El futuro de la ropa: un tejido que se enfría cuando tenemos calor y se calienta cuando tenemos frío

El futuro de la ropa: un tejido que se enfría cuando tenemos calor y se calienta cuando tenemos frío
Un nuevo tejido, desarrollado por un equipo de la Universidad de Maryland, es el primero del mundo en calentar o enfriar a los usuarios automáticamente según sea necesario.

El tejido ha sido desarrollado con fibras hechas de dos materiales sintéticos diferentes: uno que absorbe agua y otro que la repele. Las hebras están recubiertas con nanotubos de carbono. Cada fibra se expande o se contrae cuando cambia la temperatura.

Ropa futurista

Cuando el material se calienta y se moja, cuando sudas, por ejemplo, las hebras se retuercen y se deforman, apretándose. Este proceso activa el recubrimiento de nanotubos, que permite que el calor pase a través, casi como los poros del cuerpo. Cuando estás demasiado frío, este mecanismo se bloquea, atrapando el calor cerca de tu piel para calentarte.

Según explica YuHuang Wang, coautor del desarrollo:

Reconoce la forma en que su cuerpo cambia de temperatura en diferentes entornos. Es como una antena que capta los cambios de temperatura y humedad.

¿Quiénes serán las primeras personas en usar ropa futurista? Tal vez sean atletas, pero podría ser útil para bebés, personas con discapacidades, personas mayores, y cualquiera que requiera atención constante para garantizar la comodidad. Con todo, aún no se han realizado pruebas completas con usuarios, pero el equipo de desarrollo asegura que la ropa hecha con este material se sentiría igual que la ropa convencional.

Wang cree que podría estar en producción en unos meses. Una cosa podría hacer que eso sea más probable: el material se puede tejer, teñir y lavar como cualquier otro tejido, lo que debería hacerlo más atractivo para el consumidor promedio.

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Un crucero a Júpiter y sus grandes lunas con océanos en su interior en este espectacular vídeo de la ESA

Un crucero a Júpiter y sus grandes lunas con océanos en su interior en este espectacular vídeo de la ESA

JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer) investigará el surgimiento de mundos habitables alrededor de los gigantes de gas y el sistema de Jupiter. Un Ariane 5 llevará a JUICE al espacio desde el puerto espacial europeo en Kourou. La misión será lanzada en mayo de 2022.

Para que nos hagamos una idea de cómo será la odisea de JUICE, la ESA ha lanzado este vibrante vídeo.

JUICE

JUICE comenzará su misión científica unos seis meses antes de llegar a la órbita del gigante gaseoso, haciendo observaciones a medida que se acerca a su destino.

En la órbita de Júpiter, realizará observaciones de su atmósfera, la magnetosfera, sus anillos y satélites. Durante el recorrido, JUICE hará dos sobrevuelos de Europa, que tienen una fuerte evidencia de un océano de agua líquida bajo su cubierta helada. Durante el recorrido también habrá períodos únicos para observar eventos como los tránsitos lunares.

El periplo terminará con un impacto de la nave en la superficie. La animación concluye con un ejemplo de cómo podría ser este desenlace.

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Demasiado para He

Si la ética es universal, como algunos creemos, la bioética lo tendrá que ser también

Demasiado para He
He Jian-kui durante su intervención en la Conferencia de Edición del Genoma Humano celebrada el pasado diciembre. KIN CHEUNG (AP) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

 

Hace ya la friolera de dos meses y medio, pero quizá algún lector recuerde el mayor escándalo prenavideño de la biomedicina, y tal vez uno de los grandes acontecimientos en la historia de esa disciplina, aunque esto no lo sabemos aún. El biólogo molecular He Jian-kui, de la Universidad Meridional de Ciencia y Tecnología en Shenzhen, China, anunció en noviembre el nacimiento de los primeros seres humanos modificados genéticamente, dos niñas que transcurren por su primer año de vida con normalidad y buena salud. Cuando eran embriones de una o dos células, el doctor He cambió uno de sus genes (llamado CCR5, un receptor del virus del sida) para hacer a las niñas inmunes a esa epidemia. Puede haberlo conseguido con una de las dos niñas, habrá que ver, pero en cualquier caso He pasará a la historia como el primer científico que osó modificar la línea germinal humana, las células que generan los óvulos y espermatozoides y por tanto definen el genoma de la siguiente generación.

Si la niña está en verdad protegida del sida, sus hijos y nietos portarán esa bendición genética. Y también cualquier daño colateral inesperado que anide bajo su bienintencionada superficie. Lo puedes llamar riesgos del progreso, o lo puedes llamar cruzar la línea roja. Pero las dos niñas están vivas y sanas, y sobre eso no hay mucho que discutir: son dos ciudadanas con todos los plenos derechos que se puedan disfrutar en China. Tal vez por eso el experimento de He se haya disipado en las tinieblas de la noche incómoda y ya nadie hable de él. Niña viva, noticia muerta, como diría Walter Burns.

Pero el asunto no está zanjado ni de lejos. Tenemos, por ejemplo, la increíble historia del supervisor de He, un científico de la Universidad de Rice en Houston, Texas, llamado Michael Deem. Según informa The Economist, Deem dirigió la tesis de He a finales de la década pasada y luego ha seguido colaborando con él. De hecho, el científico norteamericano es uno de los diez coautores del manuscrito que He envió hace tres meses a la revista Nature para anunciar las primeras niñas modificadas genéticamente. Nature rechazó el trabajo, que al final se dio a conocer en un congreso en China.

Lo último que se sabe de Deem, siempre según The Economist, parece obra de un guionista, y no de los más imaginativos. El científico de Texas iba a tomar posesión este mismo mes como decano de la escuela de Ingeniería de la Universidad de la ciudad de Hong Kong. Había firmado el acuerdo antes de que saltara el escándalo de noviembre. La plaza parece ahora peligrar, y Deem está siendo investigado por su propia universidad tejana. Todo el asunto está ahora en manos de abogados.

Con ser importante, el affaire He es solo un caso entre muchos otros que han empezado a preocupar a la Unión Europea. Los expertos comunitarios lo llaman “dumping ético”, por analogía con el dumping económico, que consiste en inundar el mercado con un nuevo producto a base de venderlo por debajo de su coste de producción, dejando a la competencia hecha polvo. El dumping ético consiste en hacer en otros países (como China) los experimentos que no puedes hacer en el tuyo (como Estados Unidos), al menos sin exponerte a una acción judicial que limpie tus bolsillos y te deje un año a la sombra.

Si la ética es universal, como algunos creemos, la bioética lo tendrá que ser también.

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Qué es la paradoja de Moravec o lo difícil que es doblar la ropa

Qué es la paradoja de Moravec o lo difícil que es doblar la ropa

La inteligencia artificial nos ha demostrado cuán hábil es para realizar muchas tareas. Primero desdeñamos que pudiera ganarnos al ajedrez, y lo hizo. También nos ganó al GoIncluso al Starcraft.

Ahora solemos argumentar que, sí, vale, la inteligencia artificial es muy hábil para algunas cosas, pero totalmente incapaz de tener sentimientos o producir arte. Sin embargo, esto no es del todo así. Más bien lo más difícil para una inteligencia artificial es hacer cosas mucho más cotidianas que las que consideramos como elevadas o exclusivas del ser humano.

¿Qué es la inteligencia?

Lo que afirma la paradoja de Moravez, a grandes rasgos, es que algunas tareas que son difíciles para los seres humanos (como multiplicar cifras muy altas) no tiene ninguna dificultad para un ordenador. De hecho, una simple calculadora nos da sopas con honda.

Por contrapartida, doblar la ropa o desplazarse por una habitación llena de obstáculos son tareas muy fáciles para los humanos pero dificilísimas para los ordenadores.

La cuestión es que hay tareas que se pueden organizar en ordenes simples, instrucciones muy concretas, algorítmicas, y otras, sin embargo, están jalonadas de infinidad de variables. Como doblar la ropa (no todas las piezas de ropa son iguales, por ejemplo).

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Incluso enseñar a una máquina si un cuadro de la pared está del derecho o del revés requiere de mucho esfuerzo, tal y como explican Kelly y Zach Weinersmith en su libro Un ascensor al espacio:

Cuando vemos la fotografía de un rostro humano, sabemos que, para que esté del derecho, los ojos tienen que estar por encima de la boca. Como regla no está mal… siempre que la persona no esté haciendo el pino. ¿Y cómo saber si es así? Podríamos fijarnos en el horizonte, o en la forma en que cuelga su cabello. Ya, pero… ¿cómo le explicamos al ordenador lo que es el pelo? ¿Cómo le explicamos que la línea recta que se ve al fondo no es el horizonte, sino la parte alta de una valla?

Este principio fue postulado por Hans Moravec, Rodney Brooks, Marvin Minsky y otros en la década de 1980. Moravec afirmó: «comparativamente es fácil conseguir que las computadoras muestren capacidades similares a las de un humano adulto en tests de inteligencia, y difícil o imposible lograr que posean las habilidades perceptivas y motrices de un bebé de un año».

Una posible explicación de la paradoja, ofrecida por Moravec, se basa en la evolución. Como Moravec escribe en Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence:

Codificada en porciones sensoriales y motoras altamente evolucionadas del cerebro humano, hay mil millones de años de experiencia sobre la naturaleza del mundo y cómo sobrevivir en él. El deliberado proceso al que llamamos razonamiento es, creo, la capa más delgada del pensamiento humano, eficaz sólo porque se apoya en el más antiguo y mucho más potente, aunque por lo general inconsciente, conocimiento sensorial motor. Todos somos prodigios en áreas perceptivas y motoras, tan buenos que hacemos ver fácil lo difícil. El pensamiento abstracto, sin embargo, es un truco nuevo, quizás con menos de 100 mil años de antigüedad. Todavía no lo hemos dominado. No es del todo intrínsecamente difícil; sólo parece así cuando lo realizamos.

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Piden a la NASA que empiece a «tomarse en serio» la búsqueda de inteligencias extraterrestres

Un equipo de investigadores, liderados por el astrónomo Jason Wright, pretende que la disciplina forme parte de la agenda oficial de la agencia espacial y cuente, por lo tanto, con financiación del Congreso norteamericano

Piden a la NASA que empiece a «tomarse en serio» la búsqueda de inteligencias extraterrestres

Un grupo de investigadores, con el astrónomo de la Universidad de Penn State Jason Wright a la cabeza, trabaja actualmente en la elaboración de un informe en el que pide a la NASA que se tome en serio la búsqueda de inteligencias extraterrestres y que incluya esas investigaciones en su agenda oficial.

El equipo ha elaborado ya una serie de artículos en los que se sostiene la idea de que los científicos deberían buscar en el Universo una amplia gama de «señales tecnológicas» que puedan revelar la presencia de una civilización alienígena. Señales que podrían ser de radio, luminosas, de láser o incluso el calor residual dejado por las actividades tecnológicas de los supuestos ET.

La esperanza es que esos documentos sean aceptados por la NASA y se incluyan finalmente en un informe al Congreso de los Estados Unidos para finales de 2020, (el « Astro 2020: Decadal Survey on Astronomy and Astrophysics»,) en el que se decidirá el futuro (y la financiaciación) que recibirán la Astronomía y la Astrofísica durante la próxima década. Para ello, Wright y sus colegas quieren detallar cuáles son las prioridades de la comunidad de científicos que se dedican a ese tipo de investigaciones.

Hasta ahora y desde hace mucho tiempo, la búsqueda de inteligencias extraterrestres ha recibido muy escasa financiación, a todas luces insuficiente para abordar una búsqueda que tiene el potencial de cambiar por completo la historia de la Humanidad.

Una alta apuesta

«La apuesta es muy alta – afirma Wright-. Si el informe al final dice que estudios como los de SETI son una prioridad científica nacional, y que necesitan financiación de la NSF (National Science Fundation) y de la NASA, entonces se hará».

Las primeras investigaciones para buscar seres inteligentes «ahí fuera» comenzaron el la pasada década de los 60, cuando el astrónomo Frank Drake (el de la famosa ecuación) utilizó por primera vez un radiotelescopio, el de Green Bank, para buscar señales de radio procedentes de otros mundos.

En 1985 la astrónoma Jill Tarter (que inspiró el personaje interpretado por Jodie Foster en la película Contact), fundó el SETI (Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre). La NASA no aportó financiación alguna hasta 1992, pero la retiró apenas un año después debido a las reticencias del Congreso.

Fue después el turno de las instituciones privadas, que permitieron que el instituto fuera sobreviviendo. Y en 2015 llegaron los multimillonarios rusos Yuri y Julia Milner, que se unieron (y financiaron generosamente) la búsqueda de ET. En resumen, dice Wright, la búsqueda de «tecno firmas» fuera de la Tierra no ha llegado nunca a convertirse en una disciplina científica «seria» y con financiación gubernamental.

Convertir la SETI en un campo serio

«Si la NASA declarara la búsqueda de firmas tecnológicas como una prioridad científica -afirma el investigador- entonces podríamos solicitar dinero para poder seguir trabajando en ello. Podríamos capacitar a los estudiantes para que se dediquen a eso. Y nos pondríamos a la altura de los campos más maduros de la Astronomía».

Wright, que entró en SETI en 2014, ha tomado ya parte en varias investigaciones del Instituto, entre elllas el estudio de la famosa «estrella de Tabby», cuyos inusuales y aparentemente aleatorios oscurecimientos hicieron pensar a algunos investigadores que estaba rodeada por una «megaestructura extraterrestre»quizá destinada a absorber energía de la estrella.

De lo que no cabe duda, dice Wright, es que durante los últimos cinco años la actitud de la mayoría de los científicos hacia la búsqueda de vida extraterrestre ha cambiado profundamente. Antes, trabajar como astrónomo en el SETI se consideraba un auténtico suicidio profesional y académico, cosa que ahora está dejando de suceder.

Sin ir más lejos, la propia NASA solicitó en 2018 un informe sobre qué se consideran «tecno firmas» y cómo buscarlas, algo que animó a los investigadores de SETI a pensar que la agencia espacial podría estar ya preparada para incluir, también, esta clase de investigaciones entre sus competencias. Ese informe, en el que también participó Wright, se publicó el pasado mes de Diciembre en arxiv.org.

La carrera de los exoplanetas

La situación de SETI también ha cambiado (a mejor) desde el lanzamiento del telescopio Kepler en 2009, que descubrió miles de exoplanetas durante sus años de misión, que terminó precisamente el año pasado. Algunos de esos mundos lejanos, en efecto, tienen ciertos parecidos con la Tierra, en incluso se ha sugerido que unos cuantos serían capaces de sustentar vida.

La «carrera de los exoplanetas», pues, ha causado además un notable incremento de investigaciones sobre biofirmas, signos externos de que alguno de esos planetas fuera del Sistema Solar no solo son «aptos», sino que efectivamente han conseguido desarrollar y mantener vida (aunque sea microbiana) en sus superficies. Y, para Wright, ambos tipos de búsqueda, la de biofirmas y la de tecno firmas, son como las dos caras de una misma moneda.

«La Astrobiología y la búsqueda de Vida -concluye Wright- se ha convertido en la parte más importante de todo lo que hace la NASA. Y el hecho de que no busque también vida inteligente se ha vuelto cada vez más incongruente con sus otras actividades».

 

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Conversación en Betelgeuse

Si los verdes tienen otro tipo de inteligencia, el teorema de Pitágoras no nos va a servir de gran cosa

El radiotelescopio australiano Parkes busca señales de inteligencia extraterrestre.
El radiotelescopio australiano Parkes busca señales de inteligencia extraterrestre. CSIRO.

 

Imagina que llegas a Betelgeuse, aparcas como puedes en su planeta habitado (tal vez se llame Mongo) y, tal y como habías acordado, te encuentras con un filósofo betelgosiano en la taberna más célebre de aquel remoto sistema solar. El encuentro es realmente trascendente —el primer contacto de los humanos con una inteligencia extraterrestre—, pero los betelgosianos han insistido en celebrarlo como ellos acostumbran, en un bar donde se degustan los pescados más exóticos y jugosos, el gran orgullo de la gastronomía extraterrestre. Para no partirnos la cabeza, imaginemos que el filósofo betelgosiano es verde y con trompeta en la nariz. El tipo verde te saluda con su garra, te invita a sentarte con un acorde de trompeta y te clava la mirada de sus siete ojos. Deberías decir algo, pero ¿cómo se hace eso? ¿En qué lenguaje, con qué gestos, asumiendo qué conocimiento previo de tu interlocutor?

“Son las matemáticas, estúpido”, respondería el marido de Hillary Clinton. El teorema de Pitágoras es tan cierto hoy como hace 4.000 años, cuando lo formularon los mesopotámicos (sí, mucho antes de que naciera Pitágoras). Las asombrosas propiedades de los números primos tienen que ser las mismas aquí que en el planeta Mongo, como tienen que serlo la geometría euclídea y el cálculo diferencial. Betelgeuse, una supergigante roja destinada a morir pronto, hará girar a sus planetas sobre ella mediante una deformación del tiempo y el espacio que les hace rodar como una canica alrededor del gua. Y sí, seguramente habrá allí un Einstein verde que lo habrá descubierto.

Sin alcanzar la perfección de las matemáticas, el resto de las ciencias nos ofrecen también un amplio abanico lingüístico para entendernos con los marcianos. Betelgeuse, la moribunda gigante roja, estará hecha de hidrógeno y helio, como toda estrella que brille en el cielo nocturno. El planeta Mongo tendrá minerales como los nuestros, y una atmósfera sostenida por los mismos ciclos del carbono, el nitrógeno y el fósforo que hacen habitable la Tierra. Los escritores de ciencia ficción más lúcidos, como el Arthur Clarke de Cita con Rama y sus secuelas, han construido idiomas verosímiles a partir de la tabla periódica, cuyos elementos servirían como los fonemas de un lenguaje universal. Mejor aún: como las partículas de cualquier sistema semántico existente o concebible. Todo eso está muy bien.

Detrás de una solución particular, sin embargo, siempre se oculta un problema gordo. El truco de comunicarse a base de matemáticas y tabla periódica da por hecho que los otros, los betelgosianos verdes y trompeteros, tienen el mismo tipo de inteligencia que nosotros: una mente analítica y sintética, que descompone cada misterio en sus partes esenciales, entiende cada parte y las relaciones entre una parte y otra y después infiere —“induce”, diría un matemático— el principio general que subyace a todo el sistema. Si los verdes no tienen ese tipo de inteligencia, sino otro distinto, el teorema de Pitágoras no nos va a servir de gran cosa.

De hecho, no creo que haya que irse al planeta Mongo para intuir los problemas monumentales que supondría comunicarse con los verdes. Nuestro querido planeta Tierra nos tiene anegados de esas arenas movedizas. Los estrategas de las fake news y sus hordas de seguidores, por poner un ejemplo tonto, se han inventado un nuevo tipo de inteligencia alienígena en que los hechos no importan, los argumentos no cuentan y la mendacidad campa repugnante e impune. Si existe una inteligencia alienígena, ahí la tenéis.

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La humanidad se encuentra a dos minutos del apocalipsis, según científicos

El llamado «Reloj del Juicio Final» continúa en su posición más cercana al fin del mundo que nunca por el uso de la energía nuclear

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Dos minutos. Ese es el tiempo que separa a la humanidad del «anochecer» del planeta, el término que ha utilizado el Boletín de Científicos Atómicos para referirse al fin del mundo. El «Reloj del Juicio Final» marca cuánto le queda a nuestro mundo antes de que los seres humanos destruyan el planeta debido a las amenazas de las armas nucleares y el cambio climático. Pero eso no es todo: también el uso creciente de las «fake news» -noticias falsas- y cómo socavan las libertades en algunos países ha provocado que sigamos más cerca del «the end» definitivo.

Solo en 1953, en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, así como las pruebas de la bomba de hidrógeno, la humanidad estuvo tan cerca del final. El año pasado se volvió a llegar al mismo punto ante la posibilidad de una guerra nuclear y el carácter imprevisible del presidente de EE. UU., Donald Trump. Y ahora los científicos han dejado el reloj imaginario -creado en 1947 y que ha cambiado 20 veces de posición desde entonces, desde los 17 minutos de 1991 a los 2 de 1953, 2018 y 2019- en la misma hora.

«La humanidad se encuentra en un estado tan preocupante como los momentos más peligrosos de la Guerra Fría, una situación que presenta un panorama impredecible y cambiante de disputas a fuego lento que multipican las posibildades de que estalle un conflicto militar importante», advierten desde la agrupación de científicos en un comuncado. Por su parte, la presidenta del Boletín de Científicos Atómicos, Rachel Bronson, declaró en la presentación: «Hemos entrado en un periodo que llamamos ‘nuevo anormal’. Este ‘nuevo anormal’ que el mundo ahora habita es insostenible e inquietante. Parece que estamos normalizando un mundo muy peligroso».

 

19 intelectuales con 15 Premios Nobel

La declaración del Boletín de Científicos Atómicos, firmada por 19 intelectuales de campos de la ciencia, el medio ambiente, los asuntos internacionales y la seguridad -y donde figuran 15 Premios Nobel-, fue hecha pública este jueves. «Aunque no ha cambiado desde 2018, esta configuración debe tomarse no como un signo de estabilidad, sino como una advertencia severa para los líderes y los ciudadanos de todo el mundo», aseguran.

La declaración indica que Estados Unidos abandonó el año pasado el acuerdo nuclear con Irán y anunció que se retiraría del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, lo que suponen «pasos graves hacia un desmantelamiento completo del proceso de control global de armas». Además, el escrito apunta que «el dilema nuclear de Corea del Norte sigue sin resolverse» pese a que este país asiático y Estados Unidos se alejaron de la retórica belicosa en 2017.

«Mientras tanto, las naciones nucleares del mundo procedieron con programas de ‘modernización nuclear’ que son casi indistinguibles de una carrera armamentística mundial, y las doctrinas militares de Rusia y Estados Unidos han erosionado cada vez más el tabú de larga duración contra el uso de armas nucleares», apuntan.

En cuanto a la otra gran amenaza para la humanidad, la del cambio climático, la declaración subraya que las emisiones globales de dióxido de carbono, que parecían estabilizarse a comienzos de esta década, volvieron a aumentar en 2017 y 2018. «Para detener los peores efectos del cambio climático, los países del mundo deben reducir las emisiones netas de dióxido de carbono en todo el mundo a cero mucho antes de fin de siglo», sostiene.

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Un pene extralargo para tener sexo sin salir de casa

Los cangrejos ermitaños tienen miembros más grandes para evitar que otro les usurpe su concha durante el coito

Imagen del cangrejo ermitaño de la especie Coenobita compressus

Imagen del cangrejo ermitaño de la especie Coenobita compressus – Hans Hillewaert / Wikicommons

 

Los cangrejos ermitaños utilizan las conchas de los caracoles para proteger sus blandos abdominales y asegurar la humedad de su cuerpo que, de otra manera, se secaría hasta su muerteen menos de 24 horas. Sin embargo, hay momentos en los que estas «casas portátiles» son más un estorbo que una ventaja, como durante la cópula: en esta situación, otros cangrejos aprovechan para robar estos hogares a los ocupados amantes, lo que puede suponer una condena. Pero la naturaleza es sabia y esta especie ha desarrollado un mecanismo para protegerse de las ursurpaciones: penes más grandes cuanto mejor es la concha.

Un nuevo artículo en la revista « Royal Society Interface» plantea una nueva hipótesis: algunas especies de cangrejos ermitaños machos desarrollaron penes sustancialmente más largos para que puedan aparearse sin tener que aventurarse demasiado lejos de sus conchas. Así lo afirma Mark E. Laidre, un biólogo del Dartmouth College en New Hampshire, quien ha titulado su tesis como «partes privadas para propiedad privada».

Laidre, quien ha estado estudiando durante una década diferentes especies de cangrejos ermitaños, sobre todo la especie Coenobita compressus, explica que las conchas son un recurso valioso y limitado, la posesión más preciada de estos especímenes. En el caso de la Coenobita compressus es más relevante, ya que se dedica a adaptarlas a su cuerpo, tallando la concha por dentro las partes duras durante meses para liberar más espacio y hacer más «cómoda» la estancia. Las conchas son tan importantes que los cangrejos ermitaños pelean a vida o muerte por ellas, incluso se roban de forma despiadada, ya que son cruciales para su supervivencia.

La imagen de la derecha muestra una cáscara de nerita scabricosta totalmente tallada por un cangrejo ermitaño terrestre (Coenobita compressus)
La imagen de la derecha muestra una cáscara de nerita scabricosta totalmente tallada por un cangrejo ermitaño terrestre (Coenobita compressus) – Mark E. Laidre

Inspirado por Charles Darwin, quien quedó maravillado con el miembro de los percebes (ocho o nueve veces su tamaño para poder fecundar lo más lejos posible), pensó que algo similar podría haber llevado a los cangrejos ermitaños a desarrollar la longitud de sus penes. «En teoría, los penes más largos podrían permitir a las personas contactar con sus parejas sexuales mientras al mismo tiempo mantienen un control seguro de sus propiedades con el resto del cuerpo, protegiendolas así contra los ladrones mientras tienen relaciones», afirma Laidre.

Por ello, comparó los órganos sexuales masculinos con calibradores electrónicos de nueve especies diferentes, teniendo en cuenta el grado de elaboración de la concha. Sus experimentos apoyaron su teoría inicial: Coenobita compressus tenía la proporción más grande de pene con respecto a su tamaño corporal (que mide algo más de la mitad de lo que mide su cuerpo entero). Un pariente cercano, conocido como Coenobita perlatus solo hace una pequeña remodelación de la concha, y tiene una proporción de aproximadamente 0,5, que es aún más grande que la de Coenobita clypeatus, que apenas remodela su concha y cuyo pene es aproximadamente como un tercio de su cuerpo longitud.

Macho de la especie Coenobita compressus, que modela mucho su concha, despojado de esta. La fecha señala la longitud de su pene
Macho de la especie Coenobita compressus, que modela mucho su concha, despojado de esta. La fecha señala la longitud de su pene – Mark E. Laidre

Por último, está el cangrejo de los cocoteros, la especie más grande del mundo -pesa de media unos cuatro kilogramos- y que solo usa conchas cuando es joven. El abdomen de los cangrejos de los cocoteros se recalcifica a medida que envejecen, por lo que no tienen necesidad de conchas protectoras cuando están completamente maduros. Así, estos especímenes presentan los penes más pequeños de todos, menos del 20% de su tamaño corporal. Laidre sugiere que esta especie de cangrejo no tiene ningún riesgo de perder su propiedad privada y, por lo tanto, la selección natural no le dotó de un mayor tamaño del pene.

Laidre espera que su hipótesis sea más general y sea extensible a otras especies además de los cangrejos ermitaños. «Obviamente, la mayoría de las otras especies no usan conchas, pero tienen recursos externos que no forman parte de su cuerpo», explicó para «The Scientist». «Hay cosas que son valiosas y que están tratando de defender. Lo intrigante de esta hipótesis es que el centro de esto es que hay unacompensación inherente en la evolución entre dedicar recursos a una cosa y dedicar recursos a otra», concluye.

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Encuentran formas de vida desconocidas bajo un kilómetro de hielo en la Antártida

Investigadores han hallado altas concentraciones de bacterias en un lago subglacial, a pesar de la oscuridad, las bajas temperaturas y las altas presiones

Los investigadores taladraron un orificio de 1.060 metros de profundidad para acceder al agua del lago Whillans, en la Antártida
Los investigadores taladraron un orificio de 1.060 metros de profundidad para acceder al agua del lago Whillans, en la Antártida – Kathy Kasic/salsa-antarctica.org

Resulta sorprendente lo poco que sabemos sobre los seres vivos. No solo porque solo conozcamos menos de la milésima parte del uno por ciento de todas las especies, ni tan siquiera porque recientemente se constatara que existe uninmenso mundo perdido de microbios en las profundidades de la corteza del planeta. Además de eso, apenas hemos comenzado a explorar los lagos subglaciales de la Antártida, que acumulan el 7 por ciento del agua de todos los lagos, y que hemos visto que están habitados por microbios poco conocidos. Pero eso no es todo. El futuro podría ser todavía más sorprendente. Hemos descubierto que la inmensa mayoría del agua del Sistema Solar está bajo el hielo de las lunas heladas, como Encélado o Europa, en enormes océanos fríos y salados. O, incluso, en lagos subglaciales marcianos. ¿Estarán estos lugares habitados por alienígenas?

Una forma de comenzar a averiguarlo es explorar los lagos que existen bajo el hielo, aquí en la Tierra. En 1999, el investigador John Priscu, de la Universidad Estatal de Montana, en Bozeman (EE.UU.), dirigió una investigación que sorprendió al mundo al hallar vida en el hielo de la Antártida, a 3.600 metros de profundidad, apenas cientos de metros por encima del lago Vostok, el sexto lago con más volumen del planeta. En 2013, una expedición dirigida por este investigador logró perforar el hielo y alcanzar el agua del lago Whillans, a 800 metros de profundidad, y encontrar la presencia de multitud de microbios. Ya este miércoles, Priscu volvió a Estados Unidos después de perforar el hielo sobre el lago Mercer, a 600 kilómetros del polo sur, y de encontrar una gran abundancia de microorganismos en su agua. Los trabajos de esta última expedición serán fundamentales para entender cómo es la vida bajo la Antártida, y cómo podría ser en mundos como Encélado o Europa.

«Todavía tenemos muchos datos que procesar, pero puedo decir que estamos encantados de comprobar que el lago alberga alrededor de 10.000 bacterias por mililitro de agua», ha explicado Priscu a ABC. Además de investigador en la Universidad Estatal de Montana, dirige el equipo « Subglacial Antarctic Lakes Scientific Access» (SALSA), para estudiar los lagos subglaciales.

Ubicación del lago Mercer
Ubicación del lago Mercer– Wikipedia

Aunque en el agua de los océanos puede haber 100 veces más microorganismos, es sorprendente que la vida sea tan abundante en este mundo perdidosituado bajo una corteza de hielo de kilómetros de espesor, sumido en la oscuridad, el frío y las altas presiones. ¿Por qué debería importarnos? Porque esto indica que hay muchos seres vivos viviendo bajo el hielo de la Antártida, un continente una vez y media más extenso que Estados Unidos y que alberga más de 400 lagos subglaciales. También nos dice que la vida podría ser capaz de existir en Marte o en las lunas heladas del Sistema Solar, y que quizás deberíamos mandar naves para buscarla.

¿Qué vive bajo el hielo de la Antártida?

En el lago Mercer las bacterias son tan abundantes que, según Priscu,es incluso posible que haya animales, como tardígrados (también conocidos como osos de agua): «Vamos a echar un buen vistazo en busca de organismos superiores, como animales… Pero no lo averiguaremos hasta dentro de un par de meses», ha dicho en una entrevista para Livescience.

Muestras de agua extraídas del lago Whillan, en la Antártida
Muestras de agua extraídas del lago Whillan, en la Antártida– Salsa-antarctica.org

Además de eso, los investigadores están haciendo estudios para comparar las características de los dos únicos lagos subglaciales explorados en la Antártida, el Whillans y el Mercer. En concreto, en esta última ocasión extrajeron testigos de sedimentos, analizaron la naturaleza de la materia orgánica y estudiaron la presencia de metano, entre otras cosas.

Un pozo de un kilómetro de profundidad

Hacer esta investigación ha sido muy difícil: «No nos metimos en este negocio porque fuera fácil», ha reconocido John Priscu. Un equipo de 25 científicos se desplazó a la Antártida para hacer un pozo de 30 centímetros de diámetro y 1.068 metros de profundidad en el hielo. «Hicieron falta casi cuatro días para poner el taladro a funcionar y realmente pensamos que no íbamos a lograrlo», ha recordado el investigador. Finalmente, lograron recoger 60 litros de agua del lago, que se encontraron a una temperatura de -0,6 ºC, y perforar los sedimentos de la corteza continental situada debajo, en la parte inferior de una capa de agua de 15 metros. Por último, introdujeron un rover de exploración y tomaron imágenes en la oscuridad.

Aunque la investigación aún está en sus fases iniciales, los científicos ya han descubierto varios hechos sorprendentes. Por ejemplo, que el agua tiene altas concentraciones de gas y de burbujas, y que en los sedimentos hay micro-fósiles que indican que el océano invadió el área hace más de un millón de años.

Un mundo de ríos y lagos bajo el hielo

En general, Priscu considera que el complejo de 400 lagos que existe en la Antártida forman un ecosistema único, situado entre el hielo y la corteza continental. «Siempre he propuesto que toda la placa de hielo es como un gran humedal, con ríos y lagos», dijo Priscu en Livescience. Algunos ríos tienen un área mayor que el Amazonas, aunque con menos agua», añadió.

Bajo la Antártida existe un mundo de lagos y ríos
Bajo la Antártida existe un mundo de lagos y ríos – Sebastian Göller

Paradójicamente, si la superficie de la Antártida es el lugar más frío y seco del planeta, su interior es también la mayor reserva de agua dulce de la Tierra, con el 70 por ciento de toda ella. «Sencillamente, no tiene sentido que no haya vida ahí abajo. Y ahora lo hemos demostrado», según Priscu. Y no solo eso: este lugar es también, en opinión de este investigador, «el mejor análogo para nuestros trabajos en el Sistema Solar». Esto será crucial para entender, por ejemplo, qué tipo de vida existe o existió en Marte.

Con todo, las profundidades de la Antártida se conocen menos que el propio planeta Marte. Quizás por eso una de las cosas más esperadas es explorar el lago Vostok. Esta inmensa masa de agua, de 5.400 kilómetros cúbicos y 1.000 metros de profundidad, está situada bajo una capa de hielo de cuatro kilómetros. Se trata, además, de una zona muy elevada cuyas temperaturas medias son de -55 ºC. Por ello, perforarla no será fácil ni barato. «Harán falta importantes preguntas científicas para conseguir financiación. Ahora mismo necesitamos ir poco a poco. Una vez que procesemos los datos de los lagos Mercer y Whilland, daremos el próximo paso», ha dicho John Priscu.

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China ha conseguido que una semilla germine por primera vez sobre otro mundo en su misión Chang’e 4

China ha conseguido que una semilla germine por primera vez sobre otro mundo en su misión Chang

La sonda Chang’e 4 hizo historia al aterrizar por primera vez en la cara oculta de la Luna, pero los hitos parecen no acabar ahí. Ahora nos han llegado imágenes de una semilla germinando en la Luna, aunque no se trata de una plantación en el yermo suelo del satélite, sino de que la planta ha logrado crecer en un ambiente tan poco favorable como ése.

Hasta el momento habíamos visto como los astronautas lograban cultivar plantas en la Estación Espacial Internacional, que no es poco teniendo en cuenta que se trata del crecimiento de vegetales en pleno espacio (sin suelo, con frío, con ingravidez y con una gran cantidad de radiaciones). Lo que han conseguido ahora con la misión china es que una planta germine en el lander lunar, de modo que a grosso modo tenemos la primera germinación en otro mundo.

La vida terrestre se desarrolla por primera vez sobre la Luna

La semana pasada veíamos casi en primera persona el alunizaje de Chang’e 4 gracias a las imágenes y vídeos que nos van llegando de ese lado que la Luna no nos muestra por cuestiones relativas a los movimientos de nuestro planeta y del satélite. Ahí repasamos los propósitos de la misión, comentando que entre otros experimentos el módulo lunar llevaba un pequeño frasco con huevos de gusanos y semillas de plantas para ver cómo se comportan los organismos en un entorno de baja gravedad como el del satélite.

De este modo, lo que han conseguido es que una semilla de algodón brote por primera vez sobre la Luna. Esto es, no en el suelo lunar, sino dentro de la sonda Chang’e 4, según han informado las agencias de noticias del país y reporta también BBC. Se trata de un experimento de biosfera diseñado para probar la fotosíntesis y la respiración, que se ha desarrollado en un contenedor de 3 kilogramos diseñado con la colaboración de 28 universidades chinas.

AlgodonA la izquierda se ven los brotes “lunares”. Imagen: Universidad de Chongqing vía Phys.org

El reto está en que, teniendo suministro de aire, agua y nutrientes, se pueda mantener una temperatura favorable para el crecimiento de los organismos, teniendo en cuenta que la oscilación térmica lunar es de – 173 grados centígrados y 100ºC. Así, de todas las semillas que han llevado y plantado, las que han conseguido germinar han sido por ahora las de algodón, habiendo también de colza, patata y arabidopsis, así como huevos de mosca y algunas levaduras.

Germinar sin contaminar

Según cuentan en BBC, hay voces que apuntan a la cuestión de si estos experimentos suponen un resto de contaminación de la Luna, pero según la publicación los científicos consideran que no existen motivos para que haya una preocupación sobre este asunto. Por ahora se trata de unos cultivos que se desarrollan en un ambiente cerrado con suministros propios, aunque habrá que ver si al final la misión también deja bolsas de residuos como ocurrió tras el paso de los astronautas de las misiones Apollo.

En cuanto a este logro seguiremos atentos a la evolución del resto de organismos, viendo si alguna otra especie logra desarrollarse en las difíciles condiciones para la vida que ofrece nuestro satélite vecino. También a los planes de China en el espacio, entre los que se encuentran establecer una base lunar o llegar a Marte.

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