BRINDIS

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MANUEL VICENT 12/07/2009

Alguna gente madura, tal vez la más lúcida, suele pensar con acierto que lo mejor que tiene la juventud es que ya pasó. Fue una época breve y radiante, romántica y vigorosa, pero también llena de luchas, temores, dudas, celos y rivalidad. Alrededor de los 50 años, en cualquier biografía llega un momento en que el caballo de fuego que uno llevaba dentro comienza a perder la ansiedad en el galope y aun sin abandonar la curiosidad ante la vida siente que hay que tomarse las cosas con más calma. A qué viene tanta prisa, se dice a sí mismo una mañana. De pronto uno se da cuenta de que no tiene que correr detrás del autobús ni necesita presentarse ya a ningún examen ni le inquietan las modas ni se ve obligado a cambiar de costumbres y cada día le importa menos lo que piensen de él los demás. No ha dimitido de ninguna idea ni ha cambiado de bando. Le siguen cabreando los mismos políticos, las mismas injusticias, los mismos fanáticos, los mismos idiotas, pero no está dispuesto a que ninguno de ellos le estropee una buena digestión. Si uno es viejo lo peor es comportarse como un joven. Cada edad tiene su baraja con placeres que pueden ser tan intensos como uno quiera, si sabe jugar las cartas. Peor que querer ser joven a toda costa es tener ya ideas de carcamal con apenas 30 años. Gente joven envejecida la vemos y oímos todos los días en las tertulias de la radio y de la televisión. Del primer caso lo salva a uno el sentido del ridículo; en el segundo no hay cura posible porque es cuestión de carencia de minerales. El hecho de que uno con el tiempo alcance cierta serenidad y contemple las cosas con una sabia perspectiva no impide blasfemar si llega el caso. Marco Aurelio debe darle la mano a Epicuro y la resignación no tiene por qué dejar de ser creativa. Lo que ibas a ser de mayor ya lo eres y lo que no ibas a ser ya no lo fuiste. Adiós a la juventud. Se acabaron las luchas, los nervios y las dudas por la identidad. Para una persona madura hoy es el futuro que tanto temía. Ya ves, no ha pasado nada. No ha caído la bomba atómica, has salido bien de una grave enfermedad, al final la crisis económica se ha superado y tus hijos son más altos y más listos. Encima el sol sale todas las mañanas y tú estás vivo. Hay que brindar.

Fumadores

humo

Desde hace mucho tiempo y desde perspectivas distintas se ha combatido el “Paternalismo del Estado” ya sea desde el liberalismo político o desde el anarquismo. Un nuevo capítulo del papá grande se ha inscrito en los últimos años (por lo menos en España) y este es la persecución sistemática contra el fumador, reduciéndole espacios para fumar, subiendo impuestos al tabaco y generando a través de la propaganda una imagen cada vez peor. Pero la gente sigue fumando, pero cada vez fuman más jóvenes. ¿Por qué?

Primeramente por mucho que lo digan, no creo en el paternalismo de Estado (es para los imbéciles y los fachas). Por dos razones: primero, porque desconfío de que los gobiernos tengan como fin primero el bien de las personas, no seamos gilipollas. Y segundo, porque creo que quién mejor puede saber lo que es bueno para una persona es la misma persona, y si ella no lo sabe no lo va a saber una entidad para la cuál él o ella no es más que un número.

Entonces nos preguntamos, ¿si el Estado no desea el bien para las personas, por qué tanto interés en la “lucha contra el tabaco”? Pues aquí es donde entra el tema de esta reflexión, creo que en el fondo es una estrategia para que la gente fume más. ¿Cómo? Paradójico. Si a un fumador le reduces los espacios para fumar lo único que haces es aumentarle la ansiedad, y así las ganas de fumar. Además, para un adolescente fumar es una forma de rebeldía, la persecución contra el tabaco sólo hace incrementar esta sensación de estar rebelándose contra algo más grande.

¿U os pensáis que un Estado se iba a enfrentar a las poderosas multinacionales del tabaco? No me hagáis reír, quien lo crea no es más que un idiota.

fuente:www.servicioskoinonia.org/cuentoscortos

Evolucion

ABSURDO

Evolución Revolutiva paulatina en tiempos modernos

La evolución es un proceso de plumas y huevos…
la genética explica a ciencia cierta que del mono venimos …australopitecos…
Eslabón perdido , terreno desierto…
la oveja clonada tiene tres pechos…
mi vecino Jacito tiene un clon en el ropero…

Monta Yeni su poni amarillo,
juega Manuel con su reptilperro…
Laura contenta luce dos traseros ..
y Manuel se jacta de su dote ante el espejo..

Evolución grita el hombre…
y se implanta el cabello…
evolución proclama la mujer y se depila el vello…

en la mesa come Manuel con sus cuatro manos,
y Lorena acaricia las alas de su gato pardo..
Pitu habla con su perro y este le comenta el diario…
Roger llama a su abuelo de trescientos años.

Evolución…renovación..Regeneración..
Degeneración…eyaculación…multiplicación…
div ersificación…especulación…

Galopa la estrella en su poni estelar..
levanta su copa la luna llena…
sonríe el sol complaciente a la nube…
acaricia la entrepierna el viento a la montaña..

evolución …dice un libro abierto que se autolee..
evolución dice mi abuela de 15 años
revolución grita un sordo que se negó aun implante auditivo…
satisfacción grita un hombre que se implantó senos.

Fuente.Nosededondelosaque.niidea.peronoesmio.com

Graffiti III

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Graffiti III

¿Arte o vandalismo? Esta cuestión es un círculo vicioso. El graffiti… ¿Crea o destruye? Es cuestión del punto de vista del que queramos verlo, es como el dilema filosófico del vaso de agua por la mitad ¿está medio lleno o medio vacío?


El graffiti siempre va acompañado de su condición transgresora, extralimitada, destructiva, combativa… en realidad es éste el caracter que constituye su esencia: La ilegalidad. Bien podemos llamarlo vandalismo, pero tampoco hay que ver más allá de donde es. No es un problema tan grande y no es excusa para las cantidades de dinero desorbitadas que se emplean en su erradicación. Leandri afirmaba: “El graffiti es el grado cero de violencia, el más pequeño vandalismo posible”. Pretender aceptar el graffiti sin su esencia de ilegalidad es no entender una de sus causas básicas de producción. Nos encontramos pues ante un fenómeno simultáneo de creación y destrucción. Como dijo Norman Mailer: “Siempre hubo arte en un acto criminal”.


Por otro lado nos encontramos con el inevitable carácter artístico de este fenómeno plásticamente hablando, el hecho de la destreza, la técnica o el estilo de un escritor es algo que puede tratarse desde un punto de vista meramente pictórico, al margen de ideologías o del lugar simbólico donde esté realizado.


Esto nos lleva entonces a dividir el graffiti en dos partes: Graffiti legal (arte) y graffiti ilegal (vandalismo). Hay muchas y muy diferentes opiniones al respecto. Esto a veces genera disputas o cuando menos debates sobre como debe pintar un escritor: legal o ilegalmente. Lo que está claro es que cada uno tiene su forma de ver las cosas y sus razones que le hacen decantarse por una o por otra (gozan de especial respeto los escritores que practican ambas, es decir graffiti en muros, en trenes, bombardeo…) En todas sus vertientes. Tenemos muchos tipos de opiniones. Bando, por ejemplo, es un viejo escritor parisino que defendía así su postura frente a lo que para él era la belleza del graffiti: “Tu preguntas a alguien- ¿te gusta el cantar de los pájaros por la mañana, piensas que es hermoso?- y la persona te contestará probablemente: Sí. Y luego le preguntas -¿Y los entiendes? Y esa persona te dirá: No. Entonces tu le dices: No hace falta entender algo para considerarlo bello”. Por otro lado estas son las afirmacines de un actual escritor de trenes barcelonés: “Cuando se fundó nuestro grupo era para destrozar, bombardear y pintar trenes (…) Simplemente es jugársela por pintar (…) Entre calidad y cantidad, yo pondría destrozo (…) Si salimos hay que destrozar. Es entrar, aunque esté mal y tengamos que correr (…) Muchas veces hemos entrado y hemos dicho -venga, hasta donde nos de tiempo-. Es que pintar trenes es ansia en sí. Hay que destrozar (…) Es una guerra contra la RENFE, contra el sistema y contra todo. Es que la gente esté sentada en la estación por la mañana y flipe con el tren”. A pesar de lo contrapuestas que puedan resultar las opiniones las dos defienden la misma bandera: La del graffiti. ¿Esto a que nos lleva? A que depende del uso que se le de a las cosas sirven para una finalidad u otra. Por ejemplo un arma, sirve para utilizarse en legítima defensa o para cometer un crimen ilógico, o como el mismísimo dinero, sirve tanto para hacer obras de caridad como para efectuar negocios sucios. Son solo ejemplos que manifiestan el uso que se le puede dar a las cosas y que las cosas por sí mismas no son malas. Efectivamente, un bote de spray no es un arma y un escritor de graffiti no es ni un terrorista ni un drogadicto, en contra de lo que muchos puedan pensar.


Graffiti II

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Graffiti II

La función territorial dentro de las grandes ciudades constituyen otra causa (la gran urbe contemporánea que no se siente como propiedad sino como propietaria del individuo). Los escritores en los inicios del writing en Nueva York, escribían en ocasiones el nombre de gangs (bandas callejeras violentas) para delimitar el territorio de éstas, ganándose de paso la protección de las mismas. Es el mismo acto (aunque con otros parámetros) que el que muchos animales usan dejando su marca en un determinado terreno para mostrarlo como suyo. Del mismo modo, muchos escritores deciden especializarse en una zona o en una línea de Metro que la consideran como suya.

Graffiti II

“El graffiti y el Hip Hop en general es competición, quien no asuma eso… No digo que me ilusione que sea así, pero cuando estás metido es lo que te mantiene vivo. El pique está ahí. Hay quien lo hace solo por la emoción de pasar las misiones, son descargas de adrenalina y a todo el mundo le atrae, pero no todo el mundo se queda. Somos unos agonías, queremos tener más. Hay que tomárselo con calma, hay mucho por delante. Pique hay mucho, pero lo veo necesario”. Así define Buda lo que para él es el espíritu del graffiti. Quizás sea una de las características más destacadas del graffiti: La competición. Siempre surgen debates en torno al tema, puesto que hay gente que se lo toma como algo más personal, más artístico, como por ejemplo Ose: “Es algo que hago para mí. Al principio lo hacía más por el rollo de competición. No digo que vea mal que se siga haciendo, pero yo me lo tomo ahora como algo más personal”. El rollo de “a ver quién pinta más”, “a ver quién lo hace mejor”, “a ver quien pinta en el sitio más alto”, etc. Este espíritu es precisamente el que mantiene vivo el continuo proceso de creación y desarrollo en todos sus aspectos, competir, ir a más, mejorar… En definitiva, evolucionar.”

Es cuestión de ser el primero, el número uno y no es una actitud puramente narcisista, es la actitud frente a la nueva educación de la competitividad basada en la antigua educación de la ley de la selva (los más fuertes sobreviven, y hoy en día los más fuertes son los que tienen ejercitado el mayor músculo del ser humano: El cerebro). Como la vida misma, una lucha por un puesto. A pesar de esta dura competición, suele haber unas “normas” que no siempre se cumplen. La primera y más importante es el respeto dentro de esa propia competencia, por ejemplo el hecho de que la pieza de un escritor no pueda ser tapada por otro sin su consentimiento previo (aunque esto depende también de las ciudades, por ejemplo en Barcelona hay una “política” muy permisiva al respecto, un ciclo de renovación contínua de murales mientras que en Madrid las paredes y/o zonas están más repartidas por grupos). Otro ejemplo es el de que un escritor no pueda utilizar el nombre de otro o no puedan existir dos grupos con las mismas siglas, aunque en la realidad ambos casos se den, dando lugar a veces incluso a “guerras” donde unos se tachan a otros o incluso a violencia física.

fuente:www.valladolidwebmusical/graffiti



La cola

MANUEL VICENT

MANUEL VICENT 18/10/2009

Cuatro generaciones ocupan un siglo. Por otra parte se calcula en cien mil millones el número de habitantes humanos que ha pasado ya por este planeta. Imagina que ese gentío está todo en pie agolpado a nuestra espalda formando una densa cola y cada generación se halla separada por un metro de distancia. Si uno recorriera esa cola en sentido inverso, como quien pasa revista a la historia, cuatro metros detrás estaría Einstein elaborando la ley de la relatividad; a trece metros podríamos ver a Napoleón en Waterloo; dieciséis metros más allá sería el Renacimiento con Lorenzo de Médicis, Leonardo da Vinci y Galileo; a ochenta metros podríamos ver a Jesús de Nazaret en el Gólgota; a cien metros aparecería Sócrates dentro de una sábana en el ágora; muy cerca estaría Buda bajo la higuera y un poco más allá de los griegos nos harían señales con la mano algunos faraones. Luego vendría un gran espacio muerto, tierra de nadie y habría que empezar a contar no en siglos, sino en millones de años. Tendríamos que recorrer cuatrocientos metros hacía atrás para llegar al neolítico. Después la cola se perdería en el horizonte y a cuatro kilómetros descubriríamos al homo sapiens, a veinte kilómetros veríamos a un primate manejando por primera vez el fuego, a treinta y dos kilómetros estaríamos en Atapuerca y a trescientos veinte kilómetros llegaríamos al reino común que compartimos un día con los gorilas y chimpancés. Sobre esa inmensa cola de cien mil millones de seres sólo ha brillado la inteligencia en un ínfimo tramo. El resto fue un abismo antes de que lentamente sobre esa insondable muchedumbre comenzara a clarear la conciencia. Nadie se cuestiona hoy si el hombre de Atapuerca está en el cielo o en el infierno, pero uno se pregunta quién sería el que introdujo en esa cola el sentido de la culpa y el castigo, quién predicó la inmortalidad y comenzó a enterrar a los muertos, quién se coronó con unos cuernos de oro e impuso la ley del más fuerte. Es evidente que en los últimos metros de esa cola unos pocos héroes han conquistado la libertad entre terribles convulsiones, pero el río humano continúa de forma convulsa y uniformemente acelerada hacia lo desconocido. Unos metros más adelante y la humanidad ya estará plantando tomates en otro planeta.

Graffiti

LA FRUTA PROHIBIDA

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Graffiti4-Detalle1Empecemos de cero. Los niños y los monos comparten hasta cierta edad (los tres años) una potencialidad artística común. Ambos son capaces de dibujar “monigotes” en un mismo estilo “naif”, predominando la elección de los colores más vivos. Mientras que los humanos no necesitamos motivación ajena, los monos necesitan estímulos humanos para dibujar, y sólo lo harán si les otorgamos las herramientas necesarias: papel y un instrumento para pintar. Ellos nunca se expresarían plásticamente de forma espontánea. Al mono no se le ocurriría pintar fuera del papel, es decir, en la mesa o en la pared de su jaula. El humano aprende rápidamente, reconoce los colores y las hojas y sabe el procedimiento: Sabe que esos instrumentos son para dibujar en esas hojas y sabe que está mal si los utiliza fuera de esa superficie preestablecida y obligada (el papel). Pero también conoce, en cuestión de tiempo, el placer que le puede proporcionar desobedecer esta norma, actuar de forma libre, esa capacidad de salir de el marco preestablecido y convertir los signos en violencia visual hacia el poder: Su padre o su maestro. En el graffiti el símil sería dibujar con el aerosol en una superficie no permitida convirtiendo esos signos en violencia visual hacia el poder: La ley. Mirémoslo desde otro punto de vista, el de la publicidad. Todos sabemos que la publicidad emplea tabúes sociales como el sexo, la violencia o la libertad para suscitar el deseo, el morbo, el ansia de obtener lo prohibido, lo inalcanzable. Bien, si ni la mismísima Eva pudo resistir la tentación de morder la manzana… Ya lo dice la frase: “No hay mayor placer que hacer lo que no puedes hacer”. La libertad en contra del hombre, el hombre debe decidir.

fuente:www.valladolidwebmusical.org/graffiti

La biblia

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Somos hijos del cuento, así que cuando en una época remota nos expulsaron a la realidad, no sólo proveníamos de un útero, sino de un relato o de un conjunto de relatos que después hemos reproducido minuciosamente en el áspero lugar de destino, para encontrarnos como en casa. Somos, pues, hijos de Blancanieves, y de la madrastra y de la bruja y de los enanos y del ogro, pero también de Edipo y de su madre, incluso de Adán, y hermanos por lo tanto de Abel, aunque generalmente de Caín. Hemos construido la torre de Babel y el Empire State y el edificio Torres Blancas a pesar de Dios, que intentaba confundirnos para que no alcanzáramos con nuestros andamios el cielo, donde nos aguardábamos despavoridos, pues también somos dioses y demonios y ese gusano, el caernobis elegans, con el que ya hemos logrado compartir el 36% de nuestro abismo genético. Cuántas cosas.
Cambian las formas, sí, pero a estas alturas de la creación seguimos acostándonos con nuestra madre y engendrando minotauros con las bestias que nos llevamos a la cama o al laboratorio, lo mismo da. Ahí están las moscas con ojos en las patas y los ratones con orejas en la espalda y las ovejas clonadas en su laberinto. No nos falta de nada, ni siquiera las pócimas que le duermen a uno, o las que le despiertan, o las que nos convierten de gordos inmundos en afilados príncipes sin panículo adiposo. Y ahí están las píldoras de la virilidad y las de tener sixtillizos y las que quitan el hambre o la tristeza y las que nos devuelven el pelo prometido.
Dormimos en postura fetal, para volver al útero. Pero una vez despiertos no cesamos de reproducir las historias de hadas o terror (son las mismas) para volver al mito. El mundo es ya, por fin, un cuento. Qué digo un cuento: la Biblia, la Biblia en pasta, con sus pestes.

Articuento de juan jose millas, extraido de su pagina oficial.

Cronicas urbanas

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Las otras Alejandras atrofiadas

Ellas, e incluso ellos, andan con el sueño de la eterna juventud, de amacizar sus cuerpos y borrar los surcos del tiempo, de resaltar glúteos y bíceps, y entonces visitan una “estética” o “clínica”, de ésas que proliferan en la ciudad, donde aplican sustancias sin aval científico, y algunos logran obtener una figura cincelada, pero no por mucho tiempo, pues horas después, un día o una semana, un mes, depende, o uno o dos años, aparecen dolencias y sienten los músculos agarrotados, y son presa de hormigueos o se les cuaja la sonrisa, y se resisten a denunciar el fraude, a veces por vergüenza, hasta que el malestar se agudiza y se obsesionan con el espejo, espejito, y observan que la crisis progresa, y entonces cunde el desasosiego, el espanto, y hasta piensan en el suicidio.

Muchas de ellas o ellos aparecen en revistas de espectáculos y en las secciones rosas de periódicos, o en programas televisivos de chismes donde se derrama escarnio, melaza y hiel: que aquella se quitó dos o tres costillas y se jacta de tener cintura de avispa, que una más se afiló la nariz, que otra se vuelve adicta a la mutación.

Y algo, un rasgo, aunque deforme, queda de lo que fueron ellas y ellos. Y salen de las clínicas bien pertrechadas, tapadas de la cara, inflamadas de los cachetes, abotagadas, con rastros de sanguaza, como cuando te machucas un dedo y se transparentan lunares con matices de rojo amoratado y síntomas de gangrena.

Hay gente que se mueve en la industria del espectáculo, digo, y se resanan partes del cuerpo en forma periódica, para luego aparecer en público, y también están las de acá abajo, a ras de tierra, con ciertas posibilidades económicas, que visitan clínicas de supuesto prestigio, recomendadas o promocionadas por personajes de la farándula, y se inyectan extraños líquidos y se dejan pinchar las nalgas y el rostro. Y salen reconstruidas, macizas de sus carnes, narices y traseros respingones. Llegan a sus trabajos y las miran, reciben halagos o las ven de reojo.

Y llega el mal día, y atrás quedarán expresiones de lisonjas. Y la tragedia se refugiará en el seno familiar, como le sucedió a una madre de familia de Azcapotzalco, quien fue a un hospital privado y se sometió a un tratamiento de bótox, y luego de una semana se horrorizó cuando sintió que le brotaba pus del mentón, de los pómulos, la frente y sienes.

—Es una reacción alérgica —argumentó el galeno.

—Pero doctor…

El cirujano le dijo que sus clientes cuentan con un seguro médico en caso de que las cosas le salgan mal, y de inmediato la envió a un hospital. Le abrieron la parte afectada, hasta llegar a los huesos, y rasparon y le insertaron tubos para drenar el líquido podrido, la espesa purulencia que se había acumulado en poco tiempo.

***

El proceder de ciertos personajes, muchos de ellos inmersos en la farándula, en cambio, se hace público y pronto forma parte del comadreo impreso, radial, televisivo, así como entre corrillos o al calor de la sala. La hiel y la miel derramadas desde distintos bandos.

—Pero qué necesidad… —dice una señora a otra frente a un puesto de periódicos, donde aparece la foto de la cantante Alejandra Guzmán.

—Tan bonita que era —juzga su amiga.

Su lozanía, en efecto, quedó atrofiada… y no por la edad, sino por “tantas cosas que se hizo”, comenta un señor frente a un puesto de revistas ubicado sobre avenida Juárez.

En los foros de internet, mientras tanto, los internautas discuten: critican, se burlan, la compadecen o salen en su defensa. Nunca falta el que habla del “payasito de crucero”.

El centro de la polémica es la roquera, intérprete de una popular canción denominada Eternamente bella, quien hace unos días fue hospitalizada debido a problemas de salud como consecuencia de una cirugía —“infección de glúteos y espalda” —realizada en una de las clínicas de la cosmetóloga Valentina de Albornoz, misma que ya había sido denunciada por otras presuntas víctimas.

extraido del periodico Milenio de hoy.

VISIONARIOS

manuel vicent

No hay soñador que no se haya quedado corto ni inquisidor que no haya acabado haciendo el ridículo. La historia es igual de cruel con los alegres visionarios y con legisladores más duros. Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera escrito El Capital? Tampoco Galileo pudo pensar que aquel telescopio que estuvo a punto de llevarlo a la hoguera sería sustituido por un ingenio espacial tan elaborado como el Hubble capaz de divisar como unas galaxias se devoran entre ellas. Pronto lo que hoy es ciencia ficción, mañana será realismo social. La historia es esencialmente transgresión: así avanza el desbocado caballo de Atila aplastando a teólogos, a moralistas, a políticos represores, a los espíritus pusilánimes y también a los progresistas, a los iluminados, a los amantes de cualquier utopía. Ningún potro de tortura ha sido capaz de detener el ciego camino de la ciencia. Ninguna ley podrá ordenar la conquista salvaje de los laboratorios ni la moral que se renueva cada día. ¿Quién deseará pasar dentro de un siglo por el estúpido esbirro que trató de parar inútilmente la historia? ¿Quién deseará escribir cualquier viaje a la luna, como Julio Verne, para que después se rían de tu falta de imaginación?. La religión todavía conserva hoy el monopolio de las puertas de entrada y salida de este mundo. Nuestra iglesia ya no quema herejes, apenas imparte anatemas, ha rebajado el nivel de confrontación con la ciencia y las costumbres, pero se ha guardado las llaves de la vida y de la muerte. En ese peaje exige un tributo. La muerte es una neurosis humana todavía insalvable. Sobre ella se vierten salmos de tinieblas, cuentos de terror, fábulas de infiernos, paraísos y reencarnaciones. Ni la ciencia ni la fortaleza moral tiene nada que hacer, solo que las células madres pronto pondrán a la disposición de las personas un recauchutado de tejidos y órganos corporales y esa será de momento la verdadera reencarnación. Pero la puerta de entrada a la vida está a punto de ser violada. Ese monopolio religioso pronto será suprimido. La vida será fabricada con las propias manos del hombre y frente a esta conquista harán el mismo ridículo los represores y los visionarios.

Manuel Vicent

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