Logran, por primera vez, transferir la memoria de un ser vivo a otro

Científicos lograron que animales no entrenados se comportaran como los sí entrenados al inyectarles una fracción de material genético

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Un equipo de investigadores norteamericanos ha logrado, por primera vez, transferir la memoria de un ser viviente a otro. El trabajo arroja luz sobre una de las cuestiones más intrigantes de la biología: ¿Cómo se almacenan los recuerdos?

En un artículo publicado hace apenas unos días en la revista eNeuro, un equipo dirigido por David Glanzman, de la Universidad de California, explica cómo ha conseguido llevar a cabo este intrigante experimento, para el que se utilizaron caracoles marinos de la especie Aplysia californica.

Lo primero que hicieron los investigadores fue «entrenar» a varios de estos moluscos para que exhibieran un reflejo defensivo cuando sus colas eran estimuladas por una suave corriente eléctrica. Un segundo grupo de caracoles, no entrenados, no mostraba ese reflejo.

Más tarde, y una vez firmemente establecido el reflejo defensivo, los caracoles «entrenados» fueron sacrificados para extirparles los ganglios abdominales. Acto seguido, los científicos extrajeron el ARN de las muestras y las inyectaron en los caracoles no entrenados y que, por tanto, no exhibían la misma reacción ante la corriente eléctrica.

El resultado fue que los caracoles que recibieron el nuevo ARN mostraron los mismos actos reflejos como respuesta a la estimulación eléctrica, y ello a pesar de no haber recibido ningún entrenamiento.

Tras la pista del engrama

Estos resultados son importantes porque proporcionan pistas sobre la naturaleza de lo que se conoce como el «engrama», una palabra que funciona de forma parecida al término «materia oscura», ya que denota algo que se sabe que existe pero de lo que poco o nada se conoce.

Engrama, en efecto, es la palabra que los científicos utilizan para referirse a la estructura cerebral que almacena físicamente la memoria a largo plazo, una especie de «disco duro» capaz de almacenar datos (como los de las computadoras), pero que hasta la fecha nadie ha conseguido localizar de forma concluyente.

La teoría más aceptada por los neurocientíficos es que la memoria a largo plazo está codificada en las sinapsis, las interfaces funcionales a través de las que las neuronas intercambian señales eléctricas o químicas.

El experimento de Glanzman y sus colegas, sin embargo, apunta a una posibilidad muy diferente. La memoria, en realidad, se almacena en el interior de los cuerpos celulares de las propias neuronas. Lo cual plantea la posibilidad de que el ARN tenga un papel importante en la formación de la memoria, una idea ya apuntada en otros estudios y que los nuevos experimentos con caracoles parecen respaldar.

En su artículo, Glanzman y su equipo afirman que sus resultados suscitan muchas nuevas preguntas sobre la forma en que la memoria se almacena y sobre la auténtica naturaleza del engrama. Pero dejan claro que la forma de almacenamiento no tiene que ver con las sinapsis, como se pensaba hasta ahora.

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Tus células podrían contener el secreto de cuánto vivirás

Tus células podrían contener el secreto de cuánto vivirás

Una imagen electrónica a color del núcleo de una célula humana, con su nucléolo en púrpura CreditJose Calvo/Science Source

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En una ocasión, un experimento produjo un gusano mutante que vivió 46 días. Eso superó el tiempo de vida del gusano normal más longevo que solo vivió 22.

Los investigadores identificaron que el gen mutado que alargó la vida del gusano parecía estar controlado por procesos metabólicos, lo cual condujo a un avance en el estudio del envejecimiento. Posteriormente, a medida que los investigadores estudiaban esos procesos, todas las pruebas parecían apuntar al nucléolo.

Bajo un microscopio es difícil no verlo. Basta tomar cualquier célula y encontrar el núcleo, en su interior se ve una burbuja oscura y pequeña que es el nucléolo. Si la célula fuera un globo ocular, estarías viendo su pupila.

Hay uno en el núcleo de cada una de las células de nuestro cuerpo; de igual manera pasa con los animales, las plantas y las levaduras. Cualquier cosa que tenga una célula con un núcleo tiene un nucléolo. Además ha cobrado una gran importancia en nuestra comprensión de cómo funcionan las células.

“Pensamos que el nucléolo ocupa un lugar importante en la regulación de la expectativa de vida de los animales”, comentó Adam Antebi, biólogo celular del Departamento de Biología del Envejecimiento del Instituto Max Planck en Alemania. Es el autor de un nuevo análisispublicado el 17 de mayo en Trends in Cell Biology que examina los nuevos hallazgos sobre el nucléolo que apasionan a los investigadores, en particular por su relación con el envejecimiento.

Tal vez hayas olvidado esto de tu clase de Biología, pero el nucléolo es la fábrica de ribosomas de la célula. Los ribosomas son como micromáquinas productoras de proteínas que las células usan para, por ejemplo, construir paredes, formar cabellos, crear recuerdos, comunicarse, así como empezar, detener y desacelerar reacciones que ayudan a mantener el funcionamiento de las células. El nucléolo usa alrededor del 80 por ciento de toda la energía de la célula para este trabajo.

Sin embargo, el nucléolo hace mucho más que solo fabricar ribosomas.

Si construir una célula fuera como construir un edificio y el ADN incluyera el plano, el nucléolo sería el gerente o ingeniero de construcción. “Conoce la cadena de suministro, coordina todos los trabajos de construcción, lleva a cabo revisiones de calidad y se asegura de que las cosas sigan funcionando bien”, explicó Antebi.

De lo bien que equilibre estas tareas depende la salud y la longevidad de una célula. En ciertas células, su tamaño tiene que ver con eso.

El nucléolo puede crecer y decrecer en respuesta a los nutrientes disponibles en el cuerpo y las señales de crecimiento.

Cuantas más señales de crecimiento intercepta, más máquinas o ribosomas fabrica. Se hace más grande para contenerlas pero, misteriosamente, eso también disminuye la vida de la célula o del organismo. Cuando el alimento está limitado, o un camino metabólico se silencia o disminuye, los nucléolos se encogen, elaboran menos ribosomas y las células viven más.

Antebi piensa que a medida que el nucléolo se hace más pequeño, también comienza a remodelar las cosas que va a crear para aprovechar al máximo los suministros disponibles.

Este es un proceso altamente coordinado, explicó, y es posible considerar la longevidad como cuán bien equilibra el nucléolo la necesidad de crecer con la necesidad de reparar, corregir errores y asegurarse de que todo funcione.

Un medicamento llamado rapamicina —que bloquea las señales de un camino metabólico— alarga la vida de distintas especies, desde las levaduras y los gusanos hasta las moscas de la fruta y los ratones. Los centenarios tienden a tener células en las que hay una señalización reducida de otro proceso que involucra a la insulina.

Los investigadores han descubierto que una modesta restricción dietética y el ejercicio encogen a los nucléolos en las células musculares de algunas personas mayores de 60 años. La gente con enfermedades como cáncer o progeria, una especie de envejecimiento acelerado, tienden a tener nucléolos más grandes.

Estos efectos se pueden observar en muchas especies distintas. “Es sorprendente; incluso si son genéticamente idénticas, algunas viven menos y otras más”, comentó Antebi.

“Pensamos que los nucléolos más pequeños pueden ser una marca distintiva de longevidad” en ciertas células y con ciertas condiciones, agregó.

Se necesita más investigación para ver si el tamaño de estas estructuras es un marcador de longevidad o envejecimiento, o si en realidad es su causa.

“Hemos invertido enormes sumas de dinero en tratar de encontrar biomarcadores de longevidad o envejecimiento y quizá solo basta con sentarnos frente el microscopio para verlo”, concluyó Antebi.

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Las diez nuevas especies más impactantes del año

Un comité elige las criaturas más llamativas descubiertas en 2017 entre las 18.000 que se describen anualmente

La nueva especie de orangután

Lo grande y lo pequeño, lo bello y lo extraño se encuentran entre los animales, plantas y microbios recién descubiertos y que han sido elegidos para engrosar la lista anual de las diez nuevas especies más importantes (entre las 18.000 que se nombran anualmente). Cada año el comité liderado por el doctor Quentin D. Wheeler, del International Institute of Species Exploration (IISE), elabora esta lista que celebra el aniversario de Linneo, el padre de la taxonomía moderna, y nos recuerda la importancia que tiene conocer y clasificar la biodiversidad, al mismo tiempo que llama la atención sobre el número de especies que desaparecen cada año, estimadas en unas 20.000.

En la selección de este año encontramos desde un inmenso árbol de 40 metros, a un pequeño organismo unicelular, dos escarabajos, que se suman al orden más numeroso de especies de todos los seres vivos, o una bacteria que está cubriendo el material que quedó depositado en el fondo marino de la isla canaria de El Hierro tras la erupción de 2011. Se incluye también una nueva especie de orangután en Sumatra (Indonesia) y el fósil de un león marsupial que vivió en Australia hace unos 23 millones de años. También hay dos habitantes de los océanos: un pez de las profundidades del océano Pacífico y un anfípodo brillante de las frías aguas del océano Antártico.

Thiolava veneris. Una bacteria coloniza los depósitos tras la erupción submarina de 2011. El Hierro (Islas Canarias)
Thiolava veneris. Una bacteria coloniza los depósitos tras la erupción submarina de 2011. El Hierro (Islas Canarias) – Miquel Canals

Una alfombra para cubrir el volcán

Cuando el volcán submarino Tagoro estalló frente a la costa de El Hierro en 2011, aumentó abruptamente la temperatura del agua, disminuyó el oxígeno y liberó cantidades masivas de dióxido de carbono y sulfuro de hidrógeno, eliminando gran parte del ecosistema marino. La primera colonizadora de esos depósitos que dejó la erupción volcánica es una bacteria (Thiolava veneris) que produce estructuras largas y parecidas a pelos que, a modo de alfombra, cubren una superficie de unos 2.000 metros cuadrados alrededor de la cima recién formada del volcán Tagoro, a unos 130 metros de profundidad.

Pseudoliparis swirei. Un pez baboso a 8.000 metros de profundidad. Fosa de las Marianas
Pseudoliparis swirei. Un pez baboso a 8.000 metros de profundidad. Fosa de las Marianas – Schmidt Ocean Institute

Pez baboso en las profundidades

En el oscuro abismo de la Fosa de las Marianas en el Pacífico occidental, el lugar más profundo de los océanos, es donde se ha encontrado esta especie (Pseudoliparis swirei) menor de 10 centímetros que parece ser uno de los depredadores de su hábitat. Fue capturado a profundidades de entre 6.800 y 8.000 metros. Además de que esta profundidad está «muy cerca de ese límite fisiológico de 8.200 metros donde se considera que los peces ya no pueden sobrevivir, lo alucinante es que sea una especie de vertebrado, un pez», explica García Valdecasas.

Dinizia jueirana-facao. Un árbol de 40 metros. Brasil
Dinizia jueirana-facao. Un árbol de 40 metros. Brasil – Gwilym P. Lewis

Árbol gigante en Brasil

Pese a medir más de 40 metros de altura y sobrepasar el dosel de las masas arbóreas donde habita, bosques semicaducifolios atlánticos de Brasil, este gigante acaba de ser descrito. Pertenece al género de leguminosas Dinizia. Actualmente solo se han localizado 25 ejemplares en la Reserva Natural Vale de este árbol cuyo peso se estima que puede llegar a las 60 toneladas. Y es que, aunque acaba de ser descrita, ya nace amenazada. «El número de ejemplares de sus poblaciones, en constante disminución por la actividad humana, supone un grave riesgo para su supervivencia, al igual que ocurre con la nueva especie de orangután descubierta en Sumatra», afirma Valdecasas.

Nymphister kronaueri. Un escarabajo que vive camuflado en una hormiga, Costa Rica
Nymphister kronaueri. Un escarabajo que vive camuflado en una hormiga, Costa Rica – C. von Beeren

El escarabajo que vive en la hormiga

El escarabajo Nymphister kronaueri, de menos de dos milímetros de longitud, vive camuflado entre hormigas, agarrándose al abdomen de una hormiga obrera cuando la colonia necesita trasladarse. Por eso el tamaño, forma y color del cuerpo del escarabajo es igual al del abdomen de una hormiga obrera.

Pongo tapanuliensis. Una nueva subespecie de orangután. Sumatra (Indonesia)
Pongo tapanuliensis. Una nueva subespecie de orangután. Sumatra (Indonesia) – Andrew Walmsley

Nueva especie de orangután

Una población aislada en el límite del rango meridional de los orangutanes de Sumatra, en Batang Toru, ha sido descrita como una especie diferente (P. tapanuliensis), de tamaño algo menor al de otros orangutanes. A día de hoy, este gran simio es el más amenazado del planeta. Se estima que solo quedan alrededor de 800 individuos en un hábitat fragmentado de unos 1.000 km2 aproximadamente.

Epimeria quasimodo. Un crustáceo con joroba el océano Austral
Epimeria quasimodo. Un crustáceo con joroba el océano Austral – Royal Belgian Institute of Natural Sciences

Un crustáceo en aguas australes

Nombrado a partir del personaje creado por Víctor Hugo, Epimeria quasimodo es un pequeño crustáceo de unos 5 centímetros de longitud, que luce un exoesqueleto tan curvado que hace que parezca que tiene joroba.

Sciaphila sugimoto. Planta heterótrofa, que se alimenta a partir de otros organismos, Isla Ishigaki (Japón)
Sciaphila sugimoto. Planta heterótrofa, que se alimenta a partir de otros organismos, Isla Ishigaki (Japón) – Takaomi Sugimoto

Nueva planta en Japón

Descubrir una nueva planta en Japón siempre genera mucha expectación ya que es un área muy bien documentada. La mayor particularidad de S. sugimotoi, con una altura de unos 10 centímetros y unas hermosas flores, es su condición de heterótrofa, es decir, que no se alimenta por medio de la fotosíntesis, sino que logra su sustento a partir de otros organismos.

Wakaleo schouteni. Un león marsupial que vivió hace unos 23 millones de años. Australia
Wakaleo schouteni. Un león marsupial que vivió hace unos 23 millones de años. Australia – Peter Schouten

León marsupial de hace 23 millones de años

Gracias al material fósil recuperado por paleontólogos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, se ha podido determinar que este león marsupial (Wakaleo schouteni), que pesaba unos 25 kilos y pasaba la mayor parte del tiempo subido a los árboles, vivió en Australia en el Oligoceno tardío. Sus dientes sugieren que era omnívoro.

Xuedytes bellus. Un pequeño escarabajo sin ojos. China
Xuedytes bellus. Un pequeño escarabajo sin ojos. China – Sunbin Huang and Mingyi

Escarabajo sin ojos ni alas

Vive en cuevas en Duan, al sur de China, y como otros escarabajos que se adaptan a la vida en el interior oscuro y húmedo de las cuevas, ha perdido las alas funcionales, los ojos y la pigmentación. Xuedytes bellus es una adición espectacular a la fauna que habita las cuevas.

Ancoracysta twista. Un pequeño organismo unicelular de origen desconocido, pues se ha hallado en un acuario tropical de San Diego
Ancoracysta twista. Un pequeño organismo unicelular de origen desconocido, pues se ha hallado en un acuario tropical de San Diego – Denis V. Tiknonenkov

Un pequeño protista unicelular

Descubierto en un acuario tropical de San Diego (Estados Unidos), por lo que se desconoce su origen en la naturaleza, este organismo unicelular (Ancoracysta twista) tiene tantos genes en su genoma mitocondrial que podría dar pistas sobre cómo comenzaron a evolucionar los primeros organismos eucariotas.

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Los extraterrestres son posibles en universos paralelos

Simulaciones por ordenador muestran que «otras dimensiones», con mayor proporción de energía oscura, serían compatibles con la aparición de galaxias y lugares donde la vida podría desarrollarse

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Las leyes físicas de nuestro Universo son idóneas para la vida que conocemos. Pero si los números, parámetros y constantes, que están detrás de estas leyes fueran ligeramente distintos, probablemente no estaríamos aquí. Bastaría con que la carga de los protones no fuera la que es, o que el equilibrio entre gravedad y energía oscura no fueran como los conocemos. ¿Por qué son las cosas exactamente como son? La respuesta es más bien filosófica, pero algunos investigadores han propuesto alguna vez la posibilidad de que nuestro Universo sea solo uno entre infinitos universos, cada uno gobernado por unas leyes y parámetros propios. Por eso, es posible que las galaxias y las estrellas solo puedan existir en algunos universos con leyes «adecuadas», o bien que en otros existan realidades que no podemos ni imaginar. Es la intrigante teoría del multiverso.

Dos artículos publicados recientemente en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society analizan qué ocurriría en universos paralelos con mayores proporciones de energía oscura que el nuestro. A través de masivas simulaciones por ordenador, los investigadores han creado universos con distintos parámetros iniciales y así han descubierto que las condiciones necesarias para la aparición de galaxias y de lugares donde puede aparecer la vida no son tan exclusivas como se suele pensar, lo que tiene importantes implicaciones para la teoría del multiverso.

«Nuestras simulaciones mostraron que la expansión acelerada del Universo impulsada por la energía oscura apenas tiene impacto en el nacimiento de las estrellas, y por ende en los lugares donde pude nacer la vida», ha dicho en un comunicado Pascal Elahi, coautor de estudio e investigador en la Universidad de Australia Occidental. «Incluso aumentar la cantidad de energía oscura cientos de veces no sería suficiente para crear un universo muerto».

Los autores han calculado que universos con hasta 300 veces más energía oscura que el nuestro serían compatibles con la aparición de galaxias y, por tanto, de vida. También han averiguado que nuestro universo tiene poca energía oscura en comparación con lo que sería «habitual» si realmente existieran los universos paralelos. Esto tiene la importante implicación de que esta teoría del multiverso ya no podría explicar por qué en el nuestro hay tan poca energía oscura.

La enigmática energía oscura

La energía oscura es uno de los mayores enigmas de la ciencia. Nadie sabe qué es, ni si realmente existe. Lo que sí se sabe es que la gravedad pugna por mantener unida la materia y que permitió la aparición de estrellas y galaxias durante la infancia del Universo. También se sabe que, a pesar de la gravedad, el Universo se está expandiendo y que, además, lo hace cada vez más rápido. ¿«Quién» está detrás de esto? ¿Hemos pasado por alto algo muy importante o es que realmente existe una misteriosa fuerza repulsiva que hace que las galaxias se alejen y que lo hagan más rápido cuanto más lejos estén?

La respuesta más ampliamente aceptada es la energía oscura: de hecho, este fenómeno constituye el 70 por ciento de toda la masa y energía de nuestro Universo. Algunos creen que este misterioso fenómeno es una propiedad del espacio-tiempo o una fuerza totalmente desconocida. Aunque su naturaleza es un enigma, se suele considerar que contribuye al equilibrio en nuestro Universo. Si la energía oscura fuera mucho más abundante de lo que es, el espacio se habría expandido demasiado, en la infancia del Cosmos, como para permitir la aparición de galaxias. Si fuera mucho menos abundante, las galaxias habrían colapsado sobre sí mismas antes de nacer.

El Multiverso, ¿puesto en duda?

Pero, si resulta que las galaxias pueden desarrollarse en universos con 300 veces más energía oscura, ¿cómo se explica que en nuestro Universo haya la cantidad que hay de esta «sustancia»?

«El multiverso explica el valor observado de energía oscura como una lotería; como si hubiéramos tenido suerte y viviéramos en el Universo que forma bonitas galaxias y que permite la vida tal como conocemos», ha dicho en un comunicado Luke Barnes, coautor del estudio e investigador en la Universidad Occidental de Sidney.

Pero los cálculos muestran que lo esperable sería que nuestro universo tuviera 50 veces más energía oscura. «Nuestro trabajo muestra que quizás tenemos demasiada suerte, por así decirlo. Nuestro Universo es más especial de lo que necesita para albergar vida. Esto es un problema para la teoría del multiverso; el misterio sigue abierto»,añade.

Quizás, sugieren, la «escasa» cantidad de energía oscura de nuestro Universo puede ser explicada por una ley de la naturaleza aún no descubierta.

«Creo que deberíamos buscar una nueva ley física para explicar esta extraña propiedad de nuestro Universo, porque lo cierto es que la teoría del multiverso hace poco para calmar nuestra intranquilidad», ha dicho en un comunicado Richard Bower, coautor del estudio e investigador en la Universidad de Durham (Reino Unido). Dicha ley podría explicar qué rango de proporciones de energía oscura son, teóricamente, compatibles con la aparición de galaxias.

Universos hipotéticos

Esta fue precisamente la finalidad de esta investigación. En ella, los científicos hicieron simulaciones por ordenador para el nacimiento, vida y muerte de universos hipotéticos con distintas cantidades de energía oscura. Para ello recurrieron a EAGLE, de «Evolution and Assembly of GaLaxies and their Environments», un proyecto capaz de hacer realistas simulaciones sobre la evolución del Universo.

No parece muy probable que se vaya a poder comprobar la hipótesis de que ahí «fuera» hay otros universos. Sin embargo, lo inquietante es que es perfectamente posible que en un universo paralelo exista otra civilización alienígena tratando de comprender la realidad, como lo hacemos nostros. Más interesante es todavía la elevada probabilidad de que en nuestro propio universo existan múltiples civilizaciones, viviendo en alguna de las miles de millones de galaxias vecinas o en alguna de las miles de millones estrellas de la Vía Láctea.

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Las jirafas vuelven a sorprender a los científicos

El comportamiento de estos animales a la hora de formar grupos es contrario al esperado

Un grupo de jirafas juveniles

Las jirafas son animales icónicos. Su largo e inconfundible cuello las convierte en el mamífero más alto del mundo, por lo que cualquiera podría pensar que son animales bien conocidos por la ciencia. Pero no es así. Hace un par de años, científicos alemanes descubrían que existen cuatro especies de jirafa, y uno una como se creía. Ahora, otro equipo británico ha vuelto a poner de manifiesto lo poco que sabemos no solo sobre su ecología, sino también sobre su comportamiento.

Pues bien, los biólogos aceptan de forma generalizada que el tamaño de grupo de los animales aumenta cuando existe un riesgo de depredación, ya que ser muchos reduce el riesgo de muerte de los individuos y hay «múltiples ojos» para detectar a cualquier enemigo dispuesto al ataque.

Ahora, en el primer estudio de este tipo, Zoe Muller, de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol ha descubierto que esto no es cierto para las jirafas, y que el tamaño de sus grupos no está influenciado por la presencia de depredadores. «Esto es sorprendente, y pone de relieve lo poco que sabemos incluso sobre los aspectos más básicos del comportamiento de la jirafa», asegura Muller.

El estudio investiga cómo el comportamiento de agrupación de las jirafas difirió en respuesta a numerosos factores, como el riesgo de depredación, el tipo de hábitat y las características de los individuos.

Un grupo de jirafas en Kenia
Un grupo de jirafas en Kenia– Zoe Muller

Si bien tipo de hábitat tuvo algún efecto sobre el tamaño del grupo, lo que realmente influyó fue el comportamiento de las hembras adultas, que formaban grupos más pequeños cuando tenían crías. Esto es contrario a otra creencia popular de que las jirafas forman grandes grupos para el cuidado comunitario de sus pequeños. El estudio, publicado esta semana en la revista «Journal of Zoology», presenta la primera evidencia que demuestra que, en realidad, es todo lo contrario.

Las poblaciones de jirafas han disminuido en un 40% en los últimos 30 años, y ahora se cree que quedan menos de 98.000 individuos en libertad. En reconocimiento a su drástico declive en la naturaleza, recientemente han sido catalogadas como «vulnerables» en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación en la Naturaleza.

Sin embargo, la revisión de la conservación está en curso debido al debate actual sobre su estado taxonómico, ya que algunas subespecies pueden estar aún más en riesgo de extinción de lo que se reconoce actualmente.

Según Muller, esta investigación agrega otra pieza importante al rompecabezas para comprender cómo viven las jirafas en la naturaleza. «Las jirafas son una especie amenazada, que sufre un declive constante en África, y esta investigación destaca que son en realidad una especie increíblemente incomprendida. Solo podemos gestionar y conservar las poblaciones de jirafas de manera efectiva si comprendemos adecuadamente su comportamiento y ecología, algo que apenas estamos comenzando a hacer», dice.

A pesar de su importancia, las jirafas han sido significativamente menos estudiadas en comparación con otros carismáticos mamíferos africanos. La idea errónea común es que las jirafas están en todas partes en África. Sin embargo, los recientes esfuerzos de investigación han resaltado la naturaleza fragmentada y en rápido declive de sus poblaciones.

«Su reciente inclusión como ‘vulnerable’ en la lista roja de la UICN es un paso valioso para reconocer su potencial de extinción, y se necesita más investigación para comprender las amenazas y los desafíos que enfrentan en la naturaleza», señala Muller.

Los próximos pasos para esta investigación serán replicar los hallazgos en otras áreas de África. El estudio se llevó a cabo en África Oriental, y se necesita saber si se observan los mismos efectos en otras poblaciones de jirafas. Los resultados se pueden utilizar para comprender cómo el manejo de los hábitats, las variables ambientales y sociales pueden apoyar la conservación de las poblaciones de jirafas.

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Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

Un grupo de investigadores ha conseguido determinar algunas costumbres, la dieta y los flujos migratorios de los daneses del pasado. La novedad es el método que han utilizado para ello. ¿Documentos? ¿Libros? ¿Pinturas? ¿Fósiles? No. Estos señores se han pasado meses examinando detenidamente restos de heces. Para que luego te quejes de tu trabajo.

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

En un primer momento, nadie pensaría que las heces son un tema de conversación en universidades y academias de Historia. Sin embargo, mientras que para buena parte de la población una hez es exactamente eso, una caca, para los arqueólogos es casi como la Piedra Rosetta.

Hace unas semanas un grupo de investigadores daneses publicó un estudio titulado Ancient DNA from latrines in Northern Europe and the Middle East (500 BC–1700 AD) reveals past parasites and diet que, como su propio nombre indica, analiza el ADN procedente de letrinas del norte de Europa y Oriente Medio de los años 500 AC al 1700 DC para conocer un poco mejor a sus antepasados.

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

Entre las cosas que encontraron en su investigación estaba una serie de huevos procedentes de parásitos intestinales, así como restos biológicos de origen vegetal y animal. Con estos datos, los investigadores han podido determinar con bastante detalle algunos de los aspectos de la vida de los daneses de hace siglos.

Por ejemplo, han confirmado que la población de esa época tuvo parásitos intestinales al menos una vez en su vida. Además, el hecho de que algunos de esos parásitos se transmitan de animales como el cerdo o el pescado crudo, ha permitido saber que ese tipo de alimentos eran habituales en la dieta.

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

Pero las lombrices intestinales no solo determinan los hábitos alimenticios. El hecho de que algunas de esas especies se hayan encontrado también en letrinas de países como Uganda o China, ha probado que ya en la Edad Media existían rutas comerciales entre esos territorios y Dinamarca.

De hecho, las heces también han servido para seguir el rastro de expediciones y viajes como el de Meriwether Lewis y William Clark. Esta pareja de aventureros norteamericanos inició en mayo de 1804 un viaje para establecer una ruta que recorría el cauce del río Misuri y llegaba hasta el océano Pacífico. El trayecto se alargó durante más de dos años, a lo largo de los cuales hicieron más de 500 paradas.

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

Como en el caso de los historiadores daneses, los norteamericanos han podido determinar el trayecto de Lewis y Clark gracias a las heces de los expedicionarios, las cuales no se parecían al del resto de los demás humanos de la zona.

Según los documentos de la expedición de Lewis y Clark, para evitar el estreñimiento, sus miembros eran medicados con unas pastillas comercializadas bajo la marca Dr. Rush, cuya principal característica era su alto contenido de mercurio. Con este dato, a los historiadores no les costó mucho rastrear aquellos desechos orgánicos en los que abundaba ese metal y reproducir la ruta seguida.

La presencia de metales en las heces no es algo exclusivo de los hombres de Lewis y Clark. Según un informe del Servicio Geológico Estadounidense del que se hizo eco la BBC hace unos años, los detritus humanos contienen numerosos materiales de este tipo, incluidos oro y plata. De esta forma, las heces producidas por una ciudad de un millón de habitantes pueden contener hasta trece millones de dólares en metales.

Definitivamente y aunque no resulte un tema sencillo de gestionar, si las heces son capaces de producir abono, servir de biocombustible, sanear las cuentas de una ciudad de un millón de habitantes e informar sobre hechos históricos, tal vez habría que tomárselas más en serio.

Las heces de los antepasados delatan su modo de vida

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Resuelto el misterio de por qué la Torre de Pisa no se cae

Investigadores han averiguado que el edificio ha sobrevivido a cuatro grandes terremotos gracias a un fenómeno que ha evitado que la construcción entrara en resonancia con los temblores

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La Torre de Pisa ha sido durante mucho tiempo una pesadilla para los ingenieros. Uno de los monumentos más representativos de la arquitectura románica es también una estructura famosa por su gran inclinación. De hecho, ha tenido que ser objeto de trabajos de estabilización. Pero ningún ingeniero ni arquitecto ha respondido alguna vez a la pregunta de cómo es posible que una torre tan inclinada no se haya caido, sobre todo cuando la región donde se encuentra ha sufrido varios grandes terremotos en los 500 años que han pasado desde que se construyó.

 
Espectacular inclinación de la torre. Se puede apreciar la distinta inclinación del último piso
Espectacular inclinación de la torre. Se puede apreciar la distinta inclinación del último piso– Alkarex Malin äger

Ahora, una investigación liderada por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido) y presentada en la 16º Conferencia Europea de Ingeniería de Terremotos, ha propuesto una posible explicación. Después de estudiar datos sísmicos, geotécnicos y estructurales, han concluido que lo que mantiene erguida a la Torre de Pisa es un proceso conocido como interacción dinámica suelo-estructura (DSSI en inglés), y que describe la relación entre cimientos y suelos cuando hay movimientos en el terreno.

 

«Irónicamente, el mismo suelo que causó la inestabilidad de la Torre y la llevó al límite del colapso es también el que ha ayudado a sobrevivir a esos eventos sísmiscos», ha dicho en un comunicado George Mylonakis, líder de la investigación y científico de la Universidad de Bristol.

 

La Torre de Pisa, de 58 metros de alto, tiene una inclinación de cuatro grados, lo que significa que hasta cuatro metros de la parte superior de no están directamente colocados sobre la base, sino «en vilo». A pesar de todo, la estructura ha sobrevivido a al menos cuatro grandes terremotos que han ocurrido en la zona desde el año 1280.

 

Teniendo en cuenta esto, lo previsible es que la torre, de 14.700 toneladas de peso, se hubiera acabado cayendo en algún temblor intenso. Pero esto no ha ocurrido por dos motivos, según estos investigadores: por una parte, la considerable altura y rigidez de la torre, en combinación con la blandura del suelo situado bajo ella, tienen la capacidad de modificar la forma que tiene la Torre de Pisa de responder a las vibraciones.

 

La clave, en la resonancia

Según los ingenieros, gracias a ambas cosas la Torre de Pisa no entra en resonancia con el suelo durante los terremotos. Esto significa que su oscilación no coincide con el periodo de las vibraciones mecánicas de los temblores, lo que evita que se amplifique su movimiento.

 

A pesar de todo, el aumento de la inclinación de la torre puede llevarla al suelo, con temblores o sin ellos. De hecho, entre 1990 y 2001 el gobierno italino impidió el acceso del público a su interior para llevar a cabo varios trabajos y disminuir la inclinación.

 
Contrapesos situados en la Torre de Pisa en 1998
Contrapesos situados en la Torre de Pisa en 1998-Rolf Gebhardt

Con este fin, se colocaron contrapesos, se inyectó nitrógeno líquido para reforzar el terreno y se extrajo parte del subsuelo en el lado más alto del edificio para mantener a la Torre de Pisa a salvo durante varios siglos. Gracias a todo esto, aseguran que sobrevivirá incluso si hay un gran terremoto.

Una tortuosa construcción

Los historiadores sostienen que la construcción de la torre tuvo lugar en tres etapas durante 199 años. Parece que las obras comenzaron en 1173 y que a partir de 1178, cuando se iba por el segundo piso, el edificio comenzó a inclinarse. El motivo parecía estar en la inestabilidad del suelo y en unos cimientos de unos escasos tres metros de profundidad. En consecuencia, las obras se pararon durante un siglo, cuando la torre solo tenía tres pisos.

En 1272 se añadieron tres pisos más a la torre y se trató de compensar la inclinación haciendo plantas más altas en el extremo inclinado, lo que evidentemente curvó la torre. En 1284, las obras se detuvieron. En 1319 se añadió un séptimo piso y en 1372 se incorporó el campanario.

Entre 1990 y 2001 se compensó la inclinación y, desde entonces, la Torre de Pisa es objeto de trabajos de restauración para compensar el oscurecimiento de los muros y la erosión por el viento y la lluvia.

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¿Qué hay de verdad en la «maldición» del club de los 27?

Músicos como Kurt Cobain, Amy Winehouse, Jim Morrison, Janis Joplin y Jimi Hendrix murieron a los 27. Los científicos concluyeron que es una coincidencia, pero detectaron que alcohol, drogas y suicidios hacen estragos entre los artistas

Jimi Hendrix, un miembro del «selecto» club de los 27

¿Qué tienen en común Kurt Cobain, Amy Winehouse, Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin y Jimi Hendrix? Todos ellos pertenecen al «selecto» Club de los 27, un grupo de músicos que comparten la singularidad de haber fallecido de forma trágica y prematura a la edad de 27 años. Su fundador fue el rey del Delta Blues, Robert Johnson (1911-1938).

 

Seguramente el Club de los 27 no sea ni el más distinguido ni el más famoso del mundo, pero sí el más lúgubre. En este momento su nómina la integran más de 30 acreditados músicos, repartidos por todos los rincones del planeta. No deja de ser curioso que todos los grandes grupos del rock –Beatles, Stones, Who y Led Zeppelin- hayan incluido a uno de sus componentes en el trágico club.

 

Un club poco recomendable

El origen de este insólito grupo hay que buscarlo en la década de los setenta, cuando grandes estrellas de rock -Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin- se despidieron prematuramente de sus fans. No obstante, no alcanzaría la fama que disfruta este momento hasta dos décadas después, cuando Kurt Cobain (1967-1994) se incorporó al grupo.

En este club no puede entrar cualquier humano, además del denominador común de la edad de la muerte, se debe haber fallecido en misteriosas circunstancias, a consecuencia del abuso de drogas o del alcohol, bien como consecuencia de un accidente inexplicable o por suicidio.

 

La ciencia se puso manos a la obra

Los científicos de la Universidad Tecnológica de Queensland en Australia decidieron salpimentar el mito con un poco de ciencia, tratando de arrojar un poco de luz a una pregunta que ronda las cabezas de todos: ¿la cima del éxito musical tiene un riesgo real de fallecer a los 27 años?

 

La tarea no fue fácil, tuvieron que revisar más de once mil biografías, tanto de solistas como de componentes de bandas musicales fallecidos entre los años 1950 y 2010. Cuando sometieron la muestra al análisis estadístico llegaron a la conclusión de que la edad por si misma, no conlleva ningún riesgo, que todo es una curiosa singularidad. Tan sólo el 1,3% (144) falleció a los 27 años, una cifra inferior, por ejemplo, a los que murieron a los 28 años que fue del 1,4% (153).

 

Sin embargo, los científicos también observaron que los músicos en su tercera década de la vida tienen entre dos y tres veces más posibilidades de fallecer de forma prematura, al compararlo con el resto de la población.

 

¿Qué explicación puede darse a esta mayor mortalidad? El furor por agotar la vida en dos sorbos se puede deber a la fama, en ocasiones, hay que sobrellevarla con la ayuda de somníferos o sustancias prohibidas, lo cual supone el empujón a la muerte. Hay una frase atribuida, erróneamente, a James Dean que resume a la perfección sus biografías: «vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver».

Los raperos, los peor parados

Cuando los científicos australianos dividieron la muestra por estilos musicales observaron que los raperos tienen una tendencia mayor a morir asesinados, entre los punks y metal hay mayor porcentaje de muertes por sobredosis y los raperos, heavys y músicos de hip hop son los que más se suicidan –representa más del 50% de todos los casos-.

A pesar de todo, la mayor frecuencia de mortalidad se dio, curiosamente, a los 56 años –un 2,2% que representaba 239 casos-. A esta edad fallecieron, por ejemplo, Chris LeDoux, Mimi Farina o el guitarrista de blues Baby Tate. Pero claro, su fama mediática no tiene nada que ver con la de Amy Winehouse y compañía.

Sin que haya ninguna relación con todos los anteriores, salvo la edad de la muerte, hay una única cantante española en el club, Evangelina Sobredo Galanes, más conocida por Cecilia, que falleció en un accidente automovilístico.

Esperemos que el triste y famoso club tarde mucho tiempo en reclutar a un nuevo miembro. Quizás, los músicos deberían de aprender de Percy Sledge (1940-2015), figura del soul sureño y uno de los pioneros del llamado country soul, que falleció a los setenta y cinco años.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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Pulpos, virus, y otros seres «extraterrestres»

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El periodista José Manuel Nieves habla sobre una nueva investigación que apoya la teoría de la panspermia en el Videoblog Materia Oscura

Según la teoría de la Panspermia, la vida no se originó en la Tierra, sino que procede del espacio. Moléculas orgánicas, los «ladrillos de la vida», han sido detectadas en un enorme número de lugares, incluídas lejanas nubes de gas y polvo e, incluso, en los enormes vacíos que separan las estrellas y las galaxias.

Según este escenario, cada vez más popular entre los investigadores, esas moléculas, a bordo de cometas o asteroides, se depositan en una enorme cantidad de mundos, y se desarrollan en aquellos que reúnen las condiciones más apropiadas. Pero un equipo de 33 investigadores, liderados por Edward Steele y Chandra Wickramasinghe han ido mucho más lejos en un artículo publicado en la revista Progress in Biophysics and Molecular Biology.

De hecho, los científicos afirman que a la Tierra no solo llegan simples moléculas, sino también organismos complejos, como virus, con toda su carga de genes que, una vez aquí, comparten los seres vivientes que invaden, modificándolos para siempre. Y no solo eso, sino que también sería posible que por la misma vía llegaran a nuestro planeta óvulos fecundados de animales más complejos, que se desarrollarían después entre nosotros, adaptándose a las condiciones terrestres.

Desde luego, una teoría escalofriante y que, de comprobarse, cambiaría mucho de lo que sabemos, o creemos saber, sobre el origen y la evolución de la vida en el Universo.

Steele y Wickramasinge creen que un buen ejemplo de aportación de genes extraterrestres se produjo hace cerca de 500 millones de años, dando lugar a lo que hoy conocemos como «explosión del Cámbrico», un periodo en el que la Naturaleza pareció volverse loca y en el que surgieron, casi de repente, todos los géneros de especies que hoy pueblan el planeta. Se da el caso que la fauna cámbrica, múltiple y variada, poco o nada tiene que ver, genéticamente, con el periodo anterior, conocido como Ediacara y en el que la mayor parte de los seres vivos eran mucho más simples y primitivos.

Para remate, los dos científicos creen que algunos de los animales que hoy pueblan el planeta llegaron directamente del espacio. Sería el caso de los pulpos, cuyo genoma, secuenciado en 2015, se considera como uno de los más extraños estudiados hasta ahora.

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El virus silencioso que lleva milenios matándonos

Investigadores han rastreado los orígenes del virus de la hepatitis B al analizar restos humanos de la Edad del Bronce, del Hierro y Media

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El de la hepatitis B es uno de los virus más letales de la historia. En la actualidad infecta crónicamente a 257 millones de personas y en 2015 el patógeno mató a 887.000 pacientes a causa de complicaciones asociadas, según datos de la OMS. Este virus se multiplica en el hígado y basa su éxito en su capacidad de pasarle inadvertido al sistema inmune y de refugiarse en este órgano. A pesar de ser un virus tan importante, se sabe poco sobre sus orígenes, y de hecho el virus de la hepatitis B más antiguo fue encontrado en una momia del siglo XVI.

 Pero las cada vez más potentes y baratas tecnologías de secuenciación están permitiendo a los científicos dos cosas muy importantes: por una parte recuperar genomas (conjuntos de genes) de personas que vivieron en el pasado y, por otra, leer ahí las secuencias de los virus de entonces. Gracias a esto, dos estudios acaban de reconstruir parte del que podría ser el pasado del virus de la hepatitis B. Los avances sugieren que este virus ha estado con el hombre al menos desde el nacimiento de la civilización.
 Una investigación dirigida por Eske Willerslev, investigador en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), y publicada en Nature, ha detectado las huellas del virus de la hepatitis B en 12 personas que vivieron hace 4.500 a 1.500 años, después de secuenciar los genomas de 304 personas que vivieron en la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y la Edad Media.
 
 
Restos de un hombre de 25 a 30 años infectado con el virus de la hepatitis B y encontrado en el yacimiento de la Edad de Piedra de Karsdorf, Alemania
Restos de un hombre de 25 a 30 años infectado con el virus de la hepatitis B y encontrado en el yacimiento de la Edad de Piedra de Karsdorf, Alemania-Nicole Nicklisch

Al mismo tiempo, un estudio dirigido por Johannes Krause, investigador del Instituto Max Planck de Ciencias de la Historia Humana en Jena (Alemania), y publicado en eLife, ha detectado huellas del virus de la hepatitis B en los dientes de tres esqueletos humanos del año 5.000 a 3.200 antes de Cristo y enterrados en varios yacimientos alemanes. A partir de esto, pudieron reconstruir parcialmente los genomas de los virus, en las que son las reconstrucciones más antiguas de virus hechas hasta la fecha.

 Esta investigación ha revelado que el virus estuvo circulando por Europa desde hace al menos 7.000 años. También ha mostrado que las cepas del virus antiguas detectadas pertenecen a linajes extintos del patógeno, y que hoy en día son más próximos a los virus de hepatitis B que infectan a chimpancés y gorilas. Los autores han concluido que el virus no ha cambiado mucho en los últimos 500 años, aunque antes su historia fue más compleja.
 

¿De dónde viene?

La explicación más común dice que el virus de la hepatitis B humano pudo surgir en África. Allí pudo «saltar» entre varios grupos de primates, humanos, chimpancés y gorilas, por el contacto entre personas y carne contaminada. Después, las oleadas de salida de África de los humanos pudieron arrastrar consigo a este virus, lo que permitió que se diferenciase de los virus de los otros primates.

 Pero los hallazgos de Willerslev sugieren que el virus pudo aparecer en Europa, Asia e incluso América, y desde allí extenderse a humanos y otros primates de África, justo coincidiendo con un momento en que aparecieron rutas comerciales y las poblaciones humanas tenían más entidad.

El virus sigiloso

El investigador Hendrik Poinar, genetista de la Universidad Mcmaster (Canadá) y no implicado en estas investigaciones, ha dicho en Sciencemag.com que estas ideas son muy especulativas. «Es muy arriesgado decir algo sobre el momento en que apareció el virus de la hepatitis B». Sin embargo, ha resaltado que muestran un fragmento de una larga historia: «Esta interacción entre virus y humanos ha sido una dinámica que ha tenido lugar durante milenios».

Carles Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva, un centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y del CSIC, ha destacado las investigaciones porque «nunca antes se habían recuperado genomas de esta antigüedad». Ha añadido que «este tipo de estudios abren la puerta a reconstruir historias hasta ahora desconocidas de interacciones entre los humanos y los causantes de sus enfermedades».

El investigador Urtzi Garaigorta, científico del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC) especializado en el virus de la hepatitis B ha explicado que en principio este tipo de estudios evolutivos no contribuyen a encontrar nuevas armas contra el virus. «Es interesante saber de dónde vienen y cómo interaccionan con los huéspedes, pero para poder usar esto para identificar nuevas dianas, es necesarios que esos virus investigados estén circulando hoy en día, y no hace miles de años».

Este científico también ha explicado por qué, si hay una vacuna muy eficaz contra el virus de la hepatitis B, hay tantas infecciones. El problema aparece en niños que no pueden ser vacunados o e personas que se infectaron antes de ser vacunados. En algunos casos, cuando se produce la infección y el sistema inmune está debilitado, la infección del virus se cronifica. Los tratamientos permiten reducir la presencia de patógenos en sangre, pero el virus queda oculto en el hígado. En concreto, su material genético queda escondido dentro de las células y no es detectado por las defensas del organismo. «Es un virus sigiloso. Pasa inadvertido para las células». Al mismo tiempo, aumenta las probabilidades de sufrir complicaciones hepáticas o incluso cáncer. Todo apunta a que ha estado atacando al hombre durante muchos milenios.

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