Mascaras

mascaras

En la fiesta de la Merced un cura llamado don Frutos celebraba una misa en una galería de la cárcel repleta de presos de toda índole. Un coro de internos alrededor de un armonio cantaba sentidas plegarias y era difícil calibrar cuál de todos lo hacía con más unción. Asistí a la ceremonia junto a un celador, al que pregunté qué delito había cometido cada uno de los cantores. El del chándal rojo, que sin duda parecía el más devoto, había violado a sus cuatro hijas, una detrás de otra; el gordito de la camisa blanca había matado a su novia a cuchilladas; el más enteco, con apenas sesenta kilos de peso, había atracado un banco con una recortada. Antes de conocer sus antecedentes, aquellos internos tan piadosos parecían tener un rostro anodino e intercambiable, como los que uno ve discurrir por la calle o en la escena pública, pero una vez desvelado su pasado, a partir de ese momento el rostro de cada uno se adaptó de forma misteriosa al crimen que había cometido. Evidentemente uno tenía cara de violador, otro de asesino, otro de atracador. Se trata de un fenómeno psico-somático al que asistimos todos los días. Sin moverse del balcón de palacio ante la multitud de Bucarest, el dictador Nicolai Ceaucescu en un solo minuto cambió su rostro de padre de la patria por el de Drácula. Mientras Bernard Madoff estaba en la cumbre de las finanzas de Wall Street, venerado por muy selectos inversores, su rostro expresaba confianza, inteligencia y sagacidad. Inmediatamente después de que su inmenso fraude se hiciera público, su cara, sin cambiar de expresión, se convirtió en la imagen paradigmática del ladrón. Un político de derechas o de izquierdas, que sea ejemplo de virtudes cívicas; un moralista que agite el látigo contra los vicios de la sociedad, si un día aparece esposado recogiendo sus pertenencias en un saco de basura del furgón de la policía, su rostro, sin cambiar de naturaleza, en adelante mostrará al corrupto o al sátiro que llevaba dentro, de cuya máscara ya no podrá desprenderse jamás. Mientras don Frutos aleccionaba desde el altar a los presos que llenaban la galería, pensé que todo el mundo, desde el gángster Capone al padre de familia más honrado, tiene una imagen en la cara adaptable al delito que acaba de cometer.

Manuel Vicent/elpais.es

La condena

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Nadie sabe a qué paraíso o infierno nos llevará la ciencia mañana, porque nuestro destino consiste en vivir siempre en la prehistoria. Sólo una cosa está clara: ninguna amenaza de los antiguos dioses, ningún anatema de los modernos servidores del templo, pese a tener a Prometeo encadenado o a haber mandado a Giordano Bruno a la hoguera, han logrado detener el impulso del cerebro humano, que le lleva a abrirse camino en la oscuridad.

A lo largo de la historia los poderes sagrados han hecho que todos los avances de la medicina tuvieran siempre un carácter furtivo. Jugándose la excomunión Vesalio, en el siglo XVI, se vio obligado a robar cadáveres de los cementerios para estudiar la anatomía humana, hasta que un juez de Padua le proporcionó a escondidas cuerpos de criminales recién ajusticiados. Así se enteró la humanidad dónde tenía el hígado y el corazón y las vísceras más secretas. Desde los tiempos del griego Galeno la disección anatómica sólo se realizaba con monos y cerdos, pero la iglesia transigió con que Vesalio descuartizara los despojos de los ahorcados porque consideraba que su alma estaba en el infierno.

Si en su momento la iglesia condenó la vacuna de la viruela, la instalación del pararrayos, la anestesia, la transfusión de sangre y el parto sin dolor tampoco hay que sorprenderse de que se oponga frontalmente ahora a la investigación con las células madre. Contra este designio oscurantista el presidente Obama ha dado un paso adelante, porque sabe que ningún patíbulo ha logrado erradicar del cerebro humano su frenética curiosidad ante lo desconocido. Todos los inquisidores han terminado por hacer el ridículo.

Del otro lado quedará siempre la hipocresía. Está por ver qué pensará la Iglesia sobre las células madre cuando mañana los católicos puedan tener en el frigorífico, envuelto en papel de aluminio, un pedazo de tejido congelado para curar o regenerar órganos vitales de su cuerpo, de la misma forma que en el taller le ponen una pieza de recambio al coche. Sucederá lo de siempre. Los cavernícolas seguirán clamando en público contra los peligros de la ciencia, mientras en privado no dejarán de usar en propio beneficio todas las ventajas que les depare el progreso llevado a cabo por quienes ellos han condenado.

Articulo de Manuel Vicent en elpais.es

Caballitos negros

EL RUIDO DE LA CALLE|RAUL DEL POZOdelpozo

  • 03.11.2009

Ulises, que cada día pone su genio en esta columna como puro nieto de Siqueiros, me habla esta mañana del culto a la muerte de los muralistas mexicanos, a los cuales, como a sus compatriotas, el óbito se la suda; juegan con él, lo pintan y lo celebran. Ulises ha dibujado junto a su bellísima hija Yuriria uno de esos judas que ilustran en su país la gran fiesta de los parados de pestañas. Me dice que México rinde culto a los finados desde que en el tiempo de los aztecas la pirámide del sol y la pirámide de la luna se unían a través de la calzada de los muertos. Carecen del pavor a la parca de los gachupines y ahora les enseñan a éstos a palmar sin aspavientos.

Se celebran en el Museo de América unas jornadas de homenaje a los callados, al estilo del gran país donde la muerte es una fiesta y la vida no vale nada: te la pueden volar por poner la música alta. El Indio Fernández mató a un periodista cojo porque se atrevió a decir que en Cannes no había gustado la película. Allí les llevan estos días a los difuntos su comida, su tequila y su tabaco, al contrario que aquí, donde la muerte no se toma a broma excepto en ocasiones. (Me han contado, en la Cemtro, que Camilo José Cela, días antes de fallecer en esa clínica, les decía a las enfermas cuando iban a tomarle la tensión: «Seguramente me moriré hoy»; las enfermeras salían de la suite, que ahora lleva su nombre, aterrorizadas).

En Madrid apenas se notó el día de difuntos. Don Juan Tenorio se quedó en Alcalá; ya no le dejan fanfarronear en los teatros de la Villa, por acosador y machista. Ninguna mujer se rasgaría hoy las bragas por el farolero sevillano, «lo mismo que un rebaño de víctimas sumisas» (Baudelaire). Las plañideras están en los periódicos, son los que hacen obituarios.

Una empresa ha propuesto una línea de trajes para mortajas diseñados por Antonio Miró. Venden ataúdes biodegradables. La Iglesia prefiere las tumbas a la cremación. Lo dice el Génesis, el Eclesiastés: eres polvo y al polvo volverás, y ahora los curas predican que aventar cenizas es un rito pagano, pura banalización de la muerte. Dan la razón a Luis Carandell cuando contaba que se acabó el luto y sus pompas. Pasaron -decía- los tiempos de los bonitos entierros con sus caballitos blancos, sus caballitos negros, sus cajitas de pino y sus muertecitos dentro. También han desparecido aquellos tiernos epitafios: «Marianita, nos dejaste a los cinco meses. ¡Qué pronto empezaste a darnos disgustos!».

Hace 100 años, los madrileños pagaban por un sello 10 céntimos, por casarse 10 reales y por un entierro de primera, 750 pesetas. Ahora, la Iglesia tendría que tener en cuenta la crisis: quemar a un doblado vale 500 euros menos que enterrarlo.

elmundo.es

Y si los yanquis vienen a matar narcos a Mexico

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¿Queremos ayuda de fondo para la guerra contra el narco, o nos contentamos con los mínimos de la Iniciativa Mérida, que evita compromisos y requisitos incómodos?, preguntan retóricamente Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el formidable ensayo que han escrito a cuatro manos en Nexos. Y perfilan la respuesta: “No tiene sentido declararle la guerra al narco si no se cuenta con el Ejército, la policía y el servicio de inteligencia necesarios. La única manera de poseerlos es con ayuda externa. En nuestro caso, sólo puede venir de Estados Unidos”.

La idea se vuelve dos veces provocadora al entrelazarse con las últimas cifras de ejecutados. En la estadística de MILENIO, octubre fue el segundo mes más violento del calderonismo, con 840 ejecuciones relacionadas con la lucha contra el narco. El total de 2009 llega así a 6 mil 714 y el de los 35 meses del sexenio a 15 mil 290.

Se dirá que 90 por ciento de esos muertos son criminales, que hay récord en el número de bandas desmanteladas, droga incautada y capos encarcelados. Pero nadie podrá afirmar en serio que es una guerra que se va ganando: ni se ha recuperado el territorio que 15 mil muertes supondrían, ni se ha limpiado a las policías locales, ni se han alterado los precios, ni hay una mejor vida cotidiana para millones de mexicanos. Sin esas cuatro premisas resueltas, lo demás es estadística y propaganda.

¿Nos estaría yendo mejor con la mano de los yanquis? Quizá, aunque el ejemplo colombiano tampoco es como para hacerse grandes ilusiones.

Lo imperdonable, y lo subrayan Castañeda y Aguilar Camín, es que pasen las generaciones y sigamos sin poder siquiera discutir esos asuntos.

Quince mil 290 ejecutados. ¿Para qué?

gomezleyva@milenio.com

¿Para que tanto leer?

38. El Libro

26/04/2008

La lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse

El insecto queda exterminado sin infligirle un mal directo, pero no se reproducirá en la ciudad. Igualmente, el fin del libro y su lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?) que lo matan directamente y de raíz. Simplemente, la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.

La actualidad del mundo, la realidad de los intervalos de trabajo y tiempo libre, coinciden con una disponibilidad para leer tendente a cero. Y no se diga ya para leer a fondo. Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.

Todo tiempo oreado y candeal se ocupa, generalmente, en otros gozos, sean los viajes, el sexo, Internet, las copas, los juegos en las pantallas, las cenas o los cines. ¿Tiempo para leer? Quien lee se extrae literalmente de la cadena nutricional reinante para insertarse en un nicho marginal. Todo lector, y tanto más cuanto más lo es, traza su fuga y, a su pesar, se convierte en fugitivo de la contemporaneidad.

Efectivamente, los lectores de Harry Potter y otros best sellers internacionales no abandonan el reino, pero ¿quién puede decir que encarnan al profundo lector? Son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto. No ya en la fisura del asfalto sino en el mismo piso puesto que esta tipología no alude a un lector convicto, sino al libro de recreo importado de lo audiovisual. Son lectores de letras pero no letrados, siguen la línea de la página pero según los patrones del hilo cinematográfico o del musical.

El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores. Fuera de ese ejército marcado y en declive creciente, apenas unas unidades más pueden sumarse al mundo lector.

Los libros, infantiles, juveniles, de autoayuda, de intriga, de salud, de consejos prácticos, de empresa, de texto, etcétera, componen la mayoría del tonelaje que trasladan todavía los contenedores del sector editorial y que pronto serán reemplazados masivamente por la superior eficiencia de las pantallas. No hay ocasión, pues, para complacerse en los libros literarios o en los libros del saber, ni tampoco una razón firme para confiar en su ventaja utilitaria.

En consecuencia, toda lectura de El Quijote con el ánimo de propagar la lectura como signo de salvación social no será sino la chusca representación de una función agotada y la teatralización de la impotencia. No se lee por El Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer. Sin embargo, para ello no basta cualquier tiempo marginal, contaminado o intersticial, ni tampoco el tiempo urgido o el intervalo fatigado del fin del día. Quienes leemos y leen el libro no se alistan entre quienes se integran más y mejor, sino entre los que añoran ese producto que aprendieron saludablemente a paladear.

¿Escuelas gastronómicas para la lectura? Todas las escuelas gastronómicas se dirigen a acrecentar la variedad de los restaurantes, esos espacios donde efectivamente el mundo joven acude con insólita frecuencia y cuyo disfrute pertenece de pleno derecho a los entretenimientos de esta cultura reinante que atiende, en sus acortados tiempos libres, a las benditas sensaciones del cuerpo y no a los enrevesados ejercicios que a menudo exige la degustación mental.

articulo de Vicente Verdu

Santos y difuntos

LA TRONERA|ANTONIO GALA

antonio gala02.11.2009.

  • LA IGLESIA hace, a veces, examen de conciencia. En general, cuando se trata de pagar facturas; en particular, de declararse en suspensión de pagos para eludir las indemnizaciones. Es lo que ha sucedido, lo primero, en la práctica totalidad de los Estados Unidos; lo segundo, en siete diócesis acogidas milagrosamente al Capítulo 11 de la Ley General de la Bancarrota. Pero ¿se evita el escándalo de los juicios por pederastia? Son tantos, que arruinan los poderes económicos de la Santa Institución. (Aunque se excuse diciendo que no se trata de paidofilia sino de efebofilia: ganas de entrejoder, como dicen en Jerez.) Los abogados y las víctimas tachan esas maniobras de «desesperadas»: una palabra fea para quien la esperanza es la flor de las virtudes. Pero que aún queden, tras la fingida bancarrota, ocho procesos en el aire sólo en Delaware, tiene algo de tela marinera; y el trasiego de curas acusados de unas diócesis a otras para eludir los desembolsos, algo de cabronada. Sea quien sea su autor. Aquí el «que Dios se lo pague» ya no sirve.
  • fuente:elmundo.es

¿Mas impuestos para esto?

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En MILENIO pudimos leer el uso que a nuestros impuestos daba el difunto Armando Chavarría, miembro del PRD y presidente del Congreso guerrerense asesinado el 20 de agosto. La nota de Rodolfo Montes resulta escalofriante ahora que enfrentamos un alza de impuestos. La Procuraduría del estado de Guerrero debió tomar declaración a 60 mujeres (se-sen-ta) con las que el legislador tuvo “relación sentimental”, como ahora se dice. Las tuvo en línea y en batería: unas en fila y otras al mismo tiempo.

Debemos a Octavio Hoyos, fotógrafo de este diario y buen observador, la noticia de que Andrés Manuel López jr. calza tenis de a 12 mil pesos el par. Su padre no tiene empleo conocido ni negocio lícito declarado, por eso podemos regresarle la pregunta sangroncita con que se hacía chistoso durante su campaña presidencial cuando se refería a gastos de opositores: ¿Quén pompó?

De las 60 mujeres que le manteníamos a Chavarría los cautivos de Hacienda, al menos nueve, a cuyas declaraciones tuvo acceso el reportero, afirman que recibían regalos nada despreciables del legislador perredista: departamentos, vehículos y dinero en efectivo “hasta por 15 mil pesos mensuales”. Falta saber si con las sesenta era tan dispendioso con dinero de los contribuyentes.

Y en cuanto al júnior de López Obrador, con sólo 22 años ya puede presumir en fotografías subidas a Facebook de ir en yate con dos bellas en bikini abrazadas a sus lados. A ver, haga memoria, ¿a quién vimos así unos años atrás? Pues nada menos que a Raúl Salinas de Gortari, pero éste era un hombre en su cuarentena y con negocios conocidos, iba en simple lancha y, sobre todo, no era hijo del único honesto legítimo y sin ingresos legales.

El tema daba pues para mucho, así que Nayeli Gómez, de La Razón, siguió el hilo de la noticia hasta la tienda Louis Vuitton: “Los tenis Louis Vuitton que usa el hijo de Andrés Manuel López Obrador son tan exclusivos que para México sólo se vendieron dos pares por talla. De acuerdo con la encargada de una de las cuatro tiendas que se ubican en la ciudad de México, el costo de los tenis fue de 11 mil 400 pesos.

“Son tenis muy exclusivos, no cualquiera puede tener un par; es excelente que en la familia haya uno. Son muy muy exclusivos. Es impresionante cómo la gente los ha buscado; cuando en junio empezaron a salir, la gente los comenzó a buscar, pero ya no había pares porque la lista de espera era muy grande.”

Ha de ser cierto: “Es excelente que en cada familia haya un par” (¿y por qué sólo uno?, dice el resto de La Famiglia), y las masas que aplaudieron a René Bejarano, el del maletín y traje retacados de dólares, al oírlo prometer 80 mil despensas en el mitin del SME, debieron de suponer que la despensa incluiría el par de tenis de a 11 mil 400 pesos correspondiente a cada familia.

Una afirmación de López Obrador se confirma cada día: “Soy indestructible”, clamó a voz en cuello. Es verdad: ¿qué político, en el mundo entero, resiste el video de su secretario de Finanzas jugando cada tres semanas en el hotel más caro de Las Vegas? ¿Cuál resiste la prueba de que lo previno para escapar y luego lo escondió en territorio perredista? ¿Y los videos de sus hombres de confianza llenando maletines y bolsas con fajos de dólares? ¿Cuál consigue un secreto de diez años para los precios a que pagó su obra máxima, nunca licitada? ¿Cuál logra hacerse de 50 casas de campaña por todo el país sin que se conozca cómo carajos las paga y sostiene? ¿Cuál resiste la demostración de que su chofer ganaba más que el presidente Lula de Brasil? Todo apunta a que hizo un muy gordo “cochinito” para su campaña presidencial.

Como dijo: López Obrador es indestructible. Resiste por una sola y exclusiva razón: vive en un país habitado por mexicanos con idiocia hereditaria.

Y el presidente Calderón nos pide pagar más impuestos para que se escurran por estos barriles sin fondo. Fox no tuvo necesidad de subirlos porque gozó de una bonanza petrolera mundial, misma que derrochó en más y peores burócratas en todos los niveles de gobierno. Los ciudadanos no hemos visto una plan para volver, siquiera, a los niveles priistas de burocracia. ¿Despedirlos? No porque se afectan sus derechos laborales. ¿Reducir la jugosa tajada de los partidos? Ni pensarlo. Sólo dejan un camino: aumento a la deuda, y ya lo conocemos: lo siguieron Echeverría y López Portillo, de ahí que conozcamos sus sexenios como “la docena trágica”.

fuente:milenio diario

Principios

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Es una fortuna caminar en compañía de gente sabia, divertida y escéptica, que esté dispuesta a cambiar cualquier verdad absoluta por un queso de cabra, cualquier honor, premio o reconocimiento por la corona de un sombrero de paja, cualquier clase de eternidad por la embriaguez de la duda unida a la armonía de la naturaleza.


Por el contrario, encontrarse con gente de principios sólidos e inalterables es el peligro más grave que puede correr uno en esta vida. Un hombre de principios fue aquel que, sintiéndose puro, arrojó la primera piedra contra la adúltera; es el mismo que te indica con el dedo el camino recto que debes seguir y en cuanto te desvíes será el que te delate, el que te incluya en la lista negra o borre definitivamente tu nombre del mapa. En el caso en que este hombre de principios obtenga un poder absoluto, si además es muy devoto, no dudará en mandarte a la horca rezando por tu alma sin ahorrarse las lágrimas, puesto que también se puede llegar a la extrema violencia a través de la piedad. Huye de ese ser misericordioso que busca tu salvación por medio del terror del espíritu y te obliga a desayunar cada mañana con una rueda de molino.



No es ninguna broma aquello que dijo Groucho Marx: “Éstos son mis principios, Si no le gustan, tengo otros”. El fanático es capaz de saltar de un risco al risco contrario, ambas cimas situadas a la misma altura bajo un cielo nítido y puro, donde se siente igual de seguro, aunque armado esta vez con distinto látigo. El dogma es una forma de locura, del mismo modo que la pureza extrema alcanza a veces la forma de la más refinada crueldad. Los principios inalterables nos fueron inoculados en una edad muy temprana cuando nuestro cerebro estaba aún desvalido. En la mayoría de los casos aquellos principios fermentaron y se diluyeron en la inteligencia, en la imaginación y en el placer de los sentidos; pero hay personas que conservan incólumes aquellos mitos de la infancia en su cerebro de reptil sin que encuentren salida sino a través de los latidos de sangre que conforman su pensamiento. Hoy es un domingo de primavera y hay dos clases de desayuno. Por un lado, café, tostadas, queso de cabra y alguna duda relativa; por otro, principios inalterables y ruedas de molino.

Manuel Vicent

Las olas

La obediencia de las olas de Nemesio Diez
La obediencia de las olas de Nemesio Diez

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas.

Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. En medio de un gran temporal, el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concentrada que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo.

Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzadas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado por el sol pero no vencido.

La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.

Articulo de Manuel Vicent/elpais.es

Mas democratico

Sergio_Sarmiento

Sergio Sarmiento — Publicada 29-Oct-2009

MÁS DEMOCRÁTICO
“Democracia es el abuso del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.
Oscar Wilde
Cuando el gobierno mexicano “reconoce” el viejo régimen de Manuel Zelaya en Honduras viola abiertamente la doctrina Estrada, el respetado pilar de la política exterior de nuestro país durante décadas.
Esta doctrina, definida por el secretario de Relaciones Exteriores Genaro Estrada en 1930, pero que surge del principio de la libre determinación de los pueblos de Benito Juárez, rechaza otorgar o retirar reconocimientos a gobiernos de otros países por considerar que ésta es una práctica denigrante. Cada pueblo tiene el derecho de mantener o cambiar a sus gobernantes.
Quizá el presidente Calderón ha optado por violar la doctrina Estrada porque se da cuenta de que, en muchos aspectos, el actual régimen de Honduras es más democrático que el nuestro.
El presidente Zelaya fue destituido de su cargo como presidente de Honduras el 28 de junio de este año, pero la acción fue realizada con apego a la Constitución del país. Zelaya violó esta ley suprema al tomar medidas para reelegirse como presidente, lo cual está expresamente prohibido en la Constitución. Convocó para ello una consulta popular que buscaba preparar el terreno.
El Tribunal Electoral, la única institución que constitucionalmente puede realizar este tipo de consulta, determinó que el proceso era ilegal. Zelaya hizo traer de cualquier manera urnas y boletas de Venezuela. Cuando el ejército se negó a distribuirlas, el presidente destituyó a su comandante. La Suprema Corte determinó que la destitución era ilegal y ordenó salvaguardar las urnas y boletas venezolanas. Zelaya comandó a un grupo de simpatizantes armados para robarlas. La Suprema Corte ordenó la destitución del presidente por desacato y el Congreso nombró a un nuevo presidente, Roberto Micheletti, según las normas constitucionales.
Cuando se examina en detalle el proceso sólo se puede acusar al actual gobierno de Honduras de haber actuado conforme a la Constitución, cosa que los gobernantes mexicanos se niegan a hacer con frecuencia. Su mayor pecado fue no permitir un golpe de Zelaya con el respaldo de una potencia extranjera, Venezuela.
En este momento Honduras vive una intensa campaña para las elecciones presidenciales del 29 de noviembre. Seis candidatos contienden por el máximo cargo. Dos apoyan abiertamente a Zelaya y uno es independiente, es decir, no fue postulado por ningún partido político.
En México, en cambio, la clase política ha prohibido que cualquier ciudadano pueda ser candidato a un cargo de elección si no es postulado por un partido. Esta disposición viola el artículo 37 de nuestra Constitución que señala que es “prerrogativa del ciudadano, poder ser votado para todos los cargos de elección popular”. Los partidos, sin embargo, han añadido nuevos artículos a la Constitución para nulificar el 37.
En Honduras todos los ciudadanos y organizaciones pueden comprar tiempos de radio y televisión para expresar sus puntos de vista políticos. En México esto está prohibido, a pesar de que el artículo sexto constitucional garantiza la libertad de expresión.
A la luz de estos hechos uno puede entender mejor el vigor con el que el presidente Calderón ha buscado defender la “democracia” en Honduras cuando no se preocupa por la de Cuba, la de Venezuela o la de China. Al parecer considera que la presencia de un país más democrático que el nuestro en nuestro patio trasero es un peligro para el autoritario régimen mexicano. Es mejor violar la doctrina Estrada que permitir la sobrevivencia de un gobierno así en Honduras.