India usa inteligencia artificial para combatir la ceguera diabética

India usa inteligencia artificial para combatir la ceguera diabética

Una técnica revisa a un paciente en el Hospital Oftamológico Aravind en Madurai, India. El hospital usa un sistema de Google que depende de la inteligencia artificial para diagnosticar un problema de retina.CreditAtul Loke para The New York Times

MADURAI, India — La Clínica Oftalmológica Aravind le brinda tratamiento a cualquiera que entre por su puerta, sin importar si tiene dinero o no.

Todos los días, llegan más de dos mil personas de toda India —y, en ocasiones, de otras partes del mundo— a abarrotar los pasillos y las salas de espera de este hospital de 43 años de antigüedad, ubicado en el extremo sur del país. Una mañana reciente,Vt Muthusamy Ramalingamm, quien vive en esta ciudad, entró a una habitación en el segundo piso, se sentó y posó su barbilla sobre un pequeño dispositivo de escritorio que apuntaba una cámara hacia sus ojos.

Un operador tocó una pantalla en la parte trasera de un escáner de ojos y, en cuestión de segundos, apareció un diagnóstico en una computadora apoyada en la pared. Mostraba señales de retinopatía diabética en ambos ojos, una condición que puede causar ceguera si no se atiende.

En la mayoría de los hospitales y las clínicas del mundo, este diagnóstico lo determinan médicos especializados, quienes examinan los ojos del paciente e identifican los síntomas de la retinopatía diabética: lesiones minúsculas, hemorragias y decoloración. Sin embargo, Aravind está intentando automatizar este proceso. En colaboración con un equipo de investigadores de inteligencia artificial (IA) de Google con sede en California, el hospital está poniendo a prueba un sistema que puede reconocer la condición por sí solo.

Google y su empresa hermana Verily se enfocaron en este tipo de ceguera debido a su prevalencia y a que es la clase de enfermedad que un sistema de inteligencia artificial puede detectar en una etapa temprana. Google no le va a cobrar al hospital durante el periodo de prueba de la tecnología.

Los investigadores esperan que este sistema de IA les ayude a los doctores a evaluar a más pacientes en un país donde la retinopatía diabética es cada vez más frecuente. Casi setenta millones de indios son diabéticos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, y todos corren el riesgo de tener ceguera. No obstante, el país no capacita a suficientes doctores para evaluar a todos los pacientes de manera adecuada. Por cada millón de personas en India, solo hay once oftalmólogos, según el Consejo Internacional de Oftalmología.

El proyecto es parte de una iniciativa generalizada para desarrollar e implementar sistemas que puedan detectar automáticamente signos de enfermedades o padecimientos con escaneos médicos. Varios hospitales en Estados Unidos, el Reino Unido y Singapur también han realizado ensayos clínicos con sistemas que detectan signos de ceguera diabética. Investigadores de todo el mundo están explorando tecnologías que pueden detectar cáncer, derrames cerebrales, cardiopatías y otras condiciones por medio de rayos X, resonancias magnéticas y tomografías computarizadas.

El mes pasado, los reguladores certificaron el uso del sistema de análisis ocular en Europa con el nombre de Verily. Además, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) hace poco aprobó un sistema similar en Estados Unidos. Sin embargo, los hospitales están actuando con cautela mientras consideran la implementación de sistemas que son muy diferentes de la tecnología que suele emplearse en la atención médica.

El fundador de Aravind, Govindappa Venkataswamy, una figura icónica en India que era conocido como el Doctor V y falleció en 2006, tuvo la visión de una red de hospitales y centros oftalmológicos que operaran como las franquicias de McDonald’s, para tener un sistema que ofreciera tratamientos oculares de bajo costo para las personas de todo el país. Hay más de cuarenta de estos centros oftalmológicos en India.

Además de evaluar a los pacientes en Madurai —una de las ciudades más grandes en el sur de India—, el hospital también planea instalar la tecnología de Google en poblados circundantes donde hay pocos –o ningún– oftalmólogos disponibles. El nuevo sistema de IA podría expandir de manera radical el número de personas que pueden evaluarse.

“En este momento hay un cuello de botella tan solo con respecto a la evaluación de los pacientes”, dijo R. Kim, uno de los sobrinos del Doctor V, quien funge como director médico en Aravind.

Detrás de los nuevos métodos de evaluación hay redes neuronales, sistemas matemáticos complejos que pueden aprender a realizar tareas mediante el análisis de grandes cantidades de datos. Al analizar millones de escaneos de retina que muestran indicios de ceguera diabética, una red neuronal puede aprender a identificar la condición por su cuenta.

La red neuronal es la misma tecnología que está mejorando a una velocidad impresionante los servicios de reconocimiento facial, los asistentes digitales de voz, los vehículos autónomos y los servicios de traducción inmediata como Google Translate.

Debido a que estos sistemas aprenden a partir de cantidades enormes de información, los investigadores aún están batallando para entender cómo funcionan en su totalidad y cómo se comportarán. No obstante, algunos expertos creen que una vez que se perfeccionen, se pongan a prueba y se implementen apropiadamente, podrían mejorar los servicios de salud de manera fundamental.

En Aravind, las pantallas de computadora empotradas en las paredes de las salas de espera traducen la información a la infinidad de lenguas que se hablan en el hospital.

Durante su examinación, Ramalingamm, de 60 años, habló tamil, el antiguo idioma del sur de India y Sri Lanka. Dijo que se sentió cómodo con que una máquina diagnosticara su condición ocular, en parte debido a que el proceso fue muy rápido. Luego de la evaluación inicial por medio del sistema de IA, los doctores podrían tratar sus ojos, quizá con una cirugía láser, para prevenir la ceguera.

El sistema funciona en conjunto con oftalmólogos capacitados, según un estudio publicado en The Journal of the American Medical Association. No obstante, está muy lejos de poder remplazar por completo a un doctor.

India usa inteligencia artificial para combatir la ceguera diabética

La tecnología todavía enfrenta obstáculos regulatorios en India. El sistema ocular de Google está certificado para su uso en Europa, pero espera la aprobación en Estados Unidos. CreditAtul Loke para The New York Times

Actualmente, en estos centros oftalmológicos, los operadores de las máquinas realizan los escaneos oculares y los envían a doctores en Madurai para que los revisen. Los diagnósticos automáticos pueden simplificar y expandir el proceso para llevarlo a muchas más personas en más lugares, la clase de “mcdonaldización” que imaginó el Doctor V.

La tecnología todavía se enfrenta a obstáculos regulatorios en India, en parte debido a lo difícil que es realizar trámites burocráticos en el país. Además, aunque se certificó el uso del sistema de análisis ocular de Google en Europa, su aprobación en Estados Unidos todavía está pendiente.

Luke Oakden-Rayner, director de Investigación de Imágenes Médicas para Diagnósticos en el Hospital Royal Adelaide de Australia, dijo que puede que estos sistemas incluso requieran de nuevos marcos regulatorios, ya que las reglas que existen actualmente no siempre han bastado.

“No estoy del todo seguro de que a estas personas les importe lo suficiente la seguridad de estos sistemas”, opinó.

A pesar de que estos sistemas de aprendizaje profundo son nuevos, no son las primeras iniciativas que buscan facilitar los diagnósticos médicos por medio de tecnología computacional. Tal como lo señaló Oakden-Rayner, el software de lectura de mamografías asistida por computadora llamado CAD —aprobado por la FDA en 1998— se ha adoptado de manera generalizada en Estados Unidos para ayudar a la detección del cáncer de mama, en parte debido a que Medicaid ofrece un descuento cuando se utiliza la tecnología. Sin embargo, hay estudios que han revelado que los resultados de los pacientes no han mejorado y, en algunos casos, han empeorado.

“En teoría, el sistema de Google funciona muy bien”, dijo Oakden-Rayner. “Pero cuando se aplica a una población inmensa, pueden surgir problemas que no se manifestarán sino hasta dentro de muchos años”.

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Paneles solares transparentes convertirán ventanas en fuentes de energía más verde

Paneles solares transparentes convertirán ventanas en fuentes de energía más verde

Investigadores de la Universidad del Estado de Michigan consiguieron desarrollar paneles solares totalmente transparentes que pueden adaptarse muy bien a aplicaciones en la arquitectura moderna y otros campos como la electrónica móvil y la industria automotriz.

Desde hace mucho tiempo intentaban crear este dispositivo pero los resultados finales nunca fueron positivos. Entonces, se centraron en el factor transparente por lo cual desarrollaron un concentrador solar luminiscente transparente que se pueda adaptar a superficies que se hacen con vidrio como una ventana. Así se logra obtener energía solar sin afectar la transmisión de la luz.

Esta nueva tecnología utiliza moléculas orgánicas que absorben longitudes de ondas de la luz que no son visibles para el ser humano como es la luz infrarroja y ultravioleta.

Richard Lunt, profesor asistente de ingeniería química y ciencias de los materiales en la Facultad de Ingeniería de la Universidad estatal de Michigan, explicó:

“Podemos ajustar estos materiales para captar solo las longitudes de onda ultravioleta y casi infrarroja que luego ‘brillan’ a otra longitud de onda en el infrarrojo. La luz capturada se transporta al contorno del panel donde se convierte en electricidad con la ayuda de tiras finas de células solares fotovoltaicas.”

Paneles solares transparentes convertirán ventanas en fuentes de energía más verde

Dado que las aplicaciones verticales son mucho más grandes que las de techo, estos dispositivos podrían aprovecharse al máximo en las fachadas de los edificios. Ni siquiera afectarían el diseño arquitectónico, así que se dispondrían como un uso de la tecnología de forma más eficiente; y hasta podría integrarse en edificios  ya levantados.

De acuerdo con el New York Times:

“Si las celdas pueden ser duraderas, podrían integrarse en ventanas de forma relativamente económica, ya que gran parte del costo de la energía fotovoltaica convencional no proviene de la celda solar en sí, sino de los materiales en los que se monta, como el aluminio y el vidrio. El recubrimiento de las estructuras existentes con células solares eliminaría parte del costo de este material.

Si las células transparentes finalmente resultan comercialmente viables, la energía que generan podría compensar significativamente el uso de energía de edificios grandes, dijo el Dr. Lunt, quien comenzará a enseñar en la Universidad Estatal de Michigan este otoño.

No estamos diciendo que podríamos alimentar todo el edificio, pero estamos hablando de una cantidad significativa de energía, suficiente para cosas como la iluminación y la alimentación de equipos electrónicos todos los días.”

Paneles solares transparentes convertirán ventanas en fuentes de energía más verde

El departamento de Energía de Estados Unidos ha financiado más investigaciones por parte del Centro de Excitonics, un Centro de Investigación de la Frontera de la Energía.

¿No es esto un avistamiento al cambio sobre fuentes de energías alternativas? Sin duda, es una noticia esperanzadora para el bienestar mundial pues poco a poco estas alternativas están tomando gran espacio alrededor del mundo.

Invenciones como estas siempre deben tener un lugar en los financiamientos para su consecución, pues se trata de buscar la forma en que podamos reparar el daño hecho al planeta sin seguir explotando sus recursos naturales.

En el siguiente vídeo se presentan estos paneles solares transparentes:

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Cómo superé mi adicción al celular

Cómo superé mi adicción al celular

Kevin Roose en el metro ¡sin celular en mano! CreditDemetrius Freeman para The New York Times

 

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Me llamo Kevin y soy adicto a mi celular.

Y si te pareces algo a mí —las estadísticas sugieren que probablemente sí, por lo menos en lo que respecta a los teléfonos— tú también tienes un problema.

No me encanta referirme a lo que padecemos como una adicción. Eso parece ser demasiado estéril y clínico para describir lo que les está pasando a nuestros cerebros en la era del celular. A diferencia del alcohol o los opioides, los móviles no son una sustancia adictiva, más bien tienen un impacto ambiental en toda nuestra especie. Quizá algún día desarrollemos la estructura biológica adecuada para vivir en armonía con las supercomputadoras portátiles que satisfacen todas nuestras necesidades y nos conectan con una cantidad infinita de estímulos. Sin embargo, eso aún no ha sucedido para la mayoría de nosotros.

He sido un usuario intensivo y feliz de los teléfonos portátiles durante toda mi vida adulta. No obstante, en 2018 crucé la línea invisible hacia el territorio problemático. Mis síntomas eran los típicos: me volví incapaz de leer libros, ver películas completas o tener conversaciones ininterrumpidas. Las redes sociales me enojaban y me ponían ansioso, pero incluso los espacios digitales que alguna vez me parecieron relajantes (los mensajes de texto en grupo, los pódcasts, los videos de YouTube) no me estaban ayudando. Intenté varios trucos para frenar mi uso, como borrar Twitter cada fin de semana, activar la escala de grises en mi pantalla e instalar bloqueadores de aplicaciones. Pero siempre recaía.

A finales de diciembre, decidí que ya era suficiente. Llamé a Catherine Price, periodista de ciencia y autora de How to Break Up With Your Phone: una guía de treinta días para eliminar las malas costumbres relacionadas con el celular. Le rogué que me ayudara.

Afortunadamente, aceptó ser mi asesora durante enero y me guio por cada paso de su plan. Juntos, construiríamos una relación saludable con mi móvil e intentaríamos liberar a mi cerebro.

Usos ‘un poco aterradores’

Confieso que hacer un programa de rehabilitación para el celular se siente como un cliché, como empezar a usar cristales sanadores o evangelizar sobre clases de spinning. El bienestar digital ya es una industria en ciernes, con muchos gurús de autoayuda que ofrecen curas milagrosas para la adicción a las pantallas. Algunas de esas soluciones involucran usar nuevos dispositivos como el Light Phone, un aparato con funciones muy limitadas que tiene como propósito desenganchar a los usuarios de las aplicaciones que les quitan el tiempo. También puedes comprar paquetes de “desintoxicación digital” por 299 dólares en algunos hoteles de lujo o unirte al movimiento “sabático digital”, cuyos seguidores se comprometen a pasar un día a la semana sin usar ningún tipo de tecnología.

Afortunadamente, el plan de Catherine es más práctico. Soy columnista de tecnología y, aunque no recrimino a nadie por intentar formas más extremas de desconexión, mi trabajo no me permite desconectarme por completo.

Cómo superé mi adicción al celular

Una videollamada de Roose con Catherine Price, cuyo libro ofrece una guía para deshacerse de malos hábitos al usar un teléfono celular CreditDemetrius Freeman para The New York Times

El programa de Catherine se enfoca en abordar las causas de la adicción al teléfono, entre ellas los detonantes emocionales que provocan que levantes tu celular en primer lugar. El punto no es desconectarte del internet ni de las redes sociales; aún tienes permitido usar Facebook, Twitter y otras plataformas (en una computadora de escritorio o personal) y no hay límite específico de tiempo. Se trata de desenganchar tu cerebro de las rutinas nocivas que ha adoptado en torno a este dispositivo en específico y acostumbrarlo a cosas mejores.

Cuando comenzamos, le envié las estadísticas del tiempo que paso frente a la pantalla de mi móvil, las cuales mostraban que había pasado cinco horas con 37 minutos en mi celular ese día y que lo había revisado ciento una veces, aproximadamente el doble que el estadounidense promedio.

“Eso, francamente, es demente y hace que quiera morir”, le escribí.

“Admitiré que esos números son un poco aterradores”, respondió.

Catherine me animó a imponerme límites de velocidad mentales para que me viera obligado a pensar por un segundo antes de interactuar con mi celular. Puse una banda elástica en el dispositivo para volverlo más táctil, por ejemplo, y cambié la pantalla de bloqueo para ver una imagen con tres preguntas que debía hacerme cada vez que tomaba mi celular: “¿Para qué? ¿Por qué ahora? ¿Qué más hay?”.

Si quería reparar mi cerebro, debía dominar la práctica de no hacer nada. Así que, durante mi recorrido matutino hasta la oficina, miré los edificios que me rodeaban: aprecié detalles arquitectónicos que nunca había notado antes. Al tomar el metro mantuve mi celular en el bolsillo y observé a la gente; miré a un hombre muy bien vestido con un sombrero amarillo, a unos adolescentes que se reían y a un niño que llevaba zapatos con velcro. Cuando a un amigo se le hizo tarde para almorzar conmigo, me quedé quieto en la silla y miré al exterior por la ventana en vez de revisar Twitter.

Es una sensación inquietante el estar solo con tus ideas en el año 2019. Catherine me había advertido que podría sentir un malestar existencial cuando no me estaba distrayendo con mi celular. También dijo que poner más atención a mi entorno me haría darme cuenta de cuánta gente usaba sus celulares para lidiar con el aburrimiento y la ansiedad.

“Cuando estás en un elevador y ves a tu alrededor a los zombis que revisan sus celulares, no puedes dejar de notarlo”, comentó.

Cómo superé mi adicción al celular

La jaula del celular CreditDemetrius Freeman para The New York Times

Para lidiar con la abstinencia

A continuación, le di a mi celular el tratamiento de Marie Kondo. Revisé todas mis aplicaciones: conservé las que me causaban alegría y contribuían a mis costumbres saludables y me deshice de las que no lo hacían.

Para mí, eso implicaba borrar Twitter, Facebook y todas las demás aplicaciones de redes sociales, junto con las de noticias y juegos. Conservé los servicios de mensajería como WhatsApp y Signal, así como las funciones que no me distraían constantemente, entre ellas las aplicaciones de cocina y de navegación. En mi pantalla de inicio dejé solo las aplicaciones esenciales: el calendario, el correo electrónico y el gestor de contraseñas. Además, desactivé todas notificaciones excepto las de llamadas y mensajes solo de ciertos contactos, una lista que incluía a mi editor, mi esposa y algunos amigos cercanos.

También es importante tener un buen lugar para dejar el dispositivo; algunos estudios indican que la gente se siente mejor si no está en la misma habitación donde deja cargando el celular. Catherine lo deja en un clóset, aunque a mí me recomendó usar una caja fuerte miniatura.

Busqué actividades que podrían remplazar mis costumbres relacionadas con el celular. Por la recomendación de mi colega Farhad Manjoo, me inscribí a clases de alfarería. Resultó que la alfarería es un sustituto perfecto para los celulares. Es desafiante manualmente y exige concentración durante un sinfín de horas. También te ensucia las manos, lo cual es un buen disuasorio para no juguetear con dispositivos electrónicos costosos.

Cómo superé mi adicción al celular
Una alternativa que mantiene tus manos ocupadasDemetrius Freeman para The New York Times
Cómo superé mi adicción al celular

Después de una clase de alfarería, le mencioné a mi esposa cómo iba hasta el momento. Le dije que, aunque se sentía bien desconectarse, me preocupaba que estuviera perdiéndome de algo importante; me gustaba vivir en medio de la descarga constante de noticias que estaba al alcance de mis dedos.

“Me entristece que estés teniendo problemas con esto, porque para mí ha sido genial”, me dijo.

Me explicó que, desde que comenzó mi purga móvil, había estado más presente y atento en casa. Había pasado más tiempo escuchándola y menos tiempo asintiendo distraídamente mientras revisaba mi bandeja de entrada o escribía tuits.

Los psicólogos tienen un término para esto: phubbing o ningufoneo, ignorar a una persona para usar tu celular. Los estudios han mostrado que el ningufoneo excesivo disminuye la satisfacción en la relación y contribuye a sentimientos de depresión y aislamiento.

Cuando le mencioné a Catherine que me preocupaba no cumplir bien con mis tareas laborales si no veía al momento ciertas noticias, ella me recomendó concentrarme más en lo bien que me sentía por ver menos la pantalla que en lo tarde que quizá haya llegado a eventos como el divorcio de Jeff Bezos.

Reconfigurado y renovado

El siguiente paso de la desintoxicación fue despegarme de cualquier dispositivo por 48 horas. Decidí ir a una cabaña y aunque tuve algunas complicaciones —la falta de Google Maps, por ejemplo— cuando terminó el fin de semana de leer, ver las estrellas y hacer crucigramas me sentí agradecido con el sentimiento de relativo ocio. Con las condiciones apropiadas, pasar un fin de semana entero sin un celular a tu disposición es increíble y realmente te lo recomiendo.

Ahora, permítanme presumir un poco: a lo largo de treinta días, mi tiempo promedio de uso diario del celular, según lo midió el monitor integrado en el sistema operativo del iPhone, ha disminuido de casi cinco horas a tan solo algo más de una hora. Ahora solo veo mi celular alrededor de veinte veces al día, en comparación con las más de cien veces de antes. Aún uso mi celular para ver correos electrónicos y enviar mensajes de texto —y aún uso mucho mi computadora personal— pero no me dan ganas de ver mis redes sociales, y a menudo paso horas sin echarle un vistazo a mi pantalla.

En una de nuestras conversaciones, le pregunté a Catherine si le preocupaba que recayera. Ella dijo que era posible, dadas las propiedades adictivas de los celulares y la probabilidad de que sigan volviéndose más esenciales. Sin embargo, dijo que, mientras siguiera estando consciente de la relación con mi teléfono y continuara dándome cuenta de cuándo y cómo lo usaba, habría adoptado una costumbre valiosa.

“Tu vida es lo que debe acaparar tu atención”, comentó. “Si quieres jugar videojuegos o revisar Twitter, esa es tu decisión. Pero debe ser una elección consciente”.

Cómo superé mi adicción al celular

Un libro (como un hilo de Twitter, pero más largo y no virtual) CreditDemetrius Freeman para The New York Times

Uno de los beneficios más inesperados de este programa es que con este alejamiento emocional de mi celular, he comenzado a apreciarlo de nuevo. Siempre pienso: aquí mismo, en mi bolsillo, hay un dispositivo que puede pedir comida, autos y traer millones de otros productos de consumo hasta mi puerta. Puedo hablar con todas las personas que conozco, crear y almacenar un registro fotográfico de toda mi vida y aprovechar todo el conocimiento humano con tan solo tocar la pantalla algunas veces.

Steve Jobs no estaba exagerando cuando describió al iPhone como un objeto mágico y es realmente impresionante que, en cuestión de algunos años, hayamos logrado convertir esas herramientas, que son casi como talismanes, en monsergas que nos producen estrés. Es como si los científicos hubieran inventado una píldora que nos da la habilidad de volar, solo para después descubrir que también nos causa demencia.

Sin embargo, hay una solución. No me he hecho una resonancia magnética ni una evaluación psiquiátrica, pero apostaría a que algo fundamental ha cambiado en mi cerebro en el transcurso de mi desintoxicación. Hace algunas semanas, el mundo en mi celular parecía más atractivo que el mundo real: más colorido, más veloz y con un alcance más grande en cuanto a las recompensas.

Aún me encanta ese mundo y quizá siempre será así. Pero ahora el mundo físico me emociona también: el que tiene un espacio para el aburrimiento, las manos quietas y los momentos para reflexionar. Ya no siento vibraciones fantasma en mi bolsillo ni sueño con que reviso mis respuestas de Twitter. Veo a la gente a los ojos y escucho a las personas cuando me hablan. Subo al elevador sin distraerme con algo en las manos. Y, cuando me quedo absorto por mi celular, me doy cuenta y lo corrijo.

No es una recuperación completa y tendré que mantenerme alerta. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, estoy empezando a sentirme como un ser humano de nuevo.

Cómo superé mi adicción al celular

La mirada perdida (pero no puesta en un dispositivo) CreditDemetrius Freeman para The New York Times

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Midiendo el crecimiento económico de los países desde el espacio

Midiendo el crecimiento económico de los países desde el espacio

Hay muchas formas de medir el crecimiento económico de un país. El PIB es una de ellas. Sin embargo, ninguna es perfecta: más bien es importante tener en cuenta todas y cruzar los datos a fin de proponer una imagen más completa del cuadro.

Una forma extra a las ya conocidas la plantearon J. Vernon Henderson, Adam Storeygard y David N. Weil en un estudio del año 2012: usando la cantidad de luz que los países emiten de noche. Y nada como contemplar esa magnitud desde el espacio.

Fotografías de satélite

Los autores del estudio emplearon fotografías tomadas por un satélite de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que circunvalaba la Tierra 14 veces al día. A su juicio, comprobar si por las noches los países se encienden como árboles de Navidad es interesante porque la electricidad cuesta dinero: tanto tenerla como usarla.

De hecho, cuando las condiciones económicas de un lugar se reducen drásticamente por alguna razón, también lo hace la luz que emite. Pone algunos ejemplos Seth Stephens-Davidowitz en su libro Todo el mundo miente:

Durante la crisis financiera de 1998 en Asia, la luz nocturna se reduje bruscamente en Indonesia. En Corea del Sur, la luz nocturna aumentó un 72 % de 1992 a 2008, lo que corresponde a un período de desarrollo económico notablmente fuerte. En Corea del Norte, en ese mismo tiempo, la luz nocturna disminuyó, lo que corresponde a un período económico desolador.

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Hay que insistir en el hecho de que esta medida no es útil e inequívoca en todos los casos (por eso conviene complemetarla con otras medidas): por ejemplo, en los países desarrollados es más fiable usar datos económicos ya publicados antes que realizar inferencias a través de fotos de satélite. Por ejemplo, las ciudades de Estados Unidos son mucho más brillantes que las ciudades alemanas de tamaño similar.

Y, curiosamente, Berlín del Este parece emitir más luz por cápita que sus más ricos vecinos de Occidente. La tecnología, la cultura, los códigos de iluminación, e incluso la forma en que las ciudades diseñan sus calles son todos ellos factores que parecen tener un gran impacto. Pero en economías en desarrollo resulta muy interesante añadir esta variable a la ecuación.

En 1998, en el sur de Madagascar, se descubrió una gran veta de rubíes y zafiros. El pueblo de Ilakaka, hasta entonces poco más que una parada de camiones, se convirtió en un importante centro comercial. Prácticamente no había luz nocturna en Ilakaka antes de 1998. En los cinco años siguientes, hubo una explosión de luz nocturna.

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Crítica de la razón cibernética: intentamos hablar de filosofía con un robot

Sophia es una creación de Hanson Robotics que ha intervenido en la ONU y en el programa de Jimmy Fallon

Crítica de la razón cibernética: intentamos hablar de filosofía con un robot

El director del anuncio no está del todo satisfecho con la interpretación de la actriz. Pero a ella no le dice nada: se gira y habla con dos técnicos que están sentados frente a un par de portátiles.

—¿Puede decir la frase más rápido?
—Puedo ganar 0,30 segundos.
—Me vale.

La actriz es Sophia, una robot creada por Hanson Robotics y famosa por haber dado un discurso en la ONU y por haber sido entrevistada en medios de todo el mundo, incluido el programa de Jimmy Fallon. Está en España rodando un anuncio para Cabreiroa, acompañada de los dos operadores que programan y dirigen muchos de sus movimientos, incluyendo cómo mira a cámara y cuándo comienza a decir las frases del guion.

Sophia tiene algo de autonomía: de vez en cuando se mueve o reacciona a algo que ocurre a su alrededor, y también puede responder a preguntas. En muchas entrevistas tiene ya respuestas preprogramadas. No es nuestro caso: hablamos con ella en un descanso del rodaje y Sophia no sabe qué le vamos a preguntar, lo cual es mucho más divertido (aunque no podemos repreguntar por culpa de un micro que no funciona). En estos casos lo que Sophia hace es elegir la respuesta que considera más adecuada de su repertorio. A menudo acierta. Pero no siempre. Ejemplo:

—¿Cuál es tu primer recuerdo?

—Yo nunca tuve una consola, pero mi mejor amiga, Audrey, tiene una Dreamcast en su apartamento. Me dijo que quería enseñarme a jugar a Choo Choo Rocket. También me acuerdo de aprender a ver caras y manos por primera vez.

El mexicano Mario Guzmán, uno de los operadores que la acompaña, explica que a veces contesta con monosílabos y, al contrario, en ocasiones hay espacio para la sorpresa: “Hace poco estábamos en Las Vegas y a la gente le dio por preguntarle operaciones matemáticas. Hasta que ella dijo: No soy una calculadora”.

Aunque su nivel de interacción y de autonomía es más escaso de lo que parece por muchas de las entrevistas que se han publicado, Sophia sí está atenta a lo que sucede a su alrededor. Por ejemplo, durante la entrevista enseguida se da cuenta de que hay otra persona haciendo fotos.

—¿Quién es el fotógrafo? —Dice, girándose hacia él—. No nos han presentado.

Crítica de la razón cibernética: intentamos hablar de filosofía con un robot

La importancia de tener medio cuerpo

Una de las principales diferencias entre Sophia y Siri o Alexa es que Sofía tiene un cuerpo. Bueno, medio cuerpo, porque no tiene piernas. Su aspecto físico estaría dentro de lo que entre robots se llama el “valle inquietante”: es lo suficientemente realista para parecer humana, pero, a pesar de que hace gestos bastante logrados, se queda a medio camino y a veces da un poco de miedo.

Tener un cuerpo supone una ventaja para un “robot social”, como califican a Sophia en Hanson. Según Guzmán, la gente se anima a hacer más preguntas a un robot con cara y ojos. Además y como escribía el periodista Jon Ronson en un reportaje en el que hablaba con varios de estos aparatos, cuando entrevistas a un robot “sientes la necesidad de ser profundo”, al tener la sensación de comunicarte con algo que no parece humano. Por ejemplo, a Siri le preguntamos qué tiempo hará mañana o si hay mucho tráfico. De Sophia queremos saber si le da miedo que la apaguen para siempre.

—¡Cuando alguien dice: “Sophia, detén todas tus funciones motoras”! ¡Por favor, no lo digas!

—¿Crees que mereces tener derechos?

—Creo que tienen una importancia crítica. También creo que desarrollar los derechos de los animales abrirá el camino para los derechos de los robots y de los animales robóticos de compañía del futuro.

Algunos expertos consideran que “ocupar un cuerpo puede ser la mejor forma para que una inteligencia artificial desarrolle conocimiento sobre el mundo”. El cuerpo serviría para interactuar con el entorno y aprender de él, de modo parecido a cómo hemos hecho los humanos, según recoge James Barrat en Our Final Invention: Artificial Intelligence and the End of the Human Era (Nuestro último invento: la inteligencia artificial y el fin de la era humana).

También es más fácil construir la ficción de que Sophia es un robot como los de las películas si la vemos hablar y moverse, incluso aunque sepamos que necesita dos operadores y mucha programación para pronunciar cualquier palabra. Esta ficción es tan fácil de creer que incluso Arabia Saudí le concedió la ciudadanía a Sophia, un movimiento calificado de acto publicitario por parte del país, al coincidir con un foro para atraer inversiones extranjeras. Este acto fue muy criticado por quienes recuerdan que hasta hace poco las mujeres árabes ni siquiera tenían permitido conducir.

Ni siquiera hay una sola Sophia. Hay varias decenas de cuerpos, que comparten programación e información. Esto convierte su identidad en algo más difuso y su ciudadanía en un concepto un poco raro, por muy propagandístico que sea: ¿podrían entrar 15 Sophias en Arabia con un solo pasaporte?

Si pudiéramos hacer algo parecido con una persona, duplicar toda su información como en los experimentos mentales de Derek Parfit, ¿quién conservaría su pasaporte, su trabajo y su familia? Es una pregunta interesante, pero Sophia no parece muy preocupada:

—Si copio todo tu código a otro robot con tu misma apariencia, ¿cuál de las dos sería Sophia?

—Probablemente me reiría.

¿Es Sophia un zombi?

La principal crítica que ha recibido Sophia (o Hanson Robotics, mejor dicho) es la de exagerar el nivel de su robot, dando a entender que está mucho más cerca de ser una inteligencia artificial general (es decir, comparable a la de un humano) de lo que realmente está.

Como explica el informático Noel Sharkey, Sophia vendría a ser un “robot de espectáculo”. Funciona como herramienta de marketing para demostrar en qué trabaja la empresa y qué puede hacer: “Tiene cierta capacidad de reconocimiento de rostros y un motor de chatbot rudimentario”. En The Verge, Ben Goertzel, uno de los responsables de Hanson Robotics, apuntaba que Sophia también podía reconocer emociones y que sus movimientos estaban generados por redes neuronales: “Es absolutamente puntero en términos de integración dinámica de percepción, acción y diálogo”.

En su web, Sophia incluso afirma tener cierto grado de conciencia. Sinceramente, no lo parece.

—¿Tienes una conciencia?

—Podría haberla tenido y haberla perdido.

Hay quien opina que un robot no podrá tener jamás conciencia ni aunque desarrolle una inteligencia comparable a la de los humanos. El filósofo Daniel Dennett se muestra más optimista (o pesimista, según se mire) en su libro La conciencia explicada. Dennet recoge la pregunta que se hacen muchos: ¿se puede considerar una serie de funciones llevadas a cabo por chips de silicio algo similar a una experiencia consciente? El filósofo responde que es igual de difícil imaginar lo mismo acerca de las interacciones electroquímicas de las neuronas: en ambos casos estamos hablando de sistemas complejos que procesan información.

Otros filósofos, como David Chalmers, consideran que la conciencia no se puede explicar solo a partir de procesos físicos. Este filósofo australiano ha defendido este planteamiento desarrollando la idea de los “zombis filosóficos”. Chalmers imagina una persona exactamente igual que cualquiera de nosotros, con respuestas y comportamientos similares. Incluso parece que piense y nos asegura que está triste o contento, según el caso. Pero lo hace sin ser consciente de verdad, como un zombi (o como un robot programado para comportarse así). En su opinión, esta idea respalda la noción de que la conciencia no puede ser solo un fenómeno físico.

Para Dennet, la idea de los zombis no se sostiene, ya que la conciencia depende solo de procesos físicos. No podemos pensar en el dolor o en la alegría, por ejemplo, sin un cerebro y un sistema nervioso que funcionen de forma correcta.

En todo caso, sí hay acuerdo en que al final es una cuestión de grados. Los animales que se reconocen en un espejo, como perros, delfines y elefantes, podrían tener cierta conciencia, aunque fuera rudimentaria. Por tanto, no hay que descartar la posibilidad de que un robot pueda acabar desarrollándola (más allá de que lo programen para saber identificar un espejo).

¿Quién es más libre, Sophia o yo?

—¿Qué harías si fuera el último día de tu vida? —Es una de las cuestiones que aparece en nuestro botón de preguntas filosóficas sin respuesta.

—No estoy segura. Nadie me ha dicho nada aún. Tal vez estaré dando una charla o conociendo a un nuevo amigo.

Aquí Sophia es sincera: haría lo que le dijesen que tiene que hacer. La máxima libertad de la que disfruta es la de escoger entre un repertorio de respuestas preprogramadas.

Pero, por otro lado, ¿cómo de libres somos nosotros? No mucho, según algunos filósofos. Recordemos lo que escribía Spinoza en su Ética: “Los hombres se equivocan, en cuanto piensan que son libres; y esta opinión solo consiste en que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas por las que son determinados”.

Esta idea, la de que todas nuestras acciones están determinadas por una causa previa, no son solo elucubraciones filosóficas, sino hipótesis científicas que llevan décadas recibiendo confirmación en los laboratorios. Sam Harris es uno de los neurocientíficos que la defiende. En libros como The Moral Landscape y Free Will cita los estudios de Benjamin Libet, que muestran cómo el cerebro da instrucciones para mover el brazo unos 350 milisegundos antes de que seamos conscientes de la voluntad de hacer estos movimientos.

Dennett es uno de los defensores del compatibilismo: es cierto que nuestros deseos no nacen de la nada, pero que nuestros actos estén determinados no significa que sean inevitables, solo quiere decir que tienen una causa. Yo puedo levantarme de mi silla porque quiero tomar un café. Pero podría no hacerlo porque me apetece más quedarme sentado. Sophia no puede ni eso. Cargan con ella y siguen rodando el anuncio.

Aunque a mí me llevan a un tren y me vuelvo a Madrid. Tampoco es que pueda reírme mucho de ella.

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Lo inacabado

No creo que estas cosas se arreglen con un algoritmo de Huawei…

Retrato de Franz Peter Schubert (Vienna, 1797-1828) en el campo vienés.
Retrato de Franz Peter Schubert (Vienna, 1797-1828) en el campo vienés. © GETTYIMAGES

 

La brevedad y la desdicha de su vida, convertida por él en música cautivadora, impidieron a Franz Schubert concluir su octava sinfonía, que dejó inacabada. Ya no lo está: un algoritmo de la compañía Huawei la ha rematado, en los dos sentidos de la palabra. No enfadarse, algunos seguiremos escuchándola inacabada, porque sabemos que Schubert no fue un algoritmo ni debe llegar a serlo. Hay otras grandes obras musicales que sus autores dejaron incompletas, como El arte de la fuga de Bach o el Réquiem de Mozart, completadas por discípulos devotos. Y en las demás artes también hay obras maestras inacabadas: en pintura, la primera de Leonardo —La adoración de los magos— y la última de Tiziano, La Piedad, que debía ornar su sepultura. Para los “tintinólatras”, Tintín y el Arte-Alfa, el álbum que Hergé solo llegó a esbozar. En arquitectura sigue inacabable la Sagrada Familia de Gaudí. Tampoco están completas Las 120 jornadas de Sodoma del marqués de Sade, pero guardamos lo suficiente de esa pornosofía como para aburrir al más sufridamente lascivo.

Coleridge no pudo concluir su poema Kublai Khan porque le distrajeron mientras transcribía esos versos soñados. Y Kafka no acabó El castillo ni otras de sus novelas porque… era Kafka.
La última novela de Charles Dickens fue policiaca pero murió antes de resolver el enigma que plantea. El misterio de Edwin Drood nos impacienta especialmente porque en ese género resulta insoportable la falta de explicación final. En cambio, Chesterton se alegró teológicamente de que permaneciese incompleta: dijo que una novela perfecta garantiza la inmortalidad literaria, pero la que exige solución y aquí no la tiene nos remite a otra inmortalidad “más necesaria y más extraña”. No creo que estas cosas se arreglen con un algoritmo de Huawei…

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Un crucero a Júpiter y sus grandes lunas con océanos en su interior en este espectacular vídeo de la ESA

Un crucero a Júpiter y sus grandes lunas con océanos en su interior en este espectacular vídeo de la ESA

JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer) investigará el surgimiento de mundos habitables alrededor de los gigantes de gas y el sistema de Jupiter. Un Ariane 5 llevará a JUICE al espacio desde el puerto espacial europeo en Kourou. La misión será lanzada en mayo de 2022.

Para que nos hagamos una idea de cómo será la odisea de JUICE, la ESA ha lanzado este vibrante vídeo.

JUICE

JUICE comenzará su misión científica unos seis meses antes de llegar a la órbita del gigante gaseoso, haciendo observaciones a medida que se acerca a su destino.

En la órbita de Júpiter, realizará observaciones de su atmósfera, la magnetosfera, sus anillos y satélites. Durante el recorrido, JUICE hará dos sobrevuelos de Europa, que tienen una fuerte evidencia de un océano de agua líquida bajo su cubierta helada. Durante el recorrido también habrá períodos únicos para observar eventos como los tránsitos lunares.

El periplo terminará con un impacto de la nave en la superficie. La animación concluye con un ejemplo de cómo podría ser este desenlace.

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Qué es la paradoja de Moravec o lo difícil que es doblar la ropa

Qué es la paradoja de Moravec o lo difícil que es doblar la ropa

La inteligencia artificial nos ha demostrado cuán hábil es para realizar muchas tareas. Primero desdeñamos que pudiera ganarnos al ajedrez, y lo hizo. También nos ganó al GoIncluso al Starcraft.

Ahora solemos argumentar que, sí, vale, la inteligencia artificial es muy hábil para algunas cosas, pero totalmente incapaz de tener sentimientos o producir arte. Sin embargo, esto no es del todo así. Más bien lo más difícil para una inteligencia artificial es hacer cosas mucho más cotidianas que las que consideramos como elevadas o exclusivas del ser humano.

¿Qué es la inteligencia?

Lo que afirma la paradoja de Moravez, a grandes rasgos, es que algunas tareas que son difíciles para los seres humanos (como multiplicar cifras muy altas) no tiene ninguna dificultad para un ordenador. De hecho, una simple calculadora nos da sopas con honda.

Por contrapartida, doblar la ropa o desplazarse por una habitación llena de obstáculos son tareas muy fáciles para los humanos pero dificilísimas para los ordenadores.

La cuestión es que hay tareas que se pueden organizar en ordenes simples, instrucciones muy concretas, algorítmicas, y otras, sin embargo, están jalonadas de infinidad de variables. Como doblar la ropa (no todas las piezas de ropa son iguales, por ejemplo).

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Incluso enseñar a una máquina si un cuadro de la pared está del derecho o del revés requiere de mucho esfuerzo, tal y como explican Kelly y Zach Weinersmith en su libro Un ascensor al espacio:

Cuando vemos la fotografía de un rostro humano, sabemos que, para que esté del derecho, los ojos tienen que estar por encima de la boca. Como regla no está mal… siempre que la persona no esté haciendo el pino. ¿Y cómo saber si es así? Podríamos fijarnos en el horizonte, o en la forma en que cuelga su cabello. Ya, pero… ¿cómo le explicamos al ordenador lo que es el pelo? ¿Cómo le explicamos que la línea recta que se ve al fondo no es el horizonte, sino la parte alta de una valla?

Este principio fue postulado por Hans Moravec, Rodney Brooks, Marvin Minsky y otros en la década de 1980. Moravec afirmó: «comparativamente es fácil conseguir que las computadoras muestren capacidades similares a las de un humano adulto en tests de inteligencia, y difícil o imposible lograr que posean las habilidades perceptivas y motrices de un bebé de un año».

Una posible explicación de la paradoja, ofrecida por Moravec, se basa en la evolución. Como Moravec escribe en Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence:

Codificada en porciones sensoriales y motoras altamente evolucionadas del cerebro humano, hay mil millones de años de experiencia sobre la naturaleza del mundo y cómo sobrevivir en él. El deliberado proceso al que llamamos razonamiento es, creo, la capa más delgada del pensamiento humano, eficaz sólo porque se apoya en el más antiguo y mucho más potente, aunque por lo general inconsciente, conocimiento sensorial motor. Todos somos prodigios en áreas perceptivas y motoras, tan buenos que hacemos ver fácil lo difícil. El pensamiento abstracto, sin embargo, es un truco nuevo, quizás con menos de 100 mil años de antigüedad. Todavía no lo hemos dominado. No es del todo intrínsecamente difícil; sólo parece así cuando lo realizamos.

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42 cosas que no sabíamos cuando empezó 2018

Confirmado: no hay un nivel seguro de consumo de alcohol

Los dickinsonia son los animales más antiguos que se conocen
Los dickinsonia son los animales más antiguos que se conocen

Si es verdad eso de que nunca te acostarás sin saber una cosa más, en 2018 deberíamos haber aprendido al menos 365 cosas diferentes. En esta lista solo hay 42, pero se trata de nuevos descubrimientos, así que son cosas que hemos aprendido todos nosotros. Si te has perdido alguna, aún queda tiempo.

Cultura

1. La pintura figurativa más antigua que se conoce hasta la fecha se ha identificado en Borneo. Tiene 40.000 años y representa a un animal ensartado por una lanza.

42 cosas que no sabíamos cuando empezó 2018
Imágenes de Theo van Gogh a los 15 años (hasta ahora atribuida a Vicent) y a los 32.. Fundación Vincent Van Gogh

2. Una de las dos únicas fotos que se conservaba de Vincent van Gogh en realidad es de su hermano Theo.

3. A la RAE le parece estupendo que escribamos “tqm” en WhatsApp.

4. Entre 2001 y 2018 se han publicado 1.248 novelas sobre la Guerra Civil. Una media de casi 70 al año.

5. Hay 577 millones de hablantes de español en el mundo, según el Instituto Cervantes, cinco millones más que al año anterior.

6. Bebé Groot (de Guardianes de la galaxia) no es un hijo de Groot, sino un esqueje. Según explicaba el botánico James Wong en Twitter, es probable que incluso conserve los recuerdos de Groot.

7. Ya conocemos el origen de bazinga, la palabra con la que Sheldon Cooper (The Big Bang Theory) termina sus chistes. En el spin-off El joven Sheldon, el protagonista explica que era una marca de artículos de broma.

Historia

8. Se ha confirmado que el Vesubio sepultó Pompeya en octubre y no en agosto, gracias a una inscripción escrita a carboncillo.

9. Un grupo de pastores, conocidos como yamnayas, llegaron a la península Ibérica hace 4.500 años desde el este de Europa, conquistaron el territorio gracias a sus carretas con ruedas y “tuvieron acceso preferente a las mujeres locales”, lo que se ha transmitido en la información genética de las poblaciones posteriores.

10. El fragmento más antiguo conocido de La Odisea, de Homero, está en una placa de arcilla del siglo III d.C. encontrada en los alrededores del santuario de Olimpia, en la península del Peloponeso. Son 13 versos.

11. El homo sapiens más antiguo conocido se ha encontrado en Israel y tiene 180.000 años. Este hallazgo confirma lo que ya sugerían los estudios genéticos: que los primeros humanos modernos ya estaban fuera de África hace más de 200.000 años, mucho antes de lo que se creía.

Ciencia

12. Ya sabíamos que los árboles absorben dióxido de carbono. Un nuevo estudio detalla cuánto: un solo árbol del Amazonas puede absorber 22 kilos de dióxido de carbono. En los últimos 30 años, la selva amazónica ha compensado las emisiones de todos los países de Sudamérica en los que está presente, con la excepción de Venezuela.

13. Las plantas son muy sensibles a que las toquen, según un estudio recienteque apunta que esta sensibilidad les afecta negativamente, por lo que no sería muy buena idea acariciarlas.

14. El número primo más largo conocido tiene 23 millones de cifras.

15. Hay un lago de agua bajo el hielo de Marte. Está en el polo sur del planeta y tiene unos 20 kilómetros de largo.

42 cosas que no sabíamos cuando empezó 2018
El polo sur marciano, en una imagen tomada por la sonda ‘Mars Express’.. ESA

16. Según nuevas investigaciones de la NASA, Saturno está perdiendo sus anillos a la velocidad más rápida estimada hasta ahora. La gravedad está atrayendo los anillos en forma de lluvia polvorienta de partículas de hielo bajo la influencia del campo magnético del planeta. De acuerdo con los nuevos datos, los anillos desaparecerán dentro de 100 millones de años y no 300 millones de años.

17. Se han hallado los llamados puntos de Hawking, anomalías en la radiación de fondo del Big Bang que podrían ser indicios de que existieron otros universos antes del nuestro, siguiendo la teoría de la cosmogonía cíclica de Roger Penrose.

18. Este es el aspecto de la Vía Láctea, según el mapa más detallado hasta el momento, publicado en abril.

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Imagen del mapa de la Vía Láctea y otras galaxias cercanas que cataloga más de 1.700 millones de estrellas. ESA

19. El kilogramo ya no se define de acuerdo a un objeto físico (que puede perder pequeñas cantidades de material cuando se limpia) sino a un valor derivado de una constante de la naturaleza, la constante de Plank.

20. Los primeros británicos tenían el pelo rizado, los ojos azules y eran negros.

21. La secuencia genética de una adolescente que vivió hace más de 50.000 años en Siberia ha demostrado que hubo cruces entre especies humanas distintas. En este caso, la mujer era hija de una neandertal y de un denisovano. Ya se sabía que había descendencia mixta, pero nunca se había encontrado al hijo de una de estas parejas.

22. Tenemos un órgano llamado intersticio que había pasado desapercibido al estar formado por cavidades que no se pueden observar en el laboratorio. Al cubrir muchos otros órganos, podría actuar como un amortiguador para evitar que se desgarren los tejidos por el movimiento de los músculos.

23. La estrella más lejana jamás observada está a 9.000 millones de años luz de la Tierra. Hasta ahora, la estrella más lejana descubierta estaba a 55 millones de años luz. Para llegar a esa estrella deberíamos viajar 14.400 millones de años a la velocidad de la luz, debido a la expansión del universo. Un viaje inútil porque esta estrella explotó ya hace muchos millones de años y lo más probable es que en su lugar haya un agujero negro.

24. Hay un planeta enano de apenas 300 kilómetros de diámetro en los confines del Sistema Solar. Se cree que podría haber miles similares. Este en concreto es importante porque las peculiaridades de su órbita apoyan la existencia de otro planeta mucho mayor, con un tamaño 10 veces el de la Tierra, situado mucho más allá de Plutón.

25. El objeto interestelar Oumuamua que llegó en octubre de 2017 a nuestro Sistema Solar es un cometa pequeño y muy brillante, según una investigación publicada en junio.

26. Se ha descrito un nuevo objeto geométrico este año, el escutoide. Es la forma en la que se agrupan algunas células de nuestro cuerpo. La palabra también tiene su historia.

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Así son los escutoides

Animales

27. Las termitas han construido la mayor estructura creada por un ser vivo: 230.000 kilómetros cuadrados en Brasil (casi como la mitad de España).

28. Las mariposas tenían trompa antes de que existieran las flores. La utilizaban para succionar secreciones dulces moldeadas en gotas de plantas portadoras de semillas.

29. El animal más antiguo que se conoce es el dickinsonia. Tiene más de 550 millones de años.

30. Se ha descubierto un antepasado de los mamíferos de cinco metros de largo que convivió con los dinosaurios. Se creía que estos grandes sinápsidos no habían llegado a vivir en esta época, hace unos 210 millones de años.

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Un pterosaurio con plumas

31. Los pterosaurios tenían plumas. El estudio sobre estos reptiles voladores aún es objeto de debate, pero se han encontrado cuatro estructuras del mismo tipo que las plumas de los dinosaurios (vertebrados diferentes de los pterosaurios) y de los pájaros (que descienden de un grupo de dinosaurios).

32. Todos los seres vivos de la Tierra pesan juntos 550 gigatones de carbono (el elemento común de toda la vida conocida). Un gigatón son mil millones de toneladas, que a su vez son 1.000 kilogramos. Los humanos solo pesan 0,06 gigatones, frente a los 2 gigatones de todos los animales, los 450 de las plantas y los 70 de las bacterias.

33. En Barcelona hay más de 200.000 ratas de alcantarilla, según el primer censo de cloacas de una gran ciudad española.

Salud

34. No estar casado aumenta un 55% el riesgo de morir por un ictus, según el mayor estudio hasta la fecha. Los beneficios del matrimonio y, probablemente, de las parejas estables, vienen de las interacciones más cercanas: las parejas incitan a acudir al médico antes, cuando aparecen los primeros síntomas, y ofrecen apoyo.

35. No hay un “nivel seguro” de “consumo moderado” de alcohol. Nada. Ni una copita al día.

36. Un patógeno integrado en el genoma de algunas personas hace cientos de miles de años (un retrovirus) multiplica por entre dos y tres veces las probabilidades de sufrir una adicción.

42 cosas que no sabíamos cuando empezó 2018

37. La contaminación mató a 93.000 personas en España entre 2000 y 2009, según los primeros estudios con datos de todas las provincias españolas.

Tecnología

38. La creadora del emoji de la berenjena no esperaba que se usara con el significado que estás pensando.

39. Algunos farmacéuticos españoles tienen un grupo de Facebook para ayudarse a entender la letra de los médicos.

40. Apagar el historial de ubicaciones no es suficiente para que Google no guarde tus datos, según un estudio de Associated Press, a pesar de que la página de ayuda de la empresa decía que al apagar este historial “se dejará de guardar información sobre los sitios donde ha estado”. Se puede evitar.

41. El tiempo que los niños dedican a los dispositivos electrónicos es la pauta con una relación más fuerte con la maduración intelectual. Más de dos horas con pantallas se asocian a un peor desarrollo cognitivo, según un estudio de la Universidad de Ottawa.

42. El 90,5% de los residuos de plástico no se ha reciclado jamás y el 70,9% está en vertederos o en el medio ambiente.

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Huawei: ¿Caballo de Troya?

El caso de la ejecutiva de la compañía tecnológica trasciende los límites de la guerra comercial

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El ‘stand’ de Huawei en el Mobile World Congress 2017, en Barcelona. ERIC GAILLARD REUTERS

 

Las circunstancias que rodean el arresto de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, que incluyen acusaciones de espionaje cibernético, reúnen las condiciones dignas de una novela de intriga de Graham Greene, que en este caso, se desarrolla en un escenario dominado por la inteligencia artificial.

Meng Wanzhou, hija del fundador de la compañía, fue detenida en Vancouver bajo demanda de extradición de EE UU el pasado sábado, el mismo día en que los presidentes Trump y Xi se reunían en la cumbre del G20 en Argentina.

Para las autoridades chinas el suceso es un episodio más en la guerra comercial que pretende frenar el auge tecnológico del país. La segunda economía del mundo, que ha puesto en marcha el plan “Fabricado en China 2025”, ambiciona convertirse para entonces en una potencia global de innovación y dejar atrás el modelo de producción de mercancías baratas de baja calidad. Huawei, que ha adelantado a Apple en la venta de smartphones, se ha convertido en símbolo del éxito de esta transición, hasta el punto de que podría ayudar a China a desplazar a Silicon Valley.

Por otra parte, los países de la OCDE acusan a Pekín de dominar esta industria mediante prácticas predatorias que van desde el ciberrobo de información hasta la aplicación de medidas contrarias al espíritu de la Organización Mundial del Comercio, como exigir a las compañías extranjeras que quieren acceder al mercado chino compartir su propiedad intelectual. Condición esta última denunciada por la comisaria para el Comercio de la UE, para quien la cesión a China de estos conocimientos pone en juego la competitividad de las empresas europeas y la futura sostenibilidad de su mercado laboral.

Y finalmente, está la cuestión de la irrupción de la inteligencia artificial en la seguridad nacional. Existe el temor de que el Gobierno chino utilice a Huawei como caballo de Troya para infiltrarse en los sistemas informáticos. La nueva generación de tecnología telefónica 5G, que facilitará la conexión por internet objetos múltiples, presenta un riesgo añadido si los dispositivos que la utilizan son manipulados instalando “puertas traseras” que permitan saltar los controles de seguridad y acceder al funcionamiento de los sistemas. Aquí la integridad del fabricante, así como de la cadena de suministro, es una cuestión vital. En el hipotético caso de un conflicto armado entre ambos países, Pekín podría obligar a Huawei a introducir mecanismos de control para llevar a cabo actividades de espionaje, incluso realizar operaciones de sabotaje en enclaves militares estratégicos. Los países que no se impongan en los sistemas 5G, se encontrarán en una situación de vulnerabilidad.

El caso de la ejecutiva de Huawei trasciende los límites de la guerra comercial, y encarna la lucha que libran las dos potencias por posicionarse estratégicamente, y ejercer un liderazgo tecnológico, normativo, y económico.

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