Olôf Arnald

Olöf Arnald no duda cuando se le pregunta cuál es su instrumento favorito: “Mi voz”. Lo dice señalándose la garganta, con una breve sonrisa. No le faltan razones para estar orgullosa. Mojo o The New York Times le dedican piropos como “impresionante” y su nuevo álbum, Innnundir Skinni, ha tenido muy buena acogida en su país, Islandia. Su compatriota Björk, la fichó para el sello One Little Indian, además de colaborar en el tema Surrender, y Kjartan Sveinsson (teclista de Sigur Rós), ha producido su debut y este segundo disco. Habrá que esperar hasta septiembre para que llegue a las tiendas españolas el trabajo de Arnald, que sonará a muchos por haber acompañado en sus directos a Mùm.

Elpais.es/cultura

Objetividad

A veces, cuando subo a un taxi con la radio sintonizada en ciertas emisoras que no suelo escuchar, me pregunto dónde vivo. Por encima de mi voluntad, mis oídos procesan noticias, juicios, opiniones que parecen provenir de un país extraño, poblado por extraños. Entonces, mi sentido de la realidad se tambalea. ¿Existiré yo, existirá esto? ¿Será real este taxi, esa tertulia, las voces que estoy oyendo? A menudo, cuando salgo del coche, todavía no me encuentro en condiciones de responder a esas preguntas.

ObjetividadLa objetividad solo existe en el terreno de las intenciones. Tras el loable propósito de emitir un juicio objetivo, se agita el bagaje de una vida entera, la suma de experiencias, dulces o amargas, que conforman la memoria de cada ser humano. Escribir es mirar el mundo para contarlo después, y dos personas pueden dar versiones antagónicas del mismo hecho. Las discrepancias radicales, sin embargo, solo sirven para provocar irrealidad.

El martes pasado, Joaquín Sabina volvió a llenar Las Ventas. Yo estuve allí. No pretendo ser objetiva, pero mientras le escuchaba, creí estar asistiendo de verdad a aquel concierto en el que su público se le entregaba con la misma extrema generosidad que recibía de un cantante de 61 años, que permaneció tres horas en el escenario. A la salida, y después, mientras volvía a casa en el metro, creí ver sonrisas, gestos de entusiasmo, y creí escuchar palabras de amor, calientes, jubilosas. Y no dudé en ningún momento de mis sentidos hasta que al día siguiente leí, en este mismo diario, la crítica de un concierto distinto, aburrido, senil, decepcionante. Desde entonces, me pregunto si las 20.000 personas que abarrotamos Las Ventas la otra noche estuvimos de verdad allí. Y, en ese caso, cómo es posible que un solo listo se haya atrevido a llamarnos tontos a todos sin que le tiemble el pulso.

Almudena Grandes/elpais.es

Días de sol y banderas

Días de sol y banderas

Nunca creí en el patriotismo como algo que se puede fomentar inculcándolo como una asignatura. Es difícil persuadir a alguien de que sienta una emoción que no responde a una necesidad previa, igual que no se puede  extender un aroma sin la brisa que lo propague. A diferencia de lo que ocurre con el sexo, no existe una fisiología del patriotismo, aunque en España estemos históricamente  acostumbrados a una visión visceral de los símbolos que tendrían que identificarnos ante el mundo. Resulta sorprendente que seamos tan rebeldes para respetar la paz que nos une y tan disciplinados para luchar luego por reponerla. ¿Por qué diablos seremos tan unidos para odiarnos? Como es lo que mejor conozco, puedo contar que los gallegos somos muy díscolos cuando se trata de dirimir las lindes de un terreno y hay quien mataría por defender la sombra de un árbol que plantó su abuelo, pero es raro que alguien discuta el respeto al cadáver de su peor enemigo o la ampliación del cementerio. Es en el momento del fracaso donde por lo general damos lo mejor de nosotros mismos. Por eso con motivo del fracaso general de nuestra economía, tutelados por políticos que malamente saben callar y en medio de una crisis que amenaza con devolvernos con el hambre a la boca los huesos que enterraron nuestros perros y las hirientes espinas del pescado, volvemos los ojos hacia Suráfrica y pensamos que nuestra redención como país depende de lo que hagan los muchachos de la selección  española de fútbol. Si históricamente nuestros hundimientos como pueblo se redimían con una brillante generación literaria, ahora todo va a depender de que lo que esos muchachos hagan con una pelota. Es por ellos por quienes asoman estos días las banderas en balcones y ventanas en los que jamás antes estuvieron. Es a ellos a quienes se debe el renacimiento tardío y puntual de un patriotismo que en otros tiempos habría necesitado de una guerra para cuajar. ¿Sentiríamos ese patriotismo sin la previa necesidad de tener a mano algo que nos una frente a las calamidades que nos afligen? Es obvio que el suscitado por el fútbol es un patriotismo circunstancial y pasajero, pero eso es mucho en un país en el que, por desgracia, demasiadas veces hemos resuelto con ríos de sangre las jodidas diferencias que tendríamos que haber arreglado con ese patriotismo elemental y pasajero que prefiere llenar los estadios en vez de ampliar los cementerios. La buena noticia es que corren días de sol y banderas en un país en el que el patriotismo ha estado siempre peor visto que cualquier enfermedad venérea.

Jose Luis Alvite/larazon.es

Bailar

El amor es como unigarrillo que se quema a medida que se va acercando a los labios, dice la canción. Venimos de una oscuridad y de un silencio infinitos. Salimos a la luz en un punto del universo donde se está celebrando un baile, en el que se nos obliga a danzar, unos arreados por el látigo, otros al son de ese blues de Duke Ellington, que cantaba Yvie Anderson, mientras damos unas cuantas vueltas al sol, no muchas, ochenta y tantas en el mejor de los casos. Luego nos apeamos de esa noria y penetramos de nuevo en otra oscuridad infinita. La vida se quema en el aire como la brasa de un cigarrillo que se fuma siempre por última vez entre dos silencios infinitos.

Bailar

Volver a nacer, tal como somos, es un imposible matemático, por eso hay que considerar un milagro el haber sido invitados a este baile. Aunque haya pocos motivos para alegrarse de semejante destino, mucha gente está empeñada en que esta fiesta sea lo más placentera posible y merezca la pena haber estado vivo. Los oráculos no dejarán nunca de recitar las desgracias que van a venir, pero si uno trata de pasar algunos ratos agradables en este planeta la primera regla consiste en no estropearlo más de lo que está. Puede que la sabiduría consista en contemplar la forma en que la brasa se acerca a nuestros los labios y convertir ese suceso en una ficción maravillosa y perenne. Esa brasa contiene todas las pasiones humanas que inspiraron a Esquilo y a Sófocles, la locura que desarrollaron los personajes de Shakespeare y toda la belleza. La pantalla de plasma del televisor ha sustituido a la antigua palestra de los teatros griegos y romanos o al Globo de Londres donde se rifaban pollos en el patio de butacas mientras los reyes shakesperianos se apuñalaban en el escenario. Todas esas pasiones están condensadas en tres minutos de telediario, el tiempo que necesita la brasa para acercarse a tus labios. La realidad es una simple representación en forma de algodones azules y rosas, que sirven lo mismo para representar los cuerpos destrozados por la bomba de un suicida que los caderazos que da una modelo en la pasarela contra el destino. Hemos venido a este mundo a bailar. Unos bailarán arreados por un látigo, otros lo harán mecidos por un blues que les llenará de dulzura los cartílagos. Es verano.

Manuel Vicent/elpais.es

pintura de Nguyen Thi Hien

La Europa virtual

La Europa virtual

Que España puede salirse del euro es una realidad. O mas bien, puede ser invitada a que se vaya. Pero el hecho grave, no es que España cayera en el baúl de los recuerdos; en el averno misterioso de Grecia. No. El hecho realmente delicado es que Alemania pudiera estar pensando en la, nada remota posibilidad, de que el gigante alemán pudiera abandonar el euro.

¿Por qué los teutones podrían estar pensando en marcharse de la moneda única europea? Los alemanes llevan tirando del carromato de Europa desde siempre, pero especialmente desde que comenzó la crisis mundial.

Cada vez que un país ha ingresado en la Unión Europea, Alemania ha sido la que ha puesto los principales emolumentos de los llamados “fondos de cohesión”. Se trata de unos fondos que ofrecen los países ricos de la Unión Europea a los más desfavorecidos. Y como siempre además, es la que más dinero aporta. Desde que Grecia cayó en desgracia, los alemanes son los que más dinero han tenido que aportar. Una parte muy importante de los setecientos mil millones de euros que se crearon como un fondo de rescate para asistir a cualquier país de Europa, proviene de fondos alemanes.

Pero además, la canciller Angela Merkel quiere una política dinámica, con mucho flujo de capital y apoyos para sus exportaciones – como siempre ha hecho -. Francia, el otro gran gigante se opone de una manera frontal. Su política económica es completamente proteccionista y en muchas ocasiones, antagónica a la alemana. Bajo cuerda llevan ya muchos meses, tanto alemanes como franceses, negociando para llegar a un acercamiento y a una posible solución que de momento, parece imposible.

El gran problema, que puede haber llegado el momento, es que Alemania baraje la posibilidad de salirse la moneda única europea. En otras palabras: Alemania podría forzar su salida para volver al antiguo marco.

La canciller Angela Merkel está atravesando su peor momento político. Sus compatriotas le reprochan que, con una política económica bastante degradada, parece que sólo ayuda a sus vecinos europeos. “Primero arregle lo nuestro y luego, lo del resto. Ya está bien de hacer el Robin Hood” parece que le dicen una y otra vez, los alemanes mientras a ella, no le queda más remedio que seguir esta política si quiere salvar a su país, y por ende, al resto del Europa.

Con este panorama y una posible salida del euro, las consecuencias serían impredecibles, ya no para ellos, los alemanes, sino para la economía global en su conjunto.

Una caída de España seria gravísima. Podría colocar a Occidente muy cerca del abismo. No olvidemos que España es la cuarta potencia de Europa y la novena del mundo. Sin embargo la posible salida de Alemania del euro, seria todavía mucho más grave. Podría ser un cataclismo económico además de una fractura real de la actual Europa.

Al final, el Viejo Continente no sólo no ha sabido hacer los deberes sino que, con todo sus monumentos antiguos de piedra vetusta, todo parece sumamente virtual.

Alberto Pelaez/elvisorinternacional/mileniodiario

Jugar contra Argentina

Qué patéticos somos los mexicanos. Nomás nos dijeron que íbamos a jugar contra Argentina en Sudáfrica 2010 y haga de cuenta que se nos acabó el mundo.

En un extremo apareció una multitud ahogada en la depresión nerviosa dando por perdida cualquier esperanza de triunfo y, en el otro, un grupo como de terroristas ideológicos convocando a aniquilar todo aquello que suene argentino.

Francamente, si México pierde o gana el partido de hoy, da lo mismo. Nuestra vida no va a cambiar, el país no se va a transformar. Es sólo futbol, un deporte, una fantasía mediática.

Por favor, despierte. Es muy bonito vibrar al ritmo del futbol o de cualquier espectáculo, lo que no es bonito es poner nuestra estabilidad emocional en las manos de Javier Aguirre.

Jugar contra Argentina

¿Quién es Javier Aguirre como para que nuestra felicidad o nuestra desgracia dependa de él? ¿Quiénes son los integrantes de la selección nacional como para que nuestro futuro esté en sus manos?

Definitivamente estamos ante algo muy poderoso, creado, en gran medida, por los medios de comunicación y sus anunciantes. Sólo ellos tienen fundamentos económicos para tener miedo de lo que pudiera pasar hoy. Sólo ellos. Nosotros, no.

Nosotros nos deberíamos divertir, deberíamos estar contentos de ver a nuestro equipo jugar, deberíamos tener una actitud medianamente festiva.

Pero como los señores de los medios, especialmente de los tradicionales, intuyen que después de esta tarde se les va a caer el negocio, ahora resulta que todos tenemos que estar deprimidos. ¡Por qué!

Qué gusto jugar contra Argentina, compartir la cancha con esos jugadores, volver a ver a Diego Armando Maradona e intercambiar goles. ¡Qué maravilla! ¡Qué privilegio!

En el futbol, como en cualquier otro deporte, a veces se pierde, pero también a veces se gana. ¿Por qué no podríamos ganar? ¿Por qué no nos podría ir bien?

¿Usted no se cansa de navegar por la vida con la bandera de fracasado, haciéndose el humildito y mordiéndose la tranza? Yo, sí.

Para ganar hay que pensar como ganador y si el rival es más fuerte, qué pena por el rival pero eso no tiene por qué afectar nuestra actitud.

Nadie gana o pierde hasta que acaba el partido y a mí lo que más me tiene impactado en esta historia es la actitud de derrota de muchísimas personas nomás se confirmó la noticia de que México iba a jugar contra Argentina.

¡Cuidado! ¡No es sano reaccionar así! Eso habla muy mal de nosotros como nación, como deportistas.

Amerita un análisis muy profundo, porque cuando uno va a un Mundial, va a eso, a jugar con los grandes. Porque cuando uno compite, compite en serio.

¿Será que los mexicanos no sabemos competir? ¿Será que somos más cobardes de lo que creemos? ¿Será inseguridad, ignorancia, dependencia o manipulación?

Sea lo que sea, no es bueno porque es algo que supera la parte deportiva, que se nos mete al cerebro y nos educa.

¿Eso es lo que queremos ser? ¿Unos fracasado por adelantado? ¿Unos derrotados profesionales?

Con razón nos va como nos va en educación, salud, seguridad, limpieza y competitividad. ¡Hasta en las elecciones, caray! ¡Aguas!

El otro asunto que es igual de delicado, que se ha estado generando desde que se anunció el partido de hoy, han sido las campañas de odio contra todo lo que suene argentino, que diferentes medios y líderes de opinión han estado desarrollando para calentarle la cabeza a la gente.

Esto no sucede en ninguna otra parte del mundo. Nomás aquí. ¿Por qué? Yo supongo que por el inmenso poder y por el libertinaje en que viven muchas señales y por la ausencia de una autoridad que realmente revise lo que está pasando a nivel comunicación.

Usted lo ha visto. En diferentes lugares las notas son: Argentina es país peor que México, Maradona es un corrupto, los argentinos radicados en nuestro no nos merecen, Argentina nos cerró las puertas cuando lo de la influenza.

¿Cuál es la idea? ¿Que la gente salga a la calle a atacar los negocios de los argentinos? ¿Provocar un derramamiento de sangre? ¿Desencadenar un problema diplomático?

¿Y todo por qué? ¿Por un partido de futbol? ¿Por nuestros complejos? ¿Por seguirle el juego a un puñado de medios y de empresas?

Qué patéticos somos los mexicanos. Nomás nos dijeron que íbamos a jugar contra Argentina en Sudáfrica 2010 y enseñamos el cobre.

Alvaro Cueva/ojoporojo