Los peligros de los gigantes tecnológicos

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SAN FRANCISCO — Al inicio de esta década, la Primavera Árabe prosperó con la ayuda de las redes sociales. Ese es el tipo de historia que le encanta a la industria de la tecnología: les gusta demostrar que contribuyen a que exista más libertad, progreso y un mejor futuro para toda la humanidad.

Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, proclamó que esa era precisamente la razón por la que existía su red social. En un manifiesto para inversionistas de 2012, dijo que Facebook era una herramienta para crear “un diálogo más honesto y transparente en torno al gobierno”. El resultado, dijo, serían “mejores soluciones para algunos de los problemas más grandes de nuestra época”.

Ahora, las empresas de la tecnología son criticadas por crear problemas en vez de solucionarlos. El problema número uno en la lista es la interferencia rusa en la elección presidencial de Estados Unidos el año pasado. Las redes sociales quizá prometieron libertad al principio, pero resultaron ser unas herramientas muy útiles para avivar el enojo. La manipulación fue tan eficiente y tan carente de transparencia que las empresas apenas se dieron cuenta de que eso estaba ocurriendo.

La elección no es la única preocupación. Las empresas de tecnología han acumulado una cantidad tremenda de poder e influencia. Amazon determina cómo la gente compra; Google, cómo adquiere conocimiento; Facebook, cómo se comunica. Todos están tomando decisiones acerca de quién tiene acceso al megáfono digital y quién debe desconectarse de la red.

Su gran concentración de autoridad se parece al derecho divino de los reyes, y despierta un rechazo que está en pleno desarrollo.

“Durante diez años, los argumentos en la tecnología tenían que ver con cuál director ejecutivo se parecía más a Jesucristo. Cuál se postularía a la presidencia. Quién convencía mejor a los trabajadores para que lo apoyen”, dijo Scott Galloway, un profesor de la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York. “Ahora los sentimientos están cambiando. La víctima se rebela”.

En Facebook, Twitter y ahora Google, se está divulgando la noticia de cómo los rusos se aprovecharon de sus sistemas de publicidad y publicaciones. El 1 de noviembre, el Comité de Inteligencia del Senado realizará una audiencia al respecto. No es probable que eso mejore la reputación de las empresas.

Con el aumento de la presión, las empresas están lidiando con un ataque de relaciones públicas. Sheryl Sandberg, la directora de operaciones de Facebook, estuvo en Washington esta semana reuniéndose con legisladores y reconociendo públicamente los errores sobre lo que pasó durante la elección y dijo que “no debieron suceder”. Sundar Pichai, el director ejecutivo de Google, estuvo en Pittsburgh el jueves hablando acerca de “las grandes brechas de oportunidades en todo Estados Unidos” y anunciando un programa de subsidios de 1000 millones de dólares para promover empleos.

En el trasfondo de estas reuniones se encuentra la realidad de que internet se convirtió desde hace mucho tiempo en un negocio, lo cual implica que la prioridad de las empresas es complacer a sus accionistas.

Ross Baird, presidente de la firma de capital de riesgo Village Capital, señaló que cuando ProPublica intentó comprar anuncios publicitarios dirigidos a antisemitas el mes pasado en Facebook, la plataforma no cuestionó si esa era una mala idea: les preguntó a los compradores cómo les gustaría pagar.

“A pesar de toda la habladuría de Silicon Valley en torno a cambiar el mundo, su principal enfoque ha estado en lo que puede monetizar”, dijo Baird.

Desde luego, las críticas a la tecnología no son nada nuevo. En una exagerada lamentación publicada en Newsweek en 1995, “Why the Web Won’t Be Nirvana” (¿Por qué la web no será el Nirvana?), el astrónomo Clifford Stoll señaló que “cada voz puede escucharse sin costo e instantáneamente” en los tableros de boletines de Usenet, el Twitter y Facebook de esa época.

“¿El resultado?”, escribió. “Cada voz es escuchada. La cacofonía se parece más a la onda de radio civil, con todo y nombres clave, acoso y amenazas anónimas. Cuando casi todos gritan, pocos escuchan”.

 
Justin Rosenstein, un exingeniero de Facebook, dijo recientemente que él había programado su teléfono para evitar usar la red social en el dispositivo. CreditStephen McCarthy/Sportsfile para Web Summit

Si las redes sociales están a la defensiva, Zuckerberg es quien está en el centro de todo: un suceso extraño en una carrera impecable que lo ha convertido, a los 33 años, en una de las personas más ricas e influyentes del mundo.

“Tenemos un dicho: ‘Muévete rápidamente y rompe cosas’”, escribió en su manifiesto de 2012. “La idea es que, si nunca rompes nada, quizá no te estás moviendo con la velocidad necesaria”.

Facebook abandonó ese lema dos años después, pero los críticos dicen que ha conservado mucho de esa arrogancia. Galloway, cuyo nuevo libro, The Four, analiza el poder de Facebook, Amazon, Google y Apple, dijo que la red social aún estaba preparando su respuesta.

“Zuckerberg y Facebook están violando la regla número uno de la gestión de crisis: la hipercorrección del problema”, dijo. “Su actitud es que les resulta imposible hacer cualquier cosa que afecte sus ganancias”.

Joel Kaplan, el vicepresidente de políticas públicas globales de Facebook, dijo que la red estaba haciendo su mejor esfuerzo.

“Facebook es una parte importante de la vida de muchas personas”, dijo. “Esa es una responsabilidad enorme, una que nos tomamos muy en serio”.

Algunos emprendedores de las redes sociales reconocen que están enfrentando problemas que jamás imaginaron como empleados de empresas emergentes que luchaban por sobrevivir.

“No había tiempo para pensar en la repercusiones de todo lo que hacíamos”, dijo en una entrevista Biz Stone, un cofundador de Twitter, poco antes de volver a la empresa la primavera pasada.

Sostuvo que Twitter estaba adquiriendo una reputación injusta: “Por cada cosa mala, hay miles buenas”. Sin embargo, reconoció que a veces “las cosas se complican”.

A pesar de las crecientes críticas, la gran mayoría de los inversionistas, consumidores y reguladores parecen no haber cambiado su comportamiento. La gente aún espera con ansias el nuevo iPhone. Facebook tiene más de 2000 millones de usuarios. Al presidente Donald Trump le gusta criticar a Amazon en Twitter, pero su administración ignoró las peticiones de una revisión rigurosa de la compra de Whole Foods por parte de Amazon.

Sin embargo, en Europa, el terreno está cambiando. La participación de Google en el mercado de los motores de búsqueda del continente es del 92 por ciento, de acuerdo con StatCounter. Pero eso no evitó que la Unión Europea lo multara con 2700 millones de dólares en junio por darles prioridad a sus propios productos por encima de los de sus rivales.

Una nueva ley alemana que multa con grandes sumas a las redes sociales por no eliminar el discurso de odio entró en vigor este mes. El martes, un portavoz de Theresa May, la primera ministra de Reino Unido, dijo que el gobierno estaba revisando “con cuidado los papeles, la responsabilidad y el estatus legal”, de Google y Facebook, con miras a regularlos como editores de noticias en vez de plataformas.

“Esta guerra, como muchas otras, comenzará en Europa”, dijo Galloway, el profesor de la Universidad de Nueva York.

https://www.nytimes.com/es/

280

Visto el daño que infligen algunos con 140 caracteres, da pereza imaginar el que pueden llegar a infligir con 280

Logo de Twitter.

Cuando algún editor se disculpa por haberme recortado el espacio, mi respuesta siempre es la misma: “No te preocupes, la brevedad es un género”. Lo pienso realmente, y no me faltan apoyos. “No sé por qué la gente escribe tanto”, dijo Borges, que rara vez redactó un relato de más de veinte folios. Juan Rulfo dedicó unas pocas páginas a Pedro Páramo y barrió la historia de la literatura hispánica del siglo XX. La tesis doctoral de Einstein fue la más breve de la historia de la Universidad de Zúrich, lo que me llena de satisfacción y orgullo, puesto que la mía es la más breve que ha conocido la Universidad Autónoma de Madrid. Vale que ahí se acaba mi relación con Einstein, pero si no lo digo me da un choque anafiláctico. Watson y Crick presentaron la doble hélice del ADN —el mayor descubrimiento de toda la biología— en una página y media de la revista Nature.Monterroso y su dinosaurio que aún estaba allí inventaron el género del microrrelato que ahora invade como fuego fatuo las calles de la ciudad.

 Y es ahora, justo ahora, cuando Twitter decide doblar de 140 a 280 los míticos caracteres que han constreñido durante un lustro la tendencia imperiosa de la gente, de ti y de mí, desocupado lector, a tirar líneas como si no hubiera un mañana. Las frases de los tuiteros se harán el doble de largas y de tristes, la mitad de destiladas y de reflexivas. Y otra cosa: visto el daño que infligen algunos con 140 caracteres, da pereza imaginar el que pueden llegar a infligir con 280. Eso es el doble de espacio para difamar y mentir, enredar y envenenar, disimular y posponer. Es un dolor en el cuello que de pronto se multiplica por dos.

Con todo y ello, el ángulo de la noticia que más me llama la atención es la enorme diferencia entre culturas para expresar una idea compleja con 140 caracteres, o incluso con 280. Los herederos del alfabeto griego (que en realidad se inventó mucho antes en Oriente Próximo) nos jactamos de que nuestro sistema de escritura es más simple que los demás. Solo tenemos que aprender 20 o 30 letras y con ellas construimos todas nuestras palabras. Las escrituras ideográficas, como el antiguo jeroglífico egipcio y los modernos chino y japonés, requieren aprender miles de signos, lo que puede condenar al analfabetismo a amplias capas de la población.

Cuando se trata de ser breve, sin embargo, el japonés o el chino son el vehículo ideal. Allí cada letra es una idea, redondeando un poco, así que la nueva política de Twitter puede duplicar sus ideas, ¿no?

https://elpais.com

Naturaleza muerta

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Internet es una gran exposición flotante. ¿De qué?

 

Expone mercancías que no puedes tocar: expone fotografías, datos, actitudes, tendencias, personajes, teorías más o menos congeladas, políticas más o menos muertas.

Es una especie de artefacto que se dedica a exponer, como un supermercado más que como un museo, si bien eso que expone ni siquiera lo puedes consumir simbólicamente porque en el momento de aparecer está en sí mismo consumido, está extinguido. Internet es en realidad un gran expositor de extinciones. Algo parecido a la pornografía: catálogo estereotipado del sexo extinguido más que del sexo vivo o revivido.

Hemos pasado de la naturaleza viva a la naturaleza muerta. Comparado con el libro que vive y revive en las manos del lector, el libro digital es el libro muerto. El libro despojado de Eros. ¿Y si a la literatura le estuviese pasando lo mismo?

Por definición lo que se expone es siempre una imagen de la muerte: es algo muerto.

Exponemos naturaleza muerta. Los parques temáticos en que se están convirtiendo las ciudades son eso: naturaleza muerta y concebida para personajes que al contemplar esos lugares, convertidos en no lugares, contemplan su propia muerte. ¿Por anticipado? No, contemplan su propia muerte en presente.

Ahora pasear por los centros más emblemáticos de las ciudades es como pasear por un decorado, por un simulacro. La ciudad convertida en simulacro de sí misma.

Algo nos está condenando a no poder salir de un presente muerto.

La vida está en otra parte: en las personas que conoces, en los libros que llevas contigo, en los que aún no has escrito, en los que viajan en tu maleta, en los que te pasan los amigos, con sus huellas y sus notas a lápiz. Ayer, mientras tomaba una copa, un amigo me pasóLa agonía de Eros, de Byung-Clul Han. Un buen libro de un buen discípulo de Baudrillard, os lo recomiendo. No es nada ajeno a lo que estoy diciendo.

La primera vez que entré en las redes sociales me parecieron galerías inmovilizadas en las que cada internauta iba configurando su pequeño panteón de mierda. Y las primeras sensaciones suelen ser las más certeras. Ahora ya me he acostumbrado y participo en ellas. Soy un fantasma entre otros fantasmas.

El mundo es un holograma. 

Jesús Ferrero

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Twitter, campo de batalla de la Historia

De la destrucción de Pompeya a la Segunda Guerra Mundial: proliferan los proyectos que utilizan la red social para revivir en tiempo real acontecimientos del pasado

Lancha de desembarco en la batalla de Normandía, en 1944.
Lancha de desembarco en la batalla de Normandía, en 1944. ARCHIVOS NACIONALES DE EE UU

Mientras se escriben estas líneas, Hitler realiza una visita sorpresa a las tropas en la recién invadida Polonia. Hace días, el 1 de septiembre, la Wehrmacht asaltó el país vecino, y el Führer está “asombrado tras conocer la eficacia de los tanques”… Tranquilos, estamos en 2017 y la historia solo se repite en Twitter –en el mundo real ocurrió hace exactamente 78 años-, donde más de 486.000 personas (y subiendo) siguen en vilo las noticias del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Son los seguidores de la cuenta @RealTimeWWII, pionera en el creciente universo de proyectos dedicados a narrar en tiempo real, gracias a la documentación histórica existente, acontecimientos del pasado: desde la destrucción de Pompeya hasta los grandes conflictos del siglo XX.

“Cientos de personas jóvenes y mayores me han escrito para decir que están fascinados por ver cómo se desarrollaron los acontecimientos sin los años de mitología y conocimiento posterior que hemos construido alrededor de la historia”, cuenta por correo electrónico Alwyn Collinson, el creador británico de un proyecto que comenzó en 2011. A mediados del pasado agosto, más de 10.000 tuits después, el historiador terminó de narrar por primera vez la contienda, pero apenas descansó: el 31 de ese mismo mes, a la hora exacta en que la Operación Himmler desencadenaba la invasión polaca de 1939, comenzó una segunda vuelta que durará otros seis años, hasta 2023.

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 “Creo que con un acontecimiento tan largo, Twitter es útil para enfatizar su duración”, asegura Collinson, que compagina este hobby con su empleo en el Museo de Londres. “Me fascina la forma en que la guerra afectó a cosas a las que la Historia oficial no ha prestado mucha atención, como millones de personas de los imperios británico, soviético y japonés que se vieron atrapadas en un conflicto global sobre el que apenas entendían nada”, dice, y pone un trágico (y a la vez algo cómico) ejemplo de su amplia documentación: un soldado coreano, Yang Kyoungjong, se vio reclutado, sucesivamente, por los ejércitos japonés, soviético y alemán.

Mientras Hitler invade Polonia, un grupo de estudiantes del Máster de Historia Contemporánea de la Universidad de Luxemburgo inspirados por Collinson está inmerso en la Primera Guerra Mundial. “Queremos dar a la gente del mundo actual la impresión de lo que significa vivir un conflicto global”, cuenta Mechthild Herzog, la coordinadora de la cuenta @RealTimeWW1, que ganó el Premio Europeo Carlomagno de la Juventud 2015. “Nunca contamos en un tuit más de lo que aquellas personas de hace 100 años hubieran sabido entonces”, afirma la líder de una iniciativa que comenzó en 2013 –ya han colaborado en ella cerca de 60 estudiantes- y que continuará “al menos hasta el Día del Armisticio, el 11 de noviembre de 1918, y posiblemente hasta el Tratado de Versalles”. Es decir, hasta 2019.

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Pero #1917LIVE va más allá que otras iniciativas similares: no es una, sino hasta 45 cuentas oficiales que representan a medios, embajadas y personajes de la época (Lenin, Stalin o el último zar, Nicolás Romanov) para crear un “universo histórico tuitero”. “Tenemos cuentas administradas por historiadores publicados. Por ejemplo, la renombrada historiadora británica Helen Rappaport lleva la de las hermanas Romanov”, revela Karnovich-Valua, que se enorgullece de que entre los casi 50.000 seguidores de @RT_1917, el perfil principal, haya investigadores de universidades como Oxford, Georgetown o Cardiff.

“Intentamos que la cuentas sean coherentes con las figuras históricas que representan. Los bolcheviques, por ejemplo, son muy activos en Twitter, ya que en la vida real su propaganda era incendiaria y estaba por todas partes”, añade el estratega de redes Gleb Burashov, que añade que cualquiera puede crear su propia cuenta y tuitear, con el hashtag #1917CROWD, como si fuera testigo de aquel año decisivo. “Preveemos que la comunidad crezca intensamente a medida que nos acerquemos al clímax del proyecto en noviembre [cuando se cumplirán 100 años de la Revolución de Octubre]”.

Aunque la mayoría de estas cuentas de Twitter están en inglés –si bien algunas cuentan con aliados que traducen los tuis al castellano-, también existen exitosas iniciativas españolas como la del periodista Carlos Hernández de Miguel, que en 2015 contó día a día la historia de su tío Antonio, uno de los 9.300 españoles que vivieron y murieron en un campo de concentración nazi. Otras como Antigua Roma al Día han narrado este año in situ, cual noticia de última hora, acontecimientos tan remotos como el asesinato de Julio César (44 a.C.) o, hace solo unos días, la destrucción de Pompeya (79 d.C.).

“Plinio el joven fue un espectador directo de la tragedia desde la casa de su tío, el gran naturalista Plinio el viejo -que murió por la acción del volcán-. Gracias a sus escritos sabemos la hora a la que entró en erupción el Vesubio y, por supuesto, el día, 24 de agosto”, cuenta el arqueólogo Néstor F. Marqués, líder de un proyecto que encarna su obsesión: aplicar la tecnología al patrimonio histórico para acercarlo al gran público. “Cada vez son más los museos e instituciones culturales que se dan cuenta que somos nosotros -los que investigamos y difundimos la historia- quienes debemos adaptarnos a la sociedad para mantener los valores del respeto y el interés por el pasado. Y la historia solo se acuerda de aquellos que miran hacia delante”.

https://elpais.com/cultura/

13 REGLAS BÁSICAS PARA COMPARTIR INFORMACIÓN EN FACEBOOK Y NO SEGUIR CONTRIBUYENDO A LA IGNORANCIA

POSTEA DE MANERA EDUCADA Y RESPONSABLE. UNA SERIE DE DIRECTRICES PARA SUBIR EL NIVEL DE LA REFLEXIÓN Y NO SER VÍCTIMA DEL NARCISISMO, EL ENOJO Y LA IGNORANCIA QUE SON TAN FRECUENTES EN ESTA RED SOCIAL

En el último par de años de años Facebook ha sido criticado por analistas de medios, sociólogos y demás investigadores por convertirse en lo que llaman una “cámara de ecos” y una “burbuja de filtros”, esto es, un sitio cuyo algoritmo sólo refuerza las opiniones y prejuicios ya establecidos, regresando a los usuarios más de lo mismo (bajo la premisa: “si te gusta esto, te gustará esto también”). Esto parece haber sido instrumental en que, por ejemplo, durante el Brexit y las elecciones en Estados Unidos un electorado polarizado sólo recibió información que parecía confirmar su propia postura y sesgo, sin exponerse al diálogo o a información que cuestionara sus propias ideas. A ello hay que añadir la circulación de las fake news, que apelan también al deseo de ver confirmada una creencia en la realidad.

Así las cosas, Facebook y otras redes sociales se han convertido en una especie de pecera en la cual predomina la información superficial bajo la tiranía democrática del algoritmo. Buena parte del mundo está en Facebook, así que es difícil salirse, ya sea por cuestiones sociales, de trabajo o simplemente porque es el medio de comunicación más poderoso de la historia. Sin embargo, aunque el algoritmo parece promover información de baja calidad, lo cierto es que somos los usuarios quienes generamos el contenido, por lo cual existe una responsabilidad en lo que compartimos.

 

El escritor Andrew Sweeny ha escrito una serie de puntos que pueden ser una guía para que al postear en Faecbook no contribuyamos a seguir distribuyendo ignorancia y subamos el nivel de la reflexión. Y también para que tengamos presente cómo funciona el sitio y no compremos la ignorancia, el enojo, el narcisismo y la animadversión de los demás. Algo así como una guía antiséptica para postear en la era de la distracción masiva. Esto es, según Sweeny, solamente una obra en construcción y puede mejorarse, pero creemos que hay puntos que merecen rescatarse y reflexionare. 

1. Comparte textos completos, artículos, poemas, etc. Un pensamiento completo y no uno fragmentario, derivativo.

2. Habla con tu propia voz. No seas un mimo de la sabiduría…

3. No gastes tu tiempo discutiendo con personas que ya tienen una posición fija o una agenda. Personas que son “militantes ateos”, “cristianos renacidos”, “budistas tibetanos estadounidenses”, o lo que sea.

4. No tengas una conversación seria con alguien de quien te rehúsas a aprender.

5. Sé autor de tus propios pensamientos; esto significa que hablas desde tu posición o autoridad, no de la alguien más.

6. Sé original. Pero no en la forma del avant-garde o de manera freak, sino en el sentido de no ser derivativo (de buscar “el lenguaje vivo” que viene de tus propias entrañas, del origen).

7. Evita perogrulladas, lugares comunes, eslógans y todo tipo de frases hipnóticas que atraen a ciertas personas que son como parásitos que promueven un cierto estupor y entumecimiento, aunque esto parezca fácil felicidad.

8. Eleva el nivel de la inteligencia y la consideración de los sentimientos, en vez de bajarlo. Toma el riesgo de aislarte. No te disculpes por tus pasiones excéntricas.

9. Date cuenta de los límites (y posibles peligros), del medio y ve más allá de ellos. No esperes que los algoritmos o las máquinas sean tus amigos.

10. Date cuenta de que tus emociones están siendo usadas para generar dólares.

11. Comparte lo que creas que dará luz, no sólo posturas cargadas hacia un bando.

12. Abandona el juego del enojo y la indignación. Date cuenta de sus raíces narcisistas. 

13. No tomes la carnada [clickbait].

 

http://pijamasurf.com

El youtuber como tonto de pueblo

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La tecnología proporciona una pátina de modernidad a categorías laborales bastante antiguas. Por ejemplo, los youtubers, los haters y los influencers ya existían mucho antes de la invención de internet. En concreto, la figura del youtuber existía desde hace décadas, sólo que antes se lo denominaba “tonto de pueblo” y también vivía de lo mismo. Es cierto que los tontos de pueblo andaban muy lejos del dineral que pueden agenciarse algunos youtubers de fama mundial; por lo general, después de varias horas de actuación, no se llevaban más que unas monedas, un poco de lástima y dos o tres collejas. Pero también es verdad que por un youtuber que alcanza la gloria y se dedica a hacer anuncios de refrescos y a petarlo en las redes sociales, hay centenares que se quedan en la cuneta y se ganan una hostia en la jeta. En esto, los canales de video se parecen bastante a los gimnasios de boxeo: por cada campeón mundial hay centenares, quizá miles, que terminan en el hospital, en el cementerio o en casa de sus padres, tomando la sopa boba.

En Almuñécar, un hermoso pueblo de la costa granadina en el que descansaba de mis vacaciones en Motril, había a comienzos de los ochenta un tonto de pueblo certificado cuyas principales características eran los andares patizambos, la mandíbula adelantada un palmo y una marquesina con pelos en el entrecejo. Lo llamaban el Neanderthal, el Cromagnon y, más frecuentemente, el Hombre Prehistórico: bastaba darle una voz para que saliera corriendo detrás de la chiquillería que huía deliciosamente aterrorizada. Hoy, de haber subido los videos de aquellas persecuciones a youtube, el pobre hombre no sólo sería un fenómeno viral y estaría haciendo anuncios de refrescos sino que hasta podría haber fundado un partido político.

En cuanto a la tarea de provocar y dirigir corrientes de opinión, poco tenían que envidiarle a cualquier influencer de hoy día el párroco, el sacristán o el cura de pueblo. De hecho, hay arzobispos al estilo de Cañizares que incluso en la actualidad disfrutan de su propia pasarela de moda. Truenan contra la homosexualidad, el ateísmo y los matrimonios gays utilizando el púlpito con tarifa plana, aunque no tienen tanto éxito como sus homólogos islamistas, que son capaces de influenciar a sus seguidores a varios continentes de distancia.

El fenómeno del hater estuvo mucho tiempo circunscrito a la crítica literaria, musical y artística: abundaban los haters del impresionismo, del conceptismo, de Mahler y de Wagner. Pero también los había que se dedicaban a la política y así Cicerón fue hater de Catilina, Quevedo del Conde Duque de Olivares y Savonarola de todo el mundo. Aunque parece novedosa, la técnica de los youtubers está establecida desde tiempos remotos: aprovecharse a fondo de la hilaridad y la simpatía que ocasiona su aparición para vaciar los bolsillos del público. Un amigo me contó su estupor cuando conoció al tonto del pueblo en la barra de una discoteca: el tonto entró por la puerta, la gente se echó a reír, el tonto sobó a todas las tías que pudo, bebió a morro de cinco cubatas, gorroneó un cigarrillo y salió otra vez entre vítores. Góngora, quizá el youtuber más indescifrable que haya existido, lo explicó en un estribillo resplandeciente: “Ande yo caliente y ríase la gente”.

DAVID TORRES

http://blogs.publico.es/davidtorres

Pintura de Ramón Castellano de Torres

Si ves estas imágenes iguales, te colaron un virus

Las dos imágenes parecen ser idénticas y, de hecho, originalmente ‘pesaban’ lo mismo: 786.486 bytes. Sin embargo, la fotografía de la derecha contiene los diez primeros caracteres de la novela Lolita de Nabokov. Así de sencillo resulta ocultar mensajes cifrados, embebidos en imágenes que, aparentemente, son sólo eso, imágenes pero que en realidad oculta mucha más información.

Esta técnica, denominada esteganografía, se ha hecho muy popular en los últimos años –aunque se creó en el siglo XX- y saltó a las primeras planas por ser utilizada por terroristas para camuflar sus mensajes. Ahora, además, se ha extendido entre los desarrolladores de malware y spyware. Y es que los antivirus y demás software anti-malware poco pueden hacer contra el código insertado en imágenes, pasando inadvertidas.

Microcin (alias Six Little Monkeys), NetTraveler. Zberp, Enfal (Zero.T) o Triton (Fibbit) son sólo algunos de los últimos programas de malware o de ciberespionaje que contenían esteganografía. Los programas específicos para la detección de esteganografía aún se encuentran en un estado demasiado incipiente y todavía llevará tiempo en poder ser integradas en las herramientas antivirus de consumo doméstico.

Esto propicia que los malhechores que utilizan esta técnica, no sólo oculten los datos que quieren, si no que, además, consigan que no se detecte que esos datos se está cargando y descargando. Ni siquiera el software de seguridad de las empresas (sistemas DPI y anti-APT) pueden hacer frente a estos ficheros, pues no procesan archivos de imágenes por la cantidad de ellas que hay en las redes corporativas y, hoy por hoy, los algoritmo de análisis para este tipo de protección tienen precios desorbitados.

Pues bien, las noticias aún pueden ser peores, puesto que los malos parecen siempre ir un paso por delante de los buenos y han hallado un nuevo tipo de esteganografía… a través de los servidores DNS. ¿Cómo lo hacen? En realidad es más sencillo de lo que pudiera parecer.  Cuando se realiza una solicitud de DNS en el servidor DNS, el ciberdelincuente puede extraer la información que necesita del nombre de dominio que ha recibido descodificando su primera parte. De vuelta, el ciberdelincuente envía información en formato descodificado pero ubicándolo en el nombre de dominio de tercer nivel o superior.

Quien quiera ocultar información en una resolución de DNS, dispone nada menos que de 255 caracteres de reserva para ello, y de 63 caracteres para los subdominios. Dicho de otro modo, para quien sepa utilizarlo, puede llegar a ser un canal de comunicación muy útil que, además, resulta imperceptiblepara quien no lo busque específicamente.

El tema es mucho más complejo de lo que es posible describir en este artículo, pero éste resulta suficiente para transmitir la idea de lo complicada que puede llegar a ser la misión de los servicios de inteligencia antiterrorista que, a pesar de contar con tecnología de última generación, se enfrentan a una avalancha de amenazas inabarcables.

DAVID BOLLERO

http://blogs.publico.es/kaostica

Latidos virtuales

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El mundo de afuera ha atravesado la pantalla y se ha metido dentro de nuestros teléfonos. Por eso los miramos una media de ciento cincuenta veces al día, agitados por un nervio que nos impide desconectarlos y hace muy difícil separarnos de ellos, igual que los amantes compulsivos. Cuando se extravía, nos sentimos torpes y desterrados de la realidad, incapaces de seguir su ritmo. Lo buscamos con histeria en el bolso hasta que palpamos su carcasa a oscuras y la calma regresa a nuestro espíritu. Porque el móvil ejerce de prótesis vital: en él atesoramos nuestro universo particular, desconectamos la alarma de casa y calculamos nuestro azúcar en sangre. Su presencia ha dejado de ser invasiva para acabar demostrando que la virtualidad es la auténtica naturaleza de nuestra sociedad. Y no me refiero sólo a la información, sino a la gestión de lo cotidiano: el teléfono inteligente te explica el itinerario que debes de seguir para llegar a una dirección desconocida –y sin preguntarle, te avisa por mensaje del tráfico que habrá a las seis de la tarde para cruzar la ciudad–, te hace la fastidiosa lista de la compra e incluso controla la temperatura (y el gasto) de la calefacción.
¿Y qué ocurre con el mundo de afuera? ¿Qué nos perdemos mientras mi­ramos las pantallas? ¿Con cuántas personas que tenemos al lado dejamos de interactuar –hablarles, quererles…– mientras enviamos watsaps? Siempre he pensado que el éxito de los teléfonos inteligentes radica en la burbuja de intimidad que proporcionan. Ejercen de cortapisas a la soledad, evitándonos aquel sentimiento tan incómodo que nos colonizaba al llegar a un espacio público donde no conocíamos a nadie y la lectura era refugio insuficiente para sentirnos a salvo. Hoy, en cualquier circunstancia engorrosa –lo advierto cuando las personas no quieren relacionarse– uno se sumerge en su “verdadero mundo”, portador de señas de identidad, bagajes y, sobre todo, recuentos, que los investigadores utilizan cada vez más en sus cálculos.
En la Universidad de Stanford, acaban de estudiar la actividad física en más de cien países gracias a los pasos contados por nuestros móviles. Los ­españoles damos 5.936 pasos al día, de media, y la cifra nos coloca en el quinto lugar del ranking. No prima la narración de los pasos, sino el número. Mientras tanto, lo físico, lo palpable, va camino de convertirse en una reliquia de aquella vida antigua en que nos col­gábamos cámaras pesadas, mandábamos cartas, íbamos al videoclub o al banco. La comunicación humana, con sus aristas pero también sus epifanías, va siendo acotada por la inteligencia artificial que domina la forma de relacionarnos. Siempre que tengo que ­pagarle un café a una máquina, me arrugo de fastidio. Allí donde dejabas unos buenos días, y absorbías fugazmente la presencia del otro, hallas un silencio digital, que te hace sentir más cerca del mundo virtual que del que estás pisando.

JOANA BONET

http://www.elboomeran.com/blog

Ilustración:

Identificador de la imagen : 58409336
Tipo de imagen : Vectores
Derecho de autor : Валерий Качаев

Zombis

La ventaja de Internet, la descentralización, es también una debilidad frente a los virus

Un hombre escribiendo en su ordenador.
Un hombre escribiendo en su ordenador. KACPER PEMPER / REUTERS

 

EE UU, 1962. Los ciudadanos viven atemorizados ante una guerra atómica que parece inminente. Y el Gobierno se pregunta cómo recomponer la sociedad el día después de un eventual holocausto nuclear. Los sistemas de integración estándar —el teléfono y la red básica de control militar— quedarían inutilizados. Los supervivientes a un ataque nuclear permanecerían aislados en pequeños grupos, como los protagonistas de The Walking Dead, aunque sin zombis.

Paul Baran, un ingeniero de la Corporación RAND que asesora al Pentágono, ofrece una respuesta innovadora: una red descentralizada que permita las comunicaciones entre distintos puntos sin que tengan que pasar por un centro siempre vulnerable a los ataques enemigos. La información sería troceada y transmitida a través de enlaces redundantes. Baran se convirtió así en uno de los padres de Internet, que, como otros grandes inventos, no nació para cumplir un sueño, sino para evitar una pesadilla.

El origen de Internet nos ayuda a entender las amenazas que ahora viajan a toda velocidad por sus venas. Su ventaja, la descentralización, es una debilidad frente a virus como Wannacry y Petya. La seguridad, que no era una prioridad para los fundadores de la Red, es la obsesión de sus sucesores. El Internet de las Cosas permitirá que casi todo, del coche al frigorífico, pueda transformarse en un zombi al servicio de hackers.

Con todo el dinero del planeta circulando por la Red, los delincuentes tienen todos los incentivos del mundo para encontrar agujeros en las comunicaciones entre particulares y empresas. Y éstas, sometidas a una fuerte competitividad, sacrifican la prudencia en aras del crecimiento.

Frente a ese cortoplacismo social, nuestras miradas se dirigen a los Gobiernos. Pero no olvidemos su largo historial de miopía. Por ejemplo, agentes americanos vetaron, alegando motivos de defensa nacional, los sistemas de encriptación que hubieran hecho Internet más segura desde un principio.

Gracias a Internet, ya no tenemos miedo a vivir incomunicados, como en The Walking Dead. Pero a cambio de estar permanentemente rodeados de potenciales zombis. 

@VictorLapuente

VÍCTOR LAPUENTE GINÉ

Spooky

Los chinos esperan iniciar en cinco años una red global de comunicación cuántica. Van en serio, y lo están haciendo genial

Concepto de protón sobre fondo digital

Concepto de protón sobre fondo digital

 

Fue la peor pesadilla de Einstein. El genio por antonomasia del siglo XX nunca pudo aceptar la mitad de la física del siglo XX: la mecánica cuántica, donde una partícula puede estar en dos sitios a la vez, o puede no estar en ningún estado definido, sino en una superposición de ellos que, al igual que el famoso gato de Schrödinger, están a la vez vivos y muertos. Solo cuando las mides adquieren sus propiedades un valor definido, como las cosas de nuestro mundo.

Es curioso que fuera Einstein quien formulara el mayor desafío a la física cuántica, porque ese desafío ha logrado el efecto exactamente contrario: demostrar por encima de toda duda razonable que el mundo cuántico es genuinamente spooky (espeluznante, horrible, que pone los pelos de punta). Su peor pesadilla.

La mecánica cuántica no solo predice que una partícula puede estar en dos estados a la vez, sino también que dos partículas con un origen común pueden estar entrelazadas (entangled) como si fueran una sola. Einstein percibió que, si esto fuera cierto, ocurriría algo absurdo. Imagina un artefacto que genera dos partículas entrelazadas que salen pitando en direcciones opuestas a la velocidad de la luz. Deja a esas partículas alejarse mucho una de otra y luego mide las propiedades de una. Esa medición afectará a la otra partícula de manera instantánea, puesto que ambas eran un mismo objeto cuántico hasta el momento de la medición.

Instantáneo quiere decir que se propaga a mayor velocidad que la luz, y eso no cuadraba con Einstein, el descubridor de que la velocidad de la luz es un límite máximo por ley de la naturaleza. Einstein quiso reducir al absurdo esta predicción de la mecánica cuántica, y la llamó “acción espeluznante a distancia”.

 

Los físicos, sin embargo, saben desde hace tiempo que esa acción espeluznante ocurre en la realidad. De hecho, invalidar la objeción de Einstein ha sido un motor relevante de la física cuántica durante décadas. Pero el último avance merece una mención aparte.

Un equipo de científicos chinos ha presentado (Science, 15 de junio) el logro asombroso de mantener entrelazados miles de pares de fotones a lo largo de 1.200 kilómetros, y con mediación de un satélite, el primer satélite cuántico del mundo, lo que confirma de paso su posición como potencia espacial. Los objetivos inmediatos son algunas de las cuestiones más profundas de la física actual, pero en cinco o diez años los chinos esperan estar listos para iniciar una red global de comunicación cuántica. Van en serio, y lo están haciendo genial.

JAVIER SAMPEDRO

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