PATERSON, O CÓMO UNA PELÍCULA PUEDE SER TAMBIÉN UN POEMA

Un precioso filme, dirigido por Jim Jarmusch, habla sobre la belleza de lo pequeño y lo monótono, la existencia de la poesía en cada detalle de la vida.

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Gentiles, como pequeñas nubes, las palabras de un poema (igualmente pequeño) cruzan la pantalla (con la misma suavidad con la que pasa el tiempo en Paterson, la última película de Jim Jarmusch). Paterson es también el nombre de su protagonista, y el nombre del pueblo de Nueva Jersey en el que éste vive, un abierto homenaje al poemario homónimo de William Carlos Williams (uno de los más grandes poetas del último siglo).

Seleccionada para formar parte de la competencia oficial del Festival de Cannes en el 2016, esta película es un ensayo sobre el arte y el proceso de creación, ambos personificados en su protagonista, el modesto conductor de un autobús, que es también un poeta en secreto y un gran admirador de la obra de Williams (que en la cinta es también originario del pueblo de Paterson). Su historia es simple y es narrada, sin prisa, en siete capítulos, los 7 días de una semana en la vida de este singular personaje. Contrario a lo que podría esperarse, la cotidianidad y monotonía de la vida de este hombre crean un precioso ritmo que, lejos de cansar, hipnotiza, poniendo nuestra atención en los detalles más minúsculos de su apacible vida diaria.

Esta es también una película sobre la inadvertida magia de los rituales. El personaje despierta todos los días a la misma hora (sin la necesidad de un reloj despertador), desayuna el mismo cereal y camina por la mismas calles hasta su trabajo, donde un autobús del transporte público lo espera. Paterson procura llegar unos minutos antes y aprovechar el tiempo para escribir sus poemas (que podemos escuchar mientras son formulados en su mente) en su pequeña libreta secreta. Durante su día de trabajo, escucha con atención las conversaciones de los extraños que suben al autobús (fuentes de inspiración para su capacidad poética) para finalmente caminar de vuelta a casa, cenar con su pareja, Laura (que comparte el nombre con la amada del poeta Petrarca), sacar a su perro a dar un paseo, tomar una cerveza en el bar de su vecindario e ir a casa a dormir, para al día siguiente hacer exactamente lo mismo.

Paterson se niega a tener un teléfono móvil y se horroriza cada vez que Laura intenta convencerlo de publicar lo que ella califica como poesía de gran calidad. Él encuentra un enorme placer en escribir discretamente, y eso es lo único que le importa (una de las varias referencias de la película a Emily Dickinson, otra poeta que jamás quiso publicar su obra). El personaje de Laura, encantadora, impulsiva e inconstante, funciona como un sobrepeso a la milimétrica precisión de cada una de las cosas que suceden en la vida de su amante.

Film/ Paterson
A pesar de ser un filme que está inmerso en consideraciones profundamente filosóficas, Paterson está llena de humor, un elemento que crea un fino balance con la melancolía que inunda tanto al poeta como al mundo que lo rodea. La tensión dramática en esta película es profundamente sutil, pequeña (como los poemas de Paterson); todo es hermosamente pequeño, tanto sus triunfos como sus tragedias, de entre las que sobresale el momento más dramático de la película: cuando el perro de Laura (antítesis y enemigo de Paterson) destruye su cuaderno de poesía, una pérdida épica y dolorosa.Como en todas las películas de Jarmusch (graduado en literatura inglesa y norteamericana), las referencias a libros y escritores abundan como tesoros escondidos, desde el volumen que Paterson lee todos los días mientras come su almuerzo, Lunch Poems de Frank O’Hara, hasta los preciosos poemas que Paterson escribe en la película, piezas que de hecho fueron escritas por Ron Padgett y, evidentemente, por William Carlos Williams.

En esta historia todo es minúsculo, pero no por ello menos trascendental. Esta obra es, entre otras cosas, una guía para encontrar el arte y la belleza en la vida cotidiana y su monotonía, en los momentos rutinarios, en las conversaciones que escuchamos y los rostros que encontramos, en el tiempo que pasamos a solas, en la modestia y en la simpleza. Jim Jarmusch parece concordar con lo que alguna vez planteó Williams: la poesía puede encontrarse en los lugares más inesperados, como en la vida y peripecias de un conductor de autobuses o, incluso, en una película; porque Paterson es un poema no sólo en el sentido metafórico: su estructura dividida en 7 días podría verse también como las siete estrofas de una composición poética en la que cada fragmento es parecido, pero nunca igual (como los días del poeta de Paterson).

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‘Blade Runner’, un hito de la ciencia ficción en siete claves

El esperadísimo estreno de la secuela protagonizada por Ryan Gosling y Harrison Ford sirve para valorar los logros del clásico de Ridley Scott

Cuando ‘Blade Runner’ se estrenó en 1982, a nadie pareció importarle mucho. La crítica no la entendió, y sus cifras de taquilla fueron mediocres. Nadie podía imaginar entonces que hoy, 35 años después, su secuela llegaría a los cines convertida en el acontecimiento cinematográfico más esperado de los últimos años. ¿Cómo se explica que la tercera película de Ridley Scott siga siendo considerada una de las obras más revolucionarias de la historia del cine de la ciencia-ficción? Ahí van siete motivos.

1. Cuestión de estilo 

A nivel visual, ‘Blade Runner’ sigue siendo una de las obras más intrépidas y deslumbrantes de la historia del cine. Su versión de la ciudad de Los Ángeles es un paisaje permanentemente nocturno y hecho de claroscuros, lluvia y reflejos de neón, puro romanticismo ‘noir’. La influencia de la ficción detectivesca de los años 40 se percibe en cada escena, en la atmósfera de derrota y melancolía pero sobre todo en la figura de Deckard, sabueso lacónico al que se le ve a la legua el parentesco con Humphrey Bogart y Robert Mitchum en la piel de Philip Marlowe. Puede que Harrison Ford fuera escogido para encarnarlo gracias al éxito de ‘Star Wars’, pero su interpretación le debe mucho menos al halcón milenario que a ‘El halcón maltés’ (1941).

  

2. La importancia de llamarse Philip K. Dick

A la importancia de ‘Blade Runner’ sin duda ha contribuido el culto que rodea al autor Philip K. Dick y en concreto a la novela que la inspira, ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’. Escrita en pleno apogeo de la guerra de Vietnam y obsesionada por los horrores de la Alemania nazi, sigue siendo una de las reflexiones más preclaras que existen sobre lo que significa ser una criatura pensante y racional y por tanto consciente de la propia mortalidad. ¿Qué es lo que nos define como humanos? ¿Nuestros recuerdos? ¿Nuestros sentimientos? ¿Nuestros cuerpos? ¿Qué somos además de carne? 

A la pervivencia del filme ha contribuido el culto que rodea al autor Philip K. Dick y a su novela 

3. Lo que el ojo no ve

Cada vez que uno ve ‘Blade Runner’ descubre detalles nuevos en la película. A ello sin duda contribuye que actualmente haya siete versiones distintas de la película. Independientemente de la que tengamos delante, eso sí –cada edición tiene sus partidarios, pero quizá la interpretación definitiva sea la conocida como ‘The Final Cut’ (2007)–, buena parte de la magia está en los interrogantes. El más recurrente entre todos ellos, claro, es la posibilidad de que el propio Deckard sea un replicante –Ridley Scott se pronunció al respecto años atrás, pero es mucho más divertido fingir que la pregunta sigue sin respuesta–. Pero hay muchas más cuestiones: ¿Qué abocó al mundo a la distopía? ¿Quiénes son los misteriosos socios de Deckard? ¿Qué significa el unicornio de papel de plata que aparece al final de la película? No queremos saberlo. 

4. Un villano inolvidable

Roy Batty es uno de los antagonistas más complejos de toda la ciencia-ficción, un ángel caído directamente del ‘Paraíso Perdido’ de John Milton que rezuma ambigüedad moral y sexual y cuyas últimas palabras, justo después de salvar la vida de Deckard, son un hito de la cultura popular: «Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». No saber dónde diablos está Tannhäuser o qué son los rayos C no hace sino añadir mística a esta tierna declaración sobre la naturaleza fugaz de nuestras vidas, y la fragilidad de nuestros recuerdos frente al tiempo. 

5. El sonido del futuro

Compuesta por Vangelis, la música de ‘Blade Runner’ forma parte de la banda sonora de nuestras vidas. En lugar de usar instrumentos tradicionales, el compositor griego se sirvió esencialmente de los sintetizadores Yamaha CS-80 y Roland VP-330. La densidad atmosférica y la radicalidad melódica que obtuvo de ellos se ajusta a la perfección al paisaje ultratecnológico y artificialmente iluminado que la película captura.

6. Una sombra alargada 

El estilo visual de ‘Blade Runner’, sus fundamentos filosóficos y su tono sombrío han influenciado enormemente los últimos 30 años de literatura, ‘anime’ y música y, sobre todo, de cine de género. De entrada, la película impulsó una avalancha de adaptaciones a la gran pantalla de relatos de Philip K. Dick como ‘Desafío total’ (1990), ‘Paycheck’ (2003), ‘Minority Report’ (2002); y es obvia inspiración de títulos como ‘Her’ (2013) o ‘Ex Machina’ (2014), historias de hombres de carne y hueso que se enamoran de féminas creadas artificialmente; o como ‘Nunca me abandones’ (2010), fábula sobre clones humanos criados como donantes de órganos que luchan por unos cuantos años más de vida. Pero eso no es todo: la huella de ‘Blade Runner’ se detecta en ‘Doce monos’ (1995), ‘La ciudad de los niños perdidos’ (1995), ‘El quinto elemento’ (1997), ‘Dark City’ (1998), la trilogía ‘Matrix’, ‘El elemento del crimen’ (1984)… Haría falta varios artículos como este para completar la lista. 

Compuesta por Vangelis, la música de la película forma parte de la banda sonora de nuestras vidas 

7. Una ventana al mundo de nuestros días

A medida que nos acercamos al 2019, año en el que ‘Blade Runner’ transcurre, queda cada vez más clara su condición de obra profética. Cierto que los coches aún no vuelan, y que si alguien ha creado robots indistinguibles de nosotros los mantiene a buen recaudo. Pero la robótica está ocupando cada vez más sectores de empleo, y los avances en la investigación con células madre, la modificación genética y secuenciación del genoma humano dejan claro que pronto seremos capaces de crear vida en laboratorios. Como la película anticipó, asimismo, quienes actualmente manejan el poder no son los gobiernos sin las grandes corporaciones económicas, y vivimos sometidos al constante bombardeo de anuncios publicitarios. Y también es inevitable acordarse de los replicantes al pensar en todos aquellos que hoy sufren condiciones laborales cercanas al esclavismo, tratados menos como seres humanos que como mera mercancía. 

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El diario dibujado de Ana Frank

Ari Folman y David Polonsky, autores de la premiada película de animación ‘Vals con Bashir’, trasladan al formato gráfico uno de los grandes textos sobre el periodo nazi

Una viñeta de la novela gráfica 'El diario de Ana Frank', de Ari Folman y David Polonsky.
Una viñeta de la novela gráfica ‘El diario de Ana Frank’, de Ari Folman y David Polonsky.

 

La protagonista, dibujada, parece más verdadera que la de las viejas fotos en blanco y negro. Por momentos parece de carne y hueso, parece que la conozcamos desde siempre, una vecina o una familiar. El cineasta y guionista Ari Folmany el ilustrador David Polonsky han conseguido, en su adaptación gráfica de El diario de Ana Frank, traducir en el formato de la novela gráfica un texto que es un clásico de la literatura contemporánea y un documento histórico sobre la persecución de los judíos en Europa.

Los israelíes Folman y Polonsky, autores también del documental gráfico Vals con Bashir, recuperan con trazo claro y estilo directo la historia extraordinaria y a la vez costumbrista de ocho judíos escondidos en un piso secreto en el Ámsterdam bajo la ocupación nazi.

No hay sangre en el diario original de Ana Frank, publicado en 1947, ni en el diario gráfico, que el 19 de octubre publicará en castellano por Debolsillo. No aparecen trenes cargados de deportados ni cámaras de gas. Es casi minimalista. Ana Frank cuenta el Holocausto sin contarlo. La parte más ominosa —la detención y los siete meses de peregrinación por campos de concentración exterminio y muerte de la adolescente— no aparece en el texto original —Ana Frank dejó de escribir el diario antes de ser descubierta— y en el diario gráfico es un breve epílogo escrito por los autores.

La Ana Frank de Folman y Polonsky es real, es cotidiana. En sus dibujos se hace presente.

Una viñeta de la novela gráfica 'El diario de Ana Frank', de Ari Folman y David Polonsky.
Una viñeta de la novela gráfica ‘El diario de Ana Frank’, de Ari Folman y David Polonsky.
 

“Es una historia de cada día: qué significa estar escondido durante dos años”, dijo hace unos días Folman a EL PAÍS en París. Junto a él se sentaba Polonsky. “Y esperamos de verdad que los lectores puedan conectarlo con nuestro tiempos. Aunque soy un poco escéptico”.

“Esto ocurrió hace 75 años. Y sigue ocurriendo”, prosigue Folman. “En las zonas de guerra. En Oriente Próximo. En Sudán del Sur. En Burundi. [El diario de Ana Frank] parece historia antigua. Pero sigue ocurriendo”.

Uno de los efectos de la lectura del nuevo Diario de Ana Frank es desmitificar el icono, acercarlo a lectores jóvenes que pueden sentirse intimidados por una obra que es canónica y de lectura obligatoria en muchas escuelas, o a lectores que desconocen la historia de Frank y la Historia del Holocausto.

Los propios autores explican que leyeron el libro de adolescentes, y que no captó su interés. “Lo leímos en la escuela. Cuando tienes 14 años no entiendes su potencial”, recuerda Folman. “Lo volví a leer cuando la Fundación Anne Frank me contactó [para ofrecerle encargarse de la novela gráfica], y me chocó la calidad del libro. Solo de adulto entendí que era una obra maestra”.

“Es una gran escritora. Esto es lo que me chocó cuando la leí de adulto”, asiente Polonsky.

Trasladar las 330 páginas de las que consta en diario en formato libro a las 148 ilustradas y con poca letra de la novela gráfica obligó a los autores a “pensar de manera cinemática“, dice Folman.

Y AHORA, LA PELÍCULA

Ari Folman y David Polonsky, coautores del ‘diario gráfico’ de Ana Frank, preparan una película animada. Debe estar lista en un par de años. A diferencia del cómic, la película estará situada en un 60% en nuestra época, adelanta Folman. La narradora de la película es Kitty, la amiga imaginaria a la que Ana Frank escribe en su diario. Kitty lee el diario y descubre así a los espectadores lo que le ocurrió a Ana. “La película”, dice el guionista, “es la búsqueda de Kitty para demostrar que Ana está viva. Porque ella cree que si ella está viva, Ana Frank, que la inventó, también está viva”. Se trata de Ana Frank (Frankfurt, 1929-Bergen-Belsen, 1945), la autora del diario íntimo que se convirtió en un clásico tras descubrirse al final de la Segunda Guerra Mundial, a un público actual y joven. En la película, al contrario que en la novela gráfica, aparecerán los últimos siete meses de Ana Frank, el periplo trágico por los campos de concentración y su muerte final, a los 15 años.

 

Folman y Polonsky se prohibieron traducir al lenguaje del cómic la primera persona del texto original. Es decir, no intentaron imaginar cómo Ana Frank hubiera ilustrado su diario. Trasladar palabra por palabra todo el diario hubiese dado una novela gráfica de 3.500 páginas y unos diez años de trabajo. Tuvieron que seleccionar, sintetizar, narrar con dibujos, y a veces imaginar. Por ejemplo, la treintena de páginas dedicadas a la relación entre Ana y su hermana, Margot, se resumen en una sola en la que una serie de retratos yuxtapuestos de ambas, sin texto, muestran las diferencias abismales de carácter entre ambas.

Otra peculiaridad del diario gráfico de Folman y Polonsky es que conserva en algunas páginas fragmentos enteros del diario. “Eran [fragmentos] extraordinarios, no había manera de tocarlos. Debían mantenerse intactos como pura literatura. Y creo que, cuando haces lo que hicimos, debes recordarle al lector: ‘Eh, este es el original, debes leerlo'”, explica Folman.

Polonsky creció en la Unión Soviética, donde no había oído hablar de Ana Frank. Folman, hijo de supervivientes del Holocausto, creció en Israel. Sus padres llegaron a las puertas de Auschwitz el mismo día que la familia Frank.

“Cuando hablamos del Holocausto, hablamos de símbolos”, explica. “El holocausto era monocromo, blanco y negro, la fotografía del niño en el gueto de Varsovia, la hambruna, las ejecuciones, la tuberculosis. Y, para las personas que estuvieron allí, trataba de todo esto, pero también de hacerse adulto, de mi primera novia y de mi primer beso: de la vida”.

Y así era Ana Frank, como escribe el novelista francés Eric-Emmanuel Schmitt en una edición reciente del diario, alguien que “cultiva la alegría más que la tristeza, aquella alegría que Spinoza [otro judío de Ámsterdam] definía como ‘el paso hacia una perfección más grande’. “No puedo evitar pensar que Ana Frank, escandalosamente aplastada por la Historia, tuvo éxito en lo que dependía de ella: su vida”.

Una viñeta de la novela gráfica 'El diario de Ana Frank', de Ari Folman y David Polonsky.
Una viñeta de la novela gráfica ‘El diario de Ana Frank’, de Ari Folman y David Polonsky.

MARC BASSETS

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Algún día los toros serán historia. Llegará

Dos siglos no nos han curado del todo del salvajismo que supone disfrutar de una fiesta que implica la muerte de un animal por entregas

Una corrida de toros en Málaga. Fragmento del documental Tauromaquia. JORGE ZAPATA (EFE) / VIDEO: PACMA
Hace dos siglos, los caballos eran destripados en plena faena, luego cosidos en la plaza para que siguieran adelante y estiraran su vida útil frente a los cuernos de toros que les intentaban matar y que también iban a morir. Lo narra Robert Hughes en su espléndido Goya, que dedica varias páginas a la lucha contra la fiesta taurina como parte del afán modernizador que los ilustrados intentaron —sin éxito— en España.

Algo hemos evolucionado, pues: los caballos ya no mueren destripados. Los protaurinos se escandalizan de las críticas y limitaciones que van adoptándose, pero saben o deberían saber que los Borbones e ilustrados como Jovellanos, en su afrancesamiento e impulso de cierta modernidad, fueron antecesores de Pacma y de otros movimientos antitaurinos. Carlos III, un rey que no negaremos que trajo algunas cosas buenas, intentó prohibir los toros en 1771. Carlos IV también. En un acto de populista descarado, José I Bonaparte, sin embargo, celebró su coronación con unas buenas corridas. Pan y circo era una fórmula que funcionaba bien desde los romanos y la Ilustración no pudo con ello.

Dos siglos no nos han curado del todo del salvajismo, atraso o extravagancia que —para algunos, de opinión tan respetable como la de otros— supone disfrutar de una fiesta que implica la muerte de un animal por entregas. Pero al menos nos han permitido avanzar en sus límites.

Ayer, además del esperpento del Parlament catalán, ocurrieron otras cosas en España. Y una fue el estreno del documental Tauromaquia de Jaime Alekos, presentado por Pacma. Su cámara registra imágenes reales de las corridas desde el punto de vista del toro, su terror, su temblor, sus heces y todos los síntomas de humillación del torturado. Sin épica ni bravura alguna, solo provoca compasión. Buñuel captó en Las Hurdes, tierra sin pan (1933) cómo los novios de la zona tenían que competir por arrancar la cabeza a las gallinas colgadas de una cuerda si querían demostrar su hombría. Si fallaban, volvían a intentarlo hasta quedar con el cráneo en la mano. Era el preámbulo en La Alberca del viaje que le iba a llevar a contar otros atrasos como el bocio extendido, la multiplicación de “enanos y cretinos” debida al incesto y el hambre en esa región extremeña donde el mendrugo de pan, si había, se mojaba en los charcos de un regato sucio y casi agotado.

España va avanzando poco a poco en muchos temas. Desde luego en el tratamiento del agua, en el hambre y el bocio, incluso en el maltrato animal. Los descabezamientos de gallinas y patos o la cabra arrojada desde una torre aparentemente ya son historia; el toreo se ha prohibido en algunas plazas, aunque el tema sigue en los tribunales; y este verano Baleares prohibió la muerte del animal, como Portugal. Las tripas de los caballos ya no se recosen en las plazas.

El avance es paulatino. Tal vez falten décadas para que nuestros nietos se horroricen de cómo era la España de Tauromaquia, como nos horrorizamos hoy de la de Goya o Buñuel. Pero llegará.

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Arqueología del porno: tus antepasados eran aún más guarros que tú

Inma Saranova

Le Coucher de la Mariée es considerada como la primera película erótica de la Historia, una obra francesa dirigida por Albert Kirchner en 1896 que vio la luz tan solo un año después de la invención del cine a cargo de los hermanos Lumière. A los humanos no nos gusta perder el tiempo. Pero, no nos confundamos, la pornografía no es un invento tan reciente. Diferentes hallazgos arqueológicos demuestran que nuestros ancestros eran igual o más sucios que el historial de búsqueda de las ventanas de incógnito: desde mitos sexuales arcaicos hasta lámparas con forma de chorra.

Como decían Las Bistec: “Griegos, Romanos, son todos humanos”. ¡Y tanto! De hecho, el periodo grecorromano se caracterizó por una representación erótica explosiva a la vista de todos en la decoración de los objetos de uso cotidianos y hasta en las paredes de casa. Solo hace falta darse un paseo por las ruinas de Pompeya, destruida por la erupción del Vesubio en el año 79 después de Cristo, para hacerse una idea. Allí, con la excusa de invocar la fertilidad y proteger las cosechas, tenías vía libre para pintar al dios menor Príapo de esta guisa al lado de la puerta del recibidor.

Priapo pesándose el miembro en el quicio de la puerta de la casa de los Vettii en Pompeya

Precisamente en Pompeya se han encontrado un montón de objetos “obscenos” que ahora se pueden ver en el “Gabinete Secreto” del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, cuyo simbolismo fálico muestra su importancia en la religión y en la superstición.

En Pompeya las tenían de piedra

La colección del “Gabinete Secreto” a penas se ha exhibido en los último doscientos años con el objetivo de esconder las impúdicas 250 obras que lo componen y entre las que podemos ver penes en vasos, pililas en ánforas, pitos en lámparas, y nabos no vegetales como adornos de jardín; además de un montón de pinturas y relieves que representan explícitamente a personas teniendo sexo entre ellas o con lo primero que pillaran, como animales o seres mitológicos.

Un Fauno a punto de inventar la canción de “La Cabra, la cabra…”

Y si hay alguien que se lo montaba hasta con las piedras, ese era  Júpiter-Zeus, que aparece representado tanto con su morfología humana como en forma de animal en decenas situaciones y acompañado de ninfas y sátiros, efebos y hermafroditas dándole duro.

Europa encantada de que Zeus le haga un minotaurito

Pero las escenas calentorras no se limitaban al gran follarín del Olimpo sino también a la gente común echando el casquete de los sábados en escenas eróticas cotidianas.

Una pareja metida en faena en un fresco de la Casa del Centenario de Pompeya

Ya en el mundo griego los ritos orgiásticos formaban parte de cultos invocadores de la fertilidad relacionados con el culto a Ishtar en la antigua Mesopotamia o a Hator en Egipto, y la homosexualidad y el sexo lascivo reflejaban sin ningún tipo de remilgo una forma de entender la jodienda desligada del aspecto reproductivo.

Dionisio y sus colegas de buen rollo. Universidad de Würzburg Museo Martin von Wagner.

Está claro que los griegos siempre han sido unos avanzados a su tiempo y además de dar al mundo la democracia y el yogur idem, también innovaron con sus grandes festivales religiosos que, por un lado celebraban la unidad del estado, y por otro relajaban la frustración colectiva a través de la bebida, el baile y, por supuesto, el sexo en honor al dios del vino y de las orgías Dionisio, conocido en Roma como Baco.

 

“Copa Warren” y tan Warren. Museo Kerameikos, Atenas.

Y aunque el falo era el símbolo sexual por excelencia, a partir del siglo IV a. C el nudismo femenino comenzó a desarrollarse con las representaciones de Afroditacomo demuestra la escultura ejecutada por Praxíteles que podemos ver, OMG, en los Museos Vaticanos.

Afrodita haciendo como se le cae la toalla

Pero, tal vez hablar de pornografía en el mundo clásico no sea lo más acertado porque, según apuntan los expertos, la mayoría de las imágenes sexuales no tenían un significado obsceno si no que representaban de forma natural las escenas sexuales de las que sus practicantes estaban orgullosos, un sexo abierto que formaba parte de la vida y que contrasta la oscuridad que comenzó con el inicio de la Edad Media.

Ya sabemos de donde se sacaron Romina y Al Bano lo de “Felicita”

En Occidente son muy raros los ejemplos de imágenes sexuales desenfrenadas antes del mundo clásico. Aunque algún ejemplo sí que podemos encontrar, como la gran figura fálica de Cerne Abbas, el dios celta Cernunnos, grabada y pintada en una colina sobre la cual parece que se llevaban a cabo ritos orgiásticos.

Cernnunos y sus dos garrotes

Mientras tanto, en el Oriente Próximo, parece que sí que les iba la marcha y representaron antes que en Grecia y Roma las destrezas del arte amatorio en tablillas de arcilla, como las mesopotámicas datadas nada más y nada menos que dos mil años antes de Cristo. Aquí la gran protagonista del follisqueo era Ishtar, la peligrosa  diosa del amor y protectora de las prostitutas en cuyo honor se representaron todo tipo de actividades sexuales.

Isthar, sus garras y sus pechotes

Y es que los babilonios tenían una visión cultural positiva del sexo, hecho que queda demostrado además en la literatura, tanto sumeria como babilónica, y en sus abundantes relatos  eróticos como  ‘La Epopeya de Gilgamesh‘ que alaba el sexo como uno de los placeres carnales que los hombres (las mujeres ya tal) deben disfrutar durante su breve vida.

Mira a ver, que parece que se te ha caído un euro.

Y de Mesopotamia nos vamos ahora a Egipto, y a sus ritos fálicos destinados a Isis y Osiris y a Hator, la diosa de los placeres corporales, de la alegría, de la risa y del éxtasis. Y aquí empieza la telenovela: parece que Hator se casó con Horus, quien a su vez fue concebido a través de Isis como hijo póstumo de Osiris mediante una mágica inseminación, motivo por el cual se representa al cadáver de Osiris con la tienda de campaña incorporada.

Osiris apuntando.

Pero, sin duda, el que se lleva la palma en Egipto es  el dios Ra que, atención, tomó a su puño por esposa. Vamos, que se la peló como un orangután. De la eyaculación de semejante manubrio nacieron Shu (el aire) y Tefnut (la humedad) quienes, a su vez, tuvieron 2 querubines: Geb (la Tierra) y Nut (el cielo). Pues bien, se conoce que Nut estaba tan obsesionada sexualmente con Geb  que finalmente Shu  se puso en medio con el objetivo de separarlos para los restos y Nut se quedó for ever alone.

El Papiro de Turín y sus doce posturas sexys

Por cierto que son los egipcios los que tienen el honor de registrar la que se considera como la primera “revista porno” de la Historia, ‘El papiro de Turín’, descubierto en 1824 en la ciudad de Deir-el Medina que incluye doce estampas de carácter obsceno y es más antiguo que el Kama Sutra. Y ya que nos ponemos, sepan ustedes que el Kama Sutra es un texto hindú  escrito en sánscrito en el periodo Gupta que se desarrolló entre el 240 y el 550 d. C.

Seriedad, ante todo.

Y aprovechando este salto en el tiempo volvamos ahora a la antigua Roma,  donde abundan las alusiones a las lumis, que por lo general eran esclavas tal y como demuestra la Casa del Centenario de Pompeya y el Lupanar (vamos, el puticlub) cuyas pinturas en estuco ilustran diferentes escenas de coito.

Cuando tres no es multitud.

En cualquier caso, a los romanos también les gustaba más el falo que a un tonto un lápiz, de forma que hasta crearon Titinnabulaes, campanas con forma de pene que sonaban para preservar del mal y representaron mingas en forma de bestiacon patas, pene erecto y cola en forma de, adivinad, sí señor: polla.

Pollas con polla

Desafortunadamente con la caída del imperio Romano cayeron también las representaciones guarrindongas al llegar la Edad Media, y para la llegada del porno entendido como lo conocemos hoy en día hubo que esperar hasta la era victoriana, a los primeros daguerrotipos y fotos. El resto, es Historia, o limpieza de historial, según se mire.


Con información de Elsevier, Luz cultural y Nueva Tribuna.

 

http://blogs.publico.es/strambotic/

El Pistolero negro del Mundo Medio

La adaptación al cine de La torre oscura de Stephen King, cine fantástico y de terror para público joven, se estrena cuando todavía se escuchan críticas racistas por la elección de Idris Elba para el papel principal y en medio de la indecente respuesta de Trump a los sucesos de Charlottesville.

 La torre oscura
 BEGOÑA PIÑA

Idris Elba contra Matthew McConaughey, el bien contra el mal, aparecen ahora como una nueva embestida del maestro del terror actual –una de las voces de la cultura más críticas con el nuevo presidente- contra Donald Trump y el mundo que representa. Entretenimiento de fantasía y ‘terror para adolescentes’,  la película que ha dirigido Nicolaj Arcel, se ha estrenado en medio de las exhibiciones racistas y los asesinatos de Charlottesville. Y, a la vista del poder que ejercen los modelos representados en el cine norteamericano, no debe haber gustado mucho a los supremacistas blancos.

Un héroe, Roland Deschain, último de los Pistoleros del Mundo Medio, busca la Torre Oscura en la que convergen todos los universos. En su viaje conocerá a Jake, un chico de Nueva York y de otro mundo paralelo que tiene visiones sobre la tierra de Deschain. Un depravado villano, el Hombre de Negro, quiere destruir la torre y abrir la puerta a la oscuridad eterna. Hay quienes han deformado este cuento fantástico, airados por el color de piel del actor porque en la novela el personaje es “supuestamente blanco”.

Una película para público joven

La adaptación tampoco ha seducido a la crítica que, en algunos casos, ha llegado a ser despiadada con la película. “Desastrosa”, “mediocre”, “un trabajo excepcionalmente soso” son solo algunas de las lindezas que han dedicado al filme. Un poco exageradas. La torre oscura, cine para público joven, no tiene, es verdad, un ritmo trepidante y, sí, a veces se lo toma con calma, pero cumple.

Un filme que entretiene  y dirigido para un público joven

La película es digna en la presentación de personajes y el desarrollo del relato, la ambientación convence y, más o menos, revela algunos ejes del universo de Stephen King. Mundos paralelos, monstruos, adolescentes inteligentes… y el eterno conflicto entre el bien y el mal. Idris Elba es un buen ‘Pistolero’ y Matthew McConaughey se contiene para no llevar a la caricatura un personaje que es pura y exclusiva maldad. El joven actor Tom Taylor, en el papel de Jake, encaja estupendamente.

Lo que no tiene La torre oscura es el alma de la extraordinaria saga creada por Stephen King, que él mismo considera su obra magna. Diferentes miradas sobre el mundo, sin duda. Los seguidores de la obra de Stephen King verán la película muy insuficiente, los entusiastas de Tolkien (una de las referencias del escritor) la despreciarán, pero los recién llegados, probablemente, se entretendrán. Tampoco, mucho más. Aunque, objetivamente, el resultado final es digno y el universo que propone ha nacido, finalmente, del maestro de estos géneros.

Stephen King: “El color del pistolero no importa”

Fantasía, terror y western reunidos en una aventura cinematográfica que ha costado muchos años levantar, para la que se han barajado demasiados nombres y que finalmente con la producción de Ron Howard ha salido adelante. El propio Stephen King, que figura entre los productores del filme, la ha defendido a capa y espada, aunque ya advirtió en una entrevista con Coming Soon que “a los puristas tal vez no les guste”. “Es una gran producción que no tiene un puñado de cómics detrás. Da un poco de miedo, pero estoy contento con lo que tenemos”, añadió poco después en declaraciones a la revista Empire.

La película solo tiene un aprobado, pero que moleste a Donald Trump le da puntos

En cuanto a la elección de Idris Elba para el papel principal, el escritor lo dejó muy claro en su cuenta de Twitter: “Para mí el color del pistolero no importa. Lo que me preocupa es cómo de rápido puede desenfundar”. Y este negro maneja las pistolas a la velocidad del rayo, llenando el cargador de balas calibre 45 con una habilidad sorprendente y no se arredra ante el poderoso Hombre de Negro.

La combinación Stephen King, Idris Elba y superproducción americana, que se puso la primera en la taquilla de EEUU el fin de semana de su estreno, no es una obra cinematográfica excepcional, pasa solo con aprobado, pero seguro que es un guijarro más en el zapato de Trump y eso le da puntos.

“Fuentes confiables revelan que Donald Trump es en realidad Cthulhu. El peinado absurdo no es absurdo en absoluto. Oculta los tentáculos”, escribió el año pasado Stephen King en sus redes sociales. Cthulhu, uno de los oscuros malvados del universo de H. P. Lovecraft, se manifiesta estos días por boca de Trump cuando, refiriéndose a los nazis de Charlottesville y a los manifestantes de izquierda y vitoreado por los líderes del Ku Klux Klan, zanja el asunto diciendo que “hubo un grupo de un lado que fue malo y hubo un grupo del otro lado que también fue muy violento”. Y Stephen King, tenaz en su lucha contra el mal, ha contestado: “Trump debe ser eliminado. Republicanos, levantaos contra ese hombre obsceno”.

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Digamos Jerry Legüis

Digamos Jerry Legüis
ROSA BELMONTE

Se ha ido otro de los cinco superhéroes de Nueva Jersey. Los otros son Sinatra, Tony Soprano, Springsteen y el Vengador Tóxico. Jerry Lewis (legüis en España) ha muerto un día después de que se cumplieran 40 años de la desaparición de Groucho. El actor del «El profesor chiflado» (origen de Steve Urkel) tiene la misma categoría de genio. Como cómico, como escritor, como director, como revolucionario del cine. Sólo hay que ver esa deslumbrante escena del mujerío levantándose en «El terror de las chicas» (1961). Si la hubiera hecho Jacques Tati se recordaría más que el camino sinuoso de «Mi tío».

Habrá mucha gente joven que no sepa quién es Jerry Lewis. No han tenido la suerte de crecer viendo cine clásico en la televisión. Viendo «Artistas y modelos», «Un fresco en apuros», «Loco por Anita»… Aunque su película favorita con Dean Martin era «El cantante loco»’. A Lewis le ofrecieron el papel de Jerry/Daphne en «Con faldas y a la loco»’ que fue a parar a Jack Lemmon. Lo rechazó porque no quería vestirse de mujer. Cuando vio el resultado dijo que Lemmon debería mandarle bombones todos los años. Lamentaba no haber hecho el personaje.

Aunque sostenía que no hay hueco entre la comedia y la tragedia, también lamentó siempre haber hecho «El día que el payaso lloró» (1972), pero donó la única copia a la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. con la condición de exhibirla en diez años. El payaso de la película conduce a los niños judíos a las cámaras de gas de Auschwitz. El cómico Harry Shearer la vio y describió como «perfecta en su monstruosidad». Tan equivocada que sería imposible mejorarla. En 2025 podremos disfrutar la película maldita de Jerry Lewis. Y, como dice Fausto Fernández, pondrá en su sitio al insufrible Roberto Benigni.

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¿Serías capaz de comer un filete de carne después de ver la animalista ‘Okja’ de Netflix?

¿Serías capaz de comer un filete de carne después de ver la animalista 'Okja' de Netflix?

Recibí el encargo de ver ‘Okja’, la producción cinematográfica de Netflix que revolucionó el pasado Festival de Cannes, con idea de sacar alguna reflexión sobre el veganismo, la manipulación genética, lo que comemos y lo que sentimos al respecto.

Van 15 minutos de fotografía impecable, dos frases de diálogo, excelente banda sonora, ritmo lento… En fin. La poesía habitual del gran director surcoreano Bong Joon-ho, autor de títulos como Snowpiercer y The Host.

En ese tiempo me han entrado cinco emails y siete recordatorios de tareas… y la película sigue con una especie de cerdo-hipopótamo-manatí-Fújur de tamaño elefante que retoza por el campo con una niña que casi se despeña.

Aguantad esos 15 minutos. Lo que viene después es fascinante por histriónico, conmovedor, casi caricaturesco y sugiere la pregunta absoluta: “¿Serías capaz de comer un filete de carne después de ver la animalista ‘Okja’ de Netflix? Intentaremos evitar los spoilers.

La polémica de ‘Okja’

Para situarnos rápido: la polémica que saltó en mayo entre la exquisita sociedad cinematográfica francesa del Festival de Cannes con motivo del prestreno de ‘Okja’ no se debía al capitalismo salvaje, la manipulación genética o el maltrato animal (metáforas de la película). Qué va.

Lo que les parecía realmente indignantees que compitiese por la Palma de Oro una película que no se proyectaría en la gran pantalla, sino solo en la plataforma de streaming.

Por ese motivo, la proyección en Cannes fue recibida con reticencias. Después, el público estuvo, de reloj, cuatro minutos aplaudiendo en pie. Cosas de la alfombra roja y los reglamentos de la industria.

Al mito de ‘Okja’ se ha sumado la limitación de su exhibición en Francia, el boicot de salas de proyecciones surcoreanas, ampollas en la industria cárnica y muchos nuevos vegetarianos y veganos. De nuevo Bong Joon-ho había conseguido su objetivo: sacudir la mente y hasta el estómago del espectador.

Las claves de ‘Okja’

La genialidad del director ha sido asegurar -en una entrevista con The New York Times– que no pretendía que la gente dejase de comer carne. Solo quería hacer una “película hermosa”.

Parece casi accidental que el argumento trate de una corporación alimentaria que ha experimentado genéticamente y obtenido unos “supercerdos” gigantes. Durante 10 años son criados en libertad por granjeros ecológicos en ubicaciones idílicas. Se supone que después servirán para acabar con el hambre en el mundo. Ya.

Entre esos granjeros, la pequeña surcoreana Mija (An Seo Hyun) se encariña de su cerda ‘Okja’ y trata de rescatarla cuando la multinacional se la lleva “para ganar un concurso”. Eufemismo al poder.

Aquí entra en acción el Frente de Liberación Animal, como animalistas bienintencionados que intentan (o eso parece) ayudar a la niña a rescatar a su amiga.

Son un desastre casi poético y la interpretación de Paul Dano, Lily Collins y Steven Yeun llega a sorprender para la caricatura vegana que les ha caído en esta película.

Siendo sinceros, no queda muy clara la postura del director sobre este movimiento libertario. Contradicciones morales y situaciones cómicas que rozan el absurdo dejan esa duda en el aire.

Ironías del guión: “Quiero dejar una huella medioambiental tan escasa en el planeta que no puedo permitirme ni comer tomates”. Olé ahí. Un movimiento todo paz y amor hasta que descubren una traición entre sus activistas y le hacen una cara nueva.

El mensaje animalista y vegano

Como toda película con carga social, en ‘Okja’ no podían faltar los villanos que rozan la psicopatía y que interpretan de forma magistral Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal y Giancarlo Esposito. Y aquí empieza el retrato de nuestra sociedad distópica llevada al extremo.

Si en la primera hora y media de película uno piensa que quiere darse un chapuzón con el animal gigante, entiende que una menor de edad llegue sola desde las remotas montañas a Seúl sin despeinarse, sobreviva a persecuciones dig nas de un agente secreto y acuda al festival de los supercerdos en la otra punta del mundo…

La siguiente media hora es para sentarse a contemplar el delirio cinematográfico a medio camino entre lo irreal y lo hiperrealista.

Okja Fin

No vamos a spoilear sobre determinadas escenas que quien vea la película identificará enseguida.

Es tan exagerado, tan histriónico… un guión final a ratos tan naif y a ratos tan malvadamente obvio (“Hacemos neogocios: solomillos para los restaurantes sofisticados. Todo se come menos los chillidos”) que casi decepciona.

Esto no es Disney. Y no es que no queramos que en esta aventura salven a la supercerda surcoreana, pero si lo consiguieran… ¿qué pasaría con los demás ejemplares del matadero?

Ningún movimiento de liberación real se conformaría con salvar solo a uno de ellos. Y hasta aquí podemos contar.

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LA PELÍCULA DE “A WRINKLE IN TIME” SE PERFILA PARA SER UN NUEVO CLÁSICO DEL CINE DE FANTASÍA (VIDEO)

EL TRÁILER DE LA NUEVA VERSIÓN CINEMATOGRÁFICA DE LA NOVELA ‘A WRINKLE IN TIME’ (‘UNA ARRUGA EN EL TIEMPO’) EMOCIONA BASTANTE
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Uno de los grandes clásicos de fantasía de los últimos cincuenta años, A Wrinkle in Time (Una arruga en el tiempo) de Madeleine L’Engle, será estrenado en su versión cinematográfica en marzo del 2018. Las primeras imágenes de la película dirigida por Ava DuVernay y producida por Disney muestran que se trata de algo bastante especial; a juzgar por la gran escala de la producción, la variedad del elenco, la riqueza visual y la calidad de la trama posiblemente estamos ante una de las grandes películas de fantasía de los últimos años (todo eso podemos prever con menos de 2 minutos de tráiler).

La novela de L’Engle es una épica batalla cósmica entre las fuerzas de la luz y la oscuridad, con cierta inspiración religiosa a la manera de las novelas de C. S. Lewis. La autora escribió el texto después de leer algunas teorías de física cuántica y la relatividad de Einstein y uno de los temas son los viajes de un lugar a otro utilizando la geometría del espacio-tiempo, como si se usaran agujeros de gusano (aunque en este caso son los llamados “teseractos”). Otro tema importante de la novela es la diferencia entre el tiempo cronológico y cuantitativo (Cronos, el tiempo del reloj) y el tiempo cualitativo (Kairos, el tiempo real en un sentido espiritual). Cronos y Kairos son dos palabras griegas para referirse al tiempo, una meramente mecánica y una dotada de una cualidad estética o espiritual, de vivir en el momento, en toda su amplitud.

El variado elenco de esta película cuenta con Storm Reid, Oprah Winfrey, Reese Witherspoon, Mindy Kaling, Chris Pine, Gugu Mbatha-Raw, Rowan Blanchard y Zach Galifianakis.

 

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