Este nuevo dinosaurio descubierto tiene alas de murciélago

Este nuevo dinosaurio descubierto tiene alas de murciélago

Su fósil, hallado en 2017 por un granjero local en la provincia de Liaoning (China), estaba bien conservado, y nos revela que el dinosaurio tenía el tamaño de un pájaro. Es así el segundo dinosaurio conocido con alas membranosas, además de Yi qi, que vivió 2-3 millones de años más tarde.

Una producto evolutivo efímero

Ambopteryx, de aproximadamente 32 centímetros de largo y aproximadamente 306 gramos de peso, era ciertamente capaz de planear, si bien es difícil saber si podría lograr el vuelo con impulso.

Las alas de membrana en los dinosaurios parecen haber sido un producto evolutivo de corta duración, tal y como señala el paleontólogo Min Wangdel Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de la Academia China de Ciencias, y autor principal de este estudio que describe al dinosaurio publicado en la revista Nature:

Durante mucho tiempo, pensamos que las alas emplumadas eran el único aparato de vuelo. Sin embargo, estos nuevos descubrimientos muestran claramente que las alas membranosas también evolucionaron en algunos dinosaurios estrechamente relacionados con las aves. En conjunto, la amplitud y la riqueza de la experimentación relacionada con el vuelo es mayor de lo que se pensaba anteriormente durante la transición dinosaurio-ave. Estamos viendo solo la punta del iceberg.

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Los peces abisales ven los colores casi en la oscuridad

Descubren un superpotente sistema de visión en especies que viven a 1.500 metros de profundidad

Peces de aguas profundas con visión mejorada: malcarado plateado (Diretmus argenteus), ojo de tubo (Stylephorus chordatus) y pez linterna (Benthosema sp)
Peces de aguas profundas con visión mejorada: malcarado plateado (Diretmus argenteus), ojo de tubo (Stylephorus chordatus) y pez linterna (Benthosema sp) – Pavel Riha, University of South Bohemia, Ceske Budejovice

En las profundidades de los océanos de la Tierra, a 1.500 metros bajo el nivel del mar, el mundo es oscuro. Hasta ahora, los investigadores creían que los peces que habitaban esos negros abismos no veían los colores. Pero estaban equivocados. Un nuevo estudio publicado en la revista «Science» ha descubierto que algunos peces abisales están equipados de un sistema visual no descrito previamente que les permite distinguir tonos entre la negrura. Estos ojos superpotentes son capaces de detectar las señales bioluminiscentes de los órganos emisores de luz que tienen muchas de las criaturas de las profundidades, y así diferenciar rápidamente a una presa de un depredador en un ambiente hostil en el que los unos se comen a los otros en la oscuridad. La investigación ha sido realizada por un equipo internacional liderado por la Universidad de Basilea (Suiza).

Los vertebrados, incluidos los humanos, utilizan dos tipos de células fotorreceptoras, bastones y conos, para poder ver. «Los conos se usan en condiciones de luz brillante, mientras que los bastones se usan generalmente con luz tenue», explica Fabio Cortesi, científico del Instituto del Cerebro de UQ Queensland.

El pez linterna tiene órganos bioluminiscentes y un mayor número de genes de rodopsina
El pez linterna tiene órganos bioluminiscentes y un mayor número de genes de rodopsina – Zuzana Musilová, Charles University, Praga

Las células que nos permiten ver

Tanto los bastones como los conos contienen unas proteínas llamadas opsinas que absorben la luz en longitudes de onda específicas. La visión del color en los vertebrados se debe al hecho de que los conos usan alrededor de cuatro opsinas diferentes, una variedad que permite la sensibilidad a una amplia gama de colores. En los seres humanos, por ejemplo, estas longitudes de onda son el rango rojo, verde y azul del espectro de la luz. Es lo que nos permite apreciar el azul del cielo, el verde de las hojas de los árboles o el estallido rojo de una flor abierta.

Sin embargo, el 99% de todos los vertebrados tiene solo una opsina en sus bastones, por lo que la mayoría son ciegos al color en condiciones de luz tenue. Los peces de aguas profundas que viven entre 200 y 1.500 metros bajo la superficie no son una excepción.

«Allá abajo es muy monocromático, y la mayoría de los peces solo perciben la luz azul», afirma Fanny de Busserolles, especialista en ecología visual en aguas profundas. «Pero hemos descubierto algunas excepciones espectaculares».

Un nuevo sistema visual

Al analizar 101 genomas de peces, el equipo internacional de científicos liderados por biólogos evolutivos de la Universidad de Basilea reveló un novedoso sistema visual que, en lugar de usar una sola opsina para ver en la oscuridad, como la mayoría de los otros vertebrados, se basa en múltiples opsinas sintonizadas para cubrir una amplia gama de la bioluminiscencia emitida por organismos de aguas profundas.

El pez víbora (Chauliodus) tiene un prominente órgano bioluminiscente debajo de su ojo
El pez víbora (Chauliodus) tiene un prominente órgano bioluminiscente debajo de su ojo – Wen-Sung Chung, Universidad de Queensland

«Encontramos que 13 especies tenían más de un gen de opsina de bastón, y uno, el pez espinoso plateado (Diretmus argenteus), tenía 38 de estas opsinas», afirma Cortesi. El análisis de la secuencia de genes y los experimentos sobre cómo funcionan las opsinas sugirieron que estos peces pueden captar una amplia gama de longitudes de onda de la luz, lo que significa que probablemente vean muchos colores.

Diretmus argenteus es el vertebrado con el mayor número de genes de opsina.
Diretmus argenteus es el vertebrado con el mayor número de genes de opsina. – Alexandra Viertler, Universidad de Basilea

Para el investigador, esta habilidad podría haber evolucionado como un arma de supervivencia. «Hay muchos colores de bioluminiscencia, la luz producida y emitida por organismos vivos, allí abajo, y aparece principalmente en los destellos que vienen de otros peces. Si quieres sobrevivir allí, necesitas decidir rápidamente si estás viendo un depredador o presa potencial», señala. Por ejemplo, el rape atrae a sus presas con sus órganos bioluminiscentes.

«Parece que los peces de aguas profundas han desarrollado esta visión basada en rodopsina múltiple varias veces de forma independiente, y que esto se usa específicamente para detectar señales bioluminiscentes», explica por su parte Walter Salzburger, de la Universidad de Basilea y coordinador del equipo internacional. Salzburger indica que esta característica otorga una ventaja evolutiva para ver mucho mejor tanto a las presas como a los depredadores potenciales.

Los investigadores señalan que este hallazgo puede «ayudar a redefinir el paradigma actual de la visión de la evolución de los vertebrados», tal y como ha ocurrido para otras familias al utilizar la lectura del genoma.

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El legado perdido de Copito de Nieve

Quince años después de su muerte, el famoso gorila no tiene tumba ni estatua, sus huesos y su piel permanecen bajo llave y las otras partes de su cuerpo que se donaron a la ciencia han estado a punto de perderse por falta de financiación.

Copito de Nieve, el gorila albino

Copito de Nieve, el gorila albino Zoo de Barcelona

En la mañana del 24 de abril de 2004, un pequeño grupo de personas se reunió en el zoo de Barcelona para enterrar las cenizas de Copito de Nieve, el famoso gorila albino que había muerto unos meses antes tras enfermar de cáncer de piel. Sus cenizas se enterraron en una urna biodegradable junto a las semillas de un árbol africano que debía crecer en su recuerdo. Quince años después, no hay restos de aquel árbol y el lugar fue tapado por el zoológico tras unas reformas. Además, en el interior de aquella urna solo había una pequeña parte del cuerpo de Copito, porque el resto se había donado a la ciencia. “La urna contenía básicamente las vísceras, que se llevaron a una incineradora”, reconoce Jordi Portabella, por entonces presidente del zoo y segundo teniente de alcalde de Barcelona. “También se hicieron moldes de la cara y de las manos para hacer una estatua, pero que yo sepa no se han utilizado nunca”.

Los huesos y la piel del gorila albino descansan ahora en un cajón del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, bajo llave y lejos del público. “Aquí tenemos todo el esqueleto, una parte del músculo y el resto de la piel”, explica su directora Anna Omedes, que ya era la máxima responsable del museo en 2004. En aquel momento hubo una dura disputa entre el zoo y el museo sobre el destino que debían tener los restos de Copito. “Nosotros nos vimos en la obligación de recordar que un destino evidente de Copito era nuestro museo”, recuerda Omedes. “Enviamos un informe y comunicamos a las autoridades del Ayuntamiento que teníamos un convenio y éramos los receptores de las piezas del zoo. Considerábamos que Copito era un gorila y como tal nos interesaba”.

Se firmó un acuerdo para que el museo guardara los huesos y la piel con la condición de no exhibirlos nunca

“Se crearon dos posiciones muy claras”, recuerda Portabella. “Anna Omedes encabezaba la de quererlo disecar para el museo de historia natural, y la mía, que era la de dar el cuerpo a la ciencia e incinerar el resto”. En su opinión, la opción de disecar a Copito suponía tratar con frivolidad a un ser vivo que había sido muy representativo de la ciudad, además de ser más propia del siglo XIX que del XXI. “La propuesta inicial era ponerlo en la entrada del museo y me pareció que teníamos que hacer prevalecer la dignidad del animal”, argumenta.

Copito, en sus primeros años en el zoo

Copito, en sus primeros años en el zoo Zoo de Barcelona

La disputa se resolvió con un acuerdo, un acta de conformidad entre el Ayuntamiento y el Instituto de Cultura de Barcelona, por el cual se cedían al museo los huesos y la piel del animal pero con la condición expresa de que nunca deberían ser exhibidos. “Este acuerdo no se ha cambiado nunca, sigue estando como estaba en aquel momento y no se puede mostrar”, asegura Omedes. “El esqueleto está perfectamente limpio y guardado con todos los esqueletos que tenemos, y la piel está en un líquido conservante”. Los restos de Copito permanecen en los almacenes del museo, a disposición de cualquier científico que quiera examinarlos, algo que no ha sucedido hasta ahora, según su directora, que se plantea retomar el intento de exhibirlos antes de jubilarse. “Pienso que este pacto debería revisarse, porque fue producto de un momento con mucha tensión emocional, pero dentro de cuatro días los que conocimos a Copito ya no estaremos”.

Restos en una nevera

A unos kilómetros del museo, el cerebro y los ojos de Copito de Nievedescansan en un arcón congelador de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Están aquí porque el catedrático Martí Pumarola decidió salvarlos a pesar de la falta de fondos. Durante unos años, los restos de Copito se conservaron en el Banco de Tejidos Animales de Cataluña (BTAC), del que Pumarola era responsable y donde se recibían muestras del zoo y de otros lugares para su conservación y estudio. Pero la crisis hizo que las instituciones dejaran de aportar fondos.

Nevera de la UAB en la que se guardan los restos de Copito

Nevera de la UAB en la que se guardan los restos de Copito Martí Pumarola

 

“La universidad me cortó el dinero para pagar a la persona que lo llevaba, un técnico de soporte”, explica Pumarola. “Como no recibía ninguna ayuda ni del ministerio ni de la Generalitat, lo he cerrado, pero tengo las neveras llenas y conservo los archivos”. Hoy en día la web del BTAC está cerrada porque no hay fondos para pagar los servidores, pero el encéfalo de Copito y sus ojos, preparados en parafina, se conservan congelados junto a las muestras de otros proyectos para los que Pumarola sí ha conseguido financiación.

El cerebro de Copito y los ojos conservados en un congelador la UAB

El cerebro de Copito y los ojos conservados en un congelador la UAB Vozpópuli

Después de la muerte de Copito, fueron muchos los científicos que se interesaron por los tejidos del gorila para posibles estudios. No todos fueron a parar al BTAC. Algunas muestras de la piel fueron a la Universidad de Barcelona y el epidídimo, parte del aparato reproductor donde se almacenan los espermatozoides, fue enviado al Instituto Universitario Dexeus. El investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) Lluís Montoliu viajaba en un vuelo de regreso a España cuando leyó la noticia de la muerte de Copito en un diario y, como especialista en albinismo, se puso en marcha para conseguir los ojos del gorila. “Pedimos los ojos, pero no nos llegaron completos, porque los trocearon y los pusieron en diferentes frascos, con formol y otros convertidos en bloques de parafina para ser procesados”, recuerda. Una vez que cortaron los ojos en láminas y los observaron al microscopio, saltó la sorpresa. “Yo no me lo creía, cuando vi el pigmento ahí, en el coroides en las dos partes del ojo”, relata. “Pensé que estaba viendo un artefacto”.

Una misteriosa mirada

La sorpresa de Montoliu venía porque hasta entonces todo el mundo pensaba que Copito tenía un tipo concreto de albinismo, el OCA1, en la que no se produce ninguna pigmentación en el ojo. “Pero los ojos de Copito eran azules, y si eran azules- en aquel momento no lo sabíamos – teníamos que habernos dado cuenta de que no podía ser albinismo oculocutáneo de tipo 1”. De hecho, el investigador catalán Jaume Bertranpetit analizó el gen de la tirosinasa de Copito y no encontró la mutación que estaba buscando. Tuvieron que pasar casi diez años para que el equipo de Tomás Marqués, de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), analizara el genoma completo y resolviera el misterio. “Nosotros hicimos el genoma”, relata a Next. “Ya no solo buscábamos un tipo de albinismo, sino que miramos en todo el genoma en busca de mutaciones deletéreas. Y descubrimos dos cosas bonitas: primero, que tenía un albinismo muy raro que es el tipo 4 (OCA4) y que este individuo nacido en la selva era producto de la relación entre dos parientes, probablemente tío-sobrino”.

“Estaba como endiosado, te miraba de arriba a abajo y pensabas: qué chulo es”

Los ojos de Copito ya habían sido objeto de interés de otros especialistas antes de su muerte. El doctor Miquel Badía fue quien operó al gorila de cataratas en el año 2001. “El ojo tenía muy poco pigmento”, recuerda. “El iris era clarísimo, casi gris”. La mejoría tras operar el primer ojo fue notable. El animal volvió a mostrar interés con su entorno y a relacionarse con otros gorilas, así que se decidió operar el segundo ojo. “Esta vez le operamos sin hacer publicidad, porque cada cosa que se le hacía a Copito había gran revuelo”, explica el doctor Badía. “Le pusimos una lente intraocular como la que ponemos en humanos, fue toda una experiencia”. Al igual que las personas con albinismo, Copito tenía nistagmo, un movimiento continuado de los ojos que le impide fijar la vista. “Suelen tener un punto de fijación, una posición de la cabeza que a veces es ladeada, en la que ven mejor”, explica el especialista. “Y Copito siempre miraba de lado”.

El famoso gorila albino Copito de Nieve

El famoso gorila albino Copito de Nieve Zoo de Barcelona

“Es verdad que te miraba de soslayo”, recuerda Jesús Fernández, por entonces veterinario jefe del zoo de Barcelona. “Estaba como endiosado, te miraba de arriba a abajo y tú pensabas: qué chulo es”. También era frecuente que se pusiera la mano para taparse el sol, que le molestaba muchísimo debido a su condición genética. Todos aquellos síntomas debieron poner en alerta a sus cuidadores, pero la señal definitiva apareció cuando se le enrojeció toda la piel, por el impacto de la luz solar. “A mí me llamó un buen día, en el año 96, el jefe de veterinaria porque resulta que estaba rascándose mucho y tenía una eritrodermia”, recuerda el catedrático Antoni Castells, que fue quien diagnosticó su cáncer de piel. En aquel momento se empezó a vigilar al animal, pero al cabo de un tiempo apareció una herida cerca de la axila y se decidió biopsiar.

“Había como un silencio en el zoo, como si todos los animales supieran que algo ocurría”

“Una cosa que me llamó mucho la atención es cuando se decidió hacer el estudio completo y anestesiar a Copito había como un silencio en el zoo, como si todos los animales supieran que algo ocurría”, asegura Castells. “Era la primera vez que lo anestesiábamos y allí había unas 20 personas”, recuerda Fernández. “Intervino un anestesista, un internista, un dermatólogo, un oftalmólogo, el equipo veterinario, un ecografista, un dentista…Lo principal era descartar que no hubiera problema cardiaco, pero allí fue donde apareció la primera señal de que la herida era una carcinoma”. Después de tres años de pruebas y cuidados, y para evitar más sufrimiento del animal, se le practicó la eutanasia.

Copito, en los últimos años de su vida

Copito, en los últimos años de su vida Zoo de Barcelona

“Murió con unos 40 años, fue muy longevo y vivió muy bien, pero podría haber vivido algunos años más”, asegura el que fue su cuidador. “La eutanasia fue en la madrugada y todo sucedió enseguida. Toda la gente que estuvimos allí alrededor, tuvimos un vínculo con él, para todos era algo especial”. Para la ciencia también lo fue, porque hasta la fecha es el único gorila albino que hemos conocido. Su cerebro fue analizado en busca de señales de neurodegeneración, sus ojos sirvieron para conocer mejor el tipo de albinismo que sufría y su genoma contribuyó a completar el conocimiento sobre los gorilas de llanura y su endogamia. La ciudad de la que un día fue un símbolo dejó pasar el tiempo y nunca le pagó el tributo en forma de estatua que le debía. Hoy sus restos están a punto de pasar también al olvido.

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El vídeo que muestra la timidez de los árboles

Un vídeo de un bosque mexicano muestra este fenómeno natural a vista de pájaro

Hay árboles cuyas ramas dejan de crecer cuando están a punto de tocar a las de su vecino. Es un  fenómeno que se conoce como timidez de los árboles y cuya explicación científica no está del todo clara. Este vídeo del fotógrafo Dimitar Karanikolov, especializado en imágenes tomadas con drones, captura la timidez de los árboles de un bosque en Tulum, un municipio mexicano en la península de Yucatán.

Los árboles se mueven por el viento, que también mece los surcos entre las copas. “El dron estaba a unos 50 metros del suelo. Conseguí las imágenes en enero”, dice a Verne este búlgaro de 43 años, arquitecto de profesión. “Me gustan las imágenes con esta perspectiva porque parecen mapas. Son muy diferentes respecto a lo que solemos ver”, añade. Karanikolov publicó su vídeo en Instagram el 5 de marzo, pero se está difundiendo mucho en internet desde principios de abril: un post en Imgur con la escena lleva más de 2,3 millones de reproducciones en cinco días desde el 16 de abril y también está siendo muy compartido en Twitter.

“Creo que el vídeo se ha difundido tanto poque todos necesitamos más naturaleza en nuestas vidas”, añade Karanikolov. No es la primera vez que la timidez de los árboles capta mucha atención en internet. En 2017 le dedicamos un artículo a este fenómeno natural, después de que un tuit con dos imágenes de copas d árboles que no se tocan fuera muy difundido en esta red social.

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“La timidez” es en botánica un fenómeno por el cual ciertos árboles mantienen entre ellos una distancia llamada “grieta de timidez”. Hermoso

¿Cómo es posible que los árboles mantengan esas separaciones?

El botánico australiano Maxwell Ralph Jacobs fue el primero en hablar del término timidez de los árboles” (crown shyness en inglés). Fue en su libro Hábitos de crecimiento del eucalipto (1955). Sostiene que este fenómeno se produce por a la abrasión de unas hojas contra otras cuando se rozan por el viento.

Por otra parte, el botánico francés Francis Hallé considera que este fenómeno tiene una explicación genética. “La forma de la copa nunca es aleatoria; cada árbol tiene su programa específico de desarrollo, controlado por genes”, dice en su artículo Arquitectura de los árboles, en Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica. Hallé diferencia dos tipos de árboles, los unitarios y los reiterados. Los primeros dominan el entorno y los segundos se adaptan. “La reiteración es un progreso, es una forma más moderna y más eficaz de crecer, que se ha generalizado a la mayoría de nuestros árboles”, añade.

Carles Gracia, profesor de Ecología (especializado en bosques) de la Universidad de Barcelona, considera que “de momento, no hay ningún experimento que explique a qué se deben esas líneas de separación”, indicaba a Verne en 2017. “Algunos expertos creen que la explicación puede estar en los compuestos orgánicos volátiles. Se trata de una serie de sustancias que los árboles emiten a través de las hojas y que sirven para coordinar ciertos procesos con otros ejemplares. No es que hablen, es que se coordinan para, por ejemplo, que las semillas nazcan a la vez en todos los árboles”, comenta Gracia.

 

“No está demostrado que esos mismos compuestos sean los que originan estos espacios entre los árboles, pero tiene mucho sentido ecológico. Producir hojas es lo que más energía les cuesta. Hacer que crezcan para nada es un desperdicio. Es más óptimo algo así: si tu rama va por aquí, que la mía vaya por allí“, comenta Gracia. La timidez de los árboles no es un fenómeno común en España, ya que los bosques de la península no son suficientemente frondosos. Es más normal ver estas líneas de separación en bosques tropicales. Esta foto, por ejemplo, corresponde a un bosque de Sri Lanka.

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Estas plantas peruanas parecen tener memoria

Estas plantas peruanas parecen tener memoria

Una flor de ortiga caballuna (“Loasa insons”) mueve su estambre después de haber sido estimulada artificialmente.CreditHenning “et al”.

 

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¿Puedes recordar que hiciste ayer? Si no, tal vez deseas tomar clases con la especie Nasa poissoniana, una planta que florece en forma de estrella, originaria de los Andes peruanos, que tiene un conjunto de habilidades poco comunes.

Estas plantas pueden agitar de manera gimnástica sus estambres —los órganos que usan para la fertilización— para maximizar la distribución de su polen. Lo que es más sorprendente: plantas individuales pueden ajustar el momento de estos movimientos a partir de sus experiencias previas con los polinizadores, como sugiere un estudio publicado el mes pasado en Plant Signaling and Behavior. En otras palabras, recuerdan el pasado e intentan repetirlo.

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El descubrimiento se une a otros que recientemente han ampliado el panorama sobre lo que las plantas pueden sentir, aprender y hacer. El estudio, aunque pequeño y preliminar, “presenta un nuevo sistema prometedor e intrigante para estudiar la memoria de las plantas”, dijo Peter Crisp, un genetista de plantas en la Universidad de Minnesota que no estuvo involucrado.

Nasa poissoniana pertenece a una familia de plantas llamada Loasoideae. Son conocidas por sus flores policromáticas, así como por los “realmente dolorosos” pelos urticantes en sus estambres, dijo Tilo Henning, uno de los principales autores del estudio.

Henning, un investigador en el Jardín Botánico y Museo Botánico en Berlín, ha estado trabajando con Loasoideae desde hace dos décadas, junto a su colaborador Maximilian Weigend de la Universidad de Bonn, en Alemania. Desde el principio, “la complejidad de las flores” los emocionaron, dijo Henning. Al igual que su tendencia hacia la haptonastia, o el movimiento por estímulo.

Mientras que otras plantas pueden plegar sus hojas o catapultar sus semillas, muchas especies de Loasoideae mueven sus estambres: filamentos largos y delgados que son cubiertos con polen. Los estambres de Loasoideae comienzan extendidos, reunidos en grupos y metidos dentro de los pétalos de la flor. Durante el transcurso de la vida de la flor, los estambres individuales cuelgan uno por uno hacia el centro de la flor, donde lucen erguidos y ofrecen polen fresco a los insectos visitantes.

Estas plantas peruanas parecen tener memoria

Una planta “Nasa picta”, de la familia Loasaceae, la cual contiene a la subfamilia LoasoideaeCreditHenning “et al”.

Toma menos de tres minutos para que el estambre de una Loasoideae se mueva desde afuera hacia el interior: es ágil en términos botánicos. En ciertas especies, este movimiento puede ser provocado por luz y temperatura, o por los polinizadores mismos. Cuando una abeja hurga alrededor del centro de la flor en busca de néctar, pone en movimiento el siguiente estambre para que se coloque, listo para otra abeja o el regreso de la misma. De esta manera, las flores maximizan sus oportunidades de transferir polen a muchas flores diferentes.

Para este estudio reciente, los investigadores dividieron a la Nasa poissoniana en varios grupos. “Polinizadores” —en este caso, humanos con instrumentos— visitaron al primer grupo cada quince minutos y sacudieron las partes de las flores que contienen polen. Sacudieron al segundo grupo cada 45 minutos. Otros grupos fueron dejados en paz, para que sirvieran como grupos de control.

Al día siguiente, los investigadores observaron las flores. Aquellas que habían sido visitadas cada quince minutos planearon para ese horario, al colgar nuevos estambres más rápido y más a menudo. El segundo grupo fue más perezoso, y su concentración de estambre fresco llegó a su punto más alto a los 45 minutos. Las plantas “anticipaban el regreso de los polinizadores”, dijo Henning, que espera que otros miembros de la familia Loasoideae también tengan este talento.

Heidi Appel, una especialista en conducta de las plantas en la Universidad de Toledo, dijo que el estudio “brinda otro gran ejemplo de qué tan exquisitamente están sincronizadas las plantas con su ambiente”. Sin embargo, evitó usar la palabra “inteligente” u otros términos que podrían antropomorfizar la conducta de las plantas.

Ya sea que uses tales adjetivos para estas plantas o no, Henning dice que desea saber por qué estas lo intentan con tanto esfuerzo.

“El tremendo gasto de energía en el que estas plantas invierten” para esparcir su polen es desconcertante, dijo. “Existe un número de grupos de plantas igualmente exitosos, pero ninguno de ellos muestra un esfuerzo tan elaborado”.

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De cómo los pedos de los peces casi ocasionan un accidente diplomático pero fundaron la ciudad más liberal del mundo

De cómo los pedos de los peces casi ocasionan un accidente diplomático pero fundaron la ciudad más liberal del mundo

Las flatulencias han sido origen de no pocos conflictos bélicos. Sin embargo, el que casi causa un accidente diplomático entre Suecia y Rusia fueron los gases de un tipo de pez muy concreto: los arenques.

Este pez de sabor soso suele comunicarse con pedos (hallazgo que valió la concesión de un IgNobel de Biología en 2004), lo que provocó que aquel ruido como de fritura se confundiera con un submarino cruzando un delicado espacio fronterizo en el Mar Báltico durante los años del Telón de Acero. Afortunadamente, el arenque también está detrás de la fundación de la ciudad más liberal del mundo, donde la prostitución, las drogas blandas y la eutanasia están reguladas.

Arenques

En 1994, un ruido sospechoso no identificado causó preocupación en el seno del gobierno sueco. El primer ministro incluso escribió una carta a Boris Yeltsin para pedir explicaciones: todo apuntaba a que era un submarino ruso en aguas suecas. Sin embargo, solo fueron arenques tirándose pedos.

Y es que algunos tipos de arenque utilizan los gases para “hablar” entre ellos sin alertar a otros peces. Cuando el pez se tira la ventosidad, las burbujas que emanan emiten un sonido de alta frecuencia sólo audible para los de su especie. De hecho, la armada tenía clasificadas ventosidades que provenían de varios animales (ballenas, focas, morsas); solo que nadie esperaba que el arenque fuese capaz de producir tales sonidos.

El estudio de este singular sistema de comunicación mereció un IgNobel, (juego de palabras entre los Nobel de toda la vida y la palabra innoble en inglés), un galardón que premia «aquellos logros que no pueden o no deben ser reproducidos» y que buscan más la hilaridad que el hallazgo científico en sí.

 

Magnus Wahlberg y Hakan Westerberg, del Instituto de Investigación Costera de Suecia, concluyeron que estas flatulencias de la especie Clupea harengus no proceden del proceso de la digestión sino de la vejiga natatoria: grabaron la salida del gas y descubrieron que era un gorgeo periódico, con una duración de entre 32 y 133 milisegundos, y se emitía en series de 7 a 50 repeticiones.

El arenque, sin embargo, no solo ha estado en mitad de un conflicto diplomático y ha propiciado que se otorgara un IgNobel a dos investigadores suecos, sino que también favoreció que se fundara la ciudad más liberal del mundo. Bueno, no fue exactamente el arenque, sino una cosa muy pequeñita con un nombre casi impronunciable que se halló en sus entrañas. Es una historia larga, así que podéis verla en el siguiente vídeo:

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Las lecciones de construcción que podemos aprender de las termitas

Las lecciones de construcción que podemos aprender de las termitas

Un soldado de “Trinervitermes geminatus”, una termita granjera CreditC. Jost, CRCA, CBI, CNRS, Toulouse

En la capital de Zimbabue, un edificio llamado Eastgate Centre ocupa 3250 metros cuadrados de espacio para oficinas y tiendas. Usa un 90 por ciento menos energía que el edificio de al lado que es de un tamaño parecido.

¿Cuál es el secreto de Eastgate Centre? Las termitas.

En la década de los noventa, Mick Pearce, el arquitecto del edificio, se inspiró en los montículos que construyen las termitas que cultivan hongos, cuando los vio en un programa televisivo sobre la naturaleza. Los insectos creaban sus propios sistemas de aire acondicionado que hacían circular aire frío y caliente entre el montículo y el exterior.

A medida que los arquitectos y constructores buscan nuevas maneras de enfriar los edificios sin usar más energía en un mundo que se calienta cada vez más, un estudio sobre otro tipo de montículo también de termitas sugiere que Pearce no será la última persona en recibir consejos de diseño de parte de estos primos de las cucarachas.

“Creemos que los humanos son los mejores diseñadores, pero esto no es realmente cierto”, dijo Kamaljit Singh, ingeniero en Imperial College de Londres y uno de los autores del estudio publicado el 22 de marzo en la revista Science Advances. “Podemos aprender de los animales pequeños”.

Singh y sus colegas usaron tecnología de escaneo de alta resolución, así como simulaciones físicas y computarizadas para examinar la estructura microscópica de las paredes externas de los nidos de termitas africanas. En losas que a simple vista parecen ser sólidas, el equipo encontró una red de diminutos poros interconectados. A partir de principios básicos de física, estos poros regulan la ventilación, la humedad, y quizá la temperatura, dentro del montículo y el nido. Estas estructuras naturales podrían servir de inspiración para ingenieros y constructores, demostrando cómo puede lograrse la comodidad solamente gracias a la estructura.

Las lecciones de construcción que podemos aprender de las termitas

El sistema de aire acondicionado del Eastgate Centre en Harare, Zimbabue, estuvo inspirado en nidos de termitas. CreditDavid Brazier vía Wikimedia Commons

Hay alrededor de 2600 especies de termitas, y solo aproximadamente dos decenas de estas infestan y destruyen edificios. Muchas más son constructoras altamente sociables que buscan proteger a sus reinas y asegurar que sobrevivan sus colonias.

El dióxido de carbono debe salir para que no se sofoquen en sus nidos subterráneos, y el oxígeno debe entrar. Los montículos que construyen las termitas sobre los nidos son los pulmones que hacen posible esta respiración.

Pero hay diferentes tipos de montículos. Las termitas que cultivan hongos construyen estructuras con chimeneas y aberturas que hacen las veces de ventanas. En las estructuras de las termitas que no son granjeras, como las que los investigadores recolectaron en Senegal y Guinea, no se alcanzan a ver aberturas. A simple vista, “todo está bloqueado”, dijo Singh.

Pero los poros están ahí, porque los montículos constan de bolas apiladas de arena mezclada con saliva y tierra. Se forman espacios pequeños dentro de estas bolas y otros más grandes entre ellas. Investigaciones previas con tomografías computarizadas revelaron los poros pequeños en las paredes exteriores de estos nidos.

Pero con microescáneres de tomografía computarizada, el equipo vio el interior con más profundidad, con mayor resolución y quedaron al descubierto las conexiones entre los poros más pequeños y los más grandes. El hecho de que esta microestructura fuera prácticamente la misma, sin importar si se había construido con arena seca de Senegal o arcilla húmeda de Guinea, sugería que la estructura y no el material era la clave de la ventilación.

Cuando el equipo hizo una simulación con vientos fuertes, las estructuras sin los poros más grandes no podían respirar tan bien y acumulaban más dióxido de carbono. Los investigadores también empaparon las paredes de los montículos con agua para reproducir el efecto de una lluvia intensa. La estructura de poros grandes y pequeños se secó más rápidamente.

Scott Turner, un fisiólogo que no participó en el estudio, dijo que la investigación de Singh mostró cómo estos poros ayudan a gestionar el flujo de gas y el sistema de drenaje.

“Si observas la física del intercambio de gases en el pulmón, se parece mucho a cómo está organizado el montículo de las termitas”, afirmó Turner.

El movimiento creado por el viento, al igual que las contracciones musculares, permite que los gases se mezclen y lleguen a lugares importantes, como un nido de termitas o la sangre humana. “Si piensas en qué es el montículo”, explicó, “es literalmente un órgano fisiológico construido con tierra por un montón de pequeñas termitas”.

Las lecciones de construcción que podemos aprender de las termitas

Tres vistas de un nido de termitas, incluyendo, desde la izquierda, una fotografía del nido, una tomografía del interior del nido y las redes de galerías y caminos que hay en él. CreditG. Theraulaz, CRCA, CBI, CNRS, Toulouse

El equipo también piensa que los poros podrían ayudar a regular la temperatura. Pero Turner afirma que en otros nidos es la tierra la que hace esto; se necesita investigar más al respecto.

Tampoco queda claro cómo trabajan juntas las termitas para construir estas estructuras. Podrían coordinar acciones por medio de la sinergia, una especie de sistema de comunicación indirecta en el que las termitas responden a residuos químicos que otras van dejando, dijo Guy Theraulaz, biólogo francés que también trabajó en el estudio. Se cree que una feromona, o una señal química en la saliva de las bolas de arena, les dice a las termitas ciegas cuándo construir.

“No tienen que pensar en realidad”, dijo. Siguen reglas que resultan de fuerzas evolutivas y funcionan como un programa de inteligencia artificial.

Piensen o no, “en lo personal me gustaría que más personas fueran como las termitas y se sintieran más cómodas con una ventilación natural”, dijo Maki San Miguel Paulson, arquitecta que da asesoría sobre la envolvente de las edificaciones, las capas exteriores que hacen que el aire se quede sellado dentro del edificio. Ella dijo que las termitas, “no quieren un ambiente hermético; quieren que el aire fluya en su edificación”.

Generalmente los constructores se concentran en la ventilación mecánica —ventiladores, calefacción, enfriamiento— que usa combustible y es más fácil de controlar. Los edificios ecológicos suelen ser más pequeños de tamaño, pues es difícil lograr la comodidad en sistemas que dependen de climas con variaciones. “¿No sería genial si las personas pudiéramos hacer un edificio que lograra ambas cosas?”, se preguntó.

Singh y sus colegas esperan que los estudios futuros de los nidos de otras especies de termitas revelen principios generales de diseño que se puedan replicar a escala humana. Y, como ya lo demuestra el Eastgate Centre, los edificios inspirados en termitas no tienen que verse como si las termitas los hubieran construido.

“Es peligroso ver formas y figuras hermosas en la naturaleza y simplemente copiarlas”, dijo Pearce. “No estamos copiando las formas. Estamos copiando el proceso que creó esa forma”.

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38 años después, reaparece en Indonesia la abeja más grande del mundo: la Megachile Plutón

38 años después, reaparece en Indonesia la abeja más grande del mundo: la Megachile Plutón

Megachile Plutón, más conocida como la abeja gigante de Wallace, mide seis centímetros de largo, y se creía extinta desde 1981. Sin embargo, como podéis ver en el siguiente vídeo, nos equivocábamos: la abeja todavía no está extinguida.

Esta especie fue redescubierta en las Molucas del Norte, un grupo de islas en Indonesia, y tiene aproximadamente la longitud de un pulgar humano.

Abeja gigante de Wallace

La abeja gigante hembra hace su nido en montículos de termitas arbóreas activas, utilizando sus grandes mandíbulas para recolectar resina de árbol pegajoso para alinear el nido y protegerlo de las termitas invasoras. Ahora se ha hallado una sola hembra de la abeja gigante de Wallace que vivía en un nido de termitas arbóreas en un árbol a unos 2,5 metros del suelo.

La abeja lleva el nombre de Alfred Russel Wallace, el co-descubridor junto a Charles Darwin de la teoría de la evolución a través de la selección natural. El equipo responsable del hallazgo ya ha iniciado conversaciones con colaboradores indonesios para buscar la abeja gigante de Wallace en otros lugares.

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Caballos disfrazados ayudan a entender por qué las cebras tienen rayas

Investigadores han observado que estos patrones dificultan que las moscas se posen y piquen a los animales

Las cebras evitan muchas picaduras gracias a su patrón de rayas blancas y negras
Las cebras evitan muchas picaduras gracias a su patrón de rayas blancas y negras – WIKIPEDIA

¿Por qué las cebras tienen sus peculiares rayas blancas y negras? Desde hace 150 años se ha sugerido que sus colores ayudan a disipar el calor o que sus patrones, únicos en cada animal, son una marca distintiva. Ha habido investigadores que han argumentado que las rayas de un rebaño de cebras generan una ilusión óptica capaz de confundir a hienas y leones. Sin embargo, lo cierto es que los experimentos no han permitido confirmar de forma clara ninguna de estas hipótesis. ¿Qué ventaja obtienen estos animales gracias a sus rayas?

Desde hace 75 años se ha sugerido que las rayas de las cebras son, en realidad, un repelente «antimosquitos», que las protege frente a picaduras que pueden contagiarlas de enfermedades como la tripanosomiasis o la gripe equina. Un estudio que se acaba de publicar en PLOS One, y elaborado por científicos de la Universidad de California en Davis (EE.UU.), ha examinado muy de cerca el vuelo de las moscas de los caballos (o tabánidos, en general), por primera vez. Los investigadores han concluido que las rayas de las cebras confunden a los insectos y les dificultan que puedan aterrizar y picar a estos parientes de los caballos.

«Las rayas de las cebras parecen haber evolucionado para frustrar el ataque de las moscas», han escrito los autores del estudio. «Observamos y filmamos el comportamiento de las moscas de los caballos cerca de cebras cautivas y de caballos, y descubrimos que las moscas no podían decelerar y aterrizar con éxito cerca de las rayas».

Para poder llegar a estas conclusiones, los investigadores compararon primero el comportamiento de los insectos en el entorno de seis caballos y tres cebras cautivas, mantenidas en una granja del Reino Unido, por medio de observaciones directas y de grabaciones de vídeo. En concreto, se fijaron en el comportamiento de dos especies de tabánidos, Hameotopota pluvialis y Tabanus bromius.

De esta forma, observaron que los dípteros rodeaban y tocaban a cebras y caballos con la misma frecuencia, pero que en realidad se posaban en las cebras con una frecuencia un 75 % menor. Es decir, las rayas de las cebras no impiden que las moscas se acerquen, pero que sí que evitan que se posen y que puedan picarlas.

A continuación, hicieron otra curiosa prueba. ¿Qué pasaría si cubrieran a los caballos con una capa con rayas blancas y negras, al estilo de las cebras? Sus resultados indicaron que las moscas aterrizaban menos en las capas rayadas, pero que lo hacían con la misma frecuencia en la zona que quedaba descubierta: la cabeza.

Un caballo, cubierto con una capa rayada. Al fondo, otro animal cubierto con una capa lisa. Las rayas, y no la capa, dificultan el aterrizaje de los tabánidos
Un caballo, cubierto con una capa rayada. Al fondo, otro animal cubierto con una capa lisa. Las rayas, y no la capa, dificultan el aterrizaje de los tabánidos – T. Caro (2019)

Por otra parte, gracias a los vídeos pudieron seguir las trayectorias de los insectos con sumo detalle. Así observaron que las moscas tenían problemas para calcular las distancia y frenar antes de posarse en las cebras y en las capas rayadas, por lo que acababan rebotando y alejándose.

Además de esto, constataron que las cebras son mucho más activas que los caballos a la hora de responder a los molestos insectos, y que se alejan y mueven la cola muchas más veces. Esto es relevante para ellas en su entorno natural, donde existen muchas más especies de tabánidos y otros insectos capaces de picarlas y de contagiarles enfermedades.

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