Hipervigilancia: cuando nos ‘inventamos’ el dolor

Entrevista al psicólogo Antonio Cano Vindel sobre cómo el estrés y la ansiedad pueden llegar a construir síntomas de enfermedad que no tienen ninguna base orgánica

 Esteban Ordóñez Chillarón

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El dolor, físico y psicológico, puede inventarse. Puedes percibir señales de lo que identificas como un cataclismo lento en tu organismo (punzadas, ardores, ruidos, fogueos mentales), y que la única razón por la que estos síntomas existen sea que los estás buscando.

«La hipervigilancia es una característica de la ansiedad que supone una reacción emocional que nos pone en alerta ante la posibilidad de que ocurra algo que no deseamos. La atención se centra en la amenaza y se da prioridad al estímulo o a la información que tememos por encima de cualquier otra», explica Antonio Cano, director del grupo de investigación Cognición, emoción y salud de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Mirarnos el ombligo con lupa nos prolonga sin fin. Ocurre como si después de conectar una cámara a la televisión para que reproduzca lo que se está grabando, dirigimos el visor al mismo monitor. Nos hundimos en un juego de réplicas infinito; se pierde toda noción de la realidad.

«Cuando ponemos atención en una amenaza, se produce ansiedad. Cuanto más tiempo la centremos en eso, se producirá más ansiedad. Y también: cuando más nerviosos estemos, será más probable que la atención se centre en amenazas», desarrolla Cano.

Hipervigilancia: cuando nos ‘inventamos’ el dolor

Da igual lo que digas, tú también te autoengañas

Entre un 33% y un 49% de los pacientes que aguardan su turno en las salas de espera de atención primaria, aporta el experto, «sufren de ansiedad, o bien de somatizaciones o depresión». Padecen dolores sin base orgánica, producto de una mala interpretación de sí mismos.

El temor del hipocondriaco puede nacer de una mala lectura de sensaciones fisiológicamente normales que, de tanto observarlas, al final, se sobredimensionan y se edifican con una entidad y un significado propios.

Pueden ser gases (como casi cualquier problema de la vida), o puede ser fijarse, de pronto, en cómo se relacionan dos partes del esqueleto (las costillas flotantes y la cadera, por ejemplo, al sentarte) y percibir de pronto una rareza, y empezar a encogerse y a estirarse para comprobar qué pasa, y acabar sintiendo en la zona algo ajeno, nuevo, no identificable.

También se construye por la asociación de los síntomas de la ansiedad con el peligro de enfermedad o muerte, ya sea con caída inmediata del infarto o la eternizada del cáncer: «Pero, en realidad, las sensaciones de ansiedad no suponen alteraciones de la salud», avisa Cano.

Es un drama, porque ser un paranoico no significa que no te persigan, pero sí que dejas de ser creíble. Los pacientes tendentes a la hipervigilancia y con historial de ansiedad o hipocondria tienden a ser filtrados por ese antecedente en las consultas. Si por una vez el fantasma es real (si hay un tumor, un trombo, un problema cardíaco), es probable que no se le tome (tan) en serio.

La hipervigilancia puede aplicarse también a las relaciones personales. «Un paciente con fobia social presta toda su atención a pensar, por ejemplo, si lo van a sacar a hablar frente a un grupo de personas. Su amenaza es su propia conducta. Cree que es inapropiada y diferente a la de los demás, aunque los demás la ven como la de todo el mundo», perfila Cano.

Hay también un miedo al miedo que te hace hipervigilar cómo hipervigilas. «Estas personas temen sufrir un ataque de pánico. No saben que ellas mismas ayudan a que lleguen esos ataques de pánico y, sin querer, hacen todo lo posible por tenerlos».

EL DOLOR ‘INVENTADO’ PUEDE SER CASI INVENCIBLE

Que un dolor se invente no quiere decir que sea falso o voluntario. Las historias son muy poderosas, y un dolor de estas características es como un prejuicio grabado a fuego e instituido en verdad oficial. Cuando hay un prejuicio, no importan las pruebas a la contra, incluso pueden retorcerse y servir de alimento. Así son estos dolores, algo así como la posverdad del cuerpo.

Algunos tienen un origen físico. El doctor de la UCM pone el ejemplo de las posibles consecuencias de una larga temporada de estrés en el trabajo: «Imagina que tienes una característica individual tuya y que consiste en que tensas mucho los músculos frontales cuando estás preocupado, eso produce un dolor de cabeza que tiende a hacerse crónico en tu trabajo».

El sufridor puede asumir que el trabajo le da dolor de cabeza. Así, dispondrá de herramientas y razones para atajarlo; podrá, también, relajarse durante el fin de semana o en vacaciones y aliviar el padecimiento.

Si la molestia, en cambio, se independiza, si el currante empieza a preocuparse por que exista un origen neurológico, el estrés que le hace tensar los músculos aumentará. Lo hará incluso cuando la causa real (el estrés laboral) haya desaparecido.

Puede llegar un punto en que el dolor adquiera tal autonomía e identidad propia que la eliminación del detonante original (el trabajo) no suponga una liberación sino una condena. Como recoge la doctora en psicología Marta Redondo en un artículo en Rasgo latente, muchos autores argumentan que la evitación puede convertir un dolor inventado en crónico.

Expliquemos. Ese dolor de cabeza te coloniza la atención, te impide concentrarte, te consume; te inhabilita. Entonces dejas el trabajo, pero eso no te alivia porque el hecho de haberte apartado es una evidencia de lo preocupante del dolor. Despertarte en casa y no ir a currar te lo recuerda cada día. El estrés se eterniza, y tú eres una persona que crispa los músculos cuando se estresa. Resultado: te conviertes en un lacayo de tu dolor y le entregas todo tu tiempo.

«La hipervigilancia, la interpretación catastrofista de los síntomas detectados y la evitación de actividades», recoge Redondo, «a partir de la combinación de esas tres variables se explican tanto el mantenimiento y aumento del dolor como de la discapacidad».

Todo el cuerpo es susceptible de sentir este tipo de somatizaciones. No aparecen solo en formato de dolor, también trastocan las funciones fisiológicas: «¿Quién no ha tenido malestar intestinal o diarrea en exámenes o ante un evento inminente y amenazante? Pues hay personas que pueden hacer crónica esta reacción y empezar a tenerlas siempre, aunque nunca se encuentre una respuesta orgánica al problema», señala el experto de la UCM.

Sin embargo, la ansiedad y la hipervigilancia, al ser producto del enquistamiento de una creencia errada, pueden resolverse tratando de desanudar la venda del sesgo cognitivo de los ojos del paciente. La dificultad de la cura es variable. Pero Cano conoce casos extraordinarios.

Son los del miedo al miedo. Algunas de estas personas que sufrían ataques de pánico a diario, a veces, solo necesitan una sesión para dejar de padecerlos.

Son individuos que, sin embargo, sin un tratamiento, podrían acabar desarrollando agorafobia. Caen en la misma trampa que en el caso del dolor de cabeza: empiezan a rehuir situaciones en las que han sufrido ataques, como si el contexto fuera la causa. «Hay personas que acaban por no poder ir a trabajar si no las acompaña alguien, y eso, al final, es una discapacidad», lamenta Cano.

Ese extremo puede evitarse. En el fondo, y simplificando, la hipervigilancia empieza por un problema de conducción: «Es como si no te explican dónde está el freno y dónde el acelerador. Vas al revés y te comes el volante».

Es normal que los niños odien las verduras: los mecanismos evolutivos tras la aversión a las plantas y los que nos hacen superarla

JAVIER JIMÉNEZ@dronte

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“No quiero”, “no me gusta”, “no pienso comérmelo”. Parece una broma pesada, las verduras son, con diferencia, uno de los alimentos más saludables y versátiles que tenemos, pero la aversión que los niños sienten por ellas es un clásico de todas las cocinas, restaurantes y comedores escolares. Y aunque podríamos pensar que es producto de un puro y sencillo condicionamiento social, las últimas investigaciones apuntan a justo lo contrario. Los niños vienen así de fábrica.

La explicación es que aunque ahora, en el mundo moderno, parece que solo existen dos tipos de plantas: las decorativas y las que vienen cortadas, lavadas y listas para comer; durante el 99% de nuestra vida en la Tierra los vegetales fueron una parte fundamental del día a día de la humanidad. Por eso, si queremos encontrar respuestas a nuestra complicada relación con lo verde, puede ser buena idea mirar un poco más atrás.

Peligros difíciles de detectar, pero fáciles de evitar

Luis Del Rio Camacho Nadef7yjb Q Unsplash

Las plantas siempre han sido un problema evolutivo. Durante millones de años han sido la base de nuestra alimentación, pero ¿cómo determinar qué plantas se pueden consumir y qué plantas son peligrosas? ¿Cómo podemos saber si una planta no será útil o no? A simple vista, como explica Annie E Wertz, es una tarea entre muy complicada y directamente imposible. Incluso a escala comarcal, no existen características morfológicas comunes a todas las plantas comestibles ni tampoco hay pistas claras que nos digan cuáles son tóxicas o peligrosas.

Esta dificultad para detectar la presencia de toxinas, hace que el método de prueba error sea especialmente peligroso. Tampoco sirve el uso de reglas generales como “evitar flores blancas” o “las frutas rojas son comestibles”. Comer, nos dice Wertz, es mucho más complicado de lo que parece.

Por eso, en este tipo de circunstancias parece razonable pensar haya fuertes presiones evolutivas para favorecer la emergencia de mecanismos y estrategias que nos ayuden a resolver el problema. Está muy documentado el hecho de que las plantas han “estructurado la fisiología y el comportamiento de muchas especies animales”. No sería nada raro que nos pasara algo similar.

Wertz teorizó que podría existir una colección de sistemas cognitivos que maximizaran la eficacia de los niños y los bebés en el “aprendizaje de plantas y la evitación de toxinas naturales”. La idea de Wertz es que, como las toxinas de las plantas son difíciles de detectar, pero fáciles de evitar, la mejor estrategia evolutiva sería minimizar el contacto físico (de cualquier tipo) con ellas. La evolución habría hecho que las plantas nos aburrieran sobremanera.

En un trabajo recién publicado, el equipo de Wertz descubrió que, efectivamente, los bebes son reacios a tocar plantas en comparación con otros tipos de objetos. Además, tienden a evitar por igual las plantas de aspecto benigno y las plantas de aspecto amenazador lo que sugiere que, como señalaba su teoría, no discriminan entre distintos tipos. Al fin y al cabo, de poco iba a servir.

La ceguera a las plantas

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Stephen AndrewsPero la cosa va más allá. Como dice el biólogo Antonio J. Osuna, esto podría estar detrás de lo que se conoce como “ceguera a las plantas”. Aunque puede sonar un término un poco fuerte, la idea de la “ceguera a las plantas” fue introducido en 1998 por James Wandersee y Elizabeth Schussler para responder a una pregunta tan sencilla como poco evidente: si las plantas tienen un papel fundamental en la vida de la Tierra y son los “principales mediadores entre el mundo físico y el biológico”, ¿por qué la mayoría de las personas tienden a apreciar a los animales mucho más que a ellas? ¿por qué tanta gente tiene problemas para recordarlas, apreciarlas o incluso para apreciar sus propiedades estéticas?

Soy consciente de que puede resultar una idea extraña, pero existen numerosos ejemplos en los que se puede entrever que el valor social que atribuimos a los animales es muy superior al de las plantas. Y esa diferencia lleva más de dos décadas intrigando a los especialistas.

Además de posibles sesgos educativos y sociales, Wandersee y Schussler sostenían que esta “ceguera” está motivada principalmente por la naturaleza del sistema de procesamiento de información visual de los seres humanos. Según estos autores, ante la imposibilidad de procesar toda la información que entran por los ojos nuestros sistemas perceptivos se concentran en buscar movimientos, colores y patrones visibles que puedan ser amenazas potenciales. En la misma lógica que el trabajo de Wertz, las plantas (por estáticas) recibirían un menor interés evolutivo que los animales.

¿Nace de estos mecanismos la aversión de los niños a las plantas?

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Christian Hermann

Y es que tanto los alimentos como los materiales vegetales de uso cotidiano son elementos que entran en contacto con los bebes de forma habitual. Por ello, debía de haber mecanismos para regular el aprendizaje sobre ellos. Investigando esto, Wertz se dio cuenta de que los niños pequeños (6-18 meses) prestan especial atención cuando ven a un adulto comiendo vegetales o interactuando con ellos. Su sorpresa es mucho mayor que cuando interactúan con otros animales u objetos.

Según sus datos, a partir de los 18 meses, los niños usarían la información sobre la seguridad de las frutas, verduras y plantas para generalizar poco a poco esas actitudes positivas hacia plantas similares. Esta combinación de aprendizaje social y reglas de generalización muy restrictivas evitarían, según Wertz, que los bebés ingirieran plantas tóxicas.

¿Están estos mecanismos detrás de la aversión de los niños a las verduras? Pudiera ser. Como hemos señalado en otras ocasiones, hasta los dos o tres años, la incorporación de todos los alimentos en la dieta es fundamental. Sobre todo, porque cuando acaba esta fase, los niños desarrollan lo que llamamos “neofobia alimentaria”. Generan rechazo natural a todos los alimentos a los que no han sido expuestos.

Como si nuestros procesos de aprendizaje considerasen que a partir de los tres años ya sabemos, culinariamente, todo lo que debemos saber. Es algo normal y también tiene razones evolutivas. No obstante, si esa neofobia se extiende más allá de los ocho años, reduce seriamente la calidad de la dieta y puede producir problemas de ansiedad y autoestima.

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Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después

Por JACK HEALY 

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Un sitio de cultivo de Woody Farms, en Pueblo, Colorado CreditBenjamin Rasmussen para The New York Time

DENVER, Estados Unidos — Serenity Christensen, de 14 años, todavía es demasiado joven para poder entrar a una de las muchas tiendas de marihuana de Colorado, pero ya supo aprovechar una oportunidad de negocio en la marihuana legal. Ella es exploradora de las Girl Scouts, que suele vender galletas para recaudar fondos. Este año, Christensen, junto con su madre, decidió vender desde afuera de un dispensario. “Se logra un buen negocio”, dijo la joven.

Mientras, al otro lado de Denver, la legalización ha causado descontento para otro adolescente: el estudiante David Perez está en contra de los cultivos de marihuana en almacenes que ahora rodean su vecindario. Perez se queja de que el aroma a marihuana es lo primero que huele cada vez que sale de su casa.

Estos son los efectos dispares de cinco años de legalización. El primer experimento de este tipo en Estados Unidos, realizado en Colorado, ha reconfigurado la salud, la política, la cultura rural y la justicia penal de maneras sorprendentes que con frecuencia desafían tanto las peores advertencias de los críticos como la retórica de la industria de la marihuana. Lo sucedido aquí da una idea de lo que depara el futuro ahora que cada vez más partes de Estados Unidos y otros países adoptan y debaten la legalización plena.

Desde que comenzó la venta recreativa de la marihuana, en 2014, más gente ha ido a parar a las salas de urgencia del estado debido a problemas vinculados con el consumo; los hospitales reportan índices más elevados de casos de salud mental relacionados con este producto. Al mismo tiempo, miles de personas pasan sin incidente alguno por los dispensarios todos los días, como una joven que hace de guía de senderismo en el pueblo universitario de Boulder y guarda unas cuantas gomitas de marihuana en una bolsa bajo llave para relajarse antes de dormir.

Algunas familias inquietas ante los problemas con el consumo de marihuana de sus hijos se han mudado, en busca de refugio en estados menos permisivos. Pero, en general, las encuestas estatales no muestran un aumento en el número de jóvenes que fuman marihuana.

Los delitos menores relacionados con la marihuana han disminuido considerablemente, aunque la división racial en los arrestos por drogas persiste. Las cifras del estado muestran que las personas negras en Colorado continúan siendo detenidas por delitos relacionados con la marihuana a una tasa que casi duplica la de los blancos.

“No se ve por las calles a gente que ha quedado desquiciada por el consumo de marihuana, pero tampoco hemos creado una utopía”, dijo Jonathan Singer, quien fue uno de los dos únicos legisladores estatales que respaldó la votación en Colorado que legalizó que los adultos mayores de 21 años puedan comprar, consumir y cultivar marihuana para uso recreativo.

Singer volteó hacia su hija de 3 años, quien estaba sentada en el asiento trasero del auto camino a un día de campo hace poco. “El hecho de que esté dispuesto a tener esta conversación frente a mi hija”, dijo, “demuestra lo mucho que hemos avanzado para eliminar el estigma de este tema”.

Así es el mundo reconfigurado por la legalización, en el cual han crecido jóvenes como Ethan Pierson, de 18 años. Él nació el mismo año en el que la primera ley sobre el uso de la marihuana con fines médicos entró en vigor en Colorado; ha sido testigo del aumento de los dispensarios en las calles comerciales por las que se traslada rumbo a su colegio en Lakewood, un vecindario suburbano.

“Si vives en Colorado, se siente como si alguien estuviera fumando al lado de ti todo el tiempo”, dijo Pierson, quien no consume el producto.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Ethan Pierson es uno de los estadounidenses que solo conoce la marihuana en modalidad legal: nació el mismo año en que entró en vigencia la despenalización para fines medicinales en Colorado.CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times

Médicos, educadores y funcionarios estatales han estado especialmente preocupados por los efectos de la legalización en la juventud de Colorado. ¿La proliferación de las tiendas de cannabis recreativa haría que la marihuana pareciera inofensiva a los adolescentes, a pesar de los estudios que demuestran que es nociva para las mentes en desarrollo? ¿Se dispararía el consumo de porros entre los adolescentes? ¿Cómo afectaría los índices de graduación y la disciplina escolar?

Cinco años de encuestas demuestran que la mayoría de los adolescentes de Colorado son como Pierson: han probado la marihuana, pero el 80 por ciento no la consume en la actualidad. Las encuestas estatalesmuestran que el consumo entre los adolescentes ha disminuido considerablemente desde que las ventas de marihuana medicinal se dispararon en 2009, y básicamente se ha mantenido estable desde la legalización completa.

Aun así, Pierson y otros estudiantes y padres afirman que la legalización cambió la imagen y la disponibilidad de la marihuana.

Los hermanos mayores o incluso los padres de sus compañeros ahora pueden comprarla y compartirla. Otros estudiantes se toman videos de Snapchat en los que salen fumando cerca de la escuela. Ahora hay toda una colección de concentrados, tinturas y consumibles, que siguen siendo ilegales para los jóvenes, pero que son fáciles de conseguir.

“Es fácil de ocultar”, afirmó Pierson. “La llevan en la bolsa o en el estuche para lápices”.

Casos jurídicos

Algunos administradores escolares dicen que están observando un consumo cada vez mayor de marihuana y una disminución en el consumo de alcohol entre estudiantes. Las cifras disciplinarias de las escuelas muestran que la marihuana es la principal razón por la cual los estudiantes son castigados o llevados ante la policía. No obstante, el número total de estudiantes expulsados por infracciones relacionadas con las drogas de hecho ha disminuido desde la legalización, en parte debido a que los legisladores de Colorado buscaron deshacerse de las políticas de “tolerancia cero” en las escuelas casi al mismo tiempo que la yerba fue legalizada.

En un tribunal de justicia para menores, ubicado en un cuarto piso de Denver, donde adolescentes acuden ante un juez por delitos que incluyen peleas y estar en zonas como parques después del horario permitido, la cantidad de casos por posesión de marihuana está disminuyendo. El porcentaje de adolescentes arrestados por delitos relacionados con la marihuana ha caído en alrededor del 20 por ciento desde que Colorado votó a favor de legalizar la droga, aunque los jóvenes y adultos negros continúan siendo arrestados en índices mucho mayores que la población blanca o hispana de Colorado, según un informe estatal. En 2017, las personas negras en el estado fueron arrestadas por delitos relacionados con la marihuana el doble de vecesque los blancos, según la División de Justicia Penal de Colorado.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Arrestos vinculados a la marihuanaPor cada 100.000 personas del grupo demográfico dado

Algunos padres afirman que la marihuana se ha normalizado demasiado hasta convertirse en otro riesgo para la salud legalmente permisible con publicidad bien lograda, como el alcohol o los cigarrillos. Una diferencia es que las tiendas de marihuana no pueden anunciarse en avisos panorámicos. Los dispensarios también están obligados a revisar las identificaciones de los posibles clientes en la puerta para revisar su edad y se supone que solo pueden ubicarse a partir de 300 metros de distancia de las escuelas. Los consumibles ya no pueden parecer gomitas en forma de osos o frutas ni llamarse “caramelos”.

Para algunos padres, eso no es suficiente. Dicen que sus hijos huelen la marihuana cuando salen a caminar y se ponen a contar el número de dispensarios en el camino a casa de la escuela. Antes de hacer citas para que su hija vaya a jugar en casa de amigos, Ben Cort ahora les pregunta a los otros padres si tienen marihuana en la casa. Sujata Fretz, doctora en Denver, dice que ya ha tenido que hablar con su hijo de 13 años sobre cómo ha proliferado la industria de la marihuana.

“Me vi obligada a hablar con mis hijos porque es un asunto más público y evidente”, explicó Fretz. “No puedo limitarme a decir ‘Oye, las drogas son malas’, cuando es legal y hay tiendas que las venden. Me propongo lograr que no consuman la marihuana”.

Nada es 100 por ciento seguro’

Las cifras parecen claras: la cantidad de habitantes de Colorado que fuma la droga es casi el doble de la cifra para el resto de Estados Unidos. El número de adultos que consumen marihuana ha ido aumentado poco a poco desde la legalización.

Ahora, la batalla entre los que apoyan la legalización y sus detractores se centra en si el mayor consumo de marihuana está siendo nocivo para la salud. Es una pregunta muy consecuente para la que Andrew Monte, doctor especializado en toxicología médica y urgencias e investigador de la Universidad del Hospital de Colorado, está en la vanguardia: se dedica a intentar descifrar qué dicen los números.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Los dispensarios legales han ido en aumento en el estado. CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times
Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
El crecimiento de dispensariosHace unos años, los negocios de marihuana estaban concentrados en las grandes ciudades o autopistas. Ahora están apareciendo en zonas rurales también.

Los datos de hospitales analizados por Monte y otros indican que más gente llega ahora a las salas de urgencias por motivos relacionados con la marihuana. Él ha tratado a muchas de esas personas. Algunos de estos pacientes son consumidores muy frecuentes de marihuana que presentan vómito severo. Otros son niños que han consumido marihuana comestible, ya sea accidentalmente o no. Llegan a la sala de urgencias desorientados, deshidratados o con alucinaciones tras consumir marihuana en exceso.

“Hay una desconexión con lo que se propuso como una droga totalmente segura”, explica Monte. “Nada es 100 por ciento seguro para su uso”.

Sin embargo, ninguna de las visitas a las salas de urgencias a las que los investigadores de estudios recientes han dado seguimiento acabó en la muerte del paciente. Además, Monte, quien ha tratado y estudiado muchos casos de cannabis, dice que miles de habitantes de Colorado consumen marihuana a diario de manera segura.

Un granjero jubilado del sur de Colorado usa marihuana en forma de ungüento para sus pies adoloridos. Gracias a ella, una mujer en Denver superó las náuseas y el dolor tras una mastectomía doble y la quimioterapia. Los veteranos de combate han logrado utilizar cannabis como tratamiento para estrés postraumático. Los niños la consumen en casos graves de convulsiones. Alli Fronzaglia, quien dirige un grupo de senderismo para mujeres, la usa para relajarse antes de ir a la cama.

“No está sembrando el caos”, afirmó. “Hay gente que consume este producto de manera responsable en Colorado”.

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Wanda James y Scott Durrah fuerin las primeras personas negras en obtener una licencia de venta en todo Estados Unidos, para su dispensario Simply Pure, ubicado en Denver.CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times

Stephanie Angell, de 63 años, solía pensar que ella era una de esas personas. Comenzó a fumar bastante todos los días tras enterarse de que tenía esclerosis múltiple en 2014. Comenzó a fumar al levantarse, y luego optó por consumir extractos más densos y ambarinos que ofrecen mayores concentraciones del compuesto psicoactivo THC. Angell dijo que varios dispensarios tienen ofertas como los “Miércoles de productos consumibles”.

Con el tiempo, dijo Angell, comenzó “a fumar mañana, tarde y noche”.

En comparación con las 72.000 muertes por sobredosis en Estados Unidos en 2017, con los delitos y las pérdidas ocasionados por la crisis de opioides, los consumidores de la marihuana dicen que la adicción al cannabis puede parecer demasiado inocua para siquiera llamar la atención. Los datos de salud estatal en Colorado no han mostrado un aumento repentino de pacientes que busquen tratamiento contra la adicción a esta sustancia.

Sin embargo, Angell mencionó que su hábito dejó su vida vacía: perdió interés por la costura y sus otros pasatiempos; dijo que sentía la necesidad constante de fumar incluso antes de ir al cine o a cenar.

Angell sigue apoyando la legalización, pero ella y otros consumidores muy frecuentes dicen que los riesgos de la dependencia a la marihuana son reales y están siendo ignorados a medida que la marihuana médica y recreativa se extiende por Estados Unidos; ya está vigente en alguna modalidad en 34 de los 50 estados. Aunque los esfuerzos de legalización fracasaron en las boletas de este año en estados como Nueva Jersey y Nueva York, Illinois se convirtió a finales de junio en el undécimo estado en legalizar el cannabis para fines recreativos.

“Hay una negación”, comentó Angell. “Se trata de una adicción muy pero muy sutil”.

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“Todo causa cáncer”: guía para entender y evaluar los riesgos

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SANTIAGO CAMPILLO

A la hora de hablar sobre el cáncer, el desconocimiento toma rápidamente el control. Es bastante sencillo caer en la alarma y malinterpretar los mensajes. En ocasiones la culpa no es del sensacionalismo, sino de la falta de transparencia en la información.

Hablar del cáncer siempre es difícil. No existe una enfermedad como tal llamada cáncer, sino un complejo conjunto de patologías producidas por el descontrol de los tejidos. Esto lo enreda todo muchísimo, especialmente si tenemos en cuenta los miles de factores que lo provocan. Pero, ¿qué importancia tienen estos factores? ¿Todos valen lo mismo? ¿De qué manera nos afectan? Hoy vamos a enfrentarnos a estas preguntas.

La enfermedad llamada “cáncer” no existe

A pesar de que necesitamos la licencia coloquial de llamar cáncer a todas las patologías asociadas a los tumores, en realidad el cáncer no es una enfermedad, sino miles de ellas. Cada cáncer se diferencia de los demás en muchas cosas. La naturaleza de las mutaciones, la manifestación molecular en las células, el comportamiento de estas o la capacidad de resistir los tratamientos son solo algunas de las cuestiones que determinan si es un cáncer u otro.

Pero volvamos a lo que nos interesa. Muchos de estos tipos de cáncer están determinados por otra cuestión: los factores que los promueven. Por desgracia, vivir es el mayor factor causante de cáncer. No lo decimos con tono de chanza. Los factores promotores pueden ser internos, asociados al metabolismo y a nuestro material genético.

Por otro lado, los factores externos afectan, muchas veces, a esos factores internos de manera indirecta, provocando un cáncer a largo plazo. Otras veces un cáncer no desarrolla una enfermedad letal, sino que se queda en meros tumores benignos o remite de forma espontánea en casos casi milagrosos. En definitiva, estas pinceladas solo pretenden introducir un tema que, por lo monstruosamente grande que resulta, es muy difícil de abordar.

¿Qué es el riesgo de padecer un cáncer?

Ahora vayamos al punto primero. ¿A qué llamamos riesgo de padecer cáncer? Lo primero y más importante, y que hay que tener clarísimo: riesgo es igual a posibilidad, pero jamás es lo mismo que garantía. El ejemplo más claro es que todos tenemos riesgo de sufrir un accidente de coche si conducimos, si montamos en bici, si salimos a la calle, si montamos en autobús…

Los cálculos del riesgo de cáncer y de otras enfermedades se determinan mediante el estudio de grandes grupos de personas. Esto se hace midiendo la probabilidad de que un grupo contraiga cáncer en determinado periodo de tiempo. El riesgo puede ser absoluto o relativo. El absoluto se refiere a la posibilidad o la probabilidad numérica real de padecer cáncer durante un período específico.A veces hablamos de probabilidades absolutas y relativas sin distinción, y no significan lo mismo, ni ninguna de ellas es garantía de padecer la enfermedad

El relativo consiste en una comparación o proporción entre dos factores distintos. Es importante entender que el relativo solo muestra la relación entre dichos factores. No es lo mismo que una persona tenga un 50% de probabilidades de sufrir un tipo de cáncer que un factor aumente un 90% las probabilidades de sufrirlo. En este último caso, la probabilidad relativa (el 90%) sería sobre la probabilidad absoluta.

Imaginemos que la probabilidad absoluta, en esta ocasión, es del 2%. Un 90% de la probabilidad relativa sobre este 2% quiere decir que, en realidad, es solo un 1,8% del valor absoluto. Esto es importante porque a veces hablamos de estos tipos de probabilidades sin distinción, y no significan lo mismo. Además, recordemos que probabilidad no es igual a certeza, y que las probabilidades no son aditivas, normalmente. Esto quiere decir que una probabilidad del 50% no se suma a otra del 2%, etc. Son probabilidades independientes entre sí, por lo que no se pueden asociar excepto en contadas excepciones.

¿Cuáles son los factores que pueden provocar un cáncer?

Cuanto más sabemos, más claro tenemos que los hábitos de vida son determinantes en la posibilidad de sufrir un cáncer. Esto es, que cierto estilo de vida aumenta su probabilidad (de nuevo, no la garantiza), y otros la disminuyen. Así, sabemos a ciencia cierta que fumar aumenta las probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón, boca, esófago… y que el consumo excesivo de alcohol también aumenta la probabilidad de que se produzca un cáncer de hígado, estómago, colon…

A todos estos factores se les denomina factores externos. Dentro de estos están prácticamente el 100% de los que los medios de comunicación nos hacemos eco, ya que afectan directamente a nuestros hábitos. Estos factores pueden provocar una mutación en las células o producir un problema metabólico que termine propiciando las probabilidades de sufrir un cáncer.

Para que uno de estos factores sea capaz de producir un cáncer, debe producir entre cuatro y seis mutaciones en las células. Algunos estudios han ampliado este rango de uno a diez. Normalmente, en las probabilidades de sufrir un cáncer provocadas por estos factores externos ya se contemplan el resto de factores: si la sustancia penetra, si actúa sobre el ADN, si persiste, si es capaz de provocar la mutación, si el sistema de reparación del ADN no es capaz de solucionarlo… Pero esto no es tan sencillo.

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En otras ocasiones nos basamos en pistas e hipótesis. A veces solo en pesquisas y disparos de ciego. En estos casos se hacen pruebas con modelos animales y estudios clínicos tratando de relacionar uno de estos factores externos (sustancias, alimentos, hábitos) con una probabilidad. En muchos de estos casos las estadísticas son relacionadas, pero no determinantes. No siempre se puede encontrar una relación directa, también conocida como causal (de causa), sino que tenemos que conformarnos con una correlación: hay algún tipo de relación entre el cáncer y el factor, pero no sabemos cómo funciona.

Esto puede ser bueno o malo. Bueno porque nos permite estar atentos a los posibles peligros de este factor. Malo porque podría levantar la alarma sobre una sustancia por culpa de una relación que es puramente casual (de casualidad). De hecho, esto pasa muy a menudo. Además, para poner las cosas más complicadas, luego está ese aforismo que dice “el veneno está en la dosis”. Y es que una sustancia, per se, no siempre está relacionada con la probabilidad de sufrir un cáncer, sino que depende de la cantidad y la forma de administrar dicha sustancia.

Cómo evaluar una sustancia supuestamente cancerígena

Si vamos al supermercado nos enfrentaremos un montón de supuestos factores externos capaces de elevar nuestras probabilidades de padecer un cáncer. ¿Cómo evaluamos el peligro correctamente? Todo lo que hemos hablado hasta el momento parece muy complicado: probabilidades, factores externos, relaciones causales… para simplificar lo imposible, existen numerosos comités científicos y varias entidades dedicadas en cuerpo y alma a resumir esta información.

Y resumir es la palabra adecuada porque para hacerlo necesitan años (más de una década normalmente) de experimentos y revisiones de la literatura científica para obtener, finalmente, un veredicto sobre la sustancia que se evalúa. Entre dichas entidades destaca el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, o IARC por sus siglas en inglés.

Este organismo intergubernamental forma parte de la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas. Es el máximo exponente en esta materia y tiene una lista a la que todo el mundo hace referencia y se toma como piedra de toque para evaluar la seguridad de las sustancias en cuanto al cáncer. Esta lista se divide en grupos, del 1 al 4, y subdividiendo el grupo dos en A y B.

Ante una sospecha o alarma social, o bien ante una nueva evidencia científica, se reúne un comité de expertos que indican la necesidad de evaluar una sustancia concreta. Entonces se disponen grupos de trabajo que revisan todos los estudios existentes sobre un tema y analizan su validez y sus implicaciones. Esto, por ejemplo, es lo que ocurrió recientemente con la carne roja. Tras llegar a un consenso, el comité del IARC etiqueta la sustancia en uno de estos grupos que comentábamos.

¿Cómo funcionan los grupos de IARC?

El grupo 1 etiqueta a una sustancia como carcinogénica, es decir, que sabemos a ciencia cierta que exponernos tiene ciertas probabilidades absolutas de producir cáncer. Volvamos al principio del artículo y recordemos que la probabilidad absoluta habla de posibilidades, no de garantía. Así, el alcohol y el tabaco están en el grupo 1, junto al benceno, el amianto, el formaldehído o la luz del sol.

Y están en este grupo porque sabemos a ciencia cierta que exponernos a ellas tiene un riesgo de padecer cáncer. También hay que tener en cuenta que no tienen la misma probabilidad absoluta de producir un cáncer el tabaco y el amianto, por ejemplo, y eso sin hablar de cantidades. Aunque ambos estén en el grupo 1, es mucho más peligroso fumar, en números totales, que estar expuesto al amianto.

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El grupo 2 se divide en 2A y 2B. El 2A es el grupo de los “probablemente” carcinógenos, y aquí se engloban aquellas sustancias para las que hay evidencia limitada para seres humanos (en otras palabras, hay sospecha pero no hay evidencia alguna) pero sí que existen pruebas confirmadas en animales de experimentación. El grupo 2B también reúne a las sustancias de las que se sospecha pero, a diferencia del 2A, no hay, ni siquiera, evidencia en animales de experimentación.

Dicho esto, hay que recordar que un modelo animal no siempre es extrapolable a seres humanos. En otras palabras, que no podemos decir que porque existan pruebas en animales una sustancia vaya a ser cancerígena en seres humanos (y viceversa). El grupo 3 engloba a las sustancias cuya evidencia indica que no es posible clasificarlas como un agente cancerígeno, por el momento, y el grupo 4 aquellas para las que existen que demuestran que no hay asociación con el cáncer.

Entonces, lo que está en el grupo 2, ¿es cancerígeno?

No. Las únicas sustancias que podemos decir que son cancerígenas son las del grupo 1. Todas las del grupo 2 podemos decir que son seguras, pero que han de tomarse con moderación, especialmente las del grupo 2A, y no son peligrosas. Esto, sin embargo, se ha malinterpretado una y otra vez en el acervo popular.Las sustancias del grupo 2 “no son cancerígenas”, existe alguna sospecha, pero ninguna evidencia de que supongan un problema, por eso se aconseja exponerse a ellas con moderación

El grupo dos solo habla de sospechas, más o menos infundadas, pero jamás de evidencia clara, que solo corresponde al grupo 1. Esta clasificación viene de la mano del principio de precaución, que sacado de contexto da a muchos malentendidos. Si tenemos en cuenta que el grupo 2 solo habla de sospechas de la posibilidad de que, en algunos casos, estas sustancias puedan estar relacionadas con el cáncer… entenderemos que “decir que estas sustancias son cancerígenas” es una irresponsabilidad.

El problema de esta clasificación, que ya hemos dicho que es la más importante, es evidente: no es nada clara ni específica. Mete en un mismo saco al café, a la limpieza en seco y al combustible diésel, o a la carne con el trabajo de peluquería o el petróleo refinado. Sin embargo, nunca habla de probabilidades absolutas, a pesar de la alarma que genera.

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A pesar de los esfuerzos de la OMS por aclarar los informes sobre sustancias, los medios y la población malinterpretan constantemente la clasificación del IARC. Si queremos determinar qué riesgo tiene una sustancia de ser cancerígena, no podemos limitarnos solo a estas listas, sino que tendremos que buscar información concreta sobre las estadísticas y probabilidades absolutas (algo que no siempre es sencillo).

Pero si solo nos basamos en las recomendaciones del IARC, lo que debemos hacer es leer los informes del organismo, unas hojas sencillas donde se explica todo lo referente a la evaluación. Como nota general, es bueno recordar que lo mejor es evitar, en la medida de lo posible, lo contenido en el grupo 1 y exponernos con moderación al grupo 2; sin obsesionarnos y comprendiendo que el tema es mucho más complejo de lo que una lista será jamás capaz de reflejar.

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Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

SANTIAGO CAMPILLO

Seguro que has oído hablar en más de una ocasión de los peligros del “efecto rebote”, siempre asociado a las dietas, especialmente a las llamadas milagro. Este fenómeno ocurre cuando la pérdida de peso es rápida y desproporcionada.

La consecuencia inmediata es una recuperación repentina de peso debida a una peor gestión metabólica de la energía. La culpa la tiene, precisamente, nuestra capacidad homeostática, diseñada para protegernos y sobrevivir ante los cambios bruscos que podrían provocar un problema.

¿Qué es el efecto rebote y cómo funciona?

Si de pronto decidieras perder peso a lo bestia, probablemente lo podrías conseguir de manera relativamente sencilla (sufrida, pero sencilla). Una restricción calórica brutal, pero medida para que no suponga un problema de salud, sería una buena solución. En un mes podrías perder decenas de kilos. 15 por ejemplo.

No hablamos por hablar: esto mismo lo pudimos ver en el programa The biggest losser donde sus participantes se deshacían de cientos de kilos en un año. La edición de 2009 del programa sirvió para evaluar una cuestión más importante que la propia pérdida de peso: la salud de los participantes. Años después de terminar, se estudió la evolución de los participantes y se observó este temido efecto rebote en todo su esplendor: algunos de ellos, a pesar de llevar dietas restrictivas, habían recuperado hasta la mitad del peso perdido, o más.

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El efecto rebote es un fenómeno que ocurre tras la pérdida súbita de peso y consiste en la recuperación del mismo debido un cambio (o más bien a un problema con el cambio) metabólico. Lo que ocurre, grosso modo, es que el metabolismo basal se desploma, lo que quiere decir que, al inducir el déficit de calorías, el cuerpo comienza a gastar menos. Es una medida de defensa.

También lo hacen los niveles de leptina, que es la hormona encargada de regular la saciedad (entre otras cosas), para asegurar que la ingesta no se volvía peligrosamente baja. Estos cambios, puntualmente, no tienen problema. Pero ante una pérdida de peso drástica, producida durante varios meses, tiene consecuencias muy negativas. El problema principal, según se observó, es que si el metabolismo basal y la producción de leptina bajan mucho con la pérdida de peso rápida, no aumentan hasta sus niveles normales a medida que se va ganando peso.

¿Qué consecuencias tiene el efecto rebote?

El problema que esto supone está claro: las kilocalorías ingeridas, entonces, son almacenadas más eficientemente, al tener un metabolismo más lento, y encima nos saciamos menos. Como consecuencia el cuerpo engorda más y más rápido que antes de comenzar la dieta y se recupera fácilmente gran parte de lo perdido.

En otras ocasiones, no solo se recupera sino que se gana más peso. El problema, simplificándolo mucho, es la velocidad a la que se hace, que no permite que el cuerpo, acostumbrado a resistir las condiciones externas con vistas a sobrevivir, se adapte. Pero esto también tiene algunas consecuencias desagradables para nuestra salud.

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Por ejemplo, a los cambios recurrentes de peso se le asocia una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o, llanamente, de morir. Los estudios realizados hasta la fecha son observacionales, pero todas las evidencias apuntan a las mismas conclusiones: subir y bajar rápidamente de peso no es bueno para la salud.

Cambiar de hábitos va más acorde con tu metabolismo

Regular nuestro peso es una cosa saludable. Hasta aquí todo bien.** El matiz entre perder peso y regular el peso, sin embargo, es muy importante**. Para poder regular nuestro peso, adecuarlo a un metabolismo coherente con nuestras necesidades, nuestros hábitos y nuestra actividad física, necesitamos tiempo.

Por otra parte, lo único que podemos controlar en esta “ecuación” es nuestro estilo de vida. De todo lo anterior, lo que más determina nuestro metabolismo es cómo comemos, qué comemos y qué actividad física realizamos. Pero claro, cambiar estos hábitos no servirá de nada si lo hacemos de manera súbita o de forma intermitente.

En otras palabras, una dieta puntual, o un sistema para adelgazar que no sea alargado en el tiempo, y que no permita una adherencia, tendrá consecuencias pobres o hasta negativas. El efecto rebote es el primero de ellos, pero no el único, como hemos visto. Lo más saludable y positivo es adaptar nuestra vida a metas y objetivos a largo plazo, con la intención no de adelgazar, sino de hacer un cambio fundamental y duradero.

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El gen que es el doctor Jeckill y se convierte en mister Hyde

La proteína p53 acaba de celebrar cuarenta años y sigue despertando el mismo interés científico que el día de su nacimiento

El gen que es el doctor Jeckill y se convierte en mister Hyde

Pedro Gargantilla

El año 1979 estuvo plagado de grandes acontecimientos, subió al poder Margaret Thatcher, se estrenó «Apocalypse now», la empresa Sony sacó el primer walkman, se produjo la revolución sandinista de Nicaragua… e Ikea creó la famosa librería Billy.

Ese año un joven científico llamado David Lane, mientras investigaba en el Imperial College de Londres, descubrió una proteína con un tamaño de 53 kilodaltons, por ello la bautizó con el nombre de p53.

Seguramente esta noticia pasó desapercibida entre el gran público, pero cuatro décadas después sigue despertando pasiones entre la comunidad científica y no es para menos.

Protagonista de un thriller biológico

Las células cancerosas son muy especiales, viven de forma atrevida, se multiplican sin parar, como si no hubiera un mañana, y derrochan todos sus esfuerzos en viajar por nuestro organismo hacia lugares remotos –las temidas metástasis-.

Afortunadamente no estamos solos, contamos con un super-agente del orden celular, la proteína p53. Su historia es verdaderamente fascinante. En sus inicios es el policía de los oncogenes, el encargado de poner orden en la jungla celular, no en balde se le conoce popularmente como el «guardián del genoma».

Esta proteína es un gen anticanceroso que en circunstancias normales nos defiende de la enfermedad. Se ha comprobado que en situaciones de estrés ejerce un papel clave, regula las respuestas celulares y detiene el ciclo celular. Si la situación es lo suficiente grave, provoca la muerte celular programada o apoptosis.

En definitiva, cuando en nuestro organismo se produce un daño celular el p53 se activa y bloquea a la célula, impide que se pueda dividir y, finalmente, la mata. Hasta aquí la parte buena del thriller.

Convirtiéndose en Mr. Hyde

Hay una mala noticia, este policía es a ratos un asesino biológico. Disponemos de evidencias que indican que está implicado en más de la mitad de los tumores más frecuentes de nuestro organismo –mama, colon, pulmón, ovario-. En estos casos lo hace como una proteína p53 anómala –mutada-.

Esta variación en su estructura provoca que participe de una forma activa en el establecimiento, mantenimiento y extensión del propio tumor. De alguna forma, podríamos decir se ha girado hacia el lado oscuro de la biología.

Los investigadores han demostrado que la existencia de una mutación en la p53 se asocia con un peor pronóstico tumoral, mayor número de recidivas de la enfermedad oncológica y una peor respuesta a los tratamientos quimioterápicos.

De esta forma, la temida mutación convierte al guardián de nuestro genoma en nuestro peor enemigo. La proteína p53 se comporta como el protagonista de la conocida obra de Robert L. Stevenson.

En busca de un final feliz

Los científicos no paran de investigar y estudiar a la proteína p53, uno de sus objetivos pasa por reactivarla, hacer que retorne a su antigua forma y, con ello, restituir la transformación que la ha convertido en un asesino biológico.

De momento, que no es poco, han descubierto que cuando esta proteína es normal se «abre» durante un periodo de tiempo muy pequeño, mientras que cuando es mutante lo hace durante un tiempo más prolongado.

Un fármaco capaz de cerrar la hendidura de la proteína p53 permitiría, al menos sobre el papel, recuperar la función de p53. En otras palabras, convertir al Mr. Hyde de la biología celular en el ansiado Dr. Jekyll. Esperemos que no tengan que pasar otros cuarenta años para verlo.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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A veces, es mejor tener paz que tener razón

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alberto Álamo·  

A veces nos olvidamos de cuál es el objetivo de debatir y, debido a ese olvido, solemos pagar un precio demasiado alto: nuestra paz y nuestro bienestar psicológico.

A veces, es mejor tener paz que tener razón

Hace años leí la siguiente frase: «Sé selectivo en tus batallas; a veces, es mejor tener paz que tener razón». No me dejó indiferente. Me pareció más sabia y profunda de lo que parecía.

Aunque la metáfora bélica le resta algo de significado, sería interesante detenernos y analizar por qué a veces es mejor tener paz que tener razón.¿Qué quiere decir esta curiosa frase? ¿Qué relación tienen la paz y la razón? Comencemos.

El orgullo: el protagonista ausente de esta frase

Sin alusión directa a él, en el orgullo está la clave no ya de la propia frase, sino de la necesidad de atender a la misma. ¿Es el orgullo una virtud o un defecto? Sería reduccionista definirlo como una u otra.

El origen de la palabra quizá nos pueda dar pistas. Parece que proviene del catalán y este a su vez del francés y su significado refiere a una tendencia a la soberbia. Parece pues que el orgullo cuenta con connotaciones negativaso, al menos, poco deseables socialmente. No obstante, en la definición que la RAE nos da de esta palabra encontramos que su primera acepción no alude a la soberbia, sino al reconocimiento de uno mismo, aunque la segunda acepción sí que aluda a aspectos como la vanidad o el sentimiento de superioridad.

Mujer dando la espalda con orgullo

Sería interesante preguntarnos para qué sirve o qué función tiene el orgullo.Lo curioso de esta palabra es que las acepciones mencionadas que nos muestra la RAE forman parte de un mismo proceso social y psicológico, tomando diferentes significados según el contexto en el que se den.

El orgullo tomado como una muestra de amor y respeto hacia nosotros mismos nos protege de amenazas sociales, como la persuasión o la humillación. El problema puede aparecer cuando el orgullo va más allá de su mera función protectora y comienza a perjudicarnos más que a beneficiarnos… he aquí el porqué de su protagonismo en la frase que nos ocupa.

Debatir y discrepar con un fin

A veces, nos ensimismamos tanto en un debate que olvidamos (o quizá confundimos) por qué lo llevamos a cabo. Sin detenernos en relativismos, verdades universales y pretextos varios, el intercambio de pareceres como un ejercicio enriquecedor y una práctica para cultivar el conocimiento parece no vivir su mejor momento. Cuando ganar al otro sirve de principal motivación para argumentar y contraargumentar, el auténtico perdedor es el aprendizaje.

La razón… o mejor dicho, «tener razón», ese parece ser el signo de la victoria en cualquier cruce de ideas expuestas en nuestra vida cotidiana. Leyendo debates en redes sociales, uno llega a encontrarse frases del tipo «Te daré la razón cuando me demuestres que…». Ahí es cuando se hace fehaciente que, muchas veces, no debatimos para aprender, sino para ganar. Si a eso le añadimos un contexto de diálogo social en el que predomina un fenómeno llamado posverdad, las posibilidades de discrepar desde el enriquecimiento se reducen aún más.

Amigos hablando sobre sus problemas practicando la asertividad

¿Es más importante tu paz o tu «victoria»?

Puestos en contexto, la respuesta parece fácil, pero en la práctica, cuando se tocan temas sensibles, cuando el orgullo está muy presente, cuando no nos comunicamos con templaza y reflexión, ahí es cuando desvirtuamos el sentido de exponer nuestros argumentos y escuchar abiertamente los ajenos.

No existen tips para interiorizar la idea de que, a veces, tener paz es más importante que tener «razón». Lo único que sí sería interesante para saber si merece la pena invertir tiempo y recursos cognitivos es tratar de analizar qué intención real tenemos a la hora de comenzar un debate, una discusión o una discrepancia. Y si esta es una intención sana, de enriquecimiento y aprendizaje, también es interesante saber qué intención tiene la otra persona.

Cuando dos personas expresan sus diferencias al exponer sus argumentos y abren su mente para escuchar y comprender los de la otra persona es probable que ambas terminen su diálogo habiendo aprendido algo. Sin embargo, si esta motivación no se da en alguna de las dos partes (o en ninguna), no solo será difícil aprender, sino que el estrés y la tensión prevalecerán.

Ser selectivo es una cualidad que nos puede ahorrar sufrimiento. En este caso, la virtud de elegir cómo y con quién discrepamos puede proteger algo tan valioso como nuestra paz interior.

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Cometiste un gran error… ¿ahora qué?

Por TIM HERRERA 

Cometiste un gran error… ¿ahora qué?
CreditRose Wong

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Fracasaste totalmente en la presentación que iba a impulsar tu carrera, no cumpliste con la fecha de entrega con la que no podías fallar o dijiste algo que no debiste haber dicho. ¡El mundo se viene abajo! ¡Tu vida se acabó! ¡Todos recordarán este error por el resto de tu vida!

¿Verdad?

No. Todos sabemos que eso no es cierto. Todo el mundo se equivoca y volverá a suceder. Pocas veces nuestros errores son tan grandes como los imaginamos y todos los demás tienen cosas más importantes que hacer que pensar en nuestros errores. Además, aunque es cierto que algunos errores son más importantes que otros —como darnos cuenta de que elegimos la profesión o la pareja equivocada— no tienen que ser los desastres del fin del mundo que percibimos. Así que respiremos profundo y entendamos que todo está bien y que el mundo no se desmoronará; luego, veamos cómo superarlo.

Una de las razones por las que algunas veces aguantamos cosas que sabemos que no están funcionando es la inclinación al compromiso, que es la tendencia que tenemos a dejar que nuestras decisiones y nuestras acciones pasadas determinen cómo nos comportamos actualmente y en el futuro, incluso cuando sabemos que estamos siendo irracionales (pensemos en las personas que no son felices en su empleo y tienen plena conciencia de ello).

De acuerdo con el Decision Lab, un centro de investigación de diseño conductual, “tendemos a interpretar las evidencias de una manera que hace parecer que nuestra idea anterior era mejor”. Queremos que nos vean como personas consistentes y reconocer que una decisión importante que tomamos fue un error, destroza esa imagen. Aquí nuestro cerebro trabaja contra el cambio en varios niveles y aumenta la dificultad de corregir un error importante en la vida.

“La vergüenza y el golpe a tu autoestima pueden manifestarse en formas ilimitadas —y algunas veces se siente que se están manifestando de todas las formas— y nuestra respuesta corporal al fracaso puede incluso parecerse a la de un dolor físico”, escribió Oset Babur el año pasado en un artículo de The New York Times acerca de cómo aprender del fracaso.

Entonces, sí: el primer paso para corregir un error garrafal es ser honesto y crítico con uno mismo y reconocer que en verdad fue un error. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero a menos que seamos absolutamente honestos con nosotros mismos acerca del error en sí, no hay forma de dejarlo atrás.

El segundo paso es todavía más decisivo: acepta que fue un error, pero no permitas que te defina a ti ni a tu autoestima.

“Ser demasiado críticos con nosotros mismos puede aumentar la ansiedad sobre algún tropiezo. Sin embargo, cavilar o rumiar sobre lo que sucedió, es como una crítica angustiosa que se repite”, escribió Rachel Simmons en la guía del Times para superar el fracaso. “Los estudios han descubierto que cavilar —hacerse preguntas del tipo: ‘¿Cómo pude decir eso?’ o ‘¿Por qué estoy tan ansioso?’— puede dañar la motivación de la persona y su capacidad para resolver problemas, además de aumentar las probabilidades de que caiga en una depresión. Esto sucede con mayor frecuencia en las mujeres”.

El verdadero trabajo empieza después de reconocer tu desacierto y aceptar que te has equivocado. Desde luego, no hay dos errores idénticos, pero hay algunas formas prácticas de encontrar un camino hacia delante.

Si es posible, deja de pensar en eso. Si resulta que se trata de un error que sigues cometiendo (una situación en la que has estado varias veces), haz todo lo que esté en tus manos para dejar de empeorar la situación.

De acuerdo con Marty Nemko, a partir de ahí, la salida no se presenta en modificaciones y decisiones enormes y repentinas que cambien la vida, sino en “pasitos de bajo riesgo”. Digamos que te diste cuenta de que elegiste mal tu profesión y que ya lo aceptaste. No pienses en ello en términos de solo salir y renunciar mañana, sino más bien trata de pensar en formas muy pequeñas en las que podrías impulsarte hacia una profesión que sea más adecuada para ti.

Prueba en otras áreas para ver qué te interesa y en cuáles podrías verte construyendo una vida, luego retrocede con lentitud para descubrir cómo puedes llegar ahí. Debemos evitar precipitarnos a hacer algo; quizás por eso estamos en esta situación en primera instancia. Más bien, debemos construir gradual y metódicamente un plan para llegar adonde queremos ir, paso a paso.

Nunca es fácil recuperarse de errores importantes y existen fuerzas internas y externas que funcionan en nuestra contra, incluyendo las tendencias que nos hacen quedarnos con las malas decisiones y las presiones sociales que nos provocan temor de buscar un cambio. No obstante, ser consciente de los obstáculos que hay en tu camino es la única forma de librarlos.

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A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta

A veces no estoy para nadie porque también yo me hago falta, también necesito escucharme, remendar mis espacios rotos, limar mis esquinas afiladas. Por ello, si no contesto los mensajes o si pongo en silencio mi teléfono durante unas horas o unos días, no quiere decir que haya cerrado puertas al mundo, solo he ido de paseo conmigo mismo, con ese alguien que había largamente descuidado.

Resulta curioso cómo, casi sin darnos cuenta, acabamos dejándonos a nosotros mismos en la bandeja de «spam». Nos relegamos al cajón de asuntos pendientes, a la última página de nuestra agenda o a ese post-itamarillo fosforescente que acaba perdiéndose en el ajetreo natural de nuestro escritorio porque siempre hay una prioridad que lo adelanta y lo posterga.

«Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”

–Benjamin Franklin-

Vivimos en una sociedad tremendamente demandante y competitiva, lo sabemos. Hay muchas cosas que hacer, y los días a veces pueden ser tan trepidantes como agotadores. Por si no fuera suficiente, a ello se le añaden los nuevos sistemas de comunicación, ahí donde el trato y las interacciones son constantes e inmediatas.

Vivimos organizados en diversos grupos de WhatsApp, siempre estamos localizables y en las pantallas de nuestros móviles siempre hay un mensaje que responder, correo que atender, fotos a la que poner un like y un etiquetado al que responder aunque no nos apetezca.

Es como vivir en un epicentro donde nuestra mirada hipermétrope es incapaz de ver aquello que tiene más cerca. Nuestros ojos cansados pueden leer las necesidades ajenas pero son incapaces ya de descifrar las propias… Todo parece borroso, todo se ha hecho un ovillo que se enclava ahí, en nuestro corazón y nuestra mente como si algo fallara, como si algo no fuera bien y no supiéramos qué es…

A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta

Has llegado al límite y todavía no lo sabes

Le haces falta a muchas personas, lo sabes. Cada día tienes diez montañas que encumbrar y decenas de obstáculos que sortear, y lo consigues, no hay duda. Sin embargo, nadie te da medallas por ello, casi nadie reconoce tus esfuerzos, tu dedicación o incluso todo lo que llegas a renunciar por quienes están a tu alrededor. Poco a poco, las cosas pierden su significado y las personas su sabor. El mundo ya no tiene música, ya no rima, ya no es ágil, y te acabas hundiendo en tus propias responsabilidades como la piedra que cae en un pozo sin fondo.

Estar para todos y para todo cada día y a cada instante, tiene una cuota de intereses secretamente elevada. Las señales de este proceso  de estrés continuado en el tiempo puede muy bien derivar fácilmente en una depresión, por ello, debemos estar muy atentos a los síntomas:

  • Fatiga, un cansancio extremo que a veces no se recupera con el sueño o el descanso nocturno.
  • Dolores de cabeza, migrañas.
  • Dolor de espalda.
  • Malas digestiones.
  • Sensación de aburrimiento constante, la vida pierde casi todo nuestro interés.
  • Impaciencia e irritabilidad.
  • Frustración, comentarios cargados de cinismo, mal humor, apatía constante…

Por curioso que parezca, vivir en un entorno híper-estimulado e híper-demandante nos acaba narcortizando. Nos volvemos insensibles a las propias necesidades, extranjeros del propio corazón y vagabundos perdidos en esa isla de Circe donde uno ha olvidado por completo dónde está su hogar, dónde esa casa donde habita el propio ser.

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Hoy no estoy para nadie, hoy me hago falta

Decir en voz alta «estos días no estoy para nadie, me hago falta a mí mismo» no es una falta de respeto. No se hace daño a nadie, no se descuida nada, el mundo seguirá girando y los ríos fluyendo. Sin embargo, acontecerá algo maravilloso: daremos paso a la sanación emocional, nos regalaremos tiempo, atención y un espacio propio donde refugiarnos.

Será como introducirnos en el hueco de un árbol para tomar contacto con nuestras raíces, ahí donde reencontrarnos casi en posición fetal, para nutrirnos y permitir que nuestras hojas, nuestras ramas, crezcan altas y más libres para rozar el cielo.

A continuación, te proponemos reflexionar en unas ideas que pueden ayudarte a lograrlo.

“Sólo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros”

– Jean-Paul Sartre-

Tomar el control

Claves para tomar el control, para atenderte cuando te haces falta

En medio de esta vasta rutina en la que acabamos cautivos de las obligaciones propias y ajenas, debe quedar un espacio, un pequeño hueco confortable y especial que nos pertenezca a nosotros solos. Es como una cápsula de salvamento, como un bote salvavidas al que acudir cada vez que percibamos que hemos llegado al límite.

  • Cuando percibas que las presiones externas te están impidiendo ser tu mismo, párate y visualiza esa cápsula o ese bote salvavidas: súbete a él.
  • Es momento de trazar un plan de salvamento. Benjamin Franklin solía decir que «si en el día a día no tenemos un plan de supervivencia estamos condenados a navegar eternamente a la deriva».
  • Ese plan de supervivencia debe tener una meta y establecer qué es prioritario y qué secundario (hoy mi objetivo es cumplir con mi jornada laboral, mi meta es no estresarme y mi plan incluye tener dos horas para mí mismo. Quedar bien con mis compañeros de trabajo o familiares es hoy secundario).

Debemos tener muy claro por último, que habrá días en que la prioridad total y absoluta, seamos nosotros mismos. Dejarlo claro a quienes conforman nuestro contexto más próximo no es ningún acto de egoísmo.

Apagar el móvil, salir a caminar, a respirar y a cobijarnos con nuestros propios pensamientos es un acto de auténtica salud mental. Porque lo creamos o no, esos días en que nos hacemos falta son muchos, y atenderlos, poner nuestro nombre en la lista «prioridades», lejos de ser recomendable, es OBLIGATORIO.

Pensar en ti no es egoísta

Pensar en ti no es egoístaCuando decimos que pensamos en nosotros, las personas que nos rodean nos pueden tachar de ser egoístas. Pero, ¿Qué significa ser egoísta? Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

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5 MITOS SOBRE EL ALCOHOLISMO CREADOS POR ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS

ALCOHÓLICOS ANONIMOS SE HA ENCARGADO DE DISEMINAR EN EL SABER POPULAR TODA UNA SERIE DE MITOS ACERCA DE LO QUE SON LA ADICCIÓN Y EL COMPORTAMIENTO HUMANO. ROMPER CON ESTOS MITOS PUDIERA SER LA SALIDA PARA MUCHOS QUE SE ENCUENTRAN ATRAPADOS EN SU SISTEMA.

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Hoy en día, casi siempre que se recurre a un mecanismo para tratar las adicciones, especialmente el alcohol, pero no exclusivamente, se usa el método de Alcohólicos Anónimos. Sin embargo, este metódo no es tan efectivo como se piensa y si bien ha ayudado a muchas personas a dejar de consumir alcohol, muchas veces lo ha hecho generando una dependencia ideológica, una nueva esclavitud mental. Esto al menos es lo que señalan los doctores Lance y Zachary Dodes, en un artículo para la revista Salon.

Al parecer, Alcohólicos Anónimos ha sido un instrumento propagandístico para difundir muchos mitos, su doctrina de los “doce pasos”, sus expresiones y su particular léxico han encontrado la forma de integrarse hasta confundirse con el saber popular, al punto en que muchas personas las confunden con hechos científicos. El problema es que muchos de los mitos que AA ha diseminado sobre la adicción pueden llegar a ser realmente destructivos, al promover ideas engañosas sobre lo que los adictos son, encerrándolos en una cárcel de ideas que les impide imaginar su vida de otra manera.

En Estados Unidos el gobierno federal se gasta 15 mil millones de dólares en el tratamiento de abuso de sustancias, la gran mayoría de ellos en programas basados en el sistema de 12 pasos, que tiene como base a Alcohólicos Anónimos. Según cifras manejadas por los doctores Dodes, el programa tiene un éxito de entre 5 y 10% . Un estudio de la prestigiosa Cochrane Collaboration en 2006 concluyó: “Ningún estudio empírico demuestra sin lugar a dudas la efectividad de AA” en tratar el alcoholismo.

El tema es sin duda polémico, por una parte AA provee un grupo de apoyo para personas que muchas veces no tiene otra alternativa, por otro lado suele generar fanáticos que defienden el programa a ultranza sin considerar otras opciones. Quizás sería bueno explorar otros sistemas para poder combatir las adicciones de una manera más libre, como podrían ser la iboga y la ayahuasca, dos plantas no adictivas utilizadas en contextos chamánicos que han mostrado resultados prometedoras tratando el abuso de sustancias. O también programas educativos alternativos no basados en el sistema de 12 pasos que han mostrado mayor éxito. El tratamiento debería de aspirar no ha reemplazar una dependencia —ya sea fisiológica y psicológica— con otra, sino a liberar a las personas de la esclavitud de la adicción.

En su libro “La Sobria Verdad”, Lance y Zachary Dodes sugieren cinco mitos sobre la adicción que AA se ha encargado de difundir.

Mito #1: Debes “tocar fondo” para poder darte cuenta de tu problema

Básicamente, la idea de este punto es que una vez que tocas fondo, el único camino que te queda es salir escalando desde las profundidades del abismo de la adicción. Por supuesto, no hay cómo definir dónde está el punto más bajo para cada quien, además de que esto coloca a la adicción en una escala medieval que habla del sufrimiento como un paso necesario para lograr la reivindicación. Entrar en conciencia de la adicción no tiene que ver necesariamente con un acto específico, ni con cargar una culpa que debe ser expiada, sino con ser capaz de verse atrapado en un espacio de desesperación que antes parecía invisible.

Mito #2: Debes abandonar tu voluntad para sentirte bien

No es algo dicho tan explícitamente, pero en los principios de AA está implicada la idea de que hay que abandonarse a la voluntad de Dios. La adicción no es un problema del alma, sino de la mente, no se resuelve abandonando la propia voluntad y esperando que un poder más grande lo resuelva todo. Renunciar a la propia voluntad es aceptar que uno es incapaz de manejar la propia vida, cuando para pelear contra la adicción se necesita lo contrario: empoderarse, volver a poner las manos sobre el volante y el pie sobre el freno.

Mito #3: Llevar la cuenta de los días que llevas sobrio es algo útil

En una reunión de AA, puedes preguntar a cualquier miembro cuánto lleva sin tomar y seguramente te dará la cuenta exacta de los días en que no ha probado una sola gota de alcohol. La idea es ver la sobriedad como algo que crece y se expande, ocupando la vida y desplazando la adicción. Pero este punto de vista tiene un lado oscuro: tomar un trago, incluso un solo sorbo, regresa la cuenta a cero, haciendo que se pierda todo lo ganado. Moralmente, resbalar se ve como un gran fracaso, cuando en realidad es algo muy común, pues la adicción se alimenta de experiencias traumáticas y emociones profundas que llevan tiempo para poder ser procesadas.  

Una recaída puede ser incluso útil, si se convierte en una ventana para observar la naturaleza de la propia adicción. Si la sobriedad se ha roto en un momento particular, quizá debamos poner atención a ese momento y cavar hasta encontrar dónde es que la adicción tiene sus raíces.

Mito #4: Los adictos al alcohol son todos iguales: “alcohólicos”

Esta es la idea básica del tratamiento de AA: un mismo método es válido para sacar a cualquiera de su adicción. En general, se busca dar una idea de comunidad a todos los que tienen un problema con el alcohol, pero al mismo tiempo diluye su individualidad en la identidad del grupo. La palabra alcohólico es reductiva, define a los adictos por su adicción haciéndolos pensar que son diferentes al resto de nosotros: la adicción no es algo que haces, es algo que eres.

La palabra ignora todas las variedades en que se puede presentar una adicción. Cada quién se vuelve adicto por una razón distinta. La adicción no es un simple problema físico, sino que es una estructura que se forma para sostener una psique quebrada. Ciertamente se puede aprender de la experiencia de cada persona, pero eso no quiere decir que los casos de los demás deban ser iguales al mío.

Mito #5: “Un día a la vez”

El famoso lema resume la forma conductista en que AA piensa el comportamiento humano. Se pide a los miembros que no piensen a largo plazo. Esto es un eco de la idea de que la adicción es una fuerza innata que requiere ser contenida todo el tiempo. No hablan de una cura porque la adicción les es incomprensible, es algo a lo que deben resistirse. Sin embargo, visto así, todos los días son iguales, representan el mismo peligro.  

Se piensa en los miembros como niños a los que hay que engañar para que puedan cumplir sus cometidos. Una metáfora apropiada para la abstinencia es la de aprender a tocar un instrumento: puedes empezar aprendiendo una nota a la vez, pero pronto se volverá un proceso cada vez más fácil.  Si piensas en abandonar la adicción un día a la vez, esta se volverá un animal acechante y estarás todo el tiempo intentando predecir en qué momento atacará la urgencia. Es más fácil desconcertar a la urgencia mirando el horizonte y reconociendo que puedes escapar de su territorio.

En todo caso, más allá de la postura que se adopta en este libro, o de aquella que defiende el método de los 12 pasos, columna vertebral del programa AA, lo importante es reconocer que, como todo en la vida, hay distintas rutas para llegar a un mismo destino. En este plano, el combate puntual a una adicción, parece que, a fin de cuentas, lo fundamental es llegar a la meta. 

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