Las autoridades bien, gracias

Las autoridades bien, gracias
OLMO CALVO AP

LO QUE SE DIVISA al fondo parece una isla flotante en medio de un desierto de agua, un extraño conjunto de construcciones levantado sobre las olas. Pero son los cuerpos y las cabezas de un número indeterminado de inmigrantes a bordo de una embarcación en la que viaja el triple o más de las personas que caben en ella. De ahí el apiñamiento y la sensación de masa casi homogénea que producen, cuando son en realidad hombres, mujeres y niños dotados de una geografía corporal, de unos límites borrados por el temor al hundimiento, que los empuja al centro de la balsa. A eso se le llama ir a la deriva de forma literal no figurada, como decimos nosotros de quien no sabe qué hacer con su existencia. Ahí los tienen, emparedados entre un océano oscuro como el alma y una nube negra que da la impresión de ir a descargar sobre ellos toda la ira de los dioses.

He ahí un puñado de humanidad arrojado a la desesperación. La humanidad, de un tiempo a esta parte, perece así, a puñados surgidos de una mano gigante que los toma de la calle de un pueblo o de una ciudad y los arroja al océano como usted y yo echamos un puñado de garbanzos a la olla. Cada uno de los puntitos negros que se divisan desde la distancia moral desde la que los contemplamos corresponde sin embargo a un cráneo pensante, a un individuo. Por el interior de esos cráneos, como por el de usted o el mío, pasan imágenes y monólogos que tratan, suponemos, de aliviar el pánico, pues en esa aglomeración cabe también más miedo del que entraría en la suma de los cuerpos que la componen. Las autoridades, bien, gracias.

Juan José Millás

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Mamá

Ayer abrí las páginas de una novela que comenzaba así: “Mi madre ya no llora con esas cartas”, y salí volando del vagón del metro en el que viajaba

Un hombre leyendo un libro.
Un hombre leyendo un libro. © GETTYIMAGES

 

Un libro es un paisaje: el que contemplas con asombro a izquierda y derecha mientras progresas por las oraciones gramaticales que lo componen como por una senda abierta en el bosque. El proceso por el que la materialidad de la letra impresa se convierte en una sustancia mental, capaz de transformarse a su vez en imágenes que lo mismo nos llevan a la intimidad de una alcoba que a la cubierta de un ballenero, es un enigma semejante al del misterio eucarístico, pues si en la misa, mediante las palabras pronunciadas por el cura, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y en la sangre de Cristo, en la novela, gracias a un conjunto de sustantivos, adjetivos, etcétera, adecuadamente combinados, el lector abandona su identidad para transformarse en uno de los personajes de la peripecia narrativa, a veces en el mismísimo protagonista.

Lees, por ejemplo, esta frase: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, y eres arrancado del sofá, o del asiento del autobús, o de la cama en la que te encuentras con Cien años de soledad entre las manos. Lees “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, y eres arrebatado, como el profeta Elías, por un carro de fuego.

Ayer abrí las páginas de una novela que comenzaba así: “Mi madre ya no llora con esas cartas”, y salí volando del vagón del metro en el que viajaba, para ingresar en una absorbente aventura existencial que, aunque no hablaba de mí, me concernía como le concernirá a usted, créaselo, cuando acometa su lectura. Se titula Mamá y su autor es un argentino de origen español llamado Jorge Fernández Díaz. Buen viaje.

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¿Qué leches miramos?

¿Qué leches miramos?
GEORGE STEINMETZ CONTACTO

HE AQUÍ un caso de estabulación extremo. Los animales, atrapados en un pequeño rectángulo, han de asomar la cabeza para comer y beber por ese ventanuco carcelario bajo el que disponen de dos recipientes, uno para el agua, suponemos, y el otro para el pienso. La higiene es perfecta, no duden de ella. Los pendientes amarillos grapados a cada una de las orejas de estos mansos mamíferos dan cuenta del control al que viven sometidos. Son vacas con carné de identidad a las que seguramente se les administran antibióticos que a lo mejor, como efecto secundario, le curan a usted una infección de garganta. ¿No le pareció raro que se le fuera de un día para otro, y sin tratamiento alguno, esa faringitis que arrastraba desde que terminó el verano? La solución está en el yogur que se toma para desayunar, o en los chuletones que se hace en la barbacoa del jardín los fines de semana.

Conste que estas vacas son de Wisconsin, pero pocas cosas viajan más que la carne o que la leche (la mala leche, sobre todo). El otro día, en la pescadería, me vendieron un filete de pez espada procedente de Chile. Pero vamos a lo que íbamos que es a la higiene de carácter filosófico. Se siente uno culpable contemplando esta imagen. Todo muy limpio, sí, pero qué hay de la profilaxis mental. ¿Puedes ver esto en el periódico y no detenerte a meditar unos segundos? Si ha notado usted que los lácteos le saben a presidio, aquí tiene la respuesta. Por cierto, no se pierdan la expresión de perplejidad o de cabreo de la ­segunda vaca por la derecha. Nos pregunta qué leches miramos. 

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No me quedo tranquilo

No me quedo tranquilo
GEORGE STEINMETZ (CONTACTO)

PARECEN ESPERMATOZIODES A la espera de que suene la alarma para acudir a una eyaculación. De forma parecida al menos los mostraba Woody Allen en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar. Pero no. Trabajan en un matadero de pollos en Brasil y están haciendo un alto para reponer fuerzas. ¿Asombra o no asombra la fantasía de algunas empresas a la hora de uniformar a sus empleados? He aquí un atuendo de matar pollos que debe de ser muy funcional. Lo que desde luego transmite es una idea de higiene insuperable. La capacidad de organización del ser humano solo es comparable con su tendencia al caos. Lo que no sabríamos decir es si esta imagen representa la anarquía o el orden.

Por un lado, parece que está todo muy controlado para que los obreros no transmitan virus alguno a las aves. Pero por otro da la impresión de que el modo de garantizar ese control es el producto de una mente enferma. No se me entienda mal: soy partidario de la limpieza y de la desinfección. Todo lo que sea profilaxis, signifique lo que signifique profilaxis, me parece bien. Lo que me pregunto es si no había otro modo de lograrla. También estoy de acuerdo en que los sargentos se distingan de los generales, pero yo colocaría menos chatarra en el pecho de los últimos. La bata de los médicos, por ejemplo, es un modelo de contención. Van aseados y pulcros sin necesidad de llenarse la bocamanga de pequeños bisturíes de acero ni filigranas de oro. Ignoro de qué nos vestimos para matar pollos en España, pero prometo investigar porque no me quedo tranquilo. 

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Podrida

La sustitución de la gasolina, que huele y se ve, por la electricidad, etérea e inodora, coincide con el acabamiento de un tipo de hombría rudimentario

Los motores de combustión tienen ya fecha de caducidad.
Los motores de combustión tienen ya fecha de caducidad. ERIC GAILLARD REUTERS

El motor de explosión de cuatro tiempos, ahora condenado a muerte, estaba hecho a la imagen y semejanza de las dos aurículas y los dos ventrículos de nuestros corazones. Mi profesor de Ciencias Naturales nos explicaba el cuerpo humano comparándolo con un automóvil. Y la analogía funcionaba porque quemamos, en efecto, sólidos y líquidos cuya combustión produce desechos que expulsamos por el tubo de escape. Como los perros para Descartes, los humanos éramos máquinas para mi maestro. A su viejo seiscientos, en cambio, lo trataba como a un niño porque lo identificaba con su pene. Cuando el automóvil, como el Soberano, era cosa de hombres, constituía, más que un medio de transporte, una metáfora de los genitales masculinos. De ahí el afán de los adolescentes de entonces por obtener deprisa, deprisa, el carné de conducir.

La sustitución de la gasolina, que huele y se ve, por la electricidad, etérea e inodora, coincide, pues, con el acabamiento de un tipo de hombría rudimentario, una hombría de cuatro tiempos, podríamos decir, con unos problemas de carburación tales que venía haciendo el ambiente moral irrespirable. No sabemos si la gasolina y el diésel durarán los 20 o 30 años que les concede la ley, pero serían impensables 20 o 30 años más de terrorismo doméstico, de brecha salarial, de diferencias laborales, de crímenes de género como los que relata la prensa cada martes y cada miércoles.

La fecha de caducidad de los motores de combustión viene a significar el fin de la mecánica, que tanta fascinación produjo a los enciclopedistas del XVIII, y el advenimiento del magnetismo, que ya estaba, aunque no era hegemónico. El rugido de los viejos motores comienza a evocar una virilidad podrida.

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La obsesión por la simetría

La obsesión por la simetría
GETTY IMAGES

 

Los confesionarios poseen un atractivo oscuro. Y aunque los hay de varias clases, abundan aquellos que como el de la foto poseen un cuerpo central, donde se oculta el sacerdote, flanqueado por sendas formaciones simétricas destinadas al penitente. Mientras el cura escucha al pecador de su derecha, otro arrepentido puede ir acomodándose (es un decir) a su izquierda. De este modo, cuando despida al primero, no tiene más que girar levemente el cuerpo para atender al segundo. Son las ventajas del confesionario que podríamos denominar “bifaz”, o de dos caras, como aquellas hachas prehistóricas que representaban las dos mitades de las que está hecho el cuerpo humano.

—¿Pero eran más eficaces para matar que las de un solo filo?

—No lo sabríamos decir, aunque no todo en esta vida se mide por su eficacia material.

También este curioso artefacto reproduce las dos mitades del cuerpo: a cada lado, un pulmón, y en el centro, el corazón. Significa que quizá no está diseñado con un criterio económico, sino de carácter simbólico. Uno entra en la iglesia, observa el vacío de uno de los espacios y le cuesta resistirse a la tentación de ocuparlo, a fin de equilibrar el peso de las dos partes. Lo que no acabamos de comprender es por qué el cura, que teóricamente no tiene nada que ocultar, aparece protegido por la celosía de la puerta central, mientras que los pecadores, pobres, permanecen al aire libre. En realidad, no comprendemos nada de lo que ocurre ahí, pero nuestra afición al bricolaje nos obliga siempre a detenernos frente a estos muebles tan curiosos. 

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Fantasías

Y no porque Trump no sea peligroso, pues muerde a diestro y siniestro, sino porque el peligro se encuentra en todas partes

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca. JONATHAN ERNSTREUTERS

Un perro normal, no importa ahora dónde, mató hace poco a mordiscos a un bebé. Decimos que el perro era normal porque no se trataba de un rottweiler, ni de un dóberman, ni de un bull terrier o cualquiera otra de las llamadas “razas asesinas”. Significa que los perros normales hacen cosas malas también, igual que las personas normales. En realidad, lo anormal es una extensión de lo normal. No están claras las fronteras entre uno y otro territorio; no hay carteles que indiquen cuándo se sale de este y se entra en aquel, como sucede, por ejemplo, en los museos, donde la sala de los pintores del XIX aparece claramente diferenciada de la de los del XX.

Tampoco es habitual que la gente ponga en la puerta de su casa un anuncio que diga: AQUÍ VIVE UNA FAMILIA NORMAL. Quizá las haya, pero no se atreven a proclamarlo porque el hecho mismo de hacerlo constituiría una rareza que las excluiría de la sensatez. Suele ponerse, en cambio, PERRO PELIGROSO, aunque no siempre es verdad. En todo caso, se puede ser un perro peligroso sin necesidad de pertenecer a una raza loca. Hay perros equilibrados que matan, del mismo modo que hay individuos anormales que alcanzan puestos tan homologados como la presidencia de los EE UU. He aquí un caso, el de Donald Trump, donde lo extravagante y lo convencional conviven con una naturalidad atroz. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido colocar a la entrada de la Casa Blanca el siguiente aviso: CUIDADO CON EL PRESIDENTE.

Y no porque Trump no sea peligroso, pues muerde a diestro y siniestro, sino porque el peligro se encuentra en todas partes. Eso sí, nos tranquiliza mucho que existan perros oficialmente asesinos, pues ello nos permite fantasear con la idea de que la mayoría no lo son.

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El filtro

La ministra puede pensar que los maricones son maricones y que se trabaja mejor en un entorno masculino que femenino

Dolores Delgado, ministra de Justicia.
Dolores Delgado, ministra de Justicia. LUIS SEVILLANO

 

No sabemos si lo de la ministra de Justicia es de dimisión, pero deprime mucho. Dios mío, te dices, una persona de ese nivel, cuya formación hemos pagado entre todos, manifestándose en ese tono tan soez. La película El reino, de inminente estreno, saca comilonas de políticos donde los “maricones” y los “hijos de puta” sobrevuelan por encima de la fuente de carabineros. Y aunque se trata de un filme realista, nos pareció observar en su preestreno que hasta el marisco, ya muerto y cocido, se estremecía ante el vocabulario y la sintaxis de los comensales. No nos extrañaría que algunos camareros se suicidaran al llegar a casa. A veces se pega el tiro quien no debe, por puro asco.

No estamos de acuerdo en cualquier caso con quienes aseguran que nadie soportaría la exposición pública de una conversación privada. Si habláramos como parece que hablan las fiscales, los jueces y los mandos policiales cuando quedan a comer, tendríamos que pensar que algo falla en nuestro sistema educativo y, sobre todo, en la formación de quienes están llamados a dirigir las altas instancias del Estado. Por si fuera poco, y en combinación con ese discurso tabernario, asistimos a una ausencia de discreción que pone los pelos de punta. La ministra puede pensar que los maricones son maricones y que se trabaja mejor en un entorno masculino que femenino. Allá ella con sus intimidades, pero que las filtre, aunque sea la hora del café y hayan caído cuatro copas de Soberano, ese coñac machista. El filtro es una herramienta que aparece en los tratados de urbanidad elementales. En fin, que, después de todo, quizá sí debería dimitir, aunque lo haga entre expresiones de ira que incluyan “maricones”, “hijos de la gran puta” o “cabrones de mierda”.

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Pulpo

El ser humano posee recursos verbales para justificar cualquier atrocidad, solo necesita documentarse

El Ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell asiste a una Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento.rn
El Ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell asiste a una Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento. VÍCTOR J. BLANCO / GTRES

 

Como principio general, no deberíamos vender armas a Arabia Saudí, pero ahí está la casuística para esquivar los principios generales cuando estorban. Significa que conviene establecer distinciones entre la doctrina y el caso concreto. Si un cura, por ejemplo, viola a un niño, lo conveniente es poner a cubierto al cura, olvidando el principio. El escándalo venéreo en el que chapotea la Iglesia de Cristo no es atribuible, pues, a sus creencias, sino a su casuística.

La socialdemocracia es históricamente hablando muy partidaria de esta doctrina. Aquella frase de Felipe González según la cual la democracia se defiende también en las alcantarillas es teología moral en estado puro. La venta, en fin, de 400 bombas a un país que se emplea contra la población civil de Yemen es condenable, excepto si ese país adquiere cinco corbetas en el mismo paquete. Del mismo modo que en el caso anterior el bien a proteger era el cura, ahora es la corbeta. Los niños bombardeados lo tienen crudo, pobres.

El ser humano posee recursos verbales para justificar cualquier atrocidad, solo necesita documentarse. Si echamos mano de Max Weber, que siempre queda bien, tropezamos enseguida con la famosa diferencia entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. La primera es útil para alcanzar el poder; la segunda, para mantenerlo. En el caso de las bombas asesinas, la distancia que separa la convicción de la responsabilidad son 1.800 millones de euros: calderilla, comparado con lo que aquí se roba. Los podríamos obtener apretando las tuercas a un par de defraudadores. Pero colocar las certezas morales por encima de los principios del capitalismo resulta suicida. Compañero Borrell, aceptamos pulpo como animal de compañía.

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Cagada

No negamos la buena voluntad de nuestros dirigentes, pero alguien debería advertirles de que el infierno está empedrado de buenas intenciones

Exhumacion Franco
Protestas en el Valle de los Caídos contra los planes del Gobierno de exhumar los restos de Francisco Franco. SANTI BURGOS

 

García Márquez, fascinado como vivía por los dictadores, habría escrito una novela corta genial sobre la exhumación de los restos de Franco. El Gobierno de Sánchez, según se nos dijo en julio, aspiraba a componer un relato breve, pero le está saliendo Guerra y paz. Los últimos cálculos de la vicepresidenta apuntan al mes de diciembre como la fecha más probable para levantar la losa de 1.500 kilos y proceder al desenterramiento. Un regalo de Nochebuena, en fin. Quizá los puestos de belenes de la plaza Mayor vendan este año calaveras de plástico del Caudillo para que los nostálgicos las cuelguen de sus árboles de Navidad.

Todo esto era para decir que no se ha podido hacer peor. Inexplicablemente, se le ha dado al enemigo medio año para lloriquear. El mismísimo nieto del dictador, un botarate al que arrebataron el apellido de su padre para que no se perdiera la memoria del abuelo, ha salido en las teles en plan hombre de Estado quejándose del revanchismo de la izquierda. Esa familia de mediocres, que vive impunemente de lo que nos robó el viejo, ha aparecido como víctima de una macabra acción de los enemigos de España. No es todo: un numeroso grupo de militares, o de exmilitares, ahora no caigo, se han permitido el lujo de firmar a cara descubierta un manifiesto a favor de la dictadura. Por si fuera poco, esa cagada de granito conocida como Valle de los Caídos se ha convertido en un insólito lugar de peregrinación.

No negamos la buena voluntad de nuestros dirigentes, pero alguien debería advertirles de que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Para compensar el regalo de Nochebuena, sería fantástico que los Reyes Magos nos trajeran la renta básica universal. Pero ni siquiera está anunciada

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