15 FORMAS EN QUE LA VIDA CAMBIA CUANDO DEJAS DE BEBER ALCOHOL EN EXCESO

ALGUNOS DE LOS EFECTOS QUE EXPERIMENTA LA MAYORÍA DE QUIENES DECIDEN DEJAR DE BEBER EN EXCESO.

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La relación entre el alcohol, el ser humano y la sociedad no es sencilla de clarificar. El alcohol ha estado presente en la cultura desde tiempos remotos y desde cierta perspectiva puede decirse que incluso que se trata de un producto de la civilización. 

En parte es a causa de dicha antigüedad que el alcohol tiene un margen amplísimo de tolerancia social. A pesar de sus efectos nocivos en la salud personal y pública, el consumo de alcohol se mira como un hábito “normal”, cotidiano, que se sanciona escasamente.

Por supuesto el alcohol no es en sí mismo un problema. En un pasaje de Las bodas de Cadmo y Harmonía en que Roberto Calasso comenta la invención del vino según la mitología griega, no duda en decir de la ebriedad que “era justamente lo que le faltaba a la vida, lo que la vida esperaba”. ¿Por qué? En buena medida porque un poco de alcohol aligera la vida, vuelve por un momento más asible algo que inicio nos parece confuso o enigmático. 

El problema, sin embargo, es el exceso, como también han señalado una miríada de filósofos y pensadores desde tiempos inmemoriales. Es en el exceso del consumo de alcohol donde todas sus virtudes posibles se convierten en calamidades, y entonces el don y el regalo se transforman en una maldición.

Es desde esa perspectiva que compartimos ahora este listado, que tiene como inspiración un texto aparecido hace unos días en el sitio Walking Times. Grosso modo, se trata de una serie de efectos positivos que constata la mayoría de las personas que dejan de beber, algunos a las pocas semanas de tomar dicha decisión y otros a un plazo más prolongado. Pero, en todos los casos, efectos instalados en el bienestar general.

1. Mejora general en la salud física

El primer gran efecto que notan prácticamente todas las personas que dejan de beber alcohol es una mejora general en su salud. Pérdida de peso, mejor aspecto de la piel, noche de sueño profundo y reparador y una mejor salud digestiva son algunos de los efectos a corto plazo, mientras que a mediano y largo plazo el corazón, el hígado y el cerebro son los órganos más beneficiados.

 

2. Mejora en la salud mental

Cuando se bebe en exceso, tomar la decisión de dejar hacerlo es ya un reflejo de la voluntad de mejorar (de la pulsión de vida ganando terreno frente a la voluntad de autodestrucción, para decirlo en términos freudianos). Pero dicho impulso no se detiene ahí. Otras circunstancias de orden psicológico como la ansiedad o la depresión también se transforman, particularmente en aquellas personas en las que el consumo del alcohol es un síntoma de una condición subyacente.

 

3. Menos gastos innecesarios

El consumo de alcohol está asociado típicamente con un gasto irracional del dinero, de ahí que detener esa conducta tenga efectos también en las finanzas personales. Este es otro de los cambios que las personas que dejan el alcohol notan casi inmediatamente en sus vidas.

 

4. Un mejor empleo del tiempo

Usualmente el consumo desmedido de alcohol requiere un gasto considerable de tiempo, de entrada por el tiempo dedicado a la bebida en sí como, después, a la recuperación física que implica beber en exceso. Dejar de beber cambia eso por completo y es común que ese tiempo termine usándose de manera más provechosas para uno mismo.

 

5. Un mejor entendimiento de uno mismo 

En el marco de la subjetividad, el consumo de alcohol a veces sirve para enmascarar condiciones de uno mismo sobre las cuales se tiene poco conocimiento personal. Así, hay quien bebe, por ejemplo, para animarse a hablar con desconocidos en una fiesta, para bailar, para bromear, etc. En pocas palabras, para vencer circunstancias como la timidez, la ansiedad, el aburrimiento u otras. Sin embargo, la tarea existencial del ser humano es más bien conocer que engañarse, es decir, preguntarse la razón y las causas de dichas dificultades para así poder sobreponerse a ellas. Dejar de beber también es una oportunidad para observarse, conocerse y cambiar aquello de uno mismo que el alcohol parece cambiar.

 

6. Una mejor aceptación de uno mismo

En el sentido del punto anterior, un mejor conocimiento de uno mismo casi siempre conduce a la aceptación de quien se es, no a manera de resignación, sino de comprensión.

 

7. La vida se hace menos problemática

Con cierta frecuencia, el alcohol trae problemas a la vida. Financieros, de relaciones personales, con el trabajo y las responsabilidades en general, de salud, con el manejo del tiempo y más aún, la mayoría de los cuales, cuando se observan en retrospectiva, se revelan innecesarios, gratuitos y fáciles de evitar. En ese sentido, detener el consumo excesivo de alcohol es también poner un freno a todo ello. 

 

8. Se vive con menos arrepentimientos 

¿Cuántas veces, al despertar luego de una borrachera, te has arrepentido de algo que dijiste o hiciste? Pues bueno, dejar de beber también desaparece esa sensación de tu vida.

 

9. Experimentas de otra manera las adicciones

La adición es un patrón de conducta que encuentra en el alcohol una de sus expresiones, que en realidad pueden ser muchísimas. Entender por qué estás enganchado (a) al alcohol, qué sucede cuando lo dejas y cómo cambia tu vida después de ello también tiene como efecto entender mejor los patrones que te llevan a tener una conducta adictiva.

 

10. Vives de otra manera las relaciones personales

Como si se tratase de una criatura con voluntad propia, la adicción al alcohol suele encontrar sus propias formas de aferrarse a la existencia de una persona, y una de ellas son las relaciones personales. Con frecuencia, quien bebe en exceso suele encontrar a las personas con quienes validar su comportamiento, esto es, amigos o compañeros con quienes igualmente puede beber y con los cuales no sentirá cuestionada su conducta. Sin embargo, cuando la adicción se detiene, también se revela el valor verdadero de dichas relaciones.

 

11. Y las conversaciones…

¿Alguna vez has estado sobrio en compañía de personas que están ebrias? Salvo ciertas excepciones, suelen ser momentos incómodos, pues es posible observar hasta qué punto el alcohol puede hacer a alguien testarudo, superficial o incoherente.

 

12. Puedes adquirir una mejor comprensión de la naturaleza humana

Siguiendo el ejemplo anterior, una observación objetiva de la ebriedad revela también otra cosa: la fragilidad del ego humano, el temor en el que viven la mayoría de las personas y el esfuerzo mayúsculo que muchos hacen por aparentar que son más o mejores de lo que creen que los demás piensan de ellos. No es casual que bajo el influjo del alcohol numerosas personas peleen, se enganchen en discusiones estúpidas o parezcan tener la “valentía” de la que carecen en sobriedad.

 

13. Y del entorno en el que nos encontramos…

El alcoholismo no surge de la nada. Existe una compleja red de significantes sociales y culturales por la cual una persona cree encontrar en el alcohol la respuesta a preguntas subjetivas que toca su existencia. Ese no es el mejor lugar para buscar, en efecto, pero la cultura le hace creer que sí. La publicidad, la romantización artística de la bebida, la tolerancia social: esos son algunos de los factores por los que alguien puede llegar a creer que beber alcohol le dará las respuestas que está buscando.

 

14. Aprendes a tomar decisiones en función de tu bienestar

Cuando dejas de beber por voluntad propia, es más fácil tomar otras decisiones orientadas a tu bienestar personal. En tu comida, por ejemplo, en el tiempo que dedicas a alguna actividad física, al uso que das a tu dinero, etc.

 

15. Adquieres una mejor experiencia de vida

En el sentido del punto anterior, la elección de dejar de beber alcohol conduce en general a una mejor experiencia de vida, pues ésta se vive más bien desde el entendimiento y no desde el efecto alterado de conciencia al que llevan las bebidas alcohólicas. La conversación que se tiene con una persona, la atracción sexual, la coordinación del cuerpo, la idea de uno mismo: todo ello pasa ahora por el filtro de la conciencia, de aquello que has aprendido de ti mismo y de la perspectiva que tienes sobre la vida.

 

BONUS: En el proceso, has aprendido a tomar conciencia de tu vida

La toma de conciencia es un proceso amplio por el que una persona puede arribar por distintas vías, pero sin duda la decisión de dejar de beber es una de ellas. Como hemos expuesto a lo largo de esta nota, dejar el alcohol (o cualquier otra adicción) es en general un movimiento subjetivo que demuestra el deseo de aprovechar realmente la existencia, lo cual, paradójicamente, no muchas personas parecen estar dispuestas a hacer. Como dijera Oscar Wilde, la mayoría se conforma con vivir apenas, sin darse cuenta de que la existencia es una oportunidad única para hacer muchísimas cosas.

 

En la medida en que el alcohol es un factor capaz de detener y obstruir el desarrollo integral del ser humano, ¿no valdría la pena interrogar el lugar que le damos en nuestra vida?

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El efecto de las emociones en el corazón

El efecto de las emociones en el corazón

CreditStuart Bradford para The New York Times

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Hace un siglo, el científico Karl Pearson tuvo un hallazgo peculiar mientras observaba las lápidas en cementerios: los cónyuges usualmente fallecían un año después del otro.

Aunque no fue algo muy comentado en ese momento, los estudios muestran que el estrés y la desesperanza pueden afectar de manera significativa la salud, sobre todo la cardiaca. Uno de los ejemplos más claros es la miocardiopatía de takotsubo, apodada síndrome de corazón roto, en el que la muerte de una pareja, las preocupaciones financieras o algún otro evento emocional debilita el músculo con síntomas similares a los de un infarto. El peso emocional hace que el corazón quede en una forma similar a la de una vasija japonesa llamada takotsubo: una base ancha y un cuello angosto.

Ese vínculo entre nuestras emociones y nuestra salud cardiaca es el tema del libro Heart: A History (El corazón: una historia) del doctor Sandeep Jauhar. El cardiólogo estudia la historia de la medicina cardiovascular y de los avances tecnológicos en esta, desde la operación a corazón abierta hasta el desarrollo de corazones artificiales. Aunque esas innovaciones cardiacas han sido destacables, Jauhar argumenta que los estudios cardiológicos necesitan enfocarse más en los factores emocionales que pueden tener influencia en el desarrollo de padecimientos cardiacos, como vivir en la pobreza, el estrés laboral o relaciones amorosas y familiares infelices.

“Creo que los avances tecnológicos continuarán”, dijo. “Pero la gran frontera no explorada es dedicar más recursos a revisar la intersección del corazón emocional y el corazón biológico”.

El interés de Jauhar en el tema surgió con su propia historia familiar con padecimientos cardiacos, que resultaron en la muerte de varios familiares. Cuando era niño escuchó historias como la de su abuelo, quien falleció de manera imprevista a los 57 años por un paro cardiaco tras toparse con una cobra negra en India. A Jauhar desde entonces el corazón se le hizo tanto fascinante como terrorífico, aún más cuando a él le detectaron bloqueos arteriales pese a su vida de ejercicio regular y alimentación saludable. “Me imaginaba con miedo cómo el corazón era el verdugo de los hombres en su plenitud”, dijo.

El corazón es tanto una máquina biológica relativamente sencilla como un órgano vital que muchas culturas piensan alberga el alma. Es símbolo de romance, de tristeza, sinceridad, temor y hasta de valentía. El corazón, cuyo nombre proviene del latín cor, es una bomba que hace circular la sangre; el único órgano que puede propulsarse solo, con un promedio de tres mil millones de pulsos durante la vida de una persona y con la capacidad para vaciar el contenido de una piscina en el plazo de una semana.

En el libro, Jauhar cuenta la historia de los primeros doctores intrépidos que fueron pioneros de las operaciones cardiovasculares a finales del siglo XIX, que empezaron a usar hilo y aguja para reparar heridas antes de rápidamente suturar para evitar que el paciente se desangrara. Otros procedimientos más complicados requirieron del desarrollo de maquinaria especializada; los cirujanos necesitaban un aparato que pudiera hacer el trabajo del corazón de modo que pudieran detener a este temporalmente para reparar cuestiones más complicadas, como defectos congénitos y problemas crónicos.

El doctor C. Walton Lillehei desarrolló la circulación cruzada controlada, procedimiento en el que el paciente era conectado a una segunda persona cuyo corazón y pulmones bombeaban y oxigenaban la sangre durante intervenciones tardadas (Lillehei practicó con perros antes de usarlo en humanos, en 1954).

Algunos de los pacientes de Lillehei sobrevivieron; otros desarrollaron infecciones y diversas complicaciones. Pero su trabajo permitió el invento de la máquina de corazón-pulmón, o aparato de bomba extracorpórea, que hoy se usa en más de un millón de operaciones mundiales cada año. Desde entonces han surgido muchos más procedimientos, como el baipás, y aparatos que se implantan.

Es decir, la medicina cardiovascular se ha desarrollado precipitadamente, aunque hoy en día no hay suficientes estudios sobre el papel que tiene la salud emocional, a decir de Jauhar. El médico habla sobre el primer gran estudio, el Framingham, realizado en Estados Unidos desde 1948. Con este se logró identificar factores de riesgo importantes como el nivel de colesterol, la presión sanguínea y el fumar. Los investigadores consideraron en un inicio revisar determinantes psicosociales, pero al final se enfocaron en cuestiones más fáciles de medir.

“De ahí salieron los factores de riesgo que conocemos y tratamos”, dijo Jauhar. “Lo que eliminaron del estilo fueron los temas de disfunción emocional o salud en pareja”.

Eso fue un error, asegura el doctor. Desde entonces otros estudios aparte han demostrado que la gente que se siente aislada o padece estrés crónico debido al trabajo o sus relaciones es más propensa a tener paros cardiacos y apoplejías. Jauhar ahora insta a las autoridades de salud a que tomen en cuenta el estrés emocional como un factor de riesgo en las cardiopatías. Sin embargo, es más sencillo enfocarse en el colesterol.

De hecho, algunos estudios señalan que los médicos les dan un promedio de once segundos a sus pacientes para que expliquen por qué están en consulta antes de interrumpirlos. Desde que escribió el libro, Jauhar ha valorado más que los pacientes puedan hablar sobre los temas que los aquejan para entender mejor sus vidas emocionales. También ha intentado impulsar nuevos hábitos para reducir el estrés, como el yoga y la meditación. Él se ejercita diariamente, pasa más tiempo con sus hijos y se relaciona más con sus pacientes desde que descubrió su propio padecimiento cardiaco.

“Estaba tan enfocado en la competencia por logros que en realidad me estaba poniendo a mí mismo en una posición de mucho estrés”, dijo. “Ahora pienso en cómo vivir de manera un poco más saludable, de estar más relajado. También tengo mejores vínculos con mis pacientes y con sus temores sobre su corazón”.

https://www.nytimes.com/es

‘Espermagedón’: por qué vuelven a sonar las alarmas sobre el esperma del hombre occidental

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En los últimos 30 años el número de espermatozoides en nuestro semen está decayendo, según advierten algunos expertos. Esto ha levantado un revuelo a lo largo y ancho del mundo: ¿está nuestro semen en peligro? La capacidad reproductiva se encuentra en el punto de mira. Según las peores previsiones, estamos ante el inicio del fin de la especie humana. Hay quien culpa a los plásticos, otros a la alimentación o, incluso al exceso de porno. Pero, ¿realmente hay razones reales para ser tan dramáticos?

El semen ya no es lo que era

Desde hace apenas tres décadas, nuestro esperma ha bajado significativamente su calidad. Así lo mostraba el metaanálisispresentado por la Hebrew University-Hadassah, el pasado julio de 2017. No son los primeros en advertirlo, pero sí en presentar un estudio tan extenso. Un metaanálisis que recoge cientos de estudios y los analiza en busca de un resultado. En esta ocasión, los investigadores trataron de confirmar los indicios de que nuestras gónadas no están funcionando bien.

Según los estudios, 185 nada menos, realizados entre 1973 y 2011, la calidad del semen ha descendido. Esta se mide gracias a varios factores: la motilidad espermática (es decir, cuánto se mueven los espermatozoides), la morfología (cómo son) y el recuento (cuántos hay por mililitro). Según los estudios, es el número de espermatocitos el que ha descendido.

Espermatozoide

Si alcanzamos los 15 millones, o menos, podríamos enfrentarnos a un serio problema de fertilidad

De los 99 millones de gametos(espermatozoides) por mililitro encontrados en los setenta hasta los 47 millones hallados en el siglo XXI hay un buen trecho. Y la tendencia es a la baja, lo que podría indicar un número cada vez menor a medida que pase el tiempo. Si siguiera la misma progresión, en 40 años el recuento podría llegar a cero.

Por el momento, la cifra no es preocupante: con casi 50 millones de espermatozoides por mililitro todavía estamos muy por encima de lo que se considera “bajo recuento espermático”. Pero si alcanzamos los 15 millones, o menos, podríamos enfrentarnos a un serio problema de fertilidad. La pregunta que nos acecha ahora es, ¿qué está pasando?

Alimentación, plásticos y porno

Sí, hemos comprobado que estamos perdiendo calidad reproductiva masculina. ¿Pero, por qué? No lo sabemos. Por el momento, esto es un auténtico misterio. No existe ni una sola prueba que apunte a un culpable. Tal vez porque no lo hay. Sin embargo, las especulaciones ya están en el aire. Así, hay quien cree que el culpable es el exceso de plástico. El plástico, explican algunos investigadores, puede hacer que llegue a nuestra dieta un número significativo de ftalatos.

Estas sustancias se emplean para darle flexibilidad a los plásticos. Cuando se calientan, estos pueden pasar a la comida, según explican los defensores de esta hipótesis. Los ftalatos provocarían varios problemas de salud, entre los que se encuentra el descenso de la calidad espermática. Otro posible problema está en la dieta: sabemos que, en parte, somos lo que comemos.
Plastic Bottles

Actualmente parece más difícil comer de manera saludable que hace 20 años

Actualmente parece más difícil comer de manera saludable que hace 20 años, por ejemplo. Esto podría estar relacionado con todo tipo de problemas de salud: obesidad, problemas metabólicos, enfermedades, cáncer… La consecuencia final afecta a nuestra capacidad reproductiva. Esto se debe a que el cuerpo necesita de todos los recursos disponibles para poder reproducirnos. Si algo no está bien (estamos sufriendo enfermedades, estrés o de cualquier otro problema fisiológico) nuestra capacidad reproductiva puede verse afectada.

¿Y qué hay del porno? Hay personas (y comunidades) que defienden que el porno y la masturbación están haciendo mucho daño a la fertilidad masculina. Según estas hipótesis, la cual no está recogida “oficialmente” en ningún sitio, la masturbación, con ayuda del exceso de porno, hacen descender los niveles de espermatozoides presentes en el semen. Esto, por supuesto, no es cierto. Los estudios indican que no importa (significativamente) las veces que nos masturbemos: esto no provoca infertilidad.

Calidad del semen y salud

Existe otro problema importante asociado a este tema: la calidad del semen. ¿No será, en realidad, un aviso de algo más global? Es decir, ¿no será que nuestra salud está en unos niveles peores que antes? Si nuestras gónadas están mal, esto podría ser la manifestación de un problema endocrino más complejo, que solo empieza a dar la cara ahora.

Por ejemplo, la exposición a estrógenos exógenos (hormonas femeninas que vienen de fuera, mediante la alimentación o la contaminación) podría ser el causante de varios problemas graves de salud. Entre ellos, problemas de infertilidad, según apuntan varios investigadores, pero también en el desarrollo fisiológico y metabólico. Estos estrógenos y precursores provendrían de la alimentación (carnes tratadas con hormonas, exceso de consumo de fitoprecursores como la soja, etc.).

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Un efecto similar podrían tener algunos pesticidas, imitadores de los estrógenos en nuestro cuerpo. Provocando todo tipo de interacciones metabólicas peligrosas para la salud. También existe cierto temor a que algunas sustancias médicas, provenientes de la depuración del agua ineficiente, alcancen nuestros grifos.

Esto ocurre, según explican los estudios, porque las depuradoras actuales no pueden filtrar todos los productos químicos médicos procedentes de las aguas de desecho. Por el momento, a pesar de que el número de estudios que trata de esclarecer este panorama es cada vez mayor, no existe un consenso claro. No sabemos qué efectos pueden tener todos estos fármacos, presentes de forma silenciosa, en nuestra dieta.

¿Vamos camino hacia la extinción?

En 2011 batíamos nuestro propio récord con 7.000 millones de almas sobre la faz de la Tierra. Mirando el panorama global, parece que la especie humana jamás ha sido tan prolífica. Sin embargo, los datos de crecimiento de la población mundial indican que desde los 70 ha ido en descenso. En contraposición a esto, los datos del CDC estadounidense indican que desde 2002 no hay una variación importante en el número de parejas clasificadas como no fértiles.

Mientras que algunos datos, incluyendo los de población y los de calidad espermática de los que hablábamos, indican que estamos viviendo una pérdida de fecundidad humana, nadie tiene claro por qué. Entre otras cosas, a los factores externos hay que añadirles los de comportamiento. ¿Qué pasa cuando una pareja no quiere tener hijos? ¿O si se espera hasta los 40 para tenerlo? En estos últimos años, la crisis económica, las expectativas laborales y otros factores sociales han retrasado o cambiado la decisión de tener hijos. Por otro lado, la fecundidad de una mujer (también la del hombre, pero más lentamente) desciende rápidamente con la edad, a partir de los 20 o 25 años.

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Mientras que algunos datos indican que estamos viviendo una pérdida de fecundidad humana, nadie tiene claro el porqué

Estos factores también afectan a las estadísticas que discutimos. En definitiva, no lo tenemos claro. Actualmente, apuntan algunos científicos, es imposible saber a ciencia cierta si de verdad estamos perdiendo fecundidad. Pongámonos en el peor de los casos: si cada vez fuéramos menos fértiles por lo que comemos o hacemos, ¿significa eso que vamos camino de la extinción? La respuesta es aún más difícil de contestar.

Una población no depende exclusivamente de factores externos. No es la primera vez que una especie se enfrenta a la extinción y vuelve a recuperarse. En el peor de los escenarios, ¿pasaría lo mismo con los seres humanos? Por otro lado, la tecnología está de nuestro lado. Por el momento contamos con técnicas cada vez más perfeccionadas de reproducción asistida. En última instancia, este sistema podría ayudarnos a mantener la población. Así que, a pesar de las malas noticias, nada nos hace pensar que nuestra fecundidad está condenada para siempre. Pero, de nuevo, esto solo es especulación, pues nadie puede saber qué le depara el futuro a nuestros espermatozoides.

https://www.xataka.com/medicina-y-salud/

EL “NO” A LAS DIETAS BAJAS EN CARBOHIDRATOS, EXPLICADO POR UNA NUTRIÓLOGA

Por Jessica Nasser

EL “NO” A LAS DIETAS BAJAS EN CARBOHIDRATOS, EXPLICADO POR UNA NUTRIÓLOGA

Una dieta que se ha puesto de moda en los últimos y que como nutrióloga no recomiendo por varias razones.

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, los carbohidratos son esenciales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, por lo que si no tienes resistencia a la insulina o un problema en específico que te prohíba consumirlos, no debes de seguir estas dietas que serán temporales. Esto quiere decir que sí veras cambios los primeros días y meses, pero lo que estás bajando es agua y eso no es permanente.

Razones por las que no recomiendo esta dieta:

  • No es una dieta a largo plazo que podrás seguir toda tu vida, por lo que cuando regreses a tu alimentación normal subirás de peso.
  • Te sentirás sin energía y de mal humor.
  • Las dietas bajas en carbohidratos te harán el metabolismo más lento y tendrás que comer menos. Si regresas a tu dieta habitual subirás de  peso.
  • Te la vivirás con antojos y romperás la dieta cada vez que puedas.
  • No ganaras músculo, solo te marcarás por unas semanas por la pérdida de agua. (Esta técnica la usan las modelos antes de unacompetencia, pero no es algo a largo plazo)
  • Podrías elevar tu acido úrico, triglicéridos, colesterol por una alta ingesta de grasa de proteína animal.

Tomen en cuenta estos puntos hagan de su alimentación un estilo de vida para que jamás tengan que estar a dieta.

Animal Gourmet · Comer, beber y saberlo hacer

¿Se pueden pillar gérmenes en un inodoro público?

Sentarse en la taza del WC no es tan arriesgado como parece. Mejor tenga cuidado con la cadena, el pomo de la puerta… ¡y el móvil!

Cada persona visita el cuarto de baño 2.500 veces al año de media
Cada persona visita el cuarto de baño 2.500 veces al año de media – Fotolia

A todos nos ha pasado: estar desesperados por ir al retrete y, tras una frenética búsqueda, cuando por fin conseguimos llegar a uno, encontrarnos con que el asiento del váter está cubierto de «gotitas» de la persona que lo ha usado antes. En esta desagradable situación, ¿qué deberíamos hacer? ¿«seguir adelante» y atenernos a las consecuencias, o adoptar la consabida e incómoda postura en cuclillas mientras hacemos nuestras necesidades?

El mundo es, en muchos sentidos, un planeta microbiano; y nosotros, como habitantes suyos, llevamos dentro nuestra propia selva microscópica, que intercambiamos tanto con el entorno que nos rodea como entre nosotros.

Los microbios son abundantes en todo el cuerpo humano, incluida la piel, la boca, los ojos, los órganos urinarios y genitales y el tracto intestinal. La mayoría de las personas porta alrededor de un quilogramo de microorganismos, los cuales se hallan en gran medida dentro del intestino y comprenden bacterias, hongos, levaduras, virus y, en ocasiones, parásitos.

Las investigaciones han demostrado que la materia fecal está compuesta en un 25-54% por los microbios procedentes del intestino. Las heces humanas pueden contener una gran diversidad de patógenos transmisibles: campilobácteres, enterococos, Escherichia coli, salmonela, Shigella, estafilococos, estreptococos y bacterias Yersinia, así como virus –por ejemplo, norovirus, rotavirus y virus de la hepatitis A y E–.

Por supuesto, siempre va a existir un riesgo de infección al entrar en contacto con materia fecal, pero ¿hay un riesgo real de coger una infección en un inodoro público?

De cuclillas, peor

Las probabilidades de desarrollar una infección por sentarse en la taza de un váter son muy escasas, dado que la mayoría de las enfermedades intestinales implican una transferencia «mano-boca» de las bacterias como consecuencia de una contaminación fecal de las manos, la comida o las superficies de contacto. Además, la piel humana está recubierta por una capa de bacterias y levaduras que actúa como un escudo protector altamente eficaz. Y bajo esta capa subyace nuestro sistema inmunológico, que es increíblemente bueno protegiéndonos de patógenos «sucios».

Por tanto, no hay ninguna necesidad de ponerse en cuclillas sobre el retrete. De hecho, esta postura, además de incómoda, puede provocar lesiones o aumentar el riesgo de infección. Según la fisioterapeuta de salud femenina Brianne Grogan:

«El problema de intentar mantenerse “levitando” sobre el váter mientras se orina es que los músculos del suelo pélvico y de la cintura pélvica –rotadores de la cadera, glúteos, espalda y abdominales– se tensan demasiado. Esta tensión de la cintura pélvica dificulta el flujo de la orina y a menudo obliga a tener que empujar o «apretar» un poco para hacer que salga más rápido, y estos empujones o apretones realizados frecuentemente al orinar pueden contribuir a provocar un prolapso del órgano pélvico».

Grogan añade que esto podría llevar a un vaciado incompleto de la vejiga que, en última instancia, puede causar un aumento de la frecuencia y de la urgencia de la micción o, en casos extremos, incluso aumentar las probabilidades de que se produzca una infección de la vejiga.

El pomo sucio de la puerta

Las defensas microbianas e inmunológicas de una persona proporcionan una fuerte protección contra el desafío infeccioso que supone sentarse en un retrete público. Además, debido al reconocimiento del riesgo de infección que entraña la materia fecal, en la mayoría de los países desarrollados los servicios públicos se limpian con regularidad.

Pero, para mayor tranquilidad, siempre podemos llevar encima un paquete de toallitas antisépticas y limpiar la tapa del váter antes de sentarnos para proteger las partes bajas de cualquier posible contaminación.

Sin embargo, los asientos sucios de los inodoros no deberían ser nuestra mayor preocupación. En un estudio realizado en el 2011 se descubrió que al «tirar de la cadena» y descargar la cisterna, los microbios contenidos en las gotas del agua que cae se instalan rápidamente en un área bastante amplia, que abarca la tapa del retrete, la puerta, el suelo y el portarrollos de papel higiénico. Para evitar que nos alcance la llovizna del contenido de la taza del váter —que contiene tanto nuestros gérmenes como los de los anteriores usuarios—, podría resultar aconsejable abandonar el cubículo inmediatamente después de apretar el botón de la cisterna.

Y, por supuesto, no todo el mundo se lava las manos después de haber ido al servicio, así que es mucho más que probable que la manilla de la puerta de salida de los lavabos esté contaminada. Por lo tanto, para evitar volvernos a contaminar las manos limpias al salir de unos servicios públicos, abramos la puerta con el codo, con la manga de la chaqueta o con un pañuelo de papel.

Lavarse las manos

La clave para protegerse completamente de los gérmenes relacionados con los inodoros es un correcto lavado de las manos: si nos las lavamos a conciencia eliminamos tanto suciedad como bacterias y virus, lo que impide que los microbios potencialmente infecciosos que pudiese haber en ellas se propaguen a otras personas y objetos. Se recomienda que, para un lavado eficaz, se frote agua jabonosa sobre manos y dedos durante 20-30 segundos, sin olvidar la parte inferior de las uñas. La fricción producida al frotarnos una mano con otra hace que se suelte cualquier resto de suciedad que pueda contener microbios.

Pero hay que ser conscientes de que en los lavabos, los mandos de los grifos y los dispensadores de toallas de papel —o, en su caso, los botones de los secadores de aire caliente- hay una considerable presencia microbiana. Esto es debido a que las manos que acaban de limpiar las partes bajas del cuerpo en el retrete van después a pulsar el dispensador de jabón y a abrir un grifo. Por ello, es aconsejable que, una vez que hayamos terminado de lavarnos las manos, dejemos el grifo abierto mientras nos las secamos y que después utilicemos una toalla de papel limpia para cerrarlo; o, en el caso de los secadores de aire caliente que funcionan con botón, que apretemos este con el codo en lugar de con la mano.

…Y el teléfono móvil

Además de todo ello, es obvio que no se debe comer, fumar ni beber dentro del compartimento del inodoro. Y lo mismo vale para el uso del teléfono móvil, ya que las investigaciones demuestran que hasta un 75% de las personas utilizan el móvil mientras están sentadas en el váter. Pero, dado que un estudio norteamericano descubrió que los teléfonos móviles están hasta diez veces más sucios que los asientos de los retretes, tal vez ya va siendo hora de que dejemos de preocuparnos por la limpieza de los servicios públicos y comencemos a preocuparnos por la de nuestro teléfono.

Primrose Freestone es profesor titulara de Microbiología Clínica en la Universidad de Leicester.

Este artículo fue publicado originalmente en «The Conversation».

https://www.abc.es/ciencia

Mitos peligrosos en medicina

¿Es el llamado Efecto Placebo el que está detrás del “éxito” de algunas medicinas alternativas? José Manuel Sánchez Ron, apoyándose en el libro Truco o tratamiento, aborda la relación existente entre los avances científicos y algunas terapias de carácter dudoso.

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON 

Mitos peligrosos en medicina

La medicina, junto a la astronomía y la matemática, es una de las tres ciencias más antiguas. Las tres surgieron de manera natural. Me imagino perfectamente a nuestros lejanos ancestros contemplando por la noche esas lucecitas que inundan el cielo incontaminado, más ese gran farol que es la Luna, observando cómo iban cambiando de posición y, en el caso de nuestro satélite, de configuración, y preguntándose qué eran y el porqué de los cambios. No olvido, por supuesto, al Sol. En cuanto a la matemática, contar es algo que se debió de dar espontáneamente; de hecho, se han encontrado huesos con decenas de miles de años de antigüedad en los que se ven muescas que revelan algún tipo de cuentas. Y contar implica, aunque sea de manera muy primitiva, establecer sistemas de numeración, es decir, “hacer matemática”. El caso de la medicina -que además de ciencia, es una técnica y un arte (en especial la relación médico-enfermo)- es aún más evidente: los humanos enfermamos, tenemos accidentes, nos deterioramos con el paso del tiempo, y queremos resolver el mayor número posible de esas situaciones-problemas.

Todo lo que se da en la naturaleza es difícil de entender, de someter a sistemas lógicos con capacidad predictiva, pero lo que tiene que ver con la vida, como sucede con la medicina, resulta particularmente complicado. De hecho, y aunque se produjeron con anterioridad avances significativos, para la medicina no comenzó una nueva era hasta el siglo XIX. Fue entonces cuando comenzó la “medicina científica”, de la mano de una nueva fisiología -en la que teorías como el vitalismo (la vida se debe a una fuerza vital, no explicable en términos de la química o la física) fueron desechadas-, de la teoría microbiana de la enfermedad, debida sobre todo a Pasteur y Koch, de las técnicas de anestesia y asepsia, de la vacunación, o del desarrollo de la teoría celular, que tuvo como su paladín al alemán Rudolf Virchow y a la que contribuyó con la teoría neuronal (las neuronas son un tipo particular de células) el gran Ramón y Cajal, que la llevó a lo que todavía hoy constituye uno de los grandes retos de la ciencia, el estudio del cerebro, comprender, por ejemplo, cómo el cerebro tiene conciencia de sí mismo (¿qué es pensar?, ¿de dónde viene esa facultad única nuestra que es la del pensamiento simbólico?).

Son innumerables los avances que se han producido en la medicina desde entonces. Es cierto que todavía quedan muchas incógnitas, demasiados males para los que no se conoce remedio, pero entre las esperanzas razonables que pueden atesorar los más jóvenes está la de que males tan terribles como el Alzheimer o el cáncer (algunos tipos al menos) ya no serán imbatibles cuando les llegue la hora, la edad, en la que serán más susceptibles a ellos.

Todos esos logros se han debido a la aplicación del conocimiento y método científico. Pero pese a todo esto, como testigo palmario y vergonzoso de que los mitos, fruto de la ignorancia, y auxiliados por la publicidad -a menudo también, soy consciente, de la desesperación-, no han desaparecido de la humanidad, nos encontramos con que siguen vigentes procedimientos que carecen de todo fundamento científico, procedimientos que los métodos de la medicina basada en la evidencia, los ensayos clínicos, han desacreditado una y otra vez. La homeopatía es, en mi opinión, uno de esos procedimientos. Me eduqué y doctoré como físico, y no puedo considerar sino absurdo el “principio” al que responde la homeopatía. Se toma inicialmente una sustancia a la que se considera responsable de un determinado mal físico -la idea es que en pequeñas cantidades esa sustancia hará que el cuerpo reaccione eliminando el mal en cuestión-, se diluye en un disolvente y cuando este se ha asentado se retira el poso sólido que resta, quedándose con el líquido, la denominada “tintura madre”, con los ingredientes disueltos. Comienza entonces un proceso que se repite muchas veces: una parte de la tintura madre se disuelve en nueve de, por ejemplo, agua. Con la mezcla obtenida se repite el proceso: se toma una parte y se disuelve en nueve de agua “limpia”. Y así una y otra vez (son comunes los procedimientos en los que esto se hace 30 veces). El resultado es que al final difícilmente quedará alguna molécula de la sustancia inicial; lo que hay es solo agua. Algunos defensores de la homeopatía dicen que el disolvente guarda “memoria” de las sustancias que fueron desapareciendo, una idea no solo absurda, sino que ha sido sometida a prueba y refutada. Y ofrecen ejemplos de mejoras en pacientes, mejoras que cuando se han sometido a ensayos clínicos serios han mostrado no ser sino debidas a un efecto muy conocido y bastante eficaz en muchos casos: el efecto placebo.

Simplimente escribiendo “homeopatía” en el buscador de internet que se utilice, se comprobará su gran presencia universal, incluso en lugares -como hospitales o universidades- que deberían ser más respetuosos con la evidencia científica. Y esto es peligroso. Recientemente, en la Comunidad de Madrid se ha dado un nuevo caso, el de un niño de 11 años al que, pese a los evidentes síntomas de infección bacteriana, un pediatra recomendó un producto homeopático; afortunadamente, el padre acudió a otro pediatra que le diagnosticó “una infección bacteriana severa”, prescribiéndole un antibiótico.

La editorial Capitán Swing, que desde hace tiempo está dando muestras de estar comprometida no sólo con la cultura en su sentido más general y abstracto, sino también de informar acerca de cuestiones de amplio interés social, acaba de publicar un libro que recomiendo: ¿Truco o tratamiento? La medicina alternativa a prueba, de Simon Singh y Edzard Ernst. La homeopatía es uno de los protagonistas de esa “medicina” alternativa, pero no el único: también se ocupa de la acupuntura, la fitoterapia y de formas no convencionales de terapia quiropráctica, añadiendo una valiosa “Guía rápida de terapias alternativas”.

A veces -¿con frecuencia?- pienso que la Ilustración dista de haberse completado, más de tres siglos después. 

https://elcultural.com/revista/ciencia/

Menos pimienta, tiene de todo

Menos pimienta, tiene de todo

Hasta 1820 aproximadamente el salchichón no era más que una salchicha grande, es decir, un “pedazo de tripa delgada y angosta, rellena de carne de puerco, tanta cantidad de magro como de gordo, y picada muy bien, sazonada con pimienta, jengibre, hinojo, sal, y un poco de vinagre bien aguado“, (Diccionario de la Academia de 1817).

A partir de entonces el salchichón se independizó y pasó a ser un “Pedazo de intestino de vaca o de cerdo, relleno de jamón, tocino, pimienta en grano, etc. y luego prensado, para darle mayor consistencia, el cual se come en crudo”, (Diccionario de la Academia de 1822). Ya en el siglo XX, la definición quedó así: “Embutido de jamón, tocino y pimienta en grano”.

El salchichón, así definido, ha acompañado incontables meriendas y agasajos, generalmente metido entre pan o bien en lonchas sobre una tabla. Hasta hoy. Una investigación rápida de lo que se vende actualmente como salchichón estándar  muestra que, además de carne de cerdo, el producto lleva:

– Lactosa, leche en polvo y proteína de la leche.
– Maltodextrina, dextrina, dextrosa o simplemente “azúcar”.
– Proteína de soja.
– Estabilizantes y emulgentes (E-450i, E-451i, E-452i).
– Antioxidantes (E-301, E-392).
– Colorante (E-120).
– Conservantes (E-250 (nitrito de sodio) y E-252 (nitrato de potasio).

Estos dos compuestos, E-250 y E-252, están clasificados por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) en la categoría 2A, “probablemente carcinógenos en humanos”. La UE permite añadirlos a las carnes conservadas en pequeñas dosis. Hace 40 años como mínimo que esta toxicidad es bien conocida.

Estos conservantes se añaden a la carne para prevenir la proliferación de microorganismos, y, por ende, para evitar problemas muy graves para la salud como el botulismo. Pero, como revela una reciente investigación de la OCU, los embutidos pueden ser “perfectamente seguros” sin necesidad de añadirles nitritos ni nitratos.

Otros ingredientes que pueden aparecer:

– Tratamiento de superficie conservadora (E-202), regulador de pH E-575, potenciador de sabor E-621, humectante E-420i y vino (contiene sulfitos).

Por último, todos llevan sal (un elemento lógico, pues salchicha significa en latín algo así como “tripa salada”. Y varias cosas más que no se especifican: especias, aroma (?) y fermentos (?!). Lo más extraño es que el elemento fundamental del salchichón, la pimienta, no aparece por ninguna parte en la lista de ingredientes, tal vez se incluye en el apartado “especias”.

Y ahora contemplemos un ejemplar de salchichón no demasiado caro (25 € el kilo) y de buena calidad. Contiene carne de cerdo, pimienta blanca molida, pimienta negra en grano y sal. Nada más. Los salchichones estándares de arriba tienen un precio que va de los 6 a los 12 euros el kilo. La mayoría están cortados, loncheados y empaquetados en vistosos envoltorios de plástico. Es otro ejemplo entre mil de la plaga actual de nuestra alimentación, la comida dual: si tienes dinero podrás comprar productos de calidad, si no tendrás que conformarte con las mezclas de proteínas de soja, azúcar y conservantes variados.

Fundación Vida Sostenible

https://blogs.publico.es/ciudadano-autosuficiente

El engaño del cigarro electrónico

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La nueva moda entre los adolescentes es “vapear” con un cigarrillo electrónico. Para ellos eso no es fumar porque lo que aspiran, dicen, no es un cigarro convencional de tabaco, sino sólo un producto con saborizantes y aromas agradables.

Por curiosidad, imitación o modernidad, este grupo de jovencitos usa cada vez más los cigarrillos electrónicos o también conocidos como “vapeadores”, e-cigs o los SEAN (Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina para fumadores).

Este producto consta de un cartucho desechable o recargable que contiene nicotina en forma líquida, disuelta en propilenglicol y saborizantes, un filamento que se calienta hasta vaporizar este líquido, un microprocesador que controla el mecanismo de vaporización cuando se inhala, una boquilla y, en ocasiones, un led, que puede simular la brasa de un cigarro.

La dosis de nicotina que se administra con cada inhalación es muy variable, ya que depende de la marca e incluso de la línea del producto dentro de una misma marca.

Pero lo realmente importante de esto es que, de acuerdo con expertos en la materia, los e-cigs se están convirtiendo en la puerta de entrada de adicciones a la nicotina y tabaco, entre otras.

Los jóvenes piensan que el cigarro electrónico no es dañino porque no es tabaco y muchos de ellos saben a dulce.

Lo que desconocen es que tienen nicotina, que es extraída de las plantas de tabaco y es adictiva. Por eso, ojo con el cigarro electrónico, porque también tiene impacto en la salud.

Aun cuando no existe combustión, el vapor de un e-cigs contiene una combinación de sustancias químicas —algunas incluso presentes en los cigarros convencionales—, entre las que se encuentran nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, polietilenglicol, agua y saborizantes artificiales.

Según la OMS, dependiendo de la marca, este vapor puede contener sustancias tóxicas y compuestos cancerígenos.

Son considerados, hasta el momento (debido a que no hay suficiente evidencia científica), como una alternativa menos peligrosa que los cigarrillos convencionales de tabaco. Sin embargo, las autoridades de salud han advertido que la nicotina que contiene el cigarrillo electrónico perjudica a los cerebros en desarrollo.

 

ABATELENGUAS

Apenas la semana pasada, las autoridades de salud de Estados Unidos declararon que la utilización de cigarrillos electrónicos, por parte de adolescentes, ha alcanzado niveles de “epidemia”; y ordenaron a los fabricantes revertir la tendencia o arriesgarse a que sus productos sean retirados del mercado.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) mencionó estadísticas recientes que muestran un agudo incremento en el uso de los cigarrillos electrónicos entre menores de edad, impulsada por sus productos saborizados.

RUTH RODRÍGUEZ

https://www.excelsior.com.mx/opinion/ruth-rodriguez

6 PUNTOS PARA ENTENDER EL HALLAZGO DE TRANSGÉNICOS Y HERBICIDAS EN EL 90% DE LAS TORTILLAS MEXICANAS

Por Valeria Enríquez

6 PUNTOS PARA ENTENDER EL HALLAZGO DE TRANSGÉNICOS Y HERBICIDAS EN EL 90% DE LAS TORTILLAS MEXICANAS

La investigación desarrollada por Emmanuel González -del Laboratorio de Génetica Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas del Instituto de Ecología de la UNAM-, y las científicas y activistas Elena Álvarez-Buylla y Alma Piñeyro surgió del interés por conocer el paisaje de la alimentación basada en maíz en México, especialmente de productos industriales, que son consumidos masivamente por la gran mayoría de la población.

Los investigadores analizaron muestras de tortillas, tostadas, cereales comerciales para el desayuno, botanas y harinas, y encontraron resultados preocupantes y reveladores.

Si se toma en cuenta que una tercera parte del maíz que se consume en México es importado de Estados Unidos -aproximadamente 10 millones de toneladas anuales- y que 90% o más del maíz sembrado en EU es transgénico, la probabilidad de encontrar restos de transgenes o de glifosato en alimentos era alta.

Supuestamente el maíz importado de Estados Unidos era destinado principalmente para la industria química o elaboración de alimento para el ganado, no para la industria alimentaria humana. Sin embargo, los resultados del estudio Presencia masiva de transgenes y herbicida glifosato en alimentos derivados de maíz en México, difieren.

Algunos de los resultados más importantes fueron los siguientes:

  • En las muestras de tortillas, se encontró que el 90% de las analizadas tenía alguna presencia de maíz transgénico.
  • Se eligieron insumos de tortillerías típicas de las colonias que tienen su maquinaria y venden tortillas que parecen muy naturales al ser recién hechas.
  • Las muestras se obtuvieron de tortillerías de la ciudad de México, Chiapas, Oaxaca y Estado de México.
  • 70% de las muestras de tortillas tuvieron presencia del maíz transgénico tolerante al glifosato conocido como NK 603, que ha sido objeto de varios estudios que lo relacionan con la generación de tumores en ratas.
  • Del total de muestras analizadas de cereales, harinas, tostadas, tortillas y botanas, el 82% contiene algún tipo de transgen.
  • Un tercio de las muestras totales analizadas mostraron residuos de glifosato.

También se analizó la presencia de residuos de glifosato en las muestras debido a los resultados tan significativos de maíces transgénicos.

Estos resultados tan altos sembraron preocupación en la comunidad científica, sobre todo a quienes se encargaron de este estudio y a la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), que tiene un área dedicada a la agricultura y la alimentación que defiende y genera evidencia científica en pro de la soberanía alimentaria del país.

Emmanuel González comenta que los resultados no solo son graves por los riesgos que se han documentado para la salud ambiental y humana derivados de los cultivos y consumo de transgénicos, sino por el descontrol y falta de regulación en el cuidado o protección de la cadena agroalimentaria de producción de alimentos para humanos.

Otro dato importante es que la simple modificación para insertar el transgen a la planta le provoca daños a nivel de material genético y altera su metabolismo, por lo que puede generar compuestos tóxicos que a su vez pueden desencadenar alergias o intoxicaciones a las personas que lo consumen, explica González.

Evidente y convenientemente, estos temas aún no cuentan con los estudios científicos requeridos para probar las hipótesis y preocupaciones de los investigadores que están en contra de los transgénicos.

Los transgénicos están en todos lados

Aproximadamente la mitad del territorio mexicano es sembrado con maíz y se producen más de 26 millones de toneladas anuales. México tiene potencial para ser autosuficiente y soberano en la producción de este alimento básico.

En proporciones individuales, cada persona puede sin problema consumir en promedio alrededor de medio kilo de maíz al día, en sus diversas presentaciones, lo cual suma importancia a los resultados obtenidos en este estudio. Sin embargo, el maíz o los elementos transgénicos no son visibles para los consumidores, lo que violenta su derecho a saber lo que comen y el derecho a una alimentación nutritiva y de calidad.

Además, también se hicieron comparaciones entre alimentos industrializados hechos con maíz y otros tradicionales que utilizan variedades de maíz criollo o nativo.

Aún en las últimas muestras elaboradas artesanalmente y con maíces criollos nativos, se encontraron restos de glifosato o presencia de transgenes, lo cual derivó en algunas confesiones de las personas que elaboran los productos, ya que con fines económicos utilizan un poco de harinas industriales de maíz para aumentar los rendimientos.

Somos lo que comemos y como consumidores tenemos el derecho a saber con precisión lo que necesitemos acerca de nuestros alimentos y todo lo que pueda afectar nuestra salud personal y la del medio ambiente.

Si no existe una regulación confiable que garantice en México que los alimentos que podemos adquirir son realmente saludables, o bien, que informen adecuadamente sobre su contenido e ingredientes,  entonces los consumidores tenemos doble trabajo y doble responsabilidad.

Si no actuamos seguiremos comiendo transgénicos y residuos de herbicidas tóxicos sin siquiera saberlo.

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¿A dónde va el peso que perdemos?

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El mundo está obsesionado con la moda de hacer dieta y perder peso. Sin embargo, pocos sabemos realmente cómo desaparecen esos kilitos de grasa que retraen la balanza.

Algunos de los encuestados pensaron que la grasa se convierte en músculo (lo cual es imposible) y otros asumieron que la expulsamos de nuestro cuerpo cuando vamos al baño. Solo tres de los encuestados respondieron correctamente. Esto quiere decir que el 98% de los profesionales de la salud de nuestro estudio no podrían explicar cómo se produce la pérdida de peso.

Entonces, si no se convierte en energía o en músculo y no se pierde al ir al baño, ¿dónde va la grasa?

La explicación sobre el metabolismo de la grasa

La respuesta correcta es que la grasa se convierte en dióxido de carbono y agua. El dióxido de carbono se exhala y el agua pasa al sistema circulatorio hasta que se expulsa por medio de la orina o el sudor. Si usted pierde 10 kilos de grasa, 8,4 kilos exactamente se pierden por medio de los pulmones y el 1,6 restante se convierte en agua. Lo que significa que casi todo el peso que perdemos lo exhalamos.

Esto sorprende a casi todo el mundo, pero, en realidad, prácticamente todo lo que comemos vuelve a salir por los pulmones. Cada carbohidrato y casi todas las grasas que consumimos se convierten en dióxido de carbono y agua. Lo mismo ocurre con el alcohol.

Las proteínas también comparten el mismo destino, excepto algunas de ellas que se convierten en urea y otros sólidos que expulsamos en forma de orina.

La única comida que llega al colon intacta y sin digerir es la fibra alimentaria (como el maíz). Todo lo demás que comemos lo absorben la sangre y los órganos, y hasta que se digiere no va a ningún sitio.

Los kilos que entran por los que salen

Todos hemos oído alguna vez eso de “lo que entra por lo que sale”, pero en este caso, la energía es un concepto bastante confuso, incluso para los profesionales de la salud y los científicos que estudian la obesidad.

La razón por la que ganamos o perdemos peso pierde todo el misterio si le seguimos la pista a todos los kilos y no solo a esas enigmáticas calorías.

Según las últimas cifras oficiales, los australianos consumen 3,5 kilos de comida y bebida diarios. De ellos, 415 gramos son macronutrientes sólidos, 23 gramos son fibra y los 3 kilos restantes agua.

Lo que no se ha dicho es que también inhalamos más de 600 gramos de oxígeno, y esa cifra es igual de importante para nuestra cintura.

Caminar aumenta nuestro ritmo metabólico respecto al reposo en un 300%

Caminar aumenta nuestro ritmo metabólico respecto al reposo en un 300%www.shutterstock.com

 

Si le da a su cuerpo 3,5 kilos de comida y agua, además de los 600 gramos de oxígeno, tiene que deshacerse de los 4,1 kilos o ganará peso. Por lo tanto, si lo que busca es perder peso, tiene que deshacerse de esos 4,1 kilos. Pero, ¿eso cómo se hace?

Los 415 gramos de carbohidratos, grasas, proteínas y alcohol que la mayoría de los australianos consume diariamente producirán exactamente 740 gramos de dióxido de carbono, 280 gramos de agua (como una taza) y alrededor de 35 gramos de urea y otros sólidos que expulsan en forma de orina.

El índice metabólico de reposo de una persona con un peso medio de 75 kilos (cuando el cuerpo utiliza energía y la persona no se está moviendo) es de 590 gramos de dióxido de carbono diarios. No existen pastillas ni remedios que aumenten ese valor, a pesar de las afirmaciones que pueda haber escuchado.

La buena noticia es que cada noche exhalamos 200 gramos de dióxido de carbono mientras dormimos profundamente, lo que significa que ya hemos exhalado un cuarto de nuestro objetivo diario antes incluso de salir de la cama.

Coma menos, exhale más

Entonces, si la grasa se convierte en dióxido de carbono, ¿el simple hecho de respirar podría hacernos perder peso? Por desgracia, no. El inhalar y exhalar más de lo necesario se denomina hiperventilación y lo único que podría conseguir es marearse o incluso desmayarse. La única manera de incrementar a conciencia la cantidad de dióxido de carbono en su cuerpo es moviendo los músculos.

Aunque hay más buenas noticias. Simplemente estando de pie y cambiándose de ropa más a menudo, se duplica el índice metabólico. Es decir, si se pasa 24 horas probándose todos sus modelitos exhalaría más de 1.200 gramos de dióxido de carbono.

De manera más realista, salir a caminar triplica el índice metabólico, al igual que cocinar, pasar la aspiradora o barrer.

Metabolizar 100 gramos de grasa consume 290 gramos de oxígeno y produce 280 de dióxido de carbono, además de 110 gramos de agua. La comida que ingiere no puede cambiar estas cifras.

Por lo tanto, para perder 100 gramos de grasa tiene que exhalar 280 de dióxido de carbono por encima de lo que va a producir digiriendo la comida, sea lo que sea.

Cualquier dieta que nos proporcione menos “gasolina” de la que quemamos dará resultados, pero con tantas ideas equivocadas sobre cómo se produce la pérdida de peso… pocos entendemos el por qué.

Artículo traducido gracias a la colaboración con Fundación Lilly.

The Conversation

Ruben Meerman, Associate research scientist, UNSW y Andrew Brown, Professor, School of Biotechnology and Biomolecular Sciences, UNSW

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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