5 HORAS, 92 CANCIONES: LA PLAYLIST DE LAS PELÍCULAS HECHAS POR QUENTIN TARANTINO

EL EMBLEMÁTICO UNIVERSO MUSICAL DE TARANTINO EN UNA SOLA PLAYLIST
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La música es compañera indisociable del cine. No siempre, eso es cierto, y si hacemos caso a Tony Zhou, editor independiente cuyo canal para aprender a ver cine hemos reseñado en Pijama Surf, la música en las películas no sólo es cada vez menos relevante sino, tristemente, también es cada vez más homogénea, según explica en este video:

Con todo, ciertos directores conservan aún esa tradición de hacer de la música un recurso cinematográfico, una herramienta más en esa comunicación delicada, creativa y sorprendente que ocurre cuando asistimos a una película. Si además pasa que el artífice de la cinta es un melómano consumado, la coincidencia es notable, pues a una buena película usualmente se suma un buen soundtrack.

Tal es el caso de Quentin Tarantino, quien un poco como Stanley Kubrick o Woody Allen (guardada toda proporción), ha hecho de la música empleada en sus películas parte de su sello como director. Por ejemplo, basta escuchar las primeras notas de “Miserlou”, el emblemático surf de Pulp Fiction (1994), para pensar de inmediato en John Travolta y Uma Thurman.

A manera de curiosidad o de homenaje compartimos ahora esta playlist de 92 canciones, casi 5 horas, que compila ese compacto universo musical seleccionado por Tarantino para sus filmes.

Una compañía que, quizá no por casualidad, invita a cierta irreverencia, cierto atrevimiento, cierta forma de vivir la vida más cerca de sus márgenes, donde ocurre realmente lo memorable o lo inesperado.

https://pijamasurf.com

Ziryab, el iraquí del siglo VIII al que admiraba Paco de Lucía

Este domingo se rinde un homenaje al precursor de la guitarra flamenca en el Ateneo de Madrid

Ziryab, el iraquí del siglo VIII al que admiraba Paco de Lucía

Es bien sabido que las grandes cunas flamencas fueron morerías en los tiempos de reubicación de los moriscos durante el siglo anterior a su expulsión. El nombre de algunos palos del flamenco procede de etimologías árabes, como los fandangos, y de hecho la palabra flamenco viene del árabe «fellah mengu», cuya traducción significa «campesino huido». Y es que aquellos herederos de la cultura andalusí compartieron clandestinidad con los gitanos, primero con los procedentes de África del Norte y después con los cíngaros, forjando un intercambio cultural que dio como fruto lo que a partir de finales del siglo XVIII se dio a conocer como flamenco.

En esta historia hubo un personaje esencial, al que Paco de Lucía admiraba profundamente (y al que dedicó uno de sus discos y una de sus piezas más estremecedoras): el iraquí Abu al Asan Ali ibn Nafeh (789, Mosul, Irak – 857 Córdoba). Conocido en su tiempo como Ziryab «mirlo negro», llegó a Córdoba en el año 822 y allí fue recibido y patrocinado por Abd-el- Rahman II, emir de la dinastía de los omeyas.

Ziryab, que había hecho largos viajes para descubrir nuevas culturas, había visitado la tierra de Shind (Pakistán) para aprender el estilo Sindhi y fusionarlo con la música persa. A su llegada a Córdoba trajo consigo no solo estos innovadores conocimientos, sino también nuevos métodos de enseñanza musical y nuevos instrumentos, en especial el laúd con una cuerda añadida. Es decir, el antepasado de la guitarra española. Además, también se le adjudica la sustitución del plectro de madera por otro fabricado con la garra de un ave rapaz, precedente de la púa moderna. Y no solo eso: al margen de la música se le atribuyen introducciones culturales y gastronómicas tan importantes como las albóndigas, los espárragos o incluso la costumbre de tomar un chupito digestivo tras las comidas copiosas.

En 1990. años después de conocer a esta esencial figura de la historia musical, Paco de Lucía y su sexteto grabaron, en colaboración con el pianista Chick Corea y el también guitarrista Manolo Sanlúcar, el disco «Zyryab».

Este domingo 24 de febrero, el Ateneo de Madrid celebra el «V Encuentro con el Maestro Paco de Lucía: Ziryab, el árabe flamenco», en el que se rendirá homenaje a ambos maestros con varias propuestas. Se ofrecerá un espectáculo musical flamenco para todos los públicos y se presentará «El amor es como el mar», una antología colectiva internacional poética y narrativa de 77 autores, dirigida por María Victoria Caro Bernal, con fines solidarios hacia el Campo de Refugiados Palestinos de Rafah, en la Franja de Gaza, Palestina. Además se proyectrá el cortometraje: «Gaza. Una mirada a los ojos de la barbarie» (galardonado recientemente con el Goya al Mejor Cortometraje Documental 2019) y un documental sobre Paco de Lucía.

Ziryab, el iraquí del siglo VIII al que admiraba Paco de Lucía

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DAVID LYNCH, SUS PELÍCULAS, SU MÚSICA Y SUS DIRECTORES FAVORITOS

El venerado director habla de los realizadores a quienes admira y las películas que ha visto una y otra vez, que podría seguir viendo infinidad de veces más.

En este breve video que compartimos con vosotros al final del artículo, David Lynch, amante del surrealismo y el dadaísmo, artífice de atmósferas irrepetibles y creador de un estilo único e inconfundible habla de sus directores predilectos.

 

David Lynch 001David Lynch por David Lynch

 

En primer lugar, Lynch nombra a Stanley Kubrick. Es fácil encontrar el eco del viejo Kubrick en la obra cinematográfica del primero; ambos son hábiles creadores de entornos inquietantes –basta pensar en los espacios físicos y psicológicos creados en El Resplandor (The Shining) de 1980 y en Salvaje de corazón (Wild at heart) de 1990–.

La obligada mención del clásico Sunset Blvd. (1950) de  Billy Wilder —historia de una estrella de Hollywood caída en el olvido— nos recuerda a los oscuros espacios urbanos de Los Ángeles retratados en Mulholland Drive (2001) y en Por el lado oscuro del camino (Lost Highway) de 1997; dos películas que, por cierto, fácilmente podrían catalogarse como cine negro contemporáneo, uno de los géneros preferidos del director norteamericano.

 

Disfrutad de esta playlist, del canal de Cultura Inquieta en Spotify, con temas que acompañan a David Lynch en sus hipnóticas películas:

 

Mencionar a Federico Fellini, la directa referencia a su obra maestra 8 ½  es inevitable, pues el mundo onírico que en ella retrata el director italiano se asemeja al universo que existe en los sueños de la protagonista de Mulholland Drive y de muchos otros personajes de Lynch, como Lula Fortune en Salvaje de corazón. En este caso, la influencia de Fellini en Lynch es particularmente clara.

 

 

“Be true to yourself. Have your own voice ring out, never turn down a good idea, never take a bad idea.”
–David Lynch

 

 

Las vacaciones del Sr. Hulot (de Jacques Tati, 1953) y Qué bello regalo (It’s a Gift, 1934), protagonizada por W.C. Fields, son dos comedias que, detrás de su humor, presentan una fuerte crítica a la realidad social en la que se desarrollan, una característica de la gran mayoría de las películas de David Lynch.

Finalmente, el director menciona a Alfred Hitchcock y su filme La ventana indiscreta (Rear Window) de 1954, quizá por su impecable técnica narrativa, una característica igualmente importante en las películas del excéntrico director norteamericano.

Algunas otras influencias aceptadas por Lynch son Akira Kurosawa, John Ford y Werner Herzog. Se dice que detrás de todo gran artista siempre existen maestros y objetos de inspiración. David Lynch no es una excepción y su selección de directores, completamente distintos entre ellos, es definitivamente impecable.

A continuación, el citado vídeo:

 

via aleph

https://culturainquieta.com/es/cine/item/15225

“Qué revolución tú, Gata”: los textos inéditos del poemario de Gata Cattana

La reedición de su libro incluye dos nuevos poemas y un prólogo de Irene X

A la izquierda, la portada del libro de Gata Cattana
A la izquierda, la portada del libro de Gata Cattana

“Que no reconocemos
autoridad ninguna
y sembramos la polémica
y todo es política
y qué pesados os ponéis con eso
y Ana, hija, qué poco sabes de la vida”.

El 2 de marzo de 2017 Ana Isabel García, conocida como Gata Cattana, murió repentinamente a causa de un choque anafiláctico. La cordobesa tenía 25 años y se definía a sí misma como “rapeadora de noche, poetisa de día y politóloga a ratos”. En 2016, Gata Cattana editó su tercer EP Inéditos 2015 y su primer poemario La Escala de Mohs, cuya reedición saldrá a la venta este 21 de febrero. El extracto con el que comienza este texto se desprende de Todo lo demás no, uno de los dos poemas inéditos que incluye esta nueva versión del libro. El otro se titula Malditos sean, que puedes leer en exclusiva para Verne al final de este artículo.

El 25 de febrero 2016 Gata Cattana recitó el poema Hojitas de menta en el Poetry Slam de Granada. Es una de las obras que se encuentran en su libro La Escala de Mohs.

Además del material inédito, esta reedición incluye los manuscritos de uno de los poemas nunca antes publicados que la agencia literaria Dispara  entregó a la editorial. Ana Llorente, la madre de Gata Cattana, es la responsable de la publicación por tercera vez de los escritos de su hija, autopublicados en 2016. El libro también contiene dos ilustraciones nuevas de Don Iwana y un prólogo en formato de correspondencia por la poeta Irene X. Ambos eran amigos de la artista.

El texto de Irene X se dirige al lector, pero sobre todo a la difunta Gata Cattana. En este le cuenta a la fallecida artista cómo su obra y figura tienen un lugar importante dentro del movimiento feminista en España. Además de aparecer en pancartas en la manifestación del 8M, el trabajo de la poeta ha inspirado a otros artistas en la lucha por la equidad. En febrero 2018 el colectivo de baile Mujeres 17/27 rindió homenaje a la rapera en el festival Ellas crean. Mientras que en Granada (ciudad dónde la artista estudió Ciencias Políticas), un mural de graffiti la recuerda como “la mujer sin miedo”.

“Nos devolviste a la lucha”, afirma Irene X refiriéndose al hecho de que las rimas de la artista siguen abanderando el feminismo. Un anhelo que Gata Cattana dejaba ver desde 2015 en su rap Lisístrata: “…Será mejor que trates mejor a esas bitches, / no sea que de repente me escuchen y se compinchen. / Os lo tengo dicho, os lo dejo hecho”.

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La misteriosa muerte de Wolfgang Amadeus Mozart

Más de doscientos años después de la desaparición del compositor, las hipótesis sobre su fallecimiento continúan siendo numerosas

«Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart)», de Hermann von Kaulbach (1873)
«Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart)», de Hermann von Kaulbach (1873) – ABC

El 5 de diciembre de 1791, apenas una hora después de la medianoche, y con solo treinta y cinco años, moría Wolfgang Amadeus Mozart, considerado por numerosos estudiosos como el más grande compositor de la historia. Han pasado ya doscientos veintiocho años de aquella muerte, pero a día de hoy los enigmas en su torno permanecen irresolutos. Las diferentes hipótesis apuntan a enfermedades como bronconeumonía, fiebre reumática aguda, triquinosis, insuficiencia renal, sífilis, triquinosis letal, púrpura de Henoch-Schönlein, incluso mala praxis médica… Y envenenamiento.

El texto de Alexander Pushkin «Mozart y Salieri» y la posterior obra teatral de Peter Schäffer «Amadeus», llevada al cine por Milos Forman en una película ganadora de ocho Oscars, sugerían esta idea conspiratoria y señalaba al compositor Antonio Salieri, gran rival de Mozart, como el culpable. La teoría la puso en pie el mismo Mozart, convencido en sus últimos días de que estaba siendo envenenado, como se cita en la biografía del músico que publicó Franz Xaver Niemetschek en 1798, apenas siete años después de su muerte.

«En su vuelta a Viena -escribió Niemetschek refiriéndose a Mozart-, se incrementó visiblemente su indisposición y lo hizo estar terriblemente deprimido. Su esposa estaba realmente apenada por ello. Un día iba paseando por el Prater con él, para darle una pequeña distracción y entretenimiento y, estando sentados, Mozart comenzó a hablar de la muerte y afirmó que estaba escribiendo el “Réquiem” para sí mismo. Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos del sensible hombre. “Siento definitivamente”, continuó, “que no estaré mucho más tiempo; estoy seguro de que he sido envenenado. No puedo librarme de esta idea”».

Precisamente las circunstancias del encargo del citado «Réquiem» han contribuido a adornar la leyenda y las especulaciones sobre la muerte de Mozart. En junio del mismo 1791, pocos días antes del nacimiento de su hijo Franz Xaver Wolfgang, el compositor recibió la visita de un misterioso hombre vestido de negro y que no quiso darle su nombre. Encargó al músico la composición de un réquiem, le adelantó algo de dinero y le anunció que regresaría en un mes.

Fotograma de la película «Amadeus», de Milos Forman, con Tom Hulce en el papel del compositor
Fotograma de la película «Amadeus», de Milos Forman, con Tom Hulce en el papel del compositor – ABC

Poco después, y cuando Mozart se disponía a viajar a Praga para escribir, por encargo de Leopoldo II, la que sería su última ópera, «La clemenza di Tito», recibió una nueva visita del misterioso hombre interesándose por su encargo, algo que sobresaltó al compositor. Aquel personaje (al parecer un enviado del conde Franz von Walsseg, llamado Franz Anton Leitgeb) y la escritura del «Réquiem» se convirtieron para Mozart en una auténtica obsesión.

Otra de las hipótesis sobre la muerte del genio austríaco apunta a un envenenamiento por parte de un compañero de logia masónica: Franz Hofdemel, oficial del Tribunal de la Corte y marido de una de las alumnas de Mozart, que al día siguiente de morir éste se suicidó. Esta teoría apunta a que para asesinar al compositor, Hofdemel había ustado acqua toffana, un veneno que actúa con efecto retardado. Varios biógrafos -entre ellos Jean y Brigitte Massin y Francis Carr- tomaron en serio esta hipótesis, y en 1983 el público que asistía a un festival de música en Brighton (Inglaterra) le declaró culpable en el «juicio» que organizó el director artístico del certamen, Ian Hunter.

Aunque la leyenda del envenenamiento le aporta un halo literariomuy acorde con la personalidad artística del personaje, lo cierto es que esta hipotesis se ha ido desvaneciendo con el tiempo, y hoy en día apenas se sostiene. El historiador Paul Johnson, en su biografía sobre Mozart publicada en 2013, escribió: «Se han escrito muchas tonterías sobre la enfermedad fatal, la muerte y el entierro de Mozart. Sus últimos días fueron descritos muchos años después por Sophie, la hermana menor de su esposa Constanze, cuyo testimonio tiene el valor de la inmediatez. Mozart había visto a los mejores médicos de Viena, y la causa oficial de su muerte fue hitziges Friesel Fieber (fiebre de campo severa). La historia de que fue envenenado es una fantasía total como lo es apuntar al compositor Salieri como su asesino».

La misteriosa muerte de Wolfgang Amadeus Mozart

Sin embargo, la desaparición del cadáver de Mozart -al parecer, sus restos fueron sacados de su tumba siete años después de su fallecimiento para reutilizar el nicho- propició la larga lista de teorías sobre su muerte y los posibles males que la causaron. El mexicano Adolfo Martínez Palomo escribió en su libro «Músicos y medicina» (2015): «A lo largo de más de cien años, aclarar las causas del padecimiento que llevó a Mozart a la muerte ha intrigado a profesionales de la medicina más que las de cualquier otro gran personaje histórico. La lista de artículos científicos sobre el tema, publicados en revistas médicas, es interminable; decenas de médicos hurgan en las numerosas biografías del compositor, analizan los testimonios escritos de sus contemporáneos y tratan de descifrar los registros de las autoridades de salud de la Viena de fines del siglo XVIII. La mejor prueba de la falta de consenso sobre este asunto es el hecho de que, hasta el año 2000, se han enlistado ciento cuarenta causas de la muerte de Mozart, así como veintisiete supuestas enfermedades mentales, casi todas resultado de la imaginación calenturienta y de la falta de oficio de profesionales de la medicina, pero solo aprendices de historiadores. Mi conclusión es que nunca sabremos a ciencia cierta la naturaleza de la enfermedad mortal del compositor. La información histórica integrada con conocimientos médicos modernos coincide en la naturaleza infecciosa de un padecimiento que produjo, a la larga, insuficiencia renal terminal».

Al poco de su muerte, Georg Nikolaus von Nissen (que se convertiría en el segundo marido de Constanze, la esposa de Mozart), relató en su biografía del compositor los síntomas que mostraba éste: «Comenzó con la hinchazón de las manos y los pies, que estaban casi inmovilizados por completo, seguido de vómitos repentinos (…) Hasta dos horas antes de su partida estuvo plenamente consciente». Era tanta la hinchazón, según se cuenta, que no podía levantarse de la cama y apenas era capaz de moverse por sí mismo.

Entre las teorías médicas sobre la muerte de Mozart, figuran la de la bronconeumonía, avalada por el doctor Peter J. Davies, del Hospital St. Vincent, de Melbourne (Australia), que asegura que el músico contrajo una infección estreptocócica , que causó una exacerbación del síndrome de Henoch-Schönlein y de la insuficiencia renal. El doctor Carl Bär apuesta por la fiebre reumática aguda, mientras que la triquinosis la defiende el doctor Jan Hirschmann. Y una hipótesis reciente apunta a que la hipocondría de Mozart le habría llevado a ingerir medicinas con antimonio, sustancia que se le administró en los últimos días.

En 2009, tres investigadores de la Universidad de Ámsterdam (Holanda) -Richard Zegers, Andreas Weigl y Andrew Steptoe- publicaron en la revista «Annals of Internal Medicine» un artículo en el que señalaban que la causa de la muerte de Mozart fueron las complicaciones causadas por una faringitis estreptocócica. Según los científicos, la infección podría haber provocado una hinchazón fatal de sus riñones. Ésta es, actualmente, la teoría más plausible del final del compositor.

Zegers, Weigl y Steptoe compararon los males sufridos por el músico, como los edemas y dolores de espalda, con las enfermedades más comunes de la época. Analizaron hasta cinco mil casos entre 1791 y 1793 y descubrieron que los edemas eran la tercera causa de muerte, sólo después de la tuberculosis y la malnutrición. «Nuestro análisis es coherente con la posibilidad de que la enfermedad final y la muerte de Mozart se hayan debido a una infección con estreptococos que condujo a un síndrome nefrítico agudo», concluía el artículo que, sin embargo, no cerraba las puertas a otras posibles causas: la fiebre escarlatina, un mal crónico cardíaco o alguna enfermedad renal.

La misteriosa muerte de Wolfgang Amadeus Mozart

También sobre sus últimos días ha habido y hay mucha literatura. Benedickt Schack, cantante y amigo de Mozart (para él escribió el papel de Tamino en «La flauta mágica»), relató que la víspera del fallecimiento varios cantantes se reunieron para interpretar delante del compositor su «Réquiem», que hubo de interrumpirse al romper a llorar tras escuchar el «Lachrymosa».

Y mucho se ha hablado de su triste entierro del músico austríaco, al que apenas acudió nadie. Paul Johnson escribió: «Tampoco es verdad que Mozart tuvo un funeral de indigente debido a la penuria de su esposa. Sin duda que Constanze fue aconsejada de no celebrar un entierro ostentoso o caro. Pero el modesto entierro en una fosa común, en el camposanto de la iglesia de San Marco en las afueras de Viena, se efectuó conforme a las costumbres funerarias en uso. Asistió un buen número de músicos, entre ellos Salieri. Se realizaron varios homenajes, por ejemplo, una misa de réquiem en Praga, con 120 músicos, el 14 de diciembre de 1791,en la que estuvieron presentes cuatro mil personas; en Viena se organizó un concierto en beneficio de Constanze el 23 de diciembre que recaudó 1.500 gulden, de los cuales 120 fueron aportados por el emperador».

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