Epílogo sudafricano teñido de blaugrana

Epílogo sudafricano teñido de blaugrana

En Johannesburgo corría entre periodistas deportivos, de esos que han cubierto un puñado de mundiales en su carrera, un comentario: apoyamos decididamente que la FIFA le siga dando mundiales a países subdesarrollados como Sudáfrica, siempre y cuando sean en Alemania.

Lo decían con el buen humor y la experiencia de quien puede comparar un evento con otro y en el dilema que quienes tuvimos la suerte de asistir al Mundial vivíamos todos los días: entre la fascinación de turista primerizo por un país al que la inmensa mayoría de quienes los visitamos nunca habíamos ido y la cotidiana lucha por trabajar en medio de una infraestructura que, gracias a las condiciones del país, parecía se quebraría en cualquier momento.

Las Copas del Mundo hoy son, en muchos sentidos, como franquicias de McDonalds. El evento es igualito uno a otro. Para quien participa, en el quehacer diario, en los estadios, las salas de prensa, las transmisiones, el transporte de los que tienen gafete, los mundiales saben igual, huelen igual. La FIFA tiene armado el tinglado a la perfección. Un ejército de profesionales armados de manuales y experiencias dictan cómo tienen que ser los centros de radio y televisión, la seguridad, los accesos, los patrocinadores, los estadios, los boletos y su repartición, el color de los uniformes del staff, de los equipos, el transporte oficial… Todo. Los “acreditados” que viven entre un hotel, una sala de prensa y un estadio durante el mes de partidos podrían estar donde fuera que todo es igual.

Curiosamente, a la FIFA no le preocupan mucho los espectadores en los estadios —será que ahí no está el negocio—. De esos se encarga el país anfitrión. Esos sí son los que sufren o disfrutan si hay un tren urbano con precisión suiza que los transporta a cien metros del acceso al estadio, y aviones y vuelos suficientes para llegar al país y trasladarse internamente a las sedes, o si el país anfitrión es seguro, o si hay carreteras, o si hay suficientes taxis o coches de renta, o restaurantes para comer o celulares para rentar. Antes de que otros países pobres se entusiasmen con la experiencia sudafricana, habría que regresar en un año para hacer cuentas de los saldos reales del experimento del mandamás de FIFA con tal de eternizarse en el puesto gracias a los votos del tercer mundo.

Ahora, el rincón del aficionado:

Desde hace muchos años, Catalunya y Holanda tienen una relación muy particular. En tiempos de Franco y después en la transición, los catalanes vieron a Holanda como un ejemplo de la Europa a la que querían pertenecer: liberal, moderna, con una intensa relación con el mar. El comercio entre Catalunya y Holanda es intenso igual que los intercambios culturales.

En futbol, el Barcelona no fue la excepción. Desde mediados de los setenta, el club apostó a dos holandeses, Cruyff y Michels, y con ellos al modelo de desarrollo deportivo que había ideado el Ajax y que tiene que ver con una intensísima inversión en las fuerzas básicas y el desarrollo de una identidad propia de cómo jugar al futbol.

El modelo deportivo se implantó además en un modelo social casi único en el mundo, en el que los destinos del club dependen de la voluntad de sus casi 150 mil socios que con regularidad espartana van a las urnas a elegir a quienes dirigen sus destinos. Y, por supuesto, en un modelo político en el que el Barça es símbolo catalán de las eternas tensiones con Madrid.

El experimento requirió de paciencia y la conciencia como dice el lema del club: el Barça es más que un club. De Cruyff jugador a Cruyff entrenador a su heredero natural Josep Guardiola, pasando por Van Gaal y Frank Rijkaard —otros holandeses—, el equipo está desde hace algunos años, por fin, en la cumbre del futbol mundial no sólo por los resultados, sino por la manera en que juegan. Con base en jugadores desarrollados en su casa, todos educados en una filosofía, en una identidad.

En los últimos treinta años, más allá de resultados, presidentes y algunos baches temporales, el Barcelona mantuvo una política —un acuerdo de Estado— para lograr lo que quería.

Todo esto sería suficiente para admirar al Barcelona. En mi caso se agrega mi apellido, mi padre, mis tíos, mis abuelos…

La selección española que saltará hoy a la cancha es inteligente beneficiaria de este ejercicio —no siempre quiso serlo—. La Barça-dependencia de quienes mañana deberán ser campeones del mundo es la mejor respuesta de Catalunya ante el dilema español y sus divisiones nacionalistas. Que mañana “la roja” con alma blaugrana celebre el campeonato del mundo hará rabiar a algunos en Castilla y sonreír de manera socarrona a otros en Gerona. Era cierto, el Barça es más que un club, ahora es una selección.

Ni modo, celebrarán a costa de los holandeses, que tanto han dado al Barcelona y a Catalunya.

Hubiese sido mejor contra otros.

Carlos puig/mileniodiario

Un regalo de Satanás

Un regalo de Satanás

El labrador se detuvo en medio del campo, para descansar junto a su yegua “Mala Cara” debajo de la sombra de unos sauces al costado del arroyo. El sol parecía querer prenderle fuego hasta a los cascotes de tierra que se quebraban como tizas cuando el disco del arado los separaba del suelo. El graznido provocador de los teros, siempre le avisaban del lugar del nido, al que esquivaba, pues la pachamama no perdona si no se respeta a sus hijos.
¿Sudor?, ¡que va!, ni sudor quedaba en ese cuerpo flaco y seco, aunque contaba solamente treinta y siete primaveras y otros tantos inviernos; y de los dientes ni hablar, que fueron su dolor por años por no haber dentistas, hospital o valor para ir al pueblo a curar esa boca llena de nadas o a la mitad de algo, teñidos con el ocre y negro del tabaco barato y del papel de fumar.
De pronto, una nube de polvo se levantó haciendo un remolino a lo lejos, en el camino. – ¡Satanás, diablos y demonios! – dijo para si y oteó lo más lejos que pudo, aguzando el olfato por si se sentía olor a azufre, temiendo que fuera la luz mala. A lo lejos y bien pequeña, se veía a una persona caminando hacia él; era una mujer que mientras caminaba se iba desnudando; cuando estuvo casi a su frente, se dio cuenta de la belleza que portaba, su cuerpo armónico y sensual, que pese a lo insólito de la situación, igual lo dejó excitado y deslumbrado.
Ella tenía una manzana roja y brillante en una de sus manos y con la otra comenzó a acariciarse los pechos. Con los ojos lo invitaba a hacer el amor y sus labios brillantes le incitaban a besarla, a poseerla y recostándose sobre la hierba fresca, bien al borde del agua y abriendo sus piernas le mostró el camino del placer acomodándose de espaldas, esperándolo para ser penetrada. Su corazón estaba a punto de estallar, la tentación era tremenda y sacando fuerzas desde lo más íntimo de sus fibras religiosas le dijo en voz alta: – ¡andáte de acá Satanás! – mientras le mostraba un crucifijo hecho en Palo Santo y que siempre llevaba al cuello colgando de una trenza hecha de crines.
La mujer transformó su mirada dócil y comenzó a vociferar palabras en un idioma para él desconocido mientras regresaba al mismo punto desde donde la había visto venir.
Rezando en voz alta, con el crucifijo en la mano y con mucho miedo, la siguió desde una distancia prudente y al cruzar la alambrada, pudo ver que la mujer se subía a un Lamborghini morado y que con la mano izquierda le hacía señas a puño cerrado y el dedo del medio en alto mientras le gritaba: – ¡putou! putou!

Raul Lelli

Cuestion de fe

Cuestion de fe

Este Mundial le ha devuelto a uno la fe en unas cuantas cosas.

Uno creía, por ejemplo, que quienes se atrevían a hacer predicciones eran necesariamente tontos o deshonestos. Entre los tontos me incluyo yo, convencido como estaba (lo dije hace unos días) de que Argentina iba a ganar a Alemania y a España. En algún otro lugar opiné también que Ghana iba a ser la revelación y que Milito o Villa iban a ser los máximos goleadores: subrayo mi acierto con Milito.

Cabe el consuelo de que hay casos peores. Ahí está Moody´s, una empresa cuyas acciones suben con brío mientras escribo estas líneas.

Moody´s se dedica a valorar activos financieros. Es decir, pronostica si unas acciones tenderán a subir o bajar, o si unos bonos valen mucho o poco, o si una deuda pública es segura o insegura. Uno de los propietarios de Moody´s es el inversor más famoso del mundo, Warren Buffet: debe ser muy útil, cuando te dedicas a comprar y vender por miles de millones, tener mano en una de las sociedades que deciden los precios.

Moody´s, lo recordarán, dio la máxima calificación a los bancos forrados de derivados financieros hasta el mismo día del batacazo. Antes de eso, despidió a varios analistas que se atrevieron a intuir la hecatombe bancaria. Y ahora que los Estados han salvado a los bancos pagando cantidades gigantescas, Moody´s empieza a considerar que algunas deudas nacionales, como la española, no son del todo seguras.

Moody´s demuestra que las predicciones no tienen por qué ser necesariamente tontas o deshonestas. Pueden ser ambas cosas a la vez.

Y el pulpo Paul demuestra lo contrario: que se puede ser relativamente espabilado (los pulpos poseen de largo la inteligencia más poderosa entre los invertebrados y en diversos experimentos se ha demostrado que tienen memoria e incluso capacidad de aprender mediante la observación), relativamente honesto (las tarifas de Paul se limitan a algún mejillón que otro) y acertar casi siempre en las predicciones.

No sólo Paul me ha devuelto un poco de fe. También Puyol.

Soy de los que tienden a exasperarse y a mirar el reloj en cuanto la selección española se dedica a sobar la pelota y a moverla de una banda a otra sin ganar un metro. Ya, ya sé que soy un antiguo. Por eso me llevé una alegría cuando Puyol demostró que el equipo de España no siempre necesita 20 toques en el área pequeña, una filigrana de Iniesta y una curvatura del espacio-tiempo hacia Villa para fabricar un gol, y que aún es capaz de marcar un gol clásico, como los de antes.

Gracias a Puyol, creo más en la selección. Gracias a Paul y a Puyol, me declaro moderadamente optimista ante la final.

Enric Gonzalez/blogdelpais,es

10 TITULARES PARA ESTE VERANO

10 TITULARES PARA ESTE VERANO
1. Se pone a la venta el iPhone en Cuba. Raúl Castro declara: “El comunismo también puede ser táctil”
2. La operación retorno se salda con 32 turistas fallecidos, todo ellos morenos
3. La ola de calor mata a 1.342 jubilados, lo que garantiza el fondo de pensiones hasta 2011
4. Un grupo de turistas alemanes en estado de embriaguez prenden fuego a su hotel y luego se lo follan
5. Zapatero interrumpe sus vacaciones para irse a la playa
6. El dueño del último chiringuito se prende fuego a lo bonzo y los turistas lo confunden con una tapa
7.Esperanza Aguirre inaugura la línea 23 del Metro de Madrid, que empezará a funcionar en 2.157
8. Estados Unidos nacionaliza Coca-Cola, y decide eliminar las burbujas para ahorrar
9. El obispo Cañizares: “La culpa es de los niños, que van como putas”
10. Pandemia: se detectan en Guatemala siete nuevos casos de personas que se vuelven zurdas sin causa aparente. La OMS recomienda no viajar a Guatemala por el qué dirán.
Jose A. Perez/mimesacojea

El pulpo debe votar

El pulpo debe votar

Que el mundo está mal lo sabemos porque nos fiamos más de un pulpo que del Foro de Davos o un presidente de Gobierno. El pulpo del Mundial sabe lo que no está en los escritos porque, puestos a que nadie diga ni sepa nunca nada, mejor fiarse de algo aunque sea de un cefalópodo que se alimenta con almejas. A saber cuántos políticos no nos recuerdan precisamente a un pulpo por esas mismas cosas: ser cefalópodos, toquetear y mangonearlo todo, hablar poco o casi nada y arramplar con las almejas. La diferencia es que a este pulpo, siendo alemán, se le entiende lo que dice sin hablar ningún idioma  y a nuestros políticos difícilmente se les entiende algo hablando bien español.

El pulpo Paul  no se ha enredado con opiniones melifluas, ni con pedos ideológicos ni con un «sí, pero no» tan político, correcto y moderado como se acostumbra ahora. Ni se ha andado por las ramas con un brillantísimo discurso insustancial pues, al fin y al cabo, tan sólo pretendía destapar y comerse aquella almeja.

Y sin acentos, historias ni papeles, el pulpo ha votado por España y ha conseguido desconcertarnos porque, estando acostumbrados a querernos sacar siempre los ojos, a discutir por ver quién tira el córner o a que un árbitro cabrón nos « joda» los partidos, esa gelatina comestible ha logrado devolvernos un poco de esperanza.

No sé exactamente si este pulpo será de derechas o de izquierdas o si tendrá tantos tentáculos como autonomías tenemos en España, pero si él nos tiene fe y nos ha elegido puede que, sin saberlo, también nos haya dado autoestima, pertenencia y todo eso que dicen los madrugadores de la patria, aunque yo creo que lo que, sobre todo, nos ha dado es claridad de ideas y fe en la entrega solidaria. El bicho, como un votante cualquiera, disponía de dos urnas y prefirió la de España que aunque él no lo sepa es un vínculo común y un solar patrio. Y si más tarde en el campo de fútbol ocurriera lo que tenga que ocurrir, no será porque su voluntad no la haya puesto en ese único y claro empeño colectivo.

 ¡Qué sería de nosotros si todos en las urnas lo hiciéramos igual y cuántas almejas no habría perdido España de tener la conciencia que tiene el pulpo Paul!

Manuel Prieto/larazon.es

Los españoles llevan 50 años haciendo mal el sofrito

EN EUROPA MIRAN NUESTRO SOFRITO POR ENCIMA DEL HOMBRO
Publicado el 5 de Julio de 2010 por Kike García

Una investigación llevada a cabo por algunos de los cocineros más importantes del país ha determinado que el sofrito que los españoles hacen para elaborar los platos de su diversa gastronomía no es todo lo adecuado que debiera. “No podemos investigar platos anteriores a los sesenta, pero es probable que los españoles lleven toda la vida comiendo basura sin saberlo. Y chupándose los dedos, además” exponen los cocineros en un comunicado.

Los españoles llevan 50 años haciendo mal el sofrito
 El sofrito español de siempre podría ser un error colosal.

 

“El sofrito que estamos haciendo hoy en día, y que tanta gente defiende, en realidad es un reducto de la posguerra, de cuando faltaban tales o cuales ingredientes. Por eso lleva básicamente cebolla, que es muy barata. Pero ya está bien de tanta cebolla, llevamos años sufriendo flatulencias innecesariamente” explica Francis Gartudo, chef del Restaurante Mi Rico Chimbote. “Esas flatulencias retrógadas nos alejan de Europa y nos enemistan a unos y otros”. 

Según Gartudo, son muchos los que se aferrarán al sofrito de siempre, pero la intención es restaurar lo que se estaba empezando a hacer durante la República. “A nivel de sofrito, se estaban proponiendo cosas interesantísimas, muy avanzadas en comparación con el resto del mundo. Y ya es hora de recuperarlas”.

“El hecho de no querer replantear el sofrito español hace que los de otros países europeos nos pasen la mano por la cara”, concluye apesadumbrado Gartudo. “Y no sé por qué nos tomamos tan en serio esto del sofrito. Parece que estemos hablando del Estatut o de la Constitución. Un poco de calma, por favor. Que alguien le quite hierro a esto porque, al final, lo importante es comer”.

El Mundo Today

Habitaciones

Habitaciones

Caí, navegando, en una página web muy oscura. Al poco distinguí un interruptor digital sobre el que di un golpe de ratón, haciéndose la luz. Apareció entonces un dormitorio que se parecía de un modo algo siniestro al mío. En una esquina de la pantalla se informaba de que en ese momento nos encontrábamos en la página cinco visitantes. Me inquietó la idea de encontrarme en compañía de otras cuatro personas a las que no me era posible ver, cuatro fantasmas. Quizá alguna de ellas, pensé, dispusiera en su ordenador de una herramienta que le permitiera distinguir a los otros. Salí de la página y me puse a trabajar. Pero no se me iba aquella habitación de la cabeza, así que volví a entrar. Estaba equipada, como la mía, con muebles de Ikea, de ahí, cavilé, su parecido. Pero tenía, como la mía también, en la pared de la derecha, una ventana a cuyo paisaje te podías asomar con un par de movimientos del ratón. Preferí permanecer quieto, a ver si se escuchaba una respiración, un roce, una tos, algo que delatara otras presencias, además de la mía. En ese momento visitábamos la página dos personas. Resultaba un poco violento saber que te encontrabas a solas con un desconocido. A ver si se manifiesta, me dije, y separé la mano del ratón. Mientras esperaba, alguien entró y salió como el que abre una puerta y echa una ojeada. Pensé que la otra persona (¿una mujer, otro hombre, un niño, una adolescente?) permanecía, como yo, al acecho. Pasado un rato, tomé de nuevo el ratón y me dirigí a la ventana. Lo que vi me estremeció. Al otro lado había una calle idéntica a la que se ve desde la ventana de mi dormitorio analógico. Esa noche, mientras cenábamos, mi mujer me contó que, navegando por Internet, había ido a caer en una habitación que le recordaba vagamente a la nuestra. No me atreví a preguntarle a qué hora había estado allí.

Juan Jose Millas/elpais.es