Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

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En Pietrasanta, Italia —una pequeña ciudad donde Miguel Ángel solía comprar mármol—, un alto campanario de ladrillo repica todo el día desde una iglesia, a un costado de la histórica plaza central. Está adornado por varias esculturas enormes: cabezas sin rostro con cabelleras extrañas forjadas con latón, hierro y acero. Parecen los restos de una broma dadaísta frente a las colinas verdes de la Toscana y a la imponente iglesia de mármol blanco. Los turistas y los lugareños se reúnen en las cafeterías alrededor de la plaza para beber capuchinos por la mañana y aperitivos por la tarde. A finales de año, el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, cuyo hijo menor va a la escuela en Pietrasanta, se reunió allí conmigo para beber varias tazas de té verde.

A la distancia, mientras caminaba por la plaza con una sudadera, tenis negros y el celular en la oreja, Cuarón, de 57 años, parecía un skater de mediana edad. De cerca, mientras hablamos en su español natal —el idioma en el que todavía sueña—, mantenía su mirada astuta sobre mí. Excepto en un momento en el que se detuvo a mitad de la oración para señalar hacia la plaza.

“Mira, se fue el delfín”, dijo. “Allá, ¡mira!”. Un globo de helio con forma de un pequeño delfín flotaba al otro lado de la plaza. “Ahí está la niña”, dijo Cuarón, para dirigir mi atención hacia una pequeña en el otro extremo de la plaza que observaba al delfín mientras se elevaba por encima de las esculturas, hacia la campana. Los ojos de Cuarón pasaron de la niña al globo. “Se ve bien bonito”, dijo. “¡Con la torre, además! Sería una foto bonita, el delfín que nada junto a la campana. ¡Qué bonito! ¿Viste? Además giraba, nadaba y hasta la sombra quedó detrás de la campana”.

La pequeña del globo comenzó a llorar en brazos de su madre. “Ah, pobre, se le fue. Se le fue su delfín”. La voz de Cuarón se volvió suave y empática. Suspiró. “Recuerdo ese sentimiento de niño, que abres la mano casi casi porque puedes. Y sentir ese momento en que el hilo sí se va, que sí hay consecuencias. El hilo sí se va. Ese momento del ‘¡Ah!’. Y ya sabes que no lo alcanzas. Me acuerdo de eso. Ay, pobrecita”. Observó a la niña un poco más. Después dio un sorbo a su té, se rio —de la situación, de él mismo— y volvió a concentrarse. “En fin”.

Es tentador comparar el extraordinario nuevo filme de Cuarón, Roma—que ganó el León de Oro del Festival de Cine de Venecia y estará en Netflix desde el 14 de diciembre—, con películas neorrealistas emblemáticas. La exquisita escena de una fiesta en una casa de campo me recordó a La regla del juego, de Jean Renoir. Un clímax cerca del océano me hizo pensar en Los 400 golpes, de François Truffaut. Un paisaje de pobreza urbana me recordó a Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica. Sin embargo, Cuarón no buscó imitar a nadie. Lo que quería era algo parecido a la escena de la niña con su globo de delfín: belleza, naturalismo y emoción espontánea.

Para lograrlo, Cuarón regresó a México a filmar una película en su país de origen por primera vez en casi veinte años. Contrató a un reparto formado en buena medida por gente sin entrenamiento actoral y rodó todo de corrido y en continuidad. Ninguno de los miembros del reparto o el personal leyó el guion, así que cada giro de la trama también los sorprendió a ellos. Una de las escenas impresionó tanto al equipo de rodaje que los hizo romper en lágrimas mientras las cámaras seguían grabando. A los actores les daban sus diálogos la misma mañana en que se filmaban. Muchas veces no tenían diálogos ya escritos; Cuarón simplemente les sugería cómo podrían reaccionar a otros personajes o incluso alterar toda una escena. A menudo, Cuarón les daba instrucciones contradictorias. “Entonces lo que pasa es que, cuando empezamos a rodar, se creaba todo un caos. Y eso era. Todo el mundo tenía que existir dentro de ese caos, como la vida”. Más que nada, me dijo, su trabajo fue observar con mucha atención a los actores para detectar los momentos en que emergía alguna verdad esencial.

“[Roma] no solo habla de lo que ella hacía, sino de la actitud de mi familia hacia ella”.

Durante gran parte de su vida, Cuarón ha tenido problemas para combinar sus ambiciones como creador de cine de autor con su necesidad de ser solvente. Durante años, cuando le preguntaban por qué dirigía una u otra película de Hollywood —Grandes esperanzas, por ejemplo, o Harry Potter y el prisionero de Azkaban— Cuarón sugería a los periodistas que se le “estaba acabando el dinero y necesitaba sobrevivir”. Escribió Gravedad con su hijo mayor, Jonás Cuarón, en un arranque de desesperación después de que otro proyecto perdiera su financiamiento tras la crisis financiera de 2008. Juntos escribieron un primer borrador del guion en un día. No obstante, le tomó cuatro años y medio filmar el thriller existencial sobre el espacio, un proceso complicado por los desafíos de filmar los efectos de la microgravedad y la necesidad de enrolar a una gran celebridad para justificar un presupuesto de 100 millones de dólares. Finalmente, Sandra Bullock aceptó pasar sesiones de nueve horas en una caja de efectos especiales de tres por tres metros, donde realizaba movimientos coreografiados tan precisos que su actuación era casi una danza moderna. Gravedad, estrenada en 2013, recaudó más de 700 millones de dólares de taquilla a nivel mundial, ganó siete premios Oscar y convirtió a Cuarón en el primer mexicano en la historia en recibir el galardón de la academia al mejor director. Después de eso, podía filmar lo que quisiera.

“Se me ofrecían películas más grandes con más presupuestos, más todo”, explicó Cuarón. Pero se dedicó a crear Roma: una película de época, en español y mixteco y en blanco y negro. La mayor parte de la película está ambientada en la colonia de Ciudad de México donde creció, justamente llamada la Roma. El noventa por ciento de las escenas fueron inspiradas por la historia de su familia. “Es la película casera más costosa de la historia”, dijo Steve Golin, mánager de Cuarón.

Lo que quería Cuarón, según me dijo, era hacerle “una radiografía espiritual” a su familia, “con sus llagas y sus heridas”. Observar los traumas de la niñez, estilizarlos, explorarlos desde el punto de vista de la madurez con la idea de entender la construcción del ser: es un análisis forense terapéutico muy común entre los cineastas. Pero la genialidad de Cuarón no proviene del tema que eligió abordar, sino de su decisión de ponerse a sí mismo como personaje periférico. Casi todas las escenas incluyen un suceso que habría sido inolvidable para un niño pequeño: la noche en que fue testigo de un incendio, la tarde en que descubrió un secreto familiar, el día en que casi mató a uno de sus hermanos. Pero necesitas retroceder para reunir todas esas piezas, porque Paco, el personaje basado en Cuarón, rara vez ocupa el centro del encuadre. En cambio, Roma se centra en Cleo, un personaje basado en una trabajadora del hogar que ha vivido con la familia de Cuarón desde que él era un recién nacido.

Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

Yalitza Aparicio y Marco Graf en “Roma” CreditCarlos Somonte/Netflix

Alfonso Cuarón Orozco nació en 1961, en un México que era hermético, insular y paternalista, gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante más de treinta años. Para muchos extranjeros, ese México era un “milagro” económico: su producto interno bruto creció más de un seis por ciento al año entre 1950 y 1969. Sin embargo, el afán del PRI en acelerar la industrialización fue a costa de muchas comunidades agrícolas. Menos del cuarto de la fuerza de trabajo del país se quedó con la mitad de los ingresos domésticos. Los campesinos sin recursos se mudaron a centros urbanos y se asentaron en barrios como Ciudad Nezahualcóyotl, una zona marginal al este de Ciudad de México que ahora tiene más de un millón de habitantes. La supresión de la información y de los disidentes por parte del PRI apuntaló esa desigualdad. En octubre de 1968, cuando miles de estudiantes se reunieron en el complejo habitacional de Tlatelolco para protestar en contra de la violencia policiaca, fueron masacrados por francotiradores vinculados al gobierno. En 1971, de nuevo, fueron asesinados manifestantes estudiantiles en lo que se conoce como la masacre de Corpus Christi o el Halconazo.

Uno de los recuerdos más potentes de Cuarón sobre su infancia es la falta absoluta de libertad de expresión. La sintió visceralmente en la escuela, donde él y sus tres hermanos intentaron ocultar el hecho de que su padre, Alfredo Cuarón, un doctor especialista en medicina nuclear, abandonó a su familia cuando Alfonso tenía 10 años. El padre de Cuarón de por sí no le había prestado mucha atención a su segundo hijo —el director tiene pocos recuerdos de él— y, después de que se fue, el contacto que tenían se redujo progresivamente hasta la nada. La madre de Cuarón, Cristina Orozco, bioquímica farmacéutica, se esforzaba para pagar las cuentas de la familia. (Le compró a Cuarón una cámara Super 8, pero no podía comprarle los casetes para grabar). En el bachillerato, los sacerdotes le enseñaron que el divorcio era un pecado mortal. Cuarón jamás lo creyó, pero mentía cuando otros niños le hacían preguntas: claro que su padre vivía en casa, solo que viajaba mucho por el trabajo. Muchísimo.

“Eso contribuyó a cualquier cosa que continuó después, como las inseguridades. Soledades también”, comentó. “Tuvo que ver también con una adolescencia bastante solitaria en la que el cine además de una pasión se convirtió en un refugio, en el único amigo”. Desde mucho antes de que sus padres se separaran, Cuarón sabía que quería rodar películas. Cuando sus primos jugaban a ser soldados, él jugaba a “filmar películas de guerra”. Pero en la época en la que se sentía como paria en su escuela católica se fortaleció su necesidad de escapar por medio del cine. Buscó ir a todos y cada uno de los cines de Ciudad de México; a menudo veía funciones dobles.

En buena medida, Cuarón encontró la ternura en Liboria Rodríguez, una trabajadora del hogar a la que considera como su segunda madre. Se sentaba a su lado en el cine y le contaba historias sobre Tepelmeme, el pueblo oaxaqueño donde nació. Creció llamándola “mamá” a ella también. “En mi familia creo que es unos de los lazos afectivos mas fuertes”, dijo Cuarón sobre Rodríguez. “Es parte de esta relación tan perversa que tiene la burguesía con los trabajadores domésticos. Es que por un lado lavan, cocinan, van de compras. Pero además de trabajar durísimo, lo que sería la definición de sus empleos, cubren los roles que deberían ser cubiertos por los padres, ¿sabes? Despiertan a los hijos, les dan de desayunar, los acuestan, van por ellos a la escuela. También es hermosa esa presencia. Pero ¿por qué se necesita? Simplemente por que hay una ausencia de los padres”.

Después de Gravedad, cuando Cuarón decidió hacer una película sobre esa época, les pidió permiso a Rodríguez y a su familia. “Le dije que sí”, me comentó Rodríguez, recordando su conversación. “Eso ya está sanado. Ya no importa. Entonces ya está bien”. Pasaron horas en llamadas de larga distancia para discutir los detalles más nimios de su vida cotidiana en los años setenta. ¿Qué tipo de reloj despertador usaba? ¿Dónde guardaba su ropa? Cuando le pregunté a Rodríguez si le gustaría recibir dinero por su historia, lo desestimó: “Qué bárbaro. Lo hice porque es mi niño, porque es algo por amor”.

Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

Liboria “Libo” Rodríguez con Cuarón durante el estreno de “Roma” en Nueva York, en octubre de 2018CreditNicholas Hunt/Getty Images

Al reconstruir su pasado conjunto, a Cuarón le quedó claro lo poco que, de niño, entendía su vida; como mujer indígena nacida en la pobreza rural, Rodríguez padecía sufrimientos y desafíos distintos a los de sus patrones blancos de clase media. “Cuando era niño, me contaba historias sobre su pueblo, y me contó sobre el terrible frío que pasaban y el hambre que los atormentaba. Pero para mí, como niño, era el frío equivalente a ‘Hoy no traje el suéter al cine’ y el hambre era ‘Puta madre, se tardaron dos horas más para la comida’, ¿sabes? No tenía la conciencia”, dijo Cuarón.

Su abuela no permitía que Rodríguez usara electricidad para nada que no fuera parte de su trabajo. “La familia puede tener todas las pinches luces encendidas todo el día, y es su trabajo recorrer toda la casa para apagarlas mientras la familia está en el piso de arriba. Pero ellas no pueden usar electricidad en su propio cuarto”. Cuarón sacudió la cabeza con indignación. “Eso no solo habla de lo que ella hacía, sino de la actitud de mi familia hacia ella”.

Cuarón se deshizo de esa ceguera con el fin de convertir a Rodríguez en la protagonista de Roma. El filme presenta el clasismo, el abandono de los padres y la violencia del gobierno de los años setenta con una neutralidad fría, pero derrocha amor cuando la cámara se acerca a Cleo, el personaje basado en Rodríguez. Ella es testigo de muchas humillaciones que cometen sus patrones: bofetadas, traiciones, accidentes automovilísticos. Pero Cuarón nos hace testigos de las de Cleo. Trabaja mientras los patrones se relajan y solo descansa cuando duermen. Los niños se acurrucan junto a ella; los adultos le hablan a los gritos. Por costumbre y por necesidad, Cleo comparte poco de lo que piensa, e incluso menos de lo que siente, con otros personajes. Es una mujer con una sensibilidad tremenda y una expresión verbal limitada.

La búsqueda de la actriz que interpretara este difícil papel tardó ocho meses. El director de reparto, Luis Rosales, viajó por todo el sur de México para hacer audiciones a más de tres mil mujeres en ciudades y pueblos. Yalitza Aparicio se presentó a una audición en un pueblo en Oaxaca como un favor para su hermana. Aparicio acababa de titularse como profesora en una escuela normal y esperaba hacerse cargo pronto de su primer grupo de preescolar. Ella y Nancy García, su amiga cercana y quien interpreta a la cocinera de la familia, decidieron trabajar en Roma como si fuera una aventura. “Primero le dije a Alfonso que no sabía actuar”, me contó Aparicio. “Él me dijo: ‘Ya, no te preocupes. Ya después te explico’”, dijo. Se rio. “Sigo esperando”. Aparicio posee una capacidad de expresar emoción a través de los movimientos más ligeros de sus cejas y ojos. En una escena poderosa deja entrever toda la historia sexual de Cleo aunque solo murmura unas cuantas palabras.

Algunos periodistas han acusado a Cuarón de quedarse corto, pues afirman que Cleo es un personaje muy pasivo. Son críticas que confunden a Cuarón. “Hay un vicio en el cine comercial en el que el personaje fuerte, el personaje activo, debe dar grandes discursos y hacer grandes revelaciones”, me dijo. Él quería mostrar la fuerza de Cleo sin convertirla en un estereotipo hollywoodense. “No tiene grandes discursos, pero a fin de cuentas es alguien que aglutina a toda una familia”.

Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

Cuaron con Sandra Bullokc y George Clooney durante el rodaje de “Gravedad” CreditWarner Brothers/Photofest

“Técnica”, “estilo”, “contenido”, “lenguaje”: Cuarón a menudo se siente frustrado por la manera en que los periodistas usan esas palabras. Considera que cuando los críticos dicen “forma” para referirse a la apariencia o “contenido” para hablar de la trama, están siendo simplistas. Cuando la gente le pregunta qué es más importante, si la técnica o la historia, comentó: “Dices: ‘Definitivamente no entienden lo que es el cine’. Porque lo que ellos llaman técnica en el cine —no me refiero a las películas comerciales— no es técnica. Es lenguaje. Cuando Tarkovsky toma decisiones sobre el encuadre y cómo mover la cámara, no son decisiones técnicas, ni siquiera estilísticas. Son exigencias de lenguaje de lo que él necesita para su experiencia fílmica”.

El propio desarrollo cinemático de Cuarón estuvo bloqueado durante décadas, explicó, debido a la sobrevaloración de lo estético. De adolescente desdeñaba la técnica torpe que observaba en muchas películas mexicanas contemporáneas. Las tomas, el sonido, los guiones: en comparación con las películas extranjeras que adoraba, todo parecía estar mal. Él y su amigo cercano Emmanuel Lubezki, a quien conoció cuando tenía unos 16 años, compartían una obsesión por aprender cómo hacer que las películas lucieran y sonaran deslumbrantes. Lubezki ha ganado tres premios Oscar por mejor fotografía. Aunque de adolescentes solo tenían como evidencia de su ambición algunos boletos de cine marcados y arrogancia. Esa actitud hizo que los echaran de la escuela de cine de la Universidad Nacional Autónoma de México, el CUEC, donde ellos y sus amigos Luis Estrada y Carlos Marcovich se saltaban las clases y se burlaban de las películas que algunos profesores proyectaban. “Éramos una bola de niñatos mamones, ¿sabes?”, me dijo Cuarón. “Seguro éramos insoportables”.

En 1981, cuando tenía 20 años, nació Jonás, su primer hijo, y Cuarón se olvidó de su sueño de hacer cine para buscar la forma de mantenerlo. Sin alternativas ni un título universitario, empezó a trabajar en el Museo Nacional de Arte; fue rescatado de una carrera de burócrata triste cuando el productor Fernando Cámara y el director José Luis García Agraz fueron a buscarlo un año más tarde. Le dijeron que si tomaba de inmediato el trabajo de asistente de director para una de sus películas, le pagarían más que su patético salario.

Así comenzó la vida de Cuarón como “obrero” en la industria del cine mexicano. Operador de consola, editor, asistente de producción, asistente de camarógrafo: aceptó todos los trabajos que pudo hasta que se estableció como el mejor asistente de director para las producciones extranjeras que se filmaban en México. Era la mejor oportunidad para aprender sobre la técnica en los años ochenta; el financiamiento estatal para el cine casi había desaparecido. Muchos directores mexicanos sobrevivían grabando anuncios para políticos corruptos o películas baratas rodadas rápidamente para exportarlas a inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. La escasez de recursos fomentó una cultura de hermetismo y rivalidad. Un cineasta mexicano muy respetado cubría sus lentes en el plató para que nadie supiera cuáles eran las aperturas que usaba. Cuarón temía que nunca iba a poder dirigir nada propio.

A finales de los ochenta, Carmen Armendáriz los contrató a él y a Lubezki para La hora marcada, una imitación de The Twilight Zone(La dimensión desconocida), que Cuarón y otros llamaban “The Toilet Zone” debido a su presupuesto limitado. “Fue lo mejor que pudo pasarnos”, dijo Lubezki. “Era como tomar un taller con sueldo”. El programa, dijo Lubezki, necesitaba contenido inteligente y barato, así que usaban al talento joven. “Todos los cineastas de esa generación participaron de algún modo en La hora marcada”. Cuarón grabó cinco episodios, dirigió otros seis y se hizo amigo de un joven y ambicioso director llamado Guillermo del Toro. Después de escribir cinco episodios juntos, Cuarón y su hermano Carlos escribieron el guion de su primera película, Solo con tu pareja, una farsa acerca de un casanova que es engañado para hacerle creer que es seropositivo.

En ese entonces, las pocas películas mexicanas que se hacían dependían del financiamiento gubernamental, así que los burócratas de la comisión de cine exigían cierto trato especial. “Esperaban que besaras el anillo”, explicó Cuarón. En vez de hacer eso, invirtió todos sus ahorros en Solo con tu pareja y pidió prestado dinero para mantener una participación mayoritaria. Ni siquiera eres mi socio, le dijo a su enlace burocrático, sino un empleado del gobierno que no va a estar aquí en algunos años. El funcionario lo trataba con un desprecio similar. Nadie está interesado en el cine mexicano, recuerda Cuarón que le dijo. Ni siquiera los mexicanos.

“Lo que estoy diciendo sobre México lo extiendo al resto del mundo”.

Cuando la productora Miramax se mostró interesada en comprar los derechos internacionales de transmisión de Solo con tu pareja y después de que la película fuera seleccionada para proyectarse en el Festival de Cine de Toronto en 1991, Cuarón parecía haber ganado. Pero más tarde Miramax se retiró del acuerdo y la comisión mexicana de cine detuvo el estreno en cines durante más de un año; Cuarón quedó en bancarrota. Podía volver a ser el mejor asistente de dirección en Ciudad de México. Sin embargo, si quería seguir dirigiendo películas, la única manera era conseguir trabajo en Hollywood.

Durante dos años, Cuarón repartió su tiempo entre México y California. Su relación con Mariana Elizondo, la madre de Jonás, se había acabado. En Los Ángeles viajaba en un Volkswagen Rabbit maltrecho y se quedaba en casa de amigos, como Lubezki; cada dólar que ahorraba en moteles era un dólar que podía llevar de regreso a casa. Cuarón dice en broma que era un “espalda mojada de lujo”.

Su gran oportunidad llegó en 1993, cuando Sydney Pollack lo contrató para dirigir un episodio de Fallen Angels, una serie de Showtime que producía. En una época en que los canales de televisión por cable mostraban principalmente porno soft, el programa tenía un contenido más intelectual, por lo que Fallen Angels atrajo a una serie de directores importantes, entre ellos Steven Soderbergh y Jonathan Kaplan. Pollack contrató a Cuarón en un intento por mantener el presupuesto a raya. “Lo contratamos porque pensamos que podíamos hacer que lograra lo mismo por menos dinero”, dijo Steve Golin, entonces productor de la serie.

Cuarón estaba tan inseguro cuando se presentó a la filmación que tartamudeaba cuando hablaba en inglés y apenas podía dirigirse a los actores principales, Alan Rickman y Laura Dern. Para cuando terminó el primer día, el rodaje se había atrasado muchísimo. Rickman lo mandó llamar y Cuarón temía que se lo comieran vivo. Encontró a Dern y a Rickman sentados juntos. Recuerda que Rickman le dijo: “Alfonso, estamos aquí para apoyarte. Queremos que nos digas qué quieres. Creemos en ti”.

Esa noche, Cuarón y Lubezki se quedaron en un motel de paso cerca del letrero de Hollywood. Había manchas en la alfombra, en las sábanas y hasta en el cubrecama sintético. “Toda esa noche quise llorar”, dijo Cuarón. “Pero estaban las palabras de Alan”. A la mañana siguiente anunció que volverían a filmar las escenas que habían terminado un día antes. Su asistente de dirección se quejó, pero Cuarón insistió. Volvieron a filmar el material del día uno y grabaron todo lo necesario para el día dos. Al final, el episodio de Cuarón, “Murder, Obliquely”, ganó un premio CableACE a la mejor dirección, lo cual allanó el camino para el resto de su carrera.

Así comenzaron los años de Cuarón como director por encargo. Se mudó a Nueva York —dice que no soportaba el escándalo de la industria en Los Ángeles— y se dedicó a leer guiones. El ejecutivo de un estudio le aconsejó que, si quería trabajar en Hollywood, no debía mencionar lo de ser guionista. Al principio no fue muy difícil. Cuarón se enfocó en perfeccionar otros talentos. Su tercera película, Grandes esperanzas (1998), es prueba de lo rápido que llegó a dominar todos los aspectos de la producción cinematográfica: los platós, el vestuario, la iluminación, el sonido, la coreografía, la planeación de tomas. Cuando el crítico francés Michel Ciment proyectó una escena de la cinta en Cannes 2017 —una toma larga en la que Ethan Hawke busca a Gwyneth Paltrow con un aria de fondo—, la audiencia respondió con gritos y aplausos. Cuarón parecía avergonzado.

Había aceptado filmar Grandes esperanzas porque necesitaba dinero y le gustó la idea de trabajar con Robert De Niro. No entendía muy bien a Dickens, pero creyó que podía compensarlo con las imágenes. No obstante, mientras filmaba con Lubezki, se sintió fastidiado con el proceso de tomar solo decisiones estéticas. Un día, después de haber filmado en Nueva Jersey y mientras observaba el paisaje desde una furgoneta llena de equipo de iluminación con Lubezki, preguntó en voz alta: “¿Para qué estamos estilizando esto?”.

Antes del estreno de Grandes esperanzas, ya estaba trabajando con Miramax en un guion para una película sobre un viaje, que protagonizaría Viggo Mortensen. Sin embargo, cuando Grandes esperanzas fracasó en taquilla, la productora lo abandonó de nuevo. Los guiones que le llegaban eran cada vez peores. Ya no le gustaban las películas. No le gustaba la gente del cine. En medio de su depresión, Cuarón rentó varias decenas de sus películas favoritas y se encerró durante dos semanas en su apartamento en la calle 11, en el oeste de Nueva York. La vieja cura aún funcionaba. Animado, llamó a su hermano Carlos y le pidió que fuera a Nueva York para escribir otro guion. Él y Lubezki se deshicieron de las plataformas móviles y de las grúas para usar cámaras de mano y luz natural. El productor David Linde —entonces socio en Good Machine y ahora productor ejecutivo de Roma con Participant Media— financió el rodaje para que Cuarón pudiera reinventarse en México.

Todavía recuerdo el asombro de ese día de 2001 mientras veía Y tu mamá también en un cine de Nueva York. Se trata de un par de adolescentes lascivos —interpretados de manera soberbia por Diego Luna y Gael García Bernal— que acaban de graduarse de la preparatoria y por casualidad comienzan un viaje por carretera con una sensual mujer mayor que ellos (interpretada por Maribel Verdú). Cuarón sitúa sus aventuras sexuales emocionantes y divertidas en un paisaje neorrealista, vívido, de desigualdad social y represión política. En una toma continua, ambientada dentro de la vagoneta en la que viajan los tres protagonistas, Verdú les pregunta a Luna y García Bernal qué saben sobre el juego previo al sexo, mientras a través del parabrisas se ve pasar a una camioneta de la policía. La cámara sigue a la camioneta y a través de la ventana trasera de la vagoneta vemos cómo los policías bajan con metralletas y detienen a unos campesinos. Los personajes siguen hablando de sexo. Están viajando en su burbuja de privilegio, imperturbables ante los delitos contra aquellos que están debajo de su clase social.

Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

Diego Luna, Maribel Verdú y Gael García Bernal en “Y tu mamá también” CreditIFC Films/Photofest

La segunda madre de Cuarón, Liboria Rodríguez, tiene un papel pequeño en esa película, como una trabajadora del hogar que le lleva un emparedado en una bandeja a Luna. Mientras camina por la mansión, un teléfono suena sin parar. Luna, acostado en un sofá, lo ignora hasta que “Leo” le da el almuerzo, le pasa el teléfono y le acaricia la cabeza. Más tarde, Luna la recuerda mientras la vagoneta pasa por el pueblo donde ella nació, pero no le dice nada a sus irresponsables compañeros de viaje. Son escenas fugaces, pero permanecieron conmigo durante años. En ellas puedes sentir la mezcla de cariño e indignación que después le daría vida a Roma.

Los críticos a menudo se enfocan en la destreza de Cuarón para las tomas largas. En efecto, su escena inicial de doce minutos y medio en Gravedad —con la fotografía de Lubezki— es una de las hazañas más sorprendentes del cine. Sin embargo, para Cuarón, la toma larga solo es un medio para llegar a un fin. “Las olimpiadas de la toma larga no me interesan”, dijo. Roma contiene escenas con muchos cortes rápidos. “Se trata de cómo llevar ese contenido temático en la experiencia fílmica”, dijo, “pero que sea dado en la experiencia fílmica, no explicado”.

De pronto sonrió de manera mordaz. “Casi todo el cine comercial es un cine en el que tú puedes ir, comprar tus palomitas, sentarte en la sala de cine y ponerte a comer. El momento en que apagan las luces, tú cierras los ojos. Te pones a comer palomitas. Suben las luces. Tú abres los ojos y no te perdiste nada. Te contaron todo. Son como audiolibros, como radionovelas ilustradas”. Si intentas hacer eso durante cualquiera de las películas de Cuarón posteriores a Solo con tu pareja, te perderás por lo menos de la mitad de la historia.

Después de Y tu mamá también, Cuarón se casó con la actriz y periodista italiana Annalisa Bugliani —con quien tiene dos hijos, Tess y Olmo— y aumentó su influencia en Hollywood, donde fue invitado a dirigir la tercera entrega de la lucrativa franquicia fílmica de Harry Potter. Sin embargo, aunque tenía éxito, aún sentía muchas de sus viejas inseguridades. Su padre reapareció e intentó reescribir su historia personal. (No se molestó en aprenderse el nombre del hijo mayor de Cuarón, Jonás. “Le decía Jasón”, cuenta Cuarón). Su profético thriller distópico, Niños del hombre (2006), que recibió tres nominaciones al Oscar, fue una decepción en taquillas. Su matrimonio con Bugliani se acabó en 2008. Mientras escribía Gravedad, a Cuarón no solo le preocupaba poder mantener a sus hijos, sino poder pagarles a los abogados de su divorcio. Aquella historia de una mujer que flota sola en el espacio e intenta sobrevivir una catástrofe y el luto podría interpretarse como una expresión de su propio estado emocional.

Había una vez en la que Cuarón sentía ataques de inseguridad tan solo con ver las portadas de The Hollywood Reporter o Variety en los elevadores del hotel Chateau Marmont. ¿Por qué había rechazado la oportunidad de dirigir la película que ahora arrasaba en taquilla? ¿Por qué había dejado ir el guion que ahora atraía a un reparto lleno de celebridades? Deshacerse parcialmente de esta inseguridad era a lo que Cuarón se refería cuando comentó que necesitaba desarrollar ciertas “herramientas emocionales” antes de poder rodar Roma. “Sentí que era el momento en que podía hacer esa historia y hacerlo despojándome completamente de todos mis controles creativos. Dejarme ir, ¿sabes? La seguridad para fallar. No tener miedo de que no funcione; pensar: ‘Bueno, no funcionó y no le hice daño a nadie’. Regreso a hacer otra Gravedad. No va a haber problema. A nadie le va a importar que haya sido indulgente con mi película en México, ¿sabes?”.

“En la vida no hay primer plano. Hay relaciones afectivas, pero todo lo que sucede a tu alrededor tiene un gran efecto e influencia en ti”.

Por primera vez en su carrera, escribió un guion fílmico él solo. Primero escribió escenas al azar, usando sus recuerdos como un contador Geiger para ubicar dónde estaba el material más potente. No se cuestionó si el guion era demasiado largo o demasiado corto; si tenía un primer, un segundo y un tercer acto; si era aburrido. Por un tiempo pensó que el guion podría no tener una trama y decidió no compartirlo con su grupo típico de consejeros —Del Toro, su hermano Carlos y el director Alejandro González Iñárritu, a quien conoció en los años noventa—. Lubezki quería hacer la fotografía —“Se me hizo el guion más hermoso que probablemente había leído en mi vida”, dijo—, pero poco después de que comenzara la preproducción tuvo que abandonar el proyecto por cuestiones familiares. “Jamás habría abandonado a Alfonso en su película más personal por otra razón”.

Cuarón les dio a los productores fechas para investigar; por ejemplo, hizo que buscaran qué programas de televisión se transmitieron en determinada noche de los años setenta. Me sorprendió sobre todo su recreación del Halconazo. El equipo de Cuarón no solo revisó el material audiovisual de archivo sobre el suceso, sino que también localizó y entrevistó a sobrevivientes. Contrataron a más de ochocientos extras para la escena, para que hicieran de estudiantes, paramilitares, policías, transeúntes. Estos momentos en Roma son una manera de juzgar al gobierno federal de México, casi un expediente sobre un crimen de lesa humanidad.

Cuando le dije a Cuarón lo sorprendida que quedé por todos estos detalles históricos, sacó su iPhone. Después de buscar, me mostró una fotografía de 1971 de varios hombres en cuclillas al lado de un auto, con armas en mano, listos para dispararles a los estudiantes. “¡Ay!”, exclamé: se veían igualitos a los actores de Roma. Él sonrió satisfecho. “Las mismas caras, el mismo vestuario”, comentó. “Todo se trató de encontrar las mismas caras”. Señaló los autos estacionados cerca de los paramilitares vestidos de civiles. “De hecho, es el mismo coche que está estacionado allí y el otro coche que está un poco más adelante. Lo único es que, por la posición geográfica donde estábamos, fue al revés. En vez de estar mirando hacia allá”, señaló a la izquierda, “están mirando a la derecha. De hecho, me sentí bien estúpido, porque cuando estábamos haciendo la corrección de imagen de la película se lo enseñé a mi corrector, Steve Scott, y me dijo: ‘Solo te faltó poner a ese fotógrafo’. Y me dio un coraje: ‘¡Arrgh! ¡Qué estúpido! ¡Qué estúpido que no lo hice!’”.

Ese tipo de precisión reluce en casi todos los encuadres de Roma. “En la vida no hay primeros planos”, dijo Cuarón. “Hay relaciones afectivas, pero todo lo que sucede a tu alrededor tiene un peso y una gran influencia en ti”. En una toma sutil, Cleo camina por la reconstrucción meticulosa que hizo el diseñador de producción Eugenio Caballero del barrio de Nezahualcóyotl tal como era en 1971. Mientras Cleo cruza, un actor en el fondo recita un discurso político que alguna vez pronunció un político local del PRI. “Es maravilloso el discurso”, dijo Cuarón. “Es impresionante porque promete, pero no promete. Dice: ‘Venimos a escuchar el clamor de su necesidad de agua’, y todo el mundo aplaude. Y después dice: ‘Pero no vamos a hacer promesas infundadas’. Y al final del cuento es eso”. Hizo una mueca mientras hablaba de los demás elementos en el fondo del encuadre: un artista circense que sale volando de un cañón o jugadores profesionales de futbol que se reúnen con niños harapientos. “O sea, en la misma retórica te están diciendo: ‘Sé qué es lo que quieres y te vamos a joder, pero te vamos a dar un balón y un hombre bala y hay unas camisetas y empieza la banda a tocar”.

Alfonso Cuarón: la vida sin primeros planos

Cuarón en los interiores donde grabaron buena parte de “Roma” CreditCarlos Somonte/Netflix

Para Cuarón, es evidente que ese tipo de violencia y pobreza extremas eran la consecuencia lógica de todo el tiempo que el PRI se aferró al poder. “De eso vivió y mamó el PRI”, dijo. Por eso es que Cuarón puso las iniciales del presidente Luis Echeverría Álvarez en una colina detrás de los paramilitares en formación. El PRI reclutaba a los paramilitares, o halcones, entre personas del nivel socioeconómico más bajo, dijo. “Son invisibles y les dan una visibilidad. Les dan un entrenamiento. Les dan una disciplina, un sentido de pertenencia, un sentido de necesidad. ¿Y para qué se usa eso? No para mejorar los servicios sociales”. El PRI enfrentó a los pobres de la ciudad contra los activistas para acabar con ambos lastres políticos de una sola vez, dijo. “Y lo que estoy diciendo sobre México lo extiendo al resto del mundo”, enfatizó Cuarón. “Porque me encanta la manera en que los países desarrollados, como decimos en México, nunca se ponen el saco. Siempre dicen: ‘México es así, así y así’. ¿Y ustedes, cabrones?”.

Cuando acabó la filmación, dedicó meses a la corrección de color para asegurarse de que todos los encuadres parecieran una fotografía de Ansel Adams. En realidad, Cuarón jamás renunció a la cuestión estética; simplemente ha subordinado esa pasión. “Si empiezas con la estética, empiezas con prejuicios sobre la belleza”, me dijo. “Y en el gran arte, es lo opuesto. Son las revoluciones del lenguaje las que crean otras formas estéticas”.

En diciembre de 2017, cuando Cuarón sospechaba que su madre no viviría más tiempo, organizó una proyección privada de Roma para ella, Rodríguez y sus tres hermanos en Ciudad de México. Cuando terminó, Rodríguez y su madre estaban llorando. Así fueron las cosas, le dijo su madre después. Tantas cosas; así fue todo. Ella murió en marzo. Pero Rodríguez aún une a toda la familia. “Todos compartimos todo”, dijo. “Todos estamos en lo mismo. En las buenas y en las malas, como dicen en los matrimonios: ‘Así ha sido y así será’”. Rodríguez y su hija, Adriana, quien diseñó el título y los créditos de Roma, viven con la hermana y la sobrina de Cuarón en la vieja casa de su madre.

Una tarde, mientras estábamos sentados en Pietrasanta, rodeados por el murmullo de los italianos que disfrutaban de sus aperitivos, Cuarón explicó por qué regresar a México para filmar Romase sintió distinto de regresar para el rodaje de Y tu mamá también. La primera vez se sentía inseguro de sus capacidades como artista, como director. Con Roma, esas viejas inseguridades ya no estaban. Más de una vez, cuando les dijo a los actores y al equipo de filmación todos los elementos que necesitarían coordinar para una toma larga, se le quedaban mirando sin poder creerlo. Pero él sabía que podría hacerlo. Roma quizá no luzca como ninguna de las películas anteriores de Cuarón, pero no la hizo para reinventarse como director. “Aquí ya no era una cuestión de cine”, me dijo. “Era una cuestión de vida”.

Aunque no lo entendía mientras escribía el guion, más tarde se dio cuenta de que la necesidad apremiante que sentía de hacer esta película venía de su necesidad de recuperar y de reconciliarse con su propia identidad. “Por casi una década viví en esa quimera del cosmopolitismo”, me dijo. “Y creo que todos somos ciudadanos del mundo, pero si no estás centrado y arraigado en una identidad cultural, ese cosmopolitismo se vuelve infértil”.

Uno de los grandes temas de Cuarón es la tensión entre el individuo y su entorno. Sus películas pueden interpretarse como estudios acerca de la manera en que lo que hacemos se ve moldeado por el lugar en el que vivimos. En Roma, utilizó ese enfoque consigo mismo. “La película me confrontó con ese misterio de lo que ya no soy y a la vez sigo siendo”, señaló.

México también ha cambiado desde los años setenta… y no ha cambiado. “Ahora regreso a México y casi envidio a los jóvenes”, dijo. “Porque es un México muy exuberante, muy lleno de vida, muy creativo”. Cuarón cree que los cambios tienen que ver con la llegada de internet y el final del monopolio político del PRI. Sin embargo, perduran muchas de las desgracias de la década de 1970. En septiembre de 2014 desaparecieron 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa. Tres estudiantes de cine desaparecieron en Jalisco en marzo. La movilidad social sigue siendo la excepción. Roma le habla al presente a través del pasado.

Aun así, los ciclos pueden romperse. El último día que lo vi, Cuarón recibió un mensaje de texto urgente. “Aguántame”, me dijo. Sus ojos se iluminaban con asombro a medida que leía de qué se trataba. Su hijo de 13 años había dejado su computadora en casa. ¿Acaso papá podría ir a recogerla y llevársela antes de que la necesitara para su clase? Cuarón había estado despierto hasta las dos de la mañana de la noche anterior para preparar Roma antes del Festival Internacional de Cine de Morelia y para revisar las páginas de prueba de un libro fotográfico publicado por Assouline. Parecía un hombre que necesitaba una buena noche de sueño. Pero volteó a verme, sin rastros de irritación por el pedido del mensaje, y me preguntó si me molestaría acompañarlo.

Comenzamos a caminar rápidamente, pasamos por las esculturas de la plaza y después por una calle estrecha llena de galerías de arte y tiendas. Esperé en la puerta de su edificio mientras él subía a prisa las escaleras. (Ya me había dicho que el apartamento era una zona prohibida para personas de los medios). Dentro del vestíbulo de la escuela, Cuarón tuvo un poco de dificultad para pasar de un idioma a otro. Después encontró las palabras que necesitaba en italiano para asumir la culpa y salvar a su hijo. “Por accidente tomé la computadora de Olmo”, le dijo a la administradora escolar. “Creí que era la mía, y él se fue sin ella”. La mujer sonrió: “Va bene”. Afuera de la escuela, Cuarón lucía inesperadamente renovado. Observó la calle, la ladera verde, la gloriosa luz dorada matutina y se relajó con una sonrisa. “Ya tranquilo”, dijo, “ya todo está bien”.

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El lado oscuro de Pablo Neruda: presunto violador, sátiro y «padre monstruoso»

La propuesta de cambio de nombre del aeropuerto internacional chileno por el del poeta del amor ha despertado una airada oposición por encumbrar a un ser humano con graves imputaciones sobre su actitud

Tras un tiempo en «standby», este año se ha vuelto a poner sobre la mesa parlamentaria chilena una antigua moción para rebautizar al aeropuerto internacional de Santiago con el nombre de Pablo Neruda. La propuesta ha venido acompañada de una fuerte polémica impulsada por el movimiento feminista que está en contra de la elección del poeta porque «no están los tiempos para homenajear a un maltratador de mujeres, que abandonó a su hija enferma y confesó una violación» por utilizar las palabras de Pamela Jiles, del Partido Humanista. Recordemos las oscuridades del laureado autor por otro lado tan idolatrado a las que se refieren.

Así, habría que hablar de Malva Marina, que nació en 1934, y fue la única hija de Pablo Neruda, fruto de su matrimonio con Maria Hagenaar Vogelzang («Maruca»). Recientemente ha salido a la luz «Malva», la primera novela de la poeta neerlandesa Hagar Peeters en donde se cuenta como la protagonista fue víctima de abandono. Tenía hidrocefalia, que en su caso se traducía en un tamaño desproporcionado de su cabeza. Su padre, el prestigioso poeta del amor, no tuvo mucha piedad con ella. Decía que era «un ser perfectamente ridículo», «una especie de punto y coma», «una vampiresa de tres kilos». Primero la ocultó. Y, después, la abandonó definitivamente.

Malva nació el 18 de agosto de ese 1934 en un hospital madrileño. En la familia la llamaban Malvita. Neruda no era consciente de la gravedad de la enfermedad de una niña que consideró una «maravilla» nada más nacer. «Malva Marina, ¿me oyes? ¡Ven, Vicente, ven! Mira qué maravilla. Mi niña. Lo más bonito del mundo», le decía a su amigo Vicente Aleixandre que, sorprendido por la anomalía, la miraba.

En el libro «El club de los execrables», de Malcolm Otero y Santi Giménez, recientemente publicado por Ediciones B, Neruda es definido como «uno de los poetas más populares del s.XX , pero también un sátiro, un vanidoso recalcitrante, un padre monstruoso, un envidioso y un iracundo amigo de los dictadores más sanguinarios» que obtuvo el Premio Nobel de Literatura y el Premio Stalin de la Paz (en palabras de los escritores del libro sería como «el Premio Pablo Motos al Talento») al que también le cae el ser «más cursi que Hello Kitty y más oscuro que Darth Vader».

Los autores de este libro recuerdan que su conocido verso «me gustas cuando callas porque estás como ausente» es una arriesgadísima elección si se lo lanzamos a una pareja actualmente y simboliza, de alguna manera, la relación del poeta con las mujeres. Recordemos que otro de los motivos por los que ha surgido tan fuerte oposición al cambio de nombre del aeropuerto es por la confesión de una supuesta violación a una sirvienta en sus memorias «Confieso que he vivido». En esta obra, Neruda describía: «Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré a la cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. (…) El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme».

Neruda era un consumado mujeriego y un poco ansioso hasta el punto de que a una mujer a la que pretendía como esposa, nada menos, le dijo que si no le daba el sí con rapidez se casaría con otra. «A quién sí amaba Neruda era a Stalin», cuentan en el libro. Y al dictador de la RDA Honecker. Además de comunista, gustaba de ir a prostíbulos donde pedía champán. También era un gran aficionado al caviar porque «una cosa es ser comunista y otra gilipollas», ironizan los autores en «El club de los execrables».

En este catálago de defectos, algunos gravísimos, también habría que recordar su proverbial humor bipolar, que le podía pasar de ser una persona amable y divertida a ser un ogro. De hecho, en la película «Neruda», dirigida por Pablo Larraín, vemos esta faceta del escritor en este anti-biopic en la que el reputado director chileno se sentía abrumado con la personalidad del poeta que le resultó inabarcable y por eso hizo un anti-biopic. En el libro de Malcolm Otero y Santi Giménez también apuntan a su rivalidad-envidia con otros poetas de su época, especialmente a Vicente Huidobro, que llegó a decir: «¿Es que mi presencia es un obstáculo para la felicidad del señor Neruda y sus amigos? Siento mucho no poderme suicidar en el momento». Por cierto, la oposición que no quiere que el aeropuerto internacional de Santiago de Chile se pase a llamar aeropuerto Pablo Neruda proponen que se llame, en su lugar, Gabriela Mistral, una poeta a la que Neruda quizá no tuvo tanto en cuanta como debía… por ser mujer.

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El español, a la conquista del mundo

El último anuario del Instituto Cervantes constataba que el número de hispanohablantes en el mundo había crecido hasta los 577 millones. Recurrimos a nuestros corresponsales para analizar cuál es la situación del nuestra lengua en los distintos países

Ya somos 577 millones de hispanohablantes en el mundo
Ya somos 577 millones de hispanohablantes en el mundo – Detalle de una ilustración de José María Nieto

El último anuario del Instituto Cervantes constataba que el número de hispanohablantes en el mundo había crecido hasta los 577 millones. El mismo informe constataba que es la cuarta lengua más poderosa del planeta, y que aún tiene margen de crecimiento. Recurrimos a nuestros corresponsales para analizar cuál es la situación del español en los distintos países.

1. China. Una gran oportunidad

En su visita de esta semana a España, el presidente de China, Xi Jinping, publicaba en ABC un artículo donde destacaba el auge del castellano en su país. Ese mismo día, el anuario del Instituto Cervantes volvía a constatar la expansión del español al cifrar el número de hispanohablantes en 577 millones, de los que 480 millones lo han aprendido como lengua materna.

Con 36.000 alumnos estudiándolo en las universidades, y muchísimos más en academias privadas, el último país en abrazar con fuerza el castellano es China, donde fue incluido en enero en la educación secundaria. Debido a las crecientes relaciones comerciales con los países hispanoamericanos, donde China vende los artículos salidos de la «fábrica global» y se abastece de materias primas, cada vez más son los jóvenes chinos que prefieren estudiar castellano frente a otros idiomas que antes se consideraban más útiles, como el japonés, el coreano o el ruso.

«Aunque el auge del español ha sido progresivo, ha sido determinante el interés que hay en China por Latinoamérica para que se convierta en la segunda lengua extranjera a estudiar, tras el inglés», explica a ABC la directora del Instituto Cervantes de Pekín, Inma González Puy. Con 4.200 matriculaciones en el curso 2017-2018, este centro es el tercero de toda la red mundial en número de alumnos, tras Nueva Delhi y Manila, curiosamente también en Asia. Y, con 7.200 inscripciones en los exámenes del Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE), China en el segundo país extranjero con más aspirantes tras Italia. Como recuerda González Puy, «hace ya varios años, se distribuían 100.000 ejemplares del libro de texto más popular de nuestra lengua». Aunque no hay datos oficiales recientes, dicha cifra habrá aumentado por el cada vez mayor interés en el español.

Por Pablo M. Díez, corresponsal en Asia

2. Inglaterra. El auge continúa

El auge del idioma de Cervantes en las escuelas británicas continúa. Está de moda aprender español en Reino Unido y no es algo transitorio y el British Council se ha dado cuenta de ello refrendándolo coninformes muy favorables. Ahora asegura que este superará al francés como la principal lengua extranjera en las aulas británicas en los próximos años.

Algo más meritorio aún si analizamos el último estudio que este organismo ha lanzado y que asegura que mientras el estudio de idiomas en las aulas de Inglaterra continúa cayendo, el español es el único que rompe la tendencia de caída generalizada.

Con los datos que el British Council aporta, nuestra lengua se situaría por delante del francés como la extranjera más estudiada en Inglaterra en 2020, en el caso de los alumnos de secundaria, y en 2025 para los alumnos de bachillerato.

En el primer caso los que eligen el español duplican ya a los que se decantan por el alemán y se sitúan en los 7.600, mientras que en la etapa preuniversitaria nuestro idioma es el único que continúa creciendo en número de estudiantes pasando desde los 87.519 de 2015 hasta los 90.544 del año pasado.

Una de las consejeras de esta institución, Vicky Gough, analiza el porqué: «Existe una percepción de que el español es más fácil de aprender que otros idiomas, lo que puede explicar en parte su popularidad, junto con el hecho de que España es el destino vacacional más popular para los británicos».

Sin embargo, los jóvenes británicos lo asocian más a ámbitos laborales. En este sentido perciben que estudiar español es más útil que otros idiomas europeos porque se puede usar, además de en España, en América Latina. Una simple visión de futuro unida a una conciencia clara de que la demografía y la economía están de su lado, con el mundo hispánico teniendo un peso cada vez mayor, a lo que ayuda que se nos vea como una comunidad homogénea de hablantes.

Si hablamos de estadísticas, en los últimos 12 años, el francés ha perdido casi un tercio de los estudiantes a nivel de instituto, pero el que preocupa de verdad es el alemán, que ha bajado un 37%. Una cuarta parte de las escuelas estatales que lo ofrecían en los últimos tres años ya no lo hacen.

Por eso, en perspectiva, los datos sobre el español que ha dado a conocer el British Council son esperanzadores. Se unen, además, a los que ya se están sobre la mesa: está implantado en el 77% de los centros públicos de secundaria y en el 98% de los privados. Esto unido a la alta popularidad que tiene y que constataba un informe realizado en 2017 que aseguraba que es la lengua extranjera que más le gustaría aprender a la población adulta en Reino Unido, con una amplia diferencia sobre el francés.

Por Iván Alonso, corresponsal en Londres

3. Rusia. La cuarta lengua más demandada

La lengua española ocupa actualmente en Rusia un lugar preeminente, pese a que, por motivos históricos, ya desde el siglo XIX, el alemán y el francés han estado mucho más presentes en el tejido de la sociedad rusa. Además, en el siglo XX el inglés fue ganando puestos hasta situarse hoy día como la lengua extranjera más hablada y estudiada en el gran país eslavo.

La afición al español surgió en la época comunista. Primero a raíz de la Guerra Civil Española (1936-1939), cuando Stalin decidió enviar ayuda militar a la República, y después con la Revolución cubana (1953-1959). La Unión Soviética ayudó y financió también a Salvador Allende en Chile y al movimiento sandinista en Nicaragua. Fueron varias décadas después cuando la lengua española adquirió verdadera relevancia en la URSS y se extendió su estudio en escuelas y universidades.

Tras la desintegración de la URSS, en 1991, el interés por el español decayó en cierta medida, pero la semilla ya había prendido. En 2002, según un estudio del Ministerio de Educación ruso, en el país había 112.000 personas capaces de comunicarse en español. Muy lejos de los casi 7 millones de los que podían hacerlo en inglés, cerca de los 3 millones en alemán y unos 700.000 en francés.

En la actualidad, según José Aurelio Llaneza, agregado de Educación de la Embajada de España en Moscú, «la lengua castellana ocupa la cuarta posición en Rusia entre las lenguas más demandadas». El inglés, alemán y francés siguen por delante, pero «las distancias han disminuido». El director del Instituto Cervantes de la capital rusa, Abel Murcia, lo ratifica y asegura que «mientras las otras lenguas se han estancado en las preferencias de los rusos o están decreciendo, el español es la única en la que se está observando una tendencia al alza».

Ambos responsables constatan que en Moscú hay cuatro escuelas de enseñanza secundaria bilingües ruso-español, la Cervantes, Rosalía de Castro, Miguel Hernández y Pablo Neruda. Figuran en las listas de excelencia entre los mejores colegios de la capital, por delante incluso de las escuelas inglesas y francesas. En San Petersburgo hay otros cuatro colegios que imparten español de forma también «profundizada» y por todo el país hay decenas en donde la lengua de Cervantes se estudia como primero o segundo idioma extranjero.

Llaneza cuenta que acaba de regresar de un viaje a Piatigorsk, en el sur de Rusia, en donde funcionan en todo el entorno una decena de colegios que enseñan español y, el 11 de diciembre, partirá hacia Novosibirsk (Siberia) para firmar un memorando con el Ayuntamiento a fin de potenciar nuestra lengua en el sistema educativo local.

El agregado de Educación de la legación española, que cita información suministrada por el Ministerio de Educación ruso, sostiene que «en los centros de enseñanza superior de Moscú el español es ya la segunda lengua más solicitada después del inglés» y se debe a que está habiendo una gran demanda de profesionales con conocimiento de español ante las pretensiones de Rusia de intensificar su presencia en Iberoamérica. Con este objetivo y con el de influir en todos los países hispanohablantes, el canal de televisión internacional ruso RT creó su servicio en español igual que la agencia de noticias Sputnik.

Murcia explica que «el Instituto Cervantes de Moscú, inaugurado en 2002 por el entonces Príncipe Felipe de Borbón, se convirtió en 2010 en el primero en actividad docente entre todos los centros» de la organización. En 2014 siguió ocupando ese puesto de liderazgo, pero, tras la crisis que sacudió Rusia vinculada a la anexión de Crimea, la guerra en el este de Ucrania y las sanciones, bajó escalones. El Cervantes de Moscú, no obstante, se encuentra entre los cinco con mayor número de matriculaciones en sus cursos de español. En 2016, quedó en cuarto lugar por detrás de Nueva Delhi, Manila y Pekín. En 2017, en el quinto puesto por detrás de esas mismas ciudades y en el mismo orden más Argel en cuarto lugar. Y en 2018, Moscú sigue en la quinta posición, pero con Mánchester sustituyendo en el cuarto puesto a Argel. El Instituto Cervantes de Moscú tiene una media de 5.000 matrículas por año.

Su director cuenta que el Mundial de Fútbol 2018, que se celebró en Rusia entre el 14 de junio y el 15 de julio de este año, potenció de forma significativa la lengua española. «Cada uno de los ocho grupos tenía un equipo de un país de habla española», recuerda. Del grupo A al H estaban Uruguay, España, Perú, Argentina, Costa Rica, México, Panamá y Colombia. «Nuestros alumnos se iban a la calle Nikólskaya -lugar de reunión de todos los hinchas junto a la Plaza Roja- a practicar el español porque había un gran número de aficionados hispanoparlantes». relata Murcia.

Por Rafael M. Mañueco, corresponsal en Moscú

4. Estados Unidos. La expansión se ha moderado

A EE.UU. se le ha considerado muchas veces un país con oportunidades infinitas para el español. La pujanza demográfica de la comunidad hispana y su creciente fortaleza económica y política convertían a EE.UU. en el futuro del idioma: había proyecciones que lo situaban a mediados de siglo como el país con más hispanohablantes del mundo –por encima de México– e incluso se soñaba con un presidente hispano que culminara el ascenso político y cultural de una comunidad forjada en torno a esta lengua. El español es hoy el idioma de 58 millones de personas en EE.UU. y ese número seguirá creciendo a lo largo de este siglo. Las grandes proyecciones de antaño, sin embargo, empiezan a ser corregidas: el crecimiento del español no será tan espectacular como se auguraba en un principio y tenderá a estancarse con el paso de las generaciones.

«La ventana de crecimiento del español podría cerrarse», advierte Ignacio Olmos, director del Instituto Cervantes de Nueva York y coordinador de la institución en EE.UU. «Notamos una eventual recesión en el país», dice sobre la evolución del uso de nuestro idioma. Para Olmos, el ascenso del español en EE.UU. se debió no solo a la presión demográfica hispana, sino también a un hecho diferencial «el nuevo interés de las autoridades educativas norteamericanas por salir de su tradicional aislacionismo lingüístico». Como consecuencia, la enseñanza de lengua extranjera –con el español como gran protagonista– se extendió en el país, con políticas muy beneficiosas como la proliferación de escuelas «duales» (bilingües) en Nueva York, el mayor sistema de educación pública de EE.UU.

En los últimos años, la expansión del español se ha moderado por una acumulación de razones. La inmigración –sobre todo, de México– ha disminuido tras la superación de la crisis del 2008 y la mejora de la economía en el vecino del Sur. La tasa de natalidad de los hispanos de EE.UU. ha descendido a medida que se adaptan a los patrones sociales del país. Por último, la comunidad hispana sigue creciendo en comparación con el resto del país, pero cae el número de ellos que habla español. Por ejemplo, entre 2006 y 2015, el número de hispanos que hablan español en sus hogares pasaron de 31 a 37 millones; en ese mismo periodo, el porcentaje de todos los hispanos que hablan español en casa cayó del 78% al 73%.

Es solo una muestra de que el español podría no ser la excepción al «melting pot» cultural que es EE.UU. y que en el pasado se tragó a idiomas –muy potentes en algunas comunidades a finales del siglo XIX y principios del XX– como el alemán, el sueco o el polaco. La situación de que el abuelo habla en español a su nieto y éste le responde en inglés está cada vez más extendida. Según un estudio de Rubén Rumbaut, de la Universidad de California, solo el 5% de los mexicano-estadounidenses de cuarta generación habla español perfectamente.

En los últimos tres años, este factor ha sido azuzado por el clima político introducido por el ascenso al poder de Donald Trump. El presidente de EE.UU., que se negó a utilizar el español en su campaña electoral, ha basado parte de su mensaje en el odio y el miedo al inmigrante hispano. Según Olmos, el «trumpismo» ha espoleado una «criminalización del español», como un lenguaje que ataca la identidad original del país, y ha impuesto en algunos sectores de la población la «sensación de que se habla demasiado español». La consecuencia es que ha impactado en el español en todos los ámbitos: desde la reducción de subsidios para programas lingüísticos de enseñanza del idioma hasta los episodios de insultos en la calle a quienes hablan español.

Por Javier Ansorena, corresponsal en Nueva York

5. Portugal. Por detrás del inglés y del francés

El Ministerio de Educación portugués acredita, según sus últimos datos, que el español es el tercer idioma extranjero más hablado en Portugal, con un 14,8%. Le adelantan el inglés (59,6%) y el francés (21,5%), aunque sus cifras van en alza.

De hecho, el Instituto Cervantes de Lisboa atiende a unos 80.000 alumnos anuales. Además, los institutos portugueses contemplan el español como una de las lenguas optativas a partir del séptimo año.

Tampoco puede olvidarse que los programas de televisión y las películas no se doblan ya que esta industria no existe. Se emiten subtitulados, lo que divulga el castellano a través de series como «Cuéntame», muy popular también en Portugal.

Por Francisco Chacón, corresponsal en Lisboa

6. Alemania, Noruega, Finlandia y Dinamarca. Un idioma bien valorado

Según los datos de la Agencia Federal de Estadística, el número global de estudiantes de español ha aumentado en el conjunto de las distintas etapas educativas en Alemania en más de 20.000 personas solamente durante el último año. Si en el curso 2006-2007 los alumnos que estudiaban español eran 259.301, el 2,8% de todos los registrados por el sistema educativo alemán, en el curso 2016-2017, última estadística disponible, nos encontramos con que el número ha ascendido a 425.066, el 5,1%. La inmensa mayoría de ellos, 422.160, están en Bachillerato, donde se da la oportunidad de estudiar una segunda lengua extranjera.

Este número de estudiantes de español se ha cuadruplicado en la última década, en la que la Consejería de Educación de la Embajada de España en Berlín ha estado colaborando activamente con los correspondientes responsables de Educación en los Estados Federados y con la Asociación Alemana de Profesores de Español (DSV). En varios estados, como Bremen y Hamburgo, el español ha dejado de ser incluso tercera lengua extranjera y se ofrece ya como segunda lengua extranjera desde el sexto o séptimo curso. En varios estados federales, el español se ofrece ya en centros públicos de enseñanza primaria dentro de modelos bilingües. El único tramo educativo en el que la Filología Española retrocede es el universitario, que en el curso 2014-2015 contó con 976 alumnos y que en el 2017-2018 vio descender la cifra hasta los 884.

En Noruega, tras un ininterrumpido ascenso desde 2010 de los alumnos que optaban por el español como segunda lengua extranjera en la primaria, se observa un primer retroceso en los datos del curso 2015-2016, que quedaron los 58.715 desde los 60.970 del curso anterior. El español sigue ocupando en esa categoría el primer puesto, después del alemán con 51.546 alumnos y el francés como 22.684. La evolución es muy parecida en la secundaria. El número mayor de alumnos de español se concentra en el 8º curso (primer año de la escuela secundaria obligatoria) con porcentajes en torno al 33% y que en algunas zonas del país se van acercando al 50%. En Dinamarca y Finlandia el español es, junto al ruso, la opción que más ha crecido en la última década como segunda lengua extranjera.

Por Rosalía Sánchez, corresponsal en Berlín

7. Israel y territorios palestinos. Los datos no reflejan el interés real

Las cifras que maneja el Instituto Cervantes de Tel Aviv de estudiantes de español en Israel «no reflejan el interés que hay por el idioma», piensa Julio Martínez, director del Instituto Cervantes de Tel Aviv. El francés supera al español en las estadísticas como segundo idioma extranjero elegido en enseñanza secundaria en el Estado judío, por detrás del inglés, pero se trata de un país donde «el terreno es favorable debido a la fuerte presencia de judíos llegados de Argentina y Uruguay y al origen sefardí de parte de la población», que no olvida sus raíces españolas e incluso conserva el ladino. El «fuerte interés por la cultura hispana», que percibe Martínez, se verá recompensado en julio de 2019 con la celebración del Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas en Jerusalén.

En los territorios ocupados se repite esa misma situación de «fuerte interés» hacia el español, según fuentes consultadas en el Consulado General de la ciudad santa. Hay una «demanda creciente» en ciudades de Cisjordania como Ramala, Belén y Hebrón y los responsables culturales quieren aprovechar al máximo esa demanda para, de la mano del Instituto Cervantes de Amán, abrir aulas de español en estos lugares. El objetivo, sin un plazo por ahora, sería que Jerusalén contara con un Cervantes propio.

Por Mikel Ayestaran, corresponsal en Jerusalén

8. Brasil. El español ya no es obligatorio

Brasil insiste en ser una isla linguística pese a las siete fronteras que tiene con países de lengua española. La enseñanza del español en Brasil vive avances y retrocesos desde 1942, cuando fue realizada una de las primeras reformas curriculares en la escuela secundaria, pero entró siempre de forma opcional.

En los años 60 el idioma salió de los colegios por el refuerzo de acuerdos educativos con Estados Unidos, pero con el fortalecimiento del Mercosur, el idioma se volvió finalmente obligatorio, a partir del 2005. El avance fue también fruto de esfuerzos del Gobierno español, que apoyó la iniciativa del entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con inversiones en capacitación de profesores, incluso en clases virtuales, para alcanzar los rincones de un país gigantesco.

Pero ni el importante flujo de negocios con el Mercosur ni la relevancia de las inversiones españolas, fueron suficientes para mantener la «Ley del Español», que fue revocada el año pasado por el actual presidente Michel Temer. Los motivos para dejar apenas el inglés como obligatorio en las escuelas públicas, fueron la necesidad de ese idioma en el mercado de trabajo y por tratarse del idioma más extendido del mundo.

El fin de la obligatoriedad provocó protestas, especialmente entre profesores de español, en paro tras la nueva norma. Algunos estados como Rondonia y Rio Grande do Sul, organizaron movimientos para retomar la enseñanza en sus estados, aprovechando que la ley dejaba esa decisión para los congresos locales.

Un grupo de profesores de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur (UFRGS), creó un movimiento para pedir el regreso de la obligatoriedad del idioma en las escuelas secundarias. El estado, que fue poblado inicialmente por misioneros españoles, tiene frontera con Argentina y Uruguay, países con los que comparte la cultura gaucha.

Con el apoyo de otras universidades, el grupo se organizó en redes sociales bajo la etiqueta #FicaEspanhol (Quédate español) y consiguió la aprobación de un proyecto de ley en el congreso local.

Uno de los problemas para el fin de la ley a nivel federal fue la dificultad de atender la demanda de profesores que serían necesarios en un país con 5.570 municipios.

Las última noticia en ese tema surgió a principios de noviembre, cuando Brasil y España firmaron un acuerdo para instalar escuelas públicas de portugués y español en áreas de frontera, que enseñarán los idiomas desde los primeros años, cuando la capacidad de aprender es mucho mayor.

La iniciativa de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI), también cuenta con el apoyo de Portugal. El secretario general de la OEI, Mariano Jabonero, estuvo en Brasil para firmar el acuerdo con el ministerio de Educación brasileño.

La idea del proyecto, que se ejecutará a partir del 2019, es promover escuelas bilingües y la interculturalidad en los municipios que tienen fronteras en las que se habla portugués y español.

«Este programa es una propuesta de educación que promueve un diálogo entre iguales, entre personas y culturas en las lenguas maternas más difundidas en estos países: el portugués y el español», declaró Jabonero durante la visita.

Por Verónica Goyzueta, corresposal en Río de Janeiro

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Nadie ha visto a Frank Zappa

De la música concreta a ícono del rock, Frank Zappa vivió rompiendo expectativas.

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Frank Zappa, el genio americano.
Frank Zappa, el que tiene más de 60 álbumes.
Frank Zappa, el que nació en Baltimore.
Frank Zappa, hijo de Francis Zappa y Rose Marie Colimore.
Frank Zappa, el que escuchaba Stravinsky.
Frank Zappa, el que coleccionaba elepés de R&B.
Frank Zappa, el que se casó con Kay Sherman.
Frank Zappa, el que se casó con Gail Zappa.
Frank Zappa, el Original Americano.
Frank Zappa, el hijo de inmigrantes.
Frank Zappa, el que sí se llamaba Frank Zappa.
Frank Zappa, el que sufría de sinusitis.
Frank Zappa, el que hoy, hace 25 años, murió.
Frank Zappa, el inmortal.

Muchos de los que tuvieron la oportunidad de entrevistar a Frank Zappa antes de su muerte –el 4 de diciembre de 1993– aseguraban que el músico tenía múltiples personalidades. No como una enfermedad mental, sino muchas formas de representarse. “Era un hombre de muchas caras y disposiciones”, escribió el periodista musical Steve Rosen ,”después de nuestras conversaciones, continuamente me sentía confundido”.

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Frank Zappa / Wikimedia Commons

Una vez Zappa admitió que “no hay un interlocutor ideal allá afuera al que le guste mi música orquestal, mis álbumes de guitarra y canciones como ‘Dyna-Moe-Hum”. También dijo una vez para The Rolling Stone que, mientras a muchas bandas les dolía e importaba mucho recibir críticas negativas; se disculpaban e intentaban hacer que la gente los amara,”nosotros (Mothers of Invention) les decíamos que se fueran a la mierda”.

En Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words, el documental del 2016 que hizo Thorsten Schütte, muestra las decenas de periodistas que se sientan frente a él a hacerle las preguntas básicas, que él responde con su poco básica personalidad y forma de interpretar música. Los periodistas quedaban expuestos por su falta de conocimiento al personaje:

“Yo creo que nadie ha visto al Frank Zappa real, porque entrevistar a alguien es una de las cosas más anormales que le puedes hacer a alguien más; está a dos pasos de una inquisición”, decía el músico.  

El primer músico con el que Zappa se obsesionó fue Edgard Varèse, uno de los desarrolladores de la música concreta, que destaca por la descontextualización musical, mezclando sonidos que pertenecen a una categoría para usarlos en otra, como usar el sonido de las cuerdas como percusiones.

La pieza de Varèse de 1930, ‘Ionisation’, hecha para 13 percusionistas fue una de las más reproducidas por el músico. La puso tantas veces que su mamá le prohibió usar el tocadiscos que tenían en el comedor.

También idolatraba a Stravinsky y a John Cage. Escuchaba R&B y lo coleccionaba en acetatos que reproducía en el fonógrafo que sus padres le regalaron cuando estaba en la secundaria. 

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Frank Zappa / Wikimedia Commons

En la música de Zappa, en sus más de 60 álbumes, que abarcan diversos géneros, como solista, como parte de los Mothers of Invention o dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres, la transgresión y la experimentación son una constante.

Fue guitarrista, cantante, productor discográfico y director de cine, pero él se definía, simplemente, como compositor. Su forma de hacerlo era a partir de la conceptualización y organización de elementos tanto musicales como lingüísticos.

En su autobiografía –que en realidad escribió Peter Occhiogrosso a partir de un centenar de conversaciones grabadas con el músico– Zappa dice que “cualquier cosa puede ser música, pero no pasa a ser música hasta que alguien quiere que lo sea y el público que lo escucha decide percibirlo como música”.

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Frank Zappa / Wikimedia Commons

Para escuchar a Frank Zappa se requiere dedicación, esfuerzo. No es algo que se pone de fondo. Sus temas son complejos desde las letras poderosas que denuncian la segregación de los años 60 en Estados Unidos, pasando a las protestas intrínsecas en sus composiciones al no respetar los estándares musicales, ni las métricas, ni el uso de los instrumentos. Frank Zappa es el gran músico experimental del siglo XX.

Muchos aseguran que el álbum debut de Mothers of Invention –la banda con la cual Zapa se volvió extraordinariamente famoso–  Freak Out fue una de las inspiraciones para Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el icónico disco de Los Beatles.  

Aunque su música fue (y siempre se pretendió ser) transgresiva, Frank Zappa logró convertirse también en un artista pop. Por ejemplo, en la revista Playboy apareció como el músico elegido por el público de 1993, algo así como un Salón de la Fama pero seleccionado por los lectores de la publicación. También The Rolling Stone lo coronó como el músico del año en 1964.

Frank Zappa, que nació en Baltimore, Maryland, en Estados Unidos, el que sufría de sinusitis porque su papá trabajaba en plantas militares que lo exponían a gas pimienta, se convirtió en uno de los íconos musicales más relevantes de su siglo.

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Extracciones: El sueño de toda célula [Maricela Guerrero]

Extracciones: El sueño de toda célula [Maricela Guerrero]

En El sueño de toda célula (Antílope, 2018), Maricela Guerrero pareciera preguntarse sobre una nueva forma de hacer comunidad y buscar respuesta en una observación de la naturaleza tan distanciada como sensible. Así, lo celular, lo herbario o lo mineral asoman como propuestas para una aproximación más compasiva al otro, una comunicación acaso menos humana, una nueva sensibilidad.

Sin más, los dejamos con una selección del último libro de una de las voces importantes de la poesía mexicana actual.

 


 

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Introducciones

Aquí a 557 kilómetros de distancia al este en dirección hacia el camino mexiquense, siguiendo instrucciones del localizador durante siete horas y treinta y tres minutos sin determe podría llegar a un bosque en el que desde 1976 se dejaron de ver lobos, el Canis lupus baileyi cuyo peso podría variar de 25 a 47 kilos, casi como mi hijo mayor que este otoño cumplirá 12 años.

Ahora introdujeron compañías constructoras extranjeras que derribarán árboles y traerán progreso, una vida mejor y drenaje y servicios para usted y su familia, ¡deje de pagar renta y hágase de un patrimonio! Dice su oferta donde un hombre blanco abraza a una mujer trigueña y los dos amparan a un niño y una niña muy sonrientes.

A siete horas y veintitrés minutos, siguiendo por la carretera internacional a Oaxaca y después tomando hacia Tehuantepec, siguiendo instrucciones podríamos llegar a San Pedro y San Pablo Ayutla que colinda con Tamazulapan del Espíritu Santo. Los dos pueblos pelean por mover límites y un manantial.

Ayutla apela a un mapa que localizaron en el archivo Orozco y Berra: Plano del pueblo de Ayutla, Distrito de Villa Alta del año 1907 con medidas de 47×73 centímetros, varilla: CGOAXX01 con numero de clasificación: 3055-CGE-7272; ahí queda claro que el manantial deviene y augura paz.

 

Han pasado más de cuarenta días y el manantial sigue bajo resguardo de personas armadas
y muchas células se plantean preguntas en lenguas inusitadas y minerales.

En muchas lenguas vernaculares se plantean preguntas a los lagos y las montañas, en muchas lenguas, millones de células piden paz y devenir.

Devenir lengua en agua que fluye:
sílabas, sonidos, fonemas que en combinaciones inusitadas y variables
resuenan
como un conjunto de árboles:
alamedas, pinales, plantaciones, bosques, selvas: el baldío de al lado:

resonar respiración compartida: aliento
sin congoja ni estrujamientos:
alivio a millones de años luz:

tus ojos
tus pestañas,
imagínate decía Olmedo:
expandir el corazón: brotan manantiales en difusas y posibles lenguas en químicas orgánicas e inorgánicas y los pulmones y el baldío de al lado habitan:
aire compartido:
células soñando con células
mórulas
sábila
hierbabuena
olmo
arce abeto
lobo
no estamos solos:

Estamos
aquí.

 

Ríos

Nombrar y controlar los caudales de los ríos es una labor de hidrólogos, geógrafos, militares e ingenieros que atienden formas convenientes de desviar los lechos, de cercarlos, de secarlos: para que se ajusten a formas caprichosas y tuberías.

Guadal quiere decir río.
Guadalupe es el nombre de un río de lobos.

¿Imaginamos un río de lobos en las mesetas que cobija riachuelos, arroyos y comunidades de vida comunicándose en una lengua que no sea la lengua de imperio?

Un río de lobos que despierte
que corra:
ajeno a la lengua del imperio.

Un río de lobos que alimente y limpie las palabras, las frases, las ideas imperiales que contra mis propios fluidos y linfas he pronunciado: con las que les lastimé, palabras con las que se desgarraron vínculos y destejieron enredaderas. Sigo buscando cómo recuperarnos de este caos doloroso.

Sigo buscando un caudal y una lengua que acerque y fluya libre: una lengua vernacular que nos comunique y nos vincule con el baldío de al lado.

Hablar en lobos en moléculas, comprender el modo en el que el azar nos entreteje y nos tiende variables: atender la variabilidad, la fotosíntesis y la verdosidad del aire y de las hojas: recuperar las nubes de la infancia.

Respirar

Había una vez un mundo en el que el sueño de las células sólo era devenir células y fluía en lenguas vernaculares:

después comenzamos una carrera por buscar la combustión para producir magnitudes en la lengua del imperio, que la idea del imperio impuso.
y a veces parece
que perdimos
que rompimos
aceptamos jaulas, jardines botánicos y zoológicos:

oficinas
vehículos de locomoción
altius fortius raudos:

aunque en el baldío de al lado:
la vida bulle
y me vuelvo cursi
y simple:
imagino que si hago
crecer un árbol podremos hablar
y escucharnos
así:
respiraciones
comunes,
puntos de vista paralelos:
un lobo y un cangrejo:
anémonas malvas:
valentía
y abrazo en
un álbum de la forma de las hojas en las manos

diques y represas a la lengua del imperio:
con sus magnitudes y medidas:

aunque ahora te encuentres
en la misma ciudad
a nueve kilómetros y un metro de distancia
a veinte minutos sin tráfico
estás más lejos que la
secuoya que la mujer
no pudo salvar
que los bosques que se están talando justo ahora
o el manantial que resguardaron esta
tarde los municipales:
sembraré un árbol.

Estoy aquí hablando en lo que tengo porque
respirar contigo es una transformación que produce aliento.

Alentar es una forma redonda y cálida de resistir.
Devenir célula que sueña devenir célula.

Cómo en una lengua precisa, anémona?

Soñaríamos fonemas que devienen precisos e impermanentes márgenes de holgura y placidez, extensiones inmensas de un presente bullendo en la hermosa combustión de inspirar oxígeno y expirar dióxido de carbono y otros gases: reburbujeo de calidez y luz, aromas, balbuceos, quejidos, babas, mocos, fluidos estruendosos, amorosos gemidos que quedan balbuciendo una inhalación tras otra y dan paso a nuevas y redondas maneras compartir espacio, ocupar tus honduras y las mías como el agua que fluye en las montañas: claro río.
Amarnos en presencia y alegría como la gota que derrama el vaso, amarnos ahora anémonas imantadas y espléndidas en inhalación y exhalación profunda bosque arriba ajenas al dolor y a las imperiales formas. Ajenas al tú o al yo trágico, cómico y Leucipo.
Amarnos ajenas anémonas precisas y bullentes formas de la tarde, presencias espumosas transformadas en calidez y bonituras deleitables sin orillas, trancas: hojas sueltas.
Amarnos malvas volcadas en caricia en alegría en prístinas piedras al fondo del claro río, manantial, tumbadas en paz y en reverberaciones libres:
Amarnos

Y a veces detenerse
es otra forma de fluir.

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MARICELA GUERRERO (Ciudad de México, 1977). Ha publicado Desde las ramas una guacamaya (Bonobos / CONACULTA, 2006), Se llaman nebulosas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010), Kilimanjaro (Mano Santa, 2011), .Peceras (Filodecaballos, 2013), Fricciones (Centro de Cultura Digital, 2016) y El sueño de toda célula (Ediciones Antílope, 2018). Su trabajo ha sido antologado en Efectos secundarios (Madrid: Anaya, 2004), Divino tesoro (México: Casa Vecina, 2008), Cuatro poetas recientes de México (Buenos Aires: Black & Vermelho, 2011), México 20: La nouvelle poésie mexicaine(Astral/Secretaría de Cultura, 2016) y Sombra roja: diecisiete poetas mexicanas 1964-1985

ÚLTIMA EDICIÓN

La lengua de los pájaros

La crítica al lenguaje ha pasado de quienes advertían de su empobrecimiento a quienes alertan del exceso de nuevos términos

Salón de plenos de la RAE.
Salón de plenos de la RAE. SAMUEL SÁNCHEZ

 

Sostiene un viejo tópico, ocasionalmente enarbolado por quienes alertan del empobrecimiento del lenguaje, que lo que no se nombra deja de existir. Recuérdese el inquietante pronóstico que Syme, responsable del diccionario de neolengua, echa al vuelo en 1984, de George Orwell: “Cada año que pasa habrá menos palabras y los límites de la conciencia serán más estrechos”. Corolario: para reducir el pensamiento, mutílese la lengua.

Lejos de contravenir el tópico, que los diccionarios no hagan sino incorporar nuevas entradas ha inclinado la postura catastrofista hacia otra hipótesis: la depauperización no se daría por defecto, sino por exceso. Muchos de los términos incluidos en el diccionario Merrian-Webster durante la presente década advierten del envilecimiento de la discusión pública (hot take —opinión controvertida—, filter bubble —filtro burbuja—) y de la crispante polarización del debate, donde los efectos de la posverdad han hecho mella (anti-vaxxer —forma despectiva y coloquial de aludir a la postura antivacunas—), así como del auge popular de la economía financiera, al socaire de la criptomoneda (bitcoin, blockchain, ICO). Si nos pusiéramos apocalípticos, fácil sería profetizar el advenimiento de la “cultura bárbara”, colonizada por el capital y encallecida por el tribalismo, postulada por Thorstein Veblen. Esto supondría desoír las heterogéneas contribuciones que, desde la alimentación (aquafaba) o el feminismo (mansplain) hasta los hallazgos neurocientíficos (haptics —háptica—) o el entretenimiento (instagramming), se han producido recientemente, pero importaría poco: el terribilismo nunca ha requerido confirmaciones factuales para infundir miedo.

También el diccionario de la RAE ha incorporado referencias al debate (buenismo, antagonizar) y al mundo virtual (cliquear, cracker) que han concitado duras críticas. Quizá por ello sorprende moderadamente el rechazo de la Academia al lenguaje inclusivo en su libro de estilo: se sigue la máxima, propuesta por su director, Darío Villanueva, de “no confundir la gramática con el machismo”. De tal suerte, la economía lingüística impondría evitar expresiones, consideradas innecesarias, como “todos y todas”.

Hay quien cuida las palabras con el escrúpulo de los coleccionistas de mariposas, que las prefieren estáticas, atravesadas por un alfiler y en perfecto estado de revista. Grandes mentes han soñado con sortear la babélica confusio linguariumaccediendo a un idioma perfecto e incontaminado. Tal era la lengua matriz que Cyrano de Bergerac hizo hablar a un semidiós sentado sobre la piedra filosofal: la lengua de los pájaros. Pero no es esa la postura de los lexicógrafos, sino más bien la contraria: situándose en la orilla opuesta, dicen limitarse a hacer inventario de una realidad en devenir, un río cambiante y proteiforme en que nunca es posible zambullirse dos veces. De ser cierta esta explicación, bastaría por sí misma para postergar, al menos temporalmente, la incorporación de un lenguaje inclusivo todavía residual pero en auge. Y es que, en función de esa lógica, la Real Academia nunca habría eliminado expresiones denigratorias, no siempre en desuso, como en efecto ha hecho. Si cuesta creer que el diccionario sea un mero reflejo del habla popular es, precisamente, por la pericia que los académicos han demostrado a la hora de advertir cuándo esa imagen especular está curvada. Es por ello que el adjetivo fácil ya no alude exclusivamente a la mujer y la expresión sexo débil incorpora una marca de uso que indica su intención despectiva, al tiempo que una judiada ya no es una mala pasada ni jesuita es alguien taimado e hipócrita.

De tanto en tanto, las altisonantes declaraciones de algún académico, dispuesto a advertir del supuesto peligro que el lenguaje no sexista representa, atizan las brasas del fatalismo. Sirva la excelente salud de que goza la lengua española para sofocarlas. La liebre siempre corre más que los lebreles, y la riqueza del idioma lo hace tan inasequible a quienes se empecinan en consignarlo como a quienes, amparándose en un cierto envanecimiento, hacen oídos sordos al pueblo que lo suele fablar con su vecino.

Por supuesto, ni el desdoblamiento resulta intuitivo ni cómodo ni el lenguaje inclusivo ha de juzgarse por sus propuestas más extravagantes (el uso de la arroba en contextos formales). Valga, para rematar, una perogrullada: hay personas que siguen prefiriendo agregado a ataché y recuento a contaje, sin que les resulte problemático hacerlo; y es que aceptar algo no obliga a su uso.

Otro antiguo tópico afirma que el lenguaje construye la realidad. La noción clásica de logos spermatikos, recuperada a su manera por McLuhan y Baudrillard, sostiene que el verbo funda el mundo. Lo cierto es que no hay lengua que baste, por sí sola, para acabar con el machismo de un solo envite. Y, sin embargo, haría falta una generosa dosis de ingenuidad para negar la influencia de tantas expresiones que saltan, como pulgas, de cabeza en cabeza, condicionando nuestra mirada.

Jorge Freire es escritor y articulista.

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¿Dónde están los nuevos jipis?

La rebelión de los jóvenes que profetizó Octavio Paz ha quedado reducida a una rabieta ‘online’. El asesinato freudiano del padre queda neutralizado cuando el progenitor se ha convertido en su compadre

¿Dónde están los nuevos jipis?
EULOGIA MERLE

 

Octavio Paz escribió en su libro Corriente alterna,que publicó en 1967, un diagnóstico del futuro que resulta asombroso leer medio siglo más tarde. El año crucial de 1968 estaba a punto de llegar y Paz, que entonces era embajador de México en la India, veía con toda claridad que el mundo estaba cambiando radicalmente: “Creo que el fragmento es la forma que mejor refleja esta realidad en movimiento que vivimos y que somos”, nos advierte en la primera página de este libro que es, en realidad, una antología de los artículos que publicaba entonces en revistas latinoamericanas y europeas, artículos escritos con la urgencia, y la frescura, de quien pretende capturar el momento en el que todo empezó a cambiar, a la manera de los pintores impresionistas que daban pinceladas precisas y veloces para capturar el instante en el que se manifestaba la luz.

Octavio Paz escribe: “El gran problema a que se enfrentarán las sociedades industriales en los próximos decenios es el del ocio. El ocio había sido, simultáneamente, la bendición y la maldición de la minoría privilegiada. Ahora lo será de las masas”.

Cincuenta años más tarde nos encontramos con la evidencia de que nunca en toda la historia de la humanidad habíamos tenido tantas y tan diversas formas de canalizar el ocio, una bendición/maldición directamente relacionada con la realidad fragmentada que vislumbraba el poeta, pues buena parte del ocio se traduce en una multitud de individuos detrás de sus pantallas consumiendo, o interaccionando con ellos, los productos que ofrece la Red.

El fragmento es la forma que mejor refleja nuestra realidad, advertía Paz, sobre todo a partir de la irrupción de la Red, que atomiza a la sociedad, la divide en unidades, la neutraliza, sobre todo a la juventud de nuestro siglo, no a la de 1967 que se comportaba, todavía, como un amenazante colectivo capaz de sacudir el establishment.

Paz escribía entonces que las dos grandes transformaciones sociales de aquella época eran “la rebelión de los jóvenes y la emancipación de la mujer”. “La segunda es sin duda más importante y duradera”, sostenía el poeta, “es un cambio comparable al del neolítico”.

El Neolítico transformó la relación de nuestra especie con la naturaleza, del mismo modo en que la emancipación de la mujer ha ido, efectivamente, transformando la dinámica familiar, las relaciones sociales, el mundo laboral, etcétera. A pesar de que la igualdad entre los sexos tiene que recorrer todavía un largo camino, no puede ya compararse la vida que tenían las mujeres al principio de los años sesenta, con la que llevan en el siglo XXI.

Pero Octavio Paz no acertó con la rebelión de los jóvenes, que al final ha quedado en breves episodios aislados de la historia reciente; y no acertó porque la sociedad occidental ha terminado siendo otra cosa distinta de lo que entonces prometía, en esa época en la que la juventud clamaba, dice Paz: “Yo no quiero ser parte de este mundo que ha inventado los campos de concentración y ha arrojado bombas atómicas sobre Japón”.

Los jóvenes de entonces se sabían herederos del desastre que dejaban sus mayores, cosa que podrían suscribir también los jóvenes de hoy, y veían con naturalidad la fantasía freudiana de asesinar al padre, “una realidad psicológica de la era industrial”, apunta Paz.

A través de la figura del padre asesinado se puede situar a la juventud de nuestro tiempo frente a la de los años sesenta; los adultos entonces eran más adultos, había una separación muy clara entre ellos y sus hijos y el asesinato freudiano no admitía ambigüedades: había que matar a ese otro que te heredaba un planeta lamentable con bombas atómicas y campos de concentración. Pero en el siglo XXI esa frontera se ha difuminado, las nuevas tecnologías, la bendición/maldición del ocio, han barrido las diferencias, padres e hijos tuitean, oyen música en Spotify, se tatúan una greca maya en la nuca y se visten con prendas parecidas. En estas condiciones la fantasía freudiana se ha desdibujado: el hijo mata a su padre, no a su compadre.

Los jipis son un buen ejemplo de lo que sucedía con la juventud hace cincuenta años, querían destruir el sistema, replantear los fundamentos de la economía, vivir en armonía con la naturaleza y además eran unos entusiastas del hedonismo y de la tribu familiar; pretendían, en suma, vivir de otra forma, corregir la deriva occidental hacia la ganancia y el progreso económico que ya desde la década de los sesenta era un escándalo. Todos los objetivos del jipismo, con la excepción quizá de su estética y de su consustancial cursilería, podrían retomarse hoy con más ímpetu, pues ha pasado medio siglo y el sistema que intentaron destruir sigue no solo de pie, sino más sólidamente establecido que nunca.

¿Por qué se fueron los jipis si no habían conseguido lo que buscaban? No se fueron, se disolvieron, se han ido diseminando en nichos que conservan ciertos elementos de su ideario de juventud; la cruzada ecológica, por ejemplo, la alimentación saludable y otros sucedáneos individuales de aquella gesta espiritual y colectiva como el yoga, el mindfulness y un largo, y muy rentable, etcétera. Los viejos jipis están hoy haciendo la flor de loto, el saludo al sol, la postura del guerrero después de una jornada extenuante de oficina, en los despachos del poder económico, mediático o político. La imagen del jipi, que hace años combatía al sistema desde la calle, practicando hoy la postura del guerrero en un salón de yoga climatizado, ilustra perfectamente la magnitud del caso.

Paz escribe unas líneas que parecen destinadas a explicar el auge de la espiritualidad New Age que inunda nuestra época, uno de los tentáculos más redituables del ocio: “También las doctrinas de Buda y del Mahavira nacieron en un momento de gran prosperidad social y las ideas de ambos reformadores fueron adoptadas con entusiasmo no por los pobres sino por la clase de los mercaderes. La religión de la renuncia a la vida fue una creación de una sociedad cosmopolita y que conocía el desahogo y el lujo”.

De una sociedad, diríamos, que tenía un nivel de bienestar como el que hoy tienen los países europeos, que permitía a los ciudadanos grandes dosis de tiempo ocioso, solo que en nuestro siglo, aquí en Occidente, el ocio se purga mayoritariamente en la pantalla que nos atomiza y nos fragmenta en miles de millones de terminales. Al final la rebelión de los jóvenes no produjo una transformación tan grande como preveía Paz, en nuestro siglo esa rebelión ha quedado reducida a la rabieta individual online.

Jordi Soler es escritor.

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Orígenes de la música

El hallazgo de un trozo de fémur de un oso juvenil en el yacimiento de Divje babe I (Eslovenia) con cuatro perforaciones alineadas data de 1995. Los investigadores Ivan Turk y Janez Dirjec, que condujeron las excavaciones en este yacimiento entre 1990 y 1995, siempre expresaron sus dudas de que este resto fósil hubiera sido realizado por un ser humano con intencionalidad artística. Según estos investigadores, las cuatro perforaciones alineadas estarían relacionadas con la mordedura de algún animal.

Orígenes de la música

Posible instrumento musical hallado en el yacimiento de la cueva de Divje babe I. Eslovenia. Imagen de T. Lauko, Museo Nacional de Eslovenia.

Cómo expliqué en el post anterior, cuando se excava un yacimiento arqueológico con determinados prejuicios sobre las habilidades de quienes fueron responsables del registro recuperado en ese yacimiento, podemos equivocarnos en las interpretaciones. El yacimiento de Divje babe I está formado por varios metros de sedimentos, dispuestos en hasta 26 niveles geológicos bien organizados. Las dataciones realizadas en este yacimiento han revelado una antigüedad máxima en torno a los 100.000 años, en los niveles más profundos, y una antigüedad mínima en torno a los 35.000 años en los niveles 2 y 3. El nivel 8a, del que procede el fósil perforado, ha sido datado entre 54.000 y 58.000 años y ha proporcionado abundantes restos instrumentos de piedra atribuidos a la tecnología musteriense. En otras palabras, ese nivel se depositó tras el paso por la entrada de la cueva de grupos neandertales.

 

En 1995, la comunidad científica no estaba todavía preparada para admitir que los neandertales tuvieran habilidades artísticas. Los enterramientos intencionados no eran una evidencia suficiente para convencer a los expertos sobre una cierta capacidad simbólica de la mente de los neandertales. Es más, la posibilidad de que estos humanos realizaran trazos de pinturas abstractas en las paredes de las cuevas no cabía en el escenario que se planteaba a priori. Es por ello que el artículo científico publicado hace pocos meses sobre posibles manifestaciones artísticas de los neandertales en varias cuevas de la península ibérica recibió una crítica negativa casi inmediata.

 

Así que no puede extrañar que los propios descubridores de un posible instrumento musical realizado por un grupo de neandertales atribuyeran la presencia de los agujeros en el fémur de un oso a causas naturales. En 1997, Ivan Turk se atrevió por primera vez a plantear que aquel hueso podría haber sido perforado de manera intencionada por un ser humano. A ese trabajo siguieron nuevos estudios de Turk y otros colegas, admitiendo de manera clara que los neandertales pudieron haber fabricado un instrumento para producir sonidos musicales. Como los lectores podrán comprender, esa interpretación ha sido ignorada o contestada con duras críticas por otros colegas.

 

El último trabajo sobre este posible instrumento musical acaba de ser publicado en la revista francesa L´Anthropologie por Matija Turk, Ivan Turk y otros colegas. Antes de seguir, es interesante recordar que esta revista tiene escasa difusión en la arqueología anglosajona, que en la actualidad domina este ámbito científico. Sin embargo, el estudio está ahí y no se puede ignorar. La nueva investigación ha sido exhaustiva, incluyendo estudios experimentales. Se han realizado perforaciones en huesos de oso fresco con utensilios similares a los hallados en el yacimiento. El aspecto de los huesos experimentales ha resultado ser muy similar a los del fósil original. La reconstrucción del posible instrumento de manera artificial ha demostrado que era posible obtener sonidos musicales con un “instrumento musical” como el encontrado en la cueva de Divje babe I.

 

Ante estos resultados solo caben dos opciones: 1) considerar que toda la investigación en Divje babe I está equivocada, incluyendo las dataciones; 2) aceptar que los neandertales tenían capacidades artísticas inimaginables hace tan solo unas pocas décadas. ¿Por qué se les niega estas capacidades a estos humanos, incluyendo la posibilidad de pintar en las paredes de las cuevas? Si el registro arqueológico sigue dando evidencias de ciertas habilidades simbólicas de los neandertales, está claro que existen prejuicios interfiriendo con la realidad de los hechos.

 

Puesto que Homo neanderthalensis y Homo sapiens compartimos un antecessor común, que pudo vivir hace unos 800.000 años (según las estimaciones más optimistas) solo caben dos interpretaciones: 1) ellos y nosotros heredamos las mismas capacidades potenciales de ese ancestro; 2) adquirimos esas habilidades de manera convergente. Puesto que nuestro cerebro y el suyo tienen mucho en común, la opción 1 implicaría que las dos especies tendrían un potencial similar, que empezaron a manifestar de manera intensiva hace unos 50.000 años. Sin embargo, los neandertales desaparecieron antes de que nuestra especie desarrollara todo ese potencial en los últimos milenios.

 

La última época de los neandertales pudo ser terrible, con el intenso rigor de la última glaciación del Pleistoceno. Aun así, algunos grupos tuvieran tiempo para dejarnos testimonio de las posibilidades de su mente artística. No me cabe duda de que los refugios del Mediterráneo fueron la fuente de su inspiración.

 

José María Bermúdez de Castro

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La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

Palabras como chilango, chulo, chido y apapacho son ejemplos de la expresividad de los hablantes mexicanos

Ilustración: Alfredo García Ortiz, EL PAÍS.
Ilustración: Alfredo García Ortiz, EL PAÍS.

¡Qué chido es el español de México! Dígrafos como la ch, una doble grafía compuesta por la letra ce y hache componen un sonido único y sumamente expresivo. La ch se define técnicamente como un sonido africado palatal sordo que se produce cuando, primero, la lengua se cierra contra los dientes y, después, en milésimas de segundo, se deja salir el aire.

Este fonema es único en todo el sistema español y está cargado de expresividad. Así podemos decir que algo es muy chido cuando algo es muy bueno o calificar una reunión de chingona cuando hemos pasado varias horas de diversión y nada mejor para consentir a alguien que un apapacho.  

La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano
La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

“El español de México tiene esa explotación expresiva a niveles muy especiales como ‘chale’, ‘chole’ y chido’”, señala Company. “Es un sonido que está inserto en palabras que refieren afecto”. Así podemos usar la palabra chavo para referirnos a un joven o podemos bebernos una chela en un día caluroso.

La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

Pero la expresividad de la ch no se limita al afecto, sino que se usa para referir a sorpresa o incluso antipatía. Es muy común que un chilango (gentilicio usado para los capitalinos) grite ¡chale! cuando algo no ha salido como esperaba y use el adjetivo pinche cuando algo le desagrada. “El aislamiento de la ch le permite una explotación muy expresiva”, refiere Company.

Este dígrafo fue considerado como la cuarta letra del alfabeto, junto con la doble ele, pero fue retirado en 2010, reduciéndose así a veintisiete letras. “El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas”, explica la Real Academia de la Lengua.

Que se le haya quitado su carácter de letra puede resultar un poco chafa (de mal gusto), pero su importancia en el español de México sigue siendo innegable. “Se trata de acuerdos de lexicografía generales para la globalización de la lengua y para economizar en los diccionarios”, dice la filóloga.

Las lenguas indígenas mexicanas han enriquecido el vocabulario con palabras que incluyen el dígrafo ch. Porque si te cae el chahuiztle (una mala situación) puede que estés en problemas, sobre todo si te acompaña un chilpayate (un niño).

Uno de los mejores homenajes a la ch, dice Company, es la canción Chilanga Banda, compuesta por Jaime López y popularizada por el grupo Café Tacvba. “No hay mejor homenaje y además, es muy de la capital, muy chilanga”, dice Company. “Pachucos, cholos y chundos, chichinflas y malafachas. Acá los chómpiras rifan y bailan tibiri tabara”, dice la canción.

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Así se destapa en directo un sarcófago de una momia egipcia intacta de hace 3.000 años

Por primera vez, las autoridades del país han decidido abrir frente a las cámaras una tumba que contiene el cuerpo de una mujer momificado «extraordinariamente bien conservado»

Así se destapa en directo un sarcófago de una momia egipcia intacta de hace 3.000 años

Un equipo de arqueólogos francés descubría a principios de mes dossarcófagos de hace 3.000 años en El-Asasef, una conocida necrópolis que se encuentra en la orilla occdiental del Nilo. Una de ellas ya fue abierta y examinada por las autoridades egipcias, que, con la segunda, han decidido realizar estaproceso frente a las cámaras por primera vez.

«Uno de los sarcófagos tiene un estilo rishi, propio de la XVII Dinastía egipcia, mientras que el otro correspondía a la XVIII», ha afirmado Khaled Al Anani, ministro de Antigüedades. «Las dos tumbas -continuaba Al Anani- fueron descubiertas con las momias en su interior».

La XVIII Dinastía data del siglo 13 antes de Cristo y en ella reinaron algunos de los faraones más famosos, como Tutankamón y Ramsés II.

Antes de abrir este sarcófago, que pertenecía a una mujer identificada como Thuya que estaba envuelta en lino, frente a las cámaras, las autoridades egipcias ya habían hecho lo propio con el otro ataúd, cuyos restos han sido identificados como los de Thaw-Irkhet-if, supervisor de la momificación en el citado lugar sagrado.

Egipto ha dado a conocer una docena de descubrimientos desde comienzos de año. El país espera que estos hallazgos hagan reavivar el interés de los turistas por los templos de los faraones y sus pirámides, que buscan otros destinos desde el levantamiento político de 2011.

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