Otros tiempos, otros santos

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Niño Fidencio

José Fidencio Constantino Síntora sobrevivió en la antigua estación ferrocarrilera de Espinazo, pequeña comunidad a 120 kilómetros de Monterrey. Años después poco más de 300 mil personas acuden cada 17 de octubre a rezarle. ¿Por qué? Por tratarse de un ser sagrado que “atiende a aquellos que el sistema de salud no contempla”, asegura uno de los feligreses, de nombre Juan Carlos.

Casos de cáncer, lepra, cataratas, ceguera fueron sanados por el Niño Fidencio, quien supuestamente se metía a bañar a El Charquito, en donde actualmente se mete a los enfermos en agua lodosa y “curativa” usando unas cajitas.

El 8 de febrero de 1928 el presidente Plutarco Elías Calles fue a Espinazo para que el Niño Fidencio le curara de lepra. A partir de entonces los fidencistas crecieron en número. La Iglesia Fidencista Cristiana cuenta con registro de asociación religiosa, otorgado en 1993 por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Existen, según sus representantes, más de 20 mil “cajitas” y altares para Fidencio. Quién diría que Calles, promotor de la vida institucional después del caudillismo, sería uno de los que apoyaron a esta figura santa.

Un personaje envuelto en la polémica. Primero porque la Iglesia católica no reconoce sus “milagros” y luego porque tras su muerte, el 19 de octubre de 1938,  salieron a relucir detalles de su vida personal (como su gusto por el alcohol)  que no reflejaban sus actos “puros”.

Lo cierto es que Niño Fidencio representa “la esperanza para enfermos sin seguridad social”.

El espejo de México

Encontramos en cada uno de estos santos algo que va más allá de la religión y se manifiesta en la cultura. Pues la fe por sí misma no es algo que cuestionar; recordemos que  está avalada constitucionalmente en el artículo 24.

Pero si tomamos el espejo que obtenemos de cada uno de los mencionados, ¿cuál será la imagen completa de México? Podría ser la de un país urgido de justicia, demandante de seguridad. Con una marcada desigualdad. Ensombrecido por la delincuencia y la voluntad corrupta de algunos… ¿No es así el país que sufrimos?

Si es así, ¿qué sigue? ¿Estos nuevos santos  bastarán para las demandas de sus seguidores? Si la situación cambia, ¿seguirán vigentes?

Mientras, como dice doña Juanita, quien tiene 60 años: “No queda otra que creer en alguien, ya sea en la Virgen (a quien rezó 40 años),  en la Santa (en quien confía desde hace 20)  o en quien uno quiera, pues la cosa está difícil”.

Lizbeth Hernandez/eluniversal.com

El antes y el despues del matrimonio

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Antes : Dos por noche
Después : Dos por mes.

Antes: ¡Me dejas sin aliento!
Después: ¡Me estas ahogando!

Antes: ¡¡No pares!!
Después :¡¡No empieces ! !

Antes : Fiebre de sábado por la noche
Después : Midnight Football.

Antes : “El sonido de la música”
Después : “Los sonidos del silencio”

Antes: Estar a tu lado…
Después : ¡Hazte a un lado!

Antes : Me gustan las mujeres llenitas.
Después : ¡Nunca me gustaron las gordas!

Antes : Me pregunto que haría sin él
Después : Me pregunto que hago con él

Antes : Erótica
Después : Neurótica

Antes: Parece que estamos juntos desde siempre
Después : ¡Siempre estamos juntos!

Antes : Ella adora como controlo las situaciones
Después : Ella dice que soy un manipulador ego-maníaco

Antes : Anoche lo hicimos en el sofá
Después : Anoche dormí en el sofá

Antes : Había una vez…
Después : Fin…

El canijo Atlante vs. el Barcelona

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El Barcelona es cosa de enanos. Una nueva dimensión en el futbol mundial. Antes de los “Tratados Guardiola”, nos fijábamos en el sistema métrico décimal para medir los tamaños de un equipo. Messi, Xavi e Iniesta reivindicaron la nacionalidad liliputiense, la misma del Hobbit y El Chícharo. Futbolistas colosales con enormes facultades. Parece una nimiedad, pero las posibilidades del Atlante contra el grandioso Barcelona, dependen de la estatura de sus jugadores. En el subsuelo, donde la pelota es tesoro de gigantes, el canijo Atlante puede equilibrar las cosas.

El Barsa está acostumbrado a ser el centro de gravedad en todas las jugadas, se desplaza y pasa más rápido que cualquiera de la cintura para abajo. Pero hasta ahora, su medio campo no enfrentó a ningún equipo de su tamaño. Contradictoriamente, el Atlante lo es. Chícharo y Hobbit, dos apodos diminutos, el miércoles serán la definición de un poder superlativo en nombre de su club. Es verdad que el Barcelona es incalculablemente favorito y cuando llega hambriento de balón, no hay partido que lo sacie. Pero Atlante vistiendo de azulgrana su menudo chasís, puede liar el protocolo del Mundial de Clubes.

El juego se definirá en la frontera del segundo tiempo, donde la diferencia entre el torneo mexicano y el español se hace más intensa a ritmo de competencia maduro. En ese espacio el Barsa descubre la brevedad de cualquier rival. Es capaz de ganar monstruosamente a la hora de aclarar quién está domesticando el futbol mundial. Pero Atlante tendrá su oportunidad en la dimensión chaparra del partido, y con ella, todo el futbol mexicano deberá medirse con las tallas del Barcelona.

Para bien o mal, el resultado será un buen cálculo de nuestra estatura en el 2010.barca

Jose Ramon F. Gutierrez de Quevedo

Ayer, Hoy

Ignacio Ramirez "El Nigromante"
Ignacio Ramirez "El Nigromante"

Siglo 19: tiempo de las leyes de Reforma, de la constitución de 1857. Juárez quedó anonadado cuando el mismísimo Ignacio Ramírez, El Nigromante, clausuraba conventos para que pasaran a manos del Estado. (Por eso existen la Biblioteca Nacional, antes Templo de San Agustín, o la Biblioteca Palafoxiana, en Puebla). Pero lo más inaudito para Juárez fue esta historia:

Don Ignacio, levantando inventarios cerca de La Merced. Los hijos del Nigromante jugaban a las canicas; una fue a dar a la ranura de una piedra. Los chamacos lloraban a su padre que sacara del hoyo el objeto del juego. El constituyente mandó retirar el suelo de piedra para sustraer la canica. Sorpresa: se encontraron también un pequeño ataúd de madera con los restos de un niño, con un cordón amarrado al cuello… El Nigromante ordenó remover todas las piedras del convento: aparecieron 30 cajas de niños enterrados en iguales condiciones.

Los religiosos quisieron darse a la fuga. Los detuvieron. Sin remedio, declararon ante la ley que los entierros se hicieron en complicidad, a petición de las ricas damas de sociedad, a cambio de donativos. Sí: las damas abortaban y ocultaban los fetos en el convento de los clérigos.

No es invento: lo leí en Las Memorias prohibidas de El Nigromante, de Emilio Arellano. Esto viene a cuento hoy, ante el tema del aborto: esa es la Iglesia que condena a las mujeres en pleno siglo XXI. Las damas ricas siguen abortando, sin problema, y las pobres, a la cárcel.

Siglo XXI: Marcial Maciel, fundador de Los legionarios de Cristo, ya todos lo saben, tuvo mujeres y niños en concubinato. Hizo prácticas de pederastia comprobada. Tiene hijos que fueron violados por el mismo padre, que ahora pelean la herencia a la congregación. Las denuncias son públicas.

Tampoco hay ficción. Abundan libros que abordan el tema y el Vaticano debió reconocer los “pecados” de Maciel. El mismo Vaticano que va contra la legalización del aborto y contra la educación sexual en escuelas.

Por eso la petición de la diputada Enoé Uranga al demandar al presidente que la religión católica regrese a las iglesias y no presione en la vida política. Un deber ético con el que debemos estar los mexicanos, seamos o no guadalupanos. Regresar a la Constitución de 1857 es impostergable. ¿Rectificará Beatriz Paredes? ¿Quién dice yo?

Sin patria cívica, la democracia es falaz.

Braulio Peraltamileniodiario

La esencia de la madre

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Debo la observación a uno de mis hermanos, me reservo el nombre para no producirle problemas. Realizaba un trabajo en la Basílica de Guadalupe la noche del 11 al 12 de diciembre. Desde el oscurecer del 11, hacia las 6 de la tarde, comienzan a desgranarse como hormiguitas por Insurgentes grupos de pocos o muchos peregrinos que recorren a pie más de diez kilómetros, unos bajan del Ajusco, otros de San Ángel. Y hacia la media noche la Basílica está llena de fieles que cantan y rezan, avanzan hincados, besan el suelo, se azotan, lloran.

Entonces vio hacia la imagen y abrió la boca, atónito: entre el humo del incienso de los curas celebrantes, el humo de los cirios, el brillo de candiles, reflectores de televisoras que han vuelto nacional un culto del DF, emanaciones de sudores, aire caliente en ascenso… la imagen reverberaba en la atmósfera espesa. Y vio sobre el altar, adorada por millares, la esencia de una madre común a los devotos: el manto azul como íntimos pliegues morenos, la túnica rosa eran tejidos delicados, arriba las manitas unidas en botón placentero, abajo la cabeza redonda y oscura del ángel no eran ya la Virgen, sino la fuente de la vida, el Origen.

Y así se comprende el arrebato: no es fe ni milagros, no es metáfora de la madre, es la Madre misma en su intimidad por excelencia. El efecto se consigue, también, entrecerrando los ojos y viendo por entre las pestañas: allí está aun para los que lo hemos visto pocas veces.

Hace años, antes de que regresara a tierras tapatías, antes de que existiera MILENIO, Carlos Marín y yo coincidimos en el cierre de un congreso. Nos invitaron a dar una plática sobre la Virgen de Guadalupe. Al llegar, miramos el auditorio con cierto azoro. Relato mi intervención. Comencé leve, sondeando los ánimos: el primero en negar el milagro de las apariciones y estampado por acción directa de Dios, dije, fue nada menos que el citado como testigo principal del milagro: el primer obispo de México, el franciscano fray Juan de Zumárraga… Veo cabezas que se mueven afirmativamente y voy agarrando confianza… Escribió un catecismo, llamado Regla Cristiana, donde se pregunta por qué ya no ocurren milagros y se responde: “Porque piensa el Redentor del mundo que ya no son menester”… Miro por entre las cejas al auditorio: movimientos de aprobación. Sigo: “No pidáis milagros para que no quedéis como Herodes…” e indico: recordarán ustedes que el segundo Herodes, el de la pasión, le pidió a Jesús, ya detenido, que si era Dios le hiciera allí mismo un milagrito y lo dejaría libre, y Jesús ni siquiera le contestó… Aplausos… Marín y yo nos miramos con cara de what.

Sigo: ¿y eso dice quien vio el más grande milagro desde la apertura del Mar Rojo por Moisés?… Aplausos… risas… Luego menciono el sermón de 1556, donde el provincial de los franciscanos, Francisco de Bustamante, se queja ante el virrey y la Real Audiencia de que el segundo obispo permite que se diga que hace milagros “la imagen pintada ayer por el indio Marcos”, y acoto, es que, saben, no era menos importante que ese obispo, Montúfar, era agustino, luego, los franciscanos habían perdido el obispado y eso sí calienta… Carcajadas, aplausos… Nos vemos de nuevo Marín y yo.

Y echo toda la carne al asador: fue peor el trato de fray Bernardino de Sahagún, nuestro gran historiador que aún alcanzó a tomar dictado de sobrevivientes de la Conquista, y quien señala que el culto guadalupano le parece sospechoso “porque habiendo tantas iglesias a nuestra Señora no van los indios a ellas y vienen desde lejanas tierras a donde estuvo el ídolo de su gentilidad”, aclaro: se refiere fray Bernardino al ídolo de la diosa Tonantzin… Veo caras afirmativas como de quien dice: claro, ya lo sabemos. Y suelto lo último: pues ese peregrinar desde lejos hace sospechar a fray Bernardino que… (lo digo o no… ¿y si nos apedrean?)… que la Guadalupana “es invención satánica para paliar, o sea encubrir, la idolatría”. Me puse las manos en la cabeza por si venía un ladrillazo. Oigo un aplauso estruendoso.

Al despedirnos de quienes nos habían invitado preguntamos la profesión de los congresistas, suponiéndolos neurólogos, dentistas, en fin. Hay de todo, dijo el amable invitador, pero todos somos testigos de Jehová…

Esperamos a salir para soltar la carcajada: “Pinche Carlos, le estuvimos predicando a predicadores…”

Luis G. de Alba/mileniodiario

¿Porque creemos lo que creemos?

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No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree: Demóstenes (384-322 AC)

¿Te llevas mal con personas de un signo zodiacal en particular? ¿Has sentido cómo te miran por la espalda? ¿Evitas pasar por debajo de una escalera? Si has respondido “sí”, entonces aunque te “creas” ateo eres creyente.

La palabra en inglés belief, “creencia”, proviene de la alemana gilouben, “tener en estima” o “amar”. Primero se utilizó en doctrinas religiosas para referirse a la fe en Dios. Hoy algunos creen en la suerte, en la vida después de la muerte, en la telepatía o en la libertad y la democracia. Por mucho tiempo científicos y humanistas asumieron que las creencias religiosas y supersticiones son producto del contexto en el que crecemos. La racionalidad terminaría por destruirlas, pero investigaciones sugieren que creer es estrategia de supervivencia. Nos hemos valido de creencias para dar sentido al mundo, pues reducen la incertidumbre y construyen valores y objetivos comunes para la cohesión grupal.

¿Por qué construimos sistemas abstractos de creencias sin pruebas? Al parecer, es nuestra única opción: creer. Desde que nacemos, dependemos de otros para enseñarnos cómo vivir y sobrevivir. Se nos educa en un lenguaje y una religión, se nos enseña sobre ciencia y civismo. Asumimos que esos son hechos, pero simplemente aprendemos en qué creer. Aun siendo adultos, asumimos que lo que nos dicen los demás es verdad, más si la idea apela a nuestras fantasías, aspiraciones o instintos reptilianos.

Cuando se trata de creer carecemos de límites. Ya que no podemos salirnos de nosotros mismos y examinar el mundo con otra perspectiva, “creemos” casi todo lo que nos dicen para darle sentido al mundo. En palabras de Daniel Dennett, somos créelo-todos.

¿Podríamos vivir sin creer? Si hacemos a un lado nuestras creencias, podríamos acabar en la duda perpetua; la cantidad de hormonas de estrés que segregarían nuestros cerebros podrían atrofiarlo. Así que para sobrevivir es preferible asumir ciertas suposiciones como verdad.

Se ha sugerido que hay genes que nos hacen proclives a tener creencias espirituales. También se ha presentado evidencia que correlaciona factores genéticos con el fundamentalismo religioso. Pero los genes no hacen que alguien sea musulmán, hindú o católico; las creencias son una decisión individual influida por el contexto social y la libertad para escoger.

Si podemos elegir, ¿por qué es tan difícil abandonar viejas creencias? Los científicos piensan que rechazamos nuevas creencias porque nuestro cerebro ya ha trabajado mucho estableciendo qué deberíamos creer o no. Han quedado establecidos los circuitos neuronales. Nuestros cerebros tienden a rechazar información que no encaja con la experiencia y los conocimientos previos. Mientras más envejecemos más difícil es modificar nuestras creencias, en parte debido a la arquitectura del cerebro envejecido.

No obstante, podemos modificar algunas creencias mientras avanzamos en la vida. Éstas pueden estar estáticas, pero no son necesariamente estáticas. Cada persona tiene el poder biológico para interrumpir creencias perjudiciales y generar ideas nuevas. Prueba de ello son los más de 6 mil millones de sistemas de creencia en el mundo. Las ideas nuevas pueden alterar los circuitos neuronales que gobiernan cómo nos comportamos y qué creemos.

Curiosidad y creatividad nos ayudan a reinventar al mundo cada día, buscando una realidad última a la que llamamos verdad, iluminación o Dios. Mas la verdad es escurridiza. No importa cuánta evidencia recolecte, su conocimiento siempre estará incompleto y será influido por su contexto y creencias previas.

¿Cómo construir creencias más útiles para nuestra vida? Podemos ser más cautelosos, convertirnos en escépticos: examinar si las creencias son verdad y mantener la voluntad para considerar ambos lados de un argumento. Alguien que no cree todo lo que piensa.

Por mi parte, si en algo creo es que este mundo necesita más escépticos. Permítanme terminar esta reflexión con una pregunta: de todas las creencias que tiene ¿cuál le perturbaría más descubrir que es falsa?

Andres Roemer

El alegato

juez

Caminaba el hombre cabizbajo pues le habían echado de su octavo trabajo. Y ni en éste ni en los siete anteriores, había llegado a durar una semana. Su mujer, que se había casado con él en una noche de borrachera, le había abandonado tan sólo dos días después. Su único hijo, producto de esa misma noche de borrachera, le odiaba y no quería saber nada de él. Hasta sus amigos le habrían abandonado si alguna vez los hubiese tenido. Se podría decir que estaba deprimido y desesperado y decidió lanzarse al Manzanares. Tomó carrerilla y al ir a saltar, escuchó una vocecilla:
– ¡¡¡Nooo!!!, ¡¡no lo hagas!!
Sobresaltado paró. Luego pensó que habría sido su subconsciente y volvió a tomar carrerilla. De nuevo, al ir a saltar, escuchó la vocecilla que le decía:
– ¡¡¡Nooo!!!, ¡¡por favor!!, no lo hagas ¡Si saltas, me aplastarás!
Se asomó y allí lo único que vio fue una enorme rana que le estaba hablando. Y le contestó:
– Mira, es que resulta que quiero suicidarme.
– Bueno pues si de todas formas te vas a suicidar, antes podrías hacerme un favor. Resulta que no soy una rana, sino un humano que sufre un encantamiento. Para romper el encantamiento lo único que tienes que hacer es darme por culo.
– ¿Dar por culo a una rana? ¡Qué asco!- ¿Qué más te da si te vas a suicidar? Así haces una buena obra.
Así que aquel buen hombre cogió a la rana, se escondió con ella en un water público y comenzó a romper el hechizo dando por culo al animalito. En esto que el hechizo se rompió y la rana se transformó en una niñita de catorce años que chillaba como una loca.
…….. Y esta es la versión de mi defendido, señor juez.