El chabacano

El chabacanoSe ha llenado de frutos el viejo árbol. Es un chabacano, y cada año que pasa pensamos que será el último que vivirá. El chabacano, sin embargo, no hace caso, y sigue reverdeciendo cada enero, y cada febrero florece con pequeñas flores blancas, y cada mayo nos da su fruto de terciopelo y miel.

¿Volverá a hacer lo mismo el próximo año? No lo sé. Tampoco lo sabe el chabacano, a menos que tenga una sabiduría que no conozco yo. Pero el árbol sigue cumpliendo su labor como si fuera a vivir eternamente. La cercanía de la muerte no le impide echar sus hojas y sus flores, regalar su fruto.

Quiero aprender la lección del chabacano, y vivir con plenitud hasta el final.

Debo ser digno de este árbol que en silencio me da el ejemplo de su hoja, de su fruto y de su flor.

Armando Fuentes Aguirre

La cocina popular mexicana

 La cocina popular mexicana

Mercado Hidalgo, en Guanajuato

Como les he venido comentando en los últimos días, me encuentro en México haciendo un recorrido gastronómico por el Bajío, la zona central del país, la más vinculada al pasado colonial y también la más vinculada a la independencia de México, de la que se celebra este año el segundo centenario. En viajes anteriores me he centrado sobre todo en los restaurantes, tras visitar los más importantes, especialmente en la capital. Pero en este he tenido una inmersión en la cocina popular, esa que se come en la calle, la que toman los mexicanos todos los días. Un mundo apasionante al que voy a dedicar este post, a modo de resumen de lo ya comentado, dejando para un segundo los establecimientos más formales, sobre todo una gran experiencia en EL JARDÍN DE LOS MILAGROS, el restaurante en Guanajuato de Bricio Domínguez, uno de los cocineros top mexicanos y el único que no se encuentra en la capital. Pero eso será dentro de unos días. Hoy nos vamos a los mercados, a los puestos callejeros, a esas cosas que raramente come un turista y que encierran toda la complejidad e intensidad de la cocina mexicana, la más grande de América por variedad y calidad.

Hay que empezar por decir que los mexicanos desayunan muchísimo. Desde primera hora y a lo largo de la mañana los establecimientos de todo tipo y los puestecitos callejeros o de los mercados se ven abarrotados de clientes. Gentes de toda condición social. Y así a lo largo del día, porque aquí los horarios se difuminan. A media mañana, a las dos, a las cuatro, a las seis de la tarde, un flujo ininterrumpido de gente que come con fruición toda clase de platillos. También en los bordes de las carreteras, donde abundan casetas de venta de comida. Las más populares en el Bajío, en los bordes de la autopista que une México D.F. con Querétaro, son las barbacoas. Las mejores están en los límites municipales de San Juan del Río, ya en el estado de Querétaro. Establecimientos donde asan carne de cordero que luego se come en tacos con salsa picante de chiles cascabel con cebolla y cilantro. La carne se pone en las tortillas de maíz, elemento imprescindible en cualquier comida mexicana, se añaden los condimentos y se come con la mano. La mejor, al menos la más abarrotada, es la BARBACOA SANTIAGO. Allí, el cordero, con mucho sabor a humo, se vende al peso (360 pesos el kilo, algo menos de 3 euros). Le sumamos 25 de una cerveza o 20 de un jugo y ya tenemos un desayuno o comida bien completo. Esto del jugo es algo que sorprende bastante. En la cocina popular no existe el vino y apenas la cerveza. Lo que se beben son “aguas” de distintos sabores, especialmente de limón y de naranja, y jugos (zumos) o bebidas tipo Coca-Cola. Sorprende que una comida tan potente se acompañe con estas bebidas.

Pero mis mejores experiencias populares han sido en Guanajuato y sus alrededores. Si están en domingo en esta preciosa ciudad colonial y minera, de visita imprescindible, no dejen de pasarse por el mercado de Embajadoras. Un mercadillo donde se alternan puestos de ropa y objetos variados con otros muchos con distintas comidas populares y que concentran a cientos de familia que comen allí. Gorditas, carnitas, tacos, tortas, helados, dulces… No tengan miedo, todo se puede comer. Por ejemplo un taco dorado (frito) de sesos con carnitas (carne asada de cerdo). O unas tostadas (tortillas fritas) con patas (manitas) en vinagre. Sobre la tortilla colocan repollo crudo y las manitas que están maceradas en vinagre. Las hay enteras o ya picadas, y también oreja en tiras finas. Luego, bastante limón (aquí el limón es el verde pequeño, lo que llamamos lima) y una salsa picante. Buenísimas. Al margen del mercado, las mejores de la ciudad se encuentran a diario en un puestecito de la coqueta plaza de San Fernando. Y para quitar la sed, por 8 pesos, un gran vaso de agua de alfalfa, verdaderamente refrescante. Hay también aguas de otras cosas, como la “horchata” que se hace con arroz, muy dulce. Las encontrarán en muchos puntos pero están muy buenas las que venden en un puestecito frente al mercado de Hidalgo, el más popular de Guanajuato, con su peculiar estructura de estación ferroviaria europea (dicen que quisieron llevar allí el tren, que nunca llegó, por lo que hubo que reconvertir el espacio y qué mejor que un mercado). Otro punto de obligada visita.

Además de los puestos de frutas, verduras, chiles frescos y secos, carnicerías y demás, medio mercado lo ocupan puestos donde comer carnitas, tacos dorados, gorditas, tortas (bocadillos) y todo lo que quieran. Unas señoras venden, en la entrada, nopalitos (trozos de nopal, un tipo de cacto que se emplea mucho en la cocina) ya cortados y distintas salsas picantes que la gente se lleva a su casa en bolsas de plástico. Otro producto callejero bien tradicional en la ciudad es el guacamayo. Lo ofrecen vendedores ambulantes con su equipamiento a cuestas. Se trata de un bollito de pan en el que untan aguacate, le añaden sal, le ponen chicharrones (corteza de cerdo frita) y por encima una salsa muy picante de tomate crudo y chile de árbol. Si uno quiere menos picante le añaden zumo de limón, que reduce a la mitad la potencia del picante. Los vendedores se llaman guacamayeros.

En Guanajuato, tanto la Secretaría de Estado para el Turismo como el chef Bricio Domínguez me han dado todas las facilidades para descubrir esta cocina que no suele estar al alcance del turista. El propio Bricio fue mi anfitrión en la mejor experiencia de esa “ruta popular”. Con su encantadora mujer, su hermano y mi guía, Chema Melgar, hemos ido hasta el santuario del Santo Cristo, una imagen gigantesca que domina todo el estado de Guanajuato desde la montaña más elevada. Una tortura la carretera, mal asfaltada, pura curva y con empinadas rampas, pero el esfuerzo vale la pena. No sólo por las vistas desde lo alto, junto a la basílica. También en lo gastronómico. En el tramo final de la carretera se encuentran medio centenar de “fondas”, puestecitos abiertos a la calle, con una cocina de carbón, donde mujeres de los pueblos de la zona ofrecen sus mejores platos. Bricio tiene su favorito, el número 29, donde una señora muy mayor atiende a los clientes. Un mostrador con sillas de plástico en el que se amontonan cacerolas hirvientes con toda clase de guisos. Lo mejor son las tortillas, impresionantes, nada que ver con cualquier otra. La mujer las amasa con la mano, las pone en la plancha para darles forma y las pone al fuego. Y así, recién hechas, casi imposibles de coger con la mano porque queman, se comen. De lujo. Frescas, delicadas, suaves. No necesitan nada. Están riquísimas incluso con añadirles tan sólo un poco de sal.

Pero además fantásticas las gorditas de patata; los chiles poblanos capeados (rebozados) y rellenos de queso ranchero (fresco); la ensalada de nopalitos… Y luego, sirviéndonos directamente de las grandes ollas en ebullición, fuimos probando los chicharrones (corteza de cerdo) en salsa roja; el huevo en salsa roja (una sopa con huevo y chiles); los frijoles de la olla (simplemente cocidos, se comen añadiéndoles queso y salsa de chile verde); la tortita de camarón con nopales guisados… Y por si fuera poco, unas quesadillas hechas al momento de flor de calabaza recién cogida. Allí mismo están las salsas, que la mujer hace según se acaban: de tomatillos verdes y chiles; de jitomate (tomate) y chiles. Las prepara en fresco, tostando previamente los chiles y los tomates en el fuego para luego machacarlos en un molcajete. Todo lo que uno pueda comer tiene un precio fijo: 25 pesos por persona, lo que supone menos de 2 euros. Lo único que no incluye el bufet son las quesadillas de flor de calabaza, ni la bebida. Sólo cocacola y similares o zumos, cada uno a 12 pesos. Así que bufet libre más bebida, 37 pesos (2,50 euros). Si viajan en su coche acérquense hasta allí (no en domingo, que no hay quien llegue dada la multitud que se congrega). Y si no, busquen la forma de que alguien les lleve. De verdad que vale la pena.

 La cocina popular mexicana

Y un último detalle de cocina popular, también en Guanajuato. A pocos kilómetros, en el pueblecito de San Rosa de Lima, hay un establecimiento sin ningún lujo. Está al borde mismo de la carretera que lleva a Dolores Hidalgo. Uno de esos sitios en los que un turista no se detiene si no está avisado. Se llama DE LA SIERRA y tiene un comedor muy grande, con enormes ventanales que permiten divisar un precioso paisaje montañoso. Allí pueden probar la tradicional cecina de la sierra, carne seca que se asa en la brasa. Se puede comer simplemente así o como más le gusta a los mexicanos, haciéndose un taco con las tortillas y añadiendo una salsa muy fresca de chile guajillo, que no pica. Otra cecina es la ranchera que sin pasar por la brasa se mete en aceite para conservarla. Se hace en sartén con una salsa de chiles y se acompaña de frijoles y un poco de queso ranchero rallado. En un taco, mejor. Otra especialidad son los frijoles de olla (sólo cocidos con sal) a los que se añade mole. Tienen también un mezcal artesano que hacen en el mismo pueblo. Lo toman con trozos de naranja a los que añaden sal y muerden antes de beber cada trago (como el limón y el tequila). Todo eso, con cerveza para beber y café de olla, nos salió por unos 15 euros dos personas.

Hay que sumergirse en esta cocina. Y para ello hay que quitarse prejuicios, empezando por aquello de que todo pica. Algo que no es verdad. El picante está en las salsas (en algunas) y cada uno se las administra a voluntad. Se trata de una cocina muy popular. Por eso, si van a México acérquense a la calle. No les pesará.

Carlos Maribona/abc.es


All my loving

All my lovingEn este país lleno de iras, este país en el que hemos resuelto vivir, este país en el que pusimos a vivir a nuestros hijos, Mateo Aguilar que, hoy, quince de junio, cumple veintiocho años, me ha confiado que él prefiere no pensar en los riesgos del mundo en que en que vive. Mejor dicho, no pensar que aquí se corre el riesgo de morir porque sí, a media calle, de perderse por un rato y quedarse perdido. Vivimos en la ciudad de México, que hace ya mucho tiempo dejó de ser la ciudad más peligrosa del país, pero que sin duda es más peligrosa que Nuuk la capital de Groenlandia y que Bariloche en donde aún se puede pedir a un desconocido que nos lleve en su automóvil a la esquina siguiente. Mateo tiene razón. Si hemos de vivir aquí, si en estas calles y bajo este cielo seguirán siendo sus cumpleaños, mejor será imaginar que algo podremos hacer para corregir nuestro destino, que algo que no es el destino depende de nosotros.

Libro de Hoy: “Seis propuestas para el Milenio”. Poco antes de morir, Italo Calvino escribió cinco de las seis lecciones que se había comprometido a dar en Harvard, en 1985. En cada una proponía una cualidad esencial para la literatura del milenio. Cuando murió se hizo con ellas un libro precioso cuyas propuestas puedo enumerar. Las cualidades de la literatura en el nuevo milenio, según Calvino deben ser: la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad, la multiplicidad y la consistencia. La explicación de cada una de las cinco primeras cualidades, es un lujo que no debe perderse nadie. Quiera o no quiera ser escritor. Les recomiendo el libro.

Punto: De la levedad dice Calvino citando a Paul Valéry: Hay que ser ligero como el pájaro, no como la pluma.

Punto y seguido: De la rapidez dice: Festina lento. Apresúrate despacio.

Música para hoy: Paul Mac Cartney. “All my loving”

Angeles Mastreta

http://lacomunidad.elpais.com/puerto-libre/posts



Hoy pasará algo raro

Hoy pasará algo raro

Lanza la primera piedra si entiendes algo. La especulación se instaló en el Mundial. A este ritmo cualquiera de nosotros pierde su trabajo, pero como aficionado tampoco estaría tranquilo. Se supone que esta es su fiesta, no la del columnista, que arriesga su profesión en cada comentario. El futbol ha empezado con el cuerpo cortado. Ayer, el mundo se fue a la cama con la sensación de haber perdido algo. Falta que mañana el campo esté nevado y un rinoceronte embista en la taquilla. No hay certeza, se está perdiendo la confianza. Ni siquiera el pinche balón, la esencia de todo esto se salva. Rebota, flota y resbala igual que el esférico Joseph Blatter, a imagen y semejanza de la FIFA. Cuando este deporte dude hasta de la pelota, ahí muere. Pero sucedió.

Para Vicente del Bosque, un líder bonachón, parecía más difícil armar el banquillo inicial que el once titular. Aun así, Suiza le ha ganado con un equipo que sería suplente en 99 de 100 partidos con España, que algo hizo bien: tuvo la pelota, dominó el partido, fue fiel a su estilo, no se impacientó. Y algo hizo mal: demasiado horizontal, sin profundidad, generó pocas ocasiones, faltó creatividad, nadie ayudó a Xavi, que siempre tuvo encima dos hombres y se movió poco entre líneas.

Cuando todo pintaba mal, el técnico acertó en un cambio y falló en otro. Metió a Navas para agrandar el campo y tirar el centro al área, pero dejó a Llorente en la banca, un especialista por arriba. España se anuló a si misma. El Mundial le ha perdido el respeto al favorito, a partir de hoy esperamos cualquier cosa, incluso que regrese la normalidad. Ésa que mostró Uruguay, ganando con seriedad un partido que no parecía de Mundial. Hoy es otro día raro, seguro pasa algo inesperado con Francia.

Jose Ramon Fernandez jr./mileniodiario

El novillero que salió corriendo: «Me faltaron huevos»

El novillero mexicano Christian Hernández tuvo una vergonzosa actuación el domingo en la Plaza México, en la que le devolvieron vivos a los corrales los dos astados de su lote. Monumental bronca del público.

El novillero protagonizó un hecho casi insólito cuando preso del miedo, salió corriendo hasta saltar al callejón y se cortó la coleta antes de ser detenido, informa el Burladero.com.

Antes de ser llevado ante el juez, el novillero justificaba su comportamiento: «Hay que ser consciente de uno mismo, me faltó capacidad, me faltaron huevos… Lo he pasado muy mal, esto no es lo mío».

Hernández, más calmado, se sinceraba en el diario La Reforma: «Al juez le expliqué que tuve mucho miedo, que no podía matar a ese novillo. La profesión que yo creí que era mía no lo es, respeto y admiro a todos los toreros, hay que tener muchos… para ponerse delante de un toro, y a mí, hoy, me faltaron».

El ex novillero se ratifica en no volver a ponerse nunca delante de un animal: «Me dio mucho miedo y ya no quiero ser torero».

Larazondigital.es/toros

¡Ay, pillines, pillines!

¡Ay, pillines, pillines!El tesoro de los afganos

A la pregunta de qué se nos había perdido en Afganistán una vez que hemos llevado hasta allí la democracia por Seur y hemos conseguido que las mujeres se liberen y quemen el sujetador, aunque apenas se les note con el burka puesto, ha venido a responder el Pentágono con un informe sobre lo que ha encontrado en el subsuelo en cantidades industriales: litio, oro, cobre hierro y cobalto. Los que pensábamos que, además del combate el terrorismo, el interés de EEUU y sus aliados era geoestratégico, por eso del oleoducto que ha de llevar el petróleo de Kazajistán a la costa paquistaní, estábamos equivocados. No sólo era geoestratégico; también lo es geológico.

Como de oro vamos sobrados y dejaron de estar de moda los cadenones y las pulseras de 18 kilates con el nombre y el grupo sanguíneo, lo que más ha llamado la atención del descubrimiento es el litio, sobre todo ahora que hemos confiado a las baterías de los nuevos coches eléctricos y al IPad el cambio del modelo productivo. El problema para explotar estos recursos no son tanto los talibanes sino Karzai, que ya demostró que es único escondiendo papeletas electorales bajo la capa. Uno deja al cuidado de este hombre tan democrático los yacimientos del país, y en menos de una semana no queda litio ni para las pilas de un Casio.

¡Ay, pillines, pillines!

Las primeras informaciones incluyen un mapa del tesoro y valoraciones acerca de la incapacidad de los afganos para gestionar estos recursos, para cuya extracción, según se dice, es necesario tiempo, tecnología –o sea, dinero- y que termine la guerra, para lo cual serán imprescindibles, lógicamente, sucesivas misiones de paz. En el futuro se harán denodados esfuerzos para que la población no tenga que morirse de repente en un bombardeo de la OTAN y pueda hacerlo a su aire, con alguna de las enfermedades asociadas a la minería.

A tenor de lo anterior, la presencia del Ejército español es más necesaria que nunca. Además de construir carreteras y aeropuertos, rehabilitar hospitales y llevar a pueblos remotos la luz y el agua potable, nuestros militares podrán enseñar a los afganos a encontrar oro debajo de las piedras. Si no lo consiguieran porque está muy profundo, podrán contar con nuestras empresas, que demostrarán que no hay quien les gane a crear empleo cuando existe el despido libre.

Juan Carlos Escudier/publico.es

¿Inducción a la sodomía?

¿Inducción a la sodomía?

De toda la polémica suscitada por los insultos proferidos a la Consejera de Sanidad de Catalunya en una tertulia de televisión, que han motivado acciones legales por un lado y disculpas por otro, lo que me parece más triste es que se dé por buena la noticia que origina el debate.
Las mismas personas que se oponen a cualquier método de anticoncepción y, por último y sobre todo, a la interrupción del embarazo, acto que comparan con el holocausto, argumentan que la solución está en la educación. Cuando llega el momento de poner en práctica esa educación sexual, también se niegan, hablan de educación general, ya que una persona bien formada se defendería mejor del entorno hostil: ven la sexualidad como una agresión a la integridad del ser en estado de gracia. La criminalización que se hace de la educación sexual constituye un auténtico atentado contra la salud pública. Estamos obligados a aportar toda la protección que podamos a los jóvenes que no escogen la castidad como forma de vida.
Poco ayudan comentarios frívolos como el de Esperanza Aguirre cuando, al ser preguntada por facturas relacionadas con el caso Gürtel, respondió: “Nunca se van a encontrar aquí cosas que no debe hacer una Administración seria, como los talleres para aprender a masturbarse”. Olvidan estos señores radicales el descenso de las enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados desde la implantación de estos planes, seguramente mejorables. Puede que desde su punto de vista hacer al amor por placer sea una estupidez, pero más estúpido y cruel es morir por ello en pleno siglo XXI cuando se conocen métodos para evitarlo y no los vamos a ocultar. Es agotador ver a estos liberales mintiendo, difamando y saliendo a la calle con globos y fotos de fetos.

El Gran Wyoming/publico.es