Diversidad

Todas las cadenas son la Cadena y todos los programas son el Programa

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Dos niños viendo televisión. © GETTY IMAGES

 

La estandarización, en algunos sectores, se produce cuando todos se quieren parecer al que tiene éxito. La mayoría de los programas de televisión, por ejemplo, se podrían emitir, indistintamente, en cualquier cadena. No son marca de la casa, sino mera repetición agónica de lo preexistente. Significa que las emisoras se reconocen únicamente por su logo, que viene a ser como si las novelas solo se diferenciaran por su título. En la lucha por imitar el producto de éxito de la competencia, la programación deviene en una masa informe entre cuyos pliegues resulta difícil encontrar algo insólito. A mayor cantidad de canales, menos diversidad. De ahí la experiencia, conocida por todos, de esa tarde de sábado en la que se recurre a la tele para evitar el suicidio y, tras recorrer todas las emisoras sin hallar nada de interés, ni siquiera le quedan a uno fuerzas para volarse la cabeza. De hecho ya se la ha volado al dispararse en la sien con el mando a distancia.

El apelmazamiento. Todo se apelmaza. La globalización, que homologa cuanto toca, hace imposible el alumbramiento de una idea extraordinaria. La originalidad produce miedo económico. ¿Y si no funciona? El apelmazamiento proporciona beneficios innumerables al sistema, pues crea gente apelmazada. Los españoles consumimos cuatro horas diarias de tele, lo que supone un lavado de cerebro colectivo que ni en Corea del Norte, aunque con vaselina. No importa la cadena que veas ni el programa que selecciones. Todas las cadenas son la Cadena y todos los programas son el Programa. Monoteísmo en vena. No hay escapatoria, no hay marcha atrás. Hemos caído en una red tejida con los hilos de acero del pensamiento estándar, donde ya no se concibe otro gusto que el establecido.

JUAN JOSÉ MILLÁS

https://elpais.com/

Twin Peaks para melómanos: la guía musical de la última temporada

Twin Peaks para melómanos: la guía musical de la última temporada

Dos temporadas, emitidas en 1990 y 1991 respectivamente, fueron las encargadas de dar a conocer a Twin Peaks, la ficción creada por David Lynch y Mark Frost. Posteriormente, en 1992, Lynch dirigió al película Fire walk with me, la cual continúa la trama y da más información sobre la desaparecida Laura Palmer.

El misterio en clave policial, se enmarca en un contexto marcado por el surrealismo, y esta tercera temporada -que llegó 25 años después de la última emisión- lejos de aclarar dudas, dejó más interrogantes a sus espectadores.

Pero la trama no lo es todo. Uno de los aspectos que destacaron en estos episodios estrenados en 2017, fue la presencia de bandas musicales reconocidas. Un complemento a la banda sonora que dio dosis de realismo a esta producción de origen noventero.

 El sitio Vulture, hizo un recopilación de todas aquellas bandas y cantantes que se presentaron en el Roadhouse de aquel pueblo.

Chromatics (Episodio 2)


The Cactus Blossoms (Episodio 3)


Au Revoir Simone (Episodio 4)


Trouble (Episodio 5)


Sharon Van Etten (Episodio 6)


Nine Inch Nails (Episodio 8)


Au Revoir Simone (Episodio 9)


Rebekah del Rio (Episodio 10)


Chromatics (Episodio 12)


James Hurley (Episodio 13)


Lissie (Episodio 14)


The Veils (Episodio 15)


Eddie Vedder (Episodio 16)

SOBRE EL AUTOR:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera

http://culto.latercera.com

Infrafilosofía

 

 
Infrafilosofìa, dibujo de Ek

La filosofía se ha quedado sin temas o preocupaciones para generar pensamiento, especulan  en las nimiedades sociales, profundizan en lo superficial ignorando las grandes cuestiones. La sociología desde hace años está entre las vertientes dogmáticas que alistan sociólogos en grupos de choque hasta los que también hacen tesis de la fatuidad. Las universidades imparten cátedras y los ensayistas filosóficos escriben libros sobre lo que antes estaba condenado al desecho y el consumo: las series de televisión.

La sociedad de baja escolaridad siempre ha confundido la ficción televisiva con la realidad, pero que lo hagan los filósofos es un síntoma de la adopción de la frivolidad para no ver a la realidad. Estudios sobre The Simpsons, los Soprano, Mad Men, y ahora esta serie de pelucas y disfraces llamada Guerra de Tronos. Antes las telenovelas reunían a sociedad iletrada, las discutían y las lloraban, y hoy son estas series las que reúnen a los académicos que tienen la misma actitud de la adolescente que sueña con casarse con un hombre rico. La ficción televisiva desde su origen hasta hoy es un negocio que genera entretenimiento para vender espacios publicitarios, el rating jala anunciantes y consumidores. Los filósofos y columnistas no lo ven así, se creen que la pantalla contiene las claves de nuestra existencia, ven las implicaciones de los acontecimientos políticos en sus capítulos, han encumbrado a sus guionistas en demiurgos que descifran nuestra fatalidad. Los periódicos hacen reportajes sobre la trama, entrevistan a los actores como si las experiencias e ideas del personaje fueran del actor, incapaces de separar el ser ficticio del real y eso que la prensa está para exponer hechos. La parte supuestamente intelectual de la sociedad está trabajando para los corporativos de la televisión, son sus nuevos publicistas. Decirle al público que una serie televisiva contiene valores humanos e intelectuales es una invitación a que absorban ese pensamiento como algo profundo y comprometedor.

La tendencia inició en las universidades americanas y es explicable porque ellos son los dueños de este espectáculo, que una productora patrocine una cátedra o le pague a un autor un ensayo es posible porque el sistema lo permite. La cuestión es que esa visión se ha implantado hasta el delirio y es ridículo que un programa de televisión detone un debate desde una óptica acrítica y asumiendo que sus ideas son una propuesta intelectual. Estas series son parte del imperialismo ideológico y no lo ven así, se tragan sus ideas y las promueven.

La filosofía analiza los diálogos de la televisión como si estuvieran leyendo a Platón, inventando significados y predicciones como los tarotistas viendo el futuro en sus naipes. La frívola ceguera de la filosofía es la que deberían analizar, que acepten que han caído en la autoayuda, se avergüencen de los libros sobre Facebook, y dejen de pregonar el negocio de la televisión. Es la infracultura televisiva engendrando a la infrafilosofía. 

PUBLICADO POR AVELINA LÉSPER 

www.avelinalcom

ANGELO BADALAMENTI

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Yo no sé si esta escena de la esfera dorada es como dicen lo mejor que se ha visto nunca en televisión. Vistas las dos primeras temporadas de Twin Peaks, esperaba uno que esta tercera, estrenada 25 años después, fuera cerrando incógnitas, atando cabos. Pero qué va. Cada vez más cabos… y menos tiempo para enhebrarlos en un todo coherente. Culpa mía por pensar que sería distinto que en las películas de David Lynch. Siempre, a mitad de la cinta, me acababa dando cuenta de que era mejor renunciar al hilo argumental y dejarse llevar por la sugestión de las imágenes y la música, o por mejor decir, la atmósfera. Cosa ésta de renunciar al discurso que no admite, para uno, la literatura. El rostro de Laura Palmer en un burbujeante fondo dorado, el gigantón levitando, una mujer desconocida que lanza la esfera hacia qué mundo o logia pasada o futura… La gran escena, o la gran fumada del señor Lynch, a gusto del personal.
Comentario aparte merece la banda sonora de la serie. A los temas ya clásicos de Angelo Badalamenti se suman ahora otros de Johnny Jewel o Rebekah del Rio que oímos en actuaciones en el Bang Bar al final de la mayoría de los capítulos. La melodía de guitarra que abre todos ellos es sobrecogedora, porque es mucho más que una melodía: es ya el recuerdo de la congoja, más melancolía que temor, con que asistíamos hace un cuarto de siglo a ese baile de personajes y situaciones extrañas, narradas con una inocencia de la que adolece la presente temporada, acaso porque, siendo los mismos, es otro el director, otro el guionista, otro el mundo y otros nosotros.

 

A.Badalamenti: “The fireman”
(Twin Peaks, T3, Ep8)
http://mitosyflautas-sergiofernandezsalvador.blogspot.mx/

“Mountaintop Removal” – Lissie

Viaje gastronómico por Juego de Tronos

Viaje gastronómico por Juego de Tronos
 

Hace ya tiempo que Juego de Tronos se ha consolidado como un fenómeno mundial gracias al creciente éxito de la serie de televisión, que atraviesa ahora mismo el ecuador de su quinta temporada. ¿Qué tienen tanto la saga literaria como la versión televisiva para atrapar a tanta gente? Nuestros compañeros de ¡Vaya Tele! podrán responder mejor, pero lo que está claro es que sus creadores han dado forma a un universo fascinante, en el que no puede faltar la comida. Yo os invito a uniros a nosotros en un apetitoso viaje gastronómico por Juego de Tronos para descubrir lo que comen los habitantes de Poniente.

La comida está muy presente a lo largo de la saga literaria y es algo que también se ha trasladado a la pequeña pantalla. El autor de las novelas, George R. R. Martin, disfruta de la buena comida y no escatima en detalles para citar y describir todo tipo de platos y alimentos con los que sus personajes se encuentran en sus aventuras. El libro Festín de Hielo y Fuego y el blog que lo vio nacer es un reflejo de ese detallismo gastronómico, ya parte fundamental de su universo, que nos ayuda a comprender a los personajes y el mundo en el que se mueven, inspirado en tiempos medievales.

Desembarco del Rey

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Situada en la costa este de Poniente, Desembarco del Rey es la ciudad más importante por ser capital de los Siete Reinos, sede del Trono de Hierro y centro neurálgico del poder y la política. Destaca además por su tamaño y por su papel comercial, al ser uno de los principales puertos. En Desembarco del Rey convive la alta sociedad ligada a la Corona con una gran masa de población muy humilde donde se entremezclan numerosas culturas. Esta situación se ve reflejada en la gastronomía de la zona.

Por un lado tenemos las ricas cocinas de Palacio y de los grandes señores, que ni siquiera en tiempos de crisis escatiman en gastos cuando se trata de organizar banquetes para la alta sociedad. En los libros y en la serie asistimos a más de una boda en la que se detallan banquetes pantagruélicos con decenas de platos. En las estancias reales se pueden constantemente fuentes llenas de frutas exóticas de ricos colores, y nunca faltan los dulces y pasteles. Otro elemento imprescindible es el vino, servido en delicadas copas.

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Un desayuno habitual para la familia real, con el que Cersei suele comenzar su jornada, consiste en porridge o gachas de avena con miel, frutas y leche, huevos cocidos y pescado frito crujiente, pudiendo incluir frutos secos variados. El gobierno del reino requiere empezar el día con buenas energías. El pescado frito se suele servir a otras otras del día, y podría parecerse a nuestro pescaíto frito andaluz.

Sopas y cremas de aire medieval, como la sopa de calabaza, de cebada, de setas y caracoles o de castañas no suelen faltar en comidas y cenas. También son habituales las ensaladas como la que degusta Sansa en alguna ocasión, a base de espinacas con hierbas frescas, flores, ciruelas y frutos secos. Las tartas saladas son otro plato habitual de Desembarco, tanto las vegetales como las rellenas con pescado, quesos o carne de ave.

Las comidas más copiosas llegan a su apogeo con grandes piezas de carne. En los banquetes de ceremonias especiales, como las bodas, son las aves las protagonistas, a veces servidas de formas extravagantes, como el pavo real servido entero con su plumaje. Los reyes son aficionados también a la caza y por eso son también habituales platos de jabalí, ciervo, conejo o perdices, asados o guisados con especias.

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Los panes y dulces no pueden faltar en una corte opulenta, y parece que los hornos de Desembarco del Rey están encendidos constantemente. El pan de avena cargado de frutas y nueces es uno de los favoritos, así como panecillos y bollos de todo tipo, galletas, y pasteles, preferiblemente en formatos pequeños. Son célebres los pastelitos de limón, que no faltan a la hora de la merienda y que son la perdición de Sansa. Como ya se ha comentado, las frutas tienen una presencia importante en la Fortaleza Roja, también cocinadas. No faltan las manzanas asadas, los melocotones con miel y diversas compotas y mermeladas.

El pueblo llano de Desembarco del Rey nunca podrá ni probar muchas de estas delicias. Las comidas habituales de la población más humilde consisten en panes toscos y duros que acompañan cuencos de estofados donde se suele introducir cualquier ingrediente disponible. Las ollas parecen estar burbujeando de forma permanente en ciertas calles del Lecho de las Pulgas, con restos de carnes variadas, verduras y algún cereal, si hay suerte. Palomas y ratas son buenas fuentes de proteínas cuando el hambre aprieta.

Las tierras del Norte

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Las frías tierras al sur del Muro se conocen como el Norte, el más grande de los Siete Reinos, cuya capital se sitúa en Invernalia, el asentamiento de los Stark. Es una región muy amplia pero con grandes zonas deshabitadas, muchos pueblos y aldeas desperdigados, y unos modos de vida algo difíciles por el clima tan frío que cubre de nieve la tierra incluso en verano. La comida en estas tierras aprovecha sobre todo lo que da la tierra, con platos contundentes, energéticos y reconstituyentes, muy humildes en su origen.

Las comidas que George R.R. Martin suele citar al describir la vida norteña son esencialmente lo que imaginamos como medieval, con muchos productos de despensa pensados para aguantar largas temporadas de inviernos fríos y yermos. Panes rústicos y densos, avena, quesos, conservas de frutas, mieles, frutos secos y embutidos son habituales en un menú norteño.

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Cuando la temporada de caza lo permite, en Invernalia se preparan consistentes guisos de venado con cebada, empanadas de ave o carne asada con salsas aromáticas de miel y especias. El pescado tiene, lógicamente, una menor presencia, aunque en ocasiones especiales se pueden preparar pasteles de bacalao, que permite una larga conservación gracias al salazón.

El cultivo de vegetales y hortalizas resistentes al frío es esencial para la supervivencia en las tierras del Norte. Platos habituales en sus mesas, desde el desayuno hasta la cena, incluyen estofados de zanahorias y nabos, remolacha a la mantequilla, cebollas en salsa o asados con puerros. La manzana es la fruta más abundante, que tras la cosecha estival se conserva en las despensas durante meses.

El Muro

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Un poco más al norte de la región del mismo nombre se sitúa el Muro, hogar de la poco valorada Guardia de la Noche. La falta de recursos y las duras condiciones climatológicas no hacen que sea una vida fácil, y eso se refleja en la humilde y escasa comida que tiene que sustentar a los que visten el negro. Una bebida que caracteriza su día a día, además de la cerveza espesa, es el vino caliente, dulzón y lleno de especias.

En el Castillo Negro se sigue una dieta muy similar a la del Norte, pero más escasa y sencilla, sin lujos. Lo importante es conseguir calentar el cuerpo y obtener la energía necesaria para sobrevivir al duro trabajo bajo las gélidas temperaturas. Además, las despensas no suelen estar precisamente llenas, hay que ahorrar y pensar en el invierno, por lo que no hay lujos que valgan.

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Un desayuno en un buen día en el Muro suele consistir en huevos de gallina o pato, pan rústico fresco o frito, frutas secas y un surtido de embutidos. Salchichas, bacon, jamón y black pudding -una especie de morcilla- son los más frecuentes, acompañados de cerveza negra. Si la despensa lo permite, el cocinero puede preparar pequeños panecillos y pasteles con manzanas y frutos secos, muy energéticos. Estos bocados no suelen ser frecuentes y conviene devorarlos pronto, como Jon Nieve sabe muy bien.

Como era de esperar, la comida principal suele consisten en cuencos de sopas, guisos y estofados, con carne grasa si hay suerte. En el Muro se cocina con cerveza de tipo ale y no faltan las cebollas, que pueden acompañar a piezas de cordero, oveja, cerdo o, en su defecto, alubias con bacon. La carne y el pescado en salazón son la comida principal de los exploradores, todo regado con cerveza.

Dorne

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Esta temporada la serie viaja por primera vez a Dorne, una tierra sureña cuyas localizaciones se han buscado en diversos lugares de nuestra Andalucía. Es una tierra muy cálida, la región más calurosa de los Siete Reinos, con un paisaje árido y seco en el que el agua es uno de los bienes más preciados. Está claramente inspirada en culturas árabes mediterráneas, algo que también se percibe en su gastronomía.

En Dorne hay menos presencia de guisos contundentes y mucho más protagonismo de comidas frescas, con muchas especias picantes, frutas y frutos secos, como almendras y dátiles. Productos típicos de la región, como la granada, las aceitunas, la miel y la uva están presentes en comidas dulces y saladas, y las carnes de caza son escasas. Los dornienses prefieren cordero o pato y quesos locales.

Un almuerzo habitual en Dorne puede consistir en un pan plano acompañado de pasta de garbanzos, aceitunas negras, queso y hojas de parra rellenas de frutos secos y verduras. Una especialidad local es la serpiente, que se suele servir crujiente, con salsa picante, mostaza y miel. Para refrescar la garganta son populares las bebidas a base de limón y los vinos afrutados y fuertes.

Otras regiones de Poniente

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El continente de Poniente alberga otras muchas regiones, pueblos y ciudades destacadas donde algunos de los personajes principales se ven envueltos en diversas tramas. Aunque sólo estén de paso, siempre hay que comer, y George R. R. Martin aprovecha para citar y describir distintos refrigerios que merece la pena destacar.

Sobresale la región de El Dominio, dominada por Altojardín, una de las más fértiles de todos los Siete Reinos. Su producción de frutas, verduras y cereales abastece a gran parte del resto de territorios, y son muy apreciados sus vinos. En sus mesas abundan platos coloridos, con muchos vegetales frescos, toques florales y preparaciones de carnes menos toscas que en el Norte.

En las Islas del Hierro, en cambio, los banquetes son menos lujosos. La vida en estas tierras frías y áridas están dominadas por el mar, por lo que pescados y mariscos son los productos principales de su alimentación. En las novelas se nombran platos como la sopa de algas y almejas o el estofado de pescado con mejillones y cangrejo. Las malas tierras no permiten una próspera ganadería, pero a veces se preparan caldos con carne de oveja o cordero.

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Moverse por Poniente implica largas jornadas a caballo o a pie entre unos territorios y otros. Cuando no se puede repostar en una posada, los improvisados campamentos suelen apostar por cocinar a la brasa o en estofado la carne de caza que se encuentran por el camino. Durante el invierno conviene llevar encima carne o pescado en salazón, salchichas y panes y galletas que puedan aguantar varias semanas.

En asentamientos importantes de señores y otros personajes destacados nunca faltan los caprichos dulces para sus pobladores. En Harrenhal por ejemplo no puede faltar el pan recién hecho ni dulces como las tartaletas de frutos secos y queso o las tartas de manzana. Los pastelitos de arándanos, las frutas en almíbar y caprichos como los gansos de merengue y nata son habituales en las mesas más pudientes.

Más allá del Mar Angosto

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El universo de Juego de Tronos no termina con los Siete Reinos. El Mar Angosto separa el continente de Poniente con Essos, las tierras del este donde se localizan las llamadas Ciudades Libres y los territorios de los Dothraki. En este continente conviven culturas muy diferentes y ofrecen particularidades que las hacen únicas respecto a las costumbres de Poniente. En general son tierras muy cálidas, húmedas, y la mayoría de capitales se sitúan en la costa.

Capitales como Braavos o Pentos, con una intensa actividad portuaria, disfrutan de productos importados por el comercio, por lo que la comida puede recordar a la de otros lugares de Poniente. Sin embargo, destaca la presencia de todo tipo de pescados y mariscos, destacando las más humildes sardinas, y una menor importancia de carnes, sobre todo de caza.

Una jornada en Braavos puede empezar con un plato de sardinas frescas fritas o a la brasa, servidas con aceite o salsa picante, un pedazo de pan con aceitunas y vino aguado. La sociedad más pudiente de Pentos tiene gustos muy similares a los de Desembarco del Rey, disfrutando de platos como el capón asado con vegetales caramelizados, frutas y todo tipo de dulces.

Otras poblaciones ofrecen exquisiteces locales como los insectos, especialmente grillos y saltamontes, que se pueden cocinar con mantequilla y servir con todo tipo de frutos secos y miel. También se pueden encontrar salchichas de perro, típicas en un desayuno de Meeren, mientras que en Volantis están orgullosos de su sopa fría de remolachas, cultivo abundante local. Por su parte, los Dothraki preparan comidas menos sofisticadas, reflejo de su propia cultura y modos de vida. Abundan los platos de carne, destacando la cabra asada y los pasteles de sangre.

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La importancia que tiene la comida tanto en los libros de Canción de Hielo y Fuego como en la serie de Juego de Tronos no es sólo un reflejo de la afición de su creador por la buena mesa. Aunque a veces se critique el excesivo detallismo de sus descripciones, lo cierto es que nos ayuda a dibujar mejor ese rico y complejo mundo, a sumergirnos en su historia y en su cultura, y a conocer mejor a sus personajes. Y ciertamente también nos despierta el apetito en más de una ocasión.

https://www.directoalpaladar.com/otros/viaje-gastronomico-por-juego-de-tronos

Stark on fire

Los Stark son, en líneas generales, el objeto de la mayor sociología contemporánea de la generación HBO

Una de las muchas sinopsis de Juego de tronos podría ser la del día a día de una familia feliz sentada en un trono imaginario a la que le cae encima la maldición de la gitana del romero. Los Stark son, en líneas generales, el objeto de la mayor sociología contemporánea de la generación HBO. No por las sucesivas muertes, sino por las vidas que ha ido dejando delante.

Todos, por pura supervivencia, se han convertido en expertos asesinos. Pero si al principio la muerte era una respuesta casi funcionarial en un mundo en el que el que no mata no vive, ahora los Stark, especialmente Arya y Sansa, han aprendido a disfrutar del asesinato y convertirlo en arte genuino. Ya no se mata por supervivencia, se empieza a matar por placer: así es como las series crecen, porque se mimetizan con la vida.

La sonrisa de Sansa al dejar al bastardo Ramsey con los perros, la determinación de Arya y una lista negra con nombres a tachar mediante un proceso que te firma con los ojos cerrados cualquier patronal. Hasta Jon Snow, aquel bastardo del que suponíamos un origen del Lecho de Pulgas resulta que es hijo de una Stark y un Targaryen: es como si a Leandro de Borbón lo hubieran parido entre Borbones y Windsors. Snow es casta, hijo de las élites, y ha sido coronado rey, que es lo que le faltaba. Bien es verdad que ha sufrido; tanto que ha muerto, y quizás cualquier día, en cualquier momento, se despierta Resines y nos dice que todo ha sido un sueño suyo.

Esa desfigurada familia Stark es hija nuestra, de los sueños y pesadillas de cualquier familia sin que sepamos distinguir qué es sueño y qué pesadilla: un padre degollado, una madre y un hermano asesinados en la boda familiar como cuando el menú no está a la altura, un hermano discapacitado… Y para uno que llega a algo, guardián de la noche y luego rey en el norte, resulta que es tu primo. No me perdería por nada del mundo a Sansa (esa mirada final a Meñique, que es la mirada de un técnico desesperado al banquillo) y a Arya Stark. Saber matar no tiene mérito en Juego de tronos: lo que levanta pasiones es el placer de hacerlo.

https://elpais.com/cultura

Ni caso

Quizá los enviados especiales a la nada disimulen la supresión de los corresponsales en el extranjero

Viendo la televisión utilizando el mando a distancia.
Viendo la televisión utilizando el mando a distancia. GETTYIMAGES

 

Aún no sabemos muy bien el pecado que hemos cometido para que los noticiarios televisivos se parezcan tanto a los periódicos de sucesos anunciados a voz en grito durante nuestra infancia: “Le pega catorce hachazos “, “Ovnis avistados en Tomelloso”. Ya sabíamos que la información que nos importaba había que ir a buscarla a otro lugar. Pero ahora cada día se llena más el telediario de acuchillados a la puerta de una sala de fiestas, de accidentes de avioneta y estallidos de bombonas de butano. Completan el panorama informativo los enviados especiales a las nevadas y los chubascos fuertes. Es habitual que la televisión desplace al pobre corresponsal local al epicentro del fuerte viento y mande la crónica mientras se le vuela el flequillo, le arrastra una ola o le llega literalmente la nieve hasta el entrecejo. De seguir así, la información meteorológica se va a convertir en profesión de riesgo.

Pero quizá estos enviados especiales a la nada están para disimular la supresión casi radical de los corresponsales en el extranjero. Ahorrado el dispendio de tener a un periodista en lugares de conflicto, disponemos de unidad móvil para cubrir el granizo de Socuéllamos. Este desplazamiento del centro de la noticia provoca la desconexión. Donald Trump ha querido ver en los niños asesinados por los bombardeos con gas sarín en Siria una razón de peso para sostener tres cuartos de hora de guerra a distancia. Pese a las bases norteamericanas en España no tenemos ni la más ligera pista de a qué conducen estos arrebatos. Da la sensación de que las grandes potencias militares están atrincheradas en el monte y que practican la guerra de guerrillas con misiles y drones a distancia.

La información internacional nos ayudaría a comprender lo poco importantes que hemos de sentirnos. Es fácil de entender cuando en menos de un año vemos girar el debate sobre la separación de Escocia de Reino Unido. El Brexit ha variado los apoyos externos como si el tablero de ajedrez se hubiera volteado para demostrar que el blanco y el negro son opuestos entre ellos, pero intercambiables para todos los demás. Siria, con sus millones de desplazados, es un estado de ánimo. Una peonza estratégica que se agita sin importar la crueldad de ver morir con constancia a sus habitantes durante más de cinco años mientras se les niega a los huidos el estatuto de refugiados. En la Europa acosada por atentados indiscriminados, los ideólogos de la invasión de Irak pasean su tronío por las infraentrevistas de una televisión bertinizada donde el periodismo está vetado. ¿Hará tiempo de playa esta Semana Santa?

DAVID TRUEBA

http://elpais.com

Así será el mundo en el año 2074: la inteligencia artificial habrá superado a la humana y la muerte será un pequeño problema técnico ya superado

Syfy estrena en España la serie «Incorporated» que plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated»
Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated» – ÁNGEL DE ANTONIO

 

El primer gran salto tecnológico debería producirse en 2020. Pero no será el único. En 2045, el mundo no tendrá nada que ver con el que ahora conocemos. Y en 2074, lo que nos parecía pura ciencia ficción de la mejor producción de Hollywood, será realidad. Agárrense porque vienen curvas.

Para hacernos una ligera idea de cómo será el mundo dentro de 57 años basta con ver «Incorporated». La serie, que esta noche estrena Syfy en España, plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

«En muchas ocasiones, la ciencia ficción de hoy es la ciencia real de mañana», asegura José Luis Cordeiro, ingeniero y profesor fundador de la Singularity University en Silicon Valley. Se trata de una institución sobre las nuevas tecnologías que -supuestamente- van a cambiar a la humanidad y van a hacer que sea posible el mundo que el telespectador va a ver en «Incorporated».

 

Al fin y al cabo, muchas de las cosas que hemos visto en al ciencia ficción se han convertido en realidad. Tal y como recuerda Javier Sirvent, Technology Evangelist, Stanley Kubrick mostró en su filme «2001: Odisea en el espacio» (1968) lo que hoy son las tabletas, «gadgets» inimaginables hace 49 años. Y hay más ejemplos.

En «Regreso al Futuro II» (1989), Marty McFly viajaba al 21 de octubre del año 2015 en un monopatín volador que Lexus ya ha convertido en realidad, aunque de momento solo se trate de un prototipo que no se comercializa. Tampoco nadie se imaginaba, ni el mismo Martin Cooper, que el teléfono móvil evolucionaría a lo que hoy son los «smartphones». Por tanto, no parece descabellado pensar que el Hyperloop acabará siendo una realidad, al igual que los coches autónomos o que los cerebros humanos puedan conectarse, fusionar e interactuar con los ordenadores, tal y como pretende Elon Musk con su nueva empresa Neuralink.

Las compañías tecnológicas se están abriendo campo. La inteligencia artificial se ha convertido en la semilla de oro a explotar por parte de los principales gigantes. La integración entre el hombre y la máquina es cada vez mayor y la epigenética es una realidad de la que no se podrá escapar. Y todo con un objetivo: que la tecnología mejore las habilidades de las personas.

Pero el ejemplo más «extremo» está en Alphabet (Google). Una de sus empresas, Calico, se dedica a la investigación sobre la longevidad. «El objetivo de Calico es resolver un pequeño problema técnico llamado muerte», afirma Cordeiro. «Nosotros esperamos detener el proceso de envejecimientoen 20-30 años. Es decir, vamos a ver la muerte de la muerte», asevera el experto. «Esta es la generación más interesante para estar vivo -defiende- porque estamos en la división de la última generación humana mortal y la primera inmortal». Google es quien, de hecho, financia la Singularity University.

«Esto que estamos hablando no es ciencia ficción», apoya Sirvent, a pesar de que en «Incorporated» veamos cómo uno de sus protagonistas es capaz de curarse una herida al momento, que desaparece como por arte de magia, o realizan operaciones de cambio de rostro. «Basta con ver CRISPR, una técnica de manipulación y edición genética de muy bajo coste que va a cambiarlo todo», recuerda.

La supremacía de la inteligencia artificial

Así pues, según Cordeiro, transhumanista, después de la singularidad tecnológica, se va a trascender la vida humana y vamos a empezar una edad póstuma de humanos super longevos, super inteligentes y aumentados. Hablamos de humanos capaces de comunicarse telepáticamente o que van a poder viajar a otros planetas, como estamos a punto de hacer a Marte. Tras superar la muerte, el objetivo es colonizar el espacio.

«En 2045, la inteligencia artificial va a superar a la humana y es, en ese momento empezará la singularidad tecnológica», explica Codeiro. Por tanto, será la última invección del ser humano no modificado, es decir, tal y como lo conocemos ahora. «Ya no habrá nada que inventar a menos que nos sumemos a la inteligencia artificial». Y en eso se trabaja ya.

En la actualidad ya hay tecnologías que estimulan el cerebro humano. Tal y como recuerda Sirvent, existen ya la estimulación eléctrica cerebral para determinados casos, como en un francotirador.

Hablar es, para los expertos, una tecnología primitiva; la telepatía será el futuro. Nos comunicaremos por banda ancha, como lo hacen los ordenadores. Así que parece que la «locura» última de Elon Musk no es tan descabellada.

Y, para quienes tengan miedo a este futuro que muestra «Incorporated», el profesor de la Singularity University lanza un mensaje tranquilizador: «¿Prefieres ser más inteligente o no? A lo que hay que tener miedo no es a la inteligencia artificial sino a la estupidez humana».

Aunque el coste económico pueda ser un factor que intente frenar todos estos avances, Sirvent recuerda que secuenciar un sistema genético costaba mucho dinero al principio. «Hoy por 90 euros se hace así que en cinco años es probable que nuestro teléfono móvil sea capaz, por ejemplo de predecir enfermedades». Al fin y al cabo, ya existen aplicaciones relacionadas con la salud.

«Y las máquinas nos van a ayudar», añade Javier Sirvent justo en un momento en el que la sociedad atraviesa por un momento de crisis ante una pérdida de puesto de trabajos. «La gente en el mundo occidental no comprende por qué los robots son buenos cuando en Oriente sí lo creen», añade Cordeiro. «Son tan buenos en Japón -continúa- que uno de los libros más vendidos es ‘Cómo hacer el amor con un robot’».

Aunque existe también otro inconveniente para que vivamos el mundo de «Incorporated»: «Cuando los americanos encuentran algo con lo que hacen un gran negocio, los chinos lo copian y en Europa nos ponemos a legislarlo», recuerda Javier Sirvent. Veremos sin la legislación es capaz de frenar tales avances.

http://www.abc.es/tecnologia/informatica/software

El día en que el libro muerda al perro

Las televisiones públicas dan a los deportes, los sucesos o la cocina mucha más importancia que a la cultura

Una tienda de libros de segunda mano en Madrid.
Una tienda de libros de segunda mano en Madrid.

Que perdonen los excelentes profesionales de la televisión pública (la del Estado, y las del Estado). Que perdonen esos profesionales: esto no va con ellos.

Esas televisiones tienen un pecado de omisión en sus informativos. La omisión de los libros. La secuencia es: careta, noticias nacionales o internacionales, sucesos, sucesos, después más sucesos, sucesos, deportes, más deportes, muchos más deportes. Y el tiempo, mucho tiempo. Como si el patio de butacas de España estuviera sacando la mano por la ventana para ver qué tiempo hace. A veces hay espectáculos: actores separándose, cineastas muuuy famosos, la inauguración de un acontecimiento al que van los Reyes a entregar un premio. Un premiado muerto.

 

Como decía Cabrera Infante, toda enumeración es injusta, pero la memoria vive de enumeraciones. El menú es ese, y eso es lo que llega a la gente por los dispositivos informativos de que disponen las casas. Eso está variando, como se sabe en los periódicos (los de papel y los no impresos), del mismo modo que está cambiando (más lentamente) la relación de los lectores con los libros y con otros elementos de la distribución del arte. Ahora aprietas un botón y escuchas una sinfonía. La vida ahora tiene (para horror de Luis de Pablo, para tantos) mucha música de fondo, y ya ni siquiera la música es protagonista de los telediarios. Es decir, la música que enseña a sosegar el espíritu o a inquietarlo, la música de verdad; ahora la música es de fondo, como las bibliotecas de atrezzo que salen en las películas.

No siempre fue así. La televisión de los años ochenta, que no tenía competencia y era del Estado enteramente, tenía programas de cultura de vanguardia, como aquellos que creó Enrique Nicanor y que presentaba, por ejemplo, Paloma Chamorro. José-Miguel Ullán, poeta que fue periodista, hacía entrevistas formidables a artistas de la cultura pop, y de la otra; Sánchez Dragó hacía muy notables entrevistas a escritores, Carlos Veles hizo programas memorables, como Joaquín Soler Serrano. Toda enumeración es corta, ya saben, pero no se hace esa enumeración ahora por nostalgia sino por carencia. ¿Qué se hace con los Presupuestos del Estado, menguados por ocurrencias distintas, para promover la cultura en las televisiones que paga el erario público? Pues programas de cocina, sucesos… Galimatías.

En ese espectro ciego se quedan los telediarios, vendidos al postor de la audiencia, por un plato de lentejas. Antes los sucesos los daban otros, ahora los sucesos los dan todos, desde el minuto 10 del telediario. Los deportes ocupan la franja más nutrida de los informativos, con el fútbol como delantero centro de ese ahogo. ¿Y los libros? Y los libros esperando a que se muera el próximo poeta o a que el Rey le entregue el Cervantes al último galardonado. Es noticia que un hombre muerda a un perro. Pues para que un libro salga en los telediarios habrá que esperar a que el libro muerda al perro.

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