Posibilidades de los espacios vacíos

Posibilidades de los espacios vacíos
CHRISTIAN TORRES AP

DADME UN punto de apoyo y moveré el mundo”, solía decir Arquímedes, que no inventó la palanca, aunque la elevó a los altares. Este instrumento ha servido para erigir pirámides y catedrales, pero también para que los niños jugaran a subir y bajar, pues el columpio de la foto no es más que eso: una balanza con el punto de apoyo colocado en el centro. En cada uno de los extremos se sienta un crío y gracias al peso de ambos y al impulso que se dan con los pies, alternan entre el cielo y la tierra. Hay en ese movimiento puramente mecánico una cuestión modestamente metafórica en el sentido de que nos hace intuir que en la vida tan pronto se está arriba como se está abajo. Tendríamos que definir ahora qué se entiende por una cosa y qué por otra, pero nos da un poco de pereza, de modo que lo confiamos a la sabiduría del lector.

La palanca no se había utilizado para la ironía hasta que dos profesores norteamericanos de arquitectura y diseño visitaron el muro colocado entre México y EE UU y, en vez de fijarse en las limitaciones de los barrotes, repararon en las posibilidades de los huecos que estos dejaban entre sí. Parece fácil, pero se requiere cierta aptitud meditativa, así como un carácter un poco oriental en el caso de que sea cierto que los budistas, cuando miran las ramas de un árbol, aprecian, más que sus hojas, los espacios libres que quedan entre ellas. Los arquitectos ya citados calcularon, pues, la potencia de los vanos e inventaron esta obra suprema del género irónico. He aquí un modo elegante de sacarle la lengua a Trump y a los de su calaña.

Juan José Millás

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Todo en ti fue naufragio


Juan José Millás

Todo en ti fue naufragio
A. PINEDA-JÁCOME (EFE)

SI UN MARCIANO enviado a nuestro planeta tuviera que volver a su nave con una representación gráfica de nuestra cultura, podría elegir esta. Parece diseñada para serigrafiarla en las camisetas de verano. Ya conocen la historia: el padre llevó a la niña a nado hasta la orilla de la prosperidad, le dijo que no se moviera y regresó a la orilla del infortunio para ayudar a su mujer. La cría, al verse sola, se lanzó al agua tras la estela del padre, quien, al ver cómo era engullida por la corriente, acudió a socorrerla. No sabemos si fue iniciativa de la niña esconderse bajo la camiseta del hombre, sacando un brazo, el derecho, por la abertura del cuello, o si fue el hombre, al ver el terror de la niña, quien la invitó a cobijarse bajo su prenda para que expirara sintiéndose protegida. No tenemos ni idea de lo que ocurrió en aquellas aguas del río Bravo, que separan México de Estados Unidos. Ignoramos qué se dijeron o dejaron de decir el padre y la hija o si les dio tiempo a mirarse a los ojos mientras la esposa del hombre y madre de la pequeña asistía, espantada, al espectáculo desde el lado del infortunio. Debieron darse unos instantes de afecto y de pavor bajo la indiferencia del mundo, que siguió su curso con la naturalidad con la que las aguas del río seguían el suyo. Ya cadáveres, la corriente los arrojó a la orilla transformados en un extraño ser de dos cuerpos y varios brazos de diferentes tamaños. Si se fijan ustedes, advertirán que junto a la pareja hay varios botes de refrescos abandonados, como si se tratara de un vertedero. Todo en ti fue naufragio. 

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El Muertho, por Zophie Montoya

El Muertho, por Zophie Montoya

El Muertho es un anciano ridículo y decrépito. Retrata el humor negro, la ironía, la aberración y es la personificación de todos sus deseos pervertidos. Criticar, exponer los vicios de la sociedad y los secretos más oscuros se ha convertido en la esencia de su carácter, particularmente en el contexto de la política contemporánea, la religión y la sexualidad. Su insatisfacción con el status quo es una forma de expresión. Representa la exageración, la vulgaridad y la depravación. Muertho canta sobre el amor, la angustia, el sexo, el satanismo burlón y nos enseña una lección sobre cómo no debemos tomarnos demasiado en serio. No tiene miedo de mostrar su verdadero ser, de darse a sí mismo como un espejo para que todos podamos encontrarnos con nuestros monstruos y abrazar nuestras sombras. Nadie sale aquí sin mancha, todos estamos impuros y distorsionados de alguna manera. No debemos olvidar que hay un Muertho viviendo dentro de todos nosotros.—Zophie Montoya

El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya
El Muertho, por Zophie Montoya

Zophie Montoya fotógrafa fronteriza de Tijuana y San Diego. Egresada de la Universidad Iberoamericana en licenciatura en Comunicaciones, decidió entregarse a la fotografía cuando descubrió el trabajo de sus Idolos y mentores Bob Gruen, Mick Rock, Jannete Beckman, entre otros. Ha dedicado sus anios en fotografía de música y documental bajo el alias de Zophie Felina. Su trabajo ha sido publicado en Vice Online, Marvin, Rolling Stone Mexico. Ha colaborado en proyectos como Las Fotos Project (LA), Tijuana Zine Fest, Through the Cracks: Crowdfunding in Journalism y organizando eventos musicales como Polvora Booking. Su trabajo fue seleccionado en 1er lugar en FIFT (Festival Internacional Fotografía Tijuana). Su trabajo mas reciente fue la publicación del Foto Zine “Travesias” sobre la caravana e historias personales de los migrantes Haitianos en Tijuana y trabajo foto- documental sobre el artista underground de Tijuana “El Muertho” el cual se convirtió en una exposición fotográfica individual y fue presentada exitosamente en Teros Gallery en San Diego, CA. Actualmente Zophie reside en Nueva York.