La fotografía, musa del impresionismo

El Museo Thyssen inaugura su temporada expositiva con una muestra en la que los pintores impresionistas se miden con los grandes fotógrafos de la época

Natividad Pulido

¿Qué tienen en común el «instante decisivo» del que hablaba Cartier-Bresson (la capacidad de la fotografía para detener el tiempo) con el paraíso que Monet construyó en Giverny tan solo para poder pintarlo? Mucho más de lo que podría pensarse. La pintura impresionista, muy bien representada tanto en la Colección Thyssen como en la de la baronesa, ha sido una presencia constante en las exposiciones temporales del Museo Thyssen en los últimos años, con una decena de muestras dedicadas a Sisley, Morisot, Pissarro, Cézanne, Caillebotte, Renoir, jardines impresionistas, impresionismo y aire libre… Parecen infinitas las lecturas en torno a este movimiento. La última, el (buen) ojo fotográfico que tuvo el impresionismo.

A la izquierda, «Retrato de Richard Gallo» (1878), de Caillebotte. A la derecha, «Renoir y Mallarmé», fotografía de Degas, 1895
A la izquierda, «Retrato de Richard Gallo» (1878), de Caillebotte. A la derecha, «Renoir y Mallarmé», fotografía de Degas, 1895 – FUNDACIÓN DEL HERMITAGE, LAUSANA/BIBLIOTECA DOUCET, PARÍS

A través de 66 óleos y más de un centenar de fotografías (todas vintages, copias de época), la exposición, comisariada por Paloma Alarcó, jefe de conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen, relata cómo los pintores impresionistas fueron de la mano de los grandes fotógrafos de la época en su revolución estética. Y es que, como se aprecia a lo largo del recorrido, son muchas las confluencias y afinidades entre ambos décadas después del nacimiento de la fotografía, allá por 1839. Como el encuadre fragmentado (se fotografía y se pinta un trozo de la realidad, no el todo), la instantaneidad (se fotografía y se pinta un instante), la luz y sus reflejos, las estaciones del año, la composición de la imagen, los temas (paisajes, retratos, la ciudad, el cuerpo desnudo…) Así, Monet pinta un almuerzo campestre, presente en la exposición, en el mismo lugar, y con el mismo tratamiento, que Gustave Le Gray en una de sus imágenes. Es éste uno de los grandes nombres de la fotografía de la época. Fueron una revolución en su momento sus originales primeros planos de los mares. Es, además, pionero en captar el movimiento del agua. Sus instantáneas rompían por completo con las marinas tradicionales. En la muestra se miden con lienzos de Monet y Boudin.

A la izquierda, «Busto de mujer con sombrero de plumas», de Degas, h. 1887-1890. A la derecha, «Madame Audouard», de Félix Nadar, 1854-70
A la izquierda, «Busto de mujer con sombrero de plumas», de Degas, h. 1887-1890. A la derecha, «Madame Audouard», de Félix Nadar, 1854-70 – COLECCIÓN ANN Y GORDON GETTY, SAN FRANCISCO/BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA, PARÍS

Rechazo de Baudelaire

Hay quien pensará que los impresionistas se limitaron a copiar o imitar a los fotógrafos. «Hubo un cruce de miradas entre unos y otros», advierte Paloma Alarcó, a la que no le gusta hablar de influencias: «Más que influir la fotografía en el impresionismo, le da ciertas claves y estrategias que los pintores usan en sus composiciones. Los impresionistas aprenden a mirar con la fotografía, les proporciona una nueva mirada. Ambos comparten una manera moderna de mirar». Y eso que el lenguaje fotográfico no empezó con buen pie: contó con el rechazo de los pintores de la Escuela de Barbizon, de maestros clásicos como Ingres y Courbet, de intelectuales como Baudelaire… que no lo consideraban una de las bellas artes, sino más bien un trabajo mecánico, carente de poesía. Hasta el propio Monet renegó en una época de ella. Aunque también en el rechazo se parecen los fotógrafos a los impresionistas, relegados sistemáticamente, salvo excepciones, de los Salones de París. Curiosamente, fue en el estudio parisino de un célebre fotógrafo, Félix Nadar (también era caricaturista), en el Boulevard des Capucines, donde se celebró en 1874 la primera exposición impresionista.

A la izquierda, «Después del baño», de Degas, década de 1890. A la derecha, «Estudio del natural nº1», h. 1865. Paul Berthier
A la izquierda, «Después del baño», de Degas, década de 1890. A la derecha, «Estudio del natural nº1», h. 1865. Paul Berthier – PRINCETON UNIVERSITY ART MUSEUM/BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA, PARÍS

Muchos de los jóvenes fotógrafos se formaron antes como pintores. Y numerosos artistas quedaron muy pronto fascinados por la seductora cámara fotográfica. Degas fue, sin duda, el impresionista más interesado por la fotografía. Dicen que posar para él era una tortura. Se exhiben en el Thyssen imágenes hechas por el artista, como un célebre retrato de Mallarmé y Renoir. Le interesan mucho las fotos de cuerpos en movimiento de Eadweard Muybridge, que retoma en sus celebérrimas bailarinas. En algunas, como «Bailarina basculando», del Thyssen, utiliza un encuadre claramente fotográfico. También les gusta la fotografía a Manet (muy amigo de Nadar), o Bazille. Cuelga en las salas del Thyssen un cuadro de éste, de grandes dimensiones (préstamo del Orsay parisino), retrato familiar completamente fotográfico. Al igual que muchos de los cuadros de Caillebotte, como «Piraguas», de 1878, cedido por el Museo de Bellas Artes de Rennes. El Ayuntamiento de París encargó a un grupo de fotógrafos que inmortalizasen con sus cámaras tanto las calles y parques de la capital parisina, como visiones aéreas de la misma. Entre las obras expuestas, el polémico Pissarro del Museo Thyssen por el que llevan años pugnando judicialmente los decendientes de su propietario original y el Estado español: «Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia» (1897).

A la izquierda, «Retrato de Carolus-Duran», 1876, de Manet. A la derecha, «Retrato de un dandi», h. 1854, de Olympe Aguado
A la izquierda, «Retrato de Carolus-Duran», 1876, de Manet. A la derecha, «Retrato de un dandi», h. 1854, de Olympe Aguado – UNIVERSIDAD DE BIRMINGHAM/MUSEO DE ARTE MODERNO Y CONTEMPORÁNEO DE ESTRASBURGO

En este apartado se muestran, encerrados en una vitrina, dos de las joyas de la exposición: sendos daguerrotipos. Más tarde será el Estado francés el que haga lo propio con los monumentos del país: se fotografían puentes, catedrales… Como la de Notre Dame, que retratan fotógrafos como Édouard Baldus, sobre todo por su cara posterior y aún con la aguja que recientemente se desplomó por el incendio que asoló las cubiertas del templo. Las fotos expuestas han sido cedidas por el Prado. También, la catedral de Ruán. Ésta, fotografiada por Achille Quinet, fue inmortalizada por Monet en una serie celebérrima. En los lienzos de esta serie Monet repite casi al pie de la letra el encuadre fragmentado de Quinet. Al igual que haría el pintor francés con una vista del museo y la villa de El Havre, de Le Gray.

A la izquierda, detalle de «El puente del Azobispado y el ábside de Notre Dame de París», h. 1880, de Guillaumin. A la derecha, «Vista posterior de Notre Dame de París, 1860-70, de Baldus
A la izquierda, detalle de «El puente del Azobispado y el ábside de Notre Dame de París», h. 1880, de Guillaumin. A la derecha, «Vista posterior de Notre Dame de París, 1860-70, de Baldus – MUSEO THYSSEN/MUSEO DEL PRADO

Retratos domésticos

«Con los retratos, la fotografía entra en el mundo comercial –advierte la comisaria–. Todos los burgueses querían su propio retrato. Pero los impresionistas acaban con el retrato por encargo. Los suyos son más domésticos: retratos de amigos, familiares, autorretratos…» Se popularizan los retratos como «tarjetas de visita», que algunos, como Manet, coleccionan en álbumes. También se produce una revolución en la iluminación de las pinturas. La luz teatral, lateral, de maestros como Rembrandt se torna frontal y difusa (Manet, Degas). El fotógrafo A. A. E. Disdéri inventa una cámara con la que, a partir de un solo disparo, se obtienen varias fotos. Es el pionero del fotomatón.

«Cuando Degas pinta, mira a la fotografía», advierte la comisaria. Su cuadro «Lyda, mujer con binoculares» resume a la perfección la tesis de la exposición. Un pintor retrata a una mujer que mira la realidad a través de unas lentes. Buscando un grabado de la «Olympia» de Manet, Paloma Alarcó halló un tesoro en el Museo Zuloaga-Castillo de Pedraza: fotografías de cuadros del pintor francés, algunos inacabados, tomadas en su estudio. Contrató para ello al fotógrafo Anatole Godet. Manet coloreó algunas de esas imágenes. Cuelga una, cedida por una colección privada extranjera, al final de la exposición, junto con una carpeta de fotograbados de Degas.

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Al carajo con la Hispanidad

Al carajo con la Hispanidad
Protestas en Ecuador. / REUTERS – CARLOS GARCIA RAWLINS

A esas horas del día, si uno mira tendencias en redes sociales, puede ver #12Octubre, #DíadelaHispanidad o #NadaQueCelebrar. Las dos primeras son ciertas, la última, no. Hay mucho que celebrar, pero no por lo que somos ni por lo que hacemos en España, sino por lo que están haciendo nuestros hermanos y hermanas de Hispanidad en Ecuador, por todos esos millones de personas que bajo el paraguas de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) nos están dando una lección de lo que es un pueblo, una patria. Por todo lo demás, por todo lo que aquí entiende por Hispanidad la mayor parte de quienes hoy se envuelven con la bandera, al carajo con ello.

La CONAIE y su frontal oposición al gobierno de Lenín Moreno debería ser el espejo en el que mirarnos, más aún un día como hoy, en el que la propaganda pseudopatriótica reescribe la Historia a su conveniencia y tiene sueños húmedos con unos héroes que no fueron tales. El pueblo ecuatoriano y, más concretamente, su pueblo indígena no está combatiendo unas medidas neoliberales, está luchando contra todo un modelo que lo estrangula desde hace ya demasiadas décadas.

La movilizaciones populares masivas, su honestidad, solidaridad y coraje nos trae un mensaje muy claro, en este Día de la Hispanidad: el pueblo que se deja pisar no tiene excusa. Desde Quito a Guayaquil el grito de «basta» es unánime, con cientos de personas detenidas, cinco asesinatos por parte de la represión de Moreno, entre ellas la de Inocencio Tucumbi, que no dudó en dejarlo todo para sumarse a la causa.

Las democracias española y ecuatoriana tienen prácticamente la misma edad, cuatro décadas. Las protestas que tienen lugar desde principios de octubre dicen mucho de aquel pueblo y muy poco del nuestro, en el que continuamos dejándonos aplastar por un modelo que ha incrementado la pobreza, la miseria, mientras las élites se enriquecen a nuestra costa.

Mientras millones de ecuatorian@s, nuestros herman@s, están dispuestos a dar la vida por su libertad, por sus derechos, en España jugamos a las banderas, los desfiles y especular con los gestos de la clase política, con ausencias y asistencias a un acto de mera distracción.

Claro es que 12 de Octubre, claro que es el Día de la Hispanidad y claro que hay cosas que celebrar, pero en lugar de hacerlo con esa visión de superioridad colonizadora hagámoslo con la humildad del colonizado, porque esa es la realidad, el neoliberalismo y todo lo que entraña nos arrebata sueños, derechos, libertades…

Al otro lado del Charco, el pueblo ecuatoriano, las comunidades indígenas nos vuelven a dar una lección, luchando contra el opresor como hicieran a principio del siglo XIX, organizándose, apoyándose unas a otras y transmitiendo un mensaje de bravura y de esperanza que manda al carajo la Hispanidad tal y como la conciben los grandes desfiles y festejos. Hispanidad es eso, la hermandad entre pueblos, comenzando por uno mismo. ¿Tenemos esa hermandad contra el opresor aquí en España? Cerramos el círculo, en eso, es cierto, #NadaQueCelebrar y mucho por lo que avergonzarse. Manos a la obra, pues.

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Se calcula que el plástico no tardaba tanto en degradarse como se creía: de miles de años a décadas

Se calcula que el plástico no tardaba tanto en degradarse como se creía: de miles de años a décadas

SERGIO PARRA

No se trata de afirmar que la contaminación por plásticos no sea mala, solo que la persistencia del poliestireno (no de los plásticos más comunes) en el medio ambiente puede ser más corto y más complejo de lo que se cree.

Cuando se expone a la luz solar, en lugar de miles de años como se pensaba anteriormente, este material parece degradarse en cuestión de siglos o incluso décadas. Es lo que sugiere un nuevo estudio realizado por investigadores de la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI).

Considerar el sol y no solo los microbios

Publicado en Environmental Science and Technology Letters, el estudio muestra que la luz solar no solo hace que los plásticos se descompongan físicamente, sino que también los degrada químicamente en carbono orgánico disuelto y trazas de dióxido de carbono, a niveles demasiado bajos para afectar el cambio climático.

Estudios anteriores se han centrado en gran medida en el papel que juegan los microbios para degradarlos, en lugar de considerar otros factores como la luz solar. El presente estudio también advirtió que los aditivos del poliestireno, que pueden determinar su color, flexibilidad y otras características físicas, juegan un papel importante en la descomposición.

Tal y como explica Collin Ward, químico marino del WHOI y autor principal del estudio:

Considerar cómo ocurre esta transformación será una parte importante de la estimación de la cantidad de plástico que hay en el medio ambiente.

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Lágrimas en México por las víctimas de Franco que buscan a sus parientes en las cunetas

‘El silencio de otros’ se proyecta en el Ateneo Español y estremece a los espectadores

CARMEN MORÁN BREÑA

Grupo escultórico que conmemora a las víctimas del franquismo en El Torno (Cáceres).
Grupo escultórico que conmemora a las víctimas del franquismo en El Torno (Cáceres).

Lo que describe María Martín casi sin voz es una escena inequívoca del terror franquista: su madre y otras dos mujeres con la cabeza rapada siendo escarnecidas por las calles del pueblo como atroz antesala de su asesinato. “Los muchachos íbamos detrás, pero no me dejaban arrimarme a ella”. Tenía seis años y siempre le persiguió el mismo afán: sacar los huesos de la madre de la cuneta para enterrarla con el marido. Escribió cartas y cartas a las autoridades reclamándolo y un franquista le dijo un día que su deseo se cumpliría “cuando las ranas críen pelo”. María murió esperando ese milagro. Ahora lo está contando en la pantalla del Ateneo Español en México y los espectadores lagrimean sobrecogidos. María lleva al cuello la medalla con la foto de la madre fusilada. En la sala de proyección, descendientes del exilio lloran la desgracia de una guerra y la miseria de una democracia que no supo cerrar las heridas. Lloran el exilio interior, millones de personas a merced de sus enemigos.

La película de Almudena Carracedo y Robert Bahar El silencio de otrosque también estremeció en la Berlinale, donde ganó el año pasado un par de premios, relata estos últimos años en España, espantando el miedo y escarbando en la tierra en busca de la memoria. Los protagonistas son los torturados en los sótanos de la Dirección General de Seguridad, ancianas que arrastran su cansada osamenta por el camino que lleva a la fosa de la ignominia, nietos en pos de justicia, jueces que no desfallecen, arqueólogos, madres que perdieron a sus hijos. Y el tiempo. Cada anciano que muere es un testimonio que se pierde, cada carretera que se construye sobre los cráneos agujereados de bala es una historia que se quedará sin final. “En España hemos sacado unos 9.000 cadáveres en la democracia. Nos quedan alrededor de 114.000 pero por la experiencia de estos últimos años no creo que consigamos más que la mitad de ellos o algo menos”, se resigna el arqueólogo René Pacheco, ahora afincado en México, que ha participado en estos desenterramientos por más de una década y al que también se le puede ver emocionado en la película.

Pacheco señala otros dos obstáculos que pesan más que una losa en la búsqueda de los asesinados: las dificultades que plantean los Gobiernos, la ley de Amnistía española y el miedo “que aún perdura” y se quiebra apenas cuando van saliendo a la luz los huesos. Entonces la gente del pueblo se anima a contar lo que callaba. Y no hay un pueblo en España que no tenga víctimas de la represión franquista, dice el documental que este mes se proyecta en diversas salas mexicanas previa parada este jueves en el Ateneo Español. Antes, en mayo,se proyectó en el colegio Madrid, otra sede emblemática del exilio español, para la reflexión de padres y alumnos. La intención de la sección Resistencias, una serie de documentales que la organización Ambulante ha proyectado, es despertar el debate sobre la verdad, la memoria y la justicia.

Con la voz entrecortada intervino en la mesa posterior a la proyección la vicepresidenta del Ateneo, Josefina Tomé Méndez. Descendiente de exiliados, se proclama orgullosa de la lucha incesante, hasta la muerte, que han mantenido los huérfanos de aquellos asesinados en las cunetas y en las tapias de los cementerios, los que sufrieron en sus cuerpos desnudos el martirio y viven hoy a solo unos metros de conocidos torturadores de la dictadura española como Billy el Niño. Se emociona Josefina, y se dice portadora del “gen rojo” que menciona el documental, ese que el médico franquista Vallejo Nágera quiso buscar en decenas de personas para extirparlo, siguiendo el manual de los nazis. “No lo encontró, pero sí que existe y yo me siento orgullosa de tenerlo”, afirma. Es el gen que Josefina Tomé detecta en todos esos protagonistas del documental, a quienes agradece su perseverancia por la justicia. El gen de Ascensión Mendieta, que meses antes de morir pudo dar sepultura a los huesos de su padre: “Toda la vida bajo tierra”, clamaba. Su llanto conmociona al Ateneo mexicano. Es también el gen de María Martín, que arrugada y maltrecha, deja flores a un lado de la carretera y señala la fosa, quizá ya bajo el asfalto. Su voz está en las últimas y hay que afinar el oído para descifrar el relato del horror. “Cuando íbamos por el pueblo me hacían así [se pasa el dedo por el cuello a modo de cuchilla]. No debíamos haber dejado ni simiente, me decían”. Pero la dejaron. Ahora es su hija la que lleva el gen de la lucha por la justicia y la medalla con la foto de su abuela asesinada.

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Un puente diseñado por Da Vinci, que hubiera sido una revolución, se imprime en 3D

El puente propuesto por el genio del Renacimiento habría sido el más largo del mundo en ese momento

Un puente diseñado por Da Vinci, que hubiera sido una revolución, se imprime en 3D

Cuando todavía das que hablar 500 años tras tu muerte,increíblemente genial (o increíblemente fatal) lo has tenido que haber hecho. Es el caso de Leonardo Da Vinci, cuyo diseño de un puente que nunca llegó a construirse ha sido recreado en 3D por losarquitectos e ingenieros civiles del Instituto de Tecnología de Massachusetts. No solo funcionó sino que hubiera sido una revolución.

En 1502 d.C., el sultán Bayezid II quería construir un puente para conectar la ciudad de Estambul con su vecina Galata. Uno de los diseños que se enviaron vino de Da Vinci, que ya era un conocido artista e inventor, según informa «MIT News», que ideó un novedoso diseño de puente que describió en una carta al Sultán y dibujó en un pequeño dibujo en su cuaderno.

Aunque no consiguió el trabajo, el diseño del que hubiera sido el puente más largo del mundo de su tiempo suscitó la curiosidad de los investigadores del MIT, que se preguntaron si habría funcionado. Para ello analizaron los documentos disponibles, los posibles materiales (que Da Vinci no detalló en su carta al Sultán) y métodos de construcción disponibles. en ese momento, y las condiciones geológicas en el sitio propuesto.

Según el informe del MIT, el concepto del puente de Leonardo era muy diferente al habitual de aquellos tiempos: un arco aplanado que sería lo suficientemente alto como para permitir que un velero pasara por debajo con su mástil y que tendría 280 metros de largo, diez veces más que los puentes típicos de aquella época. ¡Eso es pensar a lo grande!

«Llevó mucho tiempo, pero la impresión 3D nos permitió recrear con precisión esa geometría tan compleja», ha dicho Karly Bast, líder del proyecto. El puente funcionó, se mantuvo sólido y estable sin necesidad de morteros o columnas de sujeción.

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OLGA TOKARCZUK Y PETER HANDKE, RECONOCIDOS CON EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA

OLGA TOKARCZUK Y PETER HANDKE SE SUMAN A LA HISTORIA DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA.

OLGA TOKARCZUK Y PETER HANDKE, RECONOCIDOS CON EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Este 10 de octubre de 2019 la Academia Sueca determinó conceder el Premio Nobel de Literatura a Olga Tokarczuk y Peter Handke, nombramientos que corresponden al presente año, en el caso de Handke, y al año 2018 en el caso de Tokarczuk. 

Recordemos que este anuncio doble se debe a que el año pasado el comité encargado de otorgar el Premio Nobel de Literatura se vio envuelto en acusaciones de acoso sexual, lo cual provocó una crisis interna que impidió la entrega del galardón. Este año, sin embargo, la Academia reanudó la cesión del Nobel de Literatura con los reconocimientos señalados. 

En el caso de Olga Tokarczuk, escritora de origen polaco, el comité la elogió por poseer “una imaginación narrativa que con pasión enciclopédica representa el cruce de fronteras como una forma de vida”. Tokarczuk es una autora prolífica que ha incursionado tanto en la poesía como en la prosa, si bien es sobre todo en esta última donde ha obtenido mayor reconocimiento. Su novela Bieguni (que en polaco significa, Huidas, si bien al inglés fue traducida como Flights, Vuelos), es hasta el momento su mayor éxito, ya que obtuvo el Man Booker International Prize en 2018, uno de los premios literarios más importantes de Inglaterra y en general del mundo anglosajón.

Handke, por otra parte, es quizá un autor mucho más conocido, pues varias de sus obras se encuentran traducidas y publicadas en español (particularmente por Alianza Editorial). De origen austriaco, Handke ha publicado obras narrativas (novelas) y varias piezas de teatro, en ambos casos con notable reconocimiento. En el caso del Nobel, el comité determinó otorgárselo “una obra influyente que con ingenio lingüístico ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”.

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La fuente del sentido común

La sabiduría de Smart Compose proviene de los agentes de carne y hueso que alimentamos de datos al filósofo de silicio

JAVIER SAMPEDRO

La fuente del sentido común

Los 1.500 millones de usuarios de Gmail que somos en el planeta Tierra hemos notado últimamente que, cada vez que escribimos un correo electrónico, el texto predictivo se hace el listo y nos propone en letras grises la frase en la que estábamos pensando, cuando aún no hemos redactado ni la mitad. Lo más humillante es la cantidad de veces que el robot acierta. Pero lo más preocupante es cuando se equivoca, como le ha ocurrido al escritor John Seabrook, un clásico de The New Yorker. Seabrook estaba escribiendo a su hijo y pensó que, para despedirse, lo mejor que podía decirle era que estaba encantado (“I am pleased”). Pero, cuando iba por “I am p…”, el robot le propuso “I am proud of you” (estoy orgulloso de ti). Seabrook no solo se dio cuenta de inmediato de que la predicción del robot era incorrecta, sino también de que era mejor que su idea original, de que proponía una cosa que nunca le había dicho a su hijo y de que, maldita sea, ya era hora de que se lo dijera alguna vez. Tras unos segundos de duda, acabó aceptando la sugerencia de la máquina.

¿De dónde proviene esa sabiduría y buen sentido que han cambiado la vida de Seabrook? El texto predictivo del Gmail se llama Smart Compose, y bajo su humilde apariencia esconde un montón de investigación punta en inteligencia artificial. Es un producto del aprendizaje de máquina (machine learning), la misma tecnología que está detrás de los sistemas de reconocimiento facial, de lectura de voz, de búsqueda en Internet y de la mitad del avance de la robótica, por citar lo más gordo. Eso quiere decir que la sabiduría de Smart Compose, esa extraña especie de sentido común, proviene de nosotros, de los agentes de carne y hueso que alimentamos de datos al filósofo de silicio. Si el robot te propone que estés orgulloso de tu hijo, es porque lo ha visto hacer a miles y millones de humanos en una situación parecida. No sé si el sentido común ha sido alguna vez un consenso democrático, pero el aprendizaje de máquina puede estar logrando hoy ese prodigio. Si es que eso es un prodigio.

Pese a lo que sostienen algunos filósofos, la ciencia no es un proceso democrático. Para el avance del conocimiento, lo que piense la mayoría de la gente importa muy poco, salvo para obtener la financiación necesaria. Cuando Einstein estaba luchando, allá por 1905, para entender los principios que después cambiaron el siglo XX, hizo falta el mejor físico de la generación anterior, Max Planck, para publicarle los artículos y permitirle seguir con su investigación. Los demás científicos de la época no estuvieron a la altura, y se limitaron a denostar o, peor aún, ignorar a Einstein. Hasta el propio Planck pensaba en el fondo que todas esas ideas rompedoras eran una locura, pero su inteligencia científica le indicó —correctamente— que allí había algo que merecía la pena examinar a fondo. No, el avance del conocimiento no es un proceso democrático.

Entonces, ¿de dónde vino el buen consejo que cambió la vida de Seabrook? Si vino de una especie de consenso entre nosotros, los usuarios de Gmail, ¿quiere decir que 100.000 moscas no pueden equivocarse? Buena pregunta.

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La tragedia de los judíos expulsados por los Reyes Católicos, ¿cómo acabaron los sefardíes en América?

La odisea vivida por este grupo de españoles arrastró a mujeres, hombres y niños a lugares donde fueron esclavizados, perseguidos y, en algunos casos, expulsados de nuevo a otros territorios

Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala
Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala

César Cervera

El Congreso de los Diputados aprobó en 2015 una ley para conceder la nacionalidad española a los sefardíes, los descendientes de los judíos hispano-portugueses que vivieron en la Península ibérica hasta 1492. Sin embargo, no ha sido hasta cuatro años después cuando el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Notariado españoles ha terminado la recepción de solicitudes de nacionalidad, hasta 149.822 solicitudes, 72.000 solo en el último mes, la mayoría de Hispanoamérica. Alrededor de 20.000 llegaron de México, 15.000 de Venezuela y 10.000 de Colombia.

Pero, ¿cómo acabaron todos estos judíos españoles dispersos por el mundo? La odisea vivida por este grupo de españoles arrastró a mujeres, hombres y niños a lugares donde fueron esclavizados, perseguidos y, en algunos casos, expulsados de nuevo a otros territorios.

Las consecuencias de un éxodo moderno

La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después ha recibido en la historiografía extranjera, la cruel decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos su satisfacción por una medida de aquella índole. La mayoría de los afectados por el edicto eran, de hecho, descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra. Salvo en España, los grandes reinos europeos habían acometido varias ráfagas de deportaciones desde el siglo XII. Así, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras cuatro veces (1306, 1321, 1322 y 1394) por distintos monarcas galos. No en vano, la primera expulsión masiva la dictó Eduardo I de Inglaterra en 1290.

El edicto español de 1492 establecía que los judíos tenían un plazo de cuatro meses para abandonar el país. Les estaba permitido llevarse bienes muebles, pero les prohibía sacar oro, plata, monedas, armas y caballos, lo cual complicaba mucho que los judíos españoles pudieran iniciar nuevos negocios en otros territorios. El elevado volumen de refugiados tampoco ayudaba a que alguien quisiera recibirlo con los brazos abiertos.

Expulsiones de comunidades judías en Europa entre 1.100 y 1.600
Expulsiones de comunidades judías en Europa entre 1.100 y 1.600

En tiempos de los Reyes Católicos, siempre según datos aproximados, los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la península pues se convirtieron al Cristianismo y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Y aunque algunos historiadores han llegado a afirmar que solo se marcharon definitivamente 20.000 habitantes (el hispanista británico John Lynch lo eleva a entre 40.000 y 50.000), lo cierto es que la persecución se prolongó durante todo el siglo XVI provocando un silencioso goteo de salidas por parte de falsos conversos. Por lo pronto, regresaran o no, al menos 150.000 se lanzaron a los caminos en 1492.

En previsión de posibles agresiones por parte de la población cristiana,los Reyes Católicos facilitaron a este grupo de españoles expulsados de su tierra un documento de seguridad donde se reclamaba respeto hacia ellos a las autoridades y al pueblo. Una medida que no evitó la trágica estampa de miles de hombres, mujeres y niños cargando con sus escasas pertenencias por los maltrechos caminos del periodo. «No había cristiano que no tuviese dolor de ellos. Iban por los caminos e campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros naciendo, otros enfermando», describió en sus crónicas Andrés Bernáldez.«No había cristiano que no tuviese dolor de ellos. Iban por los caminos e campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros naciendo, otros enfermando»

La mayoría tomó la desafortunada decisión de dirigirse a los reinos cercanos de Portugal y Navarra, donde sufrieron otra vez el oprobio de nuevas expulsiones en 1497 y en 1498, respectivamente. Desde Portugal, un gran porcentaje se dirigió al Norte de Europa, evitando la matanza de Lisboa en 1506 o las deportaciones masivas a Santo Tomé y Príncipe (en el golfo de Guinea) reservadas para los judíos que omitieron las órdenes de la Corona portuguesa.

Sin hueco en el mundo

Los refugiados de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría, donde también fueron expulsados poco después. Y los que decidieron dirigirse a Italia gozaron de suerte dispar según el lugar elegido. En Nápoles, a punto de integrarse completamente a la Corona de Aragón, su permiso de residencia fue muy limitado y, en 1541, fueron desplazados definitivamente del territorio. Génova, que ya había prohibido el acceso a este grupo en el pasado, procedió a vender como esclavos a los que accedieron sin permiso a su república. Paradójicamente, los Estados Pontificios, donde se encontraba la sede de la Iglesia católica, no tomaron el camino de la expulsión hasta finales del siglo XVI.

Miniatura de una Hagadá española (Hagadá Hermana, Arte sefardí, Barcelona, 1350)
Miniatura de una Hagadá española (Hagadá Hermana, Arte sefardí, Barcelona, 1350)

Así y todo, la fortuna de los europeos fue mejor que la de los que viajaron al norte de África. «En el Magreb, en particular Marruecos, muchos de ellos encontraron la muerte en la travesía, o la esclavitud en los barcos de los moros, que les habían hecho creer que tendrían un viaje sin problemas», explica la historiadora Béatrice Leroy. Solo los que se refugiaron en el Imperio otomano, acostumbrado a sacar rédito de sus tratos con esta comunidad, pudieron gozar de cierta estabilidad. El sultán Bayaceto II permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a las figuras más ilustres personalmente. «Aquellos que les mandan pierden, yo gano», afirmó el sultán, según recoge la tradición, como reproche al error cometido por los Reyes Católicos.

El odio inicial hacia España de los sefardíes –llamados así en referencia al territorio de Sefarad, el nombre que recibe la Península ibérica en lengua hebrea– dejó paso con el transcurso de los siglos a una especie de añoranza por la amada tierra de sus ancestros. Todavía hoy, España es sinónimo de nostalgia para la comunidad sefardí, que ha mantenido vivos sus lazos con la cultura ibérica a través de sus costumbres y su lengua. A modo de ejemplo, se pueden encontrar lugares, como algunas zonas de Bulgaria, donde aún se habla el ladino, un idioma procedente del castellano medieval.

En la actualidad, la comunidad sefardí alcanza más de dos millones de integrantes, la mayor parte de ellos residentes en Israel, Francia, Argentina, Estados Unidos y Canadá. Su presencia también es reseñable en los antiguos territorios pertenecientes al Imperio español, donde se refugiaron tras la persecución sufrida a manos de los nazis durante la II Guerra Mundial en busca precisamente de una cultura y una lengua que aún les resultaban familiares.

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Esta es la primera carne que se consigue producir en el espacio

Esta es la primera carne que se consigue producir en el espacio

SERGIO PARRA

Ahora deberíamos leer el típico rótulo de las películas en las que participan animales: ningún ha animal ha sufrido daño en este rodaje. Básicamente porque en la producción de la primera carne espacial no hay participado, en realidad, ningún animal.

Esta carne es producto de la bioimpresión 3D de vacuno, y es la primera que tiene lugar en el espacio: concretamente, a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS).

Células de vacuno

Esta bioimpresión espacial consiste en cultivar un pedazo entero de carne real y comestible a partir de solo un par de células, en este caso, esferoides de células bovinas, en un laboratorio. En la Estación Espacial, el experimento consistió en cultivar un trozo de carne imitando el proceso natural de regeneración de tejido muscular de una vaca.

En este experimento llevado a cabo en el ámbito de la ISS se ha usado tecnología desarrollada por la firma israelí Aleph Biofarms, en colaboración con la compañía rusa 3D Bioprinting Solutions y dos compañías de alimentos de Estados Unidos.

Según palabras de Aleph Biofarms:

En el espacio no tenemos 10 mil o 15 mil litros de agua disponibles para un kilogramo de carne de res. El experimento conjunto marca un primer y significativo paso hacia el logro de garantizar la seguridad alimentaria para las generaciones venideras, preservando nuestros recursos naturales. En un experimento conjunto a bordo de la Estación Espacial, produjimos con éxito carne cultivada sin importar la disponibilidad de tierras y recursos hídricos locales. ¡Este es un hito hacia la promesa de alimentos sostenibles en cualquier lugar!

Según la propia Aleph Farms, todavía ha de pasar bastante tiempo para que el producto se produzca en serie. Sin embargo, la compañía planea aprovechar el experimento y hacer bistecs de carne sintética disponibles en tierra firme usando a gran escala “bio-granjas”.

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China y el mundo en la Nueva Era

El auge de China genera sentimientos ambivalentes, entre la admiración y la desazón

EVA BORREGUERO

Desfile militar en Pekín este 1 de octubre.
Desfile militar en Pekín este 1 de octubre. VCG GETTY IMAGES

Agosto de 2008, un ejército de tambores anuncia la apertura de las Olimpiadas de Pekín. Más de 2.000 hombres ejecutan al unísono un ejercicio combinatorio de taichí, atronadores golpes de tambor y clamores de las palabras de Confucio “los amigos han llegado de lejos, qué felices estamos”. Un alarde de coordinación colectiva y grandiosidad intimidante. En medio del fragor, los comentaristas de prensa extranjeros reaccionaban. El corresponsal de la NBC destacaba que para suavizar la impresión marcial, los actuantes recibieron instrucciones de sonreír. Posteriormente la irreverente serie de animación South Park satirizó la escena de los tambores en las pesadillas de un niño sobre el poder de China. El doble mensaje de este episodio, una explícita declaración de filiación confuciana rebosante de promesas de paz y prosperidad, y una implícita y contundente afirmación de poder, ilustra los sentimientos ambivalentes que genera el auge de China, entre la admiración y la desazón.

Once años después, cuando la República celebra el 70 aniversario de su fundación, esta tensión, lejos de disiparse, se ha reforzado. El diario oficialista China Daily, en un suplemento especial dedicado a la efeméride titulado “China y el mundo en la Nueva Era”, describe la transformación del que fuese dragón durmiente en superpotencia. Cierto es que más allá de la propaganda y el autobombo, las cifras son apabullantes. Algunos ejemplos: 800 millones de personas sacadas de la pobreza; 29.000 kilómetros de red ferroviaria de alta velocidad (dos tercios del total mundial); liderazgo en tecnología de IA y 5G; 24.000 kilómetros cuadrados de desiertos convertidos en zonas verdes; en arquitectura el país posee más de la mitad de los rascacielos del mundo, y desde 2015 se han construido 310, diez veces más que en EE UU durante el mismo periodo de tiempo. Todo tan solo en unas décadas. Al éxito de la economía se añade ahora la reivindicación del “sistema político chino” (sic) (¿qué fue del “un país, dos sistemas”?) que incorpora la primacía de la cultura, la defensa de la soberanía nacional y promesas de respeto y concordia internacional. De nuevo, reconocimiento por la escala sin precedentes de los logros, y preocupación por el hecho de que este éxito es inseparable de una forma de gobierno autoritaria.

Lo que resulta incuestionable, entonces como ahora, es la clara visión de futuro y sentido de dirección del Partido Comunista de China. Por contraste, desde la óptica de la potencia asiática el resto del mundo, y en concreto Occidente, se muestra desnortado. Algo que, por otra parte, no es de extrañar. Basta con asomarse a nuestro panorama político: cuartas elecciones en cuatro años, una conciencia política abducida por el procés, y una clase dirigente mutante, que, como señalaba en estas páginas Teodoro León Gross, no se sabe muy bien qué representa. Aquí, también, asombro y temor.

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