Se logra filmar en vídeo en el Pacífico una de las medusas más extrañas que conocemos

Se logra filmar en vídeo en el Pacífico una de las medusas más extrañas que conocemos

SERGIO PARRA

Fue descubierta hace 50 años y solo ha habido una decena de encuentros. Ahora podemos verla en toda su esplendor en el siguiente vídeo.

Es, sin duda, una de las medusas más raras que se han identificado: Deepstaria puede cerrar la apertura de su campana expansiva en forma de bolsa, atrapando a cualquier presa que haya flotado dentro.

Nautilus Live

Se mantienen sin respuesta muchas preguntas relacionadas con su biología, distribución, dieta, tolerancias ambientales y comportamiento.

Filmada en el Océano Pacífico por un robot de Nautilus Live, el encuentro se produjo a 790 metros de profundidad cerca de las islas Baker & Howland.

Podemos observar cómo un isópodo rojo brillante que residía en la campana del escifozoo. Es probable que este pequeño crustáceo consuma trozos de la medusa mientras permanece oculto para los depredadores.

La descripción formal de la especie se produjo hace 45 años, casi seis años después de su descubrimiento, utilizando un fragmento de un ejemplar capturado de forma accidental. Desde entonces solo se han conseguido muestras muy limitadas, en su mayor parte procedentes de redes de pesca, y dos filmaciones de ejemplares en su medio natural.

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TODO LO QUE HABITA EN UNA GOTA DE AGUA

Este volumen de 1851 es un atisbo microscópico a todo aquello que puede existir en una pequeña gota de agua.

Como un grano de arena, la gota de agua encarna lo inconmensurable en lo diminuto. Su pequeñez no implica, sin embargo, que la gota no pueda ser habitada por universos enteros. Publicado en Londres en 1851, Drops of Water: Their Marvellous and Beautiful Inhabitants Displayed by the Microscope, de Agnes Catlow, es un tributo a estos  paradójicos microcosmos.

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El siglo XIX, especialmente su segunda mitad, encontró en Inglaterra una obsesión por todo aquello que el microscopio era capaz de revelar, a pesar de que estos instrumentos no estuvieron al alcance de los no especialistas sino hasta la era victoriana. El libro de Catlow nació en este contexto y celebra a los animálculos (pertenecientes, en su mayoría, al género Glenomorum) que habitan los charcos y pequeños cuerpos de agua estancada, una guía para cualquier amateur que quisiera adentrarse en estos diminutos ecosistemas. En el prefacio, la autora se refiere a su volumen como una puerta semejante a la que, en el libro de Lewis Carroll, cruza la pequeña Alicia para visitar el País de las Maravillas.

Como los granos de polen vistos de cerca, estos retratos de lo invisible —hechos por el litógrafo A. Achilles— nos invitan a atestiguar un mundo que tiene vida y movimiento, y seres de fascinantes geometrías y extraños colores que son capaces de recordarnos algo que es fácil olvidar: todos esos mundos que existen y que no podemos ver.

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via Aleph

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Así se mueve el cuerpo de un cadáver 17 meses después de haber muerto

Así se mueve el cuerpo de un cadáver 17 meses después de haber muerto

SERGIO PARRA

Una vez muertos, las personas no se convierten en cadáveres estáticos. No se trata de que sus uñas o su pelo sigan creciendo (esto es un mito propagado porque, al secarse, la carne se retrae y deja más a la vista las uñas y el cabello, dando la impresión de que ha crecido), sino que se trata de todo el cuerpo se desplaza de forma significativa.

El proceso de descomposición podría ser responsable de los movimientos: a medida que el cuerpo momifica, los ligamentos se secan y hacen que las partes se muevan, tal y como sugiere un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores australianos.

Cámara timelapse

Los cadáveres humanos se mueven significativamente a medida que se descomponen, según un investigador australiano que observó un cadáver durante un período de 17 meses, Alyson Wilson. Esto puede traducirse en que, por ejemplo, unos brazos pegados al cuerpo puedan acabar lejos de él.

Incluso sin la actividad de los insectos, el cuerpo se ablanda y se suelta y cambiará con la gravedad y las presiones locales. La acción microbiana también puede favorecer algún movimiento. Todo esto ya se sabía, pero empieza a estudiarse por primera vez de forma sistemática.

Este hallazgo se ha realizado después de que Wilson filmara el cuerpo de un donante utilizando una cámara timelapse en una “granja de cuerpos humanos” conocida como la Instalación Australiana para la Investigación Experimental Tafonómica (AFTER, por sus siglas en inglés), que se encuentra en un lugar secreto a las afueras de Sydney, Australia. Wilson filmó el cadáver durante intervalos de 30 minutos durante el período de estudio de 17 meses.

AFTER es la única instalación de este tipo en el hemisferio sur. Se dedica al estudio de restos humanos con el objetivo de arrojar nueva luz sobre el proceso de descomposición humana. Hasta la llegada de AFTER, la mayor parte de la ciencia sobre cómo los cuerpos se descomponen se basó en experimentos en el hemisferio norte, donde el clima es diferente, y también los insectos y otras criaturas que intervienen en el proceso de descomposición.

Los hallazgos podrían ayudar a la policía a estimar el momento de la muerte de un cuerpo con mayor precisión, según Wilson. También podría ayudar a mejorar las autopsias.

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Unos investigadores que han estudiado el ADN de las criaturas del lago han sugerido que estos animales podrían ser el origen del mito

Histórico montaje del monstruo del Lago Ness

Los primeros testimonios sobre la existencia del monstruo del Lago Ness (Nessie) se remontan al siglo VI y se atribuyen a Columba de Iona, introductor del cristianismo en Escocia. Desde entonces, se han producido cerca de 4.000 supuestos avistamientos: se ha dicho de él que podría ser una especie de malvado «caballo acuático», un superviviente del Jurásico o cosas mucho más cotidianas, como un madero a la deriva, un gran pez, algún ave acuática o, sencillamente, una ola.

Lo cierto es que ningún científico ha encontrado todavía pruebas de la existencia de Nessie, pero las profundas y negras aguas del lago, teñidas por la turba del suelo, y la montaña de libras que ha llevado el turismo, han mantenido vivo el misterio del monstruo. Así las cosas, un estudio que acaba de ser realizado por científicos de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) ha extraído el ADN de las criaturas vivientes del lago. Después de obtener datos muy interesantes sobre la fauna del lugar, han propuesto que Nessie bien podría ser una o varias anguilas gigantescas.

«El Lago Ness está repleto de anguilas», ha explicado en The Times Neil Gemmell, director de la investigación. «Hemos encontrado ADN de anguila en casi todas las localizaciones que hemos analizado. Y hay montones de ellas. No podemos descartar la posibilidad de que haya anguilas gigantes en el Lago Ness».

Lo que las fotografías, en ocasiones trucadas, han permitido vislumbrar, no ha pasado el examen de la secuenciación genética: una técnica que permiten radiografiar varios puntos del lago para entender qué seres vivos habitan en él.

«Lo siento, pero la hipótesis del plesiosaurio –un reptil Jurásico que habría sobrevivido en el fondo del lago– no se sostiene en base a los datos que hemos obtenido», ha dicho Gemmel. «Tampoco hay ADN de tiburones, ni de bagres –un orden de peces entre los que hay especies que alcanzan un gran porte–, ni hemos podido encontrar ninguna evidencia de esturiones –un primitivo género de peces que puede superar los tres metros de longitud–».

¿Anguilas de cuatro metros de largo?

Por tanto, las anguilas serían, según Gemmel, una explicación más plausible para la fantasmagórica presencia. Y no solo porque el lago esté atestado de ellas, sino también porque en 2007 un vídeo filmó una forma alargada, de cerca de cuatro metros, cuya forma recordaba a la de un torpedo. ¿Podría ser una anguila?

«Los buceadores han dicho que han visto anguilas tan gordas como sus piernas», ha narrado Gemmel. «No sé si están exagerando o no, pero existe la posibilidad de que haya algunas muy grandes». Quizás tanto como para alcanzar los cuatro metros: «una anguila así estaría fuera del rango normal, pero no parece imposible», ha señalado el investigador.

Garry Campbell, quien registra todos los avistamientos del supuesto monstruo, ha recordado en The Times lo que le dijo un pescador una vez: «El Lago Ness está repleto de anguilas y hace 20 años un pescador vino y me dijo: “Mira, tengo que decírtelo. Tenemos un barco de 16 pies (un poco menos de cinco metros) y cuando estábamos pescando en el Lago Ness una anguila pasó cerca y era más larga que el barco». ¿Será esta entonces la respuesta al longevo misterio del monstruo?

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Así fueron las primeras horas de la extinción de los dinosaurios

El análisis de las rocas del cráter de Chicxulub confirma las teorías sobre el impacto de un gran meteorito hace 65 millones de años

Así fueron las primeras horas de la extinción de los dinosaurios

Judith de Jorge

La península de Yucatán (México) esconde en su extremo noroeste, enterrado bajo cientos de metros de sedimentos, el costurón dejado por uno de los acontecimientos más sobrecogedores y trascendentales en la historia de la Tierra. Es el gigantesco cráter de Chicxulub, de 200 kilómetros de ancho, donde hace unos 65 millones de años impactó un meteorito de 10 km con una fuerza equivalente a la de diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima. El violentísimo choque incendió los bosques, desencadenó un tsunami brutal y expulsó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz del Sol, lo que finalmente condujo a la desaparición del 75% de la vida existente, incluidos los dinosaurios.

Ese ha sido el escenario planteado tradicionalmente por los científicos para explicar una de las cinco grandes extinciones masivas registradas en la Tierra. Y esa es la hipótesis que respalda un nuevo estudio en el que ha participado el Centro de Astrobiología, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), tras analizar las rocas extraídas de la zona central del cráter mexicano. El material de la «zona cero», recuperado por el Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico (IODP) en 2016 desde una plataforma de perforación en alta mar, ha permitido a los investigadores describir con un detalle sin precedentes cómo fueron las primeras 24 horas después del impacto. Los resultados aparecen publicados en el último número de la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)».

Recogida de muestras del cráter de Chucxulub
Recogida de muestras del cráter de Chucxulub – International Ocean Discovery Program

El impacto provocó un tsunami que llegó hasta el interior de Norteamérica, a 2.000 km de distancia

Primero achicharrados, luego congelados

«Con este estudio sabemos mejor lo que sucedió durante e inmediatamente después del impacto. Podemos ver cuánta roca se derritió y vaporizó, cómo la presencia del agua de mar afectó los cráteres y podemos hacer cálculos sobre la cantidad de azufre que fue expulsado de las rocas», apunta a ABC Jens Ormö, investigador del Centro de Astrobiología y coautor del estudio. Los autores estiman que la explosión del asteroide carbonizó toda la vegetación situada a miles de kilómetros a la redonda del impacto y desencadenó un tsunami imposible de imaginar, que llegó hasta el interior de Norteamérica, a más de 2.000 kilómetros de distancia. Dentro del cráter, encontraron carbón vegetal y también un biomarcador químico de la presencia de hongos del suelo dentro o justo encima de capas de arena, signo de haber sido depositado por un reflujo de aguas. Estos hallazgos sugieren que el paisaje carbonizado fue arrastrado hacia el cráter por el retroceso de las aguas del tsunami.

La mayor parte del material que rellenó el cráter en las horas posteriores al impacto se originó en el mismo lugar o fue arrastrado por el agua del océano que fluyó de nuevo hasta allí desde el Golfo de México circundante. En un solo día se depositaron alrededor de 130 metros de material, una tasa vertiginosa de acumulación que demuestra que al impacto le sucedió un infierno de corta duración a nivel local, seguido de un largo período de enfriamiento global. No en vano Chicxulub significa en la lengua maya «pozo del diablo». «Se achicharraron y luego se congelaron», afirma en referencia a los dinosaurios Sean Gulick, profesor en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio. «Aunque no todos, muchos dinosaurios murieron ese día», concluye.

Örmo indica que los sedimentos revelan «enormes energías de transporte que son mucho más grandes que cualquier otra inundación catastrófica conocida en el planeta. El agua densa y llena de escombros se movía con velocidades que equivalían a la del viento de los huracanes».«El verdadero asesino tiene que ser atmosférico», dicen los investigadores

Ausencia de azufre

El equipo encontró rocas fundidas y fragmentadas como areniscas, calizas y granitos, pero nada de azufre en el núcleo. Esto resultaba desconcertante, ya que el área que rodea el cráter está llena de rocas ricas en azufre. ¿Adónde fue a parar? El hallazgo apoya la teoría de que el impacto del asteroide vaporizó los minerales ricos en azufre presentes en el lugar del impacto y lo liberó a la atmósfera, que se volvió opaca a la luz solar. Esto causó profundos cambios en el clima de la Tierra, que sufrió un enfriamiento global. Los investigadores estiman que al menos 325.000 millones de toneladas métricas habrían sido lanzadas a la atmósfera por el impacto. Esa cantidad es alrededor de diez mil veces superior a todo el azufre que fue expulsado a la atmósfera durante la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia) en 1883, que provocó un descenso promedio de 2,2 grados en la temperatura global durante cinco años.

Fue precisamente este cambio climático global el que causó la extinción masiva, no solo de los dinosaurios, sino también de la mayoría de las criaturas que habitaban el planeta en ese momento. «El verdadero asesino tiene que ser atmosférico», señala Gulick. «El impacto fue el golpe mortal durante un tiempo en que la biota estaba bajo un fuerte estrés por las grandes erupciones volcánicas en lo que hoy es la India. Posiblemente, cada proceso en sí mismo tal vez no hubiera causado una extinción de estas proporciones, pero el impacto llegó en el momento crítico», añade Ormö.

Una porción de los núcleos perforados de las rocas que llenaron el cráter de impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios
Una porción de los núcleos perforados de las rocas que llenaron el cráter de impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios – International Ocean Discovery Program

Los sedimentos depositados en esos primeros instantes «nos permiten saber cómo fue el primer día del Cenozoico, el primer día de una nueva era dominada por los mamíferos y eventualmente por nuestra propia especie», continúa el investigador. Y reflexiona: «Una especie que ahora, por otras causas como la contaminación masiva de los océanos y de la atmósfera, ha iniciado la sexta y última de las extinciones masivas. Tal vez todavía estamos a tiempo de aprender algo del pasado».

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Los romanos no eran blancos

Los romanos no eran blancos
Estatua de Augusto de Prima Porta, mármol con restos de policromía, datada en el 20 d. C. Fotografía: Till Niermann

El imperio romano duró varios siglos y es uno de los grandes hitos de la historia de nuestra humanidad. La impronta del imperio está presente en todos los países mediterráneos. Los vestigios arquitectónicos todavía se conservan en condiciones excepcionales en algunos casos, como es el acueducto de Segovia y los museos de arte clásico europeos están llenos de legados culturales de aquella época. Es sin duda por todas estas razones que la presencia del imperio romano en novelas y películas ha sido frecuente. De hecho las películas de romanos fueron incluso un genero popular en su día, y ahora hay varios videojuegos ambientados en esa época. 

Y en todas las representaciones audiovisuales que consumimos, los romanos son blancos. Sin embargo, los romanos tenían una gran variedad de colores en sus pieles, desde la oscura piel etíope hasta las pieles más claras de origen asiático o nórdico, que configuraban el carácter mediterráneo y cosmopolita que tenía el Imperio. Siendo esto así ¿porqué entonces los romanos aparecen tan blancos en nuestro imaginario?

Según la doctora Sarah Bond, profesora de la universidad de Iowa, la forma en la que se presenta y se representa el arte romano desde el neoclásico hasta la actualidad es marcadamente eurocentrista y racista. Concretamente, uno de los mayores errores de la exhibición y análisis del arte clásico consiste en pensar que las esculturas romanas de mármol eran blancas, y que el mármol blanco se usaba como un símbolo de limpieza y pureza. En realidad, los romanos usaban el mármol blanco para luego decorarlo con intensas policromías. Las estatuas eran una explosión de color y las pieles de las mismas tenían enormes matices. Con el tiempo las pinturas de las estatuas más expuestas se borraron y solo se conservan unas pocas policromías todavía. Cuando, en siglos posteriores, se recuperaron los conocimientos y estilos del arte romano, se aplicaron los prismas racistas de esas épocas. Para los romanos, que clasificaban a las personas según su origen cultural, el “prejuicio del color” no existía, como explica Bond citando a W.E.B Du Bois. 

En el año 2017 la doctora Bond publicó un detallado artículo sobre este tema en Forbes bajo el título “Blanqueo de las estatuas antiguas”. Inmediatamente fue objeto de un ataque visceral a través de las redes sociales. Han pasado 2 años y ella sigue abordando el tema de forma regular y lidiando con trolls y detractores, ninguno de ello doctores o expertos de su nivel. Después de tantos siglos dominados por una narrativa racista resulta difícil aceptar que muchos de los romanos eran afrodescendientes, de pieles muy oscuras. La realidad es que el Imperio romano fue tan grandioso porque era el resultado de una enorme mezcla de etnias y pueblos. Fue ese movimiento incesante de personas que iban y venían, que traían y se llevaban conocimiento y riqueza de un sitio a otro lo que estuvo a la base de la grandeza y durabilidad del imperio. 

Nos queda preguntarnos porque hemos cambiado tanto la historia y porque esa versión tan errónea subsiste. El esfuerzo histórico que se ha hecho por homogeneizar a las sociedades ha surtido efecto y el miedo que existe a lo “diferente” en gran parte de nuestro mundo es un reflejo de ello. Los soportes de gran consumo como televisión y videojuegos tiene un gran rol que jugar en desmontar este entramado complejo y promocionar una visión de la historia y de las sociedades más abierta, más  diversa y más inclusiva. Tenemos que recuperar la Historia en toda su amplitud para poder construir de un modo inteligente y certero un futuro mejor. Esto es una tarea que se puede hacer desde casa, empezando por explicar a todo el mundo que los romanos no eran blancos. 

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¿Cómo movían los griegos las piedras antes de que inventaran la grúa?

Un estudio sugiere que usaban cuerdas y palancas para elevar piedras macizas de hasta 400 kg

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Gonzalo López Sánchez

Antes de la mitad del siglo VII a.C., los griegos no tenían grúas ni ingenios que permitiesen alzar grandes sillares. Por eso, en vez de usar piedras macizas, colocaban una «doble piel» de placas que rellenaban con piedras y escombros para levantar los muros de sus templos. Finalmente, su tecnología evolucionó. Los templos de las antiguas ciudades de Isthmia (dedicado a Poseidón) y Corinto (dedicado a Apolo), construidos en el siglo VII a.C., fueron los primeros en contar con sillares macizos. Esta tecnología se usó de ahí en adelante, permitiendo la construcción de maravillas como el Partenón, y después fue adoptada por los romanos, quienes lograron mejorar sus grúas para levantar monstruosos sillares de hasta 600 toneladas, como los empleados en el templo a Júpiter, en Baalbek.

Ahora, un estudio que se ha publicado en Annual of the British School at Athens, y elaborado por el investigador de la Universidad de Notre Dame (EEUU), Alessandro Pierattini, ha reexaminado los sillares de los antiguos templos de Isthmia y Corinto y ha propuesto que, antes de que se inventase la grúa, a finales del siglo VI a.C., los griegos ya habían desarrollado una tecnología precursora, que les permitía levantar y colocar sillares de casi 400 kg. La clave está en el estudio de unos surcos y unas incisiones situadas en los laterales y en la parte superior de los bloques, respectivamente.

«Mi artículo reexamina los bloques de los templos de Corinto e Isthmia, construidos a mediados del siglo VII a.C.», ha explicado Pierattini a ABC. Tal como ha dicho, se ha considerado que los surcos de los sillares, en las ruinas de estos templos, se usaron para mover las pesadas piedras en las canteras. Pero su análisis le ha llevado a concluir que «los surcos sirvieron para elevar los bloques».

Surco en un sillar situado en el templo de Poseidón en Isthmia
Surco en un sillar situado en el templo de Poseidón en Isthmia – Alessandro Pierattini

Se considera que antes de la aparición de la grúa, con cabestrante y poleas, los griegos desplazaban grandes bloques de piedra con rampas de tierra o adobe, por medio de una técnica similar a la empleada siglos antes por egipcios y asirios. Pero el artículo de Alessandro Pierattini sugiere que una técnica precursora permitía mover bloques pesados unos 150 años antes, para emplearlos en templos. Requería usar cuerdas, un armazón, varias palancas y sillares recorridos por surcos.

Una de las claves del estudio de Pierattini es que el uso de técnicas de elevación de cargas está documentado en la navegación, desde la Edad del Bronce hasta el periodo Arcaico, por lo que es de suponer que los constructores aprovechasen esta tecnología. De hecho, se sabe que desde el siglo X a.C. los corintios, maestros de la navegación, usaban principios similares para tender sarcófagos monolíticos de hasta 2,5 toneladas.

El investigador se ha centrado en mostrar que la técnica propuesta es materialmente plausible. En primer lugar acudió a estudios según los cuales las cuerdas de lino o de otras fibras vegetales, que previsiblemente ya se usaban en navegación por entonces, siglos antes de la llegada del esparto, habrían sido suficientemente fuertes para levantar bloques de hasta 500 kg. Además, empleó réplicas de cuerdas y bloques para mostrar que funcionaban y no dejaban marcas en las rocas, ya que estas no están presentes en los sillares de los templos de Isthmia y Corinto.

De esta forma, Pierattini ha demostrado que los surcos podrían haber servido para elevar las rocas y después permitir que los bloques fueran colocados junto a los otros muy estrechamente.

¿El primer uso de la palanca?

Además, su análisis, centrado en unas incisiones hechas en la parte superior de las piedras, sugiere que los sillares fueron colocados por medio de palancas metálicas, «lo que representa la primera prueba documentada del uso de palancas en la arquitectura griega», tal como ha dicho.

Esta técnica, fue para este investigador «un paso crucial en el desarrollo de la arquitectura de piedra monumental griega». Sea como sea, parece ser que tiempo después los pragmáticos romanos adoptaron la tecnología griega de las grúas, equipadas con poleas y cabestrantes, y la modificaron para elevar cargas cada vez más pesadas. Finalmente, estas grúas se usaron hasta comienzos del siglo XX.

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El secreto que guarda el corazón del dragón de Komodo

Por primera vez un estudio publica el genoma de la especie, que revela pistas de por qué el lagarto más grande del mundo tiene tantos rasgos mamíferos

El dragón de Komodo es una de las especies más extrañas de la Tierra

Los dragones de Komodo son los lagartos más grandes del mundo: puede pesar 100 kilos y detectar a sus presas a decenas de kilómetros. Y, aunque sean de sangre fría, son capaces de aumentar su metabolismo a niveles cercanos a los de los mamíferos, lo que les da una gran velocidad y resistencia inusual en el caso de los lagartos. Todos estos ingredientes han hecho de esta especie un enigma para la ciencia, que hasta hoy no había desentrañado su ADN.

Ahora, un nuevo estudio de investigadores de los Institutos Gladstone, en estrecha colaboración con científicos de UC San Francisco (UCSF) y el Zoo Atlanta, proporciona la primera secuencia de alta resolución del dragón de Komodo, así como una idea de cómo pudo llegar a evolucionar este peculiar ser.

«Comenzamos el proyecto hace 9 años», explica el investigador principal de Gladstone, Benoit Bruneau, autor principal del estudio. «En ese momento, otros grupos habían secuenciado el genoma de la tortuga, el de la serpiente y el ave; el del cocodrilo estaba en proceso, pero la rama que faltaba era la de los varánidos, la familia a la que pertenecen los dragones de Komodo».

Un estudio completo y comparativo

Por ello, el equipo estudió el ADN de dos dragones de Komodo de Zoo Atlanta, llamados Slasher y Rinca, cuyas muestras de sangre se obtuvieron como parte de sus controles anuales programados. El estudio, publicado en la revista «Nature Ecology & Evolution», proporciona la secuencia del genoma del dragón de Komodo. Una vez que los científicos tuvieron la secuencia, usaron herramientas digitales para compararla con la de otros reptiles y ver qué hace que el genoma del dragón de Komodo sea único.

«Nuestro análisis mostró que en los dragones de Komodo muchos de los genes involucrados en la forma en que las células producen y usan la energía han cambiado rápidamente de manera que aumenta la capacidad aeróbica del lagarto», explica Abigail Lind, investigadora postdoctoral en el laboratorio de Pollard y primera autora de el estudio. «Estos cambios probablemente sean clave para la capacidad de Komodo para lograr un metabolismo cercano a los mamíferos».

De hecho, los lagartos generalmente no son conocidos por su alta capacidad aeróbica. En otras palabras, se agotan rápidamente después de realizar fuertes esfuerzos físicos. «Sin embargo, sabemos que los dragones de Komodo son capaces de mantener una actividad aeróbica, como nadar, correr o caminar distancias muy largas», explican los investigadores. «Nuestro estudio muestra que el secreto está en estas adaptaciones mitocondriales para aumentar su gasto cardíaco».

Oler a cientos de kilómetros

Además, los investigadores descubrieron que los dragones de Komodo, junto con algunos otros lagartos, tienen un número inesperadamente grande de genes que codifican sensores químicos conocidos comoreceptores vomeronasales. Estos receptores forman parte de un sistema sensorial sofisticado que permite a los animales detectar hormonas y feromonas y saber, por ejemplo, si hay algún pariente cercano, una posible pareja, un depredador o una presa.

En el genoma de Komodo, el equipo encontró más de 150 copias de una clase de genes receptores vomeronasales. El equipo también encontró que muchos de estos genes son únicos para cada especie de lagarto individual, lo que aumenta la posibilidad de que los receptores vomeronasales del dragón de Komodo puedan funcionar de maneras específicas. «Será interesante determinar si esto explica la capacidad de los dragones de Komodo para detectar presas en distancias tan grandes».

A continuación, Bruneau y su equipo esperan usar sus hallazgos para investigar cómo los genes que controlan la formación del corazón de vertebrados han cambiado a lo largo de la evolución, ya que la mayoría de los reptiles tienen solo un corazón de tres cámaras, mientras que los mamíferos tienen cuatro cámaras.

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«Clipnosis», la técnica definitiva para desactivar a un gato

Aplicar una pinza detrás de su cuello les sume en un estado de inmovilidad y relajación

«Clipnosis», la técnica definitiva para desactivar a un gato

La hipnosis, considerada como un comportamiento de inmovilidad, aparece en todo tipo de animales, desde insectos, reptiles, aves a mamíferos. Cuando se encuentran en esa situación, se quedan quietos y desconectados de los estímulos externos, por diferentes causas. Por ejemplo, resulta que los ratones, ratas, conejos, cobayas y gatos se quedan «hipnotizados» cuando la madre les coge del cuello con sus mandíbulas.

Investigadores del la facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.), dirigidos por Tony Buffington, descubrieron que es posible aprovecharse de este fenómeno para inducir que los gatos se queden parcialmente inmóviles, con vistas a realizar tratamientos veterinarios. Basta con usar unas pinzas para presionar con cuidado la piel del cuello de los animales.

En un estudio que se publicó en Journal of Feline Medicine and Surgery, los investigadores concluyeron que la pinza basta para lograr la «clipnosis», o inhibición del comportamiento inducida por pellizco, lo que relaja a la mayoría de los gatos incluso en situaciones potencialmente estresantes.

En su estudio, 30 de 31 gatos quedaron «hipnotizados» después de que los veterinarios les aplicaran una pinza metálica de papelería. En ese momento, la cola de los gatos se curva bajo su cuerpo, que también se contrae, y el animal se queda pasivo.

Las pruebas confirmaron que las pinzas no dañaban la piel ni el flujo sanguíneo, puesto que ejercen una presión moderada y se usan durante solo unos minutos. Los análisis de presión sanguínea, tasa cardiaca o temperatura corporal mostraron que su respuesta no respondía al miedo ni al dolor.

Según sugirieron los autores, parece ser que la pinza evoca la sensación que tienen los cachorros de gatos cuando son transportados por sus madres. De hecho, observaron que los felinos más jovenes son más sensibles.

Al usar los clips, «los gatos generalmente parecieron estar más contenidos y menos asustados, incluso a veces ronronearon, durante los procedimientos veterinarios», escribieron los autores del estudio.

Además, observaron que la respuesta se incrementaba si se repetía el tratamiento, en el transcurso de tres meses, lo que sugiere, según los autores, que esta técnica se puede usar para tranquilizar a los gatos cuando hay que cortarles las uñas o en exámenes físicos, extracciones de sangre y vacunaciones. De hecho, en la actualidad se comercializan pinzas para veterinarios basadas en este principio.

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Cuanto más expuesto estás a una cosa más tiendes a olvidar sus detalles

Cuanto más expuesto estás a una cosa más tiendes a olvidar sus detalles

SERGIO PARRA

Atención, pregunta: en el logotipo de Apple, la manzana mordida, ¿hay una hoja o un rabito? ¿Hacia qué lado señala? ¿Hacia qué lado está el mordisco? A pesar de que todos tenemos en mente este logotipo, que estamos expuestos a él masivamente, es uno de los logotipos más familiares del mundo, difícilmente acertaremos a tales preguntas.

Eso es lo que concluyó un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de California en Los Ángeles. Y es lo que sucede con cualquier otra cosa a la que estamos muy expuestos: olvidamos sus detalles y matices.

Reconocimiento del conjunto

En el estudio mencionado, solo uno de los 85 participantes supo dibujar el logotipo de Apple a la primera, incluso a pesar de que todos los participantes trabajaban en una multinacional. Menos del 50 por ciento, además, fue capaz de identificar el logotipo entre una selección de otros ligeramente modificados.

Por esa razón, es fácil que las empresas que plagian logotipos o incluso nombres de marcas tengan éxito. ¿Gucchi se escribe con “ch”? Tal y como lo explica Henning Beck en su libro Errar es útil, no solo filtramos logotipos sino cualquier cosa a la que estamos muy expuestos:

Los participantes de algunos estudios no pueden recordar la ubicación de los extintores, la distribución del teclado del ordenador o las características exactas de las señales de tráfico. (…) El cerebro no es una máquina de recordar concebida para almancenar detalles, sino para olvidar precisamente esas menudencias, es decir, para sacrificar lo pequeño por el bien mayor: reconocer el conjunto.

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