Los oscares politicos

Los oscares politicos

El pasado fin de semana fui invitado a la entrega de los Oscares otorgados a las mejores películas, actores y a todos los que hacen posible que el cine sea la más apreciada forma de entretenimiento de esta época.

Hace años que no asistía a este evento. En su edición 82 reconocí que muchos elementos del pasado perduran y que otros han sido superados. No se han repetido las grandes figuras de la época de oro, pero ahora se hace oro con el cine. Quedaron atrás los grandes festivales, como la Reseña de Cine de Acapulco, antesala de este magno evento.

La ceremonia es toda una producción, un montaje espectacular de personalidades y diseños de moda. Son cosa del pasado las grandes estrellas de todos los tiempos, así como los actores que en años recientes se presentaban con camisetas sucias y pantalones vaqueros intencionalmente rotos.

En esta ocasión la alfombra roja lució un obsequio de Veracruz; no obstante, me fue inevitable pensar en México, el gran ausente, en la crisis de nuestro cine, en la necesidad de continuar promoviendo los éxitos de nuestro tiempo y de apoyar nuevamente la producción cinematográfica.

Pensé en la cantidad de argumentos, escenas y personajes que pudieron haber participado por méritos ganados a pulso. De ahí que en esta ocasión comparta con mis amigos lectores mi propia lista de premiados.

En la categoría de dibujos animados, una pequeña marioneta de los pinos hábilmente manipulada por un Geppetto, bien podía haber ganado el papel de Pinocho en 3D, a pesar del esfuerzo realizado por los encargados del apoyo a los sectores productivos para producir su versión de País de Alicia en las Maravillas, por unas siglas semejantes.

La producción de Bastardos sin Gloria irremediablemente tiene como protagonistas insuperables a los ex priístas que ahora son candidatos de otros partidos.

Nava ganó la categoría de “defectos especiales” —por la tecnología extranjera en marketing político— en Avatar, plagada de seres virtuales azules que en realidad son personas con notables impedimentos que sólo buscan preservar su especie.

En mi opinión, la mejor dirección y papel protagónico lo obtuvo Beatriz Paredes por su versión de En tierra hostil (The Hurt Locker), un drama bélico con pocos recursos en el que se logra desactivar todo tipo de situaciones explosivas sembradas por un grupo de fanáticos que se oponen a las libertades y a los derechos modernos.

El premio a la mejor película lo tiene Peña Nieto por Invictus. Si hay duda, ahí están las encuestas. El contubernio electoral PAN-PRD recibió una estatuilla por sus actores secundarios en Amor sin escalas. El Oscar al mejor guión adaptado lo tuvo Ebrard y la Asamblea del DF en Sexo en la Ciudad 2 (Sex and the City 2), un melodrama que vence las resistencias a las bodas gay.

El premio a la mejor actuación solitaria lo ganó Gómez Mont por su papel en El Mensajero. Historia de un soldado sin sentimientos cuya labor es dar malas noticias y que se ve obligado a revelar los acuerdos muertos que venía ocultando a su jefe.

Julio y Julio obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera, caracterizada por Agustín Carstens y Ernesto Cordero, quienes presentan una escena costumbrista donde uno de los personajes es un sibarita y el otro su admirador, y juntos se dedican a rescatar viejas recetas (económicas) de otras regiones para un país que no las sabe paladear; a ellos hasta el Premio Nobel les queda chico.

Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública, obtuvo el galardón por su producción de Precious, una tragedia social donde un pueblo sin futuro sobrevive a la pobreza y a la violencia en zonas urbanas, así como la desesperanza a consecuencia del desempleo; a fin de cuentas lo hacen bailar con la más fea.

Después de perfeccionar su dicción, Fox logró el mejor papel secundario en El Fantástico señor Fox, trama que recrea las tropelías del personaje en su intento por dejar las malas costumbres sin mucho éxito y que con su comportamiento pone en riesgo a todos los animales de su rancho en San Cristóbal. El Oscar a la mejor actriz se lo roba su eterna acompañante, su esposa, que, como de costumbre, desempeña el papel protagónico.

En caso de que estas nominaciones no sean del agrado del público, hay opciones; pueden ver la película original o asomarse por la ventana y ver la realidad de nuestro país. Usted elige.

Miguel Aleman Velasco/eluniversal.com.mx

Narcoguerra, ¿con magia?

Narcoguerra, ¿con magia?

¿Qué pasaría si el Secretario de Energía anunciara que resolverá la crisis energética usando máquinas de movimiento perpetuo?

Simple: quedaría en ridículo. La segunda ley de la termodinámica establece que el movimiento perpetuo es imposible. Quien afirme haberlo logrado es un tonto o un farsante.

Pero cuando la Secretaría de la Defensa Nacional insiste en usar el “detector molecular GT-200”, de la empresa Global Technical Ltd. para buscar drogas, armas o explosivos… los medios no reaccionan.

El detector es completamente inútil. El 17 de febrero publiqué una columna al respecto, basándome en información confiable de Andrés Tonini y otros escépticos. Pero el lunes pasado MILENIO publicó una nota de Ignacio Alzaga: “Halla Ejército 10% de armas ilegales con detector GT-200”. Reporta que la Sedena afirma que desde que comenzó a usar el aparato ha decomisado 94.6 toneladas de mariguana y casi dos de cocaína y 5 mil 367 armas.

La Sedena cayó en un engaño. Los GT-200 “funcionan mediante la resonancia molecular de las sustancias, usan energía del cuerpo humano, (y) no requieren baterías”. Nada de eso tiene sentido. El aparato, y su gemelo el ADE-651, han sido exhibidos como fraudes en Estados Unidos e Inglaterra. Falta investigación en los medios y espíritu crítico ante este tipo de notas.

La Sedena ya había hecho el ridículo cuando en marzo de 2004 un avión de la Fuerza Aérea grabó en Campeche un video de supuestos ovnis y recurrió a Jaime Maussán como si fuese investigador científico.

Lo grave es que se está desperdiciando el dinero de nuestros impuestos (cada GT-2OO cuesta 350 mil pesos o más) y se está confiando un asunto de seguridad nacional a una varita mágica.

¿Y el 10% de éxitos? Fácil. El ejército está realizando revisiones constantes, en lugares razonables. Esas revisiones al azar darán siempre un cierto porcentaje de aciertos… por azar.

Un lector de Ciudad Juárez muestra que fácil es descubrir la falacia: “si detecta armas, cómo es que no reacciona a las que ustedes traen colgadas, si están más cerca?”, dijo a los soldados. A veces basta con un poco de sentido común. En este caso, hay mucho más: datos duros.

Martin Bonfill/mileniodiario

lacienciaporgusto.blogspot.com

Haitianas (V): François Dominique Toussaint

 

Haitianas (V): François Dominique Toussaint

Cómo en un espacio tan pequeño pueden pasar tantas cosas y tan complicadas. A lo mejor por eso mismo. La estrechez a menudo no hace sino dificultarlo todo. Coger dentro de un coche, por ejemplo, resulta una tarea ardua. Si no lo ha hecho nunca, vea la extraordinaria película de Elio Petri La clase obrera va al paraíso. Ya es vieja, si es que las buenas películas envejecen.

Porque es como decir que En busca del tiempo perdido es una novela vieja. Y del Ingenioso Hidalgo ya ni hablemos. Es viejísima. Ningún interés. Lo triste es que tanto al Quijote como al Tiempo perdido los puede usted encontrar en librerías. En principio. En cambio, La clase obrera no la encuentra ni en Beta, vaya. Si no la vio, pero tiene una compu relativamente grande, la podrá bajar de Vuze y Torrent. Se la recomiendo, gozoso lector, de manera entusiasta. Es más, en este mismo momento decido hacerlo yo también. Nomás pa’tenerla y poderla disfrutar, entera o por fragmentos, cuando se me antoje.

El caso es que, en la cinta, el protagonista Lulú, obrero en una gran fábrica de ya no sé qué, interpretado por el grande de grandes Gian-Maria Volonté, se liga a una de las trabajadoras y deciden hacer el amor en el estacionamiento, dentro de un coche. De un cinquecento. Una mirruñita como las que, dicen, la Fiat —es decir la Chrysler; quién sabe quién compró a quién— va a construir en México.

No sé bien qué produce en el espectador la escena en cuestión. Por un lado se troncha uno de risa. Pero por otro hay un sentimiento de angustia, de claustrofobia e imposibilidad —impotencia— ineludibles. Como en la secuencia inicial de esa otra joya cinematográfica italiana, 8 ½, en la que un pobre hombre no puede evitar un ataque de pánico al verse atrapado en un embotellamiento monumental.

En fin. Vamos a lo nuestro. La isla en la que se encuentra Haití fue llamada La Española por el mismísimo Gran Almirante, en un tiempo en que no se sabía bien a bien qué diantres era España (hoy todavía no se sabe). Ha de tener una superficie equivalente a la del estado de Zacatecas. Y la República de Haití ocupa un territorio de menos de la mitad, menor que el estado de Puebla, digamos.

Pues la historia de esa madrecita, de ese cinquecento marítimo, es peliaguda y feraz. Toda historia lo es, reconozcamos, pero la de Haití, sorprendentemente, en grado mayúsculo, mucho mayor que el de muchas de sus hermanas patrias latinoamericanas.

Los españoles se encargaron de exterminar a la población local no bien terminado el siglo XV. En particular la de los reinos —cazicazgos los llamaron los conquistadores procedentes del cazicazgo de Castilla— de Marién y de Xaragua, que corresponden al actual Haití.

Muy especialmente ahorcaron a la legendaria reina Anacaona. Es fray Bartolomé el que relata, en su Brevísima crónica, cómo recorrió en barco todas las islas del Caribe central, que él había visitado 15 años antes y las había visto pobladas y prósperas, y las encontró desiertas. “En todas ellas no hallamos sino siete sobrevivientes”, cito de memoria. Y La Española había pasado, de 60 mil habitantes en 1508, a 600, en 1531, como afirma en su Historia general de las Indias. Se había salvado —es un decir— una de cada cien personas.

Así, la no tan antigua Quisqueya fue extinguida. Y los taínos borrados de la faz de la Tierra. Y ya desde el siglo XVI fue repoblada con esclavos traídos del África negra. Genial cabriola, vive dios. Pero incluso cuando, a inicios del XVII, la ya llamada isla de Santo Domingo estaba 95% poblada por negros o mulatos, el gobernador ordenó las terribles y que hoy son conocidas como devastaciones de Osorio.

Los esclavos eran utilizados en las encomiendas locales o bien, cada vez en mayor proporción, exportados hacia las colonias inglesas de Norteamérica. La isla ocupa un lugar privilegiado en el mapa de las rutas náuticas, que la convierte en presa codiciada por los tres grandes imperios de la zona y de la época: ingleses, españoles y franceses. Y son estos dos últimos los que logran establecer su hegemonía al oriente y al occidente, respectivamente, de Santo Domingo.

A finales del XVIII adviene la República Francesa. En Haití se anhelan aires nuevos y frescos. Pero no. Los vientos siguen trayendo hedores pútridos. Los revolucionarios de la metrópoli no suprimen (qué desmadre conjugar el verbo “abolir”) la esclavitud. La rabia y la frustración se apoderan de los habitantes más avanzados de la colonia.

Y la ira engendra esa figura maravillosa, mágica, impensable, que conducirá a los haitianos hacia la emancipación. “Hermanos y amigos. Quizás ya han escuchado mi nombre. He iniciado la venganza de mi raza. Quiero que la libertad y la igualdad reinen en Santo Domingo. Trabajo para que existan. Únanse a mí, hermanos, y luchen por la misma causa. Juntos arranquemos de raíz el árbol de la esclavitud”, proclama. Se llama François Dominique Toussaint. Todos los santos. La gente, su gente, pronto lo llamará Louverture. La apertura o la obertura, como usted prefiera, hacia la manumisión y la soberanía.

Louverture, después de mil peripecias y estratagemas asombrosas e inverosímiles, morirá en la prisión francesa del Fort de Joux, en 1803, un año antes de su victoria. No sólo hizo de su patria la primera de América Latina en liberarse del yugo colonial, sino que representó el primer discurso y el primer movimiento serios contra el esclavismo en el mundo.

Su nombre es mucho menos conocido que el de George Washington, Miguel Hidalgo, José Martí, Simón Bolivar, Antonio de Sucre, Bernardo O’Higgins o José de San Martín. Quizás porque todos ellos son criollos. Y él era negro. Negro.

Marcelino Perello/www.exonline.com.mx

*Matemático

bruixa@prodigy.net.mx

Muchachos bailando Samba entre Cardenales Pederastas

Muchachos bailando Samba entre Cardenales Pederastas
¡Venga chicas despues de la foto vamos a la fiesta!

El bello joven de diamante y perla

Su hermoso cuerpo con la pluma adorna,

Los ojos verdes a la noche tornan

Noche lasciva de gardenia y selva.

Monseñor Carlos su vestido viste

Todo de rojo y de granate puro,

Monseñor Félix en su rojo oscuro

Al baile efebo con placer asiste.

Bailan los golfos con la pluma verde,

La luna brilla y la serpiente muerde,

Y observa ardiendo el Arzobispo Judas.

Exhiben plumas los muchachos finos,

Brillan las cruces con amor divino,

Suda la espalda y hasta la frente suda.

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Francisco Antonio Ruiz Caballero.

Desmontando a Maciel

Desmontando a Maciel
¡A ver si repetimos la orgia de anoche, cabronazo!
Una leyenda negra que puede distorsionar la verdad sobre Maciel
Las últimas noticias sobre Maciel no parecen suficientemente contrastadas

 

En México Sanjuana Martínez, y en España José Manuel Vidal, han publicado unos artículos sobre el fundador de los Legionarios, basados en informaciones poco contrastadas que no parecen veraces.

Sanjuana Martínez recoge el testimonio de Alejandro Espinosa, según el cual Maciel se dedicó al tráfico de drogas, poseía un gran capital a su propio nombre en las Bahamas y tuvo constantes amoríos con las señoronas de la jet mexicana. Espinosa, sobrino lejano de Maciel, tiene  todo nuestro respeto y consideración por haber sido víctima de abusos, pero no aporta ninguna prueba ni ningún indicio que nos ayude a creer sus afirmaciones sobre el fundador. Los hechos que narra parecen alejarnos del verdadero Maciel. Anteriormente, Alejandro Espinosa también había acusado a Marcial Maciel de ser responsable de la muerte del Obispo Guizar y Valencia. Le acusaba de envenenarle con cianuro,  pero no aportaba pruebas de ello.

Por su parte, Vidal ha recogido documentos de los dos supuestos hijos de Maciel que buscan reconocimiento. Leer la carta manuscrita que transcribe Vidal en su artículo nos llena de inquietudes: el estilo literario de los manuscritos que se fotocopiaban y recibíamos de vez en cuando en la Legión es mucho más cuidado y menos inculto que el de la nota al supuesto hijo que transcribe Vidal. Sí, también había faltas de ortografía, pero no tan gordas, y el estilo no era tan “mexicanazo”. Esa carta que publica Vidal nos recuerda más a las del volumen primero, en el que un Maciel seminarista de dieciséis años escribía a su madre. Sería de gran ayuda disponer de un facsímil de la carta.

¿Será que ni siquiera las cartas manuscritas de Nuestro Padre estaban escritas por Nuestro Padre? ¿Será que Maciel, además de doble vida, tenía realmente doble personalidad y cambiaba incluso su forma de expresarse? ¿O será que estamos ante una falsificación interesada para obtener los beneficios, sino de la herencia, sí de la publicidad?

El tiempo hablará, pero mientras tanto, debemos ser cautos para no dejarnos engañar ni por una leyenda negra que tergiverse la auténtica personalidad malévola del fundador, ni por la leyenda rosa que él mismo construyó con la complicidad de los legionarios, porque entonces nunca llegaremos a comprender quién fue Marcial Maciel.

www.todomaciel.wordpress.com