La obsesión por la simetría

La obsesión por la simetría
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Los confesionarios poseen un atractivo oscuro. Y aunque los hay de varias clases, abundan aquellos que como el de la foto poseen un cuerpo central, donde se oculta el sacerdote, flanqueado por sendas formaciones simétricas destinadas al penitente. Mientras el cura escucha al pecador de su derecha, otro arrepentido puede ir acomodándose (es un decir) a su izquierda. De este modo, cuando despida al primero, no tiene más que girar levemente el cuerpo para atender al segundo. Son las ventajas del confesionario que podríamos denominar “bifaz”, o de dos caras, como aquellas hachas prehistóricas que representaban las dos mitades de las que está hecho el cuerpo humano.

—¿Pero eran más eficaces para matar que las de un solo filo?

—No lo sabríamos decir, aunque no todo en esta vida se mide por su eficacia material.

También este curioso artefacto reproduce las dos mitades del cuerpo: a cada lado, un pulmón, y en el centro, el corazón. Significa que quizá no está diseñado con un criterio económico, sino de carácter simbólico. Uno entra en la iglesia, observa el vacío de uno de los espacios y le cuesta resistirse a la tentación de ocuparlo, a fin de equilibrar el peso de las dos partes. Lo que no acabamos de comprender es por qué el cura, que teóricamente no tiene nada que ocultar, aparece protegido por la celosía de la puerta central, mientras que los pecadores, pobres, permanecen al aire libre. En realidad, no comprendemos nada de lo que ocurre ahí, pero nuestra afición al bricolaje nos obliga siempre a detenernos frente a estos muebles tan curiosos. 

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Fantasías

Y no porque Trump no sea peligroso, pues muerde a diestro y siniestro, sino porque el peligro se encuentra en todas partes

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca. JONATHAN ERNSTREUTERS

Un perro normal, no importa ahora dónde, mató hace poco a mordiscos a un bebé. Decimos que el perro era normal porque no se trataba de un rottweiler, ni de un dóberman, ni de un bull terrier o cualquiera otra de las llamadas “razas asesinas”. Significa que los perros normales hacen cosas malas también, igual que las personas normales. En realidad, lo anormal es una extensión de lo normal. No están claras las fronteras entre uno y otro territorio; no hay carteles que indiquen cuándo se sale de este y se entra en aquel, como sucede, por ejemplo, en los museos, donde la sala de los pintores del XIX aparece claramente diferenciada de la de los del XX.

Tampoco es habitual que la gente ponga en la puerta de su casa un anuncio que diga: AQUÍ VIVE UNA FAMILIA NORMAL. Quizá las haya, pero no se atreven a proclamarlo porque el hecho mismo de hacerlo constituiría una rareza que las excluiría de la sensatez. Suele ponerse, en cambio, PERRO PELIGROSO, aunque no siempre es verdad. En todo caso, se puede ser un perro peligroso sin necesidad de pertenecer a una raza loca. Hay perros equilibrados que matan, del mismo modo que hay individuos anormales que alcanzan puestos tan homologados como la presidencia de los EE UU. He aquí un caso, el de Donald Trump, donde lo extravagante y lo convencional conviven con una naturalidad atroz. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido colocar a la entrada de la Casa Blanca el siguiente aviso: CUIDADO CON EL PRESIDENTE.

Y no porque Trump no sea peligroso, pues muerde a diestro y siniestro, sino porque el peligro se encuentra en todas partes. Eso sí, nos tranquiliza mucho que existan perros oficialmente asesinos, pues ello nos permite fantasear con la idea de que la mayoría no lo son.

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El filtro

La ministra puede pensar que los maricones son maricones y que se trabaja mejor en un entorno masculino que femenino

Dolores Delgado, ministra de Justicia.
Dolores Delgado, ministra de Justicia. LUIS SEVILLANO

 

No sabemos si lo de la ministra de Justicia es de dimisión, pero deprime mucho. Dios mío, te dices, una persona de ese nivel, cuya formación hemos pagado entre todos, manifestándose en ese tono tan soez. La película El reino, de inminente estreno, saca comilonas de políticos donde los “maricones” y los “hijos de puta” sobrevuelan por encima de la fuente de carabineros. Y aunque se trata de un filme realista, nos pareció observar en su preestreno que hasta el marisco, ya muerto y cocido, se estremecía ante el vocabulario y la sintaxis de los comensales. No nos extrañaría que algunos camareros se suicidaran al llegar a casa. A veces se pega el tiro quien no debe, por puro asco.

No estamos de acuerdo en cualquier caso con quienes aseguran que nadie soportaría la exposición pública de una conversación privada. Si habláramos como parece que hablan las fiscales, los jueces y los mandos policiales cuando quedan a comer, tendríamos que pensar que algo falla en nuestro sistema educativo y, sobre todo, en la formación de quienes están llamados a dirigir las altas instancias del Estado. Por si fuera poco, y en combinación con ese discurso tabernario, asistimos a una ausencia de discreción que pone los pelos de punta. La ministra puede pensar que los maricones son maricones y que se trabaja mejor en un entorno masculino que femenino. Allá ella con sus intimidades, pero que las filtre, aunque sea la hora del café y hayan caído cuatro copas de Soberano, ese coñac machista. El filtro es una herramienta que aparece en los tratados de urbanidad elementales. En fin, que, después de todo, quizá sí debería dimitir, aunque lo haga entre expresiones de ira que incluyan “maricones”, “hijos de la gran puta” o “cabrones de mierda”.

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Pulpo

El ser humano posee recursos verbales para justificar cualquier atrocidad, solo necesita documentarse

El Ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell asiste a una Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento.rn
El Ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell asiste a una Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento. VÍCTOR J. BLANCO / GTRES

 

Como principio general, no deberíamos vender armas a Arabia Saudí, pero ahí está la casuística para esquivar los principios generales cuando estorban. Significa que conviene establecer distinciones entre la doctrina y el caso concreto. Si un cura, por ejemplo, viola a un niño, lo conveniente es poner a cubierto al cura, olvidando el principio. El escándalo venéreo en el que chapotea la Iglesia de Cristo no es atribuible, pues, a sus creencias, sino a su casuística.

La socialdemocracia es históricamente hablando muy partidaria de esta doctrina. Aquella frase de Felipe González según la cual la democracia se defiende también en las alcantarillas es teología moral en estado puro. La venta, en fin, de 400 bombas a un país que se emplea contra la población civil de Yemen es condenable, excepto si ese país adquiere cinco corbetas en el mismo paquete. Del mismo modo que en el caso anterior el bien a proteger era el cura, ahora es la corbeta. Los niños bombardeados lo tienen crudo, pobres.

El ser humano posee recursos verbales para justificar cualquier atrocidad, solo necesita documentarse. Si echamos mano de Max Weber, que siempre queda bien, tropezamos enseguida con la famosa diferencia entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. La primera es útil para alcanzar el poder; la segunda, para mantenerlo. En el caso de las bombas asesinas, la distancia que separa la convicción de la responsabilidad son 1.800 millones de euros: calderilla, comparado con lo que aquí se roba. Los podríamos obtener apretando las tuercas a un par de defraudadores. Pero colocar las certezas morales por encima de los principios del capitalismo resulta suicida. Compañero Borrell, aceptamos pulpo como animal de compañía.

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Cagada

No negamos la buena voluntad de nuestros dirigentes, pero alguien debería advertirles de que el infierno está empedrado de buenas intenciones

Exhumacion Franco
Protestas en el Valle de los Caídos contra los planes del Gobierno de exhumar los restos de Francisco Franco. SANTI BURGOS

 

García Márquez, fascinado como vivía por los dictadores, habría escrito una novela corta genial sobre la exhumación de los restos de Franco. El Gobierno de Sánchez, según se nos dijo en julio, aspiraba a componer un relato breve, pero le está saliendo Guerra y paz. Los últimos cálculos de la vicepresidenta apuntan al mes de diciembre como la fecha más probable para levantar la losa de 1.500 kilos y proceder al desenterramiento. Un regalo de Nochebuena, en fin. Quizá los puestos de belenes de la plaza Mayor vendan este año calaveras de plástico del Caudillo para que los nostálgicos las cuelguen de sus árboles de Navidad.

Todo esto era para decir que no se ha podido hacer peor. Inexplicablemente, se le ha dado al enemigo medio año para lloriquear. El mismísimo nieto del dictador, un botarate al que arrebataron el apellido de su padre para que no se perdiera la memoria del abuelo, ha salido en las teles en plan hombre de Estado quejándose del revanchismo de la izquierda. Esa familia de mediocres, que vive impunemente de lo que nos robó el viejo, ha aparecido como víctima de una macabra acción de los enemigos de España. No es todo: un numeroso grupo de militares, o de exmilitares, ahora no caigo, se han permitido el lujo de firmar a cara descubierta un manifiesto a favor de la dictadura. Por si fuera poco, esa cagada de granito conocida como Valle de los Caídos se ha convertido en un insólito lugar de peregrinación.

No negamos la buena voluntad de nuestros dirigentes, pero alguien debería advertirles de que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Para compensar el regalo de Nochebuena, sería fantástico que los Reyes Magos nos trajeran la renta básica universal. Pero ni siquiera está anunciada

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Acero laminado

Acero laminado
REBECCA COOK REUTERS

El acero es un metal con estudios superiores. Procede de la mezcla del hierro con el carbono, que es un no metal (algo así como una proposición no de ley, ya que no conduce el calor ni la electricidad). El acero acojona. Cuando en la cocina de mi casa empezaron a entrar utensilios de acero, me fugué al cuarto de estar. Sucede que donde se decía “acero inoxidable”, yo entendía “acero inexorable”, en otras palabras, acero sin piedad. De hecho, una vecina mía perdió media cara por la explosión de una olla exprés. Aunque le rellenaron el hueco con una prótesis del mismo material con el que se construían los rostros de las muñecas de Famosa, daba pánico cruzarse con ella en la escalera. No es fácil reproducir el color ni la textura de la carne. Parece una tontería la carne, más ahora con las resinas sintéticas y la piel artificial, pero donde esté la auténtica que se quiten los sucedáneos. El ojo de cristal que le pusieron, en cambio, era perfecto. Siempre pensé que veía más por él que por el auténtico.

El acero, en fin, es una salvajada si lo comparamos con su hermano menor, el hierro. No hay rama en la industria en la que no se utilice. Se encuentra en los edificios, en los aviones, en los coches, en los destornilladores y alicates, en los electrodomésticos, también en la industria armamentística y en la naval, por no citar la relojera. El de la foto pertenece a la variedad de acero laminado. Se consigue calentando un lingote de este metal para pasarlo luego por unos tambores que lo convierten en esa especie de rollo de papel higiénico feroz, listo para su venta. 

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El arte y la vida

El arte y la vida
INMA FLORES

 

ALGO QUE PERMANECÍA desencajado en tu interior se articula al contemplar esta fotografía, como cuando te quedas embobado ante un mondrian. ¡Pero si no hay nada más que geometría y cromatismo!, te dices. Geometría y cromatismo, vale, pero tú sigues ahí, delante de la pintura, como un pasmarote, igual que al dar el primer trago a la copa de vino permaneces atento al modo en que el alcohol se abre paso por el sistema vascular y alcanza misteriosamente el encéfalo para provocar un estallido de depresión o euforia. Así permaneces frente al mondrian, siguiendo el rastro que su mera observación provoca en tu intelecto, tan difícil de expresar en palabras.Lo cierto es que, al alejarte de la pintura, te sientes como organizado, igual que cuando, perdido en una ciudad extranjera, tropiezas con uno de esos mapas en los que una leyenda dice: “Usted está aquí”. ¡Qué felicidad, la de encontrarnos! Nos ocurre también al leer un buen poema, una buena novela, al ver una película estimable: que descubrimos, siquiera de forma provisional, nuestro lugar en el mundo. Para eso sirven las representaciones de la realidad que proporciona el arte. Quizá el valor de esta fotografía sea el de señalarnos dónde estamos. O el de ayudarnos a decidirlo. Nos hallamos, por ejemplo, fuera, observando las cosas desde el ojo de la fotógrafa. O quizá dentro, detrás de una de esas persianas. Tal vez esta geometría plana y ligeramente coloreada sea el reflejo de una aspiración moral. Ese orden, esa discreción, ese juego de luces y de sombras nos representan. De ahí el placer de su contemplación.

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El culo

No hay que ser un vicioso de CSI para saber que esos tuits borrados vienen a constituir una zona de sombra, una autobiografía inversa

En cuatro días de Twitter disponemos ya de un útil para eliminar de la cuenta nuestras obras completas.
En cuatro días de Twitter disponemos ya de un útil para eliminar de la cuenta nuestras obras completas.KACPER PEMPEL REUTERS

 

Los tuits son las miguitas de pan que sirven para volver a casa, pero quién quiere volver a casa frente a la perspectiva de vivir en Prado del Rey. En resumen, que cuando suena el teléfono y te dicen que permanezcas atento a la pantalla, pues está a punto de caerte una subsecretaría, lo primero que tienes que hacer es salir con el móvil al callejón de atrás de tu existencia, y allí, en compañía de las ratas, vaciarlo del todo. Diez mil, doce mil, quince mil tuits, los que hagan falta, que no quede rastro alguno de tu ideario, si un ideario cabe en tan pocos caracteres.

Lleva trabajo, pero tampoco es como desescribir la Crítica de la razón pura o El segundo sexo. No se imagina uno a Simone de Beauvoir o a Kant censurándose a sí mismos. Ni a Flaubert solicitando a sus editores la despublicación de Madame Bovary. En cinco siglos de imprenta a nadie se le ha ocurrido inventar la desimprenta, pero en cuatro días de Twitter disponemos ya de un útil para eliminar de la cuenta nuestras obras completas. Aunque queda la huella, claro. No aparece el zapato, de acuerdo, pero sí su molde sobre el barro y de su molde se puede deducir hasta el peso de quien lo calzaba. No hay que ser un vicioso de CSI para saber que esos tuits borrados vienen a constituir una zona de sombra, una autobiografía inversa.

Hay gente que jamás visita esa zona de sombra como hay gente que no ha visto su culo. Pero existen ambos, el culo y la zona, aunque hasta la aparición de Internet no habíamos tenido la oportunidad de mostrarla. Al principio da gusto, pues quién no tiene un lado exhibicionista. Pero cuando llega la oportunidad de medrar, el culo no funciona. Puedes borrarlo, sí, pero queda su sombra, que es casi peor que su realidad.

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666

Su bebé ha muerto, le decían a la pobre mujer, mientras el fruto de sus entrañas viajaba a la habitación de al lado

666© GETTYIMAGES

El médico y las monjitas cogieron al recién nacido y lo llevaron al quirófano de al lado, donde le cortaron los dos brazos. Luego dijeron a la doliente madre que el niño había nacido así, al tiempo de mostrarle un catálogo de prótesis de titanio muy baratas. Entre tanto, los miembros amputados viajaban dentro de una nevera portátil hacia otro quirófano donde un matrimonio de millonarios acababa de tener un hijo sin brazos. Tras recibir el cheque, un equipo de expertos implantó las extremidades arrebatadas al niño pobre en el cuerpo del niño rico, donde, gracias a los análisis previos, encajaron a la perfección.

Esta noticia es falsa, al menos de momento, y porque la cirugía no ha alcanzado aún un grado de perfección tal que permita extraer un ojo de la cara a un bebé proletario para cedérselo a otro con posibles. De ahí que los médicos malos y las monjitas perversas hayan venido arrebatando a las mamás con dificultades económicas el niño entero: una amputación que no deja rastros aparentes. Su bebé ha muerto, le decían a la pobre mujer, mientras el fruto de sus entrañas viajaba a la habitación de al lado, donde era adquirido por una señora adinerada que había simulado un embarazo con cojines de plumas y náuseas artificiales.

Amputación e implante. Pura magia. Nada por aquí, nada por allá. En la habitación 665 se lloraba por el bebé falsamente muerto mientras que en la 666 se abría una botella de champán por el alumbramiento apócrifo. Cuando la desconsolada madre solicitaba ver el cuerpo de su hijo, sacaban un cadáver auténtico del congelador, le daban seguramente un toque de microondas, y se lo mostraban desde los pies de la cama. Todo desde esa normalidad atroz con la que discurren las horas y los días.

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Contraseña

Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos.

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos.
 GETTY IMAGESSalí de casa a media tarde para diluir mis preocupaciones en un gin-tonicclandestino. Ya en la cafetería, quise ir al baño, pero estaba cerrado. El camarero me informó de que al lado de la puerta había un teclado numérico en el que debía marcar el 3101 para que se abriera. Me hizo gracia porque yo nací un 31 de enero. Bueno, más que hacerme gracia, me inquietó un poco. No me gustó, en fin, la asociación, pero tampoco quise darle demasiada importancia. Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico. Regresé al aseo y en efecto, descubrí el teclado, que se parecía al de una caja fuerte. La caja fuerte de la mierda, pensé. La puerta, de metal, reforzaba esa idea de dispositivo de seguridad inverso, pues no era para evitar que se robaran los excrementos, sino para impedir que se depositaran. Imaginé que en ese instante se acababa el mundo y que dentro de 1.000 años unos espeleólogos forzaban la puerta y en vez de descubrir el cuerpo momificado de un faraón, se encontraban con un retrete sucio del siglo XXI. ¿Por qué esas medidas de seguridad?, se preguntarían.

 

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos. La idea de quedarme encerrado me horroriza, así que no entré, pero le proporcioné la clave a un indigente que había en la calle. La 3101, le dije mientras me dirigía al bar de al lado sin haberme tomado el gin-tonic, pues entre unas cosas y otras el hielo se había derretido y sabía mal. Los aseos del nuevo establecimiento no tenían contraseña secreta y estaban más o menos limpios, de modo que accedí a ellos sin problema, hice un pis preventivo (en realidad no tenía ganas, pero nunca se sabe) y pedí otro gin-tonic que me supo a gloria.

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