Sujetavidas

Sujetavidas

Una noche de juerga un amigo te presenta a un conocido completamente desequilibrado. Estáis en la discoteca un rato y al salir alguien comenta de ir a no sé qué pueblo porque por lo visto hay una fiesta molona. Aceptas, entráis en un coche y el que conduce resulta ser el loco. Minutos antes le has visto tragarse los cubatas doblaos y ahora cometiendo todas las infracciones imaginables mientras conduce: móvil, exceso de velocidad, mamada… Todo. No hace nada legal.

Sabes que no vas a salir vivo de ahí. De hecho, ves cómo el artista coge una curva muy cerrada a 180 km/h, haciendo que el coche invada un paso a nivel en el momento en el que un tren está a 50 metros de vosotros. El choque es inminente y lo primero que haces es aferrarte con mucha fuerza al asa, como si por el hecho de transmitir toda tu energía a ese mango te fueses a salvar.

Confiar ciegamente en ese trozo de plástico, en definitiva.

Perico Romero

Locura

Locura

Es inenarrable la cantidad de cosas que se ha puesto la gente en la cabeza desde el inicio de la historia. El rito de la coronación comenzó hace un millón de años. Probablemente alguna hembra primate, apenas aprendió a caminar a dos patas en el valle del Ritt, en Kenia, se colocó una piña tropical en alto del cráneo como Carmen Miranda, empezó a mover las caderas y se sintió feliz, mientras su pareja, que era el macho más bragado de la tribu, se coronó a sí mismo con cuernos de búfalo o de venado para significar su poder, un vestigio que todavía está presente en la mitra de Benedicto XVI. Algo muy extraño debe de esconder el cerebro cuando existe el instinto de cubrirlo o de prolongarlo con toda clase de prendas y cachivaches, cada uno con un significado: el velo, la mantilla, la gorra de plato, el solideo, el kipá, la tiara, la toca, el sombrero borsalino de Al Capone, el casco, el gorro de cocinero, el bonete, el turbante, la corona imperial o la boina capona.

Locura

 Los artesonados de oro y las cúpulas llenas de ángeles que rematan el trono del rey son también una superestructura de su cerebro. Las mujeres de raza negra realizan una obra de arte con la tapa de los sesos. Trenzan sobre ella lazos con telas de colores, a los que añaden frutas, flores y pájaros que trasmiten una sensación de imaginación y libertad, pese a que viven sojuzgadas. Soy partidario de que cada uno lleve en la cabeza lo que le dé la gana, incluso un pollo frito si lo prefiere, siempre que no moleste a nadie. En la cultura anglosajona, donde la libertad es la única diosa, los sentimientos estéticos o religiosos se los guarda uno para casa. Por supuesto entre un burka y la piña tropical de Carmen Miranda prefiero la piña, pero aun a riesgo de parecer un frívolo, debo confesar que el burka, aparte del rechazo por la repugnante esclavitud que supone para la mujer, me produce mucho vértigo porque uno nunca sabe con la sorpresa que podría encontrarse dentro de ese catafalco humano, tal vez con una hurí o con un terrorista armado o con la señora de toda la vida o con un vecino bigotón que te esperaba tras la rejilla. Velo musulmán o pamela de gran dama en la carrera de caballos en Ascot, cualquier clase de gorro parte del primate con la misma locura.

Manuel Vicent

Mark Rothko: La intensidad del drama.

Mark Rothko: La intensidad del drama.

Carne y huesos, vulnerabilidad al placer y al dolor; el espectador diluido en grandes campos de color que conducen a la esfera interior, al cosmos y a la nada. Ocres, rojos y negros enfrentan al espectador a sí mismo, le sumen en un estado de contemplación hasta el abismo del vacío y de vuelta a la existencia.

La espiritualidad de las obras clásicas de Rothko durante los años 50 había sufrido anteriormente una larga evolución para llegar a la no-forma: un fondo monócromo sobre el que flotan áreas rectangulares de colores simbólicos creando tensión entre ellos. Cuadros de una belleza basada en una abstracción de tono lírico, alejada de lo representacional, que nos abruman con su significado y evocan emociones soterradas en lo más profundo.

Fueron el Expresionismo y Surrealismo los que llevaron a Rothko a sus Colour-Field Paintings. La progresiva simplificación de las imágenes para definir una experiencia mística a partir de colores de gran intensidad y la ausencia de referencias (o quizá referencias a la ausencia) envuelve al espectador abrumado por tanto peso, la ambientación poética que destila la materia de sus cuadros nos pierde en otra dimensión metafísica.

Colores expansivos que agotan la mente para dejarla libre de convencionalismos y llegar sin intermediarios a la contemplación espiritual. Así, una de las preocupaciones fundamentales de Mark Rothko fue siempre la relación entre obra y espectador; el observador debía verse envuelto por la ambientación para alcanzar toda la inmensidad que él ofrece con sus sugerencias sensitivas. En sus palabras:

Mark Rothko: La intensidad del drama.

Y si he de depositar mi confianza en algún sitio, la otorgaría a la psique del observador sensible y libre de las convenciones del entendimiento. No tendría ninguna aprensión respecto al uso que este observador pudiera hacer de estas pinturas al servicio de las necesidades de su propio espíritu; porque, si hay necesidad y espíritu al mismo tiempo, seguro que habrá una auténtica transacción.

Sara Rivera

¿70 años sin comer ni beber?

¿70 años sin comer ni beber?

  Científicos y doctores están estudiando el extraño caso de un hombre de la India quien afirma no haber comido ni haber bebido desde hace 70 años.

El hombre, de nombre Prahlad Jani y de 82 años de edad, está siendo observado en un hospital privado hasta que se aclare el extraño fenómeno.

Jani afirma que no ha comido ni ha bebido nada desde que tenía ocho años, y que toda la energía que necesita se la suminsitra Amba, un dios hindú.

Los resultados de las investigaciones se conocerán dentro de dos meses. Mientras tanto, y a la espera de convertirse en uno de los mayores logros del cuerpo humano, Jani continuará haciendo yoga.

visto en: meneame

Shanghai y esto es lo que hay

Shanghai y esto es lo que hay
SI Jorge Estadella volviera a la vida, seguro que organizaba un concurso televisivo para premiar al que acertara a decir quién es más feo, si Miguelín o Paquirrín. No les voy a decir quién es Paquirrín. Pero sí Miguelín: el muñeco feísimo, de más de seis metros de altura, como un niño antiguo de la etiqueta del Pelargón, que simboliza la presencia de España en la Expo de Shanghai. Ese niño feísimo diseñado por Isabel Coixet, ¿para qué lo han puesto a la entrada del pabellón de España? ¿Para que la gente entre, o para asustar al personal y que desista? No encuentro ningún significado al tal horroroso Miguelín como símbolo de España. Hombre, si estuviera vestido, ¿qué digo yo?, de algo nuestro, de torero, de flamenco, de parado, de perceptor de subvenciones, de juez estrella, de responsable político de Paracuellos repartiendo carnés de demócrata, de empresario en suspensión de pagos o de comisionista de la Gürtel, todavía tenía un pase. Pero no. El niño horroroso está en pañales. ¿Será el símbolo de que estos tíos están dejando a España en cueritatis?
¿Y saben cuánto nos ha costado poner al puñetero niño en Shanghai, en la España que va camino de los cinco millones de parados con el cornalón a lo José Tomás en la femoral del déficit? Pues nos hemos gastado 55 millones de euros en el dichoso pabellón de España en Shanghai. ¿Qué se nos ha perdido en Shanghai, cuando con eso podíamos, por ejemplo, haber puesto otros 45 utilísimos sistemas de traducción simultánea del catalán en el Senado? Por eso es chocolate del loro (o de la vicepresidenta, que para el caso es lo mismo), que hayan ahorrado 16 millones de euros en recortar altos cargos y organismos. Esto es como los manifestantes de Gibraltar en la anécdota del embajador inglés: mejor que suprimir altos cargos, no tiréis el dinero de esa forma, hijos míos. No sé por ahí, porque no me meto mucho en carretera, pero en aquí Andalucía no he visto forma más derrochona de gastar. ¿Usted sabe cuánto se han gastado en restaurar por segunda vez el Palacio de San Telmo para que el que pusieron cuando le dieron la patada hacia arriba a Chaves, un tal Pepe, viva allí como un duque, como el de Montpensier que lo construyó? ¡59 millones de euros! Y mientras en Madrid quitan unos cuantos carguetes y no sé si la Dirección General de Comunicación de la Defensa o la Dirección General de Defensa de la Comunicación, porque da igual, en la Andalucía del millón de parados, como en todas las autonomías, ni se sabe las millonadas que se siguen gastando en mantener una doble administración paralela a base de empresas públicas, para poder colocar a más paniaguados y gastar el dinero que no tenemos.
No crean que me las he inventado. En Andalucía existen, entre otras, las siguientes empresas públicas, que algunas parecen de «La Codorniz»: Agencia Andaluza de Promoción Exterior, Empresa Pública de Deporte Andaluz, Gestión de Infraestructuras Andaluzas, Ferrocarriles de la Junta de Andalucía (que no tiene ninguno), Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales, Agencia Andaluza de Ciencias y Conocimiento, Ente Público de Infraestructuras y Servicios Educativos, Sociedad para el Desarrollo Energético de Andalucía… Y aguanten la risa cuando empiece a poner los nombres de algunos observatorios, de las tres docenas que han creado: Observatorio Andaluz de la Publicidad No Sexista, Observatorio Andaluz de Seguridad del Paciente, Observatorio para la Convivencia Escolar en Andalucía, Observatorio de la Internalización de la Economía Andaluza u Observatorio del Flamenco, pero no del flamenco que está en Doñana o en la laguna de Fuente Piedra, sino del que canta y quiere ser como José Mercé para trincar subvenciones de Cultura. Multipliquen todo esto por 17 autonomías, más Ceuta y Melilla, y sabrán por qué por mucho que recorten en la Moncloa aquí estamos a cinco minutos de Grecia. Como en Shanghai: esto es lo que hay.
Antonio Burgos/abc.es

FACEBOOK – Chantaje emocional 2.0

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He tomado la decisión de abandonar la red social facebook. Por nada en concreto, simplemente quiero hacerlo. No es definitivo, sólo pretendo descansar un tiempo de su run run virtual-social. La opción que me propone es “desactivar” mi cuenta. Tomo aire y hago clic. Es en ese momento cuando la web me muestra el siguiente mensaje “tus amigos ya no podrán mantenerse en contacto contigo”. Y a continuación una serie de fotografías de los mismos acompañadas de la siguiente frase en cada una de ellas: “Fulanito te echará de menos”, “Menganita te echará de menos”, etcétera (nombres inventados. No tengo ningún amigo, virtual o real, que se llame Fulanito o Menganita, por desgracia).

Trago saliva y sigo con la ruptura. La web me obliga a darle una razón para abandonarla. Si no se la doy, no puedo continuar con el proceso. Me está pidiendo explicaciones. Debo escoger una de entre una lista con varias opciones tales como: “paso aquí demasiado tiempo”, “no creo que sea útil”, “no me siento seguro”, etcétera. Al seleccionar cada opción se despliega automáticamente un texto con consejos para rebatir mi argumento: me explica cómo moderar su uso, cómo hacerlo más útil, cómo configurar mis opciones de seguridad. Estoy inmerso en una discusión de pareja en toda regla.

Y cuando se evidencian los grilletes es cuando odias estar encadenado. Ahora ya no es temporal, me voy para siempre. Logro desactivar la cuenta, pero facebook se revuelve. Me dice que no es definitivo. Permanecerá intacta para cuando quiera volver. Se quedará con mis cosas y dejará la puerta abierta. Busco en google y encuentro laberínticas instrucciones para hallar recónditos menús que me pueden proporcionar la apostasía definitiva. Lo intento, pero no lo consigo. Finalmente doy con un enlace que me lleva a la ruptura total. Alguien encontró la manera y la ha puesto a disposición de otros que, como yo, hemos tomado el tortuoso camino de la separación. Se producen algunos amargos reproches más, nuevos recordatorios de lo irreversible de mi decisión. Activo el proceso. Me concede 15 días durante los cuales aún podré volver, pero advierte que pasado este tiempo, si lo hago, tendremos que empezar de cero.

Cierro los ojos y hago clic.

Berto Romero/publico.es

Odio: frontera invisible

Odio: frontera invisible

En el mundo aumentan las tensiones sociales por razones étnicas. Los grupos que atacan a las minorías son cada vez más notorios, están dejando la clandestinidad para incorporarse a la política, para propagar mensajes de odio y racismo. Partidos populistas de derecha —que exaltan el nacionalismo y culpan a las minorías y los inmigrantes por los problemas— ya lograron escaños en algunos parlamentos de Europa mientras que el estado norteamericano de Arizona promulgó una ley antiinmigrantes que vulnera los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos.

En Europa crece la intolerancia que amenaza con convertirse en una nueva “cortina de hierro”. Los políticos insisten en señalar a las minorías como responsables de los problemas nacionales. En Europa Occidental los “chivos expiatorios” son los musulmanes. En Europa del Este son los roma (subgrupo de los gitanos romaní), los judíos y los homosexuales.

Otros ejemplos preocupantes: durante 2008, en Italia se aprobó una ley que pretendía resolver “el problema de los campamentos gitanos” con un censo para identificar número de campamentos y habitantes por cada uno, en mayo de ese año varios campamentos gitanos en Nápoles fueron quemados; en los Países Bajos, Geert Wilders logró una victoria electoral apoyado en un discurso “antimusulmán”.

Si bien el partido Fidesz puede ser identificado como radical, no podemos dejar de lado que está afiliado con el European People’s Party de centro-derecha, donde también se agrupan: el Christian Democratic Union Party de Angela Merkel, el Union for a Popular Movement de Nicolas Sarkozy en Francia, y los partidos dirigentes conservadores en Suecia, Italia y Bélgica.

En noviembre de 2009, los electores suizos decidieron apoyar una reforma constitucional para prohibir que se construyeran minaretes —las torres de las mezquitas—, esto es como si a una comunidad católica se le impidiera por ley, en un país donde es minoría, construir campanarios, hacer peregrinaciones o cualquier demostración pública de su fe.

Del otro lado del mundo, hace una semana fue promulgada la ley SB1070. Esta ley es cuestionable por muchas razones:

1) Violenta la libertad de ciudadanos norteamericanos —con características físicas semejantes al “arquetipo” de ilegal— para moverse dentro del territorio de Arizona, es decir, en su propio país.

2) Como Amnistía Internacional señaló en un comunicado, la protección contra detenciones arbitrarias es parte de los derechos humanos universales, debe aplicarse a los migrantes.

3) La ley SB1070 desincentiva el turismo, el trabajo y los negocios de mexicanos en Arizona. Legales o no, los inmigrantes pagan impuestos, gastan en la entidad y participan en la generación de riqueza. El Centro de Investigación Económica y de Negocios de la Universidad de Arizona estimó que en 2008 los mexicanos gastaron unos 7.3 millones de dólares diarios en Arizona.

El odio a lo diferente, a lo que no reconocemos como parte de nosotros está presente a pesar de millones de muertes que estas ideas han costado. Hemos abierto las fronteras para el tránsito de mercancías, de dinero, de ideas y tecnología, sin embargo queremos mantener las fronteras “impermeables” a otros seres humanos.

Pero la realidad es que no somos tan diferentes como a veces quisiéramos pensar. Los genetistas consideran al Homo sapiens una especie pequeña, lo anterior por su poca variación genética. Se han encontrado más diferencias genéticas entre chimpancés que entre seres humanos. Numerosos estudios concluyen que las diferencias físicas son en buena medida respuesta de la evolución a los problemas de supervivencia y reproducción que el medio plantea.

El odio étnico es una frontera que cada individuo lleva dentro de sí, a donde vaya la lleva consigo. Es momento de destruir la verdadera frontera: “no al odio al otro”.

aroemer@podercivico.org.mx

Andres Roemer/eluniversal.com.mx