Libros que nos inspiran: ‘El científico loco’ de Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer

Libros que nos inspiran: 'El científico loco' de Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer

SERGIO PARRA

Tanto el cine como la cultura popular en general ha entronizado la figura arquetípica del científico como la de un tipo despistado con los pelos disparados hacia todos los puntos cardinales del mundo, en el mejor de los casos, o como un mad doctor con ínfulas de destruir el mundo, en el peor.

Espoleados por el síndrome de Frankenstein, cierto tufo posmodernista y un terror reverencial a jugar a ser dioses, pues, la idea que tenemos ahora de un científico es la de un “científico loco”. Y esto es cierto hasta determinado punto, y, además, una pequeña dosis de locura siempre viene bien para dar un salto cuántico a nivel científico o tecnológico, tal y como explican Luigi Garlaschelli y Alessandra Carrer en su libro titulado precisamente El científico loco.

Genio y locura

Escrito de forma aviñeteada, los autores de El científico locodeslizan píldoras biográficas o curiosidades del ámbito de la investigación científica en capítulos muy breves, de no más de tres páginas, ideales para leer desordenadamente, a medida que los títulos o los temas abordados llamen la atención.

No deja de ser El científico loco, pues, un compendio de curiosidades sin más, escritos de forma directa y sin florituras, pero eso no quita que sea disfrutable y que, entre sus páginas, encontremos muchos retazos de la historia de la ciencia que seguramente no conocíamos. Por eso, ha sido fuente de inspiración para escribir artículos en Xataka Ciencia como Jeremy Bentham: el filósofo que quiso momificarse para ser exhibido en la universidad.

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La literatura primero, pero también el cine y el cómic, han hecho de la figura del “científico loco” un estereotipo que reconocemos con facilidad. Sin embargo, como todos los estereotipos, se funda en una amalgama de imaginaciones y habladurías provenientes de personajes y hechos reales que les dieron pie. Nacido con la ciencia “moderna”, se nutre desde el siglo XVIII de centenares de personajes y experimentos, a veces peligrosos, a veces geniales, a veces ridículos, que, motivados siempre por el deseo de conocer, de comprender, de saber, han transitado de forma arriesgada zonas vidriosas limítrofes con la ética, con las convenciones al uso y con la ortodoxia con suerte desigual. Petrificadores, resucitadores, pesadores de almas, trasplantadores, lobotomizadores, experimentadores de drogas y otros hallan espacio en estas páginas que dan acceso a unos de los capítulos más llamativos y provocadores de la historia de la ciencia.

https://www.xatakaciencia.com/

¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos

STEVE LOHR 

¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos
Mark Warner, senador demócrata de Virginia, el mes pasado en el Capitolio. Él coimpulsó una propuesta de ley que requeriría que las grandes compañías de internet informaran de manera regular a los usuarios sobre los datos personales que recolectan y que divulguen el valor de esos datos. CreditGabriella Demczuk para The New York Times

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El mercado para nuestros datos digitales podría parecer un trato disparejo.

Todos creamos puntos valiosos de información cada vez que tocamos una pantalla o presionamos una tecla: los clics, las búsquedas, los me gusta, las publicaciones, las compras y más. Los entregamos por voluntad propia a cambio de servicios gratuitos. Sin embargo, la ganancia económica más grande va para los gigantes tecnológicos como Google y Facebook. Su riqueza corporativa se basa en cosechar y comercializar la información que proveen las multitudes en línea.

“Imagina si General Motors no pagara por su acero, su caucho o su vidrio: sus insumos”, comentó Robert Shapiro, un economista que hace poco realizó un análisis sobre el valor de los datos. “Así pasa con las grandes empresas de internet. Es un gran negocio”.

No obstante, hay un conjunto de personas cada vez más grande que buscan maneras de alterar ese arreglo. Es un grupo dispar de académicos, economistas, tecnólogos y legisladores, cuyas posturas políticas van desde ser liberales moderadas hasta conservadoras en favor del libre mercado.

Están buscando por diferentes vías. Algunos han hecho investigaciones a fin de poner un valor a los datos personales, como un mecanismo para aportar información al debate público en torno a la manera de negociar un mejor acuerdo para el proletariado virtual. Otros proponen reconocer la información como un activo comerciable o como mano de obra, a fin de ayudar a crear un mercado eficiente para los datos y retribuir una mayor riqueza digital a los individuos y la sociedad.

El mes pasado, Mark Warner, senador demócrata de Virginia,  propuso, junto con otro senador, un proyecto de ley que exigiría que las grandes empresas de internet informen de manera regular a sus usuarios sobre los datos personales que recaban y que divulguen el valor de esos datos.

“No estoy convencido de cuál debería ser la estrategia”, comentó Warner, quien fue inversionista del sector tecnológico y es un crítico frecuente de los gigantes de esa industria. “Pero el estado actual de inmenso desequilibrio de poder no puede seguir así”.

El aumento de los llamados a favor de un mejor acuerdo sobre los datos llega durante una escalada de las reacciones negativas en contra de las grandes empresas tecnológicas y el manejo que le dan a la información de los usuarios. Legisladores y reguladores de varios países están investigando el poder en el mercado de las empresas, su papel como guardianas de la comunicación y su manejo de los datos, en especial cuando no protegen la privacidad de los usuarios.

El 24 de julio, Facebook accedió a establecer nuevas capas de supervisión y a pagar una multa récord por las violaciones a la privacidad. También reconoció que está siendo investigada por la Comisión Federal de Comercio por cuestiones antimonopólicas. Además, el 23 de julio, el Departamento de Justicia mencionó que iba a comenzar a examinar el dominio sobre el mercado de los gigantes del internet para determinar si habían buscado suprimir a la competencia.

No todo el mundo está de acuerdo con que sea un mal negocio para los consumidores que los servicios gratuitos se paguen con publicidad y datos. Tan solo en Estados Unidos, se calculó que el beneficio al consumidor por tener servicios gratuitos de internet fue de más de 100.000 millones de dólares, de acuerdo con un artículo de 2012 cuyo coautor fue Erik Brynjolfsson, un economista de la Escuela de Administración Sloan del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Esa cifra sería mucho más alta en la actualidad, debido al crecimiento de las ofertas en línea. “En efecto, los consumidores reciben una enorme cantidad de valor gracias a esos servicios”, mencionó Brynjolfsson.

No obstante, los defensores de un nuevo acuerdo en torno a los datos están ganando impulso a medida que se sabe más sobre el uso que dan las grandes empresas de internet a la información personal.

Por ejemplo, darles información a Google, Facebook o Amazon no es solo una señal de interés o preferencia, sino también la materia prima para focalizar anuncios, guiar el comportamiento en línea y capacitar sistemas de inteligencia artificial como el reconocimiento facial.

¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos
Josh Hawley, senador republicano de Misuri, escucha a Christopher Wray, el director del FBI, testificar durante una audiencia del Comité Judicial del Senado de Estados Unidos en el Capitolio.CreditErin Schaff/The New York Times

A menudo, los consumidores no están al tanto de los muchos usos que se les dan a sus datos. Hasta ahora, la preocupación por la privacidad ha sido el objetivo principal del escrutinio. Sin embargo, la atención de los legisladores está comenzando a posarse en la concentración de la riqueza de datos en las manos de unas pocas empresas.

Un objetivo de la legislación que presentaron el mes pasado Warner y el senador republicano de Misuri, Josh Hawley, es “que los consumidores tengan idea del valor de los datos que están dando”, explicó Warner.

Calcular el valor de los datos personales es complicado. Los estimados varían mucho, dependiendo de las suposiciones. El estudio reciente de la consultoría de Shapiro tomó en cuenta varios factores, entre ellos el declive en la eficiencia de la publicidad en línea cuando la gente opta por no participar en la recolección de datos.

El estudio calculó que el beneficio corporativo que produjo la recolección de datos personales de los estadounidenses en línea —principalmente para las grandes empresas tecnológicas— fue de 76.000 millones de dólares en 2018 y esa cantidad aumentará de forma drástica en el futuro.

Si el gobierno recaudara una cuota del 50 por ciento a las empresas que usan los datos personales de los estadounidenses, según Shapiro, podría representar una contribución significativa para reconstruir la infraestructura de la nación o apoyar programas de seguridad social. Si se les pagara a los usuarios individuales, habría sido equivalente a un cheque de 122 dólares por persona el año pasado. El estudio corrió a cargo de Future Majority, un centro de investigación que trabaja para el Partido Demócrata.

La gente encargada de formular políticas está haciendo lo posible para encontrar la manera de que las acciones del gobierno y las fuerzas del mercado se empleen para controlar el poder de los gigantes tecnológicos que se alimentan de los datos.

En Canadá, Michelle Rempel, una integrante conservadora del parlamento que representa a Calgary, duda que alguna vez los reguladores gubernamentales tengan la capacidad de seguir el paso de las empresas tecnológicas más grandes, pues estas cuentan con una experiencia y una cantidad de recursos mucho mayores. Según Rempel, el gobierno tendrá que intervenir, pero más como un diseñador de reglas básicas que como un regulador. “La meta debería ser ayudar a construir un mercado justo para los datos”, propuso Rempel.

De acuerdo con legisladores, esas reglas para construir el mercado incluyen derechos de propiedad definidos para que los individuos controlen sus datos y requisitos de que las empresas permitan que los datos personales se puedan enviar con facilidad a otros servicios a solicitud del consumidor. Según ellos, estas medidas podrían abrir la puerta a una próspera comunidad de creadores de mercados de datos, que agrupen los datos de las personas y negocien las ventas.

En este momento, ya hay algunas empresas emergentes que se encargan de recolectar, asegurar y vender datos personales de manera voluntaria, como Meeco y UBDI (Universal Basic Data Income). Suelen emplear la tecnología de la cadena de bloques por seguridad y para controlar el acceso a la información. Aunque suenan muy prometedoras, hasta ahora son empresas emergentes novatas, sin muchos usuarios ni datos.

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¿Planea Trump usar la bomba nuclear contra Afganistán e Irán?

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«Podría ganar esa guerra en una semana. Pero no quiero matar a 10 millones de personas. Afganistán podría ser borrado de la faz de la Tierra», dijo el presidente de EEUU en su encuentro con el primer ministro de Pakistán Imran Khan el 22 de julio. ¿Con qué arma se puede matar a 10 millones de seres humanos y aniquilar un país de 37 millones de habitantes en unos días? En esta misma reunión, Trump  renovó sus amenazas a Irán: «Estamos listos para lo peor«, aunque ya el 21 de junio le comunicó al mundo que podría lanzar un ataque militar devastador sobre Irán, y no porque Teherán hubiese enviado un buque militar a las aguas de EEUU o que hubiese fabricado bombas nucleares de forma ilegal, como lo han hecho sus amigos Pakistán, India e Israel, sino simplemente como medida para que «llegue a la mesa de negociaciones y abandone su intento de desarrollar armas nucleares». Un día después de que Irán derribase un avión no tripulado de EEUU en su cielo, Trump insinuaba algo tan inquietante que el mundo prefirió ignorar: “No estoy buscando la guerra (¿en serio?) y, si la hay, será una destrucción como nunca se ha visto” y que «si Irán quiere pelear, ese será el fin oficial de Irán”. Días después, el hombre que está a cargo de unas 5000 ojivas nucleares dio más pistas a los periodistas sobre sus planes: cualquier guerra con Irán «no duraría mucho, te lo aseguro. No duraría mucho. No estoy hablando de botas en el suelo”.

El escenario está listo: el portaviones de propulsión nuclear Lincoln ya está en el Golfo Pérsico; el año pasado, el Comando de EEUU para Europa (USEUCOM) participó en Israel en el simulacro militar llamado «Juniper Cobra», que prepara el despliegue de las fuerzas de la OTAN y EEUU desde Europa para apoyar a Israel en su guerra contra Irán. En 2017, EEUU y un grupo de países europeos participaron en los ejercicios militares Blue Flag también en suelo israelí, exhibiendo las bombas nucleares B61-12 de los occidentales, pues las del propio Israel (al menos unas 200) “todas [están] apuntando a Teherán” reveló Colin Powell, el Secretario de Defensa de Bush. El arsenal israelí incluye las Municiones Especiales de Demolición Atómicas (Special Atomic Demolition Munitions– SADM),  mal llamadas “mini-bombas nucleares”, que pueden contener hasta 1 kilotón de TNT, causando un “mega” daño al espacio atacado; tres de los seis submarinos Dolphin – regalados  por Alemania a Israel y que costaron a los contribuyentes unos 1300 millones de euros-, tienen capacidad de lanzar misiles nucleares. Éste país bombardeó en 1981 el reactor nuclear de Iraq y en 2007 el de Siria, ambos con la previa autorización de EEUU.

¿Para qué Trump usaría armas nucleares?

El 13 de abril de 2017, Donald Trump hizo estallar en Afganistán GBU-43, la bomba no nuclear más poderosa del mundo, y ocultó el número de la víctimas. Su objetivo no era otro que exhibir la línea de su política exterior y regalar 14.6 millones de dólares de la caja publica a las compañías de armas, bajo el pretexto de destruir unos túneles “yihadistas” armados con palo y daga.

Las acciones de Trump contra Irán muestran que busca fórmulas que justifiquen, ante la opinión pública, una respuesta militar “merecida”,  aunque de momento no se atreve a pronunciar las palabras “ataque nuclear”. No pretende un “cambio de régimen” en Teherán sino continuar con el Proyecto de reconfigurar Oriente Próximo, destruyendo Irán como la gran potencia de la región y asegurar el dominio de EEUU en la zona empapada del Oro Negro y de influencia chino-rusa. La primera barrera para que un presidente de EEUU lance un ataque nuclear sobre una nación, aunque se presente como “limitado”, es que carezca de un mínimo nivel de ética, y como el propio Trump confiesa, él es el candidato: las víctimas civiles de una bomba nuclear, dijo, son una desafortunada «realidad de guerra«, y que él a diferencia de otros presidentes posee la «fortaleza moral para hacer lo que debe hacerse» para proteger a EEUU y sus aliados. Los NeoCon tienen prisa para acabar con Irán a través de él, puesto que no hay garantía de que volviese a ser elegido en 2020. Sheldon Adelson, el magnate sionista que donó 45 millones de dólares a la campaña electoral de Trump pidió a EEUU en 2013 que efectuase un “ataque nuclear preventivo” en áreas no pobladas de Irán como táctica de negociación. “Entonces dices: ¡Mira! El siguiente está en el medio de Teherán [¡con 12 millones de habitantes]. Luego vendrán a negociar”. Algunos medios estadounidenses, que le presenten a Trump como “Madman”, un presidente chiflado, simplemente pretenden convertirle en la cabeza de turco de una posible catástrofe de esta magnitud, si llega a suceder, para un plan diseñado desde hace años.

Entre los objetivos:

Recuperar el temible poder de EEUU perdido frente a China. En 1945 lo hizo matando al instante a 200.000 japoneses enviando un mensaje a la Unión Soviética, la ganadora de la Segunda Guerra Mundial. La salida de Trump del INF, el Tratado sobre Armas Nucleares de Medio Alcance, firmado con la Unión Soviética en 1987 o destinar 1.2 billones de dólares para renovar el arsenal nuclear en los próximos 30 años, forman parte de esta política.

Buscar una victoria rápida y contundente sobre Irán, evitando una larga guerra que pueda poner en peligro a Israel y Arabia Saudí.

La dificultad del traslado de cientos de miles de soldados y un gran equipamiento al Golfo Pérsico y Oriente Próximo para derrotar a Irán en una guerra “cuerpo a cuerpo”.

Desconocer la capacidad militar de Irán para una guerra convencional y las dudas que tiene EEUU al respecto, son factores que aumentan la probabilidad del uso de la bomba nuclear por parte de EEUU e Israel.

El 2 de febrero de 2018, en el documento de la Revisión de la Postura Nuclear (NPR) de EEUU para abordar las supuestas “amenazas sin precedentes” de otras naciones, se nombra concretamente a Irán, y eso antes de que Trump saliera del acuerdo nuclear: «Irán conserva la capacidad tecnológica y gran parte de la capacidad necesaria para desarrollar un arma nuclear en un año después de decidir hacerlo«, por lo que ha decidido “persuadirle” con una serie de pasos que empezaron con su salida del acuerdo y declararle país patrocinador del terrorismo continúan con la militarización de todas sus fronteras.

Donald Trump llegó a plantear un “ataque quirúrgico usando misiles Trident» (que llevan cabeza nuclear) contra Daesh – unos cuantos miles de hombres armados con espada, alojados en las ciudades poblados de Irak y Siria.

El temor a una “locura” de Trump le llevó al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el 14 de noviembre de 2017, estudiar una ley que impidiera al presidente lanzar un ataque nuclear. Cuenta la prensa que el secretario de Estado Rex Tillerson fue destituido justamente por llamarle a Trump “maldito imbécil”, después de que el presidente le sugiriera al Pentágono aumentar hasta diez veces el arsenal nuclear. Si tenemos armas nucleares, ¿por qué no podíamos usarlas? Había preguntado a sus asesores.

Una de las misiones de Trump es, posiblemente, romper el tabú del uso de las armas nucleares, siete décadas después: “no os preocupéis, son tácticas y limitadas”, insinúa el hombre convertido en presidente gracias a una macabra burla de la historia.

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12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora

Sin la influencia de su abuela, ‘Gabo’ no habría hecho historias tan increíbles que emanan pasión, sinceridad e interés en cada línea. Por eso, en este artículo te compartimos algunos de los mejores cuentos de Gabriel García Márquez.

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«Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”». — “Un niño como yo”.  

Desde muy niño, curioso como solía ser, Gabriel García Márquez vivió en casa de sus abuelos maternos aventuras increíbles para un menor de dos años. Una de las anécdotas que recordaba el escritor era cuando su abuela, la mujer que llevaba el control de la familia, se sentaba a contarle historias. Mina, como él la llamaba, le contaba una infinidad de cuentos que llenaron su cabeza de supersticiones, frases y pasión, mismas que llevaría a sus libros para honrarla.

La mujer era tan apasionada de los cuentos y las historias que no había día en que García Márquez no le pidiera una nueva, misma que iba almacenando en su memoria con todo y el tono en que su abuela relataba, por ello, al crecer, Gabo gritaría por el mundo que «debía contar la historia como Mina lo hacía con las suyas, partiendo de aquella tarde en la que el niño es llevado por su abuelo para conocer el hielo».

Y lo cumplió. Márquez se mantuvo en una constante evolución, pero siempre manteniendo el relato de su abuela como voz primaria. Cuando él era un niño de 8 años, el abuelo falleció y la abuela perdió la vista, lo que lo obligó a volver a vivir con sus padres, sin olvidar jamás la manera tan cautivadora que su abuela tenía para relatar historias, misma que le transmitió y que, claro está, plasmó en los cuentos que escribió. Por eso, en este artículo te compartimos 12 de los mejores cuentos de Gabriel García Márquez que seguramente amarás tanto como el propio Gabo amó a su abuela.

“El cuento del gallo capón”

Un cuento que transcurre apenas en un párrafo y pareciera no tener final. “El cuento del gallo capón” no es más que la historia cíclica como metáfora de las relaciones: el amor, la amistad y la vida misma.

“El rastro de tu sangre en la nieve”

Una mujer que descubre la sangre al mismo tiempo que el placer sexual vive una aventura que dura algunos meses, pero que no te llevará más de 10 minutos leer y engancharte a la historia de Nena Daconte.

“El drama del desencantado”

¿Cansado de vivir? Quizás este cuento te ayude a entender que la vida sólo es una y si la abandonas ahora no hay manera de regresar. El detalle está en encontrar lo que te de satisfacción, al menos una vez.

12 cuentos de Gabriel García Márquez para leer en menos de una hora 1

“Espantos de agosto”

¿Crees en fantasmas? Probablemente, luego de leer este cuento de no más de cinco minutos, pienses mejor las cosas al despertar cada mañana, no juegues con los muertos y tampoco te burles de ellos.

“La fotogenia del fantasma”

No todos los cuentos de fantasmas son macabros, éste por ejemplo es una manera de decirnos que hay que temerle mucho más a los vivos.

“La luz es como el agua”

¿Hasta dónde puede llegar la curiosidad de un niño? Quizá podría matar a toda una clase. Con unos cuantos párrafos, Gabo logra sumergirnos (literalmente) en su historia.

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“La muerte en Samarra”

Citando el viejo refrán “cuando te toca, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”, Gabo maneja este pequeño relato, en el cual explica por qué no podemos huir de la muerte.

“La Santa”

¿Qué pasaría si tienes la prueba de que has hallado una santa y nadie quiere creerte? No dejas de insistir hasta que te alcance la muerte o que algo más interesante suceda, como Margarito, un hombre sin nada especial, salvo que tiene una santa en sus manos.

“Ladrón de sábado”

Un joven y apuesto ladrón entra a una casa donde sólo se encuentran Ana y su pequeña hija. Él las encañona, pero no se da cuenta de que los tres forman una bonita y feliz familia, misma que podría repetirse semana a semana, únicamente si ambos están de acuerdo.

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“Piensa en nosotros”

Un hombre que será fusilado tiembla de frío, mientras los guardias que le llevan a su final se preocupan más por sí mismos que por el pobre hombre. ¿Te suena similar a la individualidad en la que vivimos?

“Retinoblastoma”

Una niña ha quedado ciega luego de una operación de la que dependía su vida, desconcertada, asegura que no puede despertar. Si no lloras con este cuento, al menos sentirás una profunda desesperación.

“Un día de estos”

El poder fue siempre uno de los perores enemigos de Gabriel García Márquez, quien lo manifiesta en este cuento en el que un dentista y un alcalde son los protagonistas.

García Márquez supo plasmar el amor que sentía por su abuela con un lenguaje coloquial muy bien empleado. De este modo logra atrapar al lector. Él sabía cómo hacerlo para que nadie dejara su relato a la mitad y, a decir verdad, nadie quiere hacerlo. El autor era tan directo y sencillo que rara vez alguien podría decir que sus cuentos no emanaban la pasión que tanto presumía de su abuela o que no eran una lección para cualquier situación de la vida.

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Definición de antisemitismo

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Vancouver, la tercera ciudad más grande de Canadá, ha declinado votar esta semana la definición de antisemitismo de IHRA, que poco a poco va extendiéndose por el mundo, pese a las controversias que ha suscitado.

El ayuntamiento de Vancouver no ha rechazado la definición, pero ha optado no votarla hasta que se estudie en profundidad su significado y sus consecuencias.

La IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance) elaboró a partir de 2003 la siguiente definición: «Antisemitismo es una cierta percepción de los judíos, que puede expresarse como odio hacia los judíos. Manifestaciones retóricas y físicas de antisemitismo se dirigen contra individuos judíos o no judíos y/o contra sus propiedades, hacia las instituciones judías e instalaciones religiosas».

La definición viene acompañada de varios ejemplos de antisemitismo que han resultado ser polémicos. Por ejemplo: «Denegar al pueblo judío su derecho a la autodeterminación, diciendo que la existencia del estado de Israel es una empresa racista». O: «Aplicar doble estándares requiriendo de (Israel) un comportamiento que no se espera ni se pide de ninguna otra nación democrática».

Estos ejemplos que siguen a la definición de la IHRA han sido ampliamente discutidos por los defensores de los derechos de los palestinos en todo el mundo, incluidos grupos judíos progresistas, como esta semana ha ocurrido en Vancouver.

Estos grupos sostienen que los ejemplos de antisemitismo aportados por la IHRA en realidad pretenden que no se critique la brutal ocupación israelí, y poco o nada tienen que ver con el antisemitismo.

La críticas contra la definición, y especialmente contra los ejemplos, comenzaron nada más concerse la definición hace tres lustros. Entonces ya se dijo que «no era clara y que confundía», o que «no tenía la claridad requerida».

Las censuras de académicos y juristas, incluidos judíos, se multiplicaron e incluso se ha llegado a afirmar que con esta definición se penaliza el boicot contra la ocupación israelí y se vulnera la libertad de expresión. El argumento más frecuente es que la definición está cortada a la medida del estado judío y no a la medida del antisemitismo.

Aunque en los últimos años varios países e instituciones occidentales han adoptado la definición de la IHRA y sus ejemplos, las críticas también han arreciado, de manera que no puede decirse que el debate se haya cerrado.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

https://blogs.publico.es/balagan