Las olas

La obediencia de las olas de Nemesio Diez
La obediencia de las olas de Nemesio Diez

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas.

Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. En medio de un gran temporal, el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concentrada que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo.

Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzadas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado por el sol pero no vencido.

La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.

Articulo de Manuel Vicent/elpais.es

Aprender a disculparnos

yessi eduardo santos
yessi eduardo santos

Somos muy dados a reclamar situaciones que no nos gustan. Creo que debemos hacerlo. Si estamos equivocados, eso ya se vera. La reclamacion es mayor con las personas que mas nos quieren o mas queremos. No protestamos con el mismo tono a los “amigos”, a nuestros jefes o a la gente con la que convivimos diariamente. Esta claro, donde hay confianza, da asco. Incluso, llegamos a  reprochar ciertas posturas a nuestros seres queridos que nunca se nos ocurriria hacerlo con otras personas. No me gusta nada. En lo personal voy a hacer la lucha para que esto no siga ocurriendo.

Lo que todavía no aprendemos bien es a saber disculparnos. En la misma proporcion que los reclamos, es mas facil disculparse con los otros que con los nuestros. Orgullo mal entendido

A la familia la tenemos asegurada, siempre nos van a perdonar. Pero el miedo a perder a los que creemos que son nuestros amigos, o a los que si son nuestros amigos o arriesgar el trabajo por demandar lo que pensamos que es nuestro derecho, nos hace recular. Esto no nos hace mejores. De hecho, nos vamos haciendo pequeñas laceraciones cada vez que nos tenemos que meter la lengua en el culo para evitar broncas. Nos vamos desgastando y nos vamos convirtiendo poco a poco en personas llenas de frustración. La descarga de esta pesada losa la dejamos la mayoria de las veces en nuestros propios hogares. La disculpa no es humillación, es reconocimiento..No estamos acostumbrados a ver a nuestros gobernantes, a los lideres espirituales, a nuestros seres queridos, al personal mediatico, a pedir disculpas. Nos hemos vuelto expertos no en pedir sino en poner disculpas. Para todo tenemos una excusa. ¿ Que llegue tarde?, el trafico. ¿Que no te avise a tiempo?, se me fue la señal del movil o se me acabo la pila, ¿no te parecio lo que te dije?, ¡que sensibilidad!. Las malas decisiones de un gobernante, las pendejadas de los representantes de las iglesias, las equivocaciones de los lideres en los diferentes estratos de la sociedad, no van de la mano con el perdon. Solo los pretextos y las evasivas tienen lugar en la boca de las personas.

Vamos a aprender a disculparnos.

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Desnuda

ruibal
Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
Lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
Tienes líneas de luna, caminos de manzana,
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
Tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
Desnuda eres enorme y amarilla
Como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
Curva, sutil, rosada hasta que nace el día
Y te metes en el subterráneo del mundo
Como en un largo túnel de trajes y trabajos:
Tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
Y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

PABLO NERUDA

Cantabrico

Cantabrico by S. Reberdito
Cantabrico by S. Reberdito

EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, tu siempre preferirás el mar!
La mar es el espejo en que tu alma se mira,
en su onda infinita eternamente gira,
y tu espíritu sabe lo amargo saborear.

Hundiéndote en su seno, desnudo para el viaje,
la acaricias con brazos y ojos; tu corazón
se distrae muchas veces de su propia canción
al escuchar la suya, indómita y salvaje.

Los dos sois tenebrosos y a la vez sois discretos:
hombre, nadie ha llegado al fondo de tu abismo;
¡oh mar!, nadie ha llegado a tu tesoro mismo;
¡con tan celoso afán guardáis vuestros secretos!

Y entre tanto que pasan siglos innumerables,
sin piedad y sin miedo uno y otro atacáis,
de tal modo la muerte y el combatir amáis,
¡oh eternos luchadores, oh hermanos implacables!

(Charles Baudelaire)