‘Juego de tronos’ y otras 9 series muy esperadas para 2019

El año que empieza será el final de la lucha por el Trono de Hierro, pero no es la única serie con todos los ojos pendientes de ella que se estrenará en los próximos meses

El actor Peter Dinklage, en su papel de Tywin Lannister, en

El actor Peter Dinklage, en su papel de Tywin Lannister, en ‘Juego de Tronos’

Dragones, una dictadura teocrática, guerreros de galaxias muy lejanas o mundos fantásticos, un ángel y un demonio intentando evitar el Apocalipsis, una espía de la CIA con problemas psicológicos… 2019 va a ser un gran año en cuanto a series se refiere.

Unas dicen adiós, otras regresan y algunas llegan de nuevas. Habrá, como cada temporada, cientos de estrenos.

De entre todas, hay unas cuantas que sobre el papel siempre captan más miradas que otras, aquellas alimentadas por esas expectativas tan peligrosas siempre a la hora de sentarse a ver un título pero que resultan inevitables.

‘Juego de tronos’ (HBO)

2019 va a ser el año de Juego de tronos. Más exactamente, del final de Juego de tronos. Ocho años después, otras tantas temporadas más tarde y sin que George R. R. Martin haya terminado aún su saga literaria, la serie que ha conseguido congregar a millones de espectadores semana a semana y en la que evitar los spoilers se han convertido en una obsesión casi enfermiza se acaba. Tan protegidos están los guiones del desenlace que nada se sabe de por dónde pueden tirar en la nueva tanda de episodios, que solo constará de seis, aunque más largos.

Con el Muro venido abajo (la última defensa física contra el Rey de la Noche y su frío ejército), a los aspirantes al Trono de Hierro no les queda otra que unir fuerzas para plantar cara a un enemigo común y aparcar sus rencillas para otro momento. Las quinielas sobre quién resultará vencedor y qué casa ocupará el ansiado Desembarco del Rey llevan abiertas desde su primer episodio, pero las apuestas se han intensificado a falta de seis capítulos. ¿Quién vivirá y quién morirá? Esa es la gran pregunta en realidad. 

‘Watchmen’ (HBO)

Anuncio de la serie

Anuncio de la serie ‘Watchmen’

Watchmen la novela gráfica de Alan Moore en la que se basa esta serie aún sin fecha de estreno, está considerada como una de las mejores del género. Ambientada en una distopía en la que los superhéroes no responden a la imagen que comúnmente se tiene de la profesión, la acción arranca cuando uno de ellos, el Comediante, es encontrado muerto.

En 2009 Zack Snyder llevó la llevó al cine y ahora le ha tocado a la pequeña pantalla de la mano de Damon Lindelof. El primero le dio un giro al final de la novela. El segundo ya ha avisado de que se tratará de una trama original ambientada en el mundo creado por Moore y el dibujante David Gibbons.

Contará su propia historia, pero mantendrá algunos personajes. Hace no mucho se anunciaba que Jeremy Irons daría vida a Adrian Veidt (Ozymandias), personaje que en el cine interpretó Matthew Goode.

Lindelof contará también con Regina King. El material del que parte y lo que hizo con The Leftovers (convertir una novela del montón en una de las mejores series recientes) han hecho que las expectativas estén por las nubes. En el reparto ya confirmado también están Don Johnson, Tim Blake Nelson, Louis Gossett Jr., Adelaide Clemens y Andrew Howard.

‘Buenos presagios’ (Amazon)

Basada en la novela escrita a cuatro manos por Neil Gaiman y Terry Pratchett, dos de los mejores autores de fantasía, Buenos presagios es la historia de una amistad milenaria entre dos tipos totalmente opuestos que unen sus fuerzas para lograr un bien mayor, que no es otro que salvar a la Tierra y a los humanos de la destrucción que provocaría la venida al mundo del Anticristo.

Uno, Crowley, es un demonio. El otro, Azirafel, un ángel. Se conocen desde tiempos inmemoriales y no pueden ser más diferentes. Aún así, se entienden. El primero está interpretado por David Tennant. El segundo, por Michael Sheen. Todo un acierto de casting que se completa con Jon Hamm en el papel del arcángel Gabriel, una incorporación basada en las notas de Pratchett que no estaba en la novela.

El Apocalipsis amenaza con llegar y solo ellos dos pueden pararlo. Además, lo intentan de manera muy divertida. Así es en la novela y así se espera que sea en la serie.

‘The Witcher’ (Netflix)

Un videojuego basado en unas novelas que va a convertirse en serie. Un complejo universo fantástico con ambientación que recuerda a la Edad Media ideado por Andrzej Sapkowski. La obra de este autor polaco ha caído en manos de Netflix, que ha optado por Henry Cavill como el actor encargado de dar vida al mítico Geralt de Rivia.

El que fuera el último Superman del cine hasta la fecha se mete en la piel de un brujo cazador de monstruos que recorre un mundo tan complejo como peligroso en el que la violencia está muy presente. Magia, conjuros, criaturas extrañas, épica, aventuras y romance. ¿Qué puede salir mal?

‘El cuento de la criada’ (HBO)

Imagen de la serie

Imagen de la serie ‘El cuento de la criada’

Se ha convertido en uno de los estrenos más esperados cada temporada. La primera, por el material del que partía, la novela de Margaret Atwood. La segunda porque, dado el nivel de la anterior y el hecho de que ya no se contase con el apoyo del libro, había mucho interés por comprobar cómo se ampliaba ese universo de Gilead. La vista el año pasado no solo cumplió con las expectativas, sino que las superó.

Por eso y por ese final frustrante pero tan coherente, hay tanto interés en la tercera. No se sabe mucho de ella, salvo que tía Lydia (Ann Dowd) sigue viva y que June (Elizabeth Moss) y Nick (Max Minghella) tendrán que enfrentarse a las consecuencias de poner a salvo a su hija. También se especula con que es más que posible que el personaje de Joseph Lawrence (Bradley Whitford) gane en peso tras ser clave en lo ocurrido en el último episodio y en la fundación de Gilead. El estreno se espera que sea en abril como las dos anteriores. 

‘Mindhunter’ (Netflix)

Imagen de la serie

Imagen de la serie ‘Mindhunter’

La crítica cayó rendida a los pies de Mindhunter y, en especial, del retrato que hizo Cameron Britton de Edmund Kemper. Fue lo más comentado de la primera temporada, estrenada en 2017. Pero, más allá de su actuación sobresaliente, esta serie de David Fincher contaba con numerosos alicientes. A saber, su tono de thriller policial, el retrato de todos y cada uno de los personajes y el descenso a los infiernos del agente Holden Ford (Jonathan Groff).

Ambientada en los setenta, Midhunter contaba los primeros compases de esa división del FBI (formada por solo dos agentes, el mencionado Holden y Bill Tench, interpretado por Holt McCallany) que se adentraba en la ciencia del comportamiento para intentar entender cómo funciona la mente de un asesino en serie.

Una forma de investigar en pañales que en la segunda temporada estará más asentada. Lo que se sabe de ella es que abarcará un periodo muy corto, entre 1979 y 1981, y que abordará los casos de los Asesinatos de Niños de Atlanta y Charles Manson.

‘Homeland’ (FOX)

Juego de tronos no es la única serie que acabará este año. Homeland, que comenzó su andadura en televisión al mismo tiempo que la de los Siete Reinos y ha superado varios altibajos, también echará el cierre en 2019. Aunque no ha sido tan numeroso, esta adaptación de una serie israelí ha dejado tras de sí un buen reguero de muertos de importancia dejando traumatizado a más de un espectador. Entre los más destacados, Nicholas Brody (Damian Lewis) en la tercera y Peter Quinn (Rupert Friend) en la sexta.

Ahora, en la octava, Carrie Mathison (Claire Danes) y Saul Berenson (Mandy Patinkin) pondrán fin a su historia de espías de la CIA seguros de que solo ellos pueden salvar a Estados Unidos de sus enemigos, estén estos fuera o dentro de sus fronteras. De ellas saldrán de nuevo para echar el cierre.

Habrá un salto temporal, pero lo que ocurra estará relacionado con el final de la pasada temporada. Es decir, la dimisión de Elizabeth Keane (Elizabeth Marvel) y el rescate de Mathison después de siete meses secuestrada sin medicación. El estreno sería, en principio, para junio.

‘The Mandalorian’ (Disney)

Imagen de la serie

Imagen de la serie ‘The Mandalorian’

Todos quieren tener su propia plataforma de contenido en VOD y Disney no va a ser menos. A finales de 2019 la casa de Mickey Mouse y tantos otros personajes lanzará la suya propia con la intención de que se extienda por el resto de países. Allí, en Disney+, será donde se pueda ver The Mandalorian, serie ambientada en el universo de Star Wars que no tiene fecha de lanzamiento prevista en España.

En cuanto al argumento, este se centra en la historia de un mercenario mandaloriano (planeta del que proceden también otros personajes como Jango y Boba Fett) al que dará vida Pedro Pascal durante 10 episodios. Además de Pascal, están en el reparto Gina Carano y Nick Nolte, entre otros. En el proyecto está metido Jon Favreau (Iron Man) como productor ejecutivo.

‘Il Miracolo’ (SKY)

Sky ha comenzado a apostar por la producción propia y el contenido exclusivo, en ocasiones van de la mano, para hacerse un hueco en el saturado panorama del streaming en España. Si en 2018 fue con El descubrimiento de las brujas, este 2019 será con Il Miracolo y Catalina la Grande, con Helen Mirren en el papel principal. La primera, El Milagro, llegará en enero y apunta alto.

Escrita por Niccolò Ammaniti, se estrena el 22 de enero y es una historia oscura en la que fe y razón chocan. Más aún cuando quien se enfrenta a ese dilema es el hombre más poderoso del país.

Al frente de los designios de una Italia que atraviesa un momento complicado en lo político y lo social, el actor Guido Caprino, rostro conocido fuera de las fronteras italianas por series como 1992/1993 y Los Medici.

‘Instinto’ (Movistar+)

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Anuncio de la serie ‘Instinto’

La lista de estrenos que tiene en cartera Movistar+ para este nuevo año es larga y en ella se encuentran títulos como las segundas temporadas de GigantesLa PesteMira lo que has hecho y nuevas propuestas como Hierro El embarcadero. Pero quizá una de las más esperadas sea Instinto, la serie producida por Bambú que ha sido presentada a los medios como un thriller erótico que se aleja de la sombra del señor Grey y su trilogía. Compararlas será inevitable, pero desde el equipo han asegurado que no son lo mismo.

La propuesta sobre la mesa es la compleja vida de Marco, un empresario con una relación complicada con el resto del mundo y con el sexo. Interpretado por Mario Casas, dicen del personaje que canaliza sus traumas a través del deporte y ese club de sexo anónimo al que acude.

En el reparto están presentes también Jon Arias, Bruna Cusí, Silvia Alonso, Ingrid García-Jonsson y Óscar Casas. Aún no hay una fecha cerrada de estreno.

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Un tapiz de 77 metros narra todo ‘Juego de tronos’

Un tapiz de 77 metros narra todo

El Museo del Ulster, en Belfast, ha decidido sacar provecho del protagonismo que tiene Irlanda del Norte como escenario en el rodaje de la serie ‘Juego de Tronos’. Y lo ha hecho de una manera muy original: tejiendo un tapiz, al estilo medieval, una cinta continua de 77 metros de largo de momento, en el que se recogen las escenas más destacadas de la serie. La secuencia narrativa ha querido recordar, por ejemplo, al famoso tapiz de Bayeux, que relata gráficamente la conquista normanda de Inglaterra en el año 1066.

El tapiz está expuesto en las salas del museo, pero también puede ser recorrido, con todo detalle, en versión digital

La iniciativa de Turismo de Irlanda no está finalizada: cada semana se añaden escenas del episodio en curso. Aquí mostramos diez escenas claves… que corresponden a las seis primeras temporadas solo, para evitar en lo posible la exposición a ‘spoilers’ no deseados.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

1. Para empezar, la defenestración de Bran.
Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

2. Seguimos con la lluvia dorada sobre el Targaryen menos espabilado.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

3. La tercera escena que hemos seleccionado: el destino final de Ned Stark.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

4. Recordando al tapiz de Bayeux, el fuego valirio sobre las naves de Stanis.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

5. Otra escena truculenta: cara de dolor de Jaimie Lannister mientras pierde una mano.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

6. Ostras, este cuchillo de piedra mata caminantes blancos.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

7. Por supuesto, aquí está la Boda Roja.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

8. Shame, shame, shame. El busco de Cersei, pudibundamente oculto.

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

9. Hold the door!

Un tapiz de 77 metros narra todo 'Juego de tronos'

10. Explosión del septo de Baelor y autodefenestración real.

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Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas

Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas«Algún día, un bocón leerá un par de libros y creerá que los latinos han aportado algo a nuestro país». Así arranca el actor John Leguizamo su unipersonal Historia latina para idiotas, una charla TED punk que va de la cultura maya hasta el reguetonero Pitbull. Busca en clave cómica la identidad latina en EEUU, donde la multiculturalidad y la integración aparecen solo en las pelis. Que es donde está la realidad, ¿verdad?

Leguizamo es poco conocido en España, pero en su larga carrera se ha destacado por convertir papeles secundarios en momentos inolvidables. Como cuando interpreta al mafioso Benny Blanco en Carlito’s Way, o a Tolouse-Lautrec en Moulin Rouge. Este colombiano-puertorriqueño con cientos de créditos en su haber es, como Luis Guzmán o Michael Peña, una de las celebridades invisibles de Hollywood.

Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas

Con histrionismo cáustico, el actor quiere establecer una historia más veraz sobre los latinos en EEUU. Historia que a él no le enseñaron y que a su hijo tampoco le están enseñando en la escuela. Por eso Leguizamo se convierte en un profesor de historia por accidente. Por fidelidad al pasado y por un nuevo futuro. «Los nuevos artistas latinos somos pioneros.  Abrimos las puertas para otros. Y si las puertas no se abren, entramos con una palanca».

Este especial de Netflix llega en el momento justo. Según un estudio del Washington Post, en 2044 los blancos de EEUU dejaran de ser mayoría. Y la cultura, el voto y el rumbo del gran país del norte quedarán en manos de una mayoría de minorías: latinos, afroamericanos y otras etnicidades. Lo cual no es un dato menor para nadie, y menos aún para los muchachos de las capuchas. Que no son los de la Semana Santa de Sevilla.

Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas

Los hispanohablantes ya tienen sus diarioscanales y Latin Grammys, pero siguen ausentes en los libros escolares. Por eso Leguizamo brilla cuando comparte hechos del pasado que ni siquiera él conocía. Como la participación de los latinos en todos los conflictos armados de EEUU, incluidas la Guerra de Independencia contra Gran Bretaña y la Guerra de Secesión. «En la que luchamos para ambos bandos. Porque ya saben, nosotros vamos adonde nos paguen», bromea el actor.

«¿Dónde están todos esos documentales?», se pregunta Leguizamo. Porque hay países cuyas narrativas míticas borran más datos que Snapchat. Hasta hace poco, Gran Bretaña y los Países Bajos habían logrado disimular su pasado colonial, pero hoy se ven obligados  a admitir sus abusos. Por la sencilla razón de que hoy sus ciudadanos africanos, caribeños, árabes e indonesios tienen una voz que antes no tenían. Una suerte de #MeToo antimperialista sin vuelta atrás.

Porque la nueva realidad demográfica exige una nueva narrativa; veamos un ejemplo.  La realidad del automóvil es que nos mete en atascos. La narrativadel automóvil es que nos hace libres. Los publicistas comprenden esto perfectamente. Es el mismo sistema que utilizan los gobiernos para deshumanizar al enemigo. Leguizamo, como ciudadano de segunda, también comprende esto a la perfección.

Pero también se burla sin piedad de su propia cultura. Del machismo, del baile («que siempre nos delata») y de la chancla como método educativo («la chancla es el peor  enemigo de los niños latinos»). Pero se abstiene de tocar el tema narco, probablemente porque Netflix tiene un buen número de series muy rentables que tratan el asunto.

Entre bailes e ironías, el actor repasa la conquista de América, las pestes importadas y las campañas de exterminio de indígenas. Y, como Mel Brooks, logra bromear sobre el mal y salir airoso. Recién entonces se mete con el inquilino de la Casa Blanca y la nueva ola de racismo. Y revela la Ley de Repatriación de los años 30 «que culpaba a los mejicoamericanos de robar empleos. ¿Les suena conocido?», ironiza Leguizamo. Así que nueva ola es un decir.

Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas

Lo más valioso es que el actor considera su herencia mestiza un orgullo: «Por el simple hecho de haber llegado hasta aquí». Una petulancia que toda minoría necesita para sobrevivir. La misma que necesitaron los inmigrantes españoles para enfrentar los  prejuicios cuando tuvieron que marcharse a Francia, Alemania o a las mismas Américas. Si no, pregúntenles a los abuelos.

Por eso el póster de Historia latina para idiotas muestra a Leguizamo disfrazado de Frida Kahlo. Pues Frida –la pobre Frida que vemos hasta en la sopa– es una expresión de creatividad en la adversidad. O como dice Willie Colón en su clásico salsero:

«No te quejes, Andrés,
no te quejes por nada.
Si del cielo te caen limones
aprende a hacer limonada».

Leguizamo: el actor que habla de la historia latina para idiotas

Porque una cultura –cualquier cultura– necesita una narrativa propia que la legitime,  del mismo modo que un país necesita una bandera. Y si es verdad, incluso mejor. Porque la espada es más fuerte que la pluma, pero la pluma es más viral. Saber quiénes somos y qué representamos es quizá la única verdadera utilidad de la historia. Porque está claro que la repetición de los errores del pasado se nos da de maravilla.

Claudio Molinari es escritor.

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Matemos a Apu

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Apu, el entrañable dueño del badulaque de Los Simpson, va a ser eliminado de la teleserie a causa de la controversia que genera su personaje. También porque, al parecer, muchos inmigrantes y estadounidenses de origen indio -incluyendo el cómico Hari Kondabolu- se sienten ofendidos. Apu trabaja en el badulaque todo el día y buena parte de la noche, atendiendo a los clientes y haciéndonos reír con su ingenuidad, su tacañería y su acento indio. No es el único avaro de Los Simpson, porque también están el señor Burns y el jardinero escocés, pero sí el que tiene la piel de color más oscuro. Ningún escocés se ha quejado hasta el momento, que se sepa, y a los millonarios cadavéricos y dueños de centrales nucleares la burla les da lo mismo.

No es la primera vez que un dibujo animado pasa a la categoría de inexistente para no ofender a una minoría: le ocurrió, por ejemplo, a Speedy Gonzales, aquel veloz ratón mexicano que cruzaba de lado a lado la frontera como un reguero de pólvora. Cartoon Network explicó que se trataba de un personaje “políticamente incorrecto” que ridiculizaba a la comunidad hispana en los Estados Unidos. En realidad, no hacían falta estudios de antropología para concluir que si a alguien ridiculizaban las aventuras de Speedy Gonzales era al gato, considerado literalmente “bobo” y “gringo”, quien personificaba la quintaesencia de la policía de fronteras. Lo “políticamente incorrecto” de Speedy, igual que en el caso de Apu, era el color de la piel y la condición de inmigrante.

Por lo demás, como es lógico, no hay un solo personaje de Los Simpson que no caiga en la condición de caricatura, desde el matón de escuela hasta la repelente niña sabelotodo, desde el alcalde corrupto al secretario pelota y enamorado de su jefe en secreto, desde la lesbiana impresentable al vecino ñoño y meapilas. Y, siguiendo la ley de los estereotipos raciales en dos dimensiones, en Los Simpson los negros siempre son simpáticos y afables, los italianos cocineros y gángsters, y los judíos rabinos y payasos. Del protagonista, Homer Simpson, mejor no hablar, porque podría ofender él solo a una variada gama de maridos y trabajadores estadounidenses de raza blanca, concretamente a los vagos, a los patosos, a los gordos y a los botarates. En cuanto a Cletus y la familia de rednecks que cohabitan alegremente entre el incesto y la hemofilia tampoco molestan a nadie porque con los rednecks, como explica Jim Goad, hay barra libre.

Probablemente, el verdadero motivo para cargarse a Apu, cuestiones raciales aparte, sea de orden económico: Los Simpson iban de capa caída desde hace muchos años y el efecto de suprimir a un secundario le ha dado un empujón de publicidad impagable. Es un viejo principio conocido en ficciones televisivas, al menos desde que anunciaron la muerte de Jota Erre. Habrá que ver si con su alucinante capacidad profética (cumplida de sobra en la lesión de Neymar en el campo de fútbol o en la presidencia de Donald Trump) y tal y como anda la política fronteriza en Estados Unidos, la supresión de Apu no desemboca en un decreto de expulsión de inmigrantes. Tampoco sería raro que, para acabar con los estereotipos raciales, al frente del badulaque lo sustituya un chino.

David Torres

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La cultura representa a una Cataluña dividida

La cultura representa a una Cataluña dividida

Manifestantes catalanes durante una protesta en Barcelona, el 29 de septiembreCreditEnric Fontcuberta/EPA, vía Shutterstock

Dos Cataluñas, el documental de Álvaro Longoria y Gerardo Olivares que ha estrenado este viernes Netflix para su audiencia global de unos 130 millones de abonados, comienza con la escisión del Parlament de Catalunya de los días 6 y 7 de septiembre del año pasado. El campo semántico de la división recorre los 116 minutos de metraje, está en boca de todos los políticos, periodistas y ciudadanos entrevistados: fractura, separación, ruptura. El presidente de Cataluña, Quim Torra, no obstante, ha llamado a la población a celebrar el primer aniversario de la consulta popular del 1 de octubre de 2017 como “el día de la victoria”.

Con su lógica narrativa de zapping, en que se van sucediendo imágenes de archivo y declaraciones brevísimas en español, catalán e inglés, Dos Cataluñas va alternando las opiniones y los argumentos de personas de ambas ideologías, casi siempre irreconciliables. “Somos un montón de gente que nos sentimos huérfanos, jodidos”, dice Carles Francino respecto a los ciudadanos de la tercera Cataluña, la de quienes no aceptan el binarismo. “Este problema no lo teníamos”, se lamenta el periodista.

Existía, pero no condicionaba la vida y el debate como lo hace ahora, con nueve políticos catalanes en prisión, siete en el extranjero y —como dice el periodista Enric Juliana en el documental— una “lucha de varios partidos por la supremacía política en Cataluña” que marca la agenda mediática de todos los días. Tampoco definía, como lo hace ahora, una parte importante de la producción cultural.

Desde que el 2 de octubre del año pasado TV3 dedicó toda la programación de informativos al “referéndum”, el material audiovisual no ha hecho más que crecer. También se han publicado muchísimos libros relacionados con el tema. En estos momentos entre los títulos más vendidos en catalán están Escrits de presó, de Joaquim Forn; Operació urnes, de Laia Vicens y Xavier Tedó, y su secuela, Més operació urnes, consecuencia directa de los más de cincuenta mil ejemplares vendidos de la crónica de la organización y el éxito de la consulta ilegal.

La cultura representa a una Cataluña dividida

Manifestantes que participaron en la acampada separatista de la Plaza de San Jaime, el 29 de septiembre.CreditJon Nazca/Reuters

“¿Habrías publicado ahora Otra Cataluña. Seis siglos de cultura en castellano si no hubiera ocurrido lo que ha ocurrido durante los últimos doce meses?”, le pregunto por teléfono a su autor, el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán. Y me responde: “Era una material que tenía desde hace muchos años sobre la mesa, pero la nueva situación ha provocado que todo deba volver a discutirse desde cero, y mi voluntad era aportar a ese debate la información de toda una parte de la cultura que hasta ahora no se había sistematizado”.

El libro recuerda que, aunque la literatura catalana nació en los siglos XIII y XIV con autores de la importancia de Ramon Muntaner y se consolidó en el siglo siguiente con Ausiàs March y Joanot Martorell, en 1417 Enrique de Villena publicó en catalán y tradujo inmediatamente su libro Los doce trabajos de Hércules; a partir de entonces escribió sobre todo en castellano. Fue maestro del marqués de Santillana, escritor español, y padre de Isabel de Villena quien fue “educada en la corte de Alfonso el Magnánimo, religiosa Clarisa, desarrolló una carrera literaria propia en Valencia, y en lengua catalana”.

Se acaba de cumplir el sexto centenario, por tanto, del nacimiento de una cultura literaria bilingüe. Vila-Sanjuán documenta a decenas de escritores catalanes que escribieron en castellano, incluidos los líderes de la Renaixença (el renacimiento de la literatura en catalán, que se produjo durante el siglo XIX), que aunque ahora se hayan convertido en topónimos en catalán, firmaron sus artículos o sus libros con su nombre español, como es el caso de Buenaventura Carlos Aribau (que solamente publicó en catalán un poema, “A la pàtria“). Incluso en la edad de oro de la cultura y el idioma catalanes, la de Joan Maragall o Josep Carner, antes del funesto golpe de Estado de Francisco Franco, “no hay una hegemonía real, sino convivencia de ambas lenguas y predominio de una u otra en distintos ámbitos”, dice el autor.

La cultura representa a una Cataluña dividida

CreditEdiciones Destino

Del mismo modo que para ninguno de los entrevistados en Dos Cataluñastiene el mismo significado la palabra “democracia”, tampoco hay consenso sobre cómo es la relación entre el catalán y el castellano en esta sociedad. Ni siquiera hay acuerdo sobre qué ocurrió exactamente el 1-O. Esa confusión se observa en la exposición que se acaba de inaugurar en la antigua cárcel de La Modelo, 1 de Octubre y más: Barcelona, ciudad de derechos, porque en realidad se trata de tres exposiciones que evidencian precisamente el desacuerdo colectivo.

Por un lado tenemos dos muestras documentales, El 1 de Octubre, un día para no olvidar, con infografías y vídeos, y El 1 de Octubre, la fuerza de la gente, del fotorreportero que mejor documentó la jornada, Jordi Borràs. En los textos de sala se denuncia la desproporcionada represión policial, pero se asume acríticamente la legitimidad de la consulta y se ignora el proceso que condujo a ella. Por el otro lado está la exposición artística colectiva Resistencias y memorias. El arte contra la represión y la censura, comisariada por Paula Kuffer, que incluye a autores barceloneses de orígenes diversos, como el francés Pierre Marquès, la gallega María Ruido o el cubano Levi Orta.

“Nuestra voluntad es la de coser”, afirma Kuffer —traductora y experta en Walter Benjamin—, “la de construir un lugar de encuentro”. Tal vez se haya logrado fugazmente en las jornadas que han reunido durante este fin de semana a intelectuales de signo diverso, como Jordi Amat, Marina Garcés, David Fernández, Jordi Évole o Cristina Fallarás. Pero la impresión que comunica ese espacio carcelario, con esas exposiciones tan distintas, incluso contradictorias, que estarán abiertas al público hasta el 16 de octubre, es más de corte que de costura.

En cierto momento del documental de Netflix, Pablo Iglesias recuerda que España es un Estado plurinacional. Lo que muestra Dos CataluñasOtra Cataluña y 1 de Octubre y más: Barcelona, ciudad de derechos es que también Catalunya es plurinacional, aunque en la realidad sociopolítica y en sus representaciones culturales esos dos relatos no sean los predominantes.

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Los efectos secundarios de ‘Maniac’, la nueva serie de Netflix

Los efectos secundarios de ‘Maniac’, la nueva serie de Netflix

Jonah Hill y Emma Stone protagonizan <em>Maniac</em>, la nueva serie de Netflix. CreditMichele K. Short/Netflix

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Emma Stone, con cabello rubio claro y quien lucía pálida, estaba sentada en una silla en un plató de los estudios Silvercup, en Queens, Nueva York. Traía puesta una camisa blanca sin mangas y un overol gris. Bajo las luces fluorescentes, en su cara destacaba el ceño fruncido.

“Al final, ¿qué es lo normal?”, preguntó hacia la cámara.

Qué buena pregunta.

Stone se estrena en su primer gran papel televisivo como una joven emocionalmente dañada de nombre Annie en Maniac, un programa de diez episodios de media hora de duración. La serie, que estará en Netflix a partir del 21 de septiembre, realmente quiere mantener a los espectadores desequilibrados. Cuando crees que encontraste tu equilibrio, de inmediato terminas desorientado de nuevo. Y es que… ¿de dónde salieron esos elfos? Maniac es un programa con varios efectos secundarios.

“Era muy importante que no hubiera algo ‘normal’”, dijo el director Cary Fukunaga, conocido por True DetectiveSin nombre y Beasts of No Nation. Desarrolló el programa junto con Patrick Somerville, novelista y también escritor y productor de The Leftovers, de HBO.

Maniac está inspirada, muy muy vagamente, en una serie noruega absurdista que tiene el mismo nombre. La original está ambientada dentro de un hospital psiquiátrico y el personaje protagónico es Espen, un paciente de poca monta posiblemente esquizofrénico que reimagina su día a día con vidas fantasiosas como vaquero, héroe de guerra y superespía.

Cuando el productor Michael Sugar compró los derechos para la adaptación, se los ofreció a Fukunaga, quien aceptó porque “quería hacer algo que permitiera experimentar con varios géneros”, dijo. (Por ejemplo, aventura, suspenso y fantasía). Buscó a Somerville y juntos se deshicieron de prácticamente todo el concepto original.

En vez de un hospital psiquiátrico, idearon un ensayo clínico. Y Espen ahora son dos personajes, Annie (Stone), una mujer depresiva y adicta que lidia con un trauma familiar, y Owen (Jonah Hill), un hombre enajenado de su familia acaudalada y posiblemente esquizofrénico. Con la supervisión dudosa del doctor Mantleray (Justin Theroux) de Biotech y Neberdine Pharmaceuticals, los participantes del ensayo prueban una serie de píldoras diseñadas para curar cualquier enfermedad mental y “erradicar todas las formas innecesarias e ineficientes del dolor humano para siempre”. Los resultados varían.

Las pastillas, y una “tecnología de microondas”, trasladan a los participantes a momentos como de sueños en los que se enfrentan a traumas pasados y a mecanismos de superación. (¿Estará todo en su cabeza? Sí, muy probablemente). Las mentes de Annie y Owen terminan misteriosamente vinculadas y de repente son una pareja casada en Long Island y en otro momento estafadores bien vestidos de los años cuarenta. Y, en una secuencia, Annie es un elfo.

“Mitad elfo”, dijo Stone en entrevista telefónica. “No quisiera interpretar a un elfo completo”. Ya en un tono más serio, Stone dijo que el atractivo de sumarse al proyecto de diez episodios fue porque “es muy emocionante explorar un personaje con una gama más amplia a la que estoy acostumbrada”.

El tono también varía mucho: de repente es ligero y luego misterioso, gentil y después cruel, surreal, y luego agresivo; los cambios a veces suceden en un solo episodio. Incluso las escenas ambientadas en la supuesta vida ordinaria fuera del ensayo te hacen sentir desconcertado.

En el mundo de Maniac los avances tecnológicos no pasaron más allá de los años setenta; no existen los teléfonos celulares ni los microprocesadores. Abundan las drogas y, como parte del psicodrama (énfasis en lo psicótico) de repente hay un koala de color púrpura jugando ajedrez en un parque.

Los efectos secundarios de ‘Maniac’, la nueva serie de Netflix

Las mentes de los personajes de Hill y Stone quedan misteriosamente vinculadas durante la prueba experimental. CreditMichele K. Short/Netflix

Es decir que los personajes no están cómodos en sus vidas diarias, así que tampoco debe estarlo el público.

“Queríamos que la audiencia se sintiera desorientada sobre cuál es la realidad”, dijo Somerville. “¡La realidad es extraña!”.

Durante una visita al set en otoño pasado, esa realidad tenía mucha actividad. Habían completado la mitad del rodaje y varios asistentes con cafeína en mano iban corriendo para preparar el plató y a los actores para la siguiente escena.

Maniac fue grabada en cuatro meses, un periodo algo corto cuando solo hay un director para los diez episodios, sobre todo un director tan meticuloso como Fukunaga. “Para lo que queríamos lograr teníamos un presupuesto bastante bajo”, dijo Fukunaga (Netflix no quiso revelar el monto), “y una agenda casi imposible”.

Fue particularmente difícil para el equipo conseguir toda la utilería correspondiente a cada subrealidad de los sueños —durante la visita al set, Fukunaga consideró que una serie de armas medievales era muy aburrida (supongo que los elfos y mitad elfos merecen algo mejor)—, pero también fue complicado para los actores. Muchos aparecen como personajes distintos y varios de esos personajes parecen estar al tanto de que no son completamente reales. Cuando Stone interpreta a Arlie, la estafadora de los cuarenta, también debe interpretar unos momentos en los que Annie se da cuenta de dónde está y otros momentos en los que ambas se fusionan.

“Obviamente pensé: ‘¿Cómo diablos voy a hacer de cinco personajes y salir de uno y pasarme al otro cada día?’”, dijo. “Pero terminó siendo algo muy divertido”.

El otro reto, quizá el más complicado, fue realizar una serie que fuera tan extraña y torcida, con koalas y gráficos de computadoras antiguos, que fuera respetuoso de lo que sienten Annie y Owen debido a sus traumas y esquizofrenias y cómo estos han paralizado sus vidas. Eso tenía que sentirse real, incluso en una serie donde se debate qué es la realidad. Su dolor y su enfermedad nunca debían ser un chiste.

“El realismo emocional es lo que importa y si no tomábamos eso en cuenta todo se desmoronaba”, dijo Somerville.

Los efectos secundarios de ‘Maniac’, la nueva serie de Netflix

Cary Fukunaga, a la derecha, dirigió todos los episodios de “Maniac”, en la cual también aparecen Justin Theroux y Sonoya Mizuno, a la izquierda. CreditMichele K. Short/Netflix

Es un realismo que también era muy importante para Stone, quien ha hablado de que padece episodios de ansiedad; aunque no comparte la depresión y la adicción de Annie, las entiende. “No hay nada en mí, y creo que en ninguno de nosotros, que quiera aminorar esas luchas”, dijo.

Y aunque las pruebas de Neberdine sugieren una experimentación extrema, el programa tampoco quiere abogar en contra de la terapia o de las drogas psiquiátricas. De hecho, los mismos creadores dicen que abocaron tanto de sus vidas a la historia —con meses de conversaciones radicales e íntimas sobre cómo construirla— que terminaron “pasando por un proceso terapéutico”, dijo Fukunaga.

Probablemente hay maneras de acceder a ese proceso menos costosas que hacer una serie, aunque ahora que terminó la grabación Fukunaga le ve el lado bueno.

“Creo que ya estamos perfectamente bien y reparados”, bromeó. “Gracias, Netflix, por arreglar mi mente”.

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El guionista de ‘Barrio Sésamo’ confirma algo que ya sospechábamos: Epi y Blas eran pareja

Strambotic

El guionista de ‘Barrio Sésamo’ confirma algo que ya sospechábamos: Epi y Blas eran pareja

Tras años de rumores, bromas y especulaciones sobre la supuesta relación amorosa de Epi y Blas, la aclaración definitiva ha llegado. Mark Saltzman, guionista de Barrio Sésamo se ha encargado de confirmar lo que todo el mundo sospechaba.

Sí, los simpáticos personajes de trapo eran novios. “Cuando escribía a Epi y Blas, siempre he pensado que eran pareja. No tenía ninguna otra manera de contextualizarlo”, ha dicho Saltzman en una entrevista concedida a Queerty.

“Además, más de una persona se ha referido a Arnie y a mí como Epi y Blas”, ha revelado en referencia a Arnold Gassman, montador de cine que fue su pareja durante 20 años. Es más, aunque no era su intención, ha confesado que muchos de los aspectos de su relación de pareja acababan reflejados en las historias que protagonizaban las dos famosas marionetas.

“Arnold, como editor de cine, era el ordenado, el organizado, como Blas. Yo era más como Epi, el bromista. (…) El trastorno obsesivo compulsivo de Arnie creaba fricción con lo caótico que soy yo. Y esa es la dinámica de Epi y Blas. Llevé esa dinámica a los personajes”, ha explicado.

La supuesta homosexualidad de Epi y Blas siempre ha sido objeto de comentarios y muy a menudo se ha dado por hecha. De hecho, en 2013, el semanario The New Yorker utilizó una imagen de los dos personajes para ilustrar su portada sobre la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos a favor de los matrimonios homosexuales.

El guionista de ‘Barrio Sésamo’ confirma algo que ya sospechábamos: Epi y Blas eran pareja

Noticia original en 20 Minutos. Con información de Yo Fui a EGB y Queerty.

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‘Dirty Money’: Michael Corleone tenía razón

‘Dirty Money’: Michael Corleone tenía razón

En el pasado un escandalillo sexual acababa con una carrera política en Estados Unidos; hoy lo que shockea es la corrupción. En la mente del ciudadano es la mentira, y no el cuero o el látigo, lo que ha llegado a ocupar el lugar de lo perverso. De eso habla en profundidad la serie documental de Dirty Money.

Ya lo vislumbró Michael Corleone en El padrino, cuando su padre lamenta que ningún Corleone esté manejando los hilos del poder. Entre las plantas de tomates, Michael lo consuela: «Ya legaremos, papá. Ya llegaremos». Y llegaron. A aquí van unos cuantos personajes de los que don Vito estaría orgulloso.

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Dirty Money comienza con el director de la serie, Alex Gibney, emprendiéndola contra Volkswagen por falsificar los índices de monóxido de carbono que emiten sus vehículos. NOx Duro trata sobre la necesidad de aumentar las ventas. Con precisión alemana, ejecutivos y técnicos desarrollan un truco tan técnicamente sofisticado que hará que los científicos se rasquen la cabeza durante años.

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El timo germano y El golpe del jarabe de arce ilustran los dos extremos de la corrupción presente en las grandes industrias. El robo de la «miel canadiense», perpetrado por sus propios empleados, fue tosco y rústico. Pero ambos engaños fueron exitosos y afectaron seriamente a dos marcas paísconsolidadas. Lo cual hace pensar: ¿habrá un cártel del azafrán?, ¿una mafia del aceite de oliva?

Reza un dicho ruso: «El pescado se pudre por la cabeza», y justamente por eso esta serie resulta iluminadora. Pero lo cierto es que la cabeza sola no alcanza para dirigir una gran organización, para ello el resto del pescado también debe pudrirse.

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Uno de los episodios más inquietantes es Banca y Lavado, pues echa por los suelos toda idea preconcebida sobre quiénes son los malos y quiénes los buenos. En este punto Dirty Money toma una postura moral y no simplemente moralizante. En estos asuntos, como en las novelas negras  de James Ellroy, no existen los inocentes.

La investigación y los testimonios exponen que ni los bancos ni los países desean terminar con un negocio tan descomunal y provechoso como el lavado de dinero. Y lo más curioso: el espectador casi siente pena por los muertos y presos de los cárteles, atrapados entre la codicia del narco y la avaricia del sistema bancario. Una desilusión como la que produce una peli de Costa Gavras.

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Al contrario que otros capítulos, Venta corta y farmacéuticas desarrolla dos historias. Una, la del ideólogo que pergeña la adquisición de laboratorios para aumentar estratosféricamente la rentabilidad de sus drogas indispensables. La otra, la del autoengaño del inversor que financia al ideólogo. Eso que en política se denomina hibris y en castizo, capullez.

La diferencia con otros documentales –que tienden a ser especulaciones o teorías– es que Dirty Money no plantea causalidades, sino que va y viene abriendo habitaciones interconectadas. No ilustra tramas perfectas, sino centrípetas, como la realidad.

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Si en la mayoría de los documentales los acusados eligen la invisibilidad, Scott Tucker, el empresario de Día de pago, defiende con uñas y garras su empresa millonaria construida sobre préstamos usureros, un collage turbio de textos legales y la rapiña más pura y dura. Tucker también defiende ferozmente sus cochecitos de carrera.

La cleptocracia no es nueva, pero sí lo es su flagrancia. Por eso, el Estado irá a por Tucker como un misil termoguiado. La estrella del drama es el empresario, pero los actores secundarios tampoco tienen pérdida: un abogado con cara de asesino, una esposa furiosa y una adolescente  que aún cree en el Ratón Pérez. Un casting digno de Scorsese.

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Y llegamos al capítulo final, el episodio sobre Donald Trump, especulador inmobiliario y líder del mundo libre. El hombre de confianza no es una trama de corrupción. Se trata más bien del perfil del constructor y la demolición de su credibilidad. El derrumbe de un mito autogestado por medio de material de archivo utilizado cual bola de derribo.

Cada aseveración que Trump hace sobre su riqueza, su capacidad o su integridad es destrozada de inmediato por imágenes, testigos y periodistas. Un alegato devastador contra la mentira como no se ha visto en años. Dan ganas de comprar palomitas y sentarse a disfrutar de la humillación ajena.

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Pero ese es solo el aspecto mediático del problema de la corrupción sistémica. Lo más importante de Dirty Money es su moraleja silenciosa. El hecho de que el estado de derecho está bajo un doble ataque por parte de la plutocracia y del crimen megaorganizado, dos fuerzas que  persiguen fines similares: crear feudos parásitos dentro del Estado de derecho.

Fenómeno que Nils Gilman denomina «la doble insurgencia». Una infección que tarde o temprano nos afectará a todos y que ni un paquete de palomitas ni un vino con Michael y don Vito podrán subsanar.

‘Dirty Money’: Michael Corleone tenía razón

POR CLAUDIO MOLINARI
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¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

Desde la izquierda: Tom Holland, Robert Downey Jr., Dave Bautista, Chris Pratt y Pom Klementieff en “Vengadores: Infinity War”. CreditMarvel/Disney

Atención a las cinco películas que están arrasando en la taquilla de este año. Vengadores: Infinity War, sobre un grupo de superhéroes creados a principios los años sesenta que se unieron por primera vez en un cómic de 1963. Pantera Negra, que convierte en protagonista de nuestra época a un personaje que debutó como secundario de Los Cuatro Fantásticos en 1966. Mamma mia: Una y otra vez, cuya banda sonora es de ABBA, un grupo que lanzó sus grandes éxitos en los años setenta. La sexta entrega de la saga Misión Imposible, basada en una serie de televisión de los años sesenta y setenta. Y Los increíbles 2, una película de animación sobre una entrañable y simpática familia superheroica que vive en… ¿adivinan? ¡Sí! ¡Los años sesenta!

Cuando nos despertamos en la segunda década del siglo XXI, la mitología del siglo XX seguía allí. El éxito de Harry Potter ha explotado exponencialmente en estas dos décadas, pero las novelas están ambientadas en los años ochenta y noventa. Los niños de hoy todavía usan pijamas de Mickey Mouse, quien dentro de diez años cumplirá un siglo de vida. Y en carnaval se visten como Superman, Batman o el Capitán América, que nacieron en plena Segunda Guerra Mundial. Aunque Frozen o La patrulla canina hayan ocupado un espacio importante en el imaginario infantil de nuestra época, siguen siendo predominantes los personajes del siglo pasado de los universos de Disney, Marvel y D.C.

Muchos de esos mitos también entretienen masivamente al público adulto, que se mantiene fiel —en su amor esquizofrénico— tanto a la saga setentera de Guerra de las Galaxias como a los nuevos discos y conciertos de sus contemporáneos Bob Dylan o The Rolling Stones.

¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

Emilia Clarke y Kit Harington en “Juego de tronos” CreditHBO

Son pocos los nuevos iconos en el horizonte de la gran mitología popular del siglo XXI. No es casual que varios de ellos pertenezcan a Canción de Hielo y Fuego, la serie de novelas de George R. R. Martin, gracias sobre todo a su versión televisiva, Juego de tronos. No es casual porque las series de televisión se han convertido en la nueva máquina de generar mundos globalmente reconocibles. De Los Soprano a El cuento de la criada, pasando por Perdidos o Mad Men, la mayoría de los personajes que han engendrado más odio o admiración en los últimos años han nacido en la pequeña pantalla (la de la TV, el ordenador portátil o el teléfono móvil).

Aunque nuestra realidad ya no admita jerarquías ni centros —y sin consenso mayoritario no hay mitología—, lo cierto es que los mitos del siglo pasado han sabido pervivir en el nuestro con un protagonismo indiscutible. ¿Por qué ninguna serie de los últimos años ha logrado construir un personaje tan perdurable como Spiderman? ¿Por qué, si vamos más atrás, Sherlock Holmes o Hércules Poirot siguen reencarnándose en cómics, películas, series, obras de teatro, musicales o videojuegos? Más allá del tapón generacional o del tiempo que exigen los dioses para acumular los estratos de lecturas, versiones e interpretaciones que les aseguran la posteridad, es necesario preguntarse —con Bugs Bunny, creado en 1940—: ¿qué hay de nuevo, viejo?

Pues lo que hay de nuevo son, por ejemplo, los peluches de Ty. Aunque los primeros Beanie Babies surgieron en los ochenta y pronto se convirtieron en piezas de colección, fue en los años dos mil cuando la línea de juguetes protagonizó uno de los primeros fenómenos de venta en línea.

En la actualidad entre los suaves animalitos de ojos brillantes encontramos no solo a ratones o pingüinos, sino también a Garfield, los cachorros de La patrulla canina o todos los unicornios de Mi pequeño pony. Lo mismo ocurre con Funko Pop!, esos muñequitos cabezones que se encarnan en cualquier personaje pop, convirtiendo tanto a Popeye o a Dumbo como a los protagonistas de Stranger Things en enanitos del mismo tamaño y, de paso, en piezas de la misma infinita colección.

¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

El local de Funko en la Feria Internacional del Juguete de América del Norte tuvo una gran afluencia de visitantes en 2017. CreditDamon Winter / The New York Times

Le podríamos llamar la lógica Lego. Todo puede construirse con esos pequeños ladrillos de colores. Todos los mundos son reproducibles en Legolandia o en las películas y series de animación de Lego: ninjas, caballeros medievales, superhéroes, cualquier imaginario. Aunque el juego de construcción no sea un invento del siglo XXI, sí lo son sus variaciones audiovisuales. Unas historias que demuestran que todo puede traducirse al formato Lego, igual que cualquier personaje puede tener su versión Beanie Baby o Funko Pop!

¿Son esas plataformas transversales los mitos que está generando nuestra época? Es muy probable. Ahora que Google cumplió veinte años, podemos observar el buscador como un parque temático o como un universo, diseñado para que pases en él el mayor tiempo posible. Si buscas los ganadores de los Oscar, te muestra las caras de los actores o los pósteres de las películas, para que no acudas a las fuentes que dieron la noticia.

Y si buscas a Platón o a Clarice Lispector, te enseña en un recuadro parte de lo que Wikipedia dice sobre ellos, para que no cliquees el vínculo y te vayas con tu música a otra parte.

Lo mismo hacen Facebook o Twitter o Netflix, contenedores gigantescos que ofrecen innumerables mitologías, al tiempo que ellos mismos se van convirtiendo en mitos. Como el Monte Olimpo, como la Biblia, como el Multiverso, esas marcas globales son espacios virtuales polimorfos que albergan múltiples imaginarios. Los personajes o los mundos narrativos pueden pasar de moda, pero los nuevos dioses, con su catálogo infinito de imágenes y relatos, están diseñados para perdurar.

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Alemania 74: el Mundial que precipitó la agonía de Franco

Iñaki Berazaluce

Alemania 74: el Mundial que precipitó la agonía de Franco

Franco, en el palco del Bernabéu, el estadio del régimen por antonomasia.

La inolvidable Copa del Mundo de 1974 se jugó en Alemania (mejor dicho, en la República Federal Alemana) en junio y julio de 1974, y supuso la consagración de Johan Cruyff, líder de la llamada “Naranja Mecánica”, la selección de Holanda que cayó derrotada con la anfitriona en la final por 2-1.

El Generalísimo Francisco Franco, gran aficionado al fútbol y teleadicto en sus últimos años de vida, se tragó todos los partidos que retransmitió TVE de aquel Mundial, en torno a una veintena. “Y eso que España no se había clasificado”, según apostilla Álvaro Corazón Rural en un reciente artículo en JotDown (‘Un culé al que le gustaba el Madrid’).

Según recordaba Paul Preston en su monumental y controvertida biografía de Franco: «El 9 de julio el caudillo ingresó en el Hospital Francisco Franco por consejo de Vicente Gil, para tratar una flebitis en la pierna derecha. Gil atribuyó el problema a la repetida presión ejercida por la caña de pescar que apoyaba en su pierna y a que durante la Copa Mundial de Fútbol de 1974 hubiera permanecido sentado ante el televisor mirando todos y cada uno de los partidos que se habían transmitido».

«Todos y cada uno, como nosotros si pudiéramos -apostilla Corazón Rural-. Hasta los partidos de Haití se tragó el caudillo. Y eso que España no se había clasificado. Se dice que los dictadores utilizaron el fútbol para prolongar sus regímenes y el nuestro, de algún modo, se acortó gracias a él».

Alemania 74: el Mundial que precipitó la agonía de Franco

Arias Navarro lleva al Caudillo el tomo de sentencias de muerte para firmar esa mañana, antes del café.

Se trata, no obstante, de una licencia periodística, porque el Caudillo no hubiera podido ver las tres derrotas de Haití (frente a Polonia, Argentina e Italia) ni aunque hubiese querido, a no ser que se hubiera arriesgado a darse un garbeo por RFA, su antigua aliada durante la guerra y ahora regida por los EE.UU. tras la derrota del III Reich en la Segunda Guerra Mundial. El motivo es que Televisión Española sólo retransmitió veinte partidos de los 41 disputados durante el Mundial 74.

Según confirma el profesor universitario Manuel Palacio en su ensayo ‘Franco y la TV’ [.pdf], “la tromboflebitis que sufrió Franco en el verano de 1974 tuvo que ver con la inactividad que sufrió entre el 17 de junio y el 7 de julio, fechas en las que visionó la totalidad de los veinte partidos de fútbol que se emitieron con motivo del Mundial de Fútbol de 1974”. De ser así, efectivamente aquel bien hallado Mundial acortó la vida de Franco y, por ende de su régimen fascista.

Alemania 74: el Mundial que precipitó la agonía de Franco

Johan Cruyff, haciendo diabluras en el Holanda, 4 – Argentina, 0.

Aunque durante los primeros años de la televisión que él mismo fundó, Franco fue pragmático y no hacía demasiado caso de la “caja tonta”, a medida que fue haciéndose mayor le cogió el gusto al electrodoméstico y durante la década de los setenta, cuando ya chocheaba, se hizo adicto a la TV. Cuenta Palacio:

«(…) En la familia Franco debían de conceder un gran valor simbólico a la televisión si recordamos que cuando en 1974 despiden a Vicente Gil, médico personal del Jefe del Estado durante la friolera de treinta y siete años, le regalan como agradecimiento por los servicios prestados un televisor en color: “No sabía qué enviarte y entonces, como tú eres muy casero y muy familiar, te hemos mandado un televisor”, le explica Carmen Polo al galeno. En El Pardo, Franco poseía en los años setenta al menos dos televisores (algo obviamente muy inhabitual en la España de ese tiempo). Uno el Autovox del que ya hemos hablado, en blanco y negro de unas treinta y dos pulgadas, colocado en la habitación que hacía las funciones de salón privado, y que llegó a contar con un sistema de mando a distancia por cable. Y un segundo en color dispuesto en el comedor para amenizar almuerzos y cenas (en ese tiempo TVE emitía tan solo unas diez horas de televisión en color para el disfrute de unos 40.000 propietarios de aparatos pancromáticos)».

Tal vez en un universo paralelo, Franco hubiese seguido los consejos de su fiel Vicente Gil, moderando su desaforado consumo televisivo y, quién sabe, prolongando su vida hasta Argentina 78, el Mundial con el que otros espadones, Videla y compañía, hipnotizaron al pueblo argentino.

Alemania 74: el Mundial que precipitó la agonía de Franco

Visto en JotDown. Con información de Wikipedia y‘Franco y la TV’ [.pdf].

 

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