La biblia

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Somos hijos del cuento, así que cuando en una época remota nos expulsaron a la realidad, no sólo proveníamos de un útero, sino de un relato o de un conjunto de relatos que después hemos reproducido minuciosamente en el áspero lugar de destino, para encontrarnos como en casa. Somos, pues, hijos de Blancanieves, y de la madrastra y de la bruja y de los enanos y del ogro, pero también de Edipo y de su madre, incluso de Adán, y hermanos por lo tanto de Abel, aunque generalmente de Caín. Hemos construido la torre de Babel y el Empire State y el edificio Torres Blancas a pesar de Dios, que intentaba confundirnos para que no alcanzáramos con nuestros andamios el cielo, donde nos aguardábamos despavoridos, pues también somos dioses y demonios y ese gusano, el caernobis elegans, con el que ya hemos logrado compartir el 36% de nuestro abismo genético. Cuántas cosas.
Cambian las formas, sí, pero a estas alturas de la creación seguimos acostándonos con nuestra madre y engendrando minotauros con las bestias que nos llevamos a la cama o al laboratorio, lo mismo da. Ahí están las moscas con ojos en las patas y los ratones con orejas en la espalda y las ovejas clonadas en su laberinto. No nos falta de nada, ni siquiera las pócimas que le duermen a uno, o las que le despiertan, o las que nos convierten de gordos inmundos en afilados príncipes sin panículo adiposo. Y ahí están las píldoras de la virilidad y las de tener sixtillizos y las que quitan el hambre o la tristeza y las que nos devuelven el pelo prometido.
Dormimos en postura fetal, para volver al útero. Pero una vez despiertos no cesamos de reproducir las historias de hadas o terror (son las mismas) para volver al mito. El mundo es ya, por fin, un cuento. Qué digo un cuento: la Biblia, la Biblia en pasta, con sus pestes.

Articuento de juan jose millas, extraido de su pagina oficial.

El loco de la colina

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Si crees que todo tiene un precio, si crees que todo se vende o todo se compra,
si no respetas la naturaleza ni nada de lo que te rodea, si sólo buscas la compañía de los triunfadores, si te haces el duro y no temes nada, si practicas la ley del talión o la ley de la selva, si solo vas a lo tuyo y no te detienes ante nada ni ante nadie, entonces pasa de largo viajero porque te has confundido de ruta.

La televisión es una mina abandonada y saqueada por los mercaderes, por los oportunistas, por los cotillas, por los falsos profetas. Estamos viviendo unos tiempos de basura. La televisión desprecia la cultura, las grandes ideas, y se está acostumbrando a la superficialidad y al morbo por el imperio de las audiencias. Esto está teniendo tanto eco que no ver la televisión es un gesto de buen gusto”.

No tengo respuestas para casi nada pero tengo preguntas para casi todo, tú lo sabes bien.

No soy un maestro sino un aprendiz de la vida, soy lo que soy y se lo que se, simplemente estoy tan confundido como tu.

En el mundo los ignorantes están muy seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas, y este es el mayor problema del mundo que los ignorantes se han dado cuenta de la debilidad de los inteligentes y se han aprovechado, eso explica que la televisión, las alcaldías, los estados, el mundo en definitiva esté gobernado por ignorantes que encima nos están dando explicaciones a todas horas, todo esto dicen, por culpa, es de los inteligentes que se han dejado gobernar.

Si estas harto, ya somos dos, si estas cansado, ya somos dos, si no tragas a los políticos ni a sus necias decisiones, ya somos dos, si no tragas más telebasura ni a mas personajes que se animan a ella, ya somos dos, sí tienes ganas de mandar a este mundo a la mierda, ya somos dos, y con solo uno mas seremos multitud.

Jesus Quintero

De fornicare angelorum

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Dicen los chinos, que son hombres sabios: “Para hacer sopa de liebre, primero necesitas tener la liebre”, porque sabían que a veces es muy difícil atrapar una liebre; por eso, cuando no se puede conseguir una, algunos vivales la sustituyen por un gato, que sabe igual aunque su carne es más dura. Esto viene al caso, a pesar de que no lo parezca, porque si quieres fornicar con un ángel, lo primero que tienes que hacer es conseguir uno y eso no es asunto menor, ya que una liebre la puedes cazar tú mismo con una escopeta o comprarla en el mercado de Sonora, pero un ángel no se encuentra en cualquier esquina. (aunque algunas mujeres que esperan en las esquinas parecen ángeles caídos del cielo, pero no hay que dejarse engañar: son falsos ángeles, hacen sufrir y además cobran sus favores). Atrapar un ángel no es tan fácil como atrapar una liebre, porque antes de atraparlo, tienes que verlo y luego hacer que se materialice, porque, como todos sabemos, los ángeles son seres de espíritu (no tienen cuerpo, pues), pero pueden tenerlo si quieren, y convivir (y hasta cohabitar) con los mortales.

Hay dos formas para hacer que se aparezca un ángel. Una, tarareando entonadamente las primeras notas de la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart (sí, las de tan, tan-tán, tan-tan, tan-tan-tan-tán) en una medianoche de luna nueva. Esto lo sé porque, platicando después de hacer el amor con una violinista de 19 años, que podría ella misma hacerse pasar por un ángel, llegamos a la conclusión de que si los mortales pudiéramos escuchar una conversación entre ángeles, nos parecería como si fuera música compuesta por Mozart. De hecho, se dice que Mozart fue un ángel que cayó del cielo y que allá arriba se tardaron mucho tiempo en echarlo en falta, pero en cuando se dieron cuenta se lo llevaron de inmediato. Lo extraño aquí es por qué al buen Amadeus no le crecieron alas como a todos los ángeles. Existe la hipótesis de que la atmósfera terrestre no es propicia para que se desarrollen estos apéndices aéreos, aunque a algunas mujeres nada más les das tantitas alas y ya quieren su casa aparte.

Pero estábamos en la música de Mozart. En efecto, en realidad no se sabe qué es lo que uno comunica al tararear las susodichas notas, pero debe ser algún tipo de contraseña, porque apenas llevas unos cuantos segundos con la tonada y puedes escuchar el aleteo del ángel aterrizando. Aquí cabe hacer una aclaración: muchos creen todavía que para hacer que los ángeles se aparezcan hay que rezar eso de “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”, pero eso nada más sirve para avisarle al ángel de la guarda que ya nos vamos a acostar, algo totalmente innecesario, como si los ángeles no supieran cuáles son sus deberes. Por otra parte, resultaría de muy mal gusto andarse cogiendo al propio ángel de la guarda, (sería una combinación muy perversa de narcisismo y onanismo), ya que, además de que se parece mucho a uno mismo a fuerza de estar junto a nosotros desde que nacemos, nos conoce mucho mejor de lo que nosotros mismos nos llegaremos a conocer, de tal modo que las posibilidades de esconder nuestras verdaderas intenciones al convocarlo son muy remotas. Y pensándolo bien, a final de cuentas: ¿qué puede tener de excitante coger con el mismo ente con el que dormimos todas las noches?

La otra técnica para ver a un ángel es tomándolo por sorpresa. Con frecuencia los ángeles andan revoloteando alrededor de los mortales. Algunos los confunden con mosquitos; los más sensibles pueden percibir la presencia angélica de inmediato, lo cual los hace voltear a un lado como si alguien los estuviera mirando por encima del hombro. El chiste es que, cuando sientas esa presencia, voltees de inmediato hacia la izquierda y con suerte podrás ver a un ángel. Aquí hay que tener cuidado porque si giras la cabeza muy violentamente te puede dar un torzón en el cuello y esa no es la intención. Desde luego, al principio parece que no hay nadie y empiezas a dudar de tu cordura, pero eso se debe a que cuando los ángeles se ven descubiertos por un mortal se quedan muy quietecitos, agazapados, sin mover ni una pluma de sus alas. Si entrecierras los ojos y los vas abriendo lentamente, podrás verlo, aclarándose poco a poco, como si fueras sintonizando un canal de televisión con mala recepción. En cuanto les miras a los ojos saben que están perdidos, que ya son visibles y entonces se hacen los simpáticos. El problema es que los mortales no podemos entenderles gran cosa, porque como ya dije, sus palabras nos parecen música de Mozart.

El siguiente paso es hacer que el ángel se materialice para poder atraparlo y aquí sí sólo hay una forma. Como son medio despistados, no se dan cuenta en dónde andan regando sus plumas y se quedan como hipnotizados cuando ven caer una, creyendo que es suya. El truco es que dejes caer enfrente del ángel una pluma de ave (de gallina puede servir, aunque las mejores son las de cisne, que se parecen bastante a las de ellos). Él se quedará embelesado viendo cómo cae lentamente la pluma y tratará de atraparla exactamente antes de que toque el suelo. En ese momento, en ese exacto momento, no antes ni después, debes tomar al ángel de la muñeca y sujetarlo con firmeza. Entonces ya lo tienes atrapado. Para tener éxito en esta faena hay que entrenar bastante, ya que un movimiento en falso puede tener graves consecuencias. Dicen que Lutero entrenaba para esto tratando de atrapar moscas y que en una de ésas se le cayó la vela sobre la bula papal, reduciéndola a cenizas, y que por eso no tuvo más remedio que iniciar la Reforma protestante.

Pero estábamos en que ya tienes atrapado al ángel, bien sujeto de una muñeca. Es posible que ofrezca algún tipo de resistencia, aleteando frenéticamente tratando de zafarse sin éxito, pero es necesario recordar que los mortales somos más fuertes que ellos puesto que hemos cultivado mejor nuestros músculos en este mundo y los ángeles no saben de gimnasios ni pesas ni aerobics, así es que no tienen escapatoria. Una vez que se ha tranquilizado y resignado a su nueva condición de presa, lo siguiente es detectar de qué tipo de ángel se trata. Como es de todos conocido, en la actualidad los ángeles no tienen sexo. Hubo un tiempo, muy al principio del mundo, en que sí lo tuvieron. Incluso podían materializarse a voluntad y convivir con los humanos como si maldita la cosa. Pero se dio el caso de que algunos ángeles varones sucumbieron ante los encantos de las mujeres mortales y tuvieron un intenso intercambio carnal. El producto de esta aberración celestial fueron los gigantes, que poblaron y dominaron la tierra durante siglos, hasta que el líder revolucionario de los mortales conocido como David descalabró de un hondazo al presidente de los gigantes que se llamaba Goliath. Entonces, Dios decidió hacer una reforma radical entre las huestes angélicas. Les quitó el sexo, les prohibió que se materializaran sin motivo ante los mortales y les impuso un reglamento interno más severo que el de la academia militar. Desde luego, aunque Dios es perfecto, a veces se le pasa algún detalle, por lo que todavía andan por ahí ángeles con sexo que siguen cohabitando con los mortales. Los productos recientes de esas uniones humano-celestiales, ya no son gigantes, sino que les da por ser poetas malditos y hacer cosas extravagantes como casarse con una puta negra y contagiarse de sífilis, o escribir poemas portentosos a los 19 años y luego irse a comerciar esclavos a Abisinia. Sin embargo, si tienes la suerte de atrapar a uno de estos ángeles con sexo, lamento informarte que es él quien te va a coger, ya que todos estos ángeles con sexo son masculinos, aunque no se descarta la posibilidad de que de tanto convivir con los mortales se les hayan pegado algunas malas mañas y resulte que son de ida y vuelta. No obstante, lo más probable es que te topes con un ángel sin sexo, por la sencilla razón de que son más. De acuerdo con el último censo angélico, que se realizó entre los siglos XII y XIII de nuestra era, y cuyos resultados se publicaron hasta el XIV, en el inicio del universo las huestes celestiales sumaban 301 millones 665 mil 722 integrantes, de los cuales 133 millones 306 mil 668 son ahora ángeles caídos; es decir, trabajan en el bando luciferino.

Pero dejemos la estadística y continuemos con lo nuestro. Como decíamos, a pesar de su perfección, hasta al cazador supremo se le va la liebre y, aunque les quitó el sexo, mantuvo inalterados los rasgos sexuales secundarios; es decir, nos podemos encontrar con ángeles que alguna vez fueron femeninos o angelesas, razón por la cual conservan sus senos celestiales (esto debe entenderse literalmente, aunque es posible encontrar mujeres mortales cuyos senos nos pueden parecer celestiales pero en sentido figurado). Esta es la explicación de las desarrolladas glándulas mamarias del Ángel de la Columna de la Independencia del Paseo de la Reforma. Lo ideal sería atrapar, entonces, a un ángel de los que alguna vez fueron femeninos, pues besar los senos y succionar los pezones de un ángel no es una experiencia que deba despreciarse si se tiene la oportunidad, pero si te toca uno masculino, tampoco tendrías por qué hacerle el feo. Se trata de efebos bellísimos (los creó el mismísimo Dios antes que a los hombres) y son muy entretenidos. Aquí cabe aclarar también que los ángeles siempre andan desnudos, pues no tienen nada de qué avergonzarse, ya que no han cometido ningún pecado ni sienten frío ni calor; por lo tanto, todas esas representaciones de ángeles con túnicas blancas o armaduras son meros delirios de los pintores medievales y renacentistas.

Pero supongamos que atrapas una angelesa. En primer lugar, te parecerá algo muy próximo a una muñeca Barbie con alas, por la sencilla razón de que, digámoslo científicamente, tiene clausurado el coño. Como resulta evidente, ante esta pequeña eventualidad, para cogérselo sólo queda un camino. En este punto cabría preguntarse acerca de la función fisiológica del culo de los ángeles, pero al parecer la única explicación es que así lo quiso Dios y a estas alturas no estamos para andar cuestionando las razones divinas. Sin embargo, es conveniente hacer hincapié en su naturaleza. A pesar de que pudiera haber sido penetrado muchas veces antes, el culo de un ángel siempre nos parecerá inmaculado. Los que han sido obsequiados con la bendición de atestiguar semejante espectáculo cuentan que no se compara a ningún tipo de esfínter humano imaginable. Sin embargo, son muchos los que desean y muy pocos los que alcanzan.

El problema ahora es cómo hacer que se empine, pero esto queda al propio ingenio personal, pues los ángeles, a pesar de ser entidades celestiales, son bastante ingenuos y fáciles de convencer. Por eso no extraña que muchos de ellos se hayan dejado embaucar por Luzbel, que era un ángel un poquito más listo y ambicioso, para que lo siguieran en su loca aventura de tratar de derrocar al Big Boss.

Lo que si no podemos dejar sin explicación es el asunto de las alas, pues es necesario aprender a lidiar con ellas para que no estorben durante el proceso sodomicatorio. Las extremidades aéreas son las partes más sensibles de un ángel. Cualquier leve roce les hace sentir dolores indecibles y pegar unos berridos estremecedores, como si los estuvieran desollando. Por ello hay que tener mucho cuidado y no sucumbir ante la tentación de utilizar las alas del ángel como agarraderas a la hora del fornicio. Reconozco que esto de no tocar las alas resultará muy difícil, sobre todo porque una vez que ha sido penetrado, el ángel entra en una especie de rapto frenético y empieza a aletear, como queriendo emprender el vuelo. Algunos lo logran, pero brevemente, por lo que no conviene no asustarse ante la posible eventualidad de que tus huevos pudieran irse al cielo con todo y ángel, pues se trata de una sensación momentánea. Por otra parte, existen evidencias de que cuando se les está cabalgando, algunos ángeles se ponen parlanchines y empiezan a contar historias ininteligibles para nosotros los mortales, por lo que nos parece que están entonando una ópera en polaco.

Una vez que hemos saciado nuestros instintos mortales en el receptáculo celestial del ángel, se recomienda entonar juntos y completo el Concierto para Clarinete de Mozart, que es lo que prefieren hacer los ángeles después de fornicar, en lugar de fumarse un cigarro y platicar sobre su vida y sus anteriores parejas. En caso de que uno se quede dormido, arrullado por la voz del ángel, es recomendable dejar la ventana abierta para que pueda irse silenciosamente.

Para concluir, es necesario hacer una advertencia. Los ángeles se ponen furiosos si no se sienten satisfechos después del intercambio de fluidos con un mortal. Ante la cada vez más disminuida capacidad amatoria del hombre moderno (ya saben: es culpa del estrés, la contaminación, los alimentos transgénicos, etcétera), el índice de insatisfacción angélica ha aumentado considerablemente en los últimos años. Por lo que si éste es el caso, la venganza celestial es implacable. Para empezar, te hacen dormir profundamente; cuando despiertas, tienes un indecible dolor en las gónadas y crees que todo fue un sueño y que sólo podrás coger así en el cielo, cuando hayas muerto. Entonces puedes pasarte la vida buscando una mujer que se parezca al ángel, porque crees que la visión del sueño fue un mensaje divino. Puede que nunca encuentres a esa mujer con cara de ángel, o puede ser que sí la encuentres y no dudes en casarte con ella. Allí comenzará el infierno y se habrá cumplido la venganza del ángel. Por todo ello se recomienda tener mucho cuidado y no andar dando gato por liebre en tratándose de coger con un ángel.

Guillermo Vega Zaragoza

* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor

Cronicas urbanas

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Las otras Alejandras atrofiadas

Ellas, e incluso ellos, andan con el sueño de la eterna juventud, de amacizar sus cuerpos y borrar los surcos del tiempo, de resaltar glúteos y bíceps, y entonces visitan una “estética” o “clínica”, de ésas que proliferan en la ciudad, donde aplican sustancias sin aval científico, y algunos logran obtener una figura cincelada, pero no por mucho tiempo, pues horas después, un día o una semana, un mes, depende, o uno o dos años, aparecen dolencias y sienten los músculos agarrotados, y son presa de hormigueos o se les cuaja la sonrisa, y se resisten a denunciar el fraude, a veces por vergüenza, hasta que el malestar se agudiza y se obsesionan con el espejo, espejito, y observan que la crisis progresa, y entonces cunde el desasosiego, el espanto, y hasta piensan en el suicidio.

Muchas de ellas o ellos aparecen en revistas de espectáculos y en las secciones rosas de periódicos, o en programas televisivos de chismes donde se derrama escarnio, melaza y hiel: que aquella se quitó dos o tres costillas y se jacta de tener cintura de avispa, que una más se afiló la nariz, que otra se vuelve adicta a la mutación.

Y algo, un rasgo, aunque deforme, queda de lo que fueron ellas y ellos. Y salen de las clínicas bien pertrechadas, tapadas de la cara, inflamadas de los cachetes, abotagadas, con rastros de sanguaza, como cuando te machucas un dedo y se transparentan lunares con matices de rojo amoratado y síntomas de gangrena.

Hay gente que se mueve en la industria del espectáculo, digo, y se resanan partes del cuerpo en forma periódica, para luego aparecer en público, y también están las de acá abajo, a ras de tierra, con ciertas posibilidades económicas, que visitan clínicas de supuesto prestigio, recomendadas o promocionadas por personajes de la farándula, y se inyectan extraños líquidos y se dejan pinchar las nalgas y el rostro. Y salen reconstruidas, macizas de sus carnes, narices y traseros respingones. Llegan a sus trabajos y las miran, reciben halagos o las ven de reojo.

Y llega el mal día, y atrás quedarán expresiones de lisonjas. Y la tragedia se refugiará en el seno familiar, como le sucedió a una madre de familia de Azcapotzalco, quien fue a un hospital privado y se sometió a un tratamiento de bótox, y luego de una semana se horrorizó cuando sintió que le brotaba pus del mentón, de los pómulos, la frente y sienes.

—Es una reacción alérgica —argumentó el galeno.

—Pero doctor…

El cirujano le dijo que sus clientes cuentan con un seguro médico en caso de que las cosas le salgan mal, y de inmediato la envió a un hospital. Le abrieron la parte afectada, hasta llegar a los huesos, y rasparon y le insertaron tubos para drenar el líquido podrido, la espesa purulencia que se había acumulado en poco tiempo.

***

El proceder de ciertos personajes, muchos de ellos inmersos en la farándula, en cambio, se hace público y pronto forma parte del comadreo impreso, radial, televisivo, así como entre corrillos o al calor de la sala. La hiel y la miel derramadas desde distintos bandos.

—Pero qué necesidad… —dice una señora a otra frente a un puesto de periódicos, donde aparece la foto de la cantante Alejandra Guzmán.

—Tan bonita que era —juzga su amiga.

Su lozanía, en efecto, quedó atrofiada… y no por la edad, sino por “tantas cosas que se hizo”, comenta un señor frente a un puesto de revistas ubicado sobre avenida Juárez.

En los foros de internet, mientras tanto, los internautas discuten: critican, se burlan, la compadecen o salen en su defensa. Nunca falta el que habla del “payasito de crucero”.

El centro de la polémica es la roquera, intérprete de una popular canción denominada Eternamente bella, quien hace unos días fue hospitalizada debido a problemas de salud como consecuencia de una cirugía —“infección de glúteos y espalda” —realizada en una de las clínicas de la cosmetóloga Valentina de Albornoz, misma que ya había sido denunciada por otras presuntas víctimas.

extraido del periodico Milenio de hoy.

VISIONARIOS

manuel vicent

No hay soñador que no se haya quedado corto ni inquisidor que no haya acabado haciendo el ridículo. La historia es igual de cruel con los alegres visionarios y con legisladores más duros. Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera escrito El Capital? Tampoco Galileo pudo pensar que aquel telescopio que estuvo a punto de llevarlo a la hoguera sería sustituido por un ingenio espacial tan elaborado como el Hubble capaz de divisar como unas galaxias se devoran entre ellas. Pronto lo que hoy es ciencia ficción, mañana será realismo social. La historia es esencialmente transgresión: así avanza el desbocado caballo de Atila aplastando a teólogos, a moralistas, a políticos represores, a los espíritus pusilánimes y también a los progresistas, a los iluminados, a los amantes de cualquier utopía. Ningún potro de tortura ha sido capaz de detener el ciego camino de la ciencia. Ninguna ley podrá ordenar la conquista salvaje de los laboratorios ni la moral que se renueva cada día. ¿Quién deseará pasar dentro de un siglo por el estúpido esbirro que trató de parar inútilmente la historia? ¿Quién deseará escribir cualquier viaje a la luna, como Julio Verne, para que después se rían de tu falta de imaginación?. La religión todavía conserva hoy el monopolio de las puertas de entrada y salida de este mundo. Nuestra iglesia ya no quema herejes, apenas imparte anatemas, ha rebajado el nivel de confrontación con la ciencia y las costumbres, pero se ha guardado las llaves de la vida y de la muerte. En ese peaje exige un tributo. La muerte es una neurosis humana todavía insalvable. Sobre ella se vierten salmos de tinieblas, cuentos de terror, fábulas de infiernos, paraísos y reencarnaciones. Ni la ciencia ni la fortaleza moral tiene nada que hacer, solo que las células madres pronto pondrán a la disposición de las personas un recauchutado de tejidos y órganos corporales y esa será de momento la verdadera reencarnación. Pero la puerta de entrada a la vida está a punto de ser violada. Ese monopolio religioso pronto será suprimido. La vida será fabricada con las propias manos del hombre y frente a esta conquista harán el mismo ridículo los represores y los visionarios.

Manuel Vicent

© EL PAIS Internacional, SA. Todos los derechos reservados.

Articuento

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El ferretero desconocido

La herramienta más fascinante de todas es la llamada “alicate universal”. Sirve para enroscar y desenroscar, para apretar y aflojar, para cortar un alambre o pelar un cable. Parece mentira que todavía no se haya levantado un monumento a su inventor. Ya sé, ya sé que los inventores de las herramientas han sido por lo general seres anónimos, cuando no colectivos. Siempre que abro la caja de herramientas y contemplo toda esa riqueza instrumental, me pregunto por qué no hay ninguna estatua al inventor del destornillador o de la sierra de pelo. ¿A quién se le ocurrió, por cierto, lo de la sierra de pelo, que a mí lo mismo me sirve para un roto que para un descosido? ¿Y la llave inglesa? ¿Quién fue el individuo que se durmió pensando un día en ese artefacto dotado de una ruedecilla que abre o cierra, en función del tamaño de la tuerca, las fauces aceradas? Si el descubridor de la llave inglesa no pasara a la historia del utillaje (en el caso de que exista esa historia) debería pasar sin duda a la de la escultura. ¿O no es la llave inglesa una verdadera obra de arte?
Pero yo comprendo que quizá los inventores de todos esos instrumentos que nos arreglan la vida sean anónimos, como el soldado desconocido, al que todavía no sabemos qué debemos, pero del que hay en todas partes una tumba simbólica con una llama ardiendo a costa del erario público. ¿Por qué, pues, no levantar un monumento al inventor anónimo de la llave inglesa o del destornillador de estrella? Muchos dirán que para dar con el destornillador de estrella tuvo que haber antes el tornillo de cabeza estrellada, o que la llave inglesa no habría podido aparecer sin la tuerca hexagonal. Pero ésa es una discusión inútil, como la del huevo y la gallina. Yo levantaría un monumento a la gallina y otro al huevo. O mejor dicho, no levantaría un monumento a ninguno, pues tanto el huevo como la gallina me parecen dos simplezas dignas de alguien con un sentido del humor más bien extraño. Pero si aceptamos que haya piras funerarias dedicadas a generales de nombres impronunciables que ganaron batallas que ni nos iban ni nos venían, ¿por qué no homenajear a aquellos seres desconocidos gracias a los cuales nuestra caja de herramientas está llena de un utillaje tan perfecto que de hecho utilizamos a manera de prótesis?
Personalmente, detesto el bricolaje, pero adoro las herramientas. En mi casa, sobre la chimenea, en lugar de una reproducción de Matisse, tengo un martillo de verdad. Y una manguera en el interior de una urna, con la orden de que se rompa en caso de incendio. Y constituye una obra de arte, aunque de carácter anónimo. Los ricos todavía van a las subastas y se gastan cantidades increíbles en cuadros con firma. No los comprendo. Yo, si alguna vez tengo dinero me compraré una ferretería a la que llamaré Thyssen Bornemisza, para dar el pego.

fuente:clubcultura.com