Ahora será más seguro el uso de medicamentos para diabetes 2 sin efectos secundarios

Ahora será más seguro el uso de medicamentos para diabetes 2 sin efectos secundarios

Los medicamentos llamados tiazolidinedionas (TZD) revierten la resistencia a la insulina en pacientes con diabetes tipo 2, dirigiéndose a la actividad de una proteína receptora. Sin embargo, diversos efectos secundarios, como el aumento de peso, el edema y el colesterol alto, limita su uso clínico.

Un nuevo estudio podría cambiar eso.

Células de grasa derivadas de células madre

Según el nuevo estudio, publicado en Cell Stem Cell un equipo de investigadores dirigido por Mitchell Lazar, director del Instituto de Diabetes, Obesidad y Metabolismo en la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pennsylvania, sugieren que utilizando células de grasa derivadas de células madre humanas, se puede predecir si la rosiglitazonas producirán el efecto secundario no deseado de aumentar los niveles de colesterol en ciertos individuos.

Esto determina las respuestas de un individuo a los medicamentos antidiabéticos y tiene implicaciones directas a la hora de desarrollar terapias personalizadas para la diabetes.

Al estudiar el genoma de las células de grasa derivadas de pacientes, el equipo de Lazar descubrió una variación genética que predecía si la rosiglitazona aumentaría la expresión de un gen llamado ABCA1, que regula los niveles de colesterol. La variación no aparece en la región de codificación de proteínas del gen ABCA1, pero se encuentra en regiones que codifican moléculas que regulan el nivel de expresión de ABCA1. El equipo demostró la relación causal entre la variación genética y el aumento de la expresión de ABCA1 mediante la edición de la variante de su forma inactiva a la activa mediante CRISPR / Cas9.

Estos principios se pueden aplicar no solo a las TZD, sino más ampliamente a otras clases de medicamentos que funcionan en regiones no codificantes del genomas. La esperanza es poder predecir qué pacientes tendrán respuestas beneficiosas y perjudiciales a los medicamentos para adaptar la terapia a las personas.

https://www.xatakaciencia.com/genetica

Esto es lo que sabemos sobre las dietas y bajar de peso

Esto es lo que sabemos sobre las dietas y bajar de peso

CreditGaia Stella

Read in English

Podrías pensar que a estas alturas los científicos de un congreso internacional de obesidad ya sabrían cuál es la mejor dieta y por qué; resulta que incluso los expertos siguen teniendo opiniones bastante divergentes.

En un encuentro reciente de la Sociedad de la Obesidad, los organizadores hicieron un simposio durante el cual dos científicos de renombre presentaron descubrimientos un tanto contradictorios de dos estudios de alto perfil relacionados con las dietas. Un moderador intentó salvar el momento.

En un estudio, realizado por Christopher Gardner, un profesor de Medicina en la Universidad de Stanford, se les proporcionó a los pacientes una dieta reducida en grasa o una reducida en carbohidratos con la misma cantidad de calorías. Al cabo de un año, la pérdida de peso fue la misma en los dos grupos, reportó Gardner.

Otro estudio, realizado por David Ludwig del Boston Children’s Hospital, reportó que una dieta reducida en carbohidratos era mejor que una dieta con alto contenido de carbohidratos para ayudar a los participantes a mantener su peso después de haber bajado al hacer una dieta. Descubrió que la dieta reducida en carbohidratos hacía que los participantes quemaran 200 calorías extras cada día, aproximadamente.

Entonces, ¿una dieta reducida en carbohidratos ayuda a las personas a quemar más calorías? ¿Es irrelevante la composición de la dieta si la cantidad de calorías se mantiene igual? ¿Es importante que el propósito sea cómo bajar de peso o cómo no subir? Al final de la sesión no hubo consenso, pero en un mar de hechos desconocidos acerca de las dietas, hay algunas certezas.

Esto es lo que sabemos

La gente responde de formas (muy) distintas

Algunas personas tienen éxito con dietas reducidas en grasas, a otras les va mejor con dietas reducidas en carbohidratos. No obstante, otras lo logran con dietas reducidas en gluten, dietas paleolíticas, ayunos periódicos, dietas cetogénicas u otras opciones en el menú aparentemente infinito de los métodos para bajar de peso.

La mayoría de los estudios que comparan dietas han dado resultados parecidos al de Gardner: no hay diferencia en la pérdida de peso entre grupos de estudio, siempre y cuando la ingesta de calorías permanezca idéntica. Pero dentro de cada grupo, siempre ha habido algunos participantes que bajaron mucho de peso, algunos que no bajaron en absoluto y otros que incluso subieron de peso.

George Bray, un investigador que estudia la obesidad y es profesor emérito en el Centro de Investigación Biomédica de Pennington en Baton Rouge, Luisiana, lo resume de la siguiente manera: “Haz la dieta que te gusta y apégate a ella”.

No hay nada nuevo en el universo de las dietas

Muchas de las dietas en las que la gente tiene plena confianza han existido durante décadas y en muchas versiones. Hace más de un siglo, el libro que fue un éxito en ventas, How to Live, les dijo a los estadounidenses que la única manera de bajar de peso era contar las calorías.

Las dietas reducidas en carbohidratos fueron presentadas por el londinense William Banting, en 1863, quien era director de una funeraria, y estas se volvieron muy populares.

Los estudios de las dietas son extremadamente complicados

La mayoría son a corto plazo y con frecuencia es difícil saber si los participantes se apegan en realidad a los métodos que se les proporcionan. Pocos estudios hacen un seguimiento durante un año o más para verificar que los participantes no vuelvan a subir de peso. Un porcentaje muy reducido de estas investigaciones es definitivo y la mayoría deja mucho lugar al escepticismo, la discusión y el debate.

Hacer dieta para tener una mejor salud no es lo mismo que hacer dieta para bajar de peso

Cualquier dieta que restringe las calorías tendrá como resultado la pérdida de peso, pero algunas dietas sencillamente no son saludables, aunque te ayuden a bajar algunos kilos.

Es difícil encontrar evidencia definitiva de que ciertas dietas evitan que contraigas determinadas enfermedades, pero muchos expertos en salud pública concuerdan en que los alimentos no procesados o poco procesados, además de la ingesta abundante de frutas y verduras, puede mejorar la salud.

También concuerdan en que las personas con diabetes o niveles elevados de azúcar en sangre con frecuencia se benefician llevando una dieta reducida en carbohidratos.

[Si quieres recibir los mejores reportajes de The New York Times en Español en tu correo suscríbete aquí a El Times]

Esto es lo que no sabemos

¿Por qué las personas reaccionan diferente a las dietas?

¿Acaso es la genética? Gardner observó a los participantes de su estudio para ver si descubría genes que pudieran predecir su respuesta a las dietas asignadas. No lo logró. Otros científicos tampoco han tenido éxito en encontrar predictores genéticos particulares.

Eso no significa que no haya genes involucrados en las dietas y la pérdida de peso, sin embargo, es difícil separar esos efectos de otras posibilidades. Por ejemplo, la motivación: una persona podría estar lista mentalmente para hacer dieta, mientras que otra podría hacer un esfuerzo a medias, rindiéndose a la tentación al poco tiempo de haber iniciado.

Algunos investigadores creen que la insulina que el cuerpo produce en respuesta a los carbohidratos de la dieta podría explicar por qué algunas personas que se ponen a dieta bajan de peso y otras no. Ludwig descubrió una relación similar en su estudio, pero Gardner no descubrió ese efecto, y el moderador del simposio, Kevin Hall (de los Institutos Nacionales de la Salud), argumentó que esa relación no resiste un escrutinio en profundidad.

¿Existe alguna dieta que evite que vuelvas a subir de peso?

Nadie quiere subir los kilos que tanto trabajo le costó bajar. El problema es que el cuerpo lucha por recuperar la grasa con la reducción del metabolismo y al provocar un apetito feroz.

Ludwig trató de mejorar este efecto con una dieta reducida en carbohidratos. Su funcionamiento sigue siendo objeto de discusión y por ahora la pregunta sigue sin respuesta.

Ludwig, defensor de las dietas reducidas en carbohidratos, y David Allison, de la Universidad de Indiana y un férreo escéptico de las dietas, realizan un estudio más extenso. Los participantes estarán internados en un centro residencial de tratamiento durante trece semanas mientras se controla su ingesta calórica y se mide su respuesta metabólica a distintas dietas.

¿Los alimentos azucarados son responsables de engordar a las personas?

Sencillamente no sabemos hasta qué grado el azúcar añadida contribuye a la epidemia de obesidad. Muchos científicos creen que es un factor que influye, pero no es necesariamente más potente que otros, como los granos refinados.

En un análisis reciente, Ludwig y sus colegas señalaron que los habitantes de países de Occidente obtienen más calorías de los alimentos con almidón que del azúcar. En Australia, las personas han reducido el azúcar añadida desde la década de los noventa; sin embargo, la población es cada vez más obesa.

Nadie defiende una dieta con alimentos dulces, pero muchos investigadores destacados dudan en culpar a un solo ingrediente de la generalización de la obesidad.

¿Por qué la población ha engordado más en las últimas décadas?

Esta es la gran pregunta sin respuesta. El problema consiste en que cambiaron muchas cosas en la sociedad mientras la epidemia de la obesidad cobraba fuerza.

Algunos cambios deberían haber reducido el peso de las personas: la disponibilidad de frutas y verduras más frescas y más baratas, la popularidad de las caminatas y los gimnasios, una mejor educación nutrimental en las escuelas y mejoras en los almuerzos escolares.

Nuestras modas sociales pueden haber fomentado el aumento de peso: porciones más grandes de alimentos, una tendencia creciente a comer durante todo el día, cada vez más personas que se alimentan más veces fuera de casa y una aceptación cultural del sobrepeso hasta el punto en que ahora parece casi normal.

Y luego tenemos la reducción de la cantidad de fumadores. Por supuesto, ha sido un enorme beneficio para la salud, pero, en promedio, los fumadores pesan menos que los no fumadores; cuando la gente deja de fumar, en general, sube de peso.

¿Cómo es que trabajan estas fuerzas en conjunto para que haya un aumento de peso generalizado? Eso nadie lo sabe.

https://www.nytimes.com/es

¿Por qué los científicos están tan molestos con los primeros bebés Crispr?

¿Por qué los científicos están tan molestos con los primeros bebés Crispr?

Una microplaca que contiene embriones en el laboratorio de He Jiankui, en Shenzhen, China. He dice que modificó genes en los embriones, así habrían nacido los primeros bebés del mundo cuyos genes han sido modificados.CreditMark Schiefelbein/Associated Press

Read in English

Un científico chino afirmó hace poco haber generado a los primeros bebés genéticamente modificados del mundo, con lo que desató una tormenta mundial. De ser cierto —el científico todavía no publica datos que lo confirmen—, sus acciones constituirían una violación mayúscula a las convenciones científicas internacionales. Aunque la modificación genética promete la posibilidad de corregir mutaciones peligrosas que causan enfermedades y tratar algunas afecciones médicas, existen muchas preocupaciones de seguridad y éticas sobre la modificación de embriones humanos.

A continuación, damos respuesta a algunas de las muchas preguntas que giran en torno a este acontecimiento.

¿Qué ocurrió?

El científico He Jiankui declaró haber usado Crispr, una técnica de modificación genética, con el fin de alterar un gen en embriones humanos para posteriormente implantar los embriones en el vientre de una mujer, quien dio a luz a unas gemelas en noviembre.

Esto es ilegal en muchos países, incluido Estados Unidos. China detuvo el ensayo clínico de He y está investigando si violó alguna ley nacional. Una de las preocupaciones relacionadas con la investigación de He es si a las parejas que participaron en ella se les informó sobre la modificación embrionaria y los posibles riesgos.

He manifiesta haber enviado su investigación a una publicación científica especializada. No obstante, aún no se ha publicado nada. El científico chino anunció los nacimientos de las gemelas antes de que su investigación pudiera ser revisada por sus colegas. Además, se cree que tomó otras medidas secretas que desafían las normas científicas.

¿Qué gen modificó y por qué?

El gen se llama CCR₅ y produce una proteína que hace posible que el VIH, el virus que causa el sida, infecte las células humanas. He comentó que con ayuda de una organización de apoyo a personas con VIH/sida en China reclutó a parejas en las que el hombre tenía VIH y la mujer no. Usó la técnica de modificación genética Crispr-Cas9 para tratar de inhabilitar el gen CCR₅ en sus embriones con el objetivo, señaló, de crear bebés resistentes a la infección del VIH.

¿Por qué los científicos están tan molestos con los primeros bebés Crispr?

He presentó sus hallazgos el mes pasado durante la Segunda Cumbre Internacional sobre Modificación del Genoma Humano en la Universidad de Hong Kong. CreditAlex Hofford/EPA vía Shutterstock

¿Cuáles son los antecedentes de He?

He, de 34 años, utilizó por primera vez la tecnología de modificación genética Crispr cuando trabajaba en su doctorado en Biofísica en la Universidad Rice en Houston. Hizo una investigación posdoctoral en Stanford y regresó a su natal China en 2012 gracias a un programa diseñado para que los investigadores chinos que estudiaron en Occidente vuelvan al país. Ahí fundó dos empresas de pruebas genéticas y se afilió a la Universidad del Sur de Ciencia y Tecnología en Shenzhen.

He presentó las fases tempranas de su investigación sobre Crispr ante científicos estadounidenses en conferencias en ese país, pero divulgó a muy pocos que en realidad estaba planeando crear embarazos implantando embriones modificados en mujeres.

¿Por qué los científicos están escandalizados?

Alterar los genes en un embrión significa cambiar los genes en cada célula. De tener éxito, el bebé presentaría modificaciones que heredaría a toda su progenie. Esa es una acción seria que, concuerdan los científicos, debe llevarse a cabo tras una deliberación exhaustiva y solo para tratar una enfermedad grave para la cual no hay otras opciones, si llegara a realizarse.

He, en cambio, siguió adelante e inhabilitó un gen perfectamente normal, el CCR₅. Si bien las personas que nacen con ambas copias del CCR₅ inhabilitadas son resistentes al VIH, son más susceptibles al virus del Nilo Occidental y a la encefalitis japonesa. Además, hay formas más sencillas y seguras de prevenir una infección de VIH.

Lo más preocupante es que Crispr suele modificar inadvertidamente otros genes además de los deseados; también existe una circunstancia, que se conoce como mosaico genético, en la cual algunas células contienen el gen modificado y otras no. En un video, He afirmó que Crispr no afectó otros genes en las gemelas y estas “nacieron de manera normal y saludables”, pero no hay forma de comprobar si esto es cierto.

De hecho, algunos de los datos que He presentó en una conferencia en Hong Kong tras anunciar el nacimiento de las gemelas son preocupantes, a decir de varios científicos. En primer lugar, indica que pudo inhabilitar ambas copias del gen CCR₅ solo en una de las gemelas, a quien identificó como Nana. En la otra gemela, Lulu, solo inhabilitó una copia del CCR₅, lo que, si acaso, proporciona una protección limitada contra el VIH; a pesar de ello, He implantó el embrión. Mencionó que informó a los padres, quienes quisieron que se implantaran ambos embriones.

Algunos científicos manifestaron que los datos que He dio a conocer también sugieren varios posibles problemas derivados del proceso de modificación.

Lo más importante, según Kiran Musunuru, genetista de la Universidad de Pensilvania que revisó los datos, es que “existen evidencias claras de la presencia de un mosaico genético” en los embriones editados de ambas gemelas. “Me enfadé tanto”, comentó Musunuru. “El solo hecho de traer al mundo bebés modificados genéticamente habría sido perturbador, pero la situación es cien veces peor cuando se sabe que los embriones presentaban mosaico genético. Es como si tomáramos los embriones, los metiéramos en ácido y dijéramos: ‘Sabes qué, voy a continuar con la implantación de todos modos’. No hay mucha diferencia”.

Aunque no está claro si las gemelas acabaron con un entramado de células con mosaico genético, Musunuru comentó que los datos muestran que la placenta de Lulu presentaba mosaico, lo cual no es buena señal.

Por último, no se sabe si los sujetos de su estudio sabían a lo que estaban accediendo. El documento de consentimiento que firmaron fue para un proyecto cuya finalidad era desarrollar una vacuna contra el sida y no mencionaba todos los riesgos que conlleva inhabilitar el gen CCR₅. En el consentimiento decía que si Crispr alteraba otros genes: “El equipo del proyecto no se hace responsable por el riesgo”.

¿Cuáles son las posibles consecuencias?

A muchos científicos les preocupa que el experimento de He pueda desalentar el apoyo a la investigación legítima y valiosa sobre modificación genética.

“Si sigue habiendo desventuras científicas de proporciones épicas, una tecnología que constituye una enorme promesa para la prevención y el tratamiento de enfermedades se verá ensombrecida por la indignación pública, el temor y el rechazo justificado de la gente”, comentó Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.

¿Cuáles son las protecciones contra esto?

En Estados Unidos, el Congreso le ha prohibido a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) incluso considerar los ensayos clínicos relacionados con la modificación de embriones humanos. Los Institutos Nacionales de la Salud tienen prohibido financiar este tipo de investigaciones. Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos emitieron un informe en 2017 que concluía que la modificación de genes de embriones humanos solo debería ser aceptable en las circunstancias más extremas. Tendría que usarse solo para corregir un trastorno genético grave que ocasione una enfermedad o discapacidad; solo en caso de no haber otras alternativas; solo si hay evidencias sustantivas de que los beneficios serían mayores a los riesgos, y solo si hay un plan implementado para dar seguimiento a los niños cuyos genes se hubieran modificado.

¿Por qué los científicos están tan molestos con los primeros bebés Crispr?

Una diapositiva de la presentación de He en Hong Kong CreditKin Cheung/Associated Press

¿Cuáles son las preocupaciones éticas?

A algunos les preocupa que este sea el primer paso hacia el uso de la modificación genética para crear gente con inteligencia, belleza o capacidades atléticas extremas. Pero eso no es posible… por ahora. Se cree que dichos rasgos se ven afectados tal vez por cientos de genes que actúan al mismo tiempo, los cuales, a su vez, se ven afectados por el entorno.

Las mayores preocupaciones éticas por ahora tienen que ver con los científicos rebeldes que convencen de participar en estos experimentos a parejas que desconocen el riesgo derivado para los bebés. Además, cuando esos niños crezcan, heredarían los genes alterados a sus hijos y a los hijos de sus hijos, durante generaciones.

¿Qué no sabemos todavía?

No será sino hasta que He publique en una revista médica los resultados de su trabajo analizados por sus pares que sabremos los resultados detallados de la modificación de embriones o incluso si las gemelas realmente nacieron.

He no ha enviado sus datos ni tampoco ha identificado a las niñas ni a sus padres, más allá de proporcionar nombres de pila para las dos gemelas, Lulu y Nana, mismos que podrían ser seudónimos. Durante muchos años no sabremos si Crispr afectó otros genes además del CCR₅ ni tampoco podremos evaluar la salud de las recién nacidas ni ahora ni en el futuro.

Evidentemente, tampoco sabemos si otros científicos se sentirán alentados a hacer sus propios experimentos de modificación genética en embriones humanos.

https://www.nytimes.com/es/

Por qué mienten los pacientes

Un nuevo estudio indica que entre un 60 y un 80 por ciento de las personas reconocen no haber sido sinceras con sus médicos sobre cuestiones que podrían ser relevantes para su salud.

Por qué mienten los pacientes

Por qué mienten los pacientes Bradley Knickerbocker
Por qué mienten los pacientes

“He aquí un axioma de la condición humana: todo el mundo miente. La única variable es sobre qué”. La frase es del Doctor House, el famoso personaje de ficción televisiva que intenta diagnosticar a sus pacientes en situaciones extremas partiendo de la base de que no le han dicho toda la verdad. Pero, ¿hasta qué punto es cierto que le ocultamos los hechos al médico?

“La mayoría de la gente quiere que su médico tenga una buena opinión sobre ellos”

Un equipo de investigadores, liderados por Angela Fagerlin, acaba de publicar un estudio esclarecedor sobre este asunto basado en dos grandes encuestas a la población estadounidense. El trabajo, publicado en la revista JAMA Network Open, se basa en los resultados de dos grandes consultas online, la primera con 2011 participantes de 36 años de media y la segunda con 2499 participantes con una media de edad de 61 años. En las repuestas, entre un 60 y un 80 por ciento de las personas reconocen no haber sido sinceras con sus médicos sobre cuestiones que podrían ser relevantes para su salud. Aparte de mentir sobre lo que comen y el ejercicio que hacen, mas de un tercio aseguran no haber dicho nada cuando no estaban de acuerdo con las recomendaciones de su facultativo, y otro alto porcentaje no reconocía no haber entendido sus instrucciones.

Cuando se preguntaba a los encuestados por los motivos por los que ocultan ola verdad, la mayoría asegura que no quieren ser juzgados por su médico ni recibir lecciones sobre lo malos que son algunos de sus comportamientos. Más de la mitad estaban “simplemente demasiado avergonzados para admitir la verdad”, dice el estudio. “La mayoría de la gente quiere que su médico tenga una buena opinión sobre ellos”, asegura Fagerlin. “Les preocupa ser encasillados como personas que no toman buenas decisiones”.

“Les preocupa ser encasillados como personas que no toman buenas decisiones”

“Me sorprende que un número tan alto de gente elijan reservarse información relativamente beneficiosa y el hecho de que lo admitan”, asegura la doctora Andrea Gurmankin Levy, primera firmante del estudio. “Deberíamos considerar también la interesante limitación que sería que los participantes en la encuesta hubieran retenido información sobre las cosas que se reservaron, lo que significaría que nuestro estudio ha infravalorado lo prevalente que es este fenómeno”.

El problema de esta falta de sinceridad de los pacientes, advierten los investigadores, es que los médicos no pueden ofrecer consejos adecuados si no tienen todos los hechos encima de la mesa. “Si los pacientes se reservan información sobre lo que están comiendo, o sobre si están tomando su medicación, podría tener repercusiones importantes en su salud”, asegura Levy. “Especialmente si tienen una enfermedad crónica”. Los autores quieren profundizar en el conocimiento de estas relaciones con nuevos estudios que les ayuden a conocer, por ejemplo, si los pacientes son más sinceros con los médicos que les han tratado durante años y qué tipo de estrategias pueden servir para que se sientan más cómodos y oculten menos hechos que puedan ser fundamentales para el diagnóstico.

Referencia: Prevalence of and Factors Associated with Patient Nondisclosure of Medically Relevant Information to Clinicians (JAMA Network Open)

https://www.vozpopuli.com/

¿Por qué no hemos vencido a la gordura?

¿Por qué no hemos vencido a la gordura?

CreditJens Mortensen para The New York Times

Read in English

Siempre que veo una fotografía de la década de los sesenta o de la de los setenta, me sorprendo.

No es la ropa ni el cabello. Me sorprenden los cuerpos. Mucha gente era delgada.

En 1976, el 15 por ciento de los adultos estadounidenses eran obesos. Ahora esa cifra es de casi el 40 por ciento. Nadie sabe con certeza por qué han cambiado tanto los cuerpos.

Los científicos hablan mucho de nuestro “entorno obesogénico” y señalan a los sospechosos de siempre: la abundancia de comida rápida y tentempiés baratos; compañías que producen productos tan sabrosos que son adictivos; porciones más grandes; la tendencia a estar comiendo todo el día.

Sin importar cuál sea la combinación de factores, algo en el entorno está haciendo que la gente sea tan gorda como lo permite su perfil genético. La obesidad siempre ha estado con nosotros, pero jamás había sido tan común.

A todos —desde los médicos hasta las farmacéuticas, desde los funcionarios de salud pública hasta la gente obesa— les gustaría que hubiera cura, un tratamiento que nos haga tener un peso normal y lo mantenga así. ¿Por qué nadie lo ha descubierto?

No es porque no lo hayan intentado.

Sí, algunas personas han logrado pasar de gordas a delgadas con dieta y ejercicio, y han mantenido a raya el peso. Sin embargo, son la excepción. La mayoría pasa años haciendo dietas que las hacen bajar y subir de peso, un ciclo frustrante y sin resultados.

Solo hay un tratamiento que casi siempre es eficaz, y casi no se utiliza: solo se han sometido al procedimiento el uno por ciento de los 24 millones de estadounidenses adultos que son candidatos.

Se trata de la cirugía bariátrica, una operación drástica con la que se convierte al estómago en un pequeño bolso y, en otra versión, también se redirige el intestino. La mayoría de los que se sometieron a la cirugía pierde una cantidad significativa de peso, pero muchos de ellos siguen teniendo sobrepeso, o incluso siguen siendo obesos.

Sin embargo, su salud generalmente mejora. Muchos de los que tienen diabetes ya no necesitan insulina. Los niveles de colesterol y presión tienden a bajar. Desaparece la apnea del sueño. Les dejan de doler la espalda, la cadera, y las rodillas.

No son suficientes los cirujanos ni los hospitales para operar a todas las personas que podrían beneficiarse de la cirugía bariátrica, señaló Randy Seele, director del centro de investigación en nutrición en la Universidad de Michigan.

Muchos pacientes y médicos siguen pensando —a pesar de toda la evidencia que indica lo contrario— que, si las personas con sobrepeso de verdad se lo proponen, podrían adelgazar sin subir de peso otra vez.

Los científicos echaron un vistazo implacable a lo que se enfrentaban hace cincuenta años, cuando Jules Hirsch, investigador clínico en la Universidad Rockefeller, realizó algunos experimentos a la antigua usanza. Reclutó a personas obesas para que se quedaran en el hospital y tuvieran una dieta líquida de 600 calorías al día hasta que alcanzaran su peso normal.

En promedio, los pacientes perdieron 45 kilos y estaban encantados. Sin embargo, en cuanto salieron del hospital, los kilos regresaron.

Hirsch y Rudy Leibel, posteriormente académicos en la Universidad de Columbia, repitieron el estudio una y otra vez, con el mismo resultado. Al final, hallaron que cuando una persona muy gorda alcanza su peso normal mediante una dieta, él o ella llega a parecerse psicológicamente a una persona en estado de inanición, por lo que necesita ingerir alimentos con una avidez difícil de imaginar.

La lección en realidad nunca entró en la conciencia popular. Tan solo hace un par de años, Kevin Hall, un investigador sénior en el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales, llegó a los encabezados con un estudio de los participantes del programa de televisión The Biggest Loser. Halló que perdieron muchos kilos pero no pudieron mantener su peso ideal.

La conexión con la obesidad genética se demostró de manera conclusiva en la década de los ochenta mediante una serie de artículos que mostró que el peso corporal es un factor genético que se hereda casi con tanta contundencia como la estatura. Los bebés adoptados llegaban a tener un peso similar al de sus padres biológicos en la adultez. Los gemelos separados terminaban con pesos casi idénticos.

El panorama para la gente obesa empezaba a parecer desolador.

Posteriormente, en 1995, Jeffrey Friedman de la Universidad Rockefeller descubrió lo que parecía ser el equivalente a la insulina para la diabetes, una molécula que llamó leptina, la cual secretan las células adiposas y le dice al cerebro cuánta grasa tiene el cuerpo.

La leptina manda una señal a una suerte de controlador maestro en el cerebro. Si una persona es demasiado delgada —según lo que su cerebro percibe como peso aceptable— el cerebro le manda una señal para que coma.

En las personas gordas, ese controlador es muy potente: sus cerebros se aseguran de que sigan teniendo ese peso.

La farmacéutica Amgen les pagó a Rockefeller y a Friedman 20 millones de dólares por los derechos de la leptina, con la esperanza de desarrollar un tratamiento para la obesidad. La idea era darles leptina a los pacientes obesos para que sus cerebros pensaran que tenían mucha grasa.

Si funcionaba, ya no tendrían apetito y bajarían de peso. Al personalizar las inyecciones de leptina, los médicos podrían calibrar el peso de una persona.

Por desgracia, no funcionó. La mayoría de la gente no respondía a las inyecciones de leptina perdiendo peso. Sin embargo, fue clave para revelar una compleja red de hormonas y señales cerebrales que controlan el peso corporal.

El problema era que ningún objetivo preciso parecía tener una gran diferencia en la pérdida de peso.

“Creo que comer es un mecanismo de supervivencia”, dijo John Amatruda, consultor y exejecutivo en Bayer y Merck mientras trataban de desarrollar medicamentos para perder peso. “Comer es fundamental, así que nuestros cuerpos están programados para tener sistemas complejos y redundantes”.

La esperanza ahora es averiguar cómo lograr los beneficios de la cirugía bariátrica sin la intervención quirúrgica. La operación altera la orquesta de señales y hormonas del cuerpo, entre ellas la leptina, pero también muchas otras.

Después, los sabores cambian. Muchos pacientes ya no ansían los alimentos con alto valor calórico que solían saciarlos. Muchos descubren que ya no están muertos de hambre.

¿Acaso un medicamento podría imitar esos efectos? Muchos investigadores están intentándolo, aunque la mayoría de las farmacéuticas han dejado el mercado de la obesidad, pues no vislumbran tratamientos eficaces.

Incluso cuando se han aprobado medicamentos, rara vez se usan. Eso no es sorprendente, dijo Amatruda, debido a que los medicamentos para la obesidad en el mercado son muy poco eficaces o la mayoría de la gente sufre efectos secundarios significativos o ambos.

Seeley mantiene el optimismo ante la idea de que se descubra un medicamento. Estudia ratones y ratas, y los somete a operaciones bariátricas para tratar de desenmarañar la red de cambios bioquímicos posteriores.

“Creemos tener buenas pistas, pero en este momento no son suficientes”, comentó.

Por ahora, los investigadores desearían que las personas —incluyendo también a las gordas— dejen de culpar a los obesos por su problema.

“Esta idea de que la gente debe comer menos y hacer más ejercicio, si tan solo fuera tan sencillo”, comentó Hall.

https://www.nytimes.com/es

El ayuno es el futuro: por qué la ciencia y la nutrición están tumbando las cinco comidas al día

El ayuno es el futuro: por qué la ciencia y la nutrición están tumbando las cinco comidas al día

Todavía se escucha, a pie de calle, eso de que comer cinco veces al día nos ayuda a mantener una dieta adecuada. Sin embargo, a medida que avanzamos en la complicada ciencia de la nutrición, las evidencias contradicen con más fuerza este hecho.

Al contrario, las últimas investigaciones apuntan a que el “secreto” de una buena dieta podría estar en el ayuno. Este podría ayudar a bajar el peso, generar más masa muscular e, incluso, tratar ciertas enfermedades. Así lo recoge un reciente e importante metaanálisis.

El mito de las cinco comidas al día

A pesar de que es uno de los dichos más recurrentes en nutrición, lo cierto es que el mito de las cinco comidas al día está ya obsoleto. La base de este mito es la idea de que si comemos más veces a lo largo del día nuestro cuerpo no sufrirá por el “hambre”. Esto impedirá que se activen los mecanismos que almacenan grasa.

Pero a pesar de este razonamiento, que parece lógico, lo cierto es que no importa las veces que comamos. Existen varios estudios que se contradicen, algunos tienen resultados positivos, mientras que otros indican lo opuesto.

Food Dry Bread Eat Fast Food Water Fasting Apple 2124219

Ante este panorama solo queda una resolución coherente: mirar más allá de los propios estudios. Lo que explican los expertos en nutrición es que no importa las veces que comas: lo importante es cómo comes y qué comes. Comer más veces al día puede llevarte a una peor alimentación.

Repartir la comida más veces a lo largo del día puede llevarnos a ingerir más cantidad sin que seamos conscientes de ello. Además, será más fácil que no coordinemos nuestra alimentación con nuestro ritmo circadiano. Este es el reloj interno que controla todo nuestro metabolismo, y no es bueno saltárselo a la torera.

Ayunar: lo que dice la ciencia

Si comer más veces al día no nos ayuda, ¿lo hará ayunar? Según las últimas revisiones, las estrategias de ayuno podrían servir para tratar enfermedades crónicas asociadas a la nutrición y el envejecimiento. El ayuno, bien administrado, nos permite ajustar los tiempos en los que nos alimentamos.

El ayuno es el futuro: por qué la ciencia y la nutrición están tumbando las cinco comidas al día

Hernán J. Sardi@NutriRebel

[HILO] “Es tiempo de ayuno”. Así titulaba la revista Science hace unos de días un fantástico artículo que revisa la literatura científica existente hasta el momento sobre la restricción calórica y los períodos de ayuno. Aquí va un resumen y traducción de lo más relevante: 1/31

Según afirma un nuevo metaanálisis, el tiempo en el que se ingieren los alimentos es determinante para la salud. Recordemos que los metaanálisis son los estudios más elaborados y completos que existen, ya que analizan decenas o centenas de estudios, con muchísimos sujetos, para llegar a conclusiones más rigurosas.

¿Y qué dice este metaanálisis? En él se analizan varios sistemas de ayuno y sus beneficios para la salud, centradas sobre todo en las personas más mayores. Las conclusiones a las que llega es que la restricción calórica temporal ayuda a reducir los factores de riesgo de varias enfermedades entre las que se incluyen el síndrome metabólico, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer e, incluso, las enfermedades neurodegenerativas.

El estudio especifica que muchos de los mecanismos no se entienden, todavía, algo normal si entendemos la complejidad del estudio. Sin embargo, esto no implica que los resultados no sean válidos, tal y como apuntan. El objetivo de los investigadores ha sido señalar que una intervención con ayuno mejorará la salud de los pacientes, pero también podría mejorar la salud general de las personas.

Cuatro técnicas para ayunar

Existen cuatro técnicas o aproximaciones para usar el ayuno en nuestro favor. De hecho, estas son las que han analizado los investigadores. La primera es la restricción calórica, es decir, reducir la cantidad de comida y sus aporte en energía, así de sencillo.

Para no caer en una malnutrición hay que restringir entre un 15 y un 40% como máximo sobre las calorías totales en una dieta normal sin control. Esto tiene una serie de beneficios: menos enfermedades, más salud metabólica…Pero este tipo de dietas es muy agresiva a nivel psicológico y social, por lo que es muy difícil llevarla a cabo y adherirse a ella. Eso sí, podemos tratar de reducir las calorías al máximo, lo que será positivo para la salud.

Dinner 944998 960 720

La segunda es la alimentación restringida por tiempo. Esta consiste en consumir casi toda la dieta en un periodo corto del día de entre 4 y 12 horas, y sin que haga falta reducir la cantidad de calorías que comemos. Eso supone ayunar durante 20 o 12 horas seguidas. Esto podría mejorar el peso corporal, la composición grasa y muscular así como reducir varios procesos asociados con la enfermedad.

El ayuno intermitente es uno de los protocolos favoritos entre los amantes del fitness. Este consiste en comer ad libitum, es decir, lo que queramos, ciertos días a la semana y dejar de comer, o comer lo mínimo indispensable, otros tantos. Este modelo de alimentación, explican los investigadores, promueve una serie de mecanismos de estrés en el organismo. Esto se manifiesta en mejor control de la insulina, protección contra enfermedades cardiovasculares, obesidad y cáncer, entre otras cosas.

Por último, el ayuno “simulado” reduce la ingesta diaria a alimentos hipocalóricos. De esta manera se pretende “alargar” la sensación fisiológica de ayuno, sin que sea propiamente un ayuno (no comer nada de nada). Este método también mostró una serie de beneficios a corto plazo. El problema principal de este método es que no hay buenos datos a largo plazo.

El fin de las cinco comidas al día

¿Cómo podemos usar estas técnicas o análisis en nuestro día a día? Aunque ayunar sea una tarea complicada, podemos utilizar algunos de los datos de las conclusiones en nuestro favor. En primer lugar, ya hemos visto que reducir la ingesta calórica (hasta un 40%, como máximo) puede ser bueno para la salud. Podemos cambiar alimentos y reducir el azúcar de nuestra dieta.

Por otro lado, existe un denominador común entre estas técnicas: el momento de comer los alimentos. Los resultados muestran que las horas de alimentación deberían encontrarse a lo largo del día evitando la noche. Es decir, podemos aprovechar para comer a lo largo de la jornada ayunando por la tarde y noche.

Según las evidencias, esto nos ayudará a nivel metabólico. También significa otra cosa: se acabó el mito de las cinco comidas al día. Alargar la alimentación no es malo, pero ayunar parece mejor, si tenemos en cuenta lo visto hasta el momento. Esto, combinado con una menor ingesta, podría resultar en una combinación ganadora.

ayuno

Esto tiene su sentido evolutivo, en el que el ritmo circadiano marca el ritmo metabólico. Un ritmo que hace tiempo que rompimos con recursos por doquier. Antes la comida era un objetivo, un fin. Esto marcaba el transcurso del día. Ahora es un evento más, con un marcado carácter social y psicológico. Esto podría explicar por qué algo como el ayuno, antiintuitivo, podría ser una herramienta para mejorar la salud, aunque el cuerpo nos pida comer cinco, o más veces, al día.

https://magnet.xataka.com

El poder curativo de no tomar nada

Read in English

La cadena para quien ostenta el cargo de la alcaldía de Leiden, ciudad universitaria neerlandesa, es un collar ceremonial que le da un aire magistral al que la porta. En este caso era el alcalde Henri Lenferink, aunque él mismo se esforzó por diluir la percepción de maestría cuando saludó a un grupo de investigadores reunidos en la ciudad. “Tan solo soy un humilde historiador”, les dijo a los trescientos integrantes de la Sociedad Interdisciplinaria para el Estudio del Placebo. “En realidad no sé nada sobre su área”, indicó. No lo decía en serio; sabía lo suficiente sobre el asunto que había reunido en Leiden a los psicólogos, neurocientíficos, médicos, antropólogos y filósofos —el efecto placebo, aquel fenómeno en el que la gente afligida se siente mejor con tratamientos que funcionan por una razón aún no discernible— como para llamarlo frente a ellos “medicina falsa” y recalcar que seguramente funciona porque “a la gente le gusta que la engañen”.

Lenferink no lo habría dicho tan despreocupadamente si hubiese escuchado hablar el día anterior a esas decenas de luminarias sobre la ciencia de los placebos; justamente, ellos se habían congregado en su ciudad porque, como tantos profesionistas renegados, buscan que se les deje de considerar promotores de “medicina falsa”. Los motiva la convicción de que el placebo es un tratamiento médico muy poderoso que ha sido ignorado por muchos doctores a costa de sus pacientes.

Después de un cuarto de siglo de trabajo, ya tienen suficiente evidencia para comprobar que es así. Sus estudios muestran que si le das a alguien una píldora compuesta de azúcar, ese paciente —sobre todo si tiene alguna condición crónica agravada por el estrés y si el tratamiento le es dado por alguien en quien confían— mejorará. Dile a alguien que su malteada normal es una bebida de dieta y sus sistema digestivo va a responder como si hubiera tomado algo bajo en grasas. Si llevas a un grupo de atletas a los Alpes para que hagan ejercicio en máquinas mientras usan un tanque de oxígeno, su desempeño mejorará respecto a cuando inhalan aire ambiente… incluso cuando la saturación de oxígeno en el tanque es la misma que la del aire ambiente. Cuando un paciente se despierta de una intervención y le dices que se hicieron reparaciones artroscópicas, la rodilla que le molestaba ya no lo hace tanto pese a que solamente haya sido puesto bajo anestesia y se le hayan hecho incisiones superficiales. Si un medicamento tiene un nombre elaborado, se reporta que funciona mejor.

Ni siquiera es necesario engañar al paciente: le puedes dar a alguien con síndrome de colón irritable una sustancia placebo, decirle que lo es y que se sabe que esas pastillas son efectivas cuando se usan como placebos, y esa paciente mejorará, sobre todo si quien le da la pastilla le da el mensaje con compasión y calidez. La depresión, los dolores de espalda, los malestares relacionados a quimioterapia, las migrañas, el estrés postraumático: la lista de condiciones que responden bien a los placebos —en ocasiones tan bien como a los fármacos— es cada vez más larga.

Pese a ello, y a los estudios que demuestran que es así, aún no se entiende por completo al efecto placebo; y si no comprenden cómo funciona, muchos doctores no saben cómo utilizarlo o no quieren hacerlo.

Los investigadores sí cuentan con explicaciones, solo que hasta ahora han tendido a ser psicológicas, con mecanismos como la expectativa —qué es lo que cree sobre el tratamiento quien se somete a él— y el condicionamiento al estilo pavloviano. Estas teorías respecto del efecto psicosomático, no son suficientemente científicas como para darle credibilidad a los ojos de muchos investigadores y médicos empapados en la tradición científica.

“¿Qué haría que nuestra investigación sea creíble para los doctores?”, se pregunta Ted Kaptchuk, director del programa para Estudios sobre Placebo y el Contacto Terapéutico de la Facultad de Medicina de Harvard, quien fue el orador principal de la conferencia en Leiden. “Las moléculas. Les encanta eso”.

Por el momento no hay moléculas que expliquen la expectativa o el condicionamiento —tampoco la teoría que promueve Kaptchuk de que el efecto placebo se debe a procesos conscientes e inconscientes a partir de la relación que hay entre paciente y doctor— y, sin esas moléculas, los investigadores sobre el placebo no han encontrado mucha cabida en la corriente tradicional de la medicina.

Puede que eso cambie pronto. Con ayuda de imágenes de resonancias magnéticas y otras técnicas, Kaptchuk y sus colegas han logrado dilucidar diversos procesos bioquímicos que lograrían explicar por qué los placebos funcionan y por qué son más efectivos para algunas personas y para tratar ciertos desórdenes. Parece que están por hallar las moléculas. Con eso podrían revelarse fallas fundamentales en cómo entendemos los mecanismos de curación de nuestros cuerpos y en cómo evaluamos si funcionan —o no— las intervenciones médicas típicas. El efecto placebo, que desde hace tiempo ha sido la contraparte negativa de la ciencia médica, podría representar pronto un reto fundamental para esta.

El poder curativo de no tomar nada

“Píldoras de azúcar, resultados garantizados” CreditIlustración fotográfica por Paul Sahre

En cierto modo, la mala reputación del efecto placebo surgió en 1784 durante el régimen del rey francés Luis XVI. En París residía el médico Franz Anton Mesmer, quien había huido de Viena unos años antes cuando las juntas médicas decidieron que su afirmación de que había curado la ceguera de una joven tras ponerla en trance era falsa y que, aparentemente, había algo muy inapropiado en cómo había tratado a la joven. Mesmer promovió en París una teoría acerca de cómo había “funcionado” el proceso de trance: había una fuerza en el universo llamada magnetismo animal que provocaba enfermedades si era perturbada. Convenientemente para Mesmer, el magnetismo podía ser percibido y desperturbado solo por él y por las personas a las que él entrenaba.

Hubo suficientes reportes de gente que mejoraba tras visitarlo como para que hubiera filas de visitas frente a su puerta en París. Las afirmaciones de Mesmer, además, representaban un reto directo a la idea central de la Ilustración: que la verdad podía ser determinada por cualquiera con tal de que usara sus sentidos a partir del escepticismo. Así que las quejas sobre el trabajo de Mesmer llegaron hasta la corte de Luis; y el rey, que quería venderse como el gran ilustre, acudió con los científicos. Les pidió al químico Lavoisier, al astrónomo Bailly, al doctor Guillotin y a otros que investigaran las aseveraciones de Mesmer e instaló a Benjamín Franklin, en ese entonces enviado estadounidense, como director de la comisión.

Los científicos idearon diversas pruebas para determinar que lo que experimentaban los pacientes de Mesmer no era causado por el magnetismo animal, a partir de un método sencillo: vendarles los ojos a los pacientes para ver si el efecto era el mismo si no podían ver qué se les hacía.

Concluyeron entonces que no había causalidad entre la conducta del doctor y la respuesta del paciente. En su reporte, el pánel escribió: “La imaginación produce todos los efectos atribuidos al magnetismo”. D’Eslon sostuvo que, imaginación o no, el efecto podía ser muy valioso para aliviar el malestar humano de ser usado por profesionales médicos.

El reporte de la comisión fue traducido al inglés y se volvió muy popular, pero no por la sugerencia de d’Eslon, sino por las implicaciones científicas: se había demostrado que si se eliminaba la imaginación la ciencia podía encontrar la verdad sobre nuestros cuerpos afligidos. La comisión dirigida por Franklin se refirió así a lo que ahora llamamos efecto placebo, para establecer que esto era lo que los médicos debían aislar e ignorar.

En 1955 la ciencia volvió al efecto placebo, pero solo para buscar cómo ponerlo en cuarentena. Durante una reunión de la Asociación de Médicos Estadounidenses, el cirujano de Harvard Henry Beecher recalcó que aunque ellos creyeran que los placebos eran medicina falsa —el nombre de hecho proviene del latín y significa “complacer”— no podían negar que tenía resultados.

“Por mucho tiempo pensamos que era la imaginación. Ahora con las imágenes se puede ver cómo literalmente se prende el cerebro cuando a alguien le das una píldora hecha de azúcar”.KATHRYN HALL, BIÓLOGA MOLECULAR

Beecher dijo que si era suficientemente poderoso como para que un tercio de los pacientes analizados por él mejoraran, entonces el efecto placebo sí desempeñaba un papel para estudiar el efecto íntegro de un fármaco: los medicamentos solo podían ser calificados como efectivos si funcionaban mejor que el placebo. Entonces debían compararse sus efectos.

De ahí nació el método de doble-ciego para evaluar nuevos medicamentos: ni el médico ni el paciente que administra un fármaco puesto a prueba sabe si se trata de un placebo. Es un método usado hoy en prácticamente todos los estudios clínicos; la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) requiere que una nueva droga tenga mejores resultados que los placebos en dos análisis independientes antes de ser comercializada.

Es decir, el efecto placebo tiene una naturaleza contrastante: se incluye en las pruebas clínicas porque se reconoce que tiene un efecto importante en el tratamiento, pero se considera que ese efecto en sí no es el importante.

La ciencia no es la única manera de comprender la enfermedad y la curación, pero es la manera establecida. “Ahí está el poder”, dijo Ted Kaptchuk. Por eso dejó su puesto como director de una clínica en 1990 para estudiar el efecto de manera científica en Harvard. En 2010 quedó estupefacto cuando lo contactó Kathryn Hall, bióloga molecular: ella estaba interesada en el tema y también era experta en moléculas; podía ser la emisaria para que el placebo se sumara al sistema médico científico establecido.

Hall se interesó en estudiar el efecto placebo quince años antes de contactar a Kaptchuk. Tenía un caso avanzado de síndrome de túnel carpiano que no mejoró con una muñequera ni con fármacos. Una amigo le recomendó ir con un acupunturista; a Hall se le hacía ridícula la idea, pero la alternativa era someterse a una intervención quirúrgica. Hizo una cita para hacerse acupuntura y, con una aguja, el dolor desapareció.

“No podía creerlo”, me dijo. “Dos años de tomar medicamentos y ahí, con un solo tratamiento”. Seguía sorprendida tantos años después. En su búsqueda por comprender cómo sucedió, se topó con un libro de Kaptchuk sobre la medicina alternativa china, en el que menciona que la acupuntura parece tener un efecto placebo importante, y con una publicación sobre un estudio que hizo él con pacientes de síndrome de colón irritable que recibieron tratamiento con acupuntura.

En el estudio, Kaptchuk quería analizar qué tanto funcionaba ese tratamiento según la calidad y cantidad de interacciones entre el paciente y el acupunturista.

Cuando Hall lo contactó, él tenía una tarea perfecta para ella. En el estudio había tomado muestras de ADN de los participantes para intentar encontrar un patrón molecular que explicara las respuestas. El genoma es vasto y era difícil saber por dónde empezar, pero a Hall y a Kaptchuk se les ocurrió un buen lugar tras acudir a una conferencia en la que un colega sugirió que una enzima llamada COMT tenía vínculos con la respuesta de las personas al dolor y a los analgésicos.

No es posible detectar los niveles de COMT directamente en cerebros de personas vivas, pero se puede medir por medio de una parte del genoma, el rs4680, donde se gestiona la producción de la enzima. Cuando Hall analizó el ADN de los pacientes del estudio del síndrome de colón irritable encontró una tendencia. Quienes tenían la variante genómica que predice niveles altos de COMT registraban las respuestas más débiles al placebo y quienes tenían la variante opuesta registraban las respuestas más pronunciadas. Además, había reacciones dispares según la interacción con la persona que les daba el tratamiento: pacientes de mucha interacción y con la variante de COMT bajo tenían los mejores resultados. Eran, por decirlo de alguna manera, genéticamente más sensibles al impacto de su relación con el curador.

El hallazgo de esta correlación genética desató el esfuerzo de Hall por encontrar la reacción bioquímica que ella llama placebioma, con la creencia de que algún día estará al lado de los “omas” de la ciencia médica, como el genoma o el microbioma.

El poder curativo de no tomar nada

“Botella sin líquido: la dosis que quieras hasta que se reduzcan los síntomas” CreditIlustración fotográfica por Paul Sahre

Y lo que encontró Hall ha sido reforzado por otros resultados de análisis de imágenes por resonancia magnética funcional que han hallado patrones consistentes sobre cómo se activan los cerebros de quienes responden a placebos. “Por mucho tiempo pensamos que era la imaginación”, dijo Hall. “Ahora con las imágenes se puede ver cómo literalmente se prende el cerebro cuando a alguien le das una píldora hecha de azúcar”.

Todo esto es, además, de interés para la industria farmacéutica.. El efecto placebo parece haberse fortalecido con el tiempo: un estudio de 2015 publicado en la revista Pain que analizó 84 pruebas clínicas de analgésicos realizadas desde 1990 a 2013 encontró que la efectividad de los placebos usados había aumentado. La brecha entre la efectividado de las drogas por sobre la de los placebos se redujo, en promedio, de un 27 por ciento a un 9 por ciento.

No queda clara la razón, pero el resultado es que muchos fármacos que pasan las primeras capas de requisitos de la FDA para poder comercializarse no logran pasar las siguientes; hasta el 90 por ciento de los medicamentos analgésicos no pasan de las pruebas clínicas de fases avanzadas. Es decir que la industria farmacéutica en realidad podría querer identificar de alguna manera a quienes responden bien a placebos —por su genoma, digamos— para excluirlos de las pruebas. Algo que podrían hacer con la excusa de tener menos ruido en el análisis del efecto placebo.

Sin embargo, si Hall continúa con sus investigaciones puede que se cambie por completo la manera en la que se piensan las pruebas clínicas e incluso los fármacos.

“Cuando empiezas a medir el efecto placebo de manera cuantitativa, lo transformas en algo distinto a lo que es”.

TED KAPTCHUK, INVESTIGADOR DE HARVARD

Desde 2013, la bióloga ha estado involucrada en el Women’s Health Study (Análisis de la salud de mujeres), que ha medido a lo largo de veinte años la salud cardiovascular de unas 40.000 mujeres divididas en cuatro grupos: en uno reciben una dosis diaria de vitamina E, en otro una de aspirina, en el otro reciben ambas y, en el cuarto, un placebo. Se tomaron muestras de ADN de parte del grupo de mujeres. Cuando Hall las analizó encontró que las que tienen la variante genética de COMT bajo presentaban tasas más altas de cardiopatías, aunque el riesgo de padecerlas era mucho menor para las mujeres con variante de COMT bajo que sí recibían los tratamientos (no era así con los placebos). En contraste, las mujeres con la variante de COMT alto tenían menor riesgo de padecer cardiopatías si tomaban los placebos y riesgos mayores si recibían el tratamiento.

Hall dice que lo destacable de esto no es tanto qué variante tiene qué tendencia, sino que existe una tendencia según la variante; que la misma parte de un genoma parece determinar qué tan efectivo es un fármaco. Es decir, los medicamentos y los placebos no provocan reacciones por procesos separados —uno físico y el otro psicológico— sino que operan en el mismo camino bioquímico, uno que es regido por el gen de la enzima COMT.

Puede que por ese camino bioquímico el cerebro traduzca el acto de curar en una reacción física y encienda los procesos que reducen el dolor y la inflamación, sobre todo en malestares crónicos como el síndrome de colón irritable y ciertas cardiopatías. Si el cerebro usa la misma senda para tanto placebos como fármacos entonces muy posiblemente estos puedan trabajar en conjunto por ese camino o, quizá, anularse entre sí, como si hubiera tráfico vehicular.

Entonces ¿qué tal si la razón por la cual un medicamento o tratamiento no funcionan en una prueba clínica no es porque hay incompatibilidad bioquímica para el paciente, sino porque en algunas personas el fármaco interrumpe la respuesta al placebo? En caso de que fuera así, ¿el uso del placebo por sí solo reduciría la aflicción? O, más aún: ¿qué tal si la respuesta a un placebo es la que impide, para personas con cierta variante genética, que el fármaco funcione como se espera, y un cambio en el contexto psicosocial mejoraría la efectividad de la droga?

De confirmarse cualquiera de estos casos, queda claro que cualquier prueba clínica en la que el placebo se usa como control está mal diseñada.

Cuando Kathryn Hall le comentó estos hallazgos, Ted Kaptchuk estaba muy emocionado. “¡Haz que todos sepan de esta molécula!”, le dijo.

Pero Kaptchuk, cuya gran teoría es que buena parte del efecto se debe a la relación entre un paciente y quien lo cura, también está incómodo por el descubrimiento de Hall. Él está seguro de que el efecto no puede reducirse tan solo a las moléculas y, aunque la investigación de Hall seguramente le dará más credibilidad al efecto placebo, cree que es riesgoso que este se vuelva parte del campo científico. “Cuando empiezas a medir el efecto placebo de manera cuantitativa”, dijo, “lo transformas en algo distinto a lo que es”. Si se ve solamente como moléculas, “puede que se vuelva tan solo algo más en la cinta transportadora del cuidado que se ha vuelto tan rutinario”.

Es decir: si se comprueba que la calidez del médico tiene más efectividad para gente con un genotipo, entonces surgirán frases como otorgarle el “beneficio mínimo adquirido” por “atenciones empáticas” a quienes tengan esa variante. ¿La calidez y el trato con los pacientes ahora dependerán solamente de cuáles son tus variantes COMT? Además, si se comprueba que hay cuestiones neuroquímicas relacionadas con el efecto placebo, ¿qué va a detener a una farmacéutica de desarrollar un medicamento —uno “real”— que active el proceso placebo de manera farmacológica?

“¿Será que este trabajo destruirá todo aquello que tiene que ver con la sabiduría, la imaginación, todo lo que es clave para humanizarnos?”, dijo Kaptchuk. “No lo sé, pero elijo creer que hay una reserva infinita de sabiduría y de imaginación que resistirán que las veamos como explicaciones solamente materiales”.

Quizá nos da demasiado crédito. No hay motivación tan efectiva como enfermarse para que alguien se incline hacia las certezas de la medicina moderna, sin necesidad de la imaginación. Nos gusta quedar en manos de curadores con respaldo científico, creer que las moléculas, y solo las moléculas, nos ayudan a sanar. Nos gusta, diría Lenferink, que nos engañen.

https://www.nytimes.com/es/

Dime a qué velocidad andas y te diré cómo es tu salud

Dime a qué velocidad andas y te diré cómo es tu salud

La presión arterial o nuestro índice de masa corporal son importantes para diagnosticar el estado de nuestra salud. Sin embargo, un nuevo estudio señala otro indicador que nunca se ha tenido en cuenta: medir lo rápido que caminamos.

Cuanto más rápido sea el ritmo al andar, mejores serán los resultados de salud. Por eso, los cirujanos cardiacos han propuesto usar esta medida como una forma de identificar a los pacientes que podrían tener dificultades para recuperarse de la cirugía. También hay evidencia de que podría alertar a los médicos sobre problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares y deficiencias cognitivas.

Velocidad y edad biológica

De este modo, los médicos podrían usar la velocidad de la marcha para ayudar a determinar la edad biológica de una persona, que puede ser más o menos joven que su edad cronológica.

No es cuestión de que andemos más rápido: no hay evidencia que demuestre que un aumento en la velocidad de tu marcha influya en tu salud. Pero es importante prestar atención a lo físicamente activo que eres. Ir más lento de forma significativa podría indicar una condición subyacente.

Según explica Christina M. Dieli-Conwright, profesora asistente de investigación en la División de Bioquinesiología y Fisioterapia de la USC: “Un predictor realmente fuerte de la mortalidad es la velocidad de la marcha”.

Los investigadores creen que hay varias razones por las cuales la velocidad al caminar puede ser un vaticinador de supervivencia. Caminar requiere energía, control de movimiento y apoyo y exige un esfuerzo en múltiples sistemas de órganos, incluido el corazón, los pulmones y los sistemas circulatorio, nervioso y musculoesquelético. La disminución en la velocidad del andar refleja tanto daños en esos sistemas como un alto coste de energía al caminar.

Imagen | waitscm

https://www.xatakaciencia.com/salud/

15 FORMAS EN QUE LA VIDA CAMBIA CUANDO DEJAS DE BEBER ALCOHOL EN EXCESO

ALGUNOS DE LOS EFECTOS QUE EXPERIMENTA LA MAYORÍA DE QUIENES DECIDEN DEJAR DE BEBER EN EXCESO.

Resultado de imagen para 15 FORMAS EN QUE LA VIDA CAMBIA CUANDO DEJAS DE BEBER ALCOHOL EN EXCESO

La relación entre el alcohol, el ser humano y la sociedad no es sencilla de clarificar. El alcohol ha estado presente en la cultura desde tiempos remotos y desde cierta perspectiva puede decirse que incluso que se trata de un producto de la civilización. 

En parte es a causa de dicha antigüedad que el alcohol tiene un margen amplísimo de tolerancia social. A pesar de sus efectos nocivos en la salud personal y pública, el consumo de alcohol se mira como un hábito “normal”, cotidiano, que se sanciona escasamente.

Por supuesto el alcohol no es en sí mismo un problema. En un pasaje de Las bodas de Cadmo y Harmonía en que Roberto Calasso comenta la invención del vino según la mitología griega, no duda en decir de la ebriedad que “era justamente lo que le faltaba a la vida, lo que la vida esperaba”. ¿Por qué? En buena medida porque un poco de alcohol aligera la vida, vuelve por un momento más asible algo que inicio nos parece confuso o enigmático. 

El problema, sin embargo, es el exceso, como también han señalado una miríada de filósofos y pensadores desde tiempos inmemoriales. Es en el exceso del consumo de alcohol donde todas sus virtudes posibles se convierten en calamidades, y entonces el don y el regalo se transforman en una maldición.

Es desde esa perspectiva que compartimos ahora este listado, que tiene como inspiración un texto aparecido hace unos días en el sitio Walking Times. Grosso modo, se trata de una serie de efectos positivos que constata la mayoría de las personas que dejan de beber, algunos a las pocas semanas de tomar dicha decisión y otros a un plazo más prolongado. Pero, en todos los casos, efectos instalados en el bienestar general.

1. Mejora general en la salud física

El primer gran efecto que notan prácticamente todas las personas que dejan de beber alcohol es una mejora general en su salud. Pérdida de peso, mejor aspecto de la piel, noche de sueño profundo y reparador y una mejor salud digestiva son algunos de los efectos a corto plazo, mientras que a mediano y largo plazo el corazón, el hígado y el cerebro son los órganos más beneficiados.

 

2. Mejora en la salud mental

Cuando se bebe en exceso, tomar la decisión de dejar hacerlo es ya un reflejo de la voluntad de mejorar (de la pulsión de vida ganando terreno frente a la voluntad de autodestrucción, para decirlo en términos freudianos). Pero dicho impulso no se detiene ahí. Otras circunstancias de orden psicológico como la ansiedad o la depresión también se transforman, particularmente en aquellas personas en las que el consumo del alcohol es un síntoma de una condición subyacente.

 

3. Menos gastos innecesarios

El consumo de alcohol está asociado típicamente con un gasto irracional del dinero, de ahí que detener esa conducta tenga efectos también en las finanzas personales. Este es otro de los cambios que las personas que dejan el alcohol notan casi inmediatamente en sus vidas.

 

4. Un mejor empleo del tiempo

Usualmente el consumo desmedido de alcohol requiere un gasto considerable de tiempo, de entrada por el tiempo dedicado a la bebida en sí como, después, a la recuperación física que implica beber en exceso. Dejar de beber cambia eso por completo y es común que ese tiempo termine usándose de manera más provechosas para uno mismo.

 

5. Un mejor entendimiento de uno mismo 

En el marco de la subjetividad, el consumo de alcohol a veces sirve para enmascarar condiciones de uno mismo sobre las cuales se tiene poco conocimiento personal. Así, hay quien bebe, por ejemplo, para animarse a hablar con desconocidos en una fiesta, para bailar, para bromear, etc. En pocas palabras, para vencer circunstancias como la timidez, la ansiedad, el aburrimiento u otras. Sin embargo, la tarea existencial del ser humano es más bien conocer que engañarse, es decir, preguntarse la razón y las causas de dichas dificultades para así poder sobreponerse a ellas. Dejar de beber también es una oportunidad para observarse, conocerse y cambiar aquello de uno mismo que el alcohol parece cambiar.

 

6. Una mejor aceptación de uno mismo

En el sentido del punto anterior, un mejor conocimiento de uno mismo casi siempre conduce a la aceptación de quien se es, no a manera de resignación, sino de comprensión.

 

7. La vida se hace menos problemática

Con cierta frecuencia, el alcohol trae problemas a la vida. Financieros, de relaciones personales, con el trabajo y las responsabilidades en general, de salud, con el manejo del tiempo y más aún, la mayoría de los cuales, cuando se observan en retrospectiva, se revelan innecesarios, gratuitos y fáciles de evitar. En ese sentido, detener el consumo excesivo de alcohol es también poner un freno a todo ello. 

 

8. Se vive con menos arrepentimientos 

¿Cuántas veces, al despertar luego de una borrachera, te has arrepentido de algo que dijiste o hiciste? Pues bueno, dejar de beber también desaparece esa sensación de tu vida.

 

9. Experimentas de otra manera las adicciones

La adición es un patrón de conducta que encuentra en el alcohol una de sus expresiones, que en realidad pueden ser muchísimas. Entender por qué estás enganchado (a) al alcohol, qué sucede cuando lo dejas y cómo cambia tu vida después de ello también tiene como efecto entender mejor los patrones que te llevan a tener una conducta adictiva.

 

10. Vives de otra manera las relaciones personales

Como si se tratase de una criatura con voluntad propia, la adicción al alcohol suele encontrar sus propias formas de aferrarse a la existencia de una persona, y una de ellas son las relaciones personales. Con frecuencia, quien bebe en exceso suele encontrar a las personas con quienes validar su comportamiento, esto es, amigos o compañeros con quienes igualmente puede beber y con los cuales no sentirá cuestionada su conducta. Sin embargo, cuando la adicción se detiene, también se revela el valor verdadero de dichas relaciones.

 

11. Y las conversaciones…

¿Alguna vez has estado sobrio en compañía de personas que están ebrias? Salvo ciertas excepciones, suelen ser momentos incómodos, pues es posible observar hasta qué punto el alcohol puede hacer a alguien testarudo, superficial o incoherente.

 

12. Puedes adquirir una mejor comprensión de la naturaleza humana

Siguiendo el ejemplo anterior, una observación objetiva de la ebriedad revela también otra cosa: la fragilidad del ego humano, el temor en el que viven la mayoría de las personas y el esfuerzo mayúsculo que muchos hacen por aparentar que son más o mejores de lo que creen que los demás piensan de ellos. No es casual que bajo el influjo del alcohol numerosas personas peleen, se enganchen en discusiones estúpidas o parezcan tener la “valentía” de la que carecen en sobriedad.

 

13. Y del entorno en el que nos encontramos…

El alcoholismo no surge de la nada. Existe una compleja red de significantes sociales y culturales por la cual una persona cree encontrar en el alcohol la respuesta a preguntas subjetivas que toca su existencia. Ese no es el mejor lugar para buscar, en efecto, pero la cultura le hace creer que sí. La publicidad, la romantización artística de la bebida, la tolerancia social: esos son algunos de los factores por los que alguien puede llegar a creer que beber alcohol le dará las respuestas que está buscando.

 

14. Aprendes a tomar decisiones en función de tu bienestar

Cuando dejas de beber por voluntad propia, es más fácil tomar otras decisiones orientadas a tu bienestar personal. En tu comida, por ejemplo, en el tiempo que dedicas a alguna actividad física, al uso que das a tu dinero, etc.

 

15. Adquieres una mejor experiencia de vida

En el sentido del punto anterior, la elección de dejar de beber alcohol conduce en general a una mejor experiencia de vida, pues ésta se vive más bien desde el entendimiento y no desde el efecto alterado de conciencia al que llevan las bebidas alcohólicas. La conversación que se tiene con una persona, la atracción sexual, la coordinación del cuerpo, la idea de uno mismo: todo ello pasa ahora por el filtro de la conciencia, de aquello que has aprendido de ti mismo y de la perspectiva que tienes sobre la vida.

 

BONUS: En el proceso, has aprendido a tomar conciencia de tu vida

La toma de conciencia es un proceso amplio por el que una persona puede arribar por distintas vías, pero sin duda la decisión de dejar de beber es una de ellas. Como hemos expuesto a lo largo de esta nota, dejar el alcohol (o cualquier otra adicción) es en general un movimiento subjetivo que demuestra el deseo de aprovechar realmente la existencia, lo cual, paradójicamente, no muchas personas parecen estar dispuestas a hacer. Como dijera Oscar Wilde, la mayoría se conforma con vivir apenas, sin darse cuenta de que la existencia es una oportunidad única para hacer muchísimas cosas.

 

En la medida en que el alcohol es un factor capaz de detener y obstruir el desarrollo integral del ser humano, ¿no valdría la pena interrogar el lugar que le damos en nuestra vida?

https://pijamasurf.com

El efecto de las emociones en el corazón

El efecto de las emociones en el corazón

CreditStuart Bradford para The New York Times

Read in English

Hace un siglo, el científico Karl Pearson tuvo un hallazgo peculiar mientras observaba las lápidas en cementerios: los cónyuges usualmente fallecían un año después del otro.

Aunque no fue algo muy comentado en ese momento, los estudios muestran que el estrés y la desesperanza pueden afectar de manera significativa la salud, sobre todo la cardiaca. Uno de los ejemplos más claros es la miocardiopatía de takotsubo, apodada síndrome de corazón roto, en el que la muerte de una pareja, las preocupaciones financieras o algún otro evento emocional debilita el músculo con síntomas similares a los de un infarto. El peso emocional hace que el corazón quede en una forma similar a la de una vasija japonesa llamada takotsubo: una base ancha y un cuello angosto.

Ese vínculo entre nuestras emociones y nuestra salud cardiaca es el tema del libro Heart: A History (El corazón: una historia) del doctor Sandeep Jauhar. El cardiólogo estudia la historia de la medicina cardiovascular y de los avances tecnológicos en esta, desde la operación a corazón abierta hasta el desarrollo de corazones artificiales. Aunque esas innovaciones cardiacas han sido destacables, Jauhar argumenta que los estudios cardiológicos necesitan enfocarse más en los factores emocionales que pueden tener influencia en el desarrollo de padecimientos cardiacos, como vivir en la pobreza, el estrés laboral o relaciones amorosas y familiares infelices.

“Creo que los avances tecnológicos continuarán”, dijo. “Pero la gran frontera no explorada es dedicar más recursos a revisar la intersección del corazón emocional y el corazón biológico”.

El interés de Jauhar en el tema surgió con su propia historia familiar con padecimientos cardiacos, que resultaron en la muerte de varios familiares. Cuando era niño escuchó historias como la de su abuelo, quien falleció de manera imprevista a los 57 años por un paro cardiaco tras toparse con una cobra negra en India. A Jauhar desde entonces el corazón se le hizo tanto fascinante como terrorífico, aún más cuando a él le detectaron bloqueos arteriales pese a su vida de ejercicio regular y alimentación saludable. “Me imaginaba con miedo cómo el corazón era el verdugo de los hombres en su plenitud”, dijo.

El corazón es tanto una máquina biológica relativamente sencilla como un órgano vital que muchas culturas piensan alberga el alma. Es símbolo de romance, de tristeza, sinceridad, temor y hasta de valentía. El corazón, cuyo nombre proviene del latín cor, es una bomba que hace circular la sangre; el único órgano que puede propulsarse solo, con un promedio de tres mil millones de pulsos durante la vida de una persona y con la capacidad para vaciar el contenido de una piscina en el plazo de una semana.

En el libro, Jauhar cuenta la historia de los primeros doctores intrépidos que fueron pioneros de las operaciones cardiovasculares a finales del siglo XIX, que empezaron a usar hilo y aguja para reparar heridas antes de rápidamente suturar para evitar que el paciente se desangrara. Otros procedimientos más complicados requirieron del desarrollo de maquinaria especializada; los cirujanos necesitaban un aparato que pudiera hacer el trabajo del corazón de modo que pudieran detener a este temporalmente para reparar cuestiones más complicadas, como defectos congénitos y problemas crónicos.

El doctor C. Walton Lillehei desarrolló la circulación cruzada controlada, procedimiento en el que el paciente era conectado a una segunda persona cuyo corazón y pulmones bombeaban y oxigenaban la sangre durante intervenciones tardadas (Lillehei practicó con perros antes de usarlo en humanos, en 1954).

Algunos de los pacientes de Lillehei sobrevivieron; otros desarrollaron infecciones y diversas complicaciones. Pero su trabajo permitió el invento de la máquina de corazón-pulmón, o aparato de bomba extracorpórea, que hoy se usa en más de un millón de operaciones mundiales cada año. Desde entonces han surgido muchos más procedimientos, como el baipás, y aparatos que se implantan.

Es decir, la medicina cardiovascular se ha desarrollado precipitadamente, aunque hoy en día no hay suficientes estudios sobre el papel que tiene la salud emocional, a decir de Jauhar. El médico habla sobre el primer gran estudio, el Framingham, realizado en Estados Unidos desde 1948. Con este se logró identificar factores de riesgo importantes como el nivel de colesterol, la presión sanguínea y el fumar. Los investigadores consideraron en un inicio revisar determinantes psicosociales, pero al final se enfocaron en cuestiones más fáciles de medir.

“De ahí salieron los factores de riesgo que conocemos y tratamos”, dijo Jauhar. “Lo que eliminaron del estilo fueron los temas de disfunción emocional o salud en pareja”.

Eso fue un error, asegura el doctor. Desde entonces otros estudios aparte han demostrado que la gente que se siente aislada o padece estrés crónico debido al trabajo o sus relaciones es más propensa a tener paros cardiacos y apoplejías. Jauhar ahora insta a las autoridades de salud a que tomen en cuenta el estrés emocional como un factor de riesgo en las cardiopatías. Sin embargo, es más sencillo enfocarse en el colesterol.

De hecho, algunos estudios señalan que los médicos les dan un promedio de once segundos a sus pacientes para que expliquen por qué están en consulta antes de interrumpirlos. Desde que escribió el libro, Jauhar ha valorado más que los pacientes puedan hablar sobre los temas que los aquejan para entender mejor sus vidas emocionales. También ha intentado impulsar nuevos hábitos para reducir el estrés, como el yoga y la meditación. Él se ejercita diariamente, pasa más tiempo con sus hijos y se relaciona más con sus pacientes desde que descubrió su propio padecimiento cardiaco.

“Estaba tan enfocado en la competencia por logros que en realidad me estaba poniendo a mí mismo en una posición de mucho estrés”, dijo. “Ahora pienso en cómo vivir de manera un poco más saludable, de estar más relajado. También tengo mejores vínculos con mis pacientes y con sus temores sobre su corazón”.

https://www.nytimes.com/es