La corrida

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En este polvoriento solar, cada año más de 30.000 reses bravas son públicamente apaleadas, taladradas con garfios, arrastradas del cuello con una soga, abrasadas en vivo con bolas de brea, degolladas en medio de un gran jolgorio. Presidiendo esta carnicería ya no hay un Dios sediento de plasma al que haya que saciar. De aquella antigua liturgia sólo ha quedado un espectáculo cuyo fundamento es la muerte, y ésta se consigue con suma violencia después de haber llevado a un bello animal hasta su última de gradación, que coincide con la del público, aunque éste lo ignore. Alrededor del toro cubierto de heridas baila un divo disfrazado de naipe o se agitan armados con garrotas los mozos en el pueblo mientras la plebe bosteza o ruge esperando ver los intestinos de alguien bajo el sol de España. Pero eso sucede pocas veces. En cualquier cuartel de la remonta, el número de soldados que han muerto de coz de mula es mucho mayor que el de toreros caídos en la plaza en toda la historia. La víctima de este siniestro tinglado es el toro y también el alma del espectador, donde la muerte se introduce como una fiesta. Más de 30.000 reses bravas ajusticiadas cada temporada forman un gran charco de sangre en mitad de la patria y en el subconsciente de los ciudadanos. El Ministerio de Cultura considera que semejante escabechina es patrimonio de nuestro espíritu; en el tendido, algunos poetas ponderan la calidad del estofado que los picado res dejan en lo alto de la fiera; en barrera, la aristocracia come albóndigas contemplando a los monosabios que tapan con la escoba excrementos y cuajarones después de cada faena; en el burladero del callejón se fuma un puro entre regüeldos de codillo un gerifalte del Gobierno; banqueros muy castizos hablan de cornadas en la femoral y de otros préstamos parecidos en el ámbito del desolladero, y allí mismo un intelectual explica a un corro de japoneses la profundidad o nivel que ha alcanzado la cuchillada del matador. Sobre este muladar hace unas posturitas la sota de espadas y a eso se llama arte. Viva España. Vivan las moscas.

MANUEL VICENT

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Pintura de Juan Barjola

Obras de Monserrat Gudiol

Montserrat Gudiol...

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Pintura de Susana Reberdito

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Susana Reberdito

Obras de Nicholas Roerich

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Del implacable peso de la Fortuna

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El peso de la sociedad es tan avasallador que apenas queda margen de acción para el individuo. Nos arrastra la corriente. Si el individuo no es ciudadano, sino consumidor, como sucede en nuestros días, sólo vale en la medida en que pague gasolina, recibos de luz, seguro, hipotecas, facturas de teléfono, gastos escolares, el pan nuestro de cada día, etc etc. Un error que me parece fundamental señalar es el error de creer que con esfuerzo lograremos lo que nos propongamos. Esto es totalmente falso. Sería como si una piedra creyera que cae por propia voluntad, cuando es la fuerza de la gravedad la que la impulsa. Las condiciones sociales, la familia, la época, los golpes de destino, nuestro carácter (que no escogemos) nos condicionan de una manera decisiva. Frente a esto bien poco podemos hacer. Esto no es derrotismo, sino lucidez. Preferimos engañarnos, o mejor dicho, nos engañan con ese camelo. Descubrir ese error tiene algo que consuela. Nuestras fuerzas son limitadas. La vida es una cruda lucha por la supervivencia para cientos de millones de casi personas. La pobreza oprime y como se sabe cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana. 
           El azar determina la inmensa parte de nuestra vida. Es un azar nacer. Es una lotería tener o no tener talento. ¿Por qué la naturaleza hace a unos tontos y a otros listos? ¿A unos fuertes y a otros débiles? ¿Aunos vivos y a otros apáticos? 
         Si no sabemos quiénes somos, a dónde vamos ni de dónde venimos, poco más podemos hacer que soportar los caprichosos giros de la Fortuna. Para una persona con suerte (trabajo, familia, dinero) es fácil la virtud y el equilibrio. El afortunado cree, por vanidad, que su felicidad y su virtud se deben a su propio mérito. Y así camina ufano por el mundo, creyéndose invulnerable, mirando por encima del hombro a tantos desgraciados. No, amigo: si tienes una familia ordenada, dinero suficiente, buenas condiciones de vida, es, sobre todo, porque el Destino no te ha mirado con sus ojos verdes y tenebrosos. 
        Construir una vida digna como una zanahoria requiere grandes dosis de sensatez, anfetaminas y desparpajo. ¿Exigirnos mucho? No creo que “si te esfuerzas lo suficiente conseguirás lo que te propongas”.¡Falso! La Fortuna tiene casi siempre (concedamos un margen para no desesperar) la última palabra.  
        Somos huéspedes fugaces en este mundo extraño, marionetas de la suerte. ¿Quién nos conoce? Lo decía Unamuno: “toda vida a la postre es un fracaso”. Pues sí, fracasaremos todos, ¿y qué? ¿Fracasan los gorriones, las medusas, las arañas, las piedras? ¿Qué son el éxito y el fracaso? Un par de impostores. Mejor será que modere mi ambición, que la acomode a la pequeñez de mis fuerzas. ¡Qué minúscula se ha quedado! ¡Qué arrugada! Dejo de divagar. El asunto me supera.

http://selvadevariaopinion.blogspot.mx

Pintura de Raquel Barnatán

Obras de ALFONSO FERRO

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Obras de HECTOR FRANK

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Obras de Ion Pacea

Midnight Sun - Ion Pacea

Still Life With Pomegranates - Ion Pacea

Marina - Ion Pacea

Tree Coming Into Bud - Ion Pacea

Composition with Evanescent Butterfly - Ion Pacea

Cuatro poemas sobre la pintura Su Tung-p’o (Su Shih)

Traducción y versiones de Octavio Paz

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Sobre la pintura de una rama florida
(Primavera precoz) del secretario Wang

¿Quién dice que la pintura debe parecerse a la realidad
El que lo dice la mira con ojos sin entendimiento
¿Quién dice que el poema debe tener un tema?
El que lo dice pierde la poesía del poema
Pintura y poesía tienen el mismo fin:
Frescura límpida, arte más allá del arte
Los gorriones de Pien Luen pían en el papel,
Las flores de Chao Ch’ang palpitan y huelen,
¿Pero qué son al lado de estos rollos,
Pensamientos-líneas, manchas-espíritus?
¡Quién hubiera pensado que un puntito rojo
Provocaría el estallido de una primavera

 

Sobre una pintura de Li Shih-Nan

Serpea por el prado. En sus márgenes todavía
Estragos de la crecida. Claros en las arboledas:
Las raíces quemadas por la helada asoman, oblicuas.
Un botecito de un solo remo —¿adónde va?
Al sur del río, a un pueblo de hojas amarillas.

 

Cuando Yu – K’o pinta…

Cuando Yu-K’o pinta bambúes
Todo es bambú, nadie es gente.
¿Dije que no ve a la gente?
Tampoco se ve a sí mismo:

Absorto, bambú se vuelve,
Un bambú que crece y crece.
Ido Chuang-tse, ¿quién otro tiene
Este poder de irse sin moverse?.

 

 

 

Poema escrito sobre una pintura
de Wang Chin-Ch’ing

Flotan, grises y verdes, sobre el pecho del río:
¿son montes o son nubes? De lejos no se sabe. 
Pero las nubes pasan, se dispersan las nieblas,
aparecen montañas, colinas, arboledas. 
Por riscos verdinegros cien cascadas bullentes. 
Se cuelan por los bosques, saltan entre las peñas,
son de jade y serpean, torrentes son espuma, 
blancas se precipitan entre verdes abismos.
Al llegar a los llanos, los rápidos se juntan
en las aguas pacíficas del río poderoso.
Un puentecillo lleva a una posada rústica,
asida a un farallón. Ir y venir de gente
bajo los quietos árboles. Una motita allá,
donde el azul del río se ha vuelto azul del cielo:13
una barca en lo inmenso perdida…
                                                     Tus pinceles
reviven estas vistas y al mirarlas deseo
un pedazo de tierra, un pedazo de cielo.

Pasé en Wang Cheng tres años: primaveras airosas,
las aguas encrespadas, sereno el firmamento;
del monte a la llanura bajan, de lluvia grávidas,
las tribus de las nubes, nómadas del verano; 
en el otoño límpido, los vuelos de los cuervos
de los arces en llamas a las barcas dormidas;
mediodías de invierno: sobre el mundo en letargo
la sacudida nieve de los pinos enhiestos.
También son de este mundo, no sólo de inmortales,
Wu-ling y la corriente con la flor de durazno14.

 

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Comentario de Octavio Paz

CUATRO POEMAS SOBRE LA PINTURA. POEMA ESCRITO SOBRE UNA PINTURA DE WANG CHIN-CH’ING. Hace más de veinte años traduje algunos poemas de Su Shih (Su Tung-p’o), gran poeta, político y enamorado de la pintura. Entre esos poemas, recogidos en la primera edición de Versiones y diversiones (1974), hay uno que tiene por tema una pintura de Wang Chin-ch’ing: Neblina sobre el río Yang-tse y las colinas circundantes. El pintor Wang Chin-ch’ing fue amigo cercano de Su Tung-p’o y sufrió la misma pena del poeta cuando éste, caído en desgracia, fue desterrado en 1080. El cuadro -o más bien, rollo pintado con tinta negra- ha desaparecido pero, gracias al poema célebre de Su Tung-p’o, su memoria perdura. El otro día, hojeando el precioso libro ilustrado que han publicado el Museo Metropolitano de Nueva York y la Universidad de Princeton (Words and Images: Chinese Poetry, Calligmphy and Painting) me encontré con una doble sorpresa: una hermosa versión caligráfica del poema y dos paisajes de dos notables pintores, ambos inspirados no en la obra perdida sino en el poema. La caligrafía es de Chao Meng-fu, que vivió dos siglos después de la muerte del poeta (1254-1322); uno de los paisajes es de Weng Cheng-ming (1470-1539) y el otro, que a mí me gusta más, de Shen Chou (1427-1509).

Su ‘rung-p’o fue el primer poeta que en China, como Horacio en nuestra tradición, subrayó las afinidades entre la poesía y la pintura. Es verdad que otros poetas, además de practicar la caligrafía, fueron también pintores. Entre ellos el más famoso fue Wang Wei. Sin embargo, con Su Tung-p’o aparece algo nuevo: una teoría de las relaciones entre la poesía y la pintura. Para que la pintura sea realmente un arte, dijo varias veces, tiene que ser también poesía. En un poema dice: «Poesía y pintura tienen el mismo fin… arte más allá del arte». Quiso decir: más allá de la habilidad técnica, sea el instrumento la palabra o el pincel. Para ilustrar sus ideas se me ocurrió ofrecer a los lectores de Vuelta la caligrafía de Chao y los dos paisajes de Weng y de Shen, así como una nueva versión al español del poema. Esta traducción difiere considerablemente de la primera. Como en otros casos, ofrezco más bien una paráfrasis del poema o, como se decía antes, una imitación. Pero una imitación en la que he procurado conservar todos los elementos del original. Me he servido de varias traducciones, entre ellas, especialmente, las de Burton Watson y Yu Min-chuan. Añadí otra pintura de Shen Chou, también en tinta negra como las anteriores: Poeta en una colina. No tiene relación directa con el poema pero sí con su tema. Caligrafía, pintura y poesía: las tres perfecciones, según la crítica tradicional china.

Verso 14: El Yang-tse Kiang se llama también el río Azul. Al confundirse, en la lejanía, con el cielo, las aguas del río se vuelven realmente azules.

Versos 26 y 27: Respuesta de Su Tung-p’o al poema de Li Po, Pregunta y respuesta:

¿Por qué vivo en la colina verde-jade?
Sonrío y no respondo. Mi corazón sereno,
flor de durazno que arrastra la corriente. 
No el mundo de los hombres,
bajo otro cielo vivo, en otra tierra.

La «flor de durazno» de los poemas de Li Po y Su Tung-p’o alude a la alegoría Noticia de la Fuente de la Flor de Durazno del poeta T’ao Yíían-min. (T’ao Ch’ien 365-417.) Un pescador descubre accidentalmente, en las cercanías de Wu-ling, una floresta de árboles de durazno, un sitio encantado que alimenta una fuente. Hay una montaña, una caverna y, al otro lado, una comunidad de, campesinos libres y felices, que viven aislados del mundo e ignorantes de los asuntos públicos. Una sociedad antes de la historia. El pescador regresa a la civilización y, aunque después intenta volver al rústico paraíso, no encuentra jamás el camino. El poema de Su Tung-p’o también es una respuesta a T’ao Ch’ien: él  conoce el camino de regreso pero no puede volver. Conflicto de ideas y deberes: el hombre público (Confucio) frente al poeta (taoísmo).

El paisaje de Wang Chin-ch’ing, así como los de Weng y Chou, nos muestran un momento de la naturaleza: los cambios en la atmósfera y en los montes, el furor de las cascadas y la paz del río, la gente que atraviesa el puente y la barca lejana. Todo aparece en un momento de inmovilidad. El arte de los pintores -sobre todo el de los paisajistas chinos- consiste en hacernos ver que esa inmovilidad es ilusoria: la naturaleza está en perpetuo movimiento. Pero el poema de Su Tung-p’o vuelve explícitos esos cambios que la pintura sólo insinúa: el horizonte se aclara, aparecen las colinas y los bosques, las cascadas saltan de los peñascos y mezclan sus aguas a las del gran río. Más adelante, en ocho versos, el poeta evoca el tránsito de las cuatro estaciones. El poema, al terminar, rompe bruscamente con la manera descriptiva y nos presenta un conflicto ético y filosófico: el ideal confuciano del hombre público frente al del sabio que renuncia al mundo y escoge la vía solitaria de unión con la naturaleza.

Las pinturas no reflejan los cambios del mundo natural y menos aún el conflicto ético y-psicológico. Y en esto reside la gran diferencia entre la literatura (la poesía) y las artes no verbales.

México, a 19 de marzo de 1995

 

Fuente: Versiones y diversiones. Traducciones de Octavio Paz. Galaxia Gutenberg.

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Cómo el surrealismo predijo que nos convertiríamos en seres ausentes de reflexión

El movimiento surrealista representa un punto significativo en la historia que abarca entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. La corriente comenzó en 1924 en París, Francia, con la publicación del Manuscrito Surrealista de André Bretón. Debido a todos los desastres causados por la guerra, los artistas usaron su realidad como fuente de inspiración y elemento liberador del subconsciente. Esta manifestación del subconsciente era una alternativa en lugar de pintar exactamente la situación que ellos vivían; a esto le denominaron automatización.

La filosofía de los surrealistas consistía en dejar ir el método tradicional de hacer arte, el cual funcionaba como un espejo de la realidad de ese entonces. Una de las técnicas o mecanismos que ellos utilizaban era la automatización, que era un estado mental que les permitía expresarse libremente sin el constante juicio de lo racional y las reglas sociales que limitaban su expresión artística. Era una forma de alimentar el fuego de sus inventos casi incoherentes.

Los artistas surrealistas la utilizaban para dejar fluir todas las ideas y crear obras de arte. Por ejemplo, el cadáver exquisito, el cual consiste en el ejercicio de una escritura automática de manera grupal. Cada quien escribía en un pedazo de la misma hoja lo que quisiera, doblaba su parte y se la pasaba al siguiente sin que éste viera lo que antes se escribió. Al final se leían todos los escritos de manera continua, el resultado era algo totalmente diferente a lo que cada quien plasmaba al inicio.

Actualmente las formas de hacer guerras se han transformado, la sociedad se enfoca en una idea de progreso orientada hacia el desarrollo tecnológico y las vanguardias han quedado atrás. Sin embargo, hoy en día aún arrastramos algunas características del surrealismo: la automatización. Fueron las inventores de las máquinas quienes adoptaron dicha expresión artística y la aplicaron hacia la industria mecánica.

Antes, lo automático —la idea de desconectar la conciencia humana y enfocar los sentidos en un esfuerzo mecánico no razonado— era utilizado por seres humanos para crear obras de arte. Ahora las máquinas reflejan ese modo de producción con el elemento masivo o de gran escala, ausente de todo carácter personal e imaginativo. El individuo se ha vuelto un receptáculo neutro debido al consumo excesivo de la tecnología que las máquinas producen, y ese consumo mantiene el carácter mecánico e inconsciente por parte del ser humano. Nos vemos desde la juventud consumiendo información, ausentes de reflexión, en un automatismo perpétuo, el llamado scrollear contemporáneo. Imitamos el movimiento de las máquinas: rapidez sin el uso del raciocinio.

Este suceso tiene como consecuencia el uso trastocado de la automatización.Los surrealistas la usaban para liberarse de los filtros de la conciencia y soltar su lado creativo alejado de la razón; sin embargo, el ser humano ha dejado de reflexionar sobre sus actos cotidianos, a pesar de que los problemas actuales exigen más de la reflexión y el cuestionamiento de nuestros actos.

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