Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Un libro ilustrado con bolígrafo repasa el origen y los años dorados de la moda utilizada en este movimiento británico clave en el siglo XX

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Todo se fue al carajo cuando se guardaron los trajes en el armario y comenzaron a brotar los chándales. Mucho antes, la cultura mod tuvo uno de sus pilares en el mimo por el atuendo, en la actualización de códigos clásicos de la moda para convertirlos en uniformes jóvenes y populares.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

El movimiento mod no desapareció en un día y, por supuesto, no surgió de la nada. Tras la II Guerra Mundial, Reino Unido comenzó a destensarse y los jóvenes empezaron a echarse a las calles a tratar de dar algo de color al gris que aún poblaba los estados de ánimo y las ruinas de los bombardeos.

Las noches comenzaban a llenarse de allnighters en las que sonaban sin descanso los discos de música negra que llegaban de Estados Unidos. Los armarios de toda Gran Bretaña se llenaban de chaquetas y cardigans collarless, de botas Chelsea y zapatos Mary Jean. Las cabezas mostraban cortes college boy o peinados garçon como el de Jean Seberg en À bout de soufflé.

Mods. El estilo y la estética de los mods originales (Lenoir, 2018) es un libro ilustrado escrito por Daniel Llabrés que repasa minuciosamente el origen de una moda tan efervescente que podía cambiar de una semana para otra y en la que lo más complicado ha sido precisamente eso, hacer acopio de fuentes y ordenar el batiburrillo de influencias y estilos que llegaron, sobre todo, de Francia, Italia, Jamaica o Estados Unidos.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Explica Daniel Llabrés que «determinar cuál era la indumentaria de aquellos mods originales y clasificarla por años desde 1962 a 1966 ha sido una titánica locura a la que, con razón y cordura, nadie se había atrevido jamás. No hay que olvidar que estamos hablando de algo que sucedió hace más de medio siglo y cuyas fuentes, en un inicio, fueron escasas por lo underground de esta subcultura. Conforme lo mod se convirtió en una moda, fueron abundantes pero poco fiables».

Las redes sociales ha salvado la vida a Llabrés que, aunque habitual de los saraos nostálgicos que aún se celebran, ha sido capaz de dar con auténticos mods de aquella época, «hoy venerables ancianos». Así, Llabrés ha pasado meses revisando y ordenando imágenes y «escuchando batallitas de aquellos jóvenes mods de los 60».

El libro es un recorrido que comienza en el siglo XIX, con las estéticas de las que beberían los jóvenes de los 50 y los 60. Es curioso que un país tan acostumbrado a exportar estilo se convirtiera en un permeable receptor de tendencias foráneas en un tiempo tan convulso como el de la posguerra. Pero así ocurrió.

«A los recién estrenados jóvenes, Reino Unido les parecía tan gris y aburrido que pusieron sus miras al otro lado de sus fronteras: en la Francia de la Nouvelle Vague, en la Italia de los films de Fellini, en los Rude Boys jamaicanos, en los campus de la Ivy League… Sin duda, ese cosmopolitismo es lo que ha hecho de lo mod algo tan duradero y universal, sin dejar de ser absolutamente british. Toda una paradoja en los tiempos del Brexit».

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

No he llevado la cuenta de cuantos bolígrafos han caído, pero a juzgar por cómo me recibe la dueña de la papelería, deben ser muchos. Es como si hubiera salvado a su único hijo de una muerte segura y dolorosa. Y eso que son bolis normales…

TETE NAVARRO.ILUSTRADOR

Para trasladar todo el imaginario a papel, Llabrés ha contado con las manos y los bolígrafos –sí, todo ha sido ilustrado a boli y a todo color– de Tete Navarro. El escritor se topó con el trabajo de Navarro en el gijonés Euroyeyé, uno de los epicentros mod de España. «Todavía recuerdo ese momento, prácticamente una epifanía, en el que acerqué la nariz a una de sus obras y descubrí que no eran fotografías, sino ilustraciones hechas con bolígrafos de colores», explica el autor.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

No tuvo que pasar mucho tiempo para que Navarro propusiera al escritor catalán abordar el proyecto. «Sin duda, él era la persona adecuada por sus años de activismo, militancia y por ser el autor de Mods. Guía para una vida elegante», dice el ilustrador.

Navarro se sometió a las minuciosas instrucciones del investigador Llabrés, «unas 70 páginas por capítulo». A partir de ahí comenzaba con maratonianas jornadas de dibujo en las que, más allá del ‘pico y pala’ que supone dibujar con bolígrafo, la exigencia venía por mostrar un reflejo fiel de lo que Daniel Llabrés tenía en la cabeza.

«Los dibujos debían ser completamente descriptivos y eso forzaba mucho la composición final. Encontrar el equilibrio entre realismo y dibujo fue lo que más tiempo me llevó. Una vez encontré el punto exacto, todo fue un poco más sencillo, solamente debía seguir las indicaciones de Dani, cuidar mucho los detalles y mover el boli lo más rápido posible», señala Tete Navarro.

Además, de los atuendos, creados desde cero con la libertad que ofrece crear dibujos originales, el libro incluye apuntes históricos de la época, curiosidades o una imponente lista de canciones de cada uno de aquellos años.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Más allá de eso, la hemorragia de inputs de aquel tiempo fue tan grande que hay contenido suficiente para seguir editando trabajos. «La moda es solo una de tantas filias de los mods, por lo que material para otras monografías hay, y de sobra. El tiempo dirá», dice Llabrés.

Mientras, sería curioso que los trajes volviesen a aflorar y a llenar las salas de bailes. Al fin y al cabo, vivimos en constantes revivals. «De repente, Netflix estrena una serie protagonizada por mods y se monta un revival en un plis-plas. Aunque a la vista de lo rápido que los fenómenos nacen, se reproducen y mueren en estos tiempos digitales, posiblemente no duraría más de un fin de semana».

En cualquier caso, si para ese finde semana hace falta un catálogo en el que buscar la ropa adecuada, Mods. El estilo y la estética de los mods originales es una opción profusa en detalles.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BICDavid García es periodista y dedica su tiempo a escribir cosas, contar cosas en vídeo, pensar en cosas para todos los proyectos de Brands and Roses (empresa de contenidos que edita Yorokobu y mil proyectos más), contar cosas en Antes de que Sea Tarde (Cadena SER); enseñar a las familias la única fe verdadera que existe (la del rock) en su cosa llamada Top of the Class y otro tipo de cosas que, podríamos decir, le convierten en cosista.

https://www.yorokobu.es

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronautaEs autodidacta, devoto de la estética retro, el cómic clásico de superhéroes setenteros y la ciencia ficción de Asimov y Lem. En casa le llaman David, pero firma sus ilustraciones como Señor Salme. A medio camino está David Salmerón (42 años, Málaga), un ingeniero de telecomunicaciones que trabaja como informático de 8 a 2 y como ilustrador freelance las tardes, las noches y muchos fines de semana.

Lleva algo más de un lustro dando forma a un mundo particular, poblado de astronautas solitarios y personajes que languidecen quién sabe si por el peso del futuro –robótica, manipulación genética, IA, nanotecnología– que se nos echa encima amenazando tormenta.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Proyecto personal. 2016

Dice Salmerón que el paisaje distópico le sale de manera inconsciente, que no está en su intención dibujar un futuro negro. «Al contrario», asegura. «Quizás sea porque tengo un hijo, pero ahora prefiero ser optimista: creo que nacimos en la mitad buena del siglo XX y que la humanidad está hoy mucho mejor que hace un siglo».

Ha moldeado un estilo fundamentado en el cómic norteamericano, el que se entintaba a mano y se coloreaba sin degradados, el que aún dejaba entrever la imperfección de la artesanía. A través de Flickr, primero, y de las redes sociales después llegaron los primeros curiosos y luego, los seguidores. «Empecé a ver que a la gente le gustaba lo que hacía –cuenta Salmerón– y eso me empezó a motivar».

Pese a que nunca tuvo la ambición de terminar dedicándose a este oficio, con el tiempo, sus ilustraciones llamaron la atención de editores de todo el mundo. La firma de Señor Salme ya ha aparecido en The Washington PostWiredThe New Yorker y The Guardian, entre otras publicaciones, y tiene una ilustración fija al mes en ‘Ciencia sin ficción’ de El País Semanal, acompañando los textos del divulgador J. M. Mulet.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en El País Semanal. 2017

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en El País Semanal. 2018

Desde hace cinco años trabaja con la agencia Synergy, «siempre con el freno de mano cogido» porque le faltan horas, y usando más la Wacom que la tinta Sumi por un tema de practicidad. Los encargos le han llevado a especializarse en ciencia y tecnología.

Sin embargo, a la mínima que el calendario se descomprime, saca los pinceles, los markers y hasta el aerógrafo; le guiña un ojo a John Romita, Al Williamson y compañía y pone el cómic old school al servicio de sus astronautas a la deriva. Esos David Bowman desterrados que parecen flotar sobre el viejo dilema de Arthur C. Clarke: «Existen dos posibilidades: que estemos solos en el universo o que no lo estemos. Ambas son igual de terroríficas».

Hablamos a través de Skype. Lo pillo en su apartamento de Málaga, en una habitación que hace las veces de estudio. A través de la cámara veo parte de la mesa, varias estanterías atestadas de libros y una guitarra. También veo a un padre de familia, un informático. Un tipo ordenado que empieza un trabajo y lo acaba antes de empezar uno nuevo.

«Soy incapaz de tener dos proyectos abiertos a la vez». O se organiza o la vida le hace añicos. «El cambio de uno a otro me lleva tiempo, me parte, y me cuesta arrancar otra vez. Los plazos de entrega no suelen ser superajustados –una semana o dos para terminar un dibujo–, pero si me vienen varias cosas seguidas, luego intento no coger nada y tener una semana libre. Es que, si no, del agotamiento te pones enfermo. Al final, son dos trabajos y una familia». El orden o el caos.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Proyecto personal. 2018

¿Qué rutina sigues?

Toda la tarde trabajando, básicamente. Y si tengo un deadline, es toda la tarde y la noche.

Hay quien dice que, en la vida, todo se reduce a muerte o fechas de entrega.

Vivo en ese círculo angustioso en el que, a veces, tienes la sensación de estar amarrado con grilletes a la mesa. He visto esa imagen dibujada y es cierta. Uno se llega a sentir así: quieres salir a la calle, pero tienes la fecha de entrega. Es la parte más difícil de llevar.

Aunque también estará el placer de dibujar…

Lo tengo muy claro. Si hago esto es porque quiero. Sé que siempre voy a dibujar, porque es lo que me gusta. Es una satisfacción ver tus dibujos en una revista, o que te conozcan, pero tiene los contras de cualquier trabajo.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en Wired Magazine. 2015

El artista Austin Kleon dice que para sanear la mente del ilustrador freelance,es necesario compartir el trabajo con otros y tener algún proyecto personal paralelo. ¿Qué te parece?

Compartir lo considero parte de mi trabajo. Subirlo a las redes sociales es una forma de darte a conocer y de ahí te llegan propuestas. En Instagram, por ejemplo, parte de mis seguidores son directores de arte. A veces, a los dos días de haber colgado algo, te llaman y te dicen: «oye, he visto esto que me ha gustado y hemos pensado en ti».

Sobre lo de tener también proyectos personales: es importante tener algo tuyo ahí, más que nada para tener la sensación de que no estás todo el rato dibujando lo que te piden. Y también son oportunidades para probar alguna técnica distinta, precisamente porque tienes tiempo y si no funcionan, no pasa nada. Lo malo de esos proyectos es que, como son tuyos, nunca sabes cómo terminarlos y, a veces, se quedan abiertos durante meses.

David empezó a dibujar en una época en la que no había Youtube, aprendiendo a base de ensayo y error y con una pila de comics como único asidero. El Spider-Man de John Romita senior –«el de verdad, el que vale»–; la Patrulla-X de John ByrneAl Williamson y su serie de Star Wars «coloreada con esa técnica de impresión de mala calidad, con todos los puntos visibles»; y Príncipe Valiente, de Harold Foster, con ese estilo realista «con mucho detalle y una calidad de trazo increíble».

Páginas y páginas de dibujos que van alimentando la imaginación del joven Salmerón y a la que se unirán más tarde el cine de ciencia ficción –Jindřich Polák y su Ikarie xb1; Kubrick y su 2001– y la literatura, sobre todo, de Stanislaw Lem: «la ciencia ficción dura de SolarisEdénFiasco… y la idea de que la manera de comunicar del hombre y de una civilización extraterrestre es tan diferente que al final no hay forma de hacerlo».

¿De ahí la imagen recurrente del astronauta a la deriva?

Siempre me ha parecido una imagen muy potente: el astronauta flotando, solo, perdido en el espacio. Es muy visual y es un símbolo al que puedes recurrir muy fácilmente para expresar muchas cosas. Cuando me canso de todo lo demás, dibujo un astronauta, que es un dibujo que nunca termina de salirme como yo quiero, pero poco a poco nos acercamos.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en Proto magazine. 2017

Estética retro, muy de pasquín de cine de los 70 y una técnica igualmente tradicional. ¿Te ha forzado el trabajo editorial a cambiar?

Antes entintaba, escaneaba y coloreaba con el ordenador, pero con el tiempo me di cuenta de que no era práctico. Si los clientes te piden una corrección en un dibujo que has hecho a tinta normalmente implica volver al papel y rehacer el dibujo en una hoja separada, escanearla de nuevo, etc. Era muy tedioso. Así que empecé a trabajar directamente con tableta.

¿Cómo fue el cambio?

Pues al principio no fue sencillo. Me costó. De hecho creo que aún hoy lo hago mejor sobre papel. De todas maneras, cuando puedo aún me gusta coger el pincel. Y si tengo mucho mucho tiempo, uso aerógrafo. Ahora ya la gente no lo emplea, pero hay una tradición muy grande de ilustración a aerógrafo.

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Proyecto personal. 2014

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en Wired Uk. 2017

¿No piensas que los errores del trabajo a mano son un valor en sí?

Creo que es más difícil cortarse la mano para corregir cosas cuando estás trabajando en digital. Desde luego. Puedes corregirlo todo y al final terminas corrigiendo muchas más cosas de las que corregirías si estuvieras dibujando sobre papel. Hay imperfecciones que no merece la pena corregir, que aportan cosas al dibujo.        

Háblame de tu relación con el cliente. En tu caso, directores de arte que te piden ilustraciones para acompañar textos. ¿Qué proceso sigues?

Normalmente me envían primero el artículo. Me lo leo con un cuaderno de notas al lado y voy haciendo garabatos pequeños, para mí básicamente, pensando con el lápiz, para conectar ideas. Luego señalo los que más me gustan, los hago un poco mejor, más grandes, y eso es el boceto que envío.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Publicado en Proto magazine. 2016

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Proyecto personal. 2015

¿Mandas muchas opciones?

No. Dos o tres. Aprendí hace tiempo a no enviar más de la cuenta solo por hacer bulto. Porque si incluyes una idea que realmente no te gusta, al final siempre eligen esa.

¿Y si te toca ilustrar temáticas que desconoces?

Tienes que buscar en internet a ver de qué va. Una vez me tocó dibujar una molécula concreta y tuve que encontrar la forma de esa molécula en particular para poder dibujarla. A veces el director de arte te sugiere por dónde tirar. Pero no son temas excesivamente crípticos como para no saber absolutamente nada. Al final, mi trabajo no es tanto explicar el artículo con un dibujo, sino hacer un dibujo que resulte atractivo al que está ojeando la revista y motivarle para que se interese.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Trabajo para Tata Group. 2015

Trabajas mucho la metáfora visual.

Juntar dos imágenes y mezclarlas como metáfora. Sí, es un estilo para ilustrar un artículo. Otro estilo, por ejemplo, es crear una escena. Pero no siempre funcionan. Hay veces que expresar conceptos con una escena real es muy difícil. En esos casos uso imágenes evocadoras, ensoñaciones.

Y luego toca revisar y hacer cambios. ¿Se hace muy farragoso?

Alguna vez tienes un cliente que te hace cambiar algo una vez y otra y otra y otra… Cuando pasa eso, mala señal. No suele dar buen resultado, porque llega un momento en que estás dibujando lo que el otro te está diciendo que dibujes, vas a ciegas, y ya no sabes lo que estás haciendo. Pero, en general, no hay mucho problema de corrección.

Normalmente les vas enviando distintas actualizaciones para que vean cómo está quedando. Lo normal es que te hagan un par de cambios –añade esto, este elemento ponlo en otro sitio, etc.– y no va a más.

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Proyecto personal. 2012

Hace unos años, Salmerón hizo una serie de dibujos para ilustrar una exposición del Museo de la Ciencia Ficción de Seattle. A los pocos días se topó con una foto de la inauguración en la que aparecía uno de sus trabajos y, delante, el mismísimo George Takei, el timonel de la nave Enterprise.

Le pregunto si esa foto vale más que todos los likes del mundo. «Lo de Takei me hizo más ilusión, sin duda. Aunque él no se daría ni cuenta. Pero no te voy a engañar: cuando algún dibujo tiene muchos likes o me dejan comentarios, también me hace ilusión».

Pese a la vocecilla del ego, Señor Salme intenta no planificar sus proyectos personales en función de los gustos de sus seguidores. «Intento no guiarme por lo que creo que va a gustar porque entonces nunca vas a hacer cosas diferentes. Aunque… ¿de qué estoy hablando? ¡Si al final termino siempre buscando astronautas!».

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Trabajo personal. 2011. Después publicado en Popshot Magazine

Náufragos en el cosmos: la obsesión de Señor Salme con la soledad del astronauta

Trabajo para EMP Museum. 2015

De momento, Salmerón sigue haciendo malabares: el trabajo de las mañanas, la ilustración por la tarde y, en medio, la familia. Reconoce que su pareja es la clave para que no se desmorone el tinglado. «Sin su apoyo sería imposible, porque tenemos un niño al que hay que dedicar tiempo. Siempre que llega un trabajo nuevo le pregunto: ¿este fin de semana qué teníamos?».

Y el equilibrio sigue desafiando a la gravedad. De momento, no se plantea centrarse exclusivamente en su faceta de ilustrador, básicamente porque necesita tener la certeza de que va a cobrar a final de mes «y no a los tres, cuatro, cinco o incluso más meses».

Cuando le pregunto sobre los retos del futuro sonríe, duda un poco y contesta con la misma sencillez con la que traza líneas de tinta: «A mí, en realidad, lo que me gustaría es aprender a dibujar».

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Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David SierraDa igual el número de veces que uno se coloque frente a El jardín de las delicias, de El Bosco, o El triunfo de la muerte, de Brueghel el Viejo. Siempre nos sorprenderá un detalle que no habíamos advertido con anterioridad. David Sierra ni se dedica a la pintura costumbrista, ni es holandés, ni nació en el siglo XVI, pero comparte con aquellos maestros el gusto por «esconder» en sus ilustraciones pequeños guiños que requieren de una visualización pausada e, incluso, recurrente a quien quiera encontrarlos.

Aunque a veces, ni con esas es posible descubrirlos. «Me gusta esconder cosas siempre que puedo, detalles que tienes que estar buscando para encontrarlos. Muchas veces soy consciente de que algunos son solo para mí, de que casi nadie se va a dar cuenta de lo que hay detrás, pero pensar en que alguien pueda sorprenderse al encontrarlos me hace mucha gracia. Siempre intento contar algo más de lo que el propio trabajo requiere».

Para Sierra, los letreros y neones antiguos son perfectos escondites para sus minuciosos trazos. «Están llenos de historia y también cuentan otras de grandes ciudades, de pequeñas tiendas… Además, me encanta la tipografía y los letreros son letras que puedes tocar, hechas a tamaño gigante, ¡y con luces! ¿Cómo no me van a gustar?».

Hace dos años, diseñó uno de estos rótulos con las letras de la palabra Yorokobu. Lo llenó de historias y lo presentó al concurso de portadas Hazlo Tú (junto a otra ilustración para la contra). Le sirvió para ganarlo y para añadir una muesca a su trayectoria como ilustrador, tal vez la más importante: «No creo que haya un trabajo en concreto que haya marcado mi carrera. Ha sido más bien una evolución lógica y hecha trabajo a trabajo, poquito a poco… Pero si tuviera que elegir algún trabajo, podría ser sin duda este, por su estilo y repercusión».

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Cuando los encargos y el tiempo se lo permiten, Sierra experimenta: «Me gusta hacer cosas nuevas siempre que puedo. Sin querer perder la particularidad de mi trabajo, intento tener un rango lo más amplio posible de estilos y adaptarme a lo que pida cada tipo de encargo. Que me pidan ilustrar o diseñar cosas que nunca he hecho antes es de lo más divertido de mi trabajo. Y si puedo hacer lo que me dé la gana, combinar ilustración y tipografía, es de lo que más feliz me hace».

El lápiz es un elemento omnipresente en su trabajo. «Siempre empiezo por ahí. Primero el folio y después el ordenador». Lo «manual» es esencial en sus diseños, y por eso trata de enfatizarlo con texturas, imperfecciones… «Y también el trabajo de color, que es algo a lo que le doy mucha importancia, ¡me puedo volver loco probando paletas nuevas!».

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

Sierra achaca ese gusto por lo hecho a mano y por las formas orgánicas («aunque siempre suelen ir acompañadas de una base geométrica») a su formación como diseñador gráfico. Circunstancia que podría estar también detrás de otras de sus «obsesiones»: la tipografía, el color y los pequeños detalles, el toque «un poco retro» de sus composiciones…

Aunque es esa parte de su trabajo que no se ve la que acapara la mayor parte de las manías del ilustrador: «¡Tengo un montón, la verdad! Que todas mis carpetas empiecen con mayúscula, vaciar la papelera y guardar cada tres segundos, nombrar y ordenar de manera compulsiva todas y cada una de las capas de mis PSD… Y tengo una nueva: desde hace un tiempo solo utilizo lápices con goma integrada y, cuando la gasto, dejo de dibujar con ellos!…. De locos, ¿no?»

Desde su estudio, ubicado en su propia casa («lo cual es genial para algunas cosas y no tanto para otras»), Sierra atiende su trabajo siempre con música o el sonido de la radio de fondo. Dice que si le dejaran elegir un proyecto en un futuro próximo, probablemente se encargaría de dibujar un mural en el edificio en el que vive: «¡Es horrible!».

Mientras llega un encargo de tales dimensiones, David Sierra se conforma con ver algunas de sus creaciones en formato gigante en las pantallas de Callao City Lights, donde se expondrá su portfolio durante el mes de octubre.

Las ilustraciones ‘slow’ de David Sierra

POR GEMA LOZANO
https://www.yorokobu.es/sierra/

La llegada del ‘Homo pasmado’

Creemos que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida. Que nos ahorran trabajo y nos liberan. Pero en realidad sucede lo contrario

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Soy una apasionada partidaria de las nuevas tecnologías y sigo creyendo que nos proporcionan avances increíbles; pero, por otro lado, lo digital ha invadido nuestras vidas de una manera tan profunda y tan rápida que los humanos ni siquiera somos conscientes de lo que hemos cambiado. En el mundo hay 7.000 millones de personas, y más de 5.000 millones poseen un móvil. Si pensamos que sólo 4.500 millones tienen acceso a baños, podemos ir haciéndonos una idea de cómo los smartphones se han convertido en una especie de virus. Es una pandemia y no lo sabemos.

Hablando de baños: un reciente estudio en Inglaterra demostraba que el 41% de los jóvenes elegirían dejar de lavarse antes que abandonar el móvil (lo cuenta Mariana Vega en unocero.com). Sospecho que un buen número de ellos preferiría no bañarse en cualquier caso, al margen de tener o no teléfono, pero, en fin, incluso descontando a los guarros sin más, el porcentaje es abultadísimo. Diversos estudios señalan que nos pasamos entre cuatro y cinco horas al día mirando el móvil (Apple demostró que los usuarios del iphone desbloqueamos de media el terminal 80 veces al día). Es una cifra tan bárbara que no me extraña que los cines cierren y las novelas no se vendan. No nos da el tiempo para nada más que para estar amorrados a la pantalla. Y en este cómputo no estamos incluyendo las horas que añadimos ante el ordenador.

Y hay algo aún peor. Creemos que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida. Que nos ahorran trabajo y nos liberan. Pero en realidad sucede lo contrario. Con el e-mail y los whatsapps no terminas jamás de trabajar. Antes, sacar adelante un tema suponía quizá una carta de papel al mes y tres llamadas. Hoy son decenas de correos electrónicos y de mensajes. Antes podías cortar tu dedicación laboral a una determinada hora. En estos momentos no cortas jamás. Por no hablar de las preciosas horas que he quemado hoy intentando sacar unas entradas.

Todo esto está alterando las costumbres, la salud y el cerebro. Numerosas investigaciones hablan del insomnio causado por la luz de los terminales, de alteraciones en la producción de hormonas, de quizá un mayor riesgo de cáncer (este punto es polémico), sobre todo en niños menores de dos años, los cuales, según todos los indicios, no deberían ni tocar una tableta. Pero hay algo que creo que está clarísimo, y es la disminución de la capacidad de concentración. Con la mano en el pecho, debo confesar que mi cabeza, siempre tendente a las corrientes de aire, tiene hoy más agujeros que nunca. La mente aletea de acá para allá con más facilidad, hambrienta de nuevos estímulos. Tengo la sensación de que los smartphones son como hechiceros que nos han hipnotizado, creando una Humanidad de seres distraídos y confusos. Hay estudios que señalan que el uso del teléfono mientras conduces, incluso en manos libres, provoca cada día nueve muertes y cerca de mil heridos en Estados Unidos. Otro trabajo realizado en Manhattan indicó que el 42% de los peatones ignoraban los semáforos en rojo por estar enfrascados en su móvil. Ya digo. Somos las primeras generaciones del Homo pasmado.

Rosa Montero

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Ilustración de Alex Gross – Android