: “guachicol” (alcohol aguado) para referirse al tequila, aguardiente o cualquier bebida espirituosa que los vivaces diluían en agua para aumentar las ganancias. Así que los primeros “guachicoleros” fueron los que adulteraban las bebidas alcohólicas.

En El Informador del 21 de febrero de 1994, un artículo que diserta sobre la calidad del tequila, cita a Francisco González García: “Mientras yo estuve de alcalde en Atotonilco, no se vendió ni un litro de ´huachicol´”.

Pasó después que, algunos que comerciaban con combustibles, también vieron que era redituable  diluir en agua sus productos y empezaron a vender gasolina y petróleo “guachicoleados” o “huachicoleados”, la ortografía es lo de menos, lo de más es que estaban adulterados. Así, la palabra se relacionó con estos hidrocarburos y los modos ilegales de tratar con ellos. Suficiente para que, en un siguiente brinco, la palabra olvidara su origen “aguado” y adoptara los atributos de “hidrocarburos ilegales”, pasando así “huachicolero” a nombrar a los criminales que, impunemente, ordeñan los ductos de PEMEX y están dispuestos a matar a quien trate de impedirlo.

Así es la historia de una palabra que inició su viaje en la antigua Roma, pasó por Italia, luego Francia y de ahí a este México lindo donde, la inocencia de lo aguado, mutó al significado perverso del robo artero de combustible. Hay palabras que cruzan el pantano y no se manchan… Esta sí.

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2019, el año que escogió ‘Blade Runner’ para cambiar la ciencia ficción

Tras el estreno de la película, el género se planteó cómo sería el siglo XXI

La película de Ridley Scott sentó las bases del ciberpunk e incluso de
La película de Ridley Scott sentó las bases del ciberpunk e incluso de ‘Black Mirror’

Desde que empezó 2019, varias publicaciones en redes sociales recuerdan que es el año en el que muchas películas de ciencia ficción están ambientadas. En su momento imaginaban, con más fallos que aciertos, cómo sería el futuro que ahora es presente. Pero el cine no había reparado en ello hasta 1982, cuando se estrenó Blade Runner. Solo después de que llegara la película de Ridley Scott aparecieron de forma masiva en la pantallas los relatos distópicos que ahora nos enganchan en Black Mirror.

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Blade Runner es a los relatos futuristas lo que Alfred Hitchcock a los de suspense: la Biblia que dicta sus mandamientos básicos. Muchas series, películas y novelas de ciencia ficción han intentado imitar su estética, sus debates filosóficos e incluso el año en el que está ambientada. “Cambió el aspecto del mundo y también nuestra forma de ver el mundo”, decía a Wired en 2017 el escritor William Gibson, uno de los padres del ciberpunk.

La trama de la película resume buena parte de ese legado. Los rascacielos y el neón de una versión decadente de Los Ángeles rodean a Rick Deckard, un agente de policía interpretado por Harrison Ford. En un mundo en el que los androides conviven con los humanos, su misión es dar caza a cuatro de ellos, llamados replicantes. Sus investigaciones le llevan hasta Tyrell Corporation, empresa especializada en ingeniería genética.

Estas son algunas de las cosas que la cinta popularizó dentro del género de la ciencia ficción.

¿Por qué en 2019?

Con Blade Runner, Ridley Scott adaptó solo de forma parcial el argumento de Sueñan los androides con ovejas eléctricas, la novela corta que Philip K. Dick. En cuanto a su estética, sus referentes eran más bien retro: el clímax visual del cine negro de los años 40 y 50 y el diseño y arquitectura de Metrópolis (1927), de Fritz Lang.

2019, el año que escogió 'Blade Runner' para cambiar la ciencia ficción

Metrópolis (arriba) y Blade Runner (abajo)

 

Philip K. Dick escribió su libro en 1968 y lo ambientó en 1992. Como la trama ocurre solo una década después del inicio del rodaje de Blade Runner, Ridley Scott retrasó su relato hasta 2019.

Es evidente que el cine de ciencia ficción es tan viejo como el propio cine. El viaje a la Luna de George Méliès lo era en 1902 y Ray Harryhausen, el gran pionero de los efectos especiales, ya trabajaba en películas en los años 40. Pero el género, casi siempre centrado en el espacio exterior, imaginaba un futuro mucho más lejano.

Ni Barbarella (1968), ni El Planeta de los simios (1968), ni Star Trek (1979), ni La Guerra de las Galaxias (1977), ni Alien (1979) recreaban gigantescas ciudades en las que el desarrollo tecnológico contrasta con la involución de las emociones, como ocurre en Blade Runner. En cambio, ese argumento es la espina dorsal de narraciones posteriores como Gattaca (1997)Minority Report(2002), Her (2014), Akira (1988), y muchas otras que reflexionan sobre una realidad mucho más cercana: el siglo XXI.

Aunque futuristas en apariencia, las películas de ciencia ficción siempre han sido un reflejo de los problemas de la sociedad en la que fueron concebidas. Antes de los años 80, en un mundo marcado por dos guerras mundiales y la Guerra Fría, la amenaza alienígena era la metáfora que representaba el miedo al comunismo a través de Hollywood.

Cuando Blade Runner se estrenó en 1982, no muchos años antes de la caída del muro de Berlín, las preocupaciones empezaban a ser otras. Su argumento, que también giraba en torno a seres no humanos infiltrados en la sociedad, sirve como bisagra entre los viejos y nuevos temores del mundo.

Un referente estético

Su éxito en taquilla fue nulo, pero arrasó en el videoclub y entre los cineastas. Desde ese momento, las películas también empezaron a ambientarse en grandes ciudades y a imitar sus tonos pálidos, cercanos al blanco y negro del cine en el que se inspiraba Ridley Scott. También comenzaron a fantasear con un futuro cercano y con los inventos o problemas que iban a cambiar nuestra vida diaria. 

Algunos de los que aparecían en Blade Runner se repitieron en otras películas y, además, predijeron el futuro, como las videollamadas y el cambio climático. También el hablar con nuestros aparatos electrónicos, como en Her (2013); fachadas-anuncio de influencia asiática, parecidas a las de Ghost in the Shell(1995); y los robots sexuales, luego vistos en A.I. Inteligencia Artificial (2001).

Un vídeo publicado en YouTube en 2017 por la cadena de cines AMC muestra los muchos inventos y propuestas estéticas mostrados en Blade Runner que luego han aparecido en otros títulos. Por ejemplo, los coches voladores y la arquitectura urbana de El quinto elemento (1997) y de la escena inicial de Regreso al futuro II (1989).

Del ciberpunk a Black Mirror

Esos nuevos miedos que nacieron ante un nuevo orden mundial se concretaron en el ciberpunk, un subgénero de la ciencia ficción que se materializó en la literatura de principios de los 80, con novelas inspiradas en la película de Ridley Scott.

Autores como Bruce Bethke y William Gibson escribían relatos marcados por el claro retroceso de la calidad de vida de los ciudadanos ante una sociedad cada vez más automatizada, esclava de las grandes corporaciones, las drogas y el poder gubernamental.

En cine, el anime Akira se convirtió prácticamente en la versión animada de Blade Runner. Pero luego aparecieron Brazil (1985), RoboCop (1987), Johnny Mnemonic (1995), la saga Matrix y muchas otras, hasta llegar a la serie Black Mirror, que bebe de muchos de los debates éticos del ciberpunk.

Esas cuestiones ya aparecían años antes en las novelas de Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury y Philip K. Dick, que murió en marzo de 1982 sin que ninguno de sus textos fuera estrenado en cines. También en eso fue pionera Blade Runner.

Tras su adaptación de Sueñan los androides con ovejas eléctricas, otra docena de títulos del escritor han ido convirtiéndose en películas de ciencia ficción, Minority Report y A Scanner Darkly (2006) entre ellas.

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China ha conseguido que una semilla germine por primera vez sobre otro mundo en su misión Chang’e 4

China ha conseguido que una semilla germine por primera vez sobre otro mundo en su misión Chang

La sonda Chang’e 4 hizo historia al aterrizar por primera vez en la cara oculta de la Luna, pero los hitos parecen no acabar ahí. Ahora nos han llegado imágenes de una semilla germinando en la Luna, aunque no se trata de una plantación en el yermo suelo del satélite, sino de que la planta ha logrado crecer en un ambiente tan poco favorable como ése.

Hasta el momento habíamos visto como los astronautas lograban cultivar plantas en la Estación Espacial Internacional, que no es poco teniendo en cuenta que se trata del crecimiento de vegetales en pleno espacio (sin suelo, con frío, con ingravidez y con una gran cantidad de radiaciones). Lo que han conseguido ahora con la misión china es que una planta germine en el lander lunar, de modo que a grosso modo tenemos la primera germinación en otro mundo.

La vida terrestre se desarrolla por primera vez sobre la Luna

La semana pasada veíamos casi en primera persona el alunizaje de Chang’e 4 gracias a las imágenes y vídeos que nos van llegando de ese lado que la Luna no nos muestra por cuestiones relativas a los movimientos de nuestro planeta y del satélite. Ahí repasamos los propósitos de la misión, comentando que entre otros experimentos el módulo lunar llevaba un pequeño frasco con huevos de gusanos y semillas de plantas para ver cómo se comportan los organismos en un entorno de baja gravedad como el del satélite.

De este modo, lo que han conseguido es que una semilla de algodón brote por primera vez sobre la Luna. Esto es, no en el suelo lunar, sino dentro de la sonda Chang’e 4, según han informado las agencias de noticias del país y reporta también BBC. Se trata de un experimento de biosfera diseñado para probar la fotosíntesis y la respiración, que se ha desarrollado en un contenedor de 3 kilogramos diseñado con la colaboración de 28 universidades chinas.

AlgodonA la izquierda se ven los brotes “lunares”. Imagen: Universidad de Chongqing vía Phys.org

El reto está en que, teniendo suministro de aire, agua y nutrientes, se pueda mantener una temperatura favorable para el crecimiento de los organismos, teniendo en cuenta que la oscilación térmica lunar es de – 173 grados centígrados y 100ºC. Así, de todas las semillas que han llevado y plantado, las que han conseguido germinar han sido por ahora las de algodón, habiendo también de colza, patata y arabidopsis, así como huevos de mosca y algunas levaduras.

Germinar sin contaminar

Según cuentan en BBC, hay voces que apuntan a la cuestión de si estos experimentos suponen un resto de contaminación de la Luna, pero según la publicación los científicos consideran que no existen motivos para que haya una preocupación sobre este asunto. Por ahora se trata de unos cultivos que se desarrollan en un ambiente cerrado con suministros propios, aunque habrá que ver si al final la misión también deja bolsas de residuos como ocurrió tras el paso de los astronautas de las misiones Apollo.

En cuanto a este logro seguiremos atentos a la evolución del resto de organismos, viendo si alguna otra especie logra desarrollarse en las difíciles condiciones para la vida que ofrece nuestro satélite vecino. También a los planes de China en el espacio, entre los que se encuentran establecer una base lunar o llegar a Marte.

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