Lo que define a un artista según Jean-Michel Basquiat

 por Mariángeles García

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Las obras de Jean-Michel Basquiat te golpean sin disimulo. Para bien o para mal, resulta realmente complicado mostrarse indiferente ante cualquiera de sus cuadros. Como difícil es también buscar una definición para su estilo. Cómo hacerlo si ni siquiera él supo explicar en qué consistía. «No sé cómo describir mi trabajo porque no siempre es el mismo», respondió a esa pregunta en una entrevista de las escritoras Tamra Davis and Becky Johnston a mediados de los 80.

Jean-Michel Basquiat
‘Baby Boom’, 1982, Jean-Michel Basquiat. Photo: Yann Caradec

Nacido en Nueva York en 1960, Basquiat fue uno de esos llamados espíritus libres que entró a formar parte del club de los 27 (murió de sobredosis a esa edad en 1988). Su cabeza bullía y su poco amor a las normas y a lo establecido buscaba la manera de expresarse. Lo encontró primero en el grafiti y después en la pintura.

En sus obras hay una enorme mezcla de estilos. Este artista de orígenes haitianos absorbía cuanto veía y lo escupía después en un lienzo para revolver las conciencias. La televisión, los dibujos animados, las revistas, viejos libros de texto, conversaciones callejeras… cualquier cosa que viera o escuchara era susceptible de aparecer después en sus composiciones. Así lo aseguraba de manera lacónica en una de las escasísimas entrevistas que concedió en su vida.

Jean-Michel Basquiat
Le Jour ni l’Heure 4327 : Jean-Michel Basquiat, 1960-1988, She Installs Confidence(s) and Picks up his Brain like a Salad, 1988, coll. Lambert, Avignon. Photo: Renaud Camus

Cuando el entrevistador le preguntó de dónde venían las palabras que salpicaban sin orden sus cuadros, el artista respondió sucintamente: «La vida, libros, televisión». Y cuando el entrevistador insistió buscando una respuesta más concreta, contestó: «Cuando estoy trabajando las oigo, ya sabes, y las suelto ahí».

¿Qué premisas son necesarias para convertirse en artista según la mirada de Basquiat? En Artsy han intentado dar respuesta a esto.

LOS MUSEOS SON LAS ÚNICAS ESCUELAS DE ARTE

Nunca fue un buen estudiante. Le importaba muy poco lo que le contaban en la escuela. Ni siquiera conseguía aprobar en las clases de dibujo de los muchas colegios e institutos que pisó durante su infancia y adolescencia. Lo que él quería aprender no se encontraba en esos lugares, sino en la calle. Y en los museos. «Nunca fui a una escuela de arte. Solo observaba y es así como creo que aprendí todo sobre arte: mirando».

Jean-Michel Basquiat
‘Mind Energy’, 1985, Jean-Michel Basquiat & Andy Warhol. Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec

Desde niño, su madre, una diseñadora gráfica puertorriqueña, le llevaba con frecuencia a visitar el Brooklyn Museum. Tanto es así que con solo seis años le dieron el carnet de miembro junior. Años después, en sus visitas a las principales pinacotecas de Nueva York, le acompañaba su amigo el grafitero y músico Fred Braithwaite, más conocido como Fab 5 Freddy.

Un día a la semana recorrían los museos de la Gran Manzana en lo que Basquiat denominó el «día del museo». «Íbamos al Metropolitan Museum y allí actuábamos como si fuéramos estudiantes de arte», explicó Braithwaite en una entrevista de 2006 para el catálogo Jean-Michel Basquiat: 1981, the Studio of the Street. «Sacábamos nuestros blocs de dibujo y hacíamos bocetos de cosas que nos parecían geniales».

Jean-Michel Basquiat
‘Untitled’, Jean-Michel Basquiat., 1984. Des Moines Art Center. Des Moines, Iowa. Photo: jpellgen (@1179_jp)

Les interesaban todos los géneros del arte, desde pinturas de famosos artistas modernos hasta objetos forjados por antiguos artesanos; «artistas abstractos como Pollock, De Kooning y Rothko hasta antiguos maestros como Caravaggio», explicó Braithwaite en dicha entrevista. Después fusionaba todos aquellos bocetos con su «enorme arsenal de imágenes e ideas», en palabras de Braithwaite, que más tarde aparecería en sus dibujos y lienzos.

MEZCLA TUS REFERENTES

De sus visitas semanales al Metropolitan y otros museos, Basquiat absorbió la técnica y elementos característicos de sus artistas favoritos igual que se exprime el zumo de una naranja. Pero no se quedó solo con eso. También lo remezcló con símbolos extraídos de sus propias vivencias, de su manera de observar el mundo y cuanto le rodeaba: la música, el jazz, la televisión, el béisbol, la calle, los libros de texto y de historia…

Jean-Michel Basquiat
‘Hollywood Africans in Front of the Chinese Theater with Footprints of Movie Stars’, 1983, Jean-Michel Basquiat
Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec

Normalmente pintaba mirando la televisión y rodeado de todo tipo de materiales, susceptibles de pasar a formar parte de su cuadro. Sus vivencias como niño negro en el Brooklyn de los años 70, sus orígenes haitianos, el pasado afroamericano, frases extraídas de un libro de texto o de historia, algún eslogan de un anuncio de revista… Todo se mezclaba con el sentido de la composición de grandes artistas como Picasso, Dubuffet, Twombly, Kline, Rauschenberg, el propio Warhol, Pollock… y con clásicos como Caravaggio.

Jean-Miche Basquiat
‘Lye’, 1983, Jean-Michel Basquiat. Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec

«La gran fuerza de Basquiat es su habilidad para fusionar las imágenes que capta en las calles, los periódicos y la televisión con la espiritualidad de su herencia haitiana, para inyectar ambas cosas en una comprensión maravillosamente intuitiva del lenguaje de la pintura moderna», dijo de su estilo Jeffrey Deitch en la crítica que escribió sobre la primera exposición en solitario de Basquiat en 1982 en la Annina Nosei Gallery de Nueva York.

«Siempre usó un simbolismo sencillo para explicar situaciones complejas», comentó una vez su padre de su estilo. Y el propio Deitch concluyó sobre él: «Los lienzos de Basquiat son telas estéticas que atrapan las fugas de una mente que palpita. El succiona los posos de la cultura y los escupe a lo largo de un lienzo perturbadoramente transformado».

Jean-Michel Basquiat
‘Untitled’, 1981 by Jean-Michel Basquiat at The Broad Contemporary Art Museum on March 5, 2016 in Los Angeles, California, USA

SI NO ESTÁS DE ACUERDO CON EL ‘ESTABLISHMENT’, CRITÍCALO SIN MIEDO

Él así lo hizo, aunque acabara, de alguna manera, entregado a ese mismo sistema que criticaba y despreciaba.

Junto a su compañero de clase Al Díaz, Basquiat usó las paredes y muros de Nueva York como primer lienzo en el que expresar su inconformismo. Se hicieron llamar SAMO, acrónimo de same old o same old shit (lo mismo de siempre o la misma mierda de siempre), y llenaron las paredes del Soho con sus mensajes anticapitalistas y antisistema a través de mensajes poéticos y crípticos. Frases como «SAMO © salva idiotas», «SAMO © pone fin al lavado de cerebro religioso, la política de la nada y la falsa filosofía», «SAMO © por la llamada vanguardia» o SAMO© es un fin para confinar los términos del arte cabalgando en los fondos de inversión de papá».

Jean-Michel Basquiat
(Detail) ‘Gold Griot’, 1984. Acrylic and oilstick on wood (1960-1988) Broad Collection. Photo: rocor

«¿Sabías entonces que ibas a dejar de hacer grafitis y empezar a pintar en lienzo? ¿Tenías idea de que ibas a entrar en el circuito de las galerías de arte?», le preguntó Becky Johnson en la entrevista ya citada. Y Basquiat respondió: «Estaba más interesado en atacar ese circuito en esa época. No pensaba en pintar, pensaba en burlarme de los cuadros que había allí más que en pintar. Apenas había arte cuando llegué y me confundió un poco. Pensé que separaba a la gente en parte. Creí que eso alejaba a mucha gente del arte».

Jean-Michel Basquiat
‘Offensive Orange’, 1982, Jean-Michel Basquiat
Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec

Cuando Basquiat observó la gran atención que empezaba a ponerse en aquellos grafitis de SAMO, decidió acabar con ello con una última frase: «SAMO © is dead». Dejó las calles y pasó a trabajar en estudio; sin embargo, no abandonó nunca aquel espíritu de denuncia que latía en sus grafitis.

Sus obras están llenas de iconografía y palabras que expresan la lucha racial, que hablan de la esclavitud y de su interés por el pasado afroamericano, su orgullo y su vida cotidiana como negro en Brooklyn y su crítica al capitalismo. Y en gran parte de ellas, como en Asquerosos liberales, hace un llamamiento a la libertad y a la igualdad.

BUSCA MENTORES Y PERSÍGUELOS

Contar con el respaldo de alguna figura consagrada del mundo del arte o con un personaje influyente dentro del circuito de galerías de arte facilitará, qué duda cabe, que la carrera artística de cualquiera despegue y vuele alto. Basquiat lo sabía. Por eso no dudó en acercarse a Warhol, por quien sentía fascinación, cuando le vio junto al curador del Met en uno de los bares de moda de Nueva York.

Jean-Michel Basquiat
‘Dos Cabezas’, 1982, Jean-Michel Basquiat
Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec

En aquella época el artista de Brooklyn se buscaba la vida en las calles vendiendo postales y camisetas que él mismo pintaba y decoraba. Cuando pasaba frente a la ventana del bar vio a Wharhol y entró, yendo directo hacia él. Sin titubeos, le mostró su trabajo.

El genio le compró una de aquellas postales por un dólar y así comenzó una relación que sería muy fructífera para Basquiat, y también para el propio Warhol, quien reconoció haber vuelto a coger los pinceles gracias al él. Warhol introdujo a Basquiat en la complicada red de galeristas, críticos, curadores y artistas que le auparían al reconocimiento que tuvo hasta su muerte.

MI ESTUDIO ES UN JARDÍN: JOAN MIRÓ SOBRE EL PROCESO CREATIVO

MI ESTUDIO ES UN JARDÍN: JOAN MIRÓ SOBRE EL PROCESO CREATIVO

El pintor catalán comparó el crecimiento de una planta, la creación de un jardín, con el trabajo artístico y su necesidad de tiempo y paciencia…

Los cuadros y esculturas de Joan Miró destilan una especie de quietud, de serenidad. Es curioso que dicha cualidad fue un contrapunto de los sentimientos de angustia que el artista experimentaba al momento de hacerlos, y que lo acompañaron siempre durante su proceso creativo. Él supo que la quietud (hermana de la paciencia) que vive en sus piezas también debía permear su proceso de creación, al que alguna vez se refirió como un jardín del que él mismo era el jardinero.

A finales de noviembre de 1958, la crítica y artista Yvon Taillandier sostuvo una conversación con un Miró de 65 años. Durante este encuentro, el barcelonés habló de sus procesos creativos y su filosofía del arte, lo que resultó en una especie de manifiesto, un libro titulado Je travaille comme un jardinier / I work like a gardener (1964), una edición bilingüe de la que sólo se imprimieron 75 copias —una de las más claras ventanas al pensamiento del artista.

En la entrevista con Taillandier, Miró se describe como un hombre taciturno, tendiente a la tristeza y a lo trágico. También habla sobre la tensión espiritual necesaria para crear, que de acuerdo al pintor y escultor no debe nacer de ninguna clase de sustancia química, como el alcohol o las drogas, sino de elementos que alimentan el alma del artista, como la arquitectura —la de Gaudí era su preferida—, la música o solamente un simple paseo por la ciudad: las atmósferas urbanas fueron una de sus varias fuentes de inspiración.

El pensamiento de Miró tendió a dotar de una cualidad humana a los objetos inanimados:

Para mí, un objeto está vivo; este cigarro, esta caja de cerillos, contienen una vida secreta mucho más intensa que la de algunos humanos. Veo un árbol y me conmociono, como si se tratara de algo que respira y habla. Un árbol es también algo humano. 

Esta noción es muy evidente en su obra, donde existen elementos que, aunque a primera vista podrían sentirse inanimados, están llenos de una extraña y conmovedora vida.

Una de las cualidades que Miró siempre consideró central en su filosofía artística fue la quietud, aquella que, al final, desencadena el movimiento interior.

[La quietud] me sorprende. Esta botella, este vaso o una gran piedra en medio de una playa —son cosas inanimadas que provocan grandes movimientos en mi mente… Un grupo de personas que van a la playa a nadar y se mueven me tocan mucho menos que [la quietud] de una piedra. (Los objetos sin movimiento se vuelven grandiosos, mucho más grandiosos que aquellos que se mueven.) [La quietud] me hace pensar en los grandes espacios donde los movimientos suceden, movimientos que no se detienen en algún punto, movimientos que no tienen fin. Es, como Kant dijo, la irrupción inmediata de lo infinito en lo finito.

La paradoja es clara y radiante: para Miró el secreto de su arte nacía de una especie de movimiento quieto.

De forma igualmente contradictoria, su proceso creativo implicaba momentos de angustia cuando una pieza no lo satisfacía, una sensación de asfixia, de shock, que lo obligaba a trabajar la obra hasta que ésta le resultara terminada; él trabajaba hasta que esa angustia desaparecía. Esto implicó que un trabajo sin terminar podía pasar años en su estudio… y a él le parecía bien. Esas obras inconclusas eran plantas que crecían a su propio ritmo, dentro del jardín, que era su estudio:

Considero mi estudio una cocina-jardín. Aquí crecen alcachofas. Allá, papas. Las hojas deben ser retiradas para que los frutos crezcan. En el momento preciso, debo podar.

Trabajo como un jardinero… Las cosas llegan lentamente… las cosas siguen su curso natural. Crecen, maduran. Yo debo trasplantar. Yo debo regar… El proceso de maduración continúa en mi cabeza. Así que siempre estoy trabajando en muchas cosas al mismo tiempo.

El mundo actual, su prisa y su inmediatez, nos han acostumbrado a un ritmo distorsionado, acelerado. Pero el arte funciona en un plano distinto, con sus propios tiempos y, como un jardín, requiere paciencia y un jardinero a su cargo. Por ello, la reflexión de Miró es especialmente valiosa hoy en día, es un elocuente recordatorio de que casi todo lo que es valioso en este mundo toma tiempo en existir.

Imagen: Carl Van Vechten – Library of Congress

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