Elemental

Para Leonardo, conocer era dibujar. No bastaba con la palabra; era imprescindible cazar las cosas con su representación, como si la línea fuera la red de pesca del entendimiento

'La divina proporción' (conocido también como el 'Hombre de Vitruvio'), de Leonardo da Vinci.
‘La divina proporción’ (conocido también como el ‘Hombre de Vitruvio’), de Leonardo da Vinci.

 

Felices aquellos que vivieron épocas más esforzadas, cuando no había que pedir permiso a nadie para aprender. En el colosal legado gráfico de Leonardo da Vinci (7.000 folios) hay reflexiones y dibujos sobre mecánica, anatomía, geografía, zoología, aeronáutica, arte, pero el grupo mayor trata sobre el agua. Fue una obsesión del sabio desde su juventud y el elemento que más cerca estuvo, para él, de ser un organismo viviente y con alma, es decir, un dios. Anotó sus movimientos, formas, beneficios, cursos, domesticación, peligros, pero no en un tratado de hidráulica, sino en una verdadera mitología. Trata el agua como si fuera Poseidón.

Sin embargo, para Leonardo, conocer era dibujar. No bastaba con la palabra; era imprescindible cazar las cosas con su representación, como si la línea fuera la red de pesca del entendimiento. Lo que llamamos arte era, aún, ciencia. Los dibujos sobre la vida del agua son de los más portentosos: torbellinos, tifones, cataratas, tempestades, remolinos y el diluvio, todo lo dibujó, con preferencia por los estados anímicos del agua más turbulentos y belicosos. También, claro está, las máquinas que se le podían oponer, los ingenios técnicos capaces de paliar su destrucción.

Un poeta y un filósofo, Barja y Lanceros, han reunido una buena antología de estos dibujos y escritos sobre el agua (Abada Ed.). No es un libro para leer, sino para mirar y pensar. Sin embargo, creo que hay un modo de leerlo muy apropiado y este es entrar en él como si fuera un presocrático o leyéramos poemas. “Cuando va corriendo turbia y mezclada con tierra, y el polvo y la niebla, entremezclados igualmente con aire, como entremezcla el fuego sus ardores con todo”, dice, por ejemplo. Puro Empédocles o quizás Lucano.

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“PASIÓN POR EL VINO”, ESA BEBIDA QUE FORMA PARTE DE LA CIVILIZACIÓN DESDE TIEMPOS ANCESTRALES

Joan C. Martín

Pertenecemos a una civilización vinícola. El vino nos rodea, envuelve, penetra, influye en nuestra cultura. La vid, la viña y el vino forman parte de nuestro acervo ancestral y han estado con nosotros desde siempre. Nos acompañan desde que descubrimos accidentalmente a qué sabía el vino, cuáles eran sus diversos gustos, cómo conseguirlos, cómo elaborarlo, cómo conservarlo de la misma manera que aprendimos a hacer y a conservar el fuego. Desde la Antigüedad venimos juntos, y el vino viaja ahora a través de la historia con nosotros. Y sentimos que así será hasta el fin de los días. El vino es algo que trabajamos, vendemos, compramos, bebemos, disfrutamos y guardamos. Del vino hablamos y sobre el vino pensamos, escribimos… El vino nos ha hecho como somos. Es parte de nuestra civilización y nos ha civilizado.

El gran Hugh Johnson —cuya obra imprescindible citaremos aquí a menudo— dice en su prólogo al maravilloso Monks and Wine de Desmond Seward: «Para mí, lo fascinante del vino es que muchos aspectos de otros ámbitos forman parte de su cultura y su técnica. Sin la geografía y la topografía resulta incomprensible la viticultura; sin la historia, no tiene contenido; sin viajes, resulta irreal. El vino tiene que ver con la botánica, la química, la agricultura, la carpintería, la topografía, la economía y otras ciencias cuyo nombre desconozco». Es quizá la mejor descripción del vino. Amplia, humanista, etnológicamente socializadora en su concepto y antropológicamente seductora y generadora de mitos. Y, como el vino, es una metáfora perfecta. Lo sostengo a pesar de que todos sabemos que son innumerables los elogios, las descripciones del vino. Hay centenares de poemas, cantos, máximas, mottos, mitos y leyendas.

En la Transcaucasia, donde nació el vino; en el Mediterráneo, por donde se expandió inicialmente, y en Europa, donde desarrolló su civilización inmortal, el vino es la metáfora perfecta. No es posible entender Europa sin el vino. Es un continente del vino y, lo mismo que el cristianismo, en él encontramos el vino en la arquitectura, la escultura, la literatura, la filosofía, la política, la música, las modas, las formas de vestir locales, y también en el lenguaje de los signos, en la identidad y el origen, en el ethos colectivo. Desde Europa el vino se extendió y sigue extendiéndose por todo el mundo, y penetra incluso en otras civilizaciones, pues aun en aquellas que le son ajenas por haber sido prohibido también cantan al vino sus poetas, atraídos por la fantasía de lo ajeno y de lo vedado. Porque Omar Jayyam, Ibn al-Farid y Abu Nuwas se cuentan entre los más grandes poetas del vino.

Si para Hugh Johnson el valor civilizador del vino, que se debe a su estructura cultural ligada a todo lo humano y lo divino, es una fascinación que comparte en sus libros, para mí, que provengo de una familia de humildes viticultores, el vino es mi patria, mi homeland identitario y ético. Marcel Proust, igual que Ramón J. Sender, en su novela Bizancio, dicen que la patria de cada hombre es su propia infancia. Y el gran Antonio Machado nos dejó esta maravilla, cuando escribió «mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla». Pues bien, el vino es para mí un objecte d’amour, como cantaban los trovadores de la llengua d’Oc. Siempre estuve enamorado de su seductor aroma, su divino brillo, su cantarín sonido, su poderoso color, su gastronómico sabor y su sanadora ingesta. Y he escrito este libro para explicar el porqué del vino, cómo surgió este bien, y de dónde viene tan benéfica bebida, cómo se crearon los mitos esenciales de la vida vinculados al vino, cómo su historia y la del hombre han ido interaccionando, cómo se expandió, cómo arraigó y cómo es hoy.

El lector averiguará en sus páginas cómo son los vinos, dónde y de qué manera se hacen, quién los elabora, en qué clase de tierras se cultiva, cuáles alcanzaron mayor éxito y cuáles dejaron de tenerlo, y por qué motivo. Pero sobre todo contaré aquí por qué son como son. Es en este terreno donde el libro tiene mucho que aportar al lector-aficionado-consumidor. Trataré de responder a algunas preguntas. ¿Por qué el burdeos es tan importante en los tipos de vinos secos tranquilos? ¿Por qué la alquimia ha creado una auténtica civilización de vinos de postre que incluye nada menos que al oporto, málaga, madeira, jerez, fondillón, los vinos rancios, banyuls? ¿Por qué las burbujas del vino son ancestrales y han dado desde Limoux hasta Gaillac, pasando por su caput mundi, el champán, esa delicia de los vinos frescos espumosos, que tanto agradan a gente de todo el mundo? ¿Por qué se han elaborado, con diferentes métodos auténticamente antropológicos, pero con el mismo resultado final, vinos dulces procedentes de uvas pasas, ya sea en los suelos soleados de La Axarquía de Málaga; en los canyissos, esos soportes de caña en los que se asolean los racimos de La Marina en el País Valenciano o en los suelos volcánicos de la isla de Santorini? Veremos que esto viene de antaño, y que «pasa» viene del latín passum, pues los romanos ya sabían cómo hacer vinos dulces de uvas pasas, y su dulce dhyaciton era un vino que ya era antiguo en el cambio de era.

Hablaremos de los grandes vinos del mundo —burdeos, champán, oporto, madeira, borgoña, rin, napa—, pero también de muchos vinos menos reconocidos, y de otros que hoy son minoritarios pero que en ciertos momentos de la historia alcanzaron gran fama entre los conocedores así como un gran impacto en negocio internacional, como los gascuña, canary, cahors, tarragona, masdéu, alikant, candia, que ahora son residuales pero que un nuevo impulso que ya se empieza a notar podría volver a colocarlos como protagonistas de la historia, pues, parodiando a Arnold Toynbee en Ciudades de destino, podemos decir que «los grandes protagonistas de la historia lo son en más de una época». Quizá este libro —como hizo la guía Los Supervinos desde su primera edición en 2009, que acompañó y enalteció los cambios del consumo en España— sea testigo de este proceso y lo acompañe, levantando acta testimonial de este Rinascimento. No se puede amar aquello que no se conoce, de modo que en este libro los iremos catando y destacaremos su estilo, definición y singularidad. Émile Peynaud, el gran ingeniero y enólogo francés, padre de la enología actual, decía que catar es presentar un vino a nuestros sentidos: vista, olfato y sabor.

El vino, como impulso civilizador, ha generado países y culturas, además de ser inspiración para el arte, la literatura y la música. En la zarzuela Marina, canta Turidi: «Quisiera que Dios hubiese hecho de vino el mar, y yo ser pez, para nadar y nadar». Gracias a un franciscano mallorquín, fray Juníper Serra, al jesuita bordelés Jean-Louis Vignes y al conde húngaro Agoston Haraszthy, disfrutaremos del élan californiano vinícola, y veremos de qué manera California es una esencia concentrada del melting pot norteamericano.

Hablaremos del vino en toda su cultura y sus gustos, contaremos cómo son los paisajes donde se cultivan las viñas para que el lector se sienta como si estuviese paseando por esos terroirs, esas viñas, entrando en esas bodegas, disfrutando del placer del vino y su cognosis. Un libro de grandes vinos que quizá convierta al lector consumidor en aficionado y al lector aficionado en connaisseur. Salud, va por ustedes.

Esta es la introducción de Pasión por el vino de Joan C. Martín y editado por Lince Ediciones, el mejor libro de educación vinícola en lengua española de los Premios Gourmand y finalista para el premio al mejor libro del mundo. Los Premios Gourmand están considerados como los premios Nobel del mundo de los libros de gastronomía y vino.

Animal Gourmet · Comer, beber y saberlo hacer

Extracciones: Dafen: dientes falsos [Pierre Herrera]

Portada Dafen

En Dafen: dientes falsos, los lectores transitan por el centro de las páginas. En este libro, Pierre Herrera ha colocado, a manera de ensayo versificado, pequeños pero incisivos detonantes que nos recuerdan que las cuestiones de autenticidad y reproductibilidad en el arte (y por consecuencia, en nuestras vidas como consumidores o público) son temas de discusión sin fecha de caducidad próxima. Las vertientes y posibilidades de este texto son muchas y nos asombran: esperamos que, con este breve fragmento que presentamos hoy, a ustedes también.

 

El autor más prolífico de la historia es anónimo.

Al lado de centros comerciales, en Shanghái
existen Fake Markets,
donde se encuentran los mismos productos falsificados,
a una pequeña fracción del precio del original.
A estos productos se les llama Shanzhai.

En una cultura en la que la reproducción constante
se presenta como técnica de
conservación y mantenimiento,
las imitaciones no se consideran meras copias.

El original es algo imaginario.
(Byung-Chul Han)

Fake (Art) is Business.

La falsificación china, presente en todo el mundo,
modificó los mercados locales;
ahora se compite con los productos chinos.

¿Podría competir Van Gogh con los óleos chinos?

¿Duchamp, Warhol?

En la conocida Villa de Pintura al Óleo de Dafen,
hay miles de hombres y mujeres copistas,
que pintan los cuadros de otros
seis días de la semana.

¿Y el séptimo día?

Se descubrió que Schuffenecker sí había restaurado el
Jarrón con quince girasoles
que compró Yasuo Goto.
Restauró y realizó algunos pequeños retoques.

Los trazos de Schuffenecker se confunden
con los de Van Gogh.
También los copistas en Dafen luchan
por llegar a fin de mes.

En esa cadena de producción,
unos aplican colores mientras otros dibujaban formas.
Nuestras vidas se reducen
a pintar mucho,
comer poco
y dormir aún menos,
comenta Chen Ming, quien trabajó en la fábrica
de Huang Jiang y ahora posee su propio estudio.
Estudió Bellas Artes y soñaba
con alcanzar la fama de algunos genios pintores
como Renoir o Toulouse-Lautrec,
pero hoy sólo se puede dedicar a imitarlos.

¿El arte lucha por llegar a algún lado?

En Pierre Menard, autor del Quijote,
Borges narra cómo el artista francés se propone escribir
el Quijote en el siglo XX.
Y escribe tres capítulos de la obra de Cervantes.
Copiando línea por línea
escribe otro libro.

Obra-copia.

No quería componer
otro Quijote (lo cual es fácil), sino el Quijote.
Inútil agregar que no encaró nunca
una transcripción mecánca
del original; no se proponía copiarlo.
Su admirable ambición era producir
unas páginas que coincidieran
palabra por palabra
y
línea por línea
con las de Miguel de Cervantes,
explicó Borges.

Quien reescribe actualiza.
El motor del reescritor no es la nostalgia
por el pasado, sino la emergencia
del presente. Esta cosa sin salida.
(Cristina Rivera Garza)

Trazo a trazo
los cuadros de Van Gogh,
que pinta Zhao Xiaoyong,
coinciden con los originales de Van Gogh.

Con pequeñas variaciones.
Y por eso coinciden.

En 2010, Victor Vekselberg demandó
a la casa de subastas Christie’s por venderle un cuadro
falso
del pintor ruso Boris Kustódiev.
El magnate ruso adquirió La odalisca
por tres millones de USD.
Otro cuadro idéntico con el nombre Desnuda en interiores,
se vendió en 1989 en el mismo lugar.
Después de un estudio por parte de expertos certificados,
se confirmó:
una de las obras
era falsa.

Tan próspera industria ha generado quejas de creadores
y asociaciones que preservan los derechos de autor.
Por lo que el gobierno chino prohibió a las galerías vender
copias de artistas vivos y
obras de pintores fallecidos hace menos de setenta años.
Una norma que por unos dólares más se puede evitar
sin tener que esconderse.

La protección del derecho de autor existe para las obras
creadas en una norma fija.

La serie Los girasoles de Van Gogh reproduce
la misma idea varias veces,
sin llegar nunca a fijar lo que se quería representar.

La repetición obsesiva de la misma idea.

El girasol es propio de mí,
le escribió Van Gogh a su hermano.

¿Qué quería representar?

 


pierre_FotorPIERRE HERRERA (Morelia, 1988). Artista textual. Ha publicado Loop, una novela postcursi (2016), El otro Ocaranza (2014, 2016), artículos de teoría literaria, poemas, gifs, ensayos, y más de 13k tuits (@pierreherrera). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, es parte del dúo Text Jockeys y editor de Broken English.

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El consumo consciente y la dictadura de los supermercados

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La periodista Nazaret Castro llama a una profunda reflexión en La dictadura de los supermercados. Cómo los grandes distribuidores deciden lo que consumimos (Akal). A una reflexión y a una toma de conciencia sobre nuestros hábitos de consumo y sobre sus consecuencias en el medio ambiente, en el mundo del trabajo, en la economía en su conjunto y en nuestra propia salud. En una sociedad cada vez más preocupada por las consecuencias de sus actos, crecientemente sensible y más propensa a castigar y a premiar malas y buenas prácticas tanto en la política como en otros ámbitos de la vida, Nazaret Castro da herramientas para realizar un diagnóstico mucho más profundo del que hacemos habitualmente sobre nuestro día a día. Como dice Pascual Serrano en el prólogo, una vez leído el libro, nuestro paseo por el supermercado nunca será igual. Puede, incluso, que le busquemos alternativas (la autora da al final del libro algunas ideas).

Nazaret Castro pone el foco en la distribución: “El acento debe colocarse no sólo en qué consumimos, sino en dónde lo compramos (…) Pasa a menudo desapercibida la importancia creciente de la fase de distribución, y el poder, creciente también, de las empresas que, cada vez más concentradas, controlan esa fase”. Según explica la autora de un modo muy gráfico, la gran distribución moderna funciona como una especie de embudo: “Una multitud de consumidores y una multitud de productores se encuentran en el mercado a partir de un puñado cada vez más reducido de distribuidores y comercializadores, que son los que terminan poniendo las reglas en cuanto a los precios y al tipo de productos que llegan a los estantes del supermercado”.

Castro analiza las consecuencias que este dominio tiene en los productores (cada vez más concentrados porque los pequeños muchas veces no tienen margen para cumplir las condiciones de quienes distribuyen sus productos) y en los consumidores (en términos de mentalidad y hábitos). También desmenuza los efectos de la obsesión por “lo barato”, los precios bajos y cuestiona las decisiones supuestamente racionales del “naturalizado” ‘homo economicus’.

Pero volvamos a los efectos de la distribución contemporánea como un “embudo” y que actúa como una centrifugadora de los principios clásicos del intercambio. Porque borra el trabajo del productor, del que en la mayor parte de las ocasiones el comprador no sabe nada (recupera el concepto del “fetichismo de la mercancía”, que invisibiliza todo lo que pasa hasta que el producto llega a las manos de quien lo compra). Porque también elimina la figura del tendero, que se hacía responsable de los productos que tenía en la tienda, que recomendaba y que vendía, y la sustituye por el cajero con el que apenas interactúa el comprador. A veces, incluso desaparecen tanto el dependiente como el cajero y sus trabajos son sustituidos por el del propio consumidor, que se informa solo, carga, paga interactuando con una máquina y monta él mismo su producto en casa. Así, la decisión del comprador es aparentemente más libre y menos condicionada por el dependiente que no le persigue por la tienda ni le convence de lo bien que le queda un traje y cómo mejoraría de incluir unos buenos complementos. Pero la autora cuestiona continuamente la hipótesis de la libertad de elección y de consumo. Como también que comprar en grandes superficies sea más barato.

Un inciso: cuando hablemos de las grandes cadenas distribuidoras, no nos limitemos a pensar en los supermercados e hipermercados. También hay que tener en cuenta a las multinacionales que están poco a poco abandonando la producción, cuyo valor está mermando, para concentrarse en la distribución y en la creación de imagen de marca. En estas dos últimas actividades es donde ahora está el valor y el beneficio y, por tanto, la atención de las grandes compañías. ¿Por ejemplo Apple?

Nazaret Castro dedica varias páginas a la historia de la gran distribución en España, a sus cifras y a sus tendencias actuales, incluidas la desmaterialización y la digitalización, así como a las consecuencias tanto en la producción como en el comercio tradicional, respecto a los cuales no presenta una visión mítica y acrítica, sino todo lo contrario.

Además, relata cómo desde la distribución de los productos básicos, sobre todo alimentarios, pero también de higiene y limpieza, va extendiéndose el modelo a todos los campos del consumo, como al textil (donde analiza en profundidad el modelo de Inditex, para introducir el concepto de “obsolescencia percibida”, que completa al de “obsolescencia programada”), al del mobiliario (con la explicación del modelo de Ikea) y el editorial (con la emergencia de Amazon). Más adelante analizará también Wal-Mart, el mayor gigante de la distribución mundial, y Mercadona, el nuevo rey del sector en España.

Mencionábamos un poco más arriba que la obsesión por los precios bajos tiene consecuencias. Nazaret Castro reflexiona sobre el valor y sobre el precio, cada vez más distantes, por la devaluación del segundo o porque éste no recoge todos los costes que implican ni la fabricación ni la distribución de las mercancías: “Nuestra noción de precio justo incluiría una reflexión no sólo en torno al trabajo que hay detrás de los productos, sino también en torno a los costes ambientales”. Y lo escribe justo al explicar las consecuencias en la naturaleza del modelo de distribución contemporáneo dominante, que recorre demasiados kilómetros, atraviesa los mares en enormes contenedores, genera muchos residuos y, en definitiva, contamina demasiado, porque no se limita a intermediar entre lo que está más cerca, sino que se alimenta de la deslocalización. También lo menciona justo cuando relata los efectos en un empleo menguante y cada vez más precario. En definitiva: el modelo de distribución actual, a su modo de ver, reproduce el esquema de privatización del beneficio y socialización de los costes medioambientales y sociales.

Hacia el final del libro, antes de hablar de alternativas de consumo, Nazaret Castro explica las consecuencias que el modelo de distribución y los hábitos de consumo a los que nos empuja están teniendo en nuestra salud. Nazaret Castro afirma: “Para que las multinacionales engorden, tienen que abaratar costes y promover alimentos ultraprocesados que nos enferman”. Por eso reivindica el cocinar como un acto político “porque nos acerca a la alimentación, nos recuerda de dónde viene lo que comemos y nos ayuda a escapar de la mala alimentación que se nos ofrece en las góndolas del supermercado”.

La salud no está únicamente en lo que se ingiere o en lo que uno se echa en la cara o en el cuerpo para ser más bello o conservarse joven más tiempo -Castro también se detiene en el análisis de los efectos de la cosmética-, además tiene que ver con los estilos de vida, que cambian, según la autora, con la gran distribución moderna, para llevar a una insatisfacción permanente, a la pérdida de espacios públicos y a la sensación crónica de escasez de tiempo.

http://fronterad.com

Razones por las que el arte contemporáneo es un fraude y jamás trascenderá

En el libro “El fraude del arte contemporáneo”, de Avelina Lesper, se abordan los paradigmas sobre los que se sustenta este falso “arte”.

“El arte contemporáneo ha desechado toda la voluntad creativa de generar exigencia, se ha convertido en complaciente y una forma de autoayuda elitista”.

Avelina Lesper

En la actualidad existe un tipo de arte definido como “contemporáneo”, esta corriente presenta una estética vacía rodeada de buenas intenciones, que, por su misma condición vacua y falsa, requiere estar cobijada por un museo o galería y de todo el concepto que encierran esas emblemáticas paredes, así poder existir ante los ojos del público como “arte”.

Los trabajos creados bajo el concepto de “contemporáneo” no demuestran características extraordinarias por sí mismos, este falso arte surgió como un rechazo a las academias que ya existían, buscaban tomar una dirección y estilo “propio”; aun así, son sus contestatarios representantes los que desean ingresar a los tradicionales recintos de los museos, y, en ocasiones, establecer “diálogos” con las obras pertenecientes al “Gran Arte”.

¿Por qué buscar una relación con el arte que se despreció en un principio? La respuesta es simple, sin un contexto museístico ni museográfico, los trabajos pasarían completamente desapercibidos por su naturaleza efímera y cotidiana; pero al estar cubiertos por el aura clásica de dichos edificios, adquieren el estatus de “obras maestras” y son aceptados como “arte”, sólo porque una supuesta autoridad en el rubro les ha conferido la categoría, y dicho dictamen se vuelve un dogma aceptado con sumisión que no permite cuestionamientos.

Lo anterior da pie para comenzar a ver que lo que antes era considerado arte, ahora se ha transformado en una ideología cerrada y banal sin posibilidad de verificación o crítica; se vuelve tangible la falta de rigor y el mínimo esfuerzo en las creaciones, deja de manifiesto la poca o nula inteligencia de la corriente. Sin hacer uso de la crítica racional, el arte contemporáneo o también definido como arte snob encuentra su sustento en diversos dogmas surgidos de afirmaciones arbitrarias, que obedecen un grupo de sumisos intelectuales. Un dogma para la teología es una verdad divina impuesta para ser creída por los fieles, y uno de los principales con lo que cuenta el arte snob es el siguiente:

El dogma de la transustanciación:

afirma que “un objeto cambia de sustancia por influencia mágica”, la transustanciación en el mundo del arte se divide en dos: dogma del concepto y dogma de la infalibilidad del significado.

Dogma del concepto

Cuando Marcel Duchamp le asignó el concepto de “obra de arte” a un orinal, hizo que un artículo común adquiriera un nuevo significado, lo transfiguró en “arte”. Esto es un ejemplo de un cambio “mágico religioso” generado por un simple capricho, ya que la transformación del concepto no es visible sólo enunciativa. Así, cualquier objeto puede ser considerado “arte” sin ser cuestionada la lógica que dictó dicho estatus. Con acciones como ésta negamos la realidad, se generan experiencias fantasiosas y regresamos al estado más elemental e irracional del pensamiento humano: “el pensamiento mágico”.

Dogma de la infalibilidad del significado

Basado en este planteamiento, todo lo que ubique el curador en la sala del museo tiene un sentido y un significado, establecido a priori y de forma subjetiva; en esas cuatro paredes todo tiene significado, ya que para los “snobs contemporáneos” todo es arte.

La verdad al respecto de la idea anterior es que el es “significado” es completamente arbitrario, el objeto mismo lo es, la obra carece de un valor estético que las justifique como arte y, por ende, dependen de un “valor filosófico”; además que si el visitante expresa que lo que observa no le comunica nada o no demuestra algún significado, de inmediato es calificado de ignorante, pues el curador, el artista y el crítico son quienes poseen una “sensibilidad especial” y la “cultura necesaria” para entenderlo. Así es como se le otorga un valor a algo que carece de ello, “la conciencia de la realidad deja paso a la superstición, sepultando de manera definitiva a la razón”.

Parte de lo anterior se encuentra contenido en el libro El fraude del arte contemporáneo, escrito por la historiadora, escritora, columnista y crítica de arte mexicano Avelina Lesper. En él aborda los paradigmas sobre los que se sustenta este falso “arte”; además de presentar las “cuatro formas de copia” y los diferentes mitos que lo rodean. Para algunos Lesper es una agresiva enemiga del arte contemporáneo y es calificada de reaccionaria, beligerante y conservadora; lo cierto es que a nadie le gusta escuchar que su trabajo sea juzgado, y del orgullo herido pueden provenir los adjetivos que le han impuesto.

Si bien es cierto que Avelina tampoco es poseedora de la verdad universal, invita constantemente a la reflexión y crítica de los fenómenos que ocurren hoy en el mundo del arte, así como en todos los aspectos que nos conforman como sociedad. Razón por la que su libro, así como sus columnas en el periódico Milenio, o en su página web presentan posturas que invitan al análisis y apelan al raciocinio.

 

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Para dejar de ser un snob del arte, te recomendamos seguir estos pasos que te harán convertirte en un ingenioso crítico de arte.

https://culturacolectiva.com/

Escapada nocturna: la crueldad de los niños

William Holden, a caballo, con uniforme. El rostro usado del que se ha tomados más de un millón de whiskys a lo largo de su vida. Junto a él van el resto. Entran en el pueblo. Armados. William Holden baja la vista. Unos niños sucios, mexicanos, juegan en el suelo. Obligan a dos alacranes a luchar entre sí. Los insectos se arrancaran la vida el uno al otro mientras los niños se ríen. Es una de las escenas más violentas que he visto nunca en una pantalla de cine. Pertenece a la apabullante “Grupo Salvaje”, del genio  Sam Peckinpah y nunca la he podido olvidar. La lucidez de enfrentarnos a la imagen de la inocente infancia disfrutando de la crueldad, gozando con la violencia, mostrándonos lo que somos, lo que llevamos dentro desde que nacemos. Una escena perturbadora, brillante y real.

Thomas Chastain en su imprescindible Escapada nocturna, editada por la mítica colección Etiqueta negra de Júcar, también trata el tema de la infancia y el amor maternal incondicional. Una obra memorable, un clásico no lo suficientemente conocido. Contiene uno de los mejores arranques que he leído nunca, sólo comparable a su final. Durante un descuido de su madre, una niña de 9 años se pierde en la noche de Central Park. La policía no consigue dar con ella y la madre no puede quedarse con los brazos cruzados. Inicia una búsqueda que se convierte en una pesadilla de ladrones, chulos, drogadictos prostitutas y dementes en ese inmenso zoo humano que es Nueva York. Y cada paso que da le acerca más a su querida hija, pero también al infierno.

Escapada nocturna se aleja de las sensiblerías ñoñas en las que suelen incurrir las novelas con niños. Pese a que se publicó en 1988, sigue conservando toda su vigencia, ya que, como ocurre con todos los clásicos, nos habla de lo que somos,  aunque nos empeñemos en negarlo. Porque siempre es más cómodo mirar por la ventana que observarnos en el espejo.

Con un estilo sobrio, que Chastain pone al servicio de la historia, y apoyándose en los diálogos y los giros argumentales, Escapada nocturna es una maravillosa barbaridad. No sé ni cuantas veces la he leído ya… pero siempre consigue proporcionarme horas de placer lector. Una de esas contadas novelas que logra que, cuando la encuentro curioseando en alguna librería de casa ajena, su propietario inmediatamente me caiga bien. Háganse con ella, pídansela  a los Reyes Magos. Aunque no creo que se la traigan. Sólo los niños malos leen esta columna.

http://blogs.publico.es/la-oveja-negra/

‘LOS VINOS DE GALA’: LA GUÍA DE SALVADOR DALÍ AL SURREALISMO ENOLÓGICO

Una exploración excéntrica al mundo del vino

Si Salvador Dalí se volvió un artista sumamente conocido fue, en buena medida, porque encontró varios puntos de contacto entre las artes, la creatividad y el público mayoritario. Su extravagancia, demostrada abiertamente, fue también un factor importante, pero en una época un tanto menos consagrada al espectáculo como la nuestra, eso de nada le hubiera valido sin obra en la cual sustentó las cualidades de su personalidad (inventadas yo auténticas).

A Dalí, en ese sentido, no es posible entenderlo sin su obra y al momento de preguntarnos por qué es tan conocido, es necesario mirar y revisar aquello que hizo para encontrar ahí los motivos de su celebridad.

Un elemento que vale la pena tomar en consideración es el vínculo que Dalí supo tender entre el arte y algunos elementos muy sencillos y al mismo tiempo muy significativos de la cotidianidad: los relojes, por ejemplo, algunos animales, la sensación de soledad… lo cual, aunado a su estilo, provocó un efecto muy singular: atrae y detona nuestro asombro, nos descubre que la vida es en sí misma una obra de arte, asombrosa y excéntrica, esperando el instante en que nos decidamos a vivirla así y nos demos cuenta de la falsa frontera que existe entre arte y vida, realidad e imaginación, normalidad y excentricidad.

Entre las obras que podrían señalarse como ejemplo de esta postura doble frente al arte y frente la existencia se encuentra una quizá menos vistosa que algunos cuadros o esculturas del artista, pero no por ello menos contagiada de ese espíritu; se trata de Los vinos de Gala, una serie de 140 ilustraciones que Dalí realizo bajo el denominador común del vino y su presencia lo mismo en la historia pasada que en nuestras prácticas presentes. El vino surge en las ocasiones importantes de la vida, dijo Dalí entonces.

Como libro, Los vinos de Gala se publicó por primera vez en París en 1977 bajo el sello Galaxis. Como proyecto editorial, fue una especie de tomo de continuación o compañía de Las cenas de Gala, el “recetario” surrealista de Dalí que un par de años antes (1973) publicó Felicie (también en la capital francesa) y que causó conmoción entre los lectores de la época. En la primera edición de Los vinos de Gala, el trabajo del artista estuvo flanqueado por dos contribuciones escritas, una firmada por Max Gérard, su amigo y cómplice de empresas surrealistas, y la otra elaborada por Louis Orizet, vitivinicultor, y Georges Duboeuf, el famoso “rey del Beaujolais” que trabajó para llevar este vino francés al reconocimiento y gusto mundial.

El texto de estos últimos es quizá el mas lúdico y estimulante, pues se trata de una clasificación de diez vinos a partir de sus características mas originales e inesperadas: el estado de espíritu al que conducen, por ejemplo, o la solemnidad que merecen algunos para beberlos, agregando además algunas sugerencias de consumo o anécdotas asociadas con la biografía de ciertos de ellos. “Vinos de esteta”, “Vinos de aurora”, “Vinos frívolos” o “Vinos de lo imposible” son algunos de los nombres que Orizet y Duboeuf acuñaron para esa excéntrica clasificación. He aquí, a manera de ejemplo, su descripción de los “Vinos de gozo”:

Vinos de gozo

Beaujolais • Chinon • Bourgueil • Côtes-du-Rhône • Chianti • Volpolicella • Merlot de Tesino • Rioja • Muscadet • Vinos blancos suizos • Vinhos verdes de Portugal • Ciertos vinos de California.

Los vinos de gozo se deben tomar fríos (de 9°C a 12°C), pues se espera de ellos que sean tanto vinos de sed como vinos de placer. Como tales, tienen vocación de aperitivos, de vinos de bienvenida para un encuentro entre amigos, e incluso se muestran como fieles compañeros en veladas tranquilas de bridge o de televisión. El abanico de su utilización en el arte de asociar comida y vinos es muy amplio. Pueden así jugar con los límites y ser servidos a lo largo de una misma comida. Preparan el paladar para las sutilezas de la botella ancha, tendida en su cesto, esperando la hora del asado o de los quesos; son vinos de iniciación, la boya salvavidas de los profanos, la providencia de las amas de casa.

Hace poco, la editorial Taschen reeditó Los vinos de Gala, con las ilustraciones y los textos originales y un poema acróstico de Philippe de Rothschild a manera de prólogo. Asimismo, en los días del lanzamiento, el diario El País compartió este adelanto con parte del texto de Orizet y Duboeuf.

Se trata sin duda de una guía poco común a un mundo, el de los vinos, que por sí mismo posee su propia complejidad y sus propias sorpresas. Y acaso, más que solo tomarla como una hoja de ruta, Los vinos de Gala es también una invitación a emprender nuestras propias -y excéntricas- exploraciones.

 

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Imagen: 1) Public Domain

Da Vinci, un ecologista en el siglo XV

‘El libro del agua’ reúne los textos sobre temas acuáticos escritos por el pintor de ‘La Gioconda’, incluidas sus premoniciones de posibles desastres medioambientales

Plano topográfico con los ríos Arno y Mugnone, al oeste de Florencia (1504), acuarela de Leonardo da Vinci.Plano topográfico con los ríos Arno y Mugnone, al oeste de Florencia (1504), acuarela de Leonardo da Vinci. BIBLIOTECA REAL DEL CASTILLO DE WINDSOR

“Como el agua en un cesto”: el líquido inasible y escapista que se va —y eso incluye estigmas de sequía—, el todo fluye de Heráclito porque ningún río es el mismo… y la furia creadora de Leonardo da Vinci (Vinci, Italia, 1452 – Amboise, Francia, 1519), aquel pintor de madonnas, maravillas y medias sonrisas, urbanista, arquitecto, astrofísico, escultor, filósofo, anatomista, geómetra, utopista aéreo… también aquel escritor caótico que tomaba notas de derecha a izquierda, y también un obsesivo navegante del agua en todas sus expresiones: hasta 7.000 folios dejó escritos o dibujados sobre el líquido elemento el padre de La Gioconda. Un mundo de letra y garabato incrustado en códices renacentistas, una obsesión sin corpus estable que ahora renace en forma de libro, El libro del agua (Abada Editores), gracias a la perseverancia de Juan Barja y Patxi Lanceros.

Tan solo existen dos precedentes de la obra que ahora llega a las librerías. El primero de ellos se remonta ni más ni menos que a 1643 y es obra de Luigi Maria Arconati, quien en Del moto e misura dell’acqua trató de unificar los escritos de Leonardo sobre la cuestión. Puede decirse que aquel libro nació como consecuencia del éxito editorial —si es que de este concepto puede hablarse refiriéndose a los siglos XVI y XVII— del célebre Trattato della pittura que compendia todo el saber artístico del genio. La otra referencia es un poco más reciente, de 2012 exactamente, y se titula Das Wasserbuch (El libro del agua). El libro fue publicado por la editora alemana Schirmer und Mosel.

¿FUE DE VERDAD UNIVERSAL EL DILUVIO UNIVERSAL?

Autorretrato de Da Vinci (1513).
Autorretrato de Da Vinci (1513).

El libro del agua recoge prácticamente todo lo que el maestro del Renacimiento escribió en torno al tema o, al menos, todo aquello que hoy es susceptible de ser rastreado. El volumen se estructura en seis capítulos. En el primero, Leonardo da Vinci da cuenta “del libro por venir” y propone un índice de materias a tratar.

En el segundo recorre y analiza las metamorfosis y procesos que unen y separan elementos (agua, aire, tierra, fuego) y figuras (punto, línea, volumen). El tercero es cuestión de dinámica, una de las ciencias a las que más atención prestó el genio. El cuarto capítulo versa sobre las distintas formas que puede presentar el agua, desde la gota ínfima hasta el infinito mar. El quinto presenta los proyectos —realizables o irrealizables— que en torno al agua tenía Da Vinci en la cabeza. Y el sexto, titulado Del diluvio y otras inundaciones, reúne diferentes consideraciones físicas, teológicas, literarias o pictóricas del autor sobre la cuestión.

Da Vinci pone en duda la versión bíblica y se interroga sobre si el Diluvio fue universal o no, incluso “si aconteció o no en toda la tierra, y no parece que así haya sido”.

No menos interesante es la parte gráfica. El volumen reúne hasta 79 reproducciones de otras tantas obras del artista: molinos de agua, cauces de ríos, costas, canales, tormentas, diluvios, riadas, remolinos, corrientes, aparatos de hidrotecnia, proyectos para rompeolas y otras obsesiones acuáticas… todo ello ejecutado en tintas y sanguinas, acuarelas, lápiz negro y pluma, siempre sobre papel.

En multitud de manuscritos de Da Vinci pueden encontrarse referencias al agua en todas sus variantes, pero dos son las obras que los expertos consideran como gérmenes del libro que siempre quiso escribir y nunca escribió: el Códice Leicester, de 1508 y hoy propiedad de Bill Gates; y el Códice F, de 1504 y que se conserva en el Instituto de Francia. “Sabemos que siempre existió en Leonardo la intención clara de hacer ese libro, pero nunca consiguió hacerlo. Nosotros no hemos querido cerrarlo, sino dejarlo abierto, que se le vean las tripas, reuniendo los textos que él escribió sobre el tema del agua y que están dispersos en diversos códices”, explica Fernando Guerrero, responsable de la editorial Abada.

Patxi Lanceros y Juan Barja han invertido cerca de dos años de trabajo en este ambicioso proyecto editorial. Gran parte de ese tiempo lo han pasado estudiando y traduciendo los códices de Da Vinci desperdigados por todo el mundo, desde el castillo de Windsor hasta la Biblioteca Nacional de España, pasando por la Biblioteca Vaticana, la colección Gates, el Instituto de Francia y el Museo Británico, entre otros.

 

Una obra inexistente

“Este es un libro que no ha existido nunca, aunque el propio Leonardo Da Vinci hablaba de ‘il mio libro del acqua’, con lo cual lo que hemos hecho ha sido construirlo. Da Vinci se pasó toda su vida tomando notas, de derecha a izquierda y de forma muy desordenada, un papel por aquí, otro por allá, y esos fragmentos están repartidos por todo el mundo”, explica Juan Barja. En su opinión, las tesis metamórficas que Da Vinci expone aquí son comparables a las expuestas 200 años después.

“Y tiene una cierta idea ecológica del fin del mundo, su carácter premonitorio es asombroso”. Leonardo se hace eco aquí de una vieja tesis medieval: la del hombre como microcosmos y el mundo como macrocosmos. “Pero él le da la vuelta al concepto, y así sostiene que el flujo del agua son las venas del mundo y que el mundo, en contra de lo que dice Aristóteles, no será eterno sino que terminará, y que lo hará por el agotamiento del agua”, matiza Barja.

En ese sentido resulta especialmente premonitorio uno de los textos, recogido en el Códice Arundel del Museo Británico (1504-1516), y que los responsables de esta edición han utilizado a modo de epílogo bajo el título Final: en seco. En él escribe un Leonardo da Vinci disfrazado de activista ecologista avant la lettre: “Y los ríos perderán sus aguas, y la fructuosa tierra no podrá impulsar desde sí ningún renuevo, y no crecerá sobre los campos la inclinada belleza de la espiga; y así morirán los animales, no pudiendo nutrirse con el fresco herbazal de los prados; (…) y los hombres, tras múltiples intentos, de igual manera perderán la vida, falleciendo por fin la especie humana. Y la tierra fértil, rica en frutos, quedará convertida en un desierto…”.

 

Los flujos de la vida

Pero no solo de ecologismo retroactivo hay chispazos en las 260 páginas de este libro. Si Da Vinci estudió, dibujó y escribió sobre anatomía, mecánica, dinámica, geometría, arquitectura, urbanismo, botánica, filosofía, naturaleza, física y mil y un campos más, este libro constituye un compendio —a veces un punto de partida— de otras tantas disciplinas. Juan Barja sostiene que los escritos de Da Vinci sobre el agua sirven como clave interpretativa de la teoría del tiempo, la teoría de la memoria, la de la conciencia, la del cambio y la de los movimientos de masas.

Imposible encontrar prueba alguna al respecto, pero cabe reflexionar acerca de los hipotéticos paralelismos, concomitancias, analogías y metáforas establecidos por Da Vinci a la hora de utilizar la imagen de los flujos del agua como espejo de otros flujos de la vida real: ¿políticos? ¿económicos? ¿culturales?

“Desde luego, yo creo que él tenía muy clara la potencia de la metáfora”, admite Patxi Lanceros, profesor de Filosofía Política y de Teoría de la Cultura en la Universidad de Deusto y coeditor del libro. “La gran metáfora del flujo, del gran río, del movimiento, la marejada, las oleadas, todas esas imágenes que te sirven para abarcar lo inabarcable… ahora por ejemplo hablamos de oleadas de la migración, o de la marejada de la globalización… y Da Vinci, para hablar del movimiento empleaba, claro, la metáfora del agua, que es el más móvil de todos los elementos”.

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UN FRAGMENTO DE JOSÉ SARAMAGO PARA RECORDAR QUE EL VIAJE DE LA VIDA NO ACABA NUNCA

Es necesario superar la dualidad comienzo/fin para vivir realmente la vida.

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Entre los muchos equilibrios que nos obliga a vivir el sistema dual de pensamiento, el binomio comienzo/final puede parecer uno de los más difíciles de experimentar. Para algunos puede ser sencillo atestiguar, al hilo del tiempo, todo aquello que comienza y que termina: los días, los proyectos que emprendemos, el cuerpo que habitamos. Todo, en cierta forma, parece inscrito en ese ciclo que en la inevitabilidad del fin se nos presenta como un destino inclemente.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por un momento pudiéramos pensar fuera de la dualidad? Es decir, experimentar nuestra existencia fuera de esos conceptos. En la vida, es cierto, casi todo tiene un comienzo y un fin, pero si reflexionamos al respecto, nos daremos cuenta que ninguno de los dos es definitivo, que todo suele comenzar siempre de nuevo y que aquello que termina no necesariamente se acaba, sino que puede retomarse, renacer, cobrar nueva vida y nuevas formas.

A propósito de esta posibilidad, compartimos ahora un párrafo de José Saramago que refuta con elocuencia la supuesta oposición entre comienzo y final, sobre todo en relación con la existencia.

 

El viajero vuelve al camino

No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.

 

El fragmento puede encontrarse en Viaje a Portugal, el libro que Saramago escribió luego de recorrer su propio país como si no lo conociera, un gesto que, al igual que el texto anterior, nos da una valiosa lección.

Porque, finalmente, también es posible vivir la vida así: como si no la conociéramos, como si no acabara nunca, como si estuviera empezando en este instante.

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Imagen: Fundação José Saramago-flickr

Extracciones: Alternarse [Juliana Spahr]

Portada Alternarse

Dentro de las buenas noticias que suelen llegarnos de México, una que nos alegró especialmente es la publicación por Stomias Boa de las plaquettes Absolutamente moderno del chileno Mario Verdugo y Alternarse de la norteamericana Juliana Spahr. Con esto, el sello que dirigen los poetas Daniel Bencomo y Luis Eduardo García da el salto del digital al papel con dos autores imprescindibles de la poesía contemporánea de ambos extremos del continente.

 

Para que se hagan partícipes de nuestro entusiasmo, les compartimos un pequeño fragmento de Alternarse, poema largo extraído del libro Fuck You-Aloha-I Love You (Wesleyan, 2001) y cuya traducción estuvo a cargo del poeta y traductor mexicano Román Luján.


En un cuarto nos sentamos en torno a una mesa.

La mesa es de madera oscura.

Tiene patas gruesas.

Es un espacio para reunirse con límite de madera.

En otro cuarto, en un cuarto de hotel, nos desvestimos apresuradamente.

Usamos la mesa como barrera y dejamos nuestras cosas sobre ella.

Valoramos la mesa como decoro.

Una mesa que es de madera, que es dura.

Una cama es suave y nosotros, las dos personas en el cuarto de hotel, deslizamos nuestras manos sobre el cuerpo del otro mientras nos reclinamos en ella.

Nos gusta la sensación del cuerpo del otro.

Esto es placer.

Esto también es hablar.

Nosotros en el cuarto de la mesa hablamos a través de la mesa.

Nosotros en el cuarto de la mesa hacemos gestos.

Debatimos cómo desear acción.

Señalamos.

Hablamos de discurso no comprometido.

Confesamos.

Problematizamos.

Nos hablamos en frases de patrones elaborados.

Nos parecemos al otro. Nos vemos como el otro. Nos entendemos hasta en una discusión.

In a room we sit around a table. / The table is dark wood. / It has thick legs. / It is a space for gathering with a boundary of wood. // In another room, in a hotel room, we hurriedly undress. // We use the table as a barrier and we rest our things on it. / We value the table as decorum. / A table that is wood, that is hard. // A bed is soft and we, the two people in the hotel room, run our hands over each other’s bodies while reclined upon it. / We like the feel of each other’s bodies. / This is pleasure. / This is also speaking. // We in the room with the table speak over the table. / We in the room with the table gesture. / We debate how to want action. / We point. / We speak of uninvested discourse. / We confess. / We trouble. / We speak to each other in elaborate patterns of sentences. / We are similar to each other. We look like each other. We understand each other even in argument.


Foto Juliana SpahrJULIANA SPAHR (Chillicothe, Ohio, 1969). Poeta, crítica y editora estadounidense. Entre sus publicaciones destacan los libros de poemas Response (1996), por el que obtuvo el National Poetry Series Award, Fuck You-Aloha-I Love You (2001), Well Then There Now (2011) y That Winter The Wolf Came (2015), y el volumen de crítica Everybody’s Autonomy: Connective Reading and Collective Identity (2001). En 2009 recibió el O.B. Hardison Jr. Poetry Prize.

Foto Román LujánROMÁN LUJÁN (Monclova, Coahuila, 1975). Poeta y traductor mexicano. Autor de los libros de poemas Instrucciones para hacerse el valiente(2000), Aspa Viento (2003; en colaboración con Jordi Boldó), Deshuesadero (2006), Drâstel (2010) y Nigredo: antología personal (2013). Obtuvo los premios nacionales de poesía Abigael Bohórquez en 1997, Francisco Cervantes Vidal en 2005 y Amado Nervo en 2013.

 

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