Extracciones: Lo intacto [Claudia Masin]

Extracciones: Lo intacto [Claudia Masin]

Portada Lo intacto

 

Recientemente publicado en Argentina por Hilos Editora y próximo a editarse también en Chile, Lo intacto es el último libro de la poeta argentina Claudia Masin. Cada uno de los veintiocho poemas que componen el volumen, y aquí su particularidad, está basado en una película. Un libro bellísimo sobre el amor, el deseo, el cuerpo, el dolor y la fragilidad que confirma a Masin como una de las autoras más sobresalientes de la actualidad poética en Argentina.

 

Refugio

Yo no sabía
hacer otra cosa que aislarme de un mundo
al que no le interesaba más que como un animal exótico,
el último ejemplar de una especie
peligrosa y rara. Pero qué se hace cuando alguien
te mira con una delicadeza que ocupa el lugar
donde debería estar el asco o el miedo,
cuando el contacto de la vista ajena
es un abrazo del que no es posible
sustraerse, y no se quiere huir ni atacar sino quedarse
bajo su halo como si se tratara de un fuego
que mide su poder para no quemarte. Qué hago yo,
que sólo sé dañar como fuí dañado. Qué hago con la furia,
con el odio que me atraviesa el pecho de lado a lado
igual que una flecha
recién clavada. Qué hago sino cerrar los ojos
y dejar que esa mirada mansa y persistente como el agua
cicatrice las llagas, se meta en cada una de las fibras
maltrechas y las sane, aunque sepa –lo sé– que no hay nada
que vuelva a ser lo que fue, intacto,
nada que retroceda hasta el momento
en que fue doblegado. Perdón entonces
por no saber sanar al ser tocado por tus ojos y tus manos,
perdón por el dolor que voy a causarte sin querer
causarlo, y por la enfermedad y por la muerte,
por todo lo que no puedo detener, por la promesa
que sabemos imposible de cumplir
y sin embargo voy a hacerte.

 

Persona

Quien renuncia a hablar, a moverse, quien un día
se queda tercamente quieto, detiene el universo. Todo sigue
aparentemente igual pero empieza
a abrirse una grieta por donde se filtra lo que el mundo
trabaja día y noche para expulsar: lo que traía cada cuerpo
cuando vino y todavía no había sido confinado
a una serie de movimientos simples y seguros que no pueden
amenazar el orden ni romperlo. Lo que había antes
de que se pierda para siempre la magnífica,
inconcebible fuerza que nos estrella contra los otros y nos rompe
y a las astillas que quedan las reúne y las mezcla
hasta que no es posible saber dónde empieza, dónde termina
cada cuerpo. Un imán, una fuerza de atracción tan potente
como la que nos empuja hacia el núcleo de la tierra, se traga
desde entonces cualquier gesto de desobediencia: quien no acepte
ser uno, una, aislado y protegido de los otros por una corteza
mucho más gruesa que la de un árbol viejo, a ése
le será quitado todo, no tendrá ni el pobre consuelo
de las palabras para poder soportar
la magnitud de su pérdida. Yo, que decidí irme,
ya no tengo casa donde vivir ni materiales ni voluntad
para levantarla de nuevo. Se ha venido abajo el muro finalmente
y detrás no queda nada. Me dijiste que éramos
dos niños angustiados, llenos de buenas intenciones
pero gobernados por fuerzas
que solo controlamos parcialmente. Y los niños
no saben hacer pactos, no saben
más que andar descalzos por el monte plagado de serpientes,
sin escuchar las órdenes, los consejos que ayuda
a vivir sin arriesgarse y sin que duela
el dolor ajeno. No conocen
esa clase de indiferencia que –mezclada con el miedo–
es el antídoto más potente. Que sea en esa ley:
la de los niños. La que hace
que el propio cuero se revuelva de dolor
frente al tormento, la agonía lentísima
de cada animal malherido con el que nos crucemos,
que sea en esa ley que nos deja en carne viva y sin palabras
que protejan. Que volvamos a ser la criatura que fuimos, muda
frente al horror insoportable, que rechacemos
por pura furia visceral esas fuerzas
que nos amansan al punto de volvernos
sombras entre otras sombras, partículas desprendidas
de una luz intensísima que ahora esperan pacientes
apagarse del todo, sin haber iluminado siquiera
el punto pequeño, insignificante de la tierra en que un día,
por un breve momento, existieron.

 

La venganza

A Vega Cerezo

Hay quienes se dedican a romper y hay quienes reparan,
me decías. A veces las cosas son así de simples. En el medio,
todos los matices, incluso uno
que desconcierta: quien sólo conoce el daño,
alguna vez, aunque sea por error, repara. Y viceversa.
Me hablaste de un médico, en un lugar
remoto del África, al que llaman el arregla-mujeres: su tarea
es remendar a las mujeres violadas. Reconstruye los tejidos,
une, cose, con una extraña y femenina
paciencia, los cuerpos deshechos.
La mayoría de las mujeres es llevada a él varias veces
en sus vidas, algunas vuelven
llevando a sus hijas. Son un trofeo de guerra y mutilarlas
es parte del privilegio
del guerrero, la demostración de fuerza del vencedor
hacia el vencido. ¿Cómo detener la rueda
que lleva del dolor hacia el dolor, la misma
que conocemos desde que sentimos la primera
punzada de injusticia, la que nos hace desear la mutilación
y la muerte de quien mata y mutila? ¿Cómo se hace
para ser quien cura lo que la propia peste y la ajena
contaminan? ¿Cómo esquivar el ramalazo
de odio que, como un viento que se levanta de repente,
nos convierte en lo mismo
que combatimos? Yo no sé la respuesta y hay preguntas
que producen en el pecho un estallido: dejan un cráter,
un extenso territorio vacío donde puede crecer
un tallo pequeñísimo después de muchos días
o puede no crecer nada, nunca, más que el brote
de una violencia infinita, que no va a detenerse
en su objeto, que va a irradiar hasta que lastime
incluso a quien ya ha sido víctima
de una violencia parecida. Habría que empezar de nuevo,
aprender a tocar las cosas, las personas
como aprendimos de niños. Pero en lugar del gesto
de apropiación, de la creciente codicia,
¿podría haber un modo, un modo que no existe todavía,
de tocarnos sin provocar una herida que va a llevar mucho tiempo
sanar, la vida entera, sin garantías de que esa restitución
sea posible? Que sea posible sin embargo, pido,
apenas eso: no causar más dolor que el que ya existe,
ante todo no dañar, como decían
los primeros médicos de la tribu.

 

La luz de la luna

y cuando hablamos
tememos que nuestras palabras
no sean escuchadas
ni bienvenidas,
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo.
Por eso, es mejor hablar
recordando
que no se esperaba que sobreviviéramos
Audre Lorde

Hay quienes no formamos parte de la especie
más que como el error, la anomalía que confirma la precisión
y el equilibrio de las cosas. Como las crías enfermas,
defectuosas, quelas perras apartan alzándolas del cuello con la boca,
no se espera de nosotros ninguna fortaleza ni coraje.
La mayoría de las veces no hace falta matarnos:
el cuerpo vaciado del amor
y del deseo de los otros pasa rápido. Una mancha en el cielo
que pocos llegan a ver antes de que se apague
a miles de años luz, sin poder hacer contacto con la tierra,
sin que nadie la extrañe. Pero algunas veces,
contra todas las probabilidades, una raíz crece desaforada,
sostenida en el aire hasta clavarse en la materia,
arrastrada por un deseo salvaje, por el empuje de la vida
que resiste aunque sepa que en ese esfuerzo descomunal
corre el riesgo de quebrarse. Dejá
que tu cabeza descanse en mis manos, me dijiste, prometo
no soltarte. Y yo, que lo único que sabía
era que había que escapar del amor como quien escapa
de una pedrada en el pecho, un golpe bien dado en el lugar
más vulnerable, me quedé
sin embargo en ese abrazo y fui curado
de las enfermedades de los otros, de lo que hicieron conmigo
para salvarse. No hizo falta que nadie más me tocara. Un cuerpo
sostenido en otro cuerpo se vuelve una casa.


Foto Claudia MasinCLAUDIA MASIN (Resistencia, 1972). Vive desde 1990 en Buenos Aires. Coordina talleres de escritura. Ha publicado BizarríaGeologíaLa vistaAbrigoLa plenitud y Lo intacto, entre otros. Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, portugués e italiano. Ha participado en varias antologías de poesía y ensayo, en su país y en el exterior.

 

Extracciones: <i>Lo intacto</i> [Claudia Masin]

Sobredosis de Frida Kahlo

Nahui Olin y Frida Kahlo fueron contemporáneas, pero de una se recuerda su obra y de la otra solo sus amoríos. Montaje de Anabel Bueno a partir de fotos de Munal y Getty.
Nahui Olin y Frida Kahlo fueron contemporáneas, pero de una se recuerda su obra y de la otra solo sus amoríos. Montaje de Anabel Bueno a partir de fotos de Munal y Getty.

Frida Kahlo es quizá la primera artista de cuyo trabajo tengo memoria. Kahlo y yo nacimos en el mismo barrio de la Ciudad de México, Coyoacán. Su casa, obra y buena parte de su vida se enraízan en el barrio y al mismo tiempo, le han brindado identidad al mismo. Coyoacán es un vecindario que presume de ser bohemio, una especie de Montparnasse con arquitectura de pueblo mexicano al sur de la monstruosa capital. El coyoacanense encuentra orgullo en empaparse de arte, cultura y contracultura que ahí conviven.

Kahlo es parte de esta identidad, pero la sobresaturación y exaltación a su figuraprovocaron que me distanciara de su obra. Hubo una época en la que incluso me provocaba total repudio ver a alguien con accesorios que tuvieran estampados de Frida Kahlo. Ahora reconozco el valor de crecer con la fuerte presencia de una figura feminista en mi cotidianidad. Es gracias a mi ilustre vecina que me apuré en buscar a más mexicanas que desafiaron y desafían el statu quomachista.

Sobredosis de Frida Kahlo
Frida Kahlo en La Casa Azul en 1944. No tenía idea que hordas de turistas visitarían su hogar algún día. Getty

Las mexicanas que me he topado en mi búsqueda tienen un hilo común: ninguna dejó de hacer lo que le daba la gana y lo hicieron sin alardes. Su triunfo fue ignorar completamente los límites patriarcales sin tiempo para discutir, solo para crear. Las pintoras Leonora Carrington y Remedios Varo son el ejemplo obvio, pues no repararon en que la disciplina en su época mandaban los hombres.

Sobredosis de Frida Kahlo
Leonora Carrington junto a su pintura ‘Lepidoptera’ en 1975. Getty

La fotógrafa pionera en México, Lola Álvarez, define sororidad a través de su amistad con Kahlo y Tina Modotti. Nahui Olin, artista a la que se debería reconocer como emblema de la liberación sexual femenina. Elena Garro, novelista y cuentista, precursora del realismo mágico. Hermila Galindo y Elvia Carrillo, mujeres que lucharon por el derecho al voto femenino desde 1918, aunque no se consiguió hasta 1953.

Sobredosis de Frida Kahlo
La pintura de la izquierda es un autorretrato de Nahui Olin, a la derecha es como la pintó su amante el muralista Dr. Atl. Munal/INBA

Pero no todo es historia. En 2018 el feminismo en México sigue encontrando un nicho importante en las artes. La obra plástica de Teresa Margolles es quizá la más crítica de la violencia que se vive en el país. En la literatura, Brenda Lozano y Fernanda Melchor no temen a jugar en el patio de recreo donde los hombres tienen ventaja numérica.

El camino ha sido fascinante, pero también me he dado cuenta del largo trecho que hay por delante para que se honre justamente a estas mujeres. En 2016, durante la celebración del centenario de su nacimiento, la editorial de Elena Garro decidió vender sus libros con una faja que decía: “Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admiradora de Borges”. Ni siquiera en su propia fiesta se trataba de Garro, si no de los hombres que estuvieron en su vida. El episodio me hizo comprender que somos las mujeres las que debemos tomar las riendas de cómo contamos nuestras historias y las de aquellas que nos precedieron.

Por fortuna, no estoy sola. Este 2018 se estrenan dos películas hechas por mujeres que cuentan esas vidas: Nahui, un largometraje biográfico de Nahui Olin coescrito por Marina Stavenhagen que ahonda en la vida de la artista más allá de su amorío con el muralista Dr. Atl. También la película Los adioses, dirigida por Natalia Berístain que cuenta la historia de la poetisa Rosario Castellanos. La música de Los adioses fue escogida por otra notable mexicana, Lynn Fainchtein, la curadora musical más experimentada en el país.

Sobredosis de Frida Kahlo
Tessa Ia interpreta a Rosario Castellanos en el largometraje ‘Los adioses’ dirigido por Natalia Berístain.

Como un círculo, las mexicanas regresamos a esas referencias que indudablemente Kahlo encabeza. Yo, por lo pronto, guardo la esperanza de que un día Friducha no esté tan sola en el podio mexicano del reconocimiento feminista.

¿Quieres saber más de estas mujeres? Aquí van unas recomendaciones:

– El libro biográfico de Nahui Olin, por Adriana Malvido.

– Un libro sobre el trabajo pictórico de Remedios Varo es Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo, la obra pictórica de Varo en España se puede ver en el Museo Reina Sofía y en México en el Museo de Arte Moderno.

– La obra plástica de Leonora Carrington se puede ver en Barcelona en la Fundación Joan Miró hasta enero de 2019. En México se puede ver en el museo dedicado a la artista en San Luis Potosí. Sobre Carrington, está la biografía novelizada Leonora escrita por su amiga Elena Poniatowska y Leonora Carrington una vida surrealista por Joanna Mooerhead.

– El compendio fotográfico por James Oles Lola Álvarez Bravo y la fotografía de una época es un vistazo bastante completo del trabajo de Álvarez.

– Para saber más sobre el sufragio femenino en México recomiendo el documental Las Sufragistas.

-La novela Cuaderno ideal de Brenda Lozano.

-El último libro de Fernanda Melchor, Temporada de huracanes.

Puedes seguir a Lynn Faichstein en Spotify.

Selección del contenido y redacción de La Matяioska: Fernanda Caballero @mafsoldtheworld

https://verne.elpais.com

La guía de color más antigua del mundo ya se puede consultar en internet

La nomenclatura del color de Werner’, un libro de casi doscientos años de antigüedad, se transforma a la era digital.

Antes, mucho antes de que existieran los Pantones y los códigos de color estandarizados, incluso antes de que la fotografía en color fuese algo cotidiano, la descripción de los colores se hacía con palabras. Eso no quiere decir, no obstante, que no existiesen guías de consulta –prácticamente– universales que se utilizaban especialmente en el campo de las artes y las ciencias. Y la de Werner podría decirse que es una de las más conocidas e importantes. Publicada en el año 1814 por el mineralogista alemán Abraham Werner, la ‘Nomenclatura del color’ no era más que una descripción detallada de los colores que recogía todos los matices posibles y una explicación específica de dónde encontrar el tono en cuestión; una clasificación que fue revisada y completada por el pintor escocés Patrick Syme a finales del siglo XIX, quien agregó muestras de color junto a cada descripción, haciendo algo más sencilla la tarea de identificar las tonalidades.

La guía de color más antigua del mundo ya se puede consultar en internet 1

Werner, A., (1821), Werner’s nomenclature of colours, Edinburgh: Printed for William Blackwood, Edinburgh, and T. Cadell, Strand, London

Sin embargo, casi doscientos años más tarde, incluso la aportación de Syme parece insuficiente para las tecnologías actuales, más todavía teniendo en cuenta que las descripciones y muestras de los colores deben consultarse en un libro antiguo –escaneado y digitalizado por Internet Archive, pero un libro al fin–. Por eso, el diseñador y artista norteamericano Nicholas Rougeux ha creado Werner’s nomenclature of colours, la versión web y mejorada de esta antigua e importantísima guía de consulta.

El proyecto de Rougeux es fiel al original, con el agregado del trabajo de investigación que ha llevado a cabo para incluir información adicional especialmente útil para identificar con mayor precisión los colores que Werner describe y Syme más tarde matizó con su pincel. Esta versión digital del manual clásico incluye fotografías reales de los objetos, animales y plantas que Werner describía en el original y tiene la ventaja, además, de que permite navegar fácilmente de un color a otro con solo hacer clic sobre la tonalidad que queremos explorar.

La guía de color más antigua del mundo ya se puede consultar en internet 4

Este gesto romántico de recuperar una obra de valor incalculable y acercarla al público para que pueda no solo explorarla, sino disfrutarla desde una nueva perspectiva, más actual y contemporánea, pero al mismo tiempo tradicional y conservadora, responde al deber que todos tenemos de conservar el patrimonio cultural que hemos heredado de nuestros antecesores, un movimiento al que muchos museos se están adhiriendo cuando digitalizan todo o parte de sus catálogos, pero que en proyectos como el de Rougeux toman un cariz todavía más valioso.

La guía de color más antigua del mundo ya se puede consultar en internet 6

Werner’s nomenclature of colours – Nicholas Rougeux

https://www.domestika.org/es/blog

Punto de partida: Escritura travesti en La mutación de Lo en Lo de Daniel Bencomo

Punto de partida: Escritura travesti en La mutación de Lo en Lo de Daniel Bencomo

Portada La mutación de Lo en Lo

 

Quiero recortar una línea o dos para comenzar a hablar sobre el travestismo de la escritura poética de Daniel Bencomo y no logro hacer el corte. Cada elemento se proyecta en el siguiente, se monta sobre los primeros pliegues del otro y así genera un blindex que los cuchillos plásticos de la crítica no podrían violentar fácilmente. Me veo obligado a transcribir el primer texto de La mutación de Lo en Lo (Cuadrivio, 2018) de manera completa:

Dudabas mendigar en la acera o en tu rostro inhalante. Mi
nombre es Thénon y soy travesti. Mi nombre es Wittgenstein
y soy travesti. Nací con una media en mi rostro. Presta a
delinquir en tu víscera. A no leer el oráculo ahí. Previo a este
mundo ya envenenaba páginas web. Sin formular anticristo,
sin proyectar holograma: toca un gong con la cabeza de un
mariachi, vaticinios, alucinaciones bajo niebla de reciclaje.
Corrías por calles de formol en monosílabos. Por http.

La escritura tiene una identidad fundada en la elección. No hay bloques prearmados, sino que avanza según su propia ley (incluso sintáctica) hacia un sentido nuevo, hacia una posición conquistada. Nombrar a Thénon, a Wittgenstein, y travestir el yo como un producto del lenguaje http es poner en crisis todos los pronombres para llamar a la «Poesía». ¿Una versión de esa «Poesía» acaso? Entonces habrá conflictos con lxs guardianes de la in-transi-gencia: lingüistas puros que subtitulan películas mudas. El siguiente texto inserta la idea del crimen:

Vives en otros en versión de otras: con una bolsa de pan,
con pantimedias, con mascarones de jade. Armas un retablo
o colección de exvotos, barniz con tu savia de mina explosiva.
Cuenta los neutrones, abre canales de agua sucia. La bruma
matutina es ya colmillos.

Crecen las plantas sin importar el lugar.
Sí mismo es un crimen en sí.

¿Qué es ese crimen? ¿Lo inevitable, la ruptura con el sí mismo? ¿Es siempre la transigencia un crimen en cuanto a su acepción de tolerar lo que no se desea? Pero si hurgamos en su raíz, la idea de hacer pasar a travésnos permite una vuelta de tuerca a la lectura. Algo pasa o quiere pasar a través del lenguaje; no es el lenguaje en sí. No alcanza el lenguaje en sí para decir algo que interfiera, que violente, verdaderamente lo que percibimos.

Hay una serie de textos que aparecen tachados, con versos como «NO SABES QUIÉN PREPARA TU FOSA CLANDESTINA», que parecen cancelar la soberbia de una verdad. La violencia de la «fosa clandestina», en mayúscula gesticulación, como fragmento del vidrio que recubre la Cabina de Transmisión de las Opiniones Masificantes, se clava en la página bajo una tachadura: aquí nada significa más que «un grumo de galaxia». Todo capital de los discursos aceptados —capitalizados y envasados en cajas de cereales rosas/celestes— no puede sostener su espacio VIP en la poesía (o en la escritura que busca más allá de su etiqueta la interrogación de sí misma).

Una entrada sobre insectos tiene tags obligatorios: sueño,
artrópodo, fosa séptica. Un supermercado lingual: la cajera
tiene las uñas rotas. Para quien pueda preguntar: ella no es
zombie. Ella está contaminado: el odio hace presencia en
todo esto. El cadáver de Dios se entromete, es un bagboy en
el pasillo. Ella es un fermento junto al río. Falló la anestesia
local, la vena sin hinchar era conciencia de lenguaje.

El supermercado lingual está lleno. A pesar de los precios exorbitantes, a pesar de su mala atención. «Ellaestá contaminado», los insectos llevan sus tags hacia sus casas, no olvidan quiénes son en el camino ni qué serían aun si encontraran el cadáver de Dios interrumpiendo sus filas. Sus «conciencias de lenguaje» están configuradas al resonar de las etiquetas. Es el instinto, es lo natural, es una forma de comunicación, es la expurgación de las emociones. Táchese con el método Bencomo. El travestismo implica una perspectiva. Algo muta en la escritura de esta serie de textos, y eso precisamente es el desarrollo de lo poético a través de las instancias del entramado/libro.

Algo de lo camp, tal como lo desarrolla Susan Sontag, podría considerarse reflectante en este libro. No enumeraré todas las características del concepto, pero, además de su superficial lectura como ingenua extravagancia, lo camp es la destrucción de los utensilios (¡qué palabra tan camp!) de percepción normativizada como el gusto, la practicidad y la funcionalidad. Uno de los puntos que Sontag analiza es el siguiente: «El camp lo ve todo entre comillas. No será una lámpara, sino una “lámpara”; no una mujer, sino una “mujer”. Percibir lo camp en los objetos y las personas es comprender el Ser-como-Representación-de-un-Papel (…). La cuestión no es “¿por qué el travestismo, la imitación, la teatralidad?”. La cuestión es, más bien, “¿cuándo el travestismo, la elegante teatralidad, adquieren el específico sabor camp?”»¹.

Imagen secundaria La mutación de Lo en Lo

MARIENE DIETRICH EN THE DEVIL IS A WOMAN (1935)

Lo que Daniel Bencomo transforma es la representación de un discurso, poético o meramente enunciativo, en una otredad. El Ella sacude la mirada automatizada, la sobrecarga para evidenciar el absurdo de su ocultamiento (podría haber escrito «de su castración») y la pasea desnuda de sus garantías simbólicas:

Andabas de puntitas por la calle Paranoia. Cuelgan de los
cables katanas baratija, a la venta piel de cielo asado.

Y agrega en el siguiente texto:

Tú caminas desnuda con un walkman, gentleman.

El Ella gentleman entre «katanas baratija» desfila por la calle Paranoia. La apelación al discurso travestido teatraliza la violencia e interviene sobre lo que de otro modo no podría cuestionarse. «Una ficción para encubrir la ficción», dice uno de los primeros textos, una ficción realizable, una realidad con incontables fosas clandestinas para esconder sus incontables muertes.

 

diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui, Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015), Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), una voz hervida (Jámpster, 2017), en coautoría con Ivankan, Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y fotografías (Zindo & Gafuri, 2018). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.

ÚLTIMA EDICIÓN

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Un libro ilustrado con bolígrafo repasa el origen y los años dorados de la moda utilizada en este movimiento británico clave en el siglo XX

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Todo se fue al carajo cuando se guardaron los trajes en el armario y comenzaron a brotar los chándales. Mucho antes, la cultura mod tuvo uno de sus pilares en el mimo por el atuendo, en la actualización de códigos clásicos de la moda para convertirlos en uniformes jóvenes y populares.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

El movimiento mod no desapareció en un día y, por supuesto, no surgió de la nada. Tras la II Guerra Mundial, Reino Unido comenzó a destensarse y los jóvenes empezaron a echarse a las calles a tratar de dar algo de color al gris que aún poblaba los estados de ánimo y las ruinas de los bombardeos.

Las noches comenzaban a llenarse de allnighters en las que sonaban sin descanso los discos de música negra que llegaban de Estados Unidos. Los armarios de toda Gran Bretaña se llenaban de chaquetas y cardigans collarless, de botas Chelsea y zapatos Mary Jean. Las cabezas mostraban cortes college boy o peinados garçon como el de Jean Seberg en À bout de soufflé.

Mods. El estilo y la estética de los mods originales (Lenoir, 2018) es un libro ilustrado escrito por Daniel Llabrés que repasa minuciosamente el origen de una moda tan efervescente que podía cambiar de una semana para otra y en la que lo más complicado ha sido precisamente eso, hacer acopio de fuentes y ordenar el batiburrillo de influencias y estilos que llegaron, sobre todo, de Francia, Italia, Jamaica o Estados Unidos.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Explica Daniel Llabrés que «determinar cuál era la indumentaria de aquellos mods originales y clasificarla por años desde 1962 a 1966 ha sido una titánica locura a la que, con razón y cordura, nadie se había atrevido jamás. No hay que olvidar que estamos hablando de algo que sucedió hace más de medio siglo y cuyas fuentes, en un inicio, fueron escasas por lo underground de esta subcultura. Conforme lo mod se convirtió en una moda, fueron abundantes pero poco fiables».

Las redes sociales ha salvado la vida a Llabrés que, aunque habitual de los saraos nostálgicos que aún se celebran, ha sido capaz de dar con auténticos mods de aquella época, «hoy venerables ancianos». Así, Llabrés ha pasado meses revisando y ordenando imágenes y «escuchando batallitas de aquellos jóvenes mods de los 60».

El libro es un recorrido que comienza en el siglo XIX, con las estéticas de las que beberían los jóvenes de los 50 y los 60. Es curioso que un país tan acostumbrado a exportar estilo se convirtiera en un permeable receptor de tendencias foráneas en un tiempo tan convulso como el de la posguerra. Pero así ocurrió.

«A los recién estrenados jóvenes, Reino Unido les parecía tan gris y aburrido que pusieron sus miras al otro lado de sus fronteras: en la Francia de la Nouvelle Vague, en la Italia de los films de Fellini, en los Rude Boys jamaicanos, en los campus de la Ivy League… Sin duda, ese cosmopolitismo es lo que ha hecho de lo mod algo tan duradero y universal, sin dejar de ser absolutamente british. Toda una paradoja en los tiempos del Brexit».

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

No he llevado la cuenta de cuantos bolígrafos han caído, pero a juzgar por cómo me recibe la dueña de la papelería, deben ser muchos. Es como si hubiera salvado a su único hijo de una muerte segura y dolorosa. Y eso que son bolis normales…

TETE NAVARRO.ILUSTRADOR

Para trasladar todo el imaginario a papel, Llabrés ha contado con las manos y los bolígrafos –sí, todo ha sido ilustrado a boli y a todo color– de Tete Navarro. El escritor se topó con el trabajo de Navarro en el gijonés Euroyeyé, uno de los epicentros mod de España. «Todavía recuerdo ese momento, prácticamente una epifanía, en el que acerqué la nariz a una de sus obras y descubrí que no eran fotografías, sino ilustraciones hechas con bolígrafos de colores», explica el autor.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

No tuvo que pasar mucho tiempo para que Navarro propusiera al escritor catalán abordar el proyecto. «Sin duda, él era la persona adecuada por sus años de activismo, militancia y por ser el autor de Mods. Guía para una vida elegante», dice el ilustrador.

Navarro se sometió a las minuciosas instrucciones del investigador Llabrés, «unas 70 páginas por capítulo». A partir de ahí comenzaba con maratonianas jornadas de dibujo en las que, más allá del ‘pico y pala’ que supone dibujar con bolígrafo, la exigencia venía por mostrar un reflejo fiel de lo que Daniel Llabrés tenía en la cabeza.

«Los dibujos debían ser completamente descriptivos y eso forzaba mucho la composición final. Encontrar el equilibrio entre realismo y dibujo fue lo que más tiempo me llevó. Una vez encontré el punto exacto, todo fue un poco más sencillo, solamente debía seguir las indicaciones de Dani, cuidar mucho los detalles y mover el boli lo más rápido posible», señala Tete Navarro.

Además, de los atuendos, creados desde cero con la libertad que ofrece crear dibujos originales, el libro incluye apuntes históricos de la época, curiosidades o una imponente lista de canciones de cada uno de aquellos años.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BIC

Más allá de eso, la hemorragia de inputs de aquel tiempo fue tan grande que hay contenido suficiente para seguir editando trabajos. «La moda es solo una de tantas filias de los mods, por lo que material para otras monografías hay, y de sobra. El tiempo dirá», dice Llabrés.

Mientras, sería curioso que los trajes volviesen a aflorar y a llenar las salas de bailes. Al fin y al cabo, vivimos en constantes revivals. «De repente, Netflix estrena una serie protagonizada por mods y se monta un revival en un plis-plas. Aunque a la vista de lo rápido que los fenómenos nacen, se reproducen y mueren en estos tiempos digitales, posiblemente no duraría más de un fin de semana».

En cualquier caso, si para ese finde semana hace falta un catálogo en el que buscar la ropa adecuada, Mods. El estilo y la estética de los mods originales es una opción profusa en detalles.

Toda la cultura mod dibujada con un boli BICDavid García es periodista y dedica su tiempo a escribir cosas, contar cosas en vídeo, pensar en cosas para todos los proyectos de Brands and Roses (empresa de contenidos que edita Yorokobu y mil proyectos más), contar cosas en Antes de que Sea Tarde (Cadena SER); enseñar a las familias la única fe verdadera que existe (la del rock) en su cosa llamada Top of the Class y otro tipo de cosas que, podríamos decir, le convierten en cosista.

https://www.yorokobu.es

Albert Camus, más allá de ‘El extranjero’: un día para recordar al patrón de lo absurdo

El 7 de noviembre es el aniversario del nacimiento del padre del absurdo, que murió en un accidente de coche tras decir que ese es, precisamente, el modo más absurdo de morir

Foto: Albert Camus

Albert Camus

Un “absurdista”: así se definía a sí mismo Albert Camus (Dréan [Argelia], 7 de noviembre de 1913 – Villeblevin [Francia]), que perdió la vida antes de tiempo en un accidente de tráfico, apenas un día después de haber asegurado que no había una forma más idiota de morir que en un accidente de coche. Del absurdo a la ironía. Hace hoy 105 años nació el que luego fue el segundo premio Nobel de Literatura más joven de la historia, con 44 años. Su ópera prima, ‘El extranjero‘ (una lectura cuya versión original, ‘L’étranger’, es relativamente sencilla incluso para no avanzados en francés), ha quedado como un inmortal de la literatura, pero no es, ni de lejos, su única aportación a la literatura internacional.

Influido por la filosofía del danés Sören Kierkegaard y del alemán Friedrich Nietzsche, denominador común de los existencialistas, Camus afirmaba que la existencia es insignificante en sí misma y prefería considerarse un “absurdista”. Entendía que la verdad y la moral son propias de cada individuo y que no se ajustan a modelos universales y absolutos. Su nombre está también estrechamente ligado a la historia de Francia, no sólo porque su pluma conmovió al mundocon obras como ‘La peste‘ o ‘El mito de Sísifo‘, o porque mantuvo una sonada polémica intelectual con el filósofo galo Jean-Paul Sartre,sino también porque su trayectoria recorre el pasado reciente de su país.

Albert Camus, más allá de 'El extranjero': un día para recordar al patrón de lo absurdo
‘La caída’, de Albert Camus

Precisamente de esa pelea suya con Sartre nació otra de sus obras. En París conoció al filósofo y después de compartir una década de amistad, se enzarzó con él en una disputa que, aparentemente versaba sobre teoría filosófica pero con tintes profundamente políticos. Los dos, comprometidos con la izquierda, no se ponían de acuerdo en un aspecto de la vida: Sartre defendía la violencia inherente a la revolución social; Camus, por su parte, entendía que el fin no justifica los medios, máxima que analizó en ‘La caída‘, publicado en 1956, un año antes de recibir el Nobel.

Trilogía sobre lo absurdo

Y sobre lo absurdo, no uno ni dos: Camus compagina su vida como redactor en inicios con la de joven pasional con una vida sentimental compleja —incluso fue pareja de María Casares, actriz gallega hija del político Santiago Casares Quiroga, quien fue presidente del Gobierno de la Segunda República, ya al final, hasta el alzamiento del 18 de julio—. Su ambición literaria le lleva a querer lanzar una trilogía sobre el absurdo a partir de una obra de teatro, ‘Calígula‘, un canto a la libertad y a la justicia; un ensayo, ‘El mito de Sísifo’; y su ‘ópera prima’, ‘El extranjero’.

[‘El extranjero’ de Camus: las claves secretas de una novela inmortal]

Y al igual que una obra nació de su pelea con Sartre, otra obra fue la culpable de su ruptura con el filósofo. ‘El hombre rebelde‘ (1951) es una extensa exploración del mundo a través de sus revoluciones, de la francesa a la rusa, pasando por el marxismo, el anarquismo y otros momentos del mundo moderno; “dos siglos de rebeldía”. Y para el final, un principio: ‘El primer hombre‘ fue su última obra, la que estaba escribiendo cuando un accidente de tráfico acabó con su vida. No fue hasta 1994, 34 años después de su muerte, que vio la luz esta obra, de mano de su propia hija.

El libro, dividido en dos partes, es una perfecta autobiografía de Camus, encarnado en su álter ego, el pequeño Jacques Comery, cuyo padre murió en la Primera Guerra Mundial y casado con una menorquina analfabeta. Ésta era Catalina Elena Sintés, la segunda de nueve hijos de una familia humilde de la isla emigrada a Argel en busca de una mejor vida.

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Tocar a Buñuel

‘Mi último suspiro’ son unas memorias abarrotadas de historias deliciosas que enseñan mucho más que quienes se pasan el día intentando aleccionar

En el prólogo a la reedición que acaba de publicar Taurus, David Trueba afirma que el exilio de Buñuel tras la guerra “es una de las grandes tragedias de la cultura española”, porque, si Buñuel se hubiera quedado en España, los cineastas españoles habrían dispuesto de “una herencia palpable, firme”. Por supuesto, tiene razón, y algo parecido podrían decir los poetas españoles sobre el exilio de Cernuda o Alberti y los novelistas sobre el de Aub o Sender. De todos ellos, para mí el más esencial es Buñuel; también el más contradictorio. De hecho, Buñuel parece una contradicción ambulante, y me atrevería a decir que en ningún lugar de su obra resulta ello tan visible como en este libro. Buñuel fue, en efecto, un humorista profundamente serio, un talento natural y un trabajador a destajo, un hombre libérrimo y un cineasta esclavizado por sus obsesiones, un revolucionario que adoraba la tradición, un pesimista saturado de alegría, un delirante que inventaba la profunda realidad que se esconde tras la realidad cotidiana, un español rocosamente español y naturalmente cosmopolita, un bestia de Calanda y un intelectual refinadísimo, un comecuras sin Dios y obsesionado con la existencia de Dios. En 1936, cuando Buñuel estaba a punto de exiliarse de por vida, Francis Scott Fitzgerald escribió que “la prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo y seguir conservando la capacidad de funcionar”. Si esto es así —y yo creo que lo es—, no hay duda de que Buñuel fue una inteligencia de primera clase; tampoco de que nadie como él supo transformar sus propias contradicciones en el mejor carburante de su genio. Por lo demás, estas memorias están abarrotadas de historias deliciosas con las que el cineasta, que nunca quiso dar lecciones a nadie, enseña mucho más que quienes se pasan el día intentando aleccionar. Buñuel cuenta que él y Carrière solían encerrarse a escribir sus guiones en el hotel de El Paular, al norte de Madrid; cuando terminaban su jornada de trabajo, ambos se separaban durante tres cuartos de hora, y al volver a reunirse Buñuel tenía la obligación de contarle a su colaborador una historia, relacionada o no con el guion en el que estaban trabajando, porque “la imaginación es una facultad de la mente que puede ejercitarse y desarrollarse al igual que la memoria”. Otras anécdotas transportan de golpe a un mundo felizmente antediluviano, aunque muy próximo en el tiempo. Un día, durante su estancia juvenil en la Residencia de Estudiantes, Buñuel oye que un tal Martín Domínguez dice que Lorca es homosexual; incrédulo, escandalizado (“por aquel entonces en Madrid no se conocía más que a dos o tres pederastas”), queda con su amigo y le dice que va a batirse con Domínguez. “¿Por qué?”, le pregunta Lorca. Buñuel contesta con otra pregunta: “¿Es verdad que eres maricón?”. Herido en lo más vivo, Lorca zanja: “Tú y yo hemos terminado”. Aquella misma noche los dos amigos se reconcilian. Infinidad de pasajes muestran la feroz integridad de este hombre que no tenía por costumbre callarse lo que pensaba, pero siempre estaba dispuesto a rectificar. En determinado momento se lanza a una absurda diatriba contra Jorge Luis Borges, al que acusa de presuntuoso y de adorador de sí mismo; al final, quizá consciente de que está siendo injusto, afirma: “Naturalmente, si estuviese de nuevo con Borges, quizá cambiaría totalmente de opinión respecto a él”.

“Camarada, quien toca este libro, toca un hombre”, escribió Walt Whitman sobre Hojas de hierba, el libro deslumbrante en que cifró su vida. Mi último suspiro es el libro deslumbrante de la vida de Buñuel: quien lo toca, toca a Buñuel. 

Javier Cercas

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Séneca: vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Fernando García de Cortázar escribe sobre el filósofo y poeta cordobés, la personalidad más atractiva y provocadora de su tiempo

Lucio Anneo Séneca

 

El político, filósofo y poeta cordobés Lucio Anneo Séneca vivió sus días de gloria en Roma, la Roma de los primeros Césares, la urbe por excelencia, la capital del mundo, el corazón de un imperio que se encontraba en la cumbre de su poder y al mismo tiempo padecía las intrigas y crímenes de la familia Julia-Claudia. Y esto último no ofrece dudas. Roma, en la época de Calígula, Claudio y Nerón, es una ciudad enferma, mudable, servil, un laberinto de crueldades y vilezas. Tácito, el mejor historiador de aquellos días, nos ha dejado una tenebrosa imagen de aquella corte.

Todo gran escritor deja dos obras. Una, la suma de sus libros; otra, la imagen del personaje público que se forman los demás, resumida, con no escasa frecuencia, en un símbolo que se apodera de la imaginación popular. Virgilio, el mayor poeta de Roma, dejó en sus amigos el recuerdo de su llegada al puerto de Brindisi: un hombre con la sombra de la muerte ya impresa en el rostro, angustiado porque aún no ha dado a la «Eneida» aquel modelado final, aquella perfección que era señal irreversible de su arte. Séneca, la imagen de su muerte, grandiosa y patética a la vez, una muerte valerosa y aceptada que parece una traducción al latín y a la cultura romana de la de Sócrates.

Contradicciones

Pero cuántas contradicciones experimentó el maestro estoico antes de que Nerón dictara su condena a muerte, antes de ese final narrado por Tácito en sus «Anales», cuando el filósofo intentó cambiar las lágrimas de su mujer y amigos en fortaleza, preguntándoles dónde quedaban los preceptos de la filosofía, dónde aquellos argumentos, durante tantos años meditados, para enfrentarse a lo irremediable. Pues ¿quién desconocía la crueldad de Nerón? «En efecto, les decía, tras haber matado a su madre y a su hermano, ya no le quedaba más que añadir el asesinato de su maestro y preceptor».

De Córdoba a Roma

La historia dice que nació en una Córdoba profundamente romanizada, y que después superpuso la ruidosa vida de Roma a los recuerdos de la amable y lejana ciudad del Guadalquivir. Pero, casi siempre, el verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente. La primera patria del filósofo que daría fama a la escuela estoica fueron los libros, cosa que él mismo reconoce en la célebre carta que escribiera a Helvia, su propia madre, a raíz del destierro en Córcega: «Estar lejos de la patria no es una calamidad; te has imbuido bastante en filosofía para saber que el sabio en todas partes encuentra su patria».

Su padre, Séneca el Viejo, llamado también el Retórico, porque tal fue su dedicación notable, lo preparó para el ejercicio de la vida pública. Y él, tras pasar su infancia en Córdoba, proseguir su educación en la metrópoli y viajar por el Mare Nostrum para conocer Egipto, entró en la política romana con paso firme, gracias a sus discursos en el Foro, unos discursos que causaron admiración entre las gentes cultas de la época y modificaron la oratoria larga y florida de Cicerón, introduciendo un nuevo estilo, breve, punzante y contenido.

Testigo sin par de los terribles y a la vez pletóricos años que abarcan desde el final del reinado de Tiberio a la locura de Nerón, Séneca experimentó lo más alto y lo más bajo de los favores públicos. Siendo ya senador, Calígula le condenó a muerte, según Dión Casio por envidias literarias, pero después le indultó porque se convenció de que el asma acabaría con él por otros medios. Y Claudio, el cojo, tartaja y rijoso emperador inmortalizado por Robert Graves, lo desterró a Córcega a causa de un supuesto lío amoroso con Julia, hija de Germánico, el abuelo de Nerón.

Los años de Córcega

Siempre he pensado que Córcega convirtió a Séneca en un pensador solitario y en un escritor de raigambre moral. La mencionada «Consolación a Helvia», por ejemplo, un prodigio de templanza y equilibrio, y una epístola que no sólo sirvió de consuelo a su destinataria sino también, a través de los siglos, a cuantos han sufrido las penas del destierro, pertenece a este período. Y también algunos de sus inolvidables «Diálogos».

Se desconoce quién le propuso a Agripina como el hombre más adecuado para educar a Nerón. Fuera quien fuese, el hecho cierto es que, después de casi ocho años de destierro, un día llegó a Córcega un mensajero con aquella noticia. Y Séneca deja sus libros, sus escritos y el bendito ocio consagrado a la sabiduría por los círculos palatinos de Roma, y en el espacio de pocos días pasa del estado de recluso al de preceptor del futuro dueño del imperio.

La historia que siguió después es bien conocida. El filósofo procuró inculcar en su pupilo principios de conducta privada y pública acordes con la moral estoica. Y cuando el joven Nerón subió al trono, intentó comedir sus actos. Y en los primeros cinco años lo consiguió con ayuda de Burro, jefe de los pretorianos. Trajano llamaría después al primer lustro neroniano el mejor período de Roma. Todo cambiaría, sin embargo, cuando el emperador, seducido por el ejemplo de Petronio, tomó como compañeros a los héroes decadentes del Satiricón. Séneca perdió entonces su favor y, tras la muerte de Burro el año 62, se retiró a una villa de su propiedad en las afueras de Roma para vivir alejado de la política, dedicado al estudio, la escritura y a la meditación.

«Cartas morales»

Las más bellas cartas, las más armoniosas -sus «Cartas morales» dirigidas a Lucilio, donde se trata de casi todo, desde la senectud, los deberes con los amigos o el miedo a la muerte, hasta el valor del magisterio de los antiguos o en qué consiste el bien supremo- proceden de esta época. Tres años de tranquilidad e íntimo recogimiento a los que pondría fin Nerón, cuando alguien, tal vez para evitar la tortura o para obtener el perdón, mencionó su nombre, unido al de otros, en la conjura de Pisón.

Siempre se ha criticado en Séneca el contraste entre su obra filosófica, situada en el terreno de la virtud y el desapego a la riqueza, y su vida cotidiana, repleta de intrigas y líos palaciegos. Y es cierto que hay un enorme abismo entre el filósofo que, en respuesta a las agresiones del mundo, aconseja «no permitas que te conquiste nada excepto tu propia alma» y el hombre público que escala a la cima del poder, amasa una enorme fortuna y se humilla ante su antiguo discípulo.

Claro que Séneca ya replicó en vida a estas acusaciones con el famoso: «Yo poseo las riquezas, pero ellas no me poseen a mí». Y, pese al cinismo de la respuesta, su actitud ante las desgracias no desmiente la elocuencia noble y grave del gran moralista. Como escribiera Carlos Fuentes, encarando con dignidad la muerte, Séneca armonizó su vida y su doctrina. Y también dejó al mundo una filosofía perdurable que se encuentra en el corazón de la historia de España e impregna notablemente algunas de las obras más universales de nuestra literatura, como la poesía de Quevedo o incluso el Quijote de Cervantes, donde el protagonista puede ser visto como un hombre que al cabo atempera sus locas aventuras, regresando, vencedor de sí mismo, al hogar, a la razón y a su propia muerte.

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Aforismos de líneas de flotación

Aforismos de líneas de flotación

Todo está en los libros… menos tú.

Mi vida es como la del Pac-Man: siempre buscando destellos de luz en un laberinto atestado de fantasmas.

Siempre somos nosotros mismos, incluso (y sobre todo) cuando nos traicionamos.

Mi plan B consiste en carecer de plan A.

También se asfixia uno por exceso de aire.

El amor es un rescate mutuo.

La esperanza de vida tiene poco que ver con la longevidad.

Quien calla, descansa.

FÉLIX TRULL. Los aforismos escogidos pertenecen al libro “Líneas de flotación”, Libros Al Albur (2018)

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Extracciones: Después [Nurit Kasztelan]

Extracciones: Después [Nurit Kasztelan]
COMENTARIO Y SELECCIÓN DE ANA CLAUDIA DÍAZ

“No cierres las historias/ los amores van y vienen/ no trates de buscarle una explicación a todo/ entregate al devenir de las cosas/ a desandar el camino de tu cabeza/ sé lenta para desaprender./ Y ahí donde no hay, corré.” Así: entre el desamor y el amor; entre los recuerdos y la sabiduría, se balancea la autora en Después. Como quien va siguiendo las migas de Hansel y Gretel hasta llegar al presente, pero por un camino no convencional, poblado de recovecos y texturas.

En Después, Kasztelan ingresa a zonas oscuras de la memoria “Los ojos abiertos/ no le tenían miedo a la oscuridad/ sino a algo más negro” y arrastra eso hasta un “ahora” más amable pero no menos áspero; algo que se vuelve más flexible, más suave, con el paso del tiempo pero que no por eso deja de doler cuando la vista mira en retrospectiva. “después, el anecdotario de vivencias,/ después, los abrazos torpes, después/ los días por venir,/ después, el dolor también,/ después.”

Un poemario lleno de fe, espontaneidad y frescura envuelto en la palabra añeja que hace costra en el interior del “yo poético” y necesita ser dicha. Textos en pleno movimiento. La luz asomando en el devenir, la certeza de saberla cerca en imágenes como fotos de palabras: cálidas, poblando los textos y el “después” de aquello.

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DESPUÉS (CALETA OLIVIA, 2018)

El alhajero

Cuando ella gritaba de ese modo
yo cerraba los ojos
ponía la radio a todo volumen
y le hubiera cosido los labios
para que se callara.
A veces me aferraba a su vestido
hasta que como ventosa
me convertía en ese juguete que se pega
resbala por los vidrios
y termina en el piso.
A veces fingía que dormía y por las noches
la espiaba en puntas de pie.
Los ojos abiertos
no le tenían miedo a la oscuridad
sino a algo más negro.

Ojalá estos recuerdos se reduzcan
a la filigrana de un camafeo
tan pequeño que apenas
entre en una caja.


Intento inútilmente congelar recuerdos

Como quien mira por la ventanilla un paisaje
cuyo desvío es tan lento
que pareciera que no sucede,
así pasan mis días.
Cambiaría tanto
por tan poco:
unas horas más de sueño
que se arregle el calefón
seguir el orden natural de las cosas
congelar los recuerdos.
Descalza en una alfombra vieja
miro con insistencia el reloj de a cocina.
El esmalte de uñas ya está seco.
Pleno verano y yo
con medias de nylon color verde.
¿Existe humillación más plástica?
Sí, la que pasé la noche que tuvimos
una discusión teórica.
Él me enseñó
que la palabra pezón, en alemán
es una mala palabra.
Hoy la mañana se estanca en el pudor
de un camisón demasiado escotado.
Y lo que tengo para decir
pareciera escribirse en un lenguaje en desuso.


A mitad de camino

El olor ácido de las minas de azufre,
un lago a cuatro mil metros de altura,
cien vacas pastando
al costado de la ruta.
Todavía admiro
cómo sucede una formación de lava,
me dan miedo las despedidas
y me parecen ásperas las sábanas
en los cuartos de los hostales.
Espero grandes acontecimientos


Salimos del amor

Las langostas son pequeñas
pero de repente
por algo que no se explica
crecen tanto
que tienen que cambiar
el caparazón que las cubre.
Entonces se esconden unos días
debajo de una roca
hasta que su cuerpo
produce un caparazón nuevo
para poder volver a la arena
con otro envoltorio.
Y eso que les ocurre es tan natural
que lo realizan varias veces en su vida.
Así está mi corazón hoy
ensanchándose
debajo de la roca.


Algo

Dejá algo a qué aferrarte
una creencia, tal vez
la cola de un gato
la toalla que un ex amor dejó en tu casa
dejá siempre en la heladera un frasco casi vacío
ese que otra persona ya hubiera tirado
no des vuelta la página
tan rápido de los libros
leé dos veces el mismo párrafo
no des vuelta tan rápido las historias
diversificá tus pasiones
recordá que mucha agua en las plantas
no sirve de nada
las vas a terminar ahogando
es más útil que las pongas
en un espacio intermedio entre el sol
y la sombra
es más útil que las podes de los yuyos
desmalezá también las cosas de tu casa
tirá ropa, objetos viejos
pero igual, dejá siempre algo a qué aferrarte
una remera aunque solo sea de recuerdo
esa que no vas a usar pero está ahí
mostrando la que fuiste
esa que aunque quieras ocultar
con capas de otras cosas
sigue ahí, dentro tuyo
esperando que cualquier señal
la haga asomarse de vuelta.
No cierres las historias
los amores van y vienen
no trates de buscarle una explicación a todo
entregate al devenir de las cosas
a desandar el camino de tu cabeza
sé lenta para desaprender.
Y ahí donde no hay, corré.


Nurit Kasztelan

NURIT KASZTELAN (Buenos Aires, 1982). Publicó Movimientos Incorpóreos (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2007), Teoremas (La Propia Cartonera, Montevideo, 2010), Lógica de los accidentes (Vox, Bahía Blanca, 2013; Liliputienses, Cáceres, 2014,2015) y O amor era um jogo instável (Nosotros, San Pablo, 2018). Formó parte de la antología de dramaturgia Perfecta Anarquía, compilada por Andrea Garrote (Jacotot, Buenos Aires, 2011). Coordinó el ciclo de lecturas La manzana en el gusano y fue coeditora de la revista No-retornable. Codirige la editorial Excursiones y gestiona la librería atípica Mi Casa. En 2016 obtuvo la beca Formación del Fondo Nacional de las Artes para la realización de este libro.

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