Extracciones: La visita [Alejandro Parrilla y Germán Weissi, eds.]

Extracciones: La visita [Alejandro Parrilla y Germán Weissi, eds.]
POR ANA CLAUDIA DÍAZ

En tiempos en los que, de a ratos, la inspiración parece haberse extraviado o cuando escasean proyectos que deslumbren por su ingenio o innovación, hace su aparición La visita y pone en escena aquello que creíamos perdido o imposible, redoblando la apuesta de las ediciones independientes, abriendo un abanico de nuevas posibilidades para reimaginarnos, redescubrirnos, rehallarnos, reproyectarnos.

Este libro reúne 26 canciones de Loreena McKennitt reinventadas en poesía, cuento y obra visual. Es una edición a cargo de Alejandro Parrilla y Germi Ciccone —y el equipo de Libros Madonna (Reinvención y Veni Vidi Vici) y Libro Tori Amos (Exit 75)—, un dúo maravilloso que viene, desde hace algunos años, ofreciendo propuestas en las que eligen a una cantante y convocan a un grupo de poetas y artistas plásticos a reinterpretar sus temas, a darles un tinte propio.

portada la visita

Es así que en esta antología vamos a encontrar diversas voces y estéticas; en parte, porque lo interesante, justamente, es esa comunión de artistas y sus improntas, y por parte, por el influjo de las canciones, de la experiencia de convivir con un tema que les fue designado para escucharlo, leerlo, pensarlo y escribir o interpretar visualmente una propia versión del mismo.

Acá les compartimos algunos de los poemas editados en el libro.

8 EPITAFIOS PARA MÍ

I.
Acá descansa
Un vivo que se hace el muerto o un muerto bastante vivo
Un marinero que nunca cruzó un océano
Pero siempre fue portador de Costa
Hijo del medio de Ranulfo y Bernardina
Un tornero mecánico
Y una dueña de casa que cortaba el pelo y vendía ropa.

II.
Ni santo ni diablo: humano
Tímido a veces, atrevido otras.

III.
Actor y dramaturgo
El mejor de su generación
El único que le cantó las claras a sus maestros y colegas
Por eso siempre trabajó con mucho orgullo y dignidad
En el under y en el off
Siempre se mantuvo lejos de los chupapijas y los lameculos
Que abundan en el rubro escénico.

IV.
En diciembre de 2007 salió rajando de Chile
Harto de vivir inserto en un sistema político capitalista y neoliberal
Heredado de un tirano dictador
Donde se premia la estupidez humana de los nacidos en cuna de robo
Llegó a la Argentina encandilado por un Neón quilmeño
Que alumbró su camino y siempre le dio luz.

V.
Disfrutó besar, abrazar, acariciar, gozar
Sacarle el manto al cuerpo y a las palabras
Tener buenos amores, buenos amigos y buenos amantes
No le quedó debiendo un peso a nadie.

VI.
Préndele una vela, fúmate uno
Hazle libaciones de miel y vino
Para que su mariposa vuele volada y borracha.

VII.
LO COMIDO Y LO BAILADO
NO ME LO QUITA NADIE.

VIII.
Esto te ha de llegar.

MARINERO MIEL,
SOBRE «HURON BELTANE FIRE DANCE» (PARALLEL DREAMS, 1989)

 

DESIERTA

a mi papá

I

si el cabello es fuego blanco que incendió un paisaje extranjero, que el viento guarde en el hueco de un árbol
este vació de canto

es allá, en la hendidura de una voz donde desierta comienza a creer en un cascabeleo de aire, donde despierta el aroma limonero del silencio y se adhiere a la piel que de la nada nombra: ecos que se filtran en la aridez que no sabe de mañana, ni de un idioma indomable

antorcha de un sueño gladiador

II

me sigo trasladando hacia vos en manadas de registros rotos, en este pastoreo donde renace el ara de sonidos, savia que imagina una tierra nueva en la celebración y su ardor de niño rumiante en la insistencia de una señal desolada

mientras dejo de ser vuelvo a creer, libero el corset del tiempo, me retaceo en los bordes de un género, me extravío. cataleja me busco borrosa en la espera donde desierta soy: saltos de fronteras, cabras desalineadas de su linde conocido, viento que te llama en lo infinito de un instrumento musical de la resta

KARINA CARTAGINESE,
SOBRE «ANCIENT PINES» (PARALLEL DREAMS, 1989)

 

CASA DE ORACIÓN

rogué a cristo por él y por mí
sellé el pedido con un beso
lo soplé como a un panadero
se volvió multicolor en la subida
pedí con tanta fuerza
que se deshizo en el aire
se diluyó en el mar
mi panadero astronauta
debería haberte encorazado mejor
o darte branquias
mi descuido te alejó de la casa de oración

GERMÁN WEISSI,
SOBRE «THE OLD WAYS» (THE VISIT, 1991)

 

EL MAR DESDE LEJOS

El mar desde lejos
mi sombra piensa sobre blanco
un blanco
espuma
nieve
luna el mar desde lejos
continuo
mi sombra piensa
tendida
en el blanco
sobre el blanco
desde el blanco
en el blanco del vértice de la forma
piensa
el mar desde lejos
murmura
arrulla
suena
la sombra en el mar de la luna blanca
la espera sonora del mar desde lejos
suena
la luna
la espuma
la sombra
la sombra
del mar
en la espuma
de la luna
la luna en la sombra de la espuma del mar
el mar
la forma continua
que piensa
que suena
el mar desde lejos
la sombra en la espuma
desde lejos
la sombra
la luna
papeles bifurcados
desde lejos
en continua espera
la luna
en la sombra del mar desde lejos
la sombra de la luna en la espuma desde lejos del mar que suena que piensa

El mar en el vértice de la forma que se hace luna
la luna en la forma de la sombra tendida blanca sobre la espuma
la espuma del papel
bifurcado del mar

el mar

constante
continuo
nacarado
que suena

ahora

que suena
el mar desde lejos

el mar
que suena
me suena
me cruje
me suena

el mar
el mar
el mar

me cruje

MARCELA MANUEL,
SOBRE «STANDING STONES» (PARALLEL DREAMS, 1989)

 

CRUZAR LOS PUENTES

Para cruzar
los puentes del río Guadalquivir
necesita vivir
con pies deshabitados
sin trabajo a horario
su casa ya no es su casa*
porque tiene alas de grulla
a veces de halcón

La brújula la tiró
bajo el alba
para escuchar
los ecos de la noche
el pulso de las cuerdas
que emanan de los mosaicos
árabes
con las raíces de los árboles
avanzan
por los barrios de Andalucía.

En esos recovecos
donde se esconden las sombras
y la ciudad se ha dormido
con pocas estrellas
se funde con los artistas callejeros
son un solo cuerpo que
resiste a los vientos de censura
en las calles

*Verso casi literal de «Romance sonámbulo» de Federico García Lorca.

CECILIA CARBALLO,
SOBRE «SPANISH GUITARS AND NIGHT PLAZAS» (LOST SOULS, 2018)

 

ARTE DE TAPA: OMAR MATADAMAS.
PRÓLOGO: SUSANA PEREYRA.
PARTICIPAN: MAXI MUTI, MARIA INSUA, CECILIA CAPELLA, MARCELA MANUEL, CECILIA CARBALLO, MERCEDES GÓMEZ DELA CRUZ, SEBASTIAN GIANETTI, KARINA CARTAGINESE, EMILIO LARREA, JUAN CRISTÓBAL MIRANDA, NICOLÁS BOLÍVAR, CLARA GRAU, POL AJENJO, DAVID MIEL, ANITA CATANIA, CARITO CRESPO, JULIA WONG KCOMT, UTUTO CACA, PABLO GIMÉNEZ, MARTÍN VILLAGARCÍA, ALEJANDRO ALONSO MARCUCCI, DISHEI MARSE, MATÍAS ARIEL CORREA, MACHI PEREZ, ALDANA ANTONI, SUN COK / ARTE / ARTWORKS & ALEJANDRO PARRILLA.
BUENOS AIRES, ARGENTINA, NOVIEMBRE 2018.
FANPAGES DE LOS LIBROS EN FACEBOOK:
HTTPS://WWW.FACEBOOK.COM/MADONNALIBROS/
HTTPS://WWW.FACEBOOK.COM/TORIAMOSEXIT75/ HTTPS://WWW.FACEBOOK.COM/LAVISITALOREENAMCKENNITT/
LOS PRIMEROS TRES LIBROS PARA LEER ONLINE:
HTTPS://ISSUU.COM/LIBROSMADONNA
ENTREGA DEL LIBRO LA VISITA A LOREENA MCKENNITT (BUENOS AIRES, 2018):
HTTPS://WWW.YOUTUBE.COM/WATCH?V=PVE0TH2PUGC


foto germán weissi y alejandro parrillaALEJANDRO PARRILLA / GERMÁN WEISSI. Nacieron en la Buenos Aires de los 80, se conocieron a finales de los 90 y en los últimos años editaron las antologías colectivas de poesía, cuento y obra visual Reinvención (2013) y Veni Vidi Vici (2015), en homenaje a canciones de Madonna; Exit 75 (2014), en homenaje a canciones de Tori Amos, y La Visita (2018) en homenaje a canciones de Loreena McKennitt.

ÚLTIMA EDICIÓN

Extracciones: Ciudad modelo [Donna Stonecipher]

Extracciones: Ciudad modelo [Donna Stonecipher]

Los siguientes poemas forman parte de Ciudad modelo, libro de Donna Stonecipher recientemente publicado por Ediciones Liliputienses. La traducción es de Cristián Gómez Olivares.

portada ciudad modelo


 

CIUDAD MODELO (1)

Fue como ir de a poco dándose cuenta un invierno de que hay edificios nuevos creciendo por toda la ciudad, y luego percatarse de que cada uno de ellos es un hotel.

*

Fue como pensar en todas esas habitaciones vacías durante la noche, todas esas habitaciones vacías construidas para contener una ausencia, mientras yaces en tu cama durante la noche, incapaz de dormir.

*

Fue como la sensación de caerse a través de la “o” de “hotel”, así como casi te quedas dormida en tu propia cama, la cama que posees, sorprendida en el último minuto por la propiedad, la propiedad de tu yo completamente-despierto.

*

Fue como entregarse ante tu propiedad de ti mismo e ir hasta la ventana, para mirar hacia afuera todas esas versiones de la palabra “hotel”, sutilmente iluminadas, anunciando sus nómadas ausencias a lo largo y lo ancho de la ciudad.

 

CIUDAD MODELO (2)

Fue como desviarte de tu destino para visitar una ciudad modelo al lado de una mina de hierro, un ejemplo de planeamiento urbano, su muy espaciado alumbrado público arrojando modestos conos de luz sobre la oscuridad de la vida humana.

*

Fue como llegar a la más abandonada de las ciudades modelo y ser incapaz de discernir las características que la hacen una ciudad modelo, debido a que todas sus características ya han sido incorporadas a otras ciudades, debido precisamente a que eran modelos.

*

Fue como manejar con las ventanas abajo por la calle principal de la ciudad modelo donde todas las puertas y ventanas estaban tapiadas, y sospechar que te equivocaste de ciudad modelo, que la nueva ciudad modelo, la ciudad modelo que buscabas, está lejos. Muy lejos.

*

Fue como estar bajo un cono de luz arrojado por ese muy espaciado alumbrado público de la ciudad modelo equivocada, con todas sus ideas extraídas, sus puertas y ventanas tapiadas escondiendo aspiraciones hacía mucho olvidadas para una ciudad modelo.

 

CIUDAD MODELO (8)

Fue como ir hacia alguna parte y salir de una estación del metro que nunca tomamos y ver un letrero que dice “Museo del Azúcar, 500 mts” y de repente cambiar tus planes para el día, también para esa parte donde ibas.

*

Fue como caminar esos “500 mts” con que el letrero anunciaba el Museo del Azúcar y pensar, sólo 500 mts hasta esa dulzura infinita que me merezco, esa parte donde ibas olvidada bajo una cascada de cristales de azúcar.

*

Fue como tomar debidamente el metro para llegar a alguna parte sin saber nada del Museo del Azúcar, sabiendo sólo a donde ibas, sin saber nada del Museo del Azúcar y cómo puede alterar los planes.

*

Fue como caminar 200 m y repentinamente entender entonces la naturaleza del Museo del Azúcar, y girar sobre tus tacones para volver hacia esa parte donde ibas en un principio. Porque su naturaleza es seducir. Y la tuya, renunciar.

 

CIUDAD MODELO (16)

Fue como ir a una exposición donde todas las obras tratan de la melancolía, y no poder aguantarte las ganas de reír sin parar, especialmente delante de una caja de pequeños esqueletos de marfil “destinados para reflexionar en privado”.

*

Fue como mirar las caras de esos esqueletos y preguntarte la razón de que esas calaveras siempre tengan pintada una sonrisa, de qué se están riendo, y después darte cuenta de que siempre tenemos pintada esa sonrisa debajo de nuestros rostros.

*

Fue como sentir esa sonrisa todo el tiempo debajo de tu rostro, incluso cuando estás sollozando, o sin expresión alguna, leyendo un grueso libro a altas horas de la noche al lado de una ventana a oscuras: estás sonriéndole, a pesar de ti misma, al libro debajo de tu rostro.

*

Fue como dejar la exposición de la melancolía casi llorando de tanto reírte, imaginándote el memento mori, los pequeños esqueletos en las manos enguantadas de una mujer de la nobleza, mientras reflexiona en privado, sonriendo en secreto.

 

CIUDAD MODELO (29)

Fue como tomar una fotografía digital tras otra fotografía digital de arbustos de lilas en el parque, acercándote con tu cámara digital precisamente hacia los arbustos de lilas, porque estás enamorada y mal de la cabeza.

*

Fue como llenar la memoria de tu cámara digital con pésimas fotografías de lilas y sólo lilas, lilas desgarbadamente expandiéndose, para llenar las cuatro esquinas de todas las tomas.

*

Fue como caminar derecho con tu cámara digital hasta los arbustos de lilas como una persona hipnotizada, apretando el botón una y otra vez para memorizar las desgarbadas lilas, para digitalizar lo-mal-de-la-cabeza que es estar enamorada.

*

Fue como estar enamorada y mal de la cabeza y caminar derecho hasta los arbustos de lilas para tomar pésimas fotografías digitales de las lilas, aunque sepas que no va a pasar mucho tiempo antes de que te sientes, atónita, borrando todas y cada una de ellas.

 

CIUDAD MODELO (38)

Fue como escuchar hablar a un arquitecto acerca de quedarse mirando el océano para estudiar la estructura del oleaje, el ornamento de la espuma, la construcción y la destrucción, la construcción y la deconstrucción.

*

Fue como escuchar al arquitecto diciendo que él había pensado sobre cómo la ola insiste en su arquitectura de cumbres, en la dialéctica de las soluciones y las disoluciones de la construcción, en la Baukunst líquida, en tanto vislumbraba el espiral de una concha marina en la arena.

*

Fue como el arquitecto diciendo que le gustaría construir habitaciones en donde el que va a dormir se duerme con el sonido de las olas, un sonido donde se superponen estadios vaciándose y llenándose, una pieza como el espiral de una concha marina.

*

Fue como escuchar al arquitecto decir que le gustaría construir esas habitaciones a partir del sonido de las olas, y querer quedarme dormida doblada en la estructura de ese espiral de conchas marinas, escoltada hacia el sueño por las olas disolviéndose.

 

CIUDAD MODELO (49)

Fue como tomar el tren que cruza la frontera entre dos países con idiomas que no tienen nada que ver el uno con el otro, uno construido como una fortaleza y el otro escurridizo como un río, y pensar en lo comedidos que los idiomas son, al mantenerse al interior de sus fronteras.

*

Fue como prever qué tan abruptamente los nombres de las estaciones cambiarían, desde palabras impenetrables como una fortaleza a palabras escurridizas como ríos inmediatamente después de la frontera, como si cada idioma viviera en un mundo imperturbable por la existencia del otro.

*

Fue como cruzar la frontera y tratar de sentirla debajo del tren, sentir esta instancia divisoria, de orden, de fuerza, de fe. Pero la frontera era una abstracción ordenando otras abstracciones, como idiomas escurridizos e impenetrables.

*

Fue como darte cuenta de que el tren había parado en la frontera y ver afuera a una mujer con el pasaporte equivocado siendo aprehendida por la policía –y recordar el lujo que es olvidar la brutalidad de esas fuerzas del orden que son las abstracciones.

 

CIUDAD MODELO (52)

Fue como pasar, camino del trabajo, por un jardín de flores y fijarte en que los tulipanes han sido arrancados para hacerle hueco a las violetas, las que serán arrancadas para hacerle hueco a los pensamientos, los que serán arrancados para hacerle hueco a los no me olvides.

*

Fue como pensar en todas esas flores arrancadas, amontonadas ahora en una carretilla para deshacerse de ellas por el bien de la bella ilusión de un florecimiento perpetuo, en el sacrificio y el derroche, el trabajo sin sentido y la corrupción de las flores.

*

Fue como estar sentada en la casa después del trabajo, pensando en los propios esfuerzos sin sentido, en todo el dinero gastado en los jardines públicos, en este contrato social en torno al significado de la belleza, uno de los pocos en torno a los cuales muchos están de acuerdo.

*

Fue como pensar en torno a todos esos tulipanes y pensamientos arrancados, violetas y no me olvides, amontonados sin sentido en una carretilla, la irracionalidad de la economía de la belleza, el éxtasis de lo irracional, tan parecido a una flor.

 


foto donna stonecipherDONNA STONECIPHER (Seattle, 1969). Hizo un máster en Fine Arts en el Taller de Escritores de la Universidad de Iowa y un doctorado en Literatura en Inglés y en Escritura Creativa en la Universidad de Georgia. Es traductora del francés y del alemán. Sus libros de poesía son The reservoir (2002), Souvenir de Constantinople(2007), Cosmopolitan (2008; traducido al español en 2014 y publicado por Ediciones Liliputienses), Model City (2015) y Transaction histories (2018). Vive en Berlín.

foto cristián gómez olivaresCRISTIÁN GÓMEZ O. (Santiago, 1971). Es poeta y traductor. Ha publicado, entre otros títulos, La nieve es nuestra (Liliputienses, 2012; Luces de Gálibo, 2016) y Butterfly (Colectivo Semilla, 2017). En 2018 publica el libro de ensayos La poesía al poder. De Casa de Las Américas a McNally Jackson (Cuarto Propio). Fue miembro del IWP (International Writing Program) de la Universidad de Iowa y fue Writer in Residence del Banff Center for the Arts. Es miembro del Consejo Editorial de Cardboard House Press y dirigió la colección Los poetas editores de Ediciones Liliputienses.

 

ÚLTIMA EDICIÓN

10 autores mexicanos contemporáneos

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Bernardo Esquinca
Celebra a México leyendo a sus escritores. Recomendamos una decena de autores mexicanos contemporáneos con voces particulares para la ficción.

La escena literaria mexicana está en constante movimiento, de modo que elegir a sus exponentes más interesantes puede tornarse complicado. No obstante, para aprovechar el sentimiento patrio de septiembre, elegimos a una decena cuya obra va de géneros diversos y que poseen voces particulares y talento excepcional. Sin un orden específico, estos son tan sólo algunos de los autores mexicanos contemporáneos de ficción cuya obra debe leerse para tener idea de la escena mexicana actual.

Alberto Chimal

Nacido en Toluca, Estado de México, el escritor Alberto Chimal es uno de los más destacados representantes de la literatura de la imaginación en México. Su obra se caracteriza por transformar la vida cotidiana en situaciones oscuras y extraordinarias, además de mostrar un profundo conocimiento de los géneros fantásticos. Chimal tiene una fuerte presencia en línea, tanto con sus llamados al desarrollo de la minificción como a diversos experimentos literarios digitales a través de su cuenta de Twitter y de su bitácora Las Historias. Su prolífico trabajo literario abarca cuento, novela, poesía y ensayo.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Alberto Chimal

Alberto Chimal / Fotografía vía Las historias.

Guadalupe Nettel

“Me gusta enfocar lo que la gente cree anormal, lo que esconde, lo que piensa que son defectos”, dijo Nettel al diario El País cuando ganó el premio Herralde de Novela, de Editorial Anagrama, en 2015 por Después del invierno. Su percepción y su narrativa hacen de ella una de las figuras claves, no sólo de la literatura mexicana, sino del paisaje literario iberoamericano. Ha publicado novelas, ensayos y colecciones de cuentos.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Guadalupe Nettel

Guadalupe Nettel / Fotografía vía Wikimedia Commons

Bernardo Esquinca

La ficción de lo extraño encuentra en Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) a uno de sus principales exponentes mexicanos. Como autor y antologador, Esquinca se ha esforzado en renovar el aprecio de los lectores por las historias oscuras que habitan su cotidianidad. Destacan los dos volúmenes de la antología Ciudad fantasma. Relato fantástico de la Ciudad de México (XIX-XXI) –con el escritor Vicente Quirarte–, además de sus libros de cuentos Demonia Mar Negro. Su obsesión por el Centro Histórico de la Ciudad de México y la novela policiaca lo han llevado a escribir la “saga Casasola”, cuyo título más reciente es Toda la sangre.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Bernardo Esquinca

Bernardo Esquinca / Fotografía vía archivo Gatopardo

Valeria Luiselli

Los tres libros publicados por Valeria Luiselli –Papeles falsos (2010), Los ingrávidos (2011), y La historia de mis dientes (2013)– han sido elogiados por la crítica literaria internacional. Los viajes de la escritora, quien ahora reside en Nueva York, han enriquecido y profundizado su narrativa. Su irrepetible perspectiva la ha convertido en una de las voces más importantes de la literatura mexicana de los últimos años.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Valeria Luiselli

Valeria Luiselli / Fotografía vía archivo Gatopardo

 

Ignacio Padilla

El recientemente fallecido Ignacio Padilla fue uno de los autores más activos de la Generación del Crack. Entre sus publicaciones destacan Trenes de humo al bajoalfombra (1992), Últimos trenes (1994) y Subterráneos (1989). Padilla era también un investigador y conocedor de la obra de Miguel de Cervantes, a la cual dedicó Cervantes y compañía, uno de sus últimos textos, en conmemoración de los 400 años de la muerte del máximo autor de las letras hispánicas.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Ignacio Padilla

Ignacio Padilla / Fotografía vía redes sociales

Bernardo Fernández Bef

La novela policiaca ha vivido un renacimiento en México en los últimos años. El escritor e historietista Bernardo Fernández Bef es uno de los autores que han impulsado a este género con novelas como Tiempo de alacranes (2005), ganadora del premio Una vuelta de tuerca, y la saga de la detective Mijangos (Hielo negroCuello blanco Azul cobalto). Autor versátil, Bef también ha contribuido a mejorar la visibilidad de la ciencia ficción (Los viajeros: 25 años de ficción mexicana) y a revalorar a la historieta como un medio valioso para la literatura mexicana (Uncle Bill).

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Bef

Bernardo Fernández (Bef) / Fotografía vía Flickr

Fernanda Melchor

Esta joven autora veracruzana ha encontrado en la crónica (Aquí no es Miami) una de sus mejores armas literarias. Sin embargo la honestidad brutal de su prosa también es evidente en su primera novela, Falsa liebre. Con un estilo alimentado por su formación periodística, Fernanda Melchor introduce al lector en universos ficticios anclados en la realidad del trópico y de diversas problemáticas de la sociedad mexicana.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Fernanda Melchor

Fernanda Melchor / Fotografía vía archivo Gatopardo

Luis Jorge Boone

Originario de Monclova, Coahuila, y dueño de una narrativa profunda. Luis Jorge Boone, quien escribe poesía con la misma destreza con la que trata el ensayo y la novela, publicó recientemente el libro de cuentos Figuras Humanas de la mano de Editorial Alfaguara.  El autor ha ganado premios nacionales en todos los géneros literarios que ha tocado con su trabajo, siendo el Premio Nacional de Poesía “Carmen Alardín” el más reciente.

Diez Autores Mexicanos Contemporáneos - Luis Jorge Boone

Luis Jorge Boone / Fotografía vía archivo Gatopardo

Bibiana Camacho

La ficción de Bibiana Camacho tiene a la Ciudad de México como un personaje recurrente; uno que se mezcla en la tela narrativa de manera orgánica para aportar intensidad a sus textos. Su primera novela, Tras las huellas de mi olvido (2010), recibió una mención honorífica en el concurso nacional de primera novela Juan Rulfo en 2007. Ha publicado los libros de cuentos Tu ropa en mi armario (2010) y La sonámbula (2014).

Aura Xilonen

Xilonen recibió el premio Mauricio Achar de Literatura Random House por su libro Campeón Gabacho (2015) a los 19 años, sorprendiendo a un jurado compuesto por Julián Herbert, Emiliano Monge y Cristina Rivera Garza. La base de su refrescante narrativa se encuentra en la lucha por preservar el lenguaje de sus abuelos, de su familia: un lenguaje que puede ser desdeñado por la academia, pero es la columna vertebral de las relaciones humanas en una región.

https://gatopardo.com/cultura/libros

Punto de partida: La época ya no da muchas imágenes [sobre Días después del diluvio de Daniel Freidemberg]

Punto de partida: La época ya no da muchas imágenes [sobre Días después del diluvio de Daniel Freidemberg]

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Leer una antología pensada por alguien que no es el autor (en este caso por el editor Aníbal Cristobo) resulta una experiencia interesante. La obra está fuera del control de quien ha calado sus surcos y empieza a dejar de parecérsele. Así, este libro de Daniel Freidemberg, que ha publicado en España Kriller 71 y que abarca textos desde 1986 a 2007, resulta ser en definitiva un nuevo artefacto. Desde ahí parto para leer ciertas proyecciones, ciertos deslizamientos, aunque los callejones no terminen en barrios felices.

Creo que siempre el primer poema define un rumbo. En este caso, bajo el título “Sitio” (de Diario en la crisis, 1986), se entrevé la escena de un film en la que un hombre indefinible observa cómo los barcos parten entre gritos que “no son gaviotas”. En ese clima brumoso, hay dos versos que funcionan como síntesis de la poesía de Daniel Freidemberg: “Sólo que a veces / la música se corta”. Tomando este hilo puede re-tejer el lector toda la serie de poemas subsiguientes. Lo que se interfiere es, en primer lugar, la idea del poema acabado. Versiones y retornos a encastres anteriores, a lo inexpresado, aunque sin deseo de triunfo sino más bien como una obsesión por mantenerse en el peligro al que todo ha sido expuesto. ¿Cuál peligro? El de no comunicar, el de no dar pie al sentido facilitador del lenguaje mediático.

Las gaviotas que “no son” vuelven en la mirada de un-hombre (un ente genérico que diluye su identidad en el entorno ¿o el contorno?[1]) en Cantos de la mañana vil (2001). Ahora son “aves” y la lengua es sólo un esquema:

 

“No hay nada” digo, ya no sé
lo que es un ave, ya no sé
si hay o no hay música en
el rodar del mundo.
“Ya no sé”, digo, “en realidad, nada”.
“Ahora”, digo, como si rezara, “acá”.

 

La música (también al límite del desborde[2]) parece ser ese último rezo en el aire extenuado, saturado, del mundo; un equilibrio en la cuerda del presente que exige parpadeos veloces. En En la resaca (2007) ya se ha convertido en un órgano más del cuerpo diseccionado de las percepciones:

 

Junio (III)

En la vidriera un crucifijo, unas cajitas labradas,
un dragón bajo la lanza, una mujer de azul
que emerge de olas de agua plástica, unos signos orientales,
un buda gordo en oro falso,
y, un poco más acá, el vidrio, autos en el
apenas perceptible temblor del vidrio, transeúntes
desdibujados, música del pasar de las cosas
que pasan sin más. Potes con no sé qué, temblor
del paso del mundo acá, su reflejo rápido.

 

Pero ¿es esa música más que una palabra? Cuando comencé hace unos años a leer la obra de Daniel Freidemberg veía como central un cuestionamiento sobre la materia de la poesía. Luego comprendí que esa veta no puede leerse desligada de una apreciación lúcida del diseño cultural. Llamémosle mejor, de la “experiencia”. Si como dice uno de sus versos “la época ya no da muchas imágenes”, lo que queda es el lodo de lo real. Y lo real no puede espesarse sino en el encuentro del sujeto con sus molduras: aquello que lo torna, matiz tras matiz, un borde viviente que interrumpe la coreografía de la naturaleza. No es necesariamente un punto de vista zen, sino que alcanza con pensar en un sujeto que ha advertido la necesidad de que la escritura se cuele por las grietas del muro:

 

…escribo
no con palabras
sino con sombra de palabras, filtraciones
de un turbio noviembre.

 

La tarea de Freidemberg no está del lado amable de las cosas, sino del otro. Los días después del diluvio son un comienzo. Una vez partida la cáscara de la nuez ya no hay lugar para mitos. La poesía no desciende sino que perfora. ¿Se nos habrá roto demasiado esa palabra, “poesía”? No importa. No será este, el nuestro, un tiempo de lamentos.

 

 

 


[1] EL LÍMITE DE CADA FIGURA ES EL LÍMITE DEL YO POÉTICO. EL RESTO ES SU REPULGUE EN LA MASA TEXTUAL, MÁS O MENOS PERSONIFICADO, MÁS O MENOS OBJETIVADO.
[2] LA PIGMENTACIÓN DE LOS SIGNOS HA BAJADO A SU MÍNIMO, SUS ÓRGANOS ESTÁN A LA VISTA Y PRÁCTICAMENTE NO OCULTAN UNA DISTANCIA CON SU SIGNIFICANTE; SE ALINEAN EN UNA FORMACIÓN PREPARADA PARA ATACAR NO A LA REALIDAD, NO AL LENGUAJE, SINO AL DISCURSO QUE UNIFICA LAS CONCIENCIAS BAJO CIERTA LEY DE CORRECCIÓN.

 


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015), Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016), una voz hervida (Jámpster ebooks, 2017), en coautoría con Ivankan, Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y fotografías (Zindo & Gafuri, 2018). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.

 

https://jampster.cl

 

Extracción: En obra [Cynthia Rimsky]

Extracción: En obra [Cynthia Rimsky]

Recientemente publicado por Mundana EdicionesEn obra podría ser considerado como un volumen de dos historias, aunque bien podría ser sólo una que muta en forma y dimensiones conforme se desarrolla. A partir de la conexión que logra Cynthia Rimsky de ambos flancos narrativos, la autora logra llevarnos a esa área que tanto nos gusta y por la que muchas veces sonamos repetitivos: el ominoso (pero maravilloso) territorio en el que el lenguaje surge. A continuación, una muestra de ello.

 


 

 

portada en obra cynthia rimsky

FRAGMENTO EXTRAÍDO DE EN OBRA (MUNDANA EDICIONES, 2018)

 

 

… Y SI REALMENTE LOS PÁJAROS SE COMUNICAN ENTR ELLOS
A TRAVÉS DE LOS OÍDOS DE LOS HOMBRES
Y SIN QUE ESTOS SE DEN CUENTA.
Juan Luis Martínez, La Nueva Novela

 

 

 

a Jamila Medina Ríos

 

Esta historia ocurre en un pueblo costero al oriente de la isla, un 28 de octubre de 2017, cuando se practica una fumigación controlada en cuatro momentos del día: de ocho a diez, de diez a doce, de dos a cuatro de la tarde y de cuatro a seis, las familias deberán estar preparadas para recibir a los brigadistas y no podrán existir casas cerradas.

Est_ visitante baja del auto norteamericano que abordó en la ciudad y camina hacia la costanera. Hasta donde alcanzan sus ojos, no hay indicio de lo que tendría que encontrar según los desconocidos que l_ empujaron a venir hasta acá. Sigue por el malecón, aunque es más largo y las veredas discontinuas son un problema para las ruedas de la maleta.

Galpones
fábricas calladas
o con poca vida
casas de un alambrito.
Asociaciones: de artesanos artistas, de industria, seguridad.
El trabajo digno, la educación edificante.
Control obrero-turno-muelle vacío.

Es difícil pensar que las asociaciones o el control obrero sigan respirando entre las partículas del jardín, las partículas de los muros, del techo. Se repite su impresión de que no levantan las ruinas porque desconocen qué podrían colocar en el lugar de la fábrica o del galpón. A menos que las partículas ya estén vendidas a uno que prefiere el anonimato o que, visionario, deja el control obrero como souvenir.

El muelle sí está vacío.

Antes de venir a la isla quiso averiguar cuáles fueron los lugares afectados por el huracán; la información le resultó confusa. Seguramente no querían espantar a los turistas y se fue corriendo con el curso hacia los bordes, por ahí llegó a la página de un organismo estatal y a una lista de las obras por hacer en los municipios afectados. Este pedazo derruido de costanera, delante de la placita triangular, debió figurar entre los daños y pasó de largo. Quién tendría deseos de viajar seis mil ochocientos veintidos kilómetros para alcanzar el derrumbe. La vuelta que dio para juntar nombres y cosas resultó bastante larga. El por hacer alude a que ya están aquí las piedras monumentales con las que está por construirse el muro defensivo. Los dólmenes, como damas plantadas, esperan obedientes en la costanera cambiar su condición verbal.

Teniendo todo para resultar una esquina bulliciosa, quienes pasan diariamente por la plaza, la estatua, la costanera, han desaparecido. La misma ausencia percibió al desviarse para entrar al centro por la calle que acaba de reponer a est_ visitante en la costanera, ahora del lado de la salida del pueblo. En la primera manzana le pareció que rentaban un cuarto. Abrió la puerta un hombre vestido de la cintura para arriba y con el pantalón del pijama a rayas. La silla de ruedas tenía los cojines que le faltaban al sillón; la hacía rodar con las manos. Por detrás de la sala fueron apareciendo personas de los cuartos que rodeaban un patio interior techado. El inválido les daba la espalda. Est_ visitante le explicó que buscaba un cuarto, y remarcó: con ventanas al exterior. Al segundo plano siguieron llegando personas, no les parecía extraño que el inválido estuviese conversando con est_ visitante en pantalón de pijama —seguramente ellos tomaron la decisión de dejar de vestirlo—. El inválido fue en la silla a buscar el celular para telefonear a una vecina; telefonear es un decir, para evadir el cobro los isleños usan un lenguaje con los timbres. Resultó que la vecina tenía un cuarto con vista. El inválido no hizo mención a los que alquilaba en su propia casa. Las personas en segundo plano seguían sin disimulo la escena. Seguramente el inválido los tenía convencidos de que era el único con conocimiento del mundo para tratar a quienes venían del exterior, aunque los cuartos seguían sin alquilar, por eso lo espiaban. Solo la mujer con la escoba se dignó a hacer un movimiento de cabeza. Est_ visitante se dispuso a devolver el saludo, pero tuvo la impresión de que iba a quedar en ridículo si hacía un gesto al aire.

La búsqueda del cuarto de la vecina fue en vano. El nombre de la calle era correcto, el número cayó en una memoria equivocada o el inválido lo hizo a propósito para que volviese directo a su patio interior. Desde que puso un pie en la isla, las cosas aparecen en un segundo plano respecto a los nombres. Se resiste a pensar en un engaño, una falsificación, un delito; ya no está segur_ de qué nombre dar a lo que ve.

Las casas de un piso en la vereda contraria a la costanera son tan sencillas; únicamente dos ventanas modestas sin terraza ni galería para aprovechar la vista, como si el mar fuese un accidente que las postró allí contra su voluntad. Resulta increíble que no alquilen cuartos o pongan un restorán a la orilla de playa. A excepción del quiosco cerrado que encontró antes de entrar al pueblo del que acaba de salir, no vio ningún negocio en la costanera. Algo obvio: comer los frutos del mar contemplando el mar parece inaudito para los isleños. El restorán que le recomendó el pasajero del auto colectivo queda hacia el pueblo, seguramente con vista a una casa. El pasajero apareció a último momento con la intención de ocupar el puesto junto a la ventana que est_ visitante había reservado; como era conocido del chofer, también se sentó adelante y, en vez de viajar cómodamente, llevó la manilla de la ventana enterrada en su costilla.

El chofer le había vendido al pasajero un auto norteamericano que se le echó a perder antes de llegar a su casa. El pasajero tenía acento extranjero pero vivía en la isla. Hablaba sin resentimiento; con la ayuda del chofer, más una comisión, consiguió vendérselo a otro y, aunque sumando y restando perdió dinero, al menos se lo quitó de encima. Hablando de autos, el pasajero le preguntó al chofer si vendía el suyo. Llenaron el silencio con las normas que el Estado impondrá a los transportistas privados. No se permitirán más los pisitos o asientos hechizos en el maletero; un auto con tres hileras podrá llevar ocho pasajeros y los comunes, como ese, cuatro. En aquel momento viajaban ocho. El chofer era consciente de que el negocio estaba por acabarse, que la próxima vez pedirán seguros, control técnico, extintor, espejos. Será el fin.

El pasajero le preguntó cuánto dinero estaban pidiendo por un auto de fines de los 60 como aquel. Si no hubiese escuchado la pregunta que le hizo al comienzo del viaje, lo hubiese interpretado como un interés general por todos los autos de los años 60 y no por el del chofer. Repasaron los vehículos del pueblo y los que conocía solo el chofer; todos con setenta u ochenta años de vida sobreviven a base de repuestos hechizos. Un comprador necesita un mecánico de confianza y dinero para pagarle mes a mes. No se compra un auto sino el derecho a seguir haciéndolo circular. Con estas argucias de por medio, le costaba entender si habían olvidado la pregunta inicial o esperaban con paciencia a que el dilema encontrara su camino en la mente del chofer. Doblaron por un camino lateral, supuso que hacia la costa. El chofer dijo que sí, que vendería su auto si el precio era bueno. El pasajero no hizo ninguna oferta. ¿Lo estaba obligando a que él mismo le pusiera precio a su fin? El chofer le contó que los de la dignidad del trabajo se habían reunido con gente del Gobierno para pedirles que postergaran la norma. Él no estuvo de acuerdo; seis meses, un año, el trabajo se va a terminar igual.

—En verdad, a mí no me falta nada —les dijo. Y enumeró los bienes que le quedarían después del fin.

—¿Para qué pide tanto por el auto, entonces? —bromeó el pasajero.

—Así que te interesa mi auto —lo jodió el chofer.

—Claro, si me dejaste sin auto y más encima tengo que pagarte pasaje —se rió.

—Pregúntele cómo se compra las casas y las vende —lo acusó el chofer.

Est_ visitante se enteró de que el pasajero se dedicaba a comprar y vender bienes raíces. El negocio suena bien, pero si la historia del auto es cierta, debe perder tanto como gana. El riesgo mayor lo corre a causa de la ley que prohibe a los extranjeros comprar tierras. En un momento de la conversación el pasajero mencionó “mi esposa cubana”. Omitió si se casó antes o después de su interés inmobiliario. Al ir acercándose a la costa fueron apareciendo unas fortalezas que en pequeña escala y con sus terrazas descubiertas en el segundo y hasta el tercer piso, desafiaban a los huracanes. En comparación, las casas de los lugareños parecían livianas y fáciles de reconstituir. Las afuerinas las construían a la orilla del camino, de a dos o de a tres, como si necesitaran cuidarse la espalda. Si me comprara una casa no escribiría en la fachada cuánto dinero poseo, piensa est_ visitante.

 

 

 


Cynthia RimskyCYNTHIA RIMSKY (Santiago, 1962). Ha publicado los libros Poste restante, La novela de otro, Los perplejos, Ramal, Fui y El futuro es un lugar extraño; ganadora, esta última, del Premio Municipal de Literatura y MOL 2017. Actualmente vive en Argentina.

 

 

ÚLTIMA EDICIÓN

Lo que García Márquez aprendió de ‘Mary Poppins’

Lo que García Márquez aprendió de ‘Mary Poppins’

A la izquierda, Gabriel García Márquez en agosto de 1962 en Ciudad de México; a la derecha, Julie Andrews en una escena de “Mary Poppins” CreditUnited Press International; AP Photo

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BOGOTÁ — Después de 54 años, se estrena la continuación de Mary Poppins, la película de Disney de 1964 basada en la novela de Pamela Lyndon Travers. En El regreso de Mary Poppins, que se podrá ver en América Latina a partir del 25 de diciembre, vuelve la niñera más famosa de Londres. Incluso quienes no han visto el filme original conocen, a grandes rasgos, la historia: una niñera con poderes mágicos baja del cielo para cuidar a los niños de una familia. Sin embargo, menos conocida es la influencia de Mary Poppins y de otros éxitos taquilleros cinematográficos en la obra de Gabriel García Márquez, sobre todo en su novela Cien años de soledad (1967).

A menudo se asume que la obra más conocida del escritor —la que mejor ejemplifica el género del realismo mágico, que mezcla la narración de la realidad cotidiana con sucesos de magia— fue influida por obras literarias como El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier o Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo. Es una verdad parcial. Aunque el estilo de García Márquez le debe mucho a la literatura, se suele olvidar la gran influencia que tuvo el cine en su obra.

Gracias al cine, García Márquez aprendió a unificar magia y realidad. Algunos elementos de Mary Poppins, que se estrenó en México cuando el escritor colombiano comenzaba el manuscrito de Cien años de soledad, tienen relación directa con el realismo mágico de su novela. Además, con algunas de las películas que triunfaban en el mundo en aquel entonces, como Mary Poppins, el escritor aprendió una lección aún más difícil: combinar la calidad artística con el éxito comercial.

Lo que García Márquez aprendió de ‘Mary Poppins’

Emily Blunt interpreta a Mary Poppins en “El regreso de Mary Poppins” CreditDisney Pictures

El cine marcó la vida y obra de García Márquez. En 1955, era el crítico de cine del periódico El Espectador de Bogotá, donde reseñaba los principales estrenos. Ese año se mudó a París, donde escribió su segunda novela, El coronel no tiene quien le escriba, cuya influencia más directa es el neorrealismo italiano de dos películas de Vittorio de Sica, que reseñó con entusiasmo en su momento: Ladrones de bicicletas (1948) y Umberto D. (1952).

Otros filmes de la época tuvieron una clara influencia en Cien años de soledad. Por ejemplo, en Milagro en Milán (1951), también dirigida por De Sica, los fantasmas son personajes de la vida diaria, como ocurre en la casa de la familia Buendía en la novela. En Los pájaros de Alfred Hitchcock se anticipa el súbito vuelo de cientos de aves que se estrellan contra las paredes de las casas en Macondo. Y en Mary Poppins flores silvestres se transforman en mariposas, muchas de ellas amarillas, como las que siguen a Mauricio Babilonia.

Asimismo, como revelan varias cartas de su archivo personal escritas en los años sesenta, García Márquez se preguntaba a menudo cómo crear una obra artística de alta calidad literaria que fuera también exitosa entre los críticos y el gran público. En su correspondencia escribía con asombro sobre los libros superventas de Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.

Conciliar el arte con las ventas era una de las inquietudes de García Márquez. Para lograrlo, se inspiró no solo en clásicos literarios, sino también en la cultura popular y en productos de consumo masivo. Esas diversas influencias las puso al servicio de Cien años de soledad.

Cuando escribía su novela, a fines del verano de 1965, se estrenó Mary Poppins en Ciudad de México. Allí vivía el escritor con su esposa y sus dos niños –de 3 y 5 años–, mientras trabajaba como guionista para productores como Gustavo Alatriste, quien financió tres películas de Luis Buñuel, en donde también aparece la magia: Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965).

En noviembre de 1965, la revista semanal Siempre!, que García Márquez leía, publicó una nota sobre el éxito taquillero de Mary Poppins: “La euforia, el entusiasmo, la histeria casi que se ha apoderado de los niños de México por la película de Walt Disney”. Las colas en los cines, se afirma en el artículo, eran como “las de los repartos de pan” en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Para entonces, cuando el filme protagonizado por Julie Andrews abarrotaba los cines mexicanos desde hacía trece semanas, el escritor admitía en una carta de ese mismo mes que después de varios intentos Cien años de soledad estaba “saliendo como un chorro, sin problema de palabras”.

En una entrevista de ese año, el autor afirmó que Cien años de soledadpretendía ser comercial: “La escribo […] con la firme voluntad de incurrir en todos los lugares comunes tradicionales”, incluidos “el melodrama” y “los amores de folletín”. Y la fórmula fue acertada: su novela se convirtió en la segunda obra literaria en español más leída después de El Quijote, está traducida a 45 idiomas y ha vendido más de 50 millones de ejemplares. Cien años de soledad se volvió un éxito global.

Además de reconocer en Mary Poppins el feliz encuentro entre gran público y obra artística, el escritor tomó algunos otros elementos creativos para su novela, como transformar la magia en una cuestión cotidiana. Quizás el mayor parentesco creativo entre la novela y la película esté en la mujer que García Márquez subió al cielo: Remedios, la bella. El ascenso celestial de este personaje, envuelto en sábanas de bramante, se ha convertido en un ejemplo clásico del realismo mágico de la literatura latinoamericana, mientras que el descenso del cielo de la niñera agarrada de un paraguas, cuyo nombre en español es María, es una imagen icónica de la cultura popular.

Remedios, como Poppins, es una mujer virginal con cierto desapego hacia los mortales. Las dos mujeres, Remedios y Mary, no son seres “de este mundo”. Igual que la niñera, Remedios actúa como si fuese “prácticamente perfecta en todo” y ambas tienen una lucidez que les permite ver “la realidad de las cosas más allá de cualquier formalismo”.

Lo que García Márquez aprendió de ‘Mary Poppins’

El actor Dick Van Dyke interpretó a Bert y Julie Andrews a Mary Poppins en la versión original, de 1964 de “Mary Poppins”. CreditDisney Home Entertainment

En una versión anterior de la novela, el escritor resaltaba todavía más el aura virginal de Remedios. Su nombre original era Rebeca de Asís, lo que sugiere que su atractivo radicaba más en la espiritualidad que en una belleza que hipnotizaba a los hombres. Al igual que el monje de quien tomó el apellido, san Francisco, Rebeca debió ser una asceta desconectada del mundanal ruido, de la misma manera que Poppins vive aislada en las nubes. Rebeca debía que ser tan ermitaña que García Márquez, al revisar una de las versiones de su manuscrito, eliminó unas palabras en las que describía que el personaje no se lavaba el pelo, quizás para que los lectores no la imaginaran sucia y maloliente.

En el mundo mágico de Poppins y Remedios, otros personajes vuelan. Las niñeras fuera de la casa de la familia Banks ascienden arrastradas por un ventarrón, mientras Poppins baja del cielo. También las personas levitan hasta el techo al no poder parar de reír, como un cura en Cien años de soledad levita al beber chocolate.

Las similitudes entre las bellas, altivas y voladoras Remedios y Poppins, además de la influencia de otras películas de la época sobre el realismo mágico de Cien años de soledad, nos recuerdan que acaso el mayor logro de un artista sea nutrirse de toda clase de influencias artísticas y experiencias personales y, luego, adaptarlas a su propia obra sin dejar rastro de su origen.

https://www.nytimes.com/es/

Extracciones: Champú [Rubén Guerrero]

Extracciones: Champú [Rubén Guerrero]
[SELECCIÓN Y PRESENTACIÓN POR ANA CLAUDIA DÍAZ]

«Un obrero no es un baterista»; «Un obrero no es un nadador»; «Un obrero es un vaso de agua»; «Un obrero es una construcción». Entre estos mantras se construye la poética de Champú, el nuevo libro de Rubén Guerrero, que salió recientemente bajo el sello La Carretilla Roja y que se instala dentro de la poesía argentina rompiendo los cánones establecidos o supuestos y jugando con la musicalidad de los versos a medida que alza y/o pone a flor de piel la voz poética.

El autor arma y desarma en la estructura de sus poemas el múltiple sentido de un conjunto de palabras que se repiten, se alternan, se intercalan y se nos instalan en la mente, una repetición que no cesa, y no da tregua hasta lograr hacer entender, al derecho y –casi- al revés, lo que quiere decir; como si fueran eslabones que se enlazan y van formando una cadena, cada vez más fuerte, cada vez más densa, con más carga. Las palabras se rozan generando un sonido/ música, y ciertos encabalgamientos que las hilan entre sí, consecutivamente: “Hay una rama en el río/ Hay una rama en el río/ Hay una rama en el río/ (…)/ Viene una lancha y una paloma/ Viene una lancha y una paloma/ Hay una rama en la ola”.

Mientras que, por otro lado, la voz poética se explaya narrando un cotidiano (extraordinario), con la sensibilidad de quien mira/ siente a través del único vidrio de lo real que sobrevive, y elije velar/ develar en palabras aquello que necesita ser contado y numerado para acercarnos: “Todo esto es la economía/ de los cuerpos/ Todo esto va a cambiar/ No te rías/ No tenemos que ser flojos en eso/ Si no te lo imaginás/ estamos el horno”.

Este es un poemario bello como crudo: crudo como aquello real que –aún- no está curado; como quien habla apoyado sobre el tiempo y lo piensa destemplado, como algo a lo que no fue adaptado por completo. El autor esquiva las etiquetas en su poesía, construye su propia voz, y se luce.

 

 


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POEMAS EXTRAÍDOS DE CHAMPÚ (LA CARRETILLA ROJA, 2018)

Armamos
este viajecito
para esta cerca
del río
y estar un poco solos
si es que eso se puede, me dijiste

El río está como nuevo
y eso nos hace bien

Armamos
este viajecito
para parar
un poco
la distancia

A veces la distancia
se pone rebelde

Apagá la música
me dijiste

acercate

 

 

 

El bote se hamaca
en el agua
El bote se hamaca
en el agua
amarrado al sauce
El bote se hamaca
amarrado al sauce
que le pertenece

 

 

 

Lunes 19:
pasaje en lancha: 200p
una docena de huevos: 80p
un kilo papas: 30p
3 cervezas: 155p
1 coca grande: 65p
fernecito: 150p
papel higiénico X4: 58p
champú: 70p

A la tarde llegás vos

 

 

 

El río es mi héroe
todo héroe se pierde en la oración
todos mis héroes viven al ras del piso
como los pájaros
todo animal es un héroe,
todo héroe es un animal

Se hizo de noche
prendo el fuego
armo la parrilla
pongo la carne
y las verduras
en la parrilla

la oscuridad también
puede ser una rama del fuego

 

 

 

Te chupás el dedo
para contar billetes,
y los contás
y gastás
la guita que no tenés,
que no tenemos.
Que gastás más de lo que tenés,
decís
Que gastas menos de lo que querés,
decís
Que nunca te alcanza,
decís
Que nos merecemos estas vacaciones,
decís
Que son nuestras,
decís
Que nos merecemos todo,
decís

Te chupás el dedo
para contar billetes,
eso es casi como chupar
el mundo
para armarlo peso por peso
con una economía interna:
150 pesos para puchos
200 pesos para asado
300 de chupi
450 de viaje
y contás
y te chupás el dedo
y pasás los billetes

Que en realidad
tenemos menos
de lo poco que tenemos
pero es nuestro,
decís
Que no ganamos cada billete,
decís
Qué nos merecemos todo,
Decís

Vos contás
sabiendo
que siempre vas a perder

 

 

 

Cae la tarde
al lado del río
definí la tristeza me dijiste:

es esa cuerda
que se
tensa

 

 

 

 


Rubén Guerrero.pngRUBÉN GUERRERO (Avellaneda, 1982). Redactor publicitario y Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Formó parte de la editorial Zindo & Gafuri. En el año 2013 publicó el libro No transpira y en 2016 salió su segundo libro Ahora que estamos en verano.

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POE+ de JÉSICA GALEANO JARCOUSKY

Resultado de imagen para JÉSICA GALEANO JARCOUSKY

Ana Yáñez

El lugar está inundado y en desorden;  ellos se abrazan, el hombre consuela a la mujer que tiene una flor sobre la tristeza. Es el agua que vino a lavarles la dicha, es  el desastre que ahora impera; toda su casa reproduce como un adorno funesto a la congoja. Por más que intente ocultarla, hasta su sonrisa es un garabato sombrío. No hay disimulo posible aquí.
Como una flor acuática flota en la superficie y aunque el hombre la abraza, no logra acabar con esta inundación.
Es el torrente más profundo, allí están las raíces, el dolor, la culpa, el desasosiego que la habita. Allí en el fondo del agua, de las tinieblas del corazón, enredados por plantas acuáticas están sus hijos marchitos, insepultos, derramados por una guerra roja, oscura.
No hay agua que lave las culpas de esta madre, pobre madre patria, llorando, llorando tan profundamente; y pienso en  todas las madres que pierden a sus hijos por guerras tan ajenas a sus vidas.
Ni una menos
I
Le diste el tiro certero
huida- muerte
una impronta que marea
tus labios moreteados en el espejo
y esa escritura en los cuerpos.
II
Tu inspiración es eso
una especie de asco adyacente
ramificaciones venosas se transmutan en tinta
¿cuánto golpe hace falta
para sentarte a escribir?
¿cuánta locura llegará a la fuente?
los deseos de los hombres  te humillan
sos un velador, una mesa, una silla,
una muñeca inflable con la boca abierta
y te dan asco y prepotencia
y no alcanzan los dedos de las manos
porque sos mujer y estás harta
y diste el tiro certero, la palabra que denuncia
tus labios negro- azulados,
descorrés los velos del ultraje
a los domadores, los toreros
y las bestias que quieren dominarnos.
Como moscas en el parabrisas
                                                                                                                                “quieto de recuerdos
                                                                                                                                             exilios
                                                                                                                                alguna vez  tan tristes
                                                                                                                                            las risas”
                                                                                                                                     Celia Gourinski
Porque huirse no es exilio
los recuerdos se pegan
como carne a lo huesos
como moscas en el parabrisas
conglomerado putrefacto
no deja ver el recorrido.
La tristeza es otro afán
como querer acercar a alguien
con el pensamiento
y crearse
un magnetismo extraño
donde por cada risa pasada
permanezcan sólo lágrimas
dibujando los rostros.
Escritos tomados de  su libro “Claroscuros de la persistencia”
Jésica Galeano Jarcousky.  Nació en Pilar, Bs. As, en 1986. Su  amor por las letras la llevó a querer compartirlas con otros y estudiar un profesorado en Lengua y Literatura en su ciudad natal, donde ejerce  la docencia. Considera a la literatura como un vínculo con los demás; una manera de vivir y de intentar construir un mundo mejor a través de las palabras y las reflexiones que estas conllevan.
 Participó en  diversos talleres literarios, los más significativos en el género poesía  fueron: el cursado con Patricia Bence Castilla y el de Laura Yasán. Publicó sus textos  en varias revistas y antologías, una de ellas gestada en la Biblioteca Bartolomé Mitre, titulada Imágenes y palabras jóvenes de Pilar. 
Su primer libro Claroscuros de la persistencia pone de manifiesto la oscuridad propia del ser humano y sus intentos por comprenderla y fortalecerse a través de las palabras y los seres. Percibe a la existencia como una búsqueda de la luz. Es también, un libro nutrido de lo cotidiano donde se denuncian y proclaman situaciones injustas en un matiz más social que se perfila arraigado a la vida. 
Pertenece a la sociedad de escritores Autores Locales donde se desempeña como coordinadora del programa Autores Locales Radio que se emite por Radio Palabras del Alma los sábados a las 17 hs. (en www.palabrasdelalma.org) 
Escribe en su blog www.lapersistenciadelametafora.blogspot.com, también puede seguirse su labor  en Instagram. Su mail de contacto es: poesiayyo@gmail.com 
Colaboración: Sara Montaño Escobar

http://www.revistaelhumo.com

Extracciones: Inclinación [Jean Sprackland]

Extracciones: Inclinación [Jean Sprackland]

Publicado recientemente por Komorebi Ediciones, Inclinación es el primer libro traducido al español de la destacada poeta inglesa Jean Sprackland. Manuel Naranjo Igartiburu es quien firma estas versiones.

Inclinación se lanzará en Santiago el domingo 16 de diciembre a las 18:00 h en la sala de conferencias C2 del GAM, en el marco de la Furia del Libro.

[Por cuestión de derechos de traducción, en la edición de este libro no fue posible incluir los textos originales en inglés, pero en esta selección, realizada especialmente para Jámpster, sí van incluidas debajo de la versión en español de cada poema].

Portada Inclinación


 

Romper la caída

Imagina ser esa formación de roca
que sobresale del rostro de la colina,

la roca que interrumpe la caída de la corriente,
día y noche, por milenios.

La corriente se desborda, brillante como el mercurio,
sin más opción que golpearte:

estalla en gotas que se disparan lejos
en ángulos más o menos predecibles.

Todo lo que varía es el peso del agua,
en la sequía, o después de fuertes lluvias;

el ritmo del flujo, el grado de inclinación
y el volumen del caudal.

Imagina el punto muerto,
la pasión. Imagina las estrellas.

 

Poema de cumpleaños

Un rollo de seda azul
dejado en el borde del mostrador.

Seda. Borde. Bajo la luz fluorescente
esa frágil ecuación brillaba. Entonces

la seda cambió de posición, o el carrete la abandonó:

desenrollándose
lentamente al principio, luego
reuniendo confianza
gastándose más y más
rápido, un torrente
que relampaguea y se reúne debajo:

arrastrando el carrete que da tumbos en el suelo.
El dependiente se giró, demasiado tarde.

A la mitad de mi vida pienso en ello.
Ese rollo de cosas brillantes.
Su elección de derramarse.
Aceleración. Éxtasis.

 

Inclinación

IV

Cuando te deslizas a lo largo de mis ya
escurridizas y poco fiables superficies,

me recuerdas que soy líquido,
me haces descuidar todo menos
caer, verter, inundar.

Todo hielo quiere ser agua.

Escucha:

aquel sonido al borde de la oscuridad
es el tictac del hielo del mundo.

 

Captúrame

Sostén un condón caliente contra la luz
para ver el fondo de la vida adentro.

No hace mucho tiempo
el único lugar para contener esto fue el cuerpo,
sus canales y cámaras de propagación,
y el placer fue conducido maduro en consecuencia.

Alguna vez no hubo vasos
ni contención,
la madera o la piedra no modelaban
una jarra para llevar agua:
el agua tenía que ser visitada, bebida donde ésta moraba
por caminos que señalaban aquellos lugares sagrados.
Sin habitaciones para llenar con música,
sin música para transmitir nostalgia o dolor
sino viento, truenos, gritos de animales.

Entonces vino la casa de barro,
el cuenco agujereado de hojas.
Aprendimos desde niños a guardar y almacenar,
a construir bordes y un espacio propio.
Luego uno de nosotros le dijo al otro
estoy en todas partes, estoy perdido, captúrame,
haz de tus brazos muros y sostenme.

Subtítulos

Somos descritos
en el lenguaje de la lluvia sobre una ventana de tren:
no deslizándose por el vidrio, sino azotándose contra él.

Texto torpe, elaborado
en contra de la dirección del viaje, casi
demasiado movido, demasiado roto para leerlo.

Allá afuera es donde nos encontramos,
dos fantasmas inarticulados en la pantalla de la noche.
Es la única manera en que podemos mirarnos.

Los subtítulos golpean y balbucean sobre nosotros.
Te veo parpadear. Te veo verme parpadear.


Foto Jean SpracklandJEAN SPRACKLAND (Burton upon Trent, 1962). Poeta y ensayista inglesa. Ha publicado los libros de poesía Tattoos for Mother’s Day (Spike, 1997), Hard Water (Cape, 2003), Tilt (Cape, 2007), Sleeping Keys (Random House, 2013) y Green Noise (Cape, 2018), además del ensayo Strands: A Year of Discoveries on the Beach (Cape, 2012). En el año 2004 fue incluida en la lista de la Nueva Generación de Poetas por la Poetry Book Society. Inclinación (Tilt) es la primera traducción al castellano de una de sus obras.

ÚLTIMA EDICIÓN

Extracciones: El sueño de toda célula [Maricela Guerrero]

Extracciones: El sueño de toda célula [Maricela Guerrero]

En El sueño de toda célula (Antílope, 2018), Maricela Guerrero pareciera preguntarse sobre una nueva forma de hacer comunidad y buscar respuesta en una observación de la naturaleza tan distanciada como sensible. Así, lo celular, lo herbario o lo mineral asoman como propuestas para una aproximación más compasiva al otro, una comunicación acaso menos humana, una nueva sensibilidad.

Sin más, los dejamos con una selección del último libro de una de las voces importantes de la poesía mexicana actual.

 


 

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Introducciones

Aquí a 557 kilómetros de distancia al este en dirección hacia el camino mexiquense, siguiendo instrucciones del localizador durante siete horas y treinta y tres minutos sin determe podría llegar a un bosque en el que desde 1976 se dejaron de ver lobos, el Canis lupus baileyi cuyo peso podría variar de 25 a 47 kilos, casi como mi hijo mayor que este otoño cumplirá 12 años.

Ahora introdujeron compañías constructoras extranjeras que derribarán árboles y traerán progreso, una vida mejor y drenaje y servicios para usted y su familia, ¡deje de pagar renta y hágase de un patrimonio! Dice su oferta donde un hombre blanco abraza a una mujer trigueña y los dos amparan a un niño y una niña muy sonrientes.

A siete horas y veintitrés minutos, siguiendo por la carretera internacional a Oaxaca y después tomando hacia Tehuantepec, siguiendo instrucciones podríamos llegar a San Pedro y San Pablo Ayutla que colinda con Tamazulapan del Espíritu Santo. Los dos pueblos pelean por mover límites y un manantial.

Ayutla apela a un mapa que localizaron en el archivo Orozco y Berra: Plano del pueblo de Ayutla, Distrito de Villa Alta del año 1907 con medidas de 47×73 centímetros, varilla: CGOAXX01 con numero de clasificación: 3055-CGE-7272; ahí queda claro que el manantial deviene y augura paz.

 

Han pasado más de cuarenta días y el manantial sigue bajo resguardo de personas armadas
y muchas células se plantean preguntas en lenguas inusitadas y minerales.

En muchas lenguas vernaculares se plantean preguntas a los lagos y las montañas, en muchas lenguas, millones de células piden paz y devenir.

Devenir lengua en agua que fluye:
sílabas, sonidos, fonemas que en combinaciones inusitadas y variables
resuenan
como un conjunto de árboles:
alamedas, pinales, plantaciones, bosques, selvas: el baldío de al lado:

resonar respiración compartida: aliento
sin congoja ni estrujamientos:
alivio a millones de años luz:

tus ojos
tus pestañas,
imagínate decía Olmedo:
expandir el corazón: brotan manantiales en difusas y posibles lenguas en químicas orgánicas e inorgánicas y los pulmones y el baldío de al lado habitan:
aire compartido:
células soñando con células
mórulas
sábila
hierbabuena
olmo
arce abeto
lobo
no estamos solos:

Estamos
aquí.

 

Ríos

Nombrar y controlar los caudales de los ríos es una labor de hidrólogos, geógrafos, militares e ingenieros que atienden formas convenientes de desviar los lechos, de cercarlos, de secarlos: para que se ajusten a formas caprichosas y tuberías.

Guadal quiere decir río.
Guadalupe es el nombre de un río de lobos.

¿Imaginamos un río de lobos en las mesetas que cobija riachuelos, arroyos y comunidades de vida comunicándose en una lengua que no sea la lengua de imperio?

Un río de lobos que despierte
que corra:
ajeno a la lengua del imperio.

Un río de lobos que alimente y limpie las palabras, las frases, las ideas imperiales que contra mis propios fluidos y linfas he pronunciado: con las que les lastimé, palabras con las que se desgarraron vínculos y destejieron enredaderas. Sigo buscando cómo recuperarnos de este caos doloroso.

Sigo buscando un caudal y una lengua que acerque y fluya libre: una lengua vernacular que nos comunique y nos vincule con el baldío de al lado.

Hablar en lobos en moléculas, comprender el modo en el que el azar nos entreteje y nos tiende variables: atender la variabilidad, la fotosíntesis y la verdosidad del aire y de las hojas: recuperar las nubes de la infancia.

Respirar

Había una vez un mundo en el que el sueño de las células sólo era devenir células y fluía en lenguas vernaculares:

después comenzamos una carrera por buscar la combustión para producir magnitudes en la lengua del imperio, que la idea del imperio impuso.
y a veces parece
que perdimos
que rompimos
aceptamos jaulas, jardines botánicos y zoológicos:

oficinas
vehículos de locomoción
altius fortius raudos:

aunque en el baldío de al lado:
la vida bulle
y me vuelvo cursi
y simple:
imagino que si hago
crecer un árbol podremos hablar
y escucharnos
así:
respiraciones
comunes,
puntos de vista paralelos:
un lobo y un cangrejo:
anémonas malvas:
valentía
y abrazo en
un álbum de la forma de las hojas en las manos

diques y represas a la lengua del imperio:
con sus magnitudes y medidas:

aunque ahora te encuentres
en la misma ciudad
a nueve kilómetros y un metro de distancia
a veinte minutos sin tráfico
estás más lejos que la
secuoya que la mujer
no pudo salvar
que los bosques que se están talando justo ahora
o el manantial que resguardaron esta
tarde los municipales:
sembraré un árbol.

Estoy aquí hablando en lo que tengo porque
respirar contigo es una transformación que produce aliento.

Alentar es una forma redonda y cálida de resistir.
Devenir célula que sueña devenir célula.

Cómo en una lengua precisa, anémona?

Soñaríamos fonemas que devienen precisos e impermanentes márgenes de holgura y placidez, extensiones inmensas de un presente bullendo en la hermosa combustión de inspirar oxígeno y expirar dióxido de carbono y otros gases: reburbujeo de calidez y luz, aromas, balbuceos, quejidos, babas, mocos, fluidos estruendosos, amorosos gemidos que quedan balbuciendo una inhalación tras otra y dan paso a nuevas y redondas maneras compartir espacio, ocupar tus honduras y las mías como el agua que fluye en las montañas: claro río.
Amarnos en presencia y alegría como la gota que derrama el vaso, amarnos ahora anémonas imantadas y espléndidas en inhalación y exhalación profunda bosque arriba ajenas al dolor y a las imperiales formas. Ajenas al tú o al yo trágico, cómico y Leucipo.
Amarnos ajenas anémonas precisas y bullentes formas de la tarde, presencias espumosas transformadas en calidez y bonituras deleitables sin orillas, trancas: hojas sueltas.
Amarnos malvas volcadas en caricia en alegría en prístinas piedras al fondo del claro río, manantial, tumbadas en paz y en reverberaciones libres:
Amarnos

Y a veces detenerse
es otra forma de fluir.

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MARICELA GUERRERO (Ciudad de México, 1977). Ha publicado Desde las ramas una guacamaya (Bonobos / CONACULTA, 2006), Se llaman nebulosas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010), Kilimanjaro (Mano Santa, 2011), .Peceras (Filodecaballos, 2013), Fricciones (Centro de Cultura Digital, 2016) y El sueño de toda célula (Ediciones Antílope, 2018). Su trabajo ha sido antologado en Efectos secundarios (Madrid: Anaya, 2004), Divino tesoro (México: Casa Vecina, 2008), Cuatro poetas recientes de México (Buenos Aires: Black & Vermelho, 2011), México 20: La nouvelle poésie mexicaine(Astral/Secretaría de Cultura, 2016) y Sombra roja: diecisiete poetas mexicanas 1964-1985

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