Jugar contra Argentina

Qué patéticos somos los mexicanos. Nomás nos dijeron que íbamos a jugar contra Argentina en Sudáfrica 2010 y haga de cuenta que se nos acabó el mundo.

En un extremo apareció una multitud ahogada en la depresión nerviosa dando por perdida cualquier esperanza de triunfo y, en el otro, un grupo como de terroristas ideológicos convocando a aniquilar todo aquello que suene argentino.

Francamente, si México pierde o gana el partido de hoy, da lo mismo. Nuestra vida no va a cambiar, el país no se va a transformar. Es sólo futbol, un deporte, una fantasía mediática.

Por favor, despierte. Es muy bonito vibrar al ritmo del futbol o de cualquier espectáculo, lo que no es bonito es poner nuestra estabilidad emocional en las manos de Javier Aguirre.

Jugar contra Argentina

¿Quién es Javier Aguirre como para que nuestra felicidad o nuestra desgracia dependa de él? ¿Quiénes son los integrantes de la selección nacional como para que nuestro futuro esté en sus manos?

Definitivamente estamos ante algo muy poderoso, creado, en gran medida, por los medios de comunicación y sus anunciantes. Sólo ellos tienen fundamentos económicos para tener miedo de lo que pudiera pasar hoy. Sólo ellos. Nosotros, no.

Nosotros nos deberíamos divertir, deberíamos estar contentos de ver a nuestro equipo jugar, deberíamos tener una actitud medianamente festiva.

Pero como los señores de los medios, especialmente de los tradicionales, intuyen que después de esta tarde se les va a caer el negocio, ahora resulta que todos tenemos que estar deprimidos. ¡Por qué!

Qué gusto jugar contra Argentina, compartir la cancha con esos jugadores, volver a ver a Diego Armando Maradona e intercambiar goles. ¡Qué maravilla! ¡Qué privilegio!

En el futbol, como en cualquier otro deporte, a veces se pierde, pero también a veces se gana. ¿Por qué no podríamos ganar? ¿Por qué no nos podría ir bien?

¿Usted no se cansa de navegar por la vida con la bandera de fracasado, haciéndose el humildito y mordiéndose la tranza? Yo, sí.

Para ganar hay que pensar como ganador y si el rival es más fuerte, qué pena por el rival pero eso no tiene por qué afectar nuestra actitud.

Nadie gana o pierde hasta que acaba el partido y a mí lo que más me tiene impactado en esta historia es la actitud de derrota de muchísimas personas nomás se confirmó la noticia de que México iba a jugar contra Argentina.

¡Cuidado! ¡No es sano reaccionar así! Eso habla muy mal de nosotros como nación, como deportistas.

Amerita un análisis muy profundo, porque cuando uno va a un Mundial, va a eso, a jugar con los grandes. Porque cuando uno compite, compite en serio.

¿Será que los mexicanos no sabemos competir? ¿Será que somos más cobardes de lo que creemos? ¿Será inseguridad, ignorancia, dependencia o manipulación?

Sea lo que sea, no es bueno porque es algo que supera la parte deportiva, que se nos mete al cerebro y nos educa.

¿Eso es lo que queremos ser? ¿Unos fracasado por adelantado? ¿Unos derrotados profesionales?

Con razón nos va como nos va en educación, salud, seguridad, limpieza y competitividad. ¡Hasta en las elecciones, caray! ¡Aguas!

El otro asunto que es igual de delicado, que se ha estado generando desde que se anunció el partido de hoy, han sido las campañas de odio contra todo lo que suene argentino, que diferentes medios y líderes de opinión han estado desarrollando para calentarle la cabeza a la gente.

Esto no sucede en ninguna otra parte del mundo. Nomás aquí. ¿Por qué? Yo supongo que por el inmenso poder y por el libertinaje en que viven muchas señales y por la ausencia de una autoridad que realmente revise lo que está pasando a nivel comunicación.

Usted lo ha visto. En diferentes lugares las notas son: Argentina es país peor que México, Maradona es un corrupto, los argentinos radicados en nuestro no nos merecen, Argentina nos cerró las puertas cuando lo de la influenza.

¿Cuál es la idea? ¿Que la gente salga a la calle a atacar los negocios de los argentinos? ¿Provocar un derramamiento de sangre? ¿Desencadenar un problema diplomático?

¿Y todo por qué? ¿Por un partido de futbol? ¿Por nuestros complejos? ¿Por seguirle el juego a un puñado de medios y de empresas?

Qué patéticos somos los mexicanos. Nomás nos dijeron que íbamos a jugar contra Argentina en Sudáfrica 2010 y enseñamos el cobre.

Alvaro Cueva/ojoporojo

Ridículo triunfalismo futbolero

En esta época mundialista, la publicidad trasforma el tema futbolístico en una mezcolanza de feroces bravuconadas: ¿esta exaltación de “lo mexicano” tiene algo que ver con el futbol? Por lo visto, sí. El posible triunfo del Tri significa la explosión del patrioterismo más ramplón. Y esta desmesura es cultivada por los publicistas, que son promotores de una república bananera.


Ridículo triunfalismo futbolero

Foto: Etzel Espinosa/MexSport

Si el futbol se volvió una cuestión de Estado en Francia, entonces tendríamos que digerir perfectamente la epidemia futbolera que nos ha caído encima aquí. Sarkozy es el presidente de un país serio y, miren ustedes, lo primero que hizo luego de la derrota de Les Bleus fue inmiscuirse directamente en los asuntos del balompié: canceló una reunión que tenía el jueves con gente de organizaciones de combate a la pobreza —previa al inminente cenáculo de los mandamases del G-20— y recibió en cambio a Thierry Henry para analizar con la debida atención el tema de la desastrosa actuación del conjunto francés en el Mundial. Como buen fanático futbolero que soy, aplaudo su reclasificación de las prioridades geopolíticas.

El futbol que se juega en Sudáfrica también me está cambiando mi cabecita a mí. Por ejemplo, Aguirre, antes, me caía bien. Y Maradona, muy mal. Ahora es al revés: el Vasco me cae gordo y ese Pelusa que mima a sus jugadores y que ha podido insuflarles tamaña dosis de camaradería me parece, de pronto, un tipo interesante. Creo, en este sentido, que fue un desatino escoger la figura de Aguirre para que nos avivara los fervores patrios en la gran campaña de purificación nacional: el hombre —por más que nos diga que debemos vivir en el país del “ya se pudo” en vez de que sigamos cacareando aborregadamente el “sí se puede”— no está en una situación de fuerza ni mucho menos. Por el contrario, el aplastante espantajo del fracaso le espera a la vuelta de la esquina y, además, ha desafiado abiertamente la voluntad del pueblo soberano que pide, a voces, la defenestración del Guille Franco y la inmediata incorporación de Guardado y del Chicharito. ¿Ese personaje, responsable directo de tomar decisiones tan impopulares, es el que va a encarnar la trasmutación de México en un país ganador? Su única tabla de salvación es que el equipo nacional, dentro de unas horas, derrote a los argentinos pero este desenlace, con el perdón de ustedes, me parece muy improbable.

En fin, volviendo a la cuestión de los grandes asuntos del Estado, una ministra francesa denunció que los futbolistas galos, al exhibir tan mezquino y mediocre cumplimiento en la cancha, daban un pésimo ejemplo a la niñez de su país. Podemos establecer, de la misma manera, una relación entre el desempeño de la Selección mexicana y las aspiraciones de nuestra sociedad. En todo caso, si enciendes el televisor verás publicidades que trasforman el tema futbolístico en una mezcolanza de feroces bravuconadas patrióticas y arrebatados desplantes: ¿esta chabacana exaltación de “lo mexicano” —con elementos tomados directamente de la iconografía fascista como en ese anuncio donde unas multitudes levantan altaneramente el puño— tiene algo que ver con el futbol? Por lo visto, sí. O, digamos que una cosa lleva a la otra: el posible triunfo de los jugadores en el estadio significa, desde ya, la descomunal, excesiva, descomedida y excedida explosión del patrioterismo más ramplón. Y esta desmesura, curiosamente, ha sido cultivada, fomentada, propiciada y alentada por los mercaderes. Venden más cerveza, supongo, si exhiben los colores de la bandera y remueven las fibras del nacionalismo. Nuestros publicistas se han olvidado de la mercadotecnia y se comportan como propagandistas de una república bananera.

Todo esto me parece escandalosamente ridículo pero tiene que ver, directamente, con el universo del balompié: Aguirre aparece en los anuncios de un banco y dice que te “pongas la verde” o algo así; los muchachos del Tri, bien machotes, braman constantemente que “vamos a ganar”; los aficionados, entrevistados en la televisión, te sueltan, sin pestañear, que no importa que Messi e Higuaín estén delante porque tenemos al Chicharito y al Temo. Todos son cómplices y comparsas obligados, no hay lugar alguno para la discreción y la mesura. El triunfalismo es, por lo que parece, otro de los síntomas de la epidemia.

Luego viene, tarde o temprano, la derrota. Y ahí, buena parte de los que ya habían vendido la piel del oso se trasforman en los emisarios del derrotismo más despiadado. Nos solazaremos pues en la autodenigración con el mismo ánimo que habíamos dedicado a baladronadas y jactancias. Es normal: la resaca de los delirios es muy dolorosa.

El futbol es, en efecto, un asunto de Estado.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

El Mundo Today

LO CERTIFICA UN ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE

Las drogas alteran la percepción “para bien”

Publicado el 25 de Junio de 2010 por Xavi Puig

El Mundo TodayUn grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge ha publicado esta mañana las conclusiones del “Informe nacional del consumo de alcohol, tabaco y drogas” iniciado en 2008 y basado en el estudio de más de 5.000 casos clínicos. La tesis principal de la investigación constata que “las sustancias alteradoras de la percepción modifican la percepción de los individuos que las consumen” y, tomando como referencia las encuestas realizadas, los expertos concluyen también que “esa alteración perceptiva la verdad es que parece estar bastante bien”. Contra la idea de que los estupefacientes acarrean graves perjuicios y pueden arruinar la vida de las personas, el doctor Showzen, principal responsable del informe, reconoce que “yo mismo he querido contrastar el tópico y la verdad es que, drogado, me siento más sociable y feliz y de momento controlo. Y ya no hablemos del sexo”.

Aunque el informe no va más allá de la simple constatación de que “las drogas parece que están bastante bien en general y más si el género es de calidad”, son muchos los especialistas que creen que “quizá valdría la pena tomarlas cuando nos apeteciera sentirnos mejor”. Showzen, concretamente, ha solicitado al gobierno estadounidense una beca para seguir consumiendo estupefacientes “y proseguir con mis investigaciones al menos cinco años más”.

Pese a las buenas noticias, la investigación advierte que el suministro de pastillas de éxtasis a niños hiperactivos “no es recomendable en horario escolar o en espacios que tengan paredes contra las que la criatura pueda golpearse repetidamente la cabeza”.

La historia oculta de una gran canción


La historia oculta de una gran canción

Es una de mis canciones favoritas. Se llama ‘Hey there Delilah’ y es de un grupo americano, los Plain White T’s. ¿A qué viene esto?, se preguntará alguno. ¿Quién es Delilah? ¿Existe Delilah?
Desde luego que existe. Aquí tenéis su foto. Es una atleta americana, especialista en 3.000 metros obstáculos. La canción fue escrita por Tom Higgenson y pertenece al album ‘All that we need’, de 2005. Dos años después, fue número uno en Estados Unidos durante tres semanas. Delilah DiCrescenzo es la protagonista de esta historia.
Se trata de una balada suave, íntima, apenas una guitarra y una voz. Es todo. Es la historia de un amor imposible.
Di Crescenzo es una de las mejores obstaculistas de Estados Unidos. Tiene 27 años y ha corrido la distancia en 9:41. Sin embargo, sus mejores resultados los ha logrado en campo a través. Estuvo en el Mundial de 2009 y se clasificó 33ª.
Delilah y Higgenson se habían conocido tiempo atrás a través de un amigo común pero nunca mantuvieron una relación. La atleta acompañó al cantante a los premios Grammy de 2008 para los que estaba nominada la canción. No ganaron. Ganó Amy Winehouse. Qué importa. Es una gran canción.

www.blog.corricolari.eu

El armisticio

El armisticio

A punto estuvo el Mundial de cometer una atrocidad. El juego entre Suiza y Honduras, legalmente un despropósito, pudo dejar fuera de los octavos de final al que quizá es el mejor equipo latinoamericano de Sudáfrica 2010. Da orgullo ver jugar a la Selección Chilena de Futbol, con mayúsculas, un cuadro mayor.

España se encontró la victoria por casualidad, durante un buen rato Chile fue dueño del campeón de Europa. Sin ningún complejo y vistiendo de rojo. Usurpó con mucho tino la personalidad que tan favorita convirtió en alguna era del campeonato a la selección española. Vaya equipazo tienen los chilenos.

La suerte, que siempre está del lado del débil, estuvo con España. Un rebote de Torres tras un despilfarro del portero, cae en Villa que define como un killer, frío, seguro, cruel. Golazo de un tipo listo. Cuando mejor jugaba Chile, más fortuna tenía su rival.

Descolgada, cambio de juego, recibe Iniesta que cada vez que toma la pelota su selección entra en contacto con el Nirvana, toque, retoque, remate, recórcholis… Re gol. España ganaba 2 a 0, sin merecerlo tenía el boleto del gordo y al mismo tiempo, se sacaba el reintegro.

Marco Rodríguez expulsa a Estrada, decisión que poco cambió el juego. Chile, que en esos momentos estaba abatido, tuvo los arrestos para volver y meter en aprietos el grupo. Al final, los equipos firmaron un armisticio, no querían morir juntos.

Bielsa colapsado, jugó con el resultado del otro partido en la mano. Chile es un equipazo, el partido ha sido el mejor del Mundial, Bielsa es un técnico súper clase, dirigirá a México, será lo mejor que le puede pasar a nuestra selección.

España no ha vuelto, sigue perdida aun ganando. Brasil y Portugal estuvieron patéticos.

Jose Ramon Fernandez jr./cartas oceanicas

Cuando el balón deje de rodar

El Jabulani es una pequeña comunidad muy pobre de Soweto. Sus habitantes no se atreven a llamarle barrio, le dicen “hostal”. Ahí cada semana las mujeres casadas y más viejas hablan con otras y las aconsejan. A las pequeñas les enseñan a ser buenas mujeres zulúes. Sobre todo a guardar su virginidad hasta los 21 años, ya que es su mayor atractivo, un valor para su familia.


Usos y costumbres. Junio de 2010.

Usos y costumbres. Junio de 2010. Foto: Especial

Johannesburgo, Sudáfrica. Se llama Jabulani. Sí, como el balón que tantos líos ha causado a porteros y delanteros en el Mundial. Este Jabulani —que quiere decir felicidad— es, digamos, lo contrario a su significado.

El Jabulani que visité es una pequeña comunidad pobre, pobrísima, de Soweto. Sus habitantes no se atreven a llamarle barrio, le dicen “hostal”. Son unas construcciones hechas por el gobierno para dar algo de dignidad a inmigrantes que llegan a la ciudad en busca de empleo. Son paredes de ladrillo con techo de asbesto. A la manera sudafricana son estructuras de seis o siete habitaciones con un área común que contiene la cocina, un comedor y un par de silones de descanso.

En cada habitación vice una familia, no importa su tamaño.

El número oficial del desempleo en Sudáfrica es de 25 por ciento. Leyó usted bien: uno de cada cuatro sudafricanos en edad de trabajar no trabajan. Los estimados extraoficiales ponen la cifra cerca del 40 por ciento. Por eso existen los Jabulanis…

Estoy en Jabulani gracias a Patience, mi guía e intérprete en el mundo de las etnias sudafricanas. Patience quiere mostrarme con lo que no está de acuerdo. Es zulú, nació y vivió en Soweto, el barrio de Zola, uno donde la policía teme entrar. El día que se terminó el Apartheid, Patience fue a tomar sus clases de manejo y se propuso comprar un auto. Antes, me cuenta, no lo hubiera hecho porque hubiese sido sospechoso. De dónde había sacado el dinero, le hubieran preguntado. En los últimos diez años ha tenido tres coches. No se ven muchas mujeres negras en Johannesburgo manejando. Patience es una de ellas.

En Jabulani nos encontramos con Nom Tandazu. Por la que oramos, quiere decir su nombre. Es una mujer joven, guapa, que nos ayuda a convencer a las mujeres de la comunidad a conversar conmigo.

La negociación es larga. Mis argumentos pasan del inglés al zulú, del zulú al inglés. Nom Tandazu me explica que la desconfianza de la comunidad es porque el gobierno tiene una campaña para que no se exhiba la tradición de la que me van a hablar. Al final acceden y me llevan a un pequeño patio donde me encuentro con un trío de mujeres jóvenes y tres niñas. Me acompañan tres mujeres de mayor edad.

Ahí soy testigo de un pequeño acontecimiento que de hecho se da cada semana. Las mujeres casadas y más viejas hablan con las otras de la comunidad, las aconsejan, las guían. El contenido del consejo es el que asombra.

A las pequeñas, apenas bordeando la pubertad —las vírgenes, les llaman—, les enseñan a ser buenas mujeres zulúes. Sobre todo a guardar su virginidad hasta los 21 años. Su virginidad se convierte en su mayor atractivo, en un valor para su familia. A los 21, sus padres matarán una cabra y harán una fiesta. Anunciarán al mundo que su hija está lista para ser desposada. Llegarán los pretendientes. Quien en verdad la quiera y a quien ella escoja tendrá que ofrecer Lobolo, una dote. Si la mujer es virgen y no ha tenido novios, pagará a la familia de su novia hasta 11 vacas. En la ciudad las vacas quieren decir dinero. Hasta 35 mil rands. Unos 5 mil dólares. Aceptada la dote, la mujer pasará a ser responsabilidad del marido y su familia política. Con ellos tomará las decisiones fundamentales de su vida. Sólo trabajará si él lo permite. Sólo saldrá sola a la calle si él quiere.

Todo esto me explican en el pequeño patio de Jabulani. Me muestran los vestidos tradicionales y me los describen: las vírgenes usan ciertas faldas, las mujeres de 21 no casadas no pueden llevar nada en la cabeza, eso las anuncia como disponibles. Las que ya tienen prometido que ha ofrecido vacas a su padre, utilizan tocados. Hablo con las solteras. Todas me dicen que les urge casarse. Es una vergüenza que nadie quiera pagar por una.

En la tradición zulú —mayoritaria—, la poligamía es aceptada y prevalente. Mediante se pague la dote, un hombre podrá tener cuantas mujeres quiera. Los gobiernos de Nelson Mandela y Thabo Mbeki intentaron desalentar la práctica, pero el actual presidente, Jacob Zuma, un zulú de extracción popular, tiene cinco esposas y acaba de ofrecer Lobolo por otra. Formalmente el gobierno “desaprueba” la práctica, pero sin la energía que lo hizo en años anteriores. Los números de hombres polígamos han crecido exponencialmente en los últimos años.

Y si es cierto que Johannesburgo u otros centros urbanos se intenta esconder, en las zonas rurales es abierta. Las mujeres de Jabulani me argumentan a favor de la poligamia, me hablan de sus ventajas. Es lo mismo que el divorcio, dice una de ellas, nada más que aquí las mujeres se tienen al mismo tiempo. Una mujer, por cierto, me confirman, no puede tener más que un hombre.

Salimos de Jabulani y a Patience se le escapa una lágrima.

Después sonríe. Si este país logró acabar con una gran injusticia, me dice, terminaremos con otra… Una tarea más cuando el balón deje de rodar en Sudáfrica.

Carlos Puig/mileniodiario