Qué se puede esperar del regreso de ‘Black Mirror’

Netflix estrena el próximo miércoles 5 de junio la quinta temporada de ‘Black Mirror’, compuesta de tres capítulos tan inquietantes como cabía esperar y cada uno enmarcado dentro de un género distinto.

El actor Andrew Scott, en un capítulo de Black Mirror. Netflix.
El actor Andrew Scott, en un capítulo de Black Mirror. Netflix.

MARÍA JOSÉ ARIAS

Black Mirror es una marca tan potente que no es raro escuchar o leer la muletilla “parece un capítulo de Black Mirror” cuando se comentan algunas noticias del mundo real. Su crítica a cómo el ser humano utiliza de forma negligente y abusiva la tecnología no es que invite a reflexionar, es que obliga a hacerlo merced a un manera de contar las cosas muy particular, muy suya.

La serie de Charlie Brooker no plantea –en la mayoría de los casos– un futuro por llegar con coches voladores y robots por doquier, sino un futuro que en realidad es o podría ser presente en el que una aplicación de citas controla el tempo de las relaciones y un videojuego puede suplantar la vida real.

En su regreso a la que es su nueva casa desde la tercera temporada, la quinta tanda de episodios que llega hoy a Netflix se compone de tres entregas con un tema claro desde el principio que quieren abordar. Diferentes en tono, narrativa y estética, cada una aporta una muesca más a una serie que de por sí siempre da de qué hablar. Para esta ocasión han apostado por una historia de adolescentes, otra de secuestros y otra de videojuegos y realidad virtual. Esto es, sin spoilers, lo que se puede esperar de los nuevos episodios de Black Mirror. No hay orden, así que pueden verse cómo se quiera sin importar cuál va primero o después.

‘Añicos’ (70 minutos)

La sinopsis oficial resume de qué trata este episodio como “un taxista con un plan secreto se convierte en el centro de atención en un día en el que todo se descontrola”. El conductor en cuestión al que se refiere está interpretado por un Andrew Scott que se mete en la piel de un hombre atormentado por un suceso trágico que lo cambió todo y que hace que se obsesione hasta el punto de secuestrar al trabajador de una empresa (Damson Idris) para conseguir lo que quiere, hablar con el dueño de la misma (Topher Grace).

Descubrir el porqué tiene tanto interés Chris es hablar con quien se ha hecho multimillonario gracias a la creación de una red social es parte del interés de un capítulo cargado de tensión emocional. El sentimiento de culpa y la adicción a las notificaciones que suelen llegar en forma de favoritos o me gusta se aborda desde la perspectiva de un drama personal muy profundo que sirve para el lucimiento de Scott. Smithereens se carga de una tensión contenida y liberada que mantiene con el corazón en un puño hasta el final como toda buena historia con rehenes.

‘Rachel, Jack y Ashley Too’ (67 minutos)

En su línea de facilitar sinopsis lo más crípticas posibles para no desvelar demasiado en una serie donde los spoilers pueden realmente arruinar el placer de su visionado, la publicada por Netflix para Rachel, Jack y Ashley Too es que “una adolescente solitaria sueña con conectar con su estrella pop favorita, una artista cuya existencia no es tan bonita como parece…”. Bajo esa premisa y con Miley Cyrus como gancho, este capítulo está escrito como una de género adolescente sobre la imagen que se proyecta a los demás y cómo se es realmente.

Lo que se puede esperar de él es esa búsqueda de identidad de cada uno de los personajes, a su manera, con sus tiempos y con un artilugio tecnológico resultando clave para la relación que establece el personaje de Cyrus con las dos hermanas interpretadas por Angourie Rice y Madison Davenport, tan diferentes en su forma de vestir como en su manera de afrontar la muerte de su madre. Resulta inevitable ver Rachel, Jack y Ashley Too y no acordarse de cuando Cyrus era Hannah Montana. El paralelismo es evidente.

‘Striking Vipers’ (61 minutos)

“Dos antiguos amigos de la universidad se reencuentran y viven una serie de acontecimientos que podría alterar sus vidas para siempre”. Sin desvelar cuáles son esos sucesos que cambiarán el curso de su existencia (o no), sí se puede decir sin miedo a revelar demasiado que Striking Vipers es un videojuego de realidad virtual con estética retro que resulta de suma importancia en el desarrollo de los hechos que se narran.

Anthony Mackie, Yahya Abdul-Mateen II, Nicole Beharie, Pom Klementieff,y Ludi Lin dan vida a los principales protagonistas de un capítulo con un poco menos de drama que los otros dos, pero con sus dosis de diversión, crisis personal, acción y sexo virtual. Todo muy Black Mirror para poner sobre la pantalla la discusión de dónde acaba la persona y dónde empieza su avatar y cuál de los dos es más real, el de carne y hueso o el hecho de píxeles. Dónde se es uno mismo es la gran pregunta que se aborda aquí.

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Los Siete Reinos cruzan al otro lado del espejo

El final de ‘Juego de tronos’ crea un vacío que va más allá del ocio y la ficción (este artículo no contiene ‘spoilers’)

GUILLERMO ALTARES

Maisie Williams como Ayra Stark en 'Juego de tronos'.
Maisie Williams como Ayra Stark en ‘Juego de tronos’. EL PAÍS

Al principio de La orgía perpetua, su ensayo sobre Flaubert, Mario Vargas Llosa resume la influencia que la ficción puede tener sobre la realidad a través de una frase sobre un personaje de Balzac que se atribuye a Oscar Wilde: “La muerte de Lucien de Rubempré es el mayor drama de mi vida”. Se trata de una sentencia que difícilmente se puede aplicar a Juego de tronos, porque demostró desde su primera temporada que no era prudente tomarle demasiado cariño a un personaje porque podía ser decapitado, torturado o apuñalado en el capítulo siguiente. Sin embargo, la frase con la que prosigue el escritor peruano su texto sí tiene todo el sentido: “Un puñado de personajes literarios han marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que he conocido”.

Después de ocho años, la serie basada en las novelas de George R. R. Martin llega a su fin, e incluso aquellos espectadores que tienden a confundir a la mayoría de los personajes —ocurre algo parecido en una reunión de antiguos alumnos: te suenan las caras, pero eres incapaz de ponerles un nombre— sentirán algún tipo de vacío que va mucho más allá de su ocio. Juego de tronos ha irrumpido de forma tan rotunda en la realidad que algunos lectores amenazaron a Martin para que terminase sus novelas de una vez, mientras que una petición popular para que los guionistas cambien la última temporada ha alcanzado el millón de firmas.

Los lectores americanos de Charles Dickens esperaban en los puertos a que llegasen los barcos de Inglaterra para poder leer las nuevas entregas de sus grandes novelas. Las cosas no han cambiado mucho: semana tras semana se esperan los nuevos capítulos, un vacío que se convierte en meses o años entre una temporada y otra. Unas generaciones han crecido con una parte de su imaginación capturada por una galaxia muy lejana, otras, por dos pisos de amigos en Manhattan o por los barrios bajos de Baltimore. Ahora que los Siete Reinos se han desvanecido y sus personajes continúan su existencia al otro lado del espejo, lejos de nuestra mirada, seguiremos yendo al puerto a esperar a que aparezca en el horizonte un buque capaz de cumplir con las exigencias de nuestra imaginación, que son también las de la vida

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Por qué ‘Juego de tronos’, acabe como acabe, ha sido tanto tiempo la serie de (casi) todos

Violencia, sexo, política, acción y personajes a los que amar y odiar son solo algunas de las claves de por qué ‘Juego de tronos’ ha sido y seguirá siendo tan importante en el mundo de las series.

Cersei y Jamie Lannister. HBO.
Cersei y Jamie Lannister. HBO.

MARÍA JOSÉ ARIAS

El 17 de abril de 2011, hace poco más de ocho años, iniciaba su andadura televisiva una poderosa saga literaria que para entonces ya contaba con una legión de seguidores. El característico zumbido de HBO daba paso a la primer escena de Juego de tronos. Esa en la que tres jinetes cruzaban un muro, el Muro, hacia un paisaje helado para darse de bruces con una escena salvaje y mostrar a un caminante blanco. Después sonaba por primera vez la sintonía creada por Ramin Djawadi. Aquel capítulo, al que le seguirían 72 más, se llamaba Winter is coming, frase que se ha repetido hasta la saciedad como un mantra para asustar a los timoratos. Lo que pasó después ya es parte de la historia de la televisión.

Al margen de lo que ocurra la madrugada del lunes y de lo satisfechos que queden o no los millones de seguidores de la serie creada por David Benioff y D. B. Weiss, Juego de tronos se ha convertido en los últimos años en La Serie. Así, con mayúsculas. De la que todo el mundo habla, de la que todo el mundo evita spoilers y la que casi todo el mundo ha visto. Y quien no ha caído en sus redes ha de sufrir el martirio de que familiares, amigos y conocidos hablen de ella e insistan en convencerles de que deberían asomarse a los Siete Reinos y elegir favorito al Trono de Hierro.

Sin embargo, ser fan de Juego de tronos no siempre fue fácil. Llevar el sello de HBO es sinónimo de algo, de calidad. Le da cierta garantía al espectador. Aunque lo cierto es que la conversión de Canción de hielo y fuego en serie de televisión no era tan ambiciosa en las primeras temporadas como lo ha sido en las últimas. Basta con echar la vista atrás para recordar aquella imagen de Nido de Águilas que parecía de cartón piedra o ese Torneo del Rey con más bien pocos súbditos. Ha cambiado y crecido mucho la población de Desembarco del Rey en estos años. Como lo han hecho los efectos visuales y el trabajo en postproducción. Nada que ver aquellos planos de entonces, cuando aún Ned Stark conservaba su cabeza, con los últimos de los dragones sobrevolando tropas y ciudades y arrasándolas con su aliento de fuego.

Esa evolución es una muestra más de la importancia y de la magnitud de una historia que primero se convirtió en un fenómeno más allá de los libros y después lo hizo más allá de las pantallas, por supuesto. Para los lectores de las novelas, que eran muchos, era inevitable asomarse a ella con la perspectiva de quienes ya conocen de qué va, su universo y cuáles son las reglas del juego. El resto se encontró con una serie ambientada en un mundo fantástico de estética medieval y criaturas pálidas con ojos azules, sexo, violencia, incesto, magia, mucha controversia (eso siempre viene bien a la hora de sumar adeptos en este sentido) y algo con lo que no todos los guionistas se atreven: presentar a un personaje haciendo creer que es su protagonista, el héroe de la historia, y decapitarlo antes del final de la primera temporada. Hubo tiempo suficiente para encariñarse con él de manera que el mazazo fuese mayor y llorar con pena su muerte. No fue la única para una ficción televisiva a la que no le ha temblado el pulso a la hora de eliminar personajes de las formas más horribles y, a veces, incluso espectaculares.Habrá quien no esté de acuerdo, pero es muy posible que la sexta y la séptima temporada sean las mejores

Esta ha sido una de sus señas de identidad. Hasta el punto de convertirse en una suerte de medidor a la hora de valorar las bajas en otras series. Además de, claro, una broma recurrente entre los actores, que cada vez que recibían un nuevo guion lo hacía con la espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas. Fueron cayendo uno a uno. A veces en grupo, como en la memorable Boda roja o cuando el fuego valyrio arrasó el Septo de Baelor. Unos eran muy queridos y fueron llorados. Otros, más odiados y celebrados. Muertes en las que al otro guapo oficial le reventaban la cabeza en un combate, a un mal padre le disparaban con una ballesta en el retrete, a un tipo detestable le devoraban sus propios perros hambrientos y un gigante bonachón parco en palabras moría sujetando una puerta y convirtiéndose en leyenda. Ni los niños se han salvado del exterminio en esta serie. Algo que estaba en los libros y que dotó a Juego de tronos de unas reglas propias del juego, el suyo.

Daenerys Targaryen, en una escena del penúltimo capítulo de Juego de Tronos. HBO

Daenerys Targaryen, en una escena del penúltimo capítulo de Juego de Tronos. HBO

El momento clave en el que la serie se adelantó a las novelas

Todo eso contribuyó a que el fandom fuese creciendo hasta el punto de conseguir romper récords de audiencia y congregar semana semana a millones y millones de espectadores delante del televisor para saber cuál sería el siguiente movimiento en la batalla por los Siete Reinos. Durante las primeras cinco temporadas (casi) todo estaba escrito de antemano por George R. R. Martin pese a que los guionistas se tomaron sus licencias. Es lo que tiene la adaptación, que no ha de ser literal. Después, cuando la trama voló libre de lo que marcaban las novelas el interés se multiplicó exponencialmente. Ya no había camino marcado y todo era nuevo. Habrá quien no esté de acuerdo, pero es muy posible que la sexta y la séptima temporada sean las mejores. Al hecho de que algunos personajes dieran el salto de madurez que se les venía exigiendo desde hacía tiempo, que la acción llegase a raudales y de calidad y que algunas muertes fuesen más que aplaudidas se unió que por fin quienes no habían leído las novelas dejaron de oír la letanía de ‘es que esto no se parece al libro’.

Entonces, hace cinco semanas, llegó la octava y crítica y fans se dividieron en facciones. A falta de un solo episodio, pocos están satisfechos al 100%. Primero, que si por qué perder el tiempo con dos capítulos de personajes que se reencuentran y hablan cuando la chicha está en la batalla. Después, que si el enfrentamiento final con los Caminantes Blancos no fue para tanto y no murió nadie de primera línea. Luego, que si se cuela una taza de café para llevar y una mano crece milagrosamente. O que ese personaje se merecía una muerte más cruel a la altura de sus barrabasadas o que la evolución de esa otra no se corresponde con lo que debería haber sido… Críticas y más críticas, quejas y más quejas que no pueden hacer olvidar la importancia de Juego de tronos ya no como serie de una calidad que puede ser más o menos discutible según quien la defienda o denoste, sino como fenómeno seriéfilo. Que haya tantos comentarios en su contra tras los dos últimos episodios o que cientos de miles de personas hayan firmado una petición para que se rehaga esta última temporada no es otra cosa que una muestra más de su importancia.

Juego de tronos se ha convertido en La Serie porque ha dado razones para ello y porque los espectadores así lo han querido. Antes que ella lo fue Perdidos, cuyo final aún se discute casi una década después. Desde el cierre de aquella isla misteriosa con un oso polar como inquilino inexplicable dentro ninguna ficción había logrado llenar ese hueco. Como la creada por Damon Lindelof, Jeffrey Lieber y J. J. Abrams, la de Benioff y Weiss ha alimentado durante ocho años ese caldo de cultivo que es el fandom que convierte una serie en suya para lo bueno y para lo malo. Su trama de conspiraciones políticas, rivalidades y poder en la que los bandos se dividen por casas ha contribuido a que, como explicaba hace ya seis años Natalie Dormer a Público, una gran parte de quienes la siguen se comporte como hinchas de un equipo de fútbol. En lugar de ir con el Real Madrid o con el Barcelona lo hacen con los Stark, los Targaryen o los Lannister. Incluso los actores se han decantado por un personaje u otro como candidato a ocupar el Trono de Hierro. “Si Daenerys no lo consigue va a ser un anticlímax”, reconocía en una entrevista con este periódico Sophie Turner en la sexta temporada. En la cuarta, Sibel Kekilli apostaba más por Tyrion. Ambos siguen vivos.

El juego de adivinar qué pasará

Lo intrincado de los linajes, los secretos, las profecías y las confabulaciones entre familias han sido durante ocho años el terreno idóneo para desarrollar teorías más o menos locas y jugar a adivinar qué pasará en el siguiente capítulo o temporada. La lucha es por el trono, pero al final quién lo ocupe ese lunes no es lo que realmente importa, sino el camino hasta llegar a ese momento definitivo. Que haya sido una serie de degustar semana a semana también ha ayudado a engrandecer al fenómeno como en su día ocurrió con Perdidos. Eso hace que la digestión se pueda hacer con calma, con tiempo para buscarle segundas intenciones a cada frase, cada detalle y que se desarrollen esas teorías que tanto han hecho crecer a Juego de tronos fuera de su emisión.

Otra de las razones por las que ha trascendido más allá de la pantalla tiene que ver con sus personajes, el cariño u odio que se les ha cogido y la importancia dada a quienes son ninguneados en otro tipo de ficciones o en la vida real. Los repudiados son aquí quienes más interés despiertan. Un bastardo, un enano y un puñado de mujeres que han demostrado que el poder es cosa suya y se han convertido en iconos de un feminismo que algunos han puesto en tela de juicio en la recta final debido a los derroteros que ha tomado la historia pese a que lo más prudente sería esperar al último minuto para juzgar. Como ha demostrado Juego de tronos, en Poniente cualquier cosa puede pasar y aún quedan 80 minutos por recorrer.

Ocho años después el fenómeno es tal que rellenar el hueco que deja no va a ser fácil. En HBO lo han intentado con Westworld, que les ha dado buenos resultados, y su idea es alargar la sombra de la creación de Martin apostando por los spin-off. De momento, a falta de un episodio, lo que se puede asegurar es que sí, que por mucho que Juego de tronos acabe, su legado permanecerá y que aún quedan semanas, sino meses, de teorías sobre esta o aquella escena, sobre el significado de cada plano y protestas -las habrá seguro- sobre el desenlace que le han dado.

La serie más premiada de la historia de los Emmy se despide la noche de este domingo -madrugada del lunes en España- dejando a millones de fans huérfanos y a un amplio reparto de actores teniendo que buscarse el pan en otros lares. A los de Perdidos el fenómeno que les aupó también les devoró en parte y ninguno ha logrado repetir el éxito de la isla. En Juego de tronos, quienes han salido antes ha tenido suerte dispar. Para Pedro Pascal o Richard Madden, por ejemplo, ha sido un auténtico trampolín. Para otros, no tanto. De los que que aún seguían vivos al comienzo de la octava, algunos ya habían demostrado su talento como actores antes de enrolarse en esta aventura. Unos pocos han sido auténticos descubrimientos. Pero también hay quien, pese a su protagonismo en Poniente, ha dejado claro que sus capacidades interpretativas son limitadas. Su habilidad para reinventarse será la clave.

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‘Juego de tronos’ 8×04: Errores tácticos

[Atención: aquí se revelan y discuten detalles del cuarto episodio de la octava temporada de Juego de tronos. La noche es oscura y llena de spoilers, procedan con precaución].

‘Juego de tronos’ 8×04: Errores tácticos

Cersei (Lena Headey) retoma el rojo Lannister después de mucho tiempo usando negro de luto.CreditHelen Sloan/HBO

Tenía tres dragones, uno se murió en la nieve y, de los dos que quedaban, uno se murió en el mar…

El equipo Targaryen cometió en este episodio un nuevo error táctico al subestimar, otra vez, a Cersei y Euron, a tal punto que les fue posible –casi sin pestañear– tomar prisionera a Missandei y decapitarla frente a Gusano Gris y Daenerys (Cersei, quien antes prefería torturar un poco más a quienes la disgustaban, aprendió algo de su primogénito Joffrey). Nos despedimos así de otra competente mujer de fuera de Poniente, aunque el programa parece haber olvidado por completo que existen otros continentes (¿qué será de Daario Naharis como virrey de los pueblos libres? Ni a Daenerys, la mhysa de aquellos habitantes, parece importarle lo suficiente como para referirse a ellos más que de pasada).

De nuevo fue un episodio con varios momentos impactantes y con conversaciones bien estructuradas, pero también algunas de las sacudidas fueron a costa del desarrollo que han tenido ciertos personajes. Me parece que para mantener más contenida la trama y llegar eficientemente a la conclusión, los creadores y productores ejecutivos de la adaptación, David Benioff y Dan Weiss, trataron a sus protagonistas en este episodio más como fichas que tienen que desplazarse a un punto del tablero que como personajes con siete temporadas de razonamiento que habían ido evolucionando con sus jugadas anteriores. Porque todos caen directo en la trampa de Cersei… otra vez.

‘Juego de tronos’ 8×04: Errores tácticos

Piras funerarias… quizá pocas considerando cuántos dohtrakis e inmaculados murieron CreditHelen Sloan/HBO

Después de varios momentos para congeniar en Invernalia y de rendir honor a los muertos, empiezan a moverse las fichas. “Es nuestro deber y nuestro honor que permanezcan vivos en la memoria, para quienes vengan tras nosotros y quienes vengan tras ellos, mientras que los hombres respiren”, dice Jon sobre los fallecidos en la Batalla por Invernalia, en medio de miradas incómodas con la Madre de Dragones, que se tornan tiernas durante el banquete… hasta que los presentes vitorean a Jon. Cuando, poco después, se reúnen en la habitación de Jon, él dice que no puede callar sobre sus orígenes. “¿Aunque la verdad nos destruya?”, le ruega Daenerys, justamente proyectando lo que sucederá cuando los demás personajes se enteren.

Así empieza a rodar la conspiración de Varys, con discusiones tensas con Tyrion sobre qué conviene más para la gente a la que difícilmente le importa en su cotidianidad quién está en el trono. La temporada pasada ya se había instalado la semilla del descontento en Varys, durante una gran escena con Daenerys al insistir en que solo quiere aliarse con el monarca que cree que hará lo mejor por su gente, lo cual repite esta vez. Tyrion asegura que cree en la Madre de Dragones, aunque parece estar empezando a dudar cuando Sansa —apenas un episodio después de que ella le dijera que siempre tendrían lealtades divididas— le revela la verdad sobre Jon/Aegon.

“Me preocupa su estado mental”, le comenta Varys sobre Daenerys antes de la emboscada, y luego la serie se esfuerza por darle la razón. Varys era un estratega destacado, el mejor protector de secretos del reino, pero ahora no duda en mostrarle todas sus cartas a la Mano de la Reina, cuando Tyrion deja claro que no está dispuesto —¿aún?— a cambiar de parecer. Con eso queda marcado el camino hacia los últimos dos episodios.

También está la ficha de Jaime, a quien los creadores deciden regresar al sur, a pesar de su trama de crecimiento personal y redención al lado de Brienne. Jaime abandona casi sin chistar a la mujer a la que había ido a buscar al Norte para pelear a su lado y a quien nombró con ojos llorosos dama de caballería, como si la noche que pasaron juntos después de una ronda de bastantes tragos hubiera sido cualquier cosa. Y como si su renovada relación con Tyrion fuera nimia. Se anulan los avances que Jaime había tenido como alguien que reconocía sus actos e intentaba mejorar, incluyendo su contundente rechazo a Cersei en la temporada pasada, cuando ella hizo el ademán de ordenarle a la Montaña que lo matara. Así que, después de enterarse de que Bronn fue contratado por Cersei para matarlos a él y a Tyrion, regresa a Desembarco del Rey para estar al lado de Cersei. Caballero Lannister a E7.

‘Juego de tronos’ 8×04: Errores tácticos

Missandei, la única mujer no caucásica que quedaba, ya no está y Varys ya no respalda a Daenerys. ¿Será la gota que derrame el vaso para la Madre de Dragones? CreditHelen Sloan/HBO

Entre quienes se mantienen consecuentes están las hermanas Stark. Arya rechaza el pedido de matrimonio de Gendry, por fin reconocido como Baratheon y el nuevo lord de Bastión de Tormentas, porque sabe que ella no es el tipo de persona que se vuelve dama de un castillo. Arya retoma en vez de eso su lista y parte a Desembarco del Rey junto con el Perro en busca de cierto par de ojos verdes Lannister. Sansa también mantiene sus avances estratégicos, pues al enterarse de la ascendencia de Jon ve una oportunidad de proteger al Norte.

El ejemplo más claro del apuro narrativo es Daenerys.

La producción de la serie sí se ha esforzado por pintarla como la reencarnación total de su padre, el Rey Loco, desde mediados de la temporada pasada. Quien antes hablaba con convencimiento de querer “romper la rueda” de disputas marcadas solo por el apellido familiar y aseguraba que quería proteger a la gente cuyas cadenas rompió en Essos ahora no parece tener otra motivación que atrincherarse en su apellido familiar y su búsqueda sangrienta por el trono. Querrían hacerla la última gran villana de la serie (si es que realmente derrotan a Cersei, que consistentemente es la mejor jugadora en el tablero, completamente la hija de su padre).

Pero la manera en la que orillan a Daenerys a ese fin es la que se siente como una movida de peones: los asesinatos de la megatraductora Missandei y de Rhaegal —que me dejaron boaquiabierta, y no tanto porque muriera otro dragón, al que apenas lloran— hacen parecer que ningún personaje aprendió de las batallas recientes, como solían hacer varios de los estrategas involucrados en el juego por el trono. Claro que el equipo Targaryen ha cometido errores tácticos antes, pero ¿en serio olvidaron por completo que el ejército de Cersei ya había usado una ballesta especial contra Drogon en la batalla por el botín de Altojardín? ¿Ignoraron cómo los Lannister los emboscaron cuando los Inmaculados fueron a Roca Casterly y terminaron siendo sitiados? Enterarse de que la monarca Lannister nunca pretendió movilizar a sus ejércitos para ayudar en la lucha contra los muertos, ¿no los hizo algo más recelosos de cómo proceder en su intento de tomar el sur, ni conscientes del despropósito de intentar evitar que Cersei mate a Missandei? Daenerys se acerca a Desembarco del Rey desde el aire, en busca justamente de quemar la flota de Euron, y ¿ni siquiera está monitoreando si hay algo detrás de un acantilado que no es tan alto?

“Ese es mi destino y lo cumpliré sin importar el costo”, declara Daenerys sobre derrocar a tiranos. El programa indicaría que Cersei posiblemente tendrá su fin, pero ¿qué harán los demás si es que Daenerys, como parece, se convierte en aquello que odia?

‘Juego de tronos’ 8×04: Errores tácticos

Adiós, Rhaegal CreditHBO

Detalles sin estandarte

• Este episodio es el primer respiro para que algunos personajes se dirijan la palabra, como la conversación de Sansa con el Perro en la que se subraya cuánto ha cambiado la Pequeña Ave Stark al enfrentarse a los peores demonios. Se cimenta así la idea en Sandor Clegane de que por fin es momento de confrontar a los suyos: su hermano la Montaña. El tan anticipado Cleganebowl se acerca.

• Benioff y Weiss, los escritores del episodio, le dan cierre a las tramas de Thormund y Fantasma (¡Sobrevivió! Sin una oreja), pues se decide que vayan más al norte, “el verdadero Norte”. Lo mismo para Sam y Gilly, que reciben su final feliz al despedirse de Jon para aparentemente quedarse en Invernalia a esperar el nacimiento de su segundo hijo.

• David Nutter regresa como director después de estar detrás de las cámaras para los primeros dos episodios y varios clásicos de la serie, entre ellos el de la Boda Roja (“The Rains of Castamere”) y cuando Drogon incinera a los Hijos de la Arpía que pretendían asesinar a Daenerys (“The Dance of Dragons”). El próximo capítulo, que promete ser la gran batalla por Desembarco del Rey, correrá a cargo de Miguel Sapochnik.

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Arya y su daga: La historia del arma en ‘Juego de tronos’

Arya y su daga: La historia del arma en ‘Juego de tronos’

Hoy no, Rey de la Noche CreditHBO

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En la batalla contra el Rey de la Noche hubo espadas, proyectiles, dragones y magia, pero el momento clave se centró en una daga.

El arma elegida por Arya probablemente se te hizo conocida: antes de que puso fin a la Batalla por Invernalia en el último episodio de Juego de tronos salió en varios otros momentos importantes, uno de ellos muy al inicio de la adaptación televisiva.

Aquí estamos para recordarte la historia: así fue como esta pieza clave llegó a las manos de Arya.

[Lee nuestra reseña del episodio aquí].

Un arma sin nombre

La primera vez que vemos la daga es cuando un sicario es contratado para asesinar a Bran Stark, mientras está en coma, en el segundo episodio de la serie. “Es por misericordia”, dice el asesino. “Ya está muerto”. Tanto Catelyn Stark, la madre de Bran que toma la parte afilada entre sus manos, como Verano, el lobo huargo del niño, logran abatir al asesino. Es así que la daga termina en posesión de…

Catelyn Stark

La matriarca de Invernalia sospecha que la caída de Bran desde la torre y el intento de asesinarlo están vinculados. Empieza a investigar y realiza una pequeña reunión con personas de confianza —Robb Stark, Theon, Ser Rodrik Cassel y el maestro Luwin— para discutir sus hallazgos, así que la daga es entregada a…

Ser Rodrik Cassel

El maestro de armas de los Stark hace notar que el arma es demasiado “fina” para ser de un mercenario cualquiera, pues está hecha de acero valyrio y huesodragón. “Alguien tuvo que habérsela dado”, concluye Cassel. ¿Quién? Los Stark suponen que fue alguien de la casa Lannister y Theon ofrece entonces ayudar a Robb a vengarse. (“¿Qué, habrá una pelea en el Bosque de los Dioses?”, lo cuestiona Luwin. Pues al final, sí, justamente eso sucede y la daga determina quién gana). Catelyn no quiere esperar a ver si se resuelve el asunto, por lo que decide viajar a Desembarco del Rey con Cassel para averiguar más. Ahí, el arma queda con…

Petyr Baelish

Meñique, amigo desde la infancia de Catelyn y un destacado manipulador, tiene en su custodia el arma que, de hecho, alguna vez fue suya. Asegura que la perdió después de apostarla en un torneo. (A decir de Meñique, apostó con Tyrion Lannister que Jaime Lannister perdería contra Loras Tyrell y que así fue). Claro que es una mentira, pero los Stark la creen, al igual que creen la promesa de Meñique de que los ayudará a descubrir la “verdad”. Entonces la daga queda en manos de…

Ned Stark

El patriarca Stark, que era entonces la Mano del Rey, guarda la daga en su oficina hasta ponerla de manera visible en su escritorio durante una conversación con Meñique sobre la línea de sucesión al trono después de la muerte del rey Robert Baratheon. El arma exhibida no pasa desapercibida y por ello termina con…

Petyr Baelish

Ya sea que la haya tomado discretamente del escritorio de Ned o del cinturón de Ned en la sala del trono de Desembarco del Rey, Meñique demuestra su habilidad de mano larga. Pone el filo de la daga contra el cuello de Ned mientras se regodea de que no es digno de confianza. Años después, en un intento por comprobar que es digno de confianza, inexplicablemente decide ofrecerla como regalo a…

Bran Stark

Baelish asegura que el último hombre que usó el arma fue el asesino que intentó matar a Bran y ofrece hacer “cualquier cosa” para ayudar al último heredero varón de los Stark. Bran no queda muy impresionado. Parece no estar interesado en el regalo ni en su valor como arma, menos en las promesas de Meñique, y entonces le da el arma a…

Arya Stark

Bran le entrega la daga a su hermana con la excusa de que no la quiere y que no podría aprovecharla. Pero quizá sabía que iba a ser clave para que ella lo protegiera. Bran sabía que Arya tenía una lista de blancos y que posiblemente ya había matado a varias personas, así que se aseguró de que la daga empleada por un asesino quedara en manos de quien la iba a utilizar apropiadamente. Y Arya lo hizo: la usó para cortarle el cuello a Meñique y después para apuñalar al Rey de la Noche con una de las pocas armas capaces de eliminarlo.

Para quienes se pregunten quién tenía esa daga valyria antes del intento de matar a Bran —un misterio que no queda realmente resuelto en la adaptación televisiva— los libros tienen la respuesta. Tyrion y Jaime dilucidan que Robert es quien apostó con Meñique y ganó así el arma, y que su “hijo” Joffrey la tomó prestada cuando contrató al sicario. Joffrey lo habría pensado como un homicidio por supuesta misericordia para el Bran en coma… y al final les dio a los Stark la mejor manera de derrotar al Rey de la Noche.

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Arya y su daga: La historia del arma en ‘Juego de tronos’

Bran (Isaac Hempstead Wright) le cedió el arma a Arya (Maisie Williams) en la séptima temporada.CreditHelen Sloan/HBO

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Últimas batallas en Invernalia

Juego de Tronos, esa historia monumental sobre el poder, ha derivado en donde acaba siempre el poder: una drástica reducción de sus ambiciones

Últimas batallas en Invernalia
Captura de pantalla de una escena del segundo capítulo de la última temporada de Juego de Tronos. En vídeo, imágenes del segundo capítulo. AP | HBO

 

Si tuviese la suerte de vivir el fin del mundo, es decir, si tuviese la suerte de cubrir como periodista un acontecimiento así, además de tomarme la hora de cierre más en serio me gustaría pasar las últimas horas como las pasan todos esos personajes de Juego de tronos reunidos en Invernalia antes de la batalla contra un ejército de muertos. En la víspera de lo que uno cree el final se recurre a lo mismo: los demás. Serán el infierno, pero ese infierno es el único calor que tenemos antes de arder.

Este episodio de la segunda temporada, una obra de arte sin cadáveres y construida no alrededor de la violencia, sino de la promesa de la violencia, en la que se rehabilitan afectos de golpe, se condonan o aplazan deudas, se canta y se bebe, es tal y como imagino los últimos cinco minutos de vida antes de pelear a muerte por cinco minutos más. Bajo ese verso con el que arranca Podrick su canción (“en los salones de reyes desaparecidos, Jenny bailaba con sus fantasmas”) y que termina, tras una sucesión de imágenes con el “nunca quiso irse” repetido hasta creer que Jenny de alguna forma nunca se fue. Y que emparenta con la reflexión de la muerte hecha minutos antes por Samwell: “La verdadera muerte es el olvido” y la frase que mejor resume la vida que dice Bran: “Las cosas que uno hace por amor”.

En realidad la belleza de la víspera, la vigilia, no es tanto la expectativa, esa ilusión de que las cosas están a punto de empezar y hay que prepararse para ellas, como la certeza de que están ocurriendo ya. En cada conversación que se produce en Invernalia hay un presagio fúnebre que obliga a detenerse en detalles que no existirían de otro modo. Las palabras sobre lo inmutable, lo que no va a cambiar nunca, dichas por el archimaestre Ebrose en la temporada anterior (“El Muro lo ha soportado todo. Y cada invierno que ha llegado ha terminado”) son la ceniza que siempre consiguen ver o provocar los que creen que en el mundo hay cosas que no cambian nunca o no deben hacerlo. Hasta las estaciones lo hacen, y éstas más pronto que tarde.

Así que Juego de tronos, esa historia monumental sobre el poder, ha derivado en donde acaba siempre el poder: una drástica reducción de sus ambiciones para pelear no por mandar sino por vivir, un día más de vida. Algo que, en ese final de episodio con Florence and The Machine y Jenny Oldstones que tanto me recordó al Ninna Ninna con la que Tony Soprano se dirige al encuentro de su hijo, ingresado tras un intento de suicidio (“mis raíces, mis jodidos y pútridos genes han infectado el alma de mi hijo”), lleva a evocar a Rilke y los versos de Las elegías de Duino: hasta aquí nosotros, esto es lo nuestro. Escritas desde Duino, la fortaleza medieval que también acogió a Dante; un castillo tan testigo de los esplendoores y de las ruinas del continente europeo como puede serlo Invernalia de los destinos crueles y felices del Norte. “¿No se asombraron ustedes, en las estelas áticas, / de la prudencia de los gestos humanos? El amor / y la despedida, ¿no fueron puestos demasiado / ligeramente sobre los hombros, como si se tratara / de seres hechos de otra materia que nosotros? / Recuerden las manos, cómo se posan sin presión, aunque / hay vigor en los torsos. Estos dueños de sí mismos / lo sabían: hasta aquí, nosotros; esto es lo nuestro, / tocarnos así; que los dioses nos aprieten / con mayor fuerza”.

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El regreso de ‘Juego de tronos’: Dragones, elefantes y reuniones

El regreso de ‘Juego de tronos’: Dragones, elefantes y reuniones

Jon Snow (¿o Aegon Targaryen?) a su regreso a Invernalia, acompañado por Daenerys Targaryen CreditHelen Sloan/HBO

Parece apropiado que poco antes de conocer su verdadero linaje, Jon Snow (también llamado Aegon Targaryen) se convirtiera en el primer hombre en montar un dragón en siglos. Y es apropiado que haya montado a Rhaegal, el dragón que Daenerys nombró en honor a su hermano mayor. Sí, el fallecido padre biológico de Jon Snow.

Puede que la capacidad de volar en un dragón camino al trono al lado de una mujer a la que ama esté en la sangre de Jon/Aegon; el antecesor de mismo nombre lideró junto con sus dos hermanas la gran conquista de Poniente muchos siglos atrás de ese modo. Ese Aegon terminó en el trono compartido con sus hermanas. ¿Nos dirigimos a un desenlace similar con Daenerys y Jon, ya que su relación familiar quedó al descubierto?

El momento en que Jon se entera de quiénes son realmente sus padres, gracias a Samwell Tarly, fue uno de los varios reencuentros y reuniones incómodas que marcaron este episodio, que en apariencia solo busca mover algunas fichas para ubicarnos en la nueva realidad de Invernalia antes de que lleguen los Caminantes Blancos. (Como lo demuestra la última escena con el niño Umber que revive, están muy cerca de casa).

También pudimos presenciar la reunión del mismo Samwell con el caballero al que salvó, Jorah Mormont, y con Daenerys, a quien Tarly le agradece entre lágrimas la noticia de que su padre y su hermano murieron por decisión de la reina a la que ahora todo el norte habría de jurar lealtad. Arya apenas si saluda a Gendry después de verlo tras tanto tiempo, solo para pedirle que le haga un arma especial. Cruza aún menos palabras con el Perro y muy pocas con Jon, con quien prefiere intercambiar información sobre sus espadas.

El regreso de ‘Juego de tronos’: Dragones, elefantes y reuniones

Sophie Turner como Sansa Stark CreditHelen Sloan/HBO

Hay más reuniones incómodas: entre Jon y los reales que le prometieron lealtad cuando aún era Rey del Norte. Hasta Lyanna Mormont, joven a quien no le faltan palabras ni dudaba en respaldarlo antes, duda sobre cómo exactamente referirse a él ahora que se arrodilló ante la reina Targaryen. Queda en Tyrion, de los odiados Lannister, intentar remediar el lío en el que se metió Jon con los señores del Norte; les promete que el ejército de su hermana Cersei va camino a Invernalia para respaldarlos en su lucha contra los muertos. Excepto que, como bien sabemos, no es así. Y Tyrion, alguna vez uno de los operadores más sagaces de este juego, no se da cuenta sino hasta que Sansa se lo hace ver. “Solía pensar que eras el hombre más inteligente”, dice Sansa. Muchos de nosotros probablemente pensábamos lo mismo.

En Desembarco del Rey hay otra reunión, algo apurada, entre Euron Greyjoy y Cersei Lannister. Con una flota y 20.000 soldados de la Compañía Dorada —aunque ninguno de los elefantes de la orden mercenaria, para decepción de Cersei— Euron exige a Cersei que cumpla con lo que prometió; y ella, sin Jaime cerca, accede.

Jaime no está ahí porque acaba de llegar a Invernalia tras viajar al norte a ayudar en la pelea contra los muertos. Claro que se topa inmediatamente con —¿quién más?— Bran, el mismo al que empujó desde una torre en Invernalia en el inicio de la serie. Dado que Bran ya no es el mismo, ni de cerca, y como Jaime tampoco es la misma persona (tras varios momentos de redención), quizá este reencuentro no sea tan terrible como los demás.

El regreso de ‘Juego de tronos’: Dragones, elefantes y reuniones

Bran Stark (Isaac Hempstead Wright) está casi donde sea que uno voltee en Invernalia. CreditHelen Sloan/HBO

Aunque, por el momento, ni esa reunión ni la reacción de Jon respecto a sus verdaderos padres —más allá de su preocupación inicial porque Ned Stark, un hombre tan honorable, le mintiera— son un tema tan apremiante: los muertos están a la puerta.

Bien dice Varys cuando Davos y Tyrion están discutiendo si convendría casar a Danerys y Jon (quizá no saben que ellos dos ya están un paso más adelante): “Nada perdura”.

• ¡Una nueva introducción! Por primera vez en la serie cambió sustancialmente la animación inicial: el muro ya aparece con el hoyo creado por el dragón zombi Viserion, y en el astrolabio inicial que antes mostraba la última gran guerra de Poniente no hay venados ni leones ni lobos huargos, solo un dragón echando fuego.

• La primera reacción de Yara al ver de nuevo a Theon Greyjoy es muy apropiada, un golpe directo a la cabeza. La guerrera decide dirigirse de regreso a las Islas de Hierro tras ser liberada para intentar arrebatárselas a Euron, aunque reconoce que lo que su hermano Theon realmente quiere es ir a pelear a Invernalia. Si tomamos en cuenta la velocidad a la que se ha movido la serie en las últimas dos temporadas, Theon estará en su antiguo hogar muy pronto.

• Bronn no ha quedado en el olvido. Lo vemos en Desembarco del Rey por unos segundos en los que Qyburn le entrega la ballesta de Chekhov y le encarga matar tanto a Tyrion como a Jaime por orden de su hermana mayor Cersei. La reina Lannister claramente no ha olvidado la profecía que recibió cuando era niña: que sus hijos morirían, una mujer más joven le disputaría la corona y su hermano menor la mataría. Ya se han cumplido dos de tres.

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