Algunos idiomas que nunca han sido descifrados podrían someterse a este sistema de traducción automática

Algunos idiomas que nunca han sido descifrados podrían someterse a este sistema de traducción automática

SERGIO PARRA

La nueva piedra Rosetta podría ser este nuevo sistema de traducción automática basada en una técnica de Inteligencia Artificial, el machine learning, pues ha logrado ya traducir lenguajes ya perdidos.

En solo unos años, el estudio de la lingüística ha sido revolucionado por la disponibilidad de enormes bases de datos anotadas y técnicas para que las máquinas aprendan de ellas. En consecuencia, la traducción automática de un idioma a otro se ha convertido en rutina. Y aunque no es perfecto, estos métodos han proporcionado una forma completamente nueva de pensar sobre el lenguaje.

Machine Learning

Jiaming Luo y Regina Barzilay del MIT y Yuan Cao del laboratorio de IA de Google en Mountain View, California, han desarrollado un sistema de aprendizaje automático (machine learning) capaz de descifrar idiomas perdidos. El enfoque que usaron fue muy diferente de las técnicas estándar de traducción automática.

En el enfoque estándar, el proceso se basa fundamentalmente en los grandes conjuntos de datos. Pero hace un par de años, un equipo alemán de investigadores demostró cómo un enfoque similar con bases de datos mucho más pequeñas podría ayudar a traducir idiomas mucho más raros que carecen de las grandes bases de datos de texto. El truco es encontrar una forma diferente de restringir el enfoque de la máquina que no se fundamente en la base de datos.

Una IA se lee un millón y medio de artículos científicos y encuentra cosas que los científicos no sabían ni que existían

EN XATAKAUna IA se lee un millón y medio de artículos científicos y encuentra cosas que los científicos no sabían ni que existían

Ahora Luo y su equipoa han ido más allá para mostrar cómo la traducción automática puede descifrar los idiomas que se han perdido por completo. La restricción que usan tiene que ver con la forma en que se sabe que los idiomas evolucionan con el tiempo.

La idea es que cualquier idioma puede cambiar solo de ciertas maneras; por ejemplo, los símbolos en idiomas relacionados aparecen con distribuciones similares, las palabras relacionadas tienen el mismo orden de caracteres, etc. Con estas reglas que limitan el sistema, resulta mucho más fácil descifrar un idioma, siempre que se conozca el idioma progenitor.

Linear B

Luo y compañía pusieron a prueba la técnica con dos idiomas perdidos: lineal B (sado para escribir el griego micénico, aunque fue usado principalmente con fines administrativos, desde el 1600 hasta el 1110 a. C.) y ugarítico (una lengua semítica que se hablaba en Ugarit (Siria) a partir del 2000 a. C.). Los lingüistas saben que el lineal B codifica una versión temprana del griego antiguo y que el ugarítico, que fue descubierto en 1929, es una forma temprana de hebreo.

Dada esa información y las limitaciones impuestas por la evolución lingüística, el sistema puede traducir ambos idiomas con una precisión extraordinaria. Este es un trabajo impresionante que lleva la traducción automática a un nuevo nivel. Pero también plantea la interesante cuestión de otros idiomas perdidos, particularmente aquellos que nunca han sido descifrados.

https://www.xatakaciencia.com/computacion

Contra la susceptibilidad

Resultado de imagen para javier marias

Javier Marías

Llevamos años prestando atención y “obedeciendo” a cuantos aseguran “sentirse ofendidos” por algo. A la larga, esto nos impedirá hacer ni decir nada.OtrosGuardarEnviar por correoImprimir

LEO UNA RESEÑA y una columna de Andrés Ibáñez sobre una novela recientemente publicada aquí, El amigo, de Sigrid Nunez. Al parecer la autora es, como su protagonista, profesora de “escritura creativa” en una Universidad, y es probable que la primera le haya prestado a la segunda sus experiencias reales. Pero tanto da: al fin y al cabo Fahrenheit 451 de Bradbury era ciencia-ficción en su día y hoy casi resulta una obra costumbrista. Cuenta Ibáñez que cuenta Nunez que sus aspirantes a escritor son antojadizos, maniáticos, mimados… y tremendamente puritanos.

Consideran que los temas sexuales no deben abordarse en absoluto “porque son ofensivos”. Con este criterio, la mayor parte de la literatura universal estaría desaparecida. Se niegan a leer a Kafka y a Melville por ser “autores fracasados” (se entiende que en vida, ya que son clásicos indiscutibles desde hace muchas décadas), y a ellos sólo les interesan los de éxito. Rilke les da cien patadas y a Nabokov no lo quieren ver ni en retrato, porque “era un hombre perverso” y sólo pueden leer a escritores que sean “modelos de conducta moral” (mejor que se hubieran matriculado en una escuela de misioneros y no de literatura; pero ahí no hay dinero, claro). Han decidido que los problemas de los varones blancos “no interesan”, lo cual, como apunta Ibáñez, proscribe a Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare… Y a Proust, Flaubert, Pushkin, Conrad, Henry James, Dickens, Hölderlin, Eliot, Faulkner y Sterne, por añadir unos cuantos más.

No sé hasta qué punto la novela de Nunez refleja lo que está pasando, pero suena verosímil, y esta frase que cita Ibáñez es creíble en su pesimismo: “Ni los estudiantes de las mejores Universidades distinguen una frase buena de una mala, a nadie en el sector editorial parece ya importarle cómo hay que escribir, la literatura está muriendo…” Para mí es exagerada la última afirmación, ya que nunca he creído que alguien pasado por un taller de escritura pudiera hacer nada de inmenso valor, y no me he equivocado hasta la fecha —hablo de mi gusto personal, claro está—. La gran literatura no suele salir de ahí.

Pero la cuestión trasciende las letras. Llevamos años prestando atención y “obedeciendo” a cuantos aseguran “sentirse ofendidos” por algo, como esos alumnos por el sexo, hasta el punto de querer desterrarlo como asunto o descripción (ya hubo un pasado con gente que se ofendía por un tobillo femenino al descubierto). Es decir, llevamos años haciendo caso a la subjetividad de cada cual, algo que, a la larga, nos impediría hacer ni decir nada. El mundo está plagado de personas quisquillosas y tiquismiquis, de finísima piel. De este otro caso no me he enterado bien, porque nada me podía interesar menos, pero al parecer varias cofradías andaluzas han montado en cólera porque se han publicado o colgado fotos de sus adoradas efigies mientras eran restauradas, y juzgaban tales imágenes “hirientes”, no me pregunten por qué. Y ha sucedido lo que sucede siempre en esta época pusilánime: las fotos se han retirado (lo que a su vez ha “ofendido” a otros) y las disculpas no se han hecho esperar. También, hace poco, un político del PP expresó su natural deseo de que los españoles ganaran a los argentinos en el Mundial de Baloncesto. Con susceptibilidad y megalomanía, la portavoz de ese partido, Cayetana Álvarez de Toledo, dio por sentado que el “xenófobo” comentario iba por ella, como si fuera la única hija de argentina existente en España, y mostrándose a la altura de la estudiante de la que oí hablar semanas atrás a Christina Hoff Sommers, feminista clásica que ahora, por rechazar los despropósitos actuales, debe ir protegida por guardaespaldas a sus charlas en las Universidades de su país. Contó que una alumna decía sufrir varias “miniviolaciones” diarias. Al preguntarle qué le había ocurrido hoy, la respuesta fue: “Un chico me ha dicho que tenía bonitas piernas”, y otros “ataques” por el estilo.

Cualquiera se puede sentir ofendido, herido o ultrajado por cualquiera y por cualquier cosa. Porque respiremos cerca, porque existamos, no digamos por una opinión contraria y por lo tanto “perturbadora”. Si hacemos caso, si nos tomamos en serio la subjetividad de cada individuo ególatra, o mojigato, o hipersensible y frágil, o directamente demente, no sólo morirá la literatura, como vaticina el personaje de Nunez, sino el cine y todas las artes, la filosofía y el pensamiento, la discrepancia y el contraste de pareceres, por supuesto la discusión y la argumentación. Hay políticos y una buena parte de la población que buscan eso, supongo que se han percatado, y no debemos dejarlos salirse con la suya si no queremos una vida uniforme y plana. Entre la ristra de “derechos” infundados y absurdos que muchos se están sacando de la manga, figura “el derecho a no sentirse ofendido”, como si los sentimientos fueran objetivables. No lo son, y en el reino de la susceptibilidad nada es factible. Es hora de que ante tantos “vejámenes” y “heridas”, dejemos de asustarnos y acobardarnos y contestemos alguna vez: “Por favor, absténganse de tonterías y ridiculeces. Así sólo vamos hacia atrás”.

https://elpais.com

Dar la talla

Al contemplar el tamaño de las armaduras de los conquistadores de América uno se admira de que unos cuerpos tan pequeños fueran capaces de tantas hazañas

MANUEL VICENT

Tierno Galván, Carrillo, Triginer, Reventós, González, Ajuriaguerra, Suárez, Fraga, Calvo-Sotelo y Roca tras la firma de los Pactos de La Moncloa.
Tierno Galván, Carrillo, Triginer, Reventós, González, Ajuriaguerra, Suárez, Fraga, Calvo-Sotelo y Roca tras la firma de los Pactos de La Moncloa. EUROPA PRESS

Hace años, el 12 de octubre se celebraba en España con orgullo como el Día de la Raza, pese a que los españoles entecos y desnutridos no sobrepasaban entonces los 1,65 metros de estatura media. Dar la talla es una expresión que se usaba antiguamente en el Ejército referida al hecho de tener la altura mínima para el servicio militar. Cuando se contempla el escaso tamaño de las armaduras de los conquistadores de América uno se admira de que unos cuerpos tan pequeños dentro de unos hierros tan pesados fueran capaces de tantas hazañas. Lo que demuestra que dar la talla también se refiere a la estatura moral a la hora de echarle redaños a la vida. Pero hoy dar la talla solo es ya una dura exigencia de los modistos de alta costura en cuyos talleres se somete a refinadas torturas a las modelos para que adapten los cuerpos a sus creaciones. Millones de jóvenes sacrifican neuróticamente sus carnes a los dioses de la moda para que les concedan la gracia de caber dentro del diseño de su ropa. Dar la talla debería ser hoy una exigencia en cualquier profesión, sobre todo en la política. Fueran aborrecidos o admirados, sin duda, profesionalmente, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, Felipe González, Jordi Pujol, Tarradellas, Arzallus, en su momento, dieron la talla. Llegados de la Guerra Civil, de la clandestinidad y la cárcel o desde el fondo del franquismo estuvieron a la altura de la historia; se sacudieron de encima la caspa congénita y decidieron unir sus fuerzas para sacar la carreta de la charca y empujarla hacia la nueva frontera de la libertad. Con los líderes políticos de hoy la Transición no hubiera sido posible. Aunque unos sean altos y otros tengan una desmesurada labia e incluso algunos vayan de valientes y pongan los genitales sobre la mesa, la impresión es que no dan la talla. Eso es lo que pasa.

https://elpais.com

«Kamikazes» de la ciencia: los investigadores que hicieron experimentos con su propio cuerpo

No dudadaron en lesionarse, someterse a hambre y sed o a privarse de su sueño por el bien de la investigación

Serie de fotografías mostrando a John Stapp, pionero en los estudios de aceleración y desaceleración del cuerpo humano, durante una prueba, en 1954
Serie de fotografías mostrando a John Stapp, pionero en los estudios de aceleración y desaceleración del cuerpo humano, durante una prueba, en 1954

Pedro Gargantilla

¿Qué tienen en común Henry Head, Michael Smith, Nathaniel Kleitman, Werner Forssman, Jonas Salk, Alain Bombard o John Stapp? Todos estos científicos decidieron investigar sobre ellos mismos arriesgando sus propias vidas.

Henry Head (1861-1941) fue un científico británico famoso por sus estudios neurofisiológicos y neuroanatómicos. Sus experimentos se centraron especialmente en el control del dolor y sus innovaciones en este campo propiciaron que se le conozca como el «padre de la nocicepción».

Head no estaba satisfecho de las respuestas que le daban los pacientes que sufrían una sección nerviosa, para su gusto en ellas había demasiadas ambigüedades. Por este motivo no dudó en dejarse seccionar el nervio radial y poder experimentar esas sensaciones en primera persona.

El ensayo tuvo lugar a finales de abril de 1903. Un cirujano amigo suyo fue el encargado de unir los dos extremos del nervio radial inmediatamente después de seccionarlo.

Dolorosos picotazos de abeja

No menos arriesgados fueron los experimentos de Michael Smith, un científico de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), que se preguntaba si el lugar en el que pica una abeja influye en el dolor que produce.

En su investigación Smith se hizo picar en 25 partes diferentes de su anatomía –incluida la zona genital– durante 38 días consecutivos. ¿La conclusión? El punto más doloroso, al menos para él, es el orificio nasal.

180 horas sin dormir

Uno de los primeros científicos en estudiar la fisiología del sueño fue Nathaniel Kleitman (1895-1999), el descubridor del sueño REM. En 1932, junto con uno de sus ayudantes, se pasó más de un mes en Mamoth Cave (Kentucky, Estados Unidos), a más de 40 metros de profundidad, el motivo no era otro que cambiar su patrón del sueño y adoptar días de 28 horas.

La verdad es que no lo consiguió. Kleitman se resarció al mantenerse despierto durante 180 horas y experimentando los efectos de la privación del sueño.

Auto-cateterismo

Los cateterismos cardiacos se han convertido en una prueba bastante habitual en la medicina occidental, pero lo que muchos no saben es que el pionero en este tipo de estudio fue un médico alemán llamado Werner Forssmann (1904-1979).

Mientras trabajaba en el hospital de Eberswalde (Alemania) se realizó una incisión en la vena antecubital de su brazo, introduciendo un catéter urinario dentro de su aurícula derecha. A continuación caminó hasta el departamento de radiología del centro, donde una radiografía constató el éxito del primer cateterismo cardiaco humano. Corría el año 1929. Esta heroicidad lejos de un reconocimiento por parte de sus compañeros le supuso el despido inmediato del centro.

Náufrago voluntario

El biólogo francés Alain Bombard (1924-2005) en más de una ocasión fue portada de periódicos al unir ciencia y viajes extremos. A bordo de un bote salvavidas –sin reserva de agua ni alimentos–realizó varias travesías con la única intencionalidad de poder ayudar, desde un punto de vista científico, a los verdaderos náufragos.

Bombard realizó una primera travesía marítima entre Mónaco e Islas Baleares, a las que siguieron Casablanca-Islas Canarias y, la más arriesgada de todas, desde las Islas Afortunadas hasta Las Antillas.

De 0 a 1.800 en cinco segundos

No menos osado fue John Stapp (1910-1999), investigador médico de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y pionero en los estudios de aceleración y desaceleración del cuerpo humano.

En la década de los 40 del siglo pasado, en el desierto de Nuevo México –atado a un asiento en una lanzadera– alcanzó la velocidad de 1.800 Km/h en cinco segundos, para luego detenerse en 1.4 segundos –soportando una aceleración 40 veces superior a la de la gravedad-.

Es fácil comprender que, después de experimentos como éste, Stapp encabezase la propuesta de utilizar cinturones de seguridad en los coches convencionales.

https://www.abc.es/ciencia