Keiichi Tanaami: la increíble vida del Andy Warhol japonés

Atormentado por las bombas de la II Guerra Mundial, Keiichi Tanaami vistió sus pesadillas de colores. Hablamos con el precursor del ‘pop art’ japonés, un anciano que diseña monopatines, colabora con Adidas y protagoniza exposiciones en prestigiosos museos. A sus 83 años, Tanaami continúa evocando mundos extraños.

 Enrique Alpañés

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Ahondar en las influencias de un artista suele ser una pérdida de tiempo, las respuestas transitan por caminos trillados y llevan a lugares comunes. No es lo que sucede con Keiichi Tanaami, máximo referente del pop art japonés.

Una pregunta rutinaria abre sendas insospechadas. El veterano autor relata con pasmosa naturalidad lo que aprendió sobre cine experimental con Andy Warhol, cómo comenzó a editar revistas eróticas de la mano de Hugh Hefner o lo que le disfrutaba creando vídeos y portadas para músicos como Jefferson Airplane o John Lennon.

De entre todos los senderos que ha abierto nuestra primera pregunta hay uno más oscuro e intrigante, uno que cristaliza con cierta frecuencia en su obra en forma de peces y aviones. Decidimos de momento adentrarnos en él.

Hay detalles absurdos que se graban a fuego en la tierna mente infantil, más cuando estos son iluminados por la luz de un evento traumático. Uno de los primeros recuerdos de Tanaami es el de un pez de colores. El pez nadaba en el estanque de la casa de su abuelo, en Tokio, cuando un fogonazo iluminó su viscosa piel. La luz provenía del cielo que se había iluminado de una forma apocalíptica. El jóven Tanaami miró hacia arriba y no se lo podía creer. Llovía fuego a cantaros.Artículo relacionado

Keiichi Tanaami: la increíble vida del Andy Warhol japonés

Tanaami

Durante la II Guerra Mundial la ciudad de Tokio sufrió más de 100 ataques con bombas incendiarias. Keiichi Tanaami las presenció con un terror fascinado. En cierto modo sigue haciéndolo. Esas bombas, esa muerte, ese pez, se cuelan con frecuencia en sus obras.

El autor lo rememora como si fuera una influencia artística más, pero al leer sus palabras se configura más bien como una experiencia traumática que le ha de perseguir hasta el último de sus días. «Las explosiones de aire caliente que liberaban las bombas al rozar la piel. Los sonidos explosivos que casi me rasgan los tímpanos. Un hedor asqueroso y penetrante que dificulta la respiración. Luz y fuego, tan fieramente brillantes que aún no puedo abrir los ojos. Todas estas cosas permanecen firmemente en mi memoria y continúan estimulando mi práctica», explica por email a Yorokobu.

En su obra, los aviones conviven con dibujos de Disney, Astroboy o Popeye, con imágenes explícitamente sexuales, con calaveras y referencias a la muerte

A sus 83 años está de moda. Diseña monopatines, colabora con marcas como Paul Smith o Moncler y acaba de hacer una colección cápsula para Adidas, creó la portada de un disco de Super Furry Animals y pasea su obra por grandes museos de todo el mundo. El Kunstmuseum de Lucerna, Suiza, ha sido el último en organizar una exposición recopilando toda una vida de trabajo. Ha debido ser complicado.

La obra de Tanaami es variada en formatos e influencias. Los aviones conviven con dibujos de Disney, Astroboy o Popeye, con imágenes explícitamente sexuales, con calaveras y referencias a la muerte. Hay influencia del Kamishibai (teatro de cartón japonés) y de películas estadounidenses de serie B. Es un universo rico y en expansión, pero todo él se cubre de una pátina lisérgica que le da cierta coherencia estética.

Tanaami
Tanaami
Tanaami

Decidimos recorrer otro camino más colorido y preguntarle por las influencias que hicieron estallar su arte en una orgía cromática.

«Supongo que podría decir que los colores y las formas de mi trabajo nacieron intuitivamente de los sonidos de ciertos artistas», explica el autor, «de gente como Jefferson Airplane [para quienes hizo una portada] John Lennon [para quien hizo un videoclip] o Pink Floyd. Por ejemplo, creo que el modo en que se abría The Dark Side of the Moon era absolutamente sorprendente, con el sonido de un corazón latiendo. Siento que estas emociones e impresiones profundas se entrelazan de manera compleja en lugares invisibles con mi trabajo». Eso y las drogas.

Tanaami no lo menciona, pues su vida ahora es otra, pero en su juventud, su trabajo estuvo marcado por el consumo de estupefacientes y alcohol. Su carrera comenzó en los años 60, una época especialmente propicia para este tipo de esparcimiento. También ayudó el tipo de compañías que frecuentaba: la escena artística más underground de Tokio, la modernidad más rabiosa de Nueva York. Era una vida bohemia y disoluta. Era una vida divertida.

Fue en aquellos días de ácido y rosas cuando conoció al que sería uno de sus grandes maestros. «Andy Warhol me influyó en todos los aspectos posibles», comenta sin ambages. Se conocieron en 1967, cuando Tanaami visitó Nueva York por primera vez.

Tanaami

«En ese momento, Warhol estaba en el proceso de transición de ilustrador comercial a artista», rememora el japonés mientras reconoce que él, editor de revistas por aquel entonces, estaba viviendo una metamorfosis similar. «Lo que sentí entonces fue que las estrategias que empleaba en el arte eran idénticas a las estrategias empleadas por las agencias de publicidad. Utilizaba los íconos contemporáneos como motivos en sus obras de arte y mezclaba películas, música y publicaciones experimentales. Me sorprendió, pero al mismo tiempo lo acepté como el modelo perfecto para mí».

Tanaami siguió los pasos de Warhol a la hora de mezclar alta y baja cultura, pero llevó esa fusión a su propio mundo y desarrolló un estilo propio. También le imitó ampliando su campo de acción a otros vehículos artísticos, coqueteando con el collage, el vídeo y la edición de revistas experimentales, una profesión que conocía bien pero desde una perspectiva más conservadora. Fue esta última práctica la que habría de llevarle a EEUU una vez más, en la década siguiente.

Tanaami creó una ingente cantidad de obras políticamente activistas y sexualmente explícitas. Trató temas sociales, crítico al sistema, retrató la liberación sexual

En 1975 Tanaami tenía un currículo considerable en la publicación de fanzines, revistas y libros. Por eso no le fue complicado convertirse en director de arte de la edición japonesa de Playboy. Para formarse y conocer bien la cabecera original, Tanaami viajó a EEUU. Lo hizo de costa a costa, de la Mansión Playboy de California a la Factory de Nueva York, de la influencia de Hugh Hefner a la de Andy Warhol. Fue un segundo choque cultural con el sexo como hilo conductor.

Durante los siguientes 10 años Tanaami creó una ingente cantidad de obras políticamente activistas y sexualmente explícitas. Trató temas sociales, crítico al sistema, retrató la liberación sexual. Lo hizo siempre desde una estética colorista y manga, escandalizando y enamorando a partes iguales. Mientras tanto siguió su trabajo como director de arte de revistas, siguieron las noches de alcohol y farra, las mañanas de café y trabajo. Siguieron las pesadillas con aviones, bombas y peces de colores. Hasta que su cuerpo dijo basta.

Tanaami

En 1981, cuando apenas sumaba 45 años, Tanaami fue ingresado en el hospital al borde de la muerte. «Me había cansado de mi propio estilo de vida, bebía hasta la mañana y luego pasaba el día trabajando en un estado de conciencia delirante», explica el artista. Una infección respiratoria lo mantuvo hospitalizado y medicado durante cuatro meses. Las alucinaciones se repetían cada noche y realidad y sueños se empezaron a fusionar.

La muerte no solo rondaba su cuerpo, también se paseaba, guadaña en ristre, por los rincones alucinados de su mente. «Los pensamientos sobre la muerte, a los que no había prestado mucha atención hasta ese momento, llegaron y se sentaron directamente en el centro de mi circuito de pensamiento», comenta Tanaami.

escultura popo art

Irónicamente la muerte le dio una razón para vivir. Tanaami sanó y esta experiencia hizo que se cuidara más y adoptara otros hábitos, menos lisérgicos, más mundanos y burgueses. Los locos años 60 quedaban lejos ya. Su creatividad ya no la parían sustancias ilegales sino una energía interna. «Encontré una conexión entre ser consciente de la muerte y a la vez estar vivo y esto se convirtió en la poderosa energía que apoyó mi creatividad», considera. Desde entonces la muerte se cuela en sus obras, agazapada entre peces, vaginas y siluetas de Mickey Mouse.

La representa quizá como una forma de exorcismo artístico, de terapia pictórica, pues en su día a día, asegura, no piensa demasiado en la muerte, en la edad ni en el paso del tiempo. «La verdad es que mi motivación para crear es mucho más fuerte ahora que cuando era más joven», explica.

Da la impresión de que hace con la muerte lo mismo que hizo con las guerras. Tanaami pinta sus problemas hasta hacerlos desaparecer. En el fondo siempre ha hecho así, lleva toda la vida volcando sus miedos y paranoias sobre una página en blanco, vomitado sus vicios y temores sobre el lienzo. Su obra se configura así como un enorme y colorista retrato de Dorian Grey.

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Los andaluces tienen tanta «sangre árabe» como los cántabros o catalanes

El legado genético de al-Ándalus fue muy escaso a pesar de la ocupación de la Península durante más de 800 años

Batalla de la Reconquista, miniatura de las Cantigas de Santa Maria

Judith de Jorge

Al-Ándalus nos ha dejado una gigantesca herencia cultural que pervive hasta nuestros días. Desde los miles de arabismos de la lengua española a la Alhambra de Granada, desde el gusto por las aceitunas o los escabeches al califato de Córdoba. Sin embargo, poco corre en la sangre de los andaluces actuales de los árabes y africanos que ocuparon la Península ibérica durante más de 800 años. Un estudio genético realizado por investigadores de la Universidad de Granada ha demostrado que el legado genético de esos pobladores entre los habitantes del sur de la Península es comparable al de otras zonas donde su presencia fue menor, como Cantabria o Cataluña. Incluso al que existe hoy en día en otros países del Mediterráneo como Portugal o Italia.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista «Scientific Reports», se fija en los marcadores genéticos del cromosoma Y en individuos varones de las provincias de Granada, Málaga y Almería. El objetivo era determinar el posible legado genético de las poblaciones que formaron el antiguo Reino de Granada. Sin embargo, y en contra de lo que tradicionalmente se cree, los resultados muestran que los andaluces actuales tienen un componente muy bajo de ADN del norte de África, similar al que tiene un barcelonés o un romano. La población vasca, más aislada, recibió una herencia árabe ligeramente más pequeña.

Una expulsión efectiva

¿Cuál es la razón? Parece difícil de creer si se compara con las grandes y vibrantes obras que en España ilustran el poderío de la cultura árabe. «La Reconquista fue muy efectiva. Las gentes del norte de África fueron expulsados, no se les integró, y se repobló la zona con habitantes del resto de la Península», explica la autora principal del trabajo, María Saiz Guinaldo, del Laboratorio de Identificación Genética de la UGR. «Genéticamente, es difícil identificar algún trazo del legado genético dejado por los antiguos pobladores», dicen.

Las similitudes entre la población de Granada, Málaga y Almería y la del resto de poblaciones españolas y algunas europeas hacen que las posibles diferencias existentes sean muy difíciles de identificar, a pesar de que el cromosoma Y es uno de los más pequeños del genoma humano, con un tamaño de unos 60Mb (millones de bases), y se hereda de forma directa de padres a hijos.

«Nuestros resultados revelan que ningún componente africano ha permanecido en la población del Sur de la Península Ibérica, a pesar de haber estado ocupada por éstos durante 800 años -señala Saiz-. La presencia de haplogrupos típicamente africanos en la población de Granada, Málaga y Almería no es significativa cuando se compara con las frecuencias de éstos en poblaciones europeas, tanto mediterráneas como del norte de Europa».

Otros estudios previos han indicado un gradiente mayor de este legado en el norte de España, por ejemplo en Galicia, «pero las diferencias son mínimas. No se puede decir que los gallegos sean más africanos que los andaluces, no es una diferencia significativa», explica la investigadora.

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¿Y si Walt Whitman fuera una estrella del rock?

En el 200 aniversario del gran bardo estadounidense, varios músicos y compositores analizan su figura

Walt Whitman, que se sentía orgulloso de su «rostro quemado por el sol y barbado»

Bruno Pardo Porto

Al final de su glorioso «Canto a mí mismo», ese poema torrencial que ha atravesado a varias generaciones sin perder el frescor de su agua, Walt Whitman escribía: «Si me perdieras en un lugar, búscame en otro / En algún lugar te espero». Quizá entonces ya intuía, con su muy pequeña modestia, que su figura traspasaría géneros, fronteras y tiempos hasta convertirse en una suerte de espíritu inmortal invocado, a cada poco, por nuevos y viejos lectores. Es innegable que su obra no ha muerto, pero supongamos que hoy, doscientos años después de su nacimiento, su cuerpo no se hubiera marchitado. ¿Dónde nos esperaría? Seguro que su sed de popularidad seguiría intacta y que se aprovecharía de todos los elementos que tuviera a su alcance para saciarla… ¿Preferiría los escenarios a los auditorios? ¿Sería una estrella del rock?

La cuestión, claro, es estrafalaria, pero es que él lo era. Cuidaba su imagen con mimo, presumía con orgullo de su «vestimenta varonil y libre», de su «rostro quemado por el sol y barbado», de sus «gestos fuertes y erguidos». Maneras de ídolo tenía. De hecho, cuando en 2016 Bob Dylan ganó el premio Nobel de Literatura, Manuel Vilas lo bautizó en estas páginas como « el hijo mayor de Walt Whitman». ¿Por qué? Porque, aunque en diferentes soportes, ambos habían versificado la utopía americana y ambos, también, habían resumido en palabras las vidas y derivas del común de los mortales. Uno como leyenda de la música, otro como poeta o, mejor aún, como literato cantor, un pájaro único en su especie.

«Bob Dylan hubiera escrito como Walt Whitman de haber nacido en el siglo XIX, y viceversa», sostiene Santi Balmes, líder de Love of Lesbian y escritor. Él ve una línea que une a esas dos cabezas geniales, pues en el siglo XX las almas poéticas tenían en la música popular un nuevo vehículo para expresarse. ¿Pero se hubiese subido a ese carro? «Como ser curioso que se intuye en su poemario, hubiera jugado con los elementos creativos de hoy en día, y por supuesto que hubiera aprovechado su atractivo. Es más, lo hubiera considerado divertido, incluso una obligación. Lo imagino como Father John Misty», apostilla.

Hay una anécdota que refuerza esta idea, y que recuerda Guillermo Galván, guitarrista y compositor de Vetusta Morla: «El primer registro sonoro grabado conocido fue su propia voz recitando “América” en un cilindro de cera. También fue el primero en apuntar a la unión tecnología y poesía y en atisbar la era de la reproducción mecánica con la que los músicos debemos convivir a diario». Pues eso, un pionero al que le harían los ojos chiribitas si viese todos los trastos que podría usar hoy.

Pero, más allá de lo material, hay una pulsión en su obra que todavía nos (tras)toca. Nacho Vegas la percibe cuando piensa en Whitman, al que descubrió, como Galván, como tantos otros, en la adolescencia. «Hay algo en él, una especie de pasión desmedida por la vida, que te entra y te enamora. Transmite eso de una manera tan profunda que uno se empodera. Sí, tiene esa especie de halo de estrella del rock en el mejor sentido de la expresión», afirma.

De él, por cierto, se le quedaron unos versos pegados en la piel, que han marcado su trayectoria: «¿Me contradigo? / Pues bien, me contradigo / (Soy inmenso, contengo multitudes)». «Me los apliqué como máxima. Cuando empiezas a hacer canciones estás aferrado al yo confesional, pero luego descubres que, en realidad, puedes hablar de muchos yoes, que puedes usar diferentes primeras personas que se contradigan. Todos contenemos multitudes», sentencia.

«¿Músico? ¿Qué, una estrella del reguetón? No, una estrella es otra cosa», opina, con gracia, Ricardo Lezón, voz y letra de McEnroe. «Dylan es el único que se le puede comparar. Su poesía la veo muy prosaica. Me pasa como con las canciones de Dylan. Siempre lo he leído como prosa, aunque si lo clasificaran como prosa diría que es prosa poética», añade entre risas. Más que como poeta, él entiende a este gigante como un profesor que le ha abierto muchas puertas en forma de libro. «Me da la impresión de que estaba intentando enseñar», dice. ¿El qué? «Palabras muy grandes que contaba de manera muy sencilla: paz, templanza, contemplación…».

De alguna manera, a todos les ha marcado la lectura del gran bardo americano, quizá porque supo tocar una fibra universal y hacerlo, además, saltándose las jerigonzas academicistas apuntando directamente a lo esencial. «Aquellas páginas hablaban mi idioma y tenían más vida que la mayoría de los poemas que me mandaron leer en el instituto. Whitman fue el primero de muchos», evoca Galván. «Es que tiene ese lenguaje que puedes trasladar al imaginario de las canciones. Para mí fue una influencia, un guía», remacha Vegas.

Ya ven, Walt Whitman no mentía. La poesía nunca miente. Al final siempre nos espera en alguna parte.

Una nueva biografía para «el dios más poderoso» de la poesía

«El dios más poderoso» (Ariel) es el título de la nueva biografía que celebra en España el 200 cumpleaños de Walt Whitman. La escribe Toni Montesinos, y analiza la vida y obra del poeta, dos facetas inseparables en su caso.

Ya desde las primeras páginas Montesinos nos deja claro que no solo fue un escritor genial, sino que además dedicó todos sus esfuerzos a convertir en un hecho su deseo de ser el gran autor de Estados Unidos. El libro se abre con una presentación que lleva por título «Un pionero del autobombo». Ahí descubrimos cómo Whitman se preocupó por publicitar sus versos de la mejor manera posible. ¿Cómo? Mimando sus ediciones desde la portada o propagando por la prensa del momento elogios anónimos hacia sí mismo. Siempre sin pudor, claro.

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Michel Foucault Obras Completas en PDF (70 Textos)

Michel Foucault fue una figura importante en dos oleadas sucesivas del pensamiento francés del siglo XX: la ola estructuralista de la década de 1960 y luego la ola postestructuralista. Al final prematuro de su vida, Foucault tenía algún derecho a ser el intelectual vivo más prominente de Francia.

Michel Foucault Obras Completas en PDF (70 Textos)

El trabajo de Foucault es de naturaleza transdisciplinaria y abarca las preocupaciones de las disciplinas de historia, sociología, psicología y filosofía. En la primera década del siglo XXI, Foucault es el autor más frecuentemente citado en las humanidades en general. En el campo de la filosofía esto no es así, a pesar de que la filosofía es la disciplina principal en la que se educó y con la que finalmente se identificó. Esta relativa negligencia se debe a que la concepción de la filosofía de Foucault, en la cual el estudio de la verdad es inseparable del estudio de la historia, está totalmente en desacuerdo con la concepción prevaleciente de lo que es la filosofía.

El trabajo de Foucault se puede caracterizar generalmente como una investigación histórica con orientación filosófica; Hacia el final de su vida, Foucault insistió en que todo su trabajo era parte de un solo proyecto de investigación histórica de la producción de la verdad. Lo que hizo Foucault a través de sus obras principales fue intentar producir un relato histórico de la formación de ideas, incluidas las ideas filosóficas. Tal intento no fue una simple visión progresiva de la historia, ya que se considera que conduce inexorablemente a nuestra comprensión actual, ni un historicismo minucioso que insiste en comprender las ideas solo según los estándares inmanentes de la época. Más bien, Foucault buscaba continuamente una forma de entender las ideas que dan forma a nuestro presente no solo en términos de la función histórica que desempeñaban estas ideas, sino también al rastrear los cambios en su función a lo largo de la historia.
A continuación le dejamos , 70 de sus Obras en formato PDF:

FOUCAULT, Michel. La Arqueología del Saber
FOUCAULT, Michel. Conferencias de Berkeley (1983)
FOUCAULT, Michel. Defender la sociedad. Curso en el College de France (1975-1976)
FOUCAULT, Michel. De lenguaje y literatura
FOUCAULT, Michel. Discurso y verdad en la antigua Grecia
FOUCAULT, Michel. Du gouvernement des vivants. Au College de France (1979-1980)
FOUCAULT, Michel. El coraje de la verdad: El gobierno de sí y de los otros II. Curso en el College de France (1983-1984)
FOUCAULT, Michel. El gobierno de sí y de los otros. Curso en el College de France (1982-1983)
FOUCAULT, Michel. El lenguaje del espacio
FOUCAULT, Michel. El nacimiento de la clínica: Una arqueología de la mirada médica
FOUCAULT, Michel. El ojo del poder
FOUCAULT, Michel. El orden del discurso
FOUCAULT, Michel. El pensamiento del afuera
FOUCAULT, Michel. El poder psiquiátrico. Curso en el College de France (1973-1974)
FOUCAULT, Michel. El poder, una bestia magnífica: Sobre el poder, la prisión y la vida
FOUCAULT, Miche. El sexo como moral (Entrevista de Hubert Dreyfus / Paul Rabinow)
FOUCAULT, Michel. El sujeto y el poder
FOUCAULT, Michel. El yo minimalista y otras conversaciones
FOUCAULT, Michel. Enfermedad mental y personalidad

FOUCAULT, Michel. Ensayos sobre biopolítica: Excesos de vida. (Comp. G. Giorgi y F. Rodríguez)
FOUCAULT, Michel. Entre filosofía y literatura
FOUCAULT, Michel. Estética, ética y hermenéutica
FOUCAULT, Michel. Esto no es una pipa
FOUCAULT, Michel. Estrategias de poder
FOUCAULT, Michel. Genealogía del racismo
FOUCAULT, Michel. Hermenéutica del sujeto
FOUCAULT, Michel. Historia de la locura en la época clásica I
FOUCAULT, Michel. Historia de la locura en la época clásica II
FOUCAULT, Michel. Historia de la locura en la época clásica III
FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber
FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad II: El uso de los placeres
FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad III: La inquietud de sí
FOUCAULT, Michel. La fuerza del loco

FOUCAULT, Michel. La función política del intelectual. Respuesta a una cuestión (1968)
FOUCAULT, Michel. La grande étrangère. A propos de littérature.
FOUCAULT, Michel & CHOMSKY, Noam. La naturaleza humana:  Justicia versus poder 
FOUCAULT, Michel. La pintura de Manet
FOUCAULT, Michel. Las palabras y las cosas: Una arqueología de las ciencias humanas 
FOUCAULT, Michel. La sociedad punitiva. Curso en el College de France (1972-1973)
FOUCAULT, Michel. La tortura es la razón (Entrevista)
FOUCAULT, Michel. La verdad y las formas jurídicas
FOUCAULT, Michel. La vida de los hombres infames: Ensayos sobre desviación y dominación
FOUCAULT, Michel. Lecciones sobre la voluntad de saber. Curso en el College de France (1970-1971) seguido de El Saber de Edipo
FOUCAULT, Michel. Los Anormales. Curso en el College de France (1974-1975)
FOUCAULT, Michel. Los intelectuales y el poder (Una conversación con Gilles Deleuze)
FOUCAULT, Michel. Microfísica del poder
FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Curso en el College de France (1978-1979)
FOUCAULT, Michel. Nietzsche, Freud, Marx (1967)
FOUCAULT, Michel. Nietzsche, la genealogía, la historia
FOUCAULT, Michel. Obrar mal, decir la verdad: La función de la confesión en la justicia

FOUCAULT, Michel. ¿Qué es laIlustración?
FOUCAULT, Michel. ¿Qué es un autor?
FOUCAULT, Michel. Raymond Roussel
FOUCAULT, Michel. Seguridad, territorio, población. Curso en el College de France (1977-1978)
FOUCAULT, Michel. Sexo, poder y la politica de la identidad: Entrevista (1982)
FOUCAULT, Michel. Siete sentencias sobre el séptimo ángel. Con un ensayo de Ángel Gabilondo
FOUCAULT, Michel. Subjectivité et vérité. Cours au College de France (1980-1981)
FOUCAULT, Michel. Tecnologías del yo y otros textos afines. Introducción de Miguel Morey
FOUCAULT, Michel. Theatrum Philosophicum
FOUCAULT, Michel. Théories et instituions penals
FOUCAULT, Michel. Tipologías (Dos conferencias radiofónicas)
FOUCAULT, Michel. Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones
FOUCAULT, Michel. Una lectura de Kant
FOUCAULT, Michel. Un peligro que seduce
FOUCAULT, Michel. Yo, Pierre Riviere, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y a mi hermano…
FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión
FOUCAULT, Michel. Dits et écrits (1954 -1988) I (1954-1969)
FOUCAULT, Michel. Dits et écrits (1954 – 1988) II (1970-1975)
FOUCAULT, Michel. Dits et écrits (1954-1988) III (1976-1979)
FOUCAULT, Michel. Dits et écrits (1954-1988) IV (1984-1988)

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Extracciones: Ramitas. Poesía reunida (1992-2018) [Carlos Battilana]

Extracciones: Ramitas. Poesía reunida (1992-2018) [Carlos Battilana]

Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas.
Italo Calvino, El barón rampante

Ramitas es la poesía reunida de Carlos Battilana editada en 2018 por el sello argentino Caleta Olivia. Esta recopilación reúne los poemas de los libros Unos días (1992), El fin del verano (1999), La demora (2003), El lado ciego (2005), Materia (2010), Narración (2013), Velocidad crucero (2014), Un western del frío (2015) y Una mañana boreal (2018).

«Seco pero tierno Carlos Battilana va como un monje cuya diosa es la melancolía. Desde su primer libro, veinticinco años atrás, hasta los más recientes, estas ramitas se secan y hacen una hoguera de luz y de vacío donde algo tiembla, algo señorea el sentido tímido y altanero a la vez.
Altanero no de un yo que se exalta y ufana, sino que desaparece detrás de “ese mínimo indicio / de los objetos, de las formas, / de esa materia / que se resiste”. No me gusta interpretar el sentido de un poema, porque es una llama que se apaga ante el exceso de racionalización. Pero con Battilana se me hace difícil interpretar algo, entonces la magia vive porque su poema rechaza toda interpretación, y así se vuelve inquietante y atractivo, aun cuando no esté en sus planes. “Dios procede del verbo”, dice en “Letras”, “también lo más real de mí”. “Por mí”, agrega, y así termina el poema», dice Diana Bellessi en las últimas páginas del libro.

Leer una obra reunida, transitarla —incluso cronológicamente— siempre es una experiencia muy singular, un viaje al interior de la escritura del autor; desde el principio de su voz pública/publicada/palpable hasta la actualidad. Generalmente, se suelen notar mutaciones entre los primeros y los últimos libros, pero en el caso de Battilana es admirable ver que la calidad, la esencia y el tono de los textos se sostiene en el transcurso del tiempo. Si hiciéramos el ejercicio de mezclar sus libros (quitando las fechas), sería muy difícil que pudiéramos acertar cuál ha sido el primero y cuál el último. Hay un don en la cadencia de su escritura: construye un propio recurso dentro de la lengua, un espacio que de tan íntimo se nos vuelve cercano, una poética que logra mantenerse alta como las ramas de un árbol, pero también fuerte y sólida como su raíz.

El autor se mece, se balancea entre la prosa y el verso, entre su imaginario medular y las narraciones tan sensibles como profundas. Se detiene en los gestos ínfimos, en lo que parece casi imperceptible. Es una escritura de la contemplación y del reposo: la espera y el reposo necesarios para contemplar y escribir las palabras precisas. «Como un río que se llena de hojas, sabe que todo movimiento lo conduce a la perdición. Espera con tinta en las manos; escribe. Cubre de lisa perfección todo aquello que lo intimida». El mar: casi un lugar de pertenencia, el paisaje. Sus poemas nos abren a un cotidiano lleno de certezas y de posibilidades.

«Como es arriba, es abajo», así se van espejeando los movimientos entre los textos. En ambas direcciones las palabras se expanden, se desprenden, armando nuevas constelaciones; otras lecturas, otros caminos por donde circular y franquear la poesía.

Entonces, me gusta pensar en Ramitas como un gran árbol que se bifurca y va poblando el tiempo con sus ramas/poemas, desfragmentándolo armoniosamente, construyendo una arboleda que va transformando al lector en ese barón rampante que elige ya no pisar el suelo e ir viviendo en las copas de los árboles, de rama en rama, de libro en libro, siguiendo aquella hilera de sentidos que nos devela la poesía y arma base en ella.

Ana Claudia Díaz

El mar

La calma del mar
posee la fijeza de alguna certidumbre.

Mis dedos deshacen el calor
la línea del horizonte es tan solo una seña.

Me parece que ayer
recién llegué
y sin embargo
hace mucho contemplo la distancia.

Los instantes de mi mano
dificultan
un equilibrio cierto.

Calma es esta hora en que el reposo llega.

*

No tengo manos para hablar…

No tengo manos para hablar:
los dedos de la garganta
sólo nombran
-como potros domados-
palabras
que he aprendido
en la gran ciudad:
yo sé
que no me pertenecen
que se vuelven
hoja o plástico
o
tal vez
un brebaje
que se derrama
o que se comercia
apenas
con los labios.

DE UNOS DÍAS

Objetos

En esta playa mis pies reposan. El agua recubre con espuma el hueco de los dedos. Como una caligrafía sin voz, recojo este poco de arena, y razono, con cierta calma, sobre los objetos. Entre este punto y el otro, entre esta cosa y el polvo que la recubre, ¿qué transparencia resiste?

DE LA DEMORA

Búfalos

Pesados como las piedras de este lugar en Invierno. El mar del Sur parece el último puerto del Atlántico. Un Domingo a la mañana, por junio, alguien oficia misa, y mecemos las olas, juntos, en derredor, como un conjunto de búfalos atribulados por el viento y los cazadores de hace 1000 años. La línea de la playa fagocita todos nuestros días, los pasados y los que están por venir, y en ese presente pleno comulgan los oriundos del lugar, como lo hacen los árboles, o las plantas, o nuestra pequeña voluntad.

DE NARRACIÓN

*
El orden
nos ha herido
hasta
petrificarnos

pregunto
entonces
por la fuerza
que el cuerpo
puede
dar; si tomo un manojo
de pasto
¿las cosas
cambiarán?

Aislado
del cielo
espero de él
muchas más cosas
que las que di. ¿Será
eso posible
entre
tanta petrificación?

Reduzco
el movimiento
del cuerpo
a velocidad
crucero
encierro
mis deseos
en una habitación
y descubro
al cabo de los años
que no pude
comunicar
una especie de daño
biológico
que el tiempo
alojó
en la memoria

el daño
acaso

lo que no pude
de ningún modo
fue escribir
con distinción
el efecto espeso
de los otros

el movimiento de amor.

DE VELOCIDAD CRUCERO

La luz mala

Paz del campo
que esconde
la paz de los cementerios

el polvo
cubre de tierra
todos
los sobreentendidos.

Adentro,
en las casas
agrietadas
por el paisaje,
el silencio
de las mujeres
es real
guarda
antiguas violencias
estancadas
en las habitaciones
del enemigo.

Se ahonda
una sombra

un inmenso pozo
vertical
que casi nadie conoce
ni conocerá
nunca.

¿Qué hay en los yuyos de ese campo,
en sus lagunas secretas,
en el agua serena
reflejada por el sol?

la luz mala

La luz mala
de las noches y los días
es esa quietud
que allí ves.

*

Hojas marrones

Confiado en el rumor del verano,
los días postergados
las ilusiones que tenían la forma de un árbol
y de un lago y de una casa
llegaron. Ya están entre nosotros. Sólo
que el bosque
alrededor
no está, ni tampoco
la serenidad de la casa del lago azul
.

A la deriva
en nuestro amanecer
prosiguen las voces de la radio
como oraciones liberales
que depositan su mala sustancia
en los oyentes
…y la esperanza
entonces
es la quimera de llegar al domingo
en paz:

sé que no es bueno vivir en la desdicha
y que la ilusión
-aunque sea un mínimo cospel-
es el combustible
de cualquier impulso. La respiración, entoonces,
puede ser esta
plenitud:
el árbol raquítico
las hojas que caen del sauce
en este otoño
y que recogemos con las manos

la caricia
inesperada
que por algún motivo
aguarda
amor… Llueve hoy en la ciudad,
recojo las hojas marrones
de la estación,
las que se ocultan en la alcantarilla
y miro alrededor, como aquel poeta caminante
de hace un siglo,
un poco perplejo

y sin tirar por la borda
todo aquello que viví
como aconsejan los Libros de autoayuda,
sin transitar todas las fases del dolor
que impregnaron
la sangre
como una droga
dura,
respiro el aire transparente
escucho el zumbar de las moscas
sostengo la estructura de este minuto, pronuncio
como una fiesta breve
esta plegaria
que la vorágine
disolverá,
felizmente,
en alguna noche

en algún sitio
que no deja lugar a la memoria.

DE UNA MAÑANA BOREAL
Portada Ramitas
Carlos Battilana, Ramitas. Poesía reunida (1992-2018). Caleta Olivia, 2018.


Foto Carlos Battilana

CARLOS BATTILANA (Paso de los Libres, 1964). Es autor de los siguientes libros de poesía Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora(Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005), Materia (Vox, 2010), Presente continuo(Viajera, 2010), Narración (Vox, 2013), Velocidad crucero y otros libros (Conejos, 2014), Un western del frío (Viajero Insomne, 2015) y Una mañana boreal (Club Hem, 2018). Publicó las plaquettes Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Publicó el libro de ensayos El empleo del tiempo. Poesía y contingencia (El Ojo del Mármol, 2017). Realizó la compilación y el prólogo de las crónicas de César Vallejo reunidas en Una experiencia del mundo (Excursiones, 2016). Se desempeña como docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires.

https://jampster.cl

Güey: ¿De dónde viene una de las palabras más mexicanas?

Comenzó siendo una palabra despectiva y se transformó en un concepto mucho más amplio con un sentido positivo o neutro

Ilustración, Adriana Kong
Ilustración, Adriana Kong

ALMUDENA BARRAGÁN 

México en una expresión: “No mames”

En una pregunta: “¿Qué onda?”

En una sorpresa: ¡Órale!

Ahora añádale la palabra “güey” al final y contemple algunas de las expresiones más mexicanas que existen. Esa invención corta y deformada es una de las palabras más identitarias del español de México. Ese español que como mencionaba Martín Caparrós, recientemente en El País Semanal, “es la forma más distinta del castellano”.

“Güey” viene de buey, del toro manso y castrado. Del animal de carga que con paso lento araba el campo y torpemente vivía su mansedumbre en el lado opuesto del toro bravo. De tanto llamar “buey” a alguien para criticarlo por su torpeza y su falta de inteligencia, la palabra empezó a sufrir modificaciones que también viven otras voces como ‘abuelo’ o ‘bueno’ y que acaban convertidas en “agüelo” y “güeno”. Lo que académicamente se llama: “velarización del sonido bilabial oclusivo sonoro en la letra ‘b’ a la que se le da el sonido de la ‘g'”, explica Georgina Barraza, lingüista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. “Ese fenómeno es frecuente cuando tienes una ‘b’ seguida del diptongo ‘ue’, y suele estar adscrito a un nivel sociocultural con una escolaridad baja”, puntualiza.

“Por otro lado, hay un fenómeno no solo exclusivo de México, sino en el español en general donde se suele asociar comportamientos de los animales a la lengua. Se hace una analogía entre la lentitud del buey y una persona tonta, porque es lenta en su discurrir”, agrega Barraza.

Aunque “güey” comenzó siendo una palabra despectiva y de bajo nivel cultural, durante el siglo XX, se transformó en un concepto mucho más amplio hasta alcanzar un sentido neutro o positivo. La primera vez que el vocativo “güey” apareció escrita en las páginas de una novela fue en 1958. Carlos Fuentes utilizó este coloquialismo en La región más transparente, para plasmar el léxico de diferentes estratos sociales de la Ciudad de México, dice Georgina Barraza.

José Revueltas también la utilizó en su obra El Apando, que cuenta la historia de los presos mientras estuvo preso en la cárcel de Lecumberri en 1969. “En el origen “güey” con ‘g’ se emplea en contextos muy populares porque los personajes que lo usan son de bajo nivel social: albañiles, presos…”, dice Barraza.

Según el diccionario de Americanismos, “güey” se utiliza en México, El Salvador y Nicaragua. Sin embargo, la académica de la UNAM reconoce que es muy difícil localizar el origen de este tipo de palabras que se originan en el habla popular y mucho más complejo es datarlo. Georgina Barraza considera que para que una palabra así fuera contenida en obras literarias, al menos debía de contar con “tres generaciones de uso para que fuera lo suficientemente extendida y lexicalizada”, situando el origen a principios del siglo XX, finales del siglo XIX.

Con el paso del tiempo, la evolución del idioma le dio a “güey” otros significados e interpretaciones hasta el punto de que las siguientes generaciones la utilizan no solo como adjetivo negativo, sino como nombre común para referirse a un amigo, a una persona de manera genérica o para hablar de la pareja sentimental: “Este es mi güey”. Este fenómeno se llama “resemantización”. Escucha el estribillo de esta canción de Molotov:

“A ‘güey’ le pasa como a la palabra ‘cabrón’. Con el paso de los años estas palabras negativas pueden cambiar su polo, saltar al polo opuesto y tener nuevos significados”, explica la académica de la UNAM. Todo tiene que ver con el poder de esa palabra en el uso, el cambio generacional y el lenguaje que es dinámico. “Cada generación va tomando identidad a partir de crear su propio léxico. Así le pasó a la palabra ‘chingada’. Como en la frase: Vivo hasta casa de la chingada (Vivo muy lejos), los hablantes más jóvenes la sustituyeron por ‘verga’, porque tiene más fuerza. Sin embargo, para las generaciones anteriores es una palabra muy ofensiva”, detalla Georgina Barraza, quien también forma parte de la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua.

 “Hay mucha familiaridad en este tipo de palabras. El comportamiento fonológico primero se generó en un contexto popular y ahora se ha extendido en todos los contextos sociales”, lo que Georgina Barraza llama “democratización de la lengua”.

Güey o Wey

Hasta hace algunos años, Barraza reconoce que los lingüistas no habían reparado en que la evolución del lenguaje no solo tenía que ver con las redes sociales, sino también con el soporte en el que se escribía. “Los mensajes SMS y los 140 caracteres de Twitter en un principio obligaban a ser muy escuetos por eso se empiezan a usar más las abreviaturas”, dice. “Escribir en el teléfono es mucho más incómodo y eso conduce a abreviar. La grafía ‘w’ se utiliza porque fonéticamente está cerca del sonido ‘güe’ y es más fácil de escribir, más en soportes digitales”, analiza.

Aunque güey es una palabra identitaria del español de México, no se puede predecir qué pasará con ella. “Cada construcción tiene su propia historia y viene determinada por las condiciones y características de los hablantes. Una palabra con muchos significados es un arma de doble filo porque se vuelve ambigua y puede ser sustituida. A la vez es muy útil porque sirve para hablar de muchas cosas”, dice Barraza.

La experta en lengua considera que la clave está en que el hablante considere a una palabra parte de su identidad, eso le da una valoración positiva y habrá una tendencia a mantenerla en el tiempo. ¿Se utilizará “güey” dentro de 100 años o quedará solo para los libros de historia?

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¿Por qué la ficción triunfa sobre la verdad?

Por YUVAL NOAH HARARI 

¿Por qué la ficción triunfa sobre la verdad?
CreditSophy Hollington

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Muchas personas creen que la verdad transmite poder. Creen que los líderes, religiones o ideologías que malinterpretan la realidad acaban perdiendo ante rivales con una visión más clara. Por ende, creen que apegarse a la verdad es la mejor estrategia para hacerse de poder. Por desgracia, esto solo es un mito que reconforta. De hecho, la verdad y el poder guardan una relación mucho más complicada porque en la sociedad humana el poder significa dos cosas muy distintas.

Por un lado, tener poder significa tener la capacidad de manipular realidades objetivas: para cazar animales, construir puentes, curar enfermedades, construir bombas atómicas. Este tipo de poder está estrechamente vinculado con la verdad. Si crees en una teoría física falsa, no podrás construir una bomba atómica.

Por el otro lado, el poder también significa tener la capacidad de manipular las creencias humanas, con lo que lograrás que muchas personas cooperen de manera efectiva. Construir bombas atómicas no solo requiere una compresión detallada de la física, sino además el trabajo coordinado de millones de personas. El planeta Tierra fue conquistado por los Homo sapiens y no por chimpancés o elefantes porque somos los únicos mamíferos capaces que cooperar entre sí en grandes cantidades. Además, la cooperación a gran escala depende de creer en las mismas historias, pero estos relatos no necesitan ser ciertos. Es posible unir a millones de personas haciéndoles creer en historias completamente ficticias sobre Dios, la raza o la economía.

La naturaleza dual del poder y la verdad se traduce en el curioso hecho de que los humanos sabemos muchas más verdades que ningún otro animal, pero también creemos en muchas más insensateces. Somos, al mismo tiempo, los habitantes más listos y los más crédulos del planeta. Los conejos no saben que E=MC², que el universo tiene 13.800 millones de años y que el ADN está compuesto de citosina, guanina, adenina y timina. Sin embargo, los conejos no creen en las fantasías mitológicas ni en los disparates ideológicos que han fascinado a incontables seres humanos durante miles de años. Ningún conejo habría estado dispuesto a estrellar un avión contra el World Trade Center de Nueva York con la esperanza de ser recompensado con 72 conejas vírgenes en otra vida.

Los humanos sabemos muchas más verdades que ningún otro animal, pero también creemos en muchas más insensateces. Somos, al mismo tiempo, los habitantes más listos y los más crédulos del planeta.

Cuando se trata de unir a las personas en torno a una misma historia, la ficción en realidad goza de tres ventajas inherentes sobre la verdad. La primera es que, en tanto que la verdad es universal, las ficciones tienden a ser locales. En consecuencia, si queremos distinguir a nuestra tribu de los forasteros, una historia ficticia nos servirá mucho más como un marcador de identidad que una historia verdadera. Supongamos que enseñamos a los miembros de nuestra tribu a creer que “el sol sale por el oriente y se oculta por el poniente”. Este sería un mito tribal bastante débil, puesto que, si me encuentro a alguien en la selva y esa persona me dice que el sol sale por el oriente, eso podría indicar que esa persona es un miembro leal de nuestra tribu, pero también podría indicar que es una extranjera inteligente que llegó a la misma conclusión sin la guía de nuestra tribu. Por lo tanto, es mejor enseñar a los miembros de la tribu que “el sol es el ojo de una rana gigante que todos los días atraviesa el cielo de un salto”, dado que muy probablemente pocos extranjeros llegarán a esa idea en específico por sí mismos, sin importar lo inteligentes que sean.

La segunda gran ventaja de la ficción sobre la verdad tiene que ver con el principio de la desventaja, que establece que las señales confiables deben ser costosas para el emisor. De lo contrario, pueden ser imitadas fácilmente por los falsificadores. Por ejemplo, los pavorreales macho muestran sus aptitudes a las hembras haciendo gala de una enorme y colorida cola. Esta es una señal confiable de capacidad, porque la cola es pesada, voluminosa y atrae a los depredadores. Solo un pavorreal realmente capaz puede sobrevivir a pesar de esa desventaja. Algo similar sucede con las historias.

Si la lealtad política se mide a través de la creencia en una historia verídica, cualquiera puede fingir tal lealtad. Pero creer historias ridículas y extravagantes exige un costo mayor y, por ende, es una mejor señal de lealtad. Si le crees a tu líder solo cuando ella o él dice la verdad, ¿qué prueba eso? En cambio, si le crees a tu líder incluso cuando construye castillos en el aire, ¡eso sí es lealtad! Los líderes astutos algunas veces dicen de manera deliberada insensateces a fin de identificar a los devotos confiables de los seguidores condicionales.

La tercera ventaja, y la más importante, es que la verdad suele ser dolorosa y perturbadora. De ahí que quien se apega a la realidad pura tiene pocos seguidores. Un candidato presidencial estadounidense que le dice al pueblo de ese país la verdad y nada más que la verdad sobre la historia de Estados Unidos tiene asegurada la derrota al cien por ciento en las elecciones. Lo mismo sucede con los candidatos de todos los demás países. ¿Cuántos israelíes, italianos o indios pueden soportar la verdad inmaculada sobre sus naciones? Un apego absoluto a la verdad es una práctica espiritual admirable, pero no es una estrategia política ganadora.

Algunos pueden argumentar que los costos a largo plazo de creer en historias ficticias pesan más que las ventajas a corto plazo de la cohesión social; que una vez que la gente adquiere el hábito de creer en ficciones absurdas y falsedades convenientes, ese hábito se extiende a cada vez más áreas y, en consecuencia, la gente acaba por tomar malas decisiones económicas, adopta estrategias militares contraproducentes y no logra desarrollar tecnologías efectivas. Aunque esto ocurre ocasionalmente, está lejos de ser una regla universal. Incluso los fanáticos más fervientes y extremos suelen ser capaces de compartimentar su irracionalidad de tal modo que creen disparates en algunos campos, mientras que siguen siendo sumamente racionales en otros.

Pensemos, por ejemplo, en los nazis. La teoría racial del nazismo se basaba en pseudociencia falsa. Aunque trataron de reforzarla con evidencia científica, los nazis tuvieron que silenciar sus facultades racionales a fin de desarrollar una creencia lo suficientemente fuerte para justificar el asesinato de millones de personas. No obstante, a la hora de diseñar las cámaras de gas y preparar los horarios de los trenes hacia Auschwitz, la racionalidad nazi salía intacta de su escondite.

Lo que es cierto acerca de los nazis también es aplicable a muchos otros grupos fanáticos a lo largo de la historia. Resulta aleccionador darse cuenta de que la Revolución Científica comenzó en la cultura más fanática del mundo. En los días de Colón, Copérnico y Newton, Europa tenía una de las concentraciones más altas de extremistas religiosos y el nivel de tolerancia más bajo en su historia.

Se cree que el mismo Newton pasó más tiempo buscando mensajes secretos en la Biblia que descifrando las leyes de la física. Las luminarias de la Revolución Científica vivieron en una sociedad que expulsó a judíos y musulmanes, quemaba herejes al por mayor, veía a las mujeres mayores que amaran a los gatos como brujas e iniciaba una nueva guerra religiosa cada luna llena.

Si hubiésemos viajado a El Cairo o a Estambul hace unos cuatrocientos años, habríamos encontrado una metrópolis multicultural y tolerante donde los sunitas, los chiitas, los cristianos ortodoxos, los católicos, los armenios, los coptos, los judíos e incluso uno que otro hindú vivían unos junto a otros en relativa armonía. Si bien tenían sus desacuerdos y trifulcas —y aunque el Imperio Otomano discriminaba de manera habitual a las personas por motivos religiosos—, era un paraíso liberal comparado con Europa occidental. Si entonces hubiésemos zarpado con destino al París o al Londres de la época, habríamos encontrado ciudades inundadas de intolerancia religiosa, en las que solo los que pertenecían a la secta dominante podían vivir. En Londres, mataban católicos; en París, mataban protestantes; hacía tiempo que se había desterrado a los judíos, y nadie en su sano juicio habría soñado con dejar entrar musulmanes. Sin embargo, la Revolución Científica comenzó en Londres y París, en lugar de en El Cairo o Estambul.

La capacidad de compartimentar la racionalidad tal vez tiene mucho que ver con la estructura de nuestro cerebro. Distintas partes del cerebro son responsables de distintos modos de pensamiento. Los seres humanos podemos desactivar y reactivar de manera inconsciente las partes del cerebro que son fundamentales para el pensamiento escéptico. De esta forma, Adolf Eichmann quizá mantenía desactivado su lóbulo prefrontal mientras escuchaba a Hitler pronunciar un discurso apasionado, para luego echarlo a andar de nuevo y organizar cuidadosamente el horario de los trenes hacia Auschwitz.

Incluso si hay que pagar algún precio por desactivar nuestras facultades racionales, las ventajas de la mayor cohesión social suelen ser tan grandes que las historias ficticias suelen triunfar una y otra vez sobre la verdad en la historia de la humanidad. Los académicos lo han sabido desde hace miles de años, razón por la cual a menudo han tenido que escoger entre servir a la verdad o a la armonía social. ¿Debían proponerse unir a las personas asegurándose de que todos creyeran en la misma ficción o debían dejar que la gente supiera la verdad, aunque el precio a pagar fuera la desunión? Sócrates eligió la verdad y fue ejecutado. Las instituciones académicas más poderosas de la historia —ya fueran de sacerdotes cristianos, mandarines confucianos o ideólogos comunistas— antepusieron la unidad a la verdad. Por eso fueron tan poderosas.

Yuval Noah Harari es un historiador israelí y autor de “Sapiens: De animales a dioses”.

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Cuál fue el primer mensaje en Morse y otras curiosidades acerca de este código en su 175 aniversario

¿Fue el Titanic el primero en enviar un SOS?, ¿cuáles han sido los textos más famosos?…

Cuál fue el primer mensaje en Morse y otras curiosidades acerca de este código en su 175 aniversario

Samuel F.B Morse inventaba el telégrafo eléctrico en 1932. Sin embargo, le costó seis años más desarrollar un código estandarizado para comunicarse a través de él. En 1843 el congreso estadounidense le otorgó 30.000 dólares para que pudiera establecer la línea entre Washington D.C. y la cercana localidad de Baltimore.

Cuando estuvo lista, el inventor organizó una demostración pública de esta revolucionaria comunicación a larga distancia. El primer mensaje se enviaba el 24 de mayo de 1844, hace nada menos que 175 años.

Se trataba de un avance esencial en la historia de la Humanidad, la primera vez que pensamientos complejos podían ser comunicados a larga distancia casi inmediatamente.

Pero, ¿qué mensaje eligió Morse para lanzar en ese momento tan crucial para el ser humano? El inventor escogió una cita bíblica, «¿Qué ha forjado Dios?» (Números, capítulo 23, verso 23. «No hay magia en Jacob ni adivinación en Israel: a su debido tiempo se le dirá a Jacob y a Israel lo que ha forjado Dios»).

En este vídeo se puede escuchar el sonido que realizaba el telégrafo mientras transmitía el mensaje de Samuel F.B Morse

SOS y el Titanic

Ha trascendido que el, antes de hundirse en 1912, el Titanic fue el primer barco en enviar «SOS» como señal de socorro. Sin embargo, la señal fue aprobada seis años antes, durante una conferencia internacional en Berlín en 1906.

Se eligió esta representación debido a que podía ser radiada fácilmente usando el código morse, con una sucesión de tres pulsos cortos, tres largos y otros tres cortos. Su sencillez también elimina la posibilidad de que se pierda o se malinterprete.

«SOS» sustituyó así «CQD» («copy quality distress», código de llamada a todas las estaciones de radio que operan en la misma banda -«CQ»-, a la que se le añade la «D» de «distress», problemas en inglés) que hasta entonces utilizada en las transmisiones telegráficas.

Cómo se elaboró el código

Para elaborar el código, Morse tuvo en cuenta la frecuencia con que cada letra se usa en inglés. Las más utilizadas tienen símbolos más cortos. De este modo, la más usada es la «E» y se representa con un solo punto, mientras que la «Z», la menos frecuente, se expresaba con «Punto punto punto punto -pausa- punto» (en 1865, la Unión Internacional de Telecomunicaciones cambió el código para tener en cuenta las diferentes frecuencias de caracteres en otros idiomas y esta letra pasó a ser “raya raya raya punto punto punto)

Este sistema se reveló particularmente útil en las comunicaciones, ya que las palabras simples con letras comunes se pueden transmitir muy rápidamente.

La palabra más famosa

En 1966, después de casi una década como prisionero de guerra de Vietnam, el piloto de la Armada Jeremiah Denton fue obligado por sus captores a participar en una entrevista en video. Como se señala en el Smithsonian, mientras la cámara se enfocaba en su cara, parpadeó los símbolos del código Morse para «tortura», confirmando por primera vez los temores de Estados Unidos.

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Amado inmóvil

Ni el camarero uruguayo, ni los mexicanos escritores, supieron que estaban realizando el mejor homenaje para el gran Amado Nervo, muerto hoy hace 100 años

JORGE F. HERNÁNDEZ

Amado inmóvil
J.F.H.

Hace unas horas, de sobremesa, en una legendaria casa de comidas de Madrid, un entrañable camarero uruguayo se acercó a saludar (como cada viernes) a dos escritores mexicanos. Por una fraternidad innegable, cada vez que se acerca (como cada viernes) se elogia la magia del País Púrpura (como bautizó el explorador Hudson a ese paraíso oriental que llamamos Uruguay) y se evoca su música callada, sus heroicos futbolistas y sus escritores fantasmas. Hace apenas unas horas, uno de los mexicanos evocó con nostalgia la figura de Felisberto Hernández que escribía pequeñas joyas en prosa con las mismas yemas de sus dedos de pianista de cine mudo, despeinando cuentos con una locura sentimental inigualable y el otro mexicano, poeta de cepa, tuvo a bien mencionar la muerte de Amado Nervo en Montevideo, recién nombrado embajador de México, caído por uremia en brazos del canciller uruguayo que hacía pocos días le había recibido sus Cartas Credenciales.

Consta que Nervo había conquistado París haciéndose amigo del gran Rubén Darío, Oscar Wilde y tanta prosa y poesía que apuntaló él mismo en su magnífica pluma de inmenso poeta y cuentista. Consta que Nervo trabajó en la Embajada de México en España, habitó breve santuario en la calle de Bailén número 15 (frente al Palacio de Oriente de Madrid) y que allí mismo vivió un amor intenso e intonso, secreto y novelable con la francesa Ana Cecilia Daillez, que murió en silencio una noche que dejó de ser anónima en el instante en que su Amado inmóvil decidió velar su cadáver esa noche y toda la madrugada siguiente escribiéndole al oído el insustituible poema titulado La amada inmóvil. Que conste también que hay un personaje de novela que recorre las calles de Madrid en busca del aura luminosa del amor de su vida y que, en la novela, es auxiliado por Alfonso Reyes en su loca aventura cervantina, quien lo lleva precisamente a conocer a Nervo en la calle de Bailén… y el Amado inmóvil contagia su luto de amores encendidos y pebeteros refulgentes como hace todo poeta digno de homenaje eterno.

Ni el camarero uruguayo, ni los mexicanos escritores, supieron hace unas horas que estaban realizando sin querer el mejor homenaje posible para el gran Amado Nervo, muerto hoy hace exactamente 100 años. Conozco y quiero de veras a descendientes bellas del gran Amado Nervo y con estas líneas quiero abrazarlas y contagiar a quienes aún no descubren el tesoro de su poesía con solo mencionar que al morir en Montevideo, su amigo el escultor José Luis Zorrilla de San Martín, reaccionó al instante y realizó la mascarilla mortuoria de un escritor mexicano que acababa su fugaz servicio de embajador en Uruguay para recibir un electrizante y muy conmovedor homenaje: su cuerpo fue llevado por una fragata de la marina argentina ARA Uruguay, escoltada por barcos argentinos, cubanos, venezolanos, brasileños y todas las velas de esto que llamamos comunidad iberoamericana, poetizando las olas a su paso de espumas, poetizando las redes de los pescadores honestos y poetizando con lágrimas la llegada del poeta Nervo, Amado inmóvil que volvía a México para dormir ya para siempre en la Rotonda de los Ilustres.

Décadas después, mi amigo Jorge Valdés Díaz-Vélez –a la sazón consejero cultural de México en Argentina y hoy comensal de una vieja casa de comidas madrileñas—recibió de manos del canciller de Asuntos Exteriores de Uruguay la mascarilla de Amado Nervo realizada por el gran escultor Zorrilla, el mismo que dio nombre al colegio donde realizó sus primeros estudios el ahora camarero entrañable de la misma casa de comidas en Madrid, tan cerca de donde paseaba Nervo de tarde en tarde. El camarero de la Tierra Purpúrea se acercó a la mesa de unos escritores, sin saber que todo, absolutamente todo sirve para que el azar juntara por un instante al diplomático mexicano que recibió la máscara en yeso de un poeta ya inmortal y su cumpliera un homenaje en el centenario de un escritor incólume, poesía vigente, prosa ejemplar… diplomacia de todas las leyendas, que en fondo, son como Amado inmóvil de quien los lea.

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Recuperan la cerveza que los faraones bebieron hace 5.000 años

Investigadores han usado levaduras preservadas durante milenios en vasijas de cerámica para recrear cervezas e hidromieles antiguos

Envase utilizado para elaborar cerveza hallado en los yacimientos de Tel Tzafit y Gath, empleado por los filisteos hace milenios

Envase utilizado para elaborar cerveza hallado en los yacimientos de Tel Tzafit y Gath, empleado por los filisteos hace milenios – Yaniv Berman/Autoridad de Antigüedades de Israel

Hay evidencias de que la cerveza ha estado con el ser humano desde hace al menos 13.000 años, cuando la cultura natufiana, un grupo de cazadores-recolectores que vivió en el levante mediterráneo, elaboraban el brebaje para venerar a los muertos en celebraciones rituales. Según algunos investigadores, es posible incluso que la cerveza impulsase la agricultura. Sea como sea, está claro que más tarde el destino de la cerveza corrió en paralelo al de los primeros asentamientos y civilizaciones humanas. En Mesopotamia se bebía una cerveza, a la que llamaban «kas» en el 4.000 a.C.. Antes incluso, en el 5.000 a.C., se sabe que los egipcios fabricaban el líquido dorado a partir de una mezcla de cebada y agua hervida.

Allí, en el antiguo Egipto, la cerveza era parte de la dieta diaria, se relacionaba con la adoración a los dioses y se consideraba que tenía propiedades curativas. Pero, ¿a qué sabía? ¿Podríamos beber hoy en día la misma cerveza que los faraones? Podría ser. Un grupo de investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha sido capaz decrear cerveza a partir de levaduras recuperadas en la superficie de vasijas que fueron enterradas por los antiguos egipcios hace 5.000 años. El logro y toda la metodología empleada, que podría ser útil en otras investigaciones, se acaban de publicar en la revista mBio.

«Lo más maravilloso es que las colonias de levaduras sobrevivieron dentro de esos envases durante milenios», ha dicho en un comunicado Ronen Hazan, uno de los líderes de la investigación, junto a Michael Kutstein. «Gracias a estas levaduras antiguas hemos creado una cerveza que nos ha permitido averiguar cómo sabía la cerveza filistea y egipcia. Y no está mal», ha apuntado el investigador.

Los investigadores brindan con la cerveza elaborada con levaduras antiguas
Los investigadores brindan con la cerveza elaborada con levaduras antiguas – Yaniv Berman/Autoridad de Antigüedades de Israel

Los expertos han sido capaces de extraer las levaduras y de cultivarlas para elaborar la bebida. Aparte de lo curioso que puede resultar, Ronen Hazan ha dicho que este trabajo es importante en el campo de la arqueología experimental: «Nuestra investigación ofrece nuevas herramientas para estudiar los métodos antiguos».

Alcohol antiguo

Los hongos han permanecido durante milenios en el interior de nanoporos de recipientes que en su día se emplearon para elaborar cerveza e hidromiel. En concreto, los envases se enterraron en la época del faraón Narmer, que reinó en el 3.000 a.C., al rey arameo Hazael (del 800 a.C.) y al profeta Nehemías (del 400 a.C.).

Recuperarlos y aprovecharlos ha sido laborioso. En primer lugar, los investigadores tuvieron que buscar métodos para extraer las levaduras de los nanoporos. Para ello, contaron con la colaboración de vinateros de la bodega Kadma, que elabora vino en envases de arcilla.

Además, recrearon la antigua cerveza egipcia con ayuda del experto en cerveza Itai Gutman, hasta asegurarse de crear una bebida apta para el consumo humano.

Por último, los investigadores secuenciaron el genoma de las levaduras y descubrieron que son similares a las que se usan de forma tradicional en recetas de bebidas africanas, como el tej, y variedades más modernas de levaduras.

«Estamos hablando de un logro importante», ha dicho Yuval Gadot, coautor del estudio e investigador en la Universidad de Tel Aviv. «Esta es la primera vez en que hemos podido producir alcohol antiguo a partir de levadura antigua. En otras palabras, lo hemos hecho a partir de las sustancias originales. Nunca antes se había hecho algo así».

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