Luz de vela

Al pie de la pasta con anchoas le dije a Cristino: no estoy muy seguro, pero yo diría que no hemos muerto todavía

Luz de vela

 

Los cartujos no hablan. Su regla es el silencio. Solo cuando se cruzan por el claustro encapuchados hasta las cejas, con las manos metidas en la manga contraria del hábito se les está permitido saludarse con estas palabras mirándose de soslayo. Uno dice: “Hermano, morir tenemos”. Otro contesta: “Ya lo sabemos”. Estaba yo hace unos días en la terraza de un restaurante italiano de Chamberí compartiendo con unos amigos una pasta con anchoas bajo un agradable sol de otoño tamizado por la sombrilla y en esto se me acercó una figura alta, vestida de negro, con el rostro medio embozado entre la gorra y la bufanda. No lo reconocí a primera vista, pero me saludó con una cortesía llena de euforia: “Amigo, cuánto tiempo, ya ves qué sorpresa, todavía no nos hemos muerto. De pronto me acordé que hace 50 años el pintor Cristino de Vera pronunció por primera vez una frase parecida la noche en que me fue presentado en el sótano del bar Oliver mientras alguien aporreaba el piano la canción Oh Susana.Eran las noches locas del café Gijón, de Oliver y de Carrusel, y ya entonces Cristino, llegado de Canarias, estaba obsesionado en bromear con la muerte como Hamlet con la calavera de Yorick y tal vez trataba de ahuyentarla como el niño que juega a darle patadas a un bote mientras camina. Los cuadros de Cristino de Vera parecen estar pintados a la luz amarilla parpadeante de una vela de cartujo. En sus lienzos vibra el silencio convertido en materia. La calavera reina en todos ellos entre monjes, bodegones de frutas, vasos, cogollas, tazas, rosas. Lo de más es espacio. Como un anacoreta que trata de quitarse la muerte de encima la convierte en una sombra. Humilde y luminoso como Morandi. Limpio como Luis Fernández. Al pie de la pasta con anchoas le dije a Cristino: no estoy muy seguro, pero yo diría que no hemos muerto todavía.

https://elpais.com

Renau, Sert y el ‘Guernica’, una vez más

El mural de Picasso es una fuente imaginaria que nunca dejará de manar

El
El ‘Guernica’, de Picasso, colocado en una urna de cristal en el Casón del Buen Retiro, de Madrid, en septiembre de 1981. MARISA FLÓREZ

Durante la Guerra Civil, el pintor y cartelista Josep Renau, que en ese momento era director general de Bellas Artes, fue a París en viaje oficial para pedir a los artistas españoles que colaborasen con la causa de la República mandando algunas obras al pabellón español de la Exposición Universal de 1937. Durante ese viaje, Renau conoció a Picasso. No fue, como se ha dicho, a contratar el cuadro que luego sería el Guernica, sino a realizar una labor exploratoria. En París, se presentó primero ante el embajador Luis Araquistáin, quien le dijo que para ser director general iba muy mal vestido y que su obligación era equiparlo según el protocolo de su categoría para presentarse en regla en el estudio del pintor. “Allí en la Embajada —me contó un día Renau— me vistieron con un pantalón de rayadillo, guantes amarillos de cabritilla, cuello de pajarita, corbata de plastrón, bombín, zapatos de media caña de paño con botones y un bastón corto, como de bailarín de claqué. Al mirarme en el espejo estuve a punto de desmayarme”.

Con esa indumentaria, muy avergonzado, Renau se echó a la calle. Era diciembre, había anochecido y estaba lloviendo. En la Embajada le habían dado la dirección de Picasso en la Rue de Boétie, pero al llegar vio con sorpresa que el número que llevaba en el papel correspondía a un bistró por cuya ventana se vislumbraba dentro a unos tipos que bebían y jugaban a las cartas bajo una pantalla verde. No sabía qué hacer, vestido como un payaso mojándose en la acera. Dice Renau: “Desde un tabac llamé a la Embajada. Se puso Buñuel, que se había enchufado de funcionario para huir de la guerra, quien me confirmó que esas eran las señas exactas que les había dado el pintor. Entonces tiré el bombín, la pajarita, el paño de los zapatos y la bengala de bailarín en un cubo de basura que había junto al portal y me quedé en gabardina y con la bufanda enrollada como si estuviera resfriado”. Al atravesar la penumbra del bistró alguien le dio unos toques en la espalda y le preguntó: ”¿Es usted Renau? Yo soy Picasso. Venga. Que quiero presentarle a dos paisanos suyos. Tómese un pernod con nosotros”.

Jugando a las cartas con Picasso estaban dos tipos de Corbera de Alcira, valencianos, asentadores de frutas en el mercado de Les Halles. Parecían tres apaches. “Picasso era un currutaco —me decía Renau—, más bajito incluso que yo, con ojos de brasa. Se pasó todo el rato contando animaladas y chistes verdes. Max Aub me dijo después que Picasso me había citado en aquella taberna con los dos valencianos de Alcira para hacerme un honor”. Según la leyenda, en aquel bistró se formalizó el encargo de la República en una servilleta de papel.

Un día, bajo la cúpula del hotel Palace, el arquitecto Josep Lluís Sert, quien junto con Luis Lacasa creó el pabellón de la Exposición Internacional, me dijo que en aquel tiempo de París veía a Picasso casi todas las noches en el Café de Flore y que allí se forjaron las ideas y los planes del Guernica. Picasso no solo aceptó con gusto el encargo de la República, sino que se puso al frente y tomó la iniciativa. “Tuvimos la suerte de contar en nuestro pabellón tan pequeño con los mejores artistas del momento. Picasso, Miró, Alberto, Julio González y Calder. Terminada la exposición, todas las obras se devolvieron a Valencia, donde estaba el Gobierno, excepto el Guernica, que reclamó Picasso para custodiarlo unos años. Hemingway compró La masía, de Miró. A Picasso se le pagaron, como a todos los demás, solo los colores, las telas, los bastidores, los marcos, el transporte, cantidades mínimas”.

Según contaba el arquitecto Sert, el trabajo fue un regalo, que hizo como un donativo cada artista, porque todos se habían ofrecido a colaborar con la República. “Hay una carta de Max Aub muy clarificadora en este sentido. No existen recibos. Solo está la factura de las fotografías que Dora Maar, amiga de Picasso, iba haciendo del cuadro y que pasaba al cobro. Y allí pone tantas fotos a tantos francos cada una, suma 250 francos. Hubo nueve pagos por estos trabajos. Es lo único que consta como prueba. Nunca hubo contrato. Renau era director general de Bellas Artes y lo veías con un mono de mecánico dibujando carteles, escribiendo los textos que luego los mejores literatos, Aragon, Éluard y Tristan Tzara, rivalizaban en corregir”.

El arquitecto Sert añadió, con cierta sorna, durante la entrevista en el Palace: “Si en el Café de Flore, en París, en plena guerra, nos hubieran dicho que el Guernicavolvería a España con un Borbón en el trono, con un presidente del Gobierno que se llamaría Calvo Sotelo, con un cura, el padre Sopeña, como director del Museo del Prado, con la Guardia Civil custodiando el cuadro y con Dolores Ibárruri presente en los actos de la inauguración, hubiéramos creído que se trataba de otra broma surrealista de Luis Buñuel”. Y es que el Guernica de Picasso es una fuente imaginaria que nunca dejará de manar.

https://elpais.com/cultura/

Blasfemias

Hoy las redes están llenas de arrieros informáticos

Blasfemias
© GETTYIMAGES

 

La blasfemia es el reverso de la jaculatoria, una plegaria negra, lo que significa que para ser un perfecto blasfemo primero hay que creer mucho en Dios. La blasfemia surge del sustrato más profundo del pueblo español como un reflejo condicionado para sacudirse de encima a un Dios aplastante que se manifiesta a través del poder eclesiástico presente en la vida familiar, en la educación y en la moral a lo largo del camino que conduce desde la pila bautismal a la sepultura. La blasfemia en el campo expresa la ira de labrador ante cualquier calamidad, el pedrisco que hiere la espiga, la sequía que agosta los pastos, las plagas que esquilman las cosechas. El campesino mira al cielo, proyecta su rabia contra el dueño y señor del universo y le culpa de semejante desaguisado. La blasfemia ha sido cultivada en toda su múltiple variedad, roída, masticada, escupida, por los arrieros que han cruzado durante siglos los caminos de España; de hecho, todos los asnos y pollinos ibéricos la llevan interiorizada en su cerebro hasta el punto que el más recalcitrante de estos jumentos en cuanto oye la blasfemia se pone a andar. Hoy las redes están llenas de arrieros informáticos. Las blasfemias han sido han sido asumidas por el software y pronto entrarán a formar parte constitutiva de la inteligencia artificial. Cuando el ordenador se atranca como un asno obcecado, le das tres veces a la tecla y nada, pero sueltas una blasfemia castiza y toda la tecnología se pone de nuevo en marcha. En contrapartida el pueblo español trata de calmar la ira divina con infinitas jaculatorias, rogativas y procesiones, que a su vez te llevarán al cielo mientras con la blasfemia puedes dar con tus huesos en la cárcel. Señor juez, tome la blasfemia como lo que es, el rabo atravesado de una plegaria, un ferviente y mal ensalivado acto de fe, una jaculatoria al revés.

https://elpais.com

Tumba vacía

Sacar a Franco del Valle de los Caídos es muy fácil. Lo complicado es exhumarlo del cerebro de gran parte de los españoles

Tumba vacía
© INMA FLORES

 

Pronto o tarde, después de la labor obstruccionista a cargo de rábulas de turno y de la confusión que añada la jauría mediática, finalmente llegará el día en que la losa de 1.500 kilos de la tumba de Franco será levantada y puede que en ese momento ante la expectación general se produzca un imponente fiasco. Corre un insistente rumor de que esa tumba está vacía. Si esto es así, cuando el notario levante acta de que el cadáver del dictador ha desaparecido, ante un caso tan de novela negra lógicamente al asombro seguirá una inevitable especulación llena de morbo. ¿Dónde está el fiambre? ¿Ha sido robado por sus enemigos o ha sido puesto a buen recaudo en algún lugar secreto por sus partidarios? Si la tumba está vacía y el cadáver del dictador no aparece, llegará el momento en que será necesaria la ayuda de un Sherlock Holmes de andar por casa, quien tal vez podría desarrollar una hipótesis en sus justos términos. Los despojos de Franco no hay que ir a buscarlos en su tumba del Valle de los Caídos, sino en el cerebro de gran parte de los españoles de uno y otro bando. Ahí hay que encontrarlos. ¿Los lleva usted dentro y no lo sabe? En este caso, se trataría de una película de terror. De hecho, ese cadáver duerme en el sustrato ideológico más profundo de la derecha cavernaria, que todavía se alimenta de su memoria y en el odio más enquistado de la izquierda, que no logra sacudirse de encima su fantasma. Sacar a Franco de la tumba es muy fácil. Lo complicado es exhumarlo del cerebro de gran parte de los españoles, la verdadera tumba donde se está pudriendo. ¿De verdad, viejo español, de una forma u otra, no lo lleva usted dentro?

Limpiar el panteón de Cuelgamuros es el primer paso ineludible para que la neurosis colectiva que produce su memoria comience a desvanecerse y la figura del dictador sea deglutida definitivamente por la historia.

https://elpais.com/

Cuatro cosas

Los políticos compiten en demostrar cuál de todos es el más incompetente e irresponsable

Lazos amarillos en la Rambla de Sant Feliu de Guixols. Girona.rn rn
Lazos amarillos en la Rambla de Sant Feliu de Guixols. Girona. TONI FERRAGUT

 

La opinión pública de este país se ha convertido en un tribunal de barra de bar en el que hasta el más idiota se siente juez con derecho a emitir condenas inapelables seguidas del consiguiente rebuzno en las redes sociales. Por su parte, los políticos compiten en demostrar cuál de todos es el más incompetente e irresponsable, unos con altanería falangista, otros perdidos en la niebla. El ciudadano corriente vive en medio de este albañal asfixiante con la sensación de que el capitán del barco ha gritado: “¡Sálvese quien pueda!”, pero la gente en su huida no encuentra el bote salvavidas ni ninguna otra forma de llegar a tierra aunque sea a nado. No se trata de ser apocalíptico. Si este fuera tu caso debes saber que hay salvación. Leo en el Breviario de saberes inútiles,de Simon Leys. “Un joven discípulo pregunta al maestro. ‘¿Qué es el Buda?’ El maestro responde: ‘El Buda es una col de dos libras del mercado de hortalizas de Chaozhou”. La respuesta significa que si eres capaz de captar un fragmento de la realidad, por muy humilde que sea, conseguirás llegar a lo más profundo de la verdad. A esa realidad de atuvo Robinson Crusoe para poder sobrevivir al naufragio de su barco. “Dos armas de fuego, un hacha, tres sables, una sierra y tres quesos holandeses”. De modo que si un día te sientes náufrago en una isla plagada de caníbales deberías saber que basta con cuatro cosas para salvarte. Concentra toda la realidad en esa col de dos libras de cualquier mercadillo de frutas y hortalizas de tu barrio. Busca la verdad en los gritos del verdulero y no en los que proceden del gallinero político y mediático. Sé consciente de que el universo entero se contiene en un grano de polvo que pisan tus zapatos. Por lo demás, nada podrán los caníbales contra los quesos de Robinson Crusoe si los compartes con amigos y los acompañas con un vino apropiado.

https://elpais.com/

Borrascas

Las convulsiones de la naturaleza, a la hora de producir terribles daños, no son nada si se comparan con los que causan las borrascas del cerebro de algunos líderes

Quim Torra y Carles Puigdemont en Bruselas el pasado miércoles.
Quim Torra y Carles Puigdemont en Bruselas el pasado miércoles. FRANCISCO SECO AP PHOTO

La rueda dentada del tiempo, que empieza a rodar en septiembre, une el destino de las personas y animales al ciclo agrario de las semillas, los frutos y las cosechas. Aunque el otoño es una estación melancólica llena de colores delicados, no obstante, suele regalar al planeta una cadena de tifones, huracanes y otros cataclismos, pero estas convulsiones de la naturaleza, a la hora de producir terribles daños, no son nada si se comparan con las que causan las borrascas desencadenadas en el cerebro de algunos líderes mundiales. Las tormentas más peligrosas no son las que produce la atmósfera, sino las que se generan dentro del cráneo de Donald Trump, de Kim Jong-un o de Vladímir Putin, puesto que sus nefastas consecuencias pueden ser planetarias e irreversibles. A veces este meteoro cerebral también se da en políticos de poca monta. Ahí están Quim Torra y Carles Puigdemont, líderes de tercera regional, cuyo cerebro inane, precisamente por su mediocridad, es capaz de desencadenar una gran tragedia en su pequeño país debido a la emoción incontrolada de un ideal que bulle bajo su cuero cabelludo. El otoño también es una estación en la que junto al ciclo agrario comienza el curso político y cultural. En plena vendimia se producirá la Diada de Cataluña y, sobre su multitudinaria manifestación de estilo coreano exigiendo la independencia, pasarán las bandadas de tordos, garzas y torcaces hacia el sur cuyos gritos en el aire se sumarán al que producen los alumnos en los patios de los colegios e institutos con el reencuentro después de las vacaciones. Los años se miden por cosechas. A las uvas doradas de la vendimia seguirá la sementera; luego germinará el trigo, que se segará en verano, pero el ciclo de la naturaleza entre el vino y el pan podría quedar arrasado por la borrasca cerebral de algunos políticos inestables.

https://elpais.com/

Una fiesta abarrotada

Siempre fue un chico raro, hijo de carpinteros, que tenía un puesto de tebeos en el Rastro. Le gustaba dibujar un poco a su aire, alimentado de historietas bárbaras de cómics

Ceesepe, retratado en Madrid.
Ceesepe, retratado en Madrid. JORDI SOCÍAS

 

Quien desee conocer la verdad de aquello que se llamó la movida deberá acudir a este artista que acaba de morir, Ceesepe, un tipo tímido, silencioso, que en mitad de los años ochenta del siglo pasado andaba de correrías por los sótanos culturales de Madrid con Ouka Leele, el HortelanoAlmodóvarMariscal. Nazario, García Alix y pocos más, dispuesto a agarrar la vida por el rabo. Pero cuando aquella fiesta terminó y le hablabas de la Movida, de la que sin duda fue uno de los protagonistas, levantaba los hombros, hacía una mueca de cansancio y te decía que era una pesada mochila que llevaba a cuestas con resignación, como si aquello hubiera sido paja dorada que pasó la historia sin dejar rastro. Y te miraba con unos ojos de oliva negra muy mojados, de buen tamaño, que recordaban a los de Picasso o a los de Buster Keaton.

Hablaba en voz baja, entre dientes, pero nunca se permitía decir una tontería. Te dabas cuenta enseguida que sus opiniones tenían peligro, porque donde ponía la bala de alguna inteligente maldad después ponía la mirada acompañada con una sonrisa de conejo.

Mucho antes de aquella fiesta Ceesepe ya era un chico raro, hijo de carpinteros, que tenía un puesto de tebeos en el Rastro. Le gustaba dibujar un poco a su aire, alimentado de historietas bárbaras que leía en los cómics. Se matriculó en la escuela de Bellas Artes, que abandonó al poco tiempo porque no le servía de nada. El chaval tenía su propio método. Comenzaba a dibujar de memoria la gamba de una mujer soñada, primero un tacón de aguja, después un tobillo fino, luego una pantorrilla adorable y la criatura iba creciendo por los muslos, el torso de junco, los senos como escopetas apuntando hacia arriba hasta crear el rostro de una chica molona que no se parecía a ninguna que andaba por la calle. Esa primera figura comenzaba a echar raíces y ramas como una planta carnívora que llenaba el cuadro de un conglomerado surrealista de personajes derivados de aquel primer trazo inopinado.

Todos los dibujos de Ceesepe representan una fiesta abarrotada. Lánguidas señoritas, apaches, marineros, clarinetes y trompetas, jazzistas negros, signos del zodiaco, asesinos con navajas que se reflejaban en espejos Belle Epoque, seres galácticos puntiagudos, cuerpos desnudos de chicas imposibles mezcladas con ángeles del infierno, animales extraídos de la locura de El Bosco. En esta fiesta de sus cuadros estaba reservado el derecho de admisión. Si no te presentabas rayado te mandaba a tomar por saco.

https://elpais.com/cultura

Cuando el alcohol solo es literatura

La capacidad francesa para convertirlo todo en literatura ha llegado al extremo de elevar el champán, un vino espumoso con bolitas, a símbolo del placer, de la libertad y la alegría,

El filósofo Jean Paul-Sartre, en un café de París en 1966.
El filósofo Jean Paul-Sartre, en un café de París en 1966. DOMINIQUE BERRETTY

¿Se puede ser un intelectual en Francia sin entender de quesos y de vinos? En cualquier película francesa se produce siempre la inevitable secuencia de una discusión de sobremesa en la que los actores se enredan en cualquier tema profundamente insustancial ante una botella de vino con una copa en la mano. Entre El discurso del método de Descartes y la aristocracia vinatera de Borgoña, Burdeos y Reims, todo es literatura en Francia: el amor, la filosofía, el vino, la cocina, el sexo, la política. En los viajes a París de los buenos tiempos también era literatura, solo literatura, estrechar la mano de Roger Cazes, el dueño soberano de la Brasserie Lipp, después de pasar el estricto control que ejercía personalmente en la puerta para impedir la entrada a los turistas, sobre todo a los norteamericanos.

El champán llegó para liberar a la mujer y hacer que se sintiera bella e irresistible brindando

En aquellos viajes a París de los buenos tiempos había que cumplir el rito de comerte uno de los tres huevos duros expuestos en un cuenco en las mesas del café de Flore como hacía Sartre o tomarte un pipermín en la terraza de Les Deux Magots como le gustaba a Tristan Tzara o sorber voluptuosamente unas ostras en la Closerie de Lilas con un vino de Alsacia después de haber leído los nombres de clientes ilustres, Lenin, Apollinaire, Gide, Beckett, grabados en el mármol de los veladores. Era solo literatura citarse después en la Coupole, en la Rotonde o en el Dôme de Montparnasse con un conocido político español comunista en el exilio jugando a conspirar ante un beaujolais nouveau, recién arribado el mismo día a todos los bares de Francia.

La increíble capacidad de los franceses para convertirlo todo en literatura ha llegado hasta el extremo de elevar el champán, un vino espumoso con bolitas, a símbolo del placer, de la libertad y la alegría, creado para que la mujer pudiera beberlo en público sin que la tomaran por una furcia, como sucedía con la mujer sentada en un bar ante una copa de vino tinto. El champán llegó para liberarla y hacer que se sintiera bella e irresistible brindando.

La literatura del alcohol te obliga a ingerirlo en la dosis precisa en el lugar adecuado

Por el valle del Marne hacia Reims fui un día hasta las cavas de la Veuve Clicquot Ponsardin donde había entonces 24 millones de botellas dormidas a lo largo de 16 kilómetros de galerías de una antigua mina de tiza de los romanos. Dom Perignon, Möet & Chandon, Pommery, Bollinger, Krug, Louis Roederer son nombres de la mitología que en la campiña de Reims se cultivan con delicadeza y durante los dos últimos meses de crianza los servidores acarician cada botella hasta 40 veces sutilmente para remover los posos.

La literatura del alcohol te obliga a ingerirlo en la dosis precisa en el lugar adecuado. Los versos de Rimbaud, de Verlaine y de Baudelaire flotan en el anís perdulario y en la absenta canalla que podían ser bebidos una noche en el antiguo mercado de Les Halles, jugando a ser un señorito calavera. El calvados elaborado con manzanas benedictinas requiere como escenario la galería del Grand Hotel de Cabourg, el balbec de Marcel Proust, en la Normandía. En Nueva York, después de cruzar a pie el puente de Brooklyn por su pasarela de madera, no estaba mal recalar en el River Cafe para tomar un dry martini y contemplar la línea del cielo de Manhattan cuando las Torres Gemelas aun se reflejaban en la aceituna. El Ulises de Joyce te lleva directamente hacia una pinta de Guinness en el Davy Byrnes, de Dublín. Por supuesto, el daiquiri habría que tomarlo en el Floridita de La Habana, preparado por el barman Constante, a ser posible, sin pensar que también lo tomaba en ese lugar el ubicuo e inevitable Hemingway. Para un Jack Daniel’s vendría bien el inmarcesible blues de medianoche que sonaba en el desaparecido y diminuto Sardine Club de Chicago ante cuyas únicas cinco mesas un día cantó Sinatra. Para el vodka hay que ir al bar del hotel Europa de San Petersburgo y el gin tonic se merece los salones del hotel Cathay de Shanghái donde transcurre La condición humana de Malraux. El arte es una cosa mental, dijo Da Vinci. Sucede lo mismo con el alcohol cuando solo es literario.

https://elpais.com/cultura/

Imagina

En ese extraño país la democracia parece estar tutelada aun por ese dictador desde su tumba

Valle de los Caídos.
Valle de los Caídos. SAMUEL SÁNCHEZ

 

Imagina que el 14 de abril de 1931 se instituyó en un extraño país una República con una Constitución democrática. Imagina que, en julio de 1936, un general golpista se proclamó a sí mismo salvador de la patria y derribó a sangre y fuego ese régimen legalmente constituido, provocando una guerra civil con medio millón de muertos y otros tantos desterrados. Imagina que, después de su victoria, este general sumió a ese extraño país en una dictadura férrea de 40 años sin dejar de fusilar a miles de ciudadanos bajo juicios sumarísimos y mientras mantenía las cárceles llenas de presos políticos se sirvió de ellos como esclavos para construir un mausoleo faraónico perforando una montaña bajo una desmesurada cruz de granito. Imagina que ese panteón situado a las afueras de la capital del Estado le sirvió de propia sepultura y que allí permanecen sus despojos todavía, pero, antes de morir, este general golpista nombró a su sucesor a título de rey, quien después de verse envuelto en varios escándalos de corrupción tuvo que abdicar en su hijo. Imagina que uno de los ministros de este dictador fundó una formación política de derechas con el nombre de Partido Popular, que ha gobernado en ese extraño país gracias a una Transición democrática cuyos aciertos han permitido a los ciudadanos, no sin ciertos riesgos, vivir en libertad bajo una Constitución, que parte del territorio no acata. Imagina que un juez alemán muy escrupuloso ha recibido una euroorden para que entregue a ese extraño país a uno de sus políticos prófugo de la justicia. Pensando en lo que sería Alemania si tuviera a Hitler en un gran mausoleo cerca de Berlín, tal vez ese juez no consiga desprenderse de ciertos prejuicios al sospechar, aunque sea de forma difusa y muy confusa, que, en ese extraño país, la democracia parece estar tutelada aún por ese dictador desde su tumba.

https://elpais.com

Al pelo

Si Pedro Sánchez perdura en el Gobierno pronto una ceniza prematura comenzará a ascender por las patillas hasta cubrir por entero su cabeza

Pedro Sánchez esta semana en la La Fundación Carlos de Amberes.
Pedro Sánchez esta semana en la La Fundación Carlos de Amberes. VÍCTOR J. BLANCO GTRES

 

Como si el peinado masculino hubiera entrado a formar parte del mundo del arte, algunos peluqueros de moda ya se atreven a firmar como una performanceexclusiva el tinte y corte de pelo de famosos deportistas, actores y otras celebridades. Al margen de esta tendencia artística, algunos caballeros acostumbran desde siempre a teñirse el pelo de negro azabache y entre ellos los hay que llevando las greñas de un lado a otro componen su propia instalación para ocultar una incipiente calvicie. Este complejo se puede entender entre individuos que no se aceptan como son, pero en un político denota una inseguridad que debería alertar al ciudadano. Si un político no sabe enfrentarse a este pequeño problema que tiene su cabeza por fuera, no esperes que pueda resolver los que tenga por dentro su cerebro y menos los de todo un país a la hora de gobernar. En el momento en que el pelo de Felipe González comenzó a encanecer se convirtió en un político respetable; en cambio, Aznar y Rajoy han mostrado siempre el pelo del color ala de cuervo, falso e inalterable, ajeno a la vida. A Barack Obama se le puso el pelo blanco como consecuencia de promesas incumplidas y de bombardeos criminales no evitados. Por otra parte, nadie sabe cuántas convulsiones cerebrales de bebé furioso seguirá cubriendo la empalizada teñida de calabaza, que Trump exhibe en el cráneo. Los problemas de la Monarquía ya están coronando de canas la testa real de Felipe VI, y si Pedro Sánchez perdura en el Gobierno pronto una ceniza prematura comenzará a ascender por las patillas hasta cubrir por entero su cabeza como señal de su responsabilidad e impotencia, de sus dudas, insomnios y fracasos, de la angustia ante el famoso sapo con el que deberá desayunarse cada mañana. El presidente tendría que dejarse puesta esa ceniza aunque solo fuera para demostrar que el poder es una carga insoportable.

elpais/2018/07/20/opinion/1532099156_823417.html