¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

Desde la izquierda: Tom Holland, Robert Downey Jr., Dave Bautista, Chris Pratt y Pom Klementieff en “Vengadores: Infinity War”. CreditMarvel/Disney

Atención a las cinco películas que están arrasando en la taquilla de este año. Vengadores: Infinity War, sobre un grupo de superhéroes creados a principios los años sesenta que se unieron por primera vez en un cómic de 1963. Pantera Negra, que convierte en protagonista de nuestra época a un personaje que debutó como secundario de Los Cuatro Fantásticos en 1966. Mamma mia: Una y otra vez, cuya banda sonora es de ABBA, un grupo que lanzó sus grandes éxitos en los años setenta. La sexta entrega de la saga Misión Imposible, basada en una serie de televisión de los años sesenta y setenta. Y Los increíbles 2, una película de animación sobre una entrañable y simpática familia superheroica que vive en… ¿adivinan? ¡Sí! ¡Los años sesenta!

Cuando nos despertamos en la segunda década del siglo XXI, la mitología del siglo XX seguía allí. El éxito de Harry Potter ha explotado exponencialmente en estas dos décadas, pero las novelas están ambientadas en los años ochenta y noventa. Los niños de hoy todavía usan pijamas de Mickey Mouse, quien dentro de diez años cumplirá un siglo de vida. Y en carnaval se visten como Superman, Batman o el Capitán América, que nacieron en plena Segunda Guerra Mundial. Aunque Frozen o La patrulla canina hayan ocupado un espacio importante en el imaginario infantil de nuestra época, siguen siendo predominantes los personajes del siglo pasado de los universos de Disney, Marvel y D.C.

Muchos de esos mitos también entretienen masivamente al público adulto, que se mantiene fiel —en su amor esquizofrénico— tanto a la saga setentera de Guerra de las Galaxias como a los nuevos discos y conciertos de sus contemporáneos Bob Dylan o The Rolling Stones.

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Emilia Clarke y Kit Harington en “Juego de tronos” CreditHBO

Son pocos los nuevos iconos en el horizonte de la gran mitología popular del siglo XXI. No es casual que varios de ellos pertenezcan a Canción de Hielo y Fuego, la serie de novelas de George R. R. Martin, gracias sobre todo a su versión televisiva, Juego de tronos. No es casual porque las series de televisión se han convertido en la nueva máquina de generar mundos globalmente reconocibles. De Los Soprano a El cuento de la criada, pasando por Perdidos o Mad Men, la mayoría de los personajes que han engendrado más odio o admiración en los últimos años han nacido en la pequeña pantalla (la de la TV, el ordenador portátil o el teléfono móvil).

Aunque nuestra realidad ya no admita jerarquías ni centros —y sin consenso mayoritario no hay mitología—, lo cierto es que los mitos del siglo pasado han sabido pervivir en el nuestro con un protagonismo indiscutible. ¿Por qué ninguna serie de los últimos años ha logrado construir un personaje tan perdurable como Spiderman? ¿Por qué, si vamos más atrás, Sherlock Holmes o Hércules Poirot siguen reencarnándose en cómics, películas, series, obras de teatro, musicales o videojuegos? Más allá del tapón generacional o del tiempo que exigen los dioses para acumular los estratos de lecturas, versiones e interpretaciones que les aseguran la posteridad, es necesario preguntarse —con Bugs Bunny, creado en 1940—: ¿qué hay de nuevo, viejo?

Pues lo que hay de nuevo son, por ejemplo, los peluches de Ty. Aunque los primeros Beanie Babies surgieron en los ochenta y pronto se convirtieron en piezas de colección, fue en los años dos mil cuando la línea de juguetes protagonizó uno de los primeros fenómenos de venta en línea.

En la actualidad entre los suaves animalitos de ojos brillantes encontramos no solo a ratones o pingüinos, sino también a Garfield, los cachorros de La patrulla canina o todos los unicornios de Mi pequeño pony. Lo mismo ocurre con Funko Pop!, esos muñequitos cabezones que se encarnan en cualquier personaje pop, convirtiendo tanto a Popeye o a Dumbo como a los protagonistas de Stranger Things en enanitos del mismo tamaño y, de paso, en piezas de la misma infinita colección.

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El local de Funko en la Feria Internacional del Juguete de América del Norte tuvo una gran afluencia de visitantes en 2017. CreditDamon Winter / The New York Times

Le podríamos llamar la lógica Lego. Todo puede construirse con esos pequeños ladrillos de colores. Todos los mundos son reproducibles en Legolandia o en las películas y series de animación de Lego: ninjas, caballeros medievales, superhéroes, cualquier imaginario. Aunque el juego de construcción no sea un invento del siglo XXI, sí lo son sus variaciones audiovisuales. Unas historias que demuestran que todo puede traducirse al formato Lego, igual que cualquier personaje puede tener su versión Beanie Baby o Funko Pop!

¿Son esas plataformas transversales los mitos que está generando nuestra época? Es muy probable. Ahora que Google cumplió veinte años, podemos observar el buscador como un parque temático o como un universo, diseñado para que pases en él el mayor tiempo posible. Si buscas los ganadores de los Oscar, te muestra las caras de los actores o los pósteres de las películas, para que no acudas a las fuentes que dieron la noticia.

Y si buscas a Platón o a Clarice Lispector, te enseña en un recuadro parte de lo que Wikipedia dice sobre ellos, para que no cliquees el vínculo y te vayas con tu música a otra parte.

Lo mismo hacen Facebook o Twitter o Netflix, contenedores gigantescos que ofrecen innumerables mitologías, al tiempo que ellos mismos se van convirtiendo en mitos. Como el Monte Olimpo, como la Biblia, como el Multiverso, esas marcas globales son espacios virtuales polimorfos que albergan múltiples imaginarios. Los personajes o los mundos narrativos pueden pasar de moda, pero los nuevos dioses, con su catálogo infinito de imágenes y relatos, están diseñados para perdurar.

https://www.nytimes.com/es/

Un cómic para explicar a los niños que la Tierra es plana y rescatarles del “adoctrinamiento de los terrabolistas”

Iñaki Berazaluce

Un cómic para explicar a los niños que la Tierra es plana y rescatarles del “adoctrinamiento de los terrabolistas”

“Soy padre de un niño de cinco. Le educamos en casa. Estoy feliz de formar parte de un grupo que valora la educación por delante del adoctrinamiento: ciencia observable, comprobable y respetable frente a “cientifismo” teórico”. Es uno de los comentarios que puede encontrarse en el grupo de Facebook Flat Earth Kids (“Bienvenidos a la verdad”), que trata de persuadir a los niños de que no vivimos en una esfera -como nos hacen creer los de la NASA- sino en una especie plato en suspensión.

El grupo, originalmente en inglés, ya tiene su versión en castellano y promete horas de diversión para los internautas de todo el globo (con perdón). Una de las secciones estrella es un cómic en el que un terraplanista llamado “Ario” (sic) explica al niño protagonista, Johnny/Juanito, las “mentiras” que trata de inculcarnos la “versión oficial”.

Un cómic para explicar a los niños que la Tierra es plana y rescatarles del “adoctrinamiento de los terrabolistas”

La historieta comienza con una visita al museo de ciencias naturales, donde Johnny aprende que los “dinosaurios nunca existieron” y los supuestos fósiles que se siguen encontrando están en realidad “manufacturados”, son un fake, vaya. ¿Y cuál es el interés de fabricar miles de falsos fósiles y esqueletos y repartirlos por todo el planeta? Según Ario, “la idea es hacernos creer en la evolución y en una tierra globo para negar la existencia del Creador”. ¿No querías conspiración? Toma dos tazas: los terraplanistas se llevan también por delante la teoría de la evolución.

La segunda parte de la aventura de Ario y Juanito transcurre en las instalaciones de la NASA, que viene a ser el cuartel general de los “terrabolistas”. Este es el lugar escogido para quitarle al crío cualquier ilusión de ser astronauta: “Nos quieren hacer creer que los transbordadores abandonan la Tierra y se ponen en órbita, pero en realidad aterrizan en el océano, allí donde nadie puede verlos… Incluso la Estación Espacial Internacional no está realmente allí, es un avón llamado “Zero-G”. Emosido engañados, Juanito.

Un cómic para explicar a los niños que la Tierra es plana y rescatarles del “adoctrinamiento de los terrabolistas”

Pincha fuerte en la imagen para verla a tamaño completo.

Esperamos ávidos el tercer episodio de esta emocionante aventura. Si nos están leyendo los terraplanistas sugerimos situarlo en Australia, un territorio que -según aseguran algunos seguidores de la Tierra plana- no existe, y sus “presuntos” habitantes son en realidad un puñado de actores (alrededor de 20 millones) pagados por, cómo no, la NASA para mantener su mentira en marcha.

Seguiremos informando.

Visto en Facebook.

https://blogs.publico.es/strambotic

‘El asesino dentro de mí’: un clásico instantáneo del cómic

Desde que muriera en 1977, la influencia de la obra de Jim Thomson ha traspasado los límites de la novela negra. Porque a un escritor del tamaño del norteamericano le queda pequeño el estrecho traje de cualquier género literario con sus medidas estándar. Thomson rompió todas las costuras; y aún hoy, lo continúa haciendo. Sus novelas son reeditadas continuamente y sus admiradores siguen creciendo año tras año. Si te gusta Thomson, no tiene por qué gustarte la novela negra; pero si te gusta la novela negra, te gustará Thomson. Ya prácticamente nadie duda de su presencia con total merecimiento en ese pódium del Noir formado por Raymond Chadler, Dashiell Hammett y él.

La editorial Planeta Cómic acaba de publicar en formato de novela gráfica una de las obras más potentes de Jim Thomson: El asesino dentro de mí. Una verdadera maravilla cuidada hasta el más mínimo detalle desde la introducción, escrita por un tal Stephen King (sí, él también es admirador de Jim Thomson, ¿lo dudaban?). Casi nada. El cómic se mantiene fiel al original sobre todo en su esencia, en eso que hace único a Thomson: la descripción del psicópata, no sólo de sus actos, sino de su mente. Y cómo la sociedad se va pareciendo más a ellos, por eso se sienten tan cómodos, por eso casi es el mundo el que les pone en bandeja el que sigan matando.

Lou Ford es el atractivo y educado ayudante del sheriff de Central City, una localidad petrolera al oeste de Texas. Todos en el pueblo piensan que Lou es un tipo tranquilo, algo corrupto y sin muchas luces. Pero esa afabilidad es solo apariencia. Algo en él se despierta cuando conoce a Joyce Lakeland, una prostituta que quiere casarse con el hijo del magnate del pueblo para después sacar todo lo que pueda en el divorcio. Ese algo que revive dentro de él es “la enfermedad”, la misma que le llevó a matar a una niña de tres años en su infancia. “La enfermedad” no se había marchado, seguía allí, agazapada en su interior esperando para salir. Y Lou siente alivio cuando la libera, cuando se deja llevar por la feroz y sangrienta violencia criminal que le hace sentir vivo.

El comic mantiene a Lou como narrador de su propia historia, que sea él, en primera persona el que nos lleve por los recovecos de su mente. Los dibujos limpios de Vic Malhotra, y el guión de Devin Faraci convierten a este comic en un imprescindible, una prueba de lo que se puede hacer con cuidado, respeto y buen gusto. La obra destila devoción por la novela de Thomson. Una maravillosa noticia para todos los que admiramos al escritor. Un clásico súbito.

http://blogs.publico.es/la-oveja-negra

¿Cómo creó Borges ‘El Aleph’? Un cómic cuenta la vida del autor a partir de este relato

¿Cómo creó Borges ‘El Aleph’? Un cómic cuenta la vida del autor a partir de este relato

Aquí está de nuevo Borges. Un Borges pintado que lleva dentro al Borges de siempre. Lo ha dibujado Nicolás Castell y le ha dado voz Óscar Pantoja para contar cómo fraguó el argentino uno de sus cuentos más famosos, El Aleph. Eso muestra este libro, Borges. El laberinto infinito, porque, como dijo el cuentista, «todo hombre es dos hombres y el verdadero es el otro, el que está en el cielo».

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Palabras literales

Esta historia se despliega en más de 150 páginas pero dice Castell que «es como una película, como un biopic». El cómic está basado en hechos reales; incluso en palabras literales. Ocurre así cuando se conocen Norah Lange y Oliverio Girondo. Fue Borges quien los presentó. Fue él quien invitó a Norah a esa fiesta con la intención de pasar la noche con la mujer que amaba. Pero su verdad no penetró en el entendimiento rebelde de esta escritora vanguardista. En la absoluta nada rebotaron las palabras de Borges, al que entonces llamaban Georgie:

—Este compadrito es inaguantable, un fanfarrón que ignora el oficio de la escritura —dice el Borges novelado.

Y cuando la poeta de Los días y las noches y el poeta de la Persuasión de los díasse vieron, se miraron, bebieron y bailaron, el Girondo real se acercó a Norah y le susurró:

—¿Sabe lo que presiento, Norah? Que entre los dos va a ocurrir un incendio.

Reales son también las obsesiones dibujadas en el cómic: la pasión por los tigres, por ejemplo. O la relación asfixiante que mantuvo con su madre. «Es un personaje subyugado por la figura materna. Es algo muy chocante. Tenía que llamarla siempre para decirle dónde estaba. Cuentan que un día, ya mayor, cuando él tenía 45 años, ella se presentó en el bar donde estaba bebiendo con unos amigos y le dijo: “Vamos, Georgie, que ya es muy tarde”», detalla el ilustrador.

«Era una persona muy tímida. Tenía muchas inseguridades. Donde más cómodo se sentía era en su literatura. Yo quería representar la fragilidad de su persona pero sin quitarle nada de dignidad ni faltarle al respeto. Borges no deja de ser extraordinario por estas cualidades», indica. «Dejo ver estos rasgos de su personalidad en una mirada vacía, en un gesto con la mano crispada… Muestro una gestualidad que exprese todo esto de forma inconsciente y que no sea brusca. Esa es una de las ventajas del cómic. En una imagen se pueden decir muchas cosas de forma muy sutil».

Esta novela gráfica, que se expone hasta septiembre en la sala Lavagne Projects de Madrid, no mira solo al Borges literario. Aunque todo gira alrededor de sus obras y, sobre todo, de El Aleph, las páginas construyen un relato del Georgie que tuvo miedos, el que vio cómo perdía a su amor, el que creció entre libros, el que un día dejó de ver la luz para siempre. El Borges que, como el Alpeh, contiene todos los rasgos de su personalidad vistos desde todos los ángulos.

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El esqueleto del cómic

El tiempo no atiende a razones en este libro. Aparece al principio el Borges enamorado de 1926. Viene después el niño lector, el de 1900; le sucede el de 1954, el que ya no ve. En un recuerdo añil, el Borges de 1927, atormentado, da vueltas en la cama… Así, Georgie tras Georgie, van pasando hasta 10 momentos de su vida al correr de las páginas.

—Los saltos en el tiempo intentan recordar su forma de trabajar —explica Castell—. Decidimos esta estructura porque Borges era un escritor de relatos. No publicó novela. De una forma altiva decía que para qué contar algo en 200 páginas si se puede llegar al sumun de una historia en tan solo 12. Esa era su brillantez.

Con la idea de contar la vida de Borges partiendo de El Aleph decidieron dividir el cómic en capítulos independientes, «como si cada uno fuera un pequeño relato, igual que concebía él sus historias», especifica el dibujante. «Pero creo que si nos ceñimos a los diálogos de la obra no habría una unidad. Los dibujos son los que intentan unificar esta historia que gira en torno a El Aleph y a Norah Lange». Y así, cada sección es un Aleph, uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

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La oscuridad

Esta mañana, al abrir los ojos, ve lo mismo que cuando los tiene cerrados: oscuridad. Abre tanto los párpados que parecen estallar. Pero no sirve de nada. La habitación ha desaparecido; la luz no asoma por ninguna parte. «Así que así es. Padre, también me llegó el día», dice un Borges que dirige sus pupilas y sus manos al cielo.

—Intento que con mis dibujos se note la frustración. Es algo dramático, pero la actitud que tomó, según he visto en muchas entrevistas, fue como la del que contempla un lento atardecer. Quería mostrar que él lo afrontó con aceptación —comenta Castell—. Y no lo vivió solo. Tenía a su madre, a sus amigos… Tenía a muchas personas a las que podía dictar sus obras y que le leían los textos que quería escuchar.

Esa ceguera no aparece en el cómic con ninguna palabra. Está contada en la ventana borrosa de su dormitorio. También en la sucesión de las viñetas. Es «como un movimiento de cámara extraño, como hacía Hitchcock en sus películas», especifica.

Borges, como el protagonista de su cuento, bajó entonces por una escalera vedada. Cayó. Y al abrir los ojos, vio el Aleph. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

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El capítulo azul

En 1939 amanece el día azulado. ¿O es añil? Aún puede ver Georgie el color de la melancolía. Está adherido allá donde mira. En las aceras donde deja caer su mirada, cabizbajo; en el tranvía ‘Azul cóndor’, donde se sienta, encorvado. Y hasta pudiera parecer que de fondo suena un blues.

—Borges estaba deprimido. Fue en su edad madura. Tenía proyección como escritor pero no conseguía vivir de ello y se vio obligado a trabajar en una biblioteca. El resto de los administrativos se dedicaban a hablar de fútbol y le pedían que clasificara menos libros para no dejarlos en evidencia.

Cuenta Castells que el poeta venía de patriarcas de mucho dinero. «Tenía un sentimiento bastante clasista», indica. «Verse al nivel de esos administrativos le frustraba. Por eso lo dibujo mirando hacia abajo y con los hombros caídos».

El dibujante se metió en el ánimo de Borges para poder llevarlo a las páginas del cómic. «Tenía que empatizar y me vi contagiado. En esa época me puse triste. Pero ocurrió algo bonito en la vida de Borges y me ayudó a liberarme de su pesar: descubrió la Divina Comedia y sintió el síndrome de Stendhal», indica Castell.

En ese momento, cuando Georgie quedó maravillado con la obra de Dante, el azul se va evaporando de las páginas. Al entrar en la librería, al leer y releer el poema, los colores de la historia se hacen más cálidos para mostrar que «esa era la única fuente de felicidad que tenía en esa época».

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El doblete de Borges

Aparece en una viñeta un Borges que habla con otro Borges. El personaje se desdobla y aparecen dos. «Hay un relato suyo que va de eso. De ahí sacamos la idea. Borges se encuentra con el Borges de su juventud», indica Castell. «Los artistas conversamos con nosotros mismos. Así indagamos mejor en las ideas».

Fue en el relato Borges y yo donde el escritor le habló a su otro, al Borges a quien le ocurren las cosas:

«Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico».
(…)
«Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición».

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El espejo

A Borges le asustaban los espejos. Pensaba que algún día, en vez de su reflejo, aparecería un desconocido delante de él. No extraña este miedo a Castell y lo atribuye a la «imaginación extraordinaria» del argentino.

El dibujante, en cambio, no siente ese repelús. Al contrario. El espejo es tan imprescindible para él como el lápiz y el papel. Es ahí donde busca los gestos de sus personajes. «Mi trabajo es parecido a crear una película en papel. Hago de director, de cámara, de responsable de casting y, por supuesto, de actor», explica. «Todos sabemos dibujar caras muy tristes o muy felices. Pero hay emociones sutiles que son muy difíciles de representar. Entonces tengo que investigar en escenas de pelis o interpretar yo mismo el sentimiento para ver cómo sería el gesto».

Moebius tenía un espejo en su escritorio. El célebre autor de cómic trabajaba ahí las muecas y ademanes de sus personajes. «Todos mis compañeros de profesión lo hacen también», explica Castell.

—Hay que saber entonces algo de dramatización.

—Sí. Y eso me encanta. Es divertido —contesta el granadino—. Es fundamental para construir los personajes. Así los hacemos más carismáticos. Esa fuerza es la que hace que volvamos a leer un cómic. Es lo que hace atractivos a los protagonistas. Ocurre también en la literatura, en el cine o en las series. En House, por ejemplo, los guiones son muy repetitivos, pero la gente se engancha porque el protagonista es muy carismático.

Charles Dickens también habló de su espejo. Todas las mañanas, después de desayunar, se sentaba frente a una mesa reclinada y escribía sus novelas por entregas. En el instante que aparecía un nuevo personaje en la narración, el novelista dejaba la pluma. Se ponía en pie y caminaba hasta la habitación de al lado. Allí había un piano antiguo y un espejo enorme.

Dickens empezaba a actuar como lo haría el personaje. Decía lo que él diría; sentía como él sentiría. Y, mientras, el literato miraba su comportamiento en el espejo. Observaba, en su rostro, los gestos de otro hombre, y cuando ya lo conocía, volvía a su mesa y continuaba escribiendo. Mr. Scrooge, Samuel Pickwick o Tracy Tupman entraban y salían, a ratos, del cuerpo de Dickens.

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El encuentro

Aquella candente mañana de primavera de 2014 Nicolás Castell estaba en la Feria Internacional del Libro de Bolonia. Un señor moreno, con gafas de pasta, se le acercó. Le dijo su nombre: John Naranjo, y le extendió su tarjeta: editor. Le contó que había editado dos novelas gráficas. Una de Gabriel García Márquez y otra de Juan Rulfo. La próxima sería de Borges y lo quería a él para hacer los dibujos.

—¡Oh! No me lo puedo creer. Es mi escritor favorito desde siempre —exclamó Castell—. ¡Fantástico!

Nada más volver a su ciudad, Granada, el ilustrador empezó a trabajar en el cómic. Ya había leído las obras completas de Borges pero las volvió a leer. A escudriñar, más bien, esta vez. Las tenía a mano. Estaban en una estantería de su habitación desde el día en que, con 19 años, reunió por fin los 100 euros que costaba la edición elegante que deseaba para adentrarse en El Aleph y el resto de cuentos.

En esas páginas estaba el Borges de las palabras, el de los laberintos, el de los desdoblamientos… El Borges por dentro. Pero Castell quería conocer también al Borges por fuera. Así que sacó un billete a Buenos Aires y se fue volando a la ciudad.

—Quería descubrir el ambiente donde vivía. Visité la casa de Victoria Ocampo porque ahí se reunía Borges con otros escritores. Ahí hablaban y organizaban las ediciones de la revista literaria Sur.

Paseó después Castell buscando los caminos de Georgie; los pasos que dio el cuentista desde ahí hasta su casa de la calle Serrano; el callejeo del poeta hasta los cafés que frecuentaba. «Para el diseño de los personajes tienes que investigar mucho», apunta. Era preciso entrar en el laberinto que recorrió una y mil veces Jorge Luis Borges aunque hubiera que cruzar el Atlántico.

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¿Cómo creó Borges ‘El Aleph’? Un cómic cuenta la vida del autor a partir de este relato

POR MAR ABAD

Socia fundadora de Yorokobu y Brands&Roses. Premio Internacional de Periodismo Colombine 2018 y Premio de Periodismo Accenture 2017, en la categoría Innovación. Autora del libro De estraperlo a #postureo (Vox) y, junto a Mario Tascón, escribió TwittergrafíaEl arte de la nueva escritura (Catarata). También es coautora de la guía para los nuevos medios y las redes sociales Escribir en Internet, de Fundéu, y del libro Comunicación Slow. Todo lo que ahí cuenta está basado en hechos reales. Pero, a veces, es mejor la imaginación. Entonces cae algún #instarrelato.

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El Rock de los galgos

El Rock de los galgos es un cómic pensado y realizado con un objetivo principal: denunciar el maltrato que sufren en España los galgos destinados a la caza, apenas controlado por la ley y las autoridades. Miles de ellos son abandonados y asesinados cada año.

Para llevar a cabo el proyecto, su creador, Fabio Perianes Santos, abrió una campaña de crowdfunding en la que aún se puede colaborar. Parte del dinero recaudado será para Galgoleku, una ONG de rescate y adopción de estos maltratados perros.

El Rock de los galgos

Una joven pareja, que atraviesa dificultades económicas, rescata a un pequeño galgo. La llegada de este cachorro cambiará sus vidas para siempre y juntos vivirán una gran aventura. Esta es la trama de El Rock de los galgos, un cómic con el que el dibujante Fabio Perianes Santos pone el foco sobre la situación de los miles de galgos que en España son abandonados o asesinados cuando termina la temporada de caza.

El rock de los galgos
El Rock de los galgos

Según datos de la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid ( FAPAM), cada año son entre 50.000 y 60.000 los galgos que los cazadores matan cruelmente o dejan tirados en campos y carreteras. Y no sufren solo tras la temporada de caza, sino también durante los duros entrenamientos preparatorios: cuando el galgo no es una máquina de correr y cazar, se tira a la basura, incluso estando herido o lesionado. Solo quedan “los mejores”.

El Rock de los galgos
El rock de los galgos

A través de las sesenta y cuatro páginas de El Rock de los galgos, y con un dibujo que el autor ha buscado “simple e inocente” para que llegue a todos los públicos, Perianes quiere generar conciencia para que esta triste e injusta realidad termine de una vez. La conciencia del propio Perianes despertó cuando, siendo aún estudiante, tuvo en acogida a un galgo rescatado de este infierno cotidiano en España.

El rcok de los galgos
El Rock de los galgos

El proyecto cuenta con el apoyo de GALGOLEKU, una organización dedicada al rescate de galgos a nivel nacional, por lo que parte del dinero recaudado entre quienes apoyen esta iniciativa irá destinado a esta ONG. El dibujante hace especial hincapié en la importancia de ayudarles a continuar con su necesaria labor.

El Rock de los galgos
El Rock de los galgos

La fecha prevista para la publicación del cómic es septiembre de 2017. En el caso de que lo recaudado supere la cantidad requerida inicialmente, el dibujante Fabio Perianes imprimirá más ejemplares, donará un porcentaje del total a Galgoleku e incluso se plantea realizar una versión del cómic en inglés.

El cachorro Rock es el protagonista de 'El rock de los galgos', cómic de Fabio Perianes Santos.
El Rock de los galgos

E. A. POE, W. B. YEATS Y T. S. ELIOT EN VERSIONES MANGA, ¿UNA MEZCLA IMPOSIBLE?

El manga puede ser una ruta más que fresca para acercarse a la poesía.

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Julian Peters es un joven dibujante canadiense que se hizo de fama viral hace unos años a raíz de algunos dibujos del poema “The Love Song of J. Alfred Prufrock”, del poeta T. S. Eliot. Sin embargo, su trabajo como dibujante no sólo han tenido como protagonista al premio Nobel estadunidense sino a otros poetas de la tradición lírica de lengua inglesa como Edgar Allan Poe (de quien hizo ilustraciones para “Anabel Lee”), el irlandés Seamus Heaney o el italiano Giuseppe Ungaretti.La intención de Peters —quien estudió historia, pero es un gran aficionado al manga japonés y dibujante amateur— no es en absoluto la de proponer una interpretación nueva ni extraña de la poesía a través de sus dibujos sino simplemente explorar el espacio de colindancia entre dos de sus intereses, los poemas y el dibujo.“No trato de proponer ninguna interpretación inusual o crear un paralelo extraño entre algo que nunca se hubiera pensado”, mencionó Peters en una entrevista. “Trato de sacar lo que ya está en el propio poema, o en la forma en que lo veo. Pero pienso que mis interpretaciones son más bien instintivas; son imágenes que siempre he visto en mi cabeza. La gente me dice que es increíble la manera en que el cómic captura exactamente la forma en la que vieron el poema. Es un gran halago”.

Más que cerrar o limitar las interpretaciones de los poemas, los dibujos de Peters logran proponer un hilo conductor en donde el texto siga siendo el protagonista y donde los dibujos, paneles y demás elementos del lenguaje del cómic funcionen como una continuación del ritmo de las imágenes poéticas —una suerte de sinestesia entre la imagen y el sonido, entre el verso y el panel dibujado.

Como ejemplo del gran trabajo de Peters basta echar un ojo a su interpretación del poema “When You Are Old” de William Butler Yeats, donde además el dibujante rinde homenaje a uno de los colectivos más icónicos de los últimos 30 años del cómic japonés, Clamp.

Cuando seas vieja

CUANDO ya seas vieja y canosa, y con sueño
descabezadas junto al fuego, coge este libro
y léelo soñando con la mirada suave
que tuvieron tus ojos, y con sus hondas sombras;

y cuántos tus momentos de alegre gracia amaron,
y tu belleza, con falso o con sincero amor,
mas sólo uno amó en ti el alma peregrina,
y amó las aflicciones de tu cambiante rostro;

e inclinándote luego junto a encendidas barras,
susurra, algo apenada, cómo se fue el Amor
al paso por encima de las altas montañas
y su rostro ocultó un sinfín de estrellas.

William Butler Yeats

De: Poemas *- 1895
Traducción de Antonio Rivero Taravillo

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 *Imágenes: Julian Peters ©

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