Copa para mezcal….¿sin mezcal?

Copa para mezcal....¿sin mezcal?

Noviembre de 2009: Riedel, fabricante de copas, presentó “la copa mezcalera”. Crearla requiere conocimiento sólido. Veamos.

Existen alrededor de 100 variedades de magueyes mezcaleros cultivados, silvestres y semisilvestres que maduran entre los 5 y 28 años; el Azul es sólo uno de los que se usaban para hacer el mezcal de tequila, de los muchos —más de 20— que, por ejemplo, hoy se usan en Jalisco para distintos Mezcales.

La regionalización y diferenciación organoléptica de los mezcales tradicionales es vasta y compleja, pues los hay en 21 estados del país, lo que exige tener suficientes muestras con registro de su procedencia, proceso de elaboración (existen cientos de variantes), magueyes empleados, tipo de destilador, riqueza alcohólica, reglas de calidad regionales, fichas de cata y una paleta aromática sólidamente construida.

Cada región cuenta con maestros mezcalilleros y catadores expertos de cada mismo para evaluar sus aromas y sabores, pilares del conocimiento indispensable para construir una metodología y criterios sólidos a fin de evaluar una copa. Añadamos que ya existen instrumentos regionales para saborear mezcal históricamente comprobados: jícaras y cuencos de cerámica milenarios.

Instituciones de obligada consulta: Conabio, editora del Mapa mezcales y diversidad; Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM), responsable de La ruta del mezcal, el mayor trabajo de investigación desde 1910.

Si se ignoró alguno de estos elementos, la ética de Riedel y de quienes propiciaron esta aventura quedaría en duda y se evidenciaría el desprecio por una bebida Patrimonio Cultural de México. Pero lo más bochornoso sería que, desde un rancio y ridículo colonialismo, pretendieran homogeneizar, con una copa, una bebida tan diversa, rica y compleja.

En un afán propositivo, habrá que asistir a la saboreada comparada de tres mezcales tradicionales en jícara y otras copas, el martes 26 de enero a las 20:00 horas en Red Fly, Orizaba 145, col. Roma, Ciudad de México. Cuota: $100.00.

Tío Corne (Cornelio Pérez), coordinador de la Logia de los Mezcólatras y miembro de Mezcales Tradicionales de los Pueblos de México.

Jazz guitar

Howard Alden es un guitarrista de jazz, nacido el 17 de octubre de 1958 en Newport Beach, California

Ha grabado numerosos discos con el sello Concord Records y es el ejecutante de la banda sonora de la película de Woody Allen Acordes y desacuerdos. Asimismo, instruyó a Sean Penn, para que pudiese imitar que tocaba en la película.

El guitarrista, Bucky Pizzarelli, empezó a estudiar guitarra con dos tíos suyos. En 1970, Bucky entró  formar parte de la orquesta de Benny Goodman, con el que permanecería cuatro años recorriendo incesantemente Estados Unidos y Europa. Con Goodman llegó  a grabar dos álbumes en Estocolmo en una de esas giras. Bucky Pizzarelli, logró en los años setenta su mayor esplendor profesional cuando volvió a formar parte del legendario dúo con George Barnes, y trabajando también con Zoots Sims, Stephane Grappelli y otros maestros del jazz. Al final de su carrera grabó ocasionalmente con su hijo John, otro guitarrista de la saga Pizzarelli. Bucky Pizzarelli, siempre fue un guitarrista de enorme valor técnico y expresivo.

Jamendo

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La neta

La vuelta de Lombroso

La vuelta de Lombroso

El criminólogo italiano Cesare Lombroso creía que los delincuentes tenían unos rasgos específicos que los delataban.

Lombroso se pasó toda su vida, estudiando las mandíbulas, las cejas y las orejas de los criminales para obtener una tipología de los malvados.

La idea de que el mal o el carácter se refleja en la cara ha pasado a ser un prejuicio ampliamente compartido. No hay más que ver los retratos robots que hace el FBI para darse cuenta de que el lombrosianismo ha resucitado.

Gaspar Llamazares es una víctima de este prejuicio porque nadie se puede creer que el FBI haya elegido por casualidad sus rasgos para representar a Osama bin Laden.

El FBI tenía fichado a Llamazares por el ex líder de IU y por sus posiciones antiamericanas y esa es la razón por la que ha identificado sus rasgos con los del terrorista saudí. Si Llamazares hubiera militado en el PP, el FBI nunca habría asociado su cara a la de Bin Laden.

Sorprende, por ello, que una organización que cuenta con un presupuesto de miles de millones de dólares funcione en base a los prejuicios lombrosianos, ridiculizados por Freud y cualquier psicoanalista mínimamente perspicaz.

Desgraciadamente, el lombrosianismo empapa nuestra sociedad, que cree a pies juntillas que la cara es el espejo del alma.

Si alquien tiene la mala fortuna de ser moreno, con pelo ensortijado y rasgos árabes, dispone de muchas más posibilidades de ser detenido por la Policía que si es alto, rubio y de ojos azules.

El lombrosianismo también opera al revés, como demuestra el caso de Susan Boyle, que yo denominaría como el síndrome del patito feo.

La gente tiende a apiadarse de una persona que tiene el aspecto de Boyle, dando por supuesto que es desgraciada y que ha tenido una vida llena de sufrimiento.

Boyle canta muy bien, pero jamás habría triunfado en un concurso como el Got talent británico si no fuera por su apariencia física. Si esta mujer hubiera estado dotada de una belleza deslumbrante, habría pasado desapercibida.

El éxito de Boyle se basa en el contraste entre su fealdad y su maravillosa voz. Los espectadores se reían cuando salió al escenario porque esperaban que hiciera el ridículo. Fue la quiebra de esa expectativa la que provocó el triunfo de esta mujer.

Que el patito feo se convierta en un hermoso cisne es lombrosianismo puro porque, al final, el juicio se basa en la mera apariencia.

Creo que la política española está llena de lombrosianismo. La polémica sobre la inmigración está teñida de la filosofía del criminólogo italiano. Y no digamos el nacionalismo, que tiende a clasificar a las personas en base a una serie de rasgos externos. Lombroso encaja muy bien en una sociedad donde todo es espectáculo.

Pedro G. Cuartango/elmundo.es

Aventuras en el pais de la psicopatia

Aventuras en el pais de la psicopatia

Después de un momento de pánico

no hay que alarmarse. aún estamos vivos y el universo funciona. ella respira a mi lado, su cuerpo caliente responde al mío. me quiere, o eso cree, y por ahora es suficiente. uno no es sino muchos, y quizá también soy ese hombre que ella cree amar.

Modernos

Estoy vivo, pero no importa. La chica rubia se toca el pelo y el universo tiembla. Yo la imagino sujetando la pistola que llevo escondida en la chaqueta y llevándose a la boca el cañón, como si fuera un pene duro y frío, uno que eyacula balas en vez de semen. Es una imagen que me hace sonreír. En algún sitio suena una canción de rock ahora mismo.

Romper

—No sirves para nada.
—¿Eso no es un poema de Goytisolo?
—Puede, pero yo te lo estoy diciendo a ti.
—Eres muy cruel.
—No lo soy, lo que pasa es que ya no te aguanto.
—¿Ya no me quieres?
—Ya no.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Algún motivo habrá.
—No me interesan los motivos, me bastan las consecuencias.
—¿Y qué pasa con mis sentimientos?
—Yo qué sé. Ve al médico.

caramelito.blogspot.com

La ola de Hokusai

La ola de Hokusai

La pintura y el grabado japonés, de la que Hokusai es uno de los máximos exponentes, siempre nos han ofrecido una visión diferente, casi mística, de los fenómenos naturales. La ola es aquí mucho más que una mera circunstancia oceánica: es un monstruo, un gigantesco leviatán que amenaza con sus colmillos a las ágiles y audaces barcas que cruzan, flexibles, el mar. La terrible garra del océano es tan poderosa que parece ir a devorar incluso al sagrado monte Fuji, que se nos presenta al fondo como una víctima más de la demoníaca ola.

www.theartwolf.com

Articuento

Articuento

El problema de comprarte un teléfono móvil es que luego no te llamen. El otro día me invitó a comer un viejo amigo que nada más sentarse a la mesa colocó sobre el mantel su teléfono con el gesto con el que un policía habría colocado su pistola o un matón sus atributos sexuales. Yo me asusté un poco al principio, aunque no le debía nada: habíamos quedado en aquel restaurante para recordar viejos tiempos y hacer un repaso amable a nuestras vidas. Luego, cuando nos sirvieron el vino y los aperitivos, intenté olvidarme del trasto, aunque no era fácil, pues estaba muy cerca de mi copa y parecía una cucaracha muerta.
En cualquier caso, quien no podía olvidarse de él era mi amigo, que cuando llegó el primer plato comenzó a mirarlo con odio, porque no sonaba. A partir de ahí, la comida se convirtió en una pesadilla, pues la tensión no dejó de aumentar. Uno no puede colocar un móvil sobre la mesa y que luego no suene sin sentirse profundamente humillado. El caso es que tengo una capacidad innata para hacerme cargo de las humillaciones de los otros, así que comencé a pasarlo peor que él. Cuando nos sirvieron el postre, habría dado todo lo que tengo porque el teléfono sonara, pero tengo muy pocas cosas y no sonó. Mi amigo estaba verde. Entonces llegó el café y se me ocurrió una idea: le agradecí que hubiera desconectado el teléfono para que pudiéramos hablar con tranquilidad. Aquello no sirvió sino para aumentar su sensación de fracaso, pues era demasiado evidente que me había invitado a comer para mostrarme cómo despachaba asuntos urgentes a través de la cucaracha inalámbrica.
Al despedirnos, se le saltaron dos lágrimas que atribuyó a la emoción de la despedida, aunque los dos sabíamos que lloraba porque no le habían llamado. No puedes comprarte un móvil si no tienes garantizado que suene seis o siete veces durante una comida: es muy humillante. Para solucionarlo, Telefónica tiene un servicio despertador que puedes programar para recibir una llamada tras de otra con intervalos mínimos de un cuarto de hora. No hay más que telefonear al 096 y marcar, con cuatro cifras, la hora a la que quieres que te avisen. Sale caro, pero es muy eficaz. Tomen nota.

Juan Jose Millas