Libros que nos inspiran: ‘El científico loco’ de Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer

Libros que nos inspiran: 'El científico loco' de Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer

SERGIO PARRA

Tanto el cine como la cultura popular en general ha entronizado la figura arquetípica del científico como la de un tipo despistado con los pelos disparados hacia todos los puntos cardinales del mundo, en el mejor de los casos, o como un mad doctor con ínfulas de destruir el mundo, en el peor.

Espoleados por el síndrome de Frankenstein, cierto tufo posmodernista y un terror reverencial a jugar a ser dioses, pues, la idea que tenemos ahora de un científico es la de un “científico loco”. Y esto es cierto hasta determinado punto, y, además, una pequeña dosis de locura siempre viene bien para dar un salto cuántico a nivel científico o tecnológico, tal y como explican Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer en su libro titulado precisamente El científico loco.

Genio y locura

Escrito de forma aviñeteada, los autores de El científico locodeslizan píldoras biográficas o curiosidades del ámbito de la investigación científica en capítulos muy breves, de no más de tres páginas, ideales para leer desordenadamente, a medida que los títulos o los temas abordados llamen la atención.

No deja de ser El científico loco, pues, un compendio de curiosidades sin más, escritos de forma directa y sin florituras, pero eso no quita que sea disfrutable y que, entre sus páginas, encontremos muchos retazos de la historia de la ciencia que seguramente no conocíamos. Por eso, ha sido fuente de inspiración para escribir artículos en Xataka Ciencia como Jeremy Bentham: el filósofo que quiso momificarse para ser exhibido en la universidad.

a

La literatura primero, pero también el cine y el cómic, han hecho de la figura del “científico loco” un estereotipo que reconocemos con facilidad. Sin embargo, como todos los estereotipos, se funda en una amalgama de imaginaciones y habladurías provenientes de personajes y hechos reales que les dieron pie. Nacido con la ciencia “moderna”, se nutre desde el siglo XVIII de centenares de personajes y experimentos, a veces peligrosos, a veces geniales, a veces ridículos, que, motivados siempre por el deseo de conocer, de comprender, de saber, han transitado de forma arriesgada zonas vidriosas limítrofes con la ética, con las convenciones al uso y con la ortodoxia con suerte desigual. Petrificadores, resucitadores, pesadores de almas, trasplantadores, lobotomizadores, experimentadores de drogas y otros hallan espacio en estas páginas que dan acceso a unos de los capítulos más llamativos y provocadores de la historia de la ciencia.

https://www.xatakaciencia.com/

12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora

Sin la influencia de su abuela, ‘Gabo’ no habría hecho historias tan increíbles que emanan pasión, sinceridad e interés en cada línea. Por eso, en este artículo te compartimos algunos de los mejores cuentos de Gabriel García Márquez.

Resultado de imagen para 12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora

«Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”». — “Un niño como yo”.  

Desde muy niño, curioso como solía ser, Gabriel García Márquez vivió en casa de sus abuelos maternos aventuras increíbles para un menor de dos años. Una de las anécdotas que recordaba el escritor era cuando su abuela, la mujer que llevaba el control de la familia, se sentaba a contarle historias. Mina, como él la llamaba, le contaba una infinidad de cuentos que llenaron su cabeza de supersticiones, frases y pasión, mismas que llevaría a sus libros para honrarla.

La mujer era tan apasionada de los cuentos y las historias que no había día en que García Márquez no le pidiera una nueva, misma que iba almacenando en su memoria con todo y el tono en que su abuela relataba, por ello, al crecer, Gabo gritaría por el mundo que «debía contar la historia como Mina lo hacía con las suyas, partiendo de aquella tarde en la que el niño es llevado por su abuelo para conocer el hielo».

Y lo cumplió. Márquez se mantuvo en una constante evolución, pero siempre manteniendo el relato de su abuela como voz primaria. Cuando él era un niño de 8 años, el abuelo falleció y la abuela perdió la vista, lo que lo obligó a volver a vivir con sus padres, sin olvidar jamás la manera tan cautivadora que su abuela tenía para relatar historias, misma que le transmitió y que, claro está, plasmó en los cuentos que escribió. Por eso, en este artículo te compartimos 12 de los mejores cuentos de Gabriel García Márquez que seguramente amarás tanto como el propio Gabo amó a su abuela.

“El cuento del gallo capón”

Un cuento que transcurre apenas en un párrafo y pareciera no tener final. “El cuento del gallo capón” no es más que la historia cíclica como metáfora de las relaciones: el amor, la amistad y la vida misma.

“El rastro de tu sangre en la nieve”

Una mujer que descubre la sangre al mismo tiempo que el placer sexual vive una aventura que dura algunos meses, pero que no te llevará más de 10 minutos leer y engancharte a la historia de Nena Daconte.

“El drama del desencantado”

¿Cansado de vivir? Quizás este cuento te ayude a entender que la vida sólo es una y si la abandonas ahora no hay manera de regresar. El detalle está en encontrar lo que te de satisfacción, al menos una vez.

12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora 1

“Espantos de agosto”

¿Crees en fantasmas? Probablemente, luego de leer este cuento de no más de cinco minutos, pienses mejor las cosas al despertar cada mañana, no juegues con los muertos y tampoco te burles de ellos.

“La fotogenia del fantasma”

No todos los cuentos de fantasmas son macabros, éste por ejemplo es una manera de decirnos que hay que temerle mucho más a los vivos.

“La luz es como el agua”

¿Hasta dónde puede llegar la curiosidad de un niño? Quizá podría matar a toda una clase. Con unos cuantos párrafos, Gabo logra sumergirnos (literalmente) en su historia.

12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora 2

“La muerte en Samarra”

Citando el viejo refrán “cuando te toca, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”, Gabo maneja este pequeño relato, en el cual explica por qué no podemos huir de la muerte.

“La Santa”

¿Qué pasaría si tienes la prueba de que has hallado una santa y nadie quiere creerte? No dejas de insistir hasta que te alcance la muerte o que algo más interesante suceda, como Margarito, un hombre sin nada especial, salvo que tiene una santa en sus manos.

“Ladrón de sábado”

Un joven y apuesto ladrón entra a una casa donde sólo se encuentran Ana y su pequeña hija. Él las encañona, pero no se da cuenta de que los tres forman una bonita y feliz familia, misma que podría repetirse semana a semana, únicamente si ambos están de acuerdo.

12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora 3

“Piensa en nosotros”

Un hombre que será fusilado tiembla de frío, mientras los guardias que le llevan a su final se preocupan más por sí mismos que por el pobre hombre. ¿Te suena similar a la individualidad en la que vivimos?

“Retinoblastoma”

Una niña ha quedado ciega luego de una operación de la que dependía su vida, desconcertada, asegura que no puede despertar. Si no lloras con este cuento, al menos sentirás una profunda desesperación.

“Un día de estos”

El poder fue siempre uno de los perores enemigos de Gabriel García Márquez, quien lo manifiesta en este cuento en el que un dentista y un alcalde son los protagonistas.

García Márquez supo plasmar el amor que sentía por su abuela con un lenguaje coloquial muy bien empleado. De este modo logra atrapar al lector. Él sabía cómo hacerlo para que nadie dejara su relato a la mitad y, a decir verdad, nadie quiere hacerlo. El autor era tan directo y sencillo que rara vez alguien podría decir que sus cuentos no emanaban la pasión que tanto presumía de su abuela o que no eran una lección para cualquier situación de la vida.

https://culturacolectiva.com/letras

Definición de antisemitismo

Resultado de imagen para Definición de antisemitismo

Vancouver, la tercera ciudad más grande de Canadá, ha declinado votar esta semana la definición de antisemitismo de IHRA, que poco a poco va extendiéndose por el mundo, pese a las controversias que ha suscitado.

El ayuntamiento de Vancouver no ha rechazado la definición, pero ha optado no votarla hasta que se estudie en profundidad su significado y sus consecuencias.

La IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance) elaboró a partir de 2003 la siguiente definición: «Antisemitismo es una cierta percepción de los judíos, que puede expresarse como odio hacia los judíos. Manifestaciones retóricas y físicas de antisemitismo se dirigen contra individuos judíos o no judíos y/o contra sus propiedades, hacia las instituciones judías e instalaciones religiosas».

La definición viene acompañada de varios ejemplos de antisemitismo que han resultado ser polémicos. Por ejemplo: «Denegar al pueblo judío su derecho a la autodeterminación, diciendo que la existencia del estado de Israel es una empresa racista». O: «Aplicar doble estándares requiriendo de (Israel) un comportamiento que no se espera ni se pide de ninguna otra nación democrática».

Estos ejemplos que siguen a la definición de la IHRA han sido ampliamente discutidos por los defensores de los derechos de los palestinos en todo el mundo, incluidos grupos judíos progresistas, como esta semana ha ocurrido en Vancouver.

Estos grupos sostienen que los ejemplos de antisemitismo aportados por la IHRA en realidad pretenden que no se critique la brutal ocupación israelí, y poco o nada tienen que ver con el antisemitismo.

La críticas contra la definición, y especialmente contra los ejemplos, comenzaron nada más concerse la definición hace tres lustros. Entonces ya se dijo que «no era clara y que confundía», o que «no tenía la claridad requerida».

Las censuras de académicos y juristas, incluidos judíos, se multiplicaron e incluso se ha llegado a afirmar que con esta definición se penaliza el boicot contra la ocupación israelí y se vulnera la libertad de expresión. El argumento más frecuente es que la definición está cortada a la medida del estado judío y no a la medida del antisemitismo.

Aunque en los últimos años varios países e instituciones occidentales han adoptado la definición de la IHRA y sus ejemplos, las críticas también han arreciado, de manera que no puede decirse que el debate se haya cerrado.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

https://blogs.publico.es/balagan

Consuelo y milagro

¿Qué habría sido de la humanidad sin el alfabeto y la capacidad que nos confiere para comunicarnos a distancia y registrar y reinventar la realidad?

Resultado de imagen para El primer alfabeto lo crearon los trabajadores semitas en Egipto hace 4.000 años

HACE ALGUNOS MESES, en una cena con amigos, alguien preguntó cuál nos parecía el mayor invento de la historia. La electricidad, la imprenta, la microelectrónica, empezaron a enumerar. Yo dije: el alfabeto. Porque ¿qué habría sido de la humanidad sin esa capacidad para comunicarnos a distancia, para almacenar datos, para compartirlos, para registrar la realidad, para reinventarla y embellecerla a través de la palabra escrita?

El primer alfabeto lo crearon los trabajadores semitas en Egipto hace 4.000 años. Ese protoalfabeto fue desarrollado después por los fenicios y refinado por los romanos: las manchitas de tinta que hoy depositamos alegremente sobre el papel tienen detrás una larga historia. Aprender a escribir es algo formidable. Es una de esas cosas dificilísimas que hacemos sin darnos cuenta de su complejidad (otra es andar). Y la escritura está tan íntimamente relacionada con lo que somos, es algo tan personal y tan ligado a todos los rasgos y accidentes de nuestra vida, que no hay dos letras iguales. El prestigioso Laboratorio del Servicio Postal de Estados Unidos realizó un estudio durante varios años sobre 500 parejas de gemelos y mellizos, y descubrió que, pese a compartir genes y biografías, la letra de los hermanos no se parecía más entre sí que la de cualquier pareja de individuos. La escritura es tan única como una huella digital, pero, a diferencia de ésta, se ve alterada por las circunstancias (como, por ejemplo, una noche sin dormir) y puede cambiar mucho a lo largo de los años. Nuestra letra es un espejo de nuestra existencia.

Pensaba en todo esto en París, hace unas semanas, mientras visitaba una preciosa exposición de la Biblioteca Nacional de Francia: Manuscrits de l’extrême, Manuscritos de lo extremo, una colección de textos redactados en circunstancias críticas. Divididos en cuatro apartados (Prisión, Pasión, Posesión y Peligro), la muestra exponía diarios de duelo, verdaderos sollozos atrapados por la punta de la pluma; billetes amorosos con dibujos obscenos que parecían temblar de deseo; textos agónicos y apresurados escritos en la tenebrosa antesala de la ejecución; diminutas tiras de papel cubiertas con una letra microscópica, sólo visible con lupa, anotadas clandestina y heroicamente desde la indefensión del prisionero. Había autores famosos y otros anónimos, pero todos los mensajes nacían de la urgencia más absoluta, casi diría de la necesidad de expresarse o morir. La escritura como salvación hasta de lo insalvable.

Algunos de los textos redactados en la cárcel estaban hechos con la propia sangre y sobre pedazos de camisas, porque no disponían de otra cosa: si se exponían a tanto para garrapatear esas palabras ansiosas, ¡qué importante tenía que ser para ellos! Me impresionó un pequeño libro de horas de María Antonieta; en una hoja en blanco había una nota fechada a las 4.30 del 16 de octubre de 1793, es decir, del día en que iba a ser guillotinada a los 37 años de edad: “Dios mío, tened piedad de mí, mis ojos no tienen más lágrimas para llorar por vosotros, mis pobres niños. Adiós, adiós”, escribió en francés. Y después, la firma, grande, entintada, temblorosa. Un último mensaje para sus hijos que escondió entre las páginas de su librito de rezos.

Me estremecieron especialmente los textos de enfermos mentales, abigarrados, alienígenas, heridos por el negro terror del dolor psíquico. Y también una impactante frase escrita a toda prisa bajo el asiento de una silla de madera utilizada en los interrogatorios de la Gestapo: “Con todo el afecto a mis camaradas femeninas y masculinos que me han precedido y que me seguirán en esta célula. Que conserven su fe. Que Dios evite este calvario a mi amada novia”. Imagino al miembro de la Resistencia anónimo o anónima que garabateó estas palabras entre torturas y se me encoge el ánimo. Y al mismo tiempo, ¡qué hermosa, qué conmovedora esa esperanza en la escritura como instrumento de supervivencia! Más allá de la muerte y del infierno en vida están el consuelo y el milagro de la palabra. En el tranquilo placer de las lecturas de este agosto, pensaré en el poder que nos otorga la escritura.

Rosa Montero

https://elpais.com

Mariposear, perrear y cotorrear: ¿cuánto dicen los animales sobre nosotros?

Las metáforas lingüísticas esconden significados que dicen más de los humanos que del reino animal

Arte: Jonás Cortés.
Arte: Jonás Cortés.

ELÍAS CAMHAJI 

En México, viborear es meter cizaña, hablar mal o inventar chismes de alguien. En Colombia, cangrejear es verse con un exnovio o exnovia solo por una noche, ir para atrás en la vida amorosa, como los cangrejos. En Argentina, pavear es decir o hacer tonterías, necedades o directamente pavadas. Y en Venezuela, si se te pasan las copas cuando sales de fiesta, te puedes enratonar o acabar con resaca.

Sin importar el país, los hablantes de español recurren a los animales para describir cómo se sienten, lo que ven, lo que no les gusta y lo que les pasa. Sienten como les hormiguean las piernas. Se mosquean, se cabrean y se chinchan, por no decir que se molestan o se fastidian.

En literatura existen las prosopopeyas o personificaciones, una figura retórica que da características humanas a objetos o animales. Pero cuando los mexicanos hablan de coyotear un trámite (contratar a alguien que sabe lidiar con la burocracia) o cuando un colombiano dice que no se puede desvelar porque tiene que camellar (trabajar) es exactamente el proceso inverso.

“Lo que hacemos es una especie de comparación entre el comportamiento humano y el que se cree que tiene un animal, aunque no sea necesariamente cierto”, explica la filóloga Georgina Barraza. “A menudo escuchamos que un zorro actúa con cautela, pero la cautela es propia de los seres humanos”.

Mariposear, perrear y cotorrear: ¿cuánto dicen los animales sobre nosotros?
Un fotograma de la película ‘El fantástico Mr Fox’ (2009).

Parte de la respuesta de cómo funciona este proceso se encuentra en la lingüística cognitiva, que combina los estudios sobre la lengua y la psicología cognitiva para estudiar cómo se organiza el lenguaje. Esta teoría afirma que las experiencias y la perspectiva de cada persona influyen en la forma de comunicarnos. En el caso de los verbos con animales se utiliza una metáfora, es decir, se toma una palabra que pertenece a un campo semántico y lo aplicamos a otros, explica Barraza.

A veces, se alude a los atributos del animal y otras, los hablantes se refieren a lo que hacen con esos animales. Por ejemplo, torear significa lidiar con un toro en una plaza. Después, alguien que muy probablemente nunca haya toreado puede hablar de torear sus problemas. Pero otras acepciones de torear, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), quieren decir hacer burla de alguien, fatigarle, molestarle, llamar su atención con un objeto: como lo que pasa con el toro que está siendo toreado.

En otras regiones sin tanta tradición de tauromaquia, como Sudamérica, torearquiere decir insultar o molestar constantemente a alguien para liarse a golpes. “Los seres humanos, sin importar que sean de una comunidad grande o pequeña, generan léxico a partir de lo que conocen y de lo que creen sobre el mundo”, señala Barraza y asegura que se ha documentado el uso de verbos con animales desde el siglo XVIII.

Por eso, explica la especialista, una misma palabra o, incluso, una misma metáfora puede tener dos significados completamente distintos dependiendo el lugar, el momento y el contexto. La generación que creció con el reggaetón sabe que perrear se refiere a un inconfundible tipo de baile. La versión web del diccionario de la RAE, dice que perrear es un americanismo que se refiere a timar a alguien y ser un mujeriego (en Costa Rica) o un término coloquial cuyo sinónimo es menospreciar a alguien (en Venezuela). Esto pasa porque las palabras tardan a veces varias generaciones en entrar al diccionario y porque el habla coloquial es generalmente difícil de documentar, explica la filóloga.

Mariposear, perrear y cotorrear: ¿cuánto dicen los animales sobre nosotros?
Una emisión de ‘Factor X’ en España.

“Es muy interesante que muchas de estas palabras hacen referencia a comportamientos negativos”, apunta Barraza y, al parecer, no es una casualidad. En el siglo XVIII predominaba la corriente racionalista, que pone a la razón por encima de todo. Una hipótesis es que la mayoría de la gente confiaba en que lo que los diferenciaba de los animales es que hablaban y pensaban. Justamente, una persona que no actuaba como debía era vista como un animal, como menos que una persona. Animalizar es, de alguna forma, deshumanizar.

Y esas palabras se quedaron en el lenguaje de todos los días. Una mujer que es promiscua y un hombre que busca prostitutas zorrean, según la RAE. Un ladrón ratea. Un personaje desagradable o despistado cotorrea. En Colombia, lagarteares lamer suelas, llegar sin invitación a un lado, entrar sin pagar y fingir que tienes amigos famosos. Y a uno lo pueden marranear cuando alguien quiere que uno pague todas las cuentas e invite siempre. Mejor dicho, si siente que se están aprovechando de usted, es la víctima, el marrano. En México, hay que tener cuidado si alguien te está venadeando, acechando como si te estuvieran a punto de cazar, o si alguien te busca chacalear o robar. Y la lista es casi interminable: mariposearcaracoleargatearsapear

En casi todos los casos hay un trasfondo despectivo: el promiscuo, el tonto, el ladrón, el mentiroso, el que se deja guiar por sus sentimientos es un animal. Irónicamente, quizá la moraleja sea que tratarnos como animales dice más de los humanos y de su relación con el mundo que del reino animal.

Mariposear, perrear y cotorrear: ¿cuánto dicen los animales sobre nosotros?
Un fotograma de la película ‘Zootopia’ (2016).

https://verne.elpais.com

Subir a la Tierra desde la Luna

Subir a la Tierra desde la Luna fue más arriesgado y emotivo que subir a la Luna desde la base de Cabo Cañaveral

MANUEL VICENT

El pintor Cristóbal Toral.
El pintor Cristóbal Toral. JORDI SOCÍAS

¿Dónde estaba usted aquella noche cuando Neil Armstrong pisó la luna? El pintor Cristóbal Toral podría responder que aquel 20 de julio de 1969, hoy hace 50 años, salió a la calle vestido de astronauta para celebrar semejante hazaña. Sin duda ya sabía que para un artista conquistar el azaroso espacio de los medios es como subir a las esferas siderales.

En aquel tiempo el pintor, todavía agreste, venía precedido de cierta leyenda literaria de joven garduño criado en una choza del cortijo Las Lomas, cerca de Antequera, de familia de carboneros, que recuerda a la película Los santos inocentes. Allí de niño en medio del campo había comenzado a dibujar a su aire antes de que aprendiera a leer. Por aquel paraje perdido pasaron unos señoritos cazadores y al entrar en su choza para pedir un poco agua se sorprendieron al ver muchos lápices de colores y cuadernos llenos de dibujos ejecutados con extraordinaria destreza por el hijo del carbonero. Ese chico tendría que estudiar, dijo uno de aquellos señoritos. Tal vez un día podría ser un artista. Y así empezó todo.

Pero el verdadero aprendizaje de este joven artista en ciernes no estaba en su propia e innata habilidad para el dibujo. No se puede entender la obra de Cristóbal Toral sin descubrir en ella toda la experiencia de las noches estrelladas, de los vientos en las copas de las encinas, de los gritos nocturnos de las alimañas, de las tormentas bravas, del frío inhóspito, del sol aplastante, de todas las sensaciones de una naturaleza salvaje transferidas a la sensibilidad del niño que vive a ras de la miseria, de forma muy pura, sin más cultura que el caballo de la imaginación que le impulsa a la fuga ingenua, poética y sagaz para salvarse de la soledad. Esta es la primera capa invisible de pintura que Toral imprime en su obra y también la que constituye su carácter.

En la vida de un adolescente hay un hecho decisivo que viene marcado por el día en que estrena la primera maleta, mete en ella el equipaje y se dispone a enfrentarse al destino. Se trata de un rito de iniciación. Toda la obra de Cristóbal Toral está impregnada por una sensación de fuga de aquella ruda realidad que le tenía atrapado en la niñez. Parece que su primera liberación fue aquel día que con una primera maleta de cartón dejó su mundo atrás camino de Antequera donde al pie de un polvoriento autobús le esperaba el futuro.

En cualquier aeropuerto se produce todos los días la misma escena. En la sala de recogida de equipajes al final de un vuelo las cintas comienzan a vomitar maletas dando tumbos y los pasajeros sienten cierta ansiedad por si la suya no aparece. Ahí está, el viajero la reconoce y la retira, pero cuando la cinta se detiene siempre queda una maleta solitaria que nadie reclama. Es la maleta perdida. Puede haber dado varias vueltas al mundo y dentro de ella van todos los sueños también perdidos. Cristóbal Toral ha convertido la maleta extraviada en un icono, la ha multiplicado por varios cientos, las ha amontonado, aunque siempre sea la misma, y las ha echado todas a volar por el espacio o la deja una al pie de una cama donde una mujer sueña dormida. A cada maleta de Toral le espera una estela de cometa.

Una beca de la Fundación Juan March permitió a este pintor dar el salto a Nueva York en el otoño de 1969. Hacía poco más de dos meses que los astronautas habían regresado de la Luna. “Una de las primeras cosas que hice, sin tener siquiera el estudio organizado para pintar, fue llamar a nuestro embajador en Washington, don Jaime Argüelles, para expresarle mi deseo de conocer a un astronauta. El embajador me hizo saber que ese encargo era difícil. Insistí. Sorprendentemente a los pocos días me llamó para decirme que Michael Collinsiría a la embajada para que yo le conociera y pudiéramos hablar. El embajador organizó una cena para este encuentro. Michael Collins vino acompañado por el señor Chollinor, director del Museo de la NASA en Washington. Collins estuvo muy cordial durante la cena, me sorprendió su sencillez y su buena disposición a contar los detalles del heroico viaje. De lo mucho que hablamos quiero resaltar su respuesta a mi pregunta sobre cuál fue el momento más emotivo de su extraordinaria aventura. Michael Collins me confesó: ‘Cuando estaba en el módulo de mando orbitando la Luna, que la veía a un tiro de piedra, y al mismo tiempo observaba desde mi habitáculo el planeta Tierra en el espacio, pequeño como cuando vemos desde aquí la Luna, pensaba en mi situación. Tenía la misión de recoger a mis compañeros Armstrong y Aldrin y llevarlos a la bolita Tierra que aparecía tan lejana en el cosmos…’. Esa emotiva descripción de Collins en aquellos momentos de soledad en el espacio me ha hecho reflexionar y he llegado a una conclusión: volver a la Tierra, o subir a la Tierra desde la Luna fue más arriesgado y emotivo que subir a la Luna desde la base de Cabo Cañaveral”.

https://elpais.com/cultura

Ocho grandes novelas para iniciarse en la ciencia ficción

 

Resultado de imagen para Ocho grandes novelas para iniciarse en la ciencia ficción

Paola Garza

La ciencia ficción es uno de los géneros literarios más codiciados por los lectores. No es ninguna casualidad. La popularidad del sci fi se debe a su gran variedad de temáticas y herramientas narrativas. Mundos paralelos, viajes intergalácticos y a través del tiempo, personajes con poderes, robots y hasta proyecciones del fin del mundo, etc. 

Si quieres adentrarte la ciencia ficción y no sabes por dónde empezar, aquí encontrarás algunas de las historias más icónicas, accesibles y apasionantes del género.

The peripheral de William Gibson

The peripheral de William Gibson

William Gibson es otra de las grandes plumas de la ciencia ficción. En The peripheral el autor especula sobre los futuros posibles de la humanidad muy a la manera de los clásicos de cyberpunk. La novela discurre en dos líneas narrativas que retratan distintos momentos en el futuro. Gibson entrelaza los dos universos narrativos con maestría, creando una trama emocionante y sorprendente.

Yo, Robot de Isaac Asimov

Yo, Robot de Isaac Asimov

El libro ideal para adentrarse en el universo de uno de los autores más célebres del género. Los nueve relatos cortos recopilados en este volumen sientan la base del universo literario de Asimov, ya que en estas páginas aparece la doctora Calvin, un personaje legendario en las series del autor. 

Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams

Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams

Un híbrido de comedia y ciencia ficción que no podía faltar en esta lista. A través de sus personajes complejos y estrambóticos Douglas Adams hace una crítica a la política, a la burocracia, a la religión y a la humanidad en general. Si eres fanático del humor de Monty Python o Terry Pratchett esta novela te cautivará desde el inicio. 

La máquina del tiempo de Herbert Wells

La máquina del tiempo de Herbert Wells

Tras su publicación en 1895, la obra maestra de Wells sentó las bases para las historias acerca de viajes en el tiempo y para el género de ciencia ficción en general. En este clásico distópico Herbert Wells narra la historia de un científico que viaja a través del tiempo con la intención de conocer el futuro de la humanidad. Para su sorpresa encuentra a una sociedad en profunda decadencia.

Las arenas de marte de Arthur Clarke

Las arenas de marte de Arthur Clarke

Un clásico imperdible que te hará reflexionar acerca de la política y la corrupción. ¿Qué pasaría si de pronto Marte fuera habitable? ¿Llegarían hasta ahí los males de nuestra sociedad? Clarke responde a estas preguntas a través de una trama cautivante y adictiva. 

The Power de Naomi Alderman

The Power de Naomi Alderman

Una novela de ciencia ficción feminista que cuestiona cuál sería el porvenir de la humanidad si el poder perteneciera a las mujeres. En ella cuatro mujeres descubren que poseen más poder del que alguna vez creían posible. ¿Qué harán con él? ¿Cambiarán el mundo para bien?

El hombre que cayó en la tierra de Walter Tevis

El hombre que cayó en la tierra de Walter Tevis

Esta novela de Walter Tevis publicada en los años 60 es una de las joyas del género de ciencia ficción. En 1976 David Bowie protagonizó a Thomas Jerome Newton en el célebre filme de Nicolas Roeg. En El hombre que cayó en la tierra Tevis narra la historia de un extraterrestre que busca refugio en la tierra, donde hará lo posible por encontrar la solución para salvar a los de su especie. 

Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne

Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne

Julio Verne expandió los límites de la imaginación a través de sus revolucionarias obras de ficción. Este título no es la excepción. Un profesor y su criado serán secuestrados por la tripulación de Nautilus, un submarino que tiene por líder al temido Capitán Nemo. Esta edición cuenta con las geniales ilustraciones de Agustín Comotto.

https://gatopardo.com/arte-y-cultura

SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR

En Templo Mayor se han encontrado restos humanos, oro, ofrendas y quizá estemos  ante uno de los mayores descubrimientos del siglo XXI, la tumba de Ahuízotl.MXCity

SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR

Descubrir la tumba de Ahuíztol ayudaría a replantear muchas cosas del mundo nahua.

Ahuítzotl proviene del náhuatl que significa Espinas de Río; su nombre y el símbolo que le distingue en los códices provienen de la criatura homónima, el huey tlatoani que llevó a los mexicas a dominar el centro y sur de los actuales territorios de México. Los guerreros mexicas eran acicateados por la figura de su tlatoani, un gobernante guerrero que no dudaba en ir al frente de las batallas.

Ahuízotl también un fuerte líder religioso, un buen diplomático y hasta un reputado economista. Fue el conquistador por excelencia. Ordenó la construcción de un acueducto para llevar agua de Coyoacán a Tenochtitlán, el cual se rompió y provocó una inundación en la que accidentalmente murió.

SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR

En el 2006, un equipo de arqueólogos mexicanos encontraron el monolito de Tlaltecuhtli, el cual podría ser considerado la lápida mortuoria de la tumba de Ahuízotl. Ubicado en un predio entre las calles de Argentina y Guatemala, a un lado del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Los trabajos de excavación continúan en proceso en el gigantesco monolito con la imagen de Tlaltecuhtli, y la fecha diez conejo, además de la ubicación lo que motiva especulaciones en el sentido de que se trata de la tumba del último gobernante azteca en ser enterrado de acuerdo a los rituales tradicionales antes de la llegada de los conquistadores españoles.

En esa zona un equipo interdisciplinario de expertos explora día a día el área ritual que se extiende a los pies de la pirámide más importante de Tenochtitlan, que han pretendido exhumar la que se cree es la tumba de Ahuíztol, emperador mexica que gobernó de 1486 a 1502 en Tenochtitlan. Se trataba de un monolito de 4.17 x 3.62 metros, un espesor de 40 centímetros y un peso de 12 toneladas que era la representación de Tlaltecuhtli, deidad de la tierra y símbolo del sacrificio y la renovación.

SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR
SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR

En un video publicado por el INAH, Leonardo López Luján (arqueólogo mexicano, encargado de las excavaciones del Templo Mayor), comenta: “nosotros ahora estamos dándonos a la tarea precisamente de exhumar la mitad norte con toda la arquitectura, la escultura y las ofrendas que están asociadas”. Raúl Martín Arana, arqueólogo del Instituto Nacional de Arqueología e Historia, comentó que “los cronistas cuentan que hubo una gran ceremonia tras la muerte de Ahuizotl, y que sus restos quedaron depositados, junto con muchas ofrendas, frente al Templo Mayor”.

La excavación ha procedido con lentitud debido a que el nivel freático es muy alto en ese punto. Es una labor minuciosa pues se cree que muchos objetos minúsculos son ofrendas, y por tanto deben manipularse y documentarse con cuidado. Sería el primer vistazo a una tumba real en todo el centro de México. Hay muchas cuestiones que no hemos entendido del todo, como la religión y el simbolismo de los aztecas. Los hallazgos arqueológicos son la única manera de explorar esta historia de tremenda riqueza.

SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR
SOBRE LA TUMBA DEL EMPERADOR AZTECA AHUÍZOTL EN EL TEMPLO MAYOR

En las excavaciones recientes de este 2019 en el Museo del Templo Mayor, se han encontrado ofrendas con el culto del dios patrono de los mexicas (Huitzilopochtli) con esta divinidad solar y de la guerra. Además de restos óseos humanos y ofrendas, que tienen mayoritariamente objetos de oro, pedernal, conchas y caracoles; así como una gran cantidad de materiales asociados a este culto.

Estos hallazgos se suman al un jaguar adornado y vestido como un guerrero, así como los restos del esqueleto de un niño, vestido igualmente a imagen de Huitzilopochtli y enterrado junto a varios cuchillos de pedernal, decorados con perlas y piedras preciosas. Descubrimiento que podría ser los pasos para llegar a la tumba de un emperador azteca de la dinastía Ahuízotl.

Sin embargo, todos seguimos a la expectativa de lo que resulte para comprender más del mundo nahua, y de los descubrimientos que hagan los Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en particular de la búsqueda de la tumba de Ahuizotl, octavo gobernante de la antigua Tenochtitlan.

https://mxcity.mx

La cara oculta de EE.UU: Ratas en las casas y el blanquito en la Luna

Con la moral del país en horas bajas, una reseñable parte de la opinión pública veía inmoral gastar tanto dinero con el aluzinaje

Resultado de imagen para La cara oculta de EE.UU: Ratas en las casas y el blanquito en la Luna

César Cervera

Como parte del programa del Apolo 11, Armstrong y Aldrin se adiestraron en un remoto desierto de aspecto lunar habitado por varias comunidades de nativos americanos. Una historia (o leyenda) cuenta que un jefe indio, cuya tribu creía que los espíritus habitaban en la Luna, pidió a los astronautas que si se topaban con alguien en su viaje le transmitieran un mensaje en su lengua. El anciano se negó a traducir su significado por ser un secreto dirigido a esos seres celestes, de modo que solo tiempo después supieron, por un traductor, que la frase que habían aprendido de memoria decía: «No os creáis ni una palabra de lo que esta gente os diga. Han venido para robaros vuestras tierras».

La llegada del hombre a la Luna fue celebrada por los estadounidenses como el mayor hito desde el Descubrimiento de Colón o la llegada del Mayflower. Pero, ¿por todos los estadounidenses? No, varias minorías raciales y movimientos en defensa de los derechos civiles protestaron al apreciar aquel esfuerzo económico como algo inmoral. Entre 1959 y 1973, la NASA destinó 23.600 millones de dólares para ir la Luna, lo cual no incluía los costes de infraestructuras y los programas previos que condujeron a ese nivel tecnológico. La cifra equivaldría hoy a 105.700 millones de euros, algo menos de la décima parte del PIB de España. Hacia 1963, de cada tres dólares que el Gobierno gastaba en ciencia e investigación, uno iba para gasto militar, otro para la NASA y otro para todo lo demás, incluyendo investigaciones médicas. Por supuesto, no todos estaban satisfechos con aquel reparto.

Si la Luna hubiera estado hecha realmente de queso Gruyère, el cantante Gil Scott-Heron hubiera pedido que los astronautas cargaran unos cuantos kilos para alimentar a los hambrientos suburbios de EE.UU. Este poeta y cantante, precursor del rap, recogió en su tema «Whitey On The Moon» («Blanquito en la Luna») la indiferencia con la que parte del país veía aquel dispendio. La letra de la canción de dos minutos (uno y medio si se descuenta la irónica introducción) expone los problemas cotidianos a los que debía enfrentarse el americano medio -la presencia de plagas en las calles, la factura del médico o la subida del alquiler- seguidos del vacuo consuelo de que, al menos, «el blanquito está en la Luna».

Cuando se clavó la bandera estadounidense en la superficie lunar, veinticuatro millones de un total de 200 millones americanos vivían aún por debajo del umbral de la pobreza. El historiador Joseph M. Thompson, que dedicó un estudio a la canción, destaca que los barrios más humildes de ciudades como Nueva York estaban infestados de ratas, un problema agravado por la corrupción de los servicios de recogida de basuras vinculados a la Mafia y por las huelgas de los trabajadores municipales.

El poeta y músico de Chicago Gill Scott-Heron
El poeta y músico de Chicago Gill Scott-Heron

Letra traducida de «Whitney on the Moon» de Gill Scott-Heron

Una rata preñada mordió a mi hermana Nell]

Con el blanquito en la Luna

Su cara y brazos comenzaron a hincharse

Y el blanquito está en la Luna

No puedo pagar al médico

Pero el blanquito está en la Luna

Estaré pagando dentro de diez años

Con el blanquito en la Luna

¿Sabes? El casero subió anoche mi alquiler]

Porque el blanquito está en la Luna

No hay agua caliente, ni hay baños, ni luz

Pero el blanquito está en la Luna

Me pregunto por qué me lo sube,

¿Por qué el blanquito está en la Luna?

Bueno, ya pagaba cincuenta dólares a la semana]

Y ahora el blanquito está en la Luna

Hacienda se queda con mis cheques

Los yonquis me sacan de quicio

El precio de la comida está subiendo

Y como si toda esa mierda no fuera suficiente]

Una rata preñada mordió a mi hermana Nell]

con el blanquito en la Luna

Su cara y brazos empezaron a hincharse

Con el blanquito en la Luna

Con todo el dinero que gané el año pasado]

Puse al blanquito en la Luna

¿Cómo me he quedado tan pelado aquí?

Hmmm, el blanquito está en la Luna

Tú sabes que estoy harto

Del blanquito en la Luna

Creo que voy a enviar estas facturas del médico]

Correo aéreo especial

Al blanquito en la Luna.

Nacido en Chicago pero residente en el Bronx de Nueva York, Scott-Heron contó en su día a «L.A. Record» que su madre y él concibieron la canción mientras veían por televisión el alunizaje y conversaban sobre la gran cantidad de dinero que había costado aquel «pequeño paso para hombre». El intelectual y artista estadounidense, fallecido en 2011, entendía el Apollo 11 y, en general, la carrera especial con los soviéticos como una distracción mediática «para mantener a raya la presión y la revuelta en América». Opinión que compartían grupos radicales como los Panteras Negras, cuyo «ministro» Eldridge Cleaver se refirió al alunizaje como un «flying circus» (término que sirve para describir a un grupo de acróbatas). Coincidiendo con el lanzamiento del Apolo 11, un vecino de Harlem proclamó en antena: «En lo que a mí respecta, el dinero que han gastado para llegar a la Luna se podría haber utilizado para alimentar a los pobres de Harlem y de todo el país. Qué más da la Luna, consigamos algo de ese dinero para aquí».

Aunque la idealización de aquel viaje espacial haya suavizado la memoria colectiva, muchos datos apuntan a que la postura de Gil Scott-Heron, autor de otro clásico como «The Revolution Will Not Be Televised», no era tan marginal como hoy en día pueda parecer. En el libro «No Requiem for the Space Age», el historiador Matthew D. Tribbe recuerda que en 1970, solo un año después de la misión de Armstrong, la mayoría de estadounidenses no recordaba el nombre de ningún astronauta y que en el país crecían las críticas contra el papel de la ciencia y la tecnología vinculadas a uso militar y propagandístico. «La NASA puede haber sido inofensiva, pero tuvo la mala suerte de promoverse como el siguiente paso lógico en el progreso en un momento en que el propio significado de «progreso» estaba inmerso en la polémica», señala D. Tribbe en su estudio. A lo largo de los años 60, las encuestas reflejaban que entre el 55 y un 60 por ciento de los estadounidenses pensaba que el esfuerzo no merecía la pena.

La turbulenta situación política no invitaba a construir castillos en el aire. Si en 1962 el discurso de John F. Kennedy «We choose to go the Moon» («Elegimos ir a la Luna») había hinchado los corazones de millones de norteamericanos, siete años después la autoestima del país vivía horas bajas. El presidente había sido asesinado, al igual que el defensor de los derechos civiles Martin Luther King, gobernaba alguien tan polémico como Richard Nixon y la Guerra de Vietnamrepatriaba a decenas de cadáveres al día. Aunque las manifestaciones en contra del conflicto comenzaron casi desde el comienzo de la intervención, a partir de la Ofensiva del Tet (1968), con la muerte de 14.000 soldados, se produjo un derrumbe en la moral de todo el pueblo estadounidense.

A estas protestas, se sumaban las habituales en esa década del movimiento de segregación racial. El día previo al lanzamiento del Apolo 11, medio millar de activistas se plantó en las puertas del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, con carros tirados por mulas. Cuando repitieron la protesta con el Apolo 14, un líder resumió el problema: «América envía a vagos chicos blancos porque lo único que hacen es mirar rocas. Si hubiera trabajo que hacer, mandarían a negros». De los doce astronautas que pisaron la Luna, desde 1969 a 1972, la totalidad eran varones blancos, en su mayoría de origen anglosajón y protestante. El piloto negro Ed Dwight fue descartado en la última fase de selección por razones nunca aclaradas, a pesar del vivo interés del fiscal general Bobby Kennedy de incluirlo en la misión. Hubo que esperar a 1983 para que Guion Bluford se convirtiera en el primer afroamericano en visitar el espacio a bordo del Challenger.

Tampoco la intelectualidad y el mundo de la ciencia cerraron filas ante la gesta. Hubo tantas voces fascinadas con el viejo sueño de Julio Verne como escritores e intelectuales que mostraron su descontento. Todo un Nobel de Física como Max Born calificó el programa como un «triunfo del intelecto, pero un trágico fracaso de la razón». El físico nuclear Leo Szilard también se oponía a los viajes espaciales: «Es inmoral competir con los rusos para llegar a la Luna y permitir que nuestros ancianos vivan con casi nada». Desde el mundo de la cultura, el escritor de ciencia ficción Stanislaw Lem cuestionó que el ser humano tuviera necesidad de otros mundos sin haber terminado en el suyo las tareas pendientes: «No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, el nuestro, nos basta; pero no podemos aceptarlo por lo que es». El novelista y ensayista Norman Mailer definió el proyecto como «el más profundo de los actos nihilistas, porque no sabemos por qué lo hacemos».

https://www.abc.es/ciencia

A balazos con Hernán Cortés: no hay perdón para el ‘padre maldito’ de México

La mitad de la historia de México sigue siendo tan convulsa que cinco siglos después se zarandea aún por políticos que acallan las voces de los historiadores

Foto: Relieve tiroteado de Hernán Cortés en México. (Foto: Javier Brandoli)
Relieve tiroteado de Hernán Cortés en México. (Foto: Javier Brandoli)

JAVIER BRANDOLI

En el conocido como Paso de Cortés, entre los imponentes volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, hay un relieve de bronce colocado sobre un monolito de piedra. En él se ve a caballo a Hernán Cortés, el conquistador extremeño, junto a un grupo de soldados españoles e indígenas. Rememora el paso en 1519 de sus tropas hacia el Valle de México. La estructura ha sido atacada a balazos. De los disparos de mayor calibre, que han perforado el metal, dos dan en el caballo de Cortés y otros tres pegan en el entorno. Ninguno acierta en su figura. El resto de la estructura, incluido el soporte de piedra, está lleno de marcas de perdigones. Alguno ha impactado en el cuello del propio Cortés.

El pasado puede recibir balazos, botes de pintura roja, o estar escondido en el nicho de una pequeña iglesia. Eso le pasa a México, cuya mitad de su historia, como de su sangre, sigue siendo tan convulsa que cinco siglos después se zarandea aún por políticos que acallan las voces de los historiadores. “Envié una carta al Rey de España y otra al Papa para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos”, reconoció el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, el pasado mes de marzo. La frase eliminó de nuevo de un plumazo la opción de hacer un revisionismo histórico de la figura de Cortés lejos del ámbito político cuando se cumplen 500 años de su llegada a México.

El monolito con el relieve de Hernán Cortés tiroteado en México. (Foto: Javier Brandoli)
El monolito con el relieve de Hernán Cortés tiroteado en México. (Foto: Javier Brandoli)

El malinchismo y el mestizaje. La lengua de los versos de Octavio Paz y las iglesias barrocas. Pedro de Alvarado y Fray Bartolomé de las Casas. La inquisición y las primeras universidades. La cerámica de Talavera y la Virgen de Guadalupe. La Noche Triste y la matanza del Templo Mayor. El fin de los sacrificios aztecas y la quema de los códices mayas… Todas esas luces y sombras tienen una génesis: Hernán Cortés.

El proscrito

El nacido en Medellín, Extremadura, en 1485, es un personaje maldito y proscrito por la historia oficial. Por todos. Por el México post revolucionario, que ha encontrado un enemigo que señalar en los libros de texto para enjuagar todos sus males, y por España, incapaz y miedosa de proponer un relato alternativo para no herir sensibilidades más allá de patrióticos golpes en el pecho parecidos a los que resuenan al otro lado del Atlántico. Del Día de la Raza se ha pasado al Día del Olvido sin nada en el medio. Cortés tiene siempre un velo alrededor que cinco siglos después no se quita.

Su tumba es un perfecto ejemplo de ese cubo de desmemoria que se ha vertido sobre su figura. Un simple nicho, a la izquierda del altar de la pequeña Iglesia del Niño Jesús, cercana a la Plaza del Zócalo de Ciudad de México, guarda sus restos. Una placa roja, algo mayor de un metro, en la que pone Hernán Cortés con su fecha de nacimiento y muerte, es todo el rastro de uno de los personajes más influyentes de la historia.

Modesta placa en la tumba de Hernán Cortés en México
Modesta placa en la tumba de Hernán Cortés en México

Que esos restos existan es ya una proeza; intentar moverlos una absoluta utopía o temeridad. “Sus huesos pasaron más peripecias después de muerto que en vida”, explicaba el escritor mexicano Xavier López Medellín, otro de los grandes investigadores de su figura. “Cortés dejó escrito en su testamento que, si moría en España, su cuerpo fuese enterrado en Nueva España, en la villa de Coyoacán (barrio actual de Ciudad de México fundado por los conquistadores españoles tras reconquistar la capital azteca), en un convento de monjas de la Concepción, de la orden de San Francisco, que mandó construir en su testamento. Nunca se cumplió su voluntad. Que prefiriera ser enterrado en México demuestra su amor por esa tierra”, dice Ricardo Coarasa, autor del libro ‘Hernán Cortés, los pasos borrados’, que en la actualidad está enfrascado en un segundo libro sobre los desconocidos últimos años de la vida del conquistador.

Los siguientes siglos, aún bajo dominio español, sus restos fueron cambiados varias veces de sitio por diversas razones. La Independencia complicó las cosas y en 1823, tras conocerse un plan para quemar sus huesos, ya colocados en la Iglesia del Hospital del Niño Jesús desde 1794, se hizo una farsa para hacer creer que habían sido mandados a Italia a los descendientes de Cortés tras desmontarse su mausoleo. La verdad es que se escondieron en secreto, sólo la Embajada de España y los descendientes de Cortés fueron informados, en la misma Iglesia, tras un muro, del que salieron en 1946 cuando unos investigadores descubrieron la artimaña y se abrió la pared. Otra vez Cortés aparecía en México y otra vez alguien decidió que había que ocultarlo de nuevo. Se metió en la misma pared, ahora tras una placa, en la que descansa hoy en un casi absoluto anonimato.

Exhumación de los restos de Cortés
Exhumación de los restos de Cortés

“Los españoles han sido profundamente injustos con Hernán Cortés”. La frase no es de un acérrimo nacionalista español, es del ex gobernador y senador mexicano Julián Gascón en marzo de 2015. Gascón, presidente del patronato del Hospital del Niño Jesús, el hospital más viejo del continente americano que fundara el propio Cortés, es una especie de guardián de los huesos del español. Desde su patronato consiguió mantener algo su memoria y hasta colocar el único busto que el extremeño tiene en la capital, en el claustro del hospital que él fundara, y cuya inauguración fue un rapapolvo para el entonces presidente mexicano, López Portillo, al que los periódicos acusaron de traidor por develar la figura.

En noviembre de 2018, el propio Gascón, admitía que “la sociedad mexicana no está preparada para dignificar su tumba. Pizarro tiene una tumba en la catedral de Lima y era un asesino, y Hernán Cortés que entró en Tenochtitlán sin pegar un tiro de arcabuz no la tiene. Cortés era un hombre de letras”.

Un absurdo politizado

Nadie, ni el Gobierno español, ni ninguna institución pública, han querido cambiar eso. De hecho, los propios diplomáticos españoles con los que hablamos por primera vez en 2015 no sabían la existencia de esa tumba. La calle de Hernán Cortés en México es inexistente y en España, su tierra, casi lo mismo. En Madrid, la capital, la calle Hernán Cortés es una mínima vía en el barrio de Chueca. Nada más. ¿Imaginan que hubieran hecho en Inglaterra, Francia o Estados Unidos?

La discusión académica de su obra es casi tan maniquea en España como en México. Cortés parece sólo un emblema del nacionalismo español, politizado a la derecha, envuelto en mensajes absurdos donde se sublima el evangelizar o culturizar sin aceptar que se cometieron también graves abusos y errores. Cortés no es de derechas ni de izquierdas, es historia, sin más. Como Abderramán, Napoleón o Julio César. En España tampoco se ha conseguido pasar de la diatriba de Conquista o Descubrimiento sin entender que fue ambas cosas a la vez dependiendo del lado del océano en que se estaba. “Cortés cometió errores graves y tuvo grandes aciertos”, resume Gascón.

Cortés no es de derechas ni de izquierdas, es historia, sin más. Como Abderramán, Napoleón o Julio César

“México tiene una esquizofrenia de identidad que debe resolver. Hace falta un debate sereno del pasado”, me decía Álvaro Matute, prestigioso miembro de la Real Academia Mexicana de la Historia, meses antes de fallecer en 2017. “No hay una calle de Hernán Cortés ni puede haberla. México en el siglo XIX genera un rechazo permanente del colonialismo. Todo lo extranjero era invasor y por tanto enemigo de la patria”, concluía un intelectual que la historia la estudiaba, no la amoldaba a sus opiniones.

El rastro de Cortés está por todo México. En Coyoacán está su casa (aunque es un error histórico situar ese edificio como su hacienda). La casa de la Malinche, su intérprete y amante indígena con la que tuvo un hijo, está unas cuadras más allá. Ella, quizá mejor que el propio Cortés, resume a la perfección la esquizofrenia de la que hablaba el profesor Matute. Durante siglos ha sido considerada una traidora. De hecho, el término malinchismo en México se aplica a los traidores o a las personas que aman más lo extranjero que lo mexicano.

Placa exterior encuentro Cortés y Moctezuma. (Foto: Javier Brandoli)
Placa exterior encuentro Cortés y Moctezuma. (Foto: Javier Brandoli)

La Malinche fue entregada en tributo a los españoles en 1519 por un cacique de Potonchán, en Tabasco, tras una escaramuza ganada por los españoles en Centla. Ella no era mexica, y como la gran mayoría de pueblos mesoamericanos, su gente estaba sometida por el duro poder de Tenochtitlán que exigía fuertes pagos de impuestos y tomaba constantemente prisioneros para realizar sus sacrificios. México entonces no existía como identidad, existía una zona geográfica en la que diversas culturas se aliaban, comerciaban o guerreaban por el control del territorio. Los mexicas, que vienen del sur de EE.UU, fueron los últimos en llegar (fundaron Tenochtitlán en torno a 1325). Para la Malinche y para su pueblo, tan extranjero era un azteca como un español, aunque con el primero tuviera más similitudes. “Ella se unió a Cortés y tuvieron un hijo, Martín. Cortés consiguió que el Papa lo reconociera. Un ejemplo más del odio que Cortés sentía por los indígenas”, apunta irónicamente Coarasa.

Para la Malinche y para su pueblo, tan extranjero era un azteca como un español, aunque con el primero tuviera más similitudes

Parece que ella falleció por culpa de alguna de las enfermedades que trajeron los españoles a América, como la gran parte de los indígenas, arrasados por una invisible guerra bacteriológica. Lo cierto es que La Malinche es de alguna forma la madre de esa nueva “raza” mestiza nacida en el continente americano, pero la historia oficial post independentista no tuvo compasión con su figura y es considerada una traidora. ¿A quién traicionó? “Sin la ayuda de doña Marina (nombre que recibió tras ser bautizada) no hubiéramos entendido los idiomas de la Nueva España “, escribió el cronista Bernal Díaz del Castillo.

En este entorno, no parece que los cinco siglos pasados vayan a ser suficientes para poder tener ese debate sereno que saque a Cortés del ostracismo y lo coloque en un lugar en la historia. “Muchos le han querido ver únicamente como un villano. Sin embargo, creo que eso tiene que ver con una simplificación que se suele hacer desde la política. Los historiadores, por otro lado, debemos tratar de buscar la verdad siempre, con paciencia, comprobando las fuentes y revisando los acontecimientos con rigor. Y en el caso de Cortés tenemos la suerte de que existen sobrados estudios que han ido recopilándose a lo largo de muchísimas generaciones. No debemos erigirnos en jueces del pasado. La historia no es un tribunal”, decía hace unos días uno de los historiadores mexicanos más afamados, Enrique Krauze. Cortés lleva 500 años esperando que se acabe su juicio y se juzgue su obra, con sus luces y con sus sombras. Parece que deberá esperar algunos años más.

https://www.elconfidencial.com/cultura