Virgilio

‘Mula’, de Clint Eastwood, pese a estar inspirada en el rechazo al latino de la sociedad estadounidense actual, no le gustará ni a Trump, porque cuenta la historia de un perdedor

Clint Eastwood, en una imagen de
Clint Eastwood, en una imagen de ‘The Mule’. WARNER BROS.

 

Hace tiempo que Clint Eastwood realiza excelentes películas, algunas son obras maestras indiscutibles. Vi Mula en un cine de Iowa City, en el Medio Oeste estadounidense. El cine estaba vacío. Estábamos solo dos personas: la poeta Ana Merino y yo. Podíamos comentar la película en voz alta. Los cines de Iowa son magníficos: la butaca se balancea, es de cuero, es enorme. Cuesta la entrada seis dólares, al ser jueves. Afuera había cuatro grados bajo cero. Vi a Clint en la pantalla y lo primero que dije fue “está guapísimo”. Y Merino dijo “es un viejito encantador”.

Mula cuenta una historia que hunde sus raíces en la desmoralización y empobrecimiento de la clase media americana. Eastwood siempre narra la historia de su país, eso es lo que más me gusta. Un hombre blanco octogenario, envejecido, empobrecido, con una familia disfuncional (cuya disfuncionalidad es obra suya) decide dar un paso hacia el abismo y se convierte en un narcotraficante bondadoso. Es un viejo seductor y cordial que de repente tiene que lidiar con gente sin conciencia, salida del infierno. Y esos seres malignos son mexicanos. Son los latinos.

Para que lo veamos con claridad hasta el propio Clint dice un par de palabras en español en la película. Los latinos tienen la piel ennegrecida y Eastwood blanca como la nieve. Yo estudié seis años de latín: tres en el bachillerato, tres en la universidad. Me quedé pensando en la palabra “latino” conforme íbamos viendo Mula. Pensé en Virgilio. En Horacio. En Cicerón. El derecho romano, que fundamentó la civilización occidental, se escribió en latín. ¿Los latinos abyectos y asesinos que salen en la última película de Eastwood tienen algo que ver con Virgilio? Es una buena pregunta, porque la lengua en la que escribió Virgilio se llama latín y ellos se llaman latinos. Tienen en su identidad la misma palabra.

El mulero blanco y octogenario se gasta el dinero que obtiene de los narcos latinos en la educación y en la boda de su anglosajona nieta. Eastwood cumplirá 89 años en mayo. En esta película, como en todas las suyas, el protagonista acaba siendo el propio Eastwood. Me parece que Mula, pese a estar inspirada en el rechazo al latino de la sociedad estadounidense actual, no le gustará ni a Donald Trump, porque cuenta la historia de un perdedor. A quien le hubiera gustado mucho el final es al mismísimo Virgilio. Porque el final de Mula es pura poesía bucólica, domina un regreso al mundo de las flores, de la vida sencilla, de la reconciliación humilde con la naturaleza.

Todo lo que inventaron Virgilio y Horacio, que eran latinos, inspira el final y la lección moral de Mula. Espero que alguien se lo cuente algún día a Eastwood, y que sea pronto. Nadie es eterno. Al salir del cine, estaba nevando en Iowa. Blanca era la nieve.

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Todo lo que sabemos de la adaptación de Dune de Denis Villeneuve

Todo lo que sabemos de la adaptación de Dune de Denis Villeneuve

El director detrás de la secuela de Blade Runner, vuelve a incursionar en el mundo de la ciencia ficción. Esta vez, el clásico de Frank Helbert vuelve a la pantalla grande.

El cineasta canadiense Denis Villeneuve, actualmente está en la pre-producción del filme basado en el texto de 1965. Su paso por este género, que atrae a cientos de personas por el mundo, ha sido bien recibido por el público y la crítica.

Es tras su nominación a Mejor director en los Oscar por Arrival y la secuela del clásico de los 80 Blade Runner, que en febrero de 2017 firmó para dirigir el clásico de ciencia ficción Dune (Debolsillo, 1965), escrito por Frank Helbert.

La historia del desértico planeta Arrakis, en la que diferentes seres luchan por un valiosa droga llamada “melange”, con el paso de las décadas se convirtió en un betseller indiscutido. Es tanto el legado del texto de Helbert, que diferentes directores han intentado adaptar a la pantalla grande -entre ellos David Lynch y Alejandro Jorodowsky- no logrando convencer a la crítica. Por lo tanto, la presión para Villeneuve no es menor.

Primeros pasos

El universo de Dune es extenso. La novela provocó diferentes secuelas, algo que a Legendary Studios, la productora que adquirió los derechos en 2016, le hizo pensar en la adaptación del relato a la pantalla chica, al igual que otros éxitos literarios como Game of Thrones A Series of Unfortunate Events.

Para quienes se han acercado a este mundo de ciencia ficción, saben que la trama es compleja e invita a la reflexión. Para David Lynch, que realizó su versión en 1984, tuvo un corte de cinco horas dada la dificultad para expresar este universo en poco tiempo. Fue Brian Helbert, el heredero del fallecido escritor en 1986, quien confirmó a través de Twitter que la trama de la novela será dividirá en dos películas.

Villeneuve, dirige y co-escribe el guión junto a Eric Roth y Jon Spaihts, el cual ya tiene la aprobación por parte de la familia del escritor.

El reparto

Denis Villeneuve está eligiendo con pinzas a los actores que serán parte de su ambicioso proyecto. El español Javier Bardem es el último confirmado para ser parte de la adaptación, según informó Variety hace un par de días.

Bardem se une al protagonista de la nueva era de Star WarsOscar Isaac, el ex-luchador Dave Bautista, y -aún sin confirmar- la joven actriz Zendaya. Este elenco también contará con Timothée Chalamet, quien tendrá el deber de actuar como Paul Atreides, personaje principal de esta ficción que guiará a los mortales por el mundo de Arrakis.

La versatilidad de quienes darán vida a la película, serán los encargados de cumplir con las pretensiones del director, quien en entrevistas anteriores afirmó que Dune es “un sueño desde hace mucho tiempo”.

Todo lo que sabemos de la adaptación de Dune de Denis Villeneuve
Bosquejos de la fallida adaptación de Alejandro Jodorowsky de Dune. 1970.

El rodaje

La fecha del regreso de esta trama al cine aún no ha sido confirmada, producto de la rigurosidad que conlleva mezclar una historia conocida junto a un reparto masivo. Además, el tiempo que implica rodar este filme, indica que habrán distintas locaciones.

Según Omega Underground , Villeneuve está planeando un viaje de regreso a los estudios de Orgio Film en Budapest, el mismo lugar donde filmó Blade Runner 2049 para la fotografía principal. Se prevé que Dune comenzará su rodaje a finales de febrero.

Todo lo que sabemos de la adaptación de Dune de Denis Villeneuve
Denis Villeneuve en el set de Blade Runner 2049.

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Las películas que debieron ser nominadas al Oscar

Un esfuerzo para reivindicar lo mejor del año en el cine comercial.

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Una de las mayores decepciones que nos ha otorgado esta temporada de premios –el periodo comprendido entre principios de noviembre y los Premios Oscar– es la facilidad con la que la industria hollywoodense se olvidó de reconocer a lo mejor del cine y, en su lugar, se inclinó por apuestas mucho más convenientes para sus fines sociales, políticos y, como era de esperarse, económicos.

Basta con ver a los nominados en la categoría principal de la 91º entrega de los Premios de la Academia para darnos cuenta de que, descaradamente, la calidad no es el principal interés de la ceremonia de premios más importante del cine estadounidense.

En un año donde, quizá, sólo cuatro filmes justificarían su selección en la terna de Mejor Película –Roma, la impresionante película de Alfonso CuarónLa favorita (The Favourite), una excéntrica comedia a cargo del director griego Yorgos Lanthimos; El infiltrado del KKKlan(Blackkklansman), el intento más centrado de Spike Lee por hacer una mordaz crítica a la América de Trump; y, con reservas, Nace una estrella (A Star is Born), la quinta adaptación del clásico musical ahora retomada por Bradley Cooper–, la Academia reservó cuatro espacios para cintas que los mostraban como un espacio atractivo para las grandes audiencias o como un frente para posicionar temas políticos que les dan buen nombre y facilitan los negocios.

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Black Panther – Fotografía: Marvel Entertainment

Estas son las películas que no debieron ser nominadas:

Pantera Negra (Black Panther)

Tenía todo a su favor para convertirse en una apuesta irresistible para la Academia: había sido un éxito en taquilla (más de 1,340 millones de dólares de recaudación alrededor del mundo), tenía un elenco dominado por una minoría y representaría el primer acercamiento de la Academia a un monstruo del entretenimiento como Marvel, compañía que en tan sólo 10 años ha conquistado a las audiencias

Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury (Bohemian Rhapsody)

Una película que, si no fuera por los emocionantes veinte minutos finales, sería fácilmente considerada una biopic superficial (¡Y terriblemente editada!).

Green Book: Una amistad sin fronteras (Green Book)

Una bienintencionada cinta que ha logrado sobrevivir a la temporada en medio de quejas por parte de la familia y amigos del personaje al que retratan, los tuits racistas de uno de sus escritores y una reciente controversia que involucra a su director, cuyas acciones fueron retomadas por el colectivo Time’s Up como un caso más de acoso laboral en Hollywood.

El Vicepresidente: Más allá del poder (Vice)

Ofrece la irresistible oportunidad de burlarse de uno de los personajes más importantes del republicanismo de antaño: Dick Cheney. Ante el clima que se vive en Washington, la industria del cine toma una postura liberal que, al igual que el mismo Trump y sus partidarios, juega con la verdad para lograr un fin.

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¿Podrás perdonarme? – Fotografía: 20th Century Fox México

Sin embargo, eso no significa que este año haya sido un mal año para el cine. De hecho, las nominaciones técnicas y actorales lograron rescatar algunas cintas que son muchísimo mejores que las nominadas en la categoría principal. Por ejemplo, Guerra Fría (Zimna Wojna), nominada en tres categorías incluyendo Mejor Película Extranjera; ¿Podrás perdonarme?(Can you ever forgive me?), cuyos protagonistas Melissa McCarthy y Richard E. Grant fueron reconocidos en los rubros interpretativos y Si la colonia hablara (If Beale Street Could Talk), un conmovedor drama basado en un texto homónimo de James Baldwin tan bueno que resiste un título tan malo como el que se le puso en México.

También podemos incluir a la cinta antológica La balada de Buster Scruggs (The Balad of Buster Scruggs), de los hermanos Joel & Ethan Coen; el documental Free Solo; y el drama El primer hombre en la Luna(First Man), dirigido por Damien Chazelle.

Y para cerrar el recorrido hay que decir que un buen número de películas que fácilmente pudieron haberse colado entre las nominadas, quedaron fuera sin razón aparente. Estas son algunas de ellas

Corazón Borrado, (Boy Erased)

Después de sorprender a todos con su brillante ópera prima, el thriller El regalo (The Gift), Joel Edgerton regresa a la dirección con Corazón borrado (Boy Erased), un drama que puede entenderse primeramente como una denuncia a las peligrosas terapias de conversión que imperan en los Estados Unidos, pero que, en realidad, aborda un tema mucho más humano.

En el filme, inspirado en el libro de memorias Boy Erased, de Garrard Conley, Lucas Hedges interpreta a Jared, un joven de 19 años que, tras descubrir sus preferencias sexuales, decide asistir a sus padres, Nancy y Marshall Eamons (Nicole Kidman y Russell Crowe), este último ocupado en su trabajo como pastor. Presionado por el rechazo de sus padres, Jared se interna en un programa de conversión liderado por Victor Sykes (Edgerton), un hombre conservador que se vende como terapeuta.

Aunque Boy Erased sonaba como una de las fuertes competidoras rumbo al Oscar, sus posibilidades fueron cayendo lentamente ante el asombro de la prensa especializada. Si bien el filme toca un tema complicado, la forma en que lo hace y la buena dirección de Edgerton, hacen que esta cinta sea más que una denuncia o un biopic sin propósito. Kidman puede presumir que se le robó la nominación como Mejor Actriz de Reparto.

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Corazón borrado – Fotografía: Cine Caníbal

El reverendo (First Reformed)

Aquí es preciso hacer una pequeña aclaración: El reverendo sí fue considerada por los Premios de la Academia en la categoría de Mejor Guión Original. De ganarlo, sería el primer premio Oscar para el director Paul Schrader, quien también escribió Aflicción (Affliction), Gigoló americano(American Gigolo) y Taxi Driver, el clásico de Martin Scorsese.

Sin embargo, es difícil no considerar que esta película, que aborda la historia de un pastor evangélico que comienza a tener problemas ideológicos después de conocer a una pareja de activistas medioambientales, merecía tener más reconocimiento.

Especialmente en el caso de Ethan Hawke, quien se lleva las palmas gracias a su actuación como un hombre dudoso y adolorido por una pérdida familiar. Conforme su personaje se va adoctrinando (o perdiendo la fe), Hawke adquiere una potencia que muchos de los nominados a Mejor Actor envidiarían.

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El reverendo – Fotografía: Universal Vídeo México

Eighth Grade

A sus 28 años, Bo Burnham lo ha sido casi todo. Heredero de una generación en la que la cantidad de trabajos que tienes está limitada sólo por el tiempo, Burnham ha incursionado en la música, la comedia y hasta los vídeos en YouTube, donde suma más de 52 millones de visitas. Sin embargo, el mejor talento que el joven estadounidense tiene es la escritura y prueba de ello es la película Eighth Grade, donde también funge como director.

La cinta, programada en el Festival de Cine de Sundance del año pasado, retrata el último año de colegio de Kayla, una niña de 13 años que ha tenido que lidiar con sus inseguridades, el inicio de la adolescencia y la ausencia de su madre.

Aunque su estructura es similar a otros coming-of-age del cine independiente estadounidense, esta película destaca por su serio acercamiento a las crisis de identidad de cualquier joven promedio. Con una brillante actuación, a cargo de la novata Elsie Fisher, como soporte, la película se sostiene gracias al guión que Burnham ideó durante sus años de adolescencia. Sin lugar a dudas el original argumento, especialmente un discurso que el padre de Kayla (interpretado por Josh Hamilton) tiene con su hija a la luz de una fogata, merecía ser nombrado entre los contendientes a Mejor Guión Original.

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Eight Grade – Fotografía: A24

Sin rastro

En sus primeras dos películas, la directora Debra Granik comprobó tener una habilidad extraordinaria para lidiar con los dramas familiares sometidos a situaciones extremas, y poder formar un equipo de actores tan funcional que incluso sirvió como trampolín para presentar a dos jóvenes actrices: Vera Farmiga (en Down to the Bone) y Jennifer Lawrence (en Winter’s Bone), quien incluso logró una nominación al Oscar como Mejor Actriz.

Muchos esperaban que esa suerte se repitiera con la intérprete Thomasin McKenzie, quien lleva (junto al veterano Ben Foster) el peso de Sin rastro(Leave no Trace), un thriller donde un padre y su hija de 13 años son obligados a integrarse a la vida ordinaria después de vivir aislados en un parque de Oregon.

La potencia con la que McKenzie encarna a una adolescente en complicaciones, así como la soberbia dirección de Granik valían ser reconocidas en los Oscar, tal como ya había sucedido en el National Board of Review, los Critics Choice Awards, los Independent Spirit Awards y los premios Gotham. Desafortunadamente, la campaña emprendida por las productoras Bron y Bleecker Street no tuvo influencia entre los votantes.

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Sin rastro – Fotografía: Sony Pictures Home Entertainment

El jinete

Al igual que Alfonso Cuarón en Roma, la cineasta china Chloé Zhao recurrió a un actor desconocido para llevar a la pantalla una historia que llevaba muchos años rondando en su cabeza. El elegido fue Brady Jandreau, quien se luce en pantalla mientras protagoniza el drama independiente El jinete(The Rider).

En la cinta, el novel actor interpreta a Brady, un talentoso entrenador de caballos que pierde la capacidad de montar después de sufrir un accidente. Desmotivado por su condición, Brady regresa a casa, intentando retomar las riendas de su vida.

Con su conmovedora historia, en la que logra hacer una sensible analogía entre su personaje principal y su caballo, Zhao triunfa. Si la Academia quería llenar cuotas y reconocer el trabajo de una brillante directora, aquí estaba una gran opción, superior a un par de las nominadas en la terna a Dirección.

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El jinete – Fotografía: Sony Pictures México
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Universo: un documental de 1960 que inspiró a Kubrick para crear «2001: una odisea en el espacio»

POR @ALVY

Universe (1960) es un documental de Roman Kroitor y Colin que rodaron siendo parte de la segunda unidad de la National Film Board de Canadá. Ahora ha sido restaurado y está disponible en YouTube a buena calidad, con estupendo sonido y en el glorioso blanco y negro original. Algo un poco raro acostumbrados a las coloridas imágenes del espacio y los planetas de la NASA, pero es lo que había en aquella época. Es una especie de dramatización del trabajo de un astrónomo y su observación del universo; está preincipalmente dedicado a la Luna, Marte, Venus, Mercurio pero se adentra hasta las más lejanas galaxias.

Una de las peculiaridades de Universe es que el narrador es Douglas Rain, ni más ni menos que la voz del ordenador HAL 9000 en 2001: una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick, de quien se dice que lo utilizó como fuente documental y como inspiración para la película. Rain ni siquiera aprece en los títulos de crédito, pero para quien haya visto la película en versión original la voz es inconfundible.

No hace falta más que ver la escena inicial y escuchar la música para sentirse de algún modo otra vez volviendo a ver 2001. El resto es bastante peculiar por las largas y parsimoniosas escenas que recorren las estrellas y planetas. Definitivamente un documento interesante para repasar; total, son menos de 30 minutos.

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El cine imita a la pintura: Dalí en ‘Mad Max’ y Hopper en ‘Psicosis’

El cineasta Vugar Efendi crea vídeos en los que compara cuadros con películas

 

Vugar Efendi, cineasta de 25 años nacido en Azerbaiyán, le cuesta estarse quieto. Ya ha vivido en países como Ucrania, Turquía, Reino Unido y España. También se le hace difícil centrarse en un solo campo creativo. Hace fotografías, rueda cortometrajes y documentales. Y crea ensayos sobre cine, pero, en vez de hacerlo en formato texto, edita vídeos mostrando sus ideas.

En estos vídeos compara la influencia que la pintura ha tenido en el cine y los comparte en redes sociales. Por ejemplo, recuerda que un cuadro Edward Hopper inspiró a Hitchcock para crear la casa de Psicosis (1960) o cómo Dalí se cuela en Mad Max: Furia en la carretera (2015). Una recopilación de sus trabajos se ha viralizado en Facebook en diciembre de 2018,  superando los 2,8 millones de reproducciones.

El cine imita a la pintura: Dalí en 'Mad Max' y Hopper en 'Psicosis'
El cine imita a la pintura: Dalí en 'Mad Max' y Hopper en 'Psicosis'

“Vivimos rodeados de arte, pero a menudo no nos damos ni cuenta”, dice a Vernepor teléfono. Efendi pasó varios años estudiando en España durante su adolescencia. Fue su relación con el país la que le ayudó a darse cuenta de que la pintura y el cine están todavía más cercanos de lo que creemos.

Visitar la casa-museo de Dalí en Cadaqués (Girona) le dio la idea de crear el primero de la serie de vídeos titulada Film meets Art (el cine se encuentra con el arte).

En concreto, fue la unión del artista catalán y de Luis Buñuel en el cortometrajeUn perro andaluz la que le dio una primera idea de lo que quería hacer. El director rodó la película, pero fue el pintor quien escribió el guion y le aportó el tono surrealista y onírico que aparece en sus cuadros.

“A diferencia de otras áreas de la cultura, como la música, la fotografía o el teatro, lo que consigue el cine es ser una combinación de todas ellas”, explica Efendi. Uno de sus vídeos cuenta cómo el cómic se convierte en cine en la película Watchmen (2009).

Aunque algunas de las referencias que incluye en ellos son obvias para el espectador medio, Efendi investiga durante semanas para rastrear casos menos conocidos y crear nuevos vídeos con los que construir su portafolio profesional. Ya ha editado otros dos vídeos con la misma temática que puedes ver al final de este artículo.

“Recibo muchas reacciones cada vez que publico un vídeo, pero prefiero no forzar el contenido, así que solo me pongo con otro si aparece un tema interesante del que pueda hablar. Además, cuantos más vídeos hago, más ambicioso y perfeccionista soy con los siguientes”, comenta.

Una de esas asociaciones es El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, que Terry Gilliam reprodujo en la película Las aventuras del Baron Munchausen. “Antes, el Renacimiento era la corriente pictórica favorita de los directores. A partir de los años 90, las películas dejaron de hacer referencia al arte clásico”, dice el autor de estos videoensayos. Ahora trabaja como cineasta independiente y colabora con museos creando contenidos audiovisuales, asegura.

El cine imita a la pintura: Dalí en 'Mad Max' y Hopper en 'Psicosis'
El cine imita a la pintura: Dalí en 'Mad Max' y Hopper en 'Psicosis'
El cine imita a la pintura: Dalí en 'Mad Max' y Hopper en 'Psicosis'

Efendi también ha dedicado un vídeo a El Renacido, de Alejandro González Iñárritu, y no le importaría hacerlo con Roma de Cuarón, “una película que no imita a un cuadro en concreto, pero está llena de belleza pictórica”, dice.

En estos momentos ha cambiado los cuadros por la historia y crea vídeos con películas que reproducen grandes momentos del pasado. Aquí puedes ver otros de sus trabajos.

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Bandersnatch de ‘Black Mirror’ y los videojuegos: una relación de ida y vuelta

La importancia de la serie de Netflix no es tanto su novedad como el camino que podría estar señalando

Bandersnatch
Bandersnatch

Ha transcurrido un mes desde el estreno en Netflix de Bandersnatch, la última entrega de Black Mirror, que echaba mano de un formato interactivo para contar la historia. Durante este tiempo, se han sucedido reacciones de entusiasmo con otras que restaban mérito a su propuesta. Sin embargo, ha quedado la sensación de que puede dejar una impronta grande en los videojuegos del futuro.

¿Por qué calificamos Bandersnatch como videojuego?

Bandersnatch tiene un formato interactivo: desde el primer momento, la historia avanza en función de las decisiones que vayan tomando los espectadores, que es un formato muy presente en la industria de los videojuegos.

Las dos primeras decisiones que plantea Bandersnatch carecen de sentido dramático o narrativo. Son, a falta de otra palabra, un simpático tutorial que, a diferencia de lo que sucede en las películas interactivas como El Veredicto, podemos fallar (no tomando ninguna decisión, por ejemplo) desencadenando uno de los finales.

A partir de ese momento, Bandersnatch nos invita a tomar dos tipos de decisiones. Las primeras son decisiones narrativas, con las que el espectador se pone en la piel del protagonista y actúa, ya sea de la forma que le lleve a cumplir sus objetivos o de la manera más coherente dado su estado emocional.

Sería discutible la condición de videojuego de Bandersnatch si esto fuera todo lo que el capítulo nos ofrece. Pero luego están las otras decisiones, las recreativas. Una vez que el jugador se ha convertido en un ente presente en la historia, todas las decisiones pasan de tener un componente dramático a ser meramente lúdicas: elegimos acciones que nos divierten sólo para ver qué es lo que va a pasar.

Aunque uno de los grandes defectos de Bandersnatch sea no tener claro lo que quiere contar, ni si en realidad quiere narrar una historia, nos anima a volver una y otra vez a los puntos de divergencia para “ver qué pasa”, de manera que Bandersnatch no se disfruta solo tomando decisiones, sino interiorizando y explotando una mecánica. Literalmente, jugando.

Esto sucede también en otros videojuegos de imagen real como Her Story. En este título de 2015, el jugador solo tiene que escribir y mirar, pero el verdadero reto, más que la historia en sí, es ir descubriendo cómo se entrelazan las distintas piezas para crear una historia coherente.

Pero, ¿de verdad es algo nuevo?

Bandersnatch despertó muchísimas reacciones tras su estreno. Uno de sus defensores más célebres fue Álex de la Iglesia, que derrochó entusiasmo en redes sociales:

Bandersnatch de 'Black Mirror' y los videojuegos: una relación de ida y vuelta

De la Iglesia

@alexdelaIglesia

Mientras pobres diablos removemos patéticos el fondo de la olla narrativa intentando arrancar algo de sabor, veo BANDERSNATCH, lo último de BLACK MIRROR. Y ha ocurrido. La ficción ha terminado por IMPLOSIONAR. Dios bendiga la NUEVA ERA que nos espera.

Pero una de las mejores decisiones del equipo creativo de Bandersnatch ha sido ambientar la historia en los ochenta, no solo porque resulte simpático que una de las primeras incursiones de la plataforma dentro de la interactividad haga referencia a los inicios del videojuego, sino porque es realmente inteligente llevarnos a una época en la que teníamos mucho más claro qué era un videojuego y en qué consistía jugar.

A los académicos y a los estudiosos de los videojuegos actuales les cuesta mucho más definir el concepto. Hay muchas diferencias entre los actuales géneros: desde las novelas visuales, que reducen el componente interactivo a un mínimo en favor de la narrativa, a los juegos de ambientación en mundo abierto, que presumen de dar libertad total al jugador para que cree sus propias historias.

En cambio, Bandersnatch lo ha simplificado remitiendo a unos referentes fácilmente identificables, a cuando los videojuegos eran fundamentalmente una mezcla entre tecnología y entretenimiento que necesitaban del jugador para avanzar. Bandersnatch, desde esta perspectiva, no es tan novedoso como potencialmente revolucionario en la industria.

¿En qué momento llega Bandersnatch?

Hablar de revolucionario puede sonar atrevido, pero debemos tener en cuenta el contexto de su irrupción. Durante el pasado E3, la feria de videojuegos más importante del mundo, Microsoft había señalado que el futuro de la industria estaría en el streamingasegurando que ellos se convertirían en “el Netflix de los videojuegos”.

La idea tuvo éxito y, desde entonces, tanto otras compañías como la propia prensa hablábamos de la plataforma de vídeo bajo demanda cuando especulamos sobre cómo será la nueva (e inminente) generación de consolas. Lo que nadie veía venir es que Netflix también buscaba ser el Netflix de los videojuegos y ya lleva bastante ventaja. La compañía ha dicho a sus inversoresque no compiten contra HBO, que su auténtico rival es Fortnite y que están perdiendo la batalla.

Mientras los ejecutivos de varias compañías de videojuegos envidian a Netflix por la cantidad y variedad de sus usuarios, así como por que no tengan la necesidad de invertir en hardware, Netflix envidia el engagement del que disfrutan los editores de Fortnite y quiere que pasemos mucho tiempo conectados a su plataforma. Y Bandersnatch se sitúa precisamente en este contexto.

Aunque es posible que los próximos acercamientos de Netflix a la ficción interactiva, quizás por carecer del factor sorpresa, no tengan tanto éxito, sí es cierto que Bandersnatch ha abierto una puerta a lo que podrían ser los videojuegos del mañana. No tanto por la novedad, como por la forma de consumirlo: desde casa, por streaming y sin necesidad de inversión alguna, democratizando lo que supone jugar. No me cabe duda de que mientras nosotros discutimos si es o no un videojuego, otras compañías no le quitan ojo.

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2019, el año que escogió ‘Blade Runner’ para cambiar la ciencia ficción

Tras el estreno de la película, el género se planteó cómo sería el siglo XXI

La película de Ridley Scott sentó las bases del ciberpunk e incluso de
La película de Ridley Scott sentó las bases del ciberpunk e incluso de ‘Black Mirror’

Desde que empezó 2019, varias publicaciones en redes sociales recuerdan que es el año en el que muchas películas de ciencia ficción están ambientadas. En su momento imaginaban, con más fallos que aciertos, cómo sería el futuro que ahora es presente. Pero el cine no había reparado en ello hasta 1982, cuando se estrenó Blade Runner. Solo después de que llegara la película de Ridley Scott aparecieron de forma masiva en la pantallas los relatos distópicos que ahora nos enganchan en Black Mirror.

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Blade Runner es a los relatos futuristas lo que Alfred Hitchcock a los de suspense: la Biblia que dicta sus mandamientos básicos. Muchas series, películas y novelas de ciencia ficción han intentado imitar su estética, sus debates filosóficos e incluso el año en el que está ambientada. “Cambió el aspecto del mundo y también nuestra forma de ver el mundo”, decía a Wired en 2017 el escritor William Gibson, uno de los padres del ciberpunk.

La trama de la película resume buena parte de ese legado. Los rascacielos y el neón de una versión decadente de Los Ángeles rodean a Rick Deckard, un agente de policía interpretado por Harrison Ford. En un mundo en el que los androides conviven con los humanos, su misión es dar caza a cuatro de ellos, llamados replicantes. Sus investigaciones le llevan hasta Tyrell Corporation, empresa especializada en ingeniería genética.

Estas son algunas de las cosas que la cinta popularizó dentro del género de la ciencia ficción.

¿Por qué en 2019?

Con Blade Runner, Ridley Scott adaptó solo de forma parcial el argumento de Sueñan los androides con ovejas eléctricas, la novela corta que Philip K. Dick. En cuanto a su estética, sus referentes eran más bien retro: el clímax visual del cine negro de los años 40 y 50 y el diseño y arquitectura de Metrópolis (1927), de Fritz Lang.

2019, el año que escogió 'Blade Runner' para cambiar la ciencia ficción

Metrópolis (arriba) y Blade Runner (abajo)

 

Philip K. Dick escribió su libro en 1968 y lo ambientó en 1992. Como la trama ocurre solo una década después del inicio del rodaje de Blade Runner, Ridley Scott retrasó su relato hasta 2019.

Es evidente que el cine de ciencia ficción es tan viejo como el propio cine. El viaje a la Luna de George Méliès lo era en 1902 y Ray Harryhausen, el gran pionero de los efectos especiales, ya trabajaba en películas en los años 40. Pero el género, casi siempre centrado en el espacio exterior, imaginaba un futuro mucho más lejano.

Ni Barbarella (1968), ni El Planeta de los simios (1968), ni Star Trek (1979), ni La Guerra de las Galaxias (1977), ni Alien (1979) recreaban gigantescas ciudades en las que el desarrollo tecnológico contrasta con la involución de las emociones, como ocurre en Blade Runner. En cambio, ese argumento es la espina dorsal de narraciones posteriores como Gattaca (1997)Minority Report(2002), Her (2014), Akira (1988), y muchas otras que reflexionan sobre una realidad mucho más cercana: el siglo XXI.

Aunque futuristas en apariencia, las películas de ciencia ficción siempre han sido un reflejo de los problemas de la sociedad en la que fueron concebidas. Antes de los años 80, en un mundo marcado por dos guerras mundiales y la Guerra Fría, la amenaza alienígena era la metáfora que representaba el miedo al comunismo a través de Hollywood.

Cuando Blade Runner se estrenó en 1982, no muchos años antes de la caída del muro de Berlín, las preocupaciones empezaban a ser otras. Su argumento, que también giraba en torno a seres no humanos infiltrados en la sociedad, sirve como bisagra entre los viejos y nuevos temores del mundo.

Un referente estético

Su éxito en taquilla fue nulo, pero arrasó en el videoclub y entre los cineastas. Desde ese momento, las películas también empezaron a ambientarse en grandes ciudades y a imitar sus tonos pálidos, cercanos al blanco y negro del cine en el que se inspiraba Ridley Scott. También comenzaron a fantasear con un futuro cercano y con los inventos o problemas que iban a cambiar nuestra vida diaria. 

Algunos de los que aparecían en Blade Runner se repitieron en otras películas y, además, predijeron el futuro, como las videollamadas y el cambio climático. También el hablar con nuestros aparatos electrónicos, como en Her (2013); fachadas-anuncio de influencia asiática, parecidas a las de Ghost in the Shell(1995); y los robots sexuales, luego vistos en A.I. Inteligencia Artificial (2001).

Un vídeo publicado en YouTube en 2017 por la cadena de cines AMC muestra los muchos inventos y propuestas estéticas mostrados en Blade Runner que luego han aparecido en otros títulos. Por ejemplo, los coches voladores y la arquitectura urbana de El quinto elemento (1997) y de la escena inicial de Regreso al futuro II (1989).

Del ciberpunk a Black Mirror

Esos nuevos miedos que nacieron ante un nuevo orden mundial se concretaron en el ciberpunk, un subgénero de la ciencia ficción que se materializó en la literatura de principios de los 80, con novelas inspiradas en la película de Ridley Scott.

Autores como Bruce Bethke y William Gibson escribían relatos marcados por el claro retroceso de la calidad de vida de los ciudadanos ante una sociedad cada vez más automatizada, esclava de las grandes corporaciones, las drogas y el poder gubernamental.

En cine, el anime Akira se convirtió prácticamente en la versión animada de Blade Runner. Pero luego aparecieron Brazil (1985), RoboCop (1987), Johnny Mnemonic (1995), la saga Matrix y muchas otras, hasta llegar a la serie Black Mirror, que bebe de muchos de los debates éticos del ciberpunk.

Esas cuestiones ya aparecían años antes en las novelas de Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury y Philip K. Dick, que murió en marzo de 1982 sin que ninguno de sus textos fuera estrenado en cines. También en eso fue pionera Blade Runner.

Tras su adaptación de Sueñan los androides con ovejas eléctricas, otra docena de títulos del escritor han ido convirtiéndose en películas de ciencia ficción, Minority Report y A Scanner Darkly (2006) entre ellas.

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‘Bandersnatch’: ¿serie, videojuego o libro imposible?

¿De qué habla realmente “Bandersnatch”? ¿De qué habla realmente esa historia que, tomes la opciones que tomes, te conduce desde la obsesión de un joven programador de videojuegos por adaptar la obra literaria de un oscuro escritor hasta el manicomio en que se haya ahora confinado, donde dibuja compulsivamente en la pared las bifurcaciones del relato o del destino, tras haber fracasado en el diseño y la producción de su videojuego?

¿De la pantalla y la tecnología como el resto de capítulos de la serie conceptual Black Mirror? ¿De Netflix como gran plataforma audiovisual del siglo XXI? ¿De los años 80 como mito de origen del siglo XXI? ¿Del videojuego como artefacto narrativo central de nuestra época?

Habla de todo eso, sin duda: de la pantalla como el lado oscuro de la realidad; de Netflix como nuevo dios en el Olimpo que han creado las grandes empresas tecnológicas; de cómo la figura del programador, emprendedor y hacker en los ochenta se configuró a modo de nuevo mesías (o ahora lo representamos así, porque la profecía se ha cumplido y el mundo se ha siliconizado); y de la interacción con el usuario y las bifurcaciones narrativas que el videojuego ha ensayado como ningún otro lenguaje y que la televisión debe adoptar para adaptarse a los nuevos tiempos.

‘Bandersnatch’: ¿serie, videojuego o libro imposible?

Una escena de “Bandersnatch” CreditNetflix

Aunque se trate del único capítulo de la serie que no está ambientado en el presente o en el futuro, en realidad el menú de las opciones interactivas ancla el relato en nuestro presente narrativo. En todo momento queda claro que la acción ocurre en la nostalgia de un pasado, pero no el de los referentes cinematográficos y musicales al uso (a la manera de Stranger Things o Ready Player One), sino el de unos jóvenes que no eran tanto los consumidores de la cultura como sus productores. Esas pantallas pixeladas de los primeros programadores de videojuegos son las abuelas de las nuestras.

La arqueología no es tanto mitológica (como en ocurría en “USS Callister“) como técnica y filosófica: la reconstrucción de los años 80 desde 2018 no puede ser inocente y romántica, sino necesariamente distópica. Por eso tal vez la decisión clave del episodio tiene dos opciones y ambas son distópicas: que el ordenador le explique al protagonista qué es PAC o qué es Netflix. Y por eso también el capítulo está recorrido por la psicodelia y la locura, porque las drogas fueron fundamentales en el desarrollo del concepto de red en esa misma época y porque para ello había que cuestionar radicalmente las estructuras al uso.

La distopía se plantea de un modo absolutamente brillante y sutil. En la mencionada bifurcación sobre la verdad de la situación del protagonista, las dos opciones son igualmente oscuras. Si optamos por Program and Control entramos en la trama conspiranoica, en el programa secreto del gobierno. Si, en cambio, decidimos que el personaje descubra que es un personaje de una serie de Netflix, ese control programado conduce a una trama de ciencia-ficción, de carácter metaficcional, heredera de Luigi Pirandello y Philip K. Dick.

Pero en el fondo no hay ninguna diferencia: o te controlan con drogas y espionaje o te programan desde el futuro; o lo hace el gobierno o lo hace una corporación. Estás igualmente jodido.

Charlie Brooker lucha de ese modo por el control conceptual de su obra conceptual, después de haberle vendido su alma al diablo. Si al principio del relato, de hecho, aceptas que el protagonista finalice su videojuego en una oficina de la empresa según el plazo imposible que le impone su director, la serie se acaba rápidamente, tras un flash-forward en que “Bandersnatch” recibe una crítica demoledora (precisamente en televisión). Las dos primeras temporadas de Black Mirror, de tres episodios cada una, y el capítulo especial de Navidad, cuando dependía de Channel 4, fueron casi perfectos. Las fluctuaciones de la calidad llegaron con Netflix, sus plazos y sus dos temporadas de seis capítulos cada una.

Después de los premios Emmy cosechados por “USS Callister” —un gran episodio que habla precisamente de la industria del videojuego y de su relación con la virtual realidad—, en vez de una temporada de tres capítulos o más nos hemos encontrado con un único capítulo que tiene la duración de tres, de una temporada fusionada en una única película, de nuevo casi perfecta.

‘Bandersnatch’: ¿serie, videojuego o libro imposible?

CreditNetflix

Tanto conceptual como técnicamente. Incluso en términos de reflexión moral. Todas las opciones éticamente cuestionables que tomamos en “Bandersnatch” conducen —como la de aceptar el plazo de entrega que dicta la industria— a un final desastroso. La peor es la de matar al padre. El protagonista nos deja claro que ha perdido el control: somos nosotros quienes lo convertimos en asesino. La responsabilidad y la culpa son nuestras.

También las escenas de lucha tarantiniana llegan si nuestras opciones son morbosas o absurdas. Tal vez sea la gran herencia del videojuego en la obra de Brooker: la dimensión ética. En muchos videojuegos matar o atropellar o saltarse las normas de tráfico o incluso violar son opciones que puede tomar o no el jugador, sin que de ellas dependa su éxito o su supervivencia. Si Tarantino incluye en una película una escena de tortura, esa sangre se queda en el interior de la construcción estética y ética de su obra, pero si yo decido matar al padre del protagonista, esa sangre de su cabeza, tras el impacto del cenicero de vidrio, me salpica (como la de Hijos de los hombres de Alfonso Cuarón, que mancha la lente de la cámara, en una secuencia precisamente de videojuego). Y a partir de entonces la historia —por mi culpa— solamente puede acabar mal.

La oscura pantalla del alma, Netflix, los años 80 y los videojuegos interactivos y complejos; sí, por supuesto: de todo eso habla el capítulo más comentado, más viral, más histórico de Black Mirror. Pero, empecemos de nuevo, ahora en serio: ¿de qué habla realmente “Bandersnatch”?

‘Bandersnatch’: ¿serie, videojuego o libro imposible?

CreditNetflix

Yo diría que el gran tema es la superioridad del libro sobre la pantalla. O la pantalla que siente nostalgia por el libro. El autor del libro “elige tu propia aventura” que el protagonista adapta en el lenguaje del videojuego vivió en los mismos años 60 en que Italo Calvino y Julio Cortázar se enfrentaron literariamente al hipertexto. El autor del videojuego vive en los mismos años 80 en que esas formulaciones de vanguardia encontraron una forma popular: la de las novelas de “elige tu propia aventura”. El autor de la serie Black Mirror vive, a su vez, en la época en que esas obras —experimentales o masivas— han sido homenajeadas, versionadas o expandidas (pienso en Heartbeat, de Dora García; en La cápsula del tiempo, de Miqui Otero, o en la múltiples variantes de Rayuela). Y tras dieciséis capítulos en que el objeto libro no ha tenido ninguna importancia, cuando llega el momento de escribir el guion del capítulo que por motivos tecnológicos y por conseguir fundir de un modo impresionante la forma con el fondo (porque la forma nos envuelve, a través del dios Netflix, y nos convierte a nosotros en los protagonistas) va a pasar a la historia de las formas artísticas, Charlie Brooker decide que la historia va a tratar sobre la imposibilidad de adaptar un libro.

Y lo hace al mismo tiempo que los hermanos Cohen deciden que su obra para Netflix va a ser una película en capítulos o una serie resumida en el metraje de una película, en que cada parte sea un cuento que sale de un mismo libro: La balada de Buster Scruggs. Es uno de los temas centrales de nuestra época: la mutación del libro, la desmaterialización del libro, la fragmentación del libro. Porque antes los libros eran las principales unidades de sentido y ahora el sentido se nos ha atomizado en miles de unidades que solamente en nuestros cerebros se articulan como constelaciones con sentido. Como libros virtuales. Como construcciones interactivas.

Los capítulos de Rayuela han cobrado entidad propia y están en todas partes. Pero nos aterra esa dispersión. Por eso creamos listas de reproducción. Por eso en Instagram nos ofrecen convertir las mejores fotos del año en un álbum. Por eso se están publicando libros con estados de Facebook (como los de Manuel Vilas o Sergio C. Fanjul) y ya deben de estar en imprenta los de hilos de Twitter. Por eso publicamos catálogos de exposiciones o PDF; o vemos películas o series que evocan fantasmas de libros.

‘Bandersnatch’: ¿serie, videojuego o libro imposible?

CreditNetflix

¿Es “Bandersnatch” la “Rayuela del siglo XXI”? ¿Importa? No realmente. La obra es muy potente, pero su potencia ha dependido directamente de la capacidad de convocatoria e impacto de Netflix. Aunque los videojuegos sean la industria cultural que más dinero genera, la televisión sigue siendo la más transversal de las audiovisuales. Por eso la crítica de videojuegos, en el mundo ochentero de “Bandersnatch”, se hace por televisión. Por eso en la celda del hospital psiquiátrico hay un televisor.

Tras el fin de la televisión seguimos pensando la pantalla y sus contenidos como visión a distancia, como tele-visión. En tiempos de Google Earth, Netflix ha permitido que nuestra mirada no solo pueda viajar en el espacio, sino también en el tiempo. Para que seamos dioses por un día. Para que a través del televisor entremos en un videojuego y, a través de él, en un libro. Un libro cada vez más lejano y menos sagrado. Un libro descompuesto en páginas esquemáticas, pegadas en la pared de un hospital psiquiátrico, en el rincón de un mundo de ficción.

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LA VIDA Y TRAYECTORIA INTELECTUAL DE KARL MARX SERÁN ADAPTADAS EN ANIME

LA BIOGRAFÍA KARL MAX, EL AUTOR DE ‘EL CAPITAL’ Y OTRAS OBRAS FUNDAMENTALES DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO Y SOCIAL, LLEVADA A UNA SERIE DE ANIME
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El anime es una de las formas de animación más populares de nuestra época. Como sabemos, su origen es japonés, y es posible que el exotismo que asociamos con esa cultura sea una de las razones de nuestra atracción por dicha forma de expresión gráfica y creativa. Después de todo, en Occidente la diferencia, y aun la contradicción cultural, han sido de los grandes motores del arte y sus disciplinas. Recientemente se anunció, por ejemplo, la adaptación del universo distópico de Blade Runner, que correrá a cargo del creador de Cowboy Bebob, y también antes Los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft, ha sido llevado a dicho género.

En esta ocasión hablamos de anime para hacer referencia a una adaptación que se realizará próximamente de la vida y la obra de Karl Marx, una figura fundamental en la historia del pensamiento económico y social del ser humano, que con estudio, perseverancia e inteligencia sentó las bases para entender el sistema económico que llamamos capitalismo: sus orígenes, sus mecanismos, las razones de su existencia, etc., y con ello contribuyó enormemente a dar cuenta de las condiciones materiales que dan lugar a determinadas formas de vida. A Marx se debe, en buena medida, que podamos entender la vida así: como resultado de las circunstancias materiales que se encuentran dadas en la realidad o son obra del ser humano, pero en ningún caso están determinadas por entidades suprahumanas o divinas.

El trabajo que Marx emprendió para desarrollar estas ideas fue arduo y en muchos momentos le significó penuria. Para nadie es un secreto que a lo largo de su vida (al menos de su vida productiva) contó con el apoyo de su esposa, Jenny von Westphalen, hija de una acaudalada familia de la aristocracia prusiana, y de su amigo más cercano, Friedrich Engels, hijo de un importante empresario textil inglés. 

El trabajo intelectual no siempre es reconocido de la mejor manera, y las obras de artistas, filósofos y otro tipo de creadores se celebran una vez que sus autores han muerto y el público aprende por fin a apreciarlas. El caso de Marx no es la excepción: en vida tuvo que recurrir al “patrocinio” de Westphalen y de Engels para poder continuar con la labor de estudio e investigación que a la postre se revelaría decisiva para comprender la historia humana, y que ya en su época le valió serios diferendos con intelectuales como los anarquistas Bakunin y Proudhon, los jóvenes hegelianos y otros políticos y pensadores.

Estas y otras vicisitudes, decíamos, serán adaptadas en un anime auspiciado por el gobierno de China. La serie se realiza en el marco del 200º aniversario del nacimiento de Marx (celebrado este año), lleva por título El líder y será difundida en la plataforma bilibili.com (aunque todavía no se sabe la fecha de su estreno). Hasta el momento sólo se conoce un avance, que ya ha generado cierto interés.

A propósito, recordemos que El capital, la obra cumbre de Marx, tuvo una adaptación reciente en manga (el equivalente en historieta del anime), misma que fue publicada en español en 2013 por la editorial Herder, en una edición de dos tomos. Asimismo, el año pasado se estrenó la cinta El joven Marx, dirigida por Raoul Peck (2017), que se enfoca en la época anterior a la redacción del Manifiesto del Partido Comunista, cuando Marx abandonó la concepción “idealista” de la realidad y se dio cuenta de que ésta se explica sólo a través de sus condiciones materiales.

En cuanto a la adaptación china, es probable que no esté exenta de fines propagandísticos, pero sin duda vale la pena conocerla. 

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