Amado inmóvil

Ni el camarero uruguayo, ni los mexicanos escritores, supieron que estaban realizando el mejor homenaje para el gran Amado Nervo, muerto hoy hace 100 años

JORGE F. HERNÁNDEZ

Amado inmóvil
J.F.H.

Hace unas horas, de sobremesa, en una legendaria casa de comidas de Madrid, un entrañable camarero uruguayo se acercó a saludar (como cada viernes) a dos escritores mexicanos. Por una fraternidad innegable, cada vez que se acerca (como cada viernes) se elogia la magia del País Púrpura (como bautizó el explorador Hudson a ese paraíso oriental que llamamos Uruguay) y se evoca su música callada, sus heroicos futbolistas y sus escritores fantasmas. Hace apenas unas horas, uno de los mexicanos evocó con nostalgia la figura de Felisberto Hernández que escribía pequeñas joyas en prosa con las mismas yemas de sus dedos de pianista de cine mudo, despeinando cuentos con una locura sentimental inigualable y el otro mexicano, poeta de cepa, tuvo a bien mencionar la muerte de Amado Nervo en Montevideo, recién nombrado embajador de México, caído por uremia en brazos del canciller uruguayo que hacía pocos días le había recibido sus Cartas Credenciales.

Consta que Nervo había conquistado París haciéndose amigo del gran Rubén Darío, Oscar Wilde y tanta prosa y poesía que apuntaló él mismo en su magnífica pluma de inmenso poeta y cuentista. Consta que Nervo trabajó en la Embajada de México en España, habitó breve santuario en la calle de Bailén número 15 (frente al Palacio de Oriente de Madrid) y que allí mismo vivió un amor intenso e intonso, secreto y novelable con la francesa Ana Cecilia Daillez, que murió en silencio una noche que dejó de ser anónima en el instante en que su Amado inmóvil decidió velar su cadáver esa noche y toda la madrugada siguiente escribiéndole al oído el insustituible poema titulado La amada inmóvil. Que conste también que hay un personaje de novela que recorre las calles de Madrid en busca del aura luminosa del amor de su vida y que, en la novela, es auxiliado por Alfonso Reyes en su loca aventura cervantina, quien lo lleva precisamente a conocer a Nervo en la calle de Bailén… y el Amado inmóvil contagia su luto de amores encendidos y pebeteros refulgentes como hace todo poeta digno de homenaje eterno.

Ni el camarero uruguayo, ni los mexicanos escritores, supieron hace unas horas que estaban realizando sin querer el mejor homenaje posible para el gran Amado Nervo, muerto hoy hace exactamente 100 años. Conozco y quiero de veras a descendientes bellas del gran Amado Nervo y con estas líneas quiero abrazarlas y contagiar a quienes aún no descubren el tesoro de su poesía con solo mencionar que al morir en Montevideo, su amigo el escultor José Luis Zorrilla de San Martín, reaccionó al instante y realizó la mascarilla mortuoria de un escritor mexicano que acababa su fugaz servicio de embajador en Uruguay para recibir un electrizante y muy conmovedor homenaje: su cuerpo fue llevado por una fragata de la marina argentina ARA Uruguay, escoltada por barcos argentinos, cubanos, venezolanos, brasileños y todas las velas de esto que llamamos comunidad iberoamericana, poetizando las olas a su paso de espumas, poetizando las redes de los pescadores honestos y poetizando con lágrimas la llegada del poeta Nervo, Amado inmóvil que volvía a México para dormir ya para siempre en la Rotonda de los Ilustres.

Décadas después, mi amigo Jorge Valdés Díaz-Vélez –a la sazón consejero cultural de México en Argentina y hoy comensal de una vieja casa de comidas madrileñas—recibió de manos del canciller de Asuntos Exteriores de Uruguay la mascarilla de Amado Nervo realizada por el gran escultor Zorrilla, el mismo que dio nombre al colegio donde realizó sus primeros estudios el ahora camarero entrañable de la misma casa de comidas en Madrid, tan cerca de donde paseaba Nervo de tarde en tarde. El camarero de la Tierra Purpúrea se acercó a la mesa de unos escritores, sin saber que todo, absolutamente todo sirve para que el azar juntara por un instante al diplomático mexicano que recibió la máscara en yeso de un poeta ya inmortal y su cumpliera un homenaje en el centenario de un escritor incólume, poesía vigente, prosa ejemplar… diplomacia de todas las leyendas, que en fondo, son como Amado inmóvil de quien los lea.

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Muescas

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Me gusta interpretar las muescas en las piedras sobre las que camino
los hormigueros y las hojas que no lograron llegar al otoño
Las bugambilias moradas y los eucaliptos para mi tranquilidad
el serpenteo de las lagartijas que se infartan con cualquier movimiento
La forma que le le dan los jardineros
A los laureles y los ficus
Artistas
Y ver esos colores en el cielo
Nubes de terciopelo sonriendo
Al maestro
Esos atardeceres de Querétaro
que hasta Jorge Luis
Alucinó
Borges
Sol, luna y amaneceres……

JAP

Extracciones: Procedencia [Joseph Stroud]

Extracciones: Procedencia [Joseph Stroud]

Los siguientes poemas pertenecen al libro Procedencia, del poeta estadounidense Joseph Stroud, publicado recientemente en Argentina por La Carretilla Roja. La traducción es de Shira Rubenstein, bajo el cuidado de Laura Wittner.

Noche de día

La noche no quiere terminar, nunca quiere entregarse
a la luz. Así que se esconde en las cosas: cuervos, obsidiana.
Hasta en el solsticio de verano, día en que la luz tiene
su gran triunfo, donde campos de girasoles devoran el sol:
partimos la sandía y escupimos
semillas negras, pedazos de noche que relucen en el pasto
.

Homenaje al nogal negro en el centro de Santa Cruz

A la tardecita, arrastrándome desde el banco a la librería,
paro y miro el nogal negro de Cedar Street,
el follaje verde de sus hojas y las inmensas ramas curvas.
Un árbol es un lugar, no un objeto, es una isla en el aire
donde nuestra mirada pueda vivir un tiempo, aliviada,
sin cargar este cuerpo pesado y terrenal.

Primer principio de la termodinámica

Era un buen tipo, y cuando se murió los amigos honraron
su deseo final: cremaron el cuerpo y metieron las cenizas
en los cartuchos de sus escopetas. Caminaron por el bosque que él amaba,
disparando al azar entre los árboles. Por todos lados caía
en una lluvia de polvo, un polen de cenizas que fue como el recuerdo
de un chico que caminaba bajo los árboles en un diluvio de hojas.

¿Oís ese teléfono? Parece una llamada de larga distancia

La Muerte está hablando con alguien por teléfono, larga distancia,
yo estoy afuera de la cabina, esperando para llamar a casa, impaciente,
intentando que no se me note, y la Muerte sigue con su parloteo
y cada tanto se da vuelta, ojalá esa mirada vacía
no sea para mí, me digo, y pienso en ese pobre que está
del otro lado, aferrado a su teléfono, negándose a cortar.

La traducción difícil del amor

Pasados cinco años de matrimonio,
pensó que su corazón había logrado traducirlo.
Pero fue como esa noche en el Ciclo de Cine Extranjero
cuando de pronto en mitad de una película
los subtítulos cambiaron a doblaje
y por un instante pensó que entendía rumano
.

Día de alegría

Las abejas armaron una colmena en la pared de mi cabaña.
No quiero discutir más sobre prosodia.
No quiero hablar de Saussure ni del significado
del significado. Solo quiero imaginar a esas abejas
haciendo un panal dentro de mi vida, solo quiero
el sabor increíble de esa miel silvestre.

Silencio, astucia, exilio

En el entierro de Joyce, cantó el tenor: addio terra,
addio cielo. En el manicomio su hija exclamó
¿Qué hace ese imbécil bajo tierra?
¿Cuándo se va a decidir a salir? Su mujer
pensaba que a Joyce le agradarían los leones
que rugían cada amanecer desde el zoológico cerca de su tumba.


Portada Procedencia
Joseph Stroud, Procedencia. Trad. Shira Rubenstein. La Carretilla Roja, 2019.

Foto Joseph Stroud

JOSEPH STROUD (Glendale, California, 1943). Autor de cinco libros de poesía: In the Sleep of Rivers (Capra Press, 1974), Signatures (BOA Editions, 1982), Below Cold Mountain(Copper Canyon Press, 1998), Country of Light (Copper Canyon Press, 2004) y Of This World: New and Selected Poems (Copper Canyon Press, 2009). Ha recibido numerosos premios y honores a lo largo de su carrera literaria. Actualmente divide su tiempo entre una casa en Santa Cruz en la costa de California, una cabaña en la Sierra Nevada y un pequeño estudio en los cerros de Jalisco, México.

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Inéditos: Poemas de Mariela Malhue

Inéditos: Poemas de Mariela Malhue
IMAGEN: ORDILEI CALDEIRA, CONTEMPORARY INSCRIPTIONS (2011)

Abrir o cerrar los ojos, desconfiar del lenguaje, aproximarse a los objetos con el cuerpo, describir esta aproximación con palabras, volver a errar, afianzar la desconfianza, seguir intentándolo mientras la lengua sigue su curso. En estos poemas inéditos de Mariela Malhue (Santiago, 1984) la imposibilidad de la palabra le hace espacio al instante previo a la escritura para que el cuerpo o la respiración sean el lugar de la incertidumbre.

Hay cosas que tardan en volverse fáciles
el tiempo de establecer un límite ante el agobio
enaltecer la orfandad ante la certeza
tomar el nombre propio como título de una estructura
La designación de orden siempre espera un repertorio para oponerse
¿acaso la práctica del vocablo intemperie
va a cooperar con la aparición de un vigor en la sangre?
Insistimos en la generación de nuevas vías
pero repetimos el tropiezo
No puedo retener el aire mucho tiempo
cuando la pendiente acentúa su hastío

La dirección que deben tomar las palabras se otorga
en la mudez de un campo vacío
Dialogamos como una forma de rescate de nuestra sangre que brota huérfana
Huyo de la posibilidad de una idea
como si fuera una excusa para interrumpir los respiros
Una lengua homogénea no es la afición en la cual repito mi especie
ni la zona donde recobro el agua para mi cuerpo
Los gestos actúan sobre mis órganos para que tome una velocidad
El riesgo de apropiarse de la desconfianza
explica la pesadumbre en los trayectos
El movimiento de la boca se traba en el intento ficticio del habla
La obstrucción
es la nitidez con que me enfrento a los objetos

La intención de un átomo preexiste a la escritura
Su composición depende de pequeños gestos inaccesibles a la vista
previos al dominio de una mano sobre la letra
Sostengo cierta fe en que mi respiración es un gesto continuo
incluso si la idea de la muerte ha venido a elaborar su guarida en mi boca
Todo lo que nombramos es una ficción para sostener el cuerpo diariamente
una ortopedia que decora de sentido el vaciamiento
Como la templanza del que no recibe sonido
y tampoco lo entrega

El estado de la materia no significa una certeza
La música me deja por un momento ver tu nombre
Máquinas emiten un sonido coherente
Muéstrame la utilidad de las cosas
tu rostro cerca un lago de otro tiempo
Tengo un arco pero nada para lanzar
La maqueta de un pájaro que sobrevuela la ciudad
da la misma sombra que un pájaro verdadero
Las cartas proveen un texto por venir


Desatiendo la presencia de una imagen
Entre líneas discontinuas se comunica un deseo
Un ojo se forma por su erradicación
Volumen
masa
velocidad
se ahogan en el esfuerzo por recobrar la entereza
Mi nombre se borra de las cosas que uso
organizo la mirada de los objetos
provoco un ruego que vuelva a la tierra

El viento incomoda a los elementos
traslada un rito hasta su origen
Un cerro repite su forma y te corre de la escena
Temo que el agua sobre un rostro lo haga desaparecer
Del signo se desprende una sombra
Los ruidos exceden la búsqueda bajo el oleaje de las sílabas
Lo que digo es para evitar de antemano
que todas las combinaciones posibles
ahoguen la sensación de imprevisto

Un punto del plano se acerca a un eje pero nunca lo toca
Una operación expresa este hecho sin narrarlo
En el ojo desemboca un dolor inexpresable
Para toda liturgia se presta una medición
Si los tejidos se acumulan la piel interrumpe su circuito
Nodos se agrupan para mostrar el desencanto
Es torpe el intento por no revelar falla
Pensé que ellos iban a morir y fui yo quien enfermó
La carne se deteriora sin pedir ayuda
No existe una tendencia natural a la desaparición


Foto Mariela Malhue

MARIELA MALHUE (Santiago, 1984). Licenciada en pedagogía con mención en castellano por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y egresada de psicología por la Universidad de Buenos Aires. En el 2010 publica su primer libro, Estancia y doméstica, por Libros del Perro Negro; el 2015 la plaquette Facciones de un trayecto, por Paisanita Editora (Buenos Aires), y en 2016 la plaquette online Diagramar una ruta para huir del invierno, por La Ubre Amarga (Cochabamba). Ha participado de las antologías Nunca nunca (Lingua Quiltra), Kumedun / Kumewirin. Antología poética de mujeres mapuches (siglos XX-XXI) (Lom) y Devenir isla. Hacia una cartografía de poetas cubanas y chilenas (Cinosargo). Actualmente prepara los libros Frontera pasaje y El libro de las renuncias.

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LISBETH ALEXANDRA OÑA MORALES: POEMAS

LISBETH ALEXANDRA OÑA MORALES: POEMAS

DOS

Estábamos turbados en una guillotina. Un 16 de octubre afirmaste llegar con tus manos llenas de azufre a darme el stock de mi última agonía.

Te basta decir: “la filosofía me prostituye”

Por eso el ADN que construí en tus labios se va al aspirar el plantón que cae de tus cascadas.

Por eso los duendes que compramos en la plaza te acechan y derrumban el polvo que cuidaba tus días en mi lejanía.

Estábamos turbados… Nos perdimos en la desidia…

Un 30 de febrero fue el clímax mental, porque aun te construías lágrimas con discos de plomo.

“El sol desembarcaba tus ondas polares” Estábamos

Esta Ba Mos

Estabas

Estábamos eternos en nuestras quiméricas obsesiones y en los “eternos”; que se daban, cuando te acostabas con las sombras.

Esta Ba Mos

Y cantamos los versos que flagelaban el sonido.

A noche descubrí que el mundo está cabreado y que no tiene eje que lo centre.


Por eso sigo tejiendo tu mirada en mis dedos.

Anoche nos desquiciamos con la temperatura de las calles y con tiburones terrestres que comían la memoria.

Anoche pasamos gustos la iglesia que no es morada de tu Dios.

Anoche estábamos Esta

Ba Mos

Estabas y Ahora no.

C i r c o    e n     l a       l l u v i a

Regreso a la lluvia

camino en ella, me columpio.

¿En la cuerda floja?

Tomo un paraguas, me balanceo

-Cabeza chapote ante, divagas en espejos lodosos-

Imagino un circo que atraviesa mi tristeza guardo la lluvia que no me limpia

que se me olvida de pronto caigo

tropiezo, lloro, decido, me lastimo caigo.

Me toma un cometa…

en el séptimo vuelo explotan mis pulmones. Transmuto…

Quiero unirme al sistema pájaro.

En Vuelco auto suicida de nubes en polvo

Que se prolifera, transforma.

Me pongo melancólica

Me hace falta el asco de mis gritos,

Pero regreso a la lluvia y me columpio en ella Tal vez…

¿En la cuerda floja?

Turbulencia de un ascendiente

A papa le gustaban las fieras locas intensas… De chiquito proliferaban notas suaves.

Degustaba de noches alucinadas Y el verde plateado de su tiempo.

Degustaba de putitas babeantes

“Ellas”

le daban las cenizas de sus ojos.

Un poco, pálido, moreno, ondulado Degustaba del encierro y el fastidio De la iglesia,

cada 5 años se golpeaba el pecho culposo. Degustaba dar serenos a iguanas.

A papito le gustaba beber…

Creyendo que el alcohol era un karma (y era feliz). Dormitaba y soñaba con fieras locas intensas

Que lloraban las cenizas de sus días

E impregnadas

Absorbían el verde plateado de su tiempo.


Alimañas un grito al olvido

Sigo habitando en tu mente/ en el cristal del lente izquierdo que se te quebró anoche./En los insectos que moran gatos enfermos y una que otra rata.

Un viaje a Manta era lo que necesitábamos/ ver cruzar mariposas, mosquitos tristes, mosquitos soñadores./ Ver fijarse en nuestros pechos cigarras que extraían la savia del poco amor que nos teníamos. /

Ver congas y hormigas mutantes de pena que poco a poco subían las extremidades./

Ya no importaba la mirada triste/ nos convertíamos en crustáceos/ en seres torpes de ojos borrosos que tropezaban en recuerdos./

Sigo habitando en la memoria del 98/ cuando soñaba volar el Cotopaxi/ curiosear el hielo sin quemarme y convertirme en llama errante./

Sigo habitando en la memoria de otra gente/ en la salinidad de la costa/ en el frio de la sierra./

Lo que necesitábamos era ser insectos volátiles que vaciaran el poco amor que nos teníamos./

Sigo habitando en tu mente/aunque me haya marchado a la sierra/

y no me acuerde más de vos.

 

Lisbeth Alexandra Oña Morales, (1996). No estudia letras, ni ninguna carrera de ciencias socialesafines; pero vive con la satisfacción de seguir matemáticas y química donde se le cruce, porque la ciencia también es poesía. Es contra alto desde los 12 años edad.

En 2011 participó en el concurso artístico literario: “Mujer simplemente mujer” en la programación de marzo mes de la mujer Otavaleña. Ha formado parte de distintos talleres literarios dictados por Ministerio de cultura en 2013 y 2015. Ha participado en talleres por apertura a la Feria del Libro Quito, desarrollado en el “Centro Intercultural Comunitario Kinty Wasi- la Casa del Colibrí”. Actualmente forma parte del Colectivo cultural independiente “Niño de Cristal”. Fue invitada al III Festival de Literatura y Artes Plásticas Riobamba 2016.

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Poemas de FLORENCIA MADEO FACENTE

Poemas de FLORENCIA MADEO FACENTE
Sally Nixon

Entré en un almacén de la costa

Con polvo sobre viejos productos

de cosmética (perfumes que, por ejemplo, Avon

 ya no vende en el catálogo)

y alguna que otra estampita religiosa, 

un santo con cara de pescado,

y lo que siempre falta.

Dos nenes frente a una computadora casi vieja

 a los disparos dentro de un juego

en primera persona multijugador.

Se venden sombrillas y pequeños muebles de playa

 por si se te ocurriera broncearte

y permanecer quieto junto a ellos 

toda la temporada.

La mujer que me atiende me pregunta cómo está el tiempo. 

Se ve que no sale desde la edad del polvo.

Yo pienso que de tanto viento tomaron consistencia 

un par de cosas que podrían llegar a justificar 

aquella pregunta común sobre la atmósfera,

que lo más manso de la ola se estiró como una lengua 

y se comió a las gaviotas,

y que no somos quiénes para entender su muerte. 

Alrededor de los arrecifes se empuja algo, no sé bien, 

que vuelve sólidos los tiempos,

el mío y el del salmón congelado en la ventana,

 tiempo materializado como el de una silla rota 

que soporta la lluvia en la calle

mientras nadie se la lleva.

Los adolescentes no despegan sus ojos de la pantalla. 

Me preocupa imaginarlos con una cruel ceguera.

De pronto, sobre el rifle que dispara caen pedazos blancos.

-¡Está nevando!

-Wow, qué lindo…

25 años

Estoy en una edad

en la que ya no sería apropiado que se me muriera una planta, 

tampoco salir sin paraguas o descuidarme el esmalte.

Amor, dejaste al fin de parecerte a un vendaje.

Tu elástico desprotegió con un ruido mi tamaño.

Hay igual distancia entre los veinte y los treinta, 

sé que puedo ser un puente en destrucción

o todo lo contrario.

Mi rostro final es rescatado de un cofre oscuro, 

pierde el resplandor yendo cada vez más

cerca de la superficie,

en lugar de huesos los demás reciben mis poemas 

y mis padres agitan sus pañuelos sobre mí

como si partiera.

Retrato de una inundación que ocurre en otra casa

Una gotera marcó, durante pocas noches, 

el tiempo de esta casa.

La escuchaban con las medias puestas.

Salían de la cama y caminaban dando brincos como los

 gorriones

pero las medias se enfriaron y les agarró fiebre.

«Chicos, la inundación se llevó nuestra casa. 

Ahora está en un lugar mejor».

Hay que volver a comprar camas, 

tomar fotos para los portarretratos

 (lo peor de una inundación, 

perder las fotos).

Pero la mente es amante de los rincones 

que permanecen oscuros.

No importa elegir entre un sillón verde o gris. 

Ya no se almacenarán los últimos cambios.

Los adultos de la casa no tenían su fe 

puesta en los objetos,

y sin embargo…

Pocas cosas de verdad quedan.

El gato duerme sobre la lámpara 

que fue necesaria para encontrarlo.

5.

Pensá en esos puestos de flores

y diarios que quedan abandonados 

tras el inicio de un terremoto.

Nota en un restaurant

Una mancha de sangre 

no sale,

pero si la limpiás enseguida tenés 

más chances.

Ahora bien, si te demorás 

puede que no salga del todo,

que quede imborrable el contorno 

y se forme algo monstruoso

como un país,

un país que solo vos

(no importa si la sangre es tuya

o de otro, importa sólo tu motivación 

para borrarla) sabrás vacío.

                                        De “Una ciudad en silencio”

Sobre la autora:

Florencia Madeo Facente nació en 1992. Estudia para ser profesora de filosofía y actualmente trabaja como profesora de español para extranjeros. Asiste al taller de Paulina Vinderman. Publicó “Una ciudad en silencio” en Celofán, ed. La Carretilla Roja (2018). Actualmente se encuentra finalizando un poemario.  

Colaboración: Sara Montaño Escobar

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Apuntes al reverso de un poemario

Apuntes al reverso de un poemario

 

Siempre hay que rasgarse

ya no las vestiduras o el cerebro

sino el alma;

como si fuese necesario el quiebre

para estar tranquilos

y apañar a los demás,

o al menos presentar los versos

como espadas

-inútiles espadas que no hieren

sino solo desde el pomo-.

Las manos siempre heridas,

nunca falta la mención a los padres,

a la infancia o la diabetes de la abuela

que murió sin los dedos de los pies. 

Siempre hay que dolerse

de una u otra forma,

pensando que el dolor 

es digno de respeto.

Después vendrá el tiempo de aceptar

que el amor de secundaria era ridículo,

como aquel te amo dicho a media calle

con un vaso de fruta entre las manos;

como aquellas cartas 

rebosantes de perfume y para siempres.

Ya vendrá el tiempo de envainar 

la espada del dolor amplificado

y sacar los utensilios propios

de poéticas serenas:

un buen calentador,

el pan, la copa, el queso,

unos anteojos,

una bufanda que no pique

y todos esos menesteres

para escribir sin prisa,

sentado, 

tranquilamente.

 

APUNTES AL REVERSO DE UN POEMARIO

 

si dice que es poema

es un poema

quedan emplazados los lectores

a asumir su parte indispensable

del contrato

si entienden qué mejor

pero si no

en realidad no importa

siempre habrá un par de traductores

entusiastas

amigos que pagan 

o arrendan un favor

o jóvenes astutos 

o críticos ingenuos

que vistan con sus trapos

al rey que se pasea desnudo

no importa que no suene

no importa que haga alarde

de lo obvio o que carezca

de sentido

si dice que es poema

si es leído en un encuentro de poesía

si se encuentra impreso y empastado

no hay sitio pues

para ninguna duda

 

 

AGUA Y ANHELO

 

Para R. por coincidir 

en esta isla sin orillas

Me has dicho que el sueño y el mar

son cuerdas atadas a ti, que te vuelven

al sitio dulce de la infancia y a tu isla.

Me has dicho que ahí, 

donde cede el insomnio,

aún puedes ver el bosque,

su canto tantálico de lluvia,

su lluvia obscura de batracios y de frutas.

A través del cristal de tus anteojos

miro tus ojillos quietos, concentrados

para ver el sueño en la vigilia.  

Tu voz en el recuerdo se olvida aún más

de pronunciar las erres

y el seseo se desvanece hecho suspiro,

como si la lluvia, el mar,

la brisa que no cesa en ti

deshicieran en el aire tus palabras.

Te habita aquella isla, 

como esa maldita circunstancia que escuchamos;

te habitan las aguas de tus mundos, te rodean

aquí mismo, debajo de esta plancha de cemento,

en la casa difusa de tus náufragos,

en la Venecia que no dejas de pensar,

en tu escritura y en tu infancia,

en la noche y en el día.

En cambio a mí, hombre de llano,

me habita el polvo, el cactus, los magueyes:

yo no miro el agua sino desde la sed,

solo sueño el mar como espejismo.

Tal vez, si algo nos une,

sea el agua y el anhelo.

 

—Adan Brand

 

Adán Brand (Aguascalientes, 1984) Licenciado en Letras Hispánicas y Maestro en Lingüística Aplicada por la UNAM. Poemas y ensayos suyos han aparecido en distintos medios nacionales e internacionales. Es autor de Soy más humano cuando como vegetales (Eximia: 2015) y de Animalaria (Eximia: 2018). Los poemas cedidos a esta página forman parte de este último libro.

Revista

CARLOS NUSS; POEMAS

CARLOS NUSS; POEMAS
Pamela Rahn

Ella corría
Ella corría a través del espejo
como un misterio que se nombra a si mismo,
la caída antes que el salto,
las dos cabezas de la oscuridad
mirándome en sus talones,
volteando por sobre su boca
que dice lo que ella no dice. 
Corría a través del espejo,
sus dos perfiles, flor a mano cerrada
giraban por sobre sus hombros,
los anzuelos sugeridos al pez del sol
que en vano cruza los dedos,
flota y boquea en el pelo de agua,
en el reflejo perdido por milésimas 
de sombra dentro de su sombra. 
Ella corría a través del espejo
copiando las muecas de la luz,
el karma de la luna la miraba de espaldas,
la inútil carrera del tiempo
jugándose en sus párpados, 
sus dos apéndices cóncavos hacia el vacío, 
sus dos maneras de inercia y lejanía. 
A través del espejo iba
para espantar el reflejo y salir 
para siempre
de él.
Canción de cuna para despertar
Alguien te dará de palabras
algo moverá tu lengua de lugar.
¿Harás de lo normal una excepción?
¿Será la belleza tan terrible?
La voz será un perfume que guía 
al ciego entre baldosas rotas.
Canciones de cuna para despertar,
la grafía descalza quema al pisar,
al hablar sin amuletos.
Siempre se dice para otro
aún cuando ese otro
sea uno mismo.
De “La quinta pata”
Autoinventario
Soy un porcentaje en la estadística,
un rol en la encuesta
que no sabe-no contesta
sobre el mote de la gravedad de las piedras
y el volumen de los escrotos.
Soy el mes del fin del sueldo,
soy un voto impugnado,
soy plusvalía y consumidor final,
target de la publicidad, 
blanco de las ofertas,
soy un ticket de supermercado.
Soy un rostro al final de la fila,
soy un litro de sangre donada
que no alcanzó a ser derramada
…aún.
Urbana
La calle es una prosa dura
sin ningún esmero estético
siga derecho y se llega a la felicidad
con una bolsa de supermercado; 
pierda cuidado,
la policía custodia el patio recién barrido
y las caderas de los automóviles,
si el huésped no pierde la calma 
en los semáforos.
La libertad es una ama de casa
con derecho a la palabra
y al resentimiento del sábado a la noche.
La clase dirigente digiere gente
con el entusiasmo de un empleado municipal,
con el amor de las fauces de las urnas.
La mañana toca bocina en los corazones
mientras la tarde prueba su traje de muerte,
ajustando el dobladillo de las costureras
para hacer las paces a la luz de las velas.
Los hombres tropiezan 
con sus callos y sus sombras
limpiándose la esperanza de la cara
para ensuciarse religiosamente
al día siguiente,
en la eucaristía de las esquinas.
                                               De “Contrapunto pat-AGÓNico”
Sobre el autor:
Carlos Nuss (Concordia, Entre Ríos). Reside en Comodoro Rivadavia desde 2009. Estudió Profesorado de Historia. Ha puesto en escena espectáculos que fusionan la oralidad de la poesía con otras artes como la música y el teatro. Publicó los libros de poesía “Contrapunto pat-AGÓNico” (Vela al viento, 2016) -en coautoría con Ezequiel Murphy-, “La quinta pata” (Espacio Hudson, 2017) y la nouvelle “Tons” (Editorial Cooperativa El Miércoles, 2018). Expuso “La gota perfecta” –muestra de pintura y poesía basada en la devastadora tormenta que azotó Comodoro Rivadavia en 2017– junto a la poeta Mariana Heredia y la pintora Alejandra Heredia.
Colaboración: Sara Montaño Escobar
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Punto de partida: «Reconocer la voz. Acerca de Tierra impar de Francisco Layna Ranz» [Diego L. García]

Punto de partida: «Reconocer la voz. Acerca de Tierra impar de Francisco Layna Ranz» [Diego L. García]

Hoy hemos comido miel de hiedra, untada sobre pan
…..negro.
El humo era dulzón, parecía cegar a los que huían.
Teníamos en las manos la tajadura que nunca supimos
…..explicar.
Dos, tres veranos después surgió el recuerdo de la miel
…..primitiva. Lo hicimos en torno a una canción y a
…..una cosecha. También de esa época nuestro primer
…..cementerio.
Ahí empezó, inevitable, la historia de los muertos.

(«El descubrimiento de la miel»)

La historia de los muertos se cuenta en una lengua impar. No es que la palabra intente ocupar el espacio de los cuerpos, sino que se reconoce en lo incompleto como un susurro, un tanteo, una aproximación; a eso podemos llamarlo símbolo. Y el recorrido del símbolo siempre es una espiral donde conviven tanto la tradición esotérica como aquello inesperado que a veces definimos como lo poético: «miel de hiedra», el «verano», «una canción», «una cosecha», el «cementerio», una cadena con rastros míticos en dirección a una gran incertidumbre que la poesía de Francisco Layna Ranz resignifica en el código de sus espacios a veces oníricos, a veces bucólicos, a veces interiores. Espacios en los que puede desarrollar su plan: inscribirse en la ausencia y extraer lo que allí acontece.

Él era un bosque con sus pupilas inyectadas en resina y en
…..hielo de porcelana.
No cabían más imágenes en su edad, eso pensaba.”

(«Gigante que sueña»)

El gigante que sueña reaparece a lo largo del libro, ligado conceptualmente a la búsqueda: «buscar sentido siempre es labor posterior». Las ideas de nada, de vacío, de ausencia llevan a un agotamiento de lo real; «resina», «hielo», «porcelana», materiales para reconstruir una existencia que en torno al lenguaje resulta no solo posible, sino sanadora de las heridas del absurdo. «Nunca sabré la razón de la escritura. Todo sucede al / mismo tiempo, en eso consiste». Así, el sujeto poético irrumpe en la ubicación de su relato hacia la idea del desconocimiento que conlleva, y refuerza, la posibilidad de que algo persista en acción de todos modos. Ese estado refleja una manera de la conciencia escritural nada menos que como una conciencia gratuita del vivir. Resulta impactante indagar desde esta postura en las preguntas tradicionales que recorren el hecho poético (o artístico, en su sentido amplio). Desde allí es que debemos leer esta obra.

Los seres y sus contornos dejan tras de sí una estela de
…..nombres. Me apropio de ellos con tan solo observarlos.
…..Soy todo un ladrón de experiencias: eso creo.

(«Nadie en algún sitio»)

No sé lo que es el regreso. Tampoco sé si yo soy cierto, si
…..soy verdadero.
Siempre que abro una maleta me llega una voz que
…..reconozco.
Eso es ahora la vida: reconocer.
Tantear en las respiraciones, buscar en ellas, rastrear el
…..pacto.
Algún indicio de que aún existe lo que dejó de existir.

(«Prólogo para Fabio»)

El reconocer a pesar del no saber. Una forma del poema para aproximarse al sentido. Un tanteo «en las respiraciones», ritmo y distancia entre la vida y «lo que dejó de existir». El indicio de algo nombrable, esa fina línea por donde transita el poema. Parece no haber espacio para la soberbia plenitud de las voces. ¿Qué pueden decir quienes avanzan aturdidos en las cintas de la materia? El pacto apunta a un espacio menos aprehensible. Dirá en otro poema: «Lo nombrado solo queda en mi respiración».

El libro sigue en tramos impares, los números divinos según los antiguos, conformando una secuencia que desarma las leyes del tiempo.

Nos dijeron: el pasado es una probabilidad. El infinito es
…..anterior, nos dicen los caídos. La arena es un ejemplo
…..de lo eterno. Ni la duración ni la edad, ni siquiera la
…..mueca o el acento.
Luego discutimos, como solíamos, el matiz y el significado.
Lo nombrado solo queda en mi respiración, no distinto
…..de cualquier ruido, aunque sea el último torzal del
…..estallido.

(«Nueve»)

En el sueño de los gigantes caben todas las probabilidades y todas las caídas. La escritura del poema respira y se aproxima a ese infinito nuclear, donde las palabras alguna vez habitaron. No sé si Layna Ranz lo asimila a un dios o a la respiración de sus ausencias. Lo único claro es que el estallido de lo material permite que por fuera de su ley se gesten otros lenguajes. Si reconocer la voz implica una traducción del inframundo, habrá que salir sin voltear hacia las presencias que nos siguen, sin pretender confirmaciones ni recompensas más que la fugaz percepción de una dirección.

 

Portada Tierra impar
Francisco Layna Ranz, Tierra impar. Ril, 2018.

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PAMELA CUENCA: EL CORAZÓN NO ES DE PALMITO

PAMELA CUENCA: EL CORAZÓN NO ES DE PALMITO
Debería llamar a papá. Decirle que la luz no es mejor que la oscuridad, que ahí también hay instantes blancos que ciegan. Debería dejar de lado la tortura de saber que soy otra sombra. Mirar con profundidad, yo, aún que puedo. Tomar la mano del equilibrio mental y deshojarme al fin. 
Debería, también, dejar de coquetear con la muerte, pensar en otra cosa, pensar en la mirada de todos los que hemos sido condenados. Encontrarme contigo en el espejo, besar mi reflejo para besarte a ti. Asomar mi rostro al filo del precipicio y sentir miedo de caer. 
En esta cajita de cerillas vas a encontrarme, durmiendo junto a los conejitos blancos de los que te hablé. Debería decirte todas las cosas, duele guardarse las palabras y perforarse la garganta. Duele escuchar todas las voces del mundo en mi cabeza y no poder diferenciar la tuya.  Tenerte cerquita del pecho sin posibilidad de permanencia. La importancia de todas las cosas puede reducirse a tomar tu mano.
Si estiramos más la cuerda no se romperá, la nuestra siempre ha sido elástica, siempre volveremos al comienzo para chocar nuestros cuerpos. 
Que sí, que me niego mil veces frente al río. Que recuerdo todos nuestros instantes. Que pienso en papá, que no puedo evitar llorar en tu hombro, que no puedo evitar quererte querer. Que todas las no cosas son la no existencia de sabernos no cerca. Somos el charquito formado por la huella de un animal salvaje: hemos bebido de él y ahora los salvajes somos nosotros. 
El no abrazo eterno será el sentimiento que se le niega al mañana todos los días al salir el sol. 

1

La niña de los pernos es una oblata con brazos de tul. Aquí en medio de los gusanos carcome luces se duerme la última codorniz con huevos de plata. Un perno mal colocado hizo de la niña un agujero en torno de su capa y las golondrinas volaron a lugares lejanos con casitas de chocolate para los malos hombres. 

2

Contaba una leyenda que en los siglos pasados hubo una niña de ojos grises, manos robóticas y luces led en la boca, poseedora de pernos arcoíris buscaba entre las sombras a su pequeño hermano licuadora y soñaba con construir un mundo de cicatrices verdes y foquitos azules. Su vestido de lana era un acordeón que sonaba solo. Cajitas de caramelos para los hombres tristes. 

3

Mi casa es una jaula gigante, aquí los ratones astillan los pies de los infelices, mi casa es un agujero hondo, sin salida, con barrotes gruesos y nos ahogamos. Los pernos se oxidan de a poco y el olor a aceite quemado lo llena todo. Mi casa es un saco de hierbas para cobayos de luz. El hombre y el acordeón dejan caer la última canción y yo, niña, canto.

2

Yo encontré en la caja de pinturas el color más hermoso y me lo comí, tenía dentro de mis entrañas la hermosura brillante del color, la belleza de la tarde y de los arcoíris. Encontré en una caja de diamantes un lucero, lo miré y busqué en el espejo algo como el cielo, pero las nubes no vinieron a mí. Encontré en las casitas de muñecas las tenebrosas golondrinas con picos sangrantes y cuerpos de pulpo, encontré sangrando a la amapola y lloré porque siempre le tuve miedo a los silencios, a la ausencia, a las ventanas. Me encerré en esta caja de pinturas me devoré a mí misma. Me lastimé los dedos, me corté la piel tantas veces. Fui un ratoncito mirando a los conejos matarse entre sí. Fui el gato ciego que se acicalaba lentamente. Yo encontré una caja y la caja me envolvió. Me sobrepuse al temor de la oscuridad, de las mujeres de mantos negros, sin manos, con sus bocas entreabiertas que cazaban mariposas invisibles, me sobrepuse y corrí de nuevo al armario. Soy un cardo que espera, ya sin miedo, la llegada de las voces. 

 

Me he permitido soltar acuarelas en el mar, me he permitido pintar las olas con azules más intensos. Permití la existencia de un cuadro ligeramente balanceado en el piso. Este presagio irreparable es la ceguera de mis ojos. Conservo la oscuridad en los bolsillos: la ruptura del océano.  Me arrastraré persiguiendo la sombra evitando la tormenta que suplique un nombre. Disipar el terrible contexto de mi mano sobre tu pierna. Aquí, donde debería nacer la vida todo es desierto. No existe el camino a ninguna casa, mi vientre no albergará a ningún hijo. Aquí todo es muerte, la ausencia total de las decisiones. 

¿Recuerdas la noche siguiente del día que nació mi hermano, papá? Fuiste a verme en casa de mi abuela, me dijiste: ‘vamos a dar una vuelta, hija’ Yo te seguí, como he venido siguiendo tu sombra todos estos años.
Te estacionaste cerca a la Puerta de la Ciudad, y lloraste. Fue la primera vez que te vi llorar de verdad, que entendí tu tristeza, desde ese día guardo tus lágrimas en mi memoria: para recordar que el llanto existe cuando el amor no llega a ser suficiente. 
¿Recuerdas lo que me dijiste esa noche, papá? Tomaste mi mano y murmuraste que ningún momento se compara al día en que me compraste mi primer par de zapatos. Lloré, aún recuerdo tus ojos, mirándome. 
Ya no sé cuándo me miras, papá. Tus ojos se hicieron grises, se fueron perdiendo en una neblina demasiado espesa. Así que ahora cuando tu mirada perdida intenta buscarme yo recuerdo aquel día. Recuerdo tus ojos cafés y tu voz diciéndome: ‘hija, perdón’
Debo confesarte papá, nunca he podido perdonar a nadie, por eso mi corazón es una caja carcomida habitada por los monstruos que creíste matar bajo mi cama. Pero papá, antes de que la arena de los años y las pesadillas forme en mí un desierto, yo te perdoné. 
Siempre regreso a ese lugar, aunque no pueda regresar a ti, quisiera yo también ahora poder tomarte de la mano y… 
Papá, aunque la luz se rompa yo seré tus ojos.
BIOGRAFÍA
Pamela Cuenca, Loja, Ecuador, 1996. Ganadora del Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade con su obra inédita Los cubos que me habitan (Cuenca, 2017). 
Ha publicado avances de su futuro libro en las plaquetas: Ensayo de realidad virtual para un gato que despierta (Loja, 2017), Despersonalización de una máquina: futuro no inmediato (Ambato, 2017- Loja, 2017), El descanso de la nube roja (Loja, 2018). 
Algunos de sus poemas aparecen en: Antología Alma Adentro Mujeres Ecuatorianas Premiadas (Editorial El Conejo, Quito, 2018), Alas Púrpuras: Antología de resistencia y libertad (El Ángel Editor, Quito 2018) y en espacios como Revista Suridea de la CCE (Loja, 2013-2014), Revista El Faro (Loja, 2016-2018), Gaceta cultural República Sur (Cuenca, 2017), Anábasis (Perú, 2017), Cráneo de Pangea (Quito, 2017-2018), Habemus Poesía Loja (2017), Cromosoma Lunático (Loja, 2017), Digo.Palabra.Txt. (Venezuela, 2017), Le Miau Noir (España, 2017), Bartleby (Perú, 2017), Casapalabras (Quito, 2018). 
Entrevistada para la revista Rocinante Nro. 111 (Quito, 2018). Entrevista en El Telégrafo (Guayaquil, 2017). Entrevista en Diario El Tiempo (Cuenca, 2017). Entrevista en Diario El Mercurio (Cuenca, 2017). Entrevista para Ecotelpress (Loja, 2018).  
Ha sido invitada a encuentros nacionales como La Palabra Crece, Manta 2017, Bibliofrenia, Ambato 2017, IV Festival de Literatura y Artes Plásticas Riobamba 2017, Feria del Libro PUCE Quito 2017, Festival Lectura de un Kanibal Urbano, Quito 2018, Festival Otra Orilla Guayaquil- Durán 2018, Feria del Libro Ibarra 2018. Invitada nacional para la Feria Internacional del Libro y la Lectura, Quito 2018.
Directora y fundadora del I Festival de Poesía De Lirios Ambato 2017. Aparte de su actividad literaria ha trabajado como reportera en canales de televisión. Es coautora de un artículo de investigación publicado en Revista ComHumanitas de la Universidad de los Hemisferios (Quito, 2014). Fue miembro del Ballet Folclórico Internacional “AYMARA” durante tres años. 
Colaboración: Sara Montaño Escobar
Imagen: Constelada (Shirley Andrade)
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