Debajo

Y aunque el día era hostil –viento, frío-, nada me resultaba horrible. Tampoco hermoso. Tan sólo tremendamente sólido

Miraba por la ventanilla la hojarasca del otoño, un resplandor de fuego.
Miraba por la ventanilla la hojarasca del otoño, un resplandor de fuego. GETTY IMAGES

 

Pasaron semanas. Yo vagaba. Creyendo que estaba viva. Hasta que un hombre al que casi no conozco me dijo algo y se quedó mirándome. Yo respiré como quien acaba de ser alcanzado por un disparo perfecto (eran palabras: palabras perfectas). Entonces el hombre se rió. Era una risa tan real como las piedras. Y yo sentí que la pulpa fría de la anestesia se desvanecía dentro de mí y dejaba a la vista los gajos de un entusiasmo iridiscente. Fue como abrir una habitación cerrada y ver cómo el moho, la humedad, las telarañas, la niebla pegajosa del tiempo detenido, los vahos de la sombra oculta debajo de la cama, el polvo raído en las alfombras, la tierra pegada a los cristales, reptaban y se iban lejos. Y empecé a reírme. De mí, de mí, de mí. Y seguí riéndome cuando me despedí de ese hombre, y cuando salí a la calle, y cuando caminé hasta la parada del autobús (acá decimos “colectivo”), y mientras miraba por la ventanilla la hojarasca del otoño, un resplandor de fuego como cientos de cabezas pelirrojas arrojadas a la calle (¡qué imagen tan fea!). Y aunque el día era hostil —viento, frío— nada me resultaba horrible. Tampoco hermoso. Tan solo tremendamente sólido. La gente no parecía pesarosa ni agobiada. Era gente desconocida, con vidas raras, como la mía. Y sentí una alegría de panadera, de delantal, de pelo recogido, de olor a mina de lápiz, una alegría venida de la nada. Qué bien, me dije. Bajé del colectivo, caminé, llegué a casa. Entendí, con satisfacción, que nada había cambiado, que no estaba eufórica: que era un día como solían ser los días antes. Debajo de las sombras, de la rigidez, de las películas que no vi, de los bares a los que no fui, de los viajes que hice sin querer hacerlos, de los amigos con los que no pude encontrarme, estaba yo. Un hombre desconocido me había llevado de regreso a casa. Allí permanezco.

LEILA GUERRIERO

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El Banquete de la Reina

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Cuando la Reina, Cleopatra, salió de su larga e importantísima reunión con los 100 generales más importantes del imperio romano, sus sirvientes le prepararon un gran banquete para que ella comiera y se repusiera.

Sin embargo, a pesar del aire exhausto que tenía, la hermosa Reina de Egipto rechazó la comida y, alegando que se acababa de dar un gran banquete, les dijo:

– Solo quiero un poco de sopa, me duele la mandíbula.

                                                                                             Fin.
Sir Helder Amos 
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20 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en línea

20 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en línea

El Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, además de sus grandes novelas ha desarrollado una maravillosa labor en el cuento.

Su primer cuento, La tercera resignación, fue publicado en 1947 en un periódico liberal de Bogotá llamado El Espectador.

Un año después, empezó su trabajo de periodismo para el mismo periódico. Sus primeros trabajos eran todos cuentos publicados en el mismo periódico desde 1947 hasta 1952. Durante estos años publicó un total de quince cuentos.

Recuerda que para acceder al cuento tienes que presionar sobre el título de cada uno.

  1. Algo muy grave va a suceder en este pueblo
  2. El cuento del gallo capón
  3. El drama del desencantado
  4. El rastro de tu sangre en la nieve
  5. El visitante
  6. Espantos de agosto
  7. La fotogenia del fantasma
  8. La luz es como el agua
  9. La muerte en Samarra
  10. La santa
  11. Ladrón de sábado
  12. Los cinco cuentos cortos más bellos del mundo: I
  13. Los cinco cuentos cortos más bellos del mundo: II
  14. Los cinco cuentos cortos más bellos del mundo: III
  15. Los cinco cuentos cortos más bellos del mundo: IV
  16. Los cinco cuentos cortos más bellos del mundo: V
  17. Piensa en nosotros
  18. Retinoblastoma
  19. Solo vine a hablar por teléfono
  20. Un día de estos

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La soledad del penal

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Pase en profundidad

Los jugadores que entran a la cancha,

tocan el ardiente grass y se persignan

¿esperan el favor de Dios en el partido?

Rinden su paso al azar pero compiten

por un orden mayor que los elija.

Esa idea del orden presupone la mirada

del Dios creador del hombre y del fútbol,

en cuyos planes fallamos el penal.

Salvo que Dios no sude la camiseta

y ruede sin control del área chica

ante una imposible bola dividida.

¿O habrá preferido, oh Inconstante,

jugar la final y decidir el score?

Estaría el pobre jugador a punto

de ser expulsado por un árbitro

argentino. Y pregunto yo, ¿no está

todo futbolista librado al fútbol?

Te repite el juego, pero el match es tuyo.

El dueño de la pelota

Fui el dueño de la pelota.Los muchachos del barrio me toleraban en el equipo, aunque fuese de volante retrasado. 

Esa tarde, me llegó una pelota rebotada y sin mirar al arco enemigo lancé un centro bombeado que se elevó con gracia; hizo una curva profunda, y descendió limpiamente en medio de la incredulidad de los jugadores, que habían quedado inmóviles siguiendo la parábola de esa bola cierta. 

El hirsuto defensa central del equipo rival, que reunía a los hijos de los pescadores, con quienes habíamos jugado a guerras de trinchera y ahora nos disputábamos la playa, rechazó con toda su fuerza, y el juego se reanudó contra su madre.  

Animado por mi hazaña, corrí reclamando en voz alta la bola. Hasta que Perico, nuestro capitán, se detuvo al centro, y me la pasó con una advertencia:

          – Ahora es tuya.

Arranqué a correr por el flanco derecho, como si estuviera solo. Un rival me alcanzó pronto y estuvo a punto de sacarme la bola entre codazos, pero con la cabeza gacha enfilé hacia el arco. Trababa de frenar para asegurar el centro pero la misma velocidad del impulso me lo impedía. Tenía que patear, lo sabía, pero cuando por fin logré hacerlo, perdí pie, pifié la bola,  rodé. Me levanté, solitario; el partido seguía sin mi. 

Perico con uno de los rivales se excusó:

            -Es el dueño de la pelota.

Pero más difícil era terminar el partido. Yo aguardaba a que se encendiesen las luces de la tarde en torno a ese terreno baldío y dominguero. Gritaría que ya era hora, que mejor acabamos, sabiendo que ambos equipos cargarían contra mí.

El partido empezaba a las tres de la tarde y con algunas pausas terminaba después de las seis. Unos jugadores se marchaban, otros ingresaban a su antojo, y un juego que arrancaba con seis o siete por equipo crecía y decrecía sin número fijo.

Yo empezaba a anunciar el final poco antes de las seis. Pero justo entonces el fervor de ganar enfervecía a los rivales. Me hubiera contentado con un agonizante empate peruano,  pero Perico se enardecía y casi siempre decidía el score en el último cuarto de hora, rodeado de una nube de polvo épico.

Por fin,  yo recogía la pelota, en medio de la rechifla de los vencidos. Y me la llevaba bajo el brazo, roja y ardiente, a cargo de un mundo redondo y ajeno.

 Gabo y su película sobre el futbol

Volví a Austin para visitar a Gabo en su archivo. La primera impresión es abrumadora: cuánto ha corregido, mucho más de lo que ha escrito. Y qué trama de orígenes discursivos tienen sus obras mayores: miles de notas en torno a una nota. Está por estudiarse ese origen de García Márquez, más intrigante que su nacimiento colombiano. Construyó  un archivo para cada obra, que proviene de las versiones y disputas de las sagas orales que son actas del origen. 

De esa papelería fantástica, viene a cuento ahora una brevísima nota, que no llegué a copiar (el protocolo es laborioso, como debe ser) pero que recuerdo o creo recordar. Se trata de una nota de cinco líneas, que es el esbozo para un película dedicada al partido de fútbol más perfecto. Esta idea para un film sobre un partido de fútbol aun por jugarse, sigue, como es claro, la fe en la epifanía o instante de tiempo que cuaja en su exaltación. Desde “El ahogado más hermoso del mundo,” hasta Remedios, la bella, estas figuras de tiempo cristalizado como único y feraz, son emblemas vivos de la épica popular de García Márquez.

Su idea es filmar un partido de fútbol de ficción, pero en su tiempo real de 90 minutos, entre dos equipos formados por los veintidos jugadores mejores del mundo. También los árbitros lo serían, así como el estadio de grass celeste y verde. Y en la plácida tarde la luz bañaría a todos los actores en el espectáculo más celebrado ese domingo universal. 

La selección del equipo latinoamericano, capaz de enfrentarse a las selecciones de Europa, Africa, Asia y Resto del Mundo (creo leer en mi letra apremiada) sería hecha por la ONG  del fútbol y el cine. 

Este sería, en verdad, el partido de fútbol más hermoso del mundo.

 BLOG DE JULIO ORTEGA

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10 CUENTOS DE JUAN RULFO PARA LEER EN LÍNEA

10 CUENTOS DE JUAN RULFO PARA LEER EN LÍNEA

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano, perteneciente a la generación del 52.

La reputación de Rulfo se asienta en dos libros: El Llano en llamas, compuesto de diecisiete relatos y publicado en 1953, y la novela Pedro Páramo, publicada en 1955. Fue uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo xx. En sus obras se presenta una combinación de realidad y fantasía cuya acción se desarrolla en escenarios rurales y posrevolucionarios de México.

1-. Acuérdate 
2-. ¡Diles que no me maten! 
3-. Es que somos muy pobres
4-. La noche que lo dejaron solo
5-. Luvina 
6-. Macario 
7-. No oyes ladrar a los perros 
8-. Nos han dado la tierra
9-. Talpa 
10-. En la madrugada

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20 CUENTOS DE ANTÓN CHÉJOV PARA LEER EN LÍNEA

20 CUENTOS DE ANTÓN CHÉJOV PARA LEER EN LÍNEA

Antón Pávlovich Chéjov ue un médico, escritor y dramaturgo ruso. Encuadrable en la corriente más psicológica del realismo y el naturalismo, fue un maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de este género en la historia de la literatura.

Chéjov compaginó su carrera literaria con la medicina; en una de sus cartas escribió al respecto: “La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”. 

  1. Anécdota antigua
  2. Aniuta
  3. Carta a un reportero
  4. ¡Chist!
  5. Cirugía
  6. El álbum
  7. El beso
  8. El camaleón
  9. El estudiante
  10. El fracaso
  11. El gordo y el flaco
  12. El misterio
  13. El orador
  14. El sanguíneo
  15. El talento
  16. El teléfono
  17. El trágico
  18. En el campo
  19. En el landó
  20. En el paseo de Sokólniki

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Tres micros de Adolfo Bioy Casares

ABC

DIVISIÓN DEL TRABAJO

El domingo los trabajadores están por fin con sus mujeres; los ociosos, por fin, sin ellas.

FILOLOGÍA CLÁSICA

Pasaron milenios antes de que los hombres admitieran el pronombre de la segunda persona. Cuando les decían tú o no entendían o se indignaban: ellos eran yo y los interlocutores tú y no veían la razón de alterar ese orden natural y caer en la anarquía.

RESULTADO

Conócete a ti mismo; conviértete en egoísta y en enfermo.

ADOLFO BIOY CASARES (Buenos Aires, 15.09.1914 – 8.03. 1999).

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20 CUENTOS DE JORGE LUIS BORGES PARA LEER EN LÍNEA

20 CUENTOS DE JORGE LUIS BORGES PARA LEER EN LÍNEA

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo fue un erudito escritor argentino, considerado uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX.

Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y el pensamiento universal, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.

Recuerda que para acceder a ellos solamente tienes que presionar sobre el título del cuento que quieras leer. 

 

  1. Abel y Caín
  2. Adrogué
  3. Alguien soñará
  4. Andrés Armoa
  5. Argumentum ornithologicum
  6. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
  7. Borges y yo
  8. Del Rigor en la Ciencia
  9. Diálogo sobre un diálogo
  10. El acercamiento a Almotásim
  11. El adivino
  12. El Aleph
  13. El cautivo
  14. El evangelio según Marcos
  15. El informe de Brodie
  16. El libro de arena
  17. El milagro secreto
  18. El muerto
  19. El Palacio
  20. El perro de doble cuerpo

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Contraseña

Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos.

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos.
 GETTY IMAGESSalí de casa a media tarde para diluir mis preocupaciones en un gin-tonicclandestino. Ya en la cafetería, quise ir al baño, pero estaba cerrado. El camarero me informó de que al lado de la puerta había un teclado numérico en el que debía marcar el 3101 para que se abriera. Me hizo gracia porque yo nací un 31 de enero. Bueno, más que hacerme gracia, me inquietó un poco. No me gustó, en fin, la asociación, pero tampoco quise darle demasiada importancia. Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico. Regresé al aseo y en efecto, descubrí el teclado, que se parecía al de una caja fuerte. La caja fuerte de la mierda, pensé. La puerta, de metal, reforzaba esa idea de dispositivo de seguridad inverso, pues no era para evitar que se robaran los excrementos, sino para impedir que se depositaran. Imaginé que en ese instante se acababa el mundo y que dentro de 1.000 años unos espeleólogos forzaban la puerta y en vez de descubrir el cuerpo momificado de un faraón, se encontraban con un retrete sucio del siglo XXI. ¿Por qué esas medidas de seguridad?, se preguntarían.

 

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos. La idea de quedarme encerrado me horroriza, así que no entré, pero le proporcioné la clave a un indigente que había en la calle. La 3101, le dije mientras me dirigía al bar de al lado sin haberme tomado el gin-tonic, pues entre unas cosas y otras el hielo se había derretido y sabía mal. Los aseos del nuevo establecimiento no tenían contraseña secreta y estaban más o menos limpios, de modo que accedí a ellos sin problema, hice un pis preventivo (en realidad no tenía ganas, pero nunca se sabe) y pedí otro gin-tonic que me supo a gloria.

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20 CUENTOS DE OSCAR WILDE PARA LEER EN LÍNEA

20 CUENTOS DE OSCAR WILDE PARA LEER EN LÍNEA

Oscar Wilde es considerado uno de los dramaturgos más destacados de Londres victoriano tardío; además, fue una celebridad de la época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus epigramas, sus obras de teatro y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su temprana muerte.

Wilde publicó El príncipe feliz y otros cuentos en 1888, y escribió regularmente historias de hadas para las revistas. En 1891 se publicaron dos colecciones más, El crimen de Lord Arthur Savile y otras historias, y en septiembre Una casa de granadas que fue dedicada a su esposa. 

En este artículo te presentamos una maravillosa lista que contiene 20 cuentos de Oscar Wilde que podrás leer en línea. Recuerda que para acceder a ellos solamente tienes que presionar sobre el título de cada uno. 

1-. Aforismo
2-. El amigo fiel
3-. El artista
4-. El cumpleaños de la infanta
5-. El discípulo
6-. El famoso cohete
7-. El fantasma de Canterville
8-. El gigante egoísta
9-. El hombre que contaba historias
10-. El imán
11-. El joven rey
12-. El maestro
13-. El modelo millonario
14-. El niño astro
15-. El príncipe feliz
16-. El reflejo
17-. El ruiseñor y la rosa
18-. La Casa del Juicio
18-. La esfinge sin secreto
20-. La piel de naranja
Regalo: Pluma, lápiz y veneno

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