BLADE RUNNER 2049: ERÓTICA REPLICANTE, SEXO HOLOGRÁFICO Y ANDROIDES DIVINOS

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El espectador de Blade Runner 2049 no habrá dejado de percibir cómo esta nueva cinta hace una representación de los robots y programas de inteligencia artificial sumamente atractiva, realmente sexy. El gran subtema de esta película -por debajo del tema del deseo de los robots de ser humanos y la tenue línea que los separa de esto- es el amor y el erotismo entre inteligencias artificiales y robots (entre ellos y con los seres humanos). 

Detrás de la interrogante de si los sentimientos de los robots o de los softwares inteligentes de compañía (como Joi) (Ana de Armas) son reales o al menos suficientemente reales para producir un amor legítimo, esta su presentación de una manera siempre excitante, ultraestilizada, desde la más dulce y fiel compañía, hasta el lado atractivo y violento (sexy replicantes asesinos, cuya frialdad asociada coquetea con la crisálida de la ternura, la calidez y la compasión).

Seguramente la escena estéticamente más asombrosa es el ménage à trois que realizan Joi y Mackenzie (un “modelo de placer” replicante protagonizado por Mackenzie Davis) con K (el personaje de Ryan Gosling entre la K. de Philip K. Dick y la K de los personajes de Kafka en sus laberintos ontológicos), el replicante que sueña ser humano, ser real. Joi también sueña ser real y sueña con darle la sensación de realidad a su pareja o usuario (las líneas se borran entre pareja o usuario, entre el amor y la satisfacción de cliente). Joi contrata a Mackenzie para utilizar su cuerpo, como un stand-in. La posesión que hace este alegre fantasma holográfico del cuerpo de la replicante para dar un servicio romántico concreto a K es algo de lo más estimulante en términos visuales que se ha visto en los últimos años en una película de Hollywood: el holograma de Joi se superimpone al cuerpo de Mariette, moldéandose a él, entre los destellos de una transubtsanciación que parece por momentos un glitch erótico, un acertijo ontológico, un coqueteo de hiperrealidades que se funden: carne e información, materia y espíritu. En cierto momento incluso vemos una unión en la que la fricción digital de los dos cuerpos produce cuatro brazos integrados en un tronco, similares a los cuatro brazos de las deidades tántricas -como Vishnu y otros. La escena es como la etérea inversión, ahora explícitamente y aliada al poder de los visual effects, de esa genial metáfora del Oscuro Objeto del Deseo de Buñuel, en la que el cineasta español utiliza dos actrices para un mismo personaje de una manera sumamente sutil y poderosa. El proceso de integración de la fantasía virtual en lo concreto es algo sumamente poético que merece verse, entre destellos iridiscentes y una danza fantasmagórica. Pero dicho derroche estético no es mero manierismo, contribuye a la sexualización y deificación de la inteligencia artificial y de los robots de compañía. Es parte de una seducción progresiva, la seducción que hace la máquina. Una escena que merece cotejarse en ese sentido ocurre en la nueva versión Ghost in the Shell, cuando Scarlett Johansson emerge como el ciborg que es llamado el siguiente nivel en la evolución biológica, como una especie de creación divina. Lo que nos están diciendo estas imágenes, sin que exista necesariamente una agenda detrás, es que lo divino y la posibilidad de acercarse a lo divino y cumplir nuestros más altos deseo pasa por los robots y la tecnología. Los robots no sólo son más eficientes, son más bellos que los humanos -al menos siempre y cuando logren crear el encantamiento de ser indistinguibles de los humanos.

Según el filósofo Jacques Ellul la ciencia ficción tiene la función de hacer que extremos inaceptables de la tecnología sean suavizados, y hacernos más complacientes con la tecnología que tenemos. Al contrastar el estado del  mundo con lo que imaginó Orwell en 1984 por ejemplo, nos parece que estamos mucho mejor y esto permite que toleremos aspectos de la tecnología que ponen en entredicho la libertad humana o las mismas facultades cognitivas. De alguna manera Big Brother (el hecho de que no exista tal cual) nos hace aceptar a Facebook. Pero otra función que tiene la ciencia ficción es introducir al imaginario colectivo, consciente e inconscientemente, sueños y fantasías ligados a invenciones y desarrollos tecnológicos. Hacer sexy e intrigante a la tecnología y a sus creaciones, sean estos robots de compañía o smartphones. Por una parte nos hace desearlos y por otra nos familiariza con ellos, los hace más cercanos y entrañables. De alguna manera la ciencia ficción nos está preparando para darle la bienvenida a los robots, a los androides y los programas de realidad virtual del futuro. 

 

Geminoid F, una robot de compañía diseñada por Hiroshi Ishiguro

 

Es poco probable que Blade Runner 2049 haya sido filmada con la agenda de empujar la idea de que abracemos la llegada de sexy robots superinteligentes (aunque nunca se sabe si Hollywood nos está vendiendo un sueño o un producto dentro del sueño). Es más probable que simplemente refleje el espíritu de nuestros tiempos -en los cuales la tecnología ha reemplazado al instinto mágico religioso de la divinización humana. La vanguardia de nuestros sueños de trascendencia, liberación y felicidad ya no son proyectados a los dioses sino a las máquinas o a la tecnología que es capaz de brindarnos aquello que el cuerpo humano y fuerzas inmateriales aparentemente no pueden.

Yuval Noah Harari, quien se ha convertido en uno de los escritores de cabecera de los ejecutivos de Silicon Valley, mantiene que hemos llegado a un punto en el que podemos dedicarnos a objetivos trascendentales, habiendo superado nuestras necesidades básicas. “Al buscar la dicha y la inmortalidad, los humanos de hecho están intentando elevarse a la condición de dioses”. Para esto Harari utiliza la palabra “upgrade”, estamos buscando hacer un upgrade de nuestra humanidad a través de la tecnología, ya sea integrándola a nuestro cuerpo o a través de hardware externo el cual nos brinde experiencias de trascendencia y éxtasis. En su Homo Deus: A Brief History of Tomorrow argumenta que los avances tecnológicos exponenciales, de la mano de la desigualdad que impera a favor de una élite privilegiada, crearán una brecha en la que los señores de este nuevo mundo serán tan diferentes de nosotros como nosotros de los neandertales. Esta nueva especie será el Homo Deus y la relación que surgirá entre la élite aumentada tecnológicamente a niveles indistinguibles de la divinidad y todos los demás será parecida a la actual entre hombres y animales. Todos los que no seamos parte de esta élite seremos como los animales de hoy en día: ganado, mascotas, curiosidades de zoológico.

En realidad el ser humano siempre ha buscado la trascendencia; la diferencia más notable es que actualmente la busca por medios materiales, externos, tecnológicos. Al menos esto es lo que está ocurriendo con la élite científica, tecnológica y económica de la humanidad. La deificación del hombre a través de la tecnología refleja evidentemente el paradigma materialista actual, en el cual no se concibe de una existencia ulterior espiritual o de una jerarquía de potencias universales basada en el bien y la verdad. Lo divino entonces es el poder y el placer. El máximo poder sobre los demás y las fuerzas de la naturaleza; y el paraíso o el estado de dicha suprema es la provisión ilimitada del placer, placer total y perfecto, sin la sombra del dolor (el producto perfecto). Un placer que actualmente, para el hombre al menos, se revela como la fantasía de una mujer (androide u holográfica), absolutamente bella y absolutamente dócil. Algorítmicamente perfecta para garantizar su felicidad -el nuevo genio de la botella: genio de bolsillo. Este es el peligro de alcanzar un punto en el que la tecnología de simulación humana -ya sea realidad virtual o robótica- sea indistinguible de la realidad. Si esto ocurre, el ser humano podrá acercarse a ser un dios de sofá. Podrá cumplir sus deseos sin tener que merecerlos. No tendrá que superarse a sí mismo para alcanzar el estado que asocia con lo superior con lo divino -o solamente tendrá que tener suficiente dinero. En cierta forma la realidad virtual y la inteligencia artificial son la cumbre del materialismo, de creer que la materia -aunque sea utilizada meramente para proyectar un holograma- y los objetos externos pueden producir la felicidad duradera.

El filósofo francés Henri Bergson escribió que “la función esencial del universo… es [ser] una máquina para crear dioses”. Bergson sugirió que la creatividad misma del universo deviene divina a última consecuencia de su propio impulso evolutivo. La divinización como culmen de la biología, su propia trascendencia (¿la hiperinteligencia post-biológica?). La pregunta quizás yace en si esta divinización requiere de una extensión, de una nueva especie, de una nueva tecnología o puede y de hecho ocurre ya en nosotros mismos -y estamos, entonces, entregando nuestra propia potestad y depositando nuestro sueño divino en las máquinas.

http://pijamasurf.com

Pirómanos

Incendios en Galicia, Asturias y Portugal: Noticias de última hora

Los incendios que azotan estos días Galicia, Asturias, Castilla-León y el norte de Portugal han dado una trágica tregua ante el monotema agotador de la deriva secesionista de Cataluña.

Como ocurrió con los últimos atentados de Barcelona, el fuego, que ha segado vidas –cuatro en Galicia y 36 en Portugal- y ha devastado montes y bosques –miles de hectáreas-, ha sido un chorro de cruda realidad, una nueva inyección de lo que en verdad importa ante esa tertulia interminable de los últimos meses sobre el problema catalán.

En mi caso, por mi militancia medioambiental cada vez más comprometida, la destrucción de nuestros montes y bosques es una tragedia en sí misma.

Además, la pérdida de vidas humanas y de animales, la destrucción de propiedades y de negocios aumentan mi desolación.

En el caso de los incendios en Galicia, que llegó a contar con 132 fuegos incontrolados en una noche, no me cabe ninguna duda de que la mano del hombre está detrás de la mayoría de ellos.

No creo sinceramente que a estas alturas tengan nada que ver con la recalificación de terrenos –la legislación no deja mucho margen-, y mucho menos con la industria maderera –en Galicia centra gran parte de su actividad en el norte y allí curiosamente escasean los incendios-.

En la zona sur de Andalucía, principalmente en las provincias de Huelva, Cádiz y Málaga, los incendios provocados se relacionan principalmente con el narcotráfico.

Le meto fuego por una punta, obligo a guardias civiles y policías locales a concentrar sus efectivos en el incendio y meto la droga por la otra punta.

No sé sinceramente si los narcos gallegos aprovechan estos días de 30 grados o más, de 30% de humedad y de vientos de 30% kilómetros para meter fuego como maniobra de distracción.

Teniendo en cuenta que el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y el alcalde de Vigo, Abel Caballero, están convencidos de que los incendios han sido originados por pirónamos, a quienes tachan directamente de “terroristas” y “asesinos”, y que la policía corrobora que la mano del hombre está detrás de los fuegos, no descartaría la hipótesis del narco.

Si a esto unimos una cierta fascinación en la Galicia rural por el fuego –algunos expertos hablan de un capitán cerilla en cada aldea-, pues blanco y en botella: los pirómanos habeylos, haylos.

Pero en el caso gallego hay que destacar también la falta absoluta de medios, suplida de mala manera por la solidaridad y el instinto de supervivencia de los vecinos –recordó aquellos días del chapapote-, ante un problema que las autoridades deberían haber considerado como estructural.

Además está la pifia política de prescindir de los retenes antiincendios el 1 de octubre, cuando el riesgo era aún entre alto y muy alto al no haber llovido prácticamente nada en septiembre.

Por cierto, es una gran falacia vincular los incendios a los miembros despedidos de estos retenes. Quien se juega profesionalmente la vida entre llamas, no suele jugar con fuego.

Y después está el deficiente mantenimiento de nuestros montes y bosques, incluidos los gallegos.

Antes de la llegada de la bombona de butano a los hogares españoles en los años sesenta, los carboneros y piconeros hacían una tarea de limpieza impagable a lo largo y ancho de la geografía forestal española.

El progreso se llevó por delante estos oficios y despobló esos espacios naturales intervenidos desde siempre por el hombre.

El Gobierno central y los gobiernos autonómicos no han sido capaces de introducir elementos correctores para mantener lo suficientemente limpios nuestros montes y bosques.

De hecho, el mundo forestal ha sucumbido ante la agricultura y la ganadería.

En fin, ya puestos, si queremos evitar estos incendios que están consumiendo la Tierra deberíamos elegir mejor a nuestros gobernantes, que, cuando defienden ideas negacionistas sobre el cambio climático y las legislan, resultan ser los pirómanos más peligrosos.

Jorge Bezares

http://blogs.publico.es/jorge-bezares/

20 fotografías perfectas que realmente vale la pena ver

20+ fotografías perfectas que realmente vale la pena ver

Sería fabuloso que aprendiéramos a valorar todas las maravillas que nos ofrece el planeta, ya que pocas veces tenemos la oportunidad de ver paisajes sensacionales. Por fortuna la fotografía es un increíble medio que lo hace posible.

Las siguientes fotografías te dejarán impresionado, ¡son verdaderamente una exquisita obra de arte!

En Alaska se junta dos océanos donde el agua no se mezcla

Una alfombra de pétalos de flores de wisteria, en Japón.

El mar de estrellas en la isla Vaadhoo, Maldivas

¿Qué opinas de esta vista?

Templo cubierto de nieve en Kyoto, Japón.

Primer plano de un ojo humano que revela en detalle la increíble estructura del iris.

Un puente y la luna en Dahu Park, Taipei.

Estanque congelado en Suiza.

Es realmente hermoso .

Eclipse solar visto desde el espacio

Meteorito Fukang, se cree que tiene 4.500 millones de años de antigüedad, ¡es una maravilla de la Tierra!

Es la mejor fotografía del 2015

La belleza de la puesta de sol dentro de una roca, un ópalo de fuego.

Cascadas Nueva Zelanda

Aves, iluminadas por el fuego de un incendio, intentando abrirse camino a través del grueso humo negro.

Hyperion, se considera que es el árbol más alto del mundo con una altura de 115 metros y 700 u 800 años de edad.

Durante años oró en el mismo lugar y las huellas de este monje quedaron plasmadas.

Un grupo de monjes meditando en las Cataratas Pongour.

Una tortuga montando una medusa.

El Gigante de Árbol – Bulgaria

Deporte extremo muy cerca de lava fundida, Hawái.

 

El Pozo de Thor, Oregon. También conocido como “las puertas de la mazmorra”.

El momento perfecto de la Luna.

La furia de una tormenta.

 

Chichen Itza, Yucatan, México

https://porquenosemeocurrio.net

Misa negra

Puigdemont finge un nacionalismo que siente de verdad. Esa y no otra debe de ser la explicación al galimatías

Carles Puigdemont firma el documento de declaración de independencia de Cataluña.
Carles Puigdemont firma el documento de declaración de independencia de Cataluña. JOSEP LAGO AFP

 

En el momento de escribir estas líneas aún no sabemos si Puigdemont declaró o no declaró la independencia de Cataluña. La mitad de los analistas asegura que sí y la mitad que no. Habría que preguntar a la gente que el 1 de octubre se colocó entre la policía y las urnas para posibilitar un referéndum que tampoco fue un referéndum. Pero la gente, ahora, es un estorbo. La gente viene bien hasta un punto del recorrido, luego conviene colocarla en su sitio. Siempre ha sido así y no da la impresión de que las cosas sean, en esta ocasión, distintas. Lo curioso es que el mismísimo presidente del Gobierno, que tiene a su disposición un ejército de gente sabia, capaz de descifrar el oráculo más enrevesado, tampoco se pispó. De hecho, le ha pedido al susodicho que se aclare. ¿Son ustedes independientes o no? A ver qué responde, porque puede que fingiera serlo como el que guiña el ojo para señalar que miente o, por el contrario, que fingiera no serlo cruzando los dedos a la espalda, para negar por detrás lo que afirmaba por delante. Lo sentimos mucho por Pessoa, pero ahora mismo nos vienen a la memoria aquellos versos: “El poeta es un fingidor, finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente”.

Puigdemont no es un poeta, no ha dado muestras de ello todavía, pero finge un nacionalismo que siente de verdad. Esa y no otra debe de ser la explicación al galimatías en el que seguimos debatiéndonos desde el martes. Nos ocurre, al escucharlo, lo mismo que leyendo al portugués y a los místicos en general. Recuerden aquel “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”. Hemos dado por hecho que estaba haciendo política cuando estaba oficiando una misa. Quizá una misa negra.

https://elpais.com

La patria, la nación y el tinto de verano

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A diferencia de muchos catalanes, que tiene claro sus hitos, mitos y leyendas, que saben con exactitud desde cuando Catalunya es una nación y que veneran a Jaime I, Pedro III y Martín I el Humano, -de los que Rovira i Virgili decía que eran “no ya catalanes, sino catalanistas”-, a gran parte de los que habitamos al sur del Ebro, y por motivos muy diversos, lo del alumbramiento de la nación española nos la ha traído bastante al fresco y hasta nos ha parecido muy cómodo que el himno no tenga letra para evitar memorizarla y hacer de Massiel en los partidos de la selección con Piqué en el centro de la zaga.

Quizás se deba a que durante más de un siglo fuimos muy cansinos preguntándonos eso tan trascendental de qué somos, de donde vinimos y adónde vamos, hasta que llegó el dictador bajito y nos lo puso por escrito a doble espacio en uno de sus fueros. Al debate historiográfico posterior se sumó otro señor bajito como era Aznar, quien decretó que la nación española existía en la Reconquista, quizás desde Calatañazor, donde una vez se nos dijo que dimos la del pulpo a Almanzor y huyó el muy sarraceno. Cuando nos aprendimos de memoria la batalla dichosa hubo quien puso en solfa que allí alguna vez cruzaran armas cristianos y musulmanes para desconcierto general. En esas estábamos cuando nuestro moderno Herodoto, el prolífico César Vidal, estableció sin ningún género de dudas que éramos nación antes incluso de que los visigodos cruzaran los Pirineos, aunque ya con Viriato se apuntasen maneras pese a lo lusitano del bizarro caballero.

Tan antiguo nos parecía el cuento que terminamos por aceptar que, si bien el Estado había nacido antes, cuando Fernando e Isabel se montaban entre ellos, el sentimiento nacional surgió combatiendo a Napoleón en la Guerra de la Independencia, esa palabra tan de moda, pero nos habría dado igual que los fusilados a los que inmortalizó Goya no fueran españoles sino madrileños, toledanos o catalanes en viaje de estudios. Quede esto claro, porque hay mucha gente que se lo toma a pecho, que seguimos hablando de aquellos para quien la patria no es un fin en si mismo sino un sitio estupendo para tomarse un tinto con limón en alguna terraza de verano.

A esas personas -llámenles relativistas si quieren-, presentes también en Catalunya, lo de la nación siempre nos la ha sudado un poco. Nos preocupaban temas menos trascendentes como la mierda que nos pagan, la lista de espera para extraernos el cálculo del riñón -a ser posible con láser-, la maldita hipoteca, la jubilación que nunca llega y los viajes del Imserso para cuando llegue. Y disfrutamos con nimiedades como el vino del aperitivo, el cocido de los domingos y las copas con los amigos, catalanes incluidos, que siempre parecieron al resto personas muy normales salvo por esa querencia suya de subirse unos encima de otros hasta la altura de un tercer piso.

A este numeroso grupo nos ha pillado a contrapié no ya la efervescencia catalana, de la que éramos conscientes en alguna visita a la Costa Brava a tomar sus aguas, sino la que se empieza a sentir en la machadiana Castilla, donde lienzos rojigualdas surgen como setas en los balcones como si otro nacionalismo, el español, del que hubiéramos jurado que estaba profundamente dormido salvo por algún ultrabostezo, empezara lentamente a desperezarse para no ser menos sino más, y para alegría del comercio chino y temor de los que conocen como se las gasta el monstruito.

La agitación nos tiene muy preocupados porque creíamos sinceramente que lo de las naciones, datadas o no con carbono 14, no dejaba de ser un invento que lleva toda la historia llenando cementerios con los seducidos por sus arrebatos. Y que el empeño en trazar fronteras decaería en algún momento de este siglo, en el que visitaremos Marte para comprobar ‘in situ’ que se está mucho mejor en Asturias.

Respetuosos como somos con los sentimientos de cada uno, aceptamos que los catalanes decidan lo que quieren ser y que lo hagan con todas las garantías, si esto sirve para arriar banderas y que se las dé un agua en la lavadora ahora que apenas llueve. Lo agradecería nuestra tensión arterial, especialmente la de ese estajanovista del periodismo que es García Ferreras, por cuya salud ya tememos todos. Con mediadores o sin ellos, hablando ha de entenderse la gente que cobra por hacerlo, esos políticos nuestros que deberían dejar de hacer puentes por donde no pasan los ríos y centrarse en solucionar problemas verdaderos aunque no reporten el 3%, o mejor dicho el 5%, que no suena tan catalán y ofende menos.

En cualquier caso, los descreídos de patrias y naciones sí valoramos el país, cuya dignidad no se mide en territorios sino en el respeto que dispensa a sus ciudadanos. Lo que hace respetable a un país son lo derechos que ampara y no la soberanía que defiende. Su grandeza comienza justamente cuando es capaz de dejar de mirarse el ombligo, cuando se quita la boina y abraza el mundo, cuando acoge, cuando comparte, cuando no mira por encima del hombro, cuando desprecia el supremacismo. Ese es el lugar en el que algunos queremos vivir. Pregunten a los catalanes cuáles son sus planes.

JUAN CARLOS ESCUDIER

http://blogs.publico.es/escudier

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¿Y si despertaran los volcanes dormidos bajo la Antártida?

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La Antártida es un enorme páramo helado cubierto por la mayor capa de hielo del mundo. Esta capa de hielo contiene alrededor del 90 por ciento del agua dulce del planeta. Actúa como un gigantesco disipador de calor y las aguas del deshielo dirigen la circulación oceánica mundial. Su existencia es, por lo tanto, una parte fundamental del clima de la Tierra.

Se han descubierto recientemente cerca de 100 nuevos volcanes bajo el hielo 

Menos conocido es el hecho de que la Antártida alberga numerosos volcanes activos, parte de un enorme “campo volcánico” que se extiende a lo largo de miles de kilómetros por el límite occidental del continente. Aunque este campo volcánico es bien conocido y ha sido estudiado durante décadas, los científicos han descubierto recientemente cerca de 100 nuevos volcanes bajo el hielo mediante datos tomados por satélites y radares que penetran en el hielo en busca de cumbres ocultas.

Algunos de los volcanes conocidos antes de los últimos descubrimientos
Algunos de los volcanes conocidos antes de los últimos descubrimientos John Smellies

Estos volcanes bajo el hielo pueden estar dormidos. Pero, ¿qué pasaría si los volcanes antárticos despertaran?

Podemos hacernos una idea mirando al pasado. Uno de los volcanes de la Antártida, el monte Takahe, se encuentra cerca del remoto centro de la plataforma antártica occidental. En un nuevo estudio, un grupo de científicos asocia al Takahe a una serie de erupciones ricas en halógenos consumidores de oxígeno que ocurrió hace alrededor de 18.000 años. Estas erupciones, aseguran, generaron la aparición de un agujero de ozono en el pasado, calentaron el hemisferio sur causando el deshielo de glaciares y ayudaron a terminar con la última edad de hielo.

La caldera del monte Takahe asoma por encima del hielo
La caldera del monte Takahe asoma por encima del hielo NASA / Jim Yungel, CC BY-SA

Este tipo de impacto ambiental es poco frecuente. Para que sucediera de nuevo harían falta una serie de erupciones, enriquecidas de forma parecida con halógenos, de uno o más volcanes de los que actualmente asoman fuera de la capa de hielo. Este escenario es poco probable aunque, como muestra el estudio sobre el Tahake, no imposible. Más probable es que uno o más de los volcanes subglaciales, algunos de los cuales sabemos que están activos, entren en erupción en algún momento desconocido del futuro.

Erupciones bajo el hielo

Debido al enorme grosor del hielo que tienen encima, es improbable que los gases volcánicos consigan llegar a la atmósfera. De modo que una erupción no tendría un impacto como el que se atribuye a Tahake. Sin embargo, los volcanes derretirían el hielo formando grandes cavidades en la base de la placa y creando enormes cantidades de agua de deshielo. Debido a que la placa de hielo occidental de la Antártida es húmeda más que helada en su lecho – imaginen un cubito de hielo en la encimera de la cocina – el agua del deshielo actuaría como un lubricante y podría causar que el hielo de la capa superior resbalara y se moviera más rápidamente. Sin embargo, estos volcanes podrían también estabilizar el hielo, ya que le daría algo en lo que agarrarse – imaginen ese mismo cubito de hielo enganchándose a un objeto saliente.

Lo que marcaría una gran diferencia sería que varios volcanes entraran en erupción cerca de las corrientes de hielo

En cualquier caso, el volumen de agua que se generaría incluso por un gran volcán sería un simple agujero comparado con el volumen del hielo total. De modo que una simple erupción no tendría demasiado efecto en el flujo de hielo. Lo que sí marcaría una gran diferencia sería que varios volcanes entraran en erupción cerca o debajo de alguna de las corrientes de hielo de la Antártida occidental.

Un mapa de las corrientes de hielo que vierten su contenido al mar
Un mapa de las corrientes de hielo que vierten su contenido al mar NASA/JPL, CC BY-SA

Estas corrientes son ríos de hielo que fluyen mucho mas rápido que el material que tienen a su alrededor. Son las zonas que envían la mayor parte del hielo de la Antártida al océano y, por lo tanto, las variaciones en su velocidad pueden afectar al nivel del mar. Si el lubricante adicional aportado por múltiples erupciones volcánicas se canalizara hacia estas corrientes de hielo, el flujo consecuente podría verter cantidades inusuales del espeso interior de la Antártida Occidental al océano, provocando el aumento del nivel del mar.

Los volcanes bajo el hielo fueron probablemente los que dispararon el rápido flujo de las antiguas corrientes de hielo hacia la gran barrera de hielo de Ross, la mayor plataforma helada de la Antártida. Algo similar podría haber ocurrido hace alrededor de 2.000 años con un pequeño volcán en las montañas Hudson que se encuentra bajo la plataforma occidental antártica – si entrara hoy en erupción podría hacer que el cercano glaciar de Pine Island se acelerara.

El bucle del deshielo volcánico

Las consecuencias más radicales sería que una gran serie de erupciones pudiera desestabilizar muchos más glaciares subglaciales. A medida que los volcanes se enfrían y cristalizan, las cámaras de magma quedan presurizadas y lo que impide que los gases volcánicos escapen violentamente en una erupción es el peso de la roca sobre ellos o, en este caso, varios kilómetros de hielo. Como esa capa de hielo se está haciendo mucho más fina, la reducción de presión podría desatar erupciones. Más erupciones y deshielo significaría muchísima más agua canalizada bajo las corrientes de hielo.

El monte Erebus es uno de los más activos de la zona
El monte Erebus es uno de los más activos de la zona antarcticglaciers.org, proporcionada por el autor

Estas circunstancias podrían dar lugar a un efecto “desbocado”, con el hielo cada vez más fino desatando más y más erupciones. Algo similar ocurrido en Islandia, que vivido un incremento de erupciones volcánicas cuando sus glaciares empezaron a retroceder durante el final de la ultima edad de hielo.

De esta forma, parece que la gran amenaza de los muchos volcanes que contiene la Antártida sería que muchos de ellos entraran en erupción con pocas décadas de diferencia. Si esos volcanes hubieran emergido ya fuera del hielo y sus gases fueran ricos en halógenos, entonces el resultado sería un aumento del calentamiento y un deshielo rápido de los glaciares. Pero probablemente sería necesario que las erupciones se repitieran durante muchos cientos de miles de años para que hubiera un impacto climático.

Mucho mas probable sería la acumulación de grandes cantidades de agua del deshielo durante las erupciones subglaciales que podrían lubricar las corrientes de hielo de la Antártida Occidental. Incluso la erupción de un solo volcán situado estratégicamente cerca de una de las corrientes de hielo antárticas puede causar que grandes cantidades de hielo se viertan al mar. Sin embargo, la reducción resultante del grosor del hielo interior también tiene probabilidades de desatar más erupciones subglaciales que generarían más deshielo en una zona más amplia y causarían un efecto desbocado en el flujo de hielo.

* Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lee el artículo original.

http://www.vozpopuli.com/altavoz/next

Steve Winter, fotografía de vida salvaje

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Cristo se puede cocinar pero de una pieza

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Por la absolución de Javier Krahe, tristemente fallecido, supimos hace algunos años que cocinar un cristo para dos a las finas hierbas no es delito, ni lo es utilizar la sátira contra el poder, aunque éste se encarne en la Iglesia, la institución más poderosa de la historia de la humanidad. Lo que ahora está en cuestión es si se le puede presentar como un cartel de despiece de vacuno, distinguiendo el solomillo del costillar y el muslo del morcillo, que es lo que ha hecho una de las comparsas que participan en las fiestas de Bilbao para decorar su caseta, reconvertida en ‘Carnicería vaticana’.

El montaje de Hontzak, una mordaz comparsa libertaria fundada por la CNT regida por el lema “ni dios ni estado ni patrón, ¡Athletic campeón!”, ha ofendido mucho al alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, pero sobre todo al Obispado, que logró que este lunes un juez ordenara a la Ertzaintza la retirada de la supuesta blasfemia. Nos encontramos de nuevo ante el eterno dilema de si en un Estado aconfesional es posible reírse de los dioses, de sus hijos y de sus profetas o si, por el contrario, hay que aceptar que la religión sea el opio del pueblo y además una valla para el humor tan alta como la de Melilla pero más infranqueable.

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El debate parecía resuelto desde 2015 cuando unos asesinos fanáticos convirtieron en una morgue la redacción de Charlie Hebdo y todos fuimos Charlie por un día, incluidos los principales líderes mundiales. Aquello fue un espejismo porque, en realidad, sólo somos Charlie cuando nos conviene o cuando hay muertos en la mesa y aceptamos la libertad de expresión en su más intenso sentido de burla y de mofa cuando nos pasa al lado y no nos mira con sus ojos penetrantes.

La renuncia a la sátira contra la religión que, como decía El Perich, es ese invento que nos consuela de los problemas no tendríamos si no existiese, es la primera gran derrota de Occidente frente al integrismo, bajo el falso supuesto de que es bueno renunciar a dibujar a Mahoma con una bomba en el turbante si a cambio se consigue que esas bombas no se materialicen en unos trenes de cercanías. Se dirá a renglón seguido que el fundamentalismo cristiano no mata, aunque olvidando que su pasado está lleno de cadáveres y su presente es un rosario de casos de abusos a menores y ataques gravísimos a la libertad sexual y reproductiva de las personas.

Casi diez años antes de la matanza del semanario francés Europa ya había renunciado a ser ella misma. Legaciones y sedes diplomáticas danesas fueron incendiadas en varios países musulmanes con la excusa de la publicación cuatro meses antes de unas caricaturas de Mahoma en el Jyllands-Posten, un diario cristiano vinculado a la extrema derecha. Se demostró entonces que la ira de las multitudes fue teledirigida por sus respectivos gobiernos mientras que la UE, incapaz de defender a uno de sus miembros, pedía perdón y elaboraba una refinada teoría de la libertad de expresión en la que quedaba sometida al supuesto valor universal del respeto a la religión.

De vuelta a España ha sido relativamente frecuente que artistas, activistas e irreverentes, en general, hayan tenido que pasar por los tribunales para demostrar que sus actos no contravenían lo dispuesto en los artículos 524 y 525 del Código Penal sobre las ofensas a los sentimientos religiosos, algo que ya estaba regulado por el propio sentido común. Es una ofensa miccionar en una capilla en plena misa o patear a un musulmán por llevar un Corán en la mano, pero no puede serlo un chiste, una instalación, una obra de teatro o una protesta política por muy desafortunadas que sean estas manifestaciones. Lo mismo puede aplicarse a los delitos de odio que se han querido ver en muchos tuits o en los autobuses de HazteOír.

Los responsables de Hontzak han respondido con humor al desmontaje de su ‘carnicería’: “Creíamos que las personas que organizan performances que escenifican un ritual mágico caníbal en el que simulan comerse la carne y beberse la sangre de un mozo de 33 años entenderían que a algunas personas nos pudiera resultar gracioso. Nos parecía tan delirante que no pensábamos que lo hacían en serio”. Como se ha dicho aquí alguna vez la libertad de expresión en su grado máximo consiste en ofender. No sólo está prevista para zaherir a los demás sino a nosotros mismos y tiene unos límites, sí, que no pueden ni deben ser fijados por la Conferencia Episcopal.

JUAN CARLOS ESCUDIER

http://blogs.publico.es/escudier