Esto es en lo que te tienes que fijar al comprar una tableta de chocolate para que sea lo más saludable posible

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IRIA REGUERA

El chocolate es, por excelencia, el alimentos de los dioses. Protagonista de películas y el alimento que más se jura extrañar cuando nos ponemos a dieta. Sin embargo, la información con respecto a este alimento sigue siendo incompleta y, en ocasiones, contradictoria. Muchos de nosotros habremos escuchado a defensores del chocolate asegurando que el cacao es bueno para nuestra salud, como argumento para defender todos los tipos de chocolate.

La realidad es que el chocolate y el cacao no son exactamente lo mismo ya que, en el caso del chocolate, se requiere que el cacao pase por diferentes procesos. En el caso del chocolate, suele contener muy altos índices de grasa y, en muchos casos, contiene azúcares y leche, además de otros añadidos. Incluso en los casos de chocolate con pureza alta encontramos más azúcar y grasa que en el cacao puro. 

En cualquier caso, sí es verdad que existen chocolates que son más saludables que otros y es importante saber en qué tenemos que fijarnos para encontrar el más saludable posible.

Porcentaje de cacao

Lo primero que vemos cuando compramos un chocolate es el porcentaje de su cacao. En algunos de ellos encontraremos simplemente chocolate con leche o chocolate negro, pero otros nos indicarán que tienen un 50%. 70%, 80%, 85% o 90% de cacao. El chocolate resulta de la mezcla de sólidos del cacao y de la manteca del mismo. A esta mezcla, además, se le añade otros ingredientes como el azúcar o la leche.

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Los chocolates que mayor porcentaje de cacao presentan son los que más pureza tienen. Esto quiere decir que tienen mayores cantidades de cacao y, por tanto, menos cantidades otros elementos como el azúcar. Normalmente, los chocolates que resultan más saludables son los que contienen más de un 70% de cacao, que nos aseguraran más pureza -dado que en su composición contiene más cacao – y menos azúcar. En cualquier caso, cuanto más alto el porcentaje más saludable el chocolate.

Debemos tener en cuenta que, en algunos casos, los fabricantes únicamente indican en el nombre del chocolate “chocolate negro” o “chocolate puro” sin especificar el porcentaje de cacao. Es por ello que debemos revisar siempre los ingredientes ya que, al mirarlo, encontramos que algunos de estos tienen entre el 50-55% de cacao (chocolate negro se considera a partir del 43% de cacao), pero no son los más saludables.

Listado de ingredientes (presencia de azúcar)

El listado de ingredientes es básico a la hora de comprobar cuáles son los ingredientes que tiene el chocolate que compramos y cuánta cantidad real de chocolate. Entre los ingredientes debemos tener en cuenta la cantidad de cacao que realmente tiene (en lo que se incluye la pasta de cacao, la manteca de cacao y, en algunos casos el cacao desgrasado en polvo). Por otro lado, los más recomendables son los que, en vez de azúcar añadido, se decantan por edulcorantes. En cualquier caso, mejor que eso es optar por aquellos con porcentaje más alto de cacao (90-100%) y así evitar azúcar o edulcorantes.

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En el listado de ingredientes es importante que aparezcan primero los sólidos de cacao (pasta de cacao) y posteriormente la manteca y el azúcar. Si encontramos el azúcar primero no es la opción más saludable. Por otro lado, lo más recomendable es que no contengan leche entre los ingredientes ya que eso suele significar un menor porcentaje de manteca de cacao y una mayor cantidad de azúcares añadidos.

Información nutricional

En la información nutricional podemos encontrar información añadida que nos ayudará a esclarecer si el chocolate que vamos a comprar es el más adecuado. Si en los ingredientes no se aclara el porcentaje de cacao podemos tomar como referencia la presencia de azúcares del producto. Debemos tener en cuenta que los chocolates con un 70% de cacao contienen alrededor de 29g de azúcar por 100 de producto.

Aquellos que tienen un 85% de cacao contienen cerca de 14g de azúcar, mientras que los del 90% contienen unos 7 gramos de azúcar. Si vemos que en la información nutricional de nuestro chocolate hay más de 29 gramos de azúcar, seguramente el porcentaje de cacao sea más bajo del 70% y, por tanto, no recomendable.

En cualquier caso, debemos tener que casi todos estos chocolates, incluidos los de porcentaje de cacao más alto, tienen un alto valor calórico y bastante cantidad de azúcar. Por ello, aunque consumamos del 85-90% es importante que recordemos hacerlo de manera moderada

Por otro lado, si lo que queremos es añadir cacao a nuestros platos, es más recomendable que hagamos uso del cacao puro en polvo desgrasado que resultará más saludable, asegurará un mayor porcentaje de cacao y menos azúcar.

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La misteriosa ‘epidemia’ que afecta a los vapeadores

Los rayos X de un paciente que practicaba el vapeo, en los que se observa daño pulmonar, densidades o zonas de radiopacidad generalmente asociadas con neumonías, fluidos en los pulmones o inflamación.

Más de doscientos médicos en todo Estados Unidos tratan a pacientes que sufren misteriosas enfermedades que han puesto en riesgo su vida y están relacionadas con el vapeo.

Los rayos X de un paciente que practicaba el vapeo, en los que se observa daño pulmonar, densidades o zonas de radiopacidad generalmente asociadas con neumonías, fluidos en los pulmones o inflamación.CreditCreditIntermountain Healthcare

Por Sheila Kaplan y Matt Richtel

Un joven de 18 años llegó a una sala de emergencias en Long Island, jadeando, vomitando y mareado. Cuando un médico le preguntó si había estado vapeando, le respondió que no.EL TIMES Si quieres recibir los mejores reportajes de The New York Times en Español en tu correo suscríbete aquí a El Times.

El hermano mayor del paciente, un policía, comenzó a sospechar. Buscó en la habitación del joven y encontró contenedores para vapear marihuana.

“No sé dónde los compró. No lo sabe”, dijo Melodi Pirzada, neumóloga pediátrica jefa del Hospital NYU Winthrop en Mineola, Nueva York, que atendió al joven. “Por suerte, sobrevivió”.

Pirzada es una de los muchos médicos en todo el país que tratan pacientes —ahora más de 215— que sufren misteriosas enfermedades relacionadas con vapear (vaping), las cuales han amenazado sus vidas a mediados de este año. El brote “se está convirtiendo en una epidemia”, comentó. “Algo está muy mal”.

Los pacientes, la mayoría adolescentes o personas de veintitantos años, sanos en otros aspectos, llegan jadeando mucho y con dificultades graves para respirar, a menudo después de haber sufrido varios días de vómitos, fiebre y cansancio. Algunos han terminado en la unidad de cuidados intensivos o les han puesto respiradores durante semanas. El tratamiento se ha complicado debido a la falta de conocimiento de los pacientes —y a veces la negación directa— sobre las sustancias que quizá hayan usado o inhalado.

Los investigadores sanitarios ahora están tratando de determinar si una toxina o una sustancia específica se coló en el suministro de productos de vapeo, si algunas personas reusaron cartuchos que contienen contaminantes o si el riesgo se origina en un comportamiento más amplio, como el uso frecuente de cigarros electrónicos, el vapeo de marihuana o una combinación de ambos.

El 30 de agosto, se emitió una advertencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a los adolescentes y otros consumidores. En el comunicado, les dicen a los jóvenes que dejen de comprar cigarros electrónicos y cannabis ilegales o de la calle, y que dejen de modificar los dispositivos para vapear sustancias adulteradas.

Las enfermedades han llamado la atención respecto de una tendencia que ha sido opacada por la intensa preocupación pública acerca del uso en aumento de cigarros electrónicos por parte de los adolescentes, con su potencial para hacer adicta a la nicotina a una nueva generación: el ascenso del dispositivo de vapeo. Ha presentado un cambio generalizado en la manera en que las personas consumen nicotina o marihuana, pues ahora inhalan ingredientes vaporizados.

El vapeo funciona calentando líquido y convirtiéndolo en un vapor que se inhala. Hablando de manera generalizada, los cigarros electrónicos son considerados menos nocivos que los cigarrillos tradicionales, que funcionan a través de la combustión de tabaco, los cuales envían miles de químicos, muchos cancerígenos, a los pulmones.

Sin embargo, el vapeo tiene sus propios problemas: para volverse inhalables, la nicotina y el THC, la sustancia psicoactiva de la marihuana, deben mezclarse con solventes que disuelven y transportan las sustancias. Los solventes, o aceites, se calientan durante la aerosolización para convertirse en vapor. Sin embargo, algunas gotas de aceite podrían inhalarse cuando el líquido se enfría, las cuales podrían causar problemas respiratorios e inflamación pulmonar.

“Inhalar aceite es muy peligroso para los pulmones y podría causar la muerte”, dijo Thomas Eissenberg, que estudia el vapeo en la Universidad Estatal de Virginia. “Ese es probablemente el mensaje que podemos concluir al respecto”.

Muchas sustancias no se mencionan en las listas de ingredientes de los cigarros electrónicos. El aceite de vitamina E parece ser una sustancia común asociada con los problemas respiratorios graves y repentinos en algunos de los casos de Nueva York, de acuerdo con funcionarios estatales de salud. No se sabe cómo se utilizó. La vitamina E a veces se anuncia como suplemento en el aceite de cannabidiol, el cual no está diseñado para el vapeo pero se ha utilizado de esa manera.

Scott Gottlieb, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), dijo que sospechaba que había un vínculo con productos ilícitos —quizá relacionados con ingredientes que incluyen THC— porque los principales fabricantes de cigarros electrónicos no habían alterado sus ingredientes de manera repentina a gran escala. “Quizá es algo nuevo que introdujo al mercado un fabricante ilegal, ya sea un nuevo sabor o una nueva manera de emulsionar THC, lo que está causando estas lesiones”, comentó.

Vapear, dijo Melodi Pirzada, neumóloga pediátrica de Long Island, “es muy peligroso”. “Ya ha muerto una persona en Illinois y no necesitamos que mueran más”.
Vapear, dijo Melodi Pirzada, neumóloga pediátrica de Long Island, “es muy peligroso”. “Ya ha muerto una persona en Illinois y no necesitamos que mueran más”.CreditJohnny Milano para The New York Times

Los brotes han generado una crisis para dos industrias emergentes —la de los cigarros electrónicos y la cannabis legal— que se han anunciado como benéficas para la salud pública. Quienes simpatizan con los cigarros electrónicos consideran que la tecnología es una alternativa más segura que fumar, mientras que la cannabis se ha vendido políticamente como la “marihuana medicinal” y como sustituto para los agricultores de tabaco.

Ahora, algún subconjunto de estos productos está provocando una grave enfermedad pulmonar que incluso los cigarrillos —aunque son letales a largo plazo— no les causan a los jóvenes. Integrantes de grupos de presión y el funcionariado de las compañías de ambas industrias están esforzándose por culpar a los productos no regulados.

La avalancha de enfermedades ha hecho que Juul Labs, fabricante del dispositivo de cigarro electrónico éxito en ventas al que se culpa por el aumento del vapeo en los adolescentes, llegue de nuevo a los encabezados. En una entrevista en televisión, Kevin Burns, director ejecutivo de la compañía, dijo que no sabía de pruebas que vincularan los casos recientes con los productos Juul.

En las tomografías pulmonares, las enfermedades al principio lucen como una neumonía viral o bacteriana grave, pero los análisis no dan señales de infección. “Hemos llevado a cabo muchas pruebas buscando bacterias y virus, pero dan negativo”, dijo Dixie Harris, neumóloga de cuidados intensivos en Salt Lake City, que ha examinado a cuatro pacientes que sufren ese padecimiento y revisó los archivos de nueve más en el estado.

El 6 de agosto, Harris estaba trabajando en un hospital de la zona de Salt Lake City —rechazó proporcionar más detalles para proteger los derechos de privacidad de los pacientes— cuando la llamaron a la unidad de cuidados intensivos para examinar a un paciente que sufría de dicho padecimiento pulmonar grave.

El paciente tenía veintitantos años, usaba con mucha frecuencia cigarros electrónicos y también vapeaba THC.

Más tarde consultó a dos decenas de hospitales en todo el estado para obtener información sobre pacientes con complicaciones pulmonares o problemas de cuidados intensivos. “Vi un segundo caso”, dijo. “Pensé: ‘Esperen un segundo; esto es extraño: dos hospitales, dos jóvenes, dos historias casi idénticas’”.

La siguiente mañana, llamó a Joseph Miner, jefe de Servicios Médicos del Departamento Estatal de Salud de Utah, quien le dijo que intentaría averiguar qué estaba pasando.

Durante las siguientes semanas, Harris vio a dos pacientes más y revisó nueve casos adicionales de Intermountain Healthcare, el grupo hospitalario donde trabaja, que cuenta con veinticuatro hospitales en Utah y Idaho. Dijo que los primeros diez casos eran de ocho hospitales; en total, el estado de Utah informó sobre veintiún casos.

Harris dijo que los cuatro pacientes que había tratado directamente “han estado usando cigarros electrónicos con nicotina constantemente, todo el día. Quizá hay algún efecto de aceleración que provoca inflamación pulmonar debido al aceite de THC”. Agregó que sus entrevistas con pacientes insinuaban que obtenían el líquido de marihuana a través de amigos que viven en estados donde la droga se vende legalmente, como California y Colorado.

Algunos pacientes sufren otro padecimiento conocido como neumonía lipoidea, dijeron los médicos. Cuando los aceites vapeados llegan a los pulmones, estos los tratan como un objeto extraño y detonan una respuesta inmune, que provoca inflamación y la acumulación de líquidos, lo cual puede resultar en una neumonía lipoidea.

La tomografía computarizada de un paciente que tiene una lesión a causa del vapeo, viendo hacia arriba desde los pies del paciente, con las zonas opacas en los pulmones, las cuales evidencian el daño.
La tomografía computarizada de un paciente que tiene una lesión a causa del vapeo, viendo hacia arriba desde los pies del paciente, con las zonas opacas en los pulmones, las cuales evidencian el daño.CreditIntermountain Healthcare

El aumento de estas enfermedades llega al inicio del año escolar, uno para el que los padres, profesores y administradores ya se habían preparado con el fin de enfrentar el desafío de educar en la época del dispositivo de vapeo, que es fácil de ocultar.

Aunque las preocupaciones de los padres y los profesores se han enfocado en Juul, la realidad es que el mercado de los dispositivos de vapeo y los líquidos con los que se rellenan es enorme y hay muchos productos falsos o caseros, lo cual dificulta la misión de los reguladores y los científicos de enfocar sus esfuerzos en un producto específico.

La Asociación de la Tecnología del Vapor, un grupo comercial de cigarros electrónicos y de la industria del vapeo, les pidió a “los funcionarios que investiguen exhaustivamente las circunstancias que quizá hayan provocado todas las hospitalizaciones de las que se informó, antes de emitir comunicados al público respecto de si ciertos productos están involucrados en estos incidentes”.

La regulación y el estudio de la industria de la marihuana son particularmente complejos. Aunque el gobierno federal aún considera que la cannabis es una sustancia controlada, 33 estados ahora permiten que se venda para su uso recreacional, medicinal o ambos. Se venden cientos de productos de cannabis, legal e ilegalmente, como el aceite de THC, o el aceite de cannabidiol con THC.

La FDA ha advertido a algunos vendedores de suplementos de cannabis que no afirmen que sus productos son buenos para la salud, pero hay más comerciantes que lo están haciendo de los que puede controlar la agencia. La FDA supervisa productos de CBD vendidos como suplementos alimenticios, pero no regula el THC, que es ilegal según la ley federal. La nicotina líquida y el THC, a veces vendidos en cartuchos para su uso en dispositivos de vapeo, pueden contener aceites que quizá sean seguros de ingerir, pero pueden dañar el pulmón cuando se vaporizan en una mezcla de químicos desconocidos.

Dispositivos de vapeo confiscados a estudiantes en una secundaria de Boulder, Colorado
Dispositivos de vapeo confiscados a estudiantes en una secundaria de Boulder, ColoradoCreditNick Cote para The New York Times
Accesorios para cigarros electrónicos a la venta en una tienda de Manhattan
Accesorios para cigarros electrónicos a la venta en una tienda de ManhattanCreditJeenah Moon para The New York Times

Aunque se piensa que los cigarros electrónicos son menos nocivos a largo plazo que los cigarrillos, aún no se sabe cuál es el impacto provocado por años de utilizar estos dispositivos.

Eissenberg, director del Centro para el Estudio de Productos del Tabaco en la Universidad Estatal de Virginia, dijo que se había informado sobre siete casos de lesiones pulmonares similares a causa de cigarros electrónicos en años anteriores.

“Un ingrediente común era la glicerina vegetal, que está hecha de aceite vegetal”, dijo. “Si hay un proceso incompleto, puede quedar aceite en la glicerina vegetal cuando una persona está usando el dispositivo, e inhalar aceite e introducirlo a los pulmones es lo que está causando algunas de las lesiones pulmonares que vemos”.

“Básicamente, lo que debería estar haciendo la FDA es poner a prueba cada uno de estos líquidos para ver si tienen aceite y crear regulaciones que prohíban el aceite en cualquiera de estos productos, ya sean de THC o de nicotina”, dijo Eissenberg, que está llevando a cabo investigaciones sobre el vapeo con una beca de la agencia.

Un usuario de un dispositivo Juul en San Francisco
Un usuario de un dispositivo Juul en San FranciscoCreditJason Henry para The New York Times

Nora D. Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, parte de los Institutos Nacionales de Salud, dijo que le sorprendía la gravedad de la enfermedad pulmonar involucrada en los casos de mediados de este año, pero no por la posibilidad de que los productos de vapeo estén provocando este tipo de enfermedades.

“No hay vigilancia”, dijo Volkow. “Nadie está evaluando los productos para verificar que sean puros o para ver si contienen sustancias tóxicas. Debe haber alguna manera de regularlos”.

El adolescente de Long Island, al que le pusieron un dispositivo de asistencia respiratoria en determinado momento, tiene un largo camino que recorrer para recuperarse y los médicos aún no han identificado la causa de su enfermedad.

“Hicieron análisis para encontrar enfermedades infecciosas. Hicieron análisis para encontrar bacterias. Hicieron análisis para encontrar una serie de enfermedades. Todo salió negativo”, dijo su padre. Solicitó mantener su anonimato para proteger la identidad de su hijo. “Nos sentíamos impotentes. No sabíamos qué hacer. Los médicos no sabían qué hacer. Primero tratarían los síntomas y después averiguarían qué lo estaba matando”.

En Illinois, una mujer de treinta y tantos años que hace poco había vapeado fue hospitalizada y murió, dijeron funcionarios de salud el 23 de agosto.

Otro caso reciente involucra a Kevin Corrales, un residente de Queens, de 31 años, que a finales de julio estaba en el asiento trasero de un auto con dirección a la playa de Long Island cuando comenzó a faltarle el aire.

“Fue aterrador”, dijo Corrales. “De verdad estaba jadeando. Me tuvieron que llevar de inmediato al hospital. Creyeron que estaba exagerando”.

Pidió un Uber para que lo llevara a casa. Debido a que estaba demasiado cansado como para subir las escaleras de la casa que comparte con sus padres, se quedó en el sótano varios días hasta que se sintió mejor.

Ese día, en el auto, había estado vapeando con un dispositivo Juul; pero a veces también vapea aceite de THC con otro dispositivo. “Puedo comprar esos aceites como si fueran bolsas de papas fritas”, dijo Corrales.

“Es difícil saber si fue el THC o la nicotina”, dijo Corrales, que usó los cigarros electrónicos para dejar de fumar.

Mitch Smith colaboró con este reportaje desde Chicago.

Matt Richtel es autor de libros éxitos en ventas y reportero ganador del Premio Pulitzer que vive en San Francisco. Se unió al equipo de The New York Times en 2000 y su trabajo se ha enfocado en la ciencia, la tecnología, los negocios, así como en las historias impulsadas por las narrativas en torno a estos temas. @mrichtel

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La vacuna contra el rotavirus muestra un efecto secundario inesperado: la protección contra la diabetes tipo 1

La vacuna contra el rotavirus muestra un efecto secundario inesperado: la protección contra la diabetes tipo 1

SANTIAGO CAMPILLO

La vacuna contra el rotavirus, uno de los principales causantes de la gastroenteritis, podría tener unas consecuencias inesperadas. Pero, al contrario de lo que ocurre en otras ocasiones, esta vez serían positivas.

Según ha descrito un equipo de la universidad de Melbourne, la vacuna podría estar ayudando a prevenir la diabetes tipo 1. Esto no quiere decir que hayan encontrado “una vacuna” para la diabetes, pero los resultados son muy prometedores.

Por qué ocurre la diabetes tipo 1

Antes de comenzar, es importante entender por qué ocurre la diabetes tipo 1. Al contrario que el tipo 2, la diabetes mellitus tipo 1, o DM1, es una enfermedad de origen autoinmune caracterizada por una destrucción selectiva de las células beta del páncreas.

Estas células son las responsables de producir insulina para controlar los niveles de glucemia. Se diferencia de la diabetes mellitus tipo 2 en su aparición temprana, generalmente antes de los 30 años. Se estima que solo una de cada veinte personas diabéticas tiene diabetes tipo 1, afectando preferentemente a jóvenes y niños.

También se diferencia con el la diabetes tipo 2 en que la dependencia de insulina es mucho mayor, ya que que el páncreas no es capaz de segregar esta hormona. Como decíamos, la causa de este tipo de diabetes es una enfermedad autoinmune, aunque también existe un componente genético importante.

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Sin embargo, también llama la atención otra relación puesta de manifiesto en la última década: la que existe entre el rotavirus y la diabetes. Las infecciones virales se han propuesto como un factor ambiental implicado en el desarrollo de la diabetes mellitus tipo 1, probablemente por iniciar o modificar un proceso autoinmune.

Por el momento, esto es solo una hipótesis que implica a los enterovirus, citomegalovirus, los virus de las paperas, la rubeola y al rotavirus. Sin embargo, es importante señalar que las evidencias no son concluyentes hasta la fecha. Esto quiere decir que no conocemos bien los mecanismos, suponiendo que esta relación sea correcta. El estudio que encabezaba este texto se basa, precisamente, en estas hipótesis.

La vacuna contra los rotavirus y la diabetes

Si se confirma la relación existente, dicho estudio podría confirmar alguna de estas hipótesis o sus susodichos mecanismos. Sin embargo, todavía no se conoce a este nivel de detalle. Entonces, ¿cuál es la relación de la que hablamos?

Australia es famosa por tener un estricto control de vacunación. Desde que se impuso, hace algunas décadas, la cobertura ha alcanzado más del 90% de los niños.

Curiosamente, según muestran los datos del estudio, las enfermedades autoinmunes han descendido entre los niños de manera significativa desde que se aplica la vacunación. Sin embargo, las vacunas contra el rotavirus comenzó a aplicarse en 2007 de manera sistemática.

Los rotavirus provocan en los infantes una gastroenteritis aguda que pueden poner su vida en peligro, en los peores casos. Curiosamente, entre la población a la que se ha aplicado esta vacuna, en los últimos 12 años, la diabetes tipo 1 ha remitido en un 14%. Esto puso a los investigadores en alerta.

Algo parece estar protegiendo, según las estadísticas, que el estudio muestra como significativas, a los niños. El factor más prometedor, según la investigación, es la vacuna contra el rotavirus, que es el único factor totalmente coincidente en todos.

Además, ya se conocen, como hemos dicho, la relación potencial existente entre este virus y la aparición de la diabetes tipo 1. Por tanto, los investigadores defienden la idea de que la vacuna contra el rotavirus podría estar ayudando a proteger contra la diabetes tipo 1. ¿De qué manera?

No, no han encontrado una vacuna contra la diabetes

Pero si se confirmara, podría prevenirse parte de la incidencia de la diabetes tipo 1 con una protección efectiva contra el rotavirus. Pero, aún más positivo, esto abriría nuevas puertas a los remedios contra la enfermedad.

vacuna oral

Esto se debe a que permitiría descubrir y estudiar los mecanismos concretos en los que un virus como este es capaz de activar la respuesta autoinmune.Esto podría ayudarnos muchísimo a entender mejor tanto la diabetes como otras enfermedades con un origen similar.

Por el momento todavía es muy pronto para llegar a una conclusión certera al respecto. Esta es solo una aproximación, un inicio, que, aunque prometedor, no confirma nada. Eso sí, la pista todavía está caliente. ¿Quién sabe a qué descubrimientos nos llevará? Los caminos de la ciencia son sorprendentes.

 Imágenes | Force Medial Service, Flickr 

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Aguacate, ¿salud o moda?

“Con todo lo que aporta, difícilmente podemos decir que el aguacate no sea sano, ¿no? (…) Sin embargo ningún alimento es sano por sí solo. ¿Quieres saber por qué? Sigue leyendo”…

Aporte nutricional del aguacate
Aporte nutricional del aguacate | Pixabay

Luis Alberto Zamora

No hay cuenta de Instagram de un buen foodie o “entendido” en nutrición, ya sea profesional de verdad o un “coach” que nos da sus consejos de alimentación para estar como ellos (de las horas que está en el gimnasio parece que no nos habla), que no tenga una tostada o una ensalada, bien colocadita para la foto, que no tenga un aguacate como protagonista. Es el fruto del momento. Un presunto crisol de propiedades y nutrientes. El oro verde. Y lo de oro no solo se refiere al valor nutricional, si no también a su precio en el mercado. Pero nadie dijo que la salud iba a ser barata.

Hace unas décadas era un gran desconocido en Europa. Algo exótico y que se veía rara vez en los supermercados. Hoy en día no falta en cualquier rincón donde se venda fruta y verdura. Tal es su popularidad en Europa, que se calcula que en México crece su producción y venta un 15% cada año. De hecho, en Estados Unidos se calcula que cada habitante consume al año 30 kilos de aguacate.

¿Qué aporta el aguacate?

Superalimento. Ni más ni menos es el adjetivo que se la ha puesto a esta fruta. Siguiendo la estela de Marvel o DC Comics. De él se dice que baja el colesterol, que es antioxidante y que aporta más potasio que un plátano (¡que un plátano! Pero, ¿había otra fruta que nos aportara potasio? -ironía-) ¿De verdad es tan maravilloso este alimento? Si nos fijamos en una tabla de composición de alimentos (esos libros y bases de datos que tanto consultamos los nutricionistas, donde está la composición de todos los alimentos que nos llevamos a la boca) vemos que, efectivamente y como estabas pensando, es una fruta que es muy rica en grasa. Concretamente en ácidos grasos monoinsaturados (los buenos, los que bajan en colesterol LDL y suben el HDL). Pero es que además contiene vitaminas como la A, la E o la vitamina C, grandes antioxidantes que neutralizan los radicales libres en nuestro cuerpo (entre otras cosas).

De minerales tampoco anda corto. Además de aportar casi 400 mg de potasio por cada 100 gramosde aguacate, nos aporta calcio (perfecto para los huesos), magnesio (un buen aliado para combatir el cansancio y la fatiga) y fósforo (también bueno para los huesos o para el rendimiento intelectual). Vamos, un revitalizante en forma de fruta y que encima está muy bueno, con esa textura que tanto nos encanta para untar en las tostadas de por la mañana.

¿Es sano el aguacate?

Con todo lo que aporta, difícilmente podemos decir que el aguacate no sea sano, ¿no? Además, toda la propaganda y artículos, vídeos y post que se le han dedicado parece que coinciden: el aguacate es el alimento de moda en todas las dietas sanas y saludables. Y como esto es España, si el aguacate es sano, pues dos aguacates al día y frescos como una rosa. Puede ser una manera de verlo. Pero otra, la que por lo menos a mí me enseñaron cuando estudiaba nutrición, y la que muchas veces se pone de manifiesto cuando se hacen estudios científicos es que ningún alimento es sano por sí solo. ¿Ninguno? Ninguno.

¿Cómo puede ser esto posible? Fácil. Imaginemos el contexto y tendremos la respuesta. Por muchos aguacates que comas, si el resto de tu alimentación es desastrosa, lo siento, pero no tiene el poder de corregir lo que estás haciendo mal. Es decir, que esa ensalada a la que has añadido aguacate si, además, también lleva salsa césar, unos croutons de pan tostado, lascas de queso parmesano (valga la redundancia, porque la salsa césar ya lleva queso parmesano), beicon frito, un buen puñado de nueces (de esos que se cogen haciendo “cuenco” con la mano) y un largo etcétera de cosas, poco puede hacer el aguacate para arreglar semejante bomba de calorías y grasas juntos. Vamos, que al final lo verde casi está de forma testimonial para decir que eso que tomas es una ensalada.

Aguacate, ¿salud o moda?
Comparatia nutricional | Pixabay

De repente, hemos convertido un presunto “superalimento” en un plato que puede llegar a engordar más que una hamburguesa con queso. Sí, como lo oyes, que una hamburguesa con queso. ¿Para que me sirve este ejemplo? Para recordarte algo que deberíamos tatuarnos todos cuando hablamos de nutrición: los alimentos no son sanos o insanos por ellos mismos. Lo que es sana o insana es la alimentación. Es decir, lo que comes durante el día, la semana, el mes, durante el año, … Es lo que al final, haciendo cuentas, es sano o no. Lo que nos hace engordar o no. O lo que hace que seamos más propensos a que aparezcan enfermedades asociadas a una mala alimentación.

Puede que desde aquí hayas dejado de leer. Pero, esto que parece de perogrullo, parece que se nos olvida cuando decimos que el aguacate es sanísimo o que el azúcar es malísimo. Todo dependerá de dónde pongamos ese aguacate, o de dónde venga o de la cantidad de azúcar que consumamos.Resumen: los superalimentos no existen. Y el aguacate no es una excepción. Ahora bien, no te desanimes ni desesperes. Es verdad que existen ciertos alimentos que nos ayudan más que otros a hacer una dieta equilibrada, variada y suficiente (¿cuántas veces has oído que hay que comer así pero no sabes a qué se refiere exactamente?). Y el aguacate puede ser uno de estos.

Si tiene tanta grasa, ¿por qué no engorda?

No todo son calorías y grasas en la nutrición. De hecho, hay una frase que dicen algunos de mis compañeros dietistas que me encanta: no cuentes calorías, haz que las calorías cuenten. Me gusta porque es verdad que no todas las calorías son iguales. Unas vienen cargadas de nutrientes y otras vienen “vacías”, es decir, que no aporta nada más que energía.

Lo de no contar calorías no lo veo tan claro, ya que podemos caer en el otro extremo: como algo es bueno y no nos preocupan las calorías, pues nos lo comemos a puñados. Por ejemplo, las almendras tostadas sin sal. Es verdad que aportan grasas cardiosaludables y una buena ración de vitaminas y minerales. Pero si nos comemos medio kilo cada día, ya te digo yo que te van a contar las calorías, y mucho.

¿Qué hacemos entonces? Comer aguacate, pero con cabeza. Medio al día. El otro medio puede echarle un poquito de limón por encima para que no se oxide, guardarlo en una fiambrera y, ¡a la nevera! Que hasta mañana te aguanta. Y si se oxida, tampoco pasa nada porque se puede comer perfectamente.

De hecho, investigaciones con esta cantidad de aguacate parece que reducen hasta en un 40% el deseo de picar algo las 3 horas siguientes de comerlo. O lo que es lo mismo: el aguacate es un saciante maravilloso. Hecho que compensa la cantidad de calorías que aporta (es de las frutas que más calorías aporta). Pero si comemos medio, y encima me evita los paseos procesionales de ida y vuelta a la nevara, las calorías que aporte, bien aportadas están.

¿Y la grasa que aporta? Como ya habrás leído por todo internet, es grasa cardiosaludable. Lo que quiere decir que, en sustitución de otro tipo de grasas (de nada sirve comer grasas no cardiosaludables y, además, ponernos hasta las cejas de grasas “buenas”), previene la aparición de posibles enfermedades cardiovasculares. Pero es que también la grasa retrasa la aparición del hambre, por lo que doble acción de evitar el visitar la despensa de casa “a ver qué tenemos”.

Por lo tanto, aguacate si, pero dentro de una dieta equilibrada y una cantidad razonable. Porque cada vez que oigo decir a alguien, todo orgulloso de él, “yo cada día me como dos aguacates como mínimo, porque son muy sanos”, una parte de mi cerebro llora amargamente y piensa: “pero, ¿qué estamos enseñando a la gente los dietistas-nutricionistas?”

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Es imposible vivir sin ansiedad: mientras se convierte en una de las epidemias contemporáneas, la psicología busca nuevos enfoques

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JAVIER JIMÉNEZ

Nicanor sabe lo que es el miedo y lo sabe porque lo ha experimentado muchas veces. Últimamente, en cambio, ese miedo (quizás más indefinido, pero igual de vívido) lo visita mucho más a menudo. Le da algo de vergüenza reconocerlo, pero confiesa que mucho antes de salir a tomar algo con los amigos ya empieza a sentir una angustia irracional por lo que se encontrará allí.

No lo entiende, pero su principal preocupación cuando va de fiesta son los músicos en vivo. Especialmente, la flauta. Cuando escuchaba una flauta en algún banquete, fiesta o evento social, una masa de temores le agarra por el pecho y no lo suelta. Lo convierte en un guiñapo. Nicanor, estamos bastante seguros de esto, tiene un trastorno de ansiedad, pero él no lo sabe.

Y no es raro que no lo sepa, Nicanor vivió en Grecia en los últimos años del siglo V antes de Cristo y su problema, conservado en los ‘Tratados Hipocráticos’, es el primer caso documentado de un trastorno de ansiedad que tenemos. La ‘ansiedad’ no es, como podemos ver, una recién llegada a la vida de los seres humanos como podríamos creer. Siempre ha estado aquí y, hasta donde sabemos, no se va a ir a ningún sitio. No, no podemos vivir sin ansiedad.

Pero, ¿Qué es la ansiedad?

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Aarón Blanco Tejedor

Según el DSM, el que quizás sea el manual psiquiátrico de referencia, no he sido del todo exacto en los párrafos anteriores. Ansiedad y miedo son cosas clínicamente diferentes. La ansiedad se diferencia del miedo en que, mientras este último se trata de una respuesta emocional vinculada a una amenaza inminente (real o percibida), la primera es la anticipación de una amenaza que no se dibuja claramente en el horizonte. El matiz es importante.

Médicos, psicólogos e investigadores en general tienen claro que la ansiedad es una emoción normal, algo que forma parte del “equipo emocional estándar” de los seres humanos. Desde el punto de vista evolutivo, es un mecanismo psicológico que nos permite adaptarnos al entorno y que incita a las personas a alejarse de lugares peligrosos.

Una de esas cosas que nos mantienen vivos, vamos. La poetisa, activista y divulgadora científica Beatriz Sevilla tiene una de las definiciones de un brote de ansiedad más incisivas que conozco, es «como si me estuviera persiguiendo un tigre, pero sin tigre».

Intuitivamente, es una buena forma de conceptualizarlo. Sobre todo, porque durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva el tigre sí estaba ahí. El problema es que, de vez en cuando, sencillamente no estaba. Dicho de otra forma, a veces, estos mecanismos emocionales dejan de ser adaptativos, fallan y se convierten en lo que, hoy por hoy, conocemos como un trastorno de ansiedad.

Un mundo ansioso

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Como podíamos ver en el caso de Nicanor, no es algo nuevo. Lo nuevo es otra cosa: el mundo que nos rodea y el hecho de que nuestra biología y nuestra cultura van un poco más despacio que ese mundo. La evolución ha esculpido una caja de herramientas emocionales que nos dan razones para evitar circunstancias que ponen en riesgo nuestra seguridad, pero ¿qué pasa cuando esos riesgos se reducían drásticamente? Que los falsos positivos se disparan.

No es una forma de hablar. Según la OMS, en el mundo una de cada 10 personas sufre ansiedad en este momento y, al menos en los países donde tenemos datos fiables, se ha convertido en la enfermedad mental más prevalente. En Google se busca hasta 10 veces más el término ansiedad que depresión. Y, para que veamos que no es solo un problema de terceros, en los últimos años España se ha transformado en el país europeo que más ansiolíticos consume, la gran mayoría administrados por amigos y familias (44% en el caso de los opiáceos y 62% en sedantes).

Las sociedades modernas se han convertido en máquinas de producir brotes de ansiedad. En buena parte, como dicen Wilson y Luciano, porque “sentirse bien” se ha convertido en una guía genérica de salud mental. Tanto es así que “los seres humanos del siglo XXI fácilmente entendemos que sentirse mal es algo anormal“. O, dicho de otra forma, como muestran las encuestas, la gran mayoría de la población entiende que “sentirse mal” es incompatible con “creerse mentalmente sano”.

Una vez que la idea de que necesitamos estar bien para vivir bien se instala (cultural) en las personas el riesgo de que una persona se cronifique en un trastorno de ansiedad aumenta exponencialmente. Wilson y Luciano van más allá y apuntan a que ese tipo de ideas tan populares en nuestra sociedad (y que quizás pueden funcionar en algunos procesos transitorios como el luto) tienden a “desnaturalizar la ansiedad como parte natural del mundo” y pueden llegar a convertir “la evitación de ese sufrimiento como el único objetivo de la vida”. Una “opción restrictiva que puede resultar destructiva”.

Contra la evitación experiencial

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«Los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, también deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son. Al menos, en la gran mayoría de los casos». Con esta reflexión en ‘La conquista de la felicidad‘, Bertrand Russell no sólo estaba haciendo una crítica a la sociedad de su tiempo, sino que estaba incidiendo precisamente en esta idea.

Cuando los investigadores y los clínicos se dieron cuenta de que la práctica tradicional (esa necesidad de controlar las emociones para poder vivir feliz) estaba siendo contraproducente empezaron a reflexionar sobre la ansiedad en la vida cotidiana y como ese papel podía dar las claves para enfrentarse a esta epidemia cada vez más extendida.

Hay muchos modelos y teorías que han surgido para entender este proceso, pero quizás los que se conocen como “de aceptación y compromiso” se encuentran entre los más exitosos (Hayes, Strosahl, & Wilson, 1999). Estos modelos inciden en combatir la rigidez psicológica que nos hace sumirnos en la evitación experiencial y aceptar que el malestar y el sufrimiento (cuando no son patológicos) son cosas indiscutiblemente vinculadas a la vida. Se trata de reconocer que no se puede vivir sin ansiedad, sí; pero también en no convertir esa idea en una losa que nos impida avanzar.

La necesidad de encontrar una forma contemporánea de la vida buena

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Adam Whitlock

Porque esa quizás sea la pregunta clave de todo esto: ¿cómo construir un relato cultural de la vida en la que no podemos escapar del dolor, el miedo o la incertidumbre y aún así merece la pena ser vivida? La psicología clínica contemporánea se centra en cambiar la mirada y promover la aceptación, pero también en ser conscientes de los valores personales y de comprometerse con ellos. No suena mal y está dando buenos frutos, pero lo cierto es que aún es pronto para saber si este enfoque funciona.

En los últimos 150 años, el ser humano se ha reencontrado consigo mismo a través de la ciencia moderna, pero no hemos sido capaces de digerirlo bien (culturalmente hablando). Como señala Harari, “nos permitimos creer algo en el laboratorio y otra cosa totalmente diferente en el tribunal o el Parlamento. […] Después de dedicar cientos de páginas eruditas a deconstruir el yo y el libre albedrío, efectúan impresionantes volteretas intelectuales que milagrosamente los hacen caer de nuevo en el siglo XVIII”. Y eso es algo que nos hace chirriar los dientes. Necesitamos, dicen los psicólogos, encontrar nuevas formas de vivir una vida buena: no es algo sencillo, esa es una de las grandes tareas de la filosofía sintética, la psicología clínica y la teoría política: en fin, de la vida cotidiana.

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Hipervigilancia: cuando nos ‘inventamos’ el dolor

Entrevista al psicólogo Antonio Cano Vindel sobre cómo el estrés y la ansiedad pueden llegar a construir síntomas de enfermedad que no tienen ninguna base orgánica

 Esteban Ordóñez Chillarón

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El dolor, físico y psicológico, puede inventarse. Puedes percibir señales de lo que identificas como un cataclismo lento en tu organismo (punzadas, ardores, ruidos, fogueos mentales), y que la única razón por la que estos síntomas existen sea que los estás buscando.

«La hipervigilancia es una característica de la ansiedad que supone una reacción emocional que nos pone en alerta ante la posibilidad de que ocurra algo que no deseamos. La atención se centra en la amenaza y se da prioridad al estímulo o a la información que tememos por encima de cualquier otra», explica Antonio Cano, director del grupo de investigación Cognición, emoción y salud de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Mirarnos el ombligo con lupa nos prolonga sin fin. Ocurre como si después de conectar una cámara a la televisión para que reproduzca lo que se está grabando, dirigimos el visor al mismo monitor. Nos hundimos en un juego de réplicas infinito; se pierde toda noción de la realidad.

«Cuando ponemos atención en una amenaza, se produce ansiedad. Cuanto más tiempo la centremos en eso, se producirá más ansiedad. Y también: cuando más nerviosos estemos, será más probable que la atención se centre en amenazas», desarrolla Cano.

Hipervigilancia: cuando nos ‘inventamos’ el dolor

Da igual lo que digas, tú también te autoengañas

Entre un 33% y un 49% de los pacientes que aguardan su turno en las salas de espera de atención primaria, aporta el experto, «sufren de ansiedad, o bien de somatizaciones o depresión». Padecen dolores sin base orgánica, producto de una mala interpretación de sí mismos.

El temor del hipocondriaco puede nacer de una mala lectura de sensaciones fisiológicamente normales que, de tanto observarlas, al final, se sobredimensionan y se edifican con una entidad y un significado propios.

Pueden ser gases (como casi cualquier problema de la vida), o puede ser fijarse, de pronto, en cómo se relacionan dos partes del esqueleto (las costillas flotantes y la cadera, por ejemplo, al sentarte) y percibir de pronto una rareza, y empezar a encogerse y a estirarse para comprobar qué pasa, y acabar sintiendo en la zona algo ajeno, nuevo, no identificable.

También se construye por la asociación de los síntomas de la ansiedad con el peligro de enfermedad o muerte, ya sea con caída inmediata del infarto o la eternizada del cáncer: «Pero, en realidad, las sensaciones de ansiedad no suponen alteraciones de la salud», avisa Cano.

Es un drama, porque ser un paranoico no significa que no te persigan, pero sí que dejas de ser creíble. Los pacientes tendentes a la hipervigilancia y con historial de ansiedad o hipocondria tienden a ser filtrados por ese antecedente en las consultas. Si por una vez el fantasma es real (si hay un tumor, un trombo, un problema cardíaco), es probable que no se le tome (tan) en serio.

La hipervigilancia puede aplicarse también a las relaciones personales. «Un paciente con fobia social presta toda su atención a pensar, por ejemplo, si lo van a sacar a hablar frente a un grupo de personas. Su amenaza es su propia conducta. Cree que es inapropiada y diferente a la de los demás, aunque los demás la ven como la de todo el mundo», perfila Cano.

Hay también un miedo al miedo que te hace hipervigilar cómo hipervigilas. «Estas personas temen sufrir un ataque de pánico. No saben que ellas mismas ayudan a que lleguen esos ataques de pánico y, sin querer, hacen todo lo posible por tenerlos».

EL DOLOR ‘INVENTADO’ PUEDE SER CASI INVENCIBLE

Que un dolor se invente no quiere decir que sea falso o voluntario. Las historias son muy poderosas, y un dolor de estas características es como un prejuicio grabado a fuego e instituido en verdad oficial. Cuando hay un prejuicio, no importan las pruebas a la contra, incluso pueden retorcerse y servir de alimento. Así son estos dolores, algo así como la posverdad del cuerpo.

Algunos tienen un origen físico. El doctor de la UCM pone el ejemplo de las posibles consecuencias de una larga temporada de estrés en el trabajo: «Imagina que tienes una característica individual tuya y que consiste en que tensas mucho los músculos frontales cuando estás preocupado, eso produce un dolor de cabeza que tiende a hacerse crónico en tu trabajo».

El sufridor puede asumir que el trabajo le da dolor de cabeza. Así, dispondrá de herramientas y razones para atajarlo; podrá, también, relajarse durante el fin de semana o en vacaciones y aliviar el padecimiento.

Si la molestia, en cambio, se independiza, si el currante empieza a preocuparse por que exista un origen neurológico, el estrés que le hace tensar los músculos aumentará. Lo hará incluso cuando la causa real (el estrés laboral) haya desaparecido.

Puede llegar un punto en que el dolor adquiera tal autonomía e identidad propia que la eliminación del detonante original (el trabajo) no suponga una liberación sino una condena. Como recoge la doctora en psicología Marta Redondo en un artículo en Rasgo latente, muchos autores argumentan que la evitación puede convertir un dolor inventado en crónico.

Expliquemos. Ese dolor de cabeza te coloniza la atención, te impide concentrarte, te consume; te inhabilita. Entonces dejas el trabajo, pero eso no te alivia porque el hecho de haberte apartado es una evidencia de lo preocupante del dolor. Despertarte en casa y no ir a currar te lo recuerda cada día. El estrés se eterniza, y tú eres una persona que crispa los músculos cuando se estresa. Resultado: te conviertes en un lacayo de tu dolor y le entregas todo tu tiempo.

«La hipervigilancia, la interpretación catastrofista de los síntomas detectados y la evitación de actividades», recoge Redondo, «a partir de la combinación de esas tres variables se explican tanto el mantenimiento y aumento del dolor como de la discapacidad».

Todo el cuerpo es susceptible de sentir este tipo de somatizaciones. No aparecen solo en formato de dolor, también trastocan las funciones fisiológicas: «¿Quién no ha tenido malestar intestinal o diarrea en exámenes o ante un evento inminente y amenazante? Pues hay personas que pueden hacer crónica esta reacción y empezar a tenerlas siempre, aunque nunca se encuentre una respuesta orgánica al problema», señala el experto de la UCM.

Sin embargo, la ansiedad y la hipervigilancia, al ser producto del enquistamiento de una creencia errada, pueden resolverse tratando de desanudar la venda del sesgo cognitivo de los ojos del paciente. La dificultad de la cura es variable. Pero Cano conoce casos extraordinarios.

Son los del miedo al miedo. Algunas de estas personas que sufrían ataques de pánico a diario, a veces, solo necesitan una sesión para dejar de padecerlos.

Son individuos que, sin embargo, sin un tratamiento, podrían acabar desarrollando agorafobia. Caen en la misma trampa que en el caso del dolor de cabeza: empiezan a rehuir situaciones en las que han sufrido ataques, como si el contexto fuera la causa. «Hay personas que acaban por no poder ir a trabajar si no las acompaña alguien, y eso, al final, es una discapacidad», lamenta Cano.

Ese extremo puede evitarse. En el fondo, y simplificando, la hipervigilancia empieza por un problema de conducción: «Es como si no te explican dónde está el freno y dónde el acelerador. Vas al revés y te comes el volante».

Es normal que los niños odien las verduras: los mecanismos evolutivos tras la aversión a las plantas y los que nos hacen superarla

JAVIER JIMÉNEZ@dronte

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“No quiero”, “no me gusta”, “no pienso comérmelo”. Parece una broma pesada, las verduras son, con diferencia, uno de los alimentos más saludables y versátiles que tenemos, pero la aversión que los niños sienten por ellas es un clásico de todas las cocinas, restaurantes y comedores escolares. Y aunque podríamos pensar que es producto de un puro y sencillo condicionamiento social, las últimas investigaciones apuntan a justo lo contrario. Los niños vienen así de fábrica.

La explicación es que aunque ahora, en el mundo moderno, parece que solo existen dos tipos de plantas: las decorativas y las que vienen cortadas, lavadas y listas para comer; durante el 99% de nuestra vida en la Tierra los vegetales fueron una parte fundamental del día a día de la humanidad. Por eso, si queremos encontrar respuestas a nuestra complicada relación con lo verde, puede ser buena idea mirar un poco más atrás.

Peligros difíciles de detectar, pero fáciles de evitar

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Las plantas siempre han sido un problema evolutivo. Durante millones de años han sido la base de nuestra alimentación, pero ¿cómo determinar qué plantas se pueden consumir y qué plantas son peligrosas? ¿Cómo podemos saber si una planta no será útil o no? A simple vista, como explica Annie E Wertz, es una tarea entre muy complicada y directamente imposible. Incluso a escala comarcal, no existen características morfológicas comunes a todas las plantas comestibles ni tampoco hay pistas claras que nos digan cuáles son tóxicas o peligrosas.

Esta dificultad para detectar la presencia de toxinas, hace que el método de prueba error sea especialmente peligroso. Tampoco sirve el uso de reglas generales como “evitar flores blancas” o “las frutas rojas son comestibles”. Comer, nos dice Wertz, es mucho más complicado de lo que parece.

Por eso, en este tipo de circunstancias parece razonable pensar haya fuertes presiones evolutivas para favorecer la emergencia de mecanismos y estrategias que nos ayuden a resolver el problema. Está muy documentado el hecho de que las plantas han “estructurado la fisiología y el comportamiento de muchas especies animales”. No sería nada raro que nos pasara algo similar.

Wertz teorizó que podría existir una colección de sistemas cognitivos que maximizaran la eficacia de los niños y los bebés en el “aprendizaje de plantas y la evitación de toxinas naturales”. La idea de Wertz es que, como las toxinas de las plantas son difíciles de detectar, pero fáciles de evitar, la mejor estrategia evolutiva sería minimizar el contacto físico (de cualquier tipo) con ellas. La evolución habría hecho que las plantas nos aburrieran sobremanera.

En un trabajo recién publicado, el equipo de Wertz descubrió que, efectivamente, los bebes son reacios a tocar plantas en comparación con otros tipos de objetos. Además, tienden a evitar por igual las plantas de aspecto benigno y las plantas de aspecto amenazador lo que sugiere que, como señalaba su teoría, no discriminan entre distintos tipos. Al fin y al cabo, de poco iba a servir.

La ceguera a las plantas

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Stephen AndrewsPero la cosa va más allá. Como dice el biólogo Antonio J. Osuna, esto podría estar detrás de lo que se conoce como “ceguera a las plantas”. Aunque puede sonar un término un poco fuerte, la idea de la “ceguera a las plantas” fue introducido en 1998 por James Wandersee y Elizabeth Schussler para responder a una pregunta tan sencilla como poco evidente: si las plantas tienen un papel fundamental en la vida de la Tierra y son los “principales mediadores entre el mundo físico y el biológico”, ¿por qué la mayoría de las personas tienden a apreciar a los animales mucho más que a ellas? ¿por qué tanta gente tiene problemas para recordarlas, apreciarlas o incluso para apreciar sus propiedades estéticas?

Soy consciente de que puede resultar una idea extraña, pero existen numerosos ejemplos en los que se puede entrever que el valor social que atribuimos a los animales es muy superior al de las plantas. Y esa diferencia lleva más de dos décadas intrigando a los especialistas.

Además de posibles sesgos educativos y sociales, Wandersee y Schussler sostenían que esta “ceguera” está motivada principalmente por la naturaleza del sistema de procesamiento de información visual de los seres humanos. Según estos autores, ante la imposibilidad de procesar toda la información que entran por los ojos nuestros sistemas perceptivos se concentran en buscar movimientos, colores y patrones visibles que puedan ser amenazas potenciales. En la misma lógica que el trabajo de Wertz, las plantas (por estáticas) recibirían un menor interés evolutivo que los animales.

¿Nace de estos mecanismos la aversión de los niños a las plantas?

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Y es que tanto los alimentos como los materiales vegetales de uso cotidiano son elementos que entran en contacto con los bebes de forma habitual. Por ello, debía de haber mecanismos para regular el aprendizaje sobre ellos. Investigando esto, Wertz se dio cuenta de que los niños pequeños (6-18 meses) prestan especial atención cuando ven a un adulto comiendo vegetales o interactuando con ellos. Su sorpresa es mucho mayor que cuando interactúan con otros animales u objetos.

Según sus datos, a partir de los 18 meses, los niños usarían la información sobre la seguridad de las frutas, verduras y plantas para generalizar poco a poco esas actitudes positivas hacia plantas similares. Esta combinación de aprendizaje social y reglas de generalización muy restrictivas evitarían, según Wertz, que los bebés ingirieran plantas tóxicas.

¿Están estos mecanismos detrás de la aversión de los niños a las verduras? Pudiera ser. Como hemos señalado en otras ocasiones, hasta los dos o tres años, la incorporación de todos los alimentos en la dieta es fundamental. Sobre todo, porque cuando acaba esta fase, los niños desarrollan lo que llamamos “neofobia alimentaria”. Generan rechazo natural a todos los alimentos a los que no han sido expuestos.

Como si nuestros procesos de aprendizaje considerasen que a partir de los tres años ya sabemos, culinariamente, todo lo que debemos saber. Es algo normal y también tiene razones evolutivas. No obstante, si esa neofobia se extiende más allá de los ocho años, reduce seriamente la calidad de la dieta y puede producir problemas de ansiedad y autoestima.

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Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después

Por JACK HEALY 

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Un sitio de cultivo de Woody Farms, en Pueblo, Colorado CreditBenjamin Rasmussen para The New York Time

DENVER, Estados Unidos — Serenity Christensen, de 14 años, todavía es demasiado joven para poder entrar a una de las muchas tiendas de marihuana de Colorado, pero ya supo aprovechar una oportunidad de negocio en la marihuana legal. Ella es exploradora de las Girl Scouts, que suele vender galletas para recaudar fondos. Este año, Christensen, junto con su madre, decidió vender desde afuera de un dispensario. “Se logra un buen negocio”, dijo la joven.

Mientras, al otro lado de Denver, la legalización ha causado descontento para otro adolescente: el estudiante David Perez está en contra de los cultivos de marihuana en almacenes que ahora rodean su vecindario. Perez se queja de que el aroma a marihuana es lo primero que huele cada vez que sale de su casa.

Estos son los efectos dispares de cinco años de legalización. El primer experimento de este tipo en Estados Unidos, realizado en Colorado, ha reconfigurado la salud, la política, la cultura rural y la justicia penal de maneras sorprendentes que con frecuencia desafían tanto las peores advertencias de los críticos como la retórica de la industria de la marihuana. Lo sucedido aquí da una idea de lo que depara el futuro ahora que cada vez más partes de Estados Unidos y otros países adoptan y debaten la legalización plena.

Desde que comenzó la venta recreativa de la marihuana, en 2014, más gente ha ido a parar a las salas de urgencia del estado debido a problemas vinculados con el consumo; los hospitales reportan índices más elevados de casos de salud mental relacionados con este producto. Al mismo tiempo, miles de personas pasan sin incidente alguno por los dispensarios todos los días, como una joven que hace de guía de senderismo en el pueblo universitario de Boulder y guarda unas cuantas gomitas de marihuana en una bolsa bajo llave para relajarse antes de dormir.

Algunas familias inquietas ante los problemas con el consumo de marihuana de sus hijos se han mudado, en busca de refugio en estados menos permisivos. Pero, en general, las encuestas estatales no muestran un aumento en el número de jóvenes que fuman marihuana.

Los delitos menores relacionados con la marihuana han disminuido considerablemente, aunque la división racial en los arrestos por drogas persiste. Las cifras del estado muestran que las personas negras en Colorado continúan siendo detenidas por delitos relacionados con la marihuana a una tasa que casi duplica la de los blancos.

“No se ve por las calles a gente que ha quedado desquiciada por el consumo de marihuana, pero tampoco hemos creado una utopía”, dijo Jonathan Singer, quien fue uno de los dos únicos legisladores estatales que respaldó la votación en Colorado que legalizó que los adultos mayores de 21 años puedan comprar, consumir y cultivar marihuana para uso recreativo.

Singer volteó hacia su hija de 3 años, quien estaba sentada en el asiento trasero del auto camino a un día de campo hace poco. “El hecho de que esté dispuesto a tener esta conversación frente a mi hija”, dijo, “demuestra lo mucho que hemos avanzado para eliminar el estigma de este tema”.

Así es el mundo reconfigurado por la legalización, en el cual han crecido jóvenes como Ethan Pierson, de 18 años. Él nació el mismo año en el que la primera ley sobre el uso de la marihuana con fines médicos entró en vigor en Colorado; ha sido testigo del aumento de los dispensarios en las calles comerciales por las que se traslada rumbo a su colegio en Lakewood, un vecindario suburbano.

“Si vives en Colorado, se siente como si alguien estuviera fumando al lado de ti todo el tiempo”, dijo Pierson, quien no consume el producto.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Ethan Pierson es uno de los estadounidenses que solo conoce la marihuana en modalidad legal: nació el mismo año en que entró en vigencia la despenalización para fines medicinales en Colorado.CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times

Médicos, educadores y funcionarios estatales han estado especialmente preocupados por los efectos de la legalización en la juventud de Colorado. ¿La proliferación de las tiendas de cannabis recreativa haría que la marihuana pareciera inofensiva a los adolescentes, a pesar de los estudios que demuestran que es nociva para las mentes en desarrollo? ¿Se dispararía el consumo de porros entre los adolescentes? ¿Cómo afectaría los índices de graduación y la disciplina escolar?

Cinco años de encuestas demuestran que la mayoría de los adolescentes de Colorado son como Pierson: han probado la marihuana, pero el 80 por ciento no la consume en la actualidad. Las encuestas estatalesmuestran que el consumo entre los adolescentes ha disminuido considerablemente desde que las ventas de marihuana medicinal se dispararon en 2009, y básicamente se ha mantenido estable desde la legalización completa.

Aun así, Pierson y otros estudiantes y padres afirman que la legalización cambió la imagen y la disponibilidad de la marihuana.

Los hermanos mayores o incluso los padres de sus compañeros ahora pueden comprarla y compartirla. Otros estudiantes se toman videos de Snapchat en los que salen fumando cerca de la escuela. Ahora hay toda una colección de concentrados, tinturas y consumibles, que siguen siendo ilegales para los jóvenes, pero que son fáciles de conseguir.

“Es fácil de ocultar”, afirmó Pierson. “La llevan en la bolsa o en el estuche para lápices”.

Casos jurídicos

Algunos administradores escolares dicen que están observando un consumo cada vez mayor de marihuana y una disminución en el consumo de alcohol entre estudiantes. Las cifras disciplinarias de las escuelas muestran que la marihuana es la principal razón por la cual los estudiantes son castigados o llevados ante la policía. No obstante, el número total de estudiantes expulsados por infracciones relacionadas con las drogas de hecho ha disminuido desde la legalización, en parte debido a que los legisladores de Colorado buscaron deshacerse de las políticas de “tolerancia cero” en las escuelas casi al mismo tiempo que la yerba fue legalizada.

En un tribunal de justicia para menores, ubicado en un cuarto piso de Denver, donde adolescentes acuden ante un juez por delitos que incluyen peleas y estar en zonas como parques después del horario permitido, la cantidad de casos por posesión de marihuana está disminuyendo. El porcentaje de adolescentes arrestados por delitos relacionados con la marihuana ha caído en alrededor del 20 por ciento desde que Colorado votó a favor de legalizar la droga, aunque los jóvenes y adultos negros continúan siendo arrestados en índices mucho mayores que la población blanca o hispana de Colorado, según un informe estatal. En 2017, las personas negras en el estado fueron arrestadas por delitos relacionados con la marihuana el doble de vecesque los blancos, según la División de Justicia Penal de Colorado.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Arrestos vinculados a la marihuanaPor cada 100.000 personas del grupo demográfico dado

Algunos padres afirman que la marihuana se ha normalizado demasiado hasta convertirse en otro riesgo para la salud legalmente permisible con publicidad bien lograda, como el alcohol o los cigarrillos. Una diferencia es que las tiendas de marihuana no pueden anunciarse en avisos panorámicos. Los dispensarios también están obligados a revisar las identificaciones de los posibles clientes en la puerta para revisar su edad y se supone que solo pueden ubicarse a partir de 300 metros de distancia de las escuelas. Los consumibles ya no pueden parecer gomitas en forma de osos o frutas ni llamarse “caramelos”.

Para algunos padres, eso no es suficiente. Dicen que sus hijos huelen la marihuana cuando salen a caminar y se ponen a contar el número de dispensarios en el camino a casa de la escuela. Antes de hacer citas para que su hija vaya a jugar en casa de amigos, Ben Cort ahora les pregunta a los otros padres si tienen marihuana en la casa. Sujata Fretz, doctora en Denver, dice que ya ha tenido que hablar con su hijo de 13 años sobre cómo ha proliferado la industria de la marihuana.

“Me vi obligada a hablar con mis hijos porque es un asunto más público y evidente”, explicó Fretz. “No puedo limitarme a decir ‘Oye, las drogas son malas’, cuando es legal y hay tiendas que las venden. Me propongo lograr que no consuman la marihuana”.

Nada es 100 por ciento seguro’

Las cifras parecen claras: la cantidad de habitantes de Colorado que fuma la droga es casi el doble de la cifra para el resto de Estados Unidos. El número de adultos que consumen marihuana ha ido aumentado poco a poco desde la legalización.

Ahora, la batalla entre los que apoyan la legalización y sus detractores se centra en si el mayor consumo de marihuana está siendo nocivo para la salud. Es una pregunta muy consecuente para la que Andrew Monte, doctor especializado en toxicología médica y urgencias e investigador de la Universidad del Hospital de Colorado, está en la vanguardia: se dedica a intentar descifrar qué dicen los números.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Los dispensarios legales han ido en aumento en el estado. CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times
Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
El crecimiento de dispensariosHace unos años, los negocios de marihuana estaban concentrados en las grandes ciudades o autopistas. Ahora están apareciendo en zonas rurales también.

Los datos de hospitales analizados por Monte y otros indican que más gente llega ahora a las salas de urgencias por motivos relacionados con la marihuana. Él ha tratado a muchas de esas personas. Algunos de estos pacientes son consumidores muy frecuentes de marihuana que presentan vómito severo. Otros son niños que han consumido marihuana comestible, ya sea accidentalmente o no. Llegan a la sala de urgencias desorientados, deshidratados o con alucinaciones tras consumir marihuana en exceso.

“Hay una desconexión con lo que se propuso como una droga totalmente segura”, explica Monte. “Nada es 100 por ciento seguro para su uso”.

Sin embargo, ninguna de las visitas a las salas de urgencias a las que los investigadores de estudios recientes han dado seguimiento acabó en la muerte del paciente. Además, Monte, quien ha tratado y estudiado muchos casos de cannabis, dice que miles de habitantes de Colorado consumen marihuana a diario de manera segura.

Un granjero jubilado del sur de Colorado usa marihuana en forma de ungüento para sus pies adoloridos. Gracias a ella, una mujer en Denver superó las náuseas y el dolor tras una mastectomía doble y la quimioterapia. Los veteranos de combate han logrado utilizar cannabis como tratamiento para estrés postraumático. Los niños la consumen en casos graves de convulsiones. Alli Fronzaglia, quien dirige un grupo de senderismo para mujeres, la usa para relajarse antes de ir a la cama.

“No está sembrando el caos”, afirmó. “Hay gente que consume este producto de manera responsable en Colorado”.

Los efectos de legalizar la marihuana en Estados Unidos, cinco años después
Wanda James y Scott Durrah fuerin las primeras personas negras en obtener una licencia de venta en todo Estados Unidos, para su dispensario Simply Pure, ubicado en Denver.CreditBenjamin Rasmussen para The New York Times

Stephanie Angell, de 63 años, solía pensar que ella era una de esas personas. Comenzó a fumar bastante todos los días tras enterarse de que tenía esclerosis múltiple en 2014. Comenzó a fumar al levantarse, y luego optó por consumir extractos más densos y ambarinos que ofrecen mayores concentraciones del compuesto psicoactivo THC. Angell dijo que varios dispensarios tienen ofertas como los “Miércoles de productos consumibles”.

Con el tiempo, dijo Angell, comenzó “a fumar mañana, tarde y noche”.

En comparación con las 72.000 muertes por sobredosis en Estados Unidos en 2017, con los delitos y las pérdidas ocasionados por la crisis de opioides, los consumidores de la marihuana dicen que la adicción al cannabis puede parecer demasiado inocua para siquiera llamar la atención. Los datos de salud estatal en Colorado no han mostrado un aumento repentino de pacientes que busquen tratamiento contra la adicción a esta sustancia.

Sin embargo, Angell mencionó que su hábito dejó su vida vacía: perdió interés por la costura y sus otros pasatiempos; dijo que sentía la necesidad constante de fumar incluso antes de ir al cine o a cenar.

Angell sigue apoyando la legalización, pero ella y otros consumidores muy frecuentes dicen que los riesgos de la dependencia a la marihuana son reales y están siendo ignorados a medida que la marihuana médica y recreativa se extiende por Estados Unidos; ya está vigente en alguna modalidad en 34 de los 50 estados. Aunque los esfuerzos de legalización fracasaron en las boletas de este año en estados como Nueva Jersey y Nueva York, Illinois se convirtió a finales de junio en el undécimo estado en legalizar el cannabis para fines recreativos.

“Hay una negación”, comentó Angell. “Se trata de una adicción muy pero muy sutil”.

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“Todo causa cáncer”: guía para entender y evaluar los riesgos

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SANTIAGO CAMPILLO

A la hora de hablar sobre el cáncer, el desconocimiento toma rápidamente el control. Es bastante sencillo caer en la alarma y malinterpretar los mensajes. En ocasiones la culpa no es del sensacionalismo, sino de la falta de transparencia en la información.

Hablar del cáncer siempre es difícil. No existe una enfermedad como tal llamada cáncer, sino un complejo conjunto de patologías producidas por el descontrol de los tejidos. Esto lo enreda todo muchísimo, especialmente si tenemos en cuenta los miles de factores que lo provocan. Pero, ¿qué importancia tienen estos factores? ¿Todos valen lo mismo? ¿De qué manera nos afectan? Hoy vamos a enfrentarnos a estas preguntas.

La enfermedad llamada “cáncer” no existe

A pesar de que necesitamos la licencia coloquial de llamar cáncer a todas las patologías asociadas a los tumores, en realidad el cáncer no es una enfermedad, sino miles de ellas. Cada cáncer se diferencia de los demás en muchas cosas. La naturaleza de las mutaciones, la manifestación molecular en las células, el comportamiento de estas o la capacidad de resistir los tratamientos son solo algunas de las cuestiones que determinan si es un cáncer u otro.

Pero volvamos a lo que nos interesa. Muchos de estos tipos de cáncer están determinados por otra cuestión: los factores que los promueven. Por desgracia, vivir es el mayor factor causante de cáncer. No lo decimos con tono de chanza. Los factores promotores pueden ser internos, asociados al metabolismo y a nuestro material genético.

Por otro lado, los factores externos afectan, muchas veces, a esos factores internos de manera indirecta, provocando un cáncer a largo plazo. Otras veces un cáncer no desarrolla una enfermedad letal, sino que se queda en meros tumores benignos o remite de forma espontánea en casos casi milagrosos. En definitiva, estas pinceladas solo pretenden introducir un tema que, por lo monstruosamente grande que resulta, es muy difícil de abordar.

¿Qué es el riesgo de padecer un cáncer?

Ahora vayamos al punto primero. ¿A qué llamamos riesgo de padecer cáncer? Lo primero y más importante, y que hay que tener clarísimo: riesgo es igual a posibilidad, pero jamás es lo mismo que garantía. El ejemplo más claro es que todos tenemos riesgo de sufrir un accidente de coche si conducimos, si montamos en bici, si salimos a la calle, si montamos en autobús…

Los cálculos del riesgo de cáncer y de otras enfermedades se determinan mediante el estudio de grandes grupos de personas. Esto se hace midiendo la probabilidad de que un grupo contraiga cáncer en determinado periodo de tiempo. El riesgo puede ser absoluto o relativo. El absoluto se refiere a la posibilidad o la probabilidad numérica real de padecer cáncer durante un período específico.A veces hablamos de probabilidades absolutas y relativas sin distinción, y no significan lo mismo, ni ninguna de ellas es garantía de padecer la enfermedad

El relativo consiste en una comparación o proporción entre dos factores distintos. Es importante entender que el relativo solo muestra la relación entre dichos factores. No es lo mismo que una persona tenga un 50% de probabilidades de sufrir un tipo de cáncer que un factor aumente un 90% las probabilidades de sufrirlo. En este último caso, la probabilidad relativa (el 90%) sería sobre la probabilidad absoluta.

Imaginemos que la probabilidad absoluta, en esta ocasión, es del 2%. Un 90% de la probabilidad relativa sobre este 2% quiere decir que, en realidad, es solo un 1,8% del valor absoluto. Esto es importante porque a veces hablamos de estos tipos de probabilidades sin distinción, y no significan lo mismo. Además, recordemos que probabilidad no es igual a certeza, y que las probabilidades no son aditivas, normalmente. Esto quiere decir que una probabilidad del 50% no se suma a otra del 2%, etc. Son probabilidades independientes entre sí, por lo que no se pueden asociar excepto en contadas excepciones.

¿Cuáles son los factores que pueden provocar un cáncer?

Cuanto más sabemos, más claro tenemos que los hábitos de vida son determinantes en la posibilidad de sufrir un cáncer. Esto es, que cierto estilo de vida aumenta su probabilidad (de nuevo, no la garantiza), y otros la disminuyen. Así, sabemos a ciencia cierta que fumar aumenta las probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón, boca, esófago… y que el consumo excesivo de alcohol también aumenta la probabilidad de que se produzca un cáncer de hígado, estómago, colon…

A todos estos factores se les denomina factores externos. Dentro de estos están prácticamente el 100% de los que los medios de comunicación nos hacemos eco, ya que afectan directamente a nuestros hábitos. Estos factores pueden provocar una mutación en las células o producir un problema metabólico que termine propiciando las probabilidades de sufrir un cáncer.

Para que uno de estos factores sea capaz de producir un cáncer, debe producir entre cuatro y seis mutaciones en las células. Algunos estudios han ampliado este rango de uno a diez. Normalmente, en las probabilidades de sufrir un cáncer provocadas por estos factores externos ya se contemplan el resto de factores: si la sustancia penetra, si actúa sobre el ADN, si persiste, si es capaz de provocar la mutación, si el sistema de reparación del ADN no es capaz de solucionarlo… Pero esto no es tan sencillo.

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En otras ocasiones nos basamos en pistas e hipótesis. A veces solo en pesquisas y disparos de ciego. En estos casos se hacen pruebas con modelos animales y estudios clínicos tratando de relacionar uno de estos factores externos (sustancias, alimentos, hábitos) con una probabilidad. En muchos de estos casos las estadísticas son relacionadas, pero no determinantes. No siempre se puede encontrar una relación directa, también conocida como causal (de causa), sino que tenemos que conformarnos con una correlación: hay algún tipo de relación entre el cáncer y el factor, pero no sabemos cómo funciona.

Esto puede ser bueno o malo. Bueno porque nos permite estar atentos a los posibles peligros de este factor. Malo porque podría levantar la alarma sobre una sustancia por culpa de una relación que es puramente casual (de casualidad). De hecho, esto pasa muy a menudo. Además, para poner las cosas más complicadas, luego está ese aforismo que dice “el veneno está en la dosis”. Y es que una sustancia, per se, no siempre está relacionada con la probabilidad de sufrir un cáncer, sino que depende de la cantidad y la forma de administrar dicha sustancia.

Cómo evaluar una sustancia supuestamente cancerígena

Si vamos al supermercado nos enfrentaremos un montón de supuestos factores externos capaces de elevar nuestras probabilidades de padecer un cáncer. ¿Cómo evaluamos el peligro correctamente? Todo lo que hemos hablado hasta el momento parece muy complicado: probabilidades, factores externos, relaciones causales… para simplificar lo imposible, existen numerosos comités científicos y varias entidades dedicadas en cuerpo y alma a resumir esta información.

Y resumir es la palabra adecuada porque para hacerlo necesitan años (más de una década normalmente) de experimentos y revisiones de la literatura científica para obtener, finalmente, un veredicto sobre la sustancia que se evalúa. Entre dichas entidades destaca el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, o IARC por sus siglas en inglés.

Este organismo intergubernamental forma parte de la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas. Es el máximo exponente en esta materia y tiene una lista a la que todo el mundo hace referencia y se toma como piedra de toque para evaluar la seguridad de las sustancias en cuanto al cáncer. Esta lista se divide en grupos, del 1 al 4, y subdividiendo el grupo dos en A y B.

Ante una sospecha o alarma social, o bien ante una nueva evidencia científica, se reúne un comité de expertos que indican la necesidad de evaluar una sustancia concreta. Entonces se disponen grupos de trabajo que revisan todos los estudios existentes sobre un tema y analizan su validez y sus implicaciones. Esto, por ejemplo, es lo que ocurrió recientemente con la carne roja. Tras llegar a un consenso, el comité del IARC etiqueta la sustancia en uno de estos grupos que comentábamos.

¿Cómo funcionan los grupos de IARC?

El grupo 1 etiqueta a una sustancia como carcinogénica, es decir, que sabemos a ciencia cierta que exponernos tiene ciertas probabilidades absolutas de producir cáncer. Volvamos al principio del artículo y recordemos que la probabilidad absoluta habla de posibilidades, no de garantía. Así, el alcohol y el tabaco están en el grupo 1, junto al benceno, el amianto, el formaldehído o la luz del sol.

Y están en este grupo porque sabemos a ciencia cierta que exponernos a ellas tiene un riesgo de padecer cáncer. También hay que tener en cuenta que no tienen la misma probabilidad absoluta de producir un cáncer el tabaco y el amianto, por ejemplo, y eso sin hablar de cantidades. Aunque ambos estén en el grupo 1, es mucho más peligroso fumar, en números totales, que estar expuesto al amianto.

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El grupo 2 se divide en 2A y 2B. El 2A es el grupo de los “probablemente” carcinógenos, y aquí se engloban aquellas sustancias para las que hay evidencia limitada para seres humanos (en otras palabras, hay sospecha pero no hay evidencia alguna) pero sí que existen pruebas confirmadas en animales de experimentación. El grupo 2B también reúne a las sustancias de las que se sospecha pero, a diferencia del 2A, no hay, ni siquiera, evidencia en animales de experimentación.

Dicho esto, hay que recordar que un modelo animal no siempre es extrapolable a seres humanos. En otras palabras, que no podemos decir que porque existan pruebas en animales una sustancia vaya a ser cancerígena en seres humanos (y viceversa). El grupo 3 engloba a las sustancias cuya evidencia indica que no es posible clasificarlas como un agente cancerígeno, por el momento, y el grupo 4 aquellas para las que existen que demuestran que no hay asociación con el cáncer.

Entonces, lo que está en el grupo 2, ¿es cancerígeno?

No. Las únicas sustancias que podemos decir que son cancerígenas son las del grupo 1. Todas las del grupo 2 podemos decir que son seguras, pero que han de tomarse con moderación, especialmente las del grupo 2A, y no son peligrosas. Esto, sin embargo, se ha malinterpretado una y otra vez en el acervo popular.Las sustancias del grupo 2 “no son cancerígenas”, existe alguna sospecha, pero ninguna evidencia de que supongan un problema, por eso se aconseja exponerse a ellas con moderación

El grupo dos solo habla de sospechas, más o menos infundadas, pero jamás de evidencia clara, que solo corresponde al grupo 1. Esta clasificación viene de la mano del principio de precaución, que sacado de contexto da a muchos malentendidos. Si tenemos en cuenta que el grupo 2 solo habla de sospechas de la posibilidad de que, en algunos casos, estas sustancias puedan estar relacionadas con el cáncer… entenderemos que “decir que estas sustancias son cancerígenas” es una irresponsabilidad.

El problema de esta clasificación, que ya hemos dicho que es la más importante, es evidente: no es nada clara ni específica. Mete en un mismo saco al café, a la limpieza en seco y al combustible diésel, o a la carne con el trabajo de peluquería o el petróleo refinado. Sin embargo, nunca habla de probabilidades absolutas, a pesar de la alarma que genera.

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A pesar de los esfuerzos de la OMS por aclarar los informes sobre sustancias, los medios y la población malinterpretan constantemente la clasificación del IARC. Si queremos determinar qué riesgo tiene una sustancia de ser cancerígena, no podemos limitarnos solo a estas listas, sino que tendremos que buscar información concreta sobre las estadísticas y probabilidades absolutas (algo que no siempre es sencillo).

Pero si solo nos basamos en las recomendaciones del IARC, lo que debemos hacer es leer los informes del organismo, unas hojas sencillas donde se explica todo lo referente a la evaluación. Como nota general, es bueno recordar que lo mejor es evitar, en la medida de lo posible, lo contenido en el grupo 1 y exponernos con moderación al grupo 2; sin obsesionarnos y comprendiendo que el tema es mucho más complejo de lo que una lista será jamás capaz de reflejar.

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Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

SANTIAGO CAMPILLO

Seguro que has oído hablar en más de una ocasión de los peligros del “efecto rebote”, siempre asociado a las dietas, especialmente a las llamadas milagro. Este fenómeno ocurre cuando la pérdida de peso es rápida y desproporcionada.

La consecuencia inmediata es una recuperación repentina de peso debida a una peor gestión metabólica de la energía. La culpa la tiene, precisamente, nuestra capacidad homeostática, diseñada para protegernos y sobrevivir ante los cambios bruscos que podrían provocar un problema.

¿Qué es el efecto rebote y cómo funciona?

Si de pronto decidieras perder peso a lo bestia, probablemente lo podrías conseguir de manera relativamente sencilla (sufrida, pero sencilla). Una restricción calórica brutal, pero medida para que no suponga un problema de salud, sería una buena solución. En un mes podrías perder decenas de kilos. 15 por ejemplo.

No hablamos por hablar: esto mismo lo pudimos ver en el programa The biggest losser donde sus participantes se deshacían de cientos de kilos en un año. La edición de 2009 del programa sirvió para evaluar una cuestión más importante que la propia pérdida de peso: la salud de los participantes. Años después de terminar, se estudió la evolución de los participantes y se observó este temido efecto rebote en todo su esplendor: algunos de ellos, a pesar de llevar dietas restrictivas, habían recuperado hasta la mitad del peso perdido, o más.

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El efecto rebote es un fenómeno que ocurre tras la pérdida súbita de peso y consiste en la recuperación del mismo debido un cambio (o más bien a un problema con el cambio) metabólico. Lo que ocurre, grosso modo, es que el metabolismo basal se desploma, lo que quiere decir que, al inducir el déficit de calorías, el cuerpo comienza a gastar menos. Es una medida de defensa.

También lo hacen los niveles de leptina, que es la hormona encargada de regular la saciedad (entre otras cosas), para asegurar que la ingesta no se volvía peligrosamente baja. Estos cambios, puntualmente, no tienen problema. Pero ante una pérdida de peso drástica, producida durante varios meses, tiene consecuencias muy negativas. El problema principal, según se observó, es que si el metabolismo basal y la producción de leptina bajan mucho con la pérdida de peso rápida, no aumentan hasta sus niveles normales a medida que se va ganando peso.

¿Qué consecuencias tiene el efecto rebote?

El problema que esto supone está claro: las kilocalorías ingeridas, entonces, son almacenadas más eficientemente, al tener un metabolismo más lento, y encima nos saciamos menos. Como consecuencia el cuerpo engorda más y más rápido que antes de comenzar la dieta y se recupera fácilmente gran parte de lo perdido.

En otras ocasiones, no solo se recupera sino que se gana más peso. El problema, simplificándolo mucho, es la velocidad a la que se hace, que no permite que el cuerpo, acostumbrado a resistir las condiciones externas con vistas a sobrevivir, se adapte. Pero esto también tiene algunas consecuencias desagradables para nuestra salud.

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Por ejemplo, a los cambios recurrentes de peso se le asocia una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o, llanamente, de morir. Los estudios realizados hasta la fecha son observacionales, pero todas las evidencias apuntan a las mismas conclusiones: subir y bajar rápidamente de peso no es bueno para la salud.

Cambiar de hábitos va más acorde con tu metabolismo

Regular nuestro peso es una cosa saludable. Hasta aquí todo bien.** El matiz entre perder peso y regular el peso, sin embargo, es muy importante**. Para poder regular nuestro peso, adecuarlo a un metabolismo coherente con nuestras necesidades, nuestros hábitos y nuestra actividad física, necesitamos tiempo.

Por otra parte, lo único que podemos controlar en esta “ecuación” es nuestro estilo de vida. De todo lo anterior, lo que más determina nuestro metabolismo es cómo comemos, qué comemos y qué actividad física realizamos. Pero claro, cambiar estos hábitos no servirá de nada si lo hacemos de manera súbita o de forma intermitente.

En otras palabras, una dieta puntual, o un sistema para adelgazar que no sea alargado en el tiempo, y que no permita una adherencia, tendrá consecuencias pobres o hasta negativas. El efecto rebote es el primero de ellos, pero no el único, como hemos visto. Lo más saludable y positivo es adaptar nuestra vida a metas y objetivos a largo plazo, con la intención no de adelgazar, sino de hacer un cambio fundamental y duradero.

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